Clary_Clara
Rango6 Nivel 27 (1083 ptos) | Novelista en prácticas
#1

Nunca había conocido a alguien que valiera la pena mirar por tan largo tiempo.
Crystal había centrado toda su atención en el chico alto, de cabello negro y ojos de color verde intenso; quien observaba con mucho interés un libro al final de ese pasillo. No le gustaban mucho los chicos con cualidades misteriosas, ya había vivido una situación parecida en el pasado; pero ese chico tenia algo diferente.
En otras circunstancias se hubiera muerto de la timidez al tratar de tener algún tipo de contacto con alguien desconocido, solo que esa vez no era así. Con cuidado, se fue acercando poco a poco hasta el lugar en donde se encontraba el chico; cuando estaba a su lado, tomó un libro cualquiera de la estantería mirando de reojo el que él tenia en las manos.

- Ahora es cuando me preguntas de que trata el libro que estoy mirando ¿no?

A Crystal se le entrecortó la respiración. Él ni siquiera la había mirado pero le había hablado, en voz baja pero firme.

- ¿Que?
- Hace cinco minutos no dejas de mirarme - continuó. - , eso es molesto ¿sabes?
- Lo siento, solo... no importa ¿Como te llamas?
- Creo que Jack. Jack Fulcanelli

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HJPilgrim
Rango13 Nivel 60
hace más de 3 años

Enigmático inicio @ClaryCn. Winter is coming! Te dejo mi like. Te invito a pasar por: El sueño de una noche de otoño y Sólo un vaso de cerveza más. Mucha suerte!

JF21
Rango4 Nivel 16
hace más de 3 años

se lee interesante, un like para ti... estoy en el concurso mi historia por si quieres leerla UN TRAGO AMARGO... SALUDOS.

Sandro
Rango6 Nivel 27
hace más de 3 años

Interesante, espero que llegues a la siguiente ronda para ver la segunda parte antes de que llegue el frio invierno a Poniente/Westeros... ¡Que tengas mucha suerte! Échale un vistazo a mis relatos, te lo ordena tu Rey desde el Trono de Hierro, jejeje. :D

akisse
Rango9 Nivel 41
hace más de 3 años

tenemos algo en común, te espero en mi MUNDO DE CRISTAL.

jlvq
Rango6 Nivel 29
hace más de 3 años

Misterioso el chico, no! Intrigante! Si puedes leer mi relato, espero te guste, un abrazo...

sinesand01
Rango10 Nivel 49
hace más de 3 años

Me gustó muchísimo, espero poder verte en la segunda ronda y leer lo que le sigue. Te dejo totalmente mi voto. Si quieres pásate por mi perfil y lee el que yo tengo para el concurso, "Confieso bajo la tinta de mi ausencia", a ver si te gusta. Mucha suerte y éxito, un saludo. :*

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 3 años

Excelente comienzo,
espero seguir leyéndote.
He publicado unos microrrelatos, pasa si quieres.


#2

Jack. Su nombre era Jack. Y él todavía ni la miraba, solo tenia ojos para ese libro que sostenían sus manos; Crystal se dio por vencida, siempre había sido tímida con todo el mundo y algo le dijo que intentara entablar conversación con ese chico pero solo había sido una perdida de tiempo. Mejor alejarse de él y de su aura de problemas y misterio que flotaba en el aire. Devolvió el libro que había tomado y dio media vuelta ¿A que había ido en principio a la librería? ah, si, a comprar Crimen y Castigo de Dostoyevsky. Se alejó poco a poco de él hasta que estuvo en el otro pasillo, sus ojos comenzaron a observar los lomos de los libros; después de casi cinco minutos encontró lo que buscaba.
Ernest, el dueño de la librería no se encontraba en el recibidor, sacó varios dolares del bolsillo de su abrigo, dejó el libro sobre el mueble y mientras esperaba al hombre, sus dedos se entretuvieron dándole golpecitos al escritorio de madera.

- Todavía no se tu nombre.

Crystal dio un respingo. Se volvió para encontrarse a dos pasos de distancia a Jack. Él la observaba con curiosidad, como si ella fuera algo gracioso pero muy serio de mirar.

- Me has dado un susto. - replicó ella con molestia.
- Solo fue uno ¿Que tal si hubieran sidos dos? - una sonrisa apareció en sus labios. Eso lo hacia encantador, aunque el tono de su voz era frío, como si le tomara un gran esfuerzo hablar con personas desconocidas; y mas con ella.

Crystal tragó saliva.

- Nunca te había visto por aquí. - dijo mientras sus manos empezaban a sentir calor.
- No pensé que tuviéramos algo en común, yo tampoco te había visto por aquí.
- Me mudé hace dos semanas - se explicó ella - Mi madre murió hace un mes y mi padre decidió que nos viniéramos aquí, a él y a mi hermano pequeño les encantó este lugar. Yo espero que a mi también me agrade.
- ¿De que murió tu madre?
- Asesinada.
- Te diría un "lo siento" pero yo no tuve la culpa en eso.

Ella se lo quedó mirando fijamente por unos segundos. Sus ojos verdes tenían un poco de gris alrededor del iris. Él era inusual, pero lo que dijo es cierto y eso la dejó pensativa.

- Muchas personas en el funeral dijeron mas de mil veces que lo sentían. - dijo y ni siquiera supo porqué tuvo que decir eso.
- No se que tipo de personas estás acostumbrada a conocer, Crystal, pero yo no estoy dentro de ese tipo.
- Aun no te he dicho mi nombre.
- ¿Que? - Jack frunció el ceño.
- Que aun no te he dicho mi nombre y ya lo sabes.
- Si, que raro. - Dijo él sin darle importancia - ¿Pagarás tu primero? Ernest está esperando hace dos segundos.

Crystal se volvió hacia el recibidor. El dueño de la librería los observaba con mucha atención. Le entregó el dinero y dejó que Ernest le empacara el libro.

- Gracias.
- Gracias a ti. - dijo el hombre.

Salió del local sin mirar a nadie. El frío del exterior le sentó mejor de lo que minutos atrás lo había hecho. Gotas de lluvia comenzaron a caer sin previo aviso; se dio prisa por guardar el libro en la mochila. No había llevado paraguas y su casa estaba a media hora de camino en autobús. El agua se hizo mas fuerte, en cuestión de minutos estaba mojada de los pies a la cabeza. La parada de autobús quedaba a cuatro cuadras de donde se encontraba, maldijo entre dientes a la inesperada llegada de la lluvia y siguió caminando.
A los segundos distinguió las luces de un auto detrás de ella y luego éste se detuvo a su lado. Crystal siguió caminando. El auto se mantuvo a su ritmo mientras la ventanilla del conductor se deslizaba hacia abajo.

- Si querías un resfriado nada mas tenias que pedirme un beso.

La voz de Jack se hizo escuchar por encima del ruido de la lluvia.

PlumGhosts_63
Rango7 Nivel 30
hace más de 3 años

Hay hay hay me emocionó que bello es jack 😊 te doy mi voto me encanto tienes a una seguidora continúa así te felicito

Clary_Clara
Rango6 Nivel 27
hace más de 3 años

Muchisimas gracias. ;) Sus opiniones son muy importantes para mi.

Jupyter
Rango12 Nivel 57
hace más de 3 años

Me gusta lo profundo que es! Cuenta con mi voto! Espero verte por mi historia "nunca" y votes si te gusto^^

Sandra_Elai
Rango7 Nivel 34
hace más de 3 años

@ClaryCn Espero leer la continuación, quiero saber más de Jack, espero que nos veamos en la siguiente ronda. Te invito a que leas "desamor", espero que te guste.

PedroSuarez_80
Rango12 Nivel 55
hace más de 3 años

Me encantan los encuentros de amor entre libros.

angiarianna
Rango3 Nivel 10
hace alrededor de 3 años

WHOAOO me encanta tu historiaa

FrancoLFernandez
Rango7 Nivel 34
hace alrededor de 3 años

es interesante!! ahora a seguir leyneod las otras partes jeje


#3

********

Crystal se detuvo por un segundo, fue tan corto el tiempo que no se dio cuenta de que lo había hecho ¿Por qué la estaba siguiendo? Ni siquiera lo conoce y no se iba a subir al auto de un desconocido, fuera guapo o no. Además ya estaba llegando a la parada de autobuses, Jack se podía ir perfectamente, no necesitaba un guarda espaldas.
Un Aston Martin db9 de color negro se cruzó en su camino impidiéndole totalmente el paso.
- ¿Estás demente? Creo que ya te hice notar que no necesito tu ayuda.
- ¿Por qué actúas así? - le preguntó él con diversión.
Ella se encolerizó mas. Que chico tan... desesperante.
- ¿Actuar como?
- Como alguien trastornado.
- Me parece que el trastornado es otro, pero gracias por tu dulce cumplido.
- Entra al auto, está lloviendo a cantaros. Puedes enfermarte de pulmonía.
- Hace mucho que no me enfermo de nada, así que por mi está bien. - replicó ella y se desvió del camino para alejarse de él.

Por suerte no vio ningún indicio de que Jack la siguiera. Respiró aliviada, él tenía algo que la hacia desconfiar; pero no sabia exactamente que. Todavía no se le olvidaba que ese chico había sabido su nombre y ella no se lo había dicho. Cinco minutos después se subió en el autobús rumbo a su casa.
Al llegar no pudo dejar de observar una vez más su nueva casa, era de dos pisos no muy grande, de color crema por fuera; todavía le seguía resultando extraño encontrarse en frente de un lugar totalmente desconocido. Abrió la puerta de la casa.
- ¡Papá, ya llegué!
Arnold Weathert bajó las escaleras de dos en dos hasta encontrar a su hija completamente mojada por la lluvia, estaba tiritando de frío.
- Lleva paraguas, le dije, pero ella en su plan de rebelde no le hizo caso a su padre.
- Lo sé, lo sé. Fue una estupidez.
- ¿Encontraste lo que buscabas?
Su padre era un hombre alto, de cabello castaño y ojos de color gris. Lo único que Crystal había sacado de él eran los ojos, ella tenia el cabello del color de la noche; igual al de su madre.
- Si, lo encontré.
- Excelente, ve y cámbiate esa ropa; no vaya a ser que cojas una pulmonía.
Hizo un desdén al escuchar casi la misma frase que utilizó Jack. Le mostró los pulgares en alto a su padre y desapareció escaleras arriba.

Para su mala suerte y molestia descubrió a su hermano pequeño en su habitación. El niño de cabello castaño y ojos cafés muertos por la curiosidad estaba buscando algo en los cajones de su escritorio. Crystal se apoyó en la puerta y se cruzó de brazos.
- Andreus ¿Que haces aquí?
Él solo la miró unos segundos antes de retomar lo que estaba haciendo.
- Necesito tu ensayo sobre Romeo y Julieta, al parecer hay algo en la historia que no cuadra muy bien; bueno, que no me cuadra muy bien ¿En serio Julieta se quitó la vida solo porque sin Romeo a su lado le era imposible vivir? Creo que su familia también tuvo influencia en eso, tal vez el hecho de la rivalidad que tenían con la otra familia o algo parecido ¿En serio fue solo por amor?
Crystal hizo rodar los ojos.
- Solo tienes ocho años, todavía no entiendo como puedes hablar... así.
- Yo aprovecho mi tiempo.
- Eres insoportable. No sigas buscando, no he leído Romeo y Julieta así que por lo tanto jamás hice un ensayo sobre el tema.
- De acuerdo - Andreus se acercó a la puerta - ¿Que libro fuiste a comprar hoy?
- Crimen y castigo.
- Interesante, muy interesante ¿Cuando lo termines podrías hacer un ensayo?
- ¿Por qué no lees el libro?
- Ya lo leí, solo me gusta cerciorarme de que tenemos puntos en común. Somos hermanos ¿no?
- Fuera de aquí, niño genio; Necesito ducharme.

Luego de que Andreus se perdiera en el pasillo, cerró la puerta con seguro, dejó su mochila sobre la cama y entró al baño. Su habitación todavía estaba en trabajo de organización; le faltaba acomodar el resto de su ropa en el closet y situar sus libros en alguna parte que no fuera sobre el escritorio el cual estaba destinado para hacer sus trabajos. Hacía cuatro meses había terminado la universidad solo que le estaba costando conseguir trabajo, al parecer por el momento no hay empleo para chicas de diecinueve años especializadas en gastronomía. Y es que de igual manera se vino a vivir a otro lugar y no le ha quedado tiempo para comenzar a buscar.
Salió del baño y el resto de la tarde la utilizó para terminar de organizar sus cosas.

El mes de febrero ya estaba llegando a su fin pero todavía faltaba otro. No era que no le gustara el invierno, de hecho amaba la nieve y la lluvia solo que... en esas circunstancias no era lo mismo; jamas iba a ser lo mismo sin su madre. Era sábado y eran las nueve de la mañana cuando Crystal se despertó; su habitación ya parecía una habitación. Se cepilló los dientes y bajó a la cocina, por surte su padre y su hermano dormían hasta tarde, así le quedaba tiempo para preparar el desayuno; a su padre le tocaba el almuerzo y a su hermano la cena ¿Por qué? Porque Andreus era raro y ya había aprendido a hacer cosas que la mayoría de los niños a su edad todavía no han aprendido con tanta técnica y facilidad. Exactamente a las 10:35 am su padre llegó a la cocina diciendo "Buenos días, niña madrugadora" antes de sentarse en un butaco de la isla. Su hermano llegó casi al momento. Desayunaron tranquilamente, de vez en cuando interrumpidos por algún chiste de su padre.
Ese precisamente era el escudo de Arnold, utilizaba ese tipo de cosas para repeler a la tristeza y también a la tristeza que dejaba la muerte en el aire. Crystal disfrutaba de sus bromas, su padre era sensacional cuando quería; cuando no quería era el padre estricto y correcto. Pero amaba a sus dos padres en uno.
- Deberíamos conseguirte unas gafas ópticas, Andreus. - le dijo él a su hijo pequeño.
- ¿Por qué? - preguntó el niño desconcertado.
- Bueno, la mayoría de los genios utilizan de esas, y tu te crees genio.

Crystal estalló en una carcajada. Su hermano la miró con reproche pero después actuó como si nada hubiera pasado. En ese momento se escuchó el timbre de la puerta.
- Voy yo. - dijo Arnold y los dejó solos terminando su desayuno.
Al momento volvió a aparecer en la cocina, acompañado por alguien.

Jack. Crystal casi se atragantó con el jugo de naranja ¿Que demonios hacia él allí? Miró a su padre ¿Por qué deja entrar a cualquiera a la casa?
- Dijo que te buscaba. - fue todo lo que dijo Arnold.
- Está bien... ¿Podrían dejarnos solos?
- Pero todavía no he terminado de desayunar. - replicó Andreus.
- Entonces termina en tu habitación.
- ¡Papá!
- hazle caso a tu hermana, ella quiere quedarse a solas con su nuevo novio.
- ¡Papá! - esta vez fue Crystal.
Su padre le guiñó un ojo antes de irse con Andreus, los escuchó subir las escaleras.

Jack estaba serio, pero eso no le quitaba lo atractivo. Llevaba una cazadora de cuero de color marrón, camiseta negra, vaqueros sencillos con zapatillas deportivas y un gorro de lana. Estaba guapo. Solo esperaba que no se volviera una costumbre el que siempre estuviera así de... atractivo. Crystal se levantó.
- Ya me parece raro que sepas mi nombre y en donde vivo. - comenzó ella.
- Te mudaste hace dos semanas, cualquiera me pudo decir en donde vivías. - dijo él.
- ¿Y mi nombre?
- ¿Lo perdiste? lo siento, yo no lo tengo.
Al ver que a ella no le causaba gracia, dio dos pasos en su dirección.
- Solo vine a ver si habías llegado bien.
- lo hice, no estoy enferma ni algo parecido.
- ¿Quieres salir esta tarde?
Su pregunta la tomó desprevenida.
- ¿Que?
- Bueno, ya que tu padre cree que somos novios entonces deberíamos salir juntos.
- No soy tu novia. - dijo ella con dureza.
- Eso lo tengo muy claro, Crystal.
- No te conozco, puedes ser un asesino en serie.
Jack se rió.
- Tienes mucha imaginación.
- Y prevension, también. - repuso Crystal mirándolo a los ojos.

Jack terminó de cubrir la distancia que los separaba hasta que estuvieron a dos paso de distancia.
- No soy malo, bueno, no soy esa clase de malo que tu mente está imaginando. Frente a los ojos de cualquier persona, soy un ángel de Dios.
- No a los míos.
- Dije "cualquier persona", tu no estás dentro de esa clase; estás a un nivel mas alto.

Jack le retuvo la mirada hasta que Crystal se sintió intimidada y desvió sus ojos hacia otro lado.
- Está bien, salgamos. Ademas, necesito un amigo.
- De acuerdo. Pasaré por ti a las seis. Abrígate, no vaya a ser que esta vez si cojas una pulmonía.
Ella hizo rodar los ojos.
- ¿Cuantos años tienes? - necesitaba saber algo de él aparte de su nombre.
- Creo que veintidós.
- ¿Siempre que te preguntan algo personal respondes con "Creo"?
- Creo que si.

Dio media vuelta y se alejó de ella. Qué chico tan extraño. Escuchó cerrar la puerta y por fin pudo respirar con normalidad.

Clary_Clara
Rango6 Nivel 27
hace más de 3 años

Tienes toda la razón, gracias ;)

SEXYLOVER122
Rango13 Nivel 60
hace más de 3 años

! Buenísimo relato ! . Eso sí , para que tu texto luzca aún más, evita las fallas ortográficas . ! Suerte ! .

HJPilgrim
Rango13 Nivel 60
hace más de 3 años

@ClaryCn tienes mi voto! Pero cuida esos detalles que pueden perjudicarte! Quiero leer otra caja tuya!

PedroSuarez_80
Rango12 Nivel 55
hace más de 3 años

Me gusta el el giro que has dado a la historia, se puso más atractiva. Sigue adelante @ClaryCn Mis votos para ti.

DreamxAlchemist
Rango13 Nivel 64
hace más de 3 años

Muy bien armados los personajes, para serte sincero ya aburrido de leer taaaaantas historias románticas, pero la tuya tiene algo que valoro mucho como lector: Bueno diálogos, y buenos personajes. Así que por eso, disfruté leyendo estas tres primeras partes. Gran relato, esperaré ansioso la próxima parte :) ¡Saludos!

Virginia
Rango7 Nivel 30
hace más de 3 años

Tienes mi apoyo para que consigas pasar de ronda, podrías hacer lo mismo conmigo y votar mi historia por favor? Te lo agradecería muchísimo! :) Suerte!!

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 3 años

Excelente la tercera parte, en cuanto pueda paso por la cuarta.
Nos leemos, un abrazo.


#4

Arnold y Andreus salieron rumbo a la primera tienda de películas que encontraran dejando a Crystal completamente sola en la nueva casa. La soledad no era un tema tan malo, había que tener momentos solitarios para poder pensar. Era mediodía y se le ocurrió la idea de llamar a su mejor amigo en Georgia, su mejor amigo que había sido su novio hacia menos de un año y con el cual había terminado por cuestiones complicadas. Damián contestó casi que de inmediato.
- Cryst, pensé en llamarte pero creí que era muy pronto ¿Cómo te sientes?
- Bien. No es tan malo aquí – respondió ella sentándose en el sillón aterciopelado con las piernas cruzadas -, mi padre y mi hermano se han tomado esto de la mudanza con mucha ligereza.
- Siempre les ha gustado New York.
- Lo sé, solo que a veces me parece que la muerte de mamá no les afectó tanto.
- La mayoría de las personas se toman el dolor de diferentes maneras.
Ella lo sabía, sabía que casi nuca iba a ver a su padre con tristeza en su rostro o a su hermano sin tratar de encontrar teorías en cualquier cosa. Crystal había aceptado la muerte de su madre, mas no la ponía en segundo plano. El asesino fue capturado y puesto preso, pero de igual manera esa no era suficiente justicia, fue la vida de una persona la que se llevó por delante ese tipo.
- Me gustaría estar ahí contigo. – Damián dijo la frase en un susurro.
- Si, a mí también; los extraño mucho. No sé cuándo los volveré a ver.
- Tenía pensado ir a finales del mes de marzo, al empezar la primavera, Rachel vendrá conmigo.
- ¿En serio? Eso es genial.
Era estupendo, Rachel era la chica con la que había compartido estos últimos tres años y era una chica estupenda; era esa clase de amigas que aunque le diga a todo el mundo que está haciendo dieta siempre la interrumpe a los cinco minutos. Era inestable en el sentido de la moda y le encantaban las fiestas. Casi siempre daba problemas, pero eran problemas inocentes. Tenía un año más que Crystal, al igual que Damián.
Transcurrieron varias horas mientras hablaban por teléfono, habían comenzado a hablar desde el mediodía y ya el sol se estaba ocultando. Crystal se hacía a la idea de que él ya había superado su ruptura, porque ambos sabían que había sido lo mejor en su momento. Damián era un chico genial, solo que tenía problemas con eso de ser fiel.
Cuando miró el reloj eran las 5:45pm, apresurada se despidió de su amigo y subió las escaleras rumbo hacia su habitación; se puso un gorro de lana, un abrigo de color verde oscuro, alcanzó una mochila del perchero y justo al comenzar a bajar las escaleras, sonó el timbre. Hum, que puntual. Se desvió un momento hacia la cocina para escribirle una nota a su padre para que cuando volviera no se preocupara por ella.
Salí con Jack, el chico que vino en la mañana. Volveré temprano, no creo que me agrade su compañía;… y si no llego temprano llámame.
Crystal.
Puso la nota sobre la isla y luego abrió la puerta. No era Jack quien se encontraba allí, era una chica; pero aparcado en la calle estaba el Aston Martin. ¿No es de Jack?
- Soy Atara, el desgraciado de Jack me envió a buscarte; tuvo un percance así que él no pudo venir. Pero estará esperando en ese horrible restaurante, el McDonald´s. – dijo la chica claramente disgustada.
- Eh… lo siento, no puedo ir contigo a ninguna parte. – le dijo Crystal claramente confundida.
¿De dónde apareció esa chica? Tenía el cabello naranjado y los ojos del color de la miel, el vestido blanco con rosas bordadas al final de la falda y sus botas de motociclista la hacían ver peligrosa pero confiable. No llevaba nada de abrigo.
- Si no quieres venir, eso no me importa; pero llama a Jack y díselo. De lo contrario, se las va a desquitar conmigo, y si eso pasa, luego yo me las voy a desquitar contigo. – sacó su celular, marcó un número y se lo tendió.
Crystal lo tomó con precaución y se lo llevó a la oreja, al cabo de dos timbres la voz de Jack se escuchó clara y firme, casi que enojada.
- No tenías ningún derecho de hacer eso. ¿Sabes en el problema que nos has metido?
- Soy Crystal.
La línea se quedó en silencio por cortos segundos.
- Ese sermón no iba para ti, lo siento – su voz se suavizó considerablemente - ¿Qué sucede? ¿Por qué estás llamando de su celular?
- Dímelo tú, quedaste en venir y me encuentro con ella.
Él suspiró.
- Tuve un problema a última hora, pero ya lo solucioné. Atara es de confianza, puedes venir con ella; de lo contrario ni te hubiera mencionado.
- No la conozco.
- Yo a ti tampoco – replicó Jack -, pero espero hacerlo así que te veo allá. – colgó.
Crystal hizo un sonido de desdén antes de devolverle el celular a la chica.
- Entonces ¿Vienes o no?
- Vamos.
Se subieron al auto, en cuestiones de minutos se habían alejado de la casa hacia el centro de New York. En la media hora de camino no se escuchó sonido en el interior del auto. Atara estuvo concentrada en la carretera mientras tarareaba una molesta canción y Crystal no dejó de mirar por la ventanilla. Aparcaron a unas cuadras del McDonald´s, el resto del camino lo hicieron a pie.
Jack estaba apoyado al lado de la puerta del restaurante. Sus ojos verdes eran más intensos que las luces artificiales que adornaban las calles. Al verlas, se separó de la pared y terminó de cubrir la distancia que los separaba.
- Gracias por traerla, ya te puedes ir. – le dijo a Atara entregándole unas llaves.
Ella a su vez le devolvió otras.
- De nada.
- Tenemos que hablar.
- Cuando termines tu cita, Fulcanelli. – miró a Crystal de arriba abajo y se alejó hacia una motocicleta de color negro que había aparcada al otro lado de la calle.
Jack agarró a Crystal por la muñeca.
- Entremos, me muero de hambre.
Su contacto la estremeció.
Casi todas las mesas del interior estaban ocupadas.
- Tomemos lugar allí. – él señaló la mesa más alejada, quedaba lateral a una ventana por donde se veía el exterior – ve y toma asiento, mientras tanto yo voy a pedir de comer ¿Qué te apetece?
- Yo voy a pagar lo mío.
- ¿En serio quieres discutir eso ahora? – le preguntó en voz baja - Está llegando más gente y nos vamos a quedar sin mesa.
- Unas papas fritas, una hamburguesa y un batido de mora.
- De inmediato. – le sonrió y se dirigió a la barra de comidas rápidas.
Crystal se urgió por tomar lugar en la mesa y mientras él llegaba se entretuvo viendo a los clientes del lugar. En su mayoría eran niños, y menos mal que estaban considerablemente alejada de ellos; los niños le gustaban, pero hasta cierto punto. Con Andreus le bastaba y lo soportaba. Jack volvió a los minutos, se sentó en frente de ella, inclinada hacia ella.
- ¿No dejas que un chico te invite a comer? – enarcó las cejas.
- Solo si es conocido.
- Eso no tiene ningún sentido. No entiendo por qué las personas creen conocer a los demás cuando la vida es tan corta para eso. Nadie, ni en mil años llega a conocer verdaderamente a otra persona.
Ella se quedó en silencio. Él y su forma de escoger cada palabra para que formen frases filosóficas.
- ¿Me dejas pagar a mí? Te prometo que en la próxima cita pagas tú. – Jack la miró esperando una respuesta.
- Esto no es una cita.
- Tu padre cree que somos novios.
- Mi padre es el señor del sarcasmo, las bromas y los chistes; créeme, él siempre va a decir cosas para avergonzarme en frente de los que me siento nerviosa.
Jack enarcó una ceja.
- ¿Te pongo nerviosa?
Crystal tragó saliva y miró hacia otro lado.
- Te apareciste en mi casa como si nada, el día anterior casi me atropellas con tu estúpido auto. Claro que me iba a sentir nerviosa si un lunático aparece en la mañana en mi casa.
- ¿Desde cuándo piensas que soy un lunático? – al parecer le divertía la imaginación que Crystal tenía.
- Desde que supiste mi nombre sin nadie decírtelo.
- ¿Quieres saber cómo lo supe?
- Si.
- Entonces no sigas preguntando.
Permanecieron en silencio hasta que una mujer les trajo lo que habían ordenado; Jack solo había pedido una porción de pizza y un envase con Coca-Cola.
- ¿Desde dónde te mudaste? – él empezó la conversación.
- Georgia, Atlanta.
- ¿Por qué?
- Por mi madre, mi padre no quería estar en un lugar que le recordara a ella en ese sentido. Andreus y yo simplemente lo apoyamos, aunque a mi hermano siempre le ha gustado este lugar.
- ¿Y a ti?
Ella tardó un momento en responder.
- Me parece una estupidez que se haya querido mudar solo por la muerte de mamá. Perdí mi trabajo y Andreus se atrasó en sus clases. Pero New York no tiene la culpa, y es agradable.
- ¿Cuántos años tienes?
- Diecinueve.
- ¿Y ya trabajas?
- Me gradué más joven de lo normal en la universidad, la gastronomía es fácil si durante toda tu vida te la has pasado en la cocina inventando recetas y siguiendo otras.
- Así que eres Chef.
- No, solo se cocinar; eso es todo.
- ¿Y…?
- Ya se terminó tu turno de hacer preguntas, ahora es el mío.

Hace más de 3 años

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#5

Ya no quedaba ni una papa frita y el batido de mora iba por la mitad. Ella se inclinó hacia él. Mientras llegaba la noche, más frio hacía.
- ¿Siempre has vivido aquí?
- No. – se inclinó hacia ella.
- ¿Vives con tus padres?
- Vivo con Atara.
- Ah.
Crystal se recostó de nuevo en el espaldar de la silla.
- ¿No te agradó? – inquirió él con mucha atención.
- ¿Eres narcotraficante? – le respondió con otra pregunta.
Jack se rio.
- Todavía me sigo preguntando de donde sacas tanta imaginación, Crystal. ¿Por qué lo piensas?
- El Aston Martin.
- Oh, tengo ingresos no deseados.
- ¿Qué? – frunció el entrecejo.
- Mi trabajo – se explicó – me da ingresos que yo no deseo, pero quería ese auto así que decidí adquirirlo.
- ¿En que trabajas?
- Es complicado.

Ella no quiso preguntar más, si él no quería decirlo ese era su problema, no el de ella. ¿Qué vinculo tenía con Atara? Vive con ella ¿Es familiar de él o algo parecido? Guardó las preguntas en su mente y se concentró en terminar el resto de la comida. Jack ganó la discusión sobre el pago de la orden, así que Crystal no pudo hacer nada al respecto. Salieron del restaurante pasadas las ocho de la noche, después se subieron al auto y él condujo hacia un rumbo desconocido para ella. Noisy Sunday de Patrick Watson sonaba en la radio.
- ¿A dónde vamos? – no pudo aguantar la tentación de preguntar.
- Hay una mujer que tiene un local de antigüedades, no está muy lejos de aquí.
- Pensé que me enseñarías este lugar.
- Y lo voy a hacer, no puedes conocer todo New York en una noche. – respondió él sin mirarla.
- ¿Qué vas a comprar en el local de antigüedades?
- El local.
- ¿Cómo?
- Necesito ese local con todo lo que tiene, es de suma importancia.
- Eres el chico más misterioso que he conocido y una de las cosas que más detesto en la vida son los misterios.
Jack la miró.
- Puedo arreglar eso.
- Entonces hazlo.
- Pero no en este momento.
Ella hizo rodar los ojos.
- Ya me imaginaba que ibas a decir algo como eso.
Quince minutos después parquearon frente a un local que se encontraba casi al final de una calle. Jack abrió la puerta de vidrio, la sostuvo para que ella entrara primero y luego él ingresó. El interior estaba repleto de cosas, tanto desconocidas como inusuales; no se veía desordenado pero casi era imposible caminar sin tropezar con algo. Jack se acercó al recibidor, detrás se encontraba una mujer de mediana edad con gafas cuadradas, sus ojos lo observaron fijamente.
- ¿Te puedo ayudar en algo? – le preguntó ella educadamente.
- Si. ¿Estaría dispuesta a vender este sitio?
- Claro que no.
Jack frunció el entrecejo.
- Ni siquiera le he dicho cuanto estoy dispuesto a pagarle.
- Todo lo que aquí se encuentra es importante para determinado tema, aun si quisiera, no podría venderlo, y menos a un desconocido.
- Necesito encontrar algo – le contestó en voz baja – y según tengo entendido aquí lo puedo encontrar.
- ¿De qué se trata?
Jack miró a Crystal para de nuevo mirar a la mujer.
- Es un libro viejo, muy viejo. Tiene ilustraciones de símbolos y en su mayoría el significado de esas ilustraciones están escritas en latín.
- ¿Es para un trabajo de la universidad? – preguntó la dueña del local claramente interesada.
- No. Lo necesito para una investigación personal.
El teléfono de Crystal sonó. Era su padre quien la llamaba. Contestó mientras se alejaba de ellos.
- Hola, papá.
- Escribiste que te llamara si no llegabas temprano ¿Qué tal tu cita?
- No es una cita, ¿de acuerdo? Solo lo conocí ayer.
- No hay problema, cariño. Cuando llegues a casa, tengo que decirte algo. – se escuchaba entusiasmado.
- ¿De qué se trata?
- No te apures, ya lo sabrás. ¿Puedes volver rápido? Mañana hay mucho trabajo por hacer, Andreus ya me está ayudando; creo que te va a encantar lo que resultó.
- Bien, iré enseguida.
Guardó el celular en el bolsillo del abrigo y se acercó a Jack, quien no había dejado de hablar con la mujer del local.
- Tengo que irme, al parecer resultó algo y tengo que ir.
- ¿Problemas? – le preguntó él preocupado.
- No, no creo.
- Bien, entonces vamos.
Cuando se encontraban dentro del auto, Crystal quiso preguntar si había conseguido el local pero decidió no hacerlo. No tenía por qué involucrarse en la vida de él, Dios, ni siquiera lo conocía. Todo lo que dijo hasta ahora, podía ser mentira.
Mientras se acercaban a la casa Jack condujo mucho más lento.
- Quiero que te quedes con esto.
Abrió la guantera del auto y sacó un libro de cubierta negra. Crystal lo reconoció fugazmente.
- ¿No es este el libro que mirabas en la librería?
- Así es.
- ¿Por qué me lo das?
- Tal vez te interese de que trata.
- ¿De qué trata? – preguntó examinado el libro, las hojas eran blancas, estaba escrito a mano en tinta negra; el libro parecía bastante antiguo.
- Ya lo averiguarás.
Llegaron al frente de la casa, dentro las luces estaban encendidas. Crystal se quitó el cinturón de seguridad, abrió la puerta.
- Espera. - Jack la agarró por el brazo.
Se volvió y lo miró.
- ¿Crees en los ángeles? – le preguntó él.
- No… - negó con la cabeza - No puedo creer en algo que nunca he visto.
- ¿Crees en Dios?
- Si.
- ¿Por qué crees en el si nunca lo has visto?
- Porque a diario veo su creación ¿Los ángeles? No he escuchado que hayan hecho algo de esa magnitud.
La soltó. Crystal bajó del auto. Jack esperó hasta verla entrar, cuando lo hizo se alejó poco a poco de la casa mientras marcaba el número de Atara.
- ¿Qué sucede? – le preguntó ella.
- No estoy seguro, pero tenemos que irnos por unos días.

Arnold había conseguido un taller para trabajar en su profesión. Toda su vida había sido mecánico pero hacía ya bastante tiempo que no la ejercía; por culpa de sus más deberes como padre al nacer Andreus y otras situaciones. Crystal desde pequeña le había ayudado en el taller que tenía en Georgia, siempre sacaba, por corto que fuera, tiempo de sus estudios para ayudar a su padre con esa actividad. Y por supuesto le había fascinado la noticia que su padre le había dado.
- ¿Cómo lo encontraste? – le preguntó ella.
- Andreus y yo nos encontramos al dueño colocando un anuncio que decía que ese lugar estaba en venta, hablé con él y le pregunté el precio. Al parecer necesitaba dinero urgentemente porque me lo vendió por un buen precio. Aunque, claro, al taller hay que hacerle ciertos arreglos.
- Cuenta conmigo para eso. – dijo Crystal entusiasmada.
- ¿Estás segura de que quieres ayudarme? Hace mucho tiempo que no arreglas ni una bicicleta.
- Estoy segura, papá. Además, necesito trabajo y da la casualidad que aprendí mecánica del mejor profesor del mundo.
Arnold sonrió con orgullo antes de estrujarle las mejillas.
- Es inconcebible que cada vez te hagas más adulta. – le dio un beso en la frente y se levantó - ¿Tienes hambre? Andreus te dejó servida la cena, puedes calentarla en el microondas.
- No tengo mucho apetito, Jack y yo comimos algo en McDonald´s.
- De acuerdo ¿Volverán a salir? Me agradó ese chico.
Ella miró hacia otro lado. Quería replicarle algo a su padre pero mejor lo dejó pasar. Ya era tarde y no quería discutir con él.
- No lo sé, papá.
Él se alejó hacia las escaleras. Al cabo de unos minutos Crystal apagó el resto de las luces y subió a su habitación, el libro que le había entregado Jack guardado en su mochila.

Al día siguiente todos se levantaron temprano. Arnold iba a inscribir a Andreus a una nueva escuela, mientras tanto Crystal se iba a adelantar al taller para ir organizándolo mientras su padre llegaba. El taller no quedaba a más de quince minutos de donde vivían. Era de un tamaño bastante ajustable para ese tipo de trabajos, había varios autos a medio arreglar, varias partes de motocicletas agrupadas en un rincón, la mayoría de las herramientas estaban reunidas en una estantería, el resto esparcidas por todo el lugar. Obviamente la organización cuenta para que un empleo prospere, Crystal ya había encontrado la razón por la que el dueño estaba pensando en vender ese lugar.
- Manos a la obra.
No estaba ni a mitad de la limpieza y organización cuando tuvo que quitarse el abrigo y el gorro de lana, hacía calor. Su padre todavía no llegaba y ya pasaba del mediodía. Estaba a punto de llamarlo, pero en ese momento Arnold apareció por la puerta quitándose la bufanda.
- Hola, cariño. Debiste haberme esperado.
- No hay problema, de todas maneras todavía hay mucho por hacer para ti. ¿Qué tal Andreus?
- Al parecer le gustó la nueva escuela, lo tengo que ir a buscar dentro de tres horas, se quedó en casa de un amigo ¿Y a que no adivinas?
Crystal sonrió.
- Pues no.
- Estuve hablando un poco con la directora y me enteré de que tiene un restaurante, le hablé de ti y me dijo que fueras para que te hiciera una entrevista.
- Gracias, pero no.
Arnold quedó sorprendido.
- ¿Cómo?
Ella se pasó el dorso de la mano por la frente.
- Vas a tener mucho trabajo de aquí en dos días, no tienes a nadie más para que te ayude y sabes que mientras estés empezando no vas a poder pagarle lo adecuado a otro trabajador. Con que solo me des dinero suficiente para salir por ahí y comprar comida para la casa es suficiente para mí, papá.
- Pero Crystal, a ti te encanta cocinar. Me parece que deberías ir a esa entrevista, es seguro que de inmediato te contratan.
- No, no es seguro. En serio quiero ayudarte con esto. Andreus va a tener gastos también, es mejor así; y… no voy a separarme de ustedes tan rápido.
Arnold suspiró antes de acercarse a su hija.
- Cariño, ha sido duro para Andreus y para mí también. – le dijo con voz comprensible.
- Pero ustedes actúan como si nada hubiera ocurrido, no entiendo por qué tengo que ser yo la que más dolor sienta.
- Eso no es así. Cada segundo que pasa a mí me duele la muerte de tu madre, de mi esposa. Pero Elizabeth era una mujer buena y eso es lo que yo recuerdo, me parece que ella no habría querido que estuviéramos tristes.
Crystal asintió, tenía ganas de llorar, pero no lo hizo.

Hace alrededor de 3 años

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#6

No lo supo muy a conciencia pero, sentía que iba a derramar lágrimas tras otra en determinado momento.
Por fin el taller quedó como nuevo – su padre se tuvo que ir primero para poder recoger a Andreus – así que Crystal terminó de colocar unas herramientas que no servían en una caja, le dio seguro al taller y salió rumbo a su casa. Ya era de noche y durante el día no había tenido noticia alguna de Jack. Al llegar a casa lo primero que hizo fue sacar el libro que él le había entregado y se sentó en la cama. El libro no tenía ningún nombre en la portada, no pasaba los quince centímetros de largo y ancho y no tenía más de cien páginas. Las primeras dos hojas estaban en blanco, la tercera decía “El Misterio de las Catedrales, Fulcanelli, 1922” Fulcanelli era el apellido de Jack; desde la cuarta página empezaba el texto, todo escrito a mano. Se mordió el labio inferior antes de empezar a leer.
La más fuerte impresión de nuestra primera juventud -teníamos a la sazón siete años-, de la que conservamos todavía vívido un recuerdo, fue la emoción que provocó, en nuestra alma de niño, la vista de una catedral gótica. Nos sentimos inmediatamente transportados, extasiados, llenos de admiración, incapaces de sustraernos a la atracción de lo maravilloso, a la magia de lo espléndido, de lo inmenso, de lo vertiginoso que se desprendía de esta obra más divina que humana. Después, la visión se transformó; pero la impresión permanece. Y, si el hábito ha modificado el carácter vivo y patético del primer contacto, jamás hemos podido dejar de sentir una especie de arrobamiento ante estos bellos libros de imágenes que se levantan en nuestra plaza y que despliegan hasta el cielo sus hojas esculpidas en piedra. ¿En qué lenguaje, por qué medios, podríamos expresarles nuestra admiración, testimoniarles nuestro reconocimiento y todos los sentimientos de gratitud que llena nuestro corazón, por todo lo que nos han enseñado a gustar, a conocer, a descubrir, esas obras maestras mudas, esos maestros sin palabras y sin voz? ¿Sin palabras y sin voz? ¡Qué estamos diciendo! Si estos libros lapidarios tienen sus letras esculpidas -frases en bajos refleves y pensamientos en ojivas-, tampoco dejan de hablar por el espíritu imperecedero que se exhala de sus páginas. Más claros que sus hermanos menores -manuscritos e impresos-, poseen sobre éstos la ventaja de traducir un sentido único, absoluto, de expresión sencilla, de interpretación ingenua y pintoresca, un sentido expurgado de sutilezas, de alusiones, de equívocos literarios…
Crystal cerró el libro. No supo por qué pero le entró un sentimiento de temor al leer esas líneas, no era que dijeran cosas temibles o algo por el estilo, sino porque tenía la sensación de que estaba leyendo algo que ya había escuchado; solo que no recordaba. Dejó el libro sobre la mesa de noche y se dio en la tarea de dormir un poco, al día siguiente tenía que preguntarle a su padre. Tal vez él sabía, tal vez ella había prestado un libro con esas palabras en la biblioteca cuando estaba pequeña y no se acordaba. De igual manera ya todo era extraño, ese libro al parecer había sido escrito por alguien que tenía el mismo apellido de Jack. Y Jack de por sí ya era bien extraño.
Arnold fue quien la despertó a la mañana siguiente, estaba nevando un poco; por la ventana de la habitación de Crystal casi no se podía ver el exterior, aunque un quitanieves estaba despejando el camino para los demás autos. Se duchó con agua caliente y se abrigó lo más que pudo; al parecer ese día iban a invertir los papeles porque Arnold ya había preparado el desayuno.
- ¿Jugo de naranja o chocolate? – preguntó su padre.
- Chocolate. – hacía mucho frio como para tomar algo frio.
Su padre se sentó al lado de ella.
- Me gustaría que te quedaras en la casa cuidando a Andreus, yo hoy debería encargarme del taller para que mañana ya comencemos a trabajar.
- Está bien. Pero él no empieza sus clases sino dentro de unos meses y no se puede quedar todo el tiempo aquí solo.
- Ya tengo un amigo, puedo estar en su casa las veces que quiera; su madre me lo dijo. – Replicó el niño entrando en la cocina.
- Tranquilo, no es para que te exaltes tanto, hermanito. Te amo, pero si vas a estar a la defensiva es mejor que dejemos de convivir ¿eh?
Andreus se abalanzó sobre ella y la atacó a besos. Crystal no pudo hacer más que reírse. Arnold los observó con tanto amor, sus hijos eran geniales; ambos con distintas personalidades, pero las dos especiales a su manera.
Cuando ya estaban terminando de desayunar, ella miró a su padre.
- Papá… ¿Alguna vez cuando estaba pequeña, no sé, no me gustó leer o escucharte a ti o a mi madre leerme algo en particular?
- Mmm… La cenicienta.
- A parte de esa.
Arnold se quedó un momento en silencio.
- Bueno, recuerdo que tu madre un día llevó un libro; tenías como siete años, le dijiste que te lo leyera pero cuando ella empezó, simplemente te pusiste a llorar.
- ¿Qué libro era?
- El Misterio de las Catedrales, de un tal Fulcanelli.
Ahora ya recordaba. Ese era el libro que la había asustado desde muy pequeña y ya sabía de qué trataba, del esoterismo incrustado en la arquitectura de las catedrales góticas. Todo ese misterio mezclado con el cristianismo, las religiones, Dios. ¿Por qué demonios Jack le había entregado algo que la había asustado por más de diez años? Las gárgolas y todo lo que tenía que ver con las catedrales y sus cualidades hacia la religión, era un tema que no le gustaba. Necesitaba hablar con él y preguntarle al respecto.
Pero no tuvo noticias de Jack ese día ni al otro ni a la semana siguiente. Transcurrieron cuatro semanas, la primavera estaba a la vuelta de la esquina y Crystal no había tenido ninguna noticia de Jack. Simplemente había desaparecido, ella estaba furiosa. No tenía ningún derecho a asustarla y luego desaparecer como si fuera lo más normal del mundo, era una broma de muy mal gusto ¿Qué le pasaba a ese chico?
La nieve ya se había derretido casi en su totalidad, ya se veía el sol y plantas floreciendo con hermosos capullos. Era el segundo día de la semana, ella y su padre trabajaban en el taller. Crystal estaba reemplazando el amortiguador de una motocicleta cruiser. Arnold había trabajado desde muy temprano en un auto que trajo un hombre, lo necesitaba para mañana a primera hora así que tenía que terminarlo rápido. En la vieja radio que habían conservado del antiguo taller sonaba four five seconds de Rihanna y Kanye west. A Crystal el encantaba esa canción. No había hablado con su padre acerca del viaje que iban a hacer Rachel y Damián. Y ya era hora de decírselo.
- ¿Papá?
- Dime, cariño.
Se limpió las manos en una toalla y se sentó en el butaco que había cerca de él.
- Rachel y Damián viajan mañana hacia acá. Les dije que podían quedarse en la casa.
Su padre dejó de arreglar el auto. La miró seriamente.
- ¿Qué?
- No te molestes.
- Entonces para que lo sacas a tema.
- Es mi amigo. – replicó ella intentando guardar la calma, se puso de pie.
- No, no lo es. Fueron novios y él te traicionó, te lastimó de la manera más humillante posible. Crystal ¿Cuándo vas a abrir los ojos con ese chico?
- ¡Papá! Hemos sido amigos desde hace dos años, lo que pasó para mí ya quedó en el pasado ¿Por qué no puedes hacer lo mismo tú también?
- Damián no es buena persona… Jack si lo es ¿Por qué no ha vuelto?
- ¡No estamos hablando de Jack, y ese es otro maldito problema! ¡Las personas que a mí me agradan a ti no y las personas que a ti te agradan a mí no! Damián es mi amigo, Rachel también viene. Se van a hospedar en la casa, no pueden estar solos en lugar que no conocen.
- Crystal…
- A mamá no le hubiera importado.
- ¡Tu madre está muerte, Crystal! – exclamó su padre.
- Lamento si interrumpo. – dijo una voz desde la entrada.
Crystal se quedó con la mirada en un punto invisible, respiró con pesadez el aire que había en el ambiente antes de mirar hacia la entrada del taller.
- Puedo volver después. – dijo Jack mirando alternativamente a padre e hija.
- No es necesario, voy a tomar un poco de aire afuera. – dijo Arnold antes de pasar por el lado del chico y salir al exterior.

Hace alrededor de 3 años

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