EvaTejedor
Rango5 Nivel 21 (517 ptos) | Escritor en ciernes
#1

Érase una vez…
¡No, no, no, no!
¡Así no! Así empiezan los cuentos los humanos. Y no soy humano.
Soy un chucho y me llamo Dean.
Eso es lo que dice mi humana, que soy un chuchillo. Su chuchillo, para ser más exactos. Un perro sin raza ni pedigrí y ni falta que me hace.
Ella dice que ya soy muy mono sin tener nada de eso, lo que sea que signifique eso.
Y fue mi humana la que me puso Dean. Ese es mi nombre ahora. Uno de los muchos que he tenido en mi corta vida.
Antes, en la jaula, era Gandhi. Ese me lo puso una humana en la protectora. No hacía mucho caso a ese nombre, la verdad. Atendía más cuando me decían “¡Ven a comer!”.
Y antes de eso… antes de eso, la mayor parte de las veces, me llamaba “¡quita de ahí!”.
Mi humana también me llama “bonito”, “croqueta”, “bicho” o “chucho” con mejor o peor tono, dependiendo de si he roto o no algo ese día.
Me gustan mis nombres. Todos ellos.
Pero me gusta más cuando mi humana me llama “bonito” porque me mira igual que lo hacia mi mama. La misma mirada de “¡te quiero pero vas a acabar conmigo un día!”. Siempre muevo la colita cuando ella me llama así.

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Flaneta
Rango11 Nivel 53
hace 26 días

Yo también muevo la colita cuando me dicen cosas cariñosas.


#2

(¡Gracias por los corazoncitos! Esta es la segunda parte del prólogo, que no cabía entero en la otra cajita. ¡Saludos!
Prólogo (2ª parte)

Mi humana me quiere mucho mucho. Me da cositas buenas de comer y juega conmigo cuando está en casa. Me tapa en invierno, me cuida cuando estoy malito y me deja dormir en su cama si tengo frio o no quiero estar solo. Me da besos y caricias todo el tiempo. Y, aunque rompa la manta o mis juguetes o hasta mi cama, nunca se enfada de verdad conmigo.
No lo hago a propósito… lo de romper, digo. A veces me aburro y me da por ahí. Otras me pongo muy nervioso y necesito descargar toda la ansiedad y lo hago mordiendo cosas. No me doy cuenta de que las estoy rompiendo. Por suerte, mi humana no se molesta porque sabe que no lo hago por maldad.
¡Yo no soy malo, soy un incomprendido! No tengo un pelito de maldad en mi redondo cuerpecito, de verdad.
Quiero mucho a mi humana aunque habla mucho y no la entiendo siempre. ¡Habla demasiado rápido!
Siempre está hablando. Unas veces conmigo, otras sola, otras gruñe… En serio, la he oído gruñir. Y si alguien se pasa de listo conmigo o con ella, hasta ladra.
Otras veces hace cosas raras, como canturrear y bailar sin venir a cuento y sin música. Mi humana es un poquitín peculiar.
La pobre siempre intenta enseñarme modales, como que no pida comida y no ladre cuando tocan a la puerta… y me regaña y se desespera un poquito. O un mucho. Pero luego le pongo ojitos, le doy un par de besitos y se le pasa.
Cuando no hago el trasto, ladrando o pidiendo mimos hasta el cansancio, estoy correteando y jugando, calentito y a salvo en nuestra casa. Me puedo tumbar a dormir donde quiera y cuando quiera sin que nadie me moleste o intente hacerme daño.
¡Eso es genial! Aunque no siempre ha sido así.
Antes no sabía lo que era tener una casa y comida y una humana y una mantita. Dormía en la calle, a la intemperie. Comía de la basura, si tenía suerte de encontrar algo comestible. Pasaba frio en invierno y mucho calor y sed en verano.
Tenía que esquivar coches, otros perros y a algunos humanos que trataban de hacerme daño.
Yo tuve suerte. Otros, no tanta.
Otros siguen en la calle. O en la jaula, olvidados, donde estuve yo también.
Pero eso fue hace mucho tiempo. Ya casi dos años…

#3

Capítulo 1.

- ¡Humanaaaaaaaa! ¡Has vuelto!
Esto soy yo, ladrando mientras voy a toda la velocidad que me dan mis cuatro patitas desde el dormitorio hasta la puerta de entrada porque ella acaba de regresar.
Es mi obligación perruna darle la bienvenida.
¿Y de dónde vuelve mi humana?
¡Ni idea! Todos los días sale y vuelve un rato muy largo después pero no sé adónde va. ¡Nunca me lleva!
Los primeros días lloraba un poco cuando se iba porque creía que no volvería. Pero siempre vuelve. Así que ya no lloro.
Mi humana me acaricia cuando me pongo de pie y le coloco las patas sobre sus piernas pidiendo más mimos.
¡Uh, rascadita de orejas! ¡Qué gustito!
Los mimos son lo segundo mejor que te puede dar un humano, por si no lo sabes. Lo primero, claro está, es la comida. La comida siempre siempre será lo mejor de todo.
Después de un rato de caricias y rascadas de tripa, mi humana se va a soltar sus cosas y yo voy a beber algo de agua. En un ratito iremos a pasear y no es buena idea ir con sed.
Ella cogerá mi correa y mi arnés y saldremos a dar una vuelta por el barrio. Con suerte, incluso al parque.
Siempre salimos a los pocos minutos de su vuelta a casa.
A menos que…
- ¡¡Dean!!
A menos que se dé cuenta del trozo que le falta al sofá, claro.
No suelo romper cosas porque si, en serio. Pero, a veces, me aburro mucho y tengo demasiada energía acumulada y me produce ansiedad.
Y no sé cómo manejarla… Hoy la he gastado mordisqueando una esquina del sofá. Un poquito.
Todavía tengo miedo de que todo esto solo sea temporal. Tampoco sé cómo debo comportarme en una casa. ¡Nunca he tenido una! No estoy seguro de que no pueda comerme los muebles… en la calle si podía.
- ¡Te has comido medio sofá! – chilla mi humana, señalándome acusadoramente. Bueno, vale… obviamente no debo comerme los muebles. No chilló tanto cuando me comí su bota.
Por cierto, eso de medio sofá es una exageración… un cuarto, como mucho.
Ella sigue a lo suyo, mirando horrorizada el mueble.
- ¡Falta una esquina entera!
¿Ves? ¡Ya no es medio sofá!
La verdad, no sé a qué viene tanto drama. Solo es un cachito de sofá. ¡Un cachito chico! Cuando mi humana vuelve a mirarme, estoy seguro de haber visto chispitas de fuego en sus ojos.
Ups… creo que es hora de salir corriendo y esconderse debajo de la cama…
Salgo diez minutos después, cuando los gruñidos de mi humana han cesado. Está moviendo el sofá de sitio, colocándolo en el extremo opuesto de donde se encontraba. Me mira, frunciendo el ceño. Aún sigue enfadada pero no tanto como antes.
- Así no se verá el trozo que falta. Al menos, hasta que podamos arreglarlo. Eres un desastre, bicho. – termina, cogiendo la correa y el arnés.
Tiene razón, así no se ve nada el cacho que falta. ¡Asunto arreglado! ¿Podemos salir? Tengo ganas de hacer pipí. Muevo el rabo y me acerco para darle un lametón en la pierna. Mi humana rueda los ojos y suspira.
- Anda, vamos a dar un paseo.