Esu_Emmanuel
Rango13 Nivel 64 (18941 ptos) | Premio de la crítica
#1
    Partes:
  • #2

Pasaban las horas mientras te esperaba en ese lugar en el que nos habíamos visto ya veces atrás… Lloviznaba, la tarde se pintaba de gris. Extrañamente, me sentía tranquilo, mi corazón no galopaba con esa emoción a la que lo tenías acostumbrado; esa tarde estaba en paz. Era la espera como el vaivén de un péndulo que musitaba los segundos con esa calma que la lluvia dibujaba al caer… y yo suspiraba. Me mojaba los labios al pensarte, al dibujarte en mis pensamientos, al traerte a mi memoria como ese noble sueño que estaba viviendo.

Escuché, entre la música ambiental, abrirse la puerta de entrada al lugar… No volteé a ver si habías llegado, mi corazón lo sabía. Eras tú… caminabas lentamente hacía la mesa donde yacía sentado, esperándote… te sentaste a mi lado mientras me saludaste con simpleza. Esa simpleza tan tuya, esa singularidad que te caracteriza, esa forma de ser que podría confundirse con frialdad e indiferencia.

Ahí estabas, a mi lado, mirando el menú, decidiéndote por lo que ibas a tomar… y yo, yo no podía despegar los ojos de ti. Te dibujé los rasgos con los ojos lívidos...

Hace casi 2 años Compartir:

0

6
#2

...con las pupilas dilatadas, con los parpados contemplativos al tanto que el corazón te recitaba. Te tenía ahí… ahí estabas… a mi lado… con ese semblante tan serio, tan distante, tan indiferente, pero estabas… y yo era feliz.

Fueron pocas las palabras que hablamos. En realidad, ya no las recuerdo. No eran las palabras las que nos tenían ahí, eran nuestros sentimientos. Siempre fuimos de pocas palabras, de entregarnos al silencio, de enmarcar nuestros labios en esa comprensión que nos daba la cercanía.

Yo te adivinaba… Tú me confundías… Yo te observaba… Tú te perdías… Yo te tocaba… Tú no me comprendías.

Te pusiste de pie, se te había olvidado algo en el automóvil y fuiste a buscarlo. Tomé esa oportunidad para cambiar de mesa y sentarme al lado de la ventana. Era la tarde más calma, la más fría, la más llena de agua… Era el cielo el más gris… Era el viento el más suave… Era la bruma más clara.

Volviste, me buscaste y te sentaste, una vez más, a mi lado… Te miré por unos minutos y volví a mis reflexiones… Me hundí en la calle.

De pronto, sentí tu peso en mi hombro… Volteé a mirarte, y ahí estabas… Descansando en mí con esa ternura que eras al sentir. Y no pude guardarme las ganas de abrir mis brazos y arroparte en mi pecho… No pude no besarte la frente ni buscarte la cara. No pude no estrecharte a mi pecho… No pude no contentarme por tenerte ahí, ahí, ahí. Sentí a mi corazón latir.

Mi belleza… Mi ternura… Mi nobleza… Ahí… Estaba ahí, descansando en mi pecho, haciéndome feliz.

Sonreíste al mirarme… Vi tus ojos, esos ojos tras los cristales, esos ojos que siempre me hicieron callarme con el corazón ahogado de amor.

Tomaste en tus manos el objeto que habías olvidado en el automóvil y lo elevaste sobre nuestros rostros… Querías un recuerdo de ese día. Reí por ese detalle tan lleno de ilusión por tu parte… Quisiste presionar el botón para tomar la imagen, pero se te caía a la mesa.

No importaba, ya nada importaba… Había abierto los ojos… Y ya no estabas… Pero, seguía lloviendo detrás de la ventana.