Nubis
Rango12 Nivel 57 (11017 ptos) | Ensayista de éxito
#1

Recuerdo de las últimas conversaciones que tuve con él. Me habló de que veía la vida como un oleaje que nunca se calma. A veces el supuesto mar pare repentinos temporales de olas gigantescas, que se puede traducir a los momentos decisivos de una vida, donde luchas porque no sea el último instante.
Con esa filosofía comencé a conocerlo, comprendí que se sentía siempre abrumado por una intensa nada que se extendía como el mar, atento a cada paso por no tropezar con rocas sumergidas o desniveles repentinos, ciego de cintura para abajo (acaso pecho) controlando en según qué periodos que las olas no lo tumbaran. En su interior no debía estar nunca cómodo, siempre en tensión aunque no lo mostrase, o acaso lo llevaba con una naturalidad que lo camuflaba.
Hoy realizamos su funeral. Se ahogó en el mar, tan buen nadador que era. No encontraron el cuerpo, llevado por las olas hasta el fondo del corazón oculto del agua. Después o mañana me bañaré en esas mismas aguas, donde mis lágrimas se fundirán con la esperanza de que él las recoja.
Mi cuerpo seguirá resistiendo a las olas.

(Continúa)

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miguelangelg093
Rango6 Nivel 26
hace más de 1 año

Una prosa muy atractiva y evocativa, con metáforas existenciales casi casi líquidas. Me ha gustado mucho el inicio.


#2

«Como te digo, no había seguridad alguna. Cuando manejábamos los tintes o la cola para pegar, nunca nos dieron mascarilla, y a veces hasta tardaban en reponer los guantes. La de veces que he tenido que lavar a conciencia entre mis uñas. Cada año esa zona hacía peor olor, ¡imagina los días de calor!, y lo que me quemaba al principio por respirar, hasta que dejé de notarlo. Un par de veces me mareé, pero debíamos de continuar, la faena tenía que estar terminada; y para ayer, que nos ordenaban. Una compañera se desmayó, y vaya cómo el jefe se aplicó en reanimarla con tal de que no fuese al médico. Es que veces no teníamos contrato, ¿sabe?. Luego hablaron en privado, y no hubo denuncia ni nada, como siempre. Como te digo, aquello era un cachondeo, los productos químicos a mano a la vista y las botellas abiertas sin tapones. Luego, claro, llegabas a casa y los demás lo notaban, y tú con una cara de no saber cómo reaccionar, salvo cenar y amargar al resto o darte una ducha exprés. Menuda situación aquella, para haber muerto, y el inspector nunca nos pilló. Hay que ver, que cuanto peor lo hacía, más probabilidad de salir airoso tenía el jefe. Insano, ya le digo, las manos llenas de producto y la nariz taponada todo el día…»
—Aquí tiene los resultados, señora Rodríguez. Para su edad, está hecha un roble.
—Ay, gracias al señor, ay. No sabe usted la alegría que me da. Pero, ¿de verdad no me va a mandar usted nada para tomar?
—Nada de nada. Está perfecta.
—Ay qué alegría, ay.

Hace más de 1 año

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#3

Aquel hombre me trataba como si fuese su hija. Me lo solía decir. Era amable conmigo, siempre, y obedecía todo lo que le pedía para cuidarlo. Pasé el año con él, incluso dormía en su casa, y cada recuerdo suyo lo forja un martillo de buena voluntad. Mis compañeras siempre me hablaban de lo mal que lo pasan con las personas que cuidan. Sé que exageraban, pero asumía que algún momento tenso tendría que pasarme igual. Jamás fue así. En lugar de esas situaciones, me brindaba regalos por sorpresa, acompañados de una sonrisa que me relajaba de mis otros problemas cotidianos. Nunca entendí el porqué nadie lo visitaba, asumiendo que era una de esas personas ancianas que se los traga el olvido antes de hora. Nos encariñamos tanto, y su familia estaba tan ausente, que llegué a considerarme su hija. Ya forma parte de mi memoria perenne.
Ahora que enterramos al hombre, compruebo con rabia las asistencias por compromiso y los cuchicheos sin educación. Han venido menos de los que imaginaba, y llorando sólo estamos su verdadera hija y yo. La abrazo consciente de cómo se siente su alma. Parece apartarme con educación, y dejo espacio a su agobio.
Recibo mi última paga por el servicio de cuidarlo. Me siento hasta mal de recibirla. ¿Cómo será la próxima persona a la que cuide? Seguro que nadie como él, me repito convencida. En esas charlo con uno de los asistentes al funeral. Me habla horrores del hombre, y no tardo en reprocharle, en señalarle todo lo bueno que me hizo sentir.
“Algo querría” es la frecuente respuesta ante mi defensa. Al final esa persona que también lo conocía me cuenta sobre lo que hizo a su hija cuando esta era una niña. Él estuvo en prisión por violación. Nadie sabe durante cuánto tiempo estuvo acechando y perpretando la cama de su propia hija. La imagen de una puerta entornada entre la oscuridad me viene a la mente.

Hace más de 1 año

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Ivan_Soul
Rango10 Nivel 46
hace más de 1 año

Inquietante esta última parte.
¿Será acaso que el hombre intentaba enderezar su camino antes de partir? ¿Se trataba sólo del peso de la culpa que lo ahogaba? ¿O conservaba las mismas intenciones perversas que nunca llevó a cabo por la avanzada edad?

Nubis
Rango12 Nivel 57
hace más de 1 año

Ese es el tema @Ivan_Soul La ambigüedad y la ironía invaden la literatura, dejando al lector la última palabra para que se defina, y con ello al mundo que le rodea.