Hacho_Sosa
Rango4 Nivel 17 (302 ptos) | Promesa literaria
#1
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y desde esa vez todo cambio....
el cielo ya no brillaba, cada vez que se ponía el sol la oscuridad me consumía desde adentro.
Creo que todos tenemos nuestros demonios internos, pero los míos se habían combinados en una especie de rey malvado.
Todo me daba igual, inclusive herir a las personas me resultaba placentero, mentirles y jugar con sus emociones era tan divertido que la verdad me emocionaba hacerlo.
Todo cambio aquel día, cuando la conocí, fue algo muy bello y aterrador al mismo momento.
De sentirme superior, me sentí tan vulnerable, como un perro pequeño y además callejero, que debe pelear con bestias muchas más grandes para conseguir un bocado de alimento.
Ella hizo sentirme frágil, necesitado, asustado.

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#2

Tenía unos ojos verdes, un verde de un bosque salvaje, impenetrable, robusto, que escondía muchas cosas en su interior.
Su sonrisa era la más bella de todas, como que, si el único rayo de sol de un día nublado te alumbrara justo en tu piel, su cuerpo estaba marcado, con hermosos dibujos, los cuales no sabría si contaban una historia, un momento, una anécdota, lo que si sabía es que decoraban su hermosa piel, dándole un toque más rudo a su carácter.
Se vestía siempre de colores oscuros, y ese momento me di cuenta que era la encarnación viva de todas mis Bestias juntas, entendí que ella era parte de mí, podía controlarme, solo que algo no entendía. Yo no la conocía, como alguien así podría controlarme, como alguien así podría gustarme tanto, que secretos traería consigo, y las pregunta que me dejaba helado, ¿Cuál era su juego?
En mi mente muchas cosas sucedieron, tuve que jugar a la defensiva y atacar al mismo tiempo, haciéndole jugadas mentales, sacándole información, haciéndome pasar por diversas personas.
Algo me estresó, algo en ella me sorprendió, no sabría cómo explicarlo, pero mientras yo intentaba atacar el "yo" verdadero no me dejaba, se interponía entre ella y mis ataques.
Me frustraba.
Lo único que podía hacerle era estar pendiente de ella, atenderla, complacerla, ser el chico tierno que a todas les gusta.
Pasaron varios días, varias semanas, las conversaciones iban aumentando, ya nos habíamos visto, habíamos estado juntos, a pocos centímetros de distancia.
Era impresionante lo que causaba en mí, temblaba, no me concentraba era un tonto delante de ella.
¡¿Qué demonios me sucedía?!
Estaba asustado.
Yo, de no confiar en nadie, prácticamente ni en mí mismo. Sentía que podía darlo todo de mi por esa persona aun sabiendo que no la conocía casi nada, sabiendo que podría destruirme en un solo instante, con una sola palabra, un solo movimiento, una sola jugada.
Pasaron días, me sentía aturdido, no quería aceptar, me auto protegí, cree barreras para que no sepa quién era el "yo" verdadero, el yo que era tan frágil, tan vulnerable.
Tal vez sin querer me dio pistas, que me hicieron dar cuenta lo que esa mujer era. ¡Simplemente era lo que quise en la vida, pero al mismo tiempo lo que más odiaba!
Un día tuve la suerte de que volvió a mí, como bumerán lanzado con mucha fuerza, ese momento fue clave, tuve la incertidumbre de no saber que me esperaba.
Sin hacer nada quedamos parados como que si con nuestras miradas dijéramos todo. Yo sabía que ella traía algo entre manos, estaba muy nervioso hasta que hablo.
-Sabía que esto sucedería- dijo
-a que te refieres- le respondí casi inmediatamente muy confundido.
Con una mirada siniestra y con su sonrisa llena de burlas me dijo
-Sabría que te enredaría con todos mis trucos y encantos, haría que no dejes de pensar porque te puedo tanto-
-Pe-pe-pe pero cómo??!! – Entonces la piel se me erizo.
-Nadie revelaría sus secretos, sus formas de jugar, su hechizo más preciado- respondió
Fue en ese momento en que me di cuenta que las vueltas de la vida tan solo pueden estar en una simple mirada, en una simple mujer.
Era verdad, yo nunca deje de pensar en ella, tan solo me volvía loco su forma de ser, de expresarse. Todo de ella me parecía perfecto, y más ahora, que sabía a qué estaba jugando.
- ¿Por qué a mí? – pregunte
- Por el simple hecho de saber cómo eres, como también juegas, como piensas, ya me aburrí de jugar con chicos que son unos tontos y cursis, pero al darme cuenta de que si te hacia caer en tu mismo juego a mi manera, podría hacer que cualquier persona juegue con mis reglas.
Comencé a sonreír, tan solo con esas simples palabras me hizo desearla, su manera tan fría de dirigirse a mí fue cautivadora, en ella me vi reflejado.
Ella dulce y bella diabla en vida, jugábamos la misma partida de un juego, solo que nunca me di cuenta que yo era su objetivo principal.
Creo que para mí ya era el fin del juego, me capturo, era su presa, con su belleza consumió mi mente y luego simplemente desapareció dejando una cicatriz con su nombre en ella.
Y desde entonces ya no nos volvimos a ver. Se me hace verla en cada uno de mis sueños, mirándome con su perfecta sonrisa y sus bellos ojos verdes que alborotan todo mi ser.