Miguel_Ruiz
Rango10 Nivel 46 (4652 ptos) | Fichaje editorial
#1

A todos nos gusta el sexo, está claro.
¿Me diagnosticaron la adicción?
No.
¿Cómo me di cuenta que era adicto?
Porque el cuerpo me lo pedía. No como una necesidad fisiológica, algo parecido al hambre o al sueño. No. Más bien un "mono" de abstinencia. Sensaciones de apremio, pequeños temblores, corridas de sangre en las venas que podía sentirse desde afuera, sudor, ansiedad, pensamientos recurrentes...
¿Sos un degenerado, un violador, un abusador? -me preguntaban-, nada de eso. Soy una persona "normal" en una sociedad "anormal". Disfruto del sexo como vos o aquel, pero por sobretodo disfruto del placer. Dar y recibir placer es la meta, es el éxtasis. No pienso en dominar ni ser subyugado: sólo quiero el máximo de placer en cada encuentro y que éstos sean lo más seguido posible.
¿Cuándo comenzó todo esto? ¿Cómo manejo mis días?
Bueno, eso es lo que voy a contarles en éstas líneas.
Creo que lo mejor es comenzar por el principio.

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LesCastillo
Rango9 Nivel 42
hace alrededor de 2 años

Espero que sigas. Me dejaste picada😁😁👏

Miguel_Ruiz
Rango10 Nivel 46
hace alrededor de 2 años

@LesCastillo un par de corazoncitos más y nos vamos bajo las sábanas ;)
Gracias por comentar.

TheRealNirvana
Rango10 Nivel 45
hace alrededor de 2 años

Quiero saber q más sigue...
Me hace sentir identificada...


#2

El primer descubrimiento no fue sexual en lo estricto de la palabra. A mis tiernos años de infancia, jugar con mi cuerpo era algo natural. Descubrir que ciertas partes sentían distinto al tacto fue una tarea regocijante.
Siempre fuí curioso, investigador, de esos que desarma todo y observa para tratar de dilucidar su funcionamiento. Con mis sensaciones fue igual. ¿Por qué si me toco acá pasa esto?
Así tuve mi primera erección. Claro que no tenía la connotación que luego le damos, pero la intensidad de lo que sentí incentivó el juego en esa zona.
Es curioso cómo luego nuestro pensamiento (o condicionamiento) adjudica significados variados al tacto. Cómo el placer pasa a ser prohibido, pecaminoso, vulgar, sucio...
Recuerdo que madre entró en mi habitación y descubrió que me había desnudado y estaba jugando con mi pene erecto, inocentemente. Su alarma fue tal que no logré comprender qué estaba haciendo mal. Ella se escandalizó más por ver que su hijo varón estaba despertando antes de tiempo, según su concepción del tema, y eso era prohibido.
-¿Qué estás haciendo? -gritó como si estuviera despedazando vivo al cobayo de la jaula que corría en la rueda sinfín-, eso es chancho, sucio, no lo hagas más. Tu pitulín es para hacer pichí y nada más, no es para andar jugando con las manos sucias, podés agarrarte una enfermedad y una infección, después no podés tener hijos y yo quiero nietos.
Con éste tremendo sermón, golpeó la puerta al retirarse y siguió blasfemando camino a la cocina donde estaban mis abuelos para discutir con ellos mi pecado.
Podrán imaginarse lo que pasó por mi cabeza de siete años. ¿Qué fué todo eso? ¿Qué quiso decir con "sólo para hacer pichí" o "yo quiero tener nietos" o "se va a infectar"?
Así de fácil puede arruinarse la relación con tu órgano del placer sublime en sólo sesenta segundos de un ataque de pseudo-pudor.
Ojalá en ese momento mi padre hubiera estado allí para conversar de hombre a hombre. Así que tuve que desvelar todas las interrogantes por mi cuenta y sin tener Google.
Mis prácticas no se detuvieron, mi descubrimiento siguió adelante, incluso preguntando a compañeras y amigos del tema. Eso me costó que me echaran de la casa de mi mejor amiga por degenerado y me prohibieran ir a la casa de mi compañero de banco por actividades extrañas. Nada de eso era raro, ni sexual, todo estaba en la cabeza de los grandes. Para nosotros el mundo era un lugar misterioso.
Los años pasaron y avanzamos en la escuela, en ciencias naturales y biología. Nos mostraron un hermoso librito llamado "¿Qué me está pasando? en sexto grado, último año antes de ir al liceo. Todo un cambio en varios aspectos, incluyendo el hormonal.
Para ese entonces ya me había hecho de unas cuantas enciclopedias que, entre sus capítulos, hablaban de las zonas erógenas. Tema harto interesante para mí.
Recuerdo que había dos figuras, una de hombre y otra de mujer, adultos, desnudos y con rojo marcaban (al mejor estilo de las gráficas de calor en los mapas meteorológicos), las zonas de mayor y menor placer. Aún recuerdo el trazado mental que hice en aquel entonces del cuerpo femenino y el recorrido geográfico que realicé en mi propio cuerpo (me llevaría años encontrar una mujer que recorriera mi itinerario, de hecho, aún hoy ninguna ha encontrado todas las ciudades, valles, montañas, ríos y llanuras de mi placer). Claro que no es lo mismo el auto descubrimiento que un turista curioso con ganas de conocer. Las posibilidades son infinitas.
Cuando la química hizo su magia comencé a mirar a mis amigas y a las chicas que me cruzaba, con otros ojos, con otras ansias de estudio, más prácticas que teóricas. Aunque aún no pensaba en penetración, sí lo hacía en descubrir placeres.
Se me ocurrió que a Francesca, mi nueva mejor amiga, le podría interesar leer el tomo de la enciclopedia (detalle no menor: dichos libros estaban en la biblioteca familiar, misma familia que consideró mi comportamiento cuestionable y preocupante). No sólo lo halló fascinante en teoría, sino que quiso probar en la práctica. Para ese entonces ya sabíamos que los pechos, debajo del ombligo y entre las piernas, eran zonas prohibidas para el sexo opuesto. Ninguno de los dos iba a tocar los genitales del otro, pero esa tarde-noche descubrimos que las mujeres pueden tener un orgasmo sin que el clítoris y los senos entren en el juego.
Las caricias forman parte escencial en este juego, pero la boca en zonas como las orejas, la base y largo del cuello, la parte frontal del mismo, llevando tu boca semiabierta, para que permita salir a tu aliento tibio y tus labios apenas húmedos, remontar hacia el mentón para que cuando coincida con tu boca, abrir un poco más los labios y morder suavemente. Francesca había dejado claro de antemano que éramos amigos y que no podía besarla, pero sí podía hacer lo que antes describí y alguna libertad más, aunque bastante condicionada al pudor hogareño.
Cuando sus ojos se cerraron supe que estaba entrando en un estado de gozo y que sólo quería sentir en lugar de pensar. Quería seguir con ansiedad el mapa mental que había trazado, pero pronto noté que su respiración cambiaba, haciéndose más profunda y pausada. Su boca se abría y su aliento cálido se escapaba con un leve sonido cuando la combinación de mis manos en su espalda y mi boca en su cuello jugaban a descubrir puntos interesantes. Al cabo de unos minutos habíamos transformado aquello en un nuevo lenguaje, donde nos decíamos cosas sin pronunciar palabra.
Primero fue sentados frente a frente; luego ella giró y se recostó en mi pecho dejando caer su cabeza sobre mi hombro, abriendo su delicado y hermoso cuello. La entrega era tal que no se sobresaltaba por la cercanía de mis caricias en sus zonas comprometidas, más mi joven caballerosidad mantuvo su promesa inicial y milímetros antes de caer en tentación, se dirigían a zonas inexploradas. Dediqué un sinfín de besos en donde encontrara piel al descubierto, hasta besé sus ojos cerrados, con ternura, no besé su boca más si la acaricié con mi pulgar y con el índice, en diferentes momentos, dibujando sus carnosos labios, pintando con deseo.
Su respiración se aceleró cada vez más y comenzó a abrazarme con fuerza, juntando nuestros cuerpos, arañando mi espalda por debajo de la remera. Recuerdo que el dolor de las uñas en mi piel sensible cambió a placer en pocos centímetros. Era extraño, mis sentidos se confundían, mi cuerpo respondía más allá de mi razonamiento, mordiendo con suavidad pero con firmeza el costado de su cuerpo, mi lengua por primera vez se atrevió a entrar en su ombligo, estremeciendo su vientre...
Nos abrazamos con los ojos cerrados, sintiendo, escuchando, como en un trance del cual no queríamos salir. Ninguno pronunció palabra durante media hora más. Hasta que abrimos los ojos y el mundo (la habitación en la que estábamos) parecía otro, las cosas eran diferentes, el color, la luz, otros, nosotros éramos otros.
No sabíamos qué hacer en ese momento. Nuestros encuentros duraron varias semanas, hasta que su familia decidió mudarse al interior del país, a setecientos kilómetros de distancia. Nos habíamos conocido de una manera íntima que difícilmente ambos volvimos a experimentar. En aquel momento ninguno de los dos sabía exactamente de penetraciones, de copular, de eyacular, del pico más alto del éxtasis que nos tira rápidamente al cansancio plano, satisfecho. Lo nuestro fué algo más allá, más profundo, más inalcanzable para los adultos.
Cuando llega ese momento en que el sexo cambia de intención, se transforma en una batalla para alcanzar el mayor placer del otro, un vampirismo egoísta, que no tiene intención de saber, de conocer al otro, de sentir el cuerpo y el placer del otro...
Lo dicho, nunca más volví a sentir aquello, con ese grado de pureza. Y mi afán fue encontrarlo de nuevo. Pensaba que si habíamos sentido todo eso sin tocar las zonas rojas de aquel libro, tocándolas debía ser mucho más grande el placer que obtendríamos.
No sabía que me estaba adentrando en años y en un mundo que persigue una forma de placer algo distinta a las experiencias de dos niños que adolecen de juventud inocente.
El deseo propiamente dicho, aún no había despertado y lo haría de la forma más inesperada.

Hace alrededor de 2 años

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Purpura
Rango14 Nivel 66
hace casi 2 años

Vaya que fue (a mi parecer) una introducción sensorial y hermosa... Creo que de las mejores que puede experimentar quien nunca ha abierto las puertas del placer en compañia de alguien.
Maravillosa narrativa @Miguel_Ruiz

Miguel_Ruiz
Rango10 Nivel 46
hace casi 2 años

Muchas gracias @Chica_Purpura por tus palabras. Me alegra de verdad. Estamos de acuerdo, es de las mejores experiencias.

Sarym
Rango16 Nivel 75
hace casi 2 años

@Miguel_Ruiz qué manera de hilvanar pensamientos y emociones cariño, me dejaste atrapada en tu narrativa, es una lástima que no hayan más partes, espero puedas continuarla en algún momento cariño, saludos.

Miguel_Ruiz
Rango10 Nivel 46
hace casi 2 años

Gracias @Sarym, vendrá más. No tan humanas como esta, sí más mundanas, más de la parte del enredo, con algún destello y el debate entre lo verdadero y le que hemos construído como intimidad. Este personaje se debatirá entre encontrar esto que vivió por primera vez y explotar los placeres de la carne, en una lucha interior reflejada en experiencias de todo tipo.
Ya vendrá.
Gracias por pasar.

Sarym
Rango16 Nivel 75
hace casi 2 años

Wooo con esa sinopsis imposible perdérsela, espero leerla pronto. Saludos cariño ;*


#3

Cuando comencé el liceo, comenzaron los problemas. La institución a la que asistí resultó ser un desahogo para los "buenos" lugares, donde se juntaban a los más o menos con los malos y los buenos que vivían cerca. Ese era mi grupo. Así que me tocó con alumnos bastante más grandes que yo, que venían repitiendo primer grado al punto de estar por dar una maestría sobre cómo hacerlo.
Entre los compañeros había un grupo de cinco, que se sentaban al fondo: tres mujeres y dos varones. Al parecer tenían como pasatiempo asegurarse de que los inocentes perdieran su condición lo antes posible. Así que, una mañana, me abordaron (literalmente) y me llevaron al fondo del salón aún vacío. Lo que pensé que sería una experiencia dolorosa terminó siendo una invitación a una fiesta en la casa de uno de los varones que estaría a su disposición todo el fin de semana por viaje de sus padres.
Presionado y no muy convencido, acepté la oferta. Después de todo, quería descubrir más y adentrarme en otros placeres. No tenía idea lo que me esperaba.

Llegué temprano, peinado y perfumado: primer error.
Subiendo una escalera oscura, se ingresaba a la casa. Habían colocado pañuelos de colores sobre las lámparas, la luz era roja, naranja, ocre, amarilla. Mucho humo ondulaba a metro y medio del suelo, seco y dulce.
Ya habían algunas personas en estado deplorable, tirada en los sillones. De una de las habitaciones salió mi compañero de banco a darme la bienvenida, seguido por la mayor de las tres muejres. Se prendió cual vampiresa del cuello de mi amigo y me miró fijo mientras pasaba la lengua con lentitud y mordía con pasión. Confieso que me exito y asustó al mismo tiempo. Esa fueron las dos sensaciones que preponderaron mientras estuve allí.
Comencé a tomar y fumar, como todos los demás. Aparentaba estar en control de la situación, por dentro era ella que dominaba cada parte de mi.
Las otras dos mujeres fatales de la clase se sentaron en los brazos del sillón en el que estaba y comenzaron a tocarme sin decir palabra. Una de ellas tomó mi cabeza y con rapidez e introdujo su lengua en mi oreja, mientras la otra aprovechó mi expresión de sorpresa para hacer lo propio en mi boca. Antes de poder reaccionar estaba en el cuarto, sobre la cama, con una arriba y otra al costado, despojándome de la ropa.
A primera vista, se asemejaba a lo que cualquier hombre había soñado siempre, sólo que yo aún no era esa clase de hombre. Venía de otro tipo de intimidad y me encontraba con algo que era sólo placer, objeto de placer. "No te enamores", me dijeron ni bien cerré los ojos, esto es un juego, jugalo sin más. Traté de usar mis manos para brindar placer, una de ellas se encargó de que no las pudiera mover. La violencia comenzó a escalar. Aquello ya no era placentero, ni íntimo. Mi incomodidad era notoria. ¡Calmate pibe! Que no te vamos a matar. Bajaron mis pantalones y se encargaron de endurecerme por completo, sin más, saltaron de la cama y se fueron riendo mientras decían: "¿En serio pensaste que nos íbamos a acostar contigo? ¡Pobre infeliz! Años te faltan, botija para tener unas minas como nosotras. Vestite y andate.

Con un gran dolor de testículos y bajo vientre, me fui caminando a mi casa. Con emociones encontradas. Pensando qué había sido aquello y sintiendo suciedad. Me sentía un objeto. No sabía que era sólo el comienzo.

Sacra
Rango8 Nivel 35
hace casi 2 años

No sabría calificar ese episodio. Bueno, sí, ahí se describe una violación.


#4

Años más adelante perdería mi virginidad. Aquí volvió la magia. La chica, mi novia, también lo era. Ambos descubrimos que toda fantasía, toda preparación para aquel momento, eran no solo inútil sino también frustrante. Lo que se supone debe ser el placer iniciático está tapado por muchísima ansiedad y miedo. Lo haces y en tu mente hay miles de cosas dando vueltas: que si me puse bien el condón, que si le dolerá, que si me dolerá, que si le gustará, que si podré hacer esto o aquello, que si había comprado, además, la pastilla para la hora después, que si nos descubrirían en aquella azotea... Espera ¿digiste "azotea"? Si, nuestra primera vez no fue en un lecho de rosas, fue en una azotea en el medio de la ciudad. El romanticismo vino después, el miedo nunca se fue.
Mi cuarto era compartido con mi hermano mayor. Tener sexo en casa era tabú (y encarcelable). Como mi compañero de cuarto era rebelde con todas las causas que pudiera coleccionar, trajo a su novia una noche. Confirmaron que yo dormía (no lo hacía, claro está) y se enredaron en un encuentro sexual que fue subiendo de tono e intensidad. "Che, tu hermano se puede despertar", decía ella. "Que se muera de envidia", contestaba él.

A la mañana siguiente, mi hermano se fue a preparar desayuno para ellos. Cuando salió del cuarto, ella vino a mi cama. Me dijo que sabía que había escuchado y que, en realidad, le había gustado pensar que yo deseaba ser mi hermano. No sabía bien que contestarle, al menos con palabras, mi rostro no pudo ocultar la respuesta y la tensión muscular, tampoco.
Ella dijo que el único problema era mi virginidad. Por mis gestos adivinó también lo que seguía. Su rostro se iluminó y acercándose demasiado susurró una propuesta...

¡La novia de mi hermano! Sabía que era un tanto ligera, tal vez muy segura de sí misma, aún así estaba con mi hermano.
Definitivamente lo mío eran los problemas. No podía tener una relación normal con alguien normal y al mismo tiempo sufría por relaciones anormales. Algo dentro mío no estaba bien.
Mi novia comenzó a sacarme un poco de quicio con el tema sexual. Está bien tomar precauciones, nunca está demás, pero la paranoia era insoportable. Le restaba todo sentido al acto en sí mismo. Aquello terminaba siendo peor que tirarse en paracaídas y menos excitante. por otro lado, la presión de mi cuñada aumentaba cada día y descaradamente.

Al fin caí. Todo estaba dado para ello. Sólo debía dar el paso y la verdad es que salté.
Aquello fue un año entero con la trilogía de Ian Dury. Experimenté todo tipo de placeres: todo tipo. No quedó rincón sin explorar en ninguno de los dos. Sólo podía definir aquello con la frase que le dije el día en que me fui: "Te metiste abajo de mi piel".
Sabía que era imposible continuar aquel calvario en el que se había convertido aquello. Alcancé mi límite, uno que no volví a alcanzar jamás, una oscuridad propia de la que no me enorgullezco y la que encerré con triple seguro y Cancerbero en la puerta.
Aún así, en una zona de la piel, allí, justo antes de los nervios sensoriales del placer, reside su piel y su recuerdo como tatuaje inalterable.


#5

Años más tarde, leyendo "Rayuela", me dio por pensar que todos tenemos un París como ese, adentro. Que la Maga es nuestro hemisferio derecho y Olivera el izquierdo.
A veces disfruto haciéndome el amor y pariendo disparates que no encajan ni allá ni acá, pero que adoro como si fueran todos primogénitos.
¿Será porque me tocó vivir mi propia "Rayuela" a principios de los noventa? Aunque aquella Maga supo tener su lado oscuro y sus conjuros terminaron por alejarme una noche de plenilunio...
Sé que hubo un antes y un después. Con ella conocí otras realidades, muchas invisibles, algunas, la mayoría, sensoriales, y las pocas tangibles se podían cuestionar, temer, codiciar, enviciar...
Como tatuaje, aquella mujer se me había quedado atrapada bajo tres capas de epidermis. Mucho después de no verla más, reverberaban las ondas expansivas de su electricidad. Ella estaba en cada orgasmo.
Con el tiempo y esfuerzo eso se fue apagando; su fantasma me acechaba bajo las sábanas, en el baño, en la cocina, en el crepitar del fuego. El humo del faso dibujaba su cuerpo en la sombra. Esas realidades se habían quedado, porfiadas. No era fácil volver atrás. Mi cabeza era una pipa que cada recuerdo succionaba desde abajo, muy abajo, y dejaba los sesos y el sexo al rojo de nuevo. ¿Cómo podía volver atrás después de aquello? ¿Cómo seguir adelante? Ahora trataba de encajar en aquel idealista, medio pelotudo y soñador que era antes de mi "Maga", mas una vez que comiste del fruto del árbol de la sabiduría de manos de la serpiente misma, la realidad se vuelve blanco, negro y gris y Montevideo tenía demasiado de eso.
La brasa del pucho se consumía como mi ansia. No era sólo sexo y sin embargo era lo más importante, revolucionó todo. Era un objeto de placer para ella, mi lengua era impelida a usarse en materias más interesantes que mis reflexiones existenciales. Y me lo dijo varias veces: "sos mi juguete sexual". Pero... Siempre hay un pero. Prometo no usarlo más como muletilla reconciliadora de antagonismos.
"Creo que te estoy queriendo, guacho", me dijo poco tiempo antes de llevarme al límite. No podía aceptar que alguien como yo no se enojara; no entendía que sí me enojaba y mucho, elegía concentrarme en lo disfrutable. Yo sólo quería gozar, sólo gozar, no pelear, no hurgar en las oscuridades de la mente, de la líbido, del Marqués...
Entre el pelado, Los Redondos, Charly y La Tabaré la cabeza me subía y bajaba, la lengua también, la nariz iba y venía y a veces, sólo a veces, recostada en mi pecho, tal vez inspirada por el latido de mi corazón sincero, viajábamos a mundos creados por nosotros, donde éramos amos y señores, sirviente y señora, pensante y sensomotora...
Volver a la normalidad con la frente marchita, el ceño fruncido, el sexo no, la mente aturdida y aquella sensación de no ser nada. Aún hoy me pregunto (aunque desde allí sé la respuesta) si todo aquello de demostrar que podía enojarme, que no era un monje, que tenía huevos para enfrentar a Cleopatra ¿fue eso o fue la excusa para quitarme de su vida, para que pudiera seguir pensando que los hombres son sólo penes y no hay nada detrás de eso?

Sacra
Rango8 Nivel 35
hace casi 2 años

La última frase me resulta confusa, es así y no la pillo o de verdad no hay hombres con pene?

Miguel_Ruiz
Rango10 Nivel 46
hace casi 2 años

@Sacra es un tanto atípica, si. Traducción: la muchacha tenía miedo al amor y cuando empezaba a sentirlo destruía la situación o la persona completa. Consideraba que los hombres sólo eran juguetes y que no se podía ir más allá.
Ayer encontré un cuaderno de borradores con unas hojas catárticas que terminaron conformando esta última caja. Las anteriores fueron para poder dar un contexto que sirviera para continuar la historia para el lado que había pensado cuando la creé. Sólo que me daba pereza continuar con ella.
Ahora destapé la caja de Pandora.

Miguel_Ruiz
Rango10 Nivel 46
hace casi 2 años

Tengo que hacerme un momento para leer @SDA_love50. Me crucé en el inicio con Tutankamón. A la noche le haré una visita. Saludos y gracias por estar.

Sarym
Rango16 Nivel 75
hace casi 2 años

Gracias por continuar la historia @Miguel_Ruiz se va dando con una hilaridad exquisita, amo tu forma de narrar cariño, es simplemente sublime. Espero por lo siguiente. Nos leemos, saludos.

Miguel_Ruiz
Rango10 Nivel 46
hace casi 2 años

Gracias a vos por pasar y por tus palabras. Nos leemos, @Sarym. Besos

SDA_love50
Rango19 Nivel 94
hace casi 2 años

Espero que sea de tu agrado Miguel_Ruiz
Como me gustaría tu opinión sobre Hiperion

Julio_Iscariote
Rango8 Nivel 36
hace casi 2 años

Estoy igual que @Sacra. Además, sin afán de ofender o perjudicar, en una de las lineas al inicio me topé con esto: dejaba les sesos. A caso no es: "dejaba los sesos"?
Regresando a la narrativa... sigo conmocionado por saber como continúa. Apuesto que muchos se identificarán con mas de un pasaje de tu historia.
Te sigo leyendo...