maragullo
Rango5 Nivel 22 (564 ptos) | Escritor en ciernes
#1

Una suave ráfaga de viento sopló, levantando un par de mechones del pelo de Laura.
Laura estaba acostada en su hamaca, leyendo un libro, con el sonido de las olas del mar de fondo, que iban y venían meciéndose de un lado a otro, como si de un baile se tratase.
Una gaviota, que llevaba un rato volando en círculos en torno a la casa de Laura, bajó en picado, hasta posarse en una de rama de una de las dos palmeras, sobre las que estaba sujeta la hamaca. Laura levantó la mirada y saludó a la gaviota.
—Hola pequeña.
La gaviota respondió con un graznido.
Laura cerró el libro, bajó los pies hasta la arena y miró al horizonte, colocándose la mano encima de los ojos, para poder ver mejor. Respiró hondo, y entró en su casa, una cabaña típica del país donde vivía, Tailandia. Miró una de las fotografías que había colgada en la pared, y recordó que, escapar del pasado, es casi imposible. Se preguntaba si ella lo habría logrado. Ella había abandonado su país, España, y se había marchado a un lugar en otro continente huyendo de un pasado, que por lo menos, seguía existiendo en sus pesadillas.

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#2

De pronto, se escuchó un fuerte golpe. Alguien había llamado a la puerta. En ese momento, un escalofrío recorrió el cuerpo de Laura, al pensar que el hombre del que había huido la había encontrado, pero enseguida deshecho ese pensamiento y volvió a la calma, nadie sabía a dónde se había marchado, estaba a salvo.
Laura se giró y se dirigió a la puerta. Giró la manivela sin ningún temor, pero al abrirse la puerta, esos temores regresaron a ella, allí no había nadie. Salió al pequeño porche de su cabaña y miró hacia todos los lados esperando encontrar a alguien corriendo, pero la playa estaba desierta.
Laura entró en su cabaña y cerró la puerta velozmente. Se sentó en el suelo apoyando la espalda sobre la puerta, colocando la cabeza entre los brazos, a la vez que un ataque de ansiedad se apoderaba de ella. Tenía la respiración entrecortada, poco a poco, se fue calmando. Fue hasta su bolso, lo abrió, y sacó un frasquito de pastillas. Cogió un vaso, lo llenó de agua y se tomó un tranquilizante.
Cogió el teléfono móvil y llamó a su madre, que residía en España. Su madre contestó después del segundo tono:
—Hola cariño, ¿cómo estás?
—Hola mamá, estoy bien. ¿Sabes algo nuevo de él? —preguntó apresuradamente Laura, la voz le temblaba.
—Tranquila cariño. No, no se sabe nada de él. Pero no te preocupes, me dijiste que te habías escondido bien.
—Lo sé mamá, es solo que... Déjalo, no es nada —Laura no quería preocupar innecesariamente a su madre.
—¿Pasa algo cariño? Si me dijeras dónde estás podría ir a verte.
—No mamá, es mejor que no lo sepa nadie.
—Pero ¿y si te pasa algo?
—Estaré bien, te lo prometo.
—Te enseñé a no prometer nada que no pudieras cumplir —dijo cabreada su madre.
Laura suspiró, añoraba a su madre, tenerla cerca, contárselo todo, pero no podía permitirse el lujo de apartarla de su vida para sentirse mejor.
—Si necesitas cualquier cosa, lo que se sea, llámame.
—Está bien, te quiero mamá.
—Te quiero.
Laura colgó y miró por la ventana en busca de su pasado, pero no halló más que arena y agua.
Aunque era media tarde, se acostó en su cama para intentar descansar, su conversación con su madre la había calmado, siempre lo hacía, y por eso ella, siempre que tenía miedo, la llamaba.
Cuando ya estaba empezando a conciliar el sueño, volvieron a tocar a la puerta. Laura abrió los ojos, se sentó sobre la cama, y empezó a temblar. Volvieron a tocar a la puerta con más insistencia. Laura se aproximó a la puerta lentamente, pero cuando iba a abrirla, pensó que debería coger algo para defenderse, pero no tenía nada. Cuando se mudó no pensó que él la encontraría.
Laura abrió la puerta.

Romahou
Rango18 Nivel 89
hace 11 meses

Tiene un aire onírico. Me gusta

Espero continuación

Saludos

DayDreamingLastNight
Rango20 Nivel 99
hace 11 meses

Esa sensación cercana que siento con la protagonista es mágica. Me dan ganas de seguir leyéndote.

gmirdon
Rango8 Nivel 38
hace 9 meses

va muy bien. Sólo resaltar que, me parece, que la primera reacción se torna exagerada y no hay suficiente justificación para ella. Pero esa paranoia si queda bien surgiendo la segunda vez que tocan.


#3

Ante Laura apareció una niña vietnamita que vivía en una de las cabañas más cercanas.
—Hola —saludó la niña a Laura.
Laura se quedó mirándola sin decir nada, esperando que continuara hablando, pero la niña, extremadamente tímida, no dijo nada más.
—¿Querías algo? —preguntó Laura al cabo de un minuto de incómodo silencio.
—Mi madre quiere invitarte a cenar.
La niña miraba a Laura a los ojos, sin apartar la vista.
—Está bien, dile que me pasaré esta noche.
Tras esto, la niña se marchó corriendo.
Laura estaba aliviada, quien había llamado a la puerta era una de sus vecinas, no su pasado.
A Laura le caía mal la madre de la niña vietnamita, era un sentimiento mutuo. Laura había puesto todo su empeño en pasar desapercibida al resto del mundo, había encontrado una playa con pocas cabañas y casi todas deshabitadas, pero a los dos meses de llegar a Tailandia, llegaron Lang y Linh, una madre vietnamita y su hija. Lang era una mujer de mediana edad que, tras sufrir abusos por parte de su marido, decidió huir con la hija de ambos. La primera noche que Lang y Linh llegaron a Tailandia, todo cambió para Laura.
Lang también quería privacidad, pero por algún motivo, odiaba a Laura. Lang empezó a invitar regularmente a Laura a cenar. Al principio Laura pensaba que lo hacía por amabilidad, hasta que se dio cuenta de que cada vez que volvía de sus cenas con Lang, algo no iba bien. Siempre que regresaba a casa tenía vómitos, mareos o fiebre. Lang quería la playa para ella sola, y estaba dispuesta a hacer cualquiera cosa para conseguirlo, incluso envenenar la comida de Laura.
Cuando Laura se dio cuenta de esto pensó en marcharse a otro lugar, pero tras recapacitar y recordar lo que le había costado encontrar un lugar tan adecuado para esconderse, pensó que lo mejor sería enfrentarse a Lang, y esa noche tenía la oportunidad perfecta.
Estaba anocheciendo, Laura se había cambiado de ropa y se disponía a ir a la cena con sus vecinas vietnamitas, cuando volvieron a tocar a la puerta apresuradamente. Laura pensó que sería Linh. Abrió la puerta.
Un grito de espanto fue la primera reacción de Laura. Sobre la madera del pequeño porche, justo al lado de la puerta, alguien había dejado una mano ensangrentada junto con un sobre. Laura se fijó en la parte exterior de su puerta, estaba llena de sangre.


#4

La primera reacción de Laura fue la de coger el móvil para llamar a la policía, pero tras marcar el número y justo antes de pulsar el botón de llamar, pensó en el sobre debajo de la mano. Estaba dentro de una bolsa de plástico transparente. Laura dejó el móvil sobre la mesa y se aproximó a la mano sangrienta. Apartó la mano con el pie, se agachó tapándose la nariz con la mano izquierda, para evitar el fuerte olor, y cogió la bolsa que contenía el sobre, con la mano derecha.
Laura extrajo el sobre y lo abrió, a la vez que se sentaba sobre una de las sillas de mimbre de su porche. Dentro había una carta escrita a mano. Laura reconoció la letra de inmediato, era imposible. La carta cayó de las manos de Laura, hasta aterrizar en el suelo. Laura temblaba, estaba aterrorizada. Fue en ese momento cuando comprendió que por mucho que corriera él siempre la alcanzaría, que por mucho que se escondiera él siempre la encontraría. Antes o después volvería a encontrarse con él, un momento que ya no esperaba que ocurriera, pero que inevitablemente sucedería, y en ese momento, ella ya no podría seguir huyendo, tendría que ser más fuerte de lo que era, y tener las agallas suficientes para acabar con él. Había llegado el momento del cambio de estrategia, se había acabado lo de huir, por ahora.
Laura recogió la carta y empezó a leer:

"Buenas noches pequeña serpiente.
Hoy he soñado que te destripaba lentamente, como sé que a ti te gustaría.
Bonita cabaña, te haré una visita, no tardaré.
Disfruta del tiempo que te queda, tic, tac, tic, tac.
Cómete la mano, devórala, te gustará."

Laura estrujó la carta en el puño, se metió en su cabaña dando un portazo, y empezó a llorar desconsoladamente. ¿Cómo iba a vencer a un loco?
Guardó la carta entre sus pocas pertenencias, y ahora sí, llamó a la policía. Tardaron en llegar dos horas, que a Laura se le hicieron eternas.
La patrulla que llegó estaba formada por dos policías de mediana edad con pocas ganas de trabajar.
—¿Había algo más? —preguntó uno de los policías, el otro tomaba notas y hacía fotografías.
—No, nada más —mintió Laura.
Laura no quería tener que explicar su traumática experiencia.
—¿Por qué desplazó la mano?
—Fue al salir por la puerta, no me di cuenta —volvió a mentir Laura.
Tras un par de preguntas tontas, metieron la mano en una bolsa de plástico y se marcharon.
Justo cuando iba a volver a entrar en la casa apareció Linh con un plato de comida. Linh extendió los brazos en dirección a Laura y bajó la mirada.
—Gracias Linh, siento no haber podido ir a tu casa.
—Yo no, mi madre no es buena.
Laura cogió el plato, y en menos de un segundo, Linh ya había vuelto a correr hacía su casa.
Tiró la comida a la basura, fregó el plato y se acostó en la cama sin cenar.
A su exmarido le gustaban los juegos, lo había aprendido durante los tres años de tortura que vivió junto a él, y por lo que le contaba en la carta, le daba un pequeño respiro antes de empezar a jugar, lo que le daba miedo a Laura era cómo de pequeño sería ese respiro.
Laura se subió la camiseta de tirantes y se tocó la cicatriz que tenía sobre el estómago, recordando el infierno del que fue prisionera.
Cuando por fin se quedó dormida, habían pasado cinco horas desde que se acostara, era de madrugada, y aunque Laura no lo supiera, fuera de la cabaña, junto a la ventana, estaba su exmarido observándola con una sádica sonrisa.

#5

Laura despertó tras un gran estruendo.
Salió de su casa apresuradamente, el sol brillaba con fuerza. Buscando la causa del fuerte ruido, encontró una palmera caída, y para su mala suerte, la palmera se había apoyado en su cabaña, peligrando la integridad de la misma.
Laura se preguntó a quién podría llamar para ayudarla. ¿A los bomberos? ¿A Lang? Lang preferiría que la palmera derribase la cabaña.
El estado general de su cabaña era malo, ella lo sabía, pero por el mal estado había obtenido un precio de alquiler realmente bajo, así que nunca se había quejado, pero ahora era diferente, si la cabaña cedía ante el peso de la palmera se quedaría sin hogar. Teniendo en cuenta que había muchas más cabañas alrededor no debería ser un problema, pero Laura era reacia a los cambios, después de dos años huyendo de todo estaba agotada.
Tras un desayuno a base de frutas tropicales, salió de su cabaña, para hacer algo de deporte y despejar la mente, antes de empezar a diseñar el plan contra su exmarido.
Nada más salir de la cabaña vio a un chico joven, tendría unos veintitantos, vestía con unos vaqueros piratas y una camisa blanca, y caminaba mirando el mar.
Laura dudó si salir o no. Su contacto con los hombres se había reducido casi a cero en los últimos años. Siempre que se había cruzado a alguien por "su playa" la había saludado. Finalmente salió y empezó a correr por la arena.
Al llegar a la altura del hombre bajó la mirada hacia la arena. El hombre se quedó mirándola fijamente, Laura continuó corriendo. Tras una travesía de una hora y media regresó a su cabaña.

Laura cogió un folio, salió de su cabaña, se acostó en su hamaca, y empezó a planificar:
—Primer paso: comprar un arma (o dos).
—Segundo paso: comprar un billete de avión para un lugar apartado. ¿Fecha?
—Tercer paso: hacer prácticas de tiro.
—Cuarto paso: ¿avisar a alguien? ¿Policia? No. ¿Mamá? No.
—Quinto paso: ¿instalar un sistema de seguridad en su cabaña? Quizás.

Tras apuntar los cinco pasos, y desechar alguna idea más, Laura se dio cuenta de lo endeble de su plan. Su exmarido estaba loco, ser racional no le sirvió la otra vez.
Laura escuchó a alguien toser detrás de ella, era el hombre joven con el que se había cruzado cuando corría, llevaba la camisa abierta, por donde le corría el sudor.
—Hola, nos hemos cruzado antes —el hombre señaló el punto por el que se habían cruzado.
Laura intentaba disimular que tenía miedo, ella sabía que no todos los hombres eran como su exmarido, pero después de aquella experiencia desconfiaba del mundo en general.
Laura esperó que el extraño dijera algo más.
—Perdona, me llamo Filippo, vivo a tres cabañas de aquí, soy nuevo en la zona. Solo quería pasar a saludar.
El extraño se giró para irse.
—Espera —Filippo se volvió— me llamo Laura.
Laura le tendió la mano. Filippo se la estrechó y sonrió.
Se quedaron un rato hablando, en el que Laura por fin pudo relajarse, a la vez que Filippo la atraía cada vez más, lo deseaba. La última persona con la que había estado era su exmarido, y de eso hacia ya dos años.
Al anochecer, Laura se preparó para ir a la ciudad a comprar un arma, se cambió de ropa, cogió el dinero, pero justo en el momento en el que salía por la puerta sonó el móvil. Laura se quedó petrificada. Ese número no lo tenía nadie, nunca había recibido una llamada entrante, ella siempre llamaba con número oculto. Laura contestó. Al otro lado de la línea se escuchó una risa nerviosa. Era su risa.
—El juego ha empezado pequeña serpiente.

#6

Laura pulsó el botón de colgar del móvil de inmediato. Cogió su cazadora y salió por la puerta. Empezó a caminar con urgencia por la playa mirando hacia todos lados, se sentía observada. Se dirigía hasta la parada de autobús, a casi cuarenta minutos andando, que la llevaría hasta la ciudad.
Al llegar a la parada de autobús Laura se sorprendió, en la parada nunca había más gente, pero ese día estaba su atractivo vecino italiano, Filippo. Laura temió que pudiese estropearle el plan. Filippo saludó a Laura, quien respondió con una sonrisa tímida, no quería iniciar una conversación, no quería ser su amiga, pero sobre todo, no quería enamorarse de él. Había llegado a Tailandia con la intención de ocultarse del mundo, de poder vivir felizmente, pero tras enterarse de que su exmarido al final la había encontrado, el amor había dejado de tener reservado un lugar en la vida de Laura.
Lo único que Laura había pedido era justicia, pero nadie se la había entregado, nadie. Ahora tenía decidido tomarse esa justicia que le habían negado por su propia cuenta. Si se daba la ocasión acabaría con él, lo mataría. No iba a permitir que la volviera a torturar, ni a ella, ni a ninguna más.
Tras diez minutos de espera, el autobús llegó. Se trataba de un viejo autobús, destartalado y maloliente, que casi siempre iba vacío, lo que le gustaba a Laura, que no quería que nadie se fijara en ella. Laura entró en el autobús y se sentó al lado de la ventanilla. Filippo se sentó dos filas detrás.

"Laura corría por la selva tailandesa, huía de su exmarido, que iba armado con una navaja.
—Corre todo lo que quieras pequeña serpiente, sabes que te alcanzaré.
Laura tropezó con una rama que no vio. Se giró sobre sí misma, y vio aterrorizada como su exmarido se agachaba sobre ella para acuchillarla."

Y de repente, escuchó una voz que la desconcertó.
—Laura, eh, despierta.
Laura se había quedado durmiendo en el autobús, Filippo acababa de despertarla, tan solo se trataba de una pesadilla. Aunque podría llegar a ser real.
Laura bajó del autobús, Filippo la siguió.
—He venido a comprar algo para comer, ¿quieres que te acompañe? Ya que no conocemos a más gente aquí podríamos hacernos compañía.
A Laura, Filippo le parecía muy simpático, y en otra circunstancia le habría dicho que sí, pero no en esa. Por un lado no quería acercarse a él sentimentalmente, por otro, tenía que comprar un arma, y para eso Filippo era un gran estorbo.
—Lo siento, prefiero ir sola.
—Claro, como quieres. Si te lo piensas mejor llámame —Filippo sacó un boli y un papel, apuntó su número de teléfono, y se lo entregó a Laura.
Laura se marchó de allí, dio varias vueltas en círculos para asegurarse de que nadie la seguía, y se adentró en la parte peligrosa de la ciudad, donde salir indemne era casi imposible.

#7

Laura caminaba confiada y atemorizada a la vez. Temía que alguien pudiera atacarla y no pudiese defenderse, pero a la vez estaba convencida de que comprar una pistola era lo que debía hacer. Si su exmarido pensaba que Laura no opondría resistencia estaba muy equivocado, Laura ya no era la joven asustadiza que él conoció, ahora era una persona más fuerte y más segura de sí misma.
Laura llegó hasta una tienda donde vendían especies y otros artículos peculiares, típicos de Tailandia.
—Hola, quiero chocolate suizo —dijo Laura a modo de saludo a un hombre anciano que había detrás del mostrador de la tienda.
El hombre le hizo un gesto a Laura para que pasara a la trastienda. Laura pasó entre las telas de colores que separaban las dos estancias. En la trastienda Laura encontró a dos mujeres asiáticas semidesnudas tiradas en el suelo, eran prostitutas. Laura se quedó mirándolas unos segundos y continuó caminando entre la suciedad de la estancia. Laura llegó a la parte posterior, había un patio trasero donde había cinco hombres asiáticos sentados en una mesa, hablando y fumando. Uno de ellos, el más delgado, se levantó y se dirigió a Laura:
—¿Qué quieres extranjera?
—Quería comprar un arma —respondió Laura con voz temblorosa.
El hombre sonrió y se giró para mirar a sus amigos.
—Ven, acompáñame.
Laura siguió al hombre hasta una pequeña habitación sin ventanas, que había junto a las dos mujeres semidesnudas. Antes de entrar el hombre le pegó una patada a una de las dos mujeres, ante un gruñido de la mujer.
El hombre entró detrás de Laura, y cerró la puerta.
—Son mis dos hermanas —le dijo a Laura, señalando hacia la puerta.
El hombre empezó a sacar armas de un armario y de un baúl, que iba depositando en una mesa.
—No muchas mujeres vienen por aquí. ¿Cuál te gusta? —preguntó el hombre con una sonrisa.
Laura, que había permanecido en silencio, señaló una pistola.
—Son 12.000 dólares.
—¿Y esta?
—15.000 dólares.
—¿Cuánto cuesta esta?
—7.000 dólares.
—¿Tienes más baratas?
El hombre sacó un par de armas más.
Laura se decidió al final por una Glock, una Walther y tres cuchillos de diferente tamaño. Salió de la pequeña habitación con una sensación que nunca había sentido, era como si por primera vez en su vida se sintiera capaz de superar cualquier obstáculo que la vida le pusiera delante. Laura le dedicó una mirada de pena a las dos mujeres, se despidió del anciano de la tienda y miró desafiante al joven que había sentado en una pequeña silla, en la entrada.
Tras caminar un par de metros, con uno de los cuchillos oculto tras su pierna izquierda, otro tras la pierna derecha, el tercero oculto en su brazo derecho, la Glock en su bolso, y la Walther en la parte posterior de su pantalón, reparó en que la seguían dos hombres. Laura aceleró el paso. Tras cruzar una calle vacía, un hombre corpulento le cortó el paso.
—Hola guapa, ¿qué haces tan tarde tu sola por aquí? —Laura apenas entendió lo que le decía el hombre, tenía un fuerte acento que hacía que no comprendiera lo que le decía.
Laura ni se inmutó y siguió caminando rodeándolo, pero tras dos pasos, el hombre la detuvo, cogiéndola del brazo.
—Dame todo el dinero que tengas —le dijo el hombre gritando.
En una ventana de una de las casas, una mujer, que lo había visto todo, cerró la ventana. Otro hombre, que paseaba por allí, tampoco le prestó atención. Nadie iba a ayudar a Laura. Los dos hombres que la seguían, llegaron hasta donde el hombre corpulento la retenía. Uno de ellos encañonó a Laura por la espalda y le ordenó que le hiciera caso, el otro empezó a reírse y a insultarla.

#8

Laura cerró los ojos, pensaba que estaba viviendo los últimos momentos de su vida. Derramó una lágrima, al tiempo que apretaba los puños con fuerza para intentar reprimir un sollozo, no quería morir sintiéndose superada.
Por un momento la mente de Laura se alejó de allí, había vuelto a España, a Valencia, su ciudad, estaba jugando con la arena de la playa, construía castillos de arena con su padre, era una niña.
En los momentos en los que Laura estuvo ausente sintió como la zarandeaban y golpeaban, pero también oyó algo parecido a amenazas y ¿disparos?
Laura abrió los ojos asustada, los tres hombres estaban sobre un charco de sangre en el suelo, los tres habían muerto por disparos. ¿Quién los había matado? La calle estaba totalmente vacía.
Laura salió del charco muy poco a poco. Un par de metros más allá, alguien había dejado una nota en el suelo. Laura la cogió y la leyó:
"Eres solo mía."
Laura la rompió en pedazos y la tiró a una papelera, tras lo cual, empezó a correr todo lo deprisa que pudo hasta la zona segura.
Cuando Laura llegó a la parada de autobús, ya era bastante tarde, solo una mujer mayor y ella esperaban al destartalado autobús. La mujer se fijó en los zapatos de Laura, llenos de sangre, y se apartó un poco de ella.
Su exmarido le había salvado la vida, y si lo había hecho, era solo porque creía que el derecho de acabar con ella era solo suyo. Por suerte ahora podría defenderse.
Cuando por fin Laura llegó a su cabaña, tuvo la sensación que alguien había estado allí, sospecha que se confirmó al encontrar una huella en el suelo, una huella de un pie pequeño. Automáticamente Laura pensó en Lang, esa mujer estaba agotando su paciencia.
Laura cenó algo ligero y se acostó a dormir. Estaba cansada, pero también sorprendida, por lo poco que le había afectado el suceso que acababa de vivir, quizás porque a lo único que le tenía miedo en el mundo era a su exmarido y a los capullos como él.
Cuando por fin empezó a conciliar el sueño, escuchó unos gritos procedentes de la playa, que la desconcertaron, los gritos cesaron y Laura volvió a cerrar los ojos, pero tres minutos después volvió a escucharlos, seguidos del ruido de unos nudillos contra su puerta.
Laura se levantó y abrió la puerta. Ante ella apareció Filippo con cara de circunstancias. Enseguida se fijó en lo que había detrás. Dentro del agua había un barco ardiendo, mientras, en la playa, estaban todos sus vecinos, unos intentaban ayudar, otros fotografiaban la escena y otros lloraban aterrados.

#9

Enseguida Laura y Filippo corrieron hacia la orilla. Filippo se adentró en el agua en busca de supervivientes, mientras que Laura marcó el número de emergencias en el móvil.
La playa en la que vivía Laura era un lugar tranquilo, nunca sucedía nada inesperado, pese a las peculiaridades de la veintena de personas que vivían en ella.
Al cabo de un par de minutos de confusión, regresó Filippo con una adolescente y un niño pequeño. Laura y otra de sus vecinas se ocuparon de ellos, a la vez que Filippo regresaba al agua.
Desde la orilla, Laura vio a Filippo rescatar a un hombre de mediana edad junto al barco, pero justo en ese instante, el barco explotó, soltando pedazos por todo el agua y por toda la orilla. Todos las personas que habían en la playa empezaron a correr para resguardarse de los restos del barco. Laura corrió con el niño rescatado en brazos, hasta colocarse detrás de su cabaña, allí estaría segura. Justo cuando llegó hasta allí, escuchó un grito de dolor, al girarse vio a Lang tirada en el suelo, con una astilla grande clavada en la pierna. Laura dejó al niño y corrió para socorrer a Lang. Linh estaba cerca mirando a su madre.
—¡Linh corre hacia allí! —Laura le señaló con el dedo el lugar donde había dejado al niño pequeño.
Linh le hizo caso a Laura, quien se aproximó a Lang intentando levantarla.
—Dame la mano Lang, vamos —la apremió Laura.
—Ya han caído todos los trozos —señaló Lang.
—Vale, no te muevas si no quieres, pero tenemos que sacarte eso —Laura miró hacia la astilla, Lang tenía miedo.
Laura le hizo un gesto a Linh, quien volvió corriendo junto a su madre.
Enseguida todos los demás vecinos regresaron para ayudar a Lang.
—Tenemos que entrar en el agua, Filippo está allí —dijo Laura alterada.
—Estaba junto al barco... —dijo Luis, otro de sus vecinos, insinuando que no había podido sobrevivir.
—Luis tiene razón —dijo Pedro, hermano mellizo de Luis.
En ese momento se escuchó un grito de ayuda desde la orilla, había una persona. Automáticamente, Laura pensó que era Filippo. Laura corrió hacia allí. Era el hombre que Filippo había intentado salvar. Laura sintió una inmensa tristeza, apenas conocía a Filippo, pero había empezado a sentir algo por el italiano, y no se había dado cuenta hasta ese momento, en el ya podía ser demasiado tarde. Un grito sacó de sus pensamiento a Laura. Uno de los vecinos le había sacado de la pierna a Lang la astilla, y se la había vendado, para evitar que se desangrara, mientras esperaban a los servicios de emergencias. Laura miró hacia el mar, estaba lleno de restos ardiendo del barco incendiado, parecía un festival de linternas flotantes del país donde se encontraba, pero no había ni rastro de Filippo.

#10

El sonido de las sirenas de los servicios de emergencias sacó de sus pensamientos a Laura. Se oía una melodía de diferentes sonidos: las sirenas de las ambulancias, de los policías y de los bomberos, unidas al sonido de varios helicópteros.
Pedro se acercó hasta Laura, que estaba de rodillas en la playa mirando los restos del barco, se agachó, y la abrazó, al tiempo que Laura empezaba a sollozar.
Llegaron varios médicos a pie con camillas y cajas con instrumentos médicos. Varios coches de policía se aventuraron a meterse en la arena, lo que no era muy buena idea, ya que los coches podían quedarse atascados. Dos helicópteros descendieron justo enfrente de la casa de Laura.
Los médicos empezaron a atender a los heridos. A Lang se la llevaron en un helicóptero, ya que su herida tenía mala pinta, dejando a Linh sola. Todo era un batiburrillo de gente de un lado a otro. Cada vez había más gente, más médicos y más policías. Los policías preguntaban a todos los allí presentes su versión de los hechos. Laura estaba mareada, solo pensaba en Filippo. Laura alzó la vista y reconoció a los dos policías que fueron a su casa cuando le dejaron la mano en su puerta.
En los últimos días, la tranquilidad de la que Laura había gozado durante mucho tiempo, se había esfumado por completo. Empezaba a sentirse fracturada, como cuando se casó con Adrián.

Laura y Adrián se conocieron en el instituto. Salieron durante varios años, eran una pareja que no destacaba en nada, todo era "normal". Pero todo cambió en su noche de bodas.
Tras casarse, Adrián insistió en pasar la noche de bodas en una cabaña de su propiedad, apartada de todo, en medio de un bosque, junto a un lago. A Laura le pareció extraño, él le prometió que se irían de viaje a Noruega, el país favorito de Laura, pero le dijo que quería pasar los primeros días de casado solo junto a ella, argumento que convenció a una enamorada Laura.
Al llegar a la cabaña, nada extrañó a Laura. Adrián le vendó los ojos a Laura con un pañuelo, quería darle una sorpresa.
—Dame la mano —le dijo Adrián a Laura.
Laura le dio la mano a Adrián, quien la condujo hasta el dormitorio principal.
Tras entrar en la habitación, Adrián cerró la puerta con llave, y se la guardó en el bolsillo. Adrián le desató el pañuelo a Laura, quien no tardó ni un segundo en gritar de terror.
Sobre la cama estaba la cabeza cercenada de la madre de Adrián, quien todavía llevaba el maquillaje y el peinado de la boda.
Laura quería salir de allí, gritaba y lloraba, a la vez que increpaba a Adrián, quien tenía una sonrisa sádica en la boca.
—Ya eres mía, pequeña serpiente —le dijo Adrián a su esposa.
Esa fue la primera vez que Adrián llamó pequeña serpiente a Laura.

Un gran estruendo devolvió a la realidad a Laura. El árbol que se había recostado sobre su casa, se había derrumbado por completo, destruyendo la cabaña de Laura.
Laura se aproximó hasta su casa para intentar recuperar sus pertenencias, los mellizos, y Linh, que se encontraba desubicada sin su madre dentro de todo el alboroto, la ayudaron. Mientras recogía sus pertenencias, Laura se percató de que tenía algo en el bolsillo de su chaqueta, metió la mano para sacar el objeto. Laura se cayó del susto.
—Laura, ¿estás bien? —le preguntó preocupado Luis.
—Sí... —dijo Laura con un hilo de voz mientras sostenía en su mano el objeto.
—¿Qué es eso? —le preguntó Pedro.
—Nada —mintió Laura.
Se trataba de una figura tallada en madera de un ciervo, una figura que pertenecía a la colección de figuras de Adrián. Que la figura estuviera en su bolsillo significaba que durante el caos que se estaba viviendo en la playa, Adrián se la había colocado en el bolsillo sin darse cuenta. En una ocasión Adrián le dijo que marcaba a sus objetivos con objetos. Pero lo más sorprende y preocupante era que Linh llevaba otra figura de la colección en la mano, el león.

#11

Pedro y Luis alojaron en su cabaña a Laura y Linh. Su cabaña era la más grande de toda la isla y, a diferencia de la destartalada cabaña de Laura, en esta todo parecía sacado de una revista de diseño.
Laura pensó en cuál debería ser su siguiente paso. En un par de minutos había perdido a Filippo, su casa, y había recibido una amenaza de muerte. Y aún así, lo que la preocupaba era la amenaza a Linh. Con el tiempo le había cogido cariño a la pequeña, pese a los intentos de su madre por envenenarla, o quizá precisamente por ello. Laura sospechaba que Lang maltrataba a Linh, por el aspecto raquítico de la niña, y por cómo se había lanzado y había engullido las galletas que le había entregado Pedro, quien también se sorprendió.
A la mañana siguiente, Laura llevó a Linh al hospital a ver a su madre. Al volver empezó a mirar las cabañas vacías, ninguna la convencía. Se sentía perdida, se sentía como si un agujero negro la engullera. Empezaba a caerse, y se preguntaba dónde se habría quedado aquella fortaleza de la que hacía gala los días anteriores.
Laura decidió quedarse en la cabaña de los mellizos los próximos días.
Por la tarde, Laura cogió la Glock y la Walther, las guardó en su bolso, y caminó hasta encontrar un lugar apartado. Una vez encontrado el lugar idóneo, cogió un par de piedras, las colocó formando una fila, y se alejó unos metros. Laura cogió la Walther, se aseguró de que la pistola estaba cargada, le quitó el seguro, y disparó. En el primer disparo Laura sufrió los efectos del retroceso, el cual no había previsto. Tras doce intentos, el resultado era de doce a cero, tendría que practicar más si cuando se diera el caso, no quería fallar.
Un sonido de procedencia desconocida asustó a Laura. Laura levantó la vista y vio a un avetoro posado sobre un árbol.
Laura volvió a su casa caminando lentamente, mientras la brisa del mar le acariciaba la cara, era el primer momento de tranquilidad que disfrutaba desde antes de subir a aquel autobús que la llevaría hasta la tienda clandestina de armas.

A varios kilómetros de allí, en la orilla de otra playa, sobre la arena caliente, había un joven despertándose, después de haber permanecido inconsciente varias horas, era Filippo.

Al llegar a la cabaña, Laura se dirigió a su dormitorio, estaba cansada y necesitaba descansar. En la cabaña no había nadie. Laura abrió la puerta de su dormitorio, para acto seguido emitir un grito de miedo, sobre su cama había una serpiente bastante grande enrollada. Enseguida Pedro, que estaba en la orilla, corrió hacia allí.
—Se habrá metido por la ventana —dijo Pedro, a pesar de que la ventana estaba cerrada, quien cogió un palo y sacó a la serpiente.
Laura sabía que la serpiente no había llegado a su nueva cama por accidente.
Al cabo de unas horas, cuando ya había anochecido y se disponían a cenar, Luis se percató de la ausencia de Linh.
—Laura ¿has visto a Linh?
—No la he visto desde que hemos llegado del hospital. Voy a su cabaña, quizá esté allí.
—Bien, si no está allí, llámame enseguida.
Laura se dirigió hasta la cabaña de Lang y Linh, la puerta estaba abierta, pero las luces apagadas. La inspeccionó a fondo, pero la niña no estaba. Laura no encontró a Linh, pero sí encontró múltiples tipos de venenos en la cocina, una cantidad de cuerdas desorbitada en el dormitorio de Linh, y objetos de vudú.
Durante las siguientes dos horas todos los vecinos se volcaron en la búsqueda de la pequeña, pero nadie vio nada, ninguna pista. Linh había desaparecido, y Laura temía que el culpable fuera Adrián.

#12

Dos días después de la desaparición de Linh. La calma había regresado a la playa. Todos habían vuelto a su rutina diaria, todos menos Laura, que seguía buscando a Linh desesperadamente. Laura había recorrido toda la playa varias veces sin ningún resultado, no existía ningún indicio del paradero de la pequeña Linh.
Ese día, Laura decidió empezar a explorar las playas cercanas, Luis la acompañaba.
—¿Qué había entre el italiano y tú? —le preguntó Luis a Laura, mientras caminaban en busca de Linh.
—No había nada, pero podría haberlo habido, —el teléfono de Laura empezó a sonar, lo que hizo que el cuerpo de Laura se estremeciera, se tranquilizó al ver que era el número de la policía, los primeros a los que Laura daba su número— perdona, pero tengo que cogerlo —Laura cogió el teléfono— ¿Díga? —contestó en inglés.
El policía informó a Laura sobre los avances en la desaparición de Linh, no tenían nada nuevo.
Laura y Luis regresaron a la cabaña. Después de comer regresó Lang, quien estaba muy cabreada con Laura.
—Sé que esto es culpa tuya, todo es culpa tuya. Seduces a los hombres, como al italiano, y juegas con ellos, los abandonas —gritó Lang delante de Laura, Pedro y Luis.
—No sabes lo que estás diciendo —le dijo Pedro a Lang, para defender a Laura.
—Ha perdido a mi hija —dijo Lang dirigiéndose a Pedro—. ¿Qué le has hecho? —dijo dando un paso hacia Laura y levantando las manos.
Laura también dio un paso hacia Lang, con cara de enfado y le dijo:
—Desde que nos dimos cuenta de que Linh había desaparecido, no he hecho otra cosa que no sea buscarla.
—¿Desaparecido? Tú le has hecho algo —acusó Lang a Laura.
—Yo no le he hecho nada, aunque no se pueda decir lo mismo de ti.
—Yo estaba en el hospital —Lang se señaló la pierna vendada.
—No me refiero a su desaparición, me refiero a las cuerdas que encontré en su habitación. ¿Qué le has estado haciendo a tu hija?
—Eres una mentirosa y estás loca, yo quiero a mi hija.
—¿Yo loca? ¿Qué me dices de los botes de veneno con los que me has estado intentado envenenar?
Lang puso cara de estupefacción, no se esperaba que Laura fuera tan valiente como para enfrentarse a ella, la había subestimado. Pedro y Luis vieron la reacción en el rostro de Lang, sabían que las acusaciones de Laura era ciertas. Lang se giró y se marchó sin decir nada más.
Por la noche, celebraron una fiesta en la playa, decorando, la parte donde pusieron las mesas para cenar, con guirnaldas de bombillas blancas. Laura no tenía ganas de ir, pero los mellizos la convencieron. Lang no salió de su casa, siendo la única de la playa en no acudir a la fiesta.
Después de la fiesta, cuando Laura subía los escalones del porche de la cabaña de los mellizos, recibió un mensaje. Laura pensó en que sería la policía, pero el remitente era desconocido. El siniestro mensaje decía:
"Sigue las luces y podrás encontrar a la niña, si no lo haces, te la enviaré a trocitos"


#13

Laura entró en la cabaña, se cambió los pantalones cortos que llevaba por unos vaqueros largos, cogió los cuchillos, y se los encondió por distintas partes del cuerpo. Se sentó sobre la cama, estaba abatida, se tocó la frente con la mano izquierda, cerró los ojos y suspiró. Quizá había llegado el momento de pedir ayuda. No, no era la mejor solución, pedir ayuda supondría que Adrián matara a la niña. Cogió la Walther y la Glock, y también se las escondió. Se sentía ridícula, parecía un personaje de las películas de vaqueros que su padre le ponía cuando era pequeña. Su padre, lo echaba de menos, antes de morir le dijo que si alguna vez tenía miedo pensara en él, que él le daría las agallas suficientes para enfrentarse a cualquier situación. En ese momento Laura tenía mucho miedo.
Laura se levantó, abrió la ventana y salió sin hacer ruido, no quería dejar un rastro, aunque le habría gustado hacerlo, pedir un grito de ayuda era su mayor deseo en ese momento.
Laura pensó en el mensaje "Sigue las luces", ¿qué podría significar?
Laura se alejó de las cabañas sin ser vista, caminaba por la parte trasera, fue hacia la derecha, mientras pensaba en el mensaje. Y entonces las vio, alguien había dejado un rastro de bombillas rotas que se adentraba en las palmeras.
Laura caminaba con cuidado, no quería cortarse, a la vez que la oscuridad se abría paso, cada vez veía menos. No llevaba linterna, pero tampoco quería, no quería ser vista por nadie, sobre todo no quería que Adrián la viera primero.
A medida que Laura daba pasos, el temblor en las piernas crecía, la respiración y los latidos aumentaban de ritmo.
Tras mas de una hora andando, el rastro de bombillas giraba, hasta salir de la zona de palmeras. Tras unos diez minutos después, el rastro de bombillas desapareció, y justo en el momento en el que Laura se dio cuenta, recibió un mensaje en su móvil que la sobresaltó: "Te veo. Juguemos a un juego pequeña serpiente, si me encuentras antes de las próximas dos horas te devuelvo a la niña, si no me la quedo. Y recuerda, te veo."
Si Adrián pretendía asustar a Laura con ese mensaje, no lo hizo. Inexplicablemente, Laura sentía cariño materno por Linh, y cualquier mención a la niña no hizo más que cabrearla y darle las fuerzas que le faltaban para acabar con su exmarido. Laura pensaba que ese cariño era porque sentía cierta similitud con Linh, las dos eran personas que habían, o eran, maltratadas por personas que supuestamente deberían quererlas, pero no era así.
Laura respiró hondo, sacó la Glock, le quitó el seguro y continuó su búsqueda, ahora ya sin miedo.

enamoradadelaluna
Rango12 Nivel 57
hace 8 meses

Qué bien, chica con agallas!
Creo que en esta caja repites mucho el nombre Laura @maragullo, quizás puedas sustituír alguna por otras denominaciones, ella, la chica, la mujer...etc para que no quede tan reiterado.
Besitos!


#14

Laura continuó caminando, buscando cualquier indicio que le indicara el paradero de Adrián y Linh, pero no halló ninguna pista. De repente, cuando ya estaba empezando a desesperarse, vio una extraña luz que estaba a su izquierda, dentro de otra zona de palmeras. Se acercó, pero lo único que vio fue un papel ardiendo. Al aproximarse más se dio cuenta, era una fotografía, en la que aparecían Adrián y ella vestidos de novios, del día de su vida. Le dio un par de patadas para apagar el fuego y continuó su búsqueda, Adrián debía estar muy cerca.
Tras estar más de una hora dando vueltas y no encontrar nada, empezó a pensar que se le tenía que haber pasado algo por alto. El tiempo de Linh se acababa. Volvió a mirar todo con más detenimiento, nunca se le había dado bien fijarse en los detalles.
Laura miró el reloj, desde la amenaza de Adrián habían pasado ochenta minutos, le quedaban cuarenta de margen. Sin saber exactamente por qué, recordó una conversación que mantuvo con Philippo, en la que el italiano le contó que tenía pensado realizar espeleología. Se acercó a los acantilados que había junto a la orilla de su playa, sin demasiada esperanza de encontrar una cueva, tras un par de minutos de inspección no halló nada. Laura se maldijo interiormente, estaba perdiendo el tiempo. Volvió sobre sus pasos, hasta donde encontró los restos de la fotografía, y caminó en dirección norte.
Se encontraba en una zona que nunca había explorado. Estaba agotada, delante de ella estaba la parte baja del acantilado, cubierta por plantas enredaderas, decidió pararse a descansar unos segundos, sentándose y apoyando la espalda, pero al hacerlo, cayó de espaldas. ¡Había una cueva! La cueva estaba oculta por las plantas que había, haciendo que permaneciera oculta. Laura se levantó tan rápida como pudo y entró, con energías renovadas, estaba segura de que ese era el escondite de su exmarido.
No tardó mucho en encontrar a Linh, tras dar un par de pasos, la niña apareció ante sus ojos. Caminaba en su dirección, llevaba pequeños cortes en los brazos, de los que salían pequeños hilos de sangre, y tenía la mirada desorientada, seguramente Adrián la habría drogado.
Laura se aproximó a la niña y la abrazó, a la vez que lloraba con intensidad.
—Linh, escúchame, corre, corre todo lo que puedas. ¿Me oyes? ¿Linh?
La niña no respondía y tenía la mirada vacía. Laura la llevó hasta la salida y la dejó allí. La niña se sentó en la arena, manteniendo la mirada perdida.
Ya de vuelta en la cueva, Laura volvió a coger la Glock, sin darse cuenta de que al agacharse para cogerla (la llevaba en una tobillera), se le cayó la Walther, que llevaba en la parte de detrás de la cintura.
Con cada paso que daba, el corazón le latía más fuerte, llevaba esperando ese momento mucho tiempo, y por fin, había llegado, en una sala circular, dentro de la cueva, estaba Adrián, sonriendo y mirando fijamente a Laura.
—Suelta la pistola cariño, no querrás que la niña muera, ¿verdad?
—La niña está a salvo.
—¿Estás segura?
Adrián soltó una carcajada.
Estaba mucho más delgado que la última vez que lo vio, cuando por fin consiguió el divorcio, después de que ella pudiera demostrar parte de la tortura, él le prometió que volvería a por ella.
—Esto acaba aquí y ahora —dijo Laura con decisión.
—A mí me parece que no.
Laura apuntó en dirección a Adrián y disparó, fallando por poco. Adrián miró a su expareja sorprendido.
—Así que eso es lo que compraste en la ciudad... —dijo Adrián mirando la pistola—. Si yo muero la niña muere —dijo sin dejar de sonreír.
Laura se preparó para volver a disparar, no se creía lo que le decía.
—La niña está envenenada. Solo yo tengo el antídoto, si lo quieres, tendrás que conseguirlo.
—Basta de juegos Adrián, la niña está bien, estás mintiendo.
—Vale, mátame, mañana cuando ella muera será tu culpa.
—Mientes.
—Para nada, pero si quieres, arriésgate —dijo muy seguro de sí mismo.
Laura empezaba a tener dudas.
—¿Qué quieres?
—Ya lo sabes, que vuelvas conmigo a mi cabaña, que volvamos a ser felices.
—Estás loco.
—Elige, tu vida, o la de una niña que apenas conoces, y cuya madre te odia.

Bittersweet_
Rango10 Nivel 47
hace 8 meses

La sigo y espero con ansias la continuación.


#15

Laura, quien no dejaba de apuntar a Adrián, dudaba. ¿Cuáles eran las opciones? ¿Disparar y arriesgarse a que la niña muriera por su culpa? No, no sería su culpa, ella no la había envenenado. Podría irse con él y salvarla, pero ¿a cambio de qué? Esa respuesta era muy fácil para ella, a cambio de su vida. Porque tenía muy claro que la torturaría un tiempo, y luego, cuando se hubiera cansado, la mataría, para él todo se reducía a un sádico juego en el que ella perdía sí o sí. O su vida o la de Linh. Laura debía decidir, tenía que tomar una decisión, y necesitaba algo de lo que carecía, tiempo, tiempo para pensar qué hacer. Toda la rabia contenida durante los dos últimos años le decía que disparara y acabara ya con ese indeseable, pero si disparaba, y al final la niña moría, tendría que vivir sabiendo que le negó el derecho a vivir, y esa era una gran carga con la que vivir. Finalmente, Laura tomó una decisión.
—Está bien, tú ganas.
—Como siempre —sonrió malvadamente—. Tira la pistola y acércate.
Laura fue obediente y lo hizo, al tiempo que cerraba los ojos, apretaba los labios, y la primera lágrima resbalaba por su rostro.
Cuando la distancia que los separaba era de apenas unos centímetros, Adrián la cogió por la espalda agarrándole las muñecas.
En medio de la sala había una pequeña roca con la parte de arriba casi lisa, sobre ella había una cuerda. Adrián se acercó para cogerla, y poder atarla, pero al hacerlo, soltó sin querer una de las manos de su ex mujer. En ese momento, Laura se dio prisa en sacar uno de los cuchillos que llevaba ocultos. Intentó acuchillar a su ex marido, al cual no le costó mucho arrebatárselo.
Adrián le pegó un puñetazo en la cara a Laura, quien empezó a sangrar por la nariz.
—Dale el antídoto a la niña. Por favor, solo te pido eso, dáselo, luego haz lo que quieras conmigo —le suplicó.
—No tengo intención de hacer nada de eso.
Laura lo miró con odio.
—¿De verdad creías que te iba a dar el antídoto? —Adrián se rio.
—No está envenenada ¿verdad?
—Claro que lo está, va a morir, igual que tú, pequeña serpiente.
Adrián le pegó una botetada y la empujó hasta darse contra una de las paredes de la cueva. Se acercó hasta donde estaba, se agachó y le dijo:
—Vas a desear haberme pegado un tiro. Quiero que sepas que en cuanto acabe contigo, iré a por tu madre, a por tus amigos los mellizos, y a por cualquiera por el que hayas sentido un mínimo de afecto. Por cierto, te acuerdas de la muerte repentina de tu padre, fui yo cariño, le inyecté el mismo veneno que a tu querida vietnamita. Quería que volvieras a sentir la sensación de que podías salvar a un ser querido, cuando en realidad, no podías, poético ¿verdad?
—Ojalá te mueras pronto.
—No, eso no va a pasar. Nadie va a venir a rescatarte, me oyes, nadie. Estás sola, has huido de todos y me los has puesto muy fácil, si hubieras hecho lo contrario entonces me lo habrías puesto un poquito más difícil. Pero no, tu querías que te encontrara, porque sé que me sigues queriendo. ¿Te acuerdas del barco en llamas? —Laura lo miró asustada—. No, eso no fui yo, pero me dio la oportunidad perfecta para acercarme a ti, estuve tan cerca de ti, estabas tan acongojada pensando en tu italianito, que ni si quiera te diste cuenta de que te metí la figurita en el bolsillo.
Laura no se podía creer lo que decía su ex marido. Dos meses antes de su boda, su padre empezó a sentirse mal, tenía mucha fiebre, enseguida lo llevaron al hospital, pero pocas horas después fallecía. Los médicos nunca supieron qué le ocurrió, ahora ella lo sabía.
—¿Dónde está el antídoto?
Laura no quería que Adrián ganara, no podía rendirse.
—Nunca te lo diré.
—¿Qué le has inyectado?
—¿Recuerdas aquella excursión que hicimos donde tenían arañas con veneno letal? ¿Recuerdas que te gustó una?
Sí, lo recordaba, pero no recordaba el nombre de la araña.
—Empecemos el juego.
—No por favor.
—Has dicho que serías buena.
—Quiero el antídoto.
—Está bien. He dejado varias muestras del veneno y del antídoto sobre tu cama, así, cuando mañana muera la niña, y la policía busque indicios, seguro que Lang te acusa a ti, lo que los llevará hasta tu habitación donde encontrarán el regalito que te he dejado, pero a ti no te encontrarán, porque ya estaremos muy lejos de aquí. Ahora ya podemos comenzar.
Adrián la cogió por el pelo y la arrastró hasta la roca, donde la levantó y la dejó apoyada, a la vez que ella gritaba pidiendo auxilio y pataleaba. Adrián le pegó otro puñetazo, esta vez en el estómago, que hizo se estremeciera de dolor y se cayera nuevamente al suelo. Adrián se giró, fue a buscar algo a una mochila negra que había en la otra punta de sala. Momento en el que Laura intentó ponerse en pie para llegar hasta la Glock, pero antes de llegar hasta la pistola, Adrián la agarró y la volvió a dejar apoyada sobre la roca, a la vez que ella intentaba pegarle.
—Este es tu final —Adrián estaba realmente cabreado—. Con todo lo que he hecho por ti, ¿por qué me haces esto? Tenía la intención de volver contigo a casa, pero nuestra historia se acaba aquí y ahora.
Adrián subió su mano izquierda hasta el cuello de Laura para intentar estrangularla, a la vez que ella intentaba zafarse de él. Laura cerró los ojos, pensaba que estaba viviendo los últimos segundos de su vida. En ese momento de forcejeo se escuchó un tiro. Por la boca de Adrián empezó a salir sangre a borbotones, sus ojos se tornaron borrosos, cautivos del dolor, se giró buscando al tirador, ante él apareció la figura de Philippo empuñando la Whalter que se le cayó a Laura en la entrada, quien corrió hacia Laura. Adrián acabó cayendo de espaldas sobre el suelo de la cueva, aún con vida.
—¿Estás bien? —preguntó preocupado el italiano.
Laura abrazó a Philippo y empezó a sollozar.
—Vámonos —instó el italiano a la española.
—Espera, tengo que hacer algo.
Laura cogió la Whalter, que Philippo había dejado en el suelo, y descargó todas las balas que le quedaban al cargador sobre el pecho de Adrián.
—Ahora ya podemos irnos.