Norash
Rango5 Nivel 23 (630 ptos) | Escritor en ciernes
#1

Mi respiración es irregular, las gotas de sudor caen por todo mis rostro lentamente haciéndome estremecer. Con cada trote que doy siento mi corazón apunto de estallar, pero tengo que aguantar, solo unos minutos más y acabará mi pesadilla.

Solo es el cielo el que me tranquiliza, y desborda de éste gotas diminutas que me acarician la piel.

De la nada, Leo me saca de mis pensamientos.

—Caín te quiero —musita el muy puto. Con pasos rápidos me logra alcanzar y me dirige una mirada.

Los algodones de azúcar que se encuentran en el cielo representan mi estado de ánimo: oscuro, gris y sin ganas de nada.

Troto más rápido para perderlo de mi vista. Pero vuelve hacia mí, como si yo fuera un imán humano.

Veo sus ojos oceánicos, que brillan en medio de todo el caos. Sus mejillas están cubiertas con ese líquido sudoroso y agua perteneciente al mar, mientras que sus pómulos están teñidos del rojo más suave existente. Son increíbles las ganas de estamparle un puñete ahí.

De repente siento un dolor de cabeza que me produce náuseas, respiro hondo varias veces y va desapareciendo de a poco.

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Canciondelviento
Rango7 Nivel 32
hace más de 1 año

Me encanta esa pasión con la que escribes !! Saludos.

Canciondelviento
Rango7 Nivel 32
hace más de 1 año

Me encanta esa pasión con la que escribes !! Saludos.

Norash
Rango5 Nivel 23
hace más de 1 año

Gracias❤❤


#2

—Caín, ¿Estas bien? —su melodiosa voz me irrita.

—Callate maricón —suelto molesto mientras me dirijo a la banca donde esta mi mochila. Saco una toalla y limpio mi cara.

Me doy la vuelta y Leo aún sigue corriendo en ese círculo interminable.

No sé si lo que estaba debajo de sus ojos son lágrimas o la fría agua de la lluvia.

Tampoco me importa.

Él es un maldito gay que detesto. Uno de tantos.

Lo dejo ahí sólo, corriendo mientras el sol se digna a aparecer, traspasando un poco luz amarillenta por las nubes.

Llego a penas a casa por lo cansado que estoy. Subo corriendo a mi habitación y me tiro de panza a mi cama. A los tres minutos mi madre toca la puerta. No le respondo.

No tengo humor para nada. No después de que un asqueroso gay se me haya declarado.

Los detesto a todos ¡Como podían gustar de otra persona de su mismo género! ¡Es simplemente repulsivo!

Mi padre, por suerte, cura esa enfermedad en su iglesia.

Pero todos esos idiotas dicen que Dios los quiere así como son.

Mentira. Dios los odia y se van a morir en el infierno, todos esos putos, ni uno solo va a ir al cielo.

Doy un bufido, y me levanto con las pocas fuerzas que tengo de mi cama. Me dirijo al baño para tomar una ducha rápida.

El vapor caliente se mezclando con el aire espeso de mi cubículo, el vidrio se va empañando lentamente hasta sofocarme por completo. Abro un poco el agua fría para terminar de ducharme, es una costumbre rara que tengo.

Al terminar de acomodar la toalla en mi cintura agarro mi celular para entrar a Facebook. Voy chequeando las publicaciones de mis compañeros mientras me dirijo a mi habitación.

Todos hablamos de lo mismo.
Del puto de Leo.

Que lo desprecian, que mañana le van a escribir el pupitre, que todos lo bloqueemos.

Estupideces de niñatos en sí, me bastaba con no hablarle nunca más.
Eso le dolería más que cualquier tipo bullying.

Elijo ponerme unos jeans y una playera negra. Veo la ventana y aún sigue lloviendo. No se porqué pero me da un poco de sueño y bostezo. Y sin darme cuenta ya estoy tirado en mi cama en medio de un plácido sueño.

Hace más de 1 año

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#3

No se cuanto he dormido, debe ser mucho porque me duele todo el cuerpo. Me trono los dedos y la cabeza para relajarme.

Miró alrededor, es la misma habitación pero hay algo diferente.
Me miró la ropa y comprendo. Estoy con otra ropa, una más colorida. Lo único que se me ocurre es que dormí tanto que no me acuerdo de que me cambie de vestimenta.

Me paro para ir a comer y me doy cuenta que son las nueve de la mañana, por suerte es sábado.
El dulce aroma del panqueque invade mis fosas nasales, mi estómago responde con un rugido. Abro la puerta y el olor es más intenso, me parece raro porque mi madre no sabe hacerlo y peor mi padre.

Pero no me importa y bajo por las escaleras hasta llegar a la cocina.

Veo a mi madre y a una señora que jamás vi. Están cocinando dándome la espalda.

Supongo que es una amiga nueva.

—Hola señora. —Hago un ademán con la mano—. Buen día ma...

Ambas voltean y me miran extrañadas, no me importa y me siento en la mesa con desgano.

—Hijo, por favor no le digas a tu mamá señora —me reta.

Me tiembla la mano. Mi mamá no hace ese tipo de bromas.

—E-Ella no es mi madre —digo extrañado.

—¿¡Qué!? —dice la otra y después muestra una sonrisa—. Oh, vamos Caín. Sabes que no me gustan tus chistes.

Ahora me tiembla todo, no logro comprender lo que sucede. Me voy corriendo a mi habitación y me encierro.

Y ahora puedo ver lo que me parecía diferente en la mañana.

Hay una foto de Leo en mi repisa. Por impulso la tiro y el vidrio estalla en mil pedazos, lo que antes era era vidrio, ahora es una constelación brillante, transparente y aterradora.

La foto de Leo no se rompe y me pone en un estado nervioso, la agarro rápido y la parto en dos, en tres, en mil partes de papel.

¡¿Dónde mierda estoy?!

¡¿Es un sueño no?!

¡Es un maldito sueño!

Me peñisco con fuerza en mi pierna para despertar, pero parece no funcionar. Alguien toca la puerta.
Me miro el brazo que esta todo rojo y me lo sobo.

—¡No abriré! —grito a todo pulmón.

—Hijo... ¿Estas bien? —reconozco la voz de la otra mujer.

Mi corazón se empieza a acelerar, sintiendo que en cualquier momento va a dejar de bombear sangre. Mis manos sudan, todo mi cuerpo suda.

—S-si ma... —miento.

Todavía no se que esta pasando pero debo averiguarlo.
Se escuchan sus pasos alejarse.
Tomó esto como una oportunidad y abro las cortinas.

Todo lo que veo me desconcierta, mujeres agarrándose descaradamente la mano, banderas del color del arco iris en cada casa del vecindario y algunas parejas gays besándose.

Caigo en cuenta de que está es la realidad y no en un simple sueño.

Una repugnante realidad.

Hace más de 1 año

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#4

Trago saliva.

Todavía no me lo puedo creer. Pero necesito comprobarlo, no me lo creeré hasta salir afuera.

Quizás mi prima Thesa contrató a sus amigos los putos para burlarse de mi, y mamá le ayudó porque no tenía otra cosa que hacer... ¿Verdad?

Trato de escabullirme por las escaleras para que nadie me vea, pero mi plan fracasa y soy visto por la señora que dice ser mi mamá.

—Cariño, si vas a ir afuera ponete un abrigo —dice con una dulzura que me causa asco.

Asiento con la cabeza pero no le hago caso y me dirijo a la puerta. Ella se encamina al pasillo y la pierdo de vista.

El sudor que recorre mi mano hace difícil agarrar la perilla. Lo sostengo con fuerza y lo voy girando hasta que ya lo puedo abrir, y al hacerlo, la puerta rechina por lo vieja que está.

Me horroriza seguir viendo lo que pensé que era una estúpida broma.
Todos siguen ahí, los putos, las tortas y las malditas banderas. Y lo peor... mi casa también tiene esa cosa flameante arriba.

Dudando un poco, camino por el vecindario. Todo es... asquerosamente diferente a lo que yo conozco.

He visto demasiadas películas de ciencia ficción para no darme cuenta de que no es mi mundo, estoy en una dimensión alterna. O eso creo...

Vuelvo a lo que sería mi casa, estoy aturdido, muy aturdido.

Siento que soy el protagonista de una película de terror.

Con un portazo cierro la puerta de mi habitación y me acurruco entre las sábanas. Mi cuerpo se va calentando y eso me alivia, pero aún veo la foto de Leo en pedazos esparcidos por todo el piso. Estoy en un maldito mundo donde parece ser que la homosexualidad es lo más normal del puto mundo.

Esto es repulsivo.

Asqueroso.

Escucho que alguien toca la puerta que me hace temblar de pies a cabeza.
Después hay un silencio y otro golpe.
Escucho unos murmullos afuera pero no alcanzo a reconocer las voces. Pero si alcanzo a percibir algo; mi madre suelta un suspiro y dice:

—Hijo... Leo esta afuera y quiere pasar.

Hace más de 1 año

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#5

—¿Caín? ¿Estas ahí, amor? —susurra Leo detrás de la puerta. Parece que mi madre de este mundo ya se fue.

No puede ser. Es la persona que menos quiero ver ahora, joder. Pero debo estar tranquilo. Necesito conocer —aunque sea aterrador— el mundo de afuera y encontrar la manera de irme de este maldito lugar.

—S-si... pasa —respondo porque no se me ocurra otra que decirle.

Debo sacarle información, quizás el tiene algo que ver con todo esto. Solo espero que al desgraciado no se le ocurra tocarme.

Ni bien la puerta se abre, corre a abrazarme pero lo detengo con un empujón. Alza una ceja sorprendido, y al volver hacía mí, el vidrio del piso cruje. Instantáneamente dirige su vista al suelo, estaba vez mira con horror su foto fotografía despedazada.

Trago saliva.

—¿Qué pasó amor? —pregunta acercándose a mí. Me mira aturdido, temo lo que pueda pasar.

Una mentira surge de mi mente, y también un plan.

—Fueron mis primos, ya sabes... los gemelos. —Ruego de que en este mundo sí existan Aaron y Alec— ¿Podemos ir al parque ahora? Tengo ganas de salir.

Sonríe instantáneamente e ignorando el desastre del piso me jala de la mano hasta que me pare por completo.
Me alcanza mis zapatillas y mientras tanto él se va al baño a arreglarse el pelo.

—¿Vamos? —propone. Hay algo que no me cuadra del todo en él, está actuando demasiado gentil conmigo.

Asiento y camino detrás de él hasta llegar a la puerta principal.
Gira para verme y sonríe de lado.

Agh.

Caminamos por el vecindario que conozco perfectamente, pero no a sus habitantes.

Después de caminar por varias cuadras llegamos al parque, está casi vacío. Solo algunas lesbianas besándose y toqueteandose.

Pongo una cara de asco.

Pero la quito rápidamente en cuanto Leo entrelaza nuestras manos. ¿Qué mierda hace? Me dan ganas de patearle en la entrepierna, pero resisto.

Y, entre el montón de tortas distingo a Sheena, mi novia en el otro mundo.
Aprieto los puños, molesto. Al sentir mi fuerte agarre, Leo me suelta, por fin.

—¿Quién eres?

Doy un respingo, asustado.

—Soy Caín —espeto.

—Jamás culparías a los gemelos de algo, tú rompiste mi foto. —Me agarra de la camisa con fuerza—. Te lo vuelvo a repetir ¿Quién mierda eres?

Y sin respuesta alguna, me suelta haciendo que caiga al piso de golpe.

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