Norash
Rango5 Nivel 23 (630 ptos) | Escritor en ciernes
#1
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  • #2

Las aulas ya se encontraba con los alumnos adentro. La campana había sonado hace ya varios minutos, con su gran estruendo que hacía abrumar a quien la oyese. Pero no a la chica del 1 b.

Ella como siempre hizo su rutina del día: mirarse un buen rato en el espejo, como si fuera una droga, la calmaba y eso era lo que siempre quiso, estar tranquila sin nadie alrededor. Después de recorrer su rostro sublimado con sus ojos, y acomodarse un mechón de pelo, abrió la canilla y el agua empezó a hacerse presente en aquel baño desolado.

—Idiota. —se dijo para sí misma.

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#2

Recordaba a esa persona; ese chico, que había caído en su juego.

Ella no lo sabía pero había una parte de ella que era cruel, frío y manipulador. Nadie la notaba a esa presencia oscura que habitaba en el interior de aquella pobre muchacha.
La otra, por así decirlo, le gustaba hacer sufrir a los chicos, verlos retorcerse de dolor, ese era su alimento diario, su razón de ser.

Cuando la verdadera poseedora de aquel cuerpo era todavía pequeña vio cosas que no debía... y ahí fue cuando la otra apareció, sin recibir una bienvenida ni nada por el estilo. Solo aparecía en los momentos en que la pobre chica estaba en un situación desesperante. Ella se tomaba en lujo de ver esos acontecimientos; con tal de que la otra no sufriera.

Y así fue... la niña creció sin tener recuerdo alguno de esas horribles escenas. Mientras que la otra, creció con rencor, odio y malicia. Detestaba a los hombres con todo su ser. Pleitos, discusiones y engaños fue lo que la hicieron así.

Su última presa fue un chico de su curso. Trató se ser amable con él, como siempre lo hacía, era buena en ello. Lo conquistó por completo y en un viernes lluvioso, le dijo lo prohibido.

—Sabes algo... fue divertido jugar contigo. Pero ya me cansé, así que si no es mucho pedir quiera que te alejes de mí y nunca más me dirijas la palabra —le dijo la parte maligna. Lo dijo con tanta sinceridad que daba miedo. Sus ojos soltaron brillo y se podía notar una leve, casi innotable sonrisa.

Su presa había caído en su trampa, no dijo nada al escuchar aquella confesión, pero su rostro sí dijo mucho. Pálido como si hubiera visto un muerto, empezó a temblar de a poco y abandono aquel lugar sin dar explicaciones. Mientras tanto la otra, al ya no ver a aquel muchacho, empezó a reír descaradamente. Las personas que pasaban por allí miraban raro, ella solo hacia caso omiso a sus miradas y expresiones.

El lunes por la mañana, la inocente joven no sabía que había echo mal, su mejor amigo le estaba esquivando y mirando mal en los recesos. No sabía que estaba pasando, trato de hablar con él, pero solo recibió un empujón por su parte. Ya no quiso insistir; fue al baño a calmar su dolor. Estando en el baño sin compañía alguna, empezó su ritual. Se paró enfrente de aquel vidrio que mostraba su otro yo y empezó a llorar, silenciosamente, como siempre lo hacía.

Las lágrimas cayeron lentamente por el rostro de la chica, un pequeño jadeo se escucho por todo el lugar. Sin dar señal alguna, su otra mitad apareció. Vió la escena que había sucedido, su rostro mostraba la maldad en persona, la reacción del chico contra la muchacha no le había gustado para nada. Se limpió las lágrimas rápidamente, saco el cuchillo del bolsillo oculto que solo ella conocía y se encaminó a su aula, decidida a buscar venganza.