Gandalf
Rango10 Nivel 47 (5007 ptos) | Fichaje editorial
#1

I

La excitación de los demás jóvenes de la tribu se contagiaba por el aire, tensando el ambiente previo a la cacería. Escondidos entre las hierbas, los muchachos de la tribu aguardaban la señal de Awhula para salir aullando y espantar a la presa en la dirección correcta. Alawhi estaba arrodillado, lo más quieto posible, aferrando la lanza con tanta fuerza que los nudillos le palidecían.

—Están demorando mucho, ¿qué crees que les haya pasado? ¿Habrán encontrado al rebaño? —le susurró Nadali, a su lado.

—Son los mejores cazadores de toda la tribu, es imposible que pierdan el rebaño, ya vendrán Nadali, y tendremos nuestra oportunidad de cubrirnos de gloria.

Nadali sólo resopló.

—¿Cómo vamos a cubrirnos de gloria si no nos permiten arrojar ninguna lanza? Como mucho nos cubriremos del polvo que levante el tbulu cuando pase por nuestro lado.

Alawhi le apoyó la mano en el hombro a su amigo.

—Ya verás, Nadali, seremos los más grandes cazadores de nuestra tribu. Nuestras lanzas volarán letales algún día.

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Gandalf
Rango10 Nivel 47
hace alrededor de 2 años

Me había olvidado. Este relato es una continuación de Filo de Luna, que terminé hace un tiempo ya y se encuentra aquí mismo http://www.sttorybox.com/stories/56142-filo-de-luna

De todos modos se puede leer de forma independiente, aunque puede contener algun spoilercito :)

Gandalf
Rango10 Nivel 47
hace alrededor de 2 años

@MarDeTierra un placer, que lo disfruten ustedes es lo que me da combustible para seguirlas fabricando :) saludos


#2

—Algún día, tal vez —los interrumpió Awhula —, pero no hoy. Silencio los dos, o se vuelven a la aldea.

Luego del sermón apoyó una mano en el suelo y se concentró en las vibraciones que subían por su brazo.

—Ya vienen —anunció —. Preparados para espantar al tbulu, y para guiarlo hacia los cazadores. Las lanzas prontas para serles entregadas por si no logran derribarlo con la primera andanada.

Los jóvenes, ansiosos por hacer un buen papel en su primera caza, se removieron inquietos. Todos estaban desnudos, salvo un taparrabos y un collar de plumas remojadas en sangre. Todos tenían la oscura piel pintada con diseños de caza, para darles protección y valor. El temblor en el suelo ya era claramente perceptible para todos. Tum, tum, tum, tum, sonaba como los tambores de los brujos.

—Se acercan —susurró Awhula, con el ceño fruncido.

Si Alawhi no conociese al viejo cazador, habría pensado que estaba preocupado. Awhula levantó la cabeza por entre los tallos verdes de las hierbas, apenas lo suficiente para que asomasen sus ojos. Tum, tum, tum, tum, cada vez más fuerza.

—¡A correr! ¡A correr ya! ¡Corran, corran, corran! —gritó Awhula, antes de predicar el ejemplo y huir lo más rápido posible sobre sus largas piernas.

Todos los jóvenes se levantaron dispuestos a obedecer, aunque algo desconcertados. Hasta que lo vieron, una mole de carne dirigiéndose directamente hacia ellos a una velocidad imparable. ¡Tum, tum, tum, tum!, los futuros cazadores se lanzaron a correr en todas direcciones, intentando evitar a la bestia, que, algo confundida por la repentina aparición de todos esos humanos huyendo, se decidió por uno.

Cuando Alawhi vio que el tbulu iba detrás de Nadali con obvias intenciones de aplastarlo, no lo dudó. Tomó impulso en una carrera corta y le arrojó la lanza con todas sus fuerzas. Sabía que estaba prohibido pero los ancianos sabrían perdonar, era una situación de vida o muerte. La lanza voló recta, veloz, directo hacia el enfurecido tbulu. “Un tiro perfecto” pensó orgulloso.

La sonrisa se desvaneció cuando la lanza falló por poco, e imparable, continuó su magnífico arco hasta enterrarse en la espalda del muchacho que huía de una muerte, para encontrar otra. Horrorizado por lo que acababa de hacer, Alawhi no se movió cuando el tbulu, al perder su víctima, cambió su dirección para embestirlo a él. Gritando de dolor e ira, de indignación y rabia hacia si mismo; abrió los brazos para abrazar la muerte, que se aproximaba al ritmo de los tambores de los brujos. ¡Tum, tum, tum, tum!

¡Tum, tum, tum, tum!

Hace alrededor de 2 años

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Gandalf
Rango10 Nivel 47
hace alrededor de 2 años

Me alegra que les venga gustando :)


#3

*************
¡Tum, tum, tum, tum!

Se despertó sobresaltado, empuñando su viejo cuchillo de hoja curva. Se había quedado dormido en el suelo, sentado sobre su vieja manta. El sonido de pasos apresurados sobre la madera lo hizo incorporarse. Tum, tum, tum, tum.

Se encontraba en el último piso de una vieja posada, que ahora era un depósito de lana. En toda aquella zona de la ciudad abundaban edificios así, que evidenciaban tiempos de prosperidad y fortuna, incluso esplendor, antes que la riqueza se marchase a otra parte; y que ahora se encontraban arruinados, con las paredes descascarándose y los suelos de madera hinchados por la humedad e invadidos por los hongos.

Desde aquella habitación se veía la enorme mansión que habrían de tomar por asalto, y además tenía un panorama relativamente bueno del resto de los puestos de vigilancia repartidos en edificios similares a éste, por lo que la había elegido como improvisado cuartel general.

La puerta, a mitad del proceso de descomposición, se estampó contra la pared levantando una nube de polvo y aserrín. Entró un guardia sudoroso, intentando ubicarlo entre el polvo, respirando agitado apoyado en el marco de la puerta. Alawhi sujetó el cuchillo con más firmeza. La cacería no estaba para confiar en nadie, aunque vistiese uniforme amigo.

—Dos hombres se dirigen a la verja que se abre sobre el muro sur de la mansión —le informó el guardia cuando logró recuperar algo de aliento —, uno está vestido de forma extraña, y va fuertemente armado. El otro...parece un mago o un sacerdote.

“Magia.”

Antes que el guardia terminase la frase, el cazador de piel oscura ya había salido por la ventana. Saltando de un techo a otro se encontró sobre la calle que terminaba en el portón principal de aquella mansión. Frente a él se encontraba uno de los improvisados puestos de vigilancia, con tres guardias escondidos en un ático, que vigilaban a las dos figuras que caminaban por la calle.

El que iba adelante estaba vestido con una túnica del oscuro color del vino añejo, y tenía la capucha echada hacia atrás, revelando una cabeza calva. Usaba un bastón negro para ayudarse a caminar, aunque no parecía necesitarlo.

Apestaba a magia.

Demoró en fijarse en la segunda figura, concentrado como estaba en el calvo, pero en cuánto lo reconoció sintió un frío corriendo por su médula. Jahar caminaba erguido, mostrándose seguro y despreocupado, pero se cuidaba de no acercarse al Calvo. Su presencia allí solo le traía malas noticias, significaba que los enviados por el Ha para capturar al tsanek habían llegado. Escupió sobre la hoja de la lanza para darse suerte, deseando que no hubiesen encontrado a su amigo, por más que viniesen desde la dirección por la que tendría que haber aparecido Arelin y el capitán.

Uno de los guardias que tenía frente a él lo estaba mirando, una mujer de rostro cuadrado y lleno de cicatrices. Le hizo una señal, y ella se llevó un cuerno a la boca. Tomó aire para poder soplar con potencia, y una expresión de extrañeza apareció en su rostro. No podía cerrar la boca y el aire seguía entrando y entrando. La extrañeza se convirtió en espanto, y su torso explotó dentro del peto de acero, con una fuerza tal que un reguero de sangre, carne y hueso salió despedido por las junturas de la armadura. El guardia que estaba a su lado tenía la cara llena de esquirlas de hueso, y se apretaba la cuenca vacía del ojo derecho entre alaridos de agonía. El cuerno se deslizó sobre las tejas y cayó a la calle. El Calvo le gritó al asesino, que se había quedado tieso, que corriera hacia las puertas, mientras desviaba con un gesto el virote de ballesta disparado por el único guardia que seguía en pie.

Alawhi se arrojó desde el techo a la calle, rodó sobre su espalda para amortiguar el impacto, y soltando la lanza, usó el impulso de la caída para atravesar la calle de un salto. Cayó sobre el cuerno, y sin pensarlo lo sopló con fuerza. Emitió una nota grave, que sería escuchada en todos los puestos de vigilancia que rodeaban la mansión. Pronto pudo oír la llamada de otros cuernos, respondiendo a la orden de ataque.

El Calvo se detuvo, le dio la espalda a la verja que dos de sus mercenarios mantenían abierta, y fijó la mirada en el moreno asesino que había soplado el cuerno. A Alawhi se le congeló la tripa. Aquel bastardo había demostrado ser capaz de hacer explotar un pecho como si fuese una uva madura. Maldiciendo la idea de hacer sonar el cuerno, buscó un escape. El Calvo alzó una mano, y el blanco de sus fríos ojos grises se tiñó del color de la sangre coagulada.

Jahar se detuvo al ver que su acompañante se daba la vuelta. Al reconocer a su hermano del Ha, un rictus de miedo e ira deformó su expresión.

—¡Mátalo! ¡Mátalo! ¡Mátalo! —aullaba desquiciado, mientras desenvainaba su espada.
Sin embargo el Calvo parecía albergar dudas. Alawhi estaba calculando las posibilidades que tenía de ponerse fuera de la vista de aquel demente, sin convertirse en una papilla rojiza sobre las losas del pavimento.

Sin embargo el Calvo cambió de opinión. Hizo un gesto casi de desdén, dirigido al asesino de piel oscura, sus ojos volvieron a ser normales, y se dio la vuelta. Aferró a Jahar por la garganta y lo arrastró dentro, haciendo gala de una fuerza impensable. La verja se cerró con un chasquido metálico y los dos hombres se internaron en el descuidado parque que rodeaba la casa.

Alawhi respiró aliviado. No entendía la razón por la que seguía con vida, pero no tenía tiempo para ponerse a reflexionar sobre el enigma. Se puso lentamente en pie, apoyándose en su lanza. El episodio lo había dejado mareado, y el frío del miedo no abandonaba su vientre. Una docena de guardias se reunieron frente a la puerta de rejas. El que había perdido el ojo se estaba colocando una venda alrededor de la cabeza, ayudado por otro guardia, ambos con las armaduras rojas por la sangre de su compañera. A pesar de la espantosa muerte que habían presenciado, ninguno mostraba tener intenciones de echarse atrás.

“Estos bastardos de la guardia son crudos.”

La verja era sólida, y estaba bien asegurada. Las cadenas soportaban el esfuerzo de los guardias intentaban abrirla, así que, utilizando sus alabardas como palancas, arrancaron las hojas de las bisagras que las unían al muro de piedra. La puerta cayó sobre el camino que llevaba a la puerta principal de la casa y los guardias entraron y se desplegaron con eficiencia, para enfrentar al grupo de mercenarios defendían la puerta. A pesar de que los números estaban igualados, y que los mercenarios eran veteranos en la matanza, no podían competir contra la disciplina, el temple, y la habilidad de la Guardia del Palacio de Esglar.

Los tres que tenían ballestas dispararon sus virotes contra los mercenarios que organizaban una carga, y los demás formaron una barrera con los escudos. Los mercenarios chocaron contra ellos, intentando derribar el muro de metal, madera y músculo a golpe de hachas y martillos, o buscando un hueco por donde colar la hoja de una espada. Las alabardas de la guardia se alzaron para recibirlos, firmes, con sus filos brillando rojos a la luz del atardecer. Los vociferantes mercenarios se llevaron la peor parte en el choque, empalados y rajados por las alabardas, y atravesados y cortados por las espadas, mientras que las gruesas armaduras protegían a los guardias de casi todo el daño. Los supervivientes huyeron, y fueron despedidos por una última descarga de ballestas, que derribó a los rezagados.

Alawhi, sin embargo, no participó en la escaramuza. No quería perder el tiempo masacrando mercenarios. Sabía que aquella era una oportunidad irrepetible de comenzar a desatar la red de traiciones que se había gestado dentro del Ha, y que él estaba parado sobre un nudo crucial. Solo quedaba atravesar una batalla campal, vagar por las habitaciones de una enorme mansión abandonada, enfrentarse a uno de los mejores espadachines del Ha, encontrar a quien fuese la cabeza de toda esa compañía de mercenarios, y castigar a un Mediante traicionero.

Volvió a escupir sobre la hoja de su lanza.

E interrogar a un mago inescrupuloso e hinchado de poder.

Hace alrededor de 2 años

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artguim
Rango13 Nivel 63
hace alrededor de 2 años

Nueva e interesante historia, @Gandalf. Seguiré pendiente de ella.

Un saludo.