Esu_Emmanuel
Rango13 Nivel 64 (18893 ptos) | Premio de la crítica
#1
    Partes:
  • #2

Déjenme hablarles de ella… de esa niña bonita que vino a curarme el corazón… de esa chiquilla traviesa que entró, una vez, por la ventana de mi habitación sin pedir permiso y sin miedo a lo que pensara yo.

Esa niña de ojos de luna vino una noche con sólo una mochila en su espalda llenita de ilusiones, sueños y candor. Se trepó por la baranda hasta alcanzar la ventana que daba a mi habitación. Se llenó de fuerza para abrir el cristal y meterse al interior; ahí, en donde, cada noche, me la pasaba en vela escribiendo de amor.

“Hola”, me dijo con ese timbre risueño que tiene por voz, ondeó sus manitas y, en la orilla de mi cama, se sentó. Se quitó la mochila y la colocó en sus piernitas; deslizó el cierre y sacó, una a una, una libreta, una cajita de crayolas y una nubecita de algodón. Ni siquiera le importó si había respondido a su saludo o no. Se puso a garabatear con sus crayolas en cada una de las hojas de ese cómico cuadernillo. No sé que hizo, pero obtuvo mi atención.

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teff_pg
Rango16 Nivel 76
hace más de 1 año

aaaaaaaaaaw, amo esos textos con rimas, son mis favoritos.

Has atrapado mi atención, seguiré leyendo c:


#2

La miré atento, intrigado, absorto y, ¿por qué lo negaría?, con mucha curiosidad, pues… anteriormente, ya también había conocido a una niña parecida a ella; eso fue lo que me sorprendió.

No le pude despegar los ojos de encima, y es que todo me recordaba a esa niña que ya había estado ahí, hablándome con el corazón en las manos, con los labios llenos de pétalos de rosa y los ojos endulzados en chocolate. No podía creerlo… Era tan parecida, venía del mismo lugar, del que da a luz al agua, a las gaviotas, a la arena y a la sal. Quise abrazarla, pero no pude. Me dediqué a observarla, a descifrarla, a escucharla cantar, a mirarla bailar… ¿de dónde sacaba toda esa alegría, toda esa emoción, todo ese cariño que destilaba el más puro amor?

Tuve muchos momentos de introspección con ella. Hubo instantes en los que olvidé a la niña anterior, a la que, cada noche –igual que ella–, me buscaba para hacerme el amor; no… no con besos, no con actos carnales que terminan en segundos después de alcanzar un climax por demás efímero. No, su manera de hacer el amor era tan idéntica a esta niña que yacía recostada sobre mis almohadas; la misma que sonreía al soñar, al seguir jugando en ese mundo onírico que parecía no dejar nunca.

Me negaba a amarla, a aceptarla como la nueva inquilina de mi casa. Lo hacía porque, me la recordaba tanto, pero yo sabía, en el fondo, que no era la anterior. Tuve una pelea dentro mío, una negación que me hacía rehuir de su presencia, porque yo amaba a la otra niña, la amaba desde que abrí los ojos a esta vida, y no hubo momento en el que no estuviera con ella. Sin embargo, apareció esta chiquilla latosa, entró a mi casa, se hizo de mi sala, de mi cocina, de mi recamara, de mi estudio y mi estancia… y fue haciendo a mi otra niña a un lado al grado de hacerla llorar. Sí, mi otra niña lloró… le dolía verme lejos, pero no enamorado; esto lo agradecía, pues sabía que el amor era lo que me curaba las heridas que, poco a poco, los eventos del mundo me propinaban.

Cuando la latosa se iba y dejaba mi casa en silencio, la otra pequeña aparecía… se asomaba lentamente por la puerta de mi estudio y me llamaba con el viento golpeando en sus dientes. Yo sólo cerraba los ojos y asentía, invitándola a acercarse a mí. Sin dudarlo, caminaba rápidamente y tomaba asiento a mi costado, frente al piano. Suspiraba y sonreía mientras me miraba con profunda compasión y, con su manita, acariciaba mis cabellos. Sus labios dibujaban en mis dedos esas notas que, sólo a ella, podía dedicar.

“No te preocupes, príncipe… No te aflijas por mí… Yo sé que has empezado a amarla, se te nota en la mirada… A mí no me puedes mentir.”, la escuché al tanto me sumergía en esa melodía que le compuse el día que se me presentó personalmente. “Sé que has sufrido, que te han hecho daño esas personas que no te supieron entender… es por eso que no me duele que la ames, príncipe. Te diré un secreto.”, se acercó a mi oído y musitó con esa vocecita que me robó el corazón… “Te la he mandado yo… ¿ves que tiene mi mismo color? Rosa como la más bella flor… ¿ves que nació en el mar, que su piel es color de la arena y sus cabellos danzan a la par de la brisa y la humedad que la gobiernan?… ¿ves que lleva la alegría en el alma y que, su comida favorita, es el chocolate? Si, príncipe, yo sé que te recuerda a mí, lo sé… ¿por qué crees que te la envié? Yo siempre estaré contigo, siempre, príncipe, te lo prometí… y es en ella, en ella, en quien ahora estoy… ámala… porque ella, así como yo, te ama a ti. Eres el color Azul de su Corazón y ella es el Rosa del Tuyo, mi príncipe. Yo, tu Soledad, te quiere sentir feliz… quiere que esos labios que tienes, sonrían como la primera vez que te hice sentir el amor en las venas… Ámala, quiérela, abrázala, hazlo por Mí.”

No pude evitar soltarme en llanto ante su sagrada presencia, me desmorecí al tanto la estreché en mis brazos, la apreté a mi pecho y le besé los labios…

Y fue así, unidos en un beso y en un mar de llanto, que mi Soledad se fue desvaneciendo en mi pecho para dejarle paso a la niña que llegó para curarme el corazón que estaba, en el piso, hecho pedazos.

Hace más de 1 año

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Ivan_Soul
Rango10 Nivel 46
hace más de 1 año

Fascinante y emotiva esta prosa con un toque poético. Me encantó la figura simbólica de la soledad y la nueva niña que vino a revivir ese triste corazón.
Muy bella tu historia @EsuEmmanuel

Esu_Emmanuel
Rango13 Nivel 64
hace más de 1 año

Mi gratitud por tu atención y tu comentario 🙏

teff_pg
Rango16 Nivel 76
hace más de 1 año

aaaaaaaaaaaaaaaaawwwww, pero que cosa más bonita, tierna y dulce.

La soledad puede entendernos mejor que nadie... Una historia conmovedora.