Ivan_Soul
Rango10 Nivel 46 (4840 ptos) | Fichaje editorial
#1

Embriagados por el alcohol y por el deseo, nos encerramos en la habitación y dejamos el ruido de la fiesta atrás. Nos besamos frenéticamente, como si quisiéramos devorarnos, mientras nos quitamos la ropa y la lanzamos por toda la habitación, hasta quedar completamente desnudos.
Ha sido tanto tiempo viéndonos de soslayo, lanzándonos sonrisas y miradas atrevidas. Ha sido larga la espera, viéndote mover las caderas cadenciosamente mientras bailas y muerdes tus labios de esa manera tan desquiciante. Ha sido mucho el tiempo que he tenido que soportar sentarme junto a ti y aspirar el dulce aroma de tu piel morena sin poder siquiera rozarla. Ha sido mucho el tiempo deseándonos.
Hasta que hoy, la espera ha terminado.

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#2

Estás encima de mí, puedo sentir tu tersa piel rozando la mía. Te toco para comprobar que eres real y no un sueño más: paso mis manos por tu cabello rizado, por tu espalda, tus pechos, tu cintura, tus glúteos. Me parece una locura tu cuerpo, siento que estoy tocando el paraíso. Nuestras bocas siguen luchando una contra la otra, en una guerra que parece no tener fin.
Siento la humedad de tu entrepierna sobre mi abdomen mientras te mueves acompasadamente. Coloco mis manos sobre tus glúteos, grandes, suaves y firmes y los empujo hacia mí. Separas tu boca de la mía y alzas tu torso mientras recorres tu cuerpo hacia atrás. Ahora tu humedad esta sobre mi dureza. Arqueas tu espalda y colocas tus manos sobre mis rodillas, con un movimiento delicado muevo mi pelvis y entro en ti. Lanzas un gemido y tensas tu vientre. En la penumbra, logro ver tu cuerpo arqueado gracias a la tenue luz que entra por la ventana. Eres como una obra de arte. La escena es digna de ser retratada en un lienzo para contemplarla todos los días, por toda mi vida.
Comienzas a moverte, con ese ritmo tuyo tan delicioso. Yo sólo te observo, embelesado por el placer. Veo tu vientre moverse, tus senos subiendo y bajando, como dos pequeños balones. Pongo mis manos sobre tu cintura y apresuras el ritmo. Es como verte bailar, bailar únicamente para mí. Levanto mi torso de la cama y me pego a ti mientras te abrazo por la cintura, tú colocas tus brazos alrededor de mi cuello y agarras el cabello de mi nuca entre tus manos. Ahora ambos bailamos, sincronizados, en una danza única y perfecta. Rasguñas mi espalda y de tu boca salen pequeños gemidos, beso tu cuello y saboreo el delicioso sabor salado de tu sudor. Por un momento no existe nada, más que tu cuerpo sobre el mío, tu dulce aroma y tu calor emanando de todas partes. En medio de esa agitación, el encuentro llega a su fin. Vuelves a separar tu torso del mío y arqueas nuevamente tu espalda, lanzando un grito corto. Te tomo por la cintura y doy mi última embestida, brusca e impetuosa.
Terminamos: juntos, abrazados e hiperventilando. Pecho con pecho, mientras nuestros corazones palpitan estrepitosamente uno junto al otro.
Al pasar el ímpetu del momento, te levantas y te vistes. Veo tu cuerpo desnudo por última vez y me sigues pareciendo lo más hermoso en todo el universo. Me das un dulce beso en los labios y te despides.
Yo me quedo ahí, sin poder pensar en otra cosa más que en ti. Deseando que vuelva a ocurrir, pero sabiendo que no será así. Porque perteneces a otros brazos, porque tus besos sólo me fueron prestados, porque tu amor ya tiene dueño.
Y ese dueño es mi mejor amigo.

monocromo
Rango5 Nivel 24
hace más de 1 año

like por el final inesperado jaja

Ivan_Soul
Rango10 Nivel 46
hace más de 1 año

Un ligero sobresalto en la trama jaja
Pero no es final aún.
Gracias por leer @monocromo

Chica_Purpura
Rango14 Nivel 66
hace más de 1 año

Rayos eso último fue como un balde agua fría :O pero me gusta, éste género se te da muy bien @Ivan_Soul :)


#3

Creo que me estoy volviendo loco, por ti.
Estoy en mi habitación, recostado en mi cama y veo tu imagen reflejada en el techo. Como si de mis ojos se proyectara el recuerdo de tu cuerpo sobre el mío, bajo la luz nocturna, con las sombras jugando sobre tu pecho y tu movimiento de caderas en cámara lenta. Me lamo los labios y casi puedo saborear tu sudor y, de repente, el aire se impregna con tu aroma dulce. Cierro los ojos para borrar tu imagen, pero te encuentro detrás de mis párpados: tu sonrisa traviesa, tu cabello rizado, tus ojos color chocolate y tu piel morena.
Estás en todas partes.
Siento tantas cosas a la vez: placer por nuestro encuentro carnal, expectativa por saber qué ocurrirá con nosotros, culpa porque sé que lo que hicimos es incorrecto y, sobre todo, porque sé que de salir todo a la luz, lastimaría a una de las personas más importantes en mi vida. Pero hay dos sentimientos que predominan en mí: el miedo y la desesperación.
Tengo miedo a no poder tenerte nuevamente, miedo a que nunca seas mía. Me desespero, porque quisiera tenerte junto a mí, hoy, mañana y todos los días. Me desespero porque no sé qué es lo que piensas, porque quiero saber si te sientes de la misma manera que yo, si deseas tanto estar conmigo, de esta forma tan urgente y delirante.
Comienzo a pensar que estoy enfermo.
La desesperación me invade y tomo mi móvil, busco tu número y marco. Mi corazón retumba tan fuerte y tan rápido que siento que me va dar una taquicardia. Justo cuando me arrepiento y decido colgar, escucho tu voz.
Carraspeo la garganta y tomo valor. Sin preámbulos te invito a venir a mi casa. La propuesta te toma por sorpresa y no dices nada.
¿Qué diablos estoy haciendo? Sólo fue una vez, bajo los efectos del alcohol y el deseo irracional. No volverá a repetirse, porque está mal. Tú eres su novia y él es mi amigo desde hace 10 años. Es evidente que tú lo amas, que no quieres lastimarlo, que yo sólo fui un desliz…
-Sí, llego en 30 minutos –Dices y cuelgas de inmediato-.
Me quedo anonadado con el móvil aún en mi oreja. Me parece increíble que hayas aceptado. Increíble y maravilloso.
Me levanto de mi cama y me dirijo al baño para darme una ducha rápida. Salgo con la toalla alrededor de mi cadera y escojo de mi armario la ropa que me pondré. Escuchó el sonido de unos nudillos golpeando la puerta principal y pienso que has venido más rápido de lo que dijiste. Me excita la idea de recibirte semidesnudo y me apresuro a abrir la puerta.
Sonrío al abrirla y mi sonrisa se desvanece en un segundo.
No eres tú, es él. Mi amigo, tu novio.

Chica_Purpura
Rango14 Nivel 66
hace más de 1 año

He quedado con el corazón en la boca :O


#4

- Ponte algo de ropa –me dice y entra a la casa sin pedir permiso-.
Claro, él nunca pide permiso. Se ha quedado cientos de veces a dormir en mi habitación, ha desayunado conmigo en múltiples ocasiones y hemos pasado muchas tardes sentados frente al televisor viendo películas mientras tomamos unas cervezas. Lo ha hecho desde hace 3 años, cuando comencé a vivir solo. Y antes de eso, hacía lo mismo, sólo que en casa de mis padres. Porque él, tu novio, es mi mejor amigo. Y lo estamos engañando.
Se deja caer pesadamente en el sofá y me percato de como su ceño está fruncido y su labio inferior sobresale un poco más. Está triste, lo noto de inmediato.
Y yo, yo estoy preocupado, asustado. Miro el reloj en la pared y calculo que faltan menos de 10 minutos para que tu llegada. La frescura de la ducha desaparece y me siento acalorado, con las axilas, las manos y la frente sudada. Tengo que sacarlo de mi casa antes de que llegues.
- ¿Qué no piensas vestirte? –Me pregunta mientras me mira inquisitivamente- Y deberías darte un baño, estás todo sudado.
- Ya me lo di –logro decir a duras penas- pero está haciendo mucho calor, ¿no crees?
- No, para nada. Lo que pasa es que tú eres un caliente –Dice mientras esboza una sonrisa sin ganas-. Vístete, que tengo que hablar contigo y no quiero estarte viendo las bolas.
¿Soy un caliente?, ¿hablar conmigo?, ¿por qué?, ¿será que sospecha algo sobre nosotros? Mi mente empieza a imaginar miles de cosas y de mi pecho surge el miedo que se dispersa por todo el cuerpo. Sabía que nada bueno iba a salir de esto, siempre supe que él terminaría por darse cuenta…
- ¿Qué te pasa hoy? Estás muy raro –Vuelve a preguntar, sacándome de mis cavilaciones-.
- Eh… nada. Bueno, creo que me estoy enfermando. Me siento un poco mal –miento porque no se me ocurre otra cosa qué decir-.
- Y te ves bastante mal, amigo –dice mientras me mira de pies a cabeza- Bueno, quizá debería volver después para dejarte descansar. Lo que tengo que contarte puede esperar.
Siento un gran alivio al escuchar esas palabras y mi cuerpo se relaja un poco más.
- ¿Es algo importante sobre lo que quieres hablar? –Pregunto, intentando que mi tono de voz no refleje mi nerviosismo-.
- Lo es. Se trata de ella, algo le pasa y no estoy seguro de qué se trata exactamente –Me responde y noto la tristeza en su voz-.
Me mira a los ojos y su mirada me pesa, no logro mantener contacto visual y agacho la cabeza.
-En fin, ya te contaré con más detalle. Mañana te llamo para saber si te encuentras mejor –Se levanta del sofá y se dirige hacia mí. Se para enfrente y coloca una mano sobre mi hombro-. Ya no andes de caliente y tomate algo. Descansa.
Sale de la casa y yo me quedo parado justo donde mismo, temblando. Escucho el motor de su auto encender y luego oigo como se aleja. Vuelvo a mirar el reloj y ya ha pasado la media hora que dijiste. Siento un gran alivio al saber que quizá ya no vendrás, porque sé que es lo mejor. No podemos continuar con esto, por mucho que me gustes, por mucho que te desee.
Decido ir por mi móvil y llamarte para decirte que olvides mi invitación, que olvides lo que pasó y que no volvamos a vernos jamás. Abro la puerta de mi habitación y entro.
Estás ahí, acostada sobre mi cama.
-Hola –saludas, mientras me lanzas esa sonrisa que tanto me excita y juegas uno de tus rizos, enrollándolo en el dedo índice de tu mano derecha-.
Me quedo pasmado, intentando procesar lo que estoy viendo. Cierro mis ojos y los froto, vuelvo a abrirlos, pero sigues ahí, no eres una proyección de mi mente. Realmente estás ahí.
- Pero ¿cómo…? –pregunto y luego me interrumpes-.
- Creo que deberías de poner un mosquitero en tu ventana o al menos asegurarte de dejarla cerrada. Nunca sabes quién puede entrar mientras duermes –Me contestas mientras te levantas de la cama y caminas hacia mí, con la sonrisa traviesa tatuada en tus labios-.
- Pero… qué… ¿por qué lo hiciste?, ¿qué no te diste cuenta que él estaba aquí? No sabes lo peligroso que es, pudo darse cuenta y…
- Tranquilo –me dices cuando estás parada justo frente a mí. Colocas tu dedo índice sobre mis labios y continúas hablando-. Claro que sabía que iba a estar aquí, me lo dijo hace una hora, cuando hablé con él.
- ¿Y aun así aceptaste venir? –Te pregunto mientras quito tu mano bruscamente de mi boca-.
- Por lo mismo acepté hacerlo –Sonríes nuevamente y en tu sonrisa hay algo oscuro-
- ¿Por qué? –No logro entender lo que está pasando-.
- Sabía que tú inventarías algo para que se fuera. Mientras tanto, quise esperar en tu habitación. Dime, ¿no te parece excitante?
Te miro con confusión, no logro entender lo que estás haciendo, pareciera que…
-Estás loca –te digo, fríamente-.
Sonríes y pones tu mano sobre mi miembro.
-Sí, lo estoy. Por ti.
Me besas. Por unos segundos, mis labios se quedan quietos, intentando resistirme. Pero es imposible, tu aliento es embriagante, irresistible. Te devuelvo el beso, con toda la intensidad que tenía guardada. Separas tus labios de los míos y me miras, me hundo en tu iris color chocolate mientras bajas poco a poco sin dejar de mirarme. Quedas arrodillada frente a mí y con un movimiento de tus manos, dejas caer la toalla que me envolvía. Lo introduces en tu boca y empiezas a devorarlo.
En ese momento, ya no hay más culpa, no hay más preocupación ni miedo. En ese momento eres sólo tú. Y yo, entregándome de nuevo al placer prohibido.


#5

Parece que tu boca está diseñada para dar placer. Tienes la técnica perfecta para hacerme estremecer con tan solo posar tu lengua sobre mí. Sabes cuál es el balance perfecto entre un dulce beso y la forma voraz de devorarlo todo.
Te levantas lentamente, mientras mi dureza pasa por en medio de tus senos, recorre tu vientre y termina en tu entrepierna. Me miras y juro que no hay cosa que me guste más que tus ojos. De entre toda tu belleza, esos pozos color café hacen que me sumerja, que me pierda y que me transforme. Por unos segundos no hacemos otra cosa más que mirarnos. Mi respiración se detiene tan solo con tenerte frente a mí, por el contrario, la tuya está agitada y puedo sentir tu aliento cálido sobre mi rostro. No resisto y vuelvo a besarte, mientras arranco de un tirón los botones de tu blusa y la lanzo a un lado. Te tomó por la cintura y te acercó a mí, tanto como si quisiera fusionarnos en un uno mismo. Subo las manos por tu espalda, desabrocho tu sostén y lo dejó caer lentamente. Siento tus pezones duros rozando mi pecho, comienzo a deslizar mis labios por tu cuello, besándolo frenéticamente, mientras bajo y llego a tus senos. Paso mi lengua por cada uno de tus pezones: los acarició, los beso, los succiono. Tus manos están en mi cabeza y tus dedos enredados en mi cabello, mientras emites pequeños sonidos de placer. Continúo mi camino hacia abajo, besando tu vientre y llegando a tu entrepierna. Desabotono tus jeans y bajo tu cremallera, pongo mis manos en tu cadera y de un tirón bajo tus jeans y tus bragas al mismo tiempo. Queda frente a mí tu pubis, con esa fina capa de vello castaño. Lo besó mientras tú mueves tus pies y te quitas las zapatillas. Apresuradamente terminas por quitarte todo. Nuevamente estás desnuda frente a mí y yo no hago más que contemplarte, arrodillado, como un lacayo contemplaría a su reina. Me sonríes, de una forma que me excita y me intimida a la vez, pones tu mano sobre mi barbilla, animándome a levantarme. Volvemos a mirarnos, detenidamente.
-Quiero que me hagas tuya, otra vez –Mencionas sin apartar tu mirada de la mía-.
Siento como el fuego se enciende en mi pecho y se esparce por todo el cuerpo, incendiándome. Te tomo por los glúteos y te cargo, enredas tus brazos sobre mi cuello y nos besamos. Hay calor por todas partes, emanando, esparciéndose. Nos quemamos, pero es un ardor que se disfruta. Te arrojo a la cama y soy yo el que ahora se lanza sobre ti. Sin esperar más, abres tus piernas y entro en ti, sin calma ni ternura. Gritas, te tensas y rasgas mi espalda con tus uñas.
- ¿Quieres que vaya más len…?
- No, sigue así –Me respondes entre jadeos antes de que termine la pregunta-.
Dejamos que el fuego nos consuma, envueltos por el placer. En esta ocasión todo es más intenso, más fuerte, más impetuoso. El baile deja de ser lento, para convertirse en una danza rápida y brusca. Te embisto una y otra vez, tú gritas sin cohibirte, rasguñas mi espalda y aprietas mis glúteos. Mientras me abalanzo sobre ti repetidamente, nos miramos. Veo como una gota de sudor resbala por tu frente y baja por tu nariz. Tus ojos tienen una expresión que no puedo explicar, va más allá del mero placer carnal. No veo ternura, ni pasión. Es como si disfrutaras esto de una manera maliciosa…
- ¡Ya! –Gritas, mientras arqueas tu espalda y aprietas con más fuerza mis glúteos-.
Apresuro el ritmo y coloco mis manos sobre tus senos, apretándolos. Te embisto con más fuerza y tú gimes intensamente al mismo tiempo que pones los ojos en blanco. Salgo de ti y termino fuera, en tu vientre. Acabamos.
Me acuesto junto a ti y nos quedamos mirando el techo, jadeando todavía. Empapados en sudor y con el corazón palpitando ruidosamente. El silencio se hace presente por unos minutos, hasta que intento tomar tu mano y tú te levantas.
-Voy a entrar tu baño. Necesito darme una ducha –dices mientras recoges tu ropa del suelo y caminas hacia el baño-.
- Está bien –te respondo mientras admiro tu cuerpo. Lo podría hacer toda la vida y jamás me cansaría-.
Cierro los ojos mientras estás en el baño. No sé si estoy dormido, pero empiezo a soñarte. Te veo bailando en una fiesta, mientras me miras y sonríes. Te veo hablar, mientras mueves los labios y los muerdes. Huelo tu aroma, embriagante. Siento tu piel rozando la mía. Te veo encima de mí, gimiendo. Luego, otras escenas aparecen: te veo junto a mí, caminando una tarde por un parque tomados de la mano. Te veo sentada en mi sillón, mientras te preparo algo de comer. Te veo en mi cama al amanecer, con la ropa puesta, durmiendo. Te veo conmigo, para siempre…
- ¿Tanto te cansaste? –Escucho tu voz y abro los ojos repentinamente-.
- Sólo cerré los ojos un momento –digo mientras observo que te has puesto una de mis camisas-.
- Tuve que tomar esto de tu armario, ya que tú echaste a perder mi blusa –me recriminas y esbozas una sonrisa-.
- Está bien, te ves bastante sexy –te respondo y sonríes nuevamente, con esa sonrisa que me fascina-.
- Bueno, me voy.
- Espera, ¿no quieres que te lleve?
- No, traje mi auto. Lo dejé a dos calles de aquí. Ya sabes, para prevenir.
De repente vuelve a mí la realidad como un cuchillo que atraviesa mi pecho. Hace menos de una hora tu novio estuvo aquí, afligido por ti. Y ahora tú estás conmigo, de nuevo.
-Está bien –es todo lo que logro decir-.
Te acercas a mí y me das un pequeño beso en la comisura de los labios. Caminas hacia la puerta.
- ¿Cuándo nos volveremos a ver? –Te pregunto con repentina urgencia. Volteas y me lanzas esa misma mirada de hace rato. Una mirada maliciosa-.
- Pronto, quizá –dices y te vas-.
Me quedo solo otra vez, con un montón de sentimientos encontrados. Me levanto de la cama y camino hacia la ventana, me asomo a través de la cortina y te veo pasar casi corriendo.
Camino hacia el baño y en el suelo encuentro tu blusa. La recojo y la acerco a mi nariz. Aspiro tu aroma y, de todos los sentimientos que me invaden, hay uno que predomina:
Te amo.

Chica_Purpura
Rango14 Nivel 66
hace más de 1 año

Es su perdición. Esta historia es tan intensa, siento que sufro con el personaje... lo estas haciendo muy bien @Ivan_Soul


#6

-Creo que me está engañando –Me dice y luego da un largo sorbo a su cerveza-.
Lo escucho mientras veo como aprieta la mandíbula y frunce el ceño. Durante días traté de evitar hablar con él, después de nuestro último encuentro. Sabía que me diría esto y no quería tener que escuchar a mi mejor amigo sufrir por mi causa, me hace sentir como la peor basura del mundo. Porque lo soy.
- ¿No vas a decir nada? –me cuestiona con tono triste-.
¿Qué podría decirle? “Sí, te está engañando. Conmigo. Hemos tenido sexo dos veces y creo que estoy enamorado de ella”.
Me mira esperando a que hable, yo bebo de la botella y carraspeo la garganta, abro la boca, pero no digo nada. Arquea una ceja y da otro sobro a la cerveza.
-Yo… creo que quizá estás exagerando las cosas –suelto las palabras rápidamente-.
- ¿Lo crees? –pregunta mientras se muerde la uña del dedo pulgar derecho-.
-Sí –Intento hablar más pausado-. Yo creo que no puedes sacar esa conclusión sólo porque ella se está portando de manera extraña. Pueden ser infinidad de cosas, no precisamente que te esté engañando.
Sigue mordiendo su uña, en señal de ansiedad. Yo intento no mirarlo a los ojos.
Jamás había tenido la necesidad de mentirle, es la persona con la cual he sido más transparente siempre. La sinceridad fluía entre nosotros naturalmente. Me cuesta tanto trabajo estar haciendo esto.
-No lo sé, quizá tengas razón. Pero es que todo es tan raro –dice y lanza un largo y pesado suspiro-. Intento entender qué le está pasando, pero ella no coopera. Se niega a decírmelo, asegura que no le pasa nada. Pero la conozco, sé que me oculta algo. No es la misma desde hace unas semanas.
- ¿Y qué cambios has visto en ella para que digas eso? –pregunto, dejándome llevar por la curiosidad-.
-Está distante, se porta fría. A veces pienso que simplemente no le interesa estar conmigo. Intento charlar con ella sobre cualquier cosa y es como si estuviera hablando con la pared. Créeme, si no fuera porque... –deja la frase a la mitad y vuelve a beber un trago de cerveza. Aprieta los labios y desvía la mirada hacia otro lugar-.
- Si no fuera porque…-repito la frase, esperando que él la termine-.
Me mira y lanza otro suspiro mientras esboza una pequeña sonrisa de satisfacción.
-Bueno, si no fuera porque en la cama es la misma de siempre, pensaría que ya no me ama más. Es decir, podríamos hacer el amor todo el día y no nos cansaríamos. Siento que es el único momento en el que ella se siente feliz conmigo.
Siento una puñalada directo en el corazón. Tú sigues teniendo sexo con él, al mismo tiempo que lo tienes conmigo. Por alguna razón pensé que tu frialdad hacia él era en todos los ámbitos y ahora descubro que no es así. Ingenuamente pensé que sólo estabas siendo mía, que sólo conmigo te entregabas de esa manera tan exquisita. Siento como la vista se me nubla y un sentimiento hace que mi pecho comience a arder.
Celos.
-Ella siempre ha sido muy pasional –continua mi amigo-. Justo ayer tuvimos una discusión bastante fuerte. Estábamos en mi casa y yo me enojé tanto que la dejé en la cocina y fui a encerrarme a mi habitación, para tratar de tranquilizarme. No pasaron ni cinco minutos cuando ella fue a buscarme. No me dijo nada, sólo me lanzó a la cama y se subió encima de mí. Después de hacerlo, sólo me dio un beso y se fue. El calor sólo dura mientras estamos en la cama, luego vuelve a ser la persona más fría del mundo.
Ya no siento su dolor. Ya no siento culpa, ni remordimiento. Sólo siento rabia, ira, celos. Siento que es momento de decirle la verdad, de enfrentarme a él, de desenmascararte, aunque yo también termine desenmascarado. Justo cuando abro la boca para dejar que la rabia guíe mis palabras, él recibe una llamada.
-Es ella –me dice y contesta de inmediato-.
Te saluda con un escueto “hola” y guarda silencio mientras tú hablas. Pasa un minuto antes de que él diga “De acuerdo” y cuelgue.
-Me tengo que ir. Está en mi casa y quiere hablar conmigo. Gracias por escucharme amigo, te cuento luego qué pasó –Se levanta de la silla y deja un billete sobre la barra-.
Se va y me quedo ahí, muriendo de rabia y celos. Celos porque estás con él, porque él también te posee. Rabia porque nos estás usando, a ambos. Bebo de un solo trago lo que queda de cerveza en la botella y salgo del lugar rumbo a mi auto. Entro y azotó la puerta, enciendo el motor y aprieto con fuerza el volante con ambas manos. Respiro tratando de tranquilizarme, pero es inútil. Antes de arrancar el coche, siento el móvil vibrando en mi bolsillo. Lo saco y veo tu nombre. Es un mensaje:
-Se me antoja verte hoy. Te visito en tu casa en dos horas. Besos.
De nuevo: rabia.
Pero sobre la rabia: deseo. El maldito deseo.

#7

Abro la puerta, después de hacerte esperar un par de minutos afuera.
-Pensé que no me abrirías –dices, con el tono tranquilo que te caracteriza-.
-No lo iba a hacer –te respondo, fríamente-.
- ¿Y por qué lo hiciste entonces? –cuestionas, mientras utilizas una de tus armas más poderosas: tu sonrisa-.
-No lo sé.
-Ambos sabemos que si lo sabes –Exclamas, mientras te acercas a mí y pones tus manos sobre mis hombros. Las quito bruscamente-.
- ¿Qué crees que estás haciendo? –Te pregunto, soltando toda la rabia que tenía reprimida-.
-Pues, intento darte un beso ¿no es obvio? –respondes, con cínica tranquilidad-.
- ¡Sabes a qué me refiero! –te grito-.
Me miras por unos segundos y no hay expresión en tu mirada. Tan sólo son dos pozos profundos y vacíos, dos pozos hermosos e hipnotizantes.
-Te refieres a él, ¿cierto? –sueltas, con tono aburrido-.
- ¡Sí! Me refiero a él, me refiero a mí. A los dos, ¿a qué estás jugando?
Vuelve esa mirada vacía. Muerdes tu labio inferior, pero no en señal de coqueteo, sino de nerviosismo.
-No estoy jugando a nada y no entiendo por qué me estás preguntando esto –me respondes y ahora noto un ligero tono de molestia en tu voz-.
- ¡Por Dios!, ¡estaba con él hace poco más de dos horas!, ¿crees que no sé qué te fue a ver? ¿crees que no sé qué vienes de su casa?
-Sí, lo sé. Nunca dije que no lo supiera, pero sigo sin entender a qué vienen tus reclamos –me respondes y tu cinismo me enloquece-.
- ¿Cómo que no entiendes?, ¿estás bromeando?, ¡te sigues acostando con él!, ¡Y también te acuestas conmigo, su mejor amigo!, ¿crees que eso está bien?
- No, no lo está.
- ¿Y lo dices así, tan tranquila?
Pones los ojos en blanco y suspiras. Vuelves a acercarte a mí.
-Esto está mal, lo sé y tú también lo sabes. Yo soy su novia y tú eres su mejor amigo. Ambos estamos haciendo algo incorrecto, ¿y ahora quieres culparme sólo a mí? De verdad que no comprendo –dices y me miras directo a los ojos-.
La lógica de tus palabras baja un poco mi rabia y tu mirada termina por apaciguarme.
- No se trata de eso…
- ¿Entonces de qué se trata? Explícame porque no comprendo.
Vuelves a mirarme y ahora me siento como un estúpido. Evado tu mirada y camino hacia el sofá, dejándome caer sobre él.
-Déjame adivinar –dices y vuelves a esbozar esa sonrisa traviesa-, todo este drama que estás haciendo se debe a que estás celoso porque me sigo acostando con él. De eso se trata todo, de tu ego masculino dañado.
Intento decir algo que desmienta tu última frase, pero siento un nudo en la garganta que no me permite hablar. Después de unos segundos trago saliva y hablo.
-No es sólo mi ego masculino –doy un suspiro largo y continúo- No puedo soportar la idea de que estés con otro hombre. Sé que es estúpido y egoísta, pero es lo que siento. Quisiera que sólo fueras para mí, no quiero tener que compartirte con nadie más.
Continúas de pie, observándome. Me siento vulnerable, expuesto como una herida. Te miro a la cara y no logro distinguir la emoción que refleja. Caminas hacia el sofá, me tomas de la mano y me invitas a levantarme. Volvemos a estar uno frente al otro.
-Sé que esto es difícil para ti. Lo es también para mí –confiesas y agachas la mirada-. Sólo quiero que sepas que de verdad me gustas y me encanta estar contigo. Pero comprendo perfectamente que esto te esté causando un dilema y también sé que, si seguimos así, todos vamos a salir lastimados. Quizá lo mejor sería que tú y yo nos dejáramos de ver, al menos por un tiempo.
- Y con él, ¿qué vas a hacer? –es lo único que se me ocurre preguntar-.
-Él y yo ya no funcionamos. Ya no siento lo mismo. Si sigo con él es porque no encuentro la manera de terminar, no soy buena para eso. Intento hacer que sea él el que termine conmigo, pero no lo hace. Creo que también me alejaré de él. Me alejaré de ambos.
Me quedo callado, observándote. Aún tienes la mirada agachada y puedo ver como una lagrima brota y baja por tu mejilla derecha. Es la primera vez que hablamos frente a frente, abriéndonos por completo. Es la primera vez que te veo sin tu pose de seductora letal. Me parece increíble como apenas hace unos minutos lo único que sentía era rabia y, ahora, sólo siento unas tremendas ganas de abrazarte contra mi pecho. Pongo mi mano en tu barbilla y la levanto ligeramente, hasta que tus ojos se encuentran de nuevo con los míos.
-No quiero que te alejes de mí –las palabras salen, desde mi interior, con toda la fuerza de mi sinceridad-.
Me hundo de nuevo en tu mirada de chocolate. Secas tu lagrima y suspiras.
-Yo tampoco quiero alejarme de ti.
-Pero ¿qué hacemos? No quiero seguir engañándolo, no podemos seguir así –te cuestiono mientras pongo mis manos sobre tus mejillas-.
-Dame sólo un par de días, te prometo que solucionaré esto y después veremos. Pero, por favor, no me pidas que me aleje de ti –me respondes y agachas ligeramente la mirada-.
-No lo haré, quiero que estés conmigo –te digo y beso tus labios-.
Nos besamos, con ternura al principio, pero después la pasión se apodera de nosotros. Volvemos a tener sexo, sobre el sillón. Es tan increíble como siempre. Quedamos desnudos, tú encima de mí. En esta ocasión no te vas despidiéndote con un beso, te quedas y me abrazas. Recargas tu cabeza sobre mi pecho y juegas con el vello que hay en él. Yo acaricio tu cabello y acerco un mechón a mi nariz para aspirar el aroma que tanto me gusta.
Te amo, no tengo ya ninguna duda al respecto. Justo en este momento siento que todo estará bien, que de alguna manera las cosas tomarán su curso y tú y yo estaremos juntos, para siempre.
Nos seguimos viendo, durante días.
Semanas.
Y tú no lo dejas. Sigues con él.
Para ser sincero, ya no sé si de verdad me importa.

Hace más de 1 año

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8
#8

-Dijo que no quería verme, que saldría con sus amigos a emborracharse y que no se me ocurriera llamarlo a media noche, porque no contestaría –me dices y me das un pequeño beso en los labios-.
No digo nada al respecto, tan solo te devuelvo el beso. La culpa ha quedado enterrada por mi amor hacia a ti. Me he acostumbrado a compartirte durante estas últimas semanas, que ya no me incomoda el hecho de me hables de él con tanta naturalidad. Lo único que logro sentir en una ligera punzada de dolor al saber que él se fue con otros amigos a emborracharse y no conmigo. Tengo semanas sin hablar con él, evitándolo a toda costa con cualquier pretexto. Al principio me llamaba casi a diario, dejaba mensajes y en varias ocasiones fue a buscarme a mi casa, pero yo nunca lo recibí. Después de un tiempo, me envío un último mensaje:
“No sé qué te estará pasando, pero me preocupas. Está bien si no quieres que te moleste, ya sabes que aquí estaré, para cuando lo necesites”.
No le respondí. Decidí que lo mejor era alejarme de él, no podía seguir viéndolo a la cara y fingir que nada pasaba. Tampoco podía soportar que él me hablara de ti, me resultaba terriblemente doloroso. Era una mezcla entre dolor y rabia.
Jamás volví a pedirte que lo dejaras y tú jamás intentaste hacerlo. Te sentías cómoda estando con los dos, por más egoísta y enfermo que eso pudiera ser. A mí ya no me importaba, sólo quería estar contigo.
- Hey, puedes estar tranquilo, esta noche nadie nos molestara –sonríes y me das otro beso-.
- Eso está perfecto –te respondo y te tomo por la cintura, devolviéndote apasionadamente el beso-.
Te separas de mí y me lanzas esa mirada traviesa mientras caminas hacia tu habitación.
-Te tengo una sorpresa –dices, emocionada-.
- ¿Qué clase de sorpresa? –te pregunto, intrigado-.
-Espera un momento y lo verás –dices sonriendo y luego entras a la habitación y cierras la puerta-.
Me quedo parado, esperando. No pasan ni siquiera cinco minutos cuando abres la puerta y me invitas a pasar. Entro y te encuentro sobre tu cama, con un negligé negro cubriendo tu torso, unas bragas del mismo color, un liguero bordado ceñido a tu cintura y unas mayas de red que se ajustan a tus piernas. Me vuelves a recordar a una obra de arte, como aquella primera vez que fuiste mía. Me cuesta trabajo creer que pueda existir tanta belleza en una sola mujer.
- ¿Te gusto? –me preguntas y muerdes tu labio inferior-.
- Me gustas, me encantas, me vuelves loco –te respondo y siento como el corazón se me acelera. La sangre empieza a fluir y se concentra en mi miembro, haciendo que se endurezca-.
Te levantas y caminas hacia a mí. Puedo ver a través de la transparencia del negligé tus pequeños senos redondos y tus pezones duros y oscuros. Te paras frente a mí y tomas con fuerza mi dureza, apretándola. Acercas tu boca a mi oído y susurras:

-Esta noche quiero que juguemos sucio –dices mientras muerdes mi lóbulo-.
Basta ese pequeño acto para que mi cuerpo se encienda. Te tomo por la cintura y te empujo hacia mí, nos besamos frenéticamente, introduciendo nuestras lenguas y mordiendo nuestros labios. Subo mis manos a tus pechos y empiezo a jugar con ellos, bruscamente. En esta ocasión eres tú la que me arranca la camisa haciendo volar los botones, la avientas al suelo y te agachas. Desabotonas habilidosamente mi pantalón y jalas de él hacia abajo. Frente a ti está mi miembro, reprimido por mis calzoncillos. Empiezas a pasar tu lengua por encima de la tela y al llegar a la punta, muerdes con delicadeza. Te tomo del cabello y jalo tu cabeza hacia atrás. Rápidamente me quito los zapatos, el pantalón y el calzoncillo. Ávidamente lo introduces en tu boca y comienzas a devorarlo. Vuelvo a tomar tu cabello enredándolo en mis manos y empujo tu cabeza, hasta que topa con tu garganta. Lo hago repetidamente, mientras escucho como te atragantas y empiezas a babear. Te jalo del cabello para levantarte, nos besamos de nuevo, te tomo por las piernas y te cargo. Camino hacia tu cama y te lanzo sobre ella. De un tirón te quito las bragas y empiezo a besar tu monte de venus, pasando mis labios por tus vellos castaños y rizados. Abro tus piernas y me sumerjo en tu intimidad. La beso, paso mi lengua por tus labios. Tú te estremeces, tiemblas de pies a cabeza. Encuentro el epicentro del temblor y me concentro en él. Tomas mi cabello entre tus dedos, arqueas tu espalda y gritas. Separo mi boca de tu entrepierna y clavo mi mirada en tus ojos. Sonreímos al mismo tiempo.
Se escucha un estruendo y luego el sonido de las gotas de lluvia golpeando la ventana. Empieza a llover escandalosamente, pero poca atención ponemos a ello. Siempre en momentos como este, todo deja de existir. Es como si nos transportáramos a otra dimensión, una donde sólo existen nuestros cuerpos y nuestras almas fusionándose.
Te tomo por la cadera y hago que gires tu cuerpo. Te levanto de tal modo que quedas inclinada, sobre tus rodillas. Tus glúteos sobresalen en esa posición: son grandes, firmes y hermosos. Los tomo con fuerza y luego les doy un golpe con la palma de mi mano. Gimes y arqueas tu espalda, vuelvo a tomar tu cabello entre mis dedos y jalo de él. Te penetro sin aviso, bruscamente. Comienzo a embestirte ferozmente mientras jalo tu cabello con fuerza. Levantas ligeramente tu torso y pongo mis manos sobre tus pechos. Apresuro el ritmo, mientras siento como tus glúteos chocan contra mi pelvis. Tú gimes y aprietas con fuerza las sabanas de tu cama.
Afuera sigue lloviendo, intensamente. Hay truenos, relámpagos y la luz de los rayos entra por la ventana iluminando momentáneamente la habitación. El ruido de la tormenta es la música de fondo perfecta para nuestro encuentro: todo es rápido, estruendoso, intenso. Tus gritos quedan reprimidos por el choque de las nubes y la luz de los rayos se refleja sobre tu hermosa espalda arqueada.
Inmersos en la pasión del momento, escuchamos un estruendo más fuerte y cercano. Es el ruido de la puerta de tu habitación estrellándose contra la pared. Sorprendidos, volteamos la vista hacia la puerta y lo vemos.
Tu novio, mi amigo. Empapado de pies a cabeza, con los puños apretados y la mirada fúrica.

Hace más de 1 año

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Trisha_Sanz
Rango3 Nivel 12
hace más de 1 año

Enganchada a tu historia, con ganas de saber más.

Ivan_Soul
Rango10 Nivel 46
hace más de 1 año

@Trisha_Sanz, muchas gracias por leer.
Recién acabo de subir el final en la siguiente caja.


#9

Las manecillas del reloj parecen moverse con demasiada lentitud. Siento como los párpados se me cierran involuntariamente y me froto los ojos intentando despertarme. Enfrente de mí se encuentra una señora delgada, morena y con el cabello rizado. No tan bonito como el tuyo. Me observa detenidamente y logro ver en su rostro una expresión que denota desagrado. Imagino que he de lucir bastante mal: la camisa desabotonada y manchada, el cabello alborotado, los labios hinchados y unas ojeras bastante marcadas.
Sinceramente, mi apariencia es lo último que me importa en este momento. Me siento extremadamente cansado, derrotado, perdido, fatal. Sólo quiero que esto termine lo más pronto posible para poder cerrar los ojos y dormir, de ser posible para siempre.
Sentando ahí, esperando, vuelven a mí los recuerdos de la noche anterior, como pesadillas. Trato de reprimirlos, pero me resulta imposible…
En medio de la tormenta, tú y yo nos entregamos nuevamente a la pasión y al deseo, como muchas otras veces. En esta ocasión las cosas fueron diferentes: era la primera vez que lo hacíamos en tu habitación, tú me preparaste una sorpresa vistiendo de esa manera tan sensual, el sexo estaba siendo duro, intenso y sucio.
Y él nos descubrió.
Entra azotando la puerta de tu habitación y me encuentra a mí, embistiéndote, mientras tú gimes y gritas de placer. Al entrar, ambos giramos la vista para verlo y en su mirada no había nada más que ira. Pasan un par de minutos antes de que alguien diga algo. Tú sólo te cubres con la sábana y yo me quedo ahí, hincado sobre la cama, desnudo, mirando de frente a mi amigo. Él trae en su mano derecha una botella de cerveza, que aprieta con fuerza. Respira agitadamente, mientras el agua escurre de su ropa y cae al piso. Tiene el cabello pegado a la frente y debajo de él sus ojos fúricos se mueven de un lado a otro, posando la mirada en ti y luego en mí.
-Tranquilo –las palabras me salen forzadas, apenas en un murmullo- te podemos explicar lo que…
- Malditos cerdos –pronuncia, arrastrando las palabras y con voz nasal. Está borracho-.
Tú te levantas de la cama, dejando la sábana y mostrando tu desnudez. Caminas hacia la ventana y te quedas ahí. Sin expresión en tu rostro. Volteo a verte con los ojos abiertos como platos, pero parece que tú no te inmutas de ninguna manera. Él te mira de pies a cabeza y de sus ojos empiezan a brotar lágrimas.
-Maldita perra infeliz. Te metiste con mi mejor amigo –dice mientras da unos pasos hacia a ti-.
De inmediato dejo la cama y me interpongo entre ustedes. Él se detiene y me mira directamente a los ojos. Como si de un acto reflejo se tratara, agacho la mirada-.
-No me puedes mirar, ¿verdad, cabrón? Por eso has estado evitándome, porque te estás cogiendo a mi novia, perro ¡Mírame a los ojos! ¡Mírame hijo de perra! -grita mientras camina y queda a un par de centímetros de mí-.
No puedo obedecer sus órdenes, no puedo mirarlo.
-Perdóname… por favor, perdón –digo mientras se hace un nudo en mi garganta y empiezo a sollozar-.
De sus ojos brotan lagrimas como ríos. Abre la boca, pero no dice nada, en un segundo levanta la mano donde trae la botella y la estrella contra mi cabeza. El golpe me toma por sorpresa y pierdo el equilibrio. Caigo al suelo y siento una punzada de dolor justo en la sien, mientras siento como la sangre empieza a brotar. Antes de poder reaccionar, recibo una patada en el abdomen que me deja sin aire.
- ¡Hijo de perra!, ¿cómo pudiste?, ¡eras como mi hermano!, ¡cómo pudiste! –dice mientras me patea una y otra vez-.
Siento los golpes en el abdomen, en las costillas, en la cara y en los brazos, mientras intento cubrirme. No sé cuantos minutos pasan, mientras estoy tirado en el suelo, hecho un ovillo y recibiendo sus golpes.
De repente deja de hacerlo. Abro los ojos y veo como la habitación gira, intento enfocar la vista y veo su imagen borrosa.
-Te ofrecí todo, siempre estuve para ti. Eras mi hermano –me dice y en la última palabra su voz se quiebra- ¿por qué lo hiciste?, ¡te podías coger a cualquier otra!, ¿por qué a ella?
Mi cabeza da vueltas y siento como el dolor empieza a expandirse por todo el cuerpo. Intento hablar, pero sólo logro toser. Lo veo desde abajo, en la penumbra de la habitación y por fin logro mirarlo a los ojos.
-La amo –logro decir por fin-.
Mis palabras lo toman por sorpresa. Vuelve a apretar los puños y me preparo para recibir más golpes. En lugar de eso, gira su cuerpo hacia donde estás tú, inmóvil aún.
- ¿Y tú lo amas a él? –te pregunta-.
- No –respondes de inmediato, sin dudar y sin ninguna emoción en la voz-.
Ningún golpe recibido pudo dolerme más que esa respuesta.
- ¿Y me amas a mí? –te cuestiona-.
-No –respondes con la misma rapidez e inexpresividad- No amo a ninguno de los dos.
La lluvia ha cesado y por la ventana entra sólo una tenue luz que ilumina tu rostro. No hay expresión alguna en él, tan sólo esa mirada. La misma mirada que siempre reconocí, llena de egoísmo y malicia.
- ¿Y por qué hiciste esto?, ¿por qué? –te pregunta-.
-Por diversión –dices y sonríes, descaradamente-.
La imagen de tu rostro iluminado por esa luz pálida y sonriendo de esa manera, me produce escalofríos. Me sigues pareciendo una obra de arte, pero hecha por un artista trastornado, lleno de odio y maldad.
El dolor provocado por los golpes ha pasado a segundo término. El dolor que invade mi corazón es mil veces más fuerte.
- ¡Maldita perra! –grita y se abalanza hacia a ti-.
Te toma por el cuello y comienza a estrangularte. Reúno las pocas fuerzas que me quedan y me levanto. Trastabillando, camino hacia dónde están, lo tomo por los hombros y lo jalo hacía mí. Lanzó un golpe directo a su mandíbula y cae al suelo.
- ¡Vete de aquí!, ¡ya! –te digo mientras tú sigues inmóvil, tosiendo y respirando agitadamente. No haces nada, tan sólo me miras con esos ojos vacíos, como pozos profundos-.
- ¡Qué te vayas! ¡largo! –te ordeno nuevamente-.
Sin decir nada, tomas la sábana, te envuelves en ella y corres. Te veo alejarte, rumbo a la puerta principal. De repente, siento un golpe en la mejilla derecha que casi logra tirarme. Él se ha levantado y va contra mí.
- ¡Por qué la dejas ir!, ¡tiene que pagar lo que hizo! –me grita y vuelve a lanzar otro golpe, que logro esquivar-.
- ¡No la vas a lastimar, a ella no! –le respondo-.
- ¡Eres un imbécil, maldito traidor!, ¿cómo puedes defenderla después de lo que acaba de decir? -me responde y lanza otro golpe, que da justo en mi quijada y logra lanzarme contra a la pared-.
Vuelve a precipitarse sobre mí y me toma por cuello con ambas manos. Comienza a estrangularme y ya no tengo fuerzas para quitármelo de encima. Siento como el aire comienza faltarme y como la sangre se acumula en mi cabeza. Comienzo a sentir como la vista se me nubla y empiezo a desvanecerme. Un último pensamiento surge en mi mente: Tú: Tu cuerpo glorioso. Tu cabello rizado. Tu sonrisa traviesa. Tus ojos café chocolate, hipnotizantes. Tu recuerdo me motiva y logro tomar suficientes fuerzas para patearlo en la entrepierna. Me suelta y camina hacia tras, tambaleándose. Se tropieza con la esquina de la cama y cae, golpeándose la cabeza contra la esquina del buró de madera.
Me deslizo sobre la pared y me siento en el suelo, intentando recuperar la respiración. Lo observo ahí tirado y veo como un pequeño charco de sangre empieza a formarse alrededor de su cabeza.
No logro sentir nada, no logro pensar en nada. Sólo hay una única pregunta dando vueltas en mi cabeza: ¿Dónde estarás en este momento?
-Joven, ¡Joven! –me dice la señora de cabello rizado, sacándome de mis recuerdos- Creo que ya puede pasar.
La miro confundido, intentando volver a la realidad.
-Ok, sí –le digo, meditabundo-.
Camino hacia el gran escritorio de metal donde se encuentra sentado un señor calvo y con gafas. Llego y tomo asiento, mientras el señor observa algunos papeles que tiene sobre el escritorio. Levanta la vista y se da cuenta de mi presencia. Me mira sorprendido.
-Dígame, joven, ¿en qué le puedo ayudar?, ¿fue víctima de algún asalto?, ¿se encuentra bien? –me pregunta el tipo, con mirada inquisitiva-.
-Vengo a entregarme –Le digo, sin rodeos-.
El hombre frunce el ceño y arquea una ceja. Me mira por encima de sus gafas, carraspea la garganta y me pregunta:
- ¿Qué delito cometió?
-Homicidio –respondo, fríamente-.
FIN.

SoyMagdaly
Rango12 Nivel 56
hace más de 1 año

Que final! Excelente historia 😊👏👏

Ivan_Soul
Rango10 Nivel 46
hace más de 1 año

Me parece excelente :).

Ivan_Soul
Rango10 Nivel 46
hace más de 1 año

@Chica_Purpura, muchas gracias por tus comentarios y por el tiempo que te tomaste en leerla. Me alegra que te haya causado esa emoción.

Sarym
Rango16 Nivel 75
hace más de 1 año

Me subiste a una montaña rusa de emociones con tu relato querido, tienes la habilidad de envolver al lector y dar giros fascinantes a tus historias, me ha encantado en todos los sentidos.

Ivan_Soul
Rango10 Nivel 46
hace más de 1 año

@Sarym realmente me alegra que esta historia te haya provocado esas emociones.
Muchas gracias por tomarte el tiempo de leerla :)

ItzelValeriano
Rango16 Nivel 75
hace más de 1 año

Es una excelente historia, un final trágico y terrible, pero excelente historia. Me pareció demasiado que hayas asesinado al pobre ingrato, pero bueno, así es la vida, a veces pasan cosas que no queremos. Te felicito.

Mariana
Rango4 Nivel 19
hace más de 1 año

La puedo leer mil veces, me fascina <3