Nubis
Rango12 Nivel 57 (11033 ptos) | Ensayista de éxito
#1
    Partes:
  • #2

Existe una orden secreta de magos —lo cual es común e irónico al mismo tiempo— encargada del encierro centenario del demonio Betistites, denominador común del infierno, noble de la tortura, mercader de pecados y otros tantos títulos que dejan de ser graciosos una vez se comprueba la regia figura del ángel caído, enrojecido por el exceso de calor y la poca sombra.
Del pentáculo caducado pretende surgir la imponencia alada. Está mosqueado de ese encierro que está durando demasiado incluso para un ser inmortal. Se yergue haciendo crujir al tiempo. Incorporado, cuervos lejanos en la cabeza graznan y levantan el vuelo despavoridos. Comienza a caminar como una estatua viviente, remarcándose sus abdominales de más. Tiene cuernos de cabra, literalmente, pues se las arrancó a un animal y se las colgó como collar, tambaleantes entre dientes y pellejos como trofeos. Su perilla jamás ha sido lavada, y está tiesa, muy puntiaguda, capaz de abrir una lata de un golpe. Sus ojos son de color ámbar, y eso vuelve locas a las diablillas hasta el punto de...

(Continúa)

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#2

Sus ojos son de color ámbar, y eso vuelve locas a las diablillas hasta el punto de matarlas por la falta de cordura. Colmillos sobresaliendo de un tono amarillo-guarro; lengua viperina literal, y mejillas ruborizadas al extremo, de tan miserable que se siente por los pecados que ha llegado a cometer.
Fuera del pentáculo, al frente del demonio, está John. Es un tipo delgado con gafas. Hola John.
—Hola.
Y es el mago encargado en este siglo de conjurar el círculo de encierro que mantendrá quieto y encabronado a Betistites hasta la siguiente generación. El problema que no es espabilado, dato que se aprecia a primera vista. Está encorvado sin necesidad, y sonríe nervioso porque hasta su sombra le produce timidez. Tiene abierto sobre las manos el libro con el dibujo del círculo, uno que rodea el símbolo arcano adecuado. El problema que ha ido dejando para después su obligación generacional, y de “para mañana” tras “para mañana” se ha acumulado la edad, entre otras cosas donde el ombligo, y los grimorios de mientras recubriéndose de polvo. Al menos es un experto cazador de demonios en el videojuego on-line de moda.
Pero la vida real nunca suele estar de acuerdo con los videojuegos.
Así que a John le queda apostar por cuál será la apariencia de La Muerte. Sin embargo, se interpone un último recurso que ha improvisado durante la mañana, con lo que eleva los brazos, extiende los dedos forzando sin necesidad, aprieta hasta hacer una ranura de su boca y abre los ojos como con un golpe en la rodilla.
John grita, y la magia se produce. Da la misma sensación que un pedo, invisible y con reacción ante el peligro aunque no se vea. El demonio se detiene, experto en lo que no se ve. Mira entre sus envidiables pectorales para apreciar el arcano símbolo tatuado con magia. Es la imagen de un teléfono dentro de un círculo.
El demonio comienza a reír igual que ante un chiste que no termina de pillar o del que apenas ha prestado atención, sintiendo pronto el anómalo cosquilleo recorriendo el interior de su cráneo. Abre los ojos y aprecia entonces al mago ofreciendo un artefacto. El demonio no puede evitar obedecer, agarrando el objeto.
—Es un móvil —alega sin miedo John el mago—. Déjame que te explique qué es el WhatsApp.

Quinientos años después, en el infierno siguen preguntando por Betistites, que se marchó de su nivel infernal para comprar parches anti-tabaco. Se dijo y se dice que había sido atrapado por una orden de magos hará ya mil quinientos años y pico, aunque la magia había desaparecido del plano terrenal, siendo el último mago el gran John, campeón de juegos on-line y poco más.
La escena final nos transporta a un lugar donde ya no se aprecia el dibujo en el suelo de lo que fuese un símbolo de encierro. Una masa esférica de carne enrojecida consume ganchitos eternos de una bolsa desgastada. No quita ojo de la pantalla de un legendario artefacto del que ya nadie recuerda el nombre porque resulta desfasado. Ahora se llevan las micro-pantallas de retina, pero eso Betistites no lo sabe: tiene que comprobar el correo una vez más. Sólo hay spam, ¡eso sí que es un infierno!