DanielTurambar
Rango10 Nivel 49 (5926 ptos) | Fichaje editorial
#1

Cuando el único y verdadero Dios de los hombres alza su frente a lo más alto no hay criatura viviente que soporte su majestad. Hasta los dragones corren en busca de alguna sombra que los recibirá avara impotente al empeño del amo. La maza del campanario besa por dos veces el bronce, el suelo cuece unos pasos que no envidian al resto de la carne; carne que llora más sal de la convenida para obtener el sustento. Los últimos héroes regresan de su ignorada derrota en busca de agua, pan y un rincón a oscuras donde dormir, donde ignorar a su dueño, donde darle tiempo para que termine de vomitar sus parabienes, donde creerse a salvo y en paz. Porque no hay tregua para los que se atreven no ya a sostener su mirada, sino a desafiar siquiera a los espejos encalados que conforman las calles de mi pueblo.

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JulesSchmidt
Rango12 Nivel 57
hace alrededor de 2 años

¿El inicio, @DanielTurambar?
Cago en la...
11 cajas como 11 soles que tenemos aquí... Anda, que ya tengo faena.....


#2

Mi padre y mi hermano mayor pertenecían a esa casta de titanes. Marchaban cuando la oscuridad de la calle aún hacía el amor a la de la casa y regresaban, ungidos y consagrados, tras la segunda campanada. En el patio, intentaban trasmutarse en agua antes de ir a devorar el poco aire amable que aún quedaba en torno a la mesa donde esperábamos mi madre, mi hermano pequeño y yo. Alguna palabra ininteligible sonreía cansada, alguna caricia magullaba la cabeza del benjamín o mi pecho, alguna furia maldecía si el vino era caldo, algún insulto me recompensaba si tardaba en traer el cuchillo del melón. Luego se desvanecían en la oscuridad de la casa, disfrutando de cada paso camino al lecho, avanzando junto a la pared que los absolvía del calor que guardaban dentro, hasta adivinar el altar donde renacer; soñando como aún sueñan todos los hombres decentes de mi pueblo.

Hace alrededor de 2 años

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#3

Yo fui elegido por Él, marcado por Él. Me habló con el idioma que pocos somos capaces de escuchar. No es un lenguaje de ruidosas palabras, de imperativas acciones, como el de los vulgares hombres. Mi señor me muestra y yo sé qué debo hacer. Un destello, un golpe de su aliento, y yo comprendo. Él me pone a prueba, yo las supero. Él guía, yo obedezco. Los sordos no comprendieron. Me arrancaron de su lado y me llevaron a una tierra muerta y me encerraron en una celda y llenaron mi mente de sombras. Pero no pudieron nada contra Él, quien se apiadó de su siervo y fue a darle fuerzas. Y le dijo cómo engañarlos, le escribió lo qué querían oír para que pudiera volver a servirle, le dijo que esas blasfemias sólo serían escuchadas por los carceleros. Tardé incontables años, pero ya he vuelto a mi pueblo.

Hace alrededor de 2 años

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#4

No se permitía el ruido en las horas de muerte voluntaria. No más sonido que el de la loza chocando entre sí, ni más murmullo que el del agua y el estropajo. Las palabras, apenas susurros, eran aplastadas con los ojos de la hartura. Ni pensar en escuchar música. Ni pensar en encender el televisor. Ni pensar en romper el silencio del mausoleo. Incluso las chicharras enmudecían en los días de mayor castigo. Mi madre se rendía, finalmente, en un sofá amortajado con sudores. A sus pies se enroscaba mi hermano pequeño. Yo... ¿Qué hacía yo? Los recuerdos anteriores a la llamada son difusos. Supongo que me tendía en el suelo y jugaba con mis indios de plástico hasta que el aburrimiento cerrara mis ojos y me uniera al rito santificado, con mayor o menor devoción, por los vecinos y hasta los forasteros que venían de visita a mi pueblo.

Hace alrededor de 2 años

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#5

La viajera me escupe y se marcha. El reloj insiste en las dos, el campanario está castrado. Él me abraza, besa mis asquerosos brazos del color de los cerdos vulgares. Yo me avergüenzo de mi piel bajo la ropa. Él lo comprende, lo perdona. Me despojo de la camisa y comienza a morder mi cuerpo. Tampoco escatima en dolor para mis ojos, atrofiados de exilio; cada pared blanca me dedica una afilada bienvenida con sus destellos. El asfalto se quiere deshacer bajo mi peso como antaño, pero aún no ha llegado su momento. Todo sigue igual, todo ha cambiado. Ni un alma vive en la calle. Mi Señor así lo ha ordenado, para ofrecerme esta inmerecida acogida. No puedo retener la felicidad que derraman mis ojos. Saboreo cada paso que doy hacia a la casa de mis padres. Las cigarras anuncian ya mi regreso. De nuevo camino por mi pueblo.

Hace alrededor de 2 años

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#6

Una tarde, como otras tantas, salí al patio. Pero aquella, mientras empapaba la camiseta en el pilón, escuché su palabra. No la reconocí, aún no sabía. El vuelo de una avispa me guió hasta una enorme langosta. El veneno estaba trabajando aún cuando la diva comenzó a cercenarle la cabeza; despacio. La víctima aún movía las pocas extremidades que permanecían unidas a su cuerpo. Me eché al suelo fascinado. ¿Cuánto tiempo permanecí ahí, observando? Me despertó el grito de mi madre. Me llevó dentro, al sofá. Me puso gasas empapadas con leche en la espalda. Mis brazos palpitaban al rojo. Me temblaban las piernas. Me castañeteaban los dientes. Los gigantes me miraron con desprecio, mi hermano pequeño asustado. El frío empujó la calor hacia dentro, hacia la intimidad de mi cabeza. Luego supe que estuve a punto de morir. Entonces sólo ansiaba conocer más secretos, buscarlos deambulando por mi pueblo.

Hace alrededor de 2 años

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Romahou
Rango18 Nivel 89
hace alrededor de 2 años

Lenguaje e historia son laberintos entrelazados en sí mismo y sus y nuestras raíces.

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DanielTurambar
Rango10 Nivel 49
hace alrededor de 2 años

Gracias, espero que se entienda bien al final


#7

Una voz que quiere ser adulta me interrumpe.
—Señor, ¿esto es suyo? —Sujeta mi abandonada camisa.
—Lo era —asiente, él tampoco lleva—. No deberías estar aquí a estas horas.
—¿Por qué no? ¿Va a llevarme el famoso el negro? Sé que es mentira. Nadie se lleva a los niños que salen de casa en vez de dormir la siesta, es sólo un cuento una para asustar a los enanos; yo ya tengo casi doce años, salgo todos los días y nunca he visto a nadie.
—Pero sí que hay un negro —algo asoma en sus ojos; no es temor. Agarro su brazo para enfrentarlo al mío. Entiende, sonríe y se marcha.
El calor de su piel se arremolina sobre la palma de mi mano como el recuerdo del primer beso. Lo saboreo mientras se desvanece. Su descaro es insultante; yo me procuré que nadie le insultara en mi pueblo.

Hace alrededor de 2 años

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#8

Esa ilusión que el mundo de los hombres llama vida diaria me sedó con su rutina. Apenas era un crío. Él lo entendió. La vuelta al colegio, la navidad, más adoctrinamiento, más fiestas idólatras y otras pérdidas de tiempo, me distrajeron. Él aguardó. Para Él el tiempo no más que tiempo, algo pasajero. Yo no supe cuánto lo necesitaba hasta que por fin volvió a hablarme. Todo parecía igual que hacía un año, todo había cambiado. Salí mientras todos dormían. Él derribó un gorrión ante mí. El ave boqueaba, sin poder levantarse, sobre la acera; recordé a la langosta. Un sabor relampagueó dentro de mí; recordé a la avispa. Alargué el brazo, agarré al pájaro, retorcí su pescuezo hasta oír un chasquido y tiré con todas mis fuerzas sin lograr decapitarlo. Apenas era un crío. Pronto dejaría de serlo. Pronto sería la mano que ejecutara su voluntad en mi pueblo.

Hace alrededor de 2 años

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#9

El chaval corre descalzo enarbolando mi camisa, portando la evidencia de una victoria. En las palmas de sus pies hay diamantes que se burlan de los zapatos con que me domesticaron. Me los quito. No hay por qué fingir más. Duele pisar descalzo el magma gris. El niño se desvanece. Ha tomado una esquina. Continúo tras él, ciego como el galgo que sigue a la liebre. Tropiezo. Mi carne se desparrama jugosa en un asador de asfalto. Ardo. Me levanto. No encuentro al chico. Su aliento me guía por calles llenas de lascas afiladas que se clavan en mis pies. Sangro. Sigo buscando. Por fin lo encuentro en una plazoleta apartada. Está en cuclillas. La luz se deshace en halagos para con su joven espalda y su hermosa nuca bronceada. Lo observo. Se levanta llevando en brazos unos gatitos envueltos en mi camisa. Leo una nueva oportunidad para mi pueblo.

Hace alrededor de 2 años

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#10

El pacto se selló con más fuego bajo mi piel. Un fuego aletargado durante los meses en que los hombres se creían amos de su destino. Una llama mortal para quien mantuviera esa pose en la estación de rendirle pleitesía. El primero fue mi hermano pequeño. Cogió la costumbre de seguirme, de creer imitarme. Lo sorprendí, oculto en mi fortaleza de cardos, descabezando el púrpura sagrado. Lo empujé. Las púas rasgaron su cara. Me amenazó, apostó por última vez su mueca de chivato. Lo atrapé, le até los pies con los cordones de sus zapatillas y encendí la pira que lo perdonaría. Se consideró un accidente. Sucederían algunos más; siempre había algún estúpido al año que aparecía ahogado, despeñado o muerto por un golpe de calor. Nadie sospechó nunca de mí. Sólo me acusaron de un error, un error que me costó el destierro y la deshonra para mi pueblo.

Hace alrededor de 2 años

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#11

El chaval sabe que lo sigo, se le escapa a la brisa que juega con su pelo cuando se detiene a mira arriba. No puede ser: ¿a él también lo está guiando? Va hacia una de las arterias que alimentan el regadío. Un moral ofrece asilo junto al sifón. Me acerco mientras recoge agua del canal y se la da a beber a los gatos, directamente de sus manos, para luego refrescar sus pequeñas cabezas antes de dejarlos en el suelo. ¿Es esto lo que Él le ordena? Me mira y sonríe. Señala mis pies heridos y me lleva del brazo al borde del canal. Me siento. Rompe mi camisa en vendas y alivia mis llagas con la fresca pureza de la corriente. Termina. Me observa. Mi Señor no dice nada. El niño me sugiere que me refresque la nuca. Alargo el brazo hasta la corriente; una embestida me entrega ella. El chico sujeta mis tobillos; intento agarrarme al borde de hormigón pero aplasta mis dedos. Veo la carcajada ansiosa del negro bendiciendo el agua. El único y verdadero Dios de los hombres se despide de su antiguo vasallo. Me rindo, ahora comprendo: este no será ya más mi pueblo.

FIN

Hace alrededor de 2 años

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