Marina_perez
Rango5 Nivel 23 (637 ptos) | Escritor en ciernes
#1
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  • #2

Me difuminaré ante el polvo detrás mío causado por los cascos del caballo.
Debo de emprender el viaje de mi intuición.
Eli, con una reacción automática, quiere ser olvidada, no quiere dejar huella en su futuro y decide largarse del valle. Cualquier dirección le parece correcta.
Un inesperado encuentro ocasiona una fuerza de voluntad en la chica. Toda la fe esta puesta en el, la adrenalina corre por sus venas. La confianza reforzará el amor a cada paso.
Ella pide a gritos a la luna en el silencio de su soledad poder ser aceptada.
Llegar a tener una autopercepción de nosotros mismos puede causarnos temor, descubir lo que tapamos con una coraza es el propósito de muchos.
Tenemos miedos en lo más profundo de nosotros y hay facetas que desconocemos, no hay un control exacto de todo lo que percibimos. La única manera de descubrir lo que somos en realidad es enfrentarse y salir de la zona de confort. Hay demasiadas cosas que no son explicada. ¿Porque no averiguarlas uno mismo?
Actuamos como robots ante lo común. Nos da miedo lo desconocido y atacamos sin tener en cuenta a quien va dirigido.

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#2

Bajo la luna llena galopaba un caballo tordo hispanoárabe, originario de los árabes cuando atacaron España. Cruzando estas dos razas se creó un caballo hábil, inteligente y elegante.
Galopaba con un aire orgulloso alargando sus trancos. Iba a galope tendido por en medio de un campo verde con pequeñas flores azules.
Galopó día y noche sin descansar, sólo se paraba para comer en los pastos y poca cosa más. Los otros caballos salvajes lo miraba con una expresión en sus caras de extrañeza, pero él pasaba de ellos, mientras en su mente le hubiera gustado pararse a descansar.

Llegó un punto en el que el caballo, exhausto de tanto esfuerzo se paró un momento para reposar. Sabía que no podía quedarse mucho rato tumbado y, como si un sentimiento le pasara por su cabeza y le diera un último empujoncito, se puso en pie para seguir su camino, encontrar una salida y ponerse a galopar de nuevo otra vez. Se adentró en un bosque oscuro y espeso, lleno de vegetación y árboles tan altos que parecían rozar el cielo.
El pobre caballo, de repente se paró, e intentando no perder el equilibrio bajó su cabeza frente a un charco de agua en medio de un claro. No se esperó ver repentinamente el agua tan cristalina y pura, con césped alrededor. Se acercó, miró el agua desconcertado, hizo el paso atrás unos cuantos metros y, mientras lo hacía, de repente se puso al galope en medio del bosque mirando su objetivo fijamente hasta atraparlo y pasando por encima del charco de agua cristalina y tan azul como el gran cielo en el que en ese momento se reflejaba el paisaje del denso bosque borroso a causa del movimiento. Se mojó en él y después esperó a que el agua estuviera más calmada y tranquila para poder beber y volver a dar rumbo a su camino.
Pasó grandes praderas, acantilados y desiertos, hasta llegar a la cima de una montaña rocosa y con pequeños árboles alrededor. Desde allí se contemplaba todo un valle precioso, con un mediano río y grandes prados para pastar, animales de toda clase, hasta los más desconocidos a los que nadie, de momento, no ha creído que existieran. Solo eran leyendas dichas en un pueblecito de los alrededores.
El caballo pensó en quedarse allí, hasta unirse en una manada. Él sabía que tenía un objetivo que hacer y cumplir, pero de momento debía descansar. Había algo en su interior que lo inquietaba y sabría pronto el porqué bailaba esa inquietud tan adentro de el.