Kiros
Rango7 Nivel 33 (1950 ptos) | Autor novel
#1

Los hechos aquí narrados no deberían haber ocurrido.
De hecho, las personas protagonistas de este relato ni siquiera debían haberse cruzado. Pero el reloj del mundo a finales de diciembre funciona de extraña manera y lo inimaginable sucede.
* * *
Carlos no tenía un buen día. Ni había tenido un buen año, así que tampoco le importaba mucho. Ahora, Carlos estaba en el centro de la ciudad, listo para comprar los regalos con el dinero que había conseguido a razón de varios trabajos temporales, cuando la suerte se volvió de nuevo en su contra. Al abrir la cartera para comprobar que tenía el dinero para los regalos, comprobó que el billete para ellos se había esfumado. Ya no estaba. Carlos estaba seguro de que lo había metido en el bolsillo con el resto de cosas, así que no estaría en casa. Tras varios minutos estresado, con el corazón palpitando velozmente y tras pasarse varias veces la mano por su raso cabello negro, Carlos dejó caerse en un banco de una plaza del centro.

Hace casi 2 años Compartir:

0

6
#2

Se quedó mirando una solución, y al no encontrar ninguna, decidió relajarse mirando a la ajetreada gente del lugar, andando de un lado a otro cargados con pesadas bolsas de todos los tamaños de una tienda a otra o hacia los portales de los alrededores. De repente, su mente se fijó en el primer piso de un centro comercial, donde a través del cristal transparente, podía verse a varias personas escogiendo distintos objetos, emocionados por la expectativa de que gustasen.

Carlos sonrió. Sea como fuere, la Navidad siempre es feliz para alguien.

En ese mismo instante, no muy lejos de allí, un despreocupado transeúnte paseaba a su perro Tobi.

#3

Tobi era un perro menudo, de pelaje blanco y con redonda nariz rosa. Paseaba felizmente por la ciudad, esquivando a gente acarreada con extraños objetos, personas en bancos o grandes cacharros metálicos, cuando vio un papel verde al final de la esquina.

Era un pequeño papel verde, similar a una hoja de árbol, pero Tobi observó una diferencia con las hojas. Estaba vivo. En diversos periodos de tiempo, el papel verde volaba a pequeñas distancias del suelo, para después volver a posarse en él sin que nadie se percatase. Tobi sintió la necesidad de cazarlo, así que se abalanzó sobre él ante la indiferencia de su dueño, que seguía sus pasos a través de la correa mientras miraba distraído el cielo y las luces de las farolas.

#4

Cuando estaba a pocos pasos de su objetivo, Tobi se agazapó sobre sus patas traseras, preparado para lanzarse contra el papel verde cuando este comenzase planear de nuevo. En el preciso momento en el que el papel verde comenzaba su ascenso, Tobi saltó sobre él, pero cuando estaba a punto de agarrarlo, la correa lo impulsó hacia atrás. Su dueño se había quedado demasiado atrás y Tobi estaba volviendo hacia él. A pesar del zarpado que lanzó con su pata derecha para coger el papel verde, no lo consiguió. Pero en un segundo intento lo logró sin problemas, y se quedó mirando curioso el papel verde mirándolo atento. Al ver mientras lo sujetaba con las patas delanteras que el papel verde permanecía inmóvil, pensó que ya no había nada que hacer con él.

¿Qué iba ha hacer Tobi con el papel verde? Al fin y al cabo, Tobi era un perro.

-Vamos, campeón, que tenemos que seguir.- dijo su dueño, y Tobi siguió alegremente el paseo, de nuevo esquivando gente, árboles y cacharros metálicos.

No lejos de allí, en dirección contraria, caminaba cabizbajo Ernesto, que estaba cabreado con el mundo a causa de su mala suerte. Si algo podría salirle mal a Ernesto, este sabía cómo iba a acabar la cosa.

#5

Resulta que Ernesto, recién salido de su casa, y tras haber andado un par de calles, había pisado una caca de perro. Cualquiera le habría dicho a Ernesto que pisar una caca de perro es símbolo de buena suerte, pero Ernesto les habría ignorado, el no era de esos supersticiosos. No podía verle la parte buena a ir a una entrevista de trabajo oliendo a caca de perro, después de todo lo que le había costado prepararse en casa.
Cuan sorprendido se sintió Ernesto cuando, al creer haber pisado otra caca con el zapato restante, se encontró pisando un magnífico billete. Y de los grandes. Tuvo que contener el aliento ante tal hallazgo.
Oteó a un lado y otro de la acera, en busca del dueño, o alguien que lo estuviese buscando… nada.

Vizqui
Rango11 Nivel 54
hace casi 2 años

Oye, pues algunos dirían que pisar mierda trae buena suerte. Me gusta mucho las historias de efecto mariposa. A ver cómo termina. ¡Nos leemos!


#6

Era su momento. Podía coger el dinero. Por primera vez desde que Ernesto recordase, la suerte estaba con él… o eso creía, porque nada más agacharse para coger el billete, una ráfaga de viento hizo que se le escapase de sus manos. Ernesto lo había rozado, casi estaba en su mano… cabreado, y no dispuesto a rendirse, Ernesto se lanzó a la caza del billete, entre toda la gente, encorvado y dando pequeños saltitos hacia el suelo, para sorpresa y confusión de los que se chocaban con él.
Parecía que al final Ernesto lograría su objetivo, pero en una de esas ráfagas de viento, más fuerte de lo habitual, el billete salió disparado hacia la otra acera, y se perdió de la vista de Ernesto.
Tras un momento para recuperarse del shock de haber estado a punto de conseguir el billete sin éxito, y recapacitar sobre el ridículo que había hecho, se le enrojecieron las mejillas, reprimió unas lágrimas y exclamó:
-¡No os riáis! ¡La suerte me odia!
Y tras esto decidió olvidarse de lo ocurrido y seguir su camino a la entrevista.
Mientras tanto, en un parque de la zona, se hallaba jugando Andrea con sus amigos.

#7

Andrea tenía ya el cabello rubio lleno de tierra del parque, y a causa del viento, así que había decidido ir un momento a la fuente para lavarse un poco el pelo. Cual fue su sorpresa cuando, al ir a pisar el botón que activaba el chorro de la fuente, se encontró con un papel sucio a los pies.
Se quedó un momento mirándolo, absorta, pensando en lo que era… sabía lo que era, pero no había visto nunca uno como ese. Tras un rato mirando, decidió cogerlo. Estaba sucio, lleno de tierra como su pelo, y era arrugado. Tras un rato mirándolo, decidió acercarse a los columpios, para hablar con su amigo Pedro.
Pedro era el niño más listo de la clase. Con tan sólo ocho años ya se sabía todas las montañas de los mapas de clase, y era el más rápido sumando, restando, multiplicando… era muy listo, Pedro.

#8

En ese momento, Pedro se hallaba en los columpios, hacia adelante, y hacia atrás, hacia adelante y hacia atrás.
-Pss, oye, Pedro.- dijo Andrea, entre susurros, tras sentarse en un columpio cercano.
-Dime, Andrea.-Dijo este.
-¿Tú crees que esto es… ya sabes, dinero?-dijo enseñándole el billete a su inteligente amigo para que lo examinara.
-Bueno,-dijo Pedro tras meditar un rato.- no lo sé seguro, está muy sucio, pero esto es con lo que mamá paga las compras a veces… ya sabes… es cómo la paga que nos dan, pero más. Más dinero.
Andrea se quedó un rato pensando. Claro. Era como una paga pero mayor. Eran varias pagas. Cien pagas. Infinitas pagas. Podría comprarse todos los videojuegos que quisiese, una bici nueva. Todo. En ese momento, vio a su madre acercarse, pues ya era hora de irse a casa, y se levantó del columpio, corriendo con el billete en la mano, hacia su madre.

#9

-¡Gracias Pedro!- exclamó, girándose un momento hacia él, que seguía en los columpios.
-¡Ey, pero invítame a algo!- dijo Pedro, balanceándose.
Cuando Andrea llegó ante su madre, estaba hecha un horror.
-¡Ay, hija!- decía su madre.- ¡Mira cómo te has puesto el pelo! ¡Y la ropa! Madre mía, esto en una sola lavada no se va a ir. Y encima ¿qué has cogido del suelo? Ya te he dicho que no cojas nada del suelo ni aceptes cosas de extraños. Anda toma la consola y vamos para el coche, que dentro de poco esto se va a llenar de tráfico de gente que sale de las tiendas y esto va ha ser un caos.
Andrea había pensado replicar hasta que la consola cayó en sus manos. Había dejado a la salida del colegio una partida muy avanzada, y si lograba su objetivo esa noche conseguiría pasarse el nivel antes de acostarse, y por la mañana podría contárselo a todo el cole.
Sin tan siquiera pensarlo, Andrea dejó caer el billete al momento que cogía la consola, y entró en el coche, mientras el billete se quedaba tirado cerca de un banco en el parque en que estaban dos ancianos.

#10

Manolo y Federico, como otra tarde cualquiera, se hallaban sentados en su banco de siempre en el parque de la plaza. Pero esa tarde, ya anocheciendo, ocurrió algo especial.
Manolo, siempre con la mirada puesta en el horizonte mientras conversaba con Federico, divisó como un billete caía al suelo y se quedaba allí. Sin nadie que lo reclamase, sin nadie que lo recogiese, sin ninguna persona a al que devolvérselo.
-Federico,-dijo Manolo.- vete allí cerca de la fuente a recoger ese papel. Creo que es un billete de los gordos.
-Pero qué dices, Manolo,-dijo Federico entre risas.- las cataratas ya te están volviendo a jugar una mala pasada…
-¡Que no, botarate! ¡Te digo yo que eso es un billete verde sin dueño alguno! Levántate a por él, corre.
-¿Y por qué no vas tú a por él, si tanto lo quieres?- le replicó Federico, que no tenía ganas ni fuerzas para levantarse en ese momento.
-El reuma, amigo mío.- dijo Manolo, apoyando las dos manos en su bastón.- Agacharme a coger eso me podría costar la cadera. Anda, cógelo y nos lo repartimos a partes iguales.

#11

Finalmente aceptó Federico y trajo entre sus manos el billete.
-Bueno, Manolo, ahora tú dirás. ¿Qué hacemos con el dinerito extra que nos acaba de tocar?
-Bueno,-dijo Manolo tras meditar con la vista en el horizonte un rato.- podríamos irnos ha hacer algún viaje al extranjero, yo nunca he hecho ninguno a un lugar lejano.
-¡¿Pero qué dices, merluzo?! Con ese dinero no nos da ni para el avión, hay que gastárselo en algo más barato, cómo… cómo esa bañera con burbujas… cómo era…
-¡”Chusuki”!-Dijo Manolo, en cuanto le vino a la mente la palabra.
-Eso, eso.- Dijo su amigo, sonriente.
Pero de repente, mientras Federico sujetaba en su mano en alto el billete, un vendaval se lo llevó de su mano, mucho más lejos y más rápido de lo que los dos ancianos podían llegar.

#12

Tras un rato en silencio, y cruzando las miradas, los dos ancianos se miraron.
-Bueno… aunque hayamos perdido esto, siempre nos quedará algo…-dijo Manolo tras el lapsus.
-Tú dirás.- dijo Federico recostándose en el banco.
-Nos queda la salud.
Y los dos olvidaron el encuentro con el billete y rompieron en carcajadas.
Mientras, en una de las calles cercanas al parque, caminaba a paso firme y elegante la señora Carmen.
La señora Carmen había tenido un día con demasiados imprevistos para su gusto. Se le había olvidado recoger la ropa de diseño de la tintorería a su mayordomo, aún no tenía los ingredientes para la cena de Navidad en su casa, y para colmo se le había pinchado una rueda del coche y tenía que hacer ella misma todas las tareas. Pero Carmen no mostraba signo alguno de disgusto mientras caminaba. Iba relajada y recta cargando con las bolsas de la comida en una mano y el lujoso bolso en la otra. No era cuestión de que se le manchara, pensaba ella.

#13

Caminaba lentamente y controlando cada pisada a causa de sus gafas de sol.
Estas gafas de sol de último modelo era el último grito en moda que le acababa de llegar hacía apenas una semana, con un extravagante diseño ondulante y unos cristales con una tonalidad demasiado oscura para la vista, por lo que la señora Carmen tenía que fijarse excesivamente en donde ponía el pie para no caerse. Pero se negaba a quitarse las gafas, por supuesto. No había gastado ese dinero y había conservado esa figura para malgastar que ahora no pudiera lucir orgullosa todo el conjunto para que fuese admirado por los transeúntes de la urbe.
Pero cuando ya se dirigía a su casa, por la plaza del centro, ocurrió un acontecimiento inesperado. Un billete, o algo que se parecía a un billete, arrastrado por el viento, se estampó contra sus gafas, tapándole casi completamente la visión, lo que hizo que Carmen perdiese el equilibrio.

#14

-¡Oh!-se limitó a decir la señora Carmen. Y acto seguido cayó al suelo, mientras el resto de transeúntes seguían su camino.
Tras agarrar en una mano el billete, se levantó rápidamente, sacó un pequeño espejo de su bolso y tras comprobar que seguía exquisitamente perfecta, siguió su camino como si nunca se hubiese caído.
Unos pasos después, y aún con el billete en la mano, se encontró que un poco más delante de donde se encontraba había un vagabundo sentado en un banco.

#15

El hombre parecía cansado, con la mirada perdida en los edificios circundantes, y con la barba de varios días. Además, su ropa no estaba nada bien conjuntada, opinaba la señora Carmen.
En ese momento, y en un arranque de espíritu navideño, la señora Carmen decidió darle el billete que había encontrado al vagabundo. No era suyo, y además, ese hombre se merecía una ropa mejor y un peinado diferente, por favor.
Dado que el billete, según podía ver a través de sus lujosas gafas, no era de mucho dinero, Carmen se acercó al hombre.
-Tome, señor, y feliz Navidad.-dijo ella.
-¿Eh?-dijo el señor, pero no le dio tiempo a hablar con Carmen, porque esta sonrió feliz por su acción y siguió a paso constante su camino de vuelta a casa.

#16

Carlos estaba anonadado.
Tenía un billete en la mano. De la misma cantidad que el que había perdido. Era mucho dinero. Y se lo había dado una señora. Que lo había confundido con un vagabundo. ¡Con un vagabundo! ¿Tan mal estaba de cara al exterior? Comenzó a acariciarse la barbilla, a tocarse la cara…
De repente dejó de pensar en todas esas tonterías y comenzó a reír. Volvía a tener dinero, podía comprar los regalos para su familia, e incluso le sobraría un poco para imprevistos en casa. Sólo de pensar en la cara de sus hijos sonrió instintivamente.
Dejó de preocuparse por todos los problemas que pudiese tener del pasado o en el futuro. Con una sonrisa de oreja a oreja, Carlos agarró sus esperanzas, y se levantó del banco.
Había comprendido que la Navidad siempre es feliz para alguien. Para cualquiera que quiera ser feliz. Sólo hay que buscar un motivo… O esperar a que este llegue.

-FIN-

artguim
Rango13 Nivel 63
hace casi 2 años

Buena historia circular, @Kiros, definiendo a cada personaje en apenas unas líneas, suficientes para conectar con ellos. Quedo atento a lo siguiente que nos ofrezcas.

Un saludo.

Kiros
Rango7 Nivel 33
hace casi 2 años

¡Muchas gracias @artguim! Me alegra que te haya gustado. :)