JM18
Rango8 Nivel 37 (2754 ptos) | Poeta maldito
#1

Sabes que un cumpleaños saldrá mal cuando te dicen que lo celebrarán "a lo venezolano"...

Apertura: Preludio a dos tiempos.

Domingo caluroso, doce del medio día. Mi mamá nos alerta del contenido del mensaje que ha llegado a su teléfono. -Vístanse, que hoy vamos a donde la tía D., que está de cumpleaños. Ya me mandó el mensaje, celebraremos su cumpleaños, ¡a lo venezolano!. -¿A lo venezolano? ¿Y cómo se celebra esa verga- le respondo, mientras me rasco el ombligo y veo cómo mis planes de estar tragando moscas todo el día se arruinan. -Bueno, no sé, pero anda a lavarte que nos vamos- mi mamá se pone latosa, como siempre, ante estas situaciones. Hace el ademán de rascarse la cabeza. Es su manera de decirme que debo salir de la casa, abandonar la cueva y ser más sociable. Me dejo ir en la silla, con mi desdén tajante y sincero. Mi hermana, con su armoniosa voz que se escucha a tres cuadras a la redonda, interrumpe la escena: -Ajá, ¿y con qué nos vamos a lavar, si acaban de quitar el agua-. Y en ese momento, viene la sacrosanta respuesta de mi mamá -Bueno, ¡se irán hediondos a monos!-

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#2

Primera acto: Comedia de los errores

Una vez resuelto el asunto del aseo (no toca de otra, bañarnos con perolita), la tropa decide salir a la aventura. Mientras observamos el paraje de ese territorio inhóspito, detallamos la poca afluencia de actividad humana. -Las calles están solas-, apunta mi hermana en su bitácora de viaje. -¡Claro! ¿Quién va a estar en la calle, si no hay agua, no hay rial, no hay caña?- es la acertada respuesta que mi madre suelta en ese momento. Sigo con la intriga de nuestro próximo destino, y por eso me atrevo a expresar la pregunta que desde hace rato gira en mi cabeza: -¿Y cómo es eso del cumpleaños "a lo venezolano"?-. Mi mamá, derrochando sabiduría, responde: "No lo sé, pero en tal caso, compórtense. Saben que no podemos hablar de política o se va a prender el peo". Sí, la política ha sido el tema sensible de los últimos días. Capaz de romper bodas, matrimonios, cumpleaños. El simple hecho de mencionar la situación actual del país se considera un maleficio, un embrujo cargado de alto poder. Llegados a nuestro destino, saludamos al vigilante que está a la entrada. -Buenas tardes, vamos al piso X-. Sin muchos ánimos, el portero nos abre la puerta. -¿Y eso, que ahora hay vigilante? pregunto. -La tía D.- responde mi mamá- me contó que hace un mes secuestraron a una pareja de este edificio. Se les metieron al apartamento a punta de pistola, y ahí los dejaron encerrados todo el fin de semana. Se llevaron todo- Tomamos el ascensor. Un silencio incómodo se apodera de nosotros. La masa no está para bollos, como quien dice. Pero rápidamente asumimos el personaje. Una sonrisa, el rostro iluminado antes de que el ascensor se abra. Llegamos al piso, tocamos la puerta y nos abren. -¡Sorpresa! ¡Feliz cumpelaños!- decimos en coro, mientras nos abre la tía D. Intercambiamos besos y abrazos, como de costumbre. Me le acerco a la tía, y le pregunto -¿Cómo estás, tía? ¿Como te sientes?-. Su rostro simula un poco la tristeza: -Ahora que está la familia en casa, bien-, pero noto unas ojeras bastante pronunciadas en su cara. No ha dormido bien hace un mes, cuando la familia se disgregó. Las hijas, idas del país hace un año. Los hijos mayores tomaron la misma decisión hace mes y medio. El dinero no alcanza para nada, no han comido bien y se les nota. Las noticias son preocupantes: expropiaciones, no hay dinero en los cajeros, no hay pan en las panaderías, no hay comida en los mercados, hampa, crisis, inflación, dolar negro, no hay pasaportes, no hay pasajes... Los motivos para trasnochar se acumulan.

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#3

Segundo acto: Movimiento ligero de penurias
Para animar la velada, empieza el intercambio rutinario de preguntas. ¿La familia, el trabajo, las novias? La cháchara que la gente comparte para evadir esos incómodos silencios. Me acerco hasta la tía D y le pregunto: -"¿Tía, y cómo es eso del cumpleaños a "lo venezolano"?-. Me responde: -"Bueno, alegres a pesar de todos"-. Pero no hay motivos para celebrar. La familia está separada, la mesa casi vacía. Los comensales disfrutaríamos de un pollo pequeño, con algunas papas sancochadas. -"A compartir lo poquito que tenemos"- es el comentario del tío A., cuñado de mi tía D. Frase que llega muy a destiempo, pues sabemos que tiene una amante a pesar de la crisis económica. Empieza el simulacro del festín, y es obvio que los comensales quedan con hambre. Pero, ¿qué podemos hacer? Comer un pollo es un lujo, y más penoso compartirlo entre varias personas. La velada se anima con la llegada de nuevos invitados. Se escucha el sonido desde las cornetas de la computadora. Son los primos, que llaman desde el exterior para participar del convite. -"¡Feliz cumpleaños!-, llega desde el otro lado de la pantalla. Las lágrimas de la tía D, copiosas. Tío J es un poco más ecuánime. Se nota que el tiempo ha pasado, casi no reconoce a sus hijas. -"¡Qué grandes están!". Nos preparamos para cantar cumpleaños. Tía D saca una torta pequeña, de algo más de dos dedos de grosor. -"La hice esta mañana, con un poquito de harina que tenía guardado por allí"-. Seguramente, no les quedará más para la semana, pero es un lujito que se puede compartir. Nos preparamos para cantar el cumpleaños, unos desde el otro lado del mundo, y los de acá con la nostalgia calando hondo. No hay mucho que celebrar, solo el estar juntos en estos momentos.