Roger
Rango10 Nivel 49 (5752 ptos) | Fichaje editorial
#1

SUEÑOS "PROTEGIDOS"
Desde que mi papá me dijo que iba a empezar a dormir sola en mi nuevo cuarto, le confesé que no lo iba a poder hacer, porque le tenía mucho miedo a la oscuridad. Por eso, antes de dormirme, me leía un cuento.
Fueron muchas las noches, en que me despertaba por alguna pesadilla. La puerta chirriaba a medio abrir, y de ahí se asomaba mi papá, en la oscuridad. Algunas veces, cuando el miedo era tanto, lo sentía en mi cama, acariciándome el cabello.
Por eso siempre me sentía realmente protegida.
Tiempo después, papá cumplió años y le hice un dibujo de él, cuidándome los sueños.
-¡Feliz cumpleaños papá! Gracias por cuidar mis sueños todas las noches. Tú sabes que aún no logro acostumbrarme... pero siempre te asomas, para darme valor. Te quiero.
Y le di un besito en el cachete.
-Hija, pero... -me dijo sorprendido-, yo nunca me he despertado para verte dormir...
Mi papá me dijo que seguro eran ilusiones mías, que durmiera en paz, porque no era nada.
***
No he podido dormir desde hace 4 horas, porque desde la puerta un hombre me vigila... y en estos momentos se está acercando a mi.

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TintaColor
Rango5 Nivel 24
hace más de 2 años

que miedooooooooooo.. me encanto.

Roger
Rango10 Nivel 49
hace más de 2 años

@rstarrstarkey lo siento, son relatos cortos de terror y drama. Por ende, siempre terminarán en suspenso. Te dejo la libertad de pensar qué hubiese ocurrido después ;)
Y pronto estaré subiendo varios, totalmente diferentes pero en el mismo género.

akamatsutusut
Rango7 Nivel 33
hace alrededor de 2 años

Super, hiper, supra, mega genial! ( y al cuadrado, por siacaso) :D good good good


#2

UNA MANO AMIGA

Martín acababa de salir de su casa cuando su mamá lo regañó desde lejos, diciéndole que no jugase con tierra, porque se iba a ensuciar y se podría enfermar; como todo niño, no prestó atención a la advertencia de su madre y siguió jugando a que construía edificios de tierra, casas, carros, cuevas… Le encantaba jugar con tierra porque podía moldear cualquier cosa que pensaba.
Definitivamente iba a ser un gran arquitecto.
El sitio donde jugaban era un poco retirado de la casa de campo donde su familia había decidido pasar unas semanas de vacaciones. Martín tenía muchos primos y primas, pero no mantenía buenas relaciones con ellos, ya que decían que “a nosotros no nos gusta jugar con tierra”.
Y si Martín, de haberlo sabido, nunca más hubiese jugado con eso.
Al día siguiente comenzó a llover, y Martín tenía la necesidad de ir al mismo sitio a jugar con tierra. Esperaría a que escampase, se pondría la ropa más cómoda y vieja, para no dañar la nueva y se iría corriendo.
Y así fue.
Pasada las horas, escampó, y Martín salió veloz a su lugar de juego, cerca de la casa, en un montón de tierra que ya estaba mojada. Como siempre, escuchó la peculiar frase de su mamá: “no juegues con tierra, que eso es malo, te puedes enfermar”.
Y como siempre, Martín no le prestó atención.
Vio el barro en que se había convertido la tierra por aquella lluvia mañanera, y se animó aún más. Podía hacer muchas cosas, ya que era más moldeable. Primero empezó con edificios, con casas, construyó carreteras, hizo cuevas y formó unas manos…
Unas manos duras…
¿Manos?
Martín empezó a quitar el barro del alrededor y divisó unas manos totalmente podridas, de algún muerto que alguien decidió enterrar allí, para librarse del cuerpo. Se asustó al verlas y decidió que ya era hora de regresar…
La mano lo saludó, Martín quedó perplejo. Casi sin percibirlo, la mano se alzó para sujetarlo por la franela sucia. De inmediato, el cuerpo salió del barro. Tenía poca piel y estaba llena de bichos y gusanos, los huesos amarillentos por el tiempo, como dientes con caries, tenía barro por todos lados y una apariencia inquietante. Estaba tan desfigurado, que no se sabía si era hombre o mujer. Martín intentó gritar, y el muerto le tapó la boca con una mano huesuda. Lo jaló hacía sí, y se tiraron sobre el barro que se hacía cada vez más y más aguado. Martín se intentaba zafar para poder huir, estaba tremendamente asustado. “Si logro escapar de aquí, le haré caso en todo lo que diga mi mamá, de verdad”, pensaba, con el corazón en la punta de la lengua.
Pero ya era muy tarde.
La tierra comenzaba a metérsele por la boca, por los oídos, a taparles los ojos y a cubrirle todo el cuerpo. Las manos lo sumergían en aquel barro que parecía arena movediza.
Martín se hundía y se hundía, y con él, sus gritos, su ropa cómoda y vieja, su sueño de ser arquitecto… y sus ganas de volver a jugar con tierra.
Las nubes se despejaron, el sol volvió a salir tímido, los pájaros volvieron a cantar y todo volvió a la normalidad. Menos al incesante llamado de la mamá de Martín, que aún era ignorante en que su hijo no volvería jamás...
Eso creo.

TintaColor
Rango5 Nivel 24
hace más de 2 años

tienes que seguirlo porfavor...


#3

YA NO ME GUSTAN LOS PELUCHES

Camila había decidido de por vida que ya no le gustaría más los peluches.
Hasta hace poco, eran su mayor fascinación. Tenía grandes, pequeños, de colores, osos, ponis… y un conejo. El conejo de peluche se lo había regalado su novio en su aniversario, era el que más le gustaba.
Era tan pequeño que lo llevaba como colgante de su teléfono.
Se sentía tan feliz cada vez que veía una hermosura de conejo hecho solo un pequeño peluchito. También, lo utilizaba como modo desestresante, pues cuando se sentía agitada por cualquier situación, lo acariciaba entre sus dedos y le gustaba esa sensación.
Aunque tenía tan solo 17 años, le encantaba dormir rodeada de éstos. Y aún, si hubiese tenido 50, no dejaría esa manía.
Así de grande era su fanatismo por los peluches…
… Pero algo pasó que la hizo aborrecerlos.
Un mes después, el novio de Camila le regaló otro peluchito, para que lo llevara a modo de colgante, y ella decidió quitar al conejito anterior, para suplantarlo por dos coalas abrazados en medio de un corazón. A Camila, este regalo le pareció un gesto muy amoroso, y por eso decidió reemplazarlo. Guardó el pequeño conejo de peluche en una gaveta de su mesa de noche.
Lo más triste fue que el pequeño conejo vio cómo cerraban la gaveta donde estaba, mientras que su ex dueña acariciaba el otro con amor...
En aquella oscuridad, el conejo supo que, con los humanos todo es pasajero. Arrugó el ceño y una lágrima de rabia se le coló.
Pasaron los días,
semanas
y años…
Y Camila seguía cambiando de colgante, y todos iban a parar en la misma gaveta, junto al conejo y otros más... Ellos nunca pensaron ser olvidados.
Pero una noche, ella se acostó en su cama para hablar con su novio por teléfono. Ya era más de las doce de la noche. La puerta estaba medio abierta y no notó que unas diminutas sombras se colaban, para entrar… Hasta que la puerta crujió.
Camila desvió la mirada y se extrañó al ver sus anteriores peluchitos colgantes en la puerta. Se levantó, los recogió y los metió donde mismo. Antes de acostarse, notó que la puerta aún estaba abierta, y la fue a cerrar.
Pero no cerraba.
Empujó más duro, y no cedió. Alguien… o algo, pujaba desde afuera con fuerza.
Camila decidió abrirla poco a poco… Y se sorprendió al ver un conejo de peluche, exactamente de su tamaño. Era muy idéntico al primero que tuvo como colgante.
─Cariño, ¡es realmente hermoso! ─le gritó con emoción a su novio─, no había tenido un peluche tan grande como éste… Va a hacer difícil ubicarlo, ¡pero gracias! Te debió costar muy caro…
─¿De qué estás hablando? ─el novio estaba un poco confundido.
─De esto, del peluche que me dejaste en la puerta de mi cuarto… Sé que siempre te acuerdas de nuestro aniversario… Es hermoso este peluche.
─Pero… ¿Hoy era nuestro aniversario? ¡Ah, cierto! Lo había olvidado, discúlpame, siento no haberte regalado nada, pero prometo que mañana saldremos…
─¿Entonces no fuiste tú quién me regaló este peluche? ─le preguntó, extrañada, mientras tocaba la piel suave del conejo.
─No, no. Ese peluche no es mío, de seguro…
Pero Camila estaba tan adentrada en sus pensamientos, buscando resolver quién era el remitente, que por unos momentos no pudo seguir escuchando lo que su novio le hablaba. Alzó la mirada hacia los ojos del peluche… y éstos se movieron repentinamente. Su teléfono cayó de sus manos con el susto. El peluche caminaba hacia ella, mientras tenía leves espasmos en su cuerpo, que lo hacía crecer cada vez más. Le costó pasar a través del marco de la puerta, sus manos empezaban a volvérselos como garras, le nacían dientes filosos, los ojos rojos de rabia.
─Me… Olvidaste… Me olvidaste… ¡ME OLVIDASTE! ─rugió el conejo de peluche, como un león hambriento.
Camila gritó. Pudo ver que dentro de su boca todo era rojo, había fuego, como si tuviese el infierno dentro.
El conejo no dejaba de crecer a cada espasmo. Se iba transformando en un peluche gigante con aspecto oscuro y retorcido. Ya no cabía dentro del cuarto. La rabia lo hacía crecer cada vez que recordaba cómo día por día deseaba salir del cajón y volver a las manos de Camila.
Era frustración, odio, venganza y… tristeza.
El techo se derrumbó y creció aún más. Camila estaba arrinconada en su cama cuando el conejo de peluche se abalanzó sobre ella, queriendo comérsela y masticarle cada pedazo de su cuerpo mientras se fundía en su ira.
Se escuchó el sonido de una dentadura al cerrarse…
***
…Y se despertó gritando. Camila sudaba intensamente y su corazón retumbaba en su pecho. Lo tocó para calmárselo y darle a entender, que todo fue una pesadilla. Su cuarto estaba como lo recordaba: ordenado. Se alegró que la pesadilla no hubiese sido cierta. Revisó el teléfono y vio un mensaje de su novio:
»¿Estás bien? Escuché unos ruidos y unos gritos…
Camila de inmediato pensó que eran los gritos de su pesadilla, que se logró oír en la llamada. Pero no recordaba haberse quedado dormida. Camila quería pensar que quizás era eso…
Quizás....
¡TOC, TOC!
La joven, llena de terror y con las manos repentinamente frías, desvió la mirada hacía la puerta.
Un conejo la esperaba del otro lado.

Hace más de 2 años

2

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#4

LA CASA DEL TERROR

─Vamos, Andrés… Un ratico nada más, sólo una vez ─le neceaba su hermanita pequeña.
Andrés no quería entrar a la casa del terror. Sentía que ya estaba muy grande para ese tipo de juegos. Era una simple casa de dos pisos, con dibujos infantiles diabólicos, monstruos de maniquíes falsos y… además era muy pequeña. No durarían más de 5 minutos dentro. En comparación con las demás atracciones de aquel parque, era una hormiga al lado de un elefante.
Mejor se iría por otros, como la montaña rusa, el martillo...
─Aún nos quedan muchas entradas ─terció su otro hermanito pequeño.
Andrés respiró profundo mientras veía a sus dos hermanitos que lo miraban con una dulce insistencia, como si su vida dependiese de subirse o no, en aquella casa del terror.
Qué paradoja.
─Bueno, bueno, sí ─resopló Andrés, volteando los ojos─. Pero después no me neceen; quiero montarme en otros.
Su dos hermanitos se emocionaron y empezaron a hacer la cola. Andrés pensó que ésa casa del terror iba a ser realmente aburrida.
Nunca estuvo más equivocado.
Cuando todos estaban montados en la especie de carrito que los pasearía dentro de la casa, un maniquí disfrazado de payaso les habló a través de un altavoz:
»¡Bienvenidos a la casa del terror! Si se suben de tres, es más probable que salga uno con vida… ¡suerte!
Y se oía una risa oscura, a lo cual Andrés pensó que era la más falsa e infantil.
Sus hermanitos, acomodados en la especie de carrito, se echaron a reír de emoción. Se sujetaron a cada brazo de su hermano Andrés.
Y entraron.
Estaba todo muy oscuro. Solo había humo y un sonido lejano, como de inframundo. El carrito los paseó por una habitación donde estaba un gordo asqueroso, con media hacha incrustada en su enorme barriga, que cortaba las extremidades de unos niños. Éstos gritaban y pedían auxilio. Se veía muy real.
También los paseó por un lugar de duendes, que los veían mientras cocinaban algo con ojos, lengua, y demás partes pequeñas del cuerpo humano. Bajaron como 5 pisos, y Andrés no recordaba que la casa del terror fuese tan grande, pero se alegró un poco porque empezaba a divertirse.
Vio a otros carritos a lo lejos, que entraban por la boca de una especie de momia gigante, que abría y cerraba la boca, dejando mostrar un horno lleno de fuego.
Todos los gritos a su alrededor se apilaban como libros en un baúl. Era todo un concierto terrorífico.
Cuando salieron, Andrés pensó en decirles a sus hermanitos que irían a comer unos algodones de azúcar. Pero cuando volteó… ya no estaban con él.
Esperó y esperó. Juntos a otros familiares que también hacían lo mismo por sus hijos.
Fijaron la vista cuando vieron que tres carritos venían seguidos. En el primero, dos personas estaba sin cabezas, y había una joven traumada, abrazado a sí. En el segundo, dos niños sin ninguna de sus extremidades, muriendo desangrados. Y en el tercero… bueno, venían los hermanitos de Andrés. Ésos se los dejo a su imaginación.
Todos los presentes comenzaban a gemir bajamente, estaban tan aterrorizados y traumados que sus bocas no les dejaban gesticular un grito.
Sólo pudieron mirarse entre todos.
Expectantes, temerosos.
La advertencia era real.

Hace más de 2 años

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WitcHeart
Rango8 Nivel 37
hace alrededor de 2 años

Todas las cajas me han gustado @GatoLector. Como dirían en mi país: Estás escapado. (traducción: Eres muy bueno) También adoro escribir terror. ;)

Roger
Rango10 Nivel 49
hace alrededor de 2 años

@WitcHeart yo también amo el terror, aunque tengo tendencia al terror psicológico. Vendrán muchos cuentos más para esta caja, te gustarán ;)

WitcHeart
Rango8 Nivel 37
hace alrededor de 2 años

Segurísima estoy de que así será. Estaré atenta. :) Espero contar con tu opinión sincera si lees los míos.

Creando17
Rango5 Nivel 20
hace alrededor de 2 años

traumado quede yo con esa historia

Roger
Rango10 Nivel 49
hace alrededor de 2 años

@Creando17 me encanta que el lector quede así. Gracias por leerme! :D


#5

LAZOS ROTOS

Mi hermano Tomás y yo, éramos tan unidos que cuando nos preguntaban qué edad teníamos, le decíamos que 15. Lo cual era la suma de los dos. La gente hasta amasaba sus ojitos de ternura cada vez que nos veían, decían que eran los hijos que cualquier mamá hubiese querido tener.
Ese día decidimos jugar en el parque del patio. Allí la imaginación volaba por todas partes. Saltábamos cauchos de colores y nos balanceábamos en el columpio.
Mientras mirábamos al cielo, llenado nuestras miradas de azul, nos quedamos dormidos bajo la sombra del árbol de mango.
Pero cuando despertamos…
El cielo ya era gris, había relámpagos, un ventarrón barría toda nuestra infancia del parque, desprendiéndola como una piel muerta, y la casa... detrás de ésta había una inmensa sombra, que nos tendía la mano burlonamente.
─Entren, o morirán allí afuera ─espetó, y no sé si reía o era el sonido del viento.
Nos asustamos, mi hermano me agarró la mano y contra miedo y marea, decidimos entrar. Pero la sombra nos sonrió malvadamente:
─¡Ah! Hay veces en que se me olvida lo más importante del trato… Solo uno puede pasar.
Nos miramos, llenos de terror. Sentí que su mano apretaba la mía; me sentía protegida y a la vez indefensa. Volteamos y vimos que se acercaba una lluvia torrencial, las casas ya se derretían. Me aterroricé; no quería morir. Aún era muy joven, aún nos faltaba tantos parques y tantas risas por recorrer junto a mi hermano.
Sólo lloraba, mientras veía todo, sin saber si debía entrar… o no.
Entre lluvias, lágrimas y oscuridad… solté la mano de Tomás y entré a la casa.

Desperté.
Tenía las lágrimas secas, y me percaté que tenía fuertemente apretada la mano de hermano. Lo abracé, y su tranquilidad me hizo dormir inmediatamente.
Al día siguiente me daría cuenta que él había muerto en la pesadilla.

Hace alrededor de 2 años

4

3
TintaColor
Rango5 Nivel 24
hace alrededor de 2 años

¿pa cuando otra pesadilla?