ELA_CROSS
Rango11 Nivel 51 (7021 ptos) | Artista reconocido
#1

-Entonces... terminaste con Anne
+Si, podría decirse
Las palabras sonaban lejanas para Sara, casi no parecía que fuera él quien hablaba con sus amigos mientras ella trabajaba a su lado, tenía una sonrisa radiante en el rostro pero no tenía nada que ver con la ruptura de Anne y Jorge, era más bien otra cosa, algo ajeno a todas esas personas en la sala, que la veían y sonreían como contagiadas por su felicidad.

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HernanACalvo
Rango14 Nivel 65
hace casi 2 años

Amiga @ELA_CROSS los de Anne y Jorge era algo lejano, todos los que la miraban se contagiaban de su felicidad.


#2

-¿Por qué estas tan feliz?
La pregunta la tomó desprevenida, se acercó a su botella de agua y le dio un sorbo antes de volverse hacia Diego, le dedicó una sonrisa y soltó un “no lo sé” apenas audible.
+Es que ya casi es su cumpleaños
Dijo Héctor desde uno de los rincones de la oficina, ella negó con la cabeza sacudiendo su cabello castaño y volvió a trabajar sin ser capaz de quitar la sonrisa de su cara; repasaba el artículo que había escrito la noche anterior una y otra vez sin terminar de convencerse a si misma, cada párrafo lo leía unas tres o cuatro veces sin cambiar nada pero aún así no estaba conforme, imprimió el artículo y continuó con la exasperante tarea de corregirlo mientras escuchaba a los muchachos comentar el rompimiento que tanto habían vaticinado; ella casi no les prestaba atención, a pesar de que a veces sentía sus miradas rozarle, parecía importarle poco el tema de conversación. Jorge no parecía tener el corazón roto y eso a ella le hacía suficientemente feliz como para desentenderse; había querido a ese hombre por el tiempo suficiente, con una intensidad más que necesaria; incluso hubo un tiempo en el que hubiese dado su vida por él, pero eso era en otro momento, y ese otro momento ya había pasado y no volvería

#3

Esa certeza la mantenía tranquila, le dejaba sonreír con tranquilidad.
Sara siguió asintiendo de vez en cuando cada vez que alguno de los chicos mencionaba su nombre o hacia una pregunta general, pero no estaba escuchando y se vio atrapada en una pregunta en la que todo el mundo había respondido con una negativa mientras ella volvió a asentir con felicidad
-Sarita, ¿Estás escuchando?
La joven levantó la mirada confundida y asintió, los tres hombres se miraron antes de soltar una carcajada, ella estuvo a punto de preguntar que pasaba cuando su teléfono sonó, y el nombre del contacto la obligó a sonreír de nuevo.
-Hola… si… ¿De verdad?... ahora bajo.
Los amigos se miraron interrogantes mientras ella dejaba la oficina con rapidez, pero nadie dijo una palabra por varios segundos, el silencio solo se vio roto por el repentino regreso de la chica que se apresuró a sacar su bolsa de maquillaje, la cual solo contenía labiales, y a pintarse los labios con color un rosa oscuro antes de volver a salir con la misma prisa con la que entró. Todos vieron la puerta cerrarse y después de un par de minutos Hector habló
-A que regresa sin labial
Diego rio, pero Jorge no parecía encontrarle la broma al comentario, cerró el puño y se dirigió a la puerta dispuesto a seguirla, pero la voz de su mejor amigo lo detuvo
- ¿A dónde vas?
+A tomar aire
-Te molestó mi comentario
+…No
-No fue una pregunta
Jorge respiró profundo y volteó a mirar a Hector y a Diego que parecían esperar una declaración, nadie dijo nada pero la tensión era palpable, a pesar de que George no se amedrentó ni bajó la mirada, se encontró a si mismo tragando saliva con dificultad haciendo que el movimiento de su manzana de Adán lo delatara, Diego se apoyó contra una de las paredes esperando que alguien rompiera el incomodo silencio que se había instaurado entre ellos, pero no esperó que el silencio durara tanto como para que otra vez fuera Sara quien se encargará de romper el silencio, abriendo la puerta con la sonrisa más grande que nadie le hubiera visto, sujetando un vaso de café caliente en sus manos y efectivamente sin rastro de labial. Cuando entró y percibió el ambiente levantó la mirada y preguntó si todo estaba en orden, a lo que todos sonrieron sin disimular la poca felicidad que sentían, los chicos se acercaron a Jorge y lo sacaron de la oficina mientras ella regresaba a su puesto de trabajo a disfrutar el café.

+ ¿¡Que!?
Hector y Diego lo miraban casi con pena
- ¿Cuándo empezaste a enamorarte?
Jorge se negó a responder, se abrió paso hasta la puerta y estuvo a punto de abrirla cuando unas palabras abandonaron su boca sin siquiera preguntarle
+Sé… que un día estando con Anne, me di cuenta de que no quería nada más que a Sara besándome la frente y deslizando sus manos por mi espalda.
Ambos lo escucharon en silencio hasta que Diego dio un suspiro y le dio un pequeño golpe en el hombro a modo de pésame antes de entrar a la oficina y dejarlo con Hector
-…Ella te quería, te quiso desde que te conoció y decidió que por tu bien era mejor dejarte con Anne… pero tu no lo entendiste y ahora… bueno ahora realmente parece tarde.
También él le dio una palmada de apoyo y entró a la oficina dejando a un confundido Jorge fuera del mundo en el que existía Sara

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#4

I. BAJO LA LLUVIA
A Sara siempre le gustó caminar bajo la lluvia, pero ese día resultaba particularmente agradable, sentía que toda el agua que caía sobre su cuerpo la estaba liberando del peso que estuvo acostumbrándose a cargar durante los días de sol; su cabello generalmente lacio se convertía en un cúmulo de ondas que escurrían agua de las puntas y en su rostro se dibujaba una sonrisa bonita que tenía matices de ligera coquetería.
Daba pasitos alegres, bien podían haber sido de una niña de tres o cuatro años, que demostraban su liviandad en ese momento; no había pensamientos cruzando su mente, ni un nombre, ni un rostro, ni un recuerdo siquiera, era libre, como no había sido desde hacia varios meses cuando la partida de un ser humano la había deshecho y la había condenado a recordarle todos los días que restaban del verano. Afortunadamente ese día se había producido la primera lluvia desde que empezó el cielo despejado, y algo dentro de ella la obligó a tomar las llaves de la oficina y salir corriendo en dirección a la torrencial lluvia que pintaba a la ciudad con una serie de tonos grises; la gente a su alrededor corría y se ocultaba tras capuchas y mochilas para evitar mojarse demasiado, las paradas de autobuses estaban abarrotadas y los pequeños establecimientos de comida que tenían toldos exteriores veían la entrada masiva de clientes obstaculizada por gente que no se quería arriesgar a coger un resfriado a causa del clima.
Ella era la única mujer loca y extraña que en lugar de huir del aguacero parecía agradecerle al cielo por el mismo; se detuvo frente a una cafetería y retiro con cuidado el cabello que le caía sobre la cara, se quedó inmóvil apoyada en un faro contemplando el cielo un par de minutos antes de cruzar la calle y entrar secándose los pies en la alfombra de la cafetería, la gente la miraba con curiosidad, algunos soltaban murmullos, pero ella parecía no percatarse de la situación; dio un par de pasos antes de buscar en su gabardina el billete de 20$ que había guardado ahí en la mañana y se acercó a la barra, viendo por encima de la cabeza del cajero las opciones de café.
Le dijo hola con una sonrisa que pareció relajar al muchacho quien había empezado a lamentarse tan pronto la vio entrar al lugar, empapando el suelo con cada pisada, él le sonrió de vuelta y le preguntó amablemente que era lo que quería.
-Dame un… Blue Cinammon, ¿Es latte… cierto?
El muchacho asintió sin quitar sus ojos de los labios de la muchacha, estaban rojos y ella no parecía haber considerado dejar de morderlos a pesar de eso, tal vez le provocara dolor aunque por su expresión no podía saberlo, tal vez solo estaban rojos por el frio y no por la fricción de sus dientes contra la piel, incluso podría ser que ella solo estuviera mordiéndose para no castañear, o tal vez sus labios realmente eran rojos y no tenía nada que ver con lo anterior, sea como fuere no podía negar que tenía bonitos labios; cortó el contacto visual con ella cuando se percató de que su boca no articulaba palabra, le informó el valor y extendió su mano para tomar el billete que ella le extendía, le dio el cambio rozando su mano todo cuanto le era posible y se dirigió a la cocina.
Sara buscó a su alrededor una mesa vacía, pero después de darle la vuelta al establecimiento, descubrió que no había ninguna, se frotó las manos para entrar un poco en calor y se dirigió instintivamente hacia una de las esquinas más alejadas de la puerta.
Caminaba como dirigiéndose a la mesa de un muchacho que bebía café, solo, leyendo un libro, que a ella particularmente le había encantado; su rostro demostraba concentración, su mano solo soltaba el café para acomodarse los lentes sobre el puente de la nariz, a Sara le resultaba increíblemente atractivo, quizá fuera la forma en la que sostenía el libro frente a su rostro sin inmutarse, o la forma en la que las hojas parecían a punto de rozar su barba cada vez que pasaban; así que como siempre que se dejaba cautivar por algo, sin pensarlo demasiado se sentó en la silla frente a él llamando su atención.
-Disculpa… ¿Puedo ayudarte?
+En realidad no

Hace más de 1 año

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