Pau_fuentes
Rango11 Nivel 51 (6755 ptos) | Artista reconocido
#1

El atentado terrorista realizado en Madrid el 11 de Marzo de 2004 cobró muchas vidas,muchas historias y muchas ilusiones.

Dylan y Ana son dos jóvenes que cosechan un amor sin igual en el vagón de un tren y sin cruzar palabra de lunes a viernes se alimentan el alma.

*Inspirada en la canción Jueves, de la oreja de vangogh*

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#2

JUEVES 19 de FEBRERO

Son las siete de la mañana en la ciudad de Madrid, el tráfico comienza a inundar la ciudad. Es el sonido ensordecedor de los autos lo que despierta a Dylan esa mañana.
La luz del día entra por su ventana, haciéndolo saltar de la cama, pues el aturdidor sonido del tráfico y la fuerte luz que inundan la habitación sólo pueden significar una cosa... está por amanecer y el debería estar listo para ir a su trabajo.
A unas veinte cuadras de distancia; Ana se toma una tercera taza de té, mientras le da de comer a su pequeño cachorro. Su actitud es opuesta a la de Dylan.
Ella disfruta de cada ruido matutino, despierta antes que salga el sol y ésta lista antes de tiempo.
Cuando el reloj marca las siete de la mañana; Ana se encuentra frente al espejo, se recoge su melena castaña en una coleta alta, amarra los cordones de sus zapatillas y revisando que su Jean no se vea muy desgastado y que su suéter no dejé motas en cada rincón; sale de casa. Hoy es el inicio de sus exámenes, pero está tranquila, había estudiado toda la semana, se siente preparada y camina a paso seguro hasta la estación del tren.
Dylan sale de casa sin desayunar, ni darle de comer a su pequeño pero gordo hámster. Corre contra el tiempo, mirando; a cada minuto su reloj de pulso, mientras corre a la estación del tren, deseando encontrar uno directo a su trabajo, pero al llegar a la taquilla, la joven encargada de vender los boletos le informa que el directo acaba de salir de la estación. Dylan, lanza maldiciones inaudibles para la inocente joven y mirando desesperado por enésima vez su reloj, pide un boleto para el tren que está próximo a salir, siempre y cuando lo ayude a llegar a su destino.
Cuando el joven aborda el ferrocarril, este está a reventar, se sienta en el primer lugar que encuentra libre, pero se arrepiente al instante, pues un niño pequeño llora en el asiento de enfrente.
Dylan cierra los ojos y se acomoda en su asiento, intentando no pensar en los gritos del niño; ni en el regaño de su jefe por llegar unos minutos tarde. Milagrosamente su primera preocupación desapareció; el niño cambio su insoportable llanto por unas melodiosas carcajadas, él confundido abre sus ojos, los cuales quedan fijos en la muchacha de suéter fucsia que llena de vida el insípido vagón, fue ella quien cambio el llanto del pequeño por risas. Mientras el niño reposa en las piernas de su madre, la joven lo calma jugando con un colorido llavero.
Ana se entretiene con el pequeño José, cada día se encuentra con el niño en el tren y juegan hasta llegar a su parada; la chica toma cada mañana el mismo tren, ha llegado a conocer a algunos de los pasajeros, a su lado derecho está el señor Rogelio, siempre le hablaba sobre su hijo, que está pronto a graduarse de médico, el no hace más que decir lo emocionado que está por asistir a la graduación de su hijo, incluso Ana llegó a sentirse entusiasmada uno que otro día mientras lo escuchaba hablar, frente a ella está un chico hasta ahora desconocido, nunca lo había visto en el tren, o al menos en ese vagón, era guapo ,muy guapo… , su camisa de cuadros y su Jean clásicos lo hacían ver interesante, sintió pena por ella, tan desarreglada e insípida, no se imaginaba que Dylan la miraba cada minuto, que sentía la necesidad de mirarla a cada segundo. Ella clavó sus ojos marrones en él, no creía en el amor a primera vista; tampoco podía catalogar los fuertes latidos de su corazón como amor, pero ese chico definitivamente era digno de ver, algo que ella no podía dejar de hacer, su mirada siempre se desviaba hasta el muchacho, que parecía no fijarse en ella, según pensaba.
Dora, otra de las grandes acompañantes de viaje de Ana se encuentra junto a Dylan. Ella sólo abordaba el tren los jueves, Para ir a visitar a su marido al centro de rehabilitación, donde está internado desde hace unos meses, la señora, mira atentamente a los dos jóvenes, pues ella ha notado la mirada de uno fija en el otro y los observaba un tanto divertida.
La segunda preocupación de Dylan había desaparecido, también a causa de la linda muchacha, no porque su jefe no lo riña al llegar a la oficina, la razón es otra, ella había parado el tiempo para él, ya no le preocupaba llegar un poco retrasado o incluso no llegar, podría mirarla todo el día, tan alegre, natural y fresca.
Aunque el viaje a sus destinos duraba aproximadamente una hora, ambos los sintieron como segundos…
Ana presentó su examen en la Universidad (sin dejar de pensar en quien deseaba fuera su nuevo compañero de viaje) y Dylan llegó a la oficina con una sonrisa, animado comenzó sus tareas y compensó su retraso con un poco más de trabajo.
Al final para él había valido la pena.

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#3

Viernes 20 de febrero

Dylan despierta sin necesidad de que suene su alarma, el joven no recuerda cuando fue la última vez que despertó tan feliz, lleno la comida de Rorry, su hámster y luego de tomar una cargada taza de café sale a la estación del tren.

Ana se prepara al otro lado de la ciudad, esta vez se toma más tiempo frente al espejo, peina de más su cabello., se cambia de suéter por lo menos tres veces hasta encontrar uno con el que se siente satisfecha.

Ambos caminan en el mismo sentido y no es solo la dirección de sus pasos hasta la estación del tren lo que los conecta en esa fría mañana.

Dylan espera junto a la taquilla que la chica del día anterior llegue a comprar su boleto, con la esperanza que sea a la misma hora que ayer y en el mismo tren. No tuvo que esperar más de cinco minutos cuando la joven entró en la estación, con una hermosa sonrisa, irradiando ternura y entusiasmo se acerca a la taquilla, sin notar la presencia de Dylan.

— El mismo de siempre — dice Ana, saludando con entusiasmo a Carlie, la chica de la taquilla.

— ¡Que linda estás hoy! ¿Algo especial? — le pregunta la chica mientras le entrega los boletos.

—No, nada en especial —dice sonrojándose, se llena de vergüenza ante la mirada de Carlie y se va de la taquilla sin reclamar sus vueltas.

— ¡Ana!— le grita la chica — Tus vueltas ¿segura que estás bien?

—Si, son los exámenes.

—Ana...— Carlie, le lanza una mirada pícara a lo que Ana contesta sonrojándose de nuevo.

Al llevar dos años viajando en el mismo tren había tomado un poco de confianza con Carlie, pero dicha confianza no pasa los límites de un saludo y cualquier conversación sin gracias, como el clima, las clases o el trabajo, por lo que no se siente en suficiente confianza para contar la verdadera razón de su distracción y el intento por verse mejor, el chico que vio ayer en el tren. Afortunadamente no lo hizo, pues Dylan estaba atento a la conversación, intentando recolectar más información sobre Ana, ahora sabe su nombre, que es una estudiante y cada día toma el mismo tren.

Dylan compra rápidamente el boleto para el mismo tren del día anterior, con la certeza de encontrar a Ana en el, corre hasta alcanzarla y sigilosamente la sigue hasta el vagón, Ana busca en cada rincón el rostros del chico del día anterior, sin sospechar que viene tras ella, se sienta en el lugar de siempre decepcionada al no encontrar al joven, pero su rostro se ilumina al ver a Dylan sentarse frente a ella.

Comienza el juego de miradas entre ambos pasajeros, uno frente al otro va y viene el silencio. Dylan no puede dejar de mirarla, es como un imán que lo atrapa, nunca tiene suficiente de ella, cuando sus miradas a cruzan él no puede evitar lanzar un pequeño suspiro y apartar la vista inmediatamente ¿me estoy volviendo loco? Se preguntó a sí mismo, prometió no mirar a Ana en lo que salía el tren de la estación, pero no pudo luchar con el impulsó de mirar hacia el frente y buscar sus hermosos ojos, sólo se había cruzado con ellos un par de segundos, pero habían sido suficientes para robarle un suspiro. Ana no se quedaba muy lejos, pues al cruzar su mirada con él, sintió su corazón salir del pecho, el color tomó sus mejillas y un intenso calor corrió por su cuerpo, pero esa extraña sensación desapareció en cuanto el hermoso chico desvió su mirada.

¡Soy una tonta! grito para sus adentros, regañándose a sí misma por imaginar por un segundo que él había fijado intencionalmente su mirada en ella.

Al llegar a sus destinos, Ana se encamina hasta sus clases, pero le es imposible concentrarse, sintiéndose poca cosa por no llamar la atención del chico del tren.

Dylan fue directo a su trabajo, a diferencia de Ana, este tenía una sonrisa de oreja a oreja y acordó con su jefe trabajar extra para compensar sus llegadas un poco tarde, pues había decidido que seguiría rechazando el tren directo y escogería ver a Ana.

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#4

Lunes 23 de Febrero.

Es inicio de semana. Dylan despierta refunfuñando, se siente tan cansado como cada lunes, a pesar que sus fines de semana siempre son iguales (ver televisión, jugar con Rorry, comer, adelantar trabajo y dormir) este había sido algo distinto a los demás. Ana, la chica del tren había aparecido un par de veces en sus pensamientos, que digo un par, una docena. Su negación para aceptar que esa desconocida ésta adueñándose de sus días y que es ella la razón por la que su corazón late con fuerza cuando va camino a la estación del tren, se contrapone a esa sonrisa tonta que se dibujaba en su rostro al recordar su voz y sus hermosos ojos marrones.

Su negación dura poco, pues al estar frente la taquilla rechazó el directo y escogió el otro tren, escogió a Ana.

Dylan aborda el tren mirando cada vagón, buscando la alegría de Ana, su melena castaña y sus lindos ojos, pero no la encuentra. Se sienta en el lugar de siempre, la silla de enfrente estaba vacía, deja su mirada fija en la entrada del vagón pero la chica no aparece. Cuando llega a su destino, baja decepcionado del tren, llega a su oficina sin ánimo y siente el trabajo el doble de pesado.

Ana, que no había tenido clases hoy está recostada en su cama, junto a su pequeño cachorro de raza Pomerania llamado Marco a quien le cuenta las ganas que tiene de ver al chico del tren.

— ¿crees que me gusta? —le pregunta al cachorro, que le responde lamiendo su mejilla.

— yo apenas y lo he visto, no puede gustarme ¿es eso posible? Ni siquiera se su nombre. — esta vez Marco lanza un fuerte ladrido y mueve su cola peluda.

— ¡Claro!— grita Ana—mañana obtendré su nombre de algún modo ¿te parece buena idea Marco?

El canino mueve su cola y lanza ladridos, dándole ánimos a su dueña. 

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#5

Martes 24 de febrero

Ana despierta a su hora habitual, le da de comer a Marco, se da una ducha rápida y se coloca lo primero que encuentra, dedica mucho tiempo a arreglar su cabello y por primera vez en meses se aplica un poco de maquillaje. Se dirige a la estación del tren, con la esperanza de cumplir la meta trazada el día anterior, conseguiría el nombre de ese chico que se estaba metiendo en sus pensamientos.

Dylan se despierta exhausto, el día anterior no había terminado de comunicarse con todo los clientes y debía entregar el informe al llegar a la empresa. Sale directo a la estación del tren, y compra el mismo boleto del día anterior, Ana lo observa desde la taquilla, en una posición estratégica para pasar desapercibida, una vez comprados los boletos Dylan se dirige a un lugar silencioso para adelantar un poco de trabajo, no puede evitar desviar la mirada y buscar a Ana, necesita verla, no había dejado de pensarla en todo el día, sentía miedo de no volver a encontrarse con ella, pero no sospechaba que ella estaba justo en el lugar en el que no fijó su mirada, tras él, caminando con paso firmé y decidido.

Cuando por fin encuentra un lugar poco concurrido saca su teléfono y marca un número de la lista de clientes, deseando que le conteste Y resuelva todo antes de subir al tren.

—Buenos días señor Rodríguez, le habla Dylan, soy su vendedor asignado.

Ana, que como se lo había propuesto el día anterior siguió al chico sin llamar su atención escucha atenta la conversación, al final conseguir su nombre fue mucho más fácil de lo que pensó, pero no menos satisfactorio.

Dylan, Dylan, se repite Ana una y otra vez, pensando cuán lindo es su nombre, tan lindo como él .Ella sube al tren, encuentra su lugar, el de siempre y mira con ilusión el asiento vacío frente a ella, que minutos después es ocupado por Dylan, quién siente su corazón desbocado al visualizar frente a él a la hermosa castaña y como un imán que lo atrae y una trampa que lo atrapa la mira, pero en cuanto sus miradas se cruzan, nervioso la desvía rápidamente.

Ana juega con sus dedos nerviosamente, con la mirada baja, pero no puede evitar dirigirla a Dylan, quiere fotografiar su rostro en su mente, para tenerlo siempre presenté, aunque no parecía necesario, pues el chico aparece cada minuto por sus más íntimos pensamientos, cuando menos lo espera ¿se estaba enamorando de un completo desconocido? No lo sabía, tampoco lo creía, pero se sentía muy bien. Desde hace mucho tiempo no se sentía viva, su vida se había vuelto una simple rutina, su personalidad tímida pero arrolladora podía engañar a cualquiera, tan introvertida, pero siempre irradiando felicidad con su enorme sonrisa, desde que había visto por primera vez a Dylan, su sonrisa tenía un motivo, guarda cada gesto, cada movimiento que el realiza en el viaje y lo reproduce durante todo el día, sonriendo como una tonta e imaginando una historia juntos, estaba imaginando una vida con un completo extraño, alguien que conoce hace menos de una semana, no imagina un matrimonio y mucho menos una enorme familia, por su mente cruza tomar un café, ver una película o simplemente sentarse juntos en el tren cada mañana.

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#6

Miércoles 25 de febrero

Ana mira al cielo oscuro y nublado de la mañana y no puede evitar esbozar una hermosa sonrisa, pues es una amante de la lluvia, los días nublados y un buen café.

Cuando va camino a la estación del tren pequeñas gotas de lluvia comienzan a caer sobre su rostro, la incomodan un poco las primeras, pero luego sólo las disfruta. Le hace gracia ver como todas las personas que caminan a su alrededor corren a cubrirse ¿Acaso los va a matar un poco de agua? Ella simplemente ama la lluvia, desde una pequeña llovizna hasta un gran diluvio es para ella el paraíso y uno de los más grandes placeres de la vida.El estómago de Ana comienza a rugir al sentir el irresistible olor del pan recién horneado. La lluvia ha despertado su hambre, aprovechando que no ha desayunado entra en la pequeña panadería para darse el gusto del día.

Dylan sale de casa con paso apresurado, mirando el oscuro cielo, rogando que la lluvia no caiga antes de llegar a la estación y arruine su día, pero sus peticiones parecen no ser escuchadas y a sólo unos pasos de su casa, pequeñas gotas comienzan a caer. Dylan maldice por lo bajo y apresura el paso antes de que el torrencial aguacero caiga sobre él, buscando por cada lugar un techo donde parar y asegurar sus documentos. En cuanto la pequeña panadería de carpa azul entra en su ángulo de visión apresura el paso. El delicioso olor a pan fresco inunda sus fosas nasales y al dirigir su mirada dentro del pequeño local ve a Ana terminando su desayuno. Dylan se queda de pie observando a la hermosa chica tras el cristal, cual vagabundo hambriento.

Ana retoma su camino hacia la estación del tren como si las gruesas gotas no le afectarán, tras ella Dylan imita sus pasos, parece no sentir la lluvia sobre su piel, para él había salido el sol.

Es luego de llegar a la estación y estar de pie en la enorme fila para la taquilla cuando Ana se percata de la presencia de Dylan. Un poco aburrida por la larga espera gira sobre sus pies y se encuentra con el chico tras ella, siente su corazón latir a toda velocidad. Dylan tiene su mirada fija en el reloj de pared ubicado sobre la taquilla, aunque en realidad solo intenta tener su atención en otra cosa, en alguien que no fuera la chica que tiene frente a él y por eso no se percata de la penetrante mirada en él.

Es difícil para Dylan no fijarse en Ana y unos minutos después de su fallido intento por desviar su atención a cualquier otro lugar clava su mirada en la muchacha que ya está de espaldas a él.

La fila parece no avanzar. Ana gira un par de veces su mirada hasta el apuesto chico tras ella y él parece no fijarse, pero en realidad cada vez que Ana gira hacía el, Dylan desvía su mirada, con el corazón galopando como un caballo desbocado.

¿Por qué no puedo mirarla a los ojos? ¿Y si debo hablarle? ¿Será está mi oportunidad?

Fueron esas preguntas las que atormentaron a Dylan durante el tiempo de espera

¡Si me mira le hablaré! Se dice el chico a sí mismo repitiéndolo una y otra vez, esperando el nuevo movimiento de Ana hacia él, pero la chica se había resignado a sus intentos fallidos de buscar su mirada o captar su atención Y espera en su lugar su turno a la taquilla.

Ana se enfocó tanto en no guiar su atención a Dylan que no se había percatado que al otro lado de la taquilla no estaba la misma chica de siempre, esta vez esta un chico, apuesto, rubio, de ojos azules y cuerpo fornido, pero no era el tipo de Ana, los chicos que podían robar los suspiros de nuestra protagonistas eran del tipo de Dylan, definitivamente Dylan es su tipo.

— ¿Cuál es tu destino preciosa?

Ana simplemente pide su pasaje e ignora el coqueteo del rubio, pero para Dylan tal comentario no pasa desapercibido haciendo que le hierva la sangre cada vez que el joven clava la mirada en Ana.

El chico toma la mano de la joven por más tiempo del necesario al entregarle su tiquete, Dylan siente unas ganas inexplicables de separarlos y posiblemente volar le los dientes.

Cuando llega su turno de comprar su boleto mira al chico con cara de enfado e intenta fastidiarlo hasta el cansancio.

— ¿Acaso eres idiota tío? ¡Te he dicho tres veces mi destino!

— Disculpe señor, soy nuevo en esto Y...

— ¿Crees que ese es mi problema?

Cuando por fin le entregan su boleto lo arrebata de las manos del apuesto chico rubio ¿Qué ha sido eso Dylan? Se pregunta a si mismo antes de subir al tren.

Nunca le había pasado algo parecido, no había sentido esa cruel sensación quemando su pecho con ninguna otra chica, ni siquiera en sus relaciones más estables y duraderas ¿Quién es esta extraña que está robando mi calma?

En cuanto sube al tren busca a Ana en el lugar de siempre, el asiento frente a ella está desocupado, esperando por él, pero no puede, no quiere, él debe alejarse de ella, lo que siente no es normal ¡Que es una extraña! Se repite una y otra vez, mientras la ve a unos asientos de distancia.

Ana siente su corazón oprimido al ver que Dylan no tomaba el asiento de siempre, frente a ella. ¿Acaso pensaste que se sentaba en ese lugar por ti? ¿Fuiste tan tonta para pensar que le interesas? ¡Que ilusa eres! Se recriminó la chica en todo el trayecto, sin imaginar que la respuesta a todas sus preguntas era un sí.

Dylan si se sienta en ese lugar por ella.

Dylan si está interesado en ella.

Pero él tiene miedo de lo que siente, de ese extraño sentimiento, de cadaextraña sensación que lo invade cuando ella está cerca o cuando aparece en suspensamientos    

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