DuneAyane
Rango9 Nivel 44 (4068 ptos) | Escritor autopublicado

Si sois de los que me habeis leído de pasadas, sabreis que hubo un año en el que me apunte a este gran reto. Este año me he vuelto a plantear hacerlo y finalizarlo. Así que dicho esto, os dejaré con los retos que publicaré en el blog, así como una breve explicación, que tambien podeis encontrar en Literup, pero de todas formas os dejaré la lista por aquí y el enlace a la pagina del post.

Hace 10 meses Compartir:

3

9
1234
Rango11 Nivel 51
hace 9 meses

Amigo y amiga DuneAyane, lo importante es lo importante y lo demás es secundario (me suena que está tontería la dijere alguien antes que yo). Llegar, la meta, no es lo importante; la felicidad hallada en el camino por el idiota, tampoco; lo importante es la alegría, la fuerza de voluntad que le mueve. Usted siga a lo suyo, persevere, porque en perseverando... (concluya usted que no se me ocurre).

DuneAyane
Rango9 Nivel 44
hace 9 meses

@Flaneta la fuerza de voluntad que mueve a una persona para conseguir un objetivo tambien se le puede considerar felicidad, porque si no estuviera de acuerdo con ese camino tomado, no estaría ahí perseverando. Un saludo.


#2

Podeis leer tambien este post en mi blog elrinconduniano.blogspot.com o en mi perfil de wattpad @ayanedune

#3

"ESTOY MUERTA" - 1/52 retos de ELDE

Época de examenes, primer día. Arrastrando sus pies entra en casa. Sus padres se quedan mirando como su hija, con el alma casi saliendo por los cuatro lados, camina hasta su cuarto. Le preguntan si va a cenar algo, pero no obtienen respuesta. Ambos se miran, entienden que su hija pueda estar cansada, deciden no hacer nada. El padre, preocupado por el estado de esta, decide ir a hacerle una visita para animarla, pero la madre, creyendo que la podrían molestar, decide que no haga nada. Los dos se quedan al otro lado de la puerta.

Amanece, la puerta se abre. La joven estira sus brazos hacia arriba. Camina bostezando, como si nada hubiera pasado. Parece renovada. Se sienta en la mesa, a desayunar lo que había preparado la madre. Asegura que está muerta de cansancio. Los dos se miran, preguntandose por qué su hija decía eso, si parecia que estuviera bien.

Escuchan caer las llaves sobre la mesa de la entrada. A alguien tararear como si nada. El padre se levanta del sofá del salón y ante la atenta mirada de la madre, sale a recibirla. La joven se acerca, le da un beso en la mejilla y se da la vuelta mientras sigue bailoteando. Cierra la puerta, al otro lado se escucha como sigue cantando. Camina hacia esta, pero ve como su mujer lo intecercepta. Cree que lo mejor es dejar que siga de buen humor.

Era la hora de cenar, sale como si nada, con su pijama. Vuelve a decir que está muerta. Coje de todo lo que ve en los platos, come como si nada. Su madre, sorprendida por las palabras y la actitud, decide preguntarle si todo está bien, a lo que esta responde asintiendo con la cabeza. Llena su estomago de todo lo que pilla, toma un pequeño postre, y vuelve a su habitación. Ambos se quedan sin saber qué hacer.

Escuchan la penuria por el pasillo. Vuelve a arrastrar sus pies. Su padre, harto de ver esos cambios tan bruscos. Sale a recibirla, pero parece que no está ahí, pasa por delante como si nada. Entra en la habitación. Se acerca a la puerta, preguntando si va a cenar, pero solo escucha una respuesta. <>. Su madre, al escuchar eso, pone la mano en el pomo, pero ven que está puesto el pestillo. El padre intenta forzarlo, pero nada, no consiguen abrirla. Escuchan como la ducha del baño interior se abre, suspiran aliviados.

Esperan a que salga, pero pasa el tiempo y no ven ninguna señal. La madre se levanta y entra. Ve que está dormida. Se acerca para acariciarla, pero el hombre le dice que no la toque, pues puede despertarla. La mujer, de puntillas, sale sin hacer ruido.

La puerta de la entrada se cierra. Alguien saluda alegremente. Reconocen su voz. Otra puerta se escucha, es la de la habitación. Los dos salen, curiosos por saber dónde está su hija. La madre es la primera en acercarse a la habitación. Da dos toques. Nadie contesta. Abre sin decir nada, pero allí dentro no hay nadie. Piensa que puede estar en el baño, pero tampoco. Salen de nuevo, y curiosa, vuelve a abrir. Esta en la cama, durmiendo como si nada. Asustada por lo que acababa de ver, le pide a su marido que haga lo mismo. Al abrir la puerta, ve que la chica está bailando encima de la cama con los cascos.

#4

SENTADA - 2/52 Retos de ELDE

Sé que estoy sentada, siento el frío en la parte inferior. Quiero moverme, pero noto que mis piernas están cruzadas. Sé dónde estoy, pero a la vez me siento perdida. Por la ventana entra la luz suficiente como para poder mirar a mi alrededor, pero me siento como si no pudiera ver nada. No hay nada que pueda estar inmovilizandome, pero no entiendo por qué mis piernas siguen así, por qué no puedo ponerme de pie. A pesar de poder mirar a todas partes, no veo la silueta de la cama. Veo a mi primo, tumbada sobre la suya, la mía tendría que estar al lado, pero no sé por qué no siento que ese objeto lo sea. Estoy cansada, quiero poder darme le vuelta, el cuello me duele de tanto moverlo. Cuando saco las fuerzas de donde nunca creí tenerlas, consigo hacerlo y allí la veo. Me arrastro hacia ella, creo poder llegar, pero a mitad de camino me siento observada. Muevo las manos con rapidez, consigo subirme encima y me escondo entre las sabanas.

Creí haber conciliado el sueño por mucho tiempo, pero vuelvo a abrir mis ojos. Otra vez esa presencia, pero un poco más débil, pero no tanto como yo creía. Empiezo a sentir una presión en el pecho, un dolor en el brazo, con un poco de escozor. Ya no me siento a tientas, así que me incorporó en la cama y alzo la manga de mi camiseta. A simple mista solo parecía un rasguño, pero conforme iba pasando el tiempo, lo que parecía ser una simple rozadura, pasó a ser una mano marcada, como si alguien me hubiera tomado a la fuerza. Creí que podría haber sido jugando, pues eramos unos brutos, pero aquella mano era sobrehumana, nuestras manos eran minusculas y anchas en comparación con aquellas. Los dedos eran largos y finos, como si de un cuerpo sin vida se hubiera tratado.

#5

LA GATA QUE SOÑABA CON UNA CERILLA Y UN BIDÓN DE GASOLINA - 3/52 retos de ELDE

Lisbeth merodeaba por los tejados de Suecia. Llevaba un rato intentando hacer tiempo, pues creía que la oficina de Millenium estaría vacía. Las luces delataron lo contrario. Llegó de nuevo a la cornisa y se quedó sobre esta, sentada. Todo estaba oscuro, así que su cuerpo negro como el tizón era un buen camuflaje. Fijó sus ojos en la entrada. De repente, y sin previo aviso, comenzó a nevar. No quiso abandonar su posición, aunque se aprovechase del color de su pelaje, cualquiera pudiera darse cuenta de su presenciasolo con fijarse, pero al almacenarse a su alrededor, sus patas comenzaron a arder. Dio un salto al suelo de la azotea y caminó por encima de la nieve, apenas pisando en ella. Si cualquiera le hubiera visto, hubiese creido que el suelo era lava. Encontró un resquicio donde aun no se había acumulado e hizo de este, su refugio.

Los viajes fueron eternos, de la cornisa hasta el refugio, y de este hasta la cornisa, pero parecía que allí dentro se hubiesen tomado un par de cafés. Maulló de la rabia y se volvió sobre sus pasos. Había dejado una bonita estampa de tanto moverse. Se acurrucó de nuevo en la zona y apoyó su cabeza entre las patas. Recordó el pedido de Ratón y quiso pensar por qué necesitaba algo de dentro de la oficina de Michael. Él mismo le aseguró que nada más entrar sabría de lo que se trataba, pero no se le pasaba nada por la cabeza. ¿Un disco duro? ¿Un USB? ¿Un par de documentos que comprometiesen la actividad de Ratón en las redes? Sabía que era un hacker, pero era de los buenos, no hacía nada ilicito las redes ¿Por qué Michael estaría tan interesado en ello? Aquello, por suerte, le permitió no dormirse. Alzó su cabeza, trató de repasar todo aquello que consiguió sonsacar del portatil del periodista cuando lo consiguió hackear, pero en el, lo único de interés eran datos sobre ella.

Ya había pasado mucho tiempo, la luna se había cambiado de lado, todas las probabilidades estaban a su favor. Se acercó con prisa a la cornisa y se quedó sobre ella. Fijó la mirada en las puertas, viendo que no había señal de vida allá dentro. Era su momento, se volteó y bajó por una escalera de emergencia que había. Ya en el suelo, se paró, para escuchar que no hubiera nadie lo suficientemente cerca. Cuando todo estuvo en un aparente silencio, cruzó la calle con rapidez para evitar los coches y se apegó a la pared. Contorneo su cuerpo junto a esta, mirando todas las ventanas, hasta fue capaz de voltear el edificio. Una vez que lo hizo, dio con la suerte de cara. Una de las ventanas se había quedado abierta. Tomó cierta carerilla, preparó todo su cuerpo y saltó, enganchandose con una de las patas. Con la otra trató de abrir el resto de la ventana, pero no tenía tanta fuerza, no se había acostumbrado a ese delicado cuerpo de gato. Encontró la manera de poder abrirla con mas facilidad. Empezó a balancearse y con la inercia de este movimiento, le daba un toque a la ventana, así hasta que se fue de su alcance y pudo subir todo su cuerpo. Cayó sobre una mesa de escritorio, con tan mala suerte que sus patas aterrizaron en 4 papeles distintos. Se espatarró y su barbilla se dio contra la tabla de cristal. Estuvo un buen rato mordiendose la lengua, pues no quería gritar de dolor, no sabía si estaba sola por completo. Recuperó el equilibrio y sacudió su cuerpo. Se sentó, pues no sabía cuanto ruido había ocasionado, y quedandose quieta, conseguía escuchar todo a un kilometro a la redonda. Una vez tranquila, decidió recorrer toda la oficina.

#6

Nada que pudiera ser de interés, ni una palabra sola mencionado a Ratón. No entendía las palabras del solicitante, y tampoco por qué se lo había encargado a ella, sabiendo toda la que se le venía encima. Suspiró y trató de mantener la calma. Siguió rebuscando entre los cajones, hasta que escuchó algo tras ella. Se giró, silenciosa y atenta a todo tipo de movimiento. Escudriñó la zona, pero no había ninguna amenaza cerca. Se volteó, sintiendo que debía darse prisa, pero no tuvo otra oportunida más, las luces de la oficina se encendieron. Dejó todo con lentitud, se separó de la cajonera y quiso saber el rostro de quien la había descubierto. Maldito perro y asqueroso Ratón, ahora entendía por qué lo encontraría con facilidad, ya que ella no debía hacer nada, era una trampa. Michael, con rostro triunfante, clavó sus pupilas sobre ella:

-Ha pasado mucho tiempo Lisbeth -dijo este- te necesitaba para hablar de un par de cosas.

-No tengo nada de que hablar contigo, Michael -respondió a la defensiva- solo he venido a hacer mi trabajo.

Michael sonrió, diciendo que no quería parecer grosero, pero que ese era su encargo, hablar con él, pues necesitaba preguntarle un par de detalles para el futuro número de la revista. Lisbeth negó con la cabeza, se había prometido así misma nunca volver a relacionarse con ese maldito periodista, pero parecía que no lo iba a tener tan fácil.

Sentada sobre una silla, lamía sus patas, mientras escuchaba los ladridos de Michael. Este intentaba que participara un poco en la conversación, obtener respuestas, pero ella no parecía estar dispuesta. Le gruñó, haciendo que Lisbeth dejara de chupar su pata izquierda. Creyó haber llamado su atención, pero de repente vio como empezaba a asearse la pata derecha:

-¡No ves que intento ayudarte! -gritó Michael- ¡La policia puede culparte de lo que sea, no estás en una buena situación!

Lisbeth dejó de lamerse la pata, volviendo a ilusionar a Michael, pero decidió recostarse a un lado para poder llegar a sus partes nobles:

-¡Lisbeth, por dios! -se quejó Michael- ¿No puedes aguantarte un poco?

-He estado horas fuera de casa, subiendo por tejados llenos de mugre, agua sucia y hojas -respondió ella- presiento que no me vas a dejar salir de aqui hasta que no te diga algo que sea de tu agrado, y yo no voy a dar mi brazo a torcer ¿Quieres seguir escuchando mi olor a gata muerta?

El periodista alzó sus manos, intentando disculparse. Pensó y dijo que podían llegar a un acuerdo, si le contaba el más mínimo detalle, la dejaría ir y no volvería a saber nada de él, cortarían toda relación. A Lisbeth le pareció ganar esa batalla, pero perder la guerra. En su rostro se reflejó que no estaba conforme:

-¿Qué te parece?

No contestó. A Michael se le acabó la paciencia y la cafeía entre sus venas. Sabía que lo mejor era dejarla ir, para luego contactar con Ratón, ya que a este tambien le interesaba algo que él tenía. Le hizo saber que podía marcharse, así que Lisbeth, de un salto en el suelo, se dirigió hacia el exterior, pero esta vez por la puerta principal.


<> apareció en el escritorio del ordenador de Michael. Lisbeth no pudo evitar esbozar una sonrisa. <> siguió otra nota, que le hizo no sonreir tanto. No supo si contestar o hacerse la dormida, pero algo le hizo apoyarse en el teclado, y escribir unas cuantas letras sin sentido. <> dijo Michael, asustandola. <> preguntó Lisbeth. Michael tardó en contestar, asi que Lisbeth volvió a escribir. <>. Creyó que asi le haría saltar, pero parecer ser que no surtió efecto, o simplemente se fue a dormir. Por su cabeza navegó la vaga idea de que él pudiera estar junto a la zorra de Erika, y algo se removió en el estomago de la gata Lisbeth. Sintió que podía ser nauseas, el amor le hacía estar así, pero notó que algo le rascaba en la garganta, era la bola de pelo producida por la sesión de limpieza, momento el cual aprovechó para ir al baño.

Prendió el ordenador y mientras se preparó un tazón de leche. Cuando se sentó delante del PC, puso la contraseña y salió el escritorio. Vio una notificación que emergía de la esquina inferior derecha. Cuando clickó en ella pudo saber que era un mensaje de Ratón. Quería saber si había encontrado lo que él le pedía. <> fue lo único que le contestó. <>. A Lisbeth le molestó aquello, pues no tenía importancia, la había vendido al mismisimo diablo, sabiendo cual era su situación. <> respondió Ratón. <> respondió la gata. <> fue lo último que recibió por su parte, hasta que otra notificación emergió. En esta le urgía hablar con Michael, pues podía ayudarla. Ella había tenido conexión con Ratón, así que la policia podía estar al acecho, y si conseguían llegar hasta él, llegarían hasta todos los hackers con alguna actividad comprometida en contra del gobierno, ella era un mal mayor que debían subsanar, pero la amistad iba por encima de todo, un error que pagarían caro si Lisbeth no decidía tener relación con Michael. Ella no quería volver a pasar por esa zona, habían pasado demasiadas cosas, así que pidió que se encontraran en su madriguera o nada. Ratón no tuvo otra que aceptar, pues sabía que no habría otra oportunidad.

Llegó a la zona y se coló por la puerta de atrás. Recorrió el sotano hasta llegar a la escalera que conectaba con las zonas comunes del edificio. Subió deprisa, evitando cualquier tipo de animal que pudiera verla. Llamó a la puerta y ratón la abrió. Entró en la casa, pidiendo que tuviera cuidado, pues el tamaño de ambos era diferente y había riesgo de que rompiese algo, y que esto fuese muy importante. Le ofreció asiento, en un sofá diminuto, pero donde le cabía el trasero a la perfección. Ratón aseguró que Michael estaría apunto de llegar.

Tras pasar una hora, el timbre sonó y Ratón se levantó de su silla gaming para acercarse. Cuando abrió la puerta, Lisbeth escuchó como ambos se saludaban, y el roedor le decía que estaba allí. En ese mismo instante tuvo ganas de marcharse, pero cuando lo vio aparecer por la puerta, sabía que ya no tenía escapatoria. Ratón se quedó pensativo, pues si Michael entraba, no habría casi sitio, pero este aseguró que no le importaba estar de pie, pues sabía de sobra que Lisbeth estaría incomoda, así que intentaría decir todo cuanto antes y llegar a un acuerdo. Sin haber comenzado a hablar, la felina ya estuvo de acuerdo en todo, pero con la condición de que él sería quien desvelase todo, ya que no deseaba hablar con la policia. El can se quedó a cuadros, no pensó que pudiese ser tan fácil, pero ahora se planteaba otro problema:

-No tengo todos los medios de la policia para exponer tu caso Lisbeth -dijo Michael- podrían buscarme problemas a mí, ya entiendes tu propia situación.

-Aquí la que pongo las condiciones soy yo -respondió sin dar pie a más conversación- no quiero ser la que más se exponga.

Ratón intervino, alzando su mano mientras decía que él podía entrar en los servidores policiales, y así Michael poder utilizar la baza de fuente anónima. Michael, cruzado de brazos, decidió pensarlo un momento, pero al ver que Lisbeth estaba de acuerdo con ello, decidió aceptar la propuesta. Se acercó a mano, extendiendo su pata a ella y esta la estrechó con la suya. Nadie diría que en otro momento de sus vidas, aquellas manos llegaron a otros lugares.

#7

RUPTURA - 4/52 RETOS DE ELDE

Me encuentro aquí, sabiendo que las cosas no saldrán como espero. Dejamos de amarnos, sin entender lo que ocurrió. Quiero que todo vuelva a ser como era, los dos disfrutando de la vida, sintiendo la libertad en nuestras carnes, recorriendo la costa en coche, sintiendo el viento en nuestras caras, pero con las discusiones que hemos estado protagonizando, sé que esos momentos que vivimos, ya no serán así, la confianza se ha perdido.

Me miras, como si fuese un delincuente, culpable de todo lo que ambos nos hicimos. No sé a que esperas a seguir tu camino, pero veo que seguirás aquí, entorpeciendo mi camino. Aprendí a aceptar errores y pedir perdón, pero no tomé la lección de como evitarte.

#8

LA GUERRA POR EL MAR - RETO 5/52 DE ELDE

La preocupación en el reino se ramificaba en toda la fortaleza. Los vecinos de las casas colindantes al castillo, miraban hacia la gran puerta de la muralla. No se tenían noticias de Voseu, el mensajero del Reino de Meliria, que había partido hace una semana con la intención de llevar a las costerranas el tratado de paz,. Debía haber vuelto hace un día. En el balcón señorial, se encontraba el Rey Rasanan I y la reina Masre, junto a su hija, la princesa Seteia. Esta jugueteaba con sus dedos, nerviosa, deseando que la puerta diese paso al carruaje, pero con la noche apunto de caer, no se sabía nada de este. El Rey, preocupado, se volveó y entró en su lujosa habitación. Masre no le siguió, se quedó observando la puerta, con el mismo deseo que su hija, que al mirarla, le pidió que se marchara para no enfermar. Seteia acachó su cabeza y cuando la levantó, se despidió para marcharse a sus aposentos. Caminó con prisa, alzandose sus faldas, pasando por aquel enorme pasillo hasta que llegó a la puerta de su habitación. Abrió la puerta, y nada más encerrarse en esta, se sentó en el suelo, abatida por las noticias, desesperanzada. Alguien dio dos toques a la puerta. Decidió no decir nada, no quería visitas, pero pudo escuchar la fina voz de Durshea, su sirvienta. Se levantó con prisas, abrió la puerta y tiró de ella hacia el interior. Las dos se abrazaron con fuerza:

-No pienses que todo va a seguir siendo como antes -le susurró Seteia- tu pueblo encontrará la paz que necesita, se sabrá la verdad.

-Que Dios te oiga señorita, que dios te oiga... -dijo la joven entre sollozos-

Seteia le pidió que por el momento, dejara de pensar en ello, pues si las cosas no funcionaban como debían, sería ella misma a caballo quien portaría el dinero a su familia, aunque tuviese que encontrar alguna manera de escapar del Reino y no volver. Durshea se escandalizó al escuchar aquello, gritando sin darse cuenta, pidiendo que no hiciese ninguna tontería, pues ella sería futura Reina:

-No grites -dijo llevandose el dedo a los labios- ¿Qué haríamos si alguien nos oye?

La doncella pidió perdón, y repitió sus palabras, esperando por una respuesta, pero la corneta sonó. Emocionadas salieron al exterior, casi a trompicones. Todos en palacio corrían hacia la misma zona, con la esperanza de poder encontrar esa tranquilidad que llevaba la paz, pero al llegar a la entrada, no vieron ningún coche de caballos, ni a Voseu. En su lugar, estaba Chalhat, el señor de la guerra, con su martillo de grandes dimensiones, descansando bocabajo en el suelo. La gente comenzó a preguntar, y este alzó su mano, pidiendo silencio pues iba a hablar:

-He decidido citar a todos los responsables de la fortaleza para una reunión -dijo con contundencia-

Algunos de los miembros de palacio entraron, pues habían estado fuera en sus negocios. Chalhat iba a entrar, pero una madre preguntó si sus maridos deberían ir a la guerra de nuevo. El señor de la guerra, la observó, y empezó a pensar en como medir sus palabras:

-¿Por qué no me contesta? -preguntó la mujer- ¿Intenta ocultarnos algo?

Chalhat negó con la cabeza, asegurando que no solo los maridos de las familias irían, si no que a lo mejor tambien los hijos. Todo el mundo empezó a murmurar:

-Y se que son dificiles estás noticias, pero puede que ellos no sean los únicos a citar -dijo con contundencia, como si le hubiese golpeado con su gran martillo- somos pocos y mucha riqueza en este pueblo, no tenemos la suficiente capacidad de protegernos con tan pocos, así que es probable que las hijas mayores de la familia tambien sean llamadas para otra posible guerra.

La mujer se arrodilló en el suelo y empezó a llorar. Su hija, que era una adolescente, se puso a su lado y la abrazó, diciendo que no la dejaría sola, pues no dejaría que le ocurriese lo mismo que le ocurrió al cabeza de familia. Se alzó del suelo, y se acercó a Chalhat. Se arrodilló delante, diciendo que se ofrecía voluntaria. El señor de la guerra tomó su martillo, y golpeando al suelo con la parte inferior, le agradeció esas palabras, porque en momentos como ese, siempre se agradecía la valentia de un pueblo dispuesto a luchar. Anunció que las noticias vendrían después del próximo toque de corneta, que ahora era momento de descansar. La gente se dispersó, y allí se quedó Seteia junto a Durshea. Chalhat, se paró en medio del hall, y se giró para decirle que debía entrar, pues ella tambien era un miembro del comité de seguridad. La princesa se secó las lágrimas y se despidió de Durshea.

Seteia estaba sentada al lado de sus padres, el señor de la guerra y los líderes de los gremios de la fortaleza. Debían votar si intervenir, hacer una búsqueda, mandar otro mensajero con dos caballeros de la tropa, o simplemente esperar. Rasanan no parecía estar de acuerdo y su mujer, Masre, lo notó. Se acercó a su oído y le susurró algo. El hombre se quedó sorprendido, pues era una buena idea y estaba en su mano poder hacerlo:

-Desde hoy, ponemos en manifiesto la ley Voseu -dijo Rasanan poniendose de pie- consistirá en buscar toda la información de los motivos por los cuales, nuestro mensajero, se ha retrasado en su labor o por qué ha desaparecido. Tras descubrirlo, no descartó el hecho de que tengamos que responder de alguna forma.

Todos parecieron estar de acuerdo, y Masré nombró a Chalhat, para que se pusiera de pie y así decir que debía hacer. Debía mandar a una tropa de sus mejores hombres a Costerra, a intimidarlas en busca de información. El señor de la guerra aseguró que iba a poner en marcha su octava cruzada a Costerra. Se desconvocó la mesa, y uno de los sirvientes se acercó a la ventana, y con la corneta en boca, utilizó su pulmón para avisar de que la reunión había finalizado. Todos empezaron a moverse, menos Seteia, que se quedó sentada, esperando que sus padres recapacitasen, pero todo el mundo se marchó.

Seteia esperaba, nerviosa en su habitación. Iba de un lado para otro, tratando de vencer al sueño, pues era importante reunirse con Durshea, pero esta tardaba, no había escuchado las señales que le había mandado a través de la ventana. Cuando se giró, una luz intermitente se asomaba por debajo de la puerta. El pomo se abrió, y se pudo dejar ver la doncella, mientras miraba hacia los dos lados. Cerró la puerta y puso una silla para evitar que pudieran abrirla. Cuando vio a Seteia, que aun estaba despierta, se alegró y dejó el candelabro a un lado:

-He escuchado todo en la reunión de la puerta -dijo Durshea apenada- van a ir a por Costerra, quieren hacer ver que es una misión de búsqueda, pero sé que van a tomarla a la fuerza.

Seteia asintió, pero aseguró que no les sería fácil, pues la carabelas del mar, las guardianas de las profundidades, no dejarían llegar las fuerzas hacia la costa, y no se reunirian con las fuerzas terrestes, y las costerranas sabían como defenderse.

-No creo que sea así -respondió Durshea- no hemos sido criadas para la guerra.

-No lo habreis estado, pero teneis una ventaja -le arrebató el gorro que llevaba en el pelo- tu peculiar melena es prueba de ello.

Una gran masade tentaculos de pulpo, de diferentes colores y brillantes, como si hubieran echado brillantina. Seteia no necesitaba de piedad, así que cogió un cuchillo y cortó uno de los tentaculos. Durshea se contuvo el dolor y le preguntó por qué hacia eso. Seteia mostró el tentaculo, que aun coleaba de lado a lado en la palma de la mano:

-Teneis la ventaja de que no os reproducís como cualquier mamifero -explicó Seteia- sois estos preciados tentaculos, y como estos, hay miles en aguas saladas.

-¿Qué quieres decir con eso? -dijo mientras aun se dolía-

Seteia aseguró que tenía un plan. Entró en el cuarto de baño, tomó las sales que utilizaban para asearse, y agarró la caja donde siempre guardaba su corona de princesa. Quitó todo lo de su interior, almacenó la sal en el fondo y miró a su doncella. Durshea se quedó mirando, aquello, preguntandose que es lo que hacía:

-¡Deberías saberlo! ¡Eres costerrana! -dijo Seteia- te presento a tu hija, aunque de momento falta algo ¿No crees?

#9

Durshea se quedó de cuadros al escuchar eso, y se acordó de que se necesitaba agua. Le dijo que estaría allí enseguida. Tomó el candelabro, sacó la silla y salió al pasillo. Caminó con cuidado, pues en las habitaciones vivían los señores del pueblo. Bajó las escaleras y afinó sus oídos, pues algun caballero de la guardia podía andar cerca. Corrió hacia la cocina principal, caminó hasta la puerta que daba a la parte trasera del castillo y allí vio la inmensa fuente. Tomó una botella, de las que se utilizaban para almacenar la leche de las vacas, y se acercó para llenarla. Cuando se giró, miró hacia arriba y vio a Seteia. Tenía las manos ocupadas con el candelabro y la botella. Seteia la animo a que le lanzara la botella y así hizo, con éxito. Ahora tenía que subir por las enredaderas, con una sola mano. Dio las primeras escaladas, pero de repente empezó a escuchar un olor a quemado. Durshea vio que era el candelabro, que había prendido las hojas verdes. Sorprendida empezó a entrar en pánico, pero de repente alguien tiró de ella hacia arriba. Seteia la puso a su lado, lanzó el candelabro por la ventana y la cerró:

-¡¿Ves como era una mala idea?! -gritó Durshea-

Seteia le tapó la boca y la mandó a callar. Los caballeros de la guardia comenzaron a gritar. Pidió a Durshea que se escondiera en el baño y que llenase la cuna improvisada con agua. Seteia comenzó a desvertirse con prisa, se metió en la cama y se giró hacia otro lado. Escuchó los pasos contundentes de Chalhat, que abrió la puerta casi de una patada. Se sobresaltó y tapandose con la manta, gritó escandalizada. Tomó uno de los zapatos de tacón, y se lo lanzó a la cara con la mayor puntería de su vida. Le dio en la parte superior de la cabeza. Chalhat, con la mano en el ojo, pidió perdón por haber entrado sin permiso. Arrodillado, explicó lo sucedido. Seteia aseguró que se encargaran de ello, pero que no volviesen a interrumpir su sueño hasta la mañana siguiente. El señor de la guerra volvió a pedir perdón. Se alzó del suelo y se dirigió hacia la puerta. Cuando se cerró, Seteia suspiró tranquila. Se alzó de la cama y entró en el baño. Allí pudo ver como Durshea, empezaba a estar extraña:

-¿Qué ocurre? -preguntó Seteia- ¿No lo consigues?

Durshea asentía, pero parecía estar sorprendida. Aunque aquello no tuviera forma humanoide, era su hija. Seteia la giró, para que la mirara a la cara y hacerle comprender que no le tuviera demasiado cariño, pues en un futuro podrían tener más. Aquella critatura iba a ser su arma. Una costerrana recien nacida era como un bebé de serpiente cobra. Eran más letales porque no se podían controlar, solo su progenitora puede pararla. Durshea asintió, aunque parecía no estar muy convencida. Ahora era dejarla en un lugar oscuro, así que con cuidado, Seteia tomó la caja y la puso debajo de la cama:

-¿Estas segura de esto? ¿Y si despierta antes?

-No te preocupes, tardan en moverse por si solas -respondió Seteia- de momento marcha a tu habitación y duerme, veremos como se presenta el día.

Durshea cerró la puerta y Seteia se metió de nuevo entre las mantas. Entre tanto silencio, se escuchaba el chapoteo de la criatura. Decidió taparse las orejas con la almohada, pero aun así, podía.

El relincho de los caballos se escuchó entre la soledad de la noche. Seteia abrió sus ojos, creyendo que había soñado, pero de repente escuchó los gritos de la guardia y la puerta de la muralla. Al otro lado de la puerta empezó a haber mucha actividad, más de la que debía. Seteia pensó que estaban siendo atacados, así que aun con la bata, se puso un par de zapatos y tomó la daba que tenía en uno de los cajones. Se puso delante de la puerta y giró el pomo con delicadeza. La abrió lentamente y salió. Caminó hacia la habitación de sus padres, y vio que solo estaba su madre:

-¿Y padre? -preguntó Seteia-

-Ha ido a recibir a Voseu -dijo con una enorme sonrisa mientras salía al enorme balcón-

Seteia la acompañó, y cogidas de la mano, esperaron por las noticias que debía dar el mensajero. Chalhat, junto a sus hombres, le pidió que saliese, pero parecía tomarle su tiempo. Todos se miraron entre sí. Decidieron esperar un poco, hasta que el señor de la guerra dio la orden de que soltasen a los caballos, los lleveran a otra zona, y abrieran la puerta. Una vez apartados los animales, uno de ellos se atrevió a abrir. Todo estaba oscuro en su interior, hasta que una poderosa criatura se abalanzó encima de esta. Le arrancó parte del cuello, llevandose consigo la yugular, y se quedó mirando con ojos rojos a la multitud, que acobardada, comenzó a correr despavorida. Chalhat ordenó a sus hombres no retoceder y cerrar las puertas de palacio. La criatura se tragó aquello y se alzó sobre sus dos patas. De repente, del interior del carruaje, comenzaron a salir criaturas, todas de la misma especie:

-¡¡En formación!! -gritó Rasaman uniendose al escuadrón- ¡¡No retrocedais!!

Su mujer, al ver como su marido se iba a unir a la lucha, retrocedió para ir hasta donde este se encontraba, pero uno de los señores del palacio le cerró el paso, diciendo que no la dejaría salir. Seteia quería hacer lo mismo, quería estar junto a Durshea, pero ella también tenía prohibida la salida. La lucha comenzó, asi fue prueba los gritos y el sonido de la sangre salpicando sobre la piedra pulida. Las criaturas se contaban por decenas, cerrando el paso a Chalhat y Rasaman, que eran la primera línea de defensa junto a otros. Chalhat hacia temblar el suelo con su enorme martillo, desestabilizando a las fieras, mientras Rasaman las partía por la mitad, con su enorme espada. Parecían multiplicarse, hasta que Chalhat, pidiendo que le cubriesen las espaldas, abandonó la primera línea de batalla. En su lugar, cayeron un par de chicos jovenes, pero en una batalla no había piedad. Chalhat, con sus fornidos brazos, arrastró la vieja catapulta, testigo y asesina de miles de personas, y la posicionó delante de la puerta, en dirección hacia el carruaje. Se puso en la cuchara, y pidió a una de las doncellas, curiosas por la batalla, que fuera la encargada de accionar la palanca. La muchacha se quedó sorprendida, hasta que alguien la sobrepasó. Se trataba de Dusrhea. Seteia, al ver que ella se encontraba allí, comenzó a gritar, pero la muchacha hizo caso omiso. Bajó la palanca y Chalhat salió propulsado, portando su martillo por delante. Tras un calculado vuelo, cayó sobre el carruaje, haciendo que este se moviese bruscamente hacia atrás. Levantó su puño y cuando consiguió el angulo necesario, aplastó sin piedad aquel armatoste de madera reforzada con metal. Un estridente grito hizo que los tímpanos de todos los guerreros, hasta de la familia real, retumbaran. Se agacharon, tratando de aguantar el dolor. A algunos les empezó hasta sangrar las orejas, pero una vez que abrieron sus ojos, solo quedaba la barbarie de los muertos y los heridos, ni rastro de las bestias. El señor de la guerra se secó el sudor, y tomando su martillo con una mano, tomó la palabra:

-Detrás de esto hay alguien con sabiduría mágica -dijo con seriedad- solo hay un pueblo cerca de aquí capaz de esto.

Durshea, que era testigo de todo aquello, sintió un fuerte dolor en el pecho. Sabía de sobra que aquel tipo de magia no era propia de Costerra, pero a Rasanan le bastó solo aquello para declarar de nuevo la guerra.

Levantaban los cadaveres de los caídos mientras sus familias lloraban. Algunos de ellos aun no habian ni cumplido veinte años. En palacio los animos no eran los de siempre, algunos parecía que les hubieran tocado con la varita de la suerte. Costerra era la salida que necesitaba el pueblo para extenderse. Los enemigos habían conseguido salir a la mar, abrirse al mundo, pero los conflictos de Merilia con Costerra habían propiciado que ambas se quedaran estancadas, aunque Merilia peor que las Costerranas, pues estas estaban al lado del mar y prescindian en algunas epocas de una dieta vegetal, cosa que los Merilianos no se podían permitir. Los mercaderes de otras tierras se aprovechaban de ello, y era un despilfarro que Rasanan quería paliar. Seteia era una seguidora del movimiento por la paz, pero casi no podía relacionarse con ellos, pues sus salidas de palacio eran escuetas y cortas. Era Durshea quien debía salir, pues ellos se encargaban de mandar el dinero a las tierras costerranas, pero ahora tampoco podría relacionarse con ellos, pues una chica de sangre roja, es decir, una plebeya podía ser condenada a pena de muerte, por eso Seteia siempre tenia gran valor, porque su padre había creado una ley que le cubría las espaldas en todos sus actos.

#10

Habían pasado los días. Durshea y Seteia esperaban por saber que era de la criatura. Al abrir la caja, se llevaron una sorpresa, pues la bebé, si se le podía llamar así, había crecido. Durshea se quedó sorprendida, pues era su viva imagen pero en pequeño, pero a la vez asustada, pues era joven como para ser madre. Seteia le recordó que no se encariñada demasiado con ella. Tomó la caja y aseguró que iba a ponerle más sales, para que la pequeña pudiera seguir alimentandose. Mientras Durshea tenía a la pequeña en su regazo, le preguntó por cual era el plan. Seteia le contestó cuando salió:

-Estan preparando todo para marchar hacia tu pueblo -dijo mientras mantenía la caja delante de ella- intentaré meter a la pequeña en uno de los carruajes, poniendo sobre la tapa algo que llame la atención.

-Las tropas están preparadas para no caer con algo muy simple -añadió Durshea mientras ponía a la pequeña en la caja- ¿Qué tienes preparado?

-Tu no te preocupes, durante la noche saldré a reunirme con mis compañeros.

Cerró la caja, esta vez con una cuerda alrededor, pues la pequeña crecía y podía en algún momento salir. La dejó debajo de la cama y se sentó al lado de ella. Durshea tenía remordimientos por utilizar a una criatura en ese plan, pero tambien entendía que era un sacrificio, pues miles de estas serían sacrificadas sin tener culpa de nada. Suspiró y se echó sobre la cama:

-Sabes, cada vez aguanto menos aquí -murmuró- llevando este gorro que me apreta el cabello, soportando comentarios maliciosos sobre mi tierra... no recuerdo porque mi madre decidió traerme aquí, en que momento le pareció buena idea.

-Era la epoca donde la guerra era más encarnizada, supongo -respondió Seteia- no había un momento de paz como este, siempre estaban enzarzados... así que contactaría con Farvos, que en ese momento era un joven soldado.

Durshea asegura que le suena ese nombre de algo. Se alza y se arrodilla en la cama, deseosa de saber más sobre la historia. Seteia se incorpora, y asegura que no sabe demasiado, que puede acompañarla durante la noche.

El Reino de Merilia dormía, menos Seteia y Durshea, que esperaban al cambio de la guardia. La sirvienta portaba a la bebé dentro de la caja, con cuidado de no derramar ni una sola gota fuera. Corrían, se escondían, dejaban pasar a los guardias que marchaban a sus aposentos, volvían a correr y así hasta llegar a una de las pequeñas casas que había en la fortaleza. Al entrar parecía una casa normal, pero Seteia movió una silla y alzó una trampilla. Extendió sus manos, pidiendo a la bebé para poder bajar. Llegaron a un pequeño pasillo y a lo lejos vieron una luz, que pasaba por debajo de la puerta. Se acercaron allí y la princesa dio dos toques a la puerta. Se abrió un hueco en esta y una mirada fija las escudriñó:

-¡¿La princesa?! -se escuchó una voz atrás de ellas-

Seteia iba a hablar, pero antes de que pudiera decir nada, alguien las acorraló por detrás a punta de lanza. Durshea miró a aquel hombre, que las amenazaba y cuando miró a su señora, pudo ver como le tapaban la cabeza con una bolsa de tela. Intentó que a ella no se la pusieran, asegurando que venían en son de paz, pero no fue excusa suficiente. Tomaron la caja y le taparon la cara. Las obligaron a retroceder, diciendo que allí no podían estar y que las llevarían a otro lugar, y que solo saldrían si el jefe las dejaría marchar. Seteia se rió, diciendo que estaban cometiendo un grave error:

-¡Calla! -gritó el lancero-

El frío les hizo adivinar que estaban en el exterior. Escucharon como una puerta chirriaba y entraron. Las sentaron, y allí les arrebataron las bolsas, quedando delante de Farvos, que al verlas, se quedó tan sorprendido que casi estuvo de alzarse para pegar a sus subditos, pero Seteia fue buena, y pidió que no les castigara. Cuando los hombres se dieron cuenta de que ellas tambien estaban de acuerdo con el movimiento, se arrodillaron en el suelo y clamaron clemencia:

-No soy como mi padre -dijo la princesa- alzaros, pues tengo que enseñaros algo.

Farvos se quedó sorprendido cuando abrió la caja. Un bebé de Costerrana, nunca había visto alguno. Intentó acercarse, pero Durshea le golpeó en la mano, diciendo que era una locura tocar a esa bomba de relojería:

-¿Cómo habeis conseguido esto? -preguntó entusiasmado- ¿Cómo has salido de reino sin nuestra ayuda?

Seteia miró a Durshea, y esta, con tranquilidad se sacó el gorro, mostrando sus tentaculos. Farvos se quedó mirandola, sabía que no era una casualidad que le sonara de algo. No se podía creer que era la niña que él había traido al palacio. Empezó a dar brincos de alegría, diciendo que había crecido un montón.

El jefe del movimiento se quedó sorprendido con el plan. Era magnifico, algo brillante, que nunca podría haber efectuado, pues nunca obtenía un permiso largo para poder salir de la fortaleza sin levantar sospechas. Una de las mujeres del movimiento aseguró que era mejor que dejaran a la bebé con ellos, pues aquí tendrían mayores cuidados y no estaría en peligro. Farvos miró a Durshea, que aceptó, pero no sin antes pedir que le pusieran un nombre:

-¿No te dije que no te encariñaras? -preguntó Seteia-

-Eso no quita que la pequeña se merezca un nombre, será la heroína de esta historia.

Farvos asintió y se quedó pensativo. La mujer, que había tomado la caja entre sus manos, murmuró un nombre, <>. Todos se miraron entre sí, quedaba perfecto a esa pequeña. Durshea les agradeció de todo corazón que tuvieran esa pequeña consideración. Seteia aseguró que no podían esperar más, pues si lo hacían, se daría cuenta de no estaban en el castillo. Farvos les pidió que tuvieran cuidado y que se volverían a ver en un par de días.

<> aseguró Chalhat en voz alta mientras todos le vitoreaban. Las tropas estaban preparadas para partir, deseosos de poder buscar la razón de la grandeza que caracterizaba a Merilia. Seteia estaba delante de la puerta del palacio, mirando con desprecio aquella estampa. Alguien se acercó por detrás, y le otorgó un pedazo de papel. Lo arrugó en su mano y se cruzó de brazos. Cuando las puertas se abrieron, ella se volteó y entró en el interior. Buscó un lugar solitario, donde pudiera leer el papel. Cuando lo encontró, pudo ver que era la letra de Farvos. Tenía algo importante que decirle, era un ahora o nunca, no podía esperar. Subió a sus aposentos, hizo ver como que se quedaba dentro y se dejó caer con una cuerda por la ventana. La descolgó y se la enrolló en el hombro. Había dejado sus zapatos en la habitación, así que podía correr sin hacer ruido. Entró en la primera base de operaciones y vio como Farvos tomaba a Saxsa en brazos:

-¡¿Estás loco?! -gritó Seteia, asustando a Saxsa-

-No tienes que gritar, no estamos sordos -se quejó Farvos- no te preocupes, hemos encontrado la manera de sacar el veneno de la pequeña e inhabilitar esa habilidad de ella, ahora es inofensiva.

Seteia suspiró aliviada, pero ahora no entendía como iban a poder vencer el ejercito de su padre:

-¿Te acuerdas del chico de la lanza? -preguntó mientras dejaba a la niña dentro de una cuna de madera- es lanzero de la guardia, está infiltrado en el ejercito, e intentará retrasarlo para que podamos alcanzarlo durante la noche.

Le hiz unas cuantas carantoñas a Saxsa y se giró hacia Seteia para saber su opinión. Ella solo quiso saber si podía marchar junto a ellos:

-Esa es la idea -respondió- Chalhat está enamorado de ti, si le decimos que eres como un regalo, se relajará y bajará la guardia.

-No me parece bien esa idea -le recorrió un escalofrío-

-Es nuestra unica oportunidad, mientras tu estás encamadandote con él, nosotros envenenamos todo a nuestro paso, ya sea por contacto o injesta, irán cayendo uno a uno.

La mujer que había intervenido días antes, entró en la sala, diciendo que tenía algo importante que decir al respecto. Portaba una carta sin abrir, aun con el sello de cera en este. Se la entregó a Farvos y este la abrió. Al leer aquello se sorprendió:

-Chalhat solo hace creer que le gusta Seteia porque su amor platonico es el Rey Rasanan -añadió esta- he interceptado esta carta de sus correos con uno de sus amantes masculinos, uno de los mensajeros del Rey. En ella tambien explica que Voseu mantuvo relaciones sexuales con él, pero que este solo lo hizo porque Chalhat le obligó a ello, puede que por eso no quiera volver.

-Son especulaciones, no podemos tener en cuenta eso ¿Pero ahora quien se encamara con él?

Seteia miró a la muchacha, y esta miró a Farvos. Este aseguró que no tenía ningun problema en besar un hombre, pero que no tenía claras las intenciones del señor de la guerra, y nunca había recibido una estocada. Seteia aseguró que no era necesario tener que hacer aquello, pero sus mejillas sonrojadas le delataban:

-No sé que está pasando aquí -respondió la chica- pero creo que necesitais un poco de tiempo solos, dadme a la niña, no quiero que crezca traumatizada.

Cerró la puerta y Seteia se sintió en zona pantanosa. No sabía quedado a solas con Farvos, y mucho menos cuando la habían descubierto. Aunque cuando lo miró, no lo notó incomodo, solo esperaba porque esta hablase:

-Entonces ¿Qué es lo que vamos a hacer? -se tocó el cabello-

-Tengo más fuerza, puedo enfrentarme a él directamente, en la cama no tiene que ser distinto -respondió con tranquilidad- así os será más facil con los demás.

-¿Con los demás?

Seteia se quedó confundida con esa pregunta. Farvos no cayó en esa conclusión, de que la princesa no pertenencía al mismo mundo, que no tenía la misma percepción de sus palabras que sus compañeros. Así que buscó la manera de explicarle, que debía cortejar a los soldados, asi como servirles una bebida mortal, una acaricia... en el caso de Durshea. Cuando se lo explicó, asintió, no supo por qué, pero lo hizo:

-¿Mi sirvienta está de acuerdo con eso? -preguntó Seteia-

-Sí, ha estado practicando, aunque casi me quedo sin dos de mis hombres, pero la sonrisa de ambos ha merecido la pena verla.

#11

Seteia suspiró, parecía que era la única que se oponía a ello, pero ya era muy tarde. Ella no había tenido tiempo de practicar, asi que le pidió que es lo que debía hacer para contentar a un hombre:

-¿Quieres que te lo muestre? -preguntó Farvos- ¿Me permitirías tocarte?

Seteia se sonrojó y bajó la mirada mientras asentía. Farvos no estaba muy seguro de ello, pero se puso delante de él y puso sus manos sobre los senos de ella. Los alzó y le dijo que debía pasar por debajo una cinta, y atarla al corsé de la espalda. Fue a llamar a su ayudante, la chica de antes, pero antes de poder decir su nombre, notó como algo le cruzaba la cara. Fue Seteia, que por la impresión, le pegó un puñetazo. Farvos empezó a notar que su boca sabía sangre, con la lengua repasó cada diente, hasta que hubo un hueco:

-¡Joder Seteia! -gritó emocionado- ¡Si metes uno de estos a uno de esos soldados lo tumbas!

Seteia se había asustado de su acción, pero al ver que Farvos no estaba molesto, se relajó. Este aseguró que se lo tenía bien merecido, porque no le había explicado que es lo que debía hacer. La ayudante entró, poniendose las armaduras, y preguntó que es lo que había ocurrido, pero Farvos dijo que no era nada.

Iban caminando por el paseo, a caballo. Atrás llevaban un coche, donde estaban las tres mujeres que se iban a encargar de ser el señuelo. Farvos tambien iba a tener el mismo papel, pero era conocido como uno más de la caballería del reino, asi que debía ir a caballo para mayor credibilidad. Los caballos de delante se pararon y vio como uno de los soldados bajaba corriendo hacia el bosque. Volvió con un casco, era la señal de que estaban cerca. Farvos dio la orden y uno de los soldados tocó al coche. Seteia se asomó y salió, con su vestido. La ayudaron a subir sobre uno de los caballos de respuesto, y retomaron la marcha. A lo lejos vieron una fogata. Había un par de hombres reunidos y se fijaron en ellos. Pararon y Farvos tocó la corneta, anunciando que debían dar un mensaje:

-Para animar a nuestros soldados -dijo alguien haciendo que leía un pergamino- Yo, el rey Rasanan, ha mandado a dos doncellas y a la princesa para animar a nuestros hombres.

Todos empezaron a emocionarse, y uno de ellos corrió hacia la carpa para avisar a Chalhat. Seteia caminó hacia él, con decisión, pero de repente Farvos se entrometió:

-Señior de la guerra, debo hablar algo con usted -dijo mientras mostraba que debajo de la armadura no llevaba ni un simple taparrabos- ¿Podemos ir a un lugar más apropiado.

Los ojos de Chalhat lo miraron de arriba a abajo y asintió. Lo rodeó con su brazo y aseguró que era un amigo de la infancia, que no molestaran. Ambos desaparecieron dentro de la carpa. Seteia se quedó sin saber que decir, pero Durshea la tomó de la mano, diciendo que aquellos hombres ya no eran personas, que no debían pensar así. Le escondió un boté entre las telas del vestido y le pidió que se afaenase.

Chalhat estaba tumbado en las pajas adornadas con tela, que hacían de cama. Farvos se quitó la parte superior de la armadura, dejandola a un lado. El señor de la guerra se sentó, esperando a que se acercara a él. Farvos se acabó de desmentir y se lanzó sobre él, con decisión, esperando que las cosas fuesen como él quisiese.

Durshea servía vino a todos, había conseguido que dentro de esa botella cupiese el veneno. Uno de ellos le pidió que bebiese, y no tuvo ningun problema en hacerlo. Se bebió la copa entera haciendo que todos gritasen. De repente, unos gritos y un bamboleo en la carpa se empezaron a escuchar. Procedían de donde se encontraban en el señor de la guerra y Farvos. La compañera le pidió a Durshea que no se preocupase, que aunque Farvos quisiera hacer ver que nunca había mantenido relaciones sexuales con otro hombre, era porque no se acordaba de las veces que se había emborrachado junto a sus amigos. Seteia se unió a ellas, y se quedó sorprendida al ver aquello. Uno de ellos la agarró por la cintura, acercandose todo lo que pudo y le levantó el vestido, para acariciar todo su cuerpo lentamente. Durshea miró a la compañera y esta le preguntó a Seteia si estaba bien, a lo que esta asintió. Le pegó un codazo en la boca del estomago, haciendo que se quedara sin respiración. Cayó de rodillas, mientras tosía con brusquedad, pero no se conformó con eso, si no que le pegó una patada en la boca que lo dejó tieso en el suelo. Todos los soldados, alarmados por lo que acababa de ocurrir, trataron de alzarse, pero se dieron cuenta de que tenían las piernas paralizadas:

-Siento deciros esos, mis queridos hombres, pero dentro de 20 minutos fallecereis -dijo Seteia-

Durshea y la compañera decidieron volver al coche, y arrastraron a Seteia con ella.

Farvos tomaba del cabello a Chalhat, mientras lo embestía con fuerza. Nunca se había sentido tan bien, y escuchar como el señor de la guerra disfrutaba con ello, le excitaba más. Calculaba el tiempo, y sabía que podía estar ahí todo el que necesitaba, pues debían asegurarse que todos estuvieran muertos. Lo agarró del cuello y lo levantó para rodear su torso con sus brazos. Se quedaron boca con boca, pecho con espalda:

-Ha sido un placer estar contigo, señor de la guerra, pero creo que nuestro encuentra llega a su fin -lo empujó contra la cama-

Se alzó del sitio y tomó sus cosas, para salir corriendo de allí. Comenzó a gritar, diciendo que daba la señal. Durshea acercó sus manos a la punta de una flecha, que portaba la ayudante de Farvos. Esta la puso rapidamente en el arco, y se levantó por el hueco de arriba. Dejó que pasara Farvos por delante de su campo de tiro y cuando este desapareció, disparó la flecha. Chalhat, desnudo, se quedó de pie, viendo como se acercaba, dejandolo sin tiempo a reaccionar. Cayó al suelo, casi sin vida.

Por primera vez en mucho tiempo, Durshea vio el mar. A lo lejos pudo ver a los barcos de los marineros, que eran los maridos de las costerranas. Se acercaron con cuidado, sin intimidar, pues sus armaduras eran de Merilia, y se sabía que podrían malinterpretar. Seteia miró a Durshea, y le pidió que dejara de llevar el gorro, que estaba en su tierra. Se lo sacó, dejando su precioso pelo al descubierto. Todo el mundo se paró, y ella fue la primera en acercarse a la zona. Las costerranas dejaron de faena, dejando las cajas de pescado a un lado. Al ver que una paisana se acercaba, caminaron hacia ella, preguntandose de quien se trataría. Alguien de entre todas, comenzó a gritar de emoción y se hizo paso entre todas. Durshea la reconoció, era su madre, aunque hacía un tiempo que no la veía. Las dos se abrazaron con fuerza, y esta, olió a su hija, llevandose una sorpresa. Durshea asintió, diciendo que su nombre era Saxsa, y la madre, recien convertida en abuela no podía creerselo. Farvos interrumpió la estampa familiar, haciendo que todas retocediesen, pero este alzó sus manos diciendo que iba en son de paz:

-Buscamos a un mensajero del reino -dijo en voz alta- ¿Saben algo de eso?

Todas se miraron entre si, dandose cuenta de lo que se referia. Una de ellas se alejó, acercandose a un mecanismo de madera, que parecía una grua. Volteó una rueda, y un ruido de cadenas se escuchó en lo alto. Una jaula sobrevoló el cielo, haciendo creer a las tropas que caeria sobre ellos, pero se quedó suspendida. Cuando se fijaron, pudieron ver a Voseu, asomado por uno de los barrotes, temblando del miedo que le daban las alturas:

-¡¿Qué está haciendo ahí?! -gritó Farvos- ¡¿Qué derecho os da encarcelarlo?!

-¡Esa es la pena por intentar sobrepasarse con mi hija! -gritó una voz grave-

Todas las costerranas se giraron y arrodillaron. Era la inminencia costerrana, que parecía ser una más de toda la manada. Al lado de ella, estaba su hija, que parecía ser una despreocupada princesa. Seteia la miró y sonrió, ambas pertenencían y tenían el mismo lugar:

-¡Ya dije que lo siento! -gritó Voseu- ¡No sabía que no era digno de ella!

-¡Mamá! -tiró de la tela del vestido de su madre- ¡Voseu no tiene culpa, fui yo!

La reina cerró sus ojos y movió su cabeza hacia otro lado indignada. Farvos trató de intervenir, diciendo que lo necesitaban para que Merilia no declarara la guerra a Costera. La mujer abrió uno de sus ojos y un murmullo despreocupado empezó a escucharse:

-¿De nuevo nos declarais la guerra? -preguntó asqueada- ¡No es nuestra culpa que no respeteis las reglas!

-¡No tenía ni idea! -dijo Voseu entre lloriqueos- ¡Ya me he disculpado miles de veces!

De repente la cadena se cortó y cayó al suelo, haciendo que todos se apartaran y tosieran por la tierra levantada. Se trataba de la ayudante, que se había ayudado de su arco:

-Mientras estamos hablando aquí, perdemos el tiempo, como no volvamos con prisa, mandaran refuerzos y será demasiado tarde -murmuró ella-

Durshea y Seteia ayudaron a Voseu, que le dolía todo el cuerpo del golpe. La reina de Costerra aseguró que no iba a dejarlo marchar, a lo que Farvos reaccionó sacando su espada:

-Os juro que una vez que volvamos, las cosas cambiaran, y no debereis preocuparos -dijo el jefe- pronto tendreis noticias nuestras ¿Dónde está el tratado de paz que portaba Voseu consigo?

La reina miró a su hija, y esta se volteó. Desapareciendo dentro de las cuevas que pertenecían al reino de Costerra. No tardó demasiado, trayendo consigo un pergamino. La madre lo tomó y se lo lanzó a Farvos, que lo empomó. Al extenderlo, pudo leer que todo estaba en regla. Le pidió que lo firmara, pues así sería la manera de que las cosas se solucionaran. La reina extendió su dedo, con su uña larga, y líquido de color negro comenzó a gotear:

-No creo que sea la mejor manera de firmar un tratado de paz... -susurró Farvos- lo sé porque es así como hemos asesinado a las tropas de nuestro reino.

El asombro surgió entre las tropas. La reina volvió a encoger su puño y preguntó por lo que acababa de decir. Farvos lo repitió, diciendo que habían conseguido matar a sus propios enemigos, y que eran del movimiento por la paz del Reino:

#12

-Y no solamente a su hija -murmuró la reina- su progenitor hizo que tambien saliese de este infierno en su día.

-¿Aeli? -preguntó Farvos emocionado- Eres tú ¿Hermana?

Seteia y Durshea se quedaron sorprendidas al escuchar aquello. Vieron como los dos se reunían y se abrazaban. Ambos habían sido hermanastros, pero la guerra los volvió a separar, ya que Farvos fue llamado a la corte para unirse al ejercito. Los dos comenzaron a llorar y cuando se separaron, Aeli aseguró que firmaría el tratado. Sacó una pluma y pidió el pergamino, que Farvos le entregó.

Se pararon delante de la puerta de la fortaleza. Estaba anocheciendo, pero sabían que no se habían mandado refuerzos. Habían recogido todo lo de interés del campamento de las tropas asesinadas, así como dar un entierro "digno" a todos ellos. Farvos tragó saliva, pues puede que fuese el siguiente señor de la guerra. Tocaron la corneta, y la puerta de madera comenzó a deslizarse hacia arriba. La gente esperaba ansiosa, pero al ver que eran pocos, se quedaron sin saber que decir. Con los caballos llegaron hasta la puerta del castillo, que estaba Rasanan, sentado sobre una silla de madera. Masre estaba en el balcón, con expectación. Cuando Farvos se quitó el casco, todo el mundo gritó asombrado, pues no se trataba de Chalhat:

-Mi querido Rey, debo anunciarles algo, el tratado de paz con Costerra ha sido todo un exito -murmuró- pero debo tambien darle una mala noticia, y es que las tropas de Chalhat huyeron despavoridas al ser descubiertos sus planes.

La ayudante de Farvos salió del coche, portando una carta, que entregó con cuidado. El Rey la tomó, leyó con detenimiento, y de repente, su cara comenzó a desfigurarse de dolor. Farvos corrió en su ayuda, lo tomó en brazos e intentó que no muriese, pero fue demasiado tarde. Seteia no sabía nada de eso, así que salió despavorida del carruaje, haciendo que todos se quedaran sorprendidos de verla allí. Masre se reunió con ellos, cansada por haber corrido:

-¡Cariño, cariño! -gritó Masre- ¡Qué te ocurre!

Voseu salió del coche, diciendo que lo que ocurría tenía que ver con él. Todo el mundo al verlo no pudo creer. Caminó hacia Masre, explicando la verdad de todo lo sucedido, y como el reino se había aprovechado para volver a la guerra. Extendió el tratado de paz y se puso a leerlo, al lado del futuro lecho de muerte del Rey:

-¡Sus queridas majestadas! Yo, Aeli, Reina de Costerra, niego haber secuestrado a Voseu en contra de su voluntad con motivos bélicos, si no judiciales. Vuestro querido mensajero del Reino comenzó una relación secreta con mi hija, la princesa del reino, provocando así estupefacción, que tuve que resolver enjaulandolo. Me sorprende que tras años de lucha, aun querías intentar doblegarnos, cuando siempre hemos estado dispuestas a hablar, aunque vuestro pueblo nunca supo de ello.

Cerro el pergamino y se lo puso debajo del brazo. Farvos se giró hacia la gente del pueblo, diciendo que sin Rey electo, se debía poner a alguien al mando. Sin dudarlo ni siquiera, señaló a Seteia:

-Ella junto a Seteia, su bella doncella y mi fiel ayudante, han sido las encargadas de acabar con los traidores. Propongo que ellas tres, formen un nuevo reino, con conexiones con el pueblo Costerrano, así como con el mundo exterior.

Masre se opuso, diciendo que aun quedaba ella con vida, pero Seteia, harta de siempre tener que aguantarlo todo, sacó un cuchillo de su vestido y la amenazó con ser ella quien acabara con su vida:

-¿Delante de todo el mundo? -rió la mujer- ¿Crees que así el pueblo te tendría en cuenta?

Una mujer dio un paso al frente, haciendo que las tropas de Farvos se fijaran en ella. Enfadada, pidió hablar, y aseguró que no callaría nada:

-Llevo viviendo entre estas paredes cuarenta años, he perdido a dos de mis hijos por la guerra, una que nunca vi ganar y que nunca nos dio de comer -dijo con la frente arrugada- he estado trabajando para sacar a este pueblo adelante con mis alimentos, pero nunca he sido ayudada por el Reino, aun habiendo hecho mis labores y mis deberes.

-¡Nunca hemos recibido ningun derecho por parte vuestra! -gritó un hombre muy envejecido- ¡Serví en el ejercito para casi no llevarme ni dos monedas de oro!

Aquellos mensajes reivindicativos empezaron a unirse, y a pedir tambien la cabeza de Masre. La mujer, acorralada por todos los insultos, se agachó y juntó sus manos para pedirle a su hija que no la matara. Seteia, guardando el cuchillo, llamó a Durshea, y a la ayudante:

-Yo, Durshea y Thisthe, las nuevas Reinas de este lugar -respondió Seteia- relevamos a la antigua Reina de su cargo a Doncella del reino. Durshea, entregale tu gorro y delantal.

Durshea no estaba muy segura de hacer aquello, pero Farvos se acercó a ella y la animó, diciendo que ahora era una de las nuevas reinas. Con decisión, mostró su bello cabello, haciendo que todos se quedaran anodadados. Con furia se acercó a Masre y se lo puso en la cabeza, atandoselo con fuerza, entre los vitores del pueblo. Al ver que allí no había nada más que hacer, Farvos le pidió a sus hombres que tomaran el cuerpo sin vida del traidor y lo lanzaran fuera de la fortaleza:

-Usted se equivoca -dijo Seteia- aun hay algo que hacer.

Tomó el casco que portaba en su fornida mano y se lo puso en la cabeza. Farvos no entendía por qué hacia eso, pero cuando vio que se acercaba a él para besarlo, cerró sus ojos y disfrutó del beso:

-De hoy en adelante, quién será el señor de la guerra, será el heroe de guerra Farvos, cantad por él.

Las tropas comenzaron a gritar el nombre de su superior, mientras el pueblo aplaudía contento. Farvos, sonrojado por el beso y el título, le preguntó a que había venido todo aquello. Seteia acalló las voces:

-Como una de las reinas que soy, proclamo a Farvos de señor de la guerra, para ser mi Rey.

Farvos se quedó sorprendido, y todo el mundo comenzo a gritar emocionado. Farvos trató de pedirle a Seteia que no hiciera algo como eso, pero le tomó de la mano y aseguró que debían sellar el pacto. Durshea les iba a seguir, pero Tisthe la tomó del hombro, parandola en seco:

-Te digo yo que es mejor que te quedes, porque no se van a poner a firmar tratados precisamente.

Durshea se quedó impactada y de repente, los miembros del movimiento que se quedaron dentro de la fortaleza, se quedaron delante de ellas, saludandolas con respeto y diciendo que aun quedaba otro acontecimiento. Le entregaron a Saxsa entre sus brazos, que al ver a su madre, sonrió de felicidad. Tisthe se puso de cara al público y anunció que Saxsa sería la primera princesa del nuevo reino.

#13

CIUDAD HORMIGUERO - 6/52 RETOS DE ELDE

<> gritaban todos los hombres que iban tras sus pasos. Nianzú llevaba en sus manos una gran bolsa, donde había un par de fardos de hachís. Corría por los pequeños callejones del Hong Kong antiguo. Nianzu salió a una gran calle que a lo lejos de esta, había un puente. Corrió los últimos metros que quedaban y saltó la varandilla. Se hundió en el riom desapareciendo del campo de vista de quien le seguían. Cuando salió a superficie, sacudió su cabeza. Escupió el agua que se le había metido en la boca y sacó el brazo donde llevaba la bolsa. La sacudió de lado a lado mientras se regodeaba de haberse salido con la suya. Uno de ellos iba a saltar, pero sus compañeros le pararon los pies, haciendo que Nianzú tuviese una sonrisa de oreja a oreja. Se sacó el pelo de la cara y se dejó llevar por la corriente. Notaba que la noche iba a ser espectacular. Alguien tiró de él para subirlo al barco. Se reunió allí con sus colegas de la banda y enseñó la mercancía:

-¡Eres tremendo Nianzú! -gritó uno de ellos abrazandose a él- ¡Eres increíble, el jefe estará contento!

Uno de ellos le dio una toalla. Se tumbó en dos asientos, mientras miraba como el cielo pasaba delante de sus ojos debido a que la barca se había puesto en marcha. No podía creerse que aquello estuviese haciendo que su vida pareciese tan facil. Cerró sus ojos y decidió solo escuchar el sonido del agua. El conductor puso la radio mientras todos se pasaban el mismo cigarro. Algunos de ellos bailaban, mientras reían y Nianzu miraba todo mientras descansaba.

Salió de su piso alquilado, todo emperifollado. Los taxis pasaban de largo, hasta que levantó su mano para tomar uno de ellos:

-¿A dónde le llevo?

Nianzu pidió que lo dejase en la discoteca más cercana. El coche se puso en marcha, y entraron en una zona donde la juventud se movía con cierto cuidado, pues la policia siempre estaba al acecho. A lo lejos vio un cartel luminoso donde se anunciaba un local de copas. El coche se paró a unos cuantos pasos y Nianzu le dio un par de billetes. Salió y vio por donde se entraba. Subió los escalones y nada más entrar, vio como todas las chicas bailaban en la pista. Se acercó a la barra y pidió algo para tomar. El camarero le sirvió y este le pagó. Dentro hacia bastante calor, asi que se desabrochó la camiseta hawaiana un poco y pegó un largo trago.

Llevaba un rato charlando con dos chicas y el cigarro ya se había acabado. La camiseta hawaiana estaba abierta de par en par, y harto de ese ambiente tan cargado, decidió preguntarles si querían ir a otro lugar, un poco más tranquilo. Las dos se quedaron mirandose, con esa comunicación propia que él sentía que tenían, y asintieron. Tomaron sus bolsos y salieron al exterior. Nianzú notaba que aun seguía teniendo mucho dinero, podían ir a otro lugar y seguir bebiendo, pero todos los locales de alrededor eran del mismo estilo. Nianzú se quedó pensando, hasta que una de las muchachas propuso la idea de ir a un hotel. El muchacho siempre creyó que la noche iba a ser divertida, pero nunca se le llegó a pasar por la cabeza un plan como ese:

-¡Por mí bien! -dijo la otra chica-

A Nianzú no le dio tiempo a pensar, las hormonas se le revolocionaron y se vio empujado a ello.

Se dejaron caer sobre la cama, y abrazadas a él, disfrutó del decimo cuarto cigarro de la noche. Lo dejó en su boca mientras miraba el techo. Era un hombre que ya no bajaba su cabeza para nada. Una de ellas le preguntó de que trabajaba. Atolondrado aun por la sesión que había experimentado, estuvo a punto de largar demasiado, pero decidió recular y decir que vivía del día a día. A las chicas les pareció gracioso oir aquello, pues admitieron que trabajan de algo muy parecido. Las dos se levantaron a la vez, tomando la cartera de Nianzú y tomando lo que les correspondía a ambas por el servicio:

-¡Lo sabía! -dijo Nianzú riendose- ¡No podía creer que dos chicas a las que acababa de conocer lo podían hacer tan bien!

Una de ellas le lanzó una tarjeta, diciendo que siempre podía llamar y preguntar por ellas, si las echaba de menos. Se llevaron sus prendas y se despidieron de él mientras este las sonreía. Se volvió a tumbar para disfrutar de su cigarro, hasta que la puerta se abrió de nuevo. Sorprendido, creyendo que se había dejado, no tuvo reparos en decir algo guarro. Cuando descubrió que era el cara vieja del jefazo, se asustó y se tapó con las sabanas mientras se quedaba de rodillas, y bajaba su cabeza como signo de perdón:

-¡¿Qué diantres haces aquí?! -preguntó el jefe- ¡¿Cuantas veces te he dicho que estés al tanto de mis ordenes?!

Nianzú reaccionó, alzandose de la cama para recoger la ropa, manteniendo su cigarro en la boca. Trató de vestirse mientras decía que podían ir a otro lugar a hablar de negocios, pero el hombre aseguró que no importaba. Dio dos palmadas y los guardaespaldas de este entraron con una pizarra enorme. En esta estaba toda la información que necesitaba saber:

-Debes ir a Kowloon. Una nueva banda que nos está dando problemas -dijo el jefazo con un puro en la boca-

Empezó a señalar ciertos puntos de un mapa que estaba pegado, sus topos le habían pegado el chivatazo. En esos sitios estaba la mercancía, debía ir y robarla hasta conseguirla toda. Nianzú no sabía como podría hacerlo, pero de repente, el jefe lanzó unas llaves. Este las tomó y abrió su palma, descubriendo una pieza de metal oxidada:

-Ese será tu piso franco -dijo el jefazo- ahí vivirás todo este tiempo, será tu casa y almacen. De vez en cuando mandaré a uno de los niños a recoger ¿Entendido?

Nianzú asintió, diciendo que le había quedado todo claro. Uno de los guardaespaldas despegó el mapa, se lo entregó y recogieron todo como si allí no hubiera pasado nada.

Era de mañana, había dejado la llave de la habitación y se disponía a tomar un taxi. Dio indicaciones del lugar al que quería ir, y el hombre se le quedó mirando, mientras se negaba a llevarle allí. Le obligó a bajarse del vehículo, y alucinado, lo hizo. Estuvo un rato tratando de encontrar alguien que le llevase, hasta que un taxista le aseguró que tenía familia allí.

Soltó las maletas en el pequeño piso. Nunca creyó estar en un edificio tan alto. La estructura era extraña, pues en algunos momentos tenían que salir al exterior para acceder al piso de arriba. De vez en cuando la edificación temblaba, haciendo que le entrara algo de vertigo. Nianzú deseó poder acostumbrarse aquello. Caminó hacia el cuarto de baño y cuando entró, se dio cuenta de que allí solo había un misero vater, y si eso se le podía llamar así. Tragó saliva y volvió al pequeño salón. Sacó del bolsillo trasero el mapa que le habían dado en la noche anterior. Lo pegó con unas cuantas chinchetas que había en la pared y se quedó mirando los sitios marcados. La ciudad era pequeña, pero había tantos recobecos en esta que le sería dificil, porque ponía el lugar, pero no el piso y la puerta. Sacó un cigarro y con la unica silla que había allí, se sentó a planearlo todo.

#14

Ya había anochecido, y tenía claro su primer objetivo. La noche era joven, así que decidió abrir una de las maletas. Se vistió para la ocasión y decidio salir a ver que había alrededor de la casa. Nada más conseguir bajar de aquel laberinto vertical, se echó a la calle. Allí se regían con sus propias normas, así que no veías ni un simple paso de peatones. Cuando consiguió pasar al otro lado, entró en un pequeño bar, que nada más dar un paso dentro, se dio cuenta de que era un club de alterne. Las personas que allí habían no parecía confiables, y sus rostros mostraban los estragos de los vicios. Nianzú se dedicaba a ello, pero siempre con un control, se amaba demasiado como para venderse a la mala vida. Salió de allí y decidió seguir paseando, hasta que vio que muy cerca había unos baños publicos. La puerta se abrió, y una mujer atabiada con una toalla se le quedó mirando. Llevaba un cubo en sus manos y al ver a aquel joven, le preguntó si tenía algo en la cara como para no dejar de observarla:

-Lo siento, solo miraba los precios -dijo Nianzú- soy nuevo.

-Se ve en tu cara, estás de una pieza -dijo mientras se sentó en un taburete y se quitó la toalla de la cabeza- ¿Va a ser para siempre?

-Aun no lo sé -se puso las manos en los bolsillos- vivo el día a día.

-Todos vinimos con la misma idea, y ya no sabemos distinguir cuanto tiempo llevamos aquí, solo coincidimos en que es un infierno.

Nianzú tragó saliva, la segunda vez en lo que llevaba allí, por lo que podía escuchar, sabía que no sería la última. Sonrió y se despidió. Se apresuró en alejarse de la zona y llegó a lo que parecía un cruce, pero las calles se estrechaban tanto que no podía pasar ni una moto. Decidió no pasar por allí, así que se dio la vuelta, y se topó con un hombre. A este se le cayó el cigarro, y cuando miró a Nianzú, lo señaló, hablando en un idioma extraño. Lo fue acorralando hasta que alguien gritó, haciendo que el agresor dejara de fijarse en Nianzú.

Ya era de madrugada, la gente seguía estando en la calle, pero la mitad iba borracha. Nianzú miró la hora y decidió ponerse en marcha. Las puertas de los portales siempre estaban abiertas. Entró en el interior del primer edificio al que debia ir, con la decisión de robar lo que su jefe necesitaba. No sabía que piso era, pero de seguro que había alguna señal, para que la gente supiera donde se vendía la droga. Subió unos cuantos pisos, hasta que en uno de ellos vio una flecha. <> pensó Nianzú sacando la ganzúa. Caminó hacia la puerta y se agachó delante de ella. No tuvo que hacer mucho esfuerzo para abrirla, pues ya lo estaba. Cuando la puerta se deslizó, mostrando el interior, sabía que algo raro estaba ocurriendo. Las cosas podían parecer fáciles, pero no tanto. Dio un paso hacia atrás, con cuidado de no hacer ruido, pero de repente notó un metal frío en la nuca:

-Te estabamos esperando -dijo una voz grave-

Nianzú se dio la vuelta, descubriendo a un hombre, gordo y con una gran cicatriz en la cara. Detrás de él estaba el hombre con el que se había topado. Le habían estado siguiendo todo el rato.

Tenía las manos atadas, una mordaza en la boca y una bandana sobre sus ojos. Había perdido la noción del tiempo. El trozo de tela no era lo suficientemente opaca, así que pudo ver que había claridad. El sonido de la actividad ciudadana le hizo saber que ya era la mañana siguiente. Notaba su boca seca, y empezó a emitir sonidos para ver si había alguien cerca. Escuchó unos simples pasos, y alguien le arrebató la tela, dejando que la claridad le molestara. Cuando se acotumbró a ella, preguntó donde estaba, y el hombre le explicó que no podía decirle nada. La puerta del baño se abrió, y un olor a mierda invadió la sala. Nianzú quiso no respirar, pero tenía la boca tapada, así que le era imposible:

-Hemos podido saber tu nombre y para quien trabajas -dijo el hombre de la pasada noche- ¿Cómo está tu jefe? Hace tiempo que no nos vemos.

Nianzú se quedó en silencio, pues no podía decir nada, y el mafioso le dio permiso a su guardaespaldas para que le liberara la boca. Le pidió que contestara, pero Nianzú aseguró que casi no hablaba con su superior:

-Bueno, ya no tendrás mucho que decirle -dijo poniendose un cigarro en la boca- pues para remendar lo que intentaste hacer, deberás trabajar para mí y vender a los tuyos.

-Nunca haré eso, no abandono a mis amigos.

-Pues que tonto que eres, porque ahora mismo estás solo -se rio el mafioso- si te hacemos desaparecer, nadie se preguntaría qué te pasó.

A Nianzú le daba igual aquello. El mafioso suspiró y chascó sus dedos. Una bala le silvó por delante, haciendo que del susto, tirase la silla y se cayese atrás. Jadeando de miedo, notó como lo volvían a poner derecho, y escuchó de nuevo la oferta:

-Si quieres salir con vida de aqui, deberás hacerlo, aquí no hay policia, mandamos nosotros ¿Qué me dices?

-No me das opción a ello -tragó saliva- ¿O hay otra alternativa?

Todos empezaron a reirse, haciendo que Nianzú se sintiera como un idiota por preguntar. Cerró sus ojos y dijo que si no le quedaba otra, podían desatarlo ya, que estaba cansado de estar sentado y necesitaba ir al baño. El guardaespaldas miró a su superior, y este asintió. Nianzú se levantó y estiró cada parte de su cuerpo. Pidió permiso para entrar en el baño, y una vez echas sus necesidades, estuvo dispuesto a escuchar. Le explicaron que su banda había robado mercancía, valorada en millones de dolares, y que si quería salir de ahi, tenía un mes para devolver todo ese dinero, o si nos sería asesinado. Nianzú asintió, sin apenas pensarselo dos veces. Podía huir, y eso era lo que tenía pensando.

Entró dentro del apartamento. Recogió todo dentro de las maletas y salió pintando de allí, con la idea de marcharse. Cuando salió al exterior, aparentó tranquilidad, para no levantar sospechas. Pasó por delante de una carnicería, y alguien se topó con él. Algo cayó al suelo y cuando se fijó, pudo ver que era una bolsa entera de carne. Nianzú pidió perdón y le dijo que le pagaría todo aquello. Cuando alzó su mirada para ver quien era la persona a quien le había tirado la comida, se dio cuenta de que era quien le había seguido, y que trabajaba para ese cabrón. Nianzú se quedó sin palabras al ver como le sonreía:

-Tranquilo, si tendrás tiempo para hacerlo -dijo mientras se levantaba-

-¡No vayas a empezar otra pelea! -gritó una chica joven en el interior de la carnicera- ¡Piensa un poco más en mí, que soy tu sobrina!

El hombre acachó su cabeza diciendole que no volvería a ocurrir. Nianzú se fijó en la joven, sintiendo como se sentía prendado de su belleza. Notó como alguien lo tomaba de la oreja, y tiraban de él hasta al apartamento. Lo tiró dentro del portal del edificio de apartamentos, hasta caer al suelo. Nianzú, de rodillas, apretó sus puños mientras sentía como la oportunidad se le escapó de las manos. Cuando volteó su mirada para desafiarlo, se encontró con esa muchacha, extendiendole la mano:

-Parece que seas nuevo por aqui -murmuró ella- no deberias mostrarte hostil, no son gente normal.

Se presentó asimisma como Sung-mi y dijo que en verdad no era su sobrina, solo que había sido vendida y no le quedaba otra que tratarlo de tío. Nianzú a la primera decidió no creerse nada, pero no podía parar de mirarla:

-Supongo que buscarás la forma de conseguir dinero y pegar tu deuda -dijo Sung-mi mientras se rascaba la oreja- tengo una manera, pero no creo que te interese, pareces un chico de ciudad.

-¿Tengo otra alternativa? -se cruzó de brazos-

-Es vender tu cuerpo, hay muchas mujeres que necesitan un poco de compañía en este amasijo de cemento -respondió Sung-mi- hay veces que hago el apaño, pero es obvio que a algunas no les gusta las mujeres, prefieren a un chico como tú.

-No sé como tomarme eso.

-En este lugar, es como un cumplido.

Nianzú suspiró y preguntó como podía conseguir ese trabajo. Sung-mi miró para ambos lados, esperando que nadie estuviera lo suficientemente cerca como para escuchar. Se acercó y le pidió que la esperara cuando ella saliese del trabajo, que irían a cenar juntos.

#15

Parecía mentira que en una ciudad como esa pudiera existir un restaurante tan lujoso. Sung-mi le aseguró que le invitaría a cenar, y que allí mismo, le mostraría como era el trabajo. Cuando iban por el primer plato, le pidió que mirase atrás, viendo como una mujer se sentaba junto a su marido:

-¿Ves a esa mujer al lado de ese vejestorio? -preguntó Sung-mi- esta deseosa de carne, y ese no se lo puede dar ¿Quieres saber como poder ofrecerle tus servicios?

Nianzú asintió, y esta tomó una servilleta. Le pidió que le dijese donde estaba viviendo, y como tonto se lo dijo. Silvó para llamar a un camarero, y este se acercó con prisa. Le susurró al oído, y este miró a Nianzú, asintió y se alejó de la mesa. El chico se fijó en el camarero, que preparaba una bebida. Puso el papel debajo del vaso y se acercó a la mesa de la mujer. Dejó el vaso en la mesa y la mujer se dio cuenta del papel. Lo tomó con delicadeza y lo dejó dentro de su escote. Nianzú miró de nuevo a Sung-mi, que bebía tranquila de su vaso:

-¿Y ahora qué?

-A esperar -dijo mientras dejaba el vaso vacío encima de la mesa- no te preocupes, lo unico que debes hacer es estar en casa esta noche. Ahora comamos.

Nianzú tomó los palillos y removió los fídeos dentro del tazón. Cogió un montón y se los llevó a la boca. De reojo vio a Sung-mi, que sin querer, se había manchado la camiseta. Pasaba la servilleta cerca de su escote, y Nianzú sintió que se perdía allí dentro.

Alguien aporreó la puerta. Nianzú abrió sus ojos, asustado, pues creía que venían a por él. No podía escapar por ningún lado, así que no le quedó otra que ir a la puerta. Al abrirla, alguien se abalanzó sobre él, tirandolo al suelo. Cuando reaccionó, la apartó, dandose cuenta de que era la mujer:

-¿Me he equivocado de piso? -dijo avergonazada-

-¡No,no! -gritó Nianzú sentandose a su lado- es que me has pillado desprevenido, no me acordaba, lo siento.

Se alzó del suelo y cerró la puerta. La ayudó a levantarse y se disculpó por la apariencia del apartamento, ya que acababa de llegar. La habitación era un simple colchón en el suelo, y la alertó de no poder ducharse en el piso. La mujer sonrió, diciendo que tenía un plan mejor:

-¿Qué tiene pensando? -preguntó Nianzú-

Le pidió que tomase un albornoz y una toalla, que las termas cercanas a su casa estaban abiertas las 24h, y había una sauna mixta.

La mujer yacía sobre su torso, sudada y cansada. Nianzú no podía aguantar otro asalto, estaba cansado, pero no podía permitirse fallar el primer día de trabajo. Ella se volvió a abrazar a su cuello, y mientras lo besaba por todos lados, disfrutaba de como la penetraba. Ella intentó seguir, pero llegó un momento que le era imposible, y acabó apoyandose en el hombro de Nianzú:

-Le recomendaría no excederse, es peligroso aqui dentro -le aconsejó Nianzú- podemos asearnos y seguir en mi apartamento...

-No, tengo que despertarme al lado de mi marido -respondió ella- volverá en un par de horas. Te espero fuera.

Le dio un beso en la mejilla y se levantó, abandonando la sauna. Nianzú tomó la toalla y se la ató a la cintura.

Salió al exterior, con el albornoz y fumandose un cigarro. Estaba apunto de amanecer. La mujer le esperaba junto a un coche. Este se acercó y ella, con la cartera en la mano, le pagó por las cuatro horas que había estado junto a ella. Un total de 400 dolares. Nianzú los puso dentro del bolsillo del albornoz, y le preguntó si volvería a venir:

-No estoy segura de ello, nunca llego a estar con un mismo hombre un par de noches -respondió ella- pero me lo pensaré, puede que seas la excepción.

Se metió dentro del coche, sacó la mano por la ventanilla y arrancó, dando la vuelta para marcharse. Nianzú vio como se alejaba. Estaba cansado, así que fue a descansar un par de horas en su apartamento.

Un hombre le aseguró que si buscaba a Sung-Mi, podía entrar por la puerta de atrás de la carnicería. Nada más entrar, escuchó como algunos trabajadores cortaban a piezas un cerdo que acababan de matar. Vio como ella ordenaba las piezas en el mostrador. Se sacudió el pelo y dijo su nombre, con un tono de voz timido. Ella se volteó y se alegró de verlo. Se sacó los guantes de rejilla y se acercó:

-Ya me enteré que lograste un 10 en tu primera noche -dijo con una gran sonrisa- cualquiera no logra eso ¿Cuanto ganaste?

-Me dio 400 dolares -respondió en voz baja- ¿No es muy poco comparado con lo que tengo que dar?

Sung-mi asintió, diciendo que debería ser un poco más exigente y tener un gran abanico de clientas, pero que no se preocupara, que tan solo había comenzado. Nianzú miró a su alrededor y preguntó si había algun puesto libre:

-¿Te ves capaz de matar a un pollo? -preguntó Sung-Mi- hay veces que tienes que hacerlo con tus propias manos ¿Te atreves?

-Si no lo hago me destriparán a mi -murmuró- ¿Qué otra cosa me queda por hacer?

Ella suspiró, y habló en su lengua a otro trabajador. Se diculpó un momento y desapareció por una puerta. Volvió junto a un hombre:

-Este es el jefe, no habla chino, pero seré tu traductora.

Ella le explicó todo lo que se hacía allí, cuanto se ganaba y las horas que se trabajaba. Nianzú aceptó sin rechistar.

Habían pasado una semana. Dentro del colchón había conseguido almacenar unos cuantos miles de dolares, y aunque parecía poco, sabía que tan solo era el principio. Tomó una agenda donde se había apuntado los nombres de todas las mujeres con las que había estado. Alguna que otra le había dejado su número, y con el telefono fijo que se había comprado, podía atender sus llamadas y así hacer un servicio extra. Se había comenzado a acostumbrar a su ajetreada vida. Antes buscaba sexo por diversión, ahora era un trabajo, pero no podía quejarse, pues con eso se había conseguido algun que otro capricho. Si tenía que morir, necesitaba estar guapo para el funeral. Aunque estuviese con decenas de mujeres, había una que le había robado el corazón. Sung-Mi era ese tipo de chica con la que siemrpe había soñado. Todos los días compartían miles de conversaciones y cada vez tenía más ilusión por acercarse.

Sung-mi le esperaba delate del establecimiento de los baños públicos. Ambos habían quedado durante la noche para salir. Cuando se reunió con ella, esta le pidió que no tardase, pues solo tenía un par de horas libres, luego tendría que trabajar:

-No te preocupes, la señora Chang quiere repetir conmigo -dijo entre risas- será una noche larga y productiva.

Ella le miró con cara de pocos amigos y entró. Ambos se fueron a los baños no mixtos.

Sentado en un taburete, enfrente de un espejo, se fijó en su maltrecho pelo. Durante la semana se había descuidado un poco, su barba tambien comenzaba a ser alarmante. Cogió una cuchilla y poco a poco, comenzo a afeitarse. Se fijó tanto, que logró ver como algo saltaba de su cara, y sorprendido, se cortó sin querer:

-¡Joder! -gritó alarmando a los hombres de su alrededor-

Se apretó con los dedos mientras se manchaba de su propia sangre. Buscó una toalla e intentó pararse la hemorragia, momento el cual volvió a ver como algo pegaba un salto en su cabeza y volvía a aterrizar sobre esta. Se fijó más aun, y ya entendió que era. Un piojo:

-¡No puede ser! -volvió a gritar mientras descuidaba la herida y apegaba sus ojos al espejo- ¡No puedo tener piojos en este momento!

Los hombres del costado comenzaron a reirse en voz baja. Nianzú solo se había traido un jabón para el cuerpo. Miró como todos tenían champú, y avergonzado trató de pensar en como lavarse el pelo de forma efectiva, tratando de eliminar a aquellos capullos. Dos hombres se levantaron, y entre actitudes demasiado intmas, volvieron a entrar en el agua, dejando sus pertenencias allí mismo. En ese momento aprovechó para coger uno de sus botes y sobre su mano, lanzó una gran masa de champú. Comenzó a sacudirse el pelo y enjabonado hasta las trancas, se tiró dentro de las termas. <> gritaba en su mente. La gente empezó a preguntarse porque no salía de dentro, hasta que Nianzú emergió de dentro, rojo como un tomate. Volvió a salir, se sentó en el taburete, y se volvió a enjabonar, así hasta que casi se quedó sin pelo.

#16

Nianzú salió, con su pelo mojado y amarañado. Cuando Sung-Mi lo vio, le aseguró que pensaba que este se había marchado. Al fijarse en su pelo sin peinar, se acercó a él y se lo trató de aderezar un poco. Nianzú era más alto, por lo tanto, cuando intentaba mirarla, dentro de su campo de visión entraban sus bonitos pechos:

-Tssh, pervertido -le apretó la nariz con dos de sus dedos-

-¡Ah, ah! -gritó Nianzú- ¡Para, para, lo siento, joder!

No contenta con dejarlo sin respiración, en todos los aspectos, le propinó una colleja que lo hizo dos centimetros mas bajito. Nianzú volvió a disculparse, y esta las aceptó. Este notó que ella no estaba tan enfadada como aparentaba.

La música sonaba de fondo, mientras ambos tomaban un par de cervezas. Los dos no paraban de dedicarse miradas, furtivas, pues ninguno de los dos se daba cuenta de ello hasta que Sung-Mi sintió la necesidad de preguntar algo:

-¿Qué es lo que más te gusta de las mujeres?

Nianzú no la escuchó, así que le pidió que repitiese. Cuando entendió la cuestión, necesito tiempo para poder pensar. Cuando encontró una respuesta, se la dio:

-Poder satisfacerlas.

-Que asco de pervertido.

Nianzú aseguró que dejara de malpensar todo lo que él decía, que no lo decía en ese sentido, que ya pensaba así muchísimo antes de trabajar en ello. Sung-mi lo retó a decir algo con más originalidad:

-Cuando me refiero a eso, no digo sexualmente, si no que quiero que sean felices -respondió Nianzú- nunca llegué a tener cariño por parte de nadie, y no quiero que nadie cercano a mi se quede sin esa gran necesidad. Los humanos no estamos hechos para vivir solos.

Aquello se clavó como una flecha en el corazón de Sung-Mi. Desvió su mirada y se levantó como un resorte a la pista de baile. Nianzú sentía que no podía tirar la toalla en ese momento, era el adecuado, así que se acercó por detrás. Ella se giró de casualidad, y los dos se quedaron mirando. La música cambió, ahora había una canción lenta, haciendo que el ambiente se pusiera un poco más caldeado:

-Nunca he bailado con una mujer -dijo Nianzú entremedias de la canción- ¿Me concederías ese deseo?

Sung-Mi asintió, con un sonrojo en sus mejillas. Los dos se acercaron, él abrazandola por la cintura y ella del cuello. Los dos se movieron lentamente, mientras no paraban de mirarse a los ojos. Sung-Mi apoyó la cabeza en su torso, y este, apoyó su cabeza sobre la suya mientras cerraba sus ojos.

<> gritó Nianzú mientras veía como Sung-Mi caminaba calle abajo. Este no se movió de allí hasta que ella desapareció, volteando la esquina. Se tocó los labios, sintiendo que algo había faltado en aquella velada, pero no podía perder el tiempo. Se dio la vuelta y corrió para llegar a tiempo a su casa.

Entró en la carnicería, con la esperanza de poder verla, pero de repente vio que los animos estaban por los suelos, nadie trabajaba. Nianzú preguntó por lo ocurrido, y le sacaron de la duda:

-Ese cabrón se ha llevado a Sung-Mi -dijo uno de ellos- llegó tarde y piensan castigarla.

Nianzú pidió que le dijeran que aquello era una broma, pero nadie se atrevió a decirle nada de eso. Salió de allí y en medio de la calle gritó, demandando que alguien se presentara para darle explicaciones:

-¡¡Nianzú!! -gritó uno de los compañeros mientras ponía su mano en el hombro- ¡¡Deberias medir tus palabras, acabarán matandote!!

-¡¡Me da igual!! -contestó mientras tomaba un trozo de ladrillo del suelo y lo lanzaba contra una de las ventanas- ¡¡Quiero explicaciones!!

-Todo es tu culpa, maldito idiota -dijo el hombre que le siguió durante el primer día, con sus manos en el bolsillo- deberias saber que no permitimos que una de nuestras putas se relacione con un hombre ajeno a sus clientes.

Nianzú aseguró que fue culpa suya, que deberían llevarselo a él, pero según el mafioso, él era un caso aparte, pues tenía una deuda pendiente, que era bastante importante:

-Eso no me hace imprescindible.

-No te equivoques, Sung-Mi solo se trata de un juguete, el dinero no lo és.

-Demando poder hablar con tu jefe -dijo con voz amenazante- solo yo sé donde está el dinero, y como no me dejes ir hasta él, soy capaz de pegar fuego a todos los fajos.

El mafioso escupió el palillo y movió su mano para que un coche se acercara. Aparcó al lado y este le abrió la puerta, diciendo que entrara cuanto antes.

Haciendose un puro, miró a Nianzú, preguntando que es lo que quería. Este lanzó su deseo de intercambiarse con Sung-Mi, pero mientras este le cortaba la punta al puro, le aseguró que nunca había tenido relaciones con un hombre:

-Siempre hay una primera vez -dijo muy decidido- si no lo hace, no entregaré ni un maldito dolar de los que te debo.

Prendió el puro y dando una larga calada, volvió a mirarlo. Chascó sus dedos y Nianzú se vio de nuevo atado a una silla. Señaló la puerta, y dos de sus esbirros salieron corriendo:

-Reza para que lo encuentren -dijo el mafioso- porque como no sea así, haré que sufras y te comas tus propias palabras.

-Solo lo encontrarás si haces lo que te pido -respondió Nianzú-

-¿Te crees que soy idiota? -preguntó el mafioso- ni loco haré lo que me pidas, ya tuve suficiente con tu jefe, le di de comer y casi se merienda mi mano.

Nianzú pegó una patada a la mesa, haciendo que al hombre se le cayera el puro del sobresalto. Asqueado, lo tomó con la mano, y poniendose delante, lo utilizó para quemarle la mejilla. Nianzú gritó de dolor, haciendo que el mafioso se confiase, momento el cual aprovechó para propinarle una patada en la entrepierna, con la suerte de que el puro cayó sobre la cuerda y empezó a prenderse. Consiguió liberarse parcialmente, y con sus manos, se deshizo de la cuerda restante:

-Siempre traté de hacerlo por las buenas -dijo Nianzú mientras le pisaba la cara- pero veo que os encanta hacerlo por las malas.

Tomó el puro y le abrió la boca para hacerselo tragar. Comenzó a toser como un loco, pero a Nianzu no le bastó con eso, pues utilizó la cuerda que se podía hacer servir para inmovilizarlo. Tomó el juego de llaves que habia encima de la mano, y salió de allí con la idea de buscar en cada estancia del edificio. Llegó a la última puerta, deseando que fuese allí donde pudiera encontrarla, pero no fue así.

Al llegar al bloque de pisos, vio como de su ventana salia una gran humareda. La gente comenzaba a aglomerarse delante del portal, alguna gente gritaba, pues dentro habían familares suyos, que comenzaban a salir del edificio. Alguien se puso a su lado, y cuando vio quien era, pudo ver que era la mujer del edificio:

-Nadie se opone a los reyes de la ciudad -dijo esta en voz baja- aprendiste esa lección por las malas.

-¿Cómo es que sabe de ello?

-En la ciudad de las hormigas se sabe todo -respondió ella- supongo que necesitarás un lugar donde vivir.

Nianzú aseguró que no tenía dinero para pagarle, pero a ella le bastaba con su compañía, pues había hecho bastante ya por intentar doblear a aquellos capullos.

Le sirvió una sopa de pollo con una cuchara larga y pequeña. Le aseguró que era todo lo que podía hacer, pues las deudas la estaban ahogando. Aseguró que podía llamarla Hui:

-Señora Hui ¿Cuanto tiempo lleva aquí?

-Muchisimo, huí de mi pueblo al no querer ser casada y este es el precio a pagar, sola en esta ciudad de hombres -respondió ella- pero prefiero esto a un campesino desdentado y violento, aqui por lo menos puedo responder con violencia y nadie puede decirme nada.

-¿La sauna es suya?

-La abrí con una amiga japonesa. Tristemente falleció el año pasado.

-¿Estaba enferma?

-Se podía decir que sí. Se suicidó, ahogada por las deudas que ahora me hago cargo.

Nianzú vio la pena en los ojos de Hui. Asqueado por la situación, se abrió la chaqueta y se levantó la camiseta, descubriendo los fajos pegados a su pecho. Se despegó unos cuantos y se los entregó:

-¡¿Estás loco?! ¡Deberias pagar tu propia deuda!

-Creo que la mía solo se pagará con sangre -tomó de nuevo la cuchara- nunca llegaron a pensar en perdonarmela con un par de millones, quedeselos.

Hui se los guardó dentro de su faja y le preguntó porque le habían quemado la casa. Nianzú explicó la situación, haciendo que Hui dijese que el amor era peor que la enfermedad.

#17

Antes de apagar la luz para dejarlo descansar, Hui se acercó con un pedazo de papel. Le aseguró que era un favor que le hacía por ayudarle con las deudas. Cuando lo desplegó, se dio cuenta de que era una dirección:

-¿No teme por su vida?

-Cada vez tengo más ganas de acompañar a mi fiel compañera, que alguien me ayude con eso no me importa, de nada eh.

-Gracias, supongo.

Hui sonrió y se alzó del suelo. Esperó a que este se tumbara y apagó las luces. Nianzú se quedó meditando, pues nunca había llegado a pelear, solo robaba y corría como si no hubiese un mañana. Tambien podía ser su último día con vida. Deseó que Sung-Mi estuviera bien, sabía de sobra que ella podría lidiar con aquello y más, pero aunque ella pareciese fuerte, estaba en su misma situación. Por muchas ganas que le echases a la vida, la muerte era un gran adversario. Decidió cerrar sus ojos y descansar.

Se despertó de madrugada, era el momento perfecto para ponerse en marcha. Escuchaba los ronquidos de Hui, que había extendido un futón en el suelo del salón. Pasó con cuidado y salió a la calle. Las bombillas de las farolas parpadeaban. Caminó por esta mientras leía la dirección del papel. No parecía estar tan lejos. Se metió por un par de callejones y llegó a lo que parecía un almacen. Se asomó en el interior, y se asustó al ver a dos personas alrededor de un bidón con fuego. Se escondió, por al escuchar los resoplidos de estar en el quinto sueño, se relajó. Los esbirros estaban durmiendo. Por la puerta que había entrado era la única forma por donde podía salir el humo de la chimenea improvisada, así que entró y la cerró, así era la única manera de mantenerlos dormidos. Había unas escaleras, que llevaban a un segundo piso. Las subió con cuidado y allí vio una puerta. Con él aun traía la ganzúa, así que la sacó y se agachó delante. Empezaba a formarse una neblina alrededor suya, tuvo ganas de toser, pero hasta que no entró en la otra sala, no se dio ese gusto. Pudo ver otra sala, con otras puertas, que estas estaban abiertas. En la primera habitación que entró pudo ver a una muchacha, tumbada sobre un colchón mugriento, con el brazo extendido. Cuando se acercó, le tomó el pulso y supo que estaba muerta. Por la marca del antebrazo, pudo saber que era de sobredosis. Le cerró los ojos y se reservó una oración, pues no tenía tiempo. Fue a la siguiente, en esta tuvo mas suerte, la muchacha estaba despierta, encogida y abrazada asimisma:

-¿Estás bien? -preguntó Nianzú-

La chica se asustó y quiso gritar para decir que no le hiciese nada, pero Nianzú le tapó la cara mientras le hacia ver que no iba a hacerle nada:

-Busco a una chica que se llama Sung-Mi -dijo en voz baja- ¿Sabes dónde está?

-¿Qué dónde estoy? -preguntó una voz familiar-

Nianzú se sobresaltó tanto que acabó encima de la pobre muchacha. La comenzó a abrazar con fuerza, hasta que esta se ahogaba:

-¡La estás ahogando, cazurro! -dijo Sung-Mi mientras tiraba de él-

Lo deslizó por el suelo hasta que lo dejó tumbado a un lado. Nianzú reaccionó y se puso de pie para mirarla por todos los lados. Le hizo mil preguntas, todas eran relacionadas con su estado:

-Estoy asqueada, me has robado protagonismo -dijo ella mientras se acercaba a la chica para ayudarla a salir- toma a la otra, y salgamos de aqui.

Nianzú asintió y entró en la última sala que faltaba. Extendió la mano hacia la chica y con una sonrisa le aseguró que todo estaba bien, que se había acabado. Esta se abrazó y este la tomó en brazos. Bajó las escaleras con prisa y vio como los esbirros del mafioso yacían inconscientes en el suelo. Siguió a Sung-Mi, dirigiendose hacia un coche. Dejaron las chicas en el interior y Sung-mi se puso rapidamente al volante para salir de allí:

-¿Sabes conducir? -preguntó Nianzú-

-No ¿Y tú? -dijo manteniendo las manos en el volante-

Nianzú se quedó palido. Negó con la cabeza pero a Sung-Mi le importó muy poco. Aseguró que había visto a muchos hacer aquello, no sería tan facil. Apretó el acelerador y chocandose contra un montón de cosas, consiguió ponerse en circulación:

-¡Vas a despertar a todo el vecindario! -gritó Nianzú mientras se agarraba a todo lo que podía- ¡Estás jodidamente loca!

-¡Callate joder! -gritó Sung-Mi mientras movía el volante de un lado para otro-

De repente, uno de los cristales traseros se rompió y las chicas gritaron aterrorizadas. Nianzú miró atrás, y pudo ver a unos hombres trajeados, apuntandoles con una pistola:

-¡Agacharos!

Un ruido de impactos comenzó a sonar en el metal del vehículo. Sung-Mi seguía concentrada en aquello.

Pararon en una zona, bajaron del coche rapidamente y se metieron dentro de un establecimiento abandonado. Nianzú aseguró que no podían dejar el coche ahí, que sería muy cantoso, así que decidió encargarse de él, pero Sung-Mi aseguró que tenía una mejor idea. Se levantó y salió afuera, quitó el freno de mano y lo lanzó calle abajo. Volvió al interior mientras se escuchaba como el coche se chocaba contra otro a la distancia. Sung-Mi se reunión con ellos:

-Nunca pensé que nuestra segunda cita sería así -dijo Nianzú, sin pensarlo demasiado-

-¿Segunda? ¿Hubo una primera? -dijo Sung-mi mientras les prestaba una chaqueta y una manta-

Nianzú se quedó sin saber que decir. Se pasó la mano por el cuello y miró hacia otro lado. Sung-Mi sonrió mientras lo miraba, y sin que este se diese la vuelta, le dio un beso en la mejilla:

-Que fácil es tomarte el pelo -le susurró- pero no es el momento.

Miró a las dos muchachas, preguntandoles si tenían familia. Una de ellas negó con la cabeza, otra ni se recordaba de quien era. Sung-Mi suspiró y aseguró que estaban cerca de las salidas de la ciudad, que tenían una mínima oportunidad de poder escapar, pero ni que ella ni Nianzú podían acompañarlas:

-¡¿Por qué?! -gritó una de ellas- ¡No podremos nosotras solas!

-Habeis aguantado más que otras chicas -añadió Nianzú- vuestra compañera no pudo, hacedlo por ella, seguro que estaría orgullosa de que hayais podido escapar.

-Y eso no es lo único -dijo mostrando unas tijeras- os cortaré el cabello para que no os reconozcan.

Las dos asintieron y Sung-Mi comenzó con el corte. Le pidió a Nianzú que vigilase, pues el choque habría llamado la atención de algunos vecinos. Este se asomó ligeramente, y aseguró que se estaba comenzando a reunir gente alrededor de los dos coches accidentados. Nadie era sospechoso. Sung-Mi aseguró que no se fiara, que recordara lo que le ocurrió hace un par de semanas:

-Era de la competencia -dijo en voz baja mientras seguía observando- era un caramelito, me engañaron.

-Ya está chicas, no os favorece en nada, pero ya crecerá.

Las ayudó a levantarse y las guió a una puerta trasera. Desde allí les pidió que nunca se separaran, que siguieran por donde ella les señalaba, y saldrían de la ciudad. Una vez que lo consiguiesen, solo tenían que seguir por la carretera hasta llegar a una gran ciudad, allí mismo solo tendrían que buscar a unos policias y explicar su situación. Las dos asintieron y corrieron cogidas de la mano. Sung-Mi se volvió a reunir con Nianzú, preguntandole si estaría preparado para enfrentarse a todos esos mafiosos de mierda:

-Todo por nuestra ansiada libertad -respondió Nianzú- todo por salir de esta ciudad hormiguero.

#18

LOS PLACERES DEL SONIDO - 7/52 RETOS DE ELDE

Mei tomó la carta de despido entre sus manos, creyendo que era una broma. Llevaba una semana con la notificación, pero seguía sin creerselo. Las chicharras estaban afuera de la oficina, haciendo su caracteristico sonido, mientras ella trataba de sacar fuerzas para poder meter todas sus pertenencias en cajas. Ya era oficial, no podía hacer nada, así que arrugó la carta entre sus manos, ocasionando un escalofrío. Pegó un pequeño grito, que intentó contener, pero sus excompañeros se quedaron mirandola:

-Perdón -dijo mientras dejaba el papel encima de la mesa-

Tragó saliva y comenzó a meter todo mientras pensaba que había sido esa reacción. No recordaba una sensación como esa desde que pasaba las hojas de un manga, pero recordaba la situación, y es que la trama se estaba poniendo muy intensa, uno de sus personajes favoritos se iba a declarar a la persona indicada, no podía contener la emoción. Paró de recoger, recordando que eso había pasado de verdad, y se sentó en la silla, dejandose caer sobre esta. Esta se deslizó hacia atrás con brusquedad, golpeando la mesa de la compañera de atrás. Se levantó como un resorte mientras agachaba la cabeza y pedía perdón. Tomó sus cajas y escondió su rostro sonrojado con el pelo. Corrió hacia el ascensor y se metió en el interior. Había un montón de plantas, así que apoyó la caja sobre el reposabrazos. Al llegar a su planta, salió y se acercó a recepción para entregar su par de llaves.

Mei miraba con lujuria el aire acondicionado, pero sabía que aunque lo deseara con todas sus fuerzas, ahora era algo que no se podía permitir. Sin embargo, tuvo una idea, y fue rebuscar en la habitación de los trastos, esa donde dejó todo lo que no quiso montar en la mundanza, para buscar algun ventilador. Allí dentro había un par de cajas, todas llenas de libros y papeles. Tomó uno por casualidad y lo ojeó, misma sensación. Mei se asustó, pues hasta se le había erizado la piel. Dejó todo en su sitio y decidió salir de allí. Abrió la ventana, aunque el ruido del trafico entrara, y sacó un helado del congelador. Se sentó delante de esta, y apoyada, miró al exterior. Sacó el plastico de este y nada más abrirlo, volvió a sentirse rara:

-Joder ¿Me habrá afectado más de la cuenta el despido? -se metió el helado en la boca-

Lo chupó un par de veces, sin saber por qué se centraba tanto en hacer ruidos extraños. Empezó a sonrojarse y dejó el helado de lado mientras escondía su cara entre las piernas. El telefono comenzó a vibrar encima de la mesita de café. Reaccionó, echandose hacia atrás para alcanzarlo con la mano. Contestó sin mirar quien era:

-¿Cuando me ibas a decir que te habían despedido? -preguntó su amiga Rachel-

-¿Ya te ha contado mi madre? -se lamentó- ¿Por qué no se podía callar?

-¿Qué tiene de malo que lo sepa? -dijo en un tono de voz enfadado-

-Por eso mismo, porque eres peor que ella -contestó mientras se incorporaba- ¿Cómo te va por USA?

Rachel suspiró. Aunque era su país de origen, habían sido muchos años viviendo en Japón, en definitiva, Asia. Se había acostumbrado a la cultura del respeto y a ser una chica muy calmada, aquel país era puro desmadre. Mei empezó a reirse, diciendo que a ella le encantaría poder viajar, pues solo había salido de su humilde pueblo para ir a Tokio a trabajar:

-Las dos tenemos nuestros propios problemas -murmuró Rachel- nunca nos conformamos con un punto medio ¿Y ahora que vas a hacer?

-Colgarme -dijo Mei-

-¡¿Qué cojones acabas de decir?! -gritó Rachel-

-Solo bromeaba, pero viendo las facturas, es lo que me apetece. Quiero que me estoy volviendo loca.

Rachel aseguró que siempre lo había estado, que nadie en este mundo estaba cuerdo, pero Mei dijo que ella lo estaba más que cualquier persona. Su amiga se interesó por saber que le había ocurrido, si le había dejado un novio ricachón o si había conocido a un mazizorro:

-¡Rachel, te lo estoy diciendo en serio!

-Vale, vale, cuentame ¿Qué te pasa?

-Me da vergüenza decirlo -se tapó la cara- es tan absurdo, que no puedo ni aguantar pensar en ello.

-Siempre dices que te da cosa explicar algo, y la primera vez que follaste con un chico me contaste todos los detalles, que no queria saber.

Mei le volvió a repetir que ya le había pedido perdón, que estaba harta de que se lo dijera cada vez que tenía un problema similar, y escuchó a Rachel reirse de ella al otro lado. Cuando se calmó, le aseguró que siempre podía confiar en ella:

-En eso tienes razón -suspiró Mei- me pongo cachonda cuando arrugo un papel.

-No en serio, puedes contarmelo -dijo tajante- ¿Qué te pasa?

-¡Ya te lo he dicho! -se mosqueó- ¡Joder Rachel!

Se hizo el silencio, y Rachel le pidió que intentara explicarse lo de nuevo, porque no había entendido nada. Mei lo hizo, entre quejidos de timidez y movimientos bruscos:

-Entiendo, no es nada del otro mundo. Eres sensible a cualquier estímulo sonoro.

-Si me lo explicaras mejor, te lo agradecería.

Rachel le explicó que no es que le pusiera cachonda, solo que tenía una ligera sensación de calidez y que le relajaba, que no era nada en especial, que podía buscar más por internet sobre ello:

-Nunca lo he escuchado -respondió Mei-

La amiga le regañó por pasar tanto tiempo ocupada, que debía pensar más en ella misma, y le recomendó buscar vídeos sobre ASMR:

-¿Hay mucha gente que hace eso?

-Si, como Cara y Eva Longoria -aseguró Rachel- aunque creo que está última se apuntaría a un bombardeo con tal de volver a ser tan famosa como antes.

Mei tomó la recomendación y le aseguró que la llamaría al día siguiente para contar que tal.

Parecía un buho de las horas que llevaba despierta. Ese mundo la estaba fascinando por completo. A su alrededor un par de bricks de zumo vacío y las hamburguesas de seitán a medio acabar. Se lamentaba haber desaprovechado tanto su tiempo, haber vivido para trabajar y no al revés. Siempre se preocupó por su aparente falta de dinero, pero en verdad nunca fue así, siempre había tenido todo lo que había querido. Lo tenía más que decidido, bajó la tapa del ordenador y poniendose de pie, se marcó un nuevo objetivo. Cuando miró como tenía el salón de desastrado, pensó que tenía tiempo para todo, y que dejar la casa así sería un problema.

#19

No podía decidirse por ninguno de los microfonos expuestos. Había uno con un color pastel que le encantaba, pero había otro que parecía más profesional. Agachada delante de las dos exposiciones, escuchó como una dependienta se le acercaba por detrás:

-¿Puedo ayudarte con algo? -preguntó, sorprendiendo a Mei- ¡Lo siento! ¿Está bien?

Mei asintió mientras se apoyaba en el expositor para levantarse. Volvió a mirar hacia los dos que le habían llamado la atención, y le preguntó cual de los dos percibiría mejor los soniditos de un papel:

-Bueno, ninguno de los dos, están hechos para que su voz se proyecte mejor y el sonido ambiente no moleste a su grabación -respondió la chica con una amable sonrisa-

Se quedó a cuadros al escuchar esa explicación, miró un par de veces a los microfonos y luego a la dependienta, sin saber que hacer. Levantó su dedo pidiendo un segundo y tomó su telefono para llamar:

-¡Qué cojones quieres Mei! -gritó Rachel, haciendo que Mei separase su cara del telefono- ¡Estoy durmiendo!

Mei se dio cuenta de que Rachel ya no vivía en Japón. Le pidió perdón tantas veces, que Rachel se calmó y se preocupó. Aseguró que no le había pasado nada grave, solo que quería saber que tipo de microfono necesitaba para hacer ASMR:

-¿Estás de coña verdad? ¿No puedes preguntar a un experto?

-Me he dado cuenta de que odio interactuar con la gente -susurró Mei-

-Propio de ti -se escuchó a Rachel moverse por las sabanas- Quieres que busque por ti y asi no tener que hablar con nadie ¿Verdad?

Mei se lo agradeció, y Rachel le pidió que le dejara un poco de tiempo, que luego la llamaría. Cuando colgó, notó que la dependienta se acercaba, preguntando si ya se había decidido. Mei sonrió y se dio la vuelta para marcharse.

Sentada en la cafetería que había a dos manzanas del establecimiento, Mei se tomaba un batido. El telefono estaba encima de la mesa, esperando a que Rachel no se hubiese dormido. Cuando comenzó a vibrar, descolgó y se lo puso en la oreja. Al otro lado solo hubo silencio. Cuando se lo despegó, se dio cuenta de que solo le habían mandado un mensaje. Lo volvió a dejar encima de la mesa. De reojo, pudo ver que era Rachel, que se lo había mandado y le daba las buenas noches, aunque en Japón era de Día. Se tomó lo que quedaba de un sorbo, se acercó para pagar y salió de allí con el dispositivo en la mano. Entró en el establecimiento, y buscó a la chica, que estaba en la sección de electrodomesticos junto a una familia. Le mostró el telefono sin hablar, haciendo que la chica se quedara sorprendida:

-Ah, que bueno que se haya decidido -dijo mientras disimulaba- ¿Por qué no me espera o llama a otro compañero?

Mei se dio cuenta de como se había comportado, e hizo una reverencia mientras pedía perdón. Caminó hasta la zona y empezó a buscar lo que le había escrito Rachel. Se paró en un estante, que estaba vacío, y cuando se fijo en el nombre del producto, pudo ver que era el que buscaba, además del desorbitante precio. Se quedó arrodillada, abatida por la noticia mientras apretaba el telefono:

-Señorita ¿Se encuentra bien? -preguntó un dependiente-

-¡Sí, sí! -se alzó de un salto- ¡Ya me iba!

Caminó, forzada como un robot, hasta que escuchó como el chico le decía el producto que estaba buscando. Se giró y preguntó si quedaba alguno:

-Claro, solo hay que reponer el producto -respondió el dependiente- ¿Le encargo uno?

Mei ilusionada, asintió sin preocuparse por el precio. El chico le pidió que lo acompañara, para tomarle todos los datos posibles. Le entregó un formulario, comenzó a rellenarlo y cuando lo firmó, supo que a lo mejor tendría que ir al hospital a hacerse una dialisis, porque entre toda la mierda que comía y bebía cuando estaba aburrida, y ahora eso, sabía que se había quedado sin riñones.

El microfono aun estaba dentro de su embalaje. Apoyada en la mesita del café, comenzó a juguetear con sus dedos, haciendo que sus uñas chocasen con la madera, haciendo un ruido muy curioso. Mei miró de reojo su acción, y cada vez se comenzó a concetrar más, hasta que lo encontró placentero. Más tranquila, se alzó del suelo para tomar un cuchillo. Lo clavó en la parte de la cinta aislante, con cuidado de no dañar el interior, y abrió las solapas. Al sacarlo, el corchó rozando contra el cartón hizo que sintiera otro tipo de sensación. Se quedó alucinada, porque ese mundo le estaba empezando a fascinar cada vez más. Lo dejó al lado de esta misma y tomó su portatil para poder conectarlo a este. Mientras se encendía, se preparó un bol de papas variadas, para poder picotear entremedias de todo el proceso.

Ya estaba todo conectado y funcionando. Le había costado lo suyo, pero tras un par de tutoriales y perderse entre muchos vídeos de ASMR, pudo conseguir su objetivo. Empezó a grabar un audio, haciendo tonterías varias. Como romper un papel, arrugarlo, pasar hojas, abrir una bolsa de plastico, tambien estrujarla entre sus manos, comerse un par de papas, dejar que caigan sobre un plato, pasar el dedo por encima de este, dar un par de golpecitos, pasar sus uñas por la superficie de madera y por último, acariciar el microfono. Paró de grabar y quiso escuchar el resultado, que fue magnifico, hizo que hasta se erizara su piel. Se pasó sus manos por los brazos y decidió abrir un editor de imagenes que tenía, porque necesitaba algo de fondo que hiciese el vídeo más apetecible, ya que mostrar su rostro era algo que se le hacia imposible.

Colores pastel, letras que no invadían toda la pantalla, ondulaciones, entre otros muchos efectos que hicieron que la composición fuera perfecta. A Mei se le había abierto otro mundo distinto, pero parecido, y era el de los efectos visuales que causaban la misma sensación que los sonoros. Tras su primer vídeo hecho y la luna empezando a desaparecer, decidió subirlo a youtube, aunque nadie lo fuese a ver. Se esperó a que subiese, y cuando lo hizo, decidió tomar su telefono para compartirselo a todos sus contactos. Algunos eran excompañeros de trabajo y de instituto, gente con la que no hablaba desde hacia mucho tiempo, pero tampoco había dicho que era ella, así que siempre podía decir que se lo había mandado por equivocación. Una vez acabado, decidió apagarlo todo y marcharse a la cama.

#20

Los pajaros ya cantaban desde hacia horas, los coches pasaban y pitaban, enfadados por la infracción de otro conductor. Se escuchaba a algunos niños no tener respeto en las calles. El vaivén de las puertas de los establecimientos cercanos. Mei se levantó en la cama, viendo que ya era la hora de comer. Habían pasado unos cuantos días desde su despido y aun no se acostumbraba a su horario vacacional. Agarró un bol y se lo llenó de los cereales que su amiga Rachel le había enviado. No era la comida más balanceada del mundo, puro azucar, pero el ruido que hacían le sobraba. Guardó la bolsa dentro de la caja y la metió dentro del armario. Se sentó en su mesita de café y miró su portatil, el cual no había tocado desde hacia días, con el microfono sobre este. Aun no entendía porque había decidido caer en su vena consumista, porque desde que creó aquel vídeo, no se volvió a atrever. El telefono vibró, parecía que no había sido la primera vez en lo que llevaba de día. Cuando lo desbloqueó, vio que el mostrador de notificaciones estaba petado de mensajes que le indicaban que fuera a su cuenta de youtube. Lo dejó de lado y pensó que sería mejor entrar desde el portatil mientras disfrutaba de ese desayuno/comida. Nada más ingresar en la cuenta, se dio cuenta de que todos esos mensajes residían en ese vídeo que había subido. Cuando lo abrió, se dio cuenta de que en este había un par de cientos de visitas, algo que nunca se hubiera imaginado. Cuando lo trasportó a una realidad paralela, se dio cuenta de que habia sido vista por 200 personas. Eso no llegaba a ser considerado un concierto, pero para alguien como ella aquello era peor. Se llevó las manos a la cabeza y cerró la tapa. Tomó el telefono y decidió ir a preguntarle a su amiga qué hacer:

-¿Otra vez llamandome de madrugada? -aseguró Rachel con una voz cansada- menos mal que no estas acostumbrada a hablar por telefono, si no me darían ganas de atravesar la pantalla y estrangularte.

-Lo siento, pero es que ha pasado algo muy gordo -explicó Mei-

El tono de voz de Mei puso en una situación comprometida a Rachel. Se escuchó como esta se levantaba de golpe, tirando todo a su alrededor. Preguntó un par de veces si se encontraba bien, y esta, sorprendida por todo lo que había escuchado, le hizo la misma pregunta:

-¡Te he hecho yo la pregunta! ¡Idiota! -gritó Rachel- ¡Cuentame lo que te ha pasado!

-Mi vídeo, tiene 256 visitas -murmuró Mei- ¡¿Qué hago?!

-¡¡Serás idiota!! -le contestó Rachel- ¡¿Para eso me llamas tan asustada?!

Mei recapacitó, diciendo que había exagerado un poco, pero que la situación aun la seguía abrumando. Rachel intentó tranquilizarse y se sentó en la cama. Le explicó que eso era una buena noticia, que no perdiese la oportunidad que se le presentaba, aunque fuese muy pequeña, porque nadie conseguía eso por arte de magia:

-¿Cuantos suscriptores? -acabó preguntandole-

-¿Cómo se mira eso?

Se hizo el silencio. Rachel suspiró y le explicó donde se podía mirar. Mei se dirigió a ello y vio que había un total de 58 personas suscritas:

-Vuelve a subir un vídeo, si este tiene exito, no lo dejes pasar.

Mei se quedó callada. No tenía medios suficientes y creyó que sería muy aburrido si lo repetía todo de nuevo. Le agradeció por el consejo y colgó, dejando a Rachel con la última palabra en la boca. Se dirigió hacia la sala de los trastos. Comenzó a sacar todo tipo de elementos que pudieran hacer un sonido peculiar. Los empezó a almacenar en el salón, dejando que este dejara de serlo, para pasar a ser el nuevo trastero. Cansada, dejó todo a su alrededor, y decidió que una nueva etapa se presentaba en su vida.

#21

PULSACIONES - 8/52 RETOS DE ELDE

Había que evacuar a la gente de sus casas. El frente improvisado en contra de los Alemanes estaba aguantando, les retrasaba en su avance, pero todos ellos sabían que no sería por mucho tiempo. Empezaron a evactuar a toda la gente de la ciudad, aunque muchos debían esperar, sus condiciones no eran las mas idoneas para correr.

La ametralladora seguía amasacrando a los enemigos. Sus cuerpos caían sin vida en el suelo, haciendo que sus compratiotas lo tuvieran dificil para seguir avanzando, y no les quedaba otra que retirarse, u ocultarse entre los cadaveres. Quienes estaban en el frente, de vez en cuando echaban una mirada a atrás para ver como la gente corría. Satisfechos por saber que casi no quedaba gente a la que evacuar, su vocación se volvía cada vez mas fuerte, eran sus vidas o la de los inocentes.

Una recluta iba a reemplazar a uno de sus compañeros, pero de repente, vio que una de las enfermeras, embarazada de 8 meses, se apoyaba en una de las paredes de la trinchera. Preocupada por su estado, volvió a entregarle el arma a su fiel compatriota y pidió que la cubriera durante unos minutos más. Tomó en brazos a la enfermera y se la llevó a una zona donde no estuviera tan expuesta. Estaba dilatando, el niño venía en camino. Empezó a llamar a los medicos, pero ninguno podía hacerse cargo, eran muchos los heridos por las minas o por las balas perdidas, al igual que muertos, pues había que certificar sus fallecimientos. Sin otra oportunidad, decidió ser ella quien asistiera el parto.

Los bombarderos empezaron a sobrevolar la zona. Aliviada, porque sabía que eran aliados, podía recuperar su propio pulso. El niño comenzaba a asomar la cabeza. Pidió que hiciera más fuerza, que ya casi estaba. Una vez en sus brazos, lo limpio con una toalla, y notó que sus latidos eran débiles pero estables. Se lo entregó a la madre y volvió al campo de batalla. Las bombas comenzaron a caer sobre el frente enemigo, impactando contra este y haciendo una gran humareda así como llamarada. El sonido de estás, retumbaba en su pecho, como si fueran los latidos de aquel recien nacido.

#22

QUE SEPAN LA VERDAD - 9/52 RETOS DE ELDE

<> decía una voz robotica. Se hacía la luz en la habitación, pero no prodecía de ninguna fuente interior. Se había abierto una puerta. 0159 se levantó para asomarse, con miedo, pues aun no entendía donde se encontraba. Vio como la gente pasaba por delante, atravesando el pasillo. Algunos movían sus manos con nerviosismo, otros se mordían las uñas, se daban golpes en la cabeza, hablaban solos... actos que 0159 le hacían querer volver a dentro, porque le estaba atormentando. Recordó los números que habían dicho, eran las habitaciones con las puertas de par en par. 0163 estaba en la entrada, inseguro. 0174 no era capaz de salir por su propio pie, así que 0192 la ayudaba. Esta última parecía ser bastante fuerte y confiable. Faltaba 0201, que se asomó con las manos en los bolsillos y mirando por encima del hombro a todo aquel que se la quedara dedicandole una mirada. Los chicos echaron el pie fuera casi a la misma vez, haciendo que se quedaran sorprendidos y se observaran mutuamente. Las puertas que separaban el pasillo del resto de estancias del edificio, se abrieron y la voz mecanica aseguró que debían pasar a la sala de espera. El grupo se dirigió hacia allí, más bien 0159 se sentía empujado a estar junto a ellos, pues aun no entendía nada de lo que estaba ocurriendo. Era una gran sala, con la misma tematica que las habitaciones. Toda blanca, con asientos de cuero blanco, con paredes acolchadas y suelo enmoquetado. Algunos prescindían de sentarse en los sofás, otros lo hacian, otros se quedaban de pie mirando hacia la pared y los últimos, preferian estar moviendose de un lado para otro:

-¿Se puede saber qué está ocurriendo? -preguntó 0159- ¿Dónde estamos?

0163 era reservado, así que solo desvió su mirada. 0174 parecía no ser capaz de gesticular palabras, así que fue 0192 quien habló, pues 0201 solo hacía que mirarlo mal, era el nuevo del lugar, y seguro que era peor que un grano en el culo:

-No te preocupes, a nosotros nos ocurrió lo mismo el primer día -respondió 0192- al principio te costará. Estamos en un manicomio.

-¿Un manicomio? ¿Por qué me encuentro aquí? -respondió, quedandose más sorprendido aun- ¿Cual es vuestro nombre? O mejor dicho ¿Cual es mi propio nombre?

Se quedó aterrorizado al descubrir que se encontraba vacío. La ansiedad empezó a invadirlo y fue cuando 0192 reaccionó. Le pidió que se calmase, que no sucumbiese a caer en ese pozo, porque ahí nadie le ayudaría, tendría que aguantarlo. 0159 no entendía por qué le estaba diciendo eso, lo dejó aun peor:

-No nos dan medicación -dijo 0163 con un hilito de voz- por eso muchos de nosotros podemos comportarnos de una forma extraña. No nos queda otra que ser así.

-¡¿Me estás diciendo que tendré que vivir así?! -gritó 0159- ¡Me niego!

0159 se levantó y corrió hacia la puerta. Comenzó a golpearla, haciendo que todo el mundo lo mirara. Los que estaban en un peor estado, comenzaron a gritar mientras se tapaban las orejas. Otros comenzaban a reirse al ver a sus compañeros perder la compostura. El resto se asustó, alejandose de todo el mundo. La voz robotica comenzó a hablar, ordenando calma para no proceder al castigo:

-¡0159! -gritó 0192- ¡Calmate o será peor!

0159 se agachó y se abrazó asimismo, pero aunque él tratase de volver a la normalidad, ya se había desatado la histeria. La luz de color blanco cambió a ser roja. Una alarma comenzó a sonar. Unos aspersores salieron del techo y comenzaron a regar con agua fría. La voz ordenó que todos se tiraran al suelo, pues quien no hiciese caso, sería llevado a una celda de aislamiento. Todo el mundo se tiró entre sollozos, risas y temblores. 0192 abrazó a 0159 para tirarlo al suelo. Lo tomó de sus manos y lo miró a los ojos, murmurando palabras en una voz calmada, haciendo que este se evadiese de todo el tormento. Unos hombres trajeados de blanco entraron, tomando a todo aquel que no se había tumbado. Se lo pasaban de unos a otros, empujandolo hacia el pasillo por donde habían entrado.

#23

Todo el mundo lo miraba. Era el autor de que hubiesen sido castigados, y algunos retenidos. Le hubiesen dejado solo si no hubiera sido por el grupo, aunque 0201 se negaba a compartir la misma parte de la mesa con él. 0163 alimentaba a 0174, mientras 0192 descansaba. Se había resfriado. 0201 aseguró que estaba harta de siempre comer lo mismo y dejó la cuchara de lado:

-¿Cuanto hace que estais aquí? -0159 preguntó-

-Perdimos la noción del tiempo -aseguró 0201- ¿No es de suponer?

0192 pidió calma, no era momento para enfadarse, y más con todo lo que había ocurrido ya. Explicó que la llegada de 0159 era un soplo de aire fresco, que necesitaban a gente renovada para llevar a cabo el plan:

-¿De qué hablais? -preguntó- ¿De qué puedo servir?

-Queremos salir de aqui -respondió 0163- queremos saber la verdad.

0201 aceptó su error y pidió disculpas, pero ella quería saber algo. Decidió preguntarle si se acordaba de algo del exterior. Cuando 0159 se volvió a asustar, pero esta vez no decidió exteriorizarlo. Todos suspiraron, de verdad era como les había pasado a ellos. Sintió que necesitaba hacer una pregunta, 0192 le dio el turno de palabra para ello:

-¿Qué le pasa a 0174? -dijo mientras la observaba-

0163 respondió antes que nadie. Explicó que cuando la trajeron ya estaba en ese estado, que se la asignaron a él hasta que 0192 entró. Esta misma admitió que tampoco quería hablar de ese tema delante de ella, porque no era como si se tratara de un objeto, era una persona que podía sentir todos los estimulos de su alrededor, y se ponía nerviosa cuando hablaban de ella:

-Ya ves lo que a mí me importa -respondió 0201- es un lastre para nuestros planes.

0192 le echó la bronca, porque era de muy mal gusto decir algo como eso. 0163 se giró hacia 0174 para explicarle que para él era alguien muy importante. 0192 miró a 0159:

-¿Tienes alguna duda más?

0159 negó con la cabeza, necesitaba tiempo para digerir todo aquello. Tomó la cuchara y se metió un poco de puré de verduras en la boca. Lo saboreó, aunque no había mucho que hacer con eso, se notaba que todo era de sobre.

Era la hora libre. Podían caminar por cualquier sitio que no tuviera una prohibición. 0159 paseaba por aquel pasillo, fijandose en las habitaciones cerradas. Había una ventana y cuando se acercó, en su interior vio a una mujer, en pesimas condiciones, contra la esquina interior de la habitación. Esta ladeó su cabeza hacia atrás, mirandolo bocabajo. Le recorrió un escalofrío por la espalda. Dio un paso atrás, pero fue demasiado tarde, la mujer se abalanzó sobre la puerta, dando un fuerte golpe. Sorprendido, se cayó hacia atrás, haciendo que la gente de su alrededor se quedara mirandolo. 0192 corrió hacia él para preguntarle si se encontraba bien, a lo que este asintió:

-No deberias acercarte a las puertas que están cerradas, te quitaran el sueño.

-He podido verlo por mi mismo -dijo siendo ayudado por ella- ¿Dónde están los demás?

-En la biblioteca, hablando del plan -murmuró 0192- ¿Estás seguro de que quieres involucrarte?

0159 se aburría. Sentía que aquello no iría a ningún lado, pues allí todos estaban igual que él o peor, así que todo aquello era papel mojado, o eso creía, porque la curiosidad mató al gato.

Le dio curiosidad por tomar algún que otro libro. Todos estaban rayados con una gruesa línea, donde solo dejaban leer palabras bonitas. Relacionados con el amor, el cielo azul, los abrazos, la relajación, entre otras muchas cosas que a 0159 no le parecieron nada interesantes. Apiló el último libro sobre los siguientes, y se interesó por lo que decía 0192:

-Él es el nuevo, si la lía un poco, serán más buenos que con nosotros, que ya acarreamos muchas faltas.

-¿Y si las cosas cambian? -dijo 0163- ¿Y si sus politicas ahora son distintas?

-Si no lo probamos, no sabremos nada -explicó 0201 mirando a 0159-

0174 no podía hablar, pero si girar sus ojos hacia este, haciendo que se sintiera incomodo. No tenía nada que hacer entre esas cuatro paredes, así que aceptó, sin pensar en cual podría ser el castigo.

#24

Se acercaba la primera cena de 0159. Salió nada más abrirse la puerta de la habitación. Miró a ambos lados, preocupado, porque no sabía si debía ir al mismo sitio, o sería en un lugar distinto. Dio un paso al frente, y notó como alguien pasaba por delante. Se tratab de 0192, que le susurró para que la siguiera:

-Mientras cenamos, debes agredirme, de la peor forma posible -explicó mientras caminaban- ¿Vale?

-¿Cómo puedes pedirme algo como eso? -se quejó 0159- Además, los tenedores son de plástico.

-Aunque tengas que sacarme un ojo ¿No entiendes nuestra situación?

Se pararon delante de la puerta de la sala de espera. 0159 asintió, aunque no estuviera muy de acuerdo. Entraron para reunrise con los demás. 0174 tenía los ojos cerrados y 0163 explicó que había estado encontrandose mal. 0201 estiraba todo su cuerpo, levantando sus brazos hacia arriba, cuando terminó, preguntó si estaba todo listo. 0192 lo miró, y ambos asintieron.

Apretó el tenedor de plástico con todas sus fuerzas. En un abrir y cerrar de ojos, se encontraba encima de la mesa, tirandose sobre ella. Levantó su brazo y comenzó a intentar apuñalarla, aunque solo pudo golpear una vez y este se partió. 0192 vio que aquello no había funcionado, todos estaban alarmados, menos quien debía estarlo, así que tomó las manos de 0159 y las llevó hasta su cuello:

-¡Apreta! -gritó-

0159 lo hizo entre lágrimas. Vio como esta comenzaba a ahogarse, pero antes de que pudiera desvanecerse, alguien lo tomó por los brazos, tirando de él hacia atrás. Se trataban de los hombres de blanco.

Lo lanzaron al interior de una habitación de piedra, fría como un tempano. No había ningun lugar donde apoyarse, sentarse y mucho menos tumbarse comodamente. 0159 encogió sus pieras, mientras observaba a aquel hombre que lo había llevado a arrastras:

-Estarás aquí como minimo dos días, si tu comportamiento es válido claro, si no se aumentará hasta una semana. Recapacita sobre lo que has hecho.

Salió de allí y cerró la gran puerta de metal, dejandolo a oscuras completamente. Claustrofobia, algo que no había sentido desde hacia mucho tiempo, lo notaba en su mente. Tragó saliva y se arrastró hasta tocar una de las paredes. Se apoyó contra esta e intentó pensar en otra cosa.

No sabía cuanto tiempo llevaba ahí, pero sabía que era bastante. Tenía hambre y sed. Intentó palpar el lugar en busca de algo que llevarse a la boca, pero no encontró nada. Desfalleció en medio de aquel tugurio, contando los segundos para entretenerse. Su oreja estaba pegado al suelo, percibiendo como unos pasos que se acercaban. Se levantó hasta apegarse a la puerta. Vio como una escotilla se abría. Los ojos se quedaron mirandolo fijamente:

-0159 ¿Te encuentras bien? -preguntó 0192- no tengo mucho tiempo, toma esto.

Le entregó una bolsa con un bollo dentro y una botella de agua. 0159 se lo agradeció, pero quiso saber cuanto había pasado. Ella le explicó que era el tercer día, que debería haber salido y lo sabía, pero debido a que esta se había escapado de la enfermería, mantenian a todo el mundo encerrado por "seguridad":

-¿Qué vas a hacer ahora? -se preocupó- No dejes que te atrapen.

-Eso intento, pero este maldito lugar es un laberinto -se quejó en voz baja- pero por suerte carecen de camaras de seguridad, no quieren grabar todo lo que sucede aqui dentro.

0159 abrió el bollo y se lo comió rapidamente. Dio un largo trago, casi apunto de ahogarse. 0192 se sorprendió, diciendo que tenía todo el tiempo del mundo, pero este aseguró que no, porque quería ir con ella:

-¡Imposible! ¡No sé abrir la puerta!

-Encuentra la manera -respondió 0159- estoy aqui por tu culpa y no aguanto más, me debes un favor.

Ella suspiró y asintió, diciendo que volvería, pero que estuviera callado. Cerró la escotilla y escuchó como salía corriendo. 0159 se dio la vuelta, estirando cada apice de su cuerpo. Volvió a escuchar como alguien se acercaba. La puerta se abrió:

-¡Eres una ge...! -fue a decir, pero al ver quien era, se quedó callado-

-¿Qué ibas a decir? -dijo un hombre de blanco-

-Nada, nada... divagaba -respondió-

Lo tomó del brazo y tiró de él afuera de la zona de aislamiento. Cuando salieron de allí, pudo ver que 0192 se había escondido, y esta le levantó el pulgar, así como señas para que hablara con los demás. Asintió y miró al frente.

#25

0201 se lamentó de haberse quedado con 0159 y no con su compañera de siempre. 0163 pidió que tuviera un poquito mas de respeto, pero ya estaba harta:

-¿Qué pasará si no puede volver? -preguntó ella- No sabe donde está, ni tendrá la oportunidad de pedir ayuda para que vengan a por nosotros.

-Confia un poco más en ella -se quejó 0163- y sé mas agradecida con 0159, ha tenido que estar en aislamiento, no recuerdo peor sentimiento que ese.

0201 refunfuñó y se cruzó de brazos. 0174 miró a 0159, este le sonrió y aseguró que nunca habían hablado antes, pero que de seguro sería una persona muy simpatica. La cara de esta se iluminó, haciendo que 0163 se quedara sorprendido:

-No me digas que te gusta el nuevo -dijo en voz baja- ¿Quieres que te lleve a su habitación?

0174 le lanzó una mirada que le hizo reir. 0163 le pidió perdón y aseguró que en algunos momentos necesitaba bromear. 0201 se incorporó, asegurando que no es tiempo para jugar, pues los hombres de blanco volvían a entrar. Anunciaron que había fallos en el sistema, que debían volver a sus habitaciones hasta nuevo aviso. Todo el mundo se levantó, y ente leves murmullos, salieron de la sala de espera.

Una cama donde poder echarse. Aunque no tuviera sabanas, era mejor que lo de los días anteriores. De vez en cuando se escuchaba a los hombres de blanco corretear por el pasillo a voces, y a la gente respoder a ello con gritos. Su experiencia en aquel lugar estaba siendo traumatica, pero al escuchar a esos inpetos correr de un lado para otro, le hacía sentirse seguro. Era señal de que aun no la habian atrapado. <> o <> era lo que se escuchaba de vez en cuando. <> se escuchaba entre resoplidos. 0159 sonrió, hasta que uno de los gritos que se pudo diferenciar entre todo el ruido le impactó. <> gritó entre dolor. <> gritaba 0192. 0159 se levantó como un resorte de la cama. Miró por la ventana pero ningún angulo le dejó ver lo que estaba ocurriendo. Empezó a aporrear la puerta, más gente se le unió. Reconoció las voces de 0163 y 0201. <> se escuchó de parte de una voz familiar. <>. 0159 sabía que era la voz robotica, pero no tenía esa caracteristica singular. Cuando se encontraron en el pasillo, pudieron ver a 0174 de pie, mirandolos:

-¡Puedes caminar! -dijo 0163 ilusionado-

-No te acerques -dijo 0174 electrocutandolo con una porra electrica- 0163 queda arrestado indefinidamente por enaltecer una revolución. 0201, por participar en ella de forma indirecta, y tu 0159, por ayudar a 0192 a escapar.

-Arrestandonos -dijo 0201- pero si podeis.

Corrió hacia 0174 y le golpeó en la boca del estomago. La tomó de los pelos y le metió un rodillazo en la cara. 0163 no sabía que hacer, estaba sorprendido por los acontecimientos que estaban ocurriendo. 0159 le dijo que no debía preocuparse de nada, que ella ya no era esa chica a la que cuidaba, que ayudara a 0201, que él iba a ofrecerle apoyo a 0192. De camino, vio un botón que le llamó la atención. Lo apretó y una alarma comenzó a sonar mientras todas las puertas se abrian. A lo lejos escuchó como 0192 lidiaba con los hombres blancos. 0159 tomó una silla, y mientras seguía corriendo, la arrastró, haciendo un ruido espantoso. Aquello alarmó a los hombres que se la llevaban, y uno de ellos se dejó ver a través de una puerta. Con todas sus fuerzas, casi dislocandose un brazo, lanzó la silla. Golpeó al hombre, desestabilizandolo. Pasó por su lado y vio como 0192 aprovechaba la situación para defenderse del otro que quedaba. 0159 se abalanzó sobre este, tirandolo al suelo:

-¡Corre! -gritó 0159 a 0192- ¡Acaba lo que comenzaste!

0192 asintió y desapareció tras una puerta. A quien le había golpeado con una silla, lo tomó de la camisa, levantandolo en el aire, pidiendo a su compañero que lo ayudara a pegarle una paliza, pero no contaban con que 0201 había conseguido el arma de 0174. Golpeó en la parte trasera de la rodilla, haciendo que cayera al suelo y tirara a 0159. 0201 lo tomó del brazo y tiró de él, diciendo que no quedaba demasiado tiempo:

-¿Y 0163? -se preocupó 0159-

-Ha decidido quedarse, la situación ha podido con él -tiró de él por la zona por la cual se había escapado 0192- acabaremos esto nosotros solos, y si podemos, vendremos a por él.

Llegaron hasta una sala con muchas puertas. 0201 no le quedó otra que pedir que se separaran, tenían que aumentar las probabilidades de que uno de ellos sobreviviese. Tomaron puertas distintas. 0159 no era tan cauto como 0201, empezó a correr como un pollo sin cabeza, hasta que encontró algo que se podía percibir como una ventana. Se asomó por ella, con la ilusión de poder salir por ella, pero estaba a una altura, que era mejor considerar para no matarse, pero se fijó en un detalle. Justo debajo de esta, habían otras dos, mas cercanas al suelo. Se separó de esa zona y rehizo sus pasos hasta pensar por donde habría una escalera para bajar. Entró en otra puerta, sucesivamente, hasta que las encontró. Cuando bajó a la siguiente planta, pudo encontrarse con 0192, que estaba desquiciada tratando de abrir las puertas, pero estaban cerradas:

-¡0192! -gritó mientras se reunía con ella-

-¡No hay salida! -siguió forcejeando con uno de los pomos- ¿Dónde está el resto?

0159 aseguró que era mejor que no le explicara nada, que se lo reservaran para cuando saliesen, pero que si que le explicó que podía buscar a 0201, ella tenía más fuerza:

-¡No hay tiempo! ¡Ayudame a tirar una de estas puertas abajo!

Los dos contaron sus pasos para conseguir una distancia posible, para que con una carrera, las puertas cediesen. Tras muchos intentos y con la lengua fuera, lo consiguieron, pero ahora tenían en los talones a los hombres de blanco. Comenzaron a correr por otro de los pasillos, pero 0159 la paró para decirle que había una posible salida. Entraron en una sala y le mostró la ventana. Por suerte, esta si que estaba abierta a la primera. No habría tiempo para que los dos saliesen, así que ofreció quedarse para entretenerlos. 0192 se lo agradeció y saltó al suelo del exterior. De reojo vio como ella corría despavorida, entre el suelo de color terrazo. 0159 miró al frente y supo que a lo mejor no saldría de esa, pero que de seguro se sabría la verdad.

#26

EL GATO Y EL RATÓN - 10/52 RETOS DE ELDE

La calle la conocía muy bien, sabía donde se encontraba, pues había crecido en ese lugar. En un abrir y cerrar de ojos, dejó de estar nublado para estar soleado, con colores brillantes. Sabía que era un sueño, pero entendía que había entrado en un mundo del cual no podía salir. Todo estaba en calma, pero un maullido rompió la serenidad. Un gato la merodeó, hasta sentarse en uno de los cubos de basura más cercano. La observó, reclamando su territorio. La chica quiso retroceder, pero vio que sus piernas se hundían en el cemento. El gato pasó de ser un pequeño felino, a un gran tigre en actitud, y ella, pasó de ser una chica a un pequeño, pero gran ratón.

#27

¿RECUERDAS CUANDO ERAMOS NIÑOS? - 11/52 RETOS DE ELDE

-(Se sienta en la silla de una mesa cualquiera) ¡Cuanto tiempo, Alicia!

-(Movió su cabeza para dejar de ver la nieve) Ah, Oscar, ha pasado mucho tiempo...

-(Sonríe) ¡Qué casualidad encontrarte aquí! ¿Vienes muy a menudo?

-(Mira su taza) Es la primera vez que vengo, y creo que será la última...

-(Se quita la chaqueta y llama a la camarera) Es una de las mejores cafeterías del lugar, lo dice mucha gente, y siempre está llena.

-(Deja de abrazar la taza con sus dedos) Pues para ser una de las más conocidas, siempre encuentro lugar aquí...

-(Confuso) ¿No habías dicho que era tú primera vez aquí?

-(Lo mira a los ojos) No sé ni lo que digo.

-(Mira a la camarera que se acerca) Qué más da, disfrutemos del café, que hay que recordar muchas cosas.

-(Ve como la chica le sirve su pedido, observa su taza medio llena) No es el mejor momento para hablar.

-¿Por qué lo dices? ¿Por el bonito día qué hace?

-(Molesta) Sí, por el precioso día qué hacía.

-(Bebe su café, sin percatarse de nada) Ha salido el sol, tras muchos días de nieve, es alegre y a la vez triste, pues hacía mucho que no la disfrutaba.

-(Mira por la ventana) Aun queda demasiada ¿Por qué no te vas a disfrutarla?

-(Perplejo) Parece que tienes un mal día.

-(Suspira) Y te ha costado lo tuyo darte cuenta, aunque no es el día, es la compañía.

-(Se señaló asímismo) ¿Por mí?

-(Asiente) ¿Recuerdas cuando eramos niños?

-(Sonríe) Como para no acordarme, eran buenos tiempos.

-(Deja su rostro serio) Eran buenos tiempos para vosotros, para mí no. Siempre pedía que pararais y seguiais molestandome.

-(La taza se resbala, pero la vuelve a tomar) Eso. Eso pasó hace mucho tiempo.

-(Deja la taza en su lugar) Pasó hace mucho tiempo, pero eso no quiere decir que te tenga que perdonar, y hacer como que nada ocurrió.

#28

HEROINE - 12/52 RETOS DE ELDE

puso David en un mensaje. Irene estaba emocionada, esperandole, una hora antes delante del cine donde este trabajaba. Había conseguido aprobar ese examen que tanto que se le resistía, y había comprado un par de batidos para celebrarlo. Sabía que a cada media hora, sacaba la bolsa de basura. Así que esperó emocionada. Por el retrovisor, pudo ver como una chica se acercaba. Era raro ver a una muchacha ir sola al cine, más en el día de San Valentín. Pensandolo mejor, era algo coherente, ella misma se quería mucho, pero no creía que llegara a tales extremos como para aguantar a otros besuquearse. Vio como la chica se metía en el callejón que daba a la parte de atrás del cine. Curiosa al ver aquello, quiso saber con quien se vería. Echó el freno de mano y paró el coche en perpendicular a este. Miró hacia el interior, encontrandose con una realidad que nunca se imaginó. David se abrazó a esa chica y la abrazó. De la impresión que le dio aquella escena, estrujó el vaso de plastico, hasta que parte de su contenido se salió por la pajita. Asqueada, tomó el otro que había comprado, abrió la puerta del coche y volteando el coche, se paró hacia el callejón. Sus tacones habían llamado la atención de la pareja. David, al verla, sintió el peso de haber sido descubierto. Lanzó el batido contra el suelo y se dio la vuelta. Abrió la puerta y se sentó en el asiento del piloto. Apretando el acelerador, salió de allí, escuchando los gritos de David intentando explicarse. Por el retrovisor lo vio correr como un poseso, pero no iba a mirar atrás.

Tumbada en la cama, revisó las imagenes de la galería de su telefono. Sentía que cada vez que observaba su rostro, su cabeza se marchaba de sus hombros, a otro mundo donde las relaciones eran mas faciles, donde amar no dolía. Por él habría sido capaz de hacer cualquier cosa, estaría dispuesta hasta de ir a un calabozo, pero ahora no sabía que hacer, pues se sentía como la mala. En una película, David sería el heroe, sería visto por los espectadores como el bueno, porque ella se había comportado como una bruja. Decidió lanzar el telefono hacia otra parte de la cama. Tomó una almohada y hundió su rostro en ella. Comenzó a patalear como una loca. David era así, y la hacía entristecer, pero cada vez que trataba de encontrar una solución para ello, no encontraba otra respuesta que alejarse de él.

Con el sueño aun en el cuerpo, entró en clase y dejó la mochila colgada en la silla. Se sentó de cara a la pizarra y esperó a que la clase comenzara. Todo el mundo cuchicheaba. Entre alguna que otra palabra, podía distinguir que tanto ella como David estaban siendo objeto de conversaciones ajenas. El peor día de San Valentín, se podría titular una serie sobre su catastrofica vida.

Las clases de mañana terminaron, se echó la mochila a la espalda y caminó hacia el exterior. Escuchó el motor de esa moto, que tantas alegrías le habían dado en una tarde de Domingo. Caminó por delante, haciendo que no le había visto, pero nota como alguien le toma de la muñeca. Le da la vuelta, mirandole a los ojos, sintiendo que no se podría resistir, la estaba volviendo loca:

-Hablemos -pidió David- ha sido mi culpa, necesito explicarme.

Irene se zafó de su gruesa mano y pidió que la dejara en paz. El chico que le daba alas, tambien la hacia caer, en un profundo infierno. La hacia sentir bien, pero a la vez mal. Sorbió sus mocos y reprimió sus lágrimas:

-Sabes que me haces daño, y no es la primera vez -desafió con su mirada- siempre quedas de bueno con la gente, pero yo ya estoy harta de ello. Aunque sea la mala, el show debe continuar.

Lo apartó a un lado y siguió caminando. Con paso firme, sin pensar en las consecuencias que le traería después pensar en ello, pero ya estaba todo decidido, el guión de su propia vida estaba escrito para ser seguido.

#29

PATIO, DOLOR Y SANGRE - 13/52 RETOS DE ELDE

Eran sus primeros meses como profesor de primaria. Estaba acostumbrado a bebés, a cambiar pañales y solo aguantar los lloros de estos cuando tenían hambre, imaginandose que los niños más mayores serían más faciles de educar, pero se equivocaba, allí tenía la prueba. Gritos, lloros, burlas entre ellos, bolas de papel volando, sentados donde no debían, etc. Cogió un libro y lo dejó caer sobre la mesa, haciendo que todo el mundo se quedara quieto y sobresaltado, con la piel erizada del susto. Brais, al sentir un poco de calma, se puso bien las gafas y procedió a explicar lo que tendria que haber hecho nada más comenzar la clase:

-He decidido poner un buzón de sugerencias, al fondo de la clase, como ya podeis ver, para que cualquiera que tenga algo que decir, lo pueda hacer, ya sea poniendo su nombre o en anonimo ¿Entendido?

Los niños asintieron, mientras volvían a sus respectivos sitios. Brais les había cortado el rollo y ya se habían aburrido. El profesor agradeció que se calmaran, aunque sabía que no duraría por mucho tiempo. Pidió que abriesen los libros por la página donde la habían dejado en el día anterior, y se volteó para proceder con la explicación.

Iba a terminar la explicación, pero la sirena comenzó a sonar. Ya se habían acabado las clases y antes de que pudiera pedir que se mantuvieran en sus sitios, todos comenzaron a llevarse las mochilas a la espalda. Se rascó la cabeza, enfadado por aquello y cerró el libro. Recorrió toda la clase, poniendo en su lugar algunas sillas, ordenando los pupitres y recogiendo papeles del suelo, hasta que se paró delante del buzón de sugerencias. Tiró los papeles a la papelera, y volvió para abrirlo. Había mucho por leer. Volvió a su silla y allí, comenzó a desplegar papeles, leyendo las "propuestas", que la mayoría eran tonterías o papeles en blanco. Suspiró, creyendo que no habría nada interesante, hasta que a sus manos estuvo un par de dibujos. Eran macabros y violentos, parecía una persona descuartizada. Tragó saliva. Los niños podían tener mucha imaginativa, y con la televisión que echaban ahora, soñaban con muchas cosas. Los dejó guardados en el primer cajón y siguió con los demás, hasta que otro papel hizo que sus pelos se quedaran en punta. <>. A Brais aquelló si que llegó a preocuparle. Abrió su carpeta, donde había recogido los deberes del día. Empezó a pasar pagínas, comparando las letras, pero no podía reconocer ninguna. Supuso que sería por el nerviosismo de la pequeña al escribir, asi que se levantó de la silla para mirar en los casilleros, ya que siempre se dejaban alguna que otra libreta. Fue de mesa en mesa, mirando por debajo de estas, tomando alguna que otra libreta. Se reunió con todo eso en la mesa, y empezó a abrir los cuadernos. Uno por uno, hasta que encontró lo que buscaba. La niña era Arlette, una chica muy callada y que siempre andaba sola. Tomó su cuaderno, donde tenía todos los datos de los alumnos y sacó su telefono para llamar a los padres. Tras unos cuantos toques de cada uno, nadie se lo tomó ni devolvió la llamada, así que decidido, tomó el cuaderno de la pequeña y las notas. Salió al pasillo y se dirigió hacia las escaleras. Las bajó con prisas y se dirigió al despacho del director. Llamó a la puerta, pero nadie le contestó. Llevó la mano al pomo y lo giró, viendo como esta se abría. Zigor no estaba allí. Preocupadó, salió a la salida del colegio, donde vio a padres y madres, recogiendo a sus hijos. Por ningun lado vio a Arlette. Extrañado, decidió volver a llamar a sus progenitores, pero no consiguió ninguna respuesta.

Paró su coche delante de una comisaría. Dudó en salir o seguir circulando, pero al ver que dos agentes lo estaban mirando raro, decidió no seguir llamando la atención. Tomó las cosas que quería presentar, para por lo menos avisar a la policia de lo que ocurría, y entró en el edificio. Se acercó a un mostrador, que parecía ser una recepción, y explicó lo que estaba ocurriendo:

-¿Es una desaparición? -preguntó el muchacho mientras leía la nota- ¿La niña no ha ido a clase?

-No, hoy a venido, pero es raro que hayan estas notas y sus padres no contesten.

-Debería entender que a lo mejor sus progenitores trabajan, y que la niña está con algún familiar -le devolvió el cuaderno y la nota- usted solo es su tutor en horario lectivo, vuelva a casa y no se preocupe tanto.

Brais frunció su ceño y tomó las cosas de vuelta. Las dejó bajó su brazo y abandonó el lugar, algo disgustado. Se dirigió hacia el coche y se metió en este. Sentado en el asiento del copiloto, vio como las primeras gotas se posaban sobre el parabrisas, para dar lugar a una gran tormenta, que hizo que algunos agentes se resguardaran en sus coches patrulla. Sacó su telefono de la guantera, con el deseo de ver una llamada perdida, pero allí no había nada. Tomó el paquete de tabaco, sacó uno para prenderlo, y se lo puso en la boca mientras arrancaba el coche.

Puso la nota en medio del cuaderno y lo guardó en su maletín. Era la hora de irse a la cama, pero Brais sentía que no podía cerrar sus ojos. La preocupación era superior al cansancio, y ocupaba toda su mente. Debido a la lluvia, se había olvidado de comprarse otra cajetilla de cigarros, y la que tenía, ya se la había fumado entera. Suspiró y hundió su cara en la almohada. Recordaba todo lo ocurrido en la tarde, sus descubrimientos habían sido importantes, pero tambien debía hacer efectivas las sugerencias de algunos de los pequeños, que eran cosas serias, como nuevos cuentos para leer en la biblioteca, o un nuevo balón para jugar al futbol. Se volvió a sentar en la cama, tomó su telefono y trató de mensajear a Zigor, el director. Le envió un par de mensajes, disculpandose por la hora. Espero un par de minutos, no contestó, pero tampoco recibió los mensajes.

Aparcó el coche en el parking. Y nada más salir vio a algunas compañeras de trabajo, charlar mientras se fumaban el primero del día. Brais tomó el maletín y salió, saludandolas con una sonrisa. Entró dentro del edificio, y lo primero que hizo fue acercarse al despacho del director. Cuando abrió la puerta, pudo ver que estaba muy concentrado en una conversación, y le ordenó que saliese un momento. Brais acachó la cabeza y pidió perdón. Suspiró y apoyó su cabeza hacia atrás, quedandose en la pared. Meditó durante un par de segundos y abrió sus ojos, viendo como la pequeña se acercaba. Este reaccionó, de una forma un tanto brusca. Arlette se sobresaltó al verle, se quedó parada, manteniendo su mirada. Brais pudo ver sus ojos llorosos:

-¿Qué te ocurre? -preguntó Brais con un tono de voz dulce- ¿Puedo ayudarte?

La niña negó con la cabeza y se volteó, para salir corriendo. Subió las escaleras, desapareciendo de la vista del profesor. Tuvo la necesidad de ir tras ella, pero la puerta se abrió, y Zigor le preguntó si era importante lo que quería decirle:

-No, puedo encargarme yo -dijo abrazando el maletín- ¿Ha ocurrido algo?

-Tengo que encargarme de unos asuntos para las actividades extraescolares de algunas clases -explicó Zigor- he visto los mensajes, supongo que era eso de lo que querías hacerme saber.

-Sí, pero voy a hablar ahora mismo con ella -respondió Brais- tambien trataré de contactar con sus padres.

Zigor se acercó a él, diciendo que le guardara un secreto. Brais fue todo oídos y el director le explicó que la pareja estaba divorciada desde hacía unos meses, y que era mejor que nadie se enterase, por el bien de la pequeña. Brais asintió, aunque sin entender el motivo real de aquello, pero el director aseguró que tenía prisa. Tomó aire y decidió subir al aula. Era la hora del patio, y aun quedaban quince minutos, así que sería una tutoría improvisada. Al subir las escaleras, caminó hacia la clase, y se paró detrás de la puerta, que estaba entreabierta. Dio unos cuantos toques, sin saber por qué debía pedir permiso en su propia aula, y esperó a que alguien respondiese, pero nadie lo hizo. Al abrir la puerta, descubrió que la clase estaba vacía. Caminó hacia el pupitre de Arlette, pero ni rastro de su mochila. Brais, angustiado con la idea de que la pequeña se hubiera escapado en ese estado, corrió en su búsqueda. Clase por clase, sala por sala, hasta en la mismisima sala de profesores, alarmando a todo el mundo, pero la pequeña no estaba por ningún lado. Brais se ofreció a tomar su coche, para ir en su busqueda, mientras los demás miraban por los alrededores.

#30

Tras dar una vuelta por los alrededores, recibió una llamada en un número oculto. Respondió mientras seguía conduciendo, y escuchó a alguien decirle en voz baja <>. Brais reaccionó, preguntando quién era y por qué le decía eso, pero escuchó como le había colgado. Dio un golpe al volante y decidió dar un giro brusco, para volver al instituto. Tras unas cuantas calles recorridas, vio como el edificio se asomaba a lo lejos. Estaba nervioso, necesitaba saber quién era esa persona que le había contactado. El parking se asomó y giró para estacionar su coche allí. Salió con prisa, casi sin sacar las llaves del contacto, y corrió hacia el interior. Pasó por delante de la puerta que daba al patio, por la ventana se podía ver a todos los niños en medio de este. Algunos de ellos se abrazaban y otros lloraban. Escuchó el zapateo de los profesores bajando por las escaleras, pasaron por su lado y gritaron para saber que es lo que estaba ocurriendo. Brais supuso que era una pelea entre dos niños, pero cuando se acercaron, el grito de una de las profesoras le heló la sangre. Los profesores de gimnasia comenzaron a dispersar a los alumnos para evitar que siguieran observando tan grotesca situación. Brais se sentó en el suelo, viendo los ojos desencajados de Arlette, entre tanta sangre y violencia.

Tras una semana sin dar clase, se paró delante de la puerta del aula. Al otro lado escuchaba a todos los niños jugar, como si nada hubiese pasado. Envidiaba esa cualidad de los niños. Dio dos toques a la puerta y la abrió, viendo como todos se sentaban. Puso el maletín en la mesa, lo abrió, pidiendo que sacaran los libros y que alguien le recordase por donde se quedaron, pero nadie supo que contestar:

-Bueno, no importa ¿Hablamos de vuestras sugerencias?

Los niños pusieron más atención en las palabras de Brais. El profesor abrió el primer cajón, donde había guardado todos los papeles del buzón, y los sacó en montones, hasta que por último quedaron los dibujos macabros. La sangre dejó de correr por sus venas. Eran una clara representación de lo sucedido con la pequeña Arlette. Esto había tenido que ser dibujado por uno de esos niños, eran los únicos que tenían idea de aquello. Tragó saliva y pidió que lo disculparan un momento. Bajó a la planta principal, caminando hasta la sala del director, y nada más entrar, preguntó por los policias que estaban investigando el caso. Zigor se encontraba a solas, sentado de espaldas a él, que al escuchar su voz, se volteó para preguntarle que es lo que quería:

-Me olvidé de mostrar esto en su día -respondió Brais- a lo mejor podría haber evitado el asesinato.

El director se alzó de la silla, con prisa y algo preocupado, tomó los dibujos con sus manos, y al ver aquello, se quedó horrorizado. Tragó saliva y se los devolvió, diciendo que podía ser la imaginación de los niños:

-¿Su imaginación? ¿Entiende que podría haber algun niño de mi clase capaz de esto?

-¿Tú te escuchas Brais? -preguntó el director- conoces a esos niños ¿Crees que alguno podría cometer tal atrocidad?

-También creía que ser profesor de primaria iba a ser más fácil que cuidador en una guardería, sin embargo aquí estoy, con la muerte de una de mis alumnas a la espalda, así que sí, creo que puede haber sido uno de los niños, es mi deber proteger al resto.

Iba a salir del despacho, pero Zigor lo tomó de la muñeca, con fuerza. Tiró de él hasta que dejó su cara a un palmo de Brais. El joven profesor sintió miedo, porque los ojos de su superior estaban inyectados en sangre:

-¿Sabes lo que podría suponer eso para tu trabajo? ¿Quieres seguir llegando a fin de mes?

Brais se zafó de él, diciendo que parecía otra persona, que desconocía esa faceta suya. Zigor reaccionó, sintiendo que había perdido la cabeza, así que le pidió perdón y se volvió a sentar en su silla de oficina. El profesor entendió que era un problema que afectaba a todos, pero que había una familia sin su hija, y unos padres con un hijo, o hija, psicopata, que eran un mal que podían solucionar ellos mismos:

-Brais ¿Te puedo hacer una pregunta? -preguntó el director- espero que no te moleste.

-Sí, adelante -dijo algo sorprendido-

-¿Has visto que sus padres se hayan preocupado por la situación? ¿Sientes que les duela haber perdido una hija?

Brais se quedó sin saber qué contestar a eso. Durante la ronda de testimonios con los encargados de la investigacion, así como el homenaje que se hizo la pequeña en el centro, nunca vio a sus progenitores:

-¿Me está diciendo que ellos pueden tener algo que ver con su muerte? -preguntó Brais- eso no es posible, yo misma la vi en el centro, subió al aula y tomó sus cosas, luego ya no la vi.

-Una niña no puede abandonar el centro por sí sola, no puede saltar una valla sin ser vista por el conserje -aseguró Zigor mientras tomaba una libreta de ausencias- fue firmada por el padre.

Brais no entendía aquello, esa libreta era la suya, pero nunca recordó haber dejado que se firmara algo como eso, ni se le informó de ello. Zigor la cerró y le miró, diciendo que todo le estaba afectando demasiado, y que necesitaría descansar un poco:

-Con una semana me ha sido suficiente -se quejó Brais- quedarme en casa no me hace ningún bien.

-Pues con esta actitud no lo demuestras ¿Por qué no vuelves con los pequeños?

Zigor le entregó la libreta de ausencias, que Brais tomó, muy a su pesar. Dejó los dibujos entremedias de las páginas, y salió de allí, molesto por la situación, ya que sentía que algo se le estaba escapando. Volvió al aula, pidiendo calma. Cuando se puso delante de su mesa, abrió el libro de la materia que estaban dando, y se puso a dictar un par de ejercicios que tenían que hacer. Los niños copiaron todo en sus libretas y comenzaron con ello. Brais se sentó, se acarició el pelo y tomó la libreta donde tenía los datos de cada niño. La abrió, pasando el dedo por la lista para no perder el hilo y leer la dirección correcta. Arlette era de las primeras, así que no le costó demasiado. Tomó un bloc de notas que tenía en el maletín y un bolígrafo, para apuntar aquello. Arrancó la pequeña hoja, cerró el cuarderno y alzó la mirada, encontrandose con una niña, tomando el libro entre sus manos:

-¿Alguna duda Catriel?

La niña asintió mientras extendía el libro encima de la mesa. Señaló uno de los ejercicios y Brais se fijó. Con el bolígrafo, empezó a señalar cada parte del ejercicio, explicandoselo lentamente. Cuando terminó, pudo ver que había un par de niños más con la misma duda, así que decidió explicarlo en la pizarra.

Sonó el timbre. Era la hora del patio, momento en el que Brais pensó salir un momento para ir a hablar con la familia que se encontrara allí. Cogió sus cosas y caminó hasta el exterior, con idea de ir al parking. Metió todo dentro de su coche y se sentó en él. Vio como las profesoras, que siempre fumaban ahí, ponían su mirada en él. No creyó que tenía que dar explicaciones, así que puso rumbo al que fue hogar de Arlette.

Nada más parar el coche delante, pudo ver un cartel que informaba de que el lugar se vendía. Alguien limpiaba la acera con una escoba, así que se acercó con cautela. La mujer se fijó en el hombre, y le preguntó si necesitaba algo. Brais sonrió y señaló el cartel, preguntando desde cuando hacía que se vendía:

-Desde que los dos se divorciaron -respondió ella tomando la escoba con una mano- ¿Por qué lo pregunta?

-Me gustaría hablar sobre Arlette -contestó Brais-

-¿Es policia? -preguntó la vecina-

Brais negó con la cabeza, haciendo que el rostro de la mujer se pusiese serio. Desvió la mirada y aseguró que entonces no tenían nada de lo que hablar, que tenía mucha faena por hacer. El profesor siguió insistiendo, hasta que la mujer lo amenazó con la escoba. Brais dio un paso atrás, pidiendo perdón:

-¿Puedo hacer una última pregunta?

La mujer bajó el utensilio de limpieza, siendo todo oídos. Brais quiso saber donde se encontraba el padre de Arlette. La vecina, pensando, lo miró:

-Vive tres calles más abajo, no sé que lugar ni piso, pero trabaja en un bar cercano a la zona.

Brais se lo agradeció y esta levantó su mano, haciendo ver que no era nada. Se dio la vuelta y se metió en el portal. Caminó hacia su coche, lo arrancó y se puso rumbo hacia la zona que le había indicado. Había solo un bar, así que supuso que no habría otro. Paró su coche delante del establecimiento. Entró y vio como la gente tomaba sus cafés tranquilamente. En la hora del programa que se emitia en la tele, pudo ver que aun le quedaban 15 minutos, sintió que debía darse prisa. Se acercó a la barra y preguntó por el hombre. La mujer que lo atendió, se quedó observando de arriba a abajo mientras secaba una jarra. Se giró hacia la puerta de la cocina y gritó para que saliese:

-¿Quién es usted? ¿La policia? Ya dije que no tenía nada más que decir.

-Señor, soy el profesor de su hija, mi nombre es Blais -extendió la mano por encima de la barra- solo quería preguntarle si usted fue a buscarla antes de, ya sabe.

El hombre estrechó su mano, quedandose sorprendido por lo que le estaba diciendo. Negó con la cabeza, asegurando que ese día trabajaba en el bar, que su compañera se lo podía corroborar:

-¿Y su exmujer? ¿Tuvo constancia de que pudiera haber sido?

El hombre levantó su ceja, mosqueado porque estuviera malpensando de ella. Suspiró:

-Si no es policia ¿Qué hace preguntando cosas tan personales?

-Soy el tutor de vuestra hija, murió durante la hora lectiva, tambien me incumbe a mi saber que ha ocurrido ¿Por qué os divorciasteis?

El hombre dio la vuelta a la barra para salir. Se plantó delante de Brais y lo tomo de la camisa. Empezó a empujarlo hacia atrás hasta que lo dejó contra una pared:

-¡¿Estás sordo o eres cortito de mente?!

-¡Alberto! ¡Delante de los clientes no!

#31

El hombre lo soltó, haciendo que Brais se golpeara con la pared y se quedara con el susto en el cuerpo. Alberto tomó un trapo y se metió dentro de la cocina. La compañera lo observó, y cuando estuvo más calmado, le pidió que no volviese por la zona, que no estaban en el mejor momento como para que la gente empezara a crear rumores. El joven profesor pidió perdón mientras recuperaba el aliento.

Aparcó su coche, apagando el motor y quedandose en el interior. Hacia cinco minutos que había terminado el recreo, pero no se sentía con fuerzas de volver. Apoya su cabeza en el volante y empieza a meditar sobre todo lo ocurrido. La vida le había cambiado por completo. Tomó aire y lo soltó de sus pulmones. Controlar su respiración lo calmaba. Escuchó como alguien daba dos toques a la ventana de su izquierda, y al alzar su mirada, vio a una mujer con su placa colgada del pecho. Al tardar en reaccionar, ella la tomó con una mano y la señaló con la otra. Brais asintió, sacó las llaves del contacto y abrió la puerta para reunirse con ella:

-Nos han informado de que durante su tiempo libre ha visitado el antiguo domicilio familiar de la pequeña y el lugar de trabajo de su padre, además de ser el tutor de Arlette y el principal sospechoso de su asesinato ¿Puede acompañarme?

Brais no supo como reaccionar, empezó a recorrerle un sudor frío. Tragó saliva y entregó las llaves de su vehículo como símbolo de paz, como prueba de que no tenía motivos para escapar. La mujer le pidió que se diese la vuelta, que no era nada personal, pero debía ponerle las esposas por orden de sus superiores. El joven profesor lo hizo, mirando como las profesoras que antes le habían visto marcharse, cuchicheaban entre sí. Sabía que ese era el principio del fin.

Todos sus actos, acciones y lo que había pensado, había hecho pensar a la policia que era sospechoso. Se maldecía asimismo por no pensar con cautela. Suspiró y miró a la agente, junto sus manos e imploró que él no tenía nada que ver con todo eso. Su abogado le dio un codazo, estaba hablando demasiado, y decidio callar:

-Entonces ¿Cual es su cuartada? -preguntó ella- sus compañeros estaba en la ronda de vigilancia, o en la cafetería, su superior, el director Zigor, estaba en una reunión, la familia, trabajando... ¿Y usted?

-Me encontré con Zigor en ese momento, quería hablarle de la situación de la pequeña, pues el día anterior puse un buzón de sugerencias, ella dejó una nota alarmante.

La agente tecleó eso en su ordenador, y mostró su disconformidad, porque Zigor aseguró que durante ese día no se encontró con nadie, que se fue directamente. Brais reaccionó bruscamente, pero su abogado lo paró:

-Mi cliente lleva muchas horas aquí ¿Pueden darle un descanso?

La agente aceptó y se levantó para salir afuera. El abogado le preguntó a Brais si queria algo, y solo pidió una botellita de agua. Tiró de las cadenas que amarraban las esposas, no le daban tregua. Debía manterse sentado y eso le estaba atormentando. Todo le hacía ver como un sospechoso sin cuartada, y no tenía la forma de probar que era inocente, hasta que pensó en algo. Cerró sus ojos aliviados y en ese momento, su representante legal, entró en la sala. Le entregó la botella abierta y este pegó un largo trago:

-¿Has recordado algo? -preguntó al ver el refrescante roso de su cliente- pareces contento.

Brais asintió, haciendo que el abogado volviese a llamar a la agente. Se sentó al lado del joven profesor y ambos esperaron a que volviese. Entró, con una botella de te frío que puso al lado de la de Brais:

-¿Y bien?

-Mi cliente me ha contado que tiene pruebas de su inocencia. Él salió a buscar a la pequeña al ver que no estaba en el centro, a mitad de camino, recibió una sospechosa llamada que le hizo volver, y ahí es cuando se encontró con la escena. Ademas, tambien me ha explicado, que encontró unos dibujos junto a la nota de la pequeña, que coincidían a la perfección con el crimen.

La mujer apunto todo en el portatil y preguntó por esas pruebas. Brais explicó que todo se encontraba en su coche, que ella tenía la llave. La mujer asintió y pidió que la acompañaran.

Llegaron al parking del colegio. Brais corrió hacia su coche, con las manos aun amaniatadas. Abrió la puerta, recordando que no lo había cerrado, no se preocupó de ese hecho, hasta que no encontró el maletín, donde tenía todo bien guardado. Se quedó pálido y desfallació, quedandose sentado en el asfalto del lugar. Tanto la mujer como el abogado se acercaron preocupados. Ella preguntó por las pruebas, pero Brais explicó que no estaban. La agente golpeó el techo del coche y lo miró:

-¿Entiendes tu situación verdad?

-¡Sí, lo entiendo! -se puso de rodillas- ¡¿De verdad me cree capaz de mentir?!

La mujer se apartó para evitar que lo tocara y tomó su telefono para llamar a sus compañeros. Le explicó la situación, de que ahora manejarían dos hipotesis. En una de esas, Brais era el único culpable. El joven profesor comenzó a llorar, mientras el abogado, se puso a su lado para acariciarle la espalda:

-¿Podría quitarle las esposas? -preguntó a la mujer- creo que ha demostrado que no tiene intenciones de escapar.

La mujer lanzó el par de llaves y este las tomó para liberarlo. Lo ayudó a alzarse del suelo y le sacudió el pantalón. Se acercó para devolverselas.

Se cumplieron las 24h. Le dieron sus pocas pertenencias que tenía encima y lo dejaron marcharse. La parada del bus estaba cerca, con las pocas monedas, pudo costearse el trasporte hasta su puesto de trabajo, allí es donde había dejado su coche. Durante el trayecto, pensó en todo lo ocurrido, en todos sus defectos desde el minuto uno. No había medido sus actos, ni había sido precavido. Era normal no serlo, no era policia, si no un simple profesor, una de las personas mas cercanas a los niños despues de sus propios padres. Todo apuntaba a él. Hizo un sonido raro, que dejó a todos los viajeros mirandolo. Se disculpó y miró por donde estaba. Faltaba poco para llegar.

En el cuarto de baño de profesores, se aseó un poco y se dejó un poco mas presentable. Se miró en el espejo y practicó la mejor de sus sonrisas. No quería hacer preocupar a los niños. Tomó su maletín y nada más salir, se topó con Zigor, que al verlo, parecía que había visto un bendito fantasma:

-Perdón por haber faltado al trabajo -explicó Brais- tuve que hablar con la policia.

-No te preocupes, los niños te estarán esperando.

El joven profesor le agradeció su simpatía y se acercó a las escaleras. Se notaba como que estaba siendo observado. Se paró en medio de estas y miró atrás, pero no pudo ver a nadie. Tomó aire y lo soltó. Siguió subiendolas. Pudo escuchar lo revolucionada que estaba su clase, era normal, había tenido un día de vacaciones. Al entrar, todos se quedaron mirandolo, asustados, aunque algunos parecía divertirles la situación. No entendía nada, hasta que miró en la pizarra. <>. Aquello hizo que conectara hechos, y que su versión de los hechos se confirmara. Sacó su telefono e hizo una foto, haciendo que todos se quedaran expectantes por sus palabras, cuando los miró, preguntó por el autor del dibujo, pero nadie quiso contestar:

-Vale, parece ser que ahora esto se ha dibujado solo -dijo con un tono de voz enfadado- vosotros, el grupito de graciosos, os quedais mañana sin recreo y estareis aquí, hablando conmigo.

Los cinco niños se enfadaron, no les parecía justo que fueran los únicos, al escuchar las quejas, elevó el castigo a dos patios, uno para una tutoría especializada, y otra para pensar en lo que habían dicho. Acabada la riña, borró la pizarra para empezar a escribir un par de ejercicios, cuando terminó de escribirlo, aseguró que eso serían todo lo que harían, y que no dejaría que nadie hablara durante la hora.

Se escuchaban los lapices y bolígrafos escribir, mientras Brais pensaba en como limpiar su imagen. Había quedado como un mentiroso. Había estado preparando las preguntas que haría durante la tutoría, así como tambien mirar aquel dibujo, comparandola con la foto del movil. Allí había algo escrito, y recordando la forma en la que descubrió la situación de Arlette, supuso que tambien le sirviría para descubrir al autor:

-Voy a ir llamandoos uno por uno para ver como vais -ordenó Brais- una vez que lo haga, no quiero que tardeis ni un segundo.

Todos contestaron al unísono. Esperó unos cuantos minutos, y empezó a llamar uno por uno. Los primeros en ser llamados, fueron el grupo que tenía pensado para la tutoría, y acertó, uno de ellos parecía ser el autor, pero no dijo nada. Jano tomó su cuaderno, con cara de pocos amigos, con chulería, y se sentó de nuevo en su pupitre.

<> leyó en voz alta, mirando al grupo de cinco niños. Castriel y Fedora, que eran mejores amigas, se miraron entre sí sin saber que hacer. Milos y Neferet, no parecian indiferentes, parecía que estuvieran asustados por lo que les pudiera pasar, y Jano, era el único que no reaccionaba a aquello. Brais fijó su mirada en él, sacó los dibujos y el telefono, asi como le pedía su cuaderno:

-¿Por qué tengo que dartelo? -se quejó- estamos en nuestra hora libre.

-No es así, esto es una tutoría especializada -explicó Brais- ¿Por qué tienes tanto miedo de mostrarmela?

Sus amigos miraron a Jano, instandole a que se la diese, porque querían irse al patio. Este se cruzó de brazos y aseguró que se chivaría a sus padres. Brais recogió sus cosas, triunfante, porque tenía ganas de hablar con ellos:

-En cuanto a los demás ¿Alguien conocía a Arlette? ¿Algo que decir sobre ella?

-Se lo dijimos todo a la policia -se quejó Neferet-

-La nota que he leído, es por parte de ella, si me entero de que alguien de vosotros se burló de ella, las cosas se van a complicar, y mucho.

#32

Les levantó la hora de tutoria, dejandolos marchar al patio. El último en salir del aula fue Jano, que le mantuvo la mirada, desafiante. A Brais le recorrió un escalofrío en la espalda.

Ya era de tarde, las clases habían terminado, pero Brais se había quedado a preparar la clase del día siguiente. Alguien llamó a la puerta y dio paso. Se trataba de Zigor, que entró con las manos en los bolsillos:

-¿Tienes un momento? -preguntó el director mientras se apoyaba en la mesa de Brais- es importante.

Brais alzó la mirada, y fue todo oídos. El director le explicó que había recibido un par de llamadas, un tanto preocupantes, de algunos padres. El joven profesor quiso saber que tenía que ver eso con él:

-No quieren mandar a sus hijos a clase por culpa tuya, por una tutoría que montaste ¿Qué te pasa Brais?

El joven profesor, asqueado por la pregunta, le entregó su telefono para que mirara por sí mismo lo que habia escrito Jano en la pizarra, le mostro los dibujos:

-¡¿Crees que es casualidad que esto lo dejaran un día antes de su muerte?!

-¡Se te está subiendo las series policiacas a la cabeza! -respondió Zigor levantando la voz- ¡Deja que los expertos hagan su trabajo o tendré la obligación de despedirte!

Brais, apretando el telefono con su mano, lo amenazó con que lo hiciera, y que si se atrevía, movería cielo y tierra para que la gente supiera todo. Zigor empezó a reirse, mosqueado, le preguntó si lo estaba acusando de algo:

-Quieres que cierre la boca, que me olvide de lo ocurrido, sabiendo que es mi responsabilidad -respondió con rabia- ¡Me he pasado un día entero en los calabozos, y como buen profesor, he venido aquí, para que luego me amenaces!

-Te voy a dar un par de días de descanso, una semana, porque prefiero que esos niños no pierdan el tiempo, su futuro está en juego -respondió Zigor- mañana no te quiero ver aquí, o si nos tomaré medidas.

Se giró y abandonó el aula. Brais trató de tranquilizarse, tomó su maletín y decidió marcharse hacia su coche. Las señoras de siempre fumaban en el lugar de costumbre. Les dedicó una mirada que las dejó de piedra y se sentó en el interior.

Sentía que tenia que ir a hablar personalmente con esos padres, sobretodo con los de Jano, tenía que demostrarles que él no era como le habían hecho creer sus hijos. Se aseó y se puso su mejor ropa, eran familias ricas y la presencia era lo más importante. Se plantó delante del espejo, se arregló las solapas y se echó un poco de colonia. Sabía que un paso en falso le supondría la carcel, pero ya no tenía nada que perder. Salió a la calle, buscó donde había aparcado su coche, se sentó en su interior y se puso en marcha.

Parado delante de la gran casa, llamó al timbre un par de veces, pero nadie contestó. Decidió marcharse, pero algo le pasó fugazmente por la cabeza. Miró de nuevo hacia la puerta, lo único que le separaba del jardín de la unidad familiar era aquella verja. Miró a ambos lados y sin pensarselo dos veces, saltó. La parte de delante era casi imposible forzarla, demasiados ojos podrían estar mirandole, así que volteó hasta que vio una gran puerta de cristal. En el interior no parecía haber actividad, salvo un gato que se puso furioso nada más verlo. Subió los escalones y dejó el maletín en el suelo. puso las palmas de las manos sobre el cristal, empujandolo suavemente, consiguiendo lo que quería, abrirlo. Cuando se separó y tomó el maletín, a trasluz pudo ver la marca de sus huellas. Cerró sus ojos, lamentandose por el error, pero no podía pensar en eso, perdía el tiempo, si conseguía lo que queria y no levantaba sospechas, aquello pasaría desapercibido. En la planta principal solo estaba el comedor, plagada de fotos familiares y premios de certamenes, la cocina americana, pequeña pero lujosa, y un baño de invitados. Tambien había una puerta que daba al sotano, pero por alguna razón, estaba cerrada con un candado. Miró hacia las escaleras, que daban a los pisos superiores. Subió los escalones de dos en dos, siendo seguido de cerca por el gato, que no paraba de mirarlo. Abrió todas las puertas, descubriendo los dormitorios de los hermanos mayores de Jano, y los baños de estos, hasta que encontró el de este. Para su suerte, el niño se había dejado su ordenador encendido, por una red social que Brais entendía a la perfección, pues creció con ella. Se sentó en la silla, comodamente, el gato se subió encima de la cama:

-Espero que no te chives minino -intentó acariciarlo- es por el bien de tus amos.

El gato se enfureció y Brais se retractó de haberlo intentado. Entró en los chats, en las salas de mensajes, en grupos y hasta comentarios, dandose cuenta de que Arlette había sido víctima de ciberacoso por parte del menor, y el sequito con el que había intentado citarse, asi como un par de alumnos de otras clases. Sacó su telefono y comenzó a hacerle fotos a todo lo que pudo, y más. Terminada esa red social, intentó saber si se había dejado la contraseña en otras, pero no tuvo demasiada suerte. Finalizó su estadía por internet, y se metió en los archivos personales del chico, pudo ver que a este le encantaba toda la tematica gore, de ahí a tener tanta imaginación para dibujar esas cosas, y una posible motivación por desmembrar a personas. Era un chico fuerte, pequeño, pero posiblemente matón, y Arlette era frágil, con el abuso sufrido, seguro que casi no opuso resistencia, o hasta pudieron participar mas personas. El gato levantó su cabeza, y salió corriendo. Brais se puso nervioso, pues la familia acababa de entrar. Dejó todo como estaba, cogió sus cosas y miró por la ventana. No estaba muy alto, y no había nadie cerca para mirarlo. Daba a la puerta de la verja. Se armó de valor y saltó abajo. Sin pensarselo dos veces, corrió, abrió la verja y se metió en el coche. Arrancó y salió pitando.

Ahora tenia un montón de información entre sus manos, pero inservible, pues para conseguirla había cometido una ilegalidad. No paraba de ir de un lado a otro de su apartamento, tomando una botella de vino de vez en cuando, pegando un trago e intentado ahogar sus penas, hasta que algo alocado se le pasó por la cabeza. Se sentó delante de su ordenador, ajustó la pantalla de su ordenador y buscó como contratar los servicios de un hacker.

Tras buscar durante toda la madrugada, a su email llegó una oferta. La abrió rápidamente y leyó todo lo que le ponía, el supuesto profesional. Ni en las películas parecía tan fácil, pero en un par de horas, había conseguido lo que quería. La persona misteriosa le pidió que le pasara todos los detalles de su caso, que haría la primera parte del trabajo, cobraría y se lo entregaría, que si le convencía, podían seguir negociando. A Brais no le quedaba otra, era eso o dormir en una carcel durante años. Aceptó, sin ninguna objección. Le mandó toda la información de sus alumnos, hasta pidió que investigara sobre los padres de estos, para saber cuanto poder tenían y cual era su posición. Tras esto, le mandó un mensaje a su abogado para tenerlo preparado.

Una hora después, el hacker le tenía algo preparado. Jano era un pieza, además de tener su preferencia por el gore, a su edad ya había consumido algunos vídeos porno, todos de preferencia donde hubieran tratos inhumanos hacia las mujeres, denotando cierta misoginia. A Brais le pareció repulsivo todo aquel material, así que evitó seguir mirandolo. El hacker le pidió el dinero y el joven profesor, le hizo la transferencia. Tras finalizarla, se quedó con esa carpeta de documentos, que en su conjunto, era una maldita bomba que dejaría en mal lugar a la familia. Su deber no era humillar al menor, había sido educado de esa forma, o no se le había prestado la atención que necesitaba. Pensando en eso, tuvo la idea de su vida. El buzón de sugerencias seguía en su clase, y puede que el profesor sustitito lo lea a petición de los niños. Puso en marcha su impresora, empezó a imprimir cada documento, lo grapó y le mandó un mensaje al director, con la excusa de que querían hablar sobre todo lo ocurrido, que no estaba en sus cabales, y que aceptaba las vacaciones, pero que antes quería pedir disculpas en persona. No recibió respuesta, solo vio como su superior leía el mensaje. Dejó todo encima de la mesa, al lado de la botella de vino sin terminar, y se lanzó al sofá a descansar.

#33

Aparcó el coche en el parking. Por suerte no estaban las cotillas de siempre, asi que salió con rapidez. Antes de pasar por el despacho, subió por las escaleras, teniendo cuidado de que nadie lo viese. Los niños estaban en educación fisica, así que entró rapidamente, dejando el dossier dentro del buzón. Salió y dejó la puerta como estaba. Bajó a la planta principal, y se paró delante de la puerta para dar dos golpes en esta. Le dio permiso para entrar, y entró. Tomó asiento y Zigor le preguntó como estaba:

-Ahora bien, siento todo mi comportamiento.

-No te preocupes, un mal día lo tenemos cualquiera -acercó su silla a la mesa- ¿De que quieres hablar?

-De mi baja temporal, quiero volver dentro de una semana, pensar las cosas bien, y volver con mucha fuerza.

Zigor asintió, pero aseguró que sería mejor dejar pasar muchisimo más tiempo. Las familias de alguno de los niños estaban muy nerviosas, al pensar que sus hijos estaban siendo enseñados por un presunto asesino, les atormentaba. Brais hizo ver que estaba de acuerdo, pero en su interior recordaba todo lo del dossier, y sabía que ahí había algo que no cuadraba, el problema no era él. Mostró una sonrisa falsa, y preguntó por cuanto tiempo estipulaba él:

-Un mes -dijo sin dudar- sería perfecto.

-Eso es mucho tiempo...

-¿A ti que te importa? Te seguiria pagando.

El joven profesor se quedó sin saber que decir, pero acabó ofreciendo dos semanas. Zigor se quedó pensando, y dijo que tres estaría bien. A Brais no le quedaba mas margen para negociar, no quería abusar de su confianza, así que asintió y acabó acepetando. Ambos estrecharon las manos y acordaron verse para ese entonces. Se levantó de la silla y se despidió. Al salir, vio como una de sus compañeras subía las escaleras, la siguió y la interceptó en la planta de arriba:

-Señorita Garcia ¿Es usted quien llevará a mi clase?

La mujer se quedó muda. Brais le sonrió, diciendo que era normal que estuviera algo asustada. Le dijo que podía marcharse y la mujer entró dentro del aula.

Sentado en su coche, viendo el parking de la escuela, se quedó meditando mientras sacaba un cigarro. No acostumbraba a fumar, pero estaba muy nervioso. Dio un par de caladas, hasta que vio como un coche se paraba detrás de él. Salió una mujer que le pareció familiar, hasta el punto que recordó las fotos del hogar de Jano. Su instinto fue esconderse y ver como esta se metía en el edificio. Sacó su telefono y entró en su email para ordenarle el siguiente trabajo. Investigar a esa familia. El hacker aceptó en 30 segundos, asustandolo. Se sentó bien en el asiento, tiró el telefono en el asiento del copiloto y decidió acercarse al bar del padre de Arlette.

Estacionó su coche delante. Miró al interior y vio que no había nadie, era una ocasión perfecta para no generar malestar. Cuando entró, se quitó las gafas de sol, y la mujer le reconoció. Fue a echarle, pero Brais le dijo que tenía novedades, que no venía a acusar ni a decir nada extraño. Alberto salió, con cara de pocos amigos:

-¿Qué quiere? -dijo en un tono de voz elevado- ¿Quiere que le parta la cara?

-Podría hacerlo, no me importaría, pero no le diría un par de detalles, que quiero que guarde.

-¿Me intentas vacilar?

-Ando detrás del verdadero culpable -dijo sin despeinarse- quiero que confie en mí, yo no fuí, aunque los rumores digan lo contrario.

Se puso las gafas y salió del lugar. Se sentó en el asiento y sintió la sensación de ser un autentico investigador, aunque él no estuviera haciendo gran cosa. Vio como Alberto lo observaba desde el interior, así que se despidió con la mano. Su acto heroico le podría costar un ojo de la cara, pero quien no arriesga no gana.

Era de noche, y el telefono vibró. Le había llegado el email que tanto ansiaba. Estaba lleno de fotos, que fue descargando una por una. Y al llegar al final, leyó <>. Tras leer eso, abrió cada una de las fotos. Se trataban de cenas, viajes y reuniones en el propio colegio, donde todos parecían contentos, y algo cercanos, como la mujer y Zigor. No tenía nada en contra, en esa relación ni pinchaba ni cortaba, pero le parecía mal que estuviesen engañando a sus respectivas parejas. <> preguntó en la respuesta. No tardó nada en contestarle <> respondió el hacker. <> dijo Brais, algo sorprendido, pero ya no consiguió que este largara más información. Pegó un sorbo al café, y sintió que sería una larga noche.

Recibió el segundo email de la noche. El hacker avisaba de que a lo mejor no le gustaría lo que iba a leer. Le mandó el historial de internet de Zigor, que parecía muy similar al de Jano. Brais aseguró que por desgracia, habían muchos hombres que consumían ese tipo de porno, pero que no eran capaces ni de matar a una mosca, que necesitaría algo más importante. El hacker aseguró que tenía ese tipo de información, pero que le soltara mas pasta y a primera hora de la mañana, se lo enviaría. A Brais comenzaba a sonarle todo muy raro, pero cedió.

Se levantó muy pronto. Con su coche particular se acercó a una empresa de alquiler vehicular. Tomó un coche pequeñito, para que no pudieran saber que era él. Cuando le entregaron las llaves y pagó, pudo entrar en el interior. Dejó su telefono en el asiento y se dirigió hacia el colegio. Se estacionó delante del centro, a dos horas antes de que este abriera sus puertas. No tenía ni idea de si la señorita Garcia había abirto el buzón, ni de lo que le iba a enviar el hacker, pero de lo que estaba seguro, es que pronto terminaría toda esa patraña y se limpiaría su nombre. El telefono comenzó a vibrar, ilusionado porque fuese el hacker, lo tomó, pero se dio cuenta de que era una llamada de su abogado:

-Dime -respondió-

-¿Pare qué quieres que me prepare? -preguntó el abogado- ¿Qué piensas hacer?

-No sé si es licito contarte esto, pero como sé que debes mantener lo que te diga en secreto, voy a explicarte todo lo que he andado haciendo.

Cuando terminó de explicarselo, escuchó el largo silencio de su representante, que no podía creerse que su cliente fuera tan estupido:

-Como tu bien dices, tienes derecho a que mantenga esto en secreto, pero yo tengo derecho a dejar de representarte. Así que piensatelo dos veces antes de llevarme al abismo contigo.

Le cuelga, y nada más hacerlo, recibe un email. Había conseguido descibrar unos mensajes raros, como en cogido, que había mantenido con el padre de Jano. Le explicó que pronto conseguiría algo nuevo, así que se mantuviese al tanto. Brais se lo agradeció.

Reconoció el coche del director a lo lejos, así que se agachó para que no lo viese. Pasó por al lado y giró hacia la puerta del parking. Entró en el interior y lo vio salir. Estaba manteniendo una acalorada discusión. Brais se fijó en como se metía dentro del edificio. Sentía que quedarse allí era una tontería, esperar era de tontos. Así que salió del auto y corrió. Saltó la valla de la puerta del parking y entró en el interior. Escuchaba como el director hablaba con el telefono. Estaba intentando abrir la puerta de su despacho:

-¿Pero como sabes que es él el autor? -preguntó Zigor mientras la conseguía abrir-

Al cerrarla, Brais dejó de escuchar, así que trató de acercarse. Cuando lo hizo, pudo saber que hablaba de él, era el único de baja. Hablaba tan rapido y bajo que no lograba entender las otras palabras. Intentó abrir la puerta, con cuidado para que no se diera cuenta, pero de repente, su movil vibro en su bolsillo, haciendo eco en el pasillo. Palido por aquello, corrió para esconderse en los baños. Se metió en una cabina y se sentó subiendo los pies. Era el hacker, le había mandado un vídeo, donde antes le alertaba que era un contenido fuerte, serio, y que involucraba a la pequeña. Se arma de valor y le da al play, sin tener en cuenta que el sonido estaba activo. En ese mismo instante, la puerta de los baños se abrió:

-¿Quién anda ahí? -escuchó preguntar a Zigor- Si sale, no llamare a la policia.

Brais tragó saliva y decidió mantenerse en silencio. Zigor le dijo a la persona con la que hablaba, que luego lo llamaría, y se guardó el telefono:

-¿Eres quien entró en casa de mi compañero? ¿Tú tambien quieres probar?

Brais, decidido a no ser un cobarde, siguió reproduciendo el vídeo. Arlette pedía ayuda, ansiaba que no la mataran. En la grabación se reconocía la voz del padre de Jano, y la voz de Zigor. Escuchó como alguien golpeaba la puerta de la cabina donde estaba, y Brais se asustó tanto que tiró el telefono, haciendo que se cayera por debajo de la puerta:

-¿Qué tenemos aquí? -preguntó Zigor- Espero que si hago algo, este telefono no suene.

Se escuchó como tecleaba en su smartphone y de repente, la melodía de su telefono empezó a sonar:

-Brais, no me esperaba esto de ti -lanzó su telefono contra el suelo- sal y no te haré lo mismo que a ella, nos divertiremos, pero intentando que tu tambien disfrutes.

-Haré lo que quieras, si no me matas -dijo Brais, tratando de ganar su confianza-

Abrió la puerta y Zigor lo tomó del brazo, lanzandolo contra la pared. Se puso a escasos centimetros de su boca, mirandolo fijamente:

-¿No tenias suficiente con vivir tu vida de mierda? ¿Por qué tuviste que joderme?

-No jodí a nadie, tu quisiste acusarme de algo que no hice.

#34

Zigor asintió, y aseguró que ahora no lo haría, si le dejaba probar. Le tocó el culo y lo estrujó entre su mano. Lo volteó con fuerza, estampando su cara contra la pared, y quitandose el cinturón para atarselo en el cuello de Brais. No apretaba demasiado, pero sabría que aquello se le iría estrechando poco a poco. Notó lo incomodo que era ser abusado por alguien como él. Le metía mano en el paquete, tocandole su pene, apretandolo en la palma de la mano de este, mientras acercaba su miembro a su culo. Notó como le desabrochaba el pantalón y le besaba el cuello:

-No estés tenso, una vez que te mate, no sufrirás.

Lo abrazó por la cintura y lo penetró, tirandolo de la correa con fuerza. Lo embistió con fuerza, haciendo que perdiera el conocimiento. Brais lucho por no desvanecerse, espero a que bajara la guardia, y cuando encontró el momento, le pegó un codazo en la boca del estomago. Zigor cayó hacia atrás, sorprendido por la fuerza de Brais. Se subió los pantalones como pudo, y sin piedad, le propinó una patada que le rompió la nariz. Comenzó a sangrar como una fuente. El telefono de Zigor, una fuente valiosa de información, lo tomó y huyó de la escena cojeando. Se sentó en su coche y pudo ver como Zigor trataba de seguirle de cerca. Le hizo un corte de manga y arrancó.

Ya en comisaría, entregó el telefono, prometiendo más cosas. No podía revelar la fuente, pero podía probar que había sido violado por uno de los culpables del asesinato de Arlette. La agente no podía creerselo, asi que tomó el telefono y al reproducir el vídeo, se escandalizó y lo paró. Miró a un compañero, pidiendole que acompañara a Brais a un hospital para que le hicieran las pruebas pertinentes, y que el otro que quedaba libre, la acompañara a casa del director.

El abogado entró en la sala donde estaba tumbado Brais. De lado, pudo verle de reojo. El señor se acercó preocupado, preguntando por su estado, y este aseguró que se encontraba bien, pero que estaría mejor si Zigor hubiera sido detenido:

-No saben donde se encuentra -respondió dejando su chaqueta- pero no tiene escapatoria, pues a su compañero, el padre de ese chico que tu me explicaste, ha sido detenido y ha largado toda la información.

-¿Toda la información?

-Sí, es una atrocidad. Se dedicaban a crear contenido snuff para venderlo, no eran expertos, de ahí a que tuvieran que abandonar el cadaver en medio del patio. Se dedicaban a hacerlo con tematica realista y en sitios delicados. La policia ha dictaminado que uno de los sitios que utilizaron, fue una de las salas del colegio que no se utilizaban, las pruebas que tomaron lo han corroborado.

Brais le entraron ganas de vomitar con tan solo pensar que podía haber sido victima de eso. El abogado aseguró que eso no era lo único que tenía que decirle:

-¿Quién ha sido tu fuente?

-No tengo su identidad, no puedo decirtelo.

El hombre frunció su ceño, y un doctor entró en la sala. Le pidió al abogado que saliera al exterior, para darle la privacidad que necesitaba a Brais.

Pasada una semana de todo lo ocurrido, la gente quiso reunirse con Brais para pedirle perdón. Allí estaba todo el mundo, menos Zigor, que era el ser más odiado en ese momento, aunque nadie pudiera creerse sus actos. En esa cena improvisada, se habló de todo, hasta el cierre del colegio, cosa que no era temporal. Brais reconoció a todo el mundo, menos a una persona, una mujer, que al ver que él le estaba mirando, decidió abandonar el lugar. Brais quiso ir detrás de ella, pero cuando salió al pasillo, ella se había esfumado.

#35

LA LEYENDA DE UNA CRUEL VENGANZA - 14/52 RETOS DE ELDE

"Si yo soy creyente, pero no he podido evitar pensar que es real lo qué pasó". Decía el joven una y otra vez. El inspector Reyes, con el cigarro en la mano, se llevó la mano a su cabeza, tratando de hacer pequeños circulos en sus sienes. Buscaba una forma de alivar su dolor de cabeza, llevaba varios días sin poder dormir, y con muchas investigaciones abiertas. Matías no paraba de estar nervioso, se mordía las lenguas mientras no paraba de repetir lo mismo. Según algunos policias de la zona, era un chico muy conocido, problematico, pero no contra terceros, sino contra él mismo. Su salud mental era un verdadero peligro, y siempre iba acompañado de su cuidadora, ahora brutalmente asesinada. Reyes miró hacia uno de esos agentes, preguntando por los familiares del adolescente, pero el joven no sabía cuanto tardarían. Suspiró y miró a su compañera, que estaba haciendo uso de una de sus carreras, para ayudar al joven a tranquilizarse. La tomó del brazo y la separó, mientras tiraba el cigarro a la calzada, para evitar un incendio. Se separaron para que no les escuchara:

-¿Cuando puedo preguntar por lo ocurrido? -preguntó a Alexa- Sabes que necesito respuestas, y no perder el tiempo.

-Juan, está traumatizado, no podemos agravar sus problemas ahora mismo, su mente puede hacer que olvide -dijo Alexa en voz baja- primero necesito focalizar su atención en mí, hacer que confie y con ello que se relaje.

Juan iba a rebatirle eso, pero Alexa se movió de su lado, para volver con Matías. La agente le tomó la mano, y empezó a hacer pequeños circulos con su dedo, en la palma del chico. Aquello llamó la atención del joven, haciendo que poco a poco volviese a la normalidad:

-¿Dónde está Cristal? -preguntó Alexa- ¿Te ha dejado solo?

Matías se quedó pensativo, no sabía que decir, parecía recordar, pero ese recuerdo fugaz se marchaba de su cabeza, dejando solo un residuo que le hacía murmurar cosas sin sentido. Alexa tomó aire y se quedó en silencio, dejandole espacio al chico. El inspector, mirando todo desde donde se había quedado junto a ella, se lamentó de haber tirado el cigarro, y decidió encenderse otro.

La jueza se presentó en la escena, decidida a levantar el cadaver para que la forense pudiera llevarselo, y así hacer las investigaciones que debían hacerse. Reyes estaba que se subía por las paredes, hacia media hora que intentaba comunicarse con Matías, pero Alexa se negaba a ello. Harto, disfrutó del último cigarro y caminó con decisión:

-Lo siento Alexa, epro no puedo soportarlo más -se sentó entre ambos, acobardando a Matías- Dime Matías ¿Qué es lo que le ha pasado a Cristal?

El joven trató de expresarse, pero las palabras no salían de su boca. Señaló hacia la zona donde se había encontrado el cadaver. Reyes se alzó de su lado, caminó, fijandose en como el rostro del joven cambiaba, de estar nervioso, a entrar en un estado de locura inmenso. Dos agentes lo pararon y Alexa intervino, maldiciendo a su compañero por complicar las cosas. Reyes pisar la escena del crimen y pasó por la cinta que había atada entre dos arboles. Se adentró en el bosque. No tenía linterna, así que utilizó la aplicación del telefono movil. Alumbró a su alrededor, tratando de encontrar alguna respuesta, cuando de repente, tuvo lo que quería:

-Que alguien venga aquí, por favor -dijo en voz alta-

Gente del equipo se acercó. Reyes señaló hacia el suelo, mostrando un par de huellas. La tierra aun estaba humeda, y se habían quedado impregnadas. Los compañeros se agacharon, para tomar fotos y muestras, asi como medir el ancho y el largo de la suela. Tomaron las anotaciones pertinentes, y Reyes agradeció aquello:

-¿Qué harían este par de chicos aquí a estas horas? -se preguntó, mirando hacia el interior del bosque- ¡Alexa!

Vio como aparecía entre los agentes, que se marchaban hacia la carretera. Se paró junto a él y le preguntó por lo que necesitaba. Reyes aseguró que quería ir al pueblo colindante:

-¿No puedes ir tú solito? -preguntó Alexa-

Aquello hizo que el inspector frunciera su ceño. Ella sonrió, diciendo que solo se trataba de una broma, así que tomo la delantera mientras encendía su linterna. Cuando salieron de la enorme arbolada, decidieron apagar sus linternas, pues la luz de Luna les bastaba para poder guiarse por el camino de campo. El lugar parecía abandonado, tetrico y de película, haciendo que se les pusieran los pelos de punta:

-¿Será una buena idea? -preguntó Alexa- todo el mundo estará durmiendo.

-No lo sé, pero por intentarlo no perdemos nada.

Llegaron a las primeras casas, con el deseo de que alguien les atendiese, pero a cuantas más casas llamaran, más les ignoraban. Reyes, harto de aquella situación, se paró en una fuente y bebió. Se secó la boca con la manga, y apoyado en esta, pensó por lo qué debía hacer. Alexa no se cortó ni un segundo, sacó su linterna y alumbró a las casas, para ver si alguien les espiaba. En aquellos pueblos, los viejos siempre eran muy cotillas. Ventana por ventana, descubrió una sombra que se ocultó rapidamente. Alexa se dirigió a la casa con decisión, y aporreó la puerta sin compasión. Reyes, al ver la actitud de su compañera, sintió que era innecesario, pero cuando la puerta se deslizó hacia delante, supieron que algo no estaba yendo como debía. Sacaron sus armas y entraron, organizados y con cautela. Inspeccionada la primera planta, subieron a la siguiente, que era la última, escuchando la respiración entrecortada de alguien. Aguantaron las suyas, no eran ellos, había alguien más con ellos:

-Esta situación no me está gustando un pelo -dijo el inspector Reyes- no deberiamos haber venido solos.

-¿Llamo a los refuerzos por si acaso? -preguntó Alexa echando mano al comunicador-

Reyes la paró, tirando de ella hacia atrás, para apartarla del agresor. Una fina hoja de metal pasó por delante de sus ojos. Quiso reaccionar, pero la acción de su compañero, hizo que se cayera contra una mesa de madera. Reyes, al ver que la había cagado, trató de ir tras él sospechoso, pero cuando bajó las escaleras y salió al exterior, era como si nada hubiera ocurrido, ni rastro del huído. Alexa fue la siguiente en bajar, lo miró con mala cara:

-Lo siento, pero deberias agradecerme por haber salvado tu vida -respondió este-

-Hombre gracias, pero ahora al principal sospechoso lo tenemos vivito y coleando -gruñó esta mientras tomaba el comunicador- sugiero que las patrullas más cercanas, inmovilizadas en la zona, busquen inmediatamente por los alrededores. Hemos sido atacados por quien podría ser el principal sospechoso.

Entre voces distorsionadas, se escuchó como tomaban la orden y ella se lo guardó. Preguntó por lo que debían hacer ahora, cosa que el inspector solo supo responder encogiendose de hombros, hasta que pensó:

-De momento solo tenemos a Matías, no sabemos si esta persona está involucrada, o era un simple ladrón, mantengamos todas las posibles hipotesis.

Volvieron por el camino, se adentraron por el bosque, y se reunieron con sus compañeros, Matías ya había sido recogido por su familia, y se había acordado que lo traerían a primera hora de la tarde para hablar con los investigadores. Al inspector le pareció bien, pero Alexa se quedó preocupada, ya que el joven no estaba en sus cabales como para enfrentarse a una situación así. Vio como esta caminaba a su coche y se metía en este. Reyes la siguió, y vio como apoyaba su cabeza en el volante. Dio dos toques a la ventana y esta se giró para mirarlo. Manteniendo la mirada, parecía que estaba conversando sin palabras, ella seguía echandole la culpa de todo, de afectar a Matías de esa forma, y de dejar que el sospechoso se escapara. Reyes cerró sus ojos, como forma de pedirle perdón.

Reyes comenzó a leer todo tipo de información. Recortes de periodico y antiguos artículos, pero nada que pudiera dictaminar alguna conducta delictiva por parte de alguien que viviese allí. Era un pueblo tranquilo, demasiado. Aquello siempre hacía que sus alarmas saltaran, los humanos no eran tan buenos como aparentaban, el instinto siempre les hacía delinquir, y que casualidad que allí vivieran las personas más buenas y puras de todo el lugar. Navegando por internet, se encontró con una página web, especialida en historias virales, y donde los internautas pudieran explicar sus anecdotas, así como "leyendas urbanas":

<>.

#36

Reyes se quedó traspuesto tras leer aquello. Era una simple leyenda, sabía de ello, pero podría ser un caso real. Se dejó de acomodar, y se sentó como las personas normales, con los pies en el suelo. Tecleó los detalles para buscar los reportes. Algo ocurrido en los 80, en la carretera 316, con una víctima hombre y una asesina mujer, que fue víctima de la otra víctima. Tras teclear todo eso, leyó todo lo escrito, porque en su cabeza se había mezclado todo, y no sabía que era lo que había puesto. Una vez corregido, le dio al enter, delaitandose con aquello. Leyó un par de reportes, los imprimió y junto a la leyenda, lo puso todo en la pizarra magnetica. Miró todo en conjunto, y se sintió satisfecho, pues habían bastantes cosas las cuales acogerse, y no eran una perdida de tiempo. En ese mismo instante, Alexa entró con un par de cafés, que dejó encima de la mesa y se acercó para leer todo lo que había conseguido:

-¿Y esto qué tiene que ver con lo sucedido? -dijo con el suyo en la mano-

-Pura curiosidad -dijo mientras cogía un rotulador- se dice que ese pueblo es muy tranquilo, pero según algunos recortes que he encontrado, han ocurrido muchisimas desapariciones.

Empezó a dibujar un mapa, que Alexa no entendió hasta que reconoció que era la zona donde había ocurrido todo. La carretera, el bosque, el pueblo y la zona de los alrededores. Reyes podía ser un descuidado a la hora de proceder con algunos hechos, pero tenía una mente prodigiosa. El inspector señaló a su ordenador, con la idea de que le fuese dictando las zonas donde se especificaban en los reportes. Lo fue haciendo, y viendo como su compañero iba trazando puntos, hasta que se formó una circunferencia, casi perfecta. Por encima, hizo un calculo que determinaba que entre la desaparición y el pueblo, había un total de 5 min, tiempo suficiente como para saber que el culpable vivía, o tenía algun lugar disponible allí, para hacer lo que fuera que hiciese:

-¿Crees que es el lugar donde fuimos? -preguntó Alexa separandose de la pantalla-

El inspector Reyes acababa de dejar el rotulador, con decisión en su rostro. Se dirigió hacia la puerta, saliendo de la sala, y Alexa corrió para que no la dejara atrás. Lo siguió de cerca, haciendole preguntas de por qué había actuado así, que debían avisar de ello. Reyes se paró en seco y le preguntó por Matías:

-¡Es verdad, aun tiene que venir! -dijo ella- ¡¿No puedes esperar?!

Reyes negó con la cabeza, y le pidió que se quedara ella allí, que ya la había cagado bastante, y que ahora iba a solucionar sus errores. Se volteó para seguir caminando, pero su compañera se entrometió:

-Dejame pasar -dijo en un tono de voz serio-

-¿Crees que el sospechoso va a estar ahí esperandote? -preguntó Alexa con los brazos extendidos a los lados- es mejor que dejemos que las cosas se calmen, que se tranquilice, y se confie. Ahora necesitamos hablar con Matías, para que con su poca percepción de las cosas, intentemos sacar aunque sea un minimo detalle ¿Me puedes hacer ese pequeño favor?

Reyes hinchó un poco los mofletes, y tras escucharla, le pidió que le debía una cerveza. Alexa suspiró y le pidió que volvieran a la sala, a trabajar mientras esperaban a que lo trajesen.

Matías había podido recordar que Cristal, su cuidadora, intentó protegerlo de alguien, o algo, porque no estaba seguro de que es lo que había visto. Alexa era quien se encargaba del interrogatorio, y Reyes estaba viendolo todo en la sala contigua, sintiendo que aquello no les llevaría a ninguna parte. Su delicada situación, y sus continuas contradicciones, le habían puesto como el principal investigado, y Alexa estaba decepcionada, pues creyó que podría haber hecho algo más. La abogada, al ver que aquello no les llevaba a ningun lado, pidió descanso para su representado y la agente salió. Reyes hizo lo mismo, reuniendose con ella:

-¿Y ahora qué? -preguntó con las manos en el bolsillo- supongo que necesitarán mucho tiempo, y una cerveza no va a hacernos daño ahora mismo, pues aun nos queda mucho trabajo en comisaría ¿Qué me dices?

Reyes asintió. Necesitaba salir de esas cuatro paredes como fuera. Alexa le pidió que fuera cogiendo mesa, que tenía que tratar unos asuntos con algunos superiores, y que pronto le acompañaría.

Alexa dio un trago y dejó el botellín en la mesa. Cruzó sus piernas y suspiró. Reyes miraba la información que ella le había otorgado. En el pueblo, durante el Otoño e Invierno, epoca en la que estaban, solo vivían un total de 20 personas, pero cuando cambiaban de estación a Primavera y Verano, pasaban a ser un total de 120 personas. Pasó la hoja, y pudo leer algunos nombres, levantó su mirada del informe y le preguntó por donde había sacado esos datos:

-¿Cómo? -preguntó mientras miraba como ella se encendía un cigarro-

-Comiendo ¿Cómo va a ser si no? -pegó una calada y sacó el humo- Villa Augusta pertenece a otro pueblo desde hace unos 10 años, dada su poca población, no tenían dinero para un ayuntamiento, así que los de al lado les hicieron el favor.

-¿Te la ofrecieron sin más? -cerró la carpeta- ¿Sabes lo que eso supone?

Alexa, con el cigarro entre sus dedos, le explicó que había ido a hablar con sus superiores de eso, para que lo tuvieran en cuenta, y que no pasaba nada, todo era legal. Volvió a ponerselo en la boca y disfrutó de una larga calada. Reyes volvio a tomar la carpeta y empezó a leer cada uno de los habitantes:

-Muy limpios -dijo Reyes- nada interesante de momento.

-De momento, tu lo has dicho, pero es raro que ocurra todo alrededor del pueblo y que nadie sepa nada ¿No?

-No les hemos preguntado aun, ademas, has dicho que durante las epocas de buen tiempo viene más gente.

Alexa se quedó pensando y asintió, dandole la razón. Se acabó el cigarro, dejando el resto en el cenicero. Extendió sus brazos hacia arriba y miró a su compañero:

-¿Vamos a hacer unas cuantas preguntitas?

-Vale ¿Pero quién conduce?

Los dos se llevaron las manos a la cabeza. Con una cerveza en el cuerpo no podían conducir. Tampoco quería gastar dinero en el taxi, así que uno de los dos se la tenía que jugar. Los dos se giraron en sentidos opuestos, y se volvieron a mirar mientras enseñaban sus manos con diferentes signos. Alexa papel, Reyes piedra, otra vez perdía.

#37

Esta vez entraron dentro del pueblo, a través de un camino que había para los coches. Lo dejaron aparcado a la entrada de este, y se bajaron. Alexa no sabía la distribución de las casas habiadas, así que supuso que sería una mejor idea ir por separado. Reyes ya se sabía las cosas de memoria. Las primeras casas a las que llamó no parecía vivir nadie, pero a la tercera iba la vencida, le abrió una mujer:

-Buenas tardes y noches, mi nombre es Reyes, y soy inspector de policia -explicó con una amable sonrisa- me gustaría hacerle unas preguntas.

-¡¿Le ha pasado algo a mi marido?! -dijo algo asustada-

-No, no se preocupe -intentó tranquilizarla- ¿Usted se llama?

Aseguró que era Daniela, su marido Bosco. Reyes recordó la información. Ella era ama de casa, tenían tres hijos, aunque de vez en cuando escribia en un blog de cocina, que le generaba algun que otro ingreso. Bosco era un arquitecto, aunque de momento en paro:

-¿Puedo pasar? -preguntó Reyes- será rápido, aun tengo que visitar a las otras familias.

Daniela le ofreció entrar, preguntando si quería algo, a lo que Reyes negó con la cabeza. Cuando se sentaron en la mesa del comedor, le explicó lo que había ocurrido cerca del pueblo, y quiso saber si sabía algo de ello:

-Al principio no nos lo creiamos, las leyendas y esas cosas, pero luego lo vimos en las noticiaas. Al saber que no era mentira, un poco de miedo surgió y se propagó entre los vecinos, y no solamente de aquí, si no del pueblo de al lado.

-¿Leyendas? -preguntó Reyes- ¿Está atenta de esas leyendas?

Daniela asintió, ella vivía en el pueblo desde que era pequeña, y vivió el detonante de todas esas historias. Durante un tiempo tuvieron toque de queda, creían que podría ser un animal, o algo mucho peor, el espiritu de ese hombre:

-¿Y su marido? -preguntó Reyes-

-Ha tenido que ir a la ciudad, a arreglar unos papeles, puede que lo vuelvan a llamar a trabajar.

El inspector se alegró por esa noticia, y ella sonrió agradeciendolo. La siguiente pregunta era saber qué es lo que estaban haciendo durante todo lo sucedido:

-A esa hora dormíamos, a pesar de no tener un trabajo, seguimos manteniendo una rutina -explicó ella-

-¿Escuchasteis algo extraño? -preguntó el inspector-

Daniela se quedó pensativa. Tras meditarlo, asintió. Describió el momento en el que ellos estaban en el pueblo, con las linternas, llamando a las casas. La mujer suspiró, pues tuvieron miedo, creyendo que eran ladrones en busca de saber que casas estaban vacías, y cuales no, para poder robar en ellas:

-¿Eso pasa muy a menudo?

-Si, sobretodo en estas fechas que no hay casi nadie -señaló a una alarma y luego a la puerta con pestillos- no es que sea algo muy grave, como para vivir con miedo, pero siempre queda ese temor de que algun dia pase algo muy pero que muy grave.

Reyes memorizó todo aquello. Aun tenia dudas, así que quiso preguntar entre ese pequeño espacio de tiempo que había, entre el momento del asesinato y cuando ellos llegaron al pueblo a investigar. Si había escuchado algo raro:

-Lo normal, algun vecino caminar de noche, sé de personas que sufren de insomnio, y aprovechan para vigilar el pueblo -respondió ella- pero nada fuera de lo normal.

Aquella información le sirvió, le agradeció por todo y deseó que su marido encontrara trabajo cuanto antes. Al salir, siguió llamando a las puertas, intentando tener exito. Al ver que no contestaba nadie, decidió marcharse en busca de su compañera, pero de repente, escuchó como una de las puertas se abría:

-¿Qué desea? -dijo una mujer mayor-

Se volteó con rapidez, y se acercó. Pudo ver como un hombre mayor, posiblemente el marido de la mujer, se acercaba a ella preguntando por quién había llamado:

-Soy el inspector Reyes, me gustaría hacer unas preguntas sobre lo sucedido a la joven -respondió con claridad- ¿Tienen un momento?

El hombre frunció su ceño. Aseguró que aun siendo un pellejo, sus oídos iban perfectamente, y Reyes no le quedó otra que pedir perdón. Preguntó por sus nombres, y estos respondieron. Sabia que tenían un hijo viviendo con ellos, así que preguntó por él primero:

-¿Cree que ha sido nuestro hijo? -preguntó Paula, la mujer-

-No lo creo, pero debo descartarle para poder centrarme en los sospechosos de verdad ¿Se encuentra ahora en casa?

Alvaro, el marido, tomó la iniciativa. Explicó que su hijo estaba en la universidad, y que llegaba tarde siempre porque se quedaba en la biblioteca. En el hogar no se podían permitir pagarse el internet, y el joven debia estudiar. Memorizó aquella información, y se interesó por la hora a la que más o menos llegaba:

-Depende del día, hay veces que llega para cenar, otras que casi para desayunar -gruñó el hombre-

-Deberias ser mas simpatico, cariño -le espetó su mujer- solo hace su trabajo.

Reyes aseguró que no le importaba, que sentía haberse entrometido en su vida. Al no tener más preguntas que hacer, decidió seguir con su camino. A la primera que llamó, le contestaron, haciendo que se sintiera aliviado. Se trataban de las dos hermanas Laura y Ana. Las dos se dedicaban al sector del automovil, por lo que pudo ver atrás de la puerta, un inmenso garaje:

-¿Teneis un momento?

Laura y Ana se limpiaron las manos con unos trapos, y preguntaron por lo que necesitaba. Reyes explicó todo, mas rapido, para evitar contratiempos, y estas asintieron:

-Si, sabemos lo que ocurrió -dijeron casi a la vez-

-¿Algo raro que presenciasteis? -preguntó Reyes-

Laura aseguró que el pueblo de por sí era muy raro, pero que no les quedaba otra, era barato. Ana añadió que para dedicarse a su sueño de mejorar coches y venderlos, necesitaban una casa, y allí eran muy baratas. Reyes quiso saber cuanto tiempo llevaban viviendo ahí, y contestaron que no llegaba ni al año:

-Así que no conoceis en profundidad a la gente del pueblo ¿No?

Las dos negaron con la cabeza, pero a Ana se le encendió una bombilla en la cabeza:

-Hay un chico muy raro, vive solo, no sé su nombre, pero su casa está dos calles más abajo -añadió- no sé si es necesaria la información, pero tanto a mí como a ella nos asusta.

-Bueno, todo suma o resta, según -explicó Reyes- ¿Algo más?

Las dos chicas se encogieron de hombros, no sabían que decir, así que Reyes decidió que era momento de reunirse con su compañera. Empezó a buscarla por todas partes, hasta que la vio salir de una casa. Se acercó corriendo y le preguntó por lo que había descubierto:

-He hablado con todos, menos con uno -respondió muy seria- según lo que me han explicado los chicos que viven al lado, vive en esa casa a la que nosotros entramos, y que desde hace días no le ven por el pueblo.

Reyes sintió la seriedad de su compañera, aquello no eran buenas noticias. Se plateaban dos posibles hipotesis: que Adolfo fuese el culpable, o que esté había sido asesinado por él. Alexa decidió llamar a sus compañeros, para que se acercaran a la zona, para asi acabar lo que no pudieron hacer ellos. Una vez que terminó la llamada, ambos se dirigieron al coche.

Aun en el interior de este, parados junto a la comisaría, pensaron en todos los detalles. La investigación avanzaba a pasos agigantados, todo iba a pedir de boca, y no podían parar de sentir la amenaza de que algo malo estaba por ocurrir. Reyes miró a su compañera, él ya había comentado los detalles de sus conversaciones con los vecinos, pero ella no le había explicado nada:

-Las primeras casas que visité eran lugares donde convivían amigos, en la primera un grupo de dos chicos y dos chicas -respondió ella- la otra vivían solo dos chicas. A la tercera conocí a un hombre que se consideraba viudo, que convivía con sus dos hijas, él cual me explicó que su mujer había desaparecido hace 10 años, y que no se sabía nada de ella desde entonces.

-¿Vivía en el pueblo?

Alexa negó con la cabeza, aseguró que vivía en el pueblo que llevaba el papeleo de Villa Augusta, pero que tras lo sucedido, decidió ir a vivir a un sitio más tranquilo. Reyes quería saber más detalles, pero ella aseguró que este no quiso contestar, debido a que sus hijas no sabían nada de lo sucedido, pues creen que la mujer sí está muerta:

-Si eso es así ¿Por qué hemos mandado a Adolfo a los perros? -se quejó Reyes- Javier tambien puede ser sospechoso de la muerte de Cristal, está relacionado con los antiguos casos.

-Cualquiera puede serlo -se quejó Alexa- pero no podemos investigarles a la vez, debemos ir paso por paso.

-¿Y si alguien se nos escapa? ¿Qué pasará?

Alexa no quería seguir hablando de aquello, sabía lo que hacía, habia estudiado por ello y la condescendencia de su compañero, la estaba matando por dentro. Abrió la puerta del coche y salió.

Rellenó la pizarra con las imagenes que había podido conseguir de los vecinos, dos de ellas estaban remarcadas. Se trataban de las fotos de Adolfo y Javier, y al lado de este, una foto de un cartel de desaparecida de su mujer. Se llamaba Miriam, y fue una de las últimas víctimas de aquellos famosas desapariciones, que formaron un círculo alrededor de Villa Augusta:

-¿Ya te has dado cuenta de que el culpable es alguien meticuloso? -dijo Alexa nada más entrar con unos papeles en la mano- ten, esto te va a interesar.

Se trataban de unas imagenes en blanco y negro, impresas directamente de una captura de pantalla. Cuando se fijó en cada persona que salía, pudo reconocer a Hector, el hijo mejor de la pareja de ancianos. Pertenecía a un grupo de caza, y tambien había sido sospechoso de la muerte de uno de sus compañeros, por el disparo de una escopeta. Fue absuelto, pero no declarado inocente, la falta de pruebas lo tildaban como no culpable:

-¿Tambien era cazador? -quiso saber Reyes-

-No, era el alumno más brillante de toda la universidad -dijo cruzada de brazos- su rivalidad era famosa, la gente hasta hacia apuestas por saber quien sería el chico más empollón.

-¿Cómo ocurrió todo?

#38

Alexa tomó los papeles, volteó la pizarra para poner la parte limpia y no boicotear las investigaciones de su compañero, tomó un rotulador y empezó a escribir todo. Según testigos, Hector invitó a un par de amigos y compañeros a una acampada en el bosque. Algunos de ellos eran cazadores expertos, a pesar de su corta edad y sin tener licencia de armas. Tras unos días, se dieron cuenta de que los alimentos habían sido saboteados por animales, entre los cuales jabalís, y no se lo pensaron dos veces, decidieron hacer una batida en grupos, siendo asi dos grupos, en los cuales habían expertos y no expertos. Durante la cazería, una de las balas alcanzó al chico, Hector era el más cercano, y por la herida, así como la bala, se supuso que la distancia de disparo no podía ser mayor de dos metros. Al finalizar el croquis, Reyes se quedó mirando aquello, entusiasmado, aunque sabía que algo así iba a ocurrir, y que todo no sería tan facil como parecía.

No llegaba a ser ni la primera hora de la mañana. El joven Hector salía de su casa, como de costumbre, para tomar su bicicleta e ir a la universidad, pero se encontró con algo que dificultó su horario. Reyes le mostró las imagenes del grupo de caza, una a una, hasta llegar a la del compañero asesinado. La cara de este cambió, hasta el punto de que quiso huir, pero Alexa lo interceptó por detrás. Al ver que no podía escapar, tomó aire y se quedó quieto:

-No tenemos intención de detenerte aun -respondió Reyes- pero todo dependerá de si nos convences con tus palabras ¿Te suena el nombre de Cristal?

-¿La chica asesinada? -preguntó Hector- mis padres me contaron que estuvisteis aquí, ayer.

La puerta de la casa se abrió, salió su madre con una bolsa, diciendo que se había olvidado el bocadillo. Al ver a los dos agentes, de la impresión se le cayó de las manos, haciendo que el ruido hiciese reaccionar a su hijo:

-No pasa nada mamá, vienen a escuchar mi versión sobre lo ocurrido, como a vosotros -se acercó para tomar la bolsa del suelo- vuelve a dentro, no hagas que papá se preocupe.

La mujer tragó saliva y cerró la puerta. Alexa se acercó a él, lo tomó del brazo y lo llevó al coche, entrandolo en el interior, ya adentro, pusieron los seguros para curarse en salud. Hector fue todo oídos a las preguntas:

-Sabemos lo que ocurrió -dijo Reyes- y eres el único, junto a Adolfo, que no teneis una coartada firme, así que me gustaría saber donde estuviste ayer, no me vale lo que dijo tu madre, sé que vuelves de noche, muy tarde, justo cuando ocurrió todo.

-Sé lo que estais pensando, yo tambien lo haría, pero soy inocente de ambos casos, nunca llegué a matar a nadie.

Alexa se giró para mirarlo, si él no fue ¿Quién? Hector suspiró al ver que sus palabras no servían para nada. Repitió su versión de los hechos, sobre lo ocurrido en la acampada, él se despistó un momento, y cuando fue a mirar para ver donde estaban sus compañeros, ya no estaban, momento el cual se escuchó el disparo y corrió hacia la zona:

-¿Y quién disparó con tu arma? -preguntó Reyes-

-La intercambiaron sin que me diese cuenta, estaba muy emocionado al saber que podría cazar un jabalí, tomé cualquier arma y fuí.

A los agentes no les convenció en nada, pero Hector insistió en que no se le podía acusar de nada, no habían pruebas que lo incriminasen del asesinato, ni tenía a un abogado, asi que pidió que lo dejaran marchar a la universidad. Reyes arrancó el motor, sorprendiendo a su compañera. Este se ofreció a llevarlo.

Vieron como Hector subía la gran escalinata hasta las puertas del centro. Alexa paraba atención a todos los movimientos de este, y de las reacciones de las personas de su alrededor. Reyes podía darse cuenta de lo mismo, era un apestado, no dotaba ya de su gran reputación. Los dos se miraron, y Reyes puso rumbo de nuevo hacia el pueblo. En coche solo se trataban de cinco minutos de nada. Alexa fue la primera en bajar, se dirigió hacia la casa a la que habían entrado, y llamó a la puerta. Ahora estaba cerrada, y parecía que no estaba habitada, pero en su interior se escuchaba movimiento. Se separó un poco y gritó su nombre, para que todo el pueblo lo escuchara:

-¡¿Adolfo?! -gritó Alexa a pleno pulmón de nuevo- ¡Somos la policia, necesitamos hablar con usted!

Durante ese tiempo, a Reyes le sirvió para mirar a su alrededor, fijarse en cada detalle. A lo lejos pudo ver como alguien entraba en una casa, intentó hacer memoria, y reconoció que era la casa de la familia de Daniela y Bosco, que vivían junto a sus tres hijos. En la anterior vez no habían podido hablar, y ahora sentía curiosidad. Cuando fue a dar el paso para ir allí, Alexa lo paró, diciendo que no podían dejar pasar aquello, que por lo menos le echara una mano. Reyes se giró hacia la puerta, levantó su pierna y pateó la puerta, haciendo que se cayera de cuajo:

-¿Y esto no lo podías hacer tú? -preguntó Reyes sacudiendose el pantalón- ¿Entramos?

-¡Estas loco! -gritó Alexa- ¡Nos van a echar la bronca!

-¿Loco? Loco él que intentó agredirte, esta es la venganza.

La tomó del brazo y subieron las escaleras. Con cautela, miraron a su alrededor, la luz del día les dejaba ver, y estar al tanto de todo, pero no había rastro de nadie. Habían solo dos puertas, una que daba al baño, y la otra a la habitación. Reyes dejó que esta se deslizara, viendo que la ventana estaba abierta:

-Se ha escapado -dijo sin armar jaleo- Hay que ir a por él.

Alexa fue la primera en salir corriendo, y Reyes, sabiendo que era una perdida de tiempo dar la vuelta, decidió seguir el mismo camino que el sospechoso. Cayó sobre un monton de bolsas de basura, apiladas en la calle procedentes de las casas. Cuando se levantó, pudo ver como corría en dirección hacia el bosque. Por la derecha, vio como Alexa lo alcanzaba. Decidió seguirles el ritmo, dandose cuenta de que estaban yendo a la zona del crimen. Confiaba en su comapñera, asi que rehizo sus pasos y corrió hacia la casa. Entró de nuevo, poniendose los guantes, y miró en cada rincón, en busca de un arma homicida o un zapato que pudiera incubrirle. En la planta principal, la que daba a la calle, no había nada, en la segunda, entrando en la habitación, no había ni un solo zapato. Supuso que los llevaría puestos. El comunicador empezó a sonar, y una voz jadeante, le explicó que lo había atrapado:

-¿Estás bien? -preguntó Reyes mientras salía-

-Sí, pero necesito apoyo -respondió mientras se escuchaba como alguien intentaba escaparse- lo he placado, pero soy peso plomo, no podré contenerlo.

Se dio prisa en reunirse, y cuando salió del bosque, los pudo ver en medio de la carretera, parando el trafico. Reyes ayudó a sujetarlo, y de un plumazo lo puso de pie:

-Ahora te vas a venir con nosotros -lo amenazó- y esos zapatos, tendrás que entregarnoslos.

Lo tomó de las esposas y comenzó a tirar de él, mientras pedía perdón a todos los conductores. Alexa se agachó en la cuneta, recuperando el aliento, mientras Reyes guiaba al sospechoso hacia el coche.

Nada de nada. Las suelas no coincidian con los datos recogidos de las huellas. Alexa y Reyes, sentados en sus respectivas sillas, no podían creerse aquello, aunque lo podían retener por haber intentado agredir a un agente de policia:

-Tenemos a Hector y a Adolfo -dijo Alexa, con un tono de voz cansado- Adolfo, Hector.

-Te olvidas de Javier -añadió Reyes-

-Tiene coartada, para el día en que ocurrió aquello, y lo ocurrido actualmente, queda descartado de momento.

El inspector frunció su ceño, y se quedó mirando a su compañera. Esta aseguró que no tenía culpa de que las pruebas lo tuviesen exento de delito, que se debían mantener con la cabeza fría, e ir poco a poco. Al decir esas palabras, se quedó parada, recordando la imagen de la mañana, la del joven subiendo las escaleras:

-Esas botas... -susurró Alexa- Reyes ¿Qué hora es?

Este miró la pantalla de su telefono móvil, y nada más hacerlo, cayó en la conclusión de lo que estaba diciendo su compañera. Se levantaron rapidamente. Alexa tomó las llaves de su propio coche, diciendo que ella iría a la universidad, y que Reyes se encargase de ir al pueblo. Asintió y se despidió de ella. Al meterse en el coche, arrancó sin ponerse el cinturón.

#39

Entró, casi sin pedir permiso a la pareja de ancianos. Alvaro estaba al borde de un infarto, mientras Paula lo intentaba ayudar. Reyes no podía andarse con chiquitas, entró en la habitación de Hector, y empezó a mirar por todos los lados. Cajas y cajas de botas, con estas aun dentro, algunas con restos de tierra aun en estas. Cuchillos de caza, porras y hasta armas no reglamentarias, aquella larga posesión podría ponerlo en un compromiso. Salió afuera, y señalando al interior, quiso saber si tenían constancia de ello:

-¡A mi hijo le gusta la caza! -gritó el anciano, casi tosiendo- ¡Qué delito tiene eso!

-Matar animales por diversión no te pone en un buen lugar, frente a delitos de los que se le acusa, o se le puede acusar.

-¡Mi hijo es inocente! -lloró la mujer- ¡Lo és, estoy segura!

-Será así hasta que se demuestre lo contrario.

Tomó el comunicador, y le preguntó a Alexa si había conseguido encontrar a Hector. Esta explicó que no estaba en la universidad, y que al hablar con el director de esta, le hicieron saber que desde hacía un par de meses, no iba a las clases. Miró a la pareja de ancianos, aseguró que no se iba a ir hasta que todo aquello fuese requisado.

Los coches de policia pasaban cada dos por tres, es algo que Reyes podía ver desde la ventana del salón de los padres de Hector. Alexa caminaba por los alrededores, vigilando la zona. Reyes corrió las cortinas para evitar que se pudiera ver el interior del salón, y pensó que sus superiores eran tontos. Mandar todos esos coches patrulla, a dar vueltas cada dos por tres, era la peor señal que pudieran dar, lo haría huir de la zona:

-Sois unos cabrones, no le dais tregua -dijo el anciano, aun con la mano temblando- ¿Es así la forma de tratar a un inocente?

-Los inocentes no mienten -aseguró Reyes mientras se sentaba en una butaca- su hijo no iba a la universidad desde hacia meses ¿Teniais idea de ello?

-¿Y eso quien lo ha dicho? -preguntó la mujer, saliendo de la cocina- mi niño siempre ha estudiado, hasta que me muestra las notas.

Reyes tomó algunos documentos del cajón de Hector, y los fue poniendo uno por uno, en la mesa del comedor. Tomó su telefono, mostrando la fotografía de un documento real, y les mostró las diferencias. Ambos ancianos no supieron que decir, el hombre, asqueado por la situación, cogió el telefono con la decisión de llamar a su hijo, para preguntarle por lo que estaba sucediendo, pero no daba todo, estaba apagado. Miró a su mujer, y esta comenzó a llorar, por no se cuenta vez. Reyes ya no aguantaba aquella situación, sentía que tenía que darles tiempo, asi que bajó a la entrada de la casa, a fumarse un cigarro. En la oscuridad de la noche, acentuada por un claro de Luna, pudo ver a Bosco, saliendo de su casa con prisa. Un hombre parado, con hijos, saliendo a esas horas de casa, y con actitud sospechosa. Reyes no quería entrometerse en los asuntos de un hombre adultero, pero nada más encender su cigarro, algo se le pasó por la mente, con tal solo recordar la conversación que mantuvo con su mujer. Dejó de fumar por unos segundos, tomó su comunicador:

-Alexa, necesito que vuelvas, tengo algo qué hacer.

-¿Es importante? -preguntó en voz baja, mientras se escuchaba como pisaba algunas ramas-

Reyes asintió, y le explicó que no quería dejar a los ancianos a solas, que le daba un par de minutos. Esta acató la orden y cortaron la tranmisión. Pegó una larga calada, dejó caer el cigarro al suelo y lo piso con fuerza. Cuando giró su rostro hacia la derecha, la vio a aparecer por el principio de la calle, pasó por su lado, sin decir nada y este caminó hacia la casa de Bosco y Daniela. Delante de la puerta, pegó dos golpes y llamó al timbre. Nadie contestó, así que supuso que no había nadie. Se iba a retirar, pero de repente, vio que en el pequeño escalón que había delante de la puerta, habían manchas de tierra. Sacó su telefono, utilizando la linterna para alumbrar, cuando de repente, escuchó las sirenas de un coche patrullo. Sorprendido, miró en dirección de la casa del joven Hector, viendo como Alexa salía con su comunicador en mano. El suyo comenzó a sonar, habían visto a Hector adentrarse en el bosque. Reyes corrió hacia allí, estaba casi seguro que Alexa se adentraría en la parte derecha de este, él debía encargarse de la izquierda. Con el telefono en mano, corrió por todos los lados, hasta que de un momento para otro, pudo verlo correr entre los arboles:

-¡Hector! ¡No hagas las cosas mas dificiles!

Le siguió el paso, esquivando los arboles, sintiendo que se le escapaba. De repente, alguien se le abalanzó sobre Reyes, dejandolo en el suelo. El telefono se le escapó de las manos, quedandose bocarriba, dejandolo sin luz. Intenta defenderse, pero no logra sacarse a su agresor de encima. De repente, escuchó como Alexa le hablaba por el comunicador, pero no podía presionar el botón para poder pedir ayuda. De repente, algo alumbró la zona, se trataba de un coche patrulla que pasaba cerca. Pudo oler el miedo del agresor, asi que escuchó como se levantaba del suelo, y tomaba algo de metal que se llevó arrastrando consigo. Ya libre, informó de lo sucedido, poniendo en alerta al personal que se había desplegado en la zona. Sentado, se llevó la mano a la cabeza, notando un liquido viscoso. Tenía una herida en su cabeza. Trató de levantarse, pero el duro golpe le había dejado tirititando. Escuchó a alguien caminar por detrás de él, y asustado, se giró con actitud amenazante:

-¡Soy yo! -gritó Alexa sorprendida- ¡Joder!

Reyes sintió un descanso, se acercó a ella a pequeños pasos, y esta le ayudó a caminar.

En la casa de Hector, la anciana ofreció un kit de primeros auxilios. Alexa miró qué podría utilizar. Tomó una venda y algo para desinfectar la herida. Con cuidado, le practicó las curas y le vendó. Alexa recogió todo y se lo entregó a la mujer:

-¿Qué pasará con mi hijo ahora que lo habeis atrapado? -preguntó el anciano- solo trataba de ayudarnos economicamente.

-Eso ya no dependerá de nosotros, si no del juez, las drogas son un tema serio -respondió Alexa- desde un principio debería haberlo dicho.

Reyes agarró de la chaqueta a su compañera, y esta sorprendida, se giró para preguntar que es lo que ocurría:

-Sé quien puede ser el culpable -dijo en un tono de voz leve y cansado- pero no puedo decirlo aqui, no puedo fiarme, tampoco acusar sin pruebas de nada.

Alexa asintió y lo ayudó a levantarse. Salieron al exterior, y allí, le instó a que se lo contara:

-Las desapariciones, forman un círculo, alguien meticuloso -repasó en su mente y en voz alta- alguien que vive cerca, aquí mismo, con unas botas con una huella singular.

-¿Qué tratas de decir?

-Bosco, padre de tres hijos, vive en Villa Augusta, arquitecto en paro, sin una coartada que demuestre donde estuvo durante esa madrugada. Fui a su casa, no había nadie, en el escalón había manchas de tierra. Lo vi salir de su casa, en dirección al bosque, en el mismo lugar donde se me atacó, cuando huyó, escuché como se deslizaba una pala por el suelo.

Alexa aseguró que el golpe en su cabeza era demasiado fuerte, que debía descansar:

-¿Crees que si tuviese daño cerebral te habría descrito todas esas situaciones al dedillo? Es más ¿Cuando he fallado yo en algo como esto?

Su compañera suspiró, tomó el comunicador y empezó a describir a Bosco, con las unicas caracteristicas que tenían, además de a su familia. Explicó que podría estar armado con una pala, y que huyó por el bosque a la misma vez que Hector. Tras esto, se quedó mirando a Reyes, y le aseguró que lo llevaría a su casa, para que descansara, pero este no estaba contento, no quería marcharse sin resolver el problema. Sacó su arma, se seguró de que estuviera bien cargada y sin el seguro, y aseguró que lo ayudase a buscarlo, que no podría ir muy lejos a pie. Alexa se ofreció a conducir.

Tras un largo tiempo de busqueda, recibieron un aviso. Varias fosas en el bosque, con huesos y cuerpos en descomposición. La pala había sido encontrada, no podían aun probar que fuese la utilizada para cavar esos agujeros. En medio de la comunicación, se pudo escuchar de fondo como alguien gritaba, diciendo que habían encontrado algo. El agente que habñaba con Reyes se acercó:

-Inspector, van a tener que venir y ver esto con vuestros propios ojos -dijo en voz baja- la familia del sospechoso... está aquí.

Reyes miró a su compañera, que había escuchado lo mismo. Pegó un volantazo y pusieron rumbo hacia la zona.

Nada más llegar, pudieron ver todas las luces de linterna a través del bosque. Todos los efectivos estaban desplegados allí dentro, y solo unos pocos en la casa del asesino. Al traspasar la zona, pudieron ver al equipo de sicologos con Javier, que no podía digerir la noticia de que su mujer siempre había estado allí, y que esa pequeña esperanza que tenía de volver a verla, ahora se había esfumado. La poca gente del pueblo, y algunos curiosos de los alrededores, eran reunidos detrás de una cinta para evitar que pudieran contaminar las pruebas. Los comunicadores se iban activando de vez en cuando, mandando la información de si habían visto al sospechoso, todo eran negativas, hasta que una agente aseguró que lo habían encontrado. <>.

#40

RAYOS Y CENTELLAS - 15/52 RETOS DE ELDE

En el Cloud Desire, el bar de las deidades, el ambiente era ameno. La música tocada por los semidioses, amenizaba el lugar, mientras las conversaciones la acompañaban. La puerta se abrió, dejando paso al gran y temido Zeus, dios de los dioses de Grecia, y con fama de tener el ego más grande de todo el orden mundial. Todos se quedaron callados al verle. Se dirigió a la barra y sentandose, miró a Dionisio, que abrillantaba las copas. Al verle, se acercó a él con prisa, ofrenciendole lo de siempre. Este tomó la jarra, y empezó a bebersela mientras todo el mundo lo miraba. Escuchaba los cuchicheos, los rumores de que era un infiel rondaban por los diferentes países del mundo. Gruñó y golpeó con la jarra la madera de la barra, haciendo que todos se callaran. La puerta se volvió a abrir, y por esta apareció Thor, con un look más veraniego y con la piel quemada. Entraba de buen humor, hasta que vio a su homologo griego. Los dos se quedaron mirandose, sin saber que decir. Thor tragó saliva y entró, mientras saludaba a algunas chicas, con las que había mantenido conversaciones en las noches anteriores. Zeus, al ver eso, frunció su ceño:

-Señor, debería esconder más sus aficiones -susurró Dionisio- la gente empieza a ver que es cierto.

Zeus carraspeó un poco y trató de ignorar a Thor, pero este ya se había dado cuenta de ello. Acercó un taburete y se sentó a su lado, apoyando el codo y su cara en su mano:

-Ha pasado tiempo desde la última vez que nos vimos -sonrió, tratando de parecer simpatico- ¿Cómo va todo por Olimpo? ¿Nadie te ha declarado rivalidad para quitarte del trono?

Zeus acercó su jarra a Dionisio, que dudó en llenarla. Insistió con su mirada. Atemorizado, la llenó, lamentandose de aquella decisión. Thor vio como su rival se la tomaba de un solo trago y la dejaba en el sitio:

-Oye Dionisio, parece que ese líquido que vendes está bueno -se dirigió Thor hacia él- ¿Me pones un poquito?

-Invita la casa -dijo Dionisio rápidamente- creo que la vas a necesitar.

Un nuevo invitado entraba en el local Cloud Desire. Dejando su katana al principio, hizo una reverencia, haciendo que todas las personas del lugar se quedaran observando aquella deidad. Era Ajisukitakahikone, también era el dios del Trueno en su tierra, Japón. Una casualidad que añadiría más tensión al lugar. Ajisu, no era alguien que quisiera problemas, era respetuoso, y al ver a sus homologos, esbozó una gran sonrisa:

-¿Traiste el sake que te pedí? -preguntó a Dionisio- he tenido una larga jornada, y necesito descansar.

Cuando el camarero se giró para buscarlo, Ajisu notó como era observado. Sabía que no eran esas bellas mujeres, a las cuales Thor ya creía tener enamoradas, eran miradas amenazantes, más bien territoriales:

-Veo que has vuelto de vacaciones, querido amigo -dijo a Thor- ¿Qué tal por tierras tropicales?

Thor asintió, poniendo una cara de pillo. Aseguró que había visto a Juno, que había podido ver en primera persona, que los rumores de que era la viva imagen de la esposa de Zeus eran ciertos. A este se le atraganto el vino, comenzando a toser. Cuando se calmó, vio como Thor lo miraba, interesado por sus expresiones:

-¿Qué intentas? -se quejó Zeus- esa mujer no tiene nada que ver conmigo.

-¿Ah, no? -preguntó Thor- pues creo que voy a intentar enemistarme con Júpiter, merecerá la pena.

Dionisio negó con la cabeza y le sirvió el sake a Ajisu. Cuando tomó la botella para guardarla, miró a la pareja de adulteros:

-Por mí puedes hacer lo que quieras, ya cayó a mis encantos -dijo con ego Zeus- Júpiter no tiene nada que hacer contra mí.

-¿De verdad? ¿Y si te digo que ella ya hizo comparaciones? -se acercó a Zeus para susurrarle- Aseguró que no había nadie que estuviera a mi altura.

-¡¿Cómo osas decir eso?!

Ajisu comenzó a reirse, mientras disfrutaba de su chupito de sake. Zeus, al ver que todo el mundo se le había quedado mirando, se sentó, viendo que había caido en la trampa de Thor. Este no podía parar de reirse, se había inventado toda la historia, y no podía creer que el dios de dioses, hubiese caído en algo tan mundano. Enfadado, cruzó sus brazos y le preguntó a Dionosio si él se había dado cuenta:

-No señor, yo tampoco pensaba que fuese un farol -dijo retirando la jarra- no se preocupe, su legado de amantes estará a salvo con sus encantos.

#41

CITA CON EL DIABLO - 16/52 RETOS DE ELDE

Me encontraba delante del restaurante donde había quedado. Miré el telefono, tenía un mensaje de mi superior. Me instaba a no cagarla, era mi primera gran misión, de ello dependía atrapar a Zigor, uno de los mayores delincuentes que estaba asolando la ciudad. Sus crímenes no eran simples, se le achacaban varios secuestros y homicidios, a jovenes adolescentes hasta niños. Su tapadera era ser el director de una escuela infantil pública, donde en la mayoría de casos, habían niños de todas las edades, con problemas familiares, y fáciles de olvidar por los medios convencionales. Así sin más, parece que mi trabajo este hecho, pero no lo es. Tuve que entablar una relación con él, hasta el punto de llegar a empatizar con su dolor, entender por qué hacia esas cosas. Sentía cierta pena por él, y sentimientos que aun no sé descifrar. La mayoría de gente me tildaría de loca, hasta yo misma lo hago, sacrificar todos mis esfuerzos por esto. Tomé aire y miré hacia la ventana, que daba al interior del local. Escudriñé el interior, con la esperanza de que aun no estuviera dentro. Al no verle, suspiré, tenía tiempo de fumarme un cigarro. Metí la mano dentro del bolso, la pasé por cada lugar de aquel trozo de tela:

-¿Te has olvidado de algo importante? -preguntó una voz familiar, que me heló el alma-

-No, no... -susurré mientras me giraba hacia él- buscaba mi telefono.

Zigor alzó su ceja y sentí que la habia cagado. Aseguró que me había visto mirandolo hace un momento. Sonreía, echandome un mechón de pelo por detrás de la oreja con rapidez y miré al suelo:

-¿Se te habrá caído? -dijo mientras hacia lo mismo- ¿Una llamada importante?

Demasiadas preguntas, mala señal. Evité mirar a sus ojos, estaba emanando debilidad. Sí, tener cariño a una persona no es bienvenido en esta profesión. Tragué saliva y escuché la campanita del local. Zigor había abierto la puerta para dejarme entrar. Me dí prisa en hacerlo, y una camarera se acercó:

-¿Teneis reserva? -preguntó con una amable sonrisa-

-Sí, a nombre de Juan Carlos -respondió Zigor-

<> pensé por un momento. Cuando reaccioné, me di cuenta de que lo había conocido por otro nombre, con otra de sus tapaderas, a través de una aplicación de ligues. Al sentirme tan tonta por haber podido caer en ese enorme error, sentí que mi corazón se aceleraba. Retiró la silla de la mesa, ofreciendo que pudiera sentarme en ella. Lo hice y cuando la mujer extendió un menú, se la arrebaté con prisa para taparme la cara con ello. No sabía si era nerviosismo, amor, miedo... etc. No entendía que era lo que sentía de verdad, sabía de sus actos, pero no me estaba importando, estaba perdiendo el norte:

-Me gustaría saber más de ti -murmuró Zigor, ahora más conocido como Juan Carlos- ¿Tienes alguna afición?

-Si supiera una en cuestión, te lo podría decir, pero no tengo mucho tiempo para descubrir que es lo que me gusta hacer.

A Zigor pareció encantarle aquella respuesta, había llamado su atención, y ahora no me sentía tan en desventaja. Se ajustó el pelo, mostrando una sonrisa:

-¿A qué te dedicas? -preguntó- yo me dedico al sector de la educación, soy profesor.

Dejé la carta a un lado, tomé una copa y me serví del vino de cortesía. Cuando invitaba la casa no era la mejor opción, pero necesitaba un trago. Un sabor amargo, grave error, la comisura de sus labios se contoneó. Volvía a perder:

-Soy bailarina de pole dance -decidí mentir-

Pensé que aquello lo dejaría un poco atado de manos, era un hombre de buenos modales, pero con su expresión, pude ver que no. Me estaba mirando como un objeto sexual, me estaba convirtiendo en su potencial víctima, y sea lo que sea que echara en el vino, me estaba empezando a hacer efecto:

-¿En qué club actúas?

De ese detalle tambien me había olvidado. La droga no me dejaba pensar con claridad. No sabía hasta que punto habría podido rondar los clubs de alterne. Si era un cliente recurrente de estos, o solo uno de paso. Decidí sonreir, pues no me quedaba otra opción:

-¿Qué es lo que te ha hecho tanta gracia? -preguntó Zigor-

-Nada, solo he recordado algo de mi pasado -decidí seguir con mi recien creada tapadera- me recuerdas a un cliente.

-Puede que fuera yo -bromeó- en serio ¿En qué club actuas?

Me hice la timida, lo tanteé, hasta que decidí contarle que no trabajaba en lugares fijos, pues temía de que mi familia pudiera descubrirme. Me tapé media cara, haciendo entrever que me ocultaba el rostro. Aquello emocionó a Zigor, sus ojos brillaban, habia conseguido ganarle cierto terreno:

-¿Tu familia? -preguntó- ¿Estás casada o algo?

-No, aun vivo con mis padres, problemas de deudas y esas cosas.

Zigor volvió a mostrarse indeciso. Tenía que andar con pies de plomo, tenía que hacerle sentir que nadie me queria, que tenía problemas que nadie quisiera resolver, para hacerle creer que sería mi heroe, pero no podía pensar con claridad, cada vez que le miraba a los ojos, era como una punzada en el corazón. Levanté mi dedo, diciendo que debía ir al baño. Tomé mi bolso antes de que pudiera tomarlo, y le sonreí mientras me disculpaba. Cuando entré en una de las cabinas, puse el telefono a llamar y mientras se efectuaba la llamada, decidí devolver todo lo que había tomado durante la tarde. Un lavado de estomago casero. Mi superior contesto, preocupado al escucharme así. Me recuperé de las arcadas, me aparté el pelo y tomé el telefono:

-Informame de todo -dijo con voz seria-

-No creo que sea capaz de detenerlo, solo te aviso de ello, tambien de que tiene todo bajo control.

-Eso es algo que ya sabiamos -respondió el superior enfadado- ¡No pierdas el tiempo!

Me mordí la lengua, para evitar decir cosas que pudieran afectarme. Acaté las ordenes y salí. Puse el telefono en el bolso, lo dejé en el lavabo, y decidí asearme, así como hacer unas cuantas gargaras. Una vez preparada para volver a la carga, decidí salir, como si nada hubiera pasado, cuando de repente, me lo encontré de frente. Se había preocupado, o eso hacía ver, pues había tardado más de lo que pensaba. No entendía por qué me sentía emocionada, estaba actuando, pero nadie se había tomado tantas molestias:

-¿Qué haces aquí? -pregunté- ¿Y la mesa?

-No te preocupes, estaba guardada a mi nombre -dijo mientras se dejaba de apoyar en la pared- ¿Volvemos?

Asentí, siguiendole de cerca. Volvió a ser un hombre cortés, deslizando la silla hacia atrás para que pudiera sentarme. Él hizo lo mismo. Levantó su mano, y un camarero se acercó para saber que es lo que íbamos a pedir. Pillé cualquier cosa, quería saber hasta donde era capaz de llegar, así que elegí lo más caro. Necesitaba ponerlo al límite. Dije mi pedido en alto, haciendo que Zigor se quedara alucinado. Un simple profesor no podía permitirse un restaurante como ese:

-¿Están seguros? -dijo el camarero algo sorprendido por la reacción-

Le miré a los ojos, muy decidida, haciendo que este tuviera que doblegarse. El camarero se llevó las cartas, triunfante.

Ibamos por el segundo plato. No avanzaba en nada, me equivoco, si lo hacía, pero en mis sentimientos. Parecia otra persona en su tapadera, no era como se mostraba en las fotos, o en los mensajes que mandaba, amenazando a todo aquel que se le interpusiera. Era distinto, tanto que atraía, ya por los secretos no desvelados, o sus razones detrás de toda esa salvajería. Esto era como un libro, de esos donde el malo era el bueno, y a mi me daban ganas de ser esa heroina, descubriendo ese gran detalle:

-¿Te lo estás pasando bien? -preguntó, sacandome de mis pensamientos-

-¡Sí, sí! -contesté- ¿No lo parece?

-Solo preguntaba, no tienes por qué reaccionar así.

Debía estar más concentrada, si nos perderia una gran oportunidad, otra vez. Quería saber como le gustaban las mujeres, así que decidí preguntarlo:

-No tengo un tipo ideal de persona -respondió Zigor, muy calmado- puedo tener una relación con cualquiera, no distingo entre generos, razas, etnias, ya sabes.

-Eso es algo bonito -sonreí como una tonta- no siempre se encuentra a alguien así de bueno.

De nuevo caía en su juego. Me quedé en silencio, llamando su atención. Este dejó el tenedor en su plato, preguntandome si me encontraba bien, a lo que respondí que estaba algo enferma del estomago, y que no debería haber venido, pero que no quería ser una mala persona. Aquello volvió a hacerlo sonreir, daba miedo, cuando se dio cuenta de esa reacción, decidió disimular ofreciendome un poquito más de vino:

-No gracias, ya te he dicho que me encuentro un poco mal -respondí extendiendo la palma de mi mano- Por favor, solo quiero un poco de agua.

-Mujer, solo son los nervios, hasta hace un momento estabas bien.

-Juan Carlos, te lo digo en serio... -susurré- no quiero vomitar en medio del restaurante.

El telefono comenzó a sonar de repente. Los dos nos quedamos en silencio, creyendo que era el movil del otro. Suspiré al sentir que era el mío. Me disculpé y salí afuera del restaurante. Se trataba de mi superior, que estaba preocupado por como estaba yendo la conversación:

-¿Cómo está yendo? Espera ¿Me habeis puesto un microfono?

El superior me dijo que era obvio, que lo iba a necesitar en caso de emergencia. Me enfadé, pues era algo que debían decir. Al pensar, podía haber dicho un millar de detalles, todos sobre mi vida sexual, habría sido la risa de toda la comisaría. Tomé aire, y le pregunté que habría pasado en ese caso:

-¿Por qué tienes que compartir esos detalles con un delincuente?

Esa pregunta me pilló desprevenida. Era logico, no podía irme de la boca, cualquier detalle podría entorpecerlo todo. Pedí perdón, sin ser culpable de nada, y aseguré que debía volver, pues Zigor se estaba impacientando. Cuando colgué el telefono, volví al interior. Mi cita ya se había terminado su plato. Planteandose el postre, se interesó por mi conversación:

-Mi chulo, me ha dicho que esta noche tengo que trabajar más -respondí mientras me sentaba- ¿Qué vas a pedir?

#42

Mientras me terminaba el chuletón, él aseguraba que los profiteroles era algo que le encantaba, y que no podía comer muy a menudo, debido a la dieta rigurosa que seguía. Aquello me pilló de sorpresa, era mi postre favorito, y tambien solía hacer dieta, así como lamentarme de los caprichos. Teníamos demasiadas cosas en común. Ahora tenía la presión de que todo lo que decía, podía ser escuchado por mis compañeros:

-Te noto algo tensa -dobló la carta- ¿Quieres que lo tomemos en otro lugar?

-Creo que sería lo más correcto -dejé los cubiertos encima de la mesa-

Zigor pidió la cuenta. Miré mi telefono por última vez, viendo que el superior me había escrito un mensaje. Me alentaba a no alejarme mucho de la ciudad, y no dejarle margen para que pudiera aprovecharse de mí. Está claro que ellos tambien habían sabido que había intentado drogarme. <>. Contesté y apagué el telefono.

Caminabamos por el parque, bajo la luz de la Luna, tomando los crepes que habíamos pedido. De repente, Zigor parecía alguien muy lejano, poco hablador, inseguro de si mismo. Desde el restaurante, había cambiado tan drasticamente, que ahora tenía cierto temor a lo que pudiera suceder. Se paró en seco, y me miró:

-¿Qué fue lo primero en lo que te fijaste?

La pregunta del millón, la más dificil de contestar. Supuse que serían sus ojos, pero nunca me paré a pensarlo, aquella cita, aunque me encantara, no era real. Decidí decirle eso, pero no pareció calmarle:

-Si ahora te dijera que quisiera pasar la noche contigo ¿Lo harías?

Mi instinto falló, negué con la cabeza. Zigor sonrió, asegurando que ya sabía la respuesta, y que no entendía porque había tardado tanto en decidirse. Se acercó, entregando su crepe, y aseguró que no quería seguir perdiendo el tiempo. Se me estaba escapando la oportunidad, debía detenerlo, asi que tiré los crepes, y decidí besarle en la boca. Los compañeros ahora mismo deberían estar flipando, pero era un ahora o nunca.

#43

PLASTIEK, UN PATITO LIBRE - 17/52 RETOS DE ELDE

Una enorme balsa de agua frente sus ojos. Plastiek no podía creerse aquello, tras tantos años en un lugar alto, sin poder huir. Siempre vio como sus compañeros eran elegidos, y él se quedaba solo. Pudo nadar, disfrutando de aquel chapuzón tan ameno. La soledad era algo que no le gustaba, pero preferia su libertad antes que la compañía. Cuando llegó al otro lado, vio enormes esculturas, rectangulares, y con inscripciones en ellas. No entendía que significaba aquello, así que decidió salir, posandose enfrente de estas.

Al mirar hacia arriba, pudo contemplar algo que brillaba, y se movía lentamente. Tantas cosas por descubrir lo abrumaban, se sentía pequeño. Esa perspectiva de los objetos a su alrededor nunca la habia tenido, dentro de su soledad, siempre se había sentido como un rey, por encima de los demás. Cuando se volteó, pudo ver una enorme plataforma que cruzaba de lado a lado. Decidió caminar con cuidado por la orilla, pues temía que pudiera caerse de nuevo al interior. Al llegar, pudo fijarse que no podía acceder directamente a esa plataforma, debía saltar, algo que no se atrevía a hacer. Miró a todas partes, tratando de encontrar una solución, pero no la habia. Se preparó, moviendo el trasero de lado a lado, y con un brinco, se posicionó de puntillas en la plataforma. Agitó sus alas rapidamente, tratando de encontrar el equilibrio, hasta que se sujetó en ese material trasparente, del cual se fijó. Suspiró y se puso de pie. Bordeó, fijandose en su reflejo, hasta que quedó delante de una gran rampa. Se acercó, sin prisa, y pudo ver que allí habían más inscripciones que en las otras esculturas. Se acercó, tratando de saber que es lo que había escrito, pero tampoco lo entendía. Frustrado, se fijó en una gran piedra cuadrangular. Su color le recordaba a lo que le daban de comer, y trató de pegarle un mordisco, llevandose una gran decepción. Un sabor indescriptible, nunca antes probado por él, le invadió por completo. Cuando recobró su ser, se dio cuenta de que había inspeccionado todo, y le entró curiosidad por saber de donde procedía la luz que iluminaba el lugar. Volvió por donde había venido, saltando de nuevo a la orilla, y se quedó mirando aquella tela que le dificultaba el paso, asi como echar un vistazo. Acercó su pico, trató de morderlo, pero por mucho que tirara, no podía apartarla:

-¿Has abierto ya la puerta? -se escuchó a las afueras, de una voz femenina-

Unos golpes comenzaron a escucharse, cada vez mas cerca, hasta que escuchó una voz más grave:

-Claro cariño, no te preocupes, vuelvo al baño.

La voz femenina le pidió que disfrutara del baño, y este le contestó agradeciendoselo. Los golpes cada vez eran más cercanos. Un ruido agudo, seguido de una gran sombra que se proyectaba sobre la tela, hicieron que Plastiek se asustara y cayera en el agua. Aterrado, comenzó a nadar, pues no sabía que se le venía encima.

#44

ALL OF ME - 18/52 RETOS DE ELDE

No hacia más de una semana que había recibido la llamada. Todo había ocurrido muy rápido, ya me encontraba en el aeropuerto del país en cuestión. Me encontraba esperando mi maleta, mientras recordaba como había conseguido aquello. <>. Era raro que se me hubiera contactado por telefono, y ahora comenzaba a tener mis dudas. Con tanto pensamiento en mi cabeza, de reojo vi como mi maleta estaba apunto de desaparecer de nuevo, sobre la cinta mecanica. Corrí entre la gente y la conseguí alcanzar. Ya en mis manos, me giré, disculpandome con todo el mundo. Decidí dirigirme hacia una de las salidas, que conectaba con el resto del aeropuerto. Allí mismo, vi a un montón de personas, esperando a sus familiares, y entre estas, alguien con un cartel donde ponía mi nombre. Me quedé parada, todo estaba siendo algo extraño. Estaba en otro país, del cual solo me había informado por internet, y ahora un señor que no conocía de nada, me estaba esperando. Las peliculas siempre empiezan así, y nunca acaban con un millón de euros para el progatonista. Pasé la cinta, decidida a reunirme con esa persona, y nada más estar delante de ella, me explicó todo, en un perfecto inglés. Por lo menos le entendía, cosa que me tranquilizaba. Tomó mis pertenencias, mientras me pedía que le acompañara. Salimos al exterior, había un montón de gente, entre ellos periodistas, no entendía por qué, sin embargo, cuando nos acercamos a la furgoneta de color negro, vimos como toda esa nube de paparazzis se acercaba. El hombre los hizo retroceder. Me quedé de pie, sin saber que hacer, y cuando la puerta se abrió, allí lo descubrí. Me quedé de piedra, no sabía que hacer, era verdad, había ganado, no era ninguna estafa. El hombre me empujó al interior, diciendo que no podiamos seguir perdiendo el tiempo.

Durante el trayecto, Jay no paraba de hablar, de hacer bromas, de mostrar la actitud que siempre había visto detrás de una pantalla. Por la emoción, se me había olvidado hasta saber hablar, y al notar que estaba siendo borde, traté de hacerlo, pero las palabras no salían de mi boca, era una experiencia que me superaba. El manager le dijo algo a Jay, haciendo que este dejara de reirse, como si se hubiese dado cuenta de algo:

-Se me olvidaba presentarme, aunque ya sabes quien soy -dijo mientras me miraba- no recuerdo tu nombre ¿Cual era?

El manager trató de decirlo, así que le ayudé con eso. Jay lo repitió, asegurandose de una correcta pronuncianción, y extendió su mano para estrecharla.

La primera parada fue el lugar donde iba a ser el concierto. Era enorme. Dejaron mis cosas en una sala y entramos en el lugar donde se iba a dar el espectaculo. Todo el mundo se sentó, menos Jay, que de un salto subio al escenario. El manager me explicó que iba a ver un pequeño teaser de todo lo que iba a ver el día siguiente. Durante las pequeñas practicas, me explicó que no iba a ser la primera vez que lo fuese a ver, pues durante la tarde, sería la practica final y última, ya que al día siguiente estaría atendiendo a la prensa, así como el concierto, y luego una pequeña fiesta, momentos en los cuales no podría pasar tiempo con él, pero que durante todo ese día, estaría viendo como era su día a día:

-¿Su día a día? -pregunté extrañada- ¿Siempre se está preparando para conciertos?

-No es así precisamente, aunque podría parecerlo, todo el día anda cantando, rapeando y bailando. A pesar de haber estado estos últimos meses preparandose para los dos días de concierto, nunca ha parado su futuro proyecto, un nuevo album.

-¡¿Un nuevo album?! -grité sin darme cuenta-

<> se escuchó tras mi grito. Cuando miré, pude ver al encargado de realización mirarme. El manager se entrometió, pidiendo disculpas por haber interrumpido. Noté como mis mejillas subían de temperatura, era la segunda vez que hacia el ridiculo, y tan solo en mi primer día en el país surcoreano.

Uno de los bailarines corrió por la sala, con las bolsas de la comida rapida en cada mano. Todo el mundo, emocionado, se acercó para recoger la suya. Todos hicieron un corro en medio del lugar. Sin darme cuenta, me había sentado entre dos personas que admiraba. Jay Park por un lado, y por otro lado Honey, que es una de las bailarinas de la crew femenina Purplow. El nerviosismo empezó a invadirme, sintiendo como casi no podía coger nada. Que me volviese a quedar parada, era sospechoso, así que tomé la hamburguesa e intenté pegarle un mordisco, pero antes de que pudiera llegar a mi boca, del tembleque se me desmontó, haciendo que la gente comenzara a reirse. Avergonzada, recogí todo dentro de los panes, y empecé a comer, tratando de mantener la tranquilidad.

Tras una hora de haber comido, todo el mundo volvió a ponerse en marcha. Empezaron a estirar, pues debían seguir con las practicas, porque cada vez se acercaba más el día del concierto. Una de las ayudantes pasó una escoba, arrinconando todos los cartones de la comida rapida, y otros le ayudaron para dejarlo todo bien recogido. Jay Park no se unió a su grupo, parecía estar centrado en algo, empezaba a cantar a su bola. Paré atención en su canto, no reconocía la melodía, diría que la letra tampoco, pero aunque lo hiciese, no la entendería. Iba de un lado para otro, mirandose en el espejo, ajustandose la gorra, dando alguna que otra palmada, disfrutando de la música que él mismo creaba. Honey practicaba con su grupo, así como las transiciones que debían haber con las otras crews que participaban. Jay miraba todo de cerca, en algun momento, cuando no le parecía que iban a acorde, paraba todo y se ponía en medio, explicando el error. Una vez que todos se habían compenetrado, entraba él a practicar, mientras tomaba un telefono y hacia que estaba en concierto.

Mirandose en el espejo, se dio cuenta de que la formación no era correcta. Trató de situar a sus bailarines, tomando un rotulador, dibujó algunas marcas para que no la perdiesen. Se puso al frente, delante del espejo y les miró, cruzado de brazos mientras se fijaba en cada uno de ellos. Extendió sus pulgares y dio una palmada para que todo el mundo descansara. Este arrastró sus pies hasta una butaca, en la cual se dejó caer. El manager, al darse cuenta de que no le quitaba el ojo, me entregó una toalla y una botella:

-¿Por qué me da esto a mí? -pregunté-

-Porque has hecho muchas cosas -dijo en un tono ironico- ¿Para qué va a ser?

Me dio una palmada, empujandome levemente para que me acercara. Ya habiendo dado un paso, sentía que retractarme sería peor. Me acerqué y se lo dí, mientras este me preguntaba si lo estaba pasando bien. Asentí, y este parecía estar preocupado:

-Sé que debería pasar mas tiempo, era una sorpresa, un regalo para el ganador o ganadora -respondió- pero es obvio que no tenía mucho tiempo, así que decidí que vieras todo el proceso, algo resumido, antes de que salieramos a escena.

-¿Saliesemos a escena? -pregunté alzando la ceja-

Jay se quedó sin saber que decir, miró a su manager, que parecía haberse acordado de algo. Este se acercó rapidamente, y me preguntó por como se me daba cantar, rapear y todas esas cosas que hacía su representado. Me quedé sorprendida, traté de decir que no podía hacerlo, que era imposible, pero ya lo tenían planeado, la actuación duraba como 2 horas, y si los fans salían antes del concierto, preguntarían.

Ahí estaba, delante de la estilista que siempre ideaba todos los trajes de Jay, poniendome agujas por todas partes. El vestido de pantalón y chaqueta, me venía como un saco de patatas, un contratiempo que no esperaban. Era un maldito tapón, cualquier cosa me quedaba gigante. Una vez echas las medidas, habló con uno de sus ayudantes para que llevara aquello a hacer los últimos arreglos, y me tomó de los hombros para sentarme en una silla. Un chico, bastante simpatico, puso mi cabeza bien recta y empezó a mirar como ponía mi pelo.

Ahora era yo quien estaba siendo guiada por Jay y Honey. Tenía que aprenderme la coreografía de Yacht en menos de 5h, momento el cual se haría de noche, e iriamos a cenar. Me di cuenta de que la coreografía estaba ligeramente modificada para que pudiera seguirles el ritmo. Cada vez me abría más a estar con el grupo, sintiendo que Jay Park no era un simple ídolo, que tambien era una persona. Llegado el momento, como si hubiese un chasquido de dedos, ya había cogido todos los pasos, y lograba estar a tiempo a todo, hasta logré rapear mientras seguía bailando, algo insolito en mí, porque tenía menos resistencia que una piedra. Llegados al final, nos sentamos en el suelo, mientras celebrabamos aquello como una autentica batalla.

La cena había finalizado, en un restaurante donde servían autentica barbacoa coreana. Aquello empezaba a sentirse como una despedida, porque aunque fuese a verlo el día siguiente, solo sería durante el concierto. Había sido un día mágico, pero no pude sentir que estaba pediendo algo. Jay se puso delante de mí, extendió su mano para que le chocara, y me agradeció por haberlo acompañado durante su jornada de practicas, y que esperaría verme entre el público.

#45

Soy Shinichi Kudo, ahora más conocido como Detective Conan. Sin que ellos lo sepan, me encuentro junto a mi novia y suegro en una de las fiestas mas glamurosas de todo Japón, ahora tutores debido a un veneno que me hicieron ingerir. Ellos no lo saben, pero el anfitrión de esta, es quien quiso que yo empequeñeciese, truncando mi carrera como uno de los mejores detectives. Nadie de este lugar sabe mi situación, tampoco habría alguien que creyese lo que un niño les contara, por ello, es necesario que me encargue de esta situación. Debo eliminar a Shantai, pero es obvio que no puedo hacerlo de buenas a primeras. Tengo la coartada de ser un niño, pero esto no es como coser y cantar, necesito esperar al momento exacto:

-¿Conan? -escuché detrás de mí- ¿Te encuentras bien?

Estuve a punto de contestar como un adulto, despreciando aquellas palabras, pues estaba bastante concentrado, pero es obvio que no soy Shinichi, soy Conan. Sonreí y asentí a Ran, que estaba junto a Kogori, que me miraba con mala cara, él era un obstaculo duro de evitar. Aseguré que necesitaba irme al baño un momento. Corrí entre la gente, haciendo que algunos invitados se molestasen. Ya en el interior del pequeño aseo, vi que habían unos cuantos armarios. Podía subirme al váter, pero seguía sin llegar. Medité, salir era muy complicado, pues no sabía cuando el lugar estaría libre, y tendría tanto tiempo como para escudriñar todo aquello. Seguí pensando, hasta que tuve una idea. Tiré de la cadena, lavé mis manos y salí de allí. Con prisa, volví al gran salón. Los camareros comenzaban a preparar la mesa, para que los comensales, pudieran picotear mientras hablaban, pero de momento, nadie paraba atención sobre esta, pues aun no estaba del todo preparada. Todo el mundo estaba mirando al señor Shantai, pues estaba dando un gran discurso, sobre sus grandes logros como científico, así como profesor en la universidad. Todo muy bonito, pero pronto sería su final. Con mucha fuerza, conseguí volcar la mesa, y antes de que cayese todo al suelo, logré ocultarme. Todo el mundo comenzó a preguntarse que es lo que había ocurrido. En el pasillo, al fondo, pude ver a todos los camareros correr hacia la zona. Era el momento. Corrí, preparando el reloj, me asomé en la cocina, y solo vi a un par de cocineros, que dormí enseguida. Cayeron al suelo desplomados. Entré, tomé el taburete y me di prisa para encerrarme en el baño. Con la conmoción tenía un par de minutos. Del taburete al lavabo, y así fue como pude abrir cada uno de los armarios superiores, tomando así el primer instrumento, un bote de pastillas:

-¡LOS COCINEROS SE HAN DESMAYADO! -gritó alguien a las afueras- ¡QUE ALGUIEN TRAIGA TOALLAS MOJADAS POR FAVOR!

Guardé las pastillas en el bolsillo, escondí el taburete dentro de la bañera, echando la cortina, bajé mis pantalones, subí la tapa del váter y salté para sentarme sobre él. Acto seguido, la puerta se abrió. Una señora se escandalizó al saber que me había "interrumpido". Entornó la puerta, hice creerle que casi había terminado, y una vez que pude salir, estaba un poquito más cerca de mi victoria.

Se había conseguido guardar la normalidad, los invitados se habían tranquilizado, y Shintai estaba junto a uno de sus guardaespaldas, cuchicheando. Temía que pudieran olerse algo, pues no quería que esta gran oportunidad se me escapara, así que decidí caminar por el gran salón:

-¡¿A dónde crees que te vas?! -preguntó Kogori cogiéndome del cuello de la chaqueta- ¡Un niño como tú se podría perder por aquí!

Traté de zafarme de él, sin embargo, me arrastró junto a Ran, que estaba hablando con la hija de uno de los invitados. Alcé mi cabeza para mirarla mejor, era bastante alta con sus tacones. Pude ver que fumaba un cigarro, y cuando miraba fijamente, pude ver que las lamparas estaban sujetas, por un amarre que se ataba en un mosquetón, a los lados de las chimeneas que habían a ambos lados de las salas. La fuerza de un niño no era suficiente como para desamarrar aquellos agarres, entonces lo que necesitaba era algo para quemar la cuerda, y así que cayese. Tenía pensado el segundo objeto, otra manera de poder asesinarlo, sin embargo no tenía el lugar indicado. Era imposible hacerlo allí sin ser visto. Fruncí mi ceño, asesinar a alguien, era mas dificil que descubrirlo, pues no tenía indicios los cuales me enseñaran una forma factible de hacerlo. Miré hacia la mesa, viendo grandes velas que decoraban el centro, y camarero con un gran mechero, prendiéndolas con cuidado:

-¡Ran, Ran! -grité para llamar su atención- ¿Puedo ir a comer algo?

-Papá ¿Puede? -preguntó Ran a Kogori-

-Que vaya, pero que vuelva enseguida -gruñó Kogori- las cosas están muy raras como para que un niño las estropee más.

Apreté el puño de la alegría. Ran ofreció a acompañarme, sin embargo me di prisa para que no pudiera hacerlo. El servicio seguía decorando la mesa, y el camarero, asegurándose de que todo estuviera perfecto, aun con el mechero en la mano:

-Señor ¿Podría acercarme ese snack de ahí? -pregunté señalando el que estaba más aleado de mí-

-¿Este? -señaló el equivocado-

-¡No! El que lleva la gamba encima.

Al camarero también le iba costar acercarse un poco, así que decidió dejar el mechero en la mesa. Lo cogí con prisa y me lo guardé en el calcetín. Cuando el hombre se giró para dármelo, hice como que me rascaba el pie y lo tomaba con la otra mano:

-¿Algo más? -preguntó con una sonrisa muy amable-

Negué y corrí, para reunirme de nuevo con Ran y Kogori. Dos objetos recolectados, esto era como un juego, arriesgado pero divertido. Me metí el snack en la boca, que para mi asombro, estaba asqueroso. Estuve a punto de escupirlo, pero antes de que pudiera hacerlo, pude ver como Shantai se retiraba. Lo tragué de una y esperé a que nadie pudiera verme. Cuando Ran y Kogori estuvieron a sus cosas, me escabullí para saber a donde iba Shantai. Subía las escaleras. Suponiendo que el edificio podría ser igual que en la planta anterior, y que tendría el mismo diseño, en alguna habitación superior habría una lampara como las que había visto antes, pero antes de que pudiera ponerme en marcha, Kogori volvió a tomarme del cuello. Esta vez me levantó del suelo, me lanzó una mirada, que parecía analizarme al dedillo:

-¿A dónde te crees que vas? -preguntó levantando una ceja-

-Creo que me ha sentado mal el snack que he pedido -dije poniendo los ojos llorosos- tengo que ir al baño, pero me da vergüenza.

-¿No habías ido ya? -preguntó mientras me dejaba en el suelo y ponía sus manos en los bolsillos- Contesta.

Iba a contestar, pero Ran intervino diciendo que estaba siendo muy duro conmigo, lo tomó del brazo, tirando de él mientras me decía que podía ir al baño cuantas veces quisiera. Otra pequeña oportunidad, para acercarme más al objetivo. Nada más entrar, decidí correr al baño que anteriormente había entrado. Eché el pestillo, no quería que nada ni nadie me echara a perder el plan. Lo había pensado durante el camino. Deslicé la cortina, viendo que el taburete aun seguía allí dentro. No lo saqué de dentro aun, pues necesitaba alcanzar la alcachofa de baño. Cuando la tuve, cogí la cuerda, reforzada con un tipo de plastico duro, y comencé a darle vueltas, hasta que conseguí la velocidad que necesitaba. La lancé contra la lampara, haciendo que la bombilla estallara en miles de pedazos. El ruido había sido ensordecedor. <> dije para mi mismo, abriendo el agua y enfocando hacia la lampara rota. El agua creó un cortocircuito, haciendo que la luz se fuese en todo el lugar. Salí rápidamente, taponando la tubería y abriendo el agua del lavabo. Esta empezó a salir. Volví a meterme dentro de la cortina, echándola y abrí la ventana. No había mucha altura, así que salté afuera. Corrí por el jardín hasta la entrada principal. Me oculté entre la gente, hasta que llegué a Ran y la tomé de la mano:

-¡Gracias a dios! -dijo al verme- ¡¿Qué ha pasado?!

Todo el mundo se preguntaba lo mismo. La gente se pensaba que había habido un disparo, otra trataba de tranquilizar a esos pesimistas, y otros, murmuraban entre si con la mano tapando sus bocas. De pasadas, pude escuchar que Shintai se estaba ocultando en algun lugar, empezaba a oler que estaba en peligro. Todo lo que había conseguido, de momento no me hacía ninguna falta, había sido una perdida de tiempo. Volví a soltarme de la mano de Ran, pasé entre la gente, que la empujó para poder evitar que me siguiese. Corrí hacia la cocina, y allí tomé algo que no echaran en falta, el tallo de una copa rota. Salí al pasillo, con la intención de subir a la planta de arriba, ocultándome entre las sombras de las esculturas, y de las grandes cortinas decorativas que adoraban los cuadros. Vi que había una puerta abierta, no había duda, allí se encontraba. Tiré un jarrón, haciendo que el ruido alarmara a los guardaespaldas. Detrás de una puerta, pude ver como corrían en dirección hacia lo ocurrido, momento el cual aproveché para entrar en la sala, echar el pestillo y hacer lo que debía hacer. Shintai no se había dado cuenta de mi presencia, así que antes que nada, aseguré mi coartada. Vi que había esa gran lampara, así que me acerqué al mosquetón, y prendí la cuerda con cuidado. Para asegurarme de su muerte, me acerqué por detrás y clavé el tallo en su cuello. Comenzó a desangrarse mientras gritaba. No podía articular palabra. Me alejé para manterme a salvo, y una vez que cayó la lampara, supe que su final era certero. Los guardaespaldas se agolparon al otro lado de la puerta, tenía que marcharme, así que abrí las puertas que daban al gran balcón, con cuidado de no ser visto desde fuera, y me descolgué por las enredaderas que habían a los lados de este. Una vez abajo, me aseguré de que mi ropa estuviera en perfecto estado, y volví, como si nada hubiera pasado. <> se escuchó desde la planta de arriba <> gritaron los guardaespaldas que se encontraban en la planta de abajo.

#46

DOBLE VIDA - 19/52 RETOS DE ELDE

Soy Shinichi Kudo, ahora más conocido como Detective Conan. Sin que ellos lo sepan, me encuentro junto a mi novia y suegro en una de las fiestas mas glamurosas de todo Japón, ahora tutores debido a un veneno que me hicieron ingerir. Ellos no lo saben, pero el anfitrión de esta, es quien quiso que yo empequeñeciese, truncando mi carrera como uno de los mejores detectives. Nadie de este lugar sabe mi situación, tampoco habría alguien que creyese lo que un niño les contara, por ello, es necesario que me encargue de esta situación. Debo eliminar a Shantai, pero es obvio que no puedo hacerlo de buenas a primeras. Tengo la coartada de ser un niño, pero esto no es como coser y cantar, necesito esperar al momento exacto:

-¿Conan? -escuché detrás de mí- ¿Te encuentras bien?

Estuve a punto de contestar como un adulto, despreciando aquellas palabras, pues estaba bastante concentrado, pero es obvio que no soy Shinichi, soy Conan. Sonreí y asentí a Ran, que estaba junto a Kogori, que me miraba con mala cara, él era un obstaculo duro de evitar. Aseguré que necesitaba irme al baño un momento. Corrí entre la gente, haciendo que algunos invitados se molestasen. Ya en el interior del pequeño aseo, vi que habían unos cuantos armarios. Podía subirme al váter, pero seguía sin llegar. Medité, salir era muy complicado, pues no sabía cuando el lugar estaría libre, y tendría tanto tiempo como para escudriñar todo aquello. Seguí pensando, hasta que tuve una idea. Tiré de la cadena, lavé mis manos y salí de allí. Con prisa, volví al gran salón. Los camareros comenzaban a preparar la mesa, para que los comensales, pudieran picotear mientras hablaban, pero de momento, nadie paraba atención sobre esta, pues aun no estaba del todo preparada. Todo el mundo estaba mirando al señor Shantai, pues estaba dando un gran discurso, sobre sus grandes logros como científico, así como profesor en la universidad. Todo muy bonito, pero pronto sería su final. Con mucha fuerza, conseguí volcar la mesa, y antes de que cayese todo al suelo, logré ocultarme. Todo el mundo comenzó a preguntarse que es lo que había ocurrido. En el pasillo, al fondo, pude ver a todos los camareros correr hacia la zona. Era el momento. Corrí, preparando el reloj, me asomé en la cocina, y solo vi a un par de cocineros, que dormí enseguida. Cayeron al suelo desplomados. Entré, tomé el taburete y me di prisa para encerrarme en el baño. Con la conmoción tenía un par de minutos. Del taburete al lavabo, y así fue como pude abrir cada uno de los armarios superiores, tomando así el primer instrumento, un bote de pastillas:

-¡LOS COCINEROS SE HAN DESMAYADO! -gritó alguien a las afueras- ¡QUE ALGUIEN TRAIGA TOALLAS MOJADAS POR FAVOR!

Guardé las pastillas en el bolsillo, escondí el taburete dentro de la bañera, echando la cortina, bajé mis pantalones, subí la tapa del váter y salté para sentarme sobre él. Acto seguido, la puerta se abrió. Una señora se escandalizó al saber que me había "interrumpido". Entornó la puerta, hice creerle que casi había terminado, y una vez que pude salir, estaba un poquito más cerca de mi victoria.

Se había conseguido guardar la normalidad, los invitados se habían tranquilizado, y Shintai estaba junto a uno de sus guardaespaldas, cuchicheando. Temía que pudieran olerse algo, pues no quería que esta gran oportunidad se me escapara, así que decidí caminar por el gran salón:

-¡¿A dónde crees que te vas?! -preguntó Kogori cogiéndome del cuello de la chaqueta- ¡Un niño como tú se podría perder por aquí!

Traté de zafarme de él, sin embargo, me arrastró junto a Ran, que estaba hablando con la hija de uno de los invitados. Alcé mi cabeza para mirarla mejor, era bastante alta con sus tacones. Pude ver que fumaba un cigarro, y cuando miraba fijamente, pude ver que las lamparas estaban sujetas, por un amarre que se ataba en un mosquetón, a los lados de las chimeneas que habían a ambos lados de las salas. La fuerza de un niño no era suficiente como para desamarrar aquellos agarres, entonces lo que necesitaba era algo para quemar la cuerda, y así que cayese. Tenía pensado el segundo objeto, otra manera de poder asesinarlo, sin embargo no tenía el lugar indicado. Era imposible hacerlo allí sin ser visto. Fruncí mi ceño, asesinar a alguien, era mas dificil que descubrirlo, pues no tenía indicios los cuales me enseñaran una forma factible de hacerlo. Miré hacia la mesa, viendo grandes velas que decoraban el centro, y camarero con un gran mechero, prendiéndolas con cuidado:

-¡Ran, Ran! -grité para llamar su atención- ¿Puedo ir a comer algo?

-Papá ¿Puede? -preguntó Ran a Kogori-

-Que vaya, pero que vuelva enseguida -gruñó Kogori- las cosas están muy raras como para que un niño las estropee más.

Apreté el puño de la alegría. Ran ofreció a acompañarme, sin embargo me di prisa para que no pudiera hacerlo. El servicio seguía decorando la mesa, y el camarero, asegurándose de que todo estuviera perfecto, aun con el mechero en la mano:

-Señor ¿Podría acercarme ese snack de ahí? -pregunté señalando el que estaba más aleado de mí-

-¿Este? -señaló el equivocado-

-¡No! El que lleva la gamba encima.

Al camarero también le iba costar acercarse un poco, así que decidió dejar el mechero en la mesa. Lo cogí con prisa y me lo guardé en el calcetín. Cuando el hombre se giró para dármelo, hice como que me rascaba el pie y lo tomaba con la otra mano:

-¿Algo más? -preguntó con una sonrisa muy amable-

Negué y corrí, para reunirme de nuevo con Ran y Kogori. Dos objetos recolectados, esto era como un juego, arriesgado pero divertido. Me metí el snack en la boca, que para mi asombro, estaba asqueroso. Estuve a punto de escupirlo, pero antes de que pudiera hacerlo, pude ver como Shantai se retiraba. Lo tragué de una y esperé a que nadie pudiera verme. Cuando Ran y Kogori estuvieron a sus cosas, me escabullí para saber a donde iba Shantai. Subía las escaleras. Suponiendo que el edificio podría ser igual que en la planta anterior, y que tendría el mismo diseño, en alguna habitación superior habría una lampara como las que había visto antes, pero antes de que pudiera ponerme en marcha, Kogori volvió a tomarme del cuello. Esta vez me levantó del suelo, me lanzó una mirada, que parecía analizarme al dedillo:

-¿A dónde te crees que vas? -preguntó levantando una ceja-

-Creo que me ha sentado mal el snack que he pedido -dije poniendo los ojos llorosos- tengo que ir al baño, pero me da vergüenza.

-¿No habías ido ya? -preguntó mientras me dejaba en el suelo y ponía sus manos en los bolsillos- Contesta.

#47

Iba a contestar, pero Ran intervino diciendo que estaba siendo muy duro conmigo, lo tomó del brazo, tirando de él mientras me decía que podía ir al baño cuantas veces quisiera. Otra pequeña oportunidad, para acercarme más al objetivo. Nada más entrar, decidí correr al baño que anteriormente había entrado. Eché el pestillo, no quería que nada ni nadie me echara a perder el plan. Lo había pensado durante el camino. Deslicé la cortina, viendo que el taburete aun seguía allí dentro. No lo saqué de dentro aun, pues necesitaba alcanzar la alcachofa de baño. Cuando la tuve, cogí la cuerda, reforzada con un tipo de plastico duro, y comencé a darle vueltas, hasta que conseguí la velocidad que necesitaba. La lancé contra la lampara, haciendo que la bombilla estallara en miles de pedazos. El ruido había sido ensordecedor. <> dije para mi mismo, abriendo el agua y enfocando hacia la lampara rota. El agua creó un cortocircuito, haciendo que la luz se fuese en todo el lugar. Salí rápidamente, taponando la tubería y abriendo el agua del lavabo. Esta empezó a salir. Volví a meterme dentro de la cortina, echándola y abrí la ventana. No había mucha altura, así que salté afuera. Corrí por el jardín hasta la entrada principal. Me oculté entre la gente, hasta que llegué a Ran y la tomé de la mano:

-¡Gracias a dios! -dijo al verme- ¡¿Qué ha pasado?!

Todo el mundo se preguntaba lo mismo. La gente se pensaba que había habido un disparo, otra trataba de tranquilizar a esos pesimistas, y otros, murmuraban entre si con la mano tapando sus bocas. De pasadas, pude escuchar que Shintai se estaba ocultando en algun lugar, empezaba a oler que estaba en peligro. Todo lo que había conseguido, de momento no me hacía ninguna falta, había sido una perdida de tiempo. Volví a soltarme de la mano de Ran, pasé entre la gente, que la empujó para poder evitar que me siguiese. Corrí hacia la cocina, y allí tomé algo que no echaran en falta, el tallo de una copa rota. Salí al pasillo, con la intención de subir a la planta de arriba, ocultándome entre las sombras de las esculturas, y de las grandes cortinas decorativas que adoraban los cuadros. Vi que había una puerta abierta, no había duda, allí se encontraba. Tiré un jarrón, haciendo que el ruido alarmara a los guardaespaldas. Detrás de una puerta, pude ver como corrían en dirección hacia lo ocurrido, momento el cual aproveché para entrar en la sala, echar el pestillo y hacer lo que debía hacer. Shintai no se había dado cuenta de mi presencia, así que antes que nada, aseguré mi coartada. Vi que había esa gran lampara, así que me acerqué al mosquetón, y prendí la cuerda con cuidado. Para asegurarme de su muerte, me acerqué por detrás y clavé el tallo en su cuello. Comenzó a desangrarse mientras gritaba. No podía articular palabra. Me alejé para manterme a salvo, y una vez que cayó la lampara, supe que su final era certero. Los guardaespaldas se agolparon al otro lado de la puerta, tenía que marcharme, así que abrí las puertas que daban al gran balcón, con cuidado de no ser visto desde fuera, y me descolgué por las enredaderas que habían a los lados de este. Una vez abajo, me aseguré de que mi ropa estuviera en perfecto estado, y volví, como si nada hubiera pasado. <> se escuchó desde la planta de arriba <> gritaron los guardaespaldas que se encontraban en la planta de abajo.

#48

EL DÍA DE LOS NOVATOS - 20/52 RETOS DE ELDE

La cafetera sonaba de fondo, acoplando su sonido al de la radio. Javier, miraba hacia las escaleras, esperando a que su hija bajara, sin embargo, tardaba demasiado. Sabía que se le hacía dificil abandonar la unidad familiar, para empezar una nueva vida en la universidad, pero no creía que fuese para tanto. Dejó preparado el café encima de la encimera, puso bien los taburetes y se dirigió a la planta superior. Caminó hacia la puerta de la habitación de Margarita, alzó su puño y antes de que pudiera golpear, esta se abrió, descubriendo a su hija con el cepillo de dientes:

-Te habia preparado el café -dijo el hombre bajando lentamente la mano- ¿Cómo es que ya te has preparado?

La hija trató de hablar, pero al ver que la espuma cubría parte de su boca, le hizo señas para que se esperase, y se volvió para entrar en su cuarto de baño. Javier la siguió, viendo como se enjuagaba la boca y limpiaba la pica. Una vez que terminó, dejó el cepillo en su sitio y miró a su padre:

-No recordaba que el autobús venía una hora antes -respondió ella- debo marchar ya, esta al caer, y aun tengo que correr hacia la parada de autobús.

-No tienes de que preocuparte, puedo llevarte-vio como esta salía del baño- ¿Seguro que no quieres desayunar nada?

Margarita señaló hacia la mesita de noche, había un café de los que se compraban ya hechos y el papel de dos magdalenas, Javier suspiró y quiso ayudarla con la maleta. El padre se sabía de memoria todo lo que tenía que llevar, repitió cada cosa, una por una, mientras la hija hacia un check en su memoria. Al cerrar la maleta y la mochila, Margarita miró todo y supo que ya estaba todo, que ya debía marchar:

-Me cuesta creer que tras cinco años viviendo aquí, deba pasar dos fuera -dijo esta algo apenada- ¿Estarás bien?

-Eso es lo que debería preguntarte yo a ti -gruñó Javier- ¿Por qué crees que tu padre no estará bien?

Margarita lo miró a los ojos, con una media sonrisa, sabía que aunque pasara el tiempo, seguía doliendo el fallecimiento de su mujer, la madre de Margarita. Javier tomó aire y asintió, diciendo que sería dificil, pero que le dolería más saber que a ella le costaría más:

-No tendré tiempo de pensar en ello -dijo esta mientras se echaba la mochila a la espalda- estudiar, los exámenes, escasa vida social... y todas esas cosas, que tu bien sabes, ocuparán la mayor parte de mi vida ahora mismo.

Cogió la maleta, poniéndola de pie y se acercó a su padre, para darle un beso en la mejilla. Esta salió al exterior, escuchó como bajaba las escaleras y la puerta se cerraba. Tuvo el resentimiento de no seguirla, sin embargo, no podía abandonar esa habitación, no entendía por qué. Se sentó en la cama y miró el cuadro que había encima del escritorio. Margarita no se había llevado la foto familiar. Se levantó, y con mimo, la cogió para llevársela consigo a la planta baja. La dejó en la encimera, tomó su café y la miró fijamente. El segundo café que había, parecía que estuviera siendo esperado por los labios de ella, sin embargo, nunca llegó a sentarse en ese taburete.

El portátil encima de la mesa, con una mini conferencia con su jefe, mientras lavaba los platos. Escuchaba y asentía, hasta que escuchó como este, le preguntaba por como le estaba yendo a su hija. Dejó el estropajo dentro del fregadero, dándose la vuelta para acercarse:

-Me explicó que se ha integrado bien ¿Por qué me pregunta?

Su superior, tragó saliva y desapareció del plano. Escuchó como cerraba una puerta, apareciendo por la parte contraría por donde se había ido. Cuando se volvió a sentar, bajó el tono de voz, explicando que su hija, había tenido que abandonar el campus de la universidad, porque no había aguantado las novatadas:

-¿Novatadas? ¿Eso no se quedó en nuestra época de mierda?

El hombre negó con la cabeza, asegurando que parecía que eran peores, que hasta su mujer tuvo que quedarse con su hija durante la noche, porque tenía pesadillas y entraba en pánico:

-¿En que universidad se encuentra? -dijo preocupado-

-Creo que en la misma que la de tu hija -respondió, haciendo que el corazón de Javier pegara un vuelco- ¿Te encuentras bien?

Javier asintió, pero aseguró que habían llamado a la puerta, que debía atender. El jefe no había escuchado nada, pero este decidió salir de la llamada, cerrando la tapa del portátil. Buscó su teléfono móvil por todas partes, marcó el número de su hija, y nada más contestar, le preguntó si se encontraba bien, que le dijera la verdad. Margarita se sorprendió de escuchar ese tono en su voz, antes de contestar, quiso saber si había pasado algo. Javier suspiró, parecía muy tranquila:

-Nada, no pasa nada, solo ha sido una paranoia mía, no te preocupes.

Colgó la llamada, sin dejar hablar a su hija. Caminó hacia el sofá y se sentó. No sabía qué hacer, sentía que ella estaba bien, pero lo que le había dicho su jefe lo había dejado intrigado. Decidió no darle vueltas al tema, pues ella era mayor de edad, se sabía defender sola, así que saldría a pasear para despejarse.

Se quitó la chaqueta, que estaba mojada de la tormenta. Llevó las bolsas a la encimera y empezó a vaciar todo el contenido, para ordenarlo. Sintió que era muy aburrido hacerlo sin música, así que decidió encenderlo para poder ponerla. Nada más entrar a la pantalla principal, las notificaciones de escritorio comenzaron a emerger. Fue quitando una por una, hasta que la última, hizo que tuviese que clickar encima de ella. Era un archivo de vídeo, no sabía si descargarlo, sabía que su contenido podía ser peligroso, y aquel dispositivo era necesario para trabajar. Se armó de valor y decidió hacerlo, pero utilizando el antivirus con rapidez. El archivo no estaba infectado. Nada más abrirlo, vio una fiesta universitaria, como las que él tenía de joven, pero con la única diferencia de que lo que estaba ocurriendo, era un abuso, algo denunciable. Los mayores obligando a beber a los de primer año, así como intentando agredirlos sexualmente. Entre las víctimas no estaba su hija, pero si pudo reconocer a la hija de su superior. Paró el vídeo, sorprendido y angustiado por lo que había visto. No dudo en segundo en tomar el teléfono para llamar a su jefe y contar lo que había ocurrido. Le dio todos los detalles posibles, junto con el vídeo, y deseó que todo fuese llevado ante justicia. Nada más colgar, quiso saber por qué se lo habían mandado a él. Dio la vuelta al portátil, se sentó en un taburete y quiso buscar algo relacionado. Las redes sociales abundaban de todo este tipo de fechorías, la gente que hacia eso, se sentía orgullosa de ello. Nada más teclear el nombre de la universidad, pudo saber que habían mucha gente que estaba agradecida por la fiesta planeada. Cuando dio a la pestaña de fotos, lo que pudo descubrir, cuadraba a la perfección con lo visto en el vídeo. Chicos haciendose selfies con chicas borrachas, sobrepasando el límite. Fue pasando, hasta que vio que en una de las imágenes, salía su hija a los lejos, ajena a todo lo que pasaba, hasta el punto de que parecía no importarle nada de lo que ocurría. Nunca había enseñado a su hija a ser así, como si nada ocurriese. Tragó saliva, cerró la tapa del portátil. Cuando quiso retomar la reorganización, se dio cuenta de que la comida congelada se había deshecho. Formando un gran charco. Aun con el pesar en su cuerpo, trató de pensar que es lo que había hecho, intentó buscar respuestas en alguien que ya no estaba, en su mujer, que haría en una situación así, si ella la habría enseñado mejor, que si ella estuviese ahí, las cosas fuesen diferentes. Sin darse cuenta, se encontraba llorando, entre el caos de la cocina.

#49

Entró en el interior de la universidad. El director lo esperaba junto a secretaria. Ambos se estrecharon las manos. El hombre le mostró el camino hacia su despacho. Toda la gente se quedaba mirándolo, con cara de pocos amigos, no sabía porque la gente era así, pero no quiso echarle demasiadas cuentas. Ya en el interior, cerró la puerta y echó el cerrojo, haciendo que el hombre se quedara sin saber qué decir:

-Tome asiento -dijo Javier señalando su silla de oficina- intentaré ser breve, pero contundente.

El hombre hizo caso, pero parecía tener miedo. Javier se abrió la chaqueta, sacando un montón de papeles y un USB. Se acercó y lo echó todo encima de la mesa. El señor acercó alguna de las imágenes, descubriendo que eran las instalaciones del internado de la universidad:

-Quisiera saber los nombres de quienes aparecen en las imágenes -aseguró Javier- sobretodo quienes aparecen en el vídeo.

-¿Vídeo? -dijo tomando el USB- ¿Qué contiene?

-Puede usted mirarlo, le aviso de que deberá prepararse para lo peor.

El director lo conectó, esperó un rato, haciendo un par de clicks y luego, su cara cambió. Los gritos y el jolgorio aun seguían helando la sangre de Javier, que tuvo que mirar hacia otro lado para tranquilizarse. El hombre paró la grabación:

-Sabe usted que no puedo facilitarle lo que me pide, no es ningún policía -dijo sacando de golpe el USB y rompiéndolo todo- le invito a abandonar el lugar.

-¿Qué cojones está haciendo?

El director apretó el botón de su teléfono de mesa, diciendo que había un espontaneo en su despacho, que necesitaba que lo sacaran de allí. Escuchó como alguien aporreaba la puerta:

-Me gustaría que abriese el seguro, y abandonase el lugar con tranquilidad.

-Eso haré, porque no soy un salvaje como ustedes.

Javier le dio la vuelta al dispositivo del pomo, y fue él mismo quién lo giró. Evitó ser tocado por la seguridad del centro, pasó por al lado y caminó hacia la salida. Cuando estuvo en el exterior, se quedó sorprendido, su hija estaba ahí mismo, con un montón de libros en la mano:

-¿Papá? ¿Qué haces aquí?

-No soy tu padre -dijo ignorándola-

Margarita se quedó sorprendida al escuchar aquello, trató de seguirlo, pero al ver como se iba todo decidido, decidió parar. Javier siguió caminando, hasta que llegó a su coche y antes de meterse en el, decidió lanzarle una mirada a esta, que hizo que entendiese la situación. No era momento para hablar. Ya dentro, vio como esta se adentraba, y él arrancó el coche.

Su hija le había bombardeado a mensajes y llamadas. Javier nada más tomar el teléfono, sabía por qué lo hacía. Cuando quería saber si sabían algo, siempre preguntaba. <>. Siempre era la misma historia. No mentía, no traicionaba la confianza, pero nunca se abría si nadie se lo pedía. Aquello era algo que le preocupaba, y más si había sido capaz de hacer la vista gorda en una situación así. Más cosas como esa, más víctimas, todo podía ocurrir y ella estar así, quería encararla, pero no sabía como hacerlo:

-¿Javier? -preguntó el jefe- ¿Qué te pasa?

Su superior había dejado de leer el informe, al otro lado de la pantalla, y cuando vio que se había desentendido de la conferencia, aseguró que lo sentía. Dijo que necesitaba hablar de algo, referente a lo de su hija, quería explicarle la situación con el director, pero antes de que pudiese decir nada, este aseguró que él tampoco le hizo entrar en razón, y que ha tenido que contactar con la policía, para que puedan hacer algo:

-¿Y de momento qué? -preguntó Javier-

-De momento están haciendo creer a mi hija que está mal, que debería haber denunciado en el momento, haber dicho la verdad, que dejó pasar tiempo y con ello pruebas, en vez de tenderle la mano, pero ya he conseguido una buena abogada, ha llevado estos casos, tenemos esperanzas, también gracias a ti, supongo que tu preocupación no viene por eso, si no tu hija ¿Verdad?

Javier asintió. El director le explicó que si investigaban el hecho, su seguridad estaría garantizada, que a ella no le ocurriría lo que a su hija, que no pensara en eso. Cayó en la conclusión de que no le había explicado nada, que él no sabía que Margarita había sido una testigo crucial, quiso decirlo, lo tenía en mente, pero no le salían sus palabras. Aun quería protegerla, tenía que hablar con ella:

-¿Podemos dejar esto para otro momento? -preguntó- de repente me encuentro mal. Pasame por un email todo, lo solucionaré antes de que amanezca, te lo juro.

Dejó el portátil de lado, buscó su teléfono y decidió contestar a su hija. <>. Un tick gris, los dos en conjunto y luego se volvían del color de los pitufos. Vio que Margarita escribía. <>. Javier se ahorró las ganas de sacar todo de dentro, tenía que confiar, por lo menos al principio, y decidió decirle que hablarían de aquello en persona, que lo esperara en la cafetería más cercana de la universidad, nada mas terminar las clases de la mañana.

Aparcó el coche, subiendo dos de las ruedas encima de la acera. Se quedó mirando en dirección al lugar donde había quedado con su hija. Estaba en la entrada, sujetando con sus manos su mochila. Parecía ligeramente preocupada, tocándose el pelo, mirando para todas partes, hasta que se dio cuenta del vehículo, que lo reconoció. Vio que tragaba saliva y supo que era el momento de salir. Se aseguró que lo dejaba bien cerrado, miró para que no le atropellara ningún coche, y se quedó delante de ella:

-¿Se puede saber por qué querías verme? -preguntó Margarita- ¿A qué viene lo de la fiesta?

-Entremos en el interior, no creo que aquí sea el sitio adecuado -respondió el padre- ¿Qué quieres tomar?

Abrió la puerta, haciendo que la campana sonara y los camareros saludaran. La puerta se cerró, pero Javier vio que su hija se había quedado en el exterior, mirando a través del cristal, al borde de llorar.

Bebían en silencio. El padre no se atrevía a preguntar, pues las lágrimas de su hija lo habían ablandado. Sabía que no podía dejar esto pasar, que tenía que protegerla, y era mejor saber la verdad, que las mentiras. Preguntó por las compañeras que estuvieron en la fiesta, y por qué ella parecía estar muy tranquila con la situación. Ella dejó el vaso en la mesa, movió sus hombros para acomodarse un poco en la silla, y miró a su padre:

-¿Qué harías tú en mi situación? -preguntó Margarita- ¿Te aliarias con los buenos o los malos?

-Con los buenos, la duda ofende.

-¿Y si los buenos son la gente que no tiene poder? ¿La que no te garantiza una buena posición en una universidad?

En la mente de Javier se proyectaron recuerdos. A él le había pasado lo mismo, aunque aguantó el chaparrón de mierda por principios. Apartó el vaso y alargó sus manos para tocar las de su hija, las acercó a las suyas y las apretó con fuerza:

-Violaron a la hija de mi jefe -respondió- por culpa de lo sucedido, no atrevió a denunciar y por lo tanto, no hay pruebas. Todo esto le está afectando personalmente, como en las notas, hasta el punto de que ha dejado de ser la chica que solía ser, todo porque hay gente que decide estar en los malos, por pura supervivencia propia.

Margarita suspiró y miró a otro lado. Javier hizo que la volviese a mirar, le recordó que su madre no estaría orgullosa de aquello, y que sabía que ella ya no podía hacer nada, pero que también tenía que pensar en él, en lo preocupado y mal que se sentía, de ver que a lo mejor su hija no era tan buena como creía:

-Papá, no soy esa niñita que antes ponías sobre tu regazo, veo por mí y por la gente de mi alrededor -dijo alejando sus manos- ¿Qué hubiera pasado si hubiera dicho que no, que hubiese intentado irme de la fiesta?

-Conozco lo que hubiera pasado, pero sabes que tienes mi número, sabes que puedes contar conmigo -agrandó el tono de voz- busca ayuda, ni tu ni nadie está sola, seguro que si tu hubieras dicho algo, más se hubieran sentido respaldados.

Margarita estaba harta de escuchar aquello. Recogió sus cosas y se levantó de la silla. Salió del establecimiento y a Javier no le tocó otra que pagar por la consumición de ambos. Dejó el dinero en la barra y salió tras ella. La tomó del brazo y la giró para que la mirase:

-Mi jefe va a denunciar, el director sabe de la situación, la policía puede meter el hocico, puedes ser condenada como cómplice ¿Qué harías?

-Pues no tengo ni puta idea, y ahora déjame, tengo que ir a cambiarme.

Javier la soltó, viendo como ella se alejaba con prisa. Sin saber que hacer más, decidió volver al coche, lugar donde llamó a su jefe, para explicarle porque no estaba lo que él había prometido, que nada más llegar a su casa, se pondría con ello.

#50

De pie, a espaldas del portátil, se servía un poco de Ron para acompañar la conversación que mantenía con su jefe. Cuando se sentó, pegó un largo trago y lo dejó al lado. Cuando vio que le había dado el visto bueno, suspiró, pero al ver que dejaba de lado el dossier, preguntó si necesitaba algo más. Vio como el hombre entrelazaba sus dedos, preguntando si le estaba escondiendo cosas:

-¿En que sentido? -preguntó Javier- está todo.

-No tiene nada que ver con tu trabajo -se ajustó las gafas- si no con el tema de mi hija, la universidad, ya sabes...

-No entiendo.

El jefe tomó aire, buscó en su ordenador y compartió pantalla. Puso un "frame" del vídeo, mientras lo agrandaba. Era el reflejo de quien grababa todo, en un vaso grande, lleno de refresco y alcohol por la mitad. Cuando se acercó lo suficiente, reconoció que era su hija, que ese vídeo había sido ella, pero no parecía estar contenta de hacer aquello, ni tampoco estaba sola, alguien la estaba obligando. Cuando quitó la imagen, el jefe esperó su respuesta:

-¿Has hablado de esto con ella? ¿Puedes decirle que testifique a favor de mi hija?

-Sabe todo, se lo dije, pero tiene miedo -respondió afligido- se lo veía en sus comportamientos, en el tono de su voz... en todo.

-Mi hija ha pasado lo mismo, es más grave, pero al final entran en razón -se acercó a la pantalla- este frame no pienso desecharlo, por eso te pido que la invites a hacerlo, o será obligada.

Javier asintió, pero seguía sin estar conforme. No sabía hasta que punto estaba implicada, o si a ella le habían hecho algo, no parecía divertirse en ese momento. Miró sus manos, que temblaban de nerviosismo, y aseguró que haría todo lo que estaría en su mano.

La música estaba muy alta, tanto que casi no podía escuchar sus propios pasos. No sabía de donde procedía, ni que habitación era la de su hija, solo sabía que si lo pillaban, podían echarlo inmediatamente. A lo lejos, se abrió una puerta, iluminando todo el pasillo. Había salido una pareja, que se estaban besando en la oscuridad que se había quedado. Se acercó con cuidado, haciendo que ambos se sorprendieran y se fuesen rápidamente a una habitación. No había encontrado a su hija, tampoco sabía donde estaba, lo más seguro era preguntar allí dentro. Abrió la puerta, haciendo que la luz y la música lo desestabilizó un poco. Cuando se acostumbró, vio que todo el mundo seguía a lo suyo, iban hasta las cejas y ni se habían dado cuenta de su presencia. Reconoció a su hija, entre un montón de chicos, que parecían molestarla. La tomó de la sudadera, tirando de ella y sacándola de allí. Ya afuera, con el aire fresco de la noche, esta recobró algo el sentido, y vio a su padre:

-¿Qué coño haces aquí? -preguntó aturdida-

-Sacarte de esa mierda de sitio, te vienes a casa conmigo ¿Dónde están tus cosas?

-No puedo irme, está muy lejos.

Javier le aseguró que la llevaría todos los días a la universidad, pero que en ese lugar no se quedaba, que era capaz de hasta dejar de pagarlo, que ella decidía. Sin otra opción, refunfuñó y caminó hacia el interior:

-¿A dónde te crees que vas?

-¡Voy a por mis cosas, joder! -dijo enfadada-

Se dirigió hacia su coche. Con toda la tranquilidad del mundo, hasta que escuchó como ella gritaba. Asustado, entró corriendo en el edificio. Todo estaba a oscuras. Escuchó como una puerta se cerraba, seguido de unos cuantos golpes y gritos ahogados. Fue en esa dirección, siguiendo su instinto a través del oído. Cuando de repente, llegó a la zona, movió el pomo para ver si podía entrar, pero era imposible, estaba atracada la puerta. Vio como podía abrirla, así que miró a su alrededor, viendo un extintor. Cuando lo arrancó de la pared, lo utilizó para golpear la puerta, haciendo que se soltara del sitio y se entreabriese. Los inquilinos se asustaron de verle entrar:

-¡Quitarle las manos encima a mi hija! -gritó mientras los amenazaba con el extintor-

Margarita se aprovechó de la situación, zafandose de sus agresores y yendo detrás de su padre. Este soltó el extintor, con rabia y rodó a un par de pies de los jovenes:

-Cómo alguno de vosotros se acerque a ella, os aseguro que no me contendré. Yo por mi hija MA-TO.