PhoebeCaulfield
Rango11 Nivel 51 (7122 ptos) | Artista reconocido
#1

Caminamos despacio, con sumo cuidado para que no explote, cualquier movimiento brusco o incluso un tono de voz demasiado alto puede hacer que volemos por los aires. Cada una sujeta un extremo de la bomba y no la podemos soltar en ningún momento, nos acompaña allá donde vayamos.

A parte del peligro evidente que supone sostener de manera permanente una bomba, no cuesta mucho trabajo, su peso es bastante ligero. O quizás solo sea que nos hemos acostumbrado a él.

A simple vista parece difícil que alguien se pueda acostumbrar a llevar una bomba encima, que se pueda acostumbrar a la incertidumbre de si explotará y de cuándo lo hará. Pero sobre todo parece imposible acostumbrarse a la certeza de nuestro final si finalmente explota. Pues nosotras lo hicimos, y no nos costó mucho esfuerzo.

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alan_king24
Rango11 Nivel 52
hace más de 1 año

Interesante... La clave es esa: ¿cómo acostumbrarse a llevar una bomba? Pero... ¿De dónde nace la bomba? ¿Qué mujeres (supongo tras el "cada una" la sujetan y por qué? Muy interesante...

G_Rurba
Rango15 Nivel 73
hace más de 1 año

Este relato me intriga.
No me acostumbro a tener 3 "acostumbrar" tan seguido, a no ser que sea exprofeso deseo de la autora.

PhoebeCaulfield
Rango11 Nivel 51
hace más de 1 año

Quedaría muy bien decir que esa repetición tiene un significado muy profundo, pero la verdad es que no, así que le daré una vuelta a loa sinónimos. Muchas gracias por tu aportación @G_Rurba


#2

En todo este tiempo hemos intentado averiguar su funcionamiento, pero nos ha sido imposible. No es como las que salen en las películas con un cable rojo y otro azul para desactivarla. Lo que sí tiene es un temporizador, pero su funcionamiento tampoco es normal, va marcha atrás, pero su ritmo no es constante: unas veces un minuto dura apenas diez segundos y otras veces puede durar un mes. Otras veces llega hasta cero y cuando ya creemos que todo se acaba, vuelve a empezar.

Lo peor de todo es que ya no sabemos qué desencadena estos cambios. Al principio cuando elevábamos la voz o la movíamos bruscamente, la cuenta atrás aceleraba y cuando susurrábamos y hacíamos movimientos delicados, se detenía. Pero desde hace un tiempo su comportamiento es imprescindible, no sé si nos estamos volviendo locas, pero se diría que detecta nuestros gestos y nuestro estado de ánimo.

Hace más de 1 año

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G_Rurba
Rango15 Nivel 73
hace más de 1 año

Me encantan las situaciones en que no cuadren las mediciones de tiempo o espacio. Muy buen insertado.


#3

Cuando sonreímos y estamos relajadas se ralentiza, pero si nos dedicamos miradas de ira o estamos furiosas, acelera vertiginosamente. Y cuando "nota" que estamos agotadas, que no podemos más, se reinicia la cuenta atrás, no sé si para darnos un respiro o para alargar nuestra agonía un poco más.

Nuestras reacciones a lo largo de todo este tiempo también han ido cambiando. En un primer momento estábamos asustadas, no sabíamos cómo había empezado todo, de hecho no recuerdo si alguien nos la dio o la cogimos nosotras, simplemente recuerdo que una mañana al levantarnos ya la teníamos en nuestras manos.

Al principio estábamos convencidas de que alguien nos la había entregado sin que nos diéramos cuenta para destruirnos y gastamos muchas energías buscando el culpable, pero con el paso del tiempo cada vez cobra más fuerza la hipótesis de que fuimos nosotras las que la construimos pieza a pieza, poco a poco.

Hace más de 1 año

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#4

Desde entonces nuestra convivencia se ha convertido en un fuego cruzado de reproches y de auto-exculpación. Del miedo pasamos a la angustia y a la desesperación, intentábamos zafarnos de ella sin tener que desactivarla, pero pronto descubrimos que eso era imposible y que cuanto más lo intentábamos más cerca estábamos de morir.

Después de estudiar a fondo su comportamiento, caímos en la compasión, muchas veces acudíamos a la fe como último recurso para librarnos de ese peso, pero nadie, ni siquiera Dios podía hacer nada por nosotros. Finalmente, en la actualidad, creo que hemos caído en la derrota y la desidia.

A estas alturas hay días que nos echamos a llorar solo de pensar que este puede ser nuestro final y otro día nos da igual si se desactiva definitivamente o simplemente nuestros restos acaban esparcidos por la habitación, con tal de que acabe ya esta maldita agonía.

Hace más de 1 año

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enamoradadelaluna
Rango12 Nivel 59
hace alrededor de 1 año

¡Qué analogía interesante! A veces hay cosas que no se sueltan por miedo a un final que se divisa trágico...aunque realmente no podamos predecirlo. Y vamos por la vida cargando mochilas de relaciones, y situaciones desgastantes a las que nos acostumbramos por miedo...