Gon_Mirdon
Rango10 Nivel 49 (5723 ptos) | Fichaje editorial
#1

Mundo de trapos, ropas usadas aglomeradas una encima de la otra. Algo malo se huele cerca de allí. En su más profunda suciedad, los ácaros saben que el día del juicio se acerca, el día en que la señora echará a lavar la ropa. ¡Un exilio épico esta por verse! Un viaje largo hacia la tierra prometida de la cama.

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LUC45
Rango12 Nivel 58
hace 6 meses

¡La Suciedad de Ácaros está en peligro! (:v)


#2

Popepino y Papinolio, se levantaron a media noche. Fueron expresamente elegidos para espiar como era ese lugar del que hablaban las leyendas, la cama, y determinar el trayecto más seguro.

PAPINOLIO—Compadre, compadre, voltéese, ¡Míreme compadre! ¡Esto es una locura compadre! ¡Una locura compadre!

POPEPINO—Déjese de cantifladas compadre, en la mañana verá la luz del bombillo cubriendo las sábanas blancas, que emanan piel muerta y mugre. ¡Imáginese ese manjar compadre! ¡Ímagínese!

PAPINOLIO—¡Pero somos ácaros compadre! De tan pequeño que soy ni lo puedo imaginar, es más ni siquiera me cabe la idea. ¡Ese es el problema compadre! ¡Por eso es una locura compadre! ¡Por eso!

POPEPINO—¡Y qué con que seamos ácaros! ¿No está orgulloso de serlo? ¿Acaso quisistes ser garrapata? ¿Sabes lo mal que vive mi primo, pegado, mamando sangre, aguantando frío, golpes, mordidas del perro... ¿Acaso lo ves mejor? ¿qué, que, o qué?

PAPINOLIO—Al menos no le falta comida compadre. Pero no es eso, no es eso lo que le digo compadre. ¡Somos ácaros! ¡Nos quedan dos días de vida carajo! ¡y nos echaremos un día en hacer el viaje compadre! ¡Da lo mismo morirse de hambre, o del lavado o de viejos compadre!


#3

POPEPINO—Es usté un cobarde compadre. Ni me mire.

PAPINOLIO—¿Cobarde yo? Ni en mis tiempos de larva, ni ahora compadre. Sólo le digo la verda, como siempre se la he dicho. Le dije lo mismo de Carmencita, que no le convenía, y mire, la pasa tan mal que prefiere morir lejos de ella fuera del ropero.

POPEPINO—Sabe qué compadre... hágame el favor y regrésese al ropero, ¡y deje de joderme la vida!

Por fin pusieron la pata en el piso. Les quedaba mucho por delante. Popepino, poseído por los malos recuerdos, dejó de hablarle a su compañero, y este, le seguía de lejitos.

PAPINOLIO—Compadrito... a veces creo que los humanos nos pueden ver, y por eso buscan la escoba... ¿Seguirá sin hablarme compadre? ¡Hey compa! ¡Mi compai! ¡Compadrito!... ¡Compaaadree!

POPEPINO—¡Ya cállase! ¡Quién te entiende carajo! ¿Por qué no te largas, y te mueres feliz en la lavadora y me dejas a mi morir feliz en la cama? ¿No dice que es igual compadre? ¡Me tiene hasta la cien! ¡Lárguese!

PAPINOLIO—... Me ofendiste gacho compadre. Pa que sepas que nuestra amistad vale tanto: tú quédate, y yo buscaré el camino hacia la cama.

POPEPINO—¡No! Quédate tú y yo sigo compadre.

Así cada uno se separó del otro por distintas rutas. Popepino, distraído con sus emociones dispares, entre no volver a ver a su amigo y que lo matara el detergente, no vio cuando la señora agarró la escoba y le arrastró por todo el piso.

casandra
Rango13 Nivel 64
hace 6 meses

pobrecillos ácaros, yo los cuido mucho, no limpio casi nunca, jajaja.


#4

En lo que Papinolio buscaba por las tuberías del agua (¿Qué busca ahí? Ni me pregunten, pero así se salvó de la escoba) y Popepino viajaba en el recogedor rumbo al zafacón, en el ropero los ácaros se impacientaban. La señora había comenzado a limpiar la casa y faltaba poco para que se pusiera a lavar. Miguelón, reunió la asamblea en un calcetín. Era una emergencia de las más grandes hasta ahora vistas en el mundo acaretiense.

MIGUELÓN—Compatriotas... Lo que temíamos ha dado inicio. Han prendido el bombillo... Y los dos espías no han regresado. La hora se acerca. O morimos limpios, ¡o nos marchamos a la gloria!

Uno de los presentes preguntó:

PANCRACIO—Disculpe jefecito, ¿Acaso sabe dónde queda o lo que hay allá? ¿Y si lo que hay allá mató a Popepino y Papinolio y por eso no regresan?

MIGUELÓN—Igual si nos quedamos Pancracio, vamos a morir. ¿Prefieren morir aquí o morir sabiendo que vivieron la más grande aventura que ningún ácaro ha vivido?

PANCRACIO—Pues si lo pone así... pues nos vamos ¿no? Ni modo...

Así todo el pueblito preparó el equipaje, y se embarcaron en la travesía que los llevaría a la tierra prometida.

LUC45
Rango12 Nivel 58
hace 6 meses

¿La Tierra Prometida? Si no fuera tan listo pensaría que es un complot para volver a leer la Biblia. Coincidencia, no lo creo amigo 😑


#5

Descendían por las orillas del ropero como caravana en el desierto. Miguelón iba a la cabeza, con su mirada rebosante de fe y determinación. Al final de la cola, Pancracio consolaba el llanto de la pobre Carmencita.

CARMENCITA—¡Ese canalla de Popepino! ¿Quién se cree ese inútil para irse sin avisarme y dejarme sola? ¡Pero espera que lo vea, espera que lo vea! ¡Lo mato! ¡Lo mato!

PANCRACIO—¡Órale! Con razón no quiere volver. Míreme Carmencita, nunca estará usté sola. Cuenta a su lado con un macho, que le cuidará.

CARMENCITA—¡No sea boquiflón Pancracio! Mi marido sigue vivo, por desgracia.

PANCRACIO—¿Y como lo sabe usté? ¿Es que acaso es bruja o qué?

CARMENCITA—¿Para qué pregunta tanto? Váyase al principio de la cola, como el macho que dice ser. Por cobarde y vago no se consigue usté una buena ácara. ¡Vamos! ¡Ándele!

Pancracio, en contra de su naturaleza de cobardica, se fue entonces a hacerle compañía a Miguelón. Ya se divisaba el piso.

MIGUELÓN—¡Por los huevos de mi abuela! ¡Han trapeado el piso!

La caravana entera se alarmó ante aquella terrible noticia.

Elayha
Rango14 Nivel 69
hace 5 meses

Esta buena me a gustado.


#6

Una capa tenue de agua cubría toda la superficie del suelo limpio.

MIGUELÓN—¡Debemos esperar a que se seque!

PANCRACIO—¡Oiga jefecito, puede que todo el mundo se eche para atrás, pero yo no soy un cobarde, sabe! ¡Le demostraré a la carmencita que puedo ser más valiente que el difunto Popepino!

MIGUELÓN—!Serás menso... !

Pancracio saltó al suelo, quedando adherido a él. No lograba mover ninguna extremidad. La mayoría se llevó la mano a la cara.

PANCRACIO—¿A esto nos trajo aquí jefecito? ¡Mejor nos hubiéramos quedado!

MIGUELÓN—¡Traigan el pelo de emergencia!

Unos a otros se pasaban un pedazo de cabello humano, lo suficientemente largo para que Pancracio lo agarrara y pudieran sacarlo de su vergüenza.

En cuanto a Papinolio, su aventura por la tubería le llevó al baño.

PAPINOLIO–Creo, creo que me perdí. ¿Cómo estará mi compadrito? Tanto que quiero a ese compadre. ¿Se le habrá pasado el pique? Ojalá y entendiera que yo sólo quiero su bien. Ya se han prendido las luces, el jefaso, si no hemos llegado ninguno de los dos, seguro ya sacó a todo el pueblo. Ay hermanito, Pancracio, espero que no metas la pata.

#7

La señora entró al baño a llenar un cubo de agua. Suspiró, y en palabras bien claritas expresó una de las ideas más descabelladas. Papinolio, que estaba allí, se horrorizó. Decidió pues volver al principio, y retomar el camino de su compadre Popepino. Debía alcanzar al pueblo. Era una noticia terrible, terrible la que llevaba.

En cuanto a los demás, logrando salvar al tonto de Pancracio, avanzaban de apoquito, por los sectores que se iban secando.

PANCRACIO—¡Hey Carmencita! ¿Vio el machote que le puso el ácaro divino en su camino? Fui el único que dio un paso al frente, ¡el único!

MIGUELÓN—Disculpe usté que me meta Pancracio. Pero dado que pasó por encima de mi advertencia, y salió del problema con la ayuda de todos, más que un acto de valentía, ¡sería un acto de estupidez! Su hermano Papinolio estaría decepcionado por su incompetencia.

PANCRACIO—No meta a mi hermano en esto jefecito. No se meta en lo que no le importa. ¡Déjeme ser como soy! La carmencita me quiere así, ¿verda carmencita? ¿verda?

CARMENCITA—¡Mire buen atrevido! ¡Nunca le sería infiel a mi marido, y menos con un idiota como usté!

PANCRACIO—¡Que gacho carmencita! ¡Todos me discriminan porque nací con la cabeza más pequeña! Pero mira lo bueno que soy, te libraré de esa pena. Te demostraré que ese marido tuyo ya guindó los tenis.

Pancracio, abandonó la caravana, para darse a la búsqueda del cuerpo de Popepino.

Mary_hope94
Rango12 Nivel 55
hace 6 meses

Ahí está, ¡Carmencita fiel a su amor pese a todo! Jajaj, me lo paso genial leyendo esto @Gon_Mirdon.

Gon_Mirdon
Rango10 Nivel 49
hace 6 meses

@Mary_hope94 x) que bueno que te guste. Trato más o menos de que cada caja tenga la misma extension pa que no se me emburren, digo, se me aburran x)

Mary_hope94
Rango12 Nivel 55
hace 6 meses

La verdad es que tienen la extensión perfecta para no hacerse pesadas y entretener :P @Gon_Mirdon-


#8

Carmencita sólo rogaba al ácaro divino que Popepino siguiera con vida. Y esa oración viajó a través del espacio y, de una manera que el narrador de esta historia no comprende, penetró en el alma de Popepino y le infundió vida, en aquel rincón olvidado de esta historia, el zafacón.

Y levantó su cabeza en medio del cementerio de ácaros, entre miles de seres sin vida, y le dio gracias, gracias al cielo por tener ese amor fuerte que lo mantenía atado a esa ácara. Continuaba ardiendo de determinación por encontrar la tierra prometida, la cama, la sábana blanca donde todos habrían de morar en paz y seguridad.

Escaló sobre la pared de plástico, sobre los compañeros caídos residentes del polvo, y escaló y subió y salió del zafacón. Y cuando estuvo fuera, brincó, y usando un hilo dejado convenientemente para la trama, logró salir disparado volando por los aires y cayó a lo lejos en el piso. Lástima que tal hazaña, tal valentía, tanta gallardía fue contemplada por la persona más inútil de esta historia: Pancracio. Popepino le vio y se echó las manos a la cabeza, y lamentó darse cuenta de que el éxodo había comenzado. Pancracio se llevó las manos a la cabeza, y lamentó haber encontrado vivo a Popepino.

Mary_hope94
Rango12 Nivel 55
hace 6 meses

''Usando un hilo dejado convenientemente para la trama'' jajajaj me mató eso. ¡Quiero más! :3

Gon_Mirdon
Rango10 Nivel 49
hace 6 meses

@xD es mi manera de coger pique con mi propia historia.


#9

PANCRACIO—¿¡Pero qué hace usté con vida!?

POPEPINO—¿Qué? ¿Acaso me quería encontrar muerto? ¡Como se atreve!

PANCRACIO—¡Le diré toditita la verdad Popepino! ¡No regrese ya! ¡La Carmencita y yo nos amamos, y, y, es feliz conmigo!

POPEPINO—¡¿Pero qué carajo dice usté?!

PANCRACIO—¡Pue ya lo sabe! ¡Yo la consolé en su ausencia y le demostré lo que era un ácaro de verda! ¡No vuelva, si de verda le importa la Carmencita! ¡No vuelva!

POPEPINO—¡Maldito ácaro embustero! ¡Desgraciado! No le doy una no más... por... respeto de que lleva la misma sangre que mi compadre. Déjeme decirle algo, Carmencita puede ser peliona, insoportable, mandona, pero sé que el único ácaro que lleva en su prosoma, es este que está aquí. ¡Y ninguno más me oye! ¡Ninguno!

PANCRACIO—Si es tan insoportable, ¿Pa qué regresa? Piérdase Popepino, piérdase. Con usté la Carmencita sufre. Deje de pensar en usté. Dele descanso.

Popepino le consumía un fuego imparable. apretaba sus patitas, y el freno no aguantaba más. Estaba a punto de volarle encima, tal cual como quería Pancracio.

ML_Kovan
Rango6 Nivel 29
hace 5 meses

interesante, pero me gustaría hacer una apreciación (no puedo huir de mi formación biológica). Los ácaros son quelicerados, no tienen tórax como los insectos.


#10

Papinolio los vio de lejos, y corrió hacia ellos.
Popepino saltó encima de Pancracio dominado por una sola emoción.
Pancracio sacó de su espalda una partícula de vidrio, que en su dimensión sería como un puñal, y se lo clavó en el pecho a Popepino.

PANCRACIO—Cumpliré mi promesa a la carmencita de llevarle su cuerpo.

Hundió con más fuerza el cristal.

PANCRACIO—Esta vez me aseguraré de que no haya milagro que lo devuelva de la muerte.

Popepino suspiró, y calló en el suelo pataleando, reteniendo el último aliento. Papinolio llegó tarde.

PAPINOLIO—¡Hermanito! ¿Qué has hecho? ¡Me has descompadrado! ¡Ay mi compadre! Levántese compadre, ¡Le-ván-te-se! Tiene que volver con la carmencita. Acuérdese que me aseguró usted que moriría en la cama. ¡No compadre! No cierre los ojos, no me deje solo en mi último día. ¿Compadre? No se contega la respiración. Dele, respire...

Popepino ya había dado su último aliento.

LUC45
Rango12 Nivel 58
hace 5 meses

¡¡POPEPINOOOOOO!! :'c


#11

PAPINOLIO—¿Qué has hecho hermanito?

Papinolio le abofeteó tan cargado de ira que calló Pancracio al suelo sobándose el rostro.

PAPINOLIO—¡QUÉ-HAS-HECHO! ¡Maldito imbécil hijo de tu Pink Floyd! ¡¿Qué demonios te ocurre?!

Lo levantó, y mientras lo agarraba, le descargaba bofetadas como si no hubiese mañana.

PANCRACIO-¡Ya! ¡Quieto Papinolio! ¡Que me dejes te digo! ¿Por qué me golpeas? ¿Eres acaso mi padre o qué? Te hice un favor, a ti y a todosss. La Carmencita, je, ya no sufrirá. Los demás ácaros, cuando lleve su cuerpo, dejarán de preocuparse por él. Y usté, mi hermano, ya no tendrá con quién hacer sus mariconerías. ¡Usté es un ácaro macho carajo! ¡Deje de llorar por ese tipo!

PAPINOLIO—Mataste a mi compadre hermanito, me diste duro, bien gacho, y juro que en el santo nombre de nuestro difunto padre, te haré pagar, ¡pagarás por lo que le hiciste a mi compadre! Coge cabeza por fin maldito escuincle.

Papinolio le amarró de pies y manos, y lo arrastró, junto con el cuerpo de Popepino, en dirección a la caravana.

Miguelón, que estaba a la cabeza de la caravana, la vio, la vio, miró para arriba, y gritó con suma alegría.

MIGUELÓN—¡Hemos encontrado la cama! ¡La hemos encontrado! ¡Subamos al paraíso! ¡Subamos!

Y así se dio el pueblo a la tarea de escalar por una de las patas de la cama.

#12

Al llegar a la cima contemplaron todo el esplendor de los hilos entretejidos de las sábanas, su blancura celestial que se extendía en el horizonte, hasta las altas almohadas.

Los ácaros se dispersaron por todo el lugar tras un grito de victoria. Miguelón sonreía de oreja a oreja, se sentó a contemplar la felicidad de sus hermanos. Su último día de vida sería todo un goce.

Luego de un rato, apareció en escena Papinolio por las extremidades de la cama arrastrando el cadáver de su mejor amigo y al indeseable Pancracio. Su expresión era de tragedia, no podía mirar a las caras de la multitud que se juntaba a su alrededor. Carmencita se llevó la mano a la boca, y se arrodilló. Acarició la frente de su amado Popepino, no hubo reacción, ahí estaba sin vida, con el pecho herido, y su cara desgarrada por el roce contra el suelo. Con sus ojos llenos de lágrimas inquirió sin palabras a Papinolio lo ocurrido. Desvió su mirada de Carmencita y la clavó en Pancrancio. La Carmecita abrió los ojos, recordó la promesa de Pancracio de volver con el cuerpo de su amado. Se levantó molesta, y de nuevo, hablando con silencios y miradas, volteó hacia Miguelón. Este comprendió que el último día, sería un día de tragedia.


#13

Agarró Miguelón al acusado y lo levantó para que todos lo mirasen bien. El juicio tenía que ser rápido, para así proceder con los ritos conmemorativos a Popepino, y tras este mal trago, disfrutar de las últimas horas que tendrían a su alcance antes que la muerte natural llegara.

PAPINOLIO—¡No vine para esto jefazo! ¡Vine a advertirlos! ¡Un peligro terrible está por llegar a todo el que esté en la cama!

MIGUELÓN—Ajuste su compostura Papinolio. Por más que quiera evitar el trago amargo a su hermano, esto no se va posponer.

PAPINOLIO—¡Y me parece correcto, bien correcto que hagan justicia! Pero ahora mismo hay cosas más importantes, jefazo. Lo que escuché en el baño es importantísimo. ¡No hay tiempo, nadita de tiempo, para uno ponerse a perderlo en esto!

Miguelón se exaltó.

MIGUELÓN—Mataron a su compadre, ¿y se lo encuentra poca cosa? ¡Por más que grite y patalee no impedirá que se haga justicia! ¡Llévenselo de aquí! Mi trabajo es que en estos últimas días el pueblo pueda respirar algo de paz y tranquilidad.

Y se llevaron arrastras un par de ácaros al pobre Papinolio, y lo amarraron a los hilos de la almohada, mientras el juicio seguía su curso.

#14

CARMENCITA—¡Ningún exilio Miguelón! ¡Muerte al traidor!

Y los demás del pueblo repetían esta última frase una y otra vez.

MIGUELÓN—¡Silencio! La tradición dicta que si algún asesino es juzgado por el pueblo con pena de muerte, se deberá dar muerte al asesino del mismo modo que él la causó. Pancracio, hijo maldito de Tutolio, aquella persona a quién más dolor causaron tus acciones, será quien tome justicia en su mano.

Carmencita subió a la arruga de la sábana que servía de púlpito, desde donde hablaba Miguelón junto al acusado. En su mano se depositó un fragmento de cristal, el mismo que mandó a Popepino al mundo de los muertos. Entre sollozos se acercó al acusado, con una mirada de odio que causaba más daño que el puñal que llevaba.

PANCRACIO—¡Yo solo quería verle feliz Carmencita! Mire Carmencita, ese hombre no la merecía. Yo sólo quería cuidarla... No se me acerque Carmencita con eso. Aléjese de mí. Popepino no la merecía. Ese canalla ni pretendía volver. ¿Me oyó? Haga lo que me haga el no regresará, el no...

La multitud que porreaba la acción guardó silencio. Todos miraban hacia el cielo. Una enorme sombra se alzaba hasta tapar la luz del bombillo. Carmencita también se detuvo, y levantó la mirada al llegar repentinamente la oscuridad.

#15

LA SEÑORA—Pero que sucia está la sábana. ¡A la lavadora! Así cuando regrese Víctor del campamento encuentre todo limpio.

La señora recogió la sábana. Los ácaros gritaban por auxilio, y se aferraban a los hilos conscientes de su final.

Echó la sábana dentro del agua enjabonada de la lavadora. El mundo de los diminutos se hundía. Miguelón lamentó no haber escuchado a Papinolio. Veía como sus compañeros saltaban desde las zonas secas a su destino,como si fuese el Titanic en sus últimas etapas. Vio a Carmencita en lo alto de la tela clavándole una y otra vez el cristal en el pecho a Pancracio, mientras allá abajo en el agua lentamente se hundía Papinolio, amarrado sin escapatoria al cobertor de la almohada que también había sido echado al detergente.

Y la señora se acercó al botón, lo giró, cronometrando el tiempo de lavado. Las aguas se ordenaron en un torbellino para extraer la suciedad de la tela, y la vida de los ácaros se fue esfumando en cada vuelta. No hubo botes salvavidas, ni nadie que los llorase. Aquellos que no se vieron nunca, murieron con el sabor de la gloria en su boca, y el recuerdo de la muerte en sus ojos.

FIN (POR FIN)