Nimpha_Obscura
Rango3 Nivel 11 (120 ptos) | Cuentacuentos freelance
#1

Cuando se ha estado demasiado tiempo entre la miseria y la desdicha, con el tiempo, la felicidad y la esperanza mueren al igual que los sueños y las ilusiones.

Mi cuerpo, es sólo un objeto, vendido al mejor postor. No hay cabida para sentimientos o para el amor.

¿Amor? No recuerdo la ultima vez que pude sentirlo.
No recuerdo esa sensación.

Sólo el dolor y el miedo.

Día con día, ése es mi alimento. Mi compañero de vida.

Esta será....

La ultima noche después de mi debut. La ultima noche como sólo una atracción. Mi ultima noche como una persona libré.

Para convertirme... En una mascota.
Y complacer a mi amó.

Su antifaz cubría gran parte de su delgado rostro. Sólo los labios del color a la escarlata, sobresalían. Y dentro la luces sus ojos, verdes y enormes. Hermosa.

La música, era lenta y sensual. Invitaba al pecado. Sus caderas moviéndose al ritmó que esta le marcaba.

Sus manos, deslizándose sobre la poca tela que cubría su esbelto cuerpo. Sus piernas adornadas por encajes y medias se flexionaban y se balanceaban al compás.

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#2

Sus brazos largos y gráciles, se pegaban a su cuerpo, con sus manos recorriendo cada línea de éste. Su cuello, su mejilla y sus dedos bailando en sus labios.

Erótica y deseable. Tal como sé le había enseñado a mostrarse.
Tal como su dictador se lo exigía.
Aún en contra de su voluntad. Bueno, esa la había perdido hacían mucho tiempo atrás.
¿Serviria de algo ahora?

Las miradas estaban pegadas a cada uno de sus movimientos. Siguiendo la secuencia de sensualidad que desbordaba.

Uno de los tantos invitados, joven y de cabellos rubios, alto. Miraba todo desde su cómoda posición.
Por algo le gustaba frecuentar esos lugares. Con suficiente plata en sus bolsillos.

Magnate, elegante y poderoso. Su impecable imagen como gobernador se vería fácilmente manchada si algún fotógrafo descuidadamente tomara fotos para la prensa. Arruinando todo.

Echando a perder sus "extraños gustos".

Su mirada de ojos azules se habían quedado estáticos desde que la pequeña "cervatilla" saliera danzando y moviendo su cuerpo en contoneós eróticos.

El aroma de las Violetas llegaba hasta su nariz. Un aroma exótico y delirante.

Era su compañera a quien tenia frente a sus narices. Y frente a la de la mayoría de los que estaban disfrutando la función.

¿Qué era mas fácil? ¿Actuar como humano o dejar salir toda la rabia, excitación y celos ante todos?

No. No era como los demás lobos. Eso siempre lo supo. Su autocontrol era superior. Respiro hondo y siguió esperando.

De pronto, la musica se detuvo.
La chica, se quedo estática bajo las dos farolas enormes que iluminaban todo.

El momento había llegado.
Trago grueso y el sudor frío recorrió su espalda.

-¡CINCO MIL DÓLARES!
Grito uno de los invitados.

-¡DIEZ MIL DÓLARES!
Se escuchó otro pujador.

-¡CINCUENTA MIL DÓLARES!

Aquí venían los peces gordos.

-¡CIEN MIL DÓLARES!

El rubio, con el cigarrillo en la boca era atendido por varias de las "muñequitas" del lugar.

Encendió la punta del mismo.
Levanto la mirada. Podía oler el miedo en su maté.

-¡DOCIENTOS MIL DÓLARES!
Se apresuró a decir un viejo que fácilmente podría ser su padre.

Muchos ya estaban en sus límites. No pagarían medio millón de dolares por una bailarina exótica.

-Señor Schultz... Su bebida.
Una de las camareras le dejo la bebida burbujeando en la orilla de la mesa de caoba.

Se levantó.

—¡SETECIENTOS MIL DÓLARES! EN EFECTIVO.

Todos giraron al hombre entre las sombras. Uno de sus hombres de confianza avanzó hasta llegar adonde la chica impactada miraba el dinero bien acomodado dentro del portafolio.

El hombre parado justo detrás de ella, se acercó y tomó el dinero.

—¡VENDIDA AL CABALLERO CON ACENTO ALEMÁN!

Su corazón se saldría en cualquier momento. Lo que más había temido había ocurrido mas rápido de lo que imaginó.

El rubio se acercó hasta la orilla del escenario. Sus ojos, azules y fríos se clavaron sin piedad sobre los verdosos y temblorosos ojos de la chica.

Impresionada, notó lo alto que era. De cabellos dorados y prolijidamente peinados hacia atrás, dejando ver sus pómulos altos y frente amplía. Pestañas claras y tupidas. Labios delgados pero sensuales. Con un atuendo a juego y de actitud soberbia y imponente.

¡Sintió miedo! Un extraño miedo a él.

Éste, absorto por su belleza y la cercanía de sus cuerpos, le tendió la mano para hacerla bajar.

Temblorosa dudó en hacerlo. Pero ¿no era ya su dueño? ¿No era ya una pertinencia? Había dejado de ser libré. Del todo.

Con los ojos apagados le extendió la mano y suavemente la tomó en brazos sin ningún esfuerzo.

Delgada y pequeña, igual a un cervatillo.

Hermosa y ahora solo suya.

Para él, la fiesta había terminado.
Hací que decidió irse.
La compra, a término delictivos, estaba perfectamente legal y sin agujeros negros o letras pequeñas.

Firmó y salio con la chica cubierta por su abrigó. Ella, autómata le siguió hasta el estacionamiento. Donde sus hombres aguardaban. El hielo cubría los autos y la acera. El vaho que salia de su pequeña boca rojiza podía verse claramente.

—Sube por favor.
Le indico. Esta obedeció.

Él rubio, sentado junto a ella, trato de darle calor con el abrigo y la calefacción del auto.

—¿Tienes frío?
Su acento era tan obvio que cualquiera vería que se trataba de un extranjero.

No pudo evitar tocar su mejilla, quitando varios mechones de cabello castaño.

Fue cuando se dio cuenta que las lágrimas salían como un río, bañando su rostro. Pero lo más extraño era que ni siquiera sollozaba o lloriqueaba. Nada. Sólo bajaban silenciosas por sus mejillas.

No se perturbó, si lo hacía, ya no seria un buen amó.

Sólo acarisio su cabeza, alentándola a recostarse en su pecho. Cansada, física y mentalmente, se dejo hacer. Recostó su cabeza en su pecho, grande y amplió. Los latidos de su corazón extrañamente, la inducieron al sueño.

Sus ojos se cerraron, a la espera de vivir otro día. Y rogando a Dios este hombre fuera bueno y no como quienes la mantenían cautiva.

#3

Exactamente ¿como empezar esta historia? ¿Con mi historia? Por que hay bastantes anécdotas para recordar.

La peor de todas, ser vendida por mi propio hermano. Un adicto a las apuestas y endeudado hasta el cuello con mafiosos y matones. Con gente poderosa que a la primera pueden causar mucho daño.

Como hermana, pequeña. Obedecí. ¿Por que? Por que era la única familia que me quedaba en todo el jodido mundo.

—... Sólo serán unos días hasta que pueda pagarles. Te trataran bien. No te preocupes ¿vale?

Dos días después, lo asesinaron. Quedando yo, como mercancía. Jamás me dejarían libre otra vez.

Tanto dolor, aflicción. Nada quedaba de los sueños que alguna vez tuve.
Nada.

—...No será llevada junto con tus putas de cabaret, se quedará y bailara por plata. Nada más. Hasta que pueda venderla por una buena suma. Hay gente interesada en chicas como ella. Virgen.

Tres días después, ya me tenia ensayando para bailar por dinero. Para mi fue un alivio no ser llevada junto con el socio de mi captor, púes, esas chicas eran prostituidas noche y día hasta ser masas o despojos humanos.

Pero, ¿mi situación era la mejor? No. Era un calvario esperar por quien seria el monstruo que me comprará. ¿Un sádico? ¿Un cruel golpeador? ¿Un adicto? ¿Un asesino? ¿Un caníbal?

Eso para mi era lo peor. No saber en que manos podría caer.

¿Mi nombre? Comenzaba con algo como ¿A? ¿R? De hecho, no lo puedo recordar. Sólo sé que en ese lugar era llamada Líta. Sólo así.

"La favorita de André". Decían algunas.

"La zorra con suerte" decían otras.

Siendo su propiedad hasta... Este día. Hoy sera diferente.

......

Abrió mis ojos, de a poco. La luz clara de la habitación es cegadora. Lentamente me pongo de pié. Estaba recostada en una amplia cama.

Es tan cómoda que duele dejarla.
Las almohadas son grandes y suaves. Un olor masculino emana de ellas.

¿Madera? ¿Almizcle? ¿Hiervas frescas? No sabia decirlo.

Pero era agradable.

La alfombra es oscura y suave. La ventaba da directo a la calle, que es demasiado transitada. Esta en la ciudad, justo en el centró.

De pronto un sonido. El agua, de la ducha.

Caminó hasta donde viene. La puerta esta entre abierta. Miró sólo un poco. Las paredes de la ducha es de vidrios transparentes, pero ahora están cubiertos de vapor. Dentro, la silueta enorme de un hombre, lavando su cabello. Cubierto de espuma blanca.

Sujete la puerta con fuerza. Olvidaba que ya no estaba en ese lugar. Ahora tenia un dueño.

De pronto, se escucha como cierra la llave del agua. Me alejó rápido a pasos torpes. Hasta llegar a la ventana.
Hay un espejo, de cuerpo completo a un lado de mí. Puedo ver mi rostro. Mis cabellos están revueltos y largos. Aún llevo la lencería para bailar que solía usar en el escenario.

No se, pero me provoca ocultarme. Me siento desnuda por completo. Indefensa al máximo.

—Ya despertaste.
Esa voz me congeló. No era pregunta, sino afirmación.

Ya no llevó el antifaz, puede ver mi rostro con claridad.

Sus ojos, serenos y azules se clavan en mi.

El color tiñe mis mejillas púes, solo lleva una toalla blanca y pequeña alredor de sus caderas. Mostrando su abdomen y su pecho desnudo. La forma en V de su vientre. Y las infinitas gotas deslizándose por su piel blanca y trigueña. En uno de sus brazos hay un tatuaje de un símbolo extraño. Indescifrable.

Se acerca unos pasos, busca entre sus ropas en la silla, saca una cigarrera plateada, con un símbolo extraño en la parte de enfrente. El mismo que el de su brazo.

Sus músculos se mueven a la perfección. De hombros anchos y fuertes. Alto, muy alto. Cabellos mojados cafés pero que al secarse se vuelven hebras doradas.

Cejas marrones.

Es un hombre demasiado atractivo. Intimidante seria la palabra correcta.

—¿Tienes hambre?
No respondo. Me quedó tensa. Él, lo nota. Es obvio.

Se acerca a mí. Me pongo nerviosa.
Rodea mi cintura con sus manos.
Olfatea mi cuello. Lo lame. Lo besa.
Sube a mi oreja y la hála despacio y de forma obscena.

Me sujetó de sus brazos para no caer. Trató de alejarlo pero no puedo.

—¿Que intentas? ¿No soy yo tu amó? ¿Por que me alejas?

No puedo mirarlo a los ojos. Pero él, me sujeta del mentón, obligándome.

—No lo vuelvas hacer. Eres Mía. Grabatelo.

Asiento. Con los labios temblorosos pues, su boca esta casi pegada a la mía.

—Debes comer. Pero primero...

Su acento, es diferente.

Toma mis caderas y me sube a la cama. Abre mis piernas. Lento. Toma las medias a medio muslo y las baja con cuidado.

Deslizandolas.

Abre mis piernas y sube la pequeña tela del vestido. Mi respiración es acelerada y tortuosa.

¿Que planea?

—André... Dijo que eras virgen, y evidentemente le creó. De lo contrario, no habría subastado así a ninguna de sus chicas.
Sólo quiero, verlo yo mismo.

Me sonroje al máximo. ¡No!
Quise cerrarlas pero lo impidió.

Puede ver la forma de mis bragas. Con sus dedos, las toma del elástico delgado y las desliza hacia abajo. Hasta sacarlas por mis tobillos.

—Levanta tus piernas.

Sollozando, lo hago, cierro mis ojos fuertemente, mientras ahogó mis gemidos con la mano.

Las venas de mi cuello se saltan.
Pero no emito sonido alguno.

Su aliento sopla en mi monte de venus, me hace estremecer.

¡No! ¡No!

Se detiene, se levanta. Y me mira. Soy un desastre anegado en lágrimas. Tengo miedo. Demasiado.

Respira hondo. Se encamina hasta donde están sus ropas y las coge.
De espaldas habla.

—Vendrán a traer alimentó. Duchate y ponte algo cómodo. Y no llores de esa manera...

Sin más, salió.

Me tape con las sábanas.

No podía, no podía.

Me deje caer en la cama. Tranquilizando mi respiración. Avergonzada y confundida.

¿Que haría conmigo? Temía por mi vida. Era un sucio pervertido.

El sonido de la ciudad envolvió mi cuerpo en el sopor de la noche. Pero, el sonido del servicio a la habitación me despertó de mi somnolencia.

Me levante y una mujer mayor con un carro lleno de delicias entró. Le agradecí con cautela, sin más se retiró. No me había duchado y la comida ya estaba en la habitación.

En la habitación contigua, él se cambiaba. Podía escuchar el sonido que hacia.

¿Como seria mi vida ahora?
No estaba segura, pero él, me asustaba.