AlejandroWriter
Rango6 Nivel 28 (1167 ptos) | Novelista en prácticas
#1

Antonio abordó el autobús como siempre en la parada 33. A la misma hora, 5:45 pm. Sabía de antemano que el oficinista lo abordaria como de costumbre dos paradas más adelante y Flor, la inquietante religiosa en la siguiente. A la altura de la autopista ya se habrá subido el atareado estudiante de universidad y la adolescente con pintas de enfermera, pensó.

Sacó el libro de turno y empezó leer. Con el pasar de las páginas y a medida que el bus iba avanzando por su ruta, el sueño empezó a dar pelea y aunque se resistió un buen tiempo, terminó durmiendose. Despertó luego de que el autobús frenara bruscamente, la sacudida fue tal que de no ser porque delante de él se encontraba otro puesto, hubiese terminado incrustrado en el parabrisas del autobús. Habia un gran alboroto a su alrededor y aunque nadie se habia hecho daño, los pasajeros le gritaban improperios al conductor y este a su vez se disculpaba diciendo que creyó ver algo en el camino.

La ruta había atravesado ya tres cuartas partes de su recorrido y Antonio de percató de un detalle.

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Black_Sun
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Esto pinta bien, ¡Continua!

Romahou
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Me uno: que siga!


#2

Antonio vio a lo lejos que el cielo se había tornado de color verde por algo más de 2 segundos, supo que el oficinista había captado el momento, también un chico con cascos que se encontraba sentado en la otra fila, junto a Flor, este de inmediato se quito los cascos y miró a su alrededor. Antonio observo las manecillas de su reloj y se percató que este se había detenido a las 6:30 pm, dirigió su mirada al panel del autobús y la hora coincidía con la de su Casio.

Dirigió la atención nuevamente hacia el chico de cascos y este ahora se encontraba discutiendo en voz baja con el oficinista, ambos habían cambiado de lugar... Se acercó a ellos y pregunto por la hora, los hombres se miraron.

-6:30 ¿verdad?-Dijo el chico de los cascos.
-¿qué? ¿cómo puede ser posible? -Respondió Antonio.
- Lo es amigo, ¿viste el resplandor? ¿ves que poco se puede ver allí afuera salvo los faroles de los cuatro carros que comparten con este autobús la carretera?

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#3

3.

UNA VAN Y SIETE PUESTOS

Raúl Ledesma, hombre de 37 años, hombre de familia también, 4 niños y una esposa adorable revuelve el gigantesco bolso en busca de los lentes, sin ellos no ve bien de lejos. Bet, su esposa, conducía con las estacionacionarias de la Van puestas, manejaba despacio hasta que Raúl consiguiera encontrar los lentes y pudiesen por fin ubicarse en el mapa.

Los niños en la parte de atrás hacían ruido, se intercambiaban de puesto. El más grande de todos jugaba una de las tantas versiones de Pokemon en su
Nintendo. Bet les miraba por el retrovisor, —Ojalá les hubiésemos comprado un Nintendo a cada uno—. pensó.

—¡Sí, aquí están! —Exclamó, al tiempo que alzaba las gafas con el brazo izquierdo—. Sólo es cuestión de desdoblar este mapa y saldremos de este embrollo.

Media hora después, y tras varias indicaciones, vieron la primera señal hacia la ciudad. Los niños seguían en lo suyo, Bet se relajó un poco y Raúl seguía la ruta muy atentamente con la punta del dedo índice sobre el papel.
—Próximo retorno a la izquierda y luego derecho durante 60 kilómetros. Dijo con serenidad.

El retorno por el que debían tomar quedaba exactamente a 8 kilómetros de distancia.

A la altura del kilómetro 3 se encendió el testigo de gasolina, Bet se encontraba concentrada en la carretera y no lo vio. Minutos después fue Raúl quien se percató y alertó rápidamente a su esposa, —El testigo, el testigo de la gasolina está encendido. Tendremos por mucho unos 6 o 10 kilómetros más para andar.

Visiblemente molesto reviso el mapa y encontró una estación de gasolina 8 kilómetros adelante, el único problema era pasarse el retorno y tener que esperar un trayecto de al menos una hora para encontrar el siguiente. No había otra alternativa. Continuaron por la carretera, se pasaron el retorno, la pareja empezó a discutir y atrás los niños callaron de inmediato. 10 minutos después se encontraban en la estación,
lucía vieja y descuidada, pero las luces de cada uno de los surtidores de combustible funcionaban, luces pálidas y amarillentas, daba la impresión de abandono.
Raúl bajó de la Honda y caminó hasta la caseta de servicio. —buenas noches, nos hemos quedado sin combustible. ¿alguien nos puede atender?
El silencio reino ante su pregunta. Una silueta oscura atravesó el cristal tras la caseta, pero no era la silueta de un hombre, era algo tan grande que parecía rozar el techo. Raúl pregunto nuevamente si alguien podía ayudarle y esta vez obtuvo gruñidos por respuesta. 《Un perro》 pensó. Dio media vuelta para dirigirse hacia la Honda cuando a lo lejos vio los faros de una motocicleta que manejaba erráticamente a través de la berma y se dirigía a gran velocidad hacia uno de los surtidores de combustible. Raúl dio un salto de esos que se dan en las pelis de acción, para evitar la embestida de la motocicleta que terminó por estrellarse contra uno de los surtidores.

Raúl corrió rápidamente en su auxilio, encontró al hombre herido pero dando pelea con algo, se acercó un poco más y vio que era una especie de insecto de al menos medio metro. Aquello le produjo asco y sintió de inmediato un malestar en su estómago. Apretó sus dientes y dio dos pasos hacia atrás. El motociclista seguía dando batalla y a Raúl le brotó su instinto de solidaridad, miro para ambos lados en busca de algo que pudiese servir de arma.

En la van los niños lloraban y gritaban, Bet cerró la puerta y desde la ventana le suplicaba a Raúl que volviera a la van, hacia señas y pedía a los niños que se alejaran de las ventanas.

Afuera Raúl por fin encontró un trozo de madera. Algo inexplicable se apoderó de él y se ensañó con la criatura, un golpe, luego otro, y otro más, de la criatura empezó a brotar un líquido blanco y espeso, vinieron un par de golpes más y por fin el mal herido motociclista pudo librarse. Raúl sin soltar el trozo de madera, agarro con una mano la pierna del motociclista y empezó a arrastrarlo hacia la van.

Bet abrió la puerta y ayudó a subir a su séptimo pasajero, Raúl hizo lo propio y cerraron con seguro puertas y ventanas.

Hace más de 1 año

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#4

4.

UN HOT WHEELS PARA ADULTOS

David conducía su Chevelle Malibu a más de 180 Km/h esquivando autos a lo largo de la autopista, el motor rugía y la rubia despampanante a su lado parecía disfrutar del momento.
Kilómetro tras kilómetro la cantidad de autos iba disminuyendo y con el pasar del tiempo sólo los faros del Malibu iluminaban la larga autopista. En la radio sonaba Shake, Rattle and Roll de manera imponente hasta que la señal empezó a sufrir interferencia, el DJ estaba haciendo la introducción de All Right Baby de Big Mama Thornton cuando el horizonte se tornó de un color verde y al instante la radio enmudeció. David retiró lentamente el pie del acelerador y este empezó a disminuir su velocidad. 160, 140, 120... 80 Km/h, se mantuvo ahí y condujo en línea recta hasta visualizar una estación de gasolina y las luces traseras de un autobús y dos autos más.

La rubia sube el vidrio de la ventana cortando el paso al viento y enmudeciendo el momento salvo por el leve ruido del motor V8. El Malibu ahora sobre los 50 Km/h empieza a transitar sobre la berma, la rubia insiste en hacer funcionar la radio pero a pesar de que esta está encendida, la condenada no permite dar paso al Rock And Roll.

Se detienen detrás del autobús y encienden las luces de parqueo, David se desabrocha el cinturón de seguridad y justo cuando va a quitar el seguro del auto alguien desde la ventana trasera del autobús le hace señas de advertencia, David no se da cuenta de ello pero la rubia sí y lo detiene agarrandole con fuerza el antebrazo.La rubia señala el autobús, David no entiende muy bien que es lo que ocurre pero por las señas cree que el tipo en el autobús no quiere que ponga un solo pie en el suelo. Mira más allá del autobús y ve una motocicleta en el suelo y un líquido junto a ella que desde su ubicación no logra distinguir que es...

Hace alrededor de 1 año

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#5

5.

La placa le brillaba en el pecho cada vez que los faros de algún automóvil cruzaba la carretera. LIEBER. Se trataba del policía Mike Lieber, postrado una noche más justo en el kilómetro 122 de la ruta 320. Veintidós años de carrera policial y recién asignado a la custodia de la 320, Mike Lieber nunca había sido testigo de una anécdota digna de contar ante el resto del cuerpo de policía. No hasta esa noche. El reloj indicaba ya las 5:50 pm cuando a lo lejos pudo ver como la tierra parecía abrirse, creyó por un momento que se trataba de una mala pasada de su ojos y su rostro dibujó una sonrisa. Fijó la mirada en la valla de una bebida refrescante que se encontraba en frente. "A veces no es cuestión de actitud, toma Klem" rezaba la valla que venía acompañada además por una chica de tez morena en bikini.

Mike siempre creyó que una cosa no tenía que ver con la otra, ¿a qué iba una chica en bikini, la actitud y una bebida gaseosa? Pasó una motocicleta y la contemplo, hace rato que no pasaba nada. La moto iba a gran velocidad pero Mike ni se inmutó. Al rato pasó una van la cual iba a una velocidad moderada y alcanzó a ver unos niños jugueteando en la parte de atrás.

Sintió que su turno ya casi iba a terminar pues así transcurría todo: primero gran afluencia de vehículos mientras le recibía el turno a Steve. Más tarde los carros iban y venían pero en cantidades moderadas y ya cuando se ponía el sol empezaban a amainar. Luego todo volvía a empezar de la misma manera. Todo era un círculo.

Tiempo después de que pasara aquella van, Mike pudo ver como el cielo se iluminó por un instante, hubiese continuado como si nada de no ser porque volvió a ver como la tierra se abría al otro lado de la carretera. Salió de la patrulla y camino a través de la 320 para cruzar al otro lado. Miró por encima de la maleza y no vio nada, se adentro un poco y escuchó un chillido cerca de él, dio media vuelta y lo que quiera que fuese eso que chilló, no le dio tiempo para reaccionar cuando saltó sobre él hiriendo su brazo izquierdo. Mike cayó al suelo, hubo más chillidos que parecían provenir de varias partes. La cosa que antes le había lastimado se encontraba a escasos dos metros de él. Como pudo desenfundó su Beretta, y vacío el proveedor sobre la cosa. Esta chilló con más fuerza a la vez que se retorcía. Mike se puso de pie con cierta dificultad mientras introducía otro proveedor en su arma. Se vio el brazo ensangrentado y empezó una frenética carrera por llegar a la patrulla, no tuvo que volver la vista atrás para asegurarse de que no estaba sólo, sentía como toda la hierba alrededor se movía. Vio la 320, luego la atravesó y subió con prisa a la patrulla, del brazo seguía brotando sangre y su camisa antes azul, empezaba a tomar un color morado.

Puso en marcha la patrulla, y encendió la sirena, tomó la misma dirección que antes había tomado la motocicleta y la van.

Manejo por unos minutos cuando a lo lejos pudo ver una estación de gasolina y en ella, la van aparcada, a medida que se iba acercando vio como un sujeto batallaba con algo y no le fue difícil suponer que se trataba de lo mismo que le había atacado antes a él.

Hace alrededor de 1 año

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#6

Mike frenó un poco adelante de la van, desenfundo su arma y sin bajar del auto la accionó en tres oportunidades contra la criatura a través de la ventana del copiloto destrozando así el cristal, la criatura estiró una última vez sus extremidades que más bien parecían una especie de aguijones. Al interior de la van había un desorden tremendo y a través del panorámico de la misma pudo ver como se aproximaba un vehículo de gran tamaño, lo hacía con las luces bajas y disminuyendo la velocidad. Se trataba de la ruta 320 la cual se estacionó a su lado. El conductor bajó rápidamente y se dirigió hacia la patrulla de policía pese a las advertencias de Mike.

Los gritos dentro de la van, la motocicleta y el surtidor destruidos, pintaban el cuadro de una aberrante obra capaz de revolverle las tripas hasta a el más valiente.

Mike observó las caras de espanto de los pasajeros y entendió que su aspecto no era alentador, vio el interior de la patrulla y entendió el origen de su espanto. La patrulla estaba bañada en sangre, examinó la herida y no se veía nada alentadora.
—Después de todo si tendré algo que contar —gruño Mike—. Aunque nadie jamás me lo crea.

Revisó el proveedor de su Beretta, era el último pero aún le quedaban balas.

—Vaya lío, ¿no? —Le dice a los ocupantes del autobús mientras se baja lentamente de la patrulla—. Que nadie Salga de sus vehículos, yo me encargo.

Se dirigió hacia los surtidores de gasolina, buscando más de esas cosas. La gente en los vehículos miraban estupefactos la valentía del mal herido policía.