SergioMaestri
Rango13 Nivel 61 (15333 ptos) | Premio de la crítica
#1

1

La noticia me impresionó sobremanera. Siempre consideré que mi entrañable y genial amigo Marcos Di Fiore era un tipo bastante extravagante y alocado, pero jamás imaginé que pudiese acabar sus días en un manicomio.
Mientras me dirigía al centro psiquiátrico en el que se hallaba internado, fui recordando algunos rasgos de su personalidad. Siempre fue un ser retraído, proclive a sumirse en profundas cavilaciones filosóficas. Alguien que daba la impresión de estar ausente del mundo cotidiano y metido en sí mismo con un hermetismo absoluto. Era, entre otras cosas, inventor y, a menudo, perseguía logros quiméricos que concluían irremediablemente en el más rotundo fracaso. Sus aspiraciones personales siempre me resultaron desconcertantes. En un principio sus intereses lo llevaron a estudiar psicología, carrera que emprendimos juntos en nuestra juventud. Luego, lo sedujeron especialidades tan variadas como la química, la física, la electrónica, la computación e incluso las ciencias ocultas.

YessGuill
Rango12 Nivel 58
hace 9 meses

Y entonces leyendo rasgos de Di Fiore, descubro que él se parece a mi. Menos en las artes ocultas @Prometeo

Carlos_59
Rango14 Nivel 65
hace 9 meses

@Prometeo Una mente inquieta y acelerada. Supongo que se pasó de vueltas...

HernanACalvo
Rango13 Nivel 63
hace 9 meses

Amigo @Prometeo muy buen comienzo y todos estamos locos como tu amigo. La diferencia es que algunos aún no estamos en el psiquiatrico.

Nubis
Rango12 Nivel 56
hace 9 meses

Escribes bastante bien.


#2

Recordaba, camino al hospital, que alguna vez me comentara que sus estudios tan disímiles y eclécticos representaban pasos complementarios en busca de una verdad absoluta que sosegara su inquieto raciocinio.
Cuando arribé a destino, me informaron que no podía ver a mi amigo. Al consultar el motivo de la prohibición, el psiquiatra de guardia me aclaró, con evidentes signos de preocupación: “Mire, el estado actual del paciente es muy delicado. Le diría que está psicológicamente desahuciado. No creo que pueda recuperarse jamás de su trauma.”
Lo consulté sobre la posible causa de su repentino ataque demencial. “Parece haber sufrido un terrible shock emocional –argumentó-, pero ignoramos el motivo que lo condujo a ese estado. Desde que llegó, se la pasó gritando que había que destruir no sé qué máquina infernal.”
Su respuesta me llevó a intuir medianamente lo que ocurría. Sospeché que mi amigo se refería a alguna de esas invenciones en las que trabajaba de manera febril. Recordé entonces que la última vez que lo visité en su departamento, lo hallé dedicado a la construcción de una maquinaria de la que habló con enorme entusiasmo, diciendo incluso que podría revolucionar la ciencia. Era tan habitual hallarlo en esos estados reconcentrados y febriles, que apenas le presté atención,
Ahora, en cambio, sus palabras cobraban un nuevo significado para mí. Por eso llegué a la conclusión de que, tal vez, la clave de aquel espinoso asunto podría encontrarse en el apartamento de mi viejo camarada y hacia allí encaminé mis pasos, sin pérdida de tiempo.
No me resultó difícil convencer a la portera del edificio (que me conoce desde hace tantos años) para que me permitiera ingresar al departamento de Marcos. Una vez dentro, me dispuse a realizar una detenida inspección. Reinaba un desorden mayúsculo en aquel lugar. Atravesé el comedor y fui directo al dormitorio. Allí encontré lo que buscaba. Sobre el escritorio había una extraña maquinaria, que se conectaba a la computadora a través de un cable USB. A su lado, una voluminosa carpeta con anotaciones y planos despertó mi atención. Me senté frente al escritorio y me dispuse a ojear aquellos apuntes.

JorgeII
Rango11 Nivel 53
hace 9 meses

@enamoradadelaluna Prometeo tiene una manera de escribir tan parecida a la mía que creo que es una especie de alter ego que cree por accidente, pero el no lo recuerda

Sarym
Rango15 Nivel 72
hace 9 meses

Espectacular querido, veremos hasta donde nos conduce la inquietante máquina.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace 9 meses

Gracias, querida @Sarym por ingresar a mi palacio mental. Veremos si te gusta la continuación

HernanACalvo
Rango13 Nivel 63
hace 9 meses

Amigo @Prometeo se va poniendo más interesante con el encuentro de la maquina creada por el amigo.


#3

En la primera página podía leerse un título que rezaba: “Planos de la máquina registradora de sueños”. La primera parte de aquel volumen estaba dedicada al desarrollo de una serie de planos y notas al pie que detallaban el proceso de construcción de la maquinaria, con una lista minuciosa de materiales e instrucciones relacionadas con su funcionamiento.
La máquina se conectaba a la computadora a través de un software diseñado por Marcos. Una perilla encendía el artefacto y el programa de PC funcionaba como una base de datos que grababa imágenes proyectadas por la máquina. El software permitía no solo la grabación del material sino también la reproducción y el análisis de aquella especie de documento fílmico, administrando el volumen, brillo y ajuste de la imagen.
El curioso artefacto poseía tres cables con terminales de cinta metalizada, en cuyos bordes había un material adhesivo. Dos de las cintas metálicas iban pegadas a las sienes y la restante se ajustaba a la muñeca izquierda.
Las instrucciones para el registro de las imágenes especificaban que, una vez colocadas las cintas, la persona procedía a hacer reposo en busca del sueño. Entrado ya en el trance onírico, las terminales captaban ondas cerebrales theta del sueño ligero e incluso ondas del estado de sueño REM, que ponían en funcionamiento la maquinaria, grabando las imágenes experimentadas durante el estado de sueño en el software de computación.
Al leer estas instrucciones y consideraciones, reconozco que dudé de la seriedad de esta invención. Pensé que aquella maquinaria era uno de los tantos intentos fallidos de mi excéntrico amigo. Incluso conjeturé que la frustración por un nuevo fracaso podría haber ocasionado el terrible shock nervioso que perturbara su mente. Pero concluí en que no perdía nada con hacer una prueba y una verificación de las aseveraciones de Marcos.
Seguí las instrucciones aconsejadas y, luego de colocarme las placas metálicas en los sitios aconsejados, me recosté sobre la cama. Miré el reloj y no tardé en sumirme en un profundo sueño.
Media hora después, desperté. La máquina estaba detenida. Me quedé un instante expectante. Sabía que la actividad eléctrica de las neuronas encefálicas produce un registro gráfico que se conoce como electroencefalograma, pero la idea de que las ondas mentales pudieran transformarse en imágenes me resultaba difícil de creer.
Sin embargo, me dispuse a reproducir las imágenes, de acuerdo al manual de procedimientos.
Según las instrucciones, la captación de las ondas encefálicas generaba un archivo que iba a una carpeta específica. El programa permitía buscar ese archivo y reproducirlo. El mismo se guardaba automáticamente en el disco C de la máquina con el nombre del día y hora de la grabación.
Al reproducirlo sólo aparecía una luminosidad muy fuerte y breves imágenes borrosas y confusas.
Reconozco que esta circunstancia me decepcionó. Supuse que podría haber realizado mal algún procedimiento, así que decidí echar una ojeada a los abundantes y meticulosos apuntes y observaciones que Marcos desgranó en su Manual de Instrucciones.

Nubis
Rango12 Nivel 56
hace 9 meses

Excelente, muy detallado.

akamatsutusut
Rango7 Nivel 33
hace 9 meses

@Prometeo esto va excelente. Sobre la documentación... ¿Qué tan verídico es el trasfondo de la historia? Me encanta el asunto de los sueños, y quiero investigar un poco más.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace 9 meses

Amigo @Gon_Mirdon este relato lo escribí hace varios años. Lo retomé y actualicé hace poco. Y uno de mis intereses fue saber que pasaba en el mundo científico respecto de este tipo de investigaciones. Hay experimentos que se están haciendo actualmente pero muy lejos de lo que propone el cuento. Respecto de mi sustento psicoanalítica y esotérico es Real y fundamentado


#4

Las consideraciones técnicas parecían haber concluido. El texto se anegó de aclaraciones desprolijas, vagos razonamientos, todo tipo de correcciones y un sinnúmero de datos referidos a abundantes descubrimientos surgidos a lo largo de la investigación. También había observaciones a modo de diario íntimo, fechadas y con numerosas notas al pie y subrayados.
Voy a transcribir algunos párrafos que pueden resultar de gran interés. Uno de ellos decía lo siguiente: “Fue grande mi decepción al realizar la primera prueba. Todo debía funcionar bien. Sin embargo al reproducir el material sólo percibí en la pantalla una luz potente y cegadora que parecía disminuir su intensidad de a ratos. Me llevó largas horas de experimentación y razonamiento comprender que aquel fenómeno se debía a que las ondas cerebrales tienen una velocidad varias veces superior a la de la luz. Entonces incorporé al software una función para disminuir la velocidad de la reproducción y así las imágenes se hicieron visibles y comenzaron a tener un sentido. Las imágenes debieron retardarse tanto que de treinta minutos de sueño podían obtenerse nada menos que casi un mes de grabaciones ininterrumpidas. ¡Algo increíble!”
Quedé totalmente perplejo al leer los comentarios de aquel apartado. Siempre pensé que los factores tiempo-espacio pueden variar considerablemente en una dimensión exenta de los límites vigílicos, pero los descubrimientos de Marcos sobrepasaban las fronteras de mi imaginación y de mi credulidad.
Un párrafo posterior aseveraba: “A la luz de mis cuantiosos documentos psico-fílmicos, puedo asegurar que el llamado mundo de los sueños es, en verdad, más real, más auténtico, más vívido y más perceptible que el mundo de la actividad vigílica. Un mundo lleno de seres reales, de paisajes concretos, de sentimientos poderosos y de sensaciones profundas que se experimentan con mayor sensibilidad que en el estado de vigilia. Puedo afirmar que el mundo onírico no es una región de fantasía ni una fuga de la conciencia ni una liberación de contenidos espirituales. Es sólo otra forma de existencia. De modo que puedo asegurar que el hombre convive con dos universos paralelos que tienen una interrelación intrínseca y sutilísima.”
Este párrafo me trajo a la memoria una serie de teorías esotéricas de filósofos y sabios orientales. Teorías sostenidas por lamas tibetanos, maestros shaolines, pensadores indios y chinos sobre la existencia de planos y subplanos astrales (verdaderos mundos y submundos tan reales como apasionantes). La filosofía oriental habla de un plano inferior llamado Kamaloka (una suerte de infierno o purgatorio), de un plano superior llamado Astral, de uno más elevado conocido como Devachánico y de otro al que se le da el nombre de Nirvánico, a raíz del estado de beatitud del que hablara Buda y que calificara como Nirvana o Fusión con el Gran Espíritu del Universo (especie de paraíso budista, que no es un sitio ni un tiempo, sino un estado espiritual).
Estas teorías se asociaron en mi mente con algunos enunciados psicológicos sobre la interpretación de los sueños, la liberación de la conciencia durante el trance onírico y el universo infinito del inconsciente, del cual se puede esperar absolutamente Todo. Por otro lado, muchos postulados teológicos, científicos y religiosos que asomaron a mi mente parecían dar una luz de razón a las afirmaciones de mi buen amigo. Lo que afirmaba era posible, aunque mi mente lógica y pragmática de psicólogo me llevara a descreer de todo aquello que no se puede probar fehacientemente por medios científicos o metafísicos.
El mundo onírico del que hablaba Marcos en sus notas me parecía concomitante con la descripción de los planos y subplanos realizada por iniciados o maestros ocultistas, según la cual un ser humano puede ingresar en su Cuerpo Astral (disociado éste de su Cuerpo Físico) durante el sueño, si se trata de un individuo común; pero también puede hacerlo en estado de vigilia, valiéndose de procedimientos esotéricos, si el que realiza la experiencia es alguien debidamente entrenado en esa práctica. Las experiencias son idénticas, pero las diferencia el hecho de que, en el primer caso, el Viaje Astral se realiza en estado inconsciente, mientras que, en el segundo caso, se ejecuta con plena conciencia del acto.
Mis pensamientos fueron bruscamente interrumpidos por un golpeteo en la puerta. Era la portera del edificio quien, alarmada por mi tardanza, venía a averiguar qué estaba ocurriendo.
Acomodé la carpeta en su lugar, apagué la maquinaria y la computadora y me marché, envuelto en extrañas sensaciones.

Sarym
Rango15 Nivel 72
hace 9 meses

Querido me tienes intrigada, espero por la siguiente caja, saludos estimado @Prometeo.

akamatsutusut
Rango7 Nivel 33
hace 9 meses

@Prometeo :D te has esforzado mucho en la documentación. Se nota que es te tema te apasiona mucho.


#5

2

Al día siguiente, luego de pasar una larga y tortuosa noche de insomnio, decidí no concurrir al consultorio. Mis pacientes de la jornada tendrían, seguramente, debido a mi ausencia, un buen objetivo donde canalizar sus conflictos. Aquella mañana no tenía deseos de rozarme con histéricos, estresados, maniáticos, cleptómanos, esquizofrénicos, paranoicos, fóbicos o individuos con personalidades múltiples. Tenía algo más interesante que hacer.
Un manojo de billetes bastó para que la portera del edificio se olvidara, por el resto del día, de mi encierro en el departamento de mi genial amigo y para que no inmiscuyera sus narices en mis asuntos.
Lo primero que hice al sentarme frente a la máquina fue intentar proyectar las imágenes que grabara el día anterior. Disminuí la velocidad de la grabación y entonces, para mi asombro, las imágenes comenzaron a visualizarse, como si estuviera proyectando una película. Por un instante quedé totalmente atónito. Lo que mis ojos captaban era tan insólito y espectacular que no atinaba a salir de mi asombro. ¿Cómo explicar con palabras lo que estaba observando? Las imágenes superaban cualquier efecto cinematográfico, cualquier ficción literaria, cualquier maravilla de este mundo. Describir un mundo nuevo, absolutamente diferente al que estamos habituados a percibir, me parece una empresa por demás ímproba.
Para empezar, los objetos que se visualizaban semejaban dibujos esquemáticos. Una pared, por ejemplo, podía verse de una sola mirada y al mismo tiempo por todos sus perfiles, e incluso por dentro, notándose los límites entre ladrillo y ladrillo, apreciándose hasta la más imperceptible grieta o desnivel. Por otro lado, el muro no era un objeto muerto, sino que de él emanaba una forma de vida. Se percibía cada uno de los átomos que lo conformaban. Variados objetos ocupaban un mismo lugar en el espacio, pudiéndose penetrar su estructura como se atraviesa un haz de luz. Había infinidad de seres, también transparentes, traslúcidos, etéreos, casi inmateriales, que se movilizaban sin caminar, a veces volando o tele transportándose. En una milésima de segundo dejaban de estar, desaparecían, se volatilizaban. Todos los seres y cosas estaban envueltos en luces polícromas, como si estuviesen incendiadas o iluminadas por una luz que emanaba de sí mismo. Además, poseían facultades proteicas que les permitían mimetizarse o cambiar su apariencia.
Otra vez retornaron a mi mente ciertas teorías esotéricas. Los ocultistas afirman que el Cuerpo Físico está rodeado por una luz azulada que sigue los contornos anatómicos y al que denominan Cuerpo Astral, el cual se halla encerrado en una especie de huevo teñido de infinitos colores y tonalidades que se trasmutan incesantemente. Es lo que llaman Aura. En este campo de energía se reflejan los sentimientos, los pensamientos, las sensaciones, el estado anímico, la personalidad, el estado de salud y hasta, inclusive, el pasado y el porvenir.
Con respecto a los “habitantes” de ese mundo prodigioso, el ocultismo clasifica varios grupos, a saber: los humanos que abandonan temporalmente su morada física durante el trance onírico o a través de procesos iniciáticos. Las personas que han fallecido y deambulan por regiones lejanas a la vida terrenal. Los Devas, seres superiores, moralmente elevados, que ayudan y sirven de guías a los menos aptos en la aventura astral. También se encuentran esos seres inferiores que las diversas mitologías han dado variados nombres, como Duendes, Hadas, Gnomos, etcétera, y que son entes traviesos y alegres, propensos a gastar chanzas a los humanos. Cabe mencionar además, por su enorme importancia, a un tipo muy especial de entes astrales que se conoce como Elementales. Los estudiosos de la materia señalan que estas extraordinarias criaturas son creaciones inconscientes de la mente de los demás habitantes de ese fabuloso mundo. Son el resultado de pensamientos, emociones, dudas, temores, divagaciones.
Me dije que estas teorías concordaban, de algún modo, con las imágenes que observaba en la pantalla, pero que también guardaban una notoria correspondencia con mis propias investigaciones científicas y con mucho de lo asegurado por prestigiosos psicólogos como Freud, Jagot, Jung y otros.

Carlos_59
Rango14 Nivel 65
hace 9 meses

Interesante historia que refleja la complejidad de la mente humana. Se materializan a través de ese invento: " el registrador de sueños" visiones que pululan por la mente cuando se entra en un estado onírico.

Sigo expectante, amigo @Prometeo

JorgeII
Rango11 Nivel 53
hace 9 meses

Hay un cuento de Lovecraft que se me antoja muy similar. Lo voy a buscar y te paso el nombre así lo tenés como referencia

akamatsutusut
Rango7 Nivel 33
hace 9 meses

@Prometeo Se supone que la grabación está en la computadora no? y el video lo ve desde allí. Que sepa yo, un video es solo una serie de imagénes con determinada velocidad y sonido, pero la descripción que das de la pared no encaja con este formato o lo de "poder ver los átomos". Qué se yo. Quizás lo entendí. Aunque sé que también es una escusa para proceder a hacer el discurso esotérico que sigue.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace 9 meses

Sin dudas que las imágenes eran sorprendentes y mi imaginación me permite pensar que el software brindaba la posibilidad de observar ese mundo fabuloso con detalles físicos muy distintos de la realidad vigilica @Gon_Mirdon


#6

Dediqué varias horas al análisis minucioso de parte de aquel material psico-fílmico. En él me vi atravesando paisajes exóticos, viviendo aventuras absurdas, trágicas, cómicas, intrascendentes, místicas o lúgubres, reencontrándome con seres que hacía añares no veía, o que habían muerto, o incluso con personas que apenas viera una sola vez en la vida, en mi lejana infancia, de un modo fugaz, por un instante y en un lugar extraño.
La teoría del inconsciente que nada deja escapar, se veía confirmada por aquel documento inapelable y extraordinario. Evidentemente el inconsciente es un infinito depósito donde se almacena absolutamente todo, de un modo permanente: un acontecimiento importante, un hecho fútil, un racionamiento necio, un planteo filosófico, un amor pasajero o un sentimiento de odio no superado. Todo convive en lo inconsciente por la eternidad: lo que fuimos, lo que somos, lo que seremos, lo que jamás llegaremos a ser.
Era fantástico verme involucrado en aventuras tan disimiles y apasionantes. Volé sobre mares transparentes; caminé entre el fuego; atravesé muros y montañas, batallé con gigantes y feroces leones; hablé con las estatuas y con los cisnes; fui rey, malabarista, profesor, presidiario y alquimista; estuve en el antiguo Egipto, en el Tibet, en la creación del mundo, en el siglo XXVI, en mi consultorio o navegando en un enorme buque… en un charquito de la calle.
Mientras observaba maravillado esta cascada interminable de imágenes, intenté (con total inocencia, lo confieso), sacar alguna conclusión, investigar los hechos por separado, darle significado y explicación a cada imagen. Pero todo esfuerzo resultó inútil. Pese a mi denodado empeño, no logré comprender absolutamente nada de aquel mundo fascinante que desfilaba ante mis ojos. Todo era muy confuso y un hecho se unía a otro de un modo incoherente, ilógico.
Sin embargo, pronto hallé justificación a mi torpeza interpretativa en las anotaciones de Marcos. En ellas, mi amigo brindaba un poco de luz a tanta oscuridad, en algunos de sus párrafos. “Es evidente –decía Marcos- que los principios y leyes que rigen el mundo de los sueños son muy diferentes a los del mundo vigílico. Lo que es lógico en nuestro mundo, puede no serlo en absoluto en el onírico. Por lo tanto, soy consciente de que recién comprenderé este extraño universo cuando me adecue a sus normas y a su lógica. Los principios vigílicos no me sirven para juzgar los actos oníricos”.
Esta oportuna consideración de Marcos me hizo pensar que el problema era como intentar leer un libro escrito en un idioma desconocido. Era necesario, ante todo, aprender el lenguaje para descifrar el mensaje oculto.
Durante horas, analicé el material grabado, con obsesivo detenimiento. Un pasaje me impresionó de un modo particular. En el mismo, Marcos estaba naufragando en una endeble balsa por un océano tempestuoso. En medio de la noche, surgió de aquellas aguas oscuras, un monstruo apocalíptico de tres ojos, pavorosos tentáculos y unas fauces temibles y viscosas que intentaban engullirse a mi amigo. Entonces tomé una lanza dorada y se la arrojé a la bestia. El arma le atravesó la garganta y de su vórtice brotó un líquido verdoso que tiñó las aguas. Cuando fui en busca de Marcos, ya no estaba allí. En su lugar había un perro furioso y babeante que parecía hidrofóbico y que se abalanzó sobre mí, queriendo desgarrarme una pierna con sus filosos dientes, luego de lo cual se arrojó al océano para no retornar, tragado por las pantanosas aguas del océano.
Este sueño me impresionó sobremanera. ¿Qué oscuro significado podía tener? Aunque no entendía su significación, la visión onírica me dejó un sabor amargo y una sensación de incertidumbre y temor inexplicables.


#7

Las horas habían volado con rapidez asombrosa. Era mediodía. Salí a comer, intentando despejar mi mente, abarrotada de ingentes dudas e interrogantes.
Antes de una hora, me encontraba nuevamente ante la computadora y la inquietante y genial maquinaria de los sueños.
Continué la lectura de los apuntes de Marcos. Un párrafo decía: “Estoy empezando a entender ciertas pautas que caracterizan el mundo onírico. En este plano, el tiempo parece increíblemente flexible. Muchos sucesos acontecen en el mismo instante. La atención parece poder bifurcarse en múltiples direcciones. Un sitio puede ser muchos sitios. Un punto del espacio puede ser, al mismo tiempo, un bulevar parisino, una feria marroquí o la costa mediterránea. Un punto del tiempo puede sorprendernos en la civilización inca, en la Conquista del Desierto o en el despegue de una nave espacial. El universo se encuentra en cualquier punto. Todos los tiempos pasados y venideros se centran en un solo segundo.”
Estas aseveraciones de Marcos más que sorprenderme, me cautivaron, me dejaron embelesado. Los enunciados psicoanalíticos aseguran que el Inconsciente contiene no sólo el pasado del hombre, sino el de la humanidad, el del universo. También el porvenir está, de alguna manera, registrado en la Inconsciencia. Todos los hechos que ocurrirán se hallan “acomodados” en un rincón de ese infinito desván de la mente, al igual que todos los seres que han de ser. Debido a esto, una roca no es diferente de un hombre y todos los hombres son uno solo y todos los lugares están aquí y el tiempo ni siquiera ha transcurrido, porque lo eterno no puede ser medido.
Mis cavilaciones terminaron por agotarme. Me sentía cansado y aturdido. Me recosté un instante, buscando relax y algo de claridad en mi mente. Pero al cabo de unos minutos, me incorporé, mientras una idea cruzaba como un rayo por mi mente. Exclamé el famoso “Eureka” de Arquímedes de Siracusa y me senté frente a la pantalla de la computadora, tomando con ansiedad el “mousse”. Accedí a la base de datos de la PC y busqué los archivos que grabara Marcos durante su experimento. Me encontré con infinidad de grabaciones fechadas desde hacía varios meses y clasificadas en carpetas por orden de importancia. Deduje a su vez, que en sus notas debería haber pasajes en donde describiera y analizara sus sueños. No me equivoqué. Alrededor de veinte páginas de su extenso informe estaban dedicadas al comentario crítico y analítico del contenido de su material. Estas páginas comenzaron siendo un documento de real interés científico, pero poco a poco se fueron convirtiendo en especulaciones ambiguas y enigmáticas, y acabaron siendo verdaderos relatos de terror. ¡Las páginas más siniestras que jamás haya leído!

#8

3

Marcos en sus apuntes realizó dos tipos de estudios diferentes sobre el material de las grabaciones de sus sueños. El primero, contenía una descripción topográfica del medio ambiente onírico, del que ya hablé suficiente. El segundo, de mayor interés, profundizaba en aspectos analíticos y mostraba sus descubrimientos más trascendentes.
La segunda parte de sus estudios principiaba diciendo: “Ya familiarizado con el modus operandi de este apasionante mundo, y facultado para reconocer la peculiar idiosincrasia de los seres o entes que lo habitan, emprenderé un nuevo análisis tendiente a desentrañar el sentido, las causas y el valor de ese raid psíquico que denominamos sueño. Intento, como Freud, interpretar las aventuras oníricas y demostrar que soñar no es un proceso físico inútil, como diría Binz, o una fantasía incoherente, como pretendieran Scherner o Volket, sino una experiencia cargada de simbologías y de arcanos, provocada por estímulos internos y externos. A diferencia del primer informe (que pretendió brindar una ubicación temporal y espacial de ese universo quimérico) me ocuparé ahora de la descripción de los hechos, ahondando en los detalles que me permitan establecer una aproximación a la verdad concreta. La tarea no es nada sencilla, porque resulta complejo separar un sueño de otro, poder aislarlo y analizarlo exhaustivamente, ya que las imágenes se suceden sin solución de continuidad y muchas veces son poco claras. Por otra parte, los hechos parecen ocurrir a un mismo tiempo y resulta difícil comprender lo que está ocurriendo.”
“Comenzaré analizando –continuó diciendo Marcos-, hasta donde me sea posible, un sueño típico (como llama Freud a los sueños que la mayoría de las personas experimentan habitualmente). Caminaba por la calle en un día soleado. El lugar estaba atiborrado de gente, que vestía con trajes o vestimentas elegantes. Lo llamativo de la situación era que yo estaba desnudo, causándome este hecho un gran pudor. Por lo tanto intentaba esconderme, cubrirme y evitar que los demás pudieran verme. Sin embargo, nadie se ocupaba de mí. Nadie me prestaba la menor atención, como si mi embarazosa situación les pasara inadvertida. Freud dice que este tipo de sueños se debe a un deseo reprimido de retornar a la infancia, cuando podíamos andar desnudos libremente, sin vergüenza propia ni prejuicios de parte de los demás. También explica que es una forma típica de exhibicionismo, el primer estímulo sexual de cualquier persona. Y agrega Freud que aquellos espectadores impertérritos representan a nuestros mayores de la niñez, que ignoraban nuestro desenfado infantil. Yo, particularmente, entiendo que el sueño en cuestión implica la canalización de un deseo profundo de llamar la atención y que el desinterés manifiesto en los impávidos transeúntes se debe a que están ausentes de aquel acontecimiento, viviendo su propia fantasía, rodeados de su propio mundo y de los personajes de su universo onírico. Creo que no es necesario recurrir a un recuerdo pueril para encontrar una explicación al sueño. Bastaría ver la “desnudez” como un símbolo de libertad o de pureza, y así comprender que la simbología representa un anhelo y no necesariamente una nostalgiosa remembranza de tiempos lejanos”.
A pesar de lo original e interesante que me resultó la interpretación de Marcos, sigo estando de acuerdo con Freud. Mi amigo olvida que si intenta realizar un análisis psicológico debe seguir ciertos métodos de la psicología que pareció ignorar o desconocer al momento de su razonamiento. Siguiendo esta línea de pensamiento, no puede hablar de seres que se hallan a su alrededor viviendo una fantasía propia, puesto que esos seres son creaciones de su mente. Tampoco puede aceptar su desnudez como un símbolo estético por simple intuición, rechazando la teoría freudiana que se basa en una minuciosa investigación y en un método científico, cimentado en un estudio de casos.
Por estos motivos tomaré su interpretación como de índole filosófica, pudiendo darle, de ese modo, una mayor significación.

Carlos_59
Rango14 Nivel 65
hace 9 meses

Es asombrosa la clarividencia y certeza con la que afrontas el tema de la mente humana. Si no lo has estudiado, te has documentado bien @Prometeo Sueño, fantasía y realidad se fusionan en una historia magnifica.

Saludos, amigo...

akamatsutusut
Rango7 Nivel 33
hace 9 meses

@Prometeo Te has documentado bien, pero has hecho que la documentación opaque la historia. Es más, a este punto ni me acuerdo el propósiro de por qué está el personaje en este punto. La documentación es buena, pero debe usarse moderadamente.

SergioMaestri
Rango13 Nivel 61
hace 9 meses

No te impacientes amigo @Gon_Mirdon. Ya todo volverá a su cauce y entenderás el sentido de la documentación. Ya viene la parte final. Espero la sigas y te guste


#9

Marcos describe del siguiente modo otra experiencia onírica propia que se reitera en sus sueños: “Un sueño que experimento a menudo consiste en que conozco a una mujer. Charlamos, intimamos y me enamoro de ella. Pero cuando llega el momento del coito, siempre ocurre un imprevisto que lo impide. A veces, terminamos peleándonos; en ocasiones, no encontramos un lugar apropiado donde hacer el amor y, si lo hallamos, me veo impedido de concretarlo. No puedo consumar el acto sexual o, si consigo consumarlo, no logro satisfacer a mi amante, quien, desilusionada, me abandona entre burlas despiadadas, dejándome sumido en una total desesperación”
Hasta aquí la transcripción textual del sueño. De ahí en más mi buen amigo se aboca a su interpretación. Se trata de un largo y engorroso análisis pseudo psicoanalítico, que prefiero omitir. Sólo deseo extraer de ese oscuro razonamiento un párrafo que descubre un terrible trasfondo. Marcos confiesa: “Es doloroso comprobar que estos sueños desnudan mi ineptitud para relacionarme con las mujeres, como así también mi impotencia sexual. Es triste tener que admitir los tremendos traumas que me han producido esta disfunción erectil.”
Destaco este pasaje que de algún modo resume su pensamiento y su sentir, sobretodo porque significó para mí una revelación sorprendente. Nunca había sospechado siquiera que Marcos pudiera tener algún conflicto de índole sexual. Es más, siempre lo consideré una persona totalmente normal en ese sentido. Ahora comprendo que sus recurrentes relatos sobre aventuras amorosas eran meras ficciones. Simples manifestaciones de deseo o de frustración.
Esta penosa realidad de su vida justifica, en alguna medida, la casi absoluta falta de objetividad que campea en el extenso análisis a que hago alusión. El mismo comenzó teniendo un carácter científico, pero se fue diluyendo paulatinamente en abstracciones fantasiosas. Todo cambió a partir del momento en que aparecieron en la escena de su raciocinio sus preocupaciones personales, sus fobias y sus marcadas obsesiones. Entonces, su escrito adquiere un tono neurótico, autoacusador, por demás oscuro y enredado, que pone de relieve un proceso intrínseco que lo desgasta y conmociona.
Otro sueño, de acuerdo a lo expresado en sus apuntes, preocupó particularmente a Marcos, sobretodo por sus connotaciones dramáticas, tan ligadas, como es natural, a sus particulares vivencias anímicas. Lo describe de la siguiente manera: “Una y otra vez se repite este maldito sueño. Cada noche se repite con insistencia. Soy un niño, casi sumergido en la pubertad. Estoy vestido con un trajecito negro y luzco una palidez y una seriedad sacramental. Mi madre, ataviada con un vestido muy sensual y provocativo, llora a mi lado, al borde del ataúd donde yace mi padre, con su rostro adusto y cadavérico. Mi madre apoya su cabellera sobre el pecho de su esposo y gime desconsoladamente, mientras el vestido le marca la figura. Algunos deudos se aproximan para darnos el pésame. El ámbito está plagado de gente y de coronas. Un aroma desagradable entremezcla el perfume de las flores marchitas con el inconfundible hedor a muerte. Entonces, el difunto abre sus ojos de par en par y me clava su mirada tiránica y dura. Casi siempre el sueño concluye ahí, pero, en ocasiones, se une con otra situación onírica no menos angustiante. Mi madre está en su cuarto. Se desviste lentamente, en tanto yo la observo por el ojo de la cerradura. Cuando está completamente desnuda, se tiende sobre la cama, tantea su cuerpo febril con sus manos voluptuosas, en tanto yo la admiro desde el otro lado de la puerta, sintiendo que una sed abrasadora tortura mis sentidos. Me invade el deseo de acostarme a su lado, de tocarla. Pero nunca ocurre nada. Después, inevitablemente, algún hombre la posee. En ocasiones, es mi padre; otras veces, un desconocido. Mi madre gime de placer y se revuelve en el lecho. Cuando está por llegar al éxtasis, gira su rostro sonriente y tropieza con mi mirada. ¡Tengo entonces la horrible impresión de que ha estado todo el tiempo mirándome a través del ojo de la cerradura!”

#10

Tampoco en esta ocasión, Marcos se guía por un criterio psicoanalítico para desmenuzar sus vivencias oníricas. Una vez más, sus conflictos personales lo privan de la necesaria objetividad de análisis. Por eso tal vez se aferra a un marcado sentimiento de culpa y a una autocrítica destructiva y ambigua, que cercena su capacidad de discernir.
Por esta razón, me parece más oportuno emplear mi propio criterio deductivo para intentar desentrañar la espinosa cuestión.
En principio, mi amigo deja reflejar en este sueño su no superado complejo edípico, el cual es normal (según ha demostrado Freud) hasta el despertar sexual, pero que si se prolonga más allá de esa transformación fisiológica, puede ocasionar serios trastornos. Ahora bien, el hecho de que Marcos no puede materializar aquel deseo edípico pone de manifiesto su impotencia, es decir, su temor a confrontar sexualmente con una mujer. Por otra parte, la obsesión de mirar a través del ojo de la cerradura, debe ser consecuencia de algún recuerdo infantil posiblemente olvidado. Es común en los niños el querer descubrir la intimidad de los mayores. Es probable que haya visto alguna vez a su madre vistiéndose o en paños menores. En cuanto a su manía por ver a su madre enredada en escenas eróticas, habría que atribuirlo, casi con seguridad, a ese instinto voyeur que todos llevamos potencialmente dentro, unido a una de las características distintivas del complejo edípico: el deseo de reemplazar la imagen paterna por la imagen propia. Es evidente que Marcos sentía un gran desprecio por su padre (probablemente un hombre autoritario y severo) y que debió alimentar secretamente un inconfeso deseo de verlo morir, a fin de ocupar su lugar en el corazón de su madre. Es fácil deducir entonces que el intempestivo deceso de aquél dejara en Marcos las previsibles huellas psicológicas. Está claro que se consideró responsable moral de su muerte. Esta responsabilidad se evidencia en dos hechos: la mirada recusadora de su padre en su “reencarnación onírica” y el tono en el que mi amigo realiza su examen psicológico en su carpeta de apuntes.
Puedo decir, conociendo a Marcos como lo conozco, que la descarnada revelación de sus sueños, debieron trastornarlo indudablemente. Siempre fue un hombre de una moral rígida, casi enfermiza. Siempre aspiró a ser un místico, una persona espiritual. Siempre se conceptuó a sí mismo como un ser elevado. De modo que el descubrimiento de aquellas facetas oscuras de su psiquis, debió conducirlo a padecer un gran caos moral y espiritual. Ese desorden mayúsculo adquiere una patética notoriedad en cierto pasaje de sus apuntes.
“Los sueños se tornan cada vez más extraños y mortificantes –señala en sus notas-. Una cohorte de seres conocidos desfila por ellos. Además de mi madre y mi padre, aparecen mis abuelos en forma de espectros, deshilachados y polvorientos, como si hubiesen emergido de sus tumbas. También aparece mi maestra de cuarto grado, martirizándome, como solía hacerlo, enviándome al rincón o conduciéndome ante el director, quien, para castigarme, me golpeaba salvajemente en los nudillos con su larga y sólida regla de madera. Por momentos, aparece mi jefe de oficina, trayéndome una montaña de planillas que nunca consigo terminar de chequear. O incluso, aparece Jésica, incitándome con su cuerpo desnudo para acabar entregándose a otro.”
Aquí ya no hay análisis de ningún tipo por parte de Marcos. Sólo la urgente necesidad de desahogarse. Más adelante confirma este aserto cuando escribe:
“Ayer me propuse no seguir con el análisis de este material, pero ahora sé que me será imposible. Ya no puedo alejarme de esta máquina infernal. Antes, esto representaba un cautivante pasatiempo. Ahora, es el eje de mi vida. Mi obsesión. Hace tres meses que no salgo a la calle, que no voy al trabajo, que apenas me alimento o higienizo. Es espantoso, pero no puedo abandonar este escritorio, esta habitación, este mundo atrapante”.
La última reflexión de mi amigo me permitió concientizar que también yo me hallaba magnetizado por esa portentosa máquina y por sus minuciosos apuntes. Esta circunstancia había absorbido mi atención y le estaba dedicando numerosas horas de mi tiempo, descuidando incluso mi profesión. Me dije, sin embargo, que podía trasponer esa puerta cuando me lo propusiera y no volver jamás. ¿Pero por cuánto tiempo perduraría esta certeza?

#11

Casi sin darme cuenta estaba agotando el texto de la voluminosa carpeta. Me restaban apenas unas pocas páginas por leer. Pero esas escasas páginas contenían un material alucinante. Debo aclarar que no comprobé las aseveraciones que mi amigo realiza a continuación, puesto que el temor me impidió escrutar los archivos grabados por Marcos a los que hace referencia. Por lo tanto, me remito exclusivamente a sus propias palabras y, a partir de ellas, haré algunas consideraciones necesarias.
En estas últimas páginas Marcos habla de tres hallazgos sorprendentes que descubrió, de los que deseo ocuparme, valiéndome de algunas citas textuales, para pintar, hasta donde sea posible, ese clima terrible que se creó en torno suyo, como paso previo a su insania mental.
Marcos refiere, en lo que llamaremos su primer hallazgo, lo siguiente: “Hace dos días que no pego un ojo. ¡No quiero dormir! ¡Por Dios, no quiero dormir más! ¡Ellos me acosan! ¡Me quieren destruir! Son creaciones de mi mente y no quieren morir. Son entes que brotan de mi pensamiento y se materializan con formas absurdas, grotescas o espantosas. En cuanto dura mi interés por ellos, sobreviven; pero cuando el foco de mi atención se desvía en otras direcciones, agonizan y gimen, lloran como niños y hacen cualquier cosa para que los siga alimentando con mi mente. Por momentos me rodean, me acechan, me persiguen, me ruegan. Saben que dependen de mí, que sólo yo les puedo dar vida. ¡Es espantoso! ¡Parecen tener voluntad propia! Pero eso es ficticio, aunque a veces me engañan con astucia y pueden perdurar por más tiempo. Constantemente nacen y mueren a mi alrededor. Antes no los había visto. Ahora comprendo que cada vez que veo las grabaciones encuentro una nueva interpretación, un nuevo motivo de asombro, un matiz o un detalle que antes no había visto o no había comprendido. Este material es de infinitas posibilidades, como son infinitos los acontecimientos que en él ocurren.”
Mi amigo hacía mención aquí, sin dudas, a los Elementales, esas fantasmales creaciones de la mente. Pero, tal vez, dejándose llevar por su pánico, su sorpresa o su incipiente demencia, incurre en un evidente error. Olvida que los Elementales sólo pueden acosarlo durante el trance onírico, sin producirle ningún perjuicio y sin tener conciencia de ese acoso. Su desesperación es consecuencia del hecho de poder observar “desde afuera” la situación que, teñida por sus sentimientos, adquiere un tono trágico y espeluznante.
El segundo hallazgo, contiene una revelación que colmó mi capacidad de asombro. Se refiere al mismo, sumido en un evidente estado de catarsis, en estos términos: “Por fin descubrí la verdad! ¡La verdad que busqué toda mi vida! ¡La verdad que ningún hombre conoce! ¡El mundo de los sueños es el verdadero mundo! ¡El único mundo que existe! Lo demás, es ficción. El estado de vigilia es apenas una fugaz ilusión. Un alto, un descanso que nos aparta brevemente de esa Gran Realidad que vivimos en el mundo de los sueños. Este mundo nos brinda todas las posibilidades en un solo punto del tiempo y del espacio. Todas las épocas y todos los lugares están aquí y ahora. Todos los seres son Uno y son el Todo y la Nada. El universo se encuentra en la cabeza de un alfiler o en la antena de una hormiga. Dios está en todas las cosas y todas las cosas están en Dios. No somos cosas diferentes. Somos una Unidad. Por momentos fui ave, una hoja, una daga, Shakespeare y una cascada de agua. ¡El mundo no ha comenzado y, sin embargo, ya acabó! Ahora comprendo que soy el único ser que existe y que todo es creación de mi mente!”
Quedé azorado ante las palabras de mi amigo. No intentaré en absoluto analizar esos postulados filosóficos que Marcos desperdiga en las estrofas anteriormente transcriptas. Sólo se me ocurre pensar lo siguiente: ¿Qué era Marcos a la hora de hacer esas revelaciones? ¿Un loco de atar que deliraba? ¿O acaso un verdadero iluminado que había descubierto la Verdad?
Con respecto al tercer hallazgo, prefiero no abrir juicio alguno.
“Todo está allí, en la máquina –escribe Marcos-. Todo se puede descifrar. Ahora me resulta sencillo saber lo que va a suceder. El porvenir no tiene secretos para mí. Las noticias que escuché esta mañana en la radio, ya las conocía desde hace varios días. Hace un momento me anunciaron por teléfono la muerte de un pariente lejano que visualicé anteayer en mi material psico-fílmico. Ayer pude ver la destrucción del mundo, causada por una guerra bacteriológica que no dejará nada en pie. Constantemente se suceden estas visiones de hechos venideros, pero me sorprenden que nunca tengan relación con mi futuro. Es curioso. Veo qué le sucederá a los demás. Nunca veo lo que a mi porvenir atañe. Después de todo ¡es mejor así! ¡Sólo Dios sabe qué sería de mí si pudiese entrever, siquiera, lo que el destino me depara!”
Esta fue la última frase que escribió mi amigo en su carpeta de anotaciones. Cerré el voluminoso manuscrito y me quedé cavilando, sumergido en un océano de interrogantes y confusas emociones.
Me lavé la cara para despabilarme, me coloqué el saco y abandoné el cuarto.

#12

4

Al día siguiente acudí a mi cita cotidiana con mis pacientes, a quienes había abandonado en la jornada anterior. Durante la mañana estuve en mi consultorio. A mediodía salí a comer y aproveché algunas horas libres para visitar a Marcos en el Centro Psiquiátrico.
Al llegar, nuevamente tropecé en la clínica con una negativa pertinaz. Me dijeron que no era conveniente molestar al paciente, ya que su estado presentaba síntomas de extrema peligrosidad. Insistí, mostrando mi credencial médica y haciendo notar mi interés profesional en el caso. Por fin, se me permitió estar con él unos instantes, no sin advertirme que tomara algunas precauciones.
Me condujeron hasta el cuarto piso y luego a través de un interminable pasillo que desembocaba en una hilera de puertas. Me introduje en la habitación con sigilo. El cuarto era cálido y pequeño, pintado de blanco. Había una luz tenue e imperaba un perfecto orden, con un estilo minimalista, despojado. Descubrí a Marcos en un rincón, sentado en una silla, con la vista clavada en la pared. Me sobrecogió ese cuadro de desolación infinita que había en el aspecto de mi pobre amigo. Me acerqué a él lentamente y lo saludé. No me respondió, como si no me hubiese escuchado. Ni siquiera parecía verme. Intenté en reiteradas ocasiones entablar alguna conversación con él. Pero todo intento parecía estéril. No conseguía llamar su atención. Le tomé por fin una mano y le hablé casi en secreto, rebuscando en mi mente temas familiares que fueran capaces de despertarlo de ese espantoso estado que lo mantenía ausente. Pero seguía sin prestarme atención, como si fuera insensible a mis palabras, al roce de mi mano. Insensible a todo estímulo de este mundo.
- ¿Sabés una cosa, viejo? –se me ocurrió decirle, de pronto-. ¡Ví la máquina!
Giró su rostro hacia mí, mostrando, por primera vez, señales de conciencia.
- ¡Sí, Marcos! ¡Ví tu prodigiosa invención e incluso leí tus anotaciones! –agregué, esperanzado ante su reacción.
Marcos me miraba ahora con asombro, como si no pudiera reconocerme o entender lo que le decía. Pero era notorio que algo captaba la nebulosa de su mente.
- Pude ver las imágenes de tus grabaciones y descubrí tus sensacionales experimentos –insistí, con una sonrisa ilusionada.
Entonces, todo su cuerpo se convulsionó, sus ojos adquirieron una extraña expresión y, antes de que pudiera intentar nada para impedirlo, se abalanzó sobre mí hecho una furia y me aferró del cuello con sus dos manos, mientras gritaba, fuera de sí:
- ¡Tienes que destruir esa máquina! ¡Es preciso destruirla!
Rodamos por el suelo. Yo hacía desesperados esfuerzos por desprender de mi garganta esos garfios de acero. Yo sé que la fuerza descomunal que desarrolla un demente puede dar cuenta en un santiamén de una víctima desprevenida y por eso me lamenté de no haber sido más precavido. Por suerte, dos robustos enfermeros habían permanecido alertas detrás de la puerta y acudieron prestamente en mi auxilio con un chaleco de fuerza.
Al salir de la habitación me pareció notar en la mirada de mi infortunado amigo un brillo revelador. Fue muy fugaz. Como si la lucidez hubiese relampagueado un instante en su mente y me dirigiera, con los ojos, una disculpa desesperada, que pronto se diluyó.
Me alejé muy apesadumbrado. Aquel episodio me sumergió en la angustia de la impotencia y tardé varias horas en recomponer mi maltrecho ánimo.
Cuando un café negro terminó por devolverme la calma, volví por última vez al departamento de Marcos. Borré de su computadora todos los archivos relacionados con la captura de los sueños, como así también el software diseñado por mi genial amigo. Luego convencí a la portera de que me permitiera llevar la máquina registradora de sueños. En el fondo de mi casa encendí una fogata y en pocos minutos el artefacto ardió hasta quedar sólo cenizas. También la carpeta de anotaciones corrió la misma suerte.
Muchas veces traté de encontrar una explicación satisfactoria a todo este asunto. Con el tiempo arribé a esta conclusión: Marcos, después de enormes esfuerzos, pudo visualizar en sus grabaciones cuál sería su oscuro porvenir. En ella vio, con espanto, que su suerte lo llevaría a las regiones ignotas de la demencia. ¡Vaya uno a saber qué otras aterradoras visiones pudo descubrir! Estos descubrimientos fueron la gota que rebalsó el vaso. No pudo resistirlo. ¡El conocimiento del porvenir y de las Grandes Verdades está vedado a los hombres! ¡Aquel que pueda sondar esos misterios corre, irremediablemente, el riesgo de perder el juicio!

#13

EPÍLOGO

Esa noche, mientras cenaba, sentí que una gota de sudor frío me corría por el rostro, que mi pulso se aceleraba y que los cubiertos se habían paralizado en mis manos.
De pronto, como un rayo, me vino a la mente aquel curioso sueño en el que Marcos se transformaba en un perro furioso que me agredía, arrojándose luego al mar. Me asaltó un presentimiento escalofriante. Me levanté precipitadamente del asiento, salí corriendo y conduje con rapidez hasta la clínica. Momentos después llegaba al edificio de paredes blancas. En la acera se apiñaba un nutrido grupo de curiosos que observaba en silencio la penosa labor de la policía.
Me abrí paso entre la multitud y allí lo ví, tendido en el suelo, salpicado de sangre y con los ojos espantosamente abiertos.
¡En un descuido de los enfermeros, Marcos Di Fiore se había arrojado desde un ventanal del cuarto piso, atravesando los vidrios, y se había estrellado contra la fría solidez de la calle, que lo esperó con la paciencia de la muerte!

FIN

Sarym
Rango15 Nivel 72
hace 9 meses

Espectacular relato estimado @Prometeo lo has tejido con un hilo maravilloso, no puedo hacer más que ovacionarte de pie ante tan completa narrativa.

JorgeII
Rango11 Nivel 53
hace 9 meses

Muy bueno, no esperaba menos de mi alterego :)