Mcmary_22
Rango7 Nivel 34 (2244 ptos) | Autor novel
#1

Nunca había visto la devastación que ellos causaban. Siempre asumí que eran solo mitos y qué errado me encontraba. Aquella pestilencia que inundaba mi nariz estremecía hasta el último folículo de mi piel. Las arcadas no se hicieron esperar pero me aguanté. Debía huir.
Ellos eran seres despiadados y sanguinarios, se burlaban de la miseria humana.
Mi abuelo dio la vida por estos terrenos, ahora están secos e infértiles. El trabajo de mi padre estaba perdido y con ello llegó su muerte. Cada animal había muerto y todo gracias a la epizootia.
Ellos están cerca y debo ocultarme para tomar venganza. Son cazadores por naturaleza y ellos me quieren, aún no sé para qué. Mi madre suplicó que me escondiera bajo tierra, que allí alguien me rescataría. Su mirada partió mi corazón pero su muerte rompió mi alma.
Mi destino es incierto y por ahora soy el renegado.
¿Vivir o morir?
Sea cual sea mi final, yo ya elegí.

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17

49
Otniel_Garcia
Rango7 Nivel 33
hace más de 4 años

Woou... Muy intenso tu relato. Firme y muy buena narrativa.

Tienes mi voto.
Si quieres puedes leer mis relatos...
El Cuidador siniestro.

El llamado.

Saludos y mucha suerte!!

JmAcosta
Rango8 Nivel 38
hace más de 4 años

OH POR DIOS, Me encantó. Ya quiero leer la segunda parte.
Si gustas, pásate por mis relatos "Encerrado" y "Cartas bajo tierra" <3

Mcmary_22
Rango7 Nivel 34
hace más de 4 años

¡Muchas gracias! Yo quiero continuar la historia.

MaarLopez
Rango9 Nivel 42
hace más de 4 años

¡Muy bueno! =) Espero que siga asi. Te dejo mi votito :3
Te invito a mi historia Entre el bien y el mal.
Saludos y mucha suerte >.<

Jinova
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Vaya,esto si va de otro nivel ¡espero continúes así!
Si te apetece pásate por mi historia "Diario de un busca ayuda" ¡Saludos!

Jinova
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Vaya,esto si va de otro nivel ¡espero continúes así!
Si te apetece pásate por mi historia "Diario de un busca ayuda" ¡Saludos!

Mcmary_22
Rango7 Nivel 34
hace más de 4 años

¡Muchas gracias! Se pueden pasar por mi otro relato. De seguro también les gustará.

Tritio
Rango9 Nivel 44
hace más de 4 años

Quizá podrías repetir con menos frecuencia "ellos," que es una constante en el texto. Además, a mi juicio, no queda nada bien el uso del cambio de orden en la segunda frase "que errado me encontraba."

yls9007
Rango9 Nivel 43
hace más de 4 años

Hola! te dejo mi voto esperando pases a las siguientes rondas ^^, espero contar con tu voto también! Mucha suerte! :) y a seguir echándole ganas!

Mentality
Rango6 Nivel 25
hace más de 4 años

Muy interesante, me ha dejado con ganas de saber qué son ellos. Espero leer una continuación. Suerte! :)

sinesand01
Rango10 Nivel 49
hace más de 4 años

Me gustó muchísimo, espero poder verte en la segunda ronda y leer lo que le sigue. Te dejo totalmente mi voto. Si quieres pásate por mi perfil y lee el que yo tengo para el concurso a ver si te gusta. Mucha suerte y éxito, un saludo. :*

faviodegradable
Rango7 Nivel 32
hace más de 4 años

me parece que deberias estar en la otra ronda! tienes mi like! pasa por mi historia la gran pausa a ver si merezco el tuyo! suerte!

FATIMA
Rango7 Nivel 34
hace más de 4 años

vaya letra.. estupendo escrito, cuenta con mi voto.. pásate por el mio y si te agrada votame... mucha suerte!!

DreamxAlchemist
Rango13 Nivel 64
hace más de 4 años

Fiuuu (silbido) Qué raro, es un relato muy bueno para estar tan bajo en el ranking. Has sabido vender tu historia, a pesar de que a simple vista pareciera trillada, al final me ha convencido. Te felicito por eso. Te deseo mucha suerte para que sigas en el concurso, te lo mereces. ¡Saludos! @Mcmary_22

Tritio
Rango9 Nivel 44
hace más de 4 años

Ostras... releyendo acabo de darme cuenta de que no has hecho un cambio de orden ¡sino que ese "qu(É)" debería ir tildado!

Para que veas lo que importa tildar, he vivido 5 días en la ignorancia xD

Lina
Rango6 Nivel 29
hace más de 4 años

Me gusta te doy mi voto y si deseáis pásate por los míos y te invito a leer...


#2

Tenía una opresión en el pecho que me torturaba, encontrar la entrada sería más difícil, más cuando todo a mi alrededor tenía el mismo aspecto. Ver estos suelos de esta manera, áridos y muertos, después de haber crecido rodeado de pasto, me lastimaba.
Los odiaba.
Papá nunca me dijo quiénes eran Ellos y mucho menos por qué creaban esas criaturas del demonio. En cambio, mamá me dijo que yo era la clave.
—Ariam —dijo con voz débil. Sabía que era el momento de huir—, debes esconderte. A un kilómetro de aquí hay una cueva, entra y quédate bajo tierra, hay quienes desean protegerte de Ellos.
—¿Por qué madre? ¿Qué hice para merecer esto? —pregunté con lágrimas en mis ojos.
—Siempre amé tus ojos —sacudí mi cabeza. Mis ojos eran negros como la noche, mi mirada era helada, pero aun así ella los amaba.
—Lo sé, pero aún no has respondido mi pregunta, ¿por qué nos hicieron esto? —elevé mi voz y ella soltó una lágrima. Su piel se veía grisácea, estaba muriendo. Su tez era blanca como la rosa más delicada del jardín, mi piel era oscura como el ébano. Ella siempre veía el lado bueno de las cosas, creía que todos merecíamos otra oportunidad, que el amor siempre debía estar por sobre todas las cosas; por mi parte, siempre le llevé la contraria, aunque así ella me amaba y me regalaba las mejores sonrisas.
—Tú eres la última pieza en su juego —sus ojos se abrieron y un grito silencioso salió de su boca. Sentí como otra parte de mi alma se alejó.
Había muerto.
Ahora me encontraba en este desierto, buscando aquel refugio que ella me prometió. Aquel que salvaría el resto de mi alma. Mi fe estaba puesta en mis pasos y cada pisada se me hacía más difícil.
Elevé mi vista al cielo y el sol me encandiló, fruncí el ceño y coloqué una mano frente a mis ojos y allí los vi, eran un sin números de criaturas agrupadas, una sobre otras. Esos animalejos parecían blatodeos, solo que eran más grandes y asquerosos. Estaban inmóviles y aproveché eso para dar media vuelta y correr en otra dirección. Escuché sus chillidos infernales haciendo palpitar mi cabeza.
Estaban cerca y mis piernas fallaban por la falta de alimento. Mi garganta estaba seca y mi cuerpo transpiraba. Iba a morir, estaba seguro. Aunque sabía mi destino, seguí batallando, pero estaba rodeado de mala suerte y tuve una mala pisada. Caí rodando cuesta abajo y me golpeé la cabeza con una roca. El dolor aumentó, sentía como si miles de caballos trotaran dentro de mí y mi aliento se hacía más pesado.
—Ahora no, por favor —supliqué en murmurando hacia la nada—. Todavía no, déjame llegar a la cueva —sollocé con una mano en mi pecho. Sin lástima y con fuerza me golpeé, quería reventar lo que fuese que estaba atando a mi respiración. Me arrastré para mantenerme cuerdo y el dolor por las raspaduras me recordaba que seguía vivo.
Sentí como mi estómago se revolvía y sin poder contenerlo más, la bilis salió sin permiso de mi moribundo cuerpo. Me sentía asqueado y sucio. Aquel vómito también contenía sangre y ya no sabía qué hacer.
—¿Qué debo hacer? —grité en susurro. Eso era lo poco que mi cuerpo permitía hacer: murmurar, sollozar, susurrar; mi voz era un pequeño hilo que pronto se vería roto con mi muerte o al menos eso era lo que sentía y en parte esperaba.
Seguí a rastra por un sendero desconocido hasta que lo vi, era mi lugar de salvación. Unos pocos metros más y me escondería hasta que vinieran por mí, al menos que la muerte me alcanzara primero y temía por primera vez fallarle a mi madre.
Puse toda mi fuerza de voluntad y me coloqué en pie, al primer paso caí y lastimé mis magulladas rodillas, decidí gatear y no hacerme más daño. La ansiedad seguía llenando mi cuerpo. Entre pequeñas aspiraciones lograba retener suficiente aire en mí, para respirar medianamente bien.
Escuché, otra vez, ese chillido que me provocaba dolor de cabeza y sentí como algo afilado entraba en mi piel. Un grito desgarrador intentó salir de mi garganta pero lo retuve, no quería llamar la atención de las otras bestias que andaban tras de mí.
Lancé mi cuerpo hacia delante y entré en la oscuridad pero no estaba tan lejos como para no ver lo que ocurría afuera. Entonces observé algo que no comprendí, los blatodeos me montaban cacería pero no se atrevían a traspasar la cueva hasta a mí. Fruncí el ceño ante ese comportamiento. Seguí arrastrándome para alejarme un poco más, pero fui paralizado. El veneno de aquella criatura estaba dentro de mí y me dolía todo el cuerpo.
Ya no tenía fuerzas para luchar.
Me encontraba entrando y saliendo de la inconsciencia, mi respiración era leve. Sentía que alguien me observaba y escuchaba en la lejanía una voz.
—¿Es él? —esa voz era un témpano que hizo estremecer mi cuerpo. No escuché la respuesta. Ellos me habían encontrado, ya era tarde para mí.
Dejé de luchar, la negrura ensombreció mi alma. Me dejé llevar por ella, me dejé atrapar y ya no sentí dolor.

Tritio
Rango9 Nivel 44
hace más de 4 años

Opinar en esta segunda ronda es más difícil. Es muy complicado dar opinión sobre fragmentos más largos, sobre todo si intento ir a ejemplos concretos. Me centraré en los aspectos buenos y malos.

Bueno, como gran punto a favor, es la ritmicidad de lo que cuentas. La mantienes, en líneas generales, muy bien.

El gran punto a mejorar es gramatical. Ocasionalmente se fusionan frases que son independientes y que se resolvería con una coma o un punto. En ocasiones muy puntuales el tiempo verbal no es adecuado como los "caballos que trotaban en mi cabeza," si lo dices tal cual está bien, pero si dices "sentía como sí" obliga a que el verbo se conjugue como "trota(R)an" y no como "trotaban."

Dale un repasillo al texto ^^

Lina
Rango6 Nivel 29
hace más de 4 años

Hacer esta lectura de segunda parte y analizarla es compleja, Algunas modificaciones al texto en su estructura le harían bien...

Jupyter
Rango12 Nivel 57
hace más de 4 años

Me gusta lo profundo que es! Cuenta con mi voto! Espero verte por mi historia "nunca" y votes si te gusto^^

Kicye
Rango8 Nivel 37
hace más de 4 años

Me gusta el tema central. Me agrada como se expresa el personaje por medio de la trama. Es agradable leerlo. Algunos errores que deberías revisar, pero en líneas generales está bien. Si quieres comer un poco de patatas con manzana pasa por mi perfil. Te invito y espero tu opinión. :D.

SEXYLOVER122
Rango13 Nivel 60
hace más de 4 años

! En lìneas generales, està muy bien ! . ! " Deberìas prestarle màs atenciòn a la estructura ! . ! Suerte ! .

Sandra_Elai
Rango7 Nivel 34
hace más de 4 años

@Mcmary_22 Me gusta, estoy intrigada y quiero leer la continuación. Te invito a que leas "desamor" y me des tu opinión. Espero seguir leyéndote.

AdanNajera
Rango6 Nivel 29
hace alrededor de 4 años

Me ha gustado bastante este relato, te dejo mi voto para que pases a la siguiente ronda. Si gustas puedes leer mi historia "Libertad".


#3

Algo estaba mal. Ya no sentía la paz de antes y me sentía entumecido. Quería despertar pero mi cuerpo no me dejaba. Estaba preso, encarcelado en mi propio cuerpo.
Sentía un dolor punzante, eran como si miles de agujas estuviesen clavadas en cada folículo de mi piel.
—¿Por qué no lo matamos ahora? —escuché, otra vez, a la chica de la voz helada. Esa fue mi señal para saber que no era momento de reaccionar, ¿por qué no morí?
—No, esperaremos a que despierte —respondió la voz de un hombre. Él sonaba más amigable pero aun así no podía confiarme.
—Él será nuestra destrucción y lo sabes —noté como le recriminaba la chica. ¿Qué querían de mí? Mi curiosidad era cada vez mayor.
—Ya basta, Azú. He dicho que esperaremos a que despierte y esa es mi última palabra —no escuché replica alguna. Un fuerte portazo estremeció a mi piel y sentí mi cuerpo moverse. Aunque tengo la esperanza de que aquel hombre no se haya dado cuenta.
Un silencio ensordecedor me abrumó. Eran del tipo que aturdían, sentía una mirada en mí y quería esconderme de él.
—Sé que estás consciente —no dije nada. No me atreví a moverme.
Escuché el sonido de la puerta cerrarse y el alma me regresó al cuerpo. Sentí que podía respirar y eso trajo consigo los dolores. Mi cabeza palpitaba, mi estómago estaba revuelto y respirar se me hacía una dura tarea. No quería quedarme aquí, pero mi cuerpo necesitaba descanso y no me permitía salir de su letargo. ¿Cómo era posible eso? Es decir, era mi cuerpo y tenía vida propia. Era como si mandara sobre mí. ¿No se supone que el cerebro era quien daba las indicaciones y el cuerpo solo debía obedecer? ¿Cuándo dejé de ser uno con mi cuerpo?
La oscuridad perenne se cernió aún más sobre mí y cedí olvidándome de todo a mí alrededor. Dándole paso a esa paz que me alcanzó en la cueva, me dejé abrazar por ella. Necesitaba recuperar energía para poder enfrentar lo que sea que fuesen Ellos. Debía tomar en cuenta que, desde que inició la cacería, ya nada sería igual y que mientras la vida me regalaba momentos de calma, tenía y debía aprovecharlas.
¿Era posible verse a sí mismo? Me sentía un acosador por estar observando a mi familia y a mí mismo como un niño. ¿Cómo pasó esto?
Sacudí mi cabeza y me di cuenta donde estaba. Fue la primera vez que estuve de viaje con mi familia, era la primera vez que nos alejábamos tanto del campo. Ese fin de semana era mi cumpleaños y había rogado a mis padres ir a la playa.
—Vamos a la playa, amor. Por favor —suplicó mi madre por mí.
—Es peligroso y lo sabes —respondió renuente mi padre. Yo lloraba en el mueble, sentía que me estaban fallando. Nunca fui de pedir nada pero añoraba ir. Mis compañeros de clases siempre me enseñaban fotos de sus salidas familiares y las que más amaba eran las del mar.
—Se lo prometimos y nunca se deben romper promesas —le respondió mi madre.
—Está bien, salimos al amanecer —aceptó papá. No quería torta, menos una fiesta. Conocer el mar era mi sueño y lo había conseguido.
Vuelvo en sí o lo que sea esto significase.
Me gustaría regresar a esa edad y quedarme en brazo de mis padres para siempre. Era absurdo sentir celos de un niño y más cuando ese niño, era yo mismo, hace casi ocho años. Lo veía correr con un corto pantalón azul marino y el torso al descubierto. Mamá llevaba un enterizo rojo y papá un pantalón de ese mismo color.
Caminé a la orilla y me senté en una roca lo más alejado posible de ellos. El viento llevaba hasta mí, la risa alegre de un niño. El panorama había cambiado, mi papá hacía un castillo de arena y yo le ayudaba. Cerré mis ojos y aspiré lo salado del ambiente. Amaba la sensación de calma que producía este lugar.
—¿Qué haces aquí? —preguntó una voz fría frente a mí.
—¿Puedes verme? —murmuré tenso.
—Obvio —el sarcasmo en su voz me dolió—, y eso no fue lo que pregunté. ¿Qué haces aquí? —vi como fruncía el ceño. ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo era posible esto?
—No lo sé —dije sincero.
—Debes irte —sonó ansiosa.
—¿Sabes quién soy? —pregunté consternado.
—Ariam, eres él —señaló al pequeño que aún seguía construyendo el castillo—. Siempre he amado tus ojos —dijo acariciando mi mejilla. Cerré mis ojos y sentí sus calentitos dedos en mi piel.
—Te extraño —solté sin pensar. Las lágrimas picaban por salir y me dolía el pecho. No quería perderla por segunda vez, me quería quedar aquí. Ella me soltó y corrió a los brazos de su esposo. Quería escuchar la conversación y recordé que podía rememorar aquello y allí estaba, detrás del niño que era yo, con ocho años.
—Debemos irnos ya. Él está aquí y ellos vendrán pronto —dijo asustada.
—¿Qué pasa mami? —pregunté curioso.
—Recoge tus juguetes amor. Debemos partir a otro lugar —dulcificó su voz para mí. Observé a la roca donde me encontraba yo de mayor, fruncí el ceño. No entendía que ocurría. Si yo era este de ahora, tras el niño; ¿quién era el de la roca? ¿Mi yo de hace unos segundos o el yo que dormía en aquella habitación? Dejé ir a mi familia y sentí como desaparecía de aquel lugar.
—Despierta —sentí como sacudían mi magullado cuerpo y el dolor regresó. Adiós paz. Mi cuerpo reaccionó frente a la amenaza y mis ojos se abrieron, la luz me golpeó tan fuerte que el dolor regresó con potencia a mi cabeza.
—¿Quién eres? —la chica frente a mis ya acostumbrados ojos, era el ser más blanco que había visto en mi vida. Su cabello, igual de blanco, estaba atado a una coleta en lo alto y sus ojos, eran del gris más pálido que alguna vez haya visualizado. Parecía un ángel.
—No tenemos tiempo para esto. Toma —me dio una pastilla y un vaso con un líquido vino tinto—, bebe esto y te sentirás mejor —quise dudar pero su impasible mirada me deba a entender que no tenía salida. Tragué como pude aquello y sentí que me revitalizaba. Me retorcí y la molestia me sacudía.
—¿Qué rayos era eso? —pregunté al ver mis heridas ya sanas y sin sentir ya dolor.
—Luego te explicaré, debemos irnos. Tenemos, si acaso, diez minutos de ventaja nada más —dijo con desesperación. La miré sin entender—. Toma —me entregó un jean y una camisa cuello V azul marina—, entra allí y aséate. ¡Rápido! —hice lo que me indicó y me bajé corriendo de la cama. Entré al pequeño cuarto de baño y entré directo a la ducha. Este lugar era tan clínico como la habitación contigua. Todo era blanco. Una vez refrescado, sequé mi cuerpo y me miré en el pequeño espejo del gabinete, el cual abrí tomando un cepillo y crema dental, lavé mi boca y me vestí.
—Tiempo record —murmuré a la chica que estaba sentada en la cama jurungando un extraño aparato. Era parecido a un celular pero no era ni remotamente a los que había visto alguna vez.
—Vamos —me indicó hacia la salida. Tenía miedo.
—¿A dónde? —pregunté. Lo hice más para romper el silencio que llevábamos.
—Te pondré a salvo, Ariam. Estar aquí es peligroso —finalizó. Caminamos por un largo pasillo, las paredes eran de franjas azules con blanco. Preferí callar, no era inteligente hablar en un escape, se suponía que uno debía ser silencioso. La notaba tensa porque su postura así lo hacía ver. Palpaba la pared como en busca de algo y yo solo fruncía el ceño.
Siempre he considerado que el silencio puede matar y mi teoría aumentaba según avanzaba en este lugar. Me sentía sofocado, la temperatura de repente subió y mi cuerpo traspiraba. Sentía que íbamos más lento y vi como ella cayó al suelo, la imité y gateando la seguí. Ella empezó a empujar una pared y entrecerré mis ojos con incomprensión, cuando vi una pequeña separación, me coloqué a su lado y empujé con fuerzas. Entramos por allí, era un túnel algo estrecho y oscuro, pero ya me había acostumbrado a la oscuridad y mis ojos se adaptaron bien.
Escuché el sonido de una sirena y hombres corriendo por todo ese centro.
—Ariam —dijo ella.
—¿Eres Azú, cierto? —pregunté el nombre de mi “salvadora”.
—Sí, pero ya habrá tiempo para explicaciones —respondió. Mi pecho se trancó y mi cuerpo se tensó—. No quiero matarte, tuve la oportunidad y no lo hice.
—Eso no me quita la sensación que cargo encima —dije con valentía. Además, ¿de qué valía mentir? Estaba asustado hasta los tuétanos.
—Hay tres cosas que debes saber —dijo—. La primera es que debes ir al este y subir a la colina del ángel —empezó a enumerar.
—Mamá me dijo que fuera bajo tierra —recordé. Ella me miró y sonrió.
—Lo sé, ella es la mujer más valiente que pude llegar a conocer —sonrió ante lo que sea que recordó.
—Era, mi madre era la mujer más valiente —le corregí. Ella tragó grueso y una lágrima corrió en su mejilla.
—La segunda —regresó a su numeración— es que no debes confiar en Nadie —asentí. Eso era fácil, no confiaba ni en mi sombra.
—¿La tercera? —pregunté al ver que ella permanecía en silencio.
—Debes cuidarte y no caer en manos de Ellos —respondió bajito.
—¿Quiénes son Ellos? —pregunté.
—Ya pronto lo sabrás. Al finalizar el túnel, hay una puerta, sal por allí y agarra hacia tu derecha. Son diez mil metros, corre y llegarás en una hora —me indicó. Hice lo que me pidió y salí corriendo. De ello dependía mi vida y me aferré a eso. Por mi madre, por su toqué en mi mejilla. Por el amor en sus ojos y por la esperanza que había en los de Azú.
¿Cómo sabía si estaba en la colina correcta? Flexioné mis rodillas intentando recuperar el aire perdido. Había un aviso en la cima y comprendí que para saber si estaba en la correcta, tendría que subir. No esperé más y con pausa subí.
—Bienvenido a la colina del Ángel —me dijo un hombre vestido de negro. Sus ojos eran dos océanos en calma que transmitían paz. Quedé hipnotizado ante tal maravilla. Al otro lado venía corriendo un grupo de rebeldes con odio en su mirada, un odio que iba dirigido hacia el hombre de negro. Aquel hombre cobrizo despeinó su cabello despreocupado y sonrió.
—¿Quién eres? —pregunté.
—Soy Nadie —me respondió con una sonrisa burlona.

Hace alrededor de 4 años

9

21
MayFierro
Rango7 Nivel 33
hace alrededor de 4 años

He leído las tres partes y concuerdo con algunos compañeros escritores, debes corregir algunos detalles que son visibles en e texto, pero en general es un relato bueno e interesante, te dejo mi voto en las tres partes.. Si deseas pásate por mi texto en concurso, Una Segunda Oportunidad, me gustaría saber tu opinión.. Mucha Suerte

Mcmary_22
Rango7 Nivel 34
hace alrededor de 4 años

@MayFierro no es por querer justificarme, quiero mejorar eso y me molesta no saber qué hago mal. Me gusta escribir, narrar lo que hay en mi cabeza pero corregir no es mi fuerte. De igual manera, muchas gracias por tu comentario.

MayFierro
Rango7 Nivel 33
hace alrededor de 4 años

@Mcmary_22 yo soy igual, nunca vemos lo que hacemos mal pero otros si, y eso es bueno porque mejoramos considerablemente.. No te ofusques ni te molestes, cada día mejoramos por las correcciones que nos hacen, tómalas con calma y verás resultados.. Mucha suerte

HJPilgrim
Rango13 Nivel 60
hace alrededor de 4 años

@Mcmary_22 haz caso a @MayFierro. Esto es una carrera de fondo la escritura y vas aprendiendo pasito a pasito. Así que no te frustres. Ánimo!

Jhusun
Rango6 Nivel 27
hace alrededor de 4 años

¡No había tu historia! Me encantó y tienes mi voto en cada una de las partes. Un saludo y te regalo mi Pétalo blanco.

Jhusun
Rango6 Nivel 27
hace alrededor de 4 años

¡No había leído tu historia! Me encantó y tienes mi voto en cada una de las partes. Un saludo y te regalo mi Pétalo blanco.

Jhusun
Rango6 Nivel 27
hace alrededor de 4 años

¡No había leído tu historia! Me encantó y tienes mi voto en cada una de las partes. Un saludo y te regalo mi Pétalo blanco.

BetaniaGarcia
Rango8 Nivel 37
hace alrededor de 4 años

Me ha parecido muy interesante el tema que tratas en tu relato. Me detuve a leer los comentarios anteriores y me alegra que varias personas en concurso se tomen el tiempo para hacer saber su opinión acerca de las correcciones. Finalmente estamos aquí para disfrutarlo. Por mi parte creo que entre la primera y la tercera caja mejoraste notablemente y te felicito por ello. Tienes mi apoyo en las 3 cajas porque te lo mereces, me he adentrado bastante en tu relato. Me encantaría que me des tu opinión sobre mi participación en el concurso, anímate a echarte un Chapuzon en mi Laguna.
Posdata: apenas leí por ahí en algun lugar "jurungando" supe que eras de Venezuela, parece que este concurso estamos por todos lados..
Te escribe: alguien que también es de un pueblo donde se baila tambor.


#4

No había palabra exacta para definir lo que sucedía. Las que más se le asemejaba, era estafa. Me sentía estafado, engañado y usado. Mi madre no me quiso explicar que sucedía y Azú tampoco fue de mucha ayuda. Ahora estaba aquí frente a un hombre llamado Nadie y un grupo de rebeldes con armas.
¿En qué se había convertido mi vida?
Quería ser un adolescente normal y mi vida se vio interrumpida por este desastre.
¿Qué cosa le podría agradecer a Azú?
¡Ah, sí! Ella al menos había tenido la decencia de avisarme que no podía confiar en Nadie. Lo que no me dijo fue: que Nadie era un alguien y no nadie en realidad. Estoy pensando cosas sin sentidos en vez de intentar de huir de aquí. Pero, ¿para dónde?
Azú me dijo que viniera para acá y ahora estoy en el centro de una batalla.
—Ariam, ven conmigo —pidió Nadie. Sus ojos cada vez se tornaban más oscuros. Ya no eran ese mar calmado que vi al inicio.
—No lo hagas —gritó una mujer. Su platinada cabellera me recordaba a alguien, pero su piel curtida y su mirada enojada, borraban cualquier rastro de reconocimiento. Nadie me tomó del brazo y me haló con fuerza hacia él. La palidez de los rebelde centelleaban y la tensión en el aire se hacía cada vez más densa.
El brazo me dolía, arrugué la frente y busqué de soltarme.
—Suéltalo —gritó un barbudo canoso. Quise poner de mi parte e intenté golpear a Nadie, pero su cuerpo eran capas de cermet duro e irrompible. Estaba asustado.
¿Por qué a mí?
No elegí esto. Nunca quise ser la última pieza de ese macabro rompecabezas.
El barbudo corrió y se lanzó sobre Nadie, haciéndome caer colina abajo. Sentí dolor, otra vez, y mis ojos se cerraron. ¿Cómo era posible que de tantas caídas, de tantos golpes, de tanto veneno en mi sangre, aun viviera?
Y, ahora, me encontraba otra vez en una especie de hospital.
—¿Crees que esté despierto? —escuché la voz de Azú. Era fácil para mí reconocer su tono. Ella no suplicaba, exigía.
—Puede que sí —el tono de esa otra voz era dura.
—Es raro todo esto, Avan —dijo Azú.
Otro con nombre fuera de lo común.
—Es hora de decirle, él merece saber todo —habló Avan—. Nunca estuve de acuerdo con la manera en que tú y Alia —mi madre, ¿qué sabía de ella?— manejaron esto.
—Lo sé —admitió—. Pero no serás tú quien le dirá la verdad —le discutió. Fui abriendo mis ojos y los vi enfrentándose con la mirada. Azú y el tal Avan era idénticos.
¿Por qué serán todos tan pálidos?
—Ariam —habló Azú al verme despierto. Avan me miró intrigante. Ya no les temía.
—No hace falta que los dos hablen, con que uno diga todo, sería fantástico —dije molesto. Se miraron entre ellos y Azú se acercó a mí. Los dos vestían un pantalón deportivo gris y franela blanca. Yo aún llevaba la misma ropa que ella me había dado.
—Ariam —me nombró Avan. Lo miré a los ojos y vi cómo se cristalizaban.
—Creo que me deben algo. No me importa morir, solo necesito saber por qué murió mi madre y todos a quienes yo he amado —pedí un tanto ido. Estas personas no me transmitían confianza. La verdad era que deseaba tener a mi familia de vuelta. Quería respuestas y para mi desgracia eran ellos quienes la tenían.
—Conocimos a tu madre. Alia era impresionante y una gran luchadora —dijo cabizbaja.
Avan agachó la mirada y se sentó a un lado de la puerta. Permaneció en silencio, uno abrumador.
—¿Cómo la conociste? —pregunté con verdadera curiosidad.
—Ya tendremos tiempo para eso —dijo cortando el tema.
—Basta —gritó Avan—. Solo dile la verdad.
—Sin evasivas. Me quedé sin mi familia y quiero respuestas ahora —exigí.
—Azú termina de contarle todo, por favor —suplicó Avan.
—Le prometí a ella, que lo mantendría alejado de todo esto —respondió molesta.
—Alia está muerta. Entiende eso Azú, ella no debió hacerte prometer esa locura —gritó enojado Avan. Mi mirada estaba puesta en los dos, no quería perderme ninguna reacción.
—No se deben romper promesas —susurré. Ellos me escucharon y voltearon a verme—. Eso siempre lo decía ella.
—Sí, ella me enseñó eso también —sonrió Azú.
—Pero Avan tiene razón, ella no debió hacerte prometer eso. No cuando mi vida está en riesgo —argumenté.
—Bien —gruñó en respuesta. Me importaba poco su molestia. Era yo quien debía enfadarse y, cada vez, mi enojo crecía con cada cosa que ellos mantenían lejos de mí.
—¿Azú, Avan, Nadie, Ellos, Alia, Ariam; por qué esos nombres?
Mi curiosidad era verdadera.
—Te contaré una historia, Ariam. Pero necesito que me prestes atención y no me interrumpas hasta el final —pidió. Tragué duro.
Al fin tendría respuestas y sentía que debía poner todo de mí, para evitar desfallecer.
—Cuando quieras —respondí con fingida calma. Avan trató de salir pero le obligué a quedarse. Lo miré con atención y aunque desconocía su edad, supuse que debía tener unos 30 años, Azú 25 y mi madre, Alia, 35.
—Ellos existen desde que el hombre es hombre —empezó a contar. Su mirada estaba ida y lejana como sus recuerdos—. Eran considerados los salvadores del mundo. Los humanos los veneraban, les creían ángeles. Pero algo cambió, nació uno diferente a todos. Su piel era oscura y sus ojos eran negros; los sabios le temían e hicieron todo lo posible por darle muerte. Su nombre era Axel y cada cien años nace uno igual. Su madre lo escondió pero en un descuido, él salió a explorar el pueblo donde vivía. Tenía unos 15 años cuando lo atraparon, hicieron miles de experimentos con su cuerpo y ellos notaron que su fuerza aumentaba día tras día. Una mañana, Axel rompió las cadenas que lo ataban a su celda, mató a una gran cantidad de Ellos, su fuerza era como la de mil hombres.
~Antes de seguir, quiero saber algo: golpeaste a Nadie, ¿cierto? —asentí—. ¿Su piel no era como la de un hombre común, verdad?
Parecía más una afirmación a una pregunta.
—No, era como golpear un cermet —respondí de igual manera. Ella asintió.
—¡Vamos Azú! Más rápido —apuró Avan. Ella suspiró y le recriminó con la mirada.
—Exacto. Imagínate golpear a cien hombres como él —entendía el punto, lo que no podía entender era: ¿qué rayos tenía que ver ese hombre, conmigo y mi familia?
—Sé que pediste que no te interrumpiera —la frené— pero ¿qué tiene que ver eso conmigo?
—Llegaré a ello —respondió temerosa.
—Entonces llega ya, me estoy volviendo loco —grité.
—No es fácil, Ariam —gritó de vuelta.
—Entonces hazlo fácil —gruñí apretando la sábana. Mi respiración era errática y mi corazón saltaba.
—Alia era mi hermana —soltó Avan.
—Avan, cállate —chilló Azú.
—Azú también es tu tía —continuó sin hacerle caso. Sentía que mi corazón quería salir del pecho. Temía lo peor, temía que siguiera—. Ellos mataron a tu familia por ti, por tu culpa —recriminó.
¿Era posible que un corazón parara y seguir vivo?
—Avan no es su culpa, él no hizo nada —lloriqueó Azú. Sentía que mis lágrimas salían sin permiso.
Yo los había matado.
—No intencionalmente —expresó frío.
—Cuando Ellos mataron a Axel, un grupo de rebelde se alzó. Nuestra sociedad cambió, la paranoia invadió a los sabios e hizo de nosotros un ejército. Nos dividieron en tres grupos: los experimentales, ellos son los científicos e investigadores. Los cazadores, no creo que deba explicar su función. Azú, Alia y yo pertenecemos a este grupo; buscamos a quienes portan el gen y los llevamos con los experimentales. Alia supo a sus 20 que portaba el gen. Entiende esto, Ariam; queda poco de nuestra especie, no todos nacen siendo como nosotros. Aquellas personas que portan el gen, son aislados para hacerles estudios y usar su sangre para convertir al hombre común.
»Pero eso ha tenido su falla, a veces la dosis no es suficiente. No podíamos encerrar a Alia, ella estaba embarazada de ti —Azú sollozaba en silencio. Yo no me quedaba atrás. Avan tenía una helada mirada y soltaba aquel recuerdo con asco—. Yo le supliqué, le pedí más de una vez que te matara. Cuando uno de nosotros se embaraza, los experimentales, toman el papel de nuestros médicos. Alia tuvo que huir. Se mudó hacia aquel campo y se encontró con un rebelde igual a ella. Yo desconocía quien era tu padre, yo debía cazarlo y él huyó de mí. Solo regresé cuando me di cuenta que Alia estaba con él. Te odié sin conocerte, también la odié a ella por dejarnos y preferirte a ti —me señaló.
—Él no tuvo la culpa —discutió Azú—. Él es nuestra oportunidad para salir libre y no escondernos más.
—¿De verdad crees esa mierda?
Su pregunta me hizo sobresaltar. La mirada de Azú era colérica.
—Sí, porque esta vez Ellos no lo querían para matarlo —me tensé—. Ellos descubrieron como crear más de nosotros. En su sangre está la verdad de nuestra especie. Por eso Alia se fue, ella no podía matar a su hijo. Sabía que Ariam nos liberaría pero, también sabía, que si caía en manos de Ellos, sería nuestro fin. Ya no había rebeldes a quien recurrir, ya nadie sería humano. Todos seríamos soldados sin consciencia —expuso.
—Entonces, él debe morir —dijo mi supuesto tío. Era un asesino, una bestia inhumana.
—Lárgate Avan. No mereces ser mi hermano —finalizó Azú.
Avan me miró y asintió para mí, salió dando un portazo y se largó dejándome con una llorosa Azú.
Quería dormir, por una vez, deseaba que la oscuridad se ciñera sobre mí y me alejara de este dolor emocional.
¿Qué haría con esta verdad?
¿Quiénes eran los tercero de mi especie?
¿Quiénes eran Ellos?

Hace alrededor de 4 años

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AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace alrededor de 4 años

Muy bueno lo leído hasta ahora, en cuanto pueda
paso por las demás cajas para disfrutarlas. Pasa si lo deseas por mis micros, ya son 4 los publicados.


#5

No pude preguntar más, Azú salió corriendo azotando también la puerta. La pobre no tenía la culpa de lo que estaba sucediendo pero eso no evitó que pagara las consecuencias de mi desolado destino.
Mi corazón aún seguía paralizado. Mis sentidos se empezaron a nublar y mis dedos a entumecer. Sentía frío, uno que estaba entre mis huesos.
Cerré mis ojos y me dejé abrazar por la oscuridad. Le di la bienvenida como vieja amiga.
Me encontraba en un jardín etéreo. Todas las flores estaban marchitas y los bancos tenían un espeso musgo. A pesar de lo tenebroso que podía verse, había una especie de tranquilidad que me gustaba. Había un hombre de pie junto a la banca, se materializó frente a mis ojos. Tendría unos 23.
—Al fin llegaste, temí que no aparecieras —dijo sonriendo.
—¿Qué hace él aquí? —señalé al pequeño yo, de casi ocho años, que se encontraba durmiendo complacido.
—A esa edad no éramos tan perceptivo —comentó casual. La verdad era que no sabía si me estaba volviendo loco o esto realmente ocurría—. Todo nos parecía un simple sueño —se encogió de hombro.
—¿Qué somos? —pregunté. Si él, era yo, debía saber nuestra naturaleza.
—Ya pronto lo sabrás. No te hice venir para hablar de eso —me dijo—. Tienes que irte con los experimentales, Ariam.
—¿Qué? Ellos mataron a mamá —grité horrorizado.
—Ella cometió un error. Ellos no son los malos del cuento como te han estado haciendo creer —dijo seguro de sí.
—No te creo, no confío en ti —resoplé. Quería despertar de este mal sueño, yo nunca apoyaría al asesino de mis padres. Puedo entender que me ocultaron miles de cosas, mas nunca estaría en el bando de los malos.
—Es absurdo —gritó iracundo—. Yo soy tú, ¿cómo no puedes confiar en mí?
—Si fueras yo, sabrías la respuesta —me encogí de hombros.
—No tengo tiempo para esto —soltó. Pensé que me agarraría pero su mano atravesó mi cuello. Fruncí el ceño.
—¿Pensabas matarnos? —pregunté asqueado.
—No, no lo pensé —cerró sus ojos y se alborotó el cabello. Vestía de traje, solo la camisa era blanca, de resto era un negro pulido y brillante.
—No eres Ariam, no eres yo —expresé.
Él desapareció llevándose al pequeño con él.
Desperté de forma abrupta, todavía seguía en la pequeña enfermería. Azú estaba sentada en un mueble negro que no había percibido antes. Iba vestida de negro y cargaba un arma en su mano.
—¿Me matarás? —necesitaba aprender a no preguntar tanto. Una de esas veces alguien me mataría por andar de curioso.
—¿Eso quieres? —su pregunta me pasmó. El matiz de su voz era helado y, aunque no la conocía muy bien, extrañé a la Azú llorosa de horas atrás.
—¿En qué fecha estamos? —cambié de tema. Tengo tiempo huyendo y quería sacar la cuenta.
—El día de tu cumpleaños —me respondió. Me sobresalté, ¿cómo llegó y no me di cuenta?
—¡Oh! —fue lo único que pude responder.
—Dormiste por una semana, Ariam —respondió en voz baja. Esta vez sonó un poco más dulce.
—¡Ya va! No entiendo, o sea, ¿cómo rayos pasó eso? Yo… —mi voz se fue desvaneciendo.
—¿Qué es lo último que recuerdas?
La verdad a gritos de Avan. Tragué grueso, perdí una semana de mi vida. Durmiendo, además.
—No estuve durmiendo —mi voz salió tranquila. Algo que no sentía en mi interior.
Quise quedarme después de haberse ido ese hombre, del cual sigo pensando, no era yo. Me quedé en aquel jardín intentando darle vida a esas flores marchitas. No sentía necesidad de comer pero sí de compartir parte de mi vitalidad con todo allí. Me enorgullece admitir, que logré embellecer ese lugar.
—¿Qué significa eso? —la miré a los ojos y vi verdadera curiosidad en ellos. Era ilógico porque era yo, quien todavía, tenía muchas dudas.
—Todo a su tiempo —le sonreí. Fue algo involuntario, me sentí mejor conmigo mismo al ocultarle una verdad sobre mí.
—Ariam —sonó amenazante.
Me reí, estaba frenético y una enorme carcajada salió de mi boca. Cuando me hube calmado, encontré un pantalón deportivo gris y una camisa sobre una mesa.
—¿Podrías esperarme? Quiero asearme, me siento con mal olor —le dije. Ella me miró desconcertada y asintió. Fue hacia la que supuse era el baño de la habitación, me desnudé y entré en la ducha para lavar mi tenso cuerpo. El pasar tantos días acostado, me pasó factura.
Era absurdo el mundo, si me sentía diferente pero no por cumplir 16 años. De hecho no creía que fuese realmente mi cumpleaños. Aunque si veía capaz desbaratar el mundo y dejarlo así.
Al salir, me di cuenta que, mi querida tía seguía con el arma en las manos. Quise arrebatársela. Estar en ese mundo me cambió, siento que ya no soy el mismo y eso en parte me asusta. Aunque me siento liberado.
—Quiero ver a los experimentales —solicité. Ella palideció y me miró con terror. Apuntó su arma a mi cabeza y le sonreí—. No eres capaz de matarme —aseguré.
—¿Por qué quieres ir a verlos? —ignoró mi afirmación.
—Eso es asunto mío —respondí tajante.
—Ariam, ¿qué sucede contigo? —arrugó su frente.
—Me agotaron las mentiras —contesté cruzándome de brazos.
—No puedo llevarte con ellos —confirmó.
—Yo te llevo —dijo abriendo la puerta Avan. Azú se volteó y le apuntó ahora a él.
—No harás tal cosa —gruñó con rabia.
—Baja el arma —regañó Avan.
—Tengo una condición para no ir con Ellos, bueno no ir por ahora — indiqué.
—A ver, ilústranos —pidió sarcástica Azú.
—¿Quiénes son Ellos? Avan habló sobre los experimentales y los cazadores; pero falta un tipo de especie ¿o me equivoco? —finalicé.
—No podemos decirte eso —soltó temeroso Avan. ¿Qué criaturas eran esas a las cuales todos temían?
—Entonces, debo irme. No me queda más nada aquí. No puedo vivir ocultándome para toda la vida —expresé. No era valentía, era necesidad de conocer qué era.
—No puedes irte, Ariam. Ellos te cazarán —dijo Azú.
—Tal vez eso es lo que desee —respondí. No quería ser un desagradecido pero mi cuerpo pedía libertad. Algo me llamaba a los experimentales.
—Son Ellos —dijo Avan. Fruncí el ceño—. Te están manipulando a su antojo, Ellos te llaman. Tú eres uno de los líderes —un jadeo salió de los labios de Azú. Me miraban con terror y retrocedí. Mi padre, una vez me explicó, que por miedo las personas eran capaces de hacer todo lo que no hacían en su normalidad: mentían, robaban; pero sobre todo, mataban.
—Ya es tarde —susurró Azú. Para mí, Ellos no eran solo ellos: eran mis iguales, mis hermanos y debía hallarlos. Todavía no sabía qué éramos, pero ya tenía una remota idea de lo que podíamos hacer.
—Ariam recuerda que una promesa nunca se debe romper —llegué hacia aquel recuerdo de mi madre.
—Lo sé, mamá —respondí con una sonrisa. ¿No debía estar dormido para poder ver esto?
—Entonces, prométeme que nunca le harás daño a nadie —pidió con cautela.
—Sí, te lo prometo mami —respondí inocente. Mi madre, Alia, me acarició la mejilla y observó mis ojos.
—Amo tus ojos, se puede saber todo a través de ellos —besó mi frente y me dejó ir.
—Eso fue injusto —la regañé. Sabía que podía verme y escucharme.
—Una promesa nunca se debe romper —me sonrió y atravesó mi traslúcido cuerpo.
—¿Por qué tus ojos se pusieron blancos? —preguntó Azú. Me hallaba tirado en el suelo. Seguíamos en la enfermería. Se miraron entre ellos y me ayudaron a colocarme en pie.
—Necesito saber quiénes son Ellos y qué hacen; los experimentales tienen las respuestas. Necesito ir a conocer a sus líderes —argumenté.
—Nunca los hemos visto —confesó Avan.
—Entonces, ¿cómo saben que existen? —pregunté curioso.
—Tienes que entender que Ellos nunca se dejan ver. Los experimentales les llaman: los creadores —siguió contando Azú.
Salí corriendo de la enfermería. Mi mente empezó a procesar toda la información recibida. Algunos recuerdos de mi niñez me golpearon con fuerza, unos más que otros me hicieron tropezar y caer. Cada día me volvía más torpe. Aquel hombre en el jardín no era yo y mucho menos aquel joven en la playa. Tampoco fui el que estaba enfrente a mi madre ahorita, ese a quien le recordó el asunto de la promesa. Sentía que Azú y Avan pisaban mis talones, pero no me importaba. Aunque ellos me lo negaran, tenía que ir con los experimentales. Tenía que reunirme con Ellos.
Axel no había muerto. Me detuve, ese pensamiento abrió mis ojos y una furia recorrió mi cuerpo. Ellos no eran malos, nunca han cazado o matado a los míos.
¿Cómo nunca lo vieron antes? ¡Ja! ¡Qué ironía!
Reanudé la marcha, debía llegar. Nadie podía decirme el camino, porque ya lo conocía. Ya tuve esta vida, solo que cada época fue diferente y un tanto intensa.
El niño de ocho años, ¿qué será de él?
—Ariam, espérate —me alcanzó Azú. Sentí su cuerpo caer sobre el mío. Al levantarnos, Avan tomó mis brazos para evitar que saliera corriendo. Ellos no lo entendían, ellos no lo veían. Esto no era real. Me carcajeé. Ambos me miraban como si me hubiese vuelto loco y quizás si lo estaba. Nadie era normal después de todo.
—Las criaturas, esas benditas criaturas —seguí riendo. Me sentía en un frenesí. Avan soltó mis brazos para mirar mi cara y por su expresión, vi que estaba más que asustado. Estaba aterrorizado por mi culpa.
¿No lo ven? Empecé a correr, faltaba poco para llegar al centro de la ciudad. Era gracioso ver a dos cazadores persiguiendo a un niño de 16 años. ¿Cuántas veces hice este viaje? Esa no era mi vida, ni recordaba cómo era hasta que mataron a mis padres. Las únicas cosas que recordaba de aquella niñez eran: las promesas no se rompen y Ellos son los malos.
Estúpido virus.
Ingresé a un edificio blanco. Subí las escaleras hasta el quinto piso, entré sin pedir permiso y allí estaban Ellos. Mis hermanos, los creadores.
Sonreí y Ellos me sonrieron.
Ahora era un nosotros.

Hace alrededor de 4 años

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SEXYLOVER122
Rango13 Nivel 60
hace alrededor de 4 años

! FELICIDADES POR LLEGAR A ESTA RONDA !. ! MUY CREATIVOS Y ENTRETENIDOS TUS TEXTOS ! . ! TE DESEO MUCHA SUERTE @Mcmary_22 ! ...


#6

Éramos todos de diferentes edades.
Un total de veintiuno.
Los más niños, tenían 8 y eran cuatro: Adair, Abiel, Aniol y Alem.
De 16, como yo, éramos siete: Axel, Abel, Alom, Asier, Altair, Alí y obvio yo, Ariam.
Los de 24 eran tres: Andrei, Aleb y Aldrin
Seis tenían 32: Arnau, Austin, Andrik, Aidan, Adom y Adael.
Solo había uno de 60: Adasat. Me pregunté por qué tardó tanto en conocer la realidad.
—Con Adair revelé muy temprano el secreto y entró con ocho —empezó a relatar Axel al notar mi mirada en Adasat—. Nos quedamos con la edad en que descubrimos el secreto, Ariam —explicó—. Aun no sabía cómo provocar las proyecciones —se excusó—. Después llegó Arnau —empezó a nombrar y señalar—, Abiel, Andrik, Aniol, Adom, Alem, Andrei, Adael, Aleb, Alom, Asier, Aldrin, Altair, Alí y por último tú —me perdí después de Abiel. Tal vez más adelante los sabría reconocer.
—¿Por qué todos por la A? —eso me pareció un poco curioso. Todos me observaron como si fuese tonto, de tantas cosas por preguntar, dije eso.
—Por ser los primeros —contestó y sonrió—. Uno cada cien años y ya somos 21.
—El último en venir será tan poderoso como el primero o eso dice la leyenda —comentó Adasat. Lo miré fijo.
—¿Podré salir de aquí? —pregunté con curiosidad.
—Somos «Los creadores» y nunca abandonamos nuestra posición —esta vez quien habló fue Aleb.
—Pero Azú, Avan —fruncí el ceño.
—Todavía no es su tiempo —desestimó Aleb.
—Fuiste tú quien me siguió al jardín, ¿cierto? —indagué.
—Sí, eres astuto Ariam —me sonrió. Todos vestían de traje menos yo.
—Bienvenido a la familia —Axel extendió sus manos hacia los lados. Me sentía parte de algo y eso estaba bien. Ya no me sentía tan solo. Ya no me dolía tanto la muerte de mis padres.
—¿Ellos regresarán algún día? —pregunté haciendo referencia sobre Azú y los otros.
—Sí, hay quienes han regresado, pero mientras no suceda, seguiremos creando para ellos. Cada uno es importante a su manera —respondió Adasat.
—Hay un virus que está atacando al sistema —expresé.
—Lo sabemos —suspiró Axel—. Son «Los genios», ellos quieren acabar con los soñadores para siempre. Mientras nosotros queremos despertarlos, ellos le provocan la muerte.
—Entonces ellos deben morir —solté.
—No es así de fácil. Para los soñadores, nosotros somos el enemigo y es lamentable cuantos se entregan a diario a Ellos —refutó—. Tú casi caes en su juego.
—Sus proyecciones no me ayudaron —refunfuñé. No quería ser tomado por débil.
—Fue el virus. Nunca habían interactuado con uno de nosotros —admitió Adael. El silencio inundó la habitación, quería romperlo pero mi cabeza era un mal de pensamientos incoherentes.
—¿Quién es Nadie? —solté lo primero que llegó.
—Nada y Nadie son «Los genios» —respondió Axel—. ¿Conociste a Nadie?
—Sí, él me tomó del brazo en la colina del Ángel —ellos se miraron entre sí. Noté el espanto en su mirada al finalizar la oración.
—Ellos nunca se habían presentado ante uno de nosotros —dijo Adasat. Era fascinante como respondían a mis preguntas no formuladas. Aunque daba un poco de terror.
—¿Qué hacen ellos? —inquirí.
—Nosotros creamos los sueños —expuso Adair. Para tener tan poca edad era muy maduro.
—¿Ellos crean pesadillas? —pregunté con el ceño fruncido.
—No, ellos no crean nada. Las pesadillas son producto de sus virus —esta vez quien habló fue Arnau.
—Esto no está siendo bien explicado —dijo un exasperado Axel.
—Es lógico, él pregunta cosas al azar y nosotros respondemos igual —comentó Adair,
—Tienes razón —aceptó Axel.
—Ariam —miré hacia Adom—, debes saber que Nada ni Nadie son más viejos que nosotros. Ellos estaban en contra de la creación del hombre y; por ello, implantaron un virus para acabar con la humanidad. Se hacen llamar «Los genios» porque nos crearon. Ellos consideraron que los cazadores y los experimentales, eran los únicos capaces de vivir. Cuando nació Axel —el cual me sonrió al verlo—, ellos se asustaron y buscaron de matarlo. Así nacieron los rebeldes, para combatirlos. Pero, para Nada ni Nadie, no deberían existir nada ni nadie. Gracias a esa confusión empezaron a llamarnos, Ellos. Nos convertimos en el tabú de nuestra especie. Ahora, somos un nosotros; pero Ellos siguen existiendo y…
—Son «Los genios» —le interrumpí.
—Exactamente —coincidió Axel.
—Eso quiere decir que… —no quería decirlo en voz alta, la verdad estaba ahí frente a mis ojos y me costaba admitirla.
—Ellos son reales… —me interrumpió Axel.
—Pero nosotros nunca debimos ser tomados como Ellos —finalicé yo.
—Hasta que al fin te encontramos —dijo una sudorosa Azú. La miré confundido, estaba agitada y despeinada. Avan venía igual.
—Ellos no pueden vernos, Ariam —confirmó mi sospecha Axel.
—¿Con quién hablabas? —preguntó Avan buscando a mi interlocutor.
—Pensaba en voz alta —susurré. Mis hermanos me sonrieron.
—Debemos irnos —la voz de Azú se escuchaba algo nerviosa—. Esta es la oficina principal, Ellos pueden venir aquí.
—Ellos nunca pisarían este edificio, Ariam —me aseguró Axel.
—Estamos seguros aquí —les comuniqué. Azú frunció el ceño molesta, su mirada era oscura y se podía notar el miedo. Avan se veía inquieto.
—Para ti es seguro. Ellos podrían morir si se quedan mucho tiempo —me indicó Adair. Quería saber por qué ellos no veían a mis hermanos.
—A diferencia de «Los genios», nosotros morimos para poder crear. No somos criaturas perfectas. Llámanos ángeles —explicó Axel. Avan cayó al suelo y Azú se acercó a él. Le estaba murmurando cosas y yo miré a mis hermanos, buscando ayuda—. Tú nos puedes ver porque conoces la realidad, ellos aún están dormidos y debes sacarlos del edificio o morirán. Ariam, necesitas de ellos para enfrentarte a lo que viene. En tus manos está la salvación del hombre —tomé del brazo a Avan y con Azú le hicimos salir de aquella sala. Su respiración empezaba a fallar y tiritaba como si estuviera en el polo norte. Yo sentía un calor sofocante y Azú se estaba poniendo un tanto verdosa, parecía que quería vomitar.
No podía permitir que ambos se desmayaran. Tendría que dejar a uno atrás y no, no podía abandonar a ninguno. Obligué a mis tíos a correr, casi que los llevaba a empujones. Avan no resistió más y cayó al suelo convulsionando. Azú se arrodilló pero la obligué a colocarse en pie y seguir arrastrando al cuerpo de su hermano. Estaba asustado pero no era esa clase de miedo que te paraliza, era del que te sube la adrenalina y te vuelve invencible.
Monté a Avan en mi hombro y agarré por la cintura a Azú. Ya íbamos por el primer piso y pronto llegaríamos a planta baja. Agradecía saber que la escalera no estaba tan alejada de la salida y que al estar allí, podría sacarlos del edificio.
Sentí mi cuerpo desfallecer y derrumbarse. Mi respiración iba cuesta abajo y mi cuerpo transpiraba como loco. Recosté mi espalda contra la acera y salté mentalmente de felicidad.
—Buen trabajo, Ariam —me felicitó Aleb. Supe que era él porque sentí su presencia llegar. Tenía un aire característico y único que me hacía diferenciarlo del resto. Aunque me pareció extraño porque al principio no sabía diferenciar a Aleb de Aldrin. Ahora, los podría reconocer aunque no emitieran ninguna palabra. De hecho, cualquiera de mis hermanos que hubiese aparecido, lo habría identificado sin problemas.
—¿Qué haces aquí? —pregunté a través de mi mente.
—Aprendes rápido. Yo tardé en comprender que podía comunicarme con mis hermanos usando ese medio. Eres astuto e inteligente Ariam —me congratuló—. Respondiendo a tu pregunta, decidimos ayudarte y me votaron como el hermano ideal para venir —sonrió. Yo rodé mis ojos, de tantos y mandaron al más inmaduro.
—Bien —gruñí.
—Te escuché —rió—. Y, no soy inmaduro, soy temerario —sonrió y colocó sus brazos en jarra.
—Tenemos que refugiarnos —le comenté a Azú. Ya tenía mejor semblante.
—Avan aún no responde —dijo.
—Lo sé, pero no podemos seguir tirados en la calle. Ellos podrán aparecer y no sería lo ideal —aseguré.
—¿Ellos? Deberías llamar a la basura con su nombre —refunfuñó Aleb.
—Sería extraño que supiera su nombre —afirmé.
—En parte tienes razón, pero le estás dando un título innecesario —farfulló Aleb.
—No siempre podemos revelar nuestros planes, hermanito —sonreí. Ayudé a Avan a colocarse en pie, ya había despertado pero seguía mareado.
—A dos cuadras hay un sótano, deben bajar por la alcantarilla y llegarán a un refugio —me indicó Aleb. Hice lo que me dijo y caminé directo hacia ese lugar. Pasada las dos cuadras, me encontré con un callejón sin salida, entramos por allí y a mitad de camino había una alcantarilla, que a simple vista, parecía sellada. Dejé a Avan apoyado en una de las pareces y con ayuda de Aleb, logré abrir nuestro escape.
—Alia tenía razón —Azú interrumpió el silencio—. Debimos ir bajo tierra.
—Alia lo sabía —me dijo Aleb—. Ella era una buena rebelde.
—Lástima que no esté viva para ayudarnos —dije en voz alta. Azú bajó la mirada y me arrepentí al notar como caían ciertas lágrimas.
—Debes aprender a pensar, antes de hablar —me recordó Aleb—. Te pareces mucho a Axel en eso —finalizó negando con la cabeza. Rodé mis ojos y ayudé a Avan a bajar, Azú nos esperaba dentro. Aleb selló la entrada y caminamos unos metros hacia la izquierda. Una puerta azul estaba al fondo y dejándome llevar, la abrí. Mis ojos se abrieron de golpe.
—Se habían tardado mucho. Hola Aleb —dijo mi madre.

Hace alrededor de 4 años

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#7

—Mamá —susurré. La mujer que me crió me miraba con atención, su rostro se mostraba con angustia y giró con rabia hacia Aleb.
—¿Qué sucede, Ariam? ¿Qué ves? —me interrogó Azú.
Avan estaba siendo atendido por unos rebeldes que aparecieron.
—Bienvenidos —dijo una voz suave detrás de mí. Era una pelirroja, con algunas pecas salpicadas dándole un aspecto de niñez. Tenía un torneado cuerpo y unos ojos ambarinos hermosos. Era una llama ardiente.
—Gracias mi señora —dijo con respeto Azú. Yo la miré fijo y noté que llevaba un enterizo negro, cuello V y la espalda al descubierto.
—Alyssum —saludó estirando su mano hacia mí. Supuse que ese era su nombre.
—Ariam —dije confiado. Ella asintió.
—Azú —ella la miró. Alyssum nunca quitó la mirada sobre mí— ve a descansar —le ordenó. Azú asintió y nos dejó solo. El ambiente estaba un poco tenso, mi madre caminaba de un lado a otro y Aleb sonreía burlón. Mi corazón bombeaba con fuerza. Más secretos para descubrir.
—¿Qué edad tienes? —quería zanjar esa curiosidad primero.
—Más de las que una dama pueda decir —respondió. Aleb rió ante ese comentario.
—Aparentas ser muy joven —empecé a decir con coquetería.
—Muy amable de tu parte —sonrió—. Parezco de 16 años.
—Increíble —gritó Aleb—. ¿Tienes que coquetear con todos?
—Ustedes toman la iniciativa, yo les sigo el juego —respondió ella.
—Pensé que preguntarías por qué puede verme —indicó Aleb.
—Supuse que al estar ella aquí —señalé a mi madre—, Alyssum sería capaz de hacer mucho. Nunca subestimé —le respondí a Aleb.
—¿Te volviste loco? —gritó Alia rompiendo su caminar. Pensé que tardaría más en ese estado—. De tantos lugares, de tantas entradas y lo traes por esta —gruñó ella.
—Pensé que me amabas —solté. Su mirada era fría, se notaba que buscaba incordiarme con ella. Anteriormente, tal vez, hubiese pasado; ahora yo era alguien diferente, para mí las cosas tenían un valor distinto.
—Deberías respetar a tus mayores —ella era la misma de la playa. No era esa delicada mujer que me amó de niño.
—No eres mi madre —comprendí. Alyssum y Aleb se miraron entre ellos.
—Este no es el momento para hablar de esas cosas —dijo Alia.
—No te ando preguntando nada, solo dije la verdad. Tú eres esa mujer, una de las proyecciones de Axel. Mi verdadera madre murió al yo nacer —ellos me observaban asustados.
—¿Cómo sabes eso? —preguntó Aleb.
—Me di cuenta antes de hallarlos a ustedes. Durante mi escape, una de las criaturas o virus, me mordió y… —fui interrumpido.
—¿Te mordió un blatodeos?
—Sí —confirmé
—Imposible —susurró Alyssum.
—¿Por qué? —pregunté. Al parecer esto era algo único.
—Los virus evolucionaron —comentó Alia.
—Sí, ¿no lo sabían? —pregunté enarcando una ceja. ¿Qué han estado haciendo?
—Evitábamos que te encontraran —respondió Aleb a mi pensamiento. Odio no tener privacidad.
—Deja de estarte metiendo en mi mente —le gruñí.
—¿Qué más no nos has dicho? —preguntó el mismo.
—Nadie puede matarnos —el asombro en su mirada me pareció estúpido.
—Eso es imposible, ustedes son… —ya sabía quiénes éramos, pero eso no quería decir que no pudiésemos morir.
—Axel despertó porque ellos eran débiles, «Los genios» han evolucionado y pueden tocarnos y robarnos la vitalidad —dije seguro.
—Ariam eso es imposible —aseguró Alia.
—¡No lo es! —grité—. Cuando Nadie me agarró del brazo sentí dolor. No podía soltarme, de no ser por un rebelde, me hubiese llevado con él —expliqué.
—Ellos son débiles en este mundo —dijo Alyssum.
—Ya no lo son —afirmé. Aleb salió corriendo hacia donde mis hermanos y Alyssum hacia una gran pantalla. Era toda una pared y había una serie de controles. En ellos se veían una serie de cerebros conectados entre sí.
—Aquí vemos todo lo que sueñan los humanos, así podemos decirle a tus hermanos en qué fallaron o qué cosa hicieron bien —explicó.
—Sé cómo despertarlos a todos —ella me miró—. Solo debo ir con Ellos.
—No te dejaré ir con ellos, Ariam —gritó Alyssum. Mi “madre” permaneció en silencio.
—No mandas sobre mí y puedo hacerlo si quiero —confirmé—. Sé qué los debilita, los conozco. Cuando Nadie me tocó —me observó con intriga—, parte de sus conocimientos llegaron a mí.
—Es peligroso —argumentó ella.
—Alyssum —hablé con calma—, hay una razón por las cuales ellos están desesperados. Cada cien años el virus tiene una falla y nosotros: Axel, mis hermanos y yo nacemos. Cada nacimiento, se lleva los recuerdos del otro. Axel no despertó para salvarse, a ellos le conviene que estemos despiertos. Regresamos al otro mundo y así no podemos atacarlos. Ellos despertaron a Axel, Ellos aceleraron el proceso.
—¿Por qué harían una cosa como esa? —preguntó frunciendo el ceño.
—¿No lo ves? —pregunté y ella negó con la cabeza—. Es nuestra sangre, mis hermanos no pueden darla porque sus cuerpos no están aquí. Cuando Axel me comentó lo de Adasat, comprendí que el mayor miedo de «Los genios» es el de compartir el mundo con los humanos. Por eso existe nuestra especie, para hacerlos soñar y darle caza a los que estén cerca cerca de descubrir que están soñando. Mis hermanos, ustedes y todo aquel que ha colaborado, solo los han estado ayudando a preservar sus secretos —ella palideció. No quería ser portador de malas noticias pero me tocó darlas.
—Es necesario que yo vaya hacia ellos —continué—. No quiero ser un creador Alyssum, no quiero viajar al mundo de mis hermanos todavía.
—¿Qué necesitas? —preguntó.
—Colocar mi sangre en su sistema —respondí así de sencillo.
—¿Solo eso? —me miró incrédula.
—Soy la cura para el virus. Lo mejor es que Ellos no podrán sacarme del sistema, pero cada cierto tiempo el sistema pedirá de mi sangre. Una vez al año hasta la edad de Adasat. Allí podré volver a casa, con mis hermanos —expliqué.
—Ellos no harán el camino fácil —aseveró.
—Lo sé pero tengo a Azú y a Avan conmigo —aseguré.
—No solo a ellos, también me tienes a mí, a Alia y creo que también a Aleb —determinó.
—No puedes salir de aquí. Tienes el deber de monitorear los sueños y hacer que nadie muera hasta yo llegar a Kyo —ese era el lugar donde se escondían Ellos. Sabía muchas cosas, cuando mi sangre tocara el sistema, Nada ni Nadie, jamás podrían volver a aparecer en este mundo.
—Mejor ni pregunto cómo sabes dónde están y tienes razón, no puedo abandonar mi puesto —me confirmó.
—Alia tampoco puede salir de aquí —hablé antes de que sugiriera eso—. Ella debe protegerte y proteger a mis hermanos. Aleb no puede venir, es peligroso para él abandonar la cede. De hecho, él solo regresará en sueños para mí. Solo pueden y deben ser Azú y Avan quienes vengan conmigo, más sería un exceso —finalicé. No mentía, los rebeldes tenían la costumbre de viajar en grupos y por eso eran tomados como rehenes. Por eso morían fáciles. Azú y Avan eran astutos, ellos se camuflaron en ambos lados y así han logrado sobrevivir. Ellos me llevaran a la victoria.
Salí en busca de los dos.
Mi antigua madre peleaba con Alyssum porque no me detuvo, cosa que no pasaría, pero ella insistía en ir, tampoco se le fue concedido el permiso. Caminé por un largo pasillo que contenía una serie de puertas negras, cada una tenía un número y un nombre. Me planté frente a la que decía Azú y toqué.
—¿No estoy para nadie? —gritó sin saber que era yo.
—Azú necesitamos reunirnos con Avan —grité. Ella abrió la puerta y me observó con atención. Salió y fue directo hacia la puerta de su hermano. El mismo estaba bocarriba con los ojos cerrados.
—Avan despierta —habló ella.
—Debemos irnos —dije yo—. Ellos vendrán aquí si me quedo mucho tiempo. Nos quedan 15 minutos antes de que sepan mi ubicación exacta, necesito moverme —indiqué. Ambos se miraron y asintieron. Salí del edificio y los esperé a dos cuadras de la alcantarilla, no quería estar relacionado con ese lugar.
Fuimos a un hotel a descansar, darnos un baño y comer algo para iniciar nuestra travesía. Azú nos mostró los mapas de Kyo y me señaló la salida de escape que usé cuando me sacó. Era irónico que antes corriera para mantenerme lejos de ese lugar, ahora correría para volver allá. La vida era un dado con el cual apostábamos sin saber el resultado. Quería ganar, quería vencer y bajo ese pensamiento me dormí. Lo hice porque supe que Ellos no podrían localizarme así y, también, porque mi cuerpo necesitaba descansar.
Estaba en el jardín otra vez. Me sentí atraído y había vuelto. Adair estaba sentado en un tronco leyendo un libro y Aleb, jugaba con una pelota. Sonreí por lo irónico de la situación. Las cosas deberían ser al revés pero como siempre se ha dicho: la madurez no siempre está en la edad.
Esto lo demostraba.
—¿Por qué me hicieron venir? —Aleb siguió rebotando la pelota de la pared y Adair me miró.
—Descubrimos los códigos de acceso —comentó Adair.
—Al parecer, tuviste razón en lo que le dijiste a Alyssum. Unimos todas nuestras memorias y descubrimos que cada uno, descubrió una verdad. Tú al ser el último, las tienes todas y pudiste unir cabos sueltos. Nunca prestamos atención a nada, ninguno de nosotros tuvo contacto con «Los genios» como tú —solo asentí.
—Existen dos puertas. La «A» es para ingresar donde está el sistema, el código es: KavT897; una vez que ingreses, debes ir directo a la puerta «B» y abrirla. Es por la seguridad de ustedes y así les dará chance de extraer medio litro de tu sangre. Debe ser fresca, debes perderla allí mismo. Para abrir debes ingresar ToKa695, presionen el botón rojo y después procedes a lo que vas —explicó.
—Gracias —suspiré—. Debo volver —dije admirando el paisaje. Este lugar me transmitía una paz—. Cada vez que viajo a este mundo, pierdo horas de vida, a veces semanas. Me pierdo aquí y si me quedo, moriré.
—En otro viaje te llevaré a un recuerdo. Allí no sucede esto, es mejor ir al pasado que traerte a este sitio —aseguró Adair y yo asentí. Desperté de golpe. Avan miraba por la ventana.
—¿Cuánto dormí esta vez? —pregunté estirando mi cuerpo.
—Dos días —respondió y yo asentí. Entré al baño y lavé mi cuerpo. Hoy iríamos a Kyo y acabaríamos con Ellos.

Hace alrededor de 4 años

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#8

Con Avan preparamos la mejor táctica de ataque. Resultó que él era un excelente estratega. Azú conocía el lugar y yo las claves para abrir las puertas. Éramos, sin duda alguna, el mejor equipo para esta misión.
—El sistema está en el sótano —dijo Aleb. Quien apareció a mi lado.
—Lo sospeché —le respondí a través de la mente—. Me gusta esta modalidad, proyectarte mientras camino es mejor a dormir —le dije.
—En realidad no estoy aquí, soy un recuerdo. Se supone que debías hablar con tu mente y no conmigo —rió jocoso. Yo solo asentí. Aleb desapareció y seguí caminando. Esta información la compartiría al llegar a Kyo. Quería mantener para mí muchas cosas y así evitar que se filtraran. Las criaturas de Ellos siempre han estado al acecho y no quería darles a conocer mis planes. Faltaban quince metros para llegar. Cuando estábamos a unos cien, Azú decidió que lo mejor sería ir bajo tierra, las criaturas infernales morían allí. Ese fue un excelente plan.
No nos conseguimos a ningún enemigo. La ventaja de viajar con ellos era que yo parecía un reo. En más de una ocasión, ciertos cazadores nos ayudaron, porque creyeron que ellos me entregarían a sus jefes y así parecía, pues si nos dirigíamos hacia Kyo. Esto era ser inteligentes y comprendí que de no ser ellos, nunca hubiese estado tan cerca de lograr mi objetivo.
—Debemos subir por aquí —dijo Azú—. Yo aún tengo mi carné y pasaremos sin problemas.
—No creo que sea inteligente eso —puntualizó Avan—. Tal vez, Ellos ya sepan que estamos con él. Es fácil engañar a un cazador, y puede que algún experimental pero, ¿a Ellos? No lo creo.
—Avan tiene razón —le apoyé—. Si entras, Ellos querrán verte de inmediato y no creo que quieras eso y los necesito a los dos.
—¿Entonces qué haremos? —preguntó con una ceja elevada.
—Yo robé una identificación —respondió Avan—. Pensé que así, si alguien lo paraba, él sería el enemigo por no tener que mostrar —le asentimos.
—Es hora —indiqué. Salimos de nuestro escondiste y mi piel tiritó. Los blatodeos estaban apilados a un lado de la entrada, estaban en una especie de cárcel. Verlas amontonadas me provocaba arcadas y recordar el veneno que soltaban, me enfermaba. Pasé con la cabeza gacha el primer punto de control. Mi corazón bombeaba con fuerzas. Azú caminó lo más rápido que alguna vez la he visto andar y Avan, solo fue él. Evité las cámaras gracias a los conocimientos de Azú y logramos pasar hasta el vestíbulo. Ella quería guiarme al último piso pero le pedí que me llevara hacia el sótano. Ella quiso protestar pero Avan admitió que, aunque ella conociera el lugar, yo tenía acertados presentimientos.
Las cosas cambiaron y de repente nos encontrábamos los tres corriendo para salvar nuestras vidas, lo que temía era cierto: Ellos sabían que veníamos y nos estuvieron esperando. A veces me gustaría poder equivocarme y hacer de mi vida más fácil. Nunca sería así.
Nadie venía por mí, al parecer no tenían energía suficiente para estar los dos y eso lo agradecía. Lo malo era que si la conexión entre ellos, era como la mía con mis hermanos, estaba en problemas. Aunque Nada no estuviese aquí, Nadie sabría muchas cosas. Las paredes eran blancas y el olor a cloro era fuerte. Pensé que así solo era la enfermería pero por lo visto todo el recinto tenía el mismo carácter.
Los blatodeos se acercaban chillando haciendo sangrar mis oídos. Odiaba a esas criaturas. Avan las mataba con un tipo de arma láser. Era del tamaño de un lápiz labial. Empezaba a ver borroso y mi respiración también empezó a fallar. Escuchaba a lo lejos la voz de Azú, intentó guiarme hacia un pasillo a mano izquierda y la detuve, debíamos bajar. Había memoriza el mapa que ella nos mostró. En ese pasillo solo había una escalera que no descendía.
Nos guié para seguir derecho, había una puerta azul y la abrí con el pase de seguridad que robó Avan. Él venía pisando nuestros talones matando a esos animalejos. Encontré la entrada hacia el sótano y esta vez fue Azú quien abrió por mí. Los chillidos alteraban mis sentidos. Casi desmayé de lo horrible que sonaban. Avan trancó la puerta y del otro lado se escuchaban a los blatodeos amontonándose. No teníamos salida. Esperaba que allí estuviera el sistema principal, de Adair haberse equivocado, ya éramos hombres muertos. Seguimos corriendo cuando una explosión llegó a mis oídos.
—Ariam detente —escuché el grito de Nadie. Corrí más fuerte, la adrenalina se apoderó de mi cuerpo y me dio la energía que necesitaba para seguir. Ya empezaba a odiar este lugar, era un laberinto. No quería quejarme y menos alabarlos, pero Ellos eran unos genios. Eso me hizo sonreír de la ironía.
Avan se veía cansado y Azú algo pálida. Tragué fuerte. Caminé con lentitud y sentí ganas de llorar, habíamos llegado al final de un túnel. No había puerta alguna que abrir. Cerré mis ojos y pegué mi cabeza de la pared. Esto no podía ser cierto, mis ojos picaban de las lágrimas que querían salir.
—Ariam —llamó Azú. Ella se sentó a mi lado—. El sótano está allí —señaló una pequeña abertura que no había visto. Estaba a un lado de la pared. Besé su mejilla y me lancé por allí. Azú entró de segunda y luego pasó Avan. Corrí para quedar frente a dos puertas, noté que desde donde caímos y donde estaba ahora, había una abertura a los lados. Sacudí mi cabeza y abrí la puerta «A»; no quise detallar mucho lo que allí se encontraba, los chillidos estaban cerca y mi piel picaba. Esos animalejos me afectaban como a ningún otro. Malditos virus. Intenté abrir la puerta «B» pero el código no me salía. Mi cabeza era un remolino y miles de pensamientos flotaban.
—Ariam, ¿qué sucede? —gritó Azú. Ambos estaban eliminando a esas criaturas que nos habían alcanzado. Necesitaba abrir la estúpida puerta. Mis piernas fallaron y llevé mis manos a los oídos.
—¡Cállense! —grité. Quería concentrarme y ellas no me dejaban.
—Ariam —me gritó Avan. Nadie le estaba atacando y él trataba de empujarlo lo más lejos posible de mí. Busqué fuerzas donde no tenía y me coloqué en pie. Ignoré todos los pensamientos que corrían a mí alrededor y así pude recordar la clave. Cuando hallé el botón rojo me di cuenta que Avan quedaría fuera de la protección que me dijeron mis hermanos.
—Avan —grité. La determinación en su mirada me dio a entender que si no lo hacía, me mataría él. Presioné el botón y el lugar se empezó a inundar de humo. Los animalejos se retorcían y rugían con ímpetu. Lo último que vi fue cuando Avan lanzó a Azú hacia mí quedando él fuera deteniendo a Nadie. Abracé a Azú para que evitara una locura y saliera en su búsqueda. Entré al primer cuarto y vi una especie de laboratorio. —Azú —la llamé. Ella venía con lágrimas en los ojos. No necesité explicarle a lo que veníamos. Agradecí que la habitación estuviera insonorizada, porque al mirar pude ver como Nadie asesinaba a Avan y las miles de criatura devoraban su cuerpo. Nadie me miraba con odio y cerré mis ojos, no quería ver como mi sangre entraba en el sistema y le daba fin a un mundo de pesadillas.
—Lo hiciste bien, Ariam —me consoló Adair. Mis lágrimas corrían sin permiso por mi rostro. No hizo falta que hablara, ellos sentían mi dolor.
—En las guerras siempre hay muertes, unas más necesarias que otras, pero siempre ocurren —llegó a mí el pensamiento de Adasat. Él realmente era un hombre sabio. Me sentía agotado y mi cuerpo desmayó cuando la última gota por donar salió de mí.
Al despertar, pensé encontrarme con la guerrera que me salvó, pero a quien vi fue a Alyssum. Ella me explicó que dormí por una semana. La verdad era que ni recordaba haber dormido. Al parecer todas mis conjeturas fueron ciertas. Poco a poco los virus se fueron debilitando. Nadie había desaparecido del mundo de los sueños y los rebeldes controlaban todo. Debería estar feliz y vivir mi vida, pero me sentía vacío. Cuando me hube aseado, entré al edificio donde convivían mis hermanos. Me senté en la única silla que había y esperé por ellos. Nunca llegaron.
Comprendí que ya no los vería hasta dentro de ocho años. Mi sangre hizo el efecto que deseábamos, pero ya los extrañaba. La ventaja era que ellos podrían entrar en mis sueños pero no todos a la vez. Aunque, solo serían Adair y Aleb quienes me visitarían. Con ellos logré un lazo que con el resto, no pude.
Quería ver a Azú pero ella se escondía de mí. Decidí regresar al campo y hacerlo florecer. Era un creador que, aunque estuviese todavía dormido, podía crear pequeñas cosas. Así viví mi año de espera: haciendo fértil la tierra de mis ancestros. Porque aunque ellos no hubiesen sido mis padres, fueron los únicos que conocí.
Era hora de regresar, mi sangre era requerida para contener a «Los genios» fuera de los soñadores. Azú vino por mí, estaba distinta. Éramos iguales, al menos en edad.
Sonreí y la abracé con fuerzas. Agarré la maleta que tenía preparada y subí con ella a una camioneta gris que nos esperaba. No hablábamos, solo nos mirábamos de reojo y sonreíamos. En cierta medida era cursi.
Hice lo mismo que la primera vez, dejé que me conectaran a la máquina para que extrajeran la sangre necesaria. Caí en un sueño profundo como aquella vez, la diferencia fue, que al despertar, estaba Azú al pie de mi cama leyendo. Le sonreí y la abracé. Ella se volvió mi protectora y regresó quedándose conmigo en el campo. Cada año íbamos juntos, siendo eso lo único que necesitaba, su compañía. Me enseñó muchas cosas y yo le enseñé otras más.
Fuimos felices. Y, aunque extrañaba a mis hermanos, prefería evitar soñar, ya que eso me alejaba de ella. Quise crear nuestro propio futuro y así nuestros sueños. Ella me permitió amarla. Pero todo tiene su final. Tuvimos una gran vida y era tiempo de regresar. Doné mis últimas gotas de sangre y despertamos, me la llevé conmigo hasta donde mis hermanos. No quería que despertáramos con 64 años como debía ser e hice mi final feliz para nosotros. Quería amarla ahora en este otro mundo.
Éramos dos amantes de 24 años. Dos amantes felices en un mundo que no era soñado.
Fin.

Hace alrededor de 4 años

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HJPilgrim
Rango13 Nivel 60
hace alrededor de 4 años

@Mcmary_22 otra muy interesante obra que no tuve la suerte de encontrar antes. Enhorabuena por tu excelente trabajo y llegar a la final. Te deseo lo mejor!