Labdanum
Rango1 Nivel 1 (6 ptos) | Redactor Becario
#1
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Le aclaraba con desesperanza que yo no era más que un hombre.
Pero no paraba de gritar imprecaciones.
Farfullaba una cantidad de cosas que, producto quizá de mi estupor, resultaban inteligibles.
Quería deshacerme de todo inmediatamente, pues el escandalo me atormentaba.
Hice un ademán para quitármela de encima, pero por el contrario, no cedió.
Esto pareció avivar más la llama de su ira.
―Basta ya. Quítate de encima. ―Alcancé a decirle con esfuerzo―
Me faltaba un poco el aire y mis pensamientos empezaban a desordenarse.
Ella, por el contrario me tenía sujetado por el cuello de la camiseta y la jalaba intentando hacerla jirones.
Su respiración honda y fuerte, resonaba como la de una bestia.
En toda mi distensión creí recordar por qué había comenzado todo.
Unas horas antes, cinco para ser preciso, había marchadome con la promesa de ir a por leche para el crío y comprar otras cosas que faltaban en casa desde hacía días. Era fin de mes y las cosas habían estado bastante mal desde el inicio del mismo.

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#2

La comida escaseaba y muchas veces no comíamos más que una sola vez.
Entretanto, cada sol traía consigo una carga pesada. La imposibilidad de cada día confabulaba para que nuestras humanidades fueran diluyéndose con el pasar de las jornadas.
Por mi parte, a ratos no era yo, y muchas veces sentía como mi mente que mayormente estaba ocupada en las labores, compartía habitación con voces que no estuvieron conmigo nunca antes.
No sabría decir desde hace cuánto tiempo estaba sucediéndome esto, pero llevaba rato notándolo.
Algunas veces, lo achacaba a que solo era la mente divagando, pero otras tantas... No tenía la certeza de ello y temía en silencio.
Retomando lo dicho, había salido y sin haberlo meditado terminé en un bar a unos escasos kilómetros de casa.
El ambiente oscuro y la música disonante me parecieron adecuados para como me hallaba en ese momento y tomé asiento.
El lugar no me era para nada desconocido, pasaba una vez cada tanto por el sitio, aunque siempre era para un trago puntual que se sucedía comúnmente con mi pronta partida.
Sin embargo, hoy me resultaba extraño, ajeno hasta de mí. Una especie de hondura parecía ensancharse a mis adentros. Estaba urgido de extravío.
Agrietado, iba llenando mi boca con tragos sucesivos. Saqué un cigarrillo que fumé cavilosamente y volví a encender otro.
Sentía que el pecho henchido terminaría por reventar pero intentaba ignorarlo.
― “No es como que vaya a estallar en trozos de carne y tripas delante de todos”, me dije. Aunque de suceder así, estos no tardarían más que unos segundos en volver a sus asuntos, pensé y reí cínicamente de ello.
―Viéndolo bien, sería hasta gracioso que sucediera. ―Terminé por añadir―.
El rostro del tiempo demudado, iba progresivamente desfigurándose para mí.
Habiendo perdido cuenta de la hora, y de mi bolsillo; me encontraba un poco atontado, más aún seguía consciente de mi existencia. Esto último me molestó.
Pedí un par de tragos más, y un tercero.
Al rato, cuando me avisaron que estaban por cerrar… Caí en cuenta de me había olvidado de todo.
Pagué la cuenta, y sin dejar propina me marché.
Era más de medianoche y las calles estaban desoladas. La brisa fuerte y la oscuridad ancha, cubrían el techo de estos recovecos del mundo.
Caminando amilanado y a un ritmo meditabundo, iba mi alma trémula por las calles.
Mi mirada encontraba unas veces el piso y otras se perdía en el horizonte de la nada.

Abrí la puerta del edificio luego de tontear con las llaves en mi mano, y la azoté tras de mí sordamente.
Subí el primer escalón y seguí mi escalada hasta llegar a casa.
Dentro esperaba Magda con cara de cansancio e irritación.
Me miró de arriba a abajo y luego de unas lágrimas, arrojó algo que impactó contra la pared.
Me pareció que se trataba un vaso, pero la verdad es que no me importaba saberlo.
Enojada, amargas lágrimas caían por sus mejillas como graves ofensas que no paraban de sucederse. Me pedía explicaciones, por la leche, la comida y los enseres.
― ¿Acaso te perdiste a mitad de camino, desgraciado? ―Gritó―.
―No. ―le escupí secamente― e hice ademán para entrar a nuestra habitación.
No había vuelto en sí del todo cuando empezó a golpear mi pecho fuertemente entre insultos y maldiciones.
No le daba yo respuesta alguna.
Parecíame todo tan surreal y absurdo, probablemente a causa de la mente embotada.
Estampándome contra la pared me golpeaba en el rostro mientras me asía por la camisa.
Recobré el sentido ligeramente y le pedí que se quitara de encima, me sentía cansado.
No parecía atender razones y mis pensamientos se desordenaron.
Le arrojé por encima de un mueble y calló sorprendida ante el.
Profería insultos agitados entre gritos asustados.
Logré a agarrarle nuevamente y todo se tornó borroso.
Con la visión nublada, solo veía una pantalla negra mientras mi cuerpo seguía en movimiento.
Pude oír un puñetazo seco impactar y luego un calor cubrió mis nudillos.
Estos, como encendidos… Siguieron golpeando; alaridos sordos les seguían pero estos, iban cediendo con cada golpe.
Estalló en un llanto casi mudo al que se le escapaban algunos gemidos, pero un par de golpes más terminaron por ahogar todo sonido hasta que finalmente tendida, quedó hecha un ovillo tembloroso.
El cerebro inflamado chocaba con las paredes de mi cabeza, todo había sucedido muy rápido y súbitamente volvía a aclararse mi visión.
Arrastré los pies con lo que quedaba de fuerza y con una inclinación me tendí sobre la cama suave.
Segundos más tarde, dormí plácidamente.