Lui_Gag
Rango6 Nivel 27 (1042 ptos) | Novelista en prácticas
#1

Otra mañana de intenso y maravilloso sexo, pero no era una mañana cualquiera, faltaban cuatro días para San Valentín. Y allí estaba con él, pensando de nuevo que aquello que tenían fuera lo que fuera era algo más, no concebía esas caricias y esos besos sin sentimientos.
- ¿Qué somos?- le preguntó a bocajarro.
-No quiero pensar en eso, estamos bien como estamos, no es necesario poner etiquetas a todo.
Ella guardó silencio, se levantó y se fue a la ducha, el la siguió y volvieron a fornicar envueltos en espuma. Antes de irse él le propuso hacer algo especial el viernes por la noche y se despidió con un beso. Ella pensó que volvería a celebrar otro no San Valentín y no faltarían las velas, las fresas, el cava, algún que otro juguetito y toda una noche de lujuria. Cada encuentro era diferente, siempre la sorprendía con algo, pero las caricias, esas no.Podía cambiar el orden en el que recorría cada centímetro de su cuerpo, la intensidad, los lugares en los que se entretenía o se recreaba, como la hacía sufrir cuando se acercaba al pubis o a sus pechos para alejarse haciendo...

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David_escritor
Rango7 Nivel 30
hace más de 4 años

Gran comienzo! Le doy un voto, ojalá llegues a tres!

Lui_Gag
Rango6 Nivel 27
hace más de 4 años

Estoy empezando con la literatura erótica, tus palabras me dan un empujoncito para no desistir. Gracias

Javi
Rango13 Nivel 61
hace más de 4 años

Muy bueno, sobre todo este género que siempre es complicado ;)


#2

... que llegara a desesperarse, tanto que más de una vez había tenido un orgasmo sin nada más; “orgasmos de desesperación” como los llamaba él.
Lo de aquella mañana no era fácil de superar, aunque eso pensó la vez anterior cuando sacó un helado de chocolate que acabó literalmente sobre la parte de atrás de su cuerpo y él lamió con la misma lentitud con la que la acariciaba y de pronto la penetró sin posibilidad de escape, aprisionándola contra la cama, no quería escapar, eso seguro, pero el hecho de no poder moverse la elevó al séptimo cielo del placer, si es que existe uno. Pero aquella mañana apareció con un frasco de aceite de masaje, se lo enseñó y le dijo -para tu contractura-, era cierto hacía unos días que tenía molestias en la cintura. Sin más preámbulos la desnudó, la tendió en la cama y comenzó a derramar el liquido aceitoso sobre su espalda untándolo por toda ella como un profesional y como siempre parándose de modo estratégico allí donde sabía que la llevaría a rogarle que no se detuviera y de pronto aquél zumbido, ella intentó mirar pero la detuvo – no princesa, si miras perderá la magia-, y aquello que sonaba como su epilady se deslizó entre sus nalgas saliendo y entrando de ellas hasta que ciega de placer le pidió que fuera más allá , algo que no había hecho nunca y que deseó con cada poro de su piel. La obedeció, penetró la fortaleza mejor guardada de su cuerpo y…

Hace más de 4 años

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#3

le invadieron oleadas de sensaciones nuevas, extrañas, oleadas como si un tsunami invadiera todos sus sentidos inundándola por dentro y por fuera, le gritó que no parara, en eso momento no, no lo hubiera soportado , -si paras te mato- y lo hubiera hecho . Esa era otra cosa, hablaba durante el coito como jamás lo había hecho con nadie, ese lenguaje obsceno en cualquier otra situación pero que entre sábanas, o en el sofá, o en la alfombra, o en la cocina es el mejor de los afrodisiacos y un GPS que te lleva seguro al destino. Había aprendido con él a decir en alto lo que iba sintiendo en cada momento, a pedirle e incluso ordenarle como debía usar su lengua cuando jugueteaba con su clítoris haciendo que cambiara el ritmo, más lento, más rápido, ahora suave… Había aprendido también a ponerlo a cien susurrándole al oído lo que le iba a hacer con su boca a la vez que le acariciaba el pene, con lo que ella también se excitaba, hasta que él le agarraba el pelo llevándola hasta su entrepierna, dónde su sexo esperaba preparado para la embestida de su lengua. Una vez ahí ella volvía a recrearse, aguantándose las ganas de tragarse aquella cosa caliente que le daba tanto placer, le gustaba, mucho, sobre todo hacer que él se derramara en su boca, algo que la dejaba preparada para el próximo asalto, dispuesta para recibirle de nuevo. Volvió a meterse en la ducha, todos estos pensamientos la habían trastocado, esta vez lo hizo con el vibrador.
Sí sabía que había una norma no escrita, ni siquiera dicha, esas palabras prohibidas que a veces le subían desde el estómago a la boca congelándole los labios, pero aún así se le dibujó una sonrisa, seguramente esa noche muchas parejas que saben lo que son cenarán en un sitio caro, ellas recibirán flores, ellos alguna corbata, pero pocas tendrían la noche que a ella le esperaba. Sería otro no San Valentín, pero se sentía inmensamente amada.

Hace más de 4 años

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Lui_Gag
Rango6 Nivel 27
hace más de 4 años

Gracias por haberme dado la oportunidad de compartir con vosotros mi primer relato erótico, que espero no haya traspasado esa raya tan fina que existe entre lo erótico y lo obsceno. Me queda mucho por aprender. Todas las críticas serán bienvenidas