Moises124637898
Rango7 Nivel 30 (1440 ptos) | Autor novel
#1
    Partes:
  • #2

La historia comienza donde siempre
En un lugar donde nadie realmente te odiará
Pero todos querrán un pedazo de ti
Donde nadie ira a buscarte ni oirá tus gritos en la oscuridad.
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Noche cerrada en la taberna del viejo Mills. Los viajeros descansaban los pies y los locales se sentaban a discutir sobre cuestiones cotidianas como quien era más fuerte y quien podía beber más sin perder el conocimiento. Los clientes gritaban y reían y un grupo de cuatro hombres bromeaba en la barra con el tabernero como viejos amigos.
Por la puerta entró Jackson, un hombre mayor, gastado, con una barba de varios días y el cabello alborotado, los ojos una mezcla de amarillentos y rojizos fruto del alcohol y del trabajo, con una bolsa de cuero al hombro. Solía llevar su carretilla al pueblo siguiente para abastecer su tienda una vez a la semana, por lo que esos días solía llegar cubierto de barro y polvo del camino de pies a cabeza pero siempre de buen humor. Solo esta noche estaba verdaderamente cansado. Se dirigió directo hacia la barra...

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#2

Varios de los clientes saludaron a Jackson, sea llamando su nombre y alzando su jarra de cerveza, con un gesto de la mano o solo un asentimiento de cabeza. Su presencia en la taberna era tan común como el amueblado y todos lo respetaban y reconocían como alguien que sabía muchas cosas. Él los miraba al pasar y saludaba a su vez.
Al llegar a la barra, Jackson se dejó caer pesadamente sobre un taburete, dejando la bolsa en el suelo. Los presentes lo saludaron y volvieron a su conversación sobre lo mala que era la comida de Mills. Jackson permaneció sentado en silencio, poniendo su mente en orden.
—Vi al Demonio esta mañana—dijo con voz queda. Los hombres de la barra dejaron de hablar.
— ¿Viste qué?—Preguntó Mills después de un momento.
—El Demonio de Heuthren—respondió Jackson, un poco más fuerte, mirando hacia la nada.
—No puede ser—dijo el hombre— ¿Cómo sabes que era él?
—Se veía como dicen las historias—dijo—En el viaje de vuelta desde Lorwen. El sol apenas estaba saliendo cuando pasé por ahí pero pude verlo claramente. Antes me había parecido extraño ver las pisadas de un ejército en el camino, porque seguro habría escuchado decir algo al respecto en el pueblo, cosa que no sucedió, entonces lo vi: decenas, quizá cientos de monstruos con aspectos grotescos repartidos por todo el suelo, otros todavía estaban de pie peleando contra el Demonio, todos eran más grandes que el más grande de los hombres que haya visto. El Demonio portaba un arma tan larga como él mismo y mantenía a los monstruos a raya con ella.
Y reía.
Entre los rugidos de las bestias con las que luchaba y los gemidos de los moribundos podías escucharlo reír.
— ¿Y qué hiciste al verlo?—preguntó otro de los hombres, Stib, con gesto burlón.
Jackson lo miró frunciendo el ceño
— Pues casi me cago, si eso es lo que preguntas. »Uno de los monstruos miró hacia mí, rugió y me señaló. Fue entonces cuando solté la carreta y comencé a correr pero el maldito me siguió. No sé cuánto tiempo corrí, mis piernas ya no son las de antes y esa cosa era enorme: dos cuernos retorcidos y cabeza de toro, del tamaño de una casa pequeña pero caminaba erguido. Me metí entre los árboles para intentar perderlo, lo escuchaba resoplar a través detrás de mí. Portaba un hacha tan grande como yo, lo sé porque me la arrojó y falló, el hacha se clavó en un árbol junto a mí. Entonces creo que si me cagué—dijo mirando fijamente a Stib.
— ¿Qué tan ebrio estabas Jackson?—preguntó el hombre entre risas.
—No lo suficiente, te lo juro por mi madre—contestó Jackson—. Y puedo probarlo—dijo depositando fuertemente la bolsa de cuero sobre la barra.
Mills miró a Jackson arqueando una ceja y éste le hizo un gesto retándolo a abrir la bolsa. El tabernero la tomó y la sopesó un momento antes de abrirla y vaciar su contenido sobre la barra. Los hombres instintivamente se echaron hacia atrás al ver la garra descansando sobre la madera.
La garra medía lo que un codo de largo, estaba surcada de líneas irregulares desde la base hasta la punta y estaba hecha de un material negro finamente pulido que reflejaba la luz anaranjada de las lámparas. A lo largo de su curvatura presentaba una especie de sierra como la dentadura de un depredador.
Es una de las garras del monstruo—continuó Jackson—. Cuando me cansé de correr el monstruo me alcanzó y yo me recargué en un árbol para morir. Juro que no supliqué por mi vida y que en ningún momento dejé de mirarlo a los ojos, pensé que no iba a morir como un completo cobarde. Le llevaba algunos segundos de ventaja así que pude verlo venir. El monstruo no perdió ni un segundo y me atacó con toda su fuerza pero algo lo arrolló al pasar rápidamente. Donde estaba parado solo vi su capa negra con el emblema dorado de Heuthren pero sé que el Demonio aún sonreía cuando le dijo al monstruo «solo quedas tu ». En una otra mano portaba el arma que había visto antes, que era en realidad un brazo largo y pálido cercenado de algo más y aporreó con él al monstruo caído varias veces, luego se deshizo del brazo arrojándolo a un lado y desenvainó su propia espada mientras el monstruo se ponía de pie—Jackson hizo una pequeña pausa al notar los ojos expectantes de los hombres de la barra sobre él—. Si. Pude ver las llamas blancas que la hoja desprendía cuando le cortó la mano al monstruo, acto seguido alzó la espada y el cuerpo entero del monstruo estalló en llamas. La bestia gritó desesperada y se revolcó en el suelo por un tiempo que me pareció interminable para ver el sufrimiento ajeno, después dejó de moverse. El Demonio lo había estado mirando sin mover un solo músculo, seguramente orgulloso de su trabajo—Jackson contempló la nada de nuevo, respirando agitadamente.
— ¿Y luego?— preguntó otro hombre, Meis.
—Se fue—contestó Jackson después de un suspiro—Envainó su espada y me miró. Tiene una apariencia joven, pero sus ojos rojos eran como espadas. Solo mirarlo de frente probablemente me costó unos años de vida. Después me sonrió como se le sonríe a un crío que hace algo bien por primera vez, caminó hacia la mano cercenada del monstruo, le arrancó esta garra, la arrojó a mis pies, después asintió con la cabeza sin dejar de sonreír y se alejó caminando. Lo vi marchar hasta que desapareció detrás de los árboles mientras el sol salía y el cuerpo del monstruo se convertía en cenizas. Me derrumbé en el sitio y me quedé ahí hasta que mis piernas dejaron de temblar lo suficiente para ponerme de pie otra vez, lo demás ya lo saben. Aparentemente no me alejé demasiado de mi carretilla, así que volví por ella y traje la garra. Y eso es todo, me imagino que podría vender esa cosa a un buen precio a alguien a quien le interese.
— ¿Para qué sirve una garra, en todo caso?— preguntó Stib.
—No es solo una garra, es una garra de Rahmid— le respondió una voz femenina.
Los hombres de la barra se volvieron y miraron primero a una hermosa muchacha y sus peligrosos ojos oscuros mientras recargaba los brazos en la barra. Su rostro y sus brazos desnudos mostraban una la piel blanca como la nieve y llevaba el largo cabello negro atado en una trenza que descansaba sobre su hombro izquierdo. Jackson se fijó en su peto de cuero, arrugado pero reluciente, con grabados que recordaban enredaderas y la quemadura que representaba las alas del dragón dormido, lo que la identificaba como miembro de la legión de Ghraind.
Se hizo el silencio, durante el cual solo pudo escucharse el crepitar de las llamas en la chimenea y un largo suspiro desde la esquina. Al parecer toda la taberna había contenido el aliento mientras Jackson contaba su historia.
—Disculpen mi rudeza, hombres—empezó la joven, hablando para todos pero dirigiéndose solo a Jackson—.Mi nombre es Shar Daeron. Escuché su conversación y me gustaría ofrecerle cien piezas de zir por esa garra.
Jackson se quedó perplejo. El zir era moneda del reino de Zen y cien piezas de zir eran poco más de lo que lograba conseguir en un buen año vendiendo y trabajando pieles. Sus costumbres lo animaba a regatear pero su instinto y lo poco que sabía de la legión de Ghraind le decían que no debía molestar a esa mujer. Miró a los hombres de la barra y alzó la barbilla y las cejas. Los hombres se alejaron un poco y comenzaron a charlar de otras cosas, dejándolo solo con la joven. El resto de la taberna retomó su ruido habitual.
—Claro, lo que sea por la señorita—contestó mirándola descaradamente de arriba abajo, tratando con todas sus fuerzas de parecer un pueblerino ignorante. La joven sonrió y desató de su cintura una pequeña bolsa negra.
—Aquí tienes entonces—dijo poniéndole la bolsa en el pecho con aire seductivo e inclinándose sobre él para alcanzar la garra. Por un momento, Jackson casi perdió la cautela pero se recuperó sonriendo como su amigo el imbécil y aspirando el aroma de Shar. La chica olía a hierba recién cortada, con un toque adecuado de sangre—. Solo una cosa más—le dijo— ¿podrías contarme otra vez tu historia? Me gustaría saber donde la encontraste.
—Por supuesto que sí— contestó Jackson, contando el contenido de la bolsa—. Verás…
Cuando terminó de nuevo el relato, Shar lo miró un momento, pensativa. Jackson había cambiado ligeramente la historia acentuando su valor y agregado como bien habría podido acabar él solo con el monstruo si el Demonio no se le hubiera adelantado mientras se acercaba un poco a la joven. Jackson se sentía plenamente como el imbécil que aparentaba ser pero estaba seguro de estar dando su peor impresión. La joven sonrió.
— ¿Cuánto tiempo se hace desde aquí hasta allá?— preguntó por fin.
—Unas seis horas a pie jalando una carretilla llena—contestó Jackson—no sabría decirte cuánto sin ella—Shar lo miró fijamente un momento. Jackson le ofreció su mejor sonrisa conquistadora.
—Eso sería todo—dijo. Miró hacia un rincón de la taberna e hizo un gesto con la cabeza. Dos hombres de aspecto sombrío se pusieron de pie. Los hombres fueron hacia la barra y se pararon detrás de la ella, uno a cada lado—. Gracias por todo señor Jackson—se despidió Shar sonriendo encantadoramente. Se dio la vuelta y salió por la puerta hacia la noche, seguida de los dos hombres.
Jackson esperó un par de minutos para asegurarse de que todo estaba bien antes de quitarse su máscara de idiota. Los hombres de la barra lo miraron con seriedad. Jackson tomó un gran respiro seguido de una fuerte exhalación de profundo alivio.
—Y así, compañeros. Es cómo no hacerse matar por una hechicera de Ghraind.

Hace más de 1 año

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Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 6 meses

Muy bueno, me ha gustado mucho, no te conocia clarovque llevo poco tiempo por aqui. Merece la pena leerte y te seguire para estar atento a tus historias, lastima que no siguieras con esta.

Moises124637898
Rango7 Nivel 30
hace 6 meses

Agradezco tu comentario @Hiarbas, tal vez se deba a que llevo dos años inactivo, de repente recorde que existia este sitio y no quiero morir sin terminar lo que empecé

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 6 meses

Pues no te quedes con las ganas y date el gustazo.