Elayha
Rango15 Nivel 72 (30356 ptos) | Estrella de la editorial

En el continente Meridional solo hay cabida para la masacre, la muerte y la traición. Países Como Traben, Malash y Krirlef son lugares donde solo el mas fuerte sobrevive. Entre aquellos lugares destaca el país de Malash; estancia de asesinos, herejes y prostitutas. Los Malai son la civilización mas cruel por naturaleza, y aunque su sociedad este en unidad con el país de Valimar su gente es poco de fiar. Sin embargo, entre ellos hay un hombre que destaca; su nombre es Haskir Nebulon.

Su historia esta llena de secretos y misterios. Poseído por la arconte Ihg' Narnath, Haskir deberá afrontar un terrible y doloroso desafió; y solo dispondrá de un lapso de tiempo para encontrar unos antiguos artefactos dispersos por el mundo, antes de que su alma sea abasto de los cuervos y la ceniza.

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Jawahal
Rango8 Nivel 39
hace casi 2 años

Un comienzo fuerte, me gusta

viky
Rango3 Nivel 13
hace casi 2 años

Sugoi

Esta interesante


#2

Prólogo

Sangre, Fortuna y dinero.
Un camino donde todo lo Vale.

El "Demoledor aullante" surcaba las dimensiones con un silbido siseante, una especie de vendaval aullaba en la espesura de la corriente dimensional, las velas de piel de Yack oscilaban en aquella zona, y se movían de izquierda a derecha como si el viento fuera en direcciones desordenadas, si el impulsor de energía del "Demoledor Aullante" no estuviera activo la nave hubiera terminado en una dimensión desconocida; sin embargo, gracias al propulsor de protones y neutrones el viaje dimensional era posible. Los tripulantes del navío conocían muy bien su oficio, conocían los riesgos que suponía el viaje interdimensional. Hace muchos años los viajes dimensionales eran imposibles, pero ahora lo eran. No por un milagro mágico, sino por un milagro científico.

Los ciudadanos del País de BlackWine habían creado un propulsor de energía cuántica que era capaz de envolver la forma y dividir la materia en fractales o frecuencia, y que permitía el salto interdimensional, de modo que un viaje que podía durar 50 días. Podía durar 1 hora o 10 minutos, dependiendo de la distancia y el lugar donde se viajara.

El "Demoledor Aullante" era un navío imponente, casi una ciudadela, tenía mecanismos sofisticados, incluso podía volar y surcar los cielos, tenía un globo de aire comprimido para que el barco pudiera flotar por los cielos como si de un Zeppelin se tratara. El mecanismo del navío estaba envuelto de una aleación llamada Horgon, un acero tan fuerte como el mismísimo universo; otro metal se demolería en cuestión de segundos, pero el Horgon era tan resistente que podía soportar las ráfagas de energía eterica que viajaban e impactaban en el navío.

Haskir, daba órdenes a su tripulación, haciendo que cambiasen la fricción de la nave, el metal fundido de la nave se asemejaba a las escamas de un pescado, y tenía la forma de un cocodrilo en la parte de la popa, donde los vientos etericos impactaban con más potencia; como si la presencia de aquella nave fuera una herejía o un sacrilegio para el mundo etéreo. Las escamas de la nave cambiaron de forma y se metamorfosearon sellando cada apertura y grieta del navío que pudiera poner el riesgo a los esclavos o a la tripulación, haciendo que el peligro fuera menor.

Lani_Janet
Rango3 Nivel 13
hace casi 2 años

Me han surgido un par de dudas en cuanto a la lógica de la física que has mencionado...

Pero bueno, es una historia no una tesis científica 😅

Elayha
Rango15 Nivel 72
hace casi 2 años

Hahaha Ya mas adelante explicare como se hacen los viajes dimensionales ;)I que se necesita y como se hacen para darle lógica a esa parte ;) por que los viajes dimensiones estan mas que todo relacionados al uso de agujeros de gusano.


#3

Haskir, quien era el señor y el capitán de la nave, empezaba a dar órdenes a su tripulación; se hallaba de pie en la proa del "Demoledor Aullante" y contemplaba el espacio dimensional que se alzaba ante él. Las corrientes etéreas rugían incesantes, intentando destruirlo, pero no lograban nada, cada vez que una corriente de energía intentaba atravesar el muro de iones solo terminaba rebotando, para que al final sea expulsado al confín de las dimensiones. El Malai se sonrió, como siempre solía hacerlo cuando los planes le salían bien, luego frunció el ceño y puso una mueca de desagrado cuando escucho los gemidos de una mujer. Seguramente una esclava siendo violada por sus tripulantes, sus oídos agudos le permitieron incluso escuchar los susurros entre oídos de tripulante entre tripulante.

Y entre los susurros y conspiraciones, se permitió sonreír.

"Este es el sabor de la victoria". Pensó, al tiempo que la sonrisa se mantenía en su rostro, era una sonrisa carente de alegría, carente de esencia.

Entonces sin que lo advirtiera el espacio dimensional se dobló, girando y volteándose de manera inicua. Fugases ascuas de energía se removieron de izquierda a derecha, de arriba hacia abajo, ases fugases de energía atacaron el navío, pero eso no tenía importancia.

— Prepárense para la transposición; abran los rotuladores de energía. — Indico a sus tripulantes, que corrían alarmantes, como hormigas asustadas; — comiencen a inflar el globo flotante, que los esclavos enciendan la caldera, y quiero que les den una paliza de muerte a los cabrones que están violando a una de mis esclavas; no les he dado autorización, ni permiso. Señorita Adelia, Maestre Vaner, — las dos figuras se voltearon para ver a su capitán — quiero que el resto de esclavos empiecen a pedalear, para que el globo nos mantenga en el cielo; estoy más que seguro que acabaremos en medio de la nada.

— Si mi Señor.

Adelia y Vaner asintieron.

Vaner, el maestre de la flota asintió y se retiró del mismo modo hacia la proa de la nave.
De manera inmediata, el espacio etéreo se distorsiono, como miles de amalgamas que se aglutinaban abriendo un agujero que termino en medio de la nada; era evidente que la nave terminaría en medio del cielo, donde se encontraban las nubes y el firmamento. Como si de una explosión se tratara la nave se dobló contorsionándose y temblando como una gelatina, el espacio a su alrededor creo ondas que se perdieron en el espacio disforme, y el "Demoledor Aullante" había llegado a los cielos del País de Malash. Detrás de la nave, la gran boca negra que los había expulsado estaba cerrándose y el espacio a su alrededor estaba tomando forma en el espacio real.

Haskir sacó del cinturón una prenda cuidadosamente envuelta, se la acercó a los labios y aspiró el embriagador perfume que emanaba de su esclava. Olía a sangre y agua salada, cosa que aguzó sus sentidos.

"Esencia de muerte". Volvió a sonreírse, mientras el barco flotaba en los cielos y se disponía a descender a la superficie azulina del mar, con eficacia y sumo cuidado.

#4

El Navío de incursión siempre era una apuesta arriesgada, y robarle a razas dimensionales también lo era, pero la gente de Malash ya estaba acostumbrada a esa clase de trabajo; era su estándar de vida. Haskir Nebulon solo poseía un navío gigante, con una tripulación reducida, una partida tardía que entorpecía la iniciativa, pero eso no bastaba con el mero éxito; nada inferior a un emocionante triunfo impresionaría a sus reacios aliados en el Muro Ihkar, del basto País de Malash. Así pues, se habían demorado a lo largo de la costa Dimensional de Urhadar durante varias semanas después de que sus pares hubiesen puesto rumbo a casa.

Su anterior capitán siempre le protestaba e insultaba, así que Haskir, harto de recibir órdenes de un incompetente le apuñalo en la cabeza, haciéndose con la flota más veloz entre las dimensiones, con tecnología desconocida pero efectiva, y con un botín que podía hacerlo rico de la noche a la mañana; pues la vida en Malash era solo la ley del más fuerte o la suerte del más astuto; de hecho así eran las cosas en todo el continente, no solo Malash padecía esa regla.

Aquellos días habían pasado viajando de dimensión en dimensión, surcando las corrientes etéreas, donde no solo arriesgaron la vida, sino que se habían perdido 7 tripulantes entre los mundos dimensionales que habían visitado e invadido, entre ellos un mundo invertido por dos mundos que se chocaban entre sí, donde le habían robado una reliquia a una raza de hombres pájaro, cuyo nombre eran Sukkal. Aun así, cuando llegaron a su mundo la tanda de saqueos no había cesado, pues se vieron en la gran osadía de raptar y secuestrar a gente fuera de su región invadiendo pueblos pequeños; Haskir sabía que un gran número de esclavos traía una gran cantidad de dinero en efectivo, y mucho mejor si se llevaba criaturas dimensionales para que lucharan en las cruentas arenas de combate; y donde se decía que había solo una persona había salido invicto de aquel infierno. Haskir recordaba el nombre de aquella persona.

#5

— Agueon. — Susurro Haskir con una vos cargada de desprecio.

Se decía que el tal Agueon, había creado un tremendo barullo en el cuarto muro donde se ubicaba la ciudadela de Ihkar, donde no solo habían logrado escapar mercenarios, sino que criaturas dimensionales y mitológicas habían sido liberadas; causando el pánico en la tercera ciudadela de Malash; aquel día la ciudadela circular de Ihkar sintió el pavor y el miedo que debieron haber sentido los luchadores de las cruentas arenas de combate, cuando miles de criaturas enloquecidas despedazaron a un montón de comerciantes y esclavistas de la zona, entre las criaturas estaban las estriges, lamias, draconianos venidos del nuevo continente, Ihgartaros, que venían de dimensiones de baja frecuencia y que eran caracterizados por tener tentáculos y que eran capaces de cortar incluso la armadura como si de mantequilla se tratara, arañas gigantes, incluso criaturas dimensionales que eran traídas de otros mundos, y que comenzaron a crear brechas dimensionales en varias zonas de la ciudadela. Hizo falta que toda la guarnición del Rey Glauka se dirigiera hacia el Muro Ihkar para detener aquella devastadora invasión, antes de que la desgracia se expandiera y creara un cisma en todo el País; aquella incursión duro más de un año, donde criaturas dimensionales arrasaron con toda la vida en la ciudadela de Ihkar.

…….

La cubierta oscura crujió ligeramente y se escoró a estribor cuando El “Demoledor Aullante” viró en dirección a la estrecha desembocadura del río que conducía a la Ciudad de los Barcos. Estando ya más cerca, Haskir distinguía las altas, escarpadas torres de la puerta marítima, que se alzaban a ambos lados de la estrecha entrada; una pesada cadena de hierro se extendía entre ellas, justo por debajo de la superficie de las aguas de corriente rápida. Nieblas frías que cambiaban y formaban remolinos en el viento se adherían a la rocosa orilla y a los flancos de las dos torres.

En lo alto de la jarcia del navío, un marinero hizo sonar un cuerno de caza, cuyo largo y horripilante gemido resonó sobre la superficie del agua. No les llegó respuesta alguna, pero a Haskir se le puso la piel de gallina mientras estudiaba las estrechas troneras de las fortificaciones de aquella fortaleza marítima puesto hace muchos años en Malash; sabedor de que, a su vez, unos ojos asesinos lo observaban a él, y solo a él.

Los oídos de Haskir captaron un cambio de tonalidades en el susurro de la estela, y un débil murmullo, como un coro de almas dolientes, se alzó desde el espacio, cerca del casco. Se asomó por la borda y sus agudos ojos atisbaron bruñidas formas oscuras que nadaban velozmente justo por debajo de la superficie. Aparecían y desaparecían de la vista, desvaneciéndose en las profundidades, tan silenciosas como fantasmas, para reaparecer en un abrir y cerrar de ojos. Mientras observaba, una de las figuras rodó de espaldas y lo contempló con grandes ojos de forma almendrada.

Haskir captó un atisbo de piel pálida, casi luminosa, un vientre suave y pequeños pechos redondos. Una seductora cara femenina salió a la superficie de las aguas sin provocar más que unas ligeras carcajadas; el agua brillaba sobre altos pómulos prominentes y labios teñidos de rojo sangre.

“¡Aaaahhh!”

Pareció cantar; fue un sonido leve y vacilante, y luego el esbelto cuerpo rodeado de cabellos lacios color añil volvió a sumergirse en las profundidades. Haskir sabía lo que era; una cantora de guerra, o como en su región se la conocía; una Syphary, cantora espectral. Esas criaturas atraían a cualquier hombre con sus cantos, pero en este momento solo era una o quizás dos; el peligro era cuando venían en manada y ejecutaban sus cánticos alrededor de un navío. Cuando las Cantoras Espectrales cantaban provocaban la muerte, su cántico hacía que los tripulantes se mataran los unos a los otros; contrariamente a la creencia de que las cantoras atraían hombres, como las sirenas del mar Báltico; las Cantoras Espectrales se alimentaban del dolor ajeno; era por eso por lo que generaban asesinatos entre naves, o entre tripulantes contra tripulantes. Sin embargo, una no suponía un riesgo para la nave.

#6

—¿Queréis que os pesque algo, mi señor? ¿Quizás a una cantora espectral?

Haskir se volvió para ver a las cuatro figuras que se encontraban justo fuera del alcance de su espada, Tailea, su espada era adecuada para tenientes y guardias de confianza. Las empuñaduras de las espadas eran idénticas y pendían junto a sus caderas, y el fino acero plateado de las mallas brillaba a la débil luz de la tarde sobre kheitans azules, grises o añiles. Todos los Malai llevaban puesta la capucha para protegerse del gélido viento que los castigaba, menos una.

Era más alta que sus compañeros y llevaba el largo cabello negro recogido en una multitud de largas trenzas finas sujetas en un nudo alto, al estilo corsario. Finas cicatrices blancas se entrecruzaban en su rostro ovalado, desde los altos pómulos a la barbilla aguzada, y la oreja derecha había sido cortada en una batalla, hacía mucho tiempo. Tres lívidos cortes rojos frescos, de la jarana de la noche anterior, bajaban en líneas paralelas por el largo cuello pálido y desaparecían bajo la brillante curva de una Taitela de acero plateado que llevaba grabado el sigilo en forma de crauyir de la casa de Haskir. Como siempre, había un destello de burla en la mirada calculadora de Adelia.

—¿La querrás para tu plato, tu potro de tormento o tu lecho? —preguntó.

—¿Tengo alguna elección?

Los guardias se echaron a rier, y sus risas sonaron como carcajadar demenciales dentro de una cripta. Uno de los nobles encapuchados, un Malai de afilados rasgos y con la cabeza afeitada alzó una ceja un tanto extrañado.

—¿Acaso los gustos de mi señor se orientan ahora hacia las bestias? —siseó, y la pregunta provocó otras risas solapadas de sus compañeros.

La mujer Malai le lanzó a su compañero una mirada sarcástica, aunque llena de diversión.

—Escucha a Dulator. Parece celoso.

Dulator gruñó y, con la mano enfundada en un guantelete, intentó darle a la alta mujer un revés que ésta desvió a un lado con soltura.

Haskir se sonrió y se unió a la alegría de sus camaradas. Los años de inactividad habían agriado el humor de su tripulación; usualmente viajar entre dimensiones siempre volvía así a las personas, incluso a personas como Haskir, hasta tal punto que había comenzado a preguntarse quién intentaría asesinarlo en primer lugar. Una temporada de sangre lo había vuelto desconfiado, incluso entre sus propios amigos, sin embargo, había cambiado la situación, al saciar el apetito de todos durante un tiempo y alimentar la esperanza de obtener más.

#7

—Vaner, ¿qué tal va la carga? —preguntó.

— Excelente, mi señor, creo que es lo mejor que hemos conseguido.

Haskir se sonrió ante aquella respuesta.

La cabeza de Vaner era calva como un huevo y tenía la cara y el cuello flacos como una calavera, igual que un hombre reducido a fibrosos músculos y hueso por una larga y despiadada fiebre, pero la realidad es que era diferente; Vaner gozaba de una salud estable y una vida saludable. Sus ojos eran de un amarillo pálido, como los de un lobo Warmong.

—Una pequeña parte se echó a perder en el viaje de regreso, mi señor. Pero no más de lo previsible; lo bastante para tener ocupado a los cocineros y darles a los supervivientes un poco de carne guisada que los mantenga vivos durante la marcha hasta La ciudadela de Ihkar.

El cuarto guardia se echó atrás la capucha y escupió un delgado chorro de jugo verde por la borda. Era la imagen misma de un noble Malai, con rasgos finos, una melena de lustroso cabello y un rostro de expresión pálida, incluso cuando estaba en reposo. Al igual que Haskir, llevaba una capa hecha con piel de lobo, y el kheitan que vestía era de costosa piel de jaguar que había adquirido en el Nuevo Continente, dura pero flexible. La espada de acero plateado que le rodeaba el cuello tenía un aspecto deslustrado y barato comparado con la fina artesanía de los atavíos del noble.

—A pesar de todo, es un buen dinero perdido innecesariamente —dijo Hamir, cuya voz melodiosa y profunda contrastaba con su severo semblante—. Si hubiéramos recalado en Gilead, tus inversionistas ya habrían recuperado sus ganancias, y nosotros también —dijo enseñando los dientes—. Los señores de esclavos no se sentirán complacidos ante esa violación de la tradición.

—Faltan sólo dos días para el Dhiran’dhular. No tengo tiempo que perder con esclavistas o tratantes de esclavos,—dijo Haskir—. Mi intención es presentarme ante la Corte de la Rosa Negra, en Ihkar, en presencia de mis muy ilustres primos y hermanas —dijo con una voz que destilaba veneno y desprecio—, y ofrecerle al Driagad un digno obsequio.

“Y demostrarle a esos cabrones que después de todo, soy alguien digno de tenerse en cuenta”, pensó Haskir frunciendo el ceño.

—Nos pondremos en marcha hacia el tercer muro, hacia la ciudadela de Ihkar en cuanto el cargamento esté preparado para viajar.

Vaner frunció el entrecejo.

—Pero ¿qué pasa con las mareas? El viaje hasta Ihkar será duro, en medio de una tormenta. Además, la temporada de invierno….

—¡Marcharemos a través de la arena y fuego! —Le espetó su capitán con una mirada llena de determinación—. Llegaremos a la Ciudad en dos o tres días.

Los guardias asintieron con gruñidos llenos de desacuerdos. Vaner analizo el rostro serio de Haskir con los ojos entrecerrados como queriendo escudriñar en sus pensamientos.

—Y después de que hayas hecho tu grandiosa entrada y rendido tributo al Driagad, ¿qué?, ¿de vuelta a los pozos de sangre y a las noches de orgia?

#8

—Después de cuatro meses en el mar; me daré la gran vida durante un tiempo —replicó Haskir con cautela, al tiempo que daba un rodeo en toda la estancia—. Tengo que mantener mi imagen, después de todo. Luego, comenzaré a darle un buen uso a mi fortuna. Hay mucho trabajo que hacer.

Ya se encontraban lo bastante cerca de la costa para oír el atronar de las olas contra la orilla. Las fortificaciones de la puerta marítima se encumbraban muy por encima del “Demoledor Aullante”, a apenas unas millas de distancia y a ambos lados de la esbelta proa del navío corsario, del cual a su haber; Haskir se sentía orgulloso. El viento les llevó los sonidos de una lucha que se libraba a popa. Haskir volvió la cabeza y vio a tres Maileños que forcejeaban con un esclavo Elokhar (Elfo dimensional) lleno de cadenas.

Mientras el capitán observaba, el esclavo estrelló la frente contra la cara de uno de sus captores. La nariz del guerrero empezó a sangrar después de oírse un crujido de cartílago. El Malai retrocedió un corto paso se tambaleo y se cayó al suelo de trasero al mismo tiempo que lanzaba un gruñido gorgoteanté y alzaba un cuchillo de mango corto para acabar con la vida de su atacante. Pero Haskir lo detuvo con la mano de manera inmediata.

—¡No! —Gritó—. ¡Recuerda que esto es parte de mi juramento!

El guerrero Malai con la sangre corriéndole por la cara y tiñéndole los dientes desnudos, percibió la mirada de su capitán y bajó el arma y se retiró refunfuñando e insultando.

Haskir llamó con un gesto de la mano a sus guerreros que aún seguían forcejeando con el esclavo elokhar.

—Tráiganlo aquí.

El esclavo se sacudió2 violentamente intentando soltarse de la presa de sus captores. El Malai que estaba cerca suyo le dio al elokhar un empujón que lo hizo perder pie, y los otros dos guerreros avanzaron arrastrándolo por la cubierta. Los cuatro guardias de confianza de Haskir se apartaron a los lados para dejarlos pasar mientras contemplaban al esclavo con frío interés.

Los guerreros obligaron al esclavo a arrodillarse; incluso en esa postura, era tan alto que casi llegaba a los hombros de Haskir. Tenía una constitución bella, con delgados hombros y delgados brazos musculosos bajo la desgarrada piel. Llevaba oscuros calzones de tela y botas muy gastadas, y tenía las manos incrustadas de roña y azules de frío. El elokhar era joven; posiblemente se trataba de un alabardero o un escudero venido de alguna de las dimensiones no exploradas con frecuencia, y en su rostro se veía más de una cicatriz de batalla. Clavó en Haskir una ardiente mirada de desprecio y se puso a chillar algo en un idioma que su captor no pudo entender. Haskir le dedicó al elokhar una mirada de repulsión y les hizo un gesto de asentimiento a sus dos guerreros.

—Quítale las cadenas —le ordenó a uno de sus guerreros, y luego se volvió a mirar a Vaner—. Haz callar a la bestia, su vos me irrita.

#9

El guardia se deslizó por la cubierta con la rapidez de un rayo, y aferró al esclavo con una mano engarfiada por el punto en que el cuello se unía al hombro derecho. Un pulgar filudo revestido de acero se hundió en la unión nerviosa, y las odiosas palabras del esclavo se transformaron en un agudo siseo al mismo tiempo que el cuerpo se le tensaba de dolor. Se oyó un tintineo metálico, y los dos guerreros malai retrocedieron sujetando los grilletes entre ambos. El elokhar grito, lleno de dolor

Haskir se sonrió.

—Bien Vaner. Ahora traduce lo que quiero decirle, tú conoces el lenguaje de estas criaturas. —Avanzó hasta situarse ante el esclavo y posó la mirada en los ojos anegados de dolor—. ¿Eres al que llaman Faladuth? ¿No es así?

Con marcado acento, Vaner tradujo la pregunta al elokhar.

Faladuth asintió asustado

—Bien. Tengo una historia bastante interesante y tengo muchas ansias de contártela, Faladuth. Ayer aparecí en la entrada de la bodega de esclavos y anuncié que, como gesto de buena caridad, dejaría en libertad a uno de vosotros, eso, antes de atracar en Malash y venderos a todos como esclavos y prostitutas. ¿Lo recuerdas?

Un tumulto de emociones se agitó en los ojos del esclavo: esperanza, miedo y remordimiento, todas enredadas entre sí. Faladuth volvió a asentir.

—¡Excelente! Recuerdo que hablasteis entre vosotros y que, al final, escogieron a una muchacha. Era delgada y pelirroja, con ojos verdes y de dulce piel pálida. ¿Sabes de quién hablo? ¿No es cierto?

Las lágrimas inundaron los ojos del elokhar. Luchó en vano para hablar a pesar de la terrible presa a que lo sometía Vaner.

—Claro que sí. — sonrió Haskir, con una mirada profunda e intensa—. Era tu prometida, después de todo. Sí, ella me dijo que lo era, Faladuth. Se puso de rodillas ante mí e imploró que te dejara libre en su lugar porque te amaba por sobre todas las cosas del mundo. — Haskir se echó a reír suavemente entre dientes al evocar la escena—. Confieso que me quedé anonadado. — Dijo que podía hacer lo que quisiera con ella, cualquier cosa incluso follarla, siempre y cuando te dejara libre. Cualquier cosa. —Se inclinó hacia el esclavo, acercándose lo bastante para oler el sudor que producía el miedo y que le manchaba la mugrienta ropa—. Así pues, la puse a prueba. —Malash solo estaba a un día de distancia y la tripulación merecía una recompensa por sus afanes, así que se la entregué. Nos divirtió durante horas, a pesar de los modales poco sofisticados que tienen. ¡Qué gritos...! Sin duda, tú los oíste. Eran exquisitos, incluso superaban a las de una prostituta.

Haskir hizo una pausa momentánea mientras Vaner se esforzaba por traducir correctamente, aunque a esas alturas los ojos del esclavo estaban vidriosos, fijos en un punto distante que sólo él podía ver, y le temblaba el fibroso cuerpo.

#10

—Cuando mi tripulación termino con el trabajo, me la devolvieron y dejé que se divirtiera mi contramaestre. —A un lado, Adelia sonrió y le susurró algo a Dulator—. Tampoco en este caso la joven fue una decepción. ¡Qué placeres, elfo! ¡Qué piel tan suave! Sobre ella, las gotas de sangre brillaban como diamantes rojizos, como rubíes. —Abrió la mano con la que sujetaba la prenda, y la desenvolvió suave y reverentemente—. Fuiste un elfo muy afortunado. Ella era un regalo digno de un rey. Mira, te he guardado su rostro. ¿Te gustaría darle un último beso antes de partir?

El elfo se puso en pie de un salto y soltó un alarido de tremenda angustia; la figura que ya hacía ante él; era la figura carente de ojos, la sangre salía como lagrimas rojas y el olor era desagradable. Faladuth se tendió al suelo y echo a vomitar lleno de asco, acto seguido intento lanzarse hacia el capitán para atacarlo, pero Vaner adelantó la otra mano y hundió las puntas de los dedos en la unión nerviosa de su hombro. El elfo dimensional se tambaleó, quebrantado por un dolor cegador. Tenía los ojos muy abiertos y en ellos Haskir pudo ver que la oscuridad se propagaba por la mente del elfo dimensional como una herida que no se cerraría. El esclavo lanzó un lamento desesperado.

—Espera, elfo. Quiero que me Escuches. Aún no has oído la parte realmente interesante. Para cuando la tripulación entera acabó con ella, imploraba, suplicaba que la dejaran libre en tu lugar. Maldijo tu nombre y renegó una y otra vez de su amor por ti. Pero yo debía tener en cuenta mi juramento. Verás, dije que dejaría marchar a un esclavo, y eso difícilmente era ya aplicable a ella; así que al final ganó su amor y, ¡ay, cómo odió ella ese hecho! —Haskir echó atrás la cabeza y se echo a reir—. Disfruta de la libertad, elfo, suerte con las cantoras espectrales.

Haskir le hizo una reverencia y acto seguido le hizo un gesto a Vaner para que le quitara las cadenas.

De modo repentino, Dulator cambió de sitio las manos y cogió al elfo dimensional por el cuello y por el cinturón de los calzones. Después, con sorprendente fuerza, el esbelto hombre alzó al gigantesco elfo y lo lanzó por la borda. El elfo chocó de plano contra la superficie del agua y desapareció en las tranquilas profundidades. Haskir se deslizó a lo largo de la borda y observó atentamente. El viento silbaba y aullaba. El canto de las cantoras espectrales se había detenido.

— Comienza a nadar, elfo, nada, hasta que los brazos se te tuerzan y sigue nadando. Y procura no detenerte.

De manera inmediata el elfo salió a la superficie, jadeando en busca de aire, pero en ese momento ya no estaba solo. Dos de las cantoras espectrales se aferraron a él, rodeándole el pecho con sus delgadas y pálidas manos. Garras negras se hundieron profundamente e hicieron eclosionar la sangre como flores de un color purpura sobre la tela blanca del gambesón del elfo. Gruesos tentáculos se enrollaron en torno a una muñeca y la garganta, de donde arrancaron largas tiras de piel y carne al apretarse cada vez más alrededor de la víctima. Faladuth lanzó un solo grito angustiado antes de que las cantoras espectrales le cubrieran la boca con un beso mortífero y lo hundieran hacia las profundidades.

Haskir volteo para mirar a sus subordinados y con una sonrisa en los labios dijo:

— Que bueno es estar en casa. — Dio un leve respiro y extendió las manos como si quisiera abrazar el gigantesco país que se alzaba ante él.

AThaini
Rango8 Nivel 36
hace casi 2 años

Wala que brutal, el personaje es un hijo de puta ;v ahahaxd me ha echo gracia este inicio va para la construcción de un villano o anti heroe.


#11

Capitulo I

CADENAS

El viento cambió para soplar desde el noroeste, y las fosas nasales del lobo Warmong se abrieron al percibir el olor a carne. Sin previo aviso, el gigantesco lobo de guerra le lanzó un mordisco al caballo de la señora del puerto, y las poderosas mandíbulas se cerraron con un chasquido capaz de partir huesos y carne. El caballo relinchó aterrorizado al tiempo que se alzaba de patas y retrocedía ante el lobo; aquella acción provocó una sarta de maldiciones de la señora del puerto, que intentaba rescatar a su caballo. Haskir fingió no haber visto nada mientras detenía a Dhirun con un tirón de las riendas y un taconazo en un flanco, y abría la carta que le había entregado la señora del puerto.

Madin
Rango5 Nivel 22
hace casi 2 años

Por supuesto.


#12

Sujeto por las amarras, el "Demoledor Aullante" se mecía con inquietud de izquierda a derecha; por el río Angosto ascendía el frente de la tormenta que azotaba Ihkar con ráfagas de agua y lluvia helada. Los negros mástiles de veintenas de barcos corsarios atracaban los cielos a lo largo de la costa abriendo en el espacio portales dimensionales, como bocas negras: dos tercios de la flota ligera de Sedorach permanecían anclados en la Ciudad de los Barcos durante los largos meses del invierno y verano, cuando los estrechos del Mar Angosto quedaban completamente congelados.

La ciudad de Ihkar estaba situada en un ancho valle rodeado por los formidables peñascos de las montañas del Reino de Malash, era la primera ciudad, el primer bastión de aquel poderoso País; Malash era uno de los Reinos Corona. Diques secos, almacenes y dependencias de esclavos dominaban la orilla oriental del río; la ciudad en sí, con las murallas, altas casas solariegas y estrechas calles, se alzaba en la margen occidental. Los nobles también tenían muelles privados en la orilla oeste, y se le había pagado a la señora del puerto una suma considerable de oro y carne para tener el privilegio de usar uno de los muelles de la nobleza como si fuese suyo.

Tres puentes de piedra y oscuro hierro conectaban las dos mitades de Ihkar y el portal dimensional de Urhadar, y era bien sabido que los nobles de la ciudad contrataban bandas de matones para que obligaran a los viajeros que iban en su dirección a pagar un derecho de tránsito. Haskir se habría deleitado con un enfrentamiento semejante en cualquier otra ocasión, pero no con casi dos centenares de esclavos elokhar en su poder; los elfos dimensionales eran difíciles de conseguir, y se decía que la cacería salvaje hacia incursiones en el este de Valeran con el propósito de rescatar a sus hermanos que habían sido secuestrados, y con mucha frecuencia Malash también había sido objeto de incursiones. Incursiones que no duraban demasiado; puesto que el Rey Glauka sabía cómo lidiar con aquellos seres dimensionales. Se decía que el mismo Rey era portador de uno de los Discos solares de Oro; uno de los discos que el mismísimo anciano Supremo de Valimar había entregado a los reyes de todo el Continente Meridional.

….

Fue una fortuna en carne y sangre la que bajó con paso tambaleante por la pasarela del "Demoledor Aullante", los esclavos elokhar iban sujetos por cadenas que les rodeaban muñecas y tobillos, y los unían entre sí en dos largas filas de cien esclavos cada una. Los doce nobles de la pequeña partida de guerra montaron sobre sus lobos, y una compañía de mercenarios armados con lanzas y espadas rodearon a los temblorosos esclavos sobre el muelle de granito.

Un puñado de capataces mantenían a los elfos dimensionales en formación con las veloces lenguas de largos látigos Khardain; látigos que eran capaces de despedazar la carne; mientras los soldados se volvían hacia el exterior para vigilar los tres angostos accesos que llevaban hasta el muelle y las estrechas ventanas de los edificios circundantes. Habían transcurrido casi cuatro horas mientras los marineros desembarcaban a los caprichosos lobos Warmong, a los esclavos y, por último, el equipaje de la partida incursora. Comenzaba a caer la noche y cada minuto que pasaba ponía más nervioso a Haskir. Cuanto antes salieran de la ciudad De Ihkar y tomaran el camino a la ciudadela de Sedorak, mejor.

#13

La carta que se le había entregado esperaba aquella mañana; cuando el “Demoledor Aullante” se mecía de izquierda a derecha, le había sido entregada por la señora del puerto, Taiana, cuando acudió a recoger el soborno que seguramente su captor tenía dispuesto para ella. El incursor hizo girar distraídamente el pequeño paquete entre las desnudas y amarillentas manos para comprobar que no hubiera agujas ocultas ni hojas afiladas. Era muy sabido que en Malash podían matarte, incluso una carta como la que había recibido era un arma para matar, podía tener un componente venenoso; sin embargo, la carta era un material de buena calidad, pesado, sellado con un goterón de lacre y un sigilo que le resultaba vagamente familiar. Con el entrecejo fruncido, Haskir sacó una daga de hoja fina que llevaba en la cintura y cortó el paquete donde ya hacia la carta. Dentro había una sola hoja de papel. Haskir reprimió un gruñido y acercó la carta a la cara para descifrar la letra manuscrita apenas legible, y tuvo que verse obligado a fruncir el ceño para entender lo que la carta decía:

Para Haskir Nebulon; hijo del temido Valaraukar Boran, Señor de las tierras Angostas, Driagad de la ciudadela de Adualak.

Imploro para que esta carta llegue a vuestras manos en venida de la victoria, tras una incursión gloriosa en dimensiones, y mundos fuera de la comprensión humana. Aunque no nos hemos visto en persona, tu nombre me es bien conocido; en la ciudad de Nagorag se habla muy bien de ti, primo. Últimamente he conocido ciertos aspectos de tu persona que me serian útiles para una nueva incursión que he planeado, y me puse a pensar que un señor tan inteligente y temido como tú, podría interesarse en tal incursión.

Espero verte en el Dhiran’dhular. Una gigantesca recompensa espera en dimensiones y mundos extranjeros si tu corazón es fuerte y tu voluntad firme.

Atte. Orlan.

#14

Haskir palideció, acto seguido su semblante cambio a un tono furioso y de manera inmediata partió la carta en miles de trozos.

— Hijo de perra. —Susurro con una mirada llena de furia.

Sus ojos se volvieron a entrecerrar y se volteo para mirar a la señora del puerto que en ese momento estaba con el semblante pálido, al ver la expresión de Haskir.

— ¿Nuevas órdenes mi señor? — Inquirió Adelia, al tiempo que se acercaba con su lobo Warmong.

Haskir alzó la mirada y vio que Adelia guiaba al gélido para situarse junto a él. Adelia se había puesto un peto articulado de acero plateado sobre la cota de malla, y llevaba las espadas sujetas en la cintura, un poco más arriba, para que pudieran ser desenvainadas con facilidad.

Su lobo Warmong, Despellejador, era una bestia imponente y gigantesca, un tercio más grande que el de Haskir, y media tonelada más. Una gran parte del peso de la criatura lo constituían las patas posteriores, de enormes músculos; cuando estaba dotado de una larga cola poderosa, un lobo era capaz de efectuar veloces carreras e incluso largos saltos si se lo ordenaba el jinete. Las patas delanteras, enormemente grandes entraban en combate cuando caminaba o trotaba en los recorridos largos listas para atrapar a las presas más grandes contra el suelo mientras los enormes colmillos cortaban la carne y hacían crujir los huesos.

#15

El grueso pelaje de “Dhirun” era de un color marrón oscuro, con unas garras enormes como dagas, y una cola oscura que se mantenía quieta. Un par de pesadas riendas bajaban desde una anilla de la silla de montar y se sujetaban a unos aros de acero; aunque su aspecto era imponente, garantizaban poco control real sobre la enorme criatura. Los lobos Warmong eran poderosos y casi invencibles, pero también tontorrones. Se necesitaba de una estricta educación para amaestrar a uno de ellos, y se requería paciencia para enseñar a un Warmong todo lo necesario para llevarlo al combate.

Los incursores conducían las monturas con fuertes golpes en forma de perilla y, ocasionalmente, del extremo del asta de la lanza, y usaban las riendas más para sujetarse ellos que para cualquier otra cosa.

Adelia llevaba la lanza en posición vertical, apoyada sobre el estribo derecho, y los pendones que restallaban en el fuerte viento.

—Sólo la idiotez innecesaria—gruñó Haskir, oscilando ligeramente en la silla cuando Dhirun retrocedió un poco ante la presencia del otro Warmong de mayor tamaño—. Ese idiota de Orlan ha besado todas las botas de Adulak, y ahora ha puesto los ojos en las mías. Piensa que voy a ceder como esos nobles imbéciles que no saben otra cosa más que estar sentados y rascarse la panza.

Adelia frunció el ceño de un modo misterioso.

#16

— ¿Orlan?

— El vástago de Nagorag, como ha tenido la osadía de aclarar. — Haskir frunció el ceño, acto seguido dirigió su mirada hacia la encolerizada señora del puerto. — Señora Taiana, ¿Cuándo llego esta carta?

Haskir mostro los trozos de papel en su mano enguantada, acto seguido arrojo los pedazos al oscuro suelo.

— Hace dos días mi señor. —Contesto Taiana, escondiendo su mirada llena de rencor. — Me fue entregado por un emisario que llego directamente desde Nagorag.

Adelia alzo la ceja un tanto extrañada.

— Veo que es un idiota bien informado. — Contesto Adelia, mientras miraba fijamente a su señor, aunque más que señor, Haskir era muy joven para ser llamado señor.
Haskir solo tenía diecinueve años, y este año, conocido como el mes de Valdarian, cumpliría sus veinte, pero a Haskir no le gustaba celebrar sus años de vida, a él solo le importaba ver a su familia postrada en sus pies. Haskir era por así decirlo, el bastardo de la familia, el incomprendido, el odiado. Adelia lo sabía, y sabía que Haskir era capaz de mucho, incluso era capaz de hacer cosas que otros en su sano juicio no harían.

— En efecto — convino Haskir, acto seguido frunció el entrecejo—. Sin embargo, ¿Cuánto falta para que los esclavos estén listos?

— Mi señor, los esclavos ya han sido descargados. — Contesto Adelia, refiriéndose a los esclavos como una mercancía y no como a seres vivos. — Vaner aún se encuentra en el centro de la ciudad.

Haskir castañeteo los dientes, endureció la mandíbula como si quisiera maldecir, pero se controló y echo un suspiro.

— Seguramente saciando sus placeres más asquerosos; maldito idiota. — Haskir arrugo el ceño y luego miro el embravecido cielo. — ¡Preparaos! — Grito para que su vos se hiciera escuchar como un trueno, por sobre todos sus tripulantes.

Sin pronunciar una sola palabra, Adelia hizo que el lobo Warmong rugiera y avanzara hacia las filas de esclavos. Con la práctica de semanas de incursiones y marchas, la partida incursora ingreso en formación con rapidez y profesionalidad, y la compañía de lanceros y Metralleros se dividió en dos filas que echaron a andar junto a la formación de esclavos. La mitad de la jauría de Lobos Warmong se formó en retaguardia a las órdenes de la guardiana de la flota, mientras que Haskir tomaba el mando de otra vanguardia.

#17

— ¡Arriba, Dhirun! —gritó Haskir al mismo tiempo que espoleaba a la montura en dirección al Camino de los Esclavistas.

Cuando el gran lobo comenzó a avanzar a grandes zancadas, el noble extendió un brazo hacia la parte trasera de la silla de montar y cogió una negra ballesta de repetición del gancho del que pendía.

El caballo de la señora del puerto pateó el suelo y sacudió la cabeza asustado, pero esa vez Taiana lo controló con un enfurecido siseo y un brusco tirón de riendas.

— ¿Mi señor Haskir? ¿Desea algo más? —Preguntó la señora del puerto—.¿Un carnicero, tal vez? ¿Más lanceros? ¿Un coloso fulgart? Quizás pierda algo de mercancía antes de llegar al mercado de esclavos, quizás….

—Ya tengo todo lo que quiero, —replicó Haskir en tanto accionaba el complicado mecanismo que tensaba la poderosa cuerda de la ballesta, y se colgaba una metralla en su hombro, al tiempo que se metía una saeta de punta de acero en la estría—. Mis guerreros son diestros. Sin embargo, tendrás el honor de escoltarnos a través de la ciudad hasta llegar a las puertas de Nagorag.

Los ojos de la señora del puerto se agrandaron, la mujer se mostraba un tanto asustada, como si no estuviera segura. Era una mujer joven para un puesto de tan alto rango, cosa que delataba su astucia y ambición en la expresión de su rostro. A juzgar por el corte de sus ropas, y la vestimenta de buena calidad teñido de negro y las joyas que destellaban en las empuñaduras de sus espadas, ya se había hecho rica forrándose los bolsillos con los sobornos que obtenía del comercio Meridional y Occidental.

—¿Escoltarlo? ¿Pero… eso no es responsabilidad mía…?

—Lo sé —replicó Haskir a la vez que dejaba su metralla cargada sobre su regazo—. Pero insisto. Sin un guía, a mí y a mi valioso cargamento podría acaecernos alguna desgracia, y eso sería muy trágico. No me gustaría presentarme con las manos vacías ante el Driagad de Nagorag. ¿No es cierto?

—Lo comprendo, mi señor; lo entiendo, absolutamente —tartamudeó Taiana, cuyo delicado y suave rostro se puso ligeramente pálido.

A regañadientes, maldijo al asustadizo caballo para que siguiera a los Lobos Warmong.

#18

Las calles de Ihkar estaban hechas para matar a los extranjeros. Al igual que todas las ciudades y países de Malash, casas de altos muros se encumbraban sobre angostas calles estrechas y serpenteantes estructuras perdidas en sombras. Estrechas ventanas troneras para ballesteros, que contemplaban a los habitantes desde lo alto. Cada casa era una ciudadela por derecho propio, fortificada contra los intrusos y contra las familias rivales. Muchas calles y callejones no conducían a ninguna parte, cerrados por un extremo y con trampas mortales que llevaban a cloacas de debajo de la ciudad. Ihkar era un lugar por el que los desconocidos caminaban con prudencia, y Haskir luchaba por ocultar su inquietud mientras los capataces caminaban lentamente por el Camino de los Esclavistas.

En Malash, las deudas de sangre eran muy comunes, un noble rival, podía enviar a mercenarios para matar a otro noble, habían guerras entre casas, familias que se mataban entre familias. Esta regla sucedía en las cinco ciudades de Malash: Ihkar, Nagorag, Bahlar, Adualak y por ultimo Sedorak.

Las marquesinas de las calles los protegían, en parte, de la gélida lluvia, pero el viento aullaba como una criatura rugiente he impulsaba a muchos de los habitantes a buscar refugio en el interior de los edificios. Solo había espacio para que tres hombres caminaran juntos, cosa que hacía que los esclavos avanzaran en apretada formación. La señora Taiana marchaba entre los metralleros y escuderos, que custodiaban las filas de esclavos, y la amenazadora jauría de lobos Warmong encabezaba la marcha; de vez en cuando, Haskir se volvía para mirar a la señora del puerto y escudriñaba su rostro en busca de elocuentes signos de traición. Era de esperar algo semejante cuando había tanto dinero en juego.

Lo más factible era salir de la ciudad cuando antes; antes de que las puertas fuesen cerradas al anochecer. Si el grupo incursionarío quedaba atrapado dentro de Ihkar durante la noche, Haskir no tenía ni idea de dónde podrían hallar un lugar lo bastante amplio para acampar y mantener vigilado su mercancía de esclavos. Estarían a merced de todos los ladrones y mercenarios de la ciudadela, creando una escaramuza en un entorno donde sus Lobos Warmong estarían en desventaja. Haskir no tenía ganas de enfrentarse con esas probabilidades.

#19

A pesar de los riesgos, avanzaron a buen paso y atravesaron la mitad occidental de la ciudad en poco más de una hora. Con Taiana a su lado, habían hecho el recorrido con rapidez, evitando los desvíos riesgosos. El sol estaba muy bajo y las sombras de los altos edificios eran profundas. La pálida luz de color verde que emanaba de las altas ventanas destellaba en los puntiagudos cascos de la infantería y a lo largo de los brillantes filos de las lanzas. Pero la Puerta a Nagorag se encontraba cerca; Haskir había comenzado a atisbar brevemente las puntiagudas almenas entre los edificios y sus picudos tejados que se asemejaban a las patas de una araña.

Haskir apretó los dientes. Si iba a producirse una escaramuza, tendría que ser pronto. Se volvió en la silla de montar para supervisar el orden de la columna, pero la fila era tan larga que no pudo ver más de un tercio porque el resto se perdía de vista en un recodo. No había habido ni rastro de Vaner y las provisiones; hasta donde sabía Haskir, podría haberse reunido con la guardia de Adelia, o podría estar tumbado y sumido en el sopor en uno de los prostíbulos de la ciudad.

Haskir reconoció que su subordinado se había pasado de listo al aceptar el juramento de servicio del noble en lugar de destriparlo. La prolongada humillación y un medio para chantajear a otra familia noble le habían parecido una buena idea en su momento.
«Ahora es él quien intenta traicionarme», pensó Haskir con tristeza.

La señora del puerto se irguió en la silla de montar al malinterpretar las intenciones de la feroz mirada de Haskir.

—Ya no falta mucho, mi señor —gritó—. Sólo tenemos que dirigirnos a la esquina de allí delante.

—¿Así? —Inquirió Haskir. Alzó una mano, dando una señal para que su gente se detuviera y la columna de guardias se detuvo—. La guardia continuará —ordenó con voz lo bastante alta para que pudieran oírlo—. Y tú —señaló a Taiana— nos acompañarás, quiero asegurarme de que nos llevas a lugar seguro y de que esto no sea una trampa.

Madin
Rango5 Nivel 22
hace casi 2 años

No se porque no me canso de releer esta historia, me encanta y no puedo despegarme, sigue así crack :)


#20

Haskir espoleó a la montura para que su lobo avanzara.

La calle se prolongaba otros treinta metros y luego viraba bruscamente a la derecha. Las dos columnas de la vanguardia giraron en la esquina, con las lanzas en alto. Haskir encabezaba la marcha de esclavos con una mano posada suavemente sobre el gatillo de su metralleta. Al otro lado del recodo, la calle se abría a una plaza pequeña, la primera que veía desde que había salido del muelle. Justo delante estaban las puertas de la ciudad, aún abiertas. Un destacamento de custodes fulgart armados con armaduras azules marfil y ceramita se hallaban de pie, bajo el relativo cobijo del alto arco.

En la plaza no había nadie. Haskir observó la escena con prevención. Las altas ventanas estaban bien cerradas para proteger el interior de los edificios de la creciente tormenta etérea que descendía debido a los viajes dimensionales, y una fina capa de energía que cubría las edificaciones y evidenciaba que ningún destacamento numeroso de hombres había cruzado la plaza poco tiempo antes.
«La Muerte me sonríe», pensó Haskir. Le hizo una señal a uno de los jinetes para que volviese atrás a llamar a la columna.

Taiana avanzó a caballo y se aclaró la garganta.

—El capitán de la puerta esperará una muestra de... amabilidad o cortesía... con el fin de mantener la puerta de la ciudadela abierta durante el tiempo suficiente para que salga la columna. Por supuesto, me complacería facilitar la transacción de la mercancía, para que así llegue...

—Si hay que pagar un soborno, lo pagarás tú mismo —le espetó Haskir—. Como cortesía hacia mí, ya me entiendes.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Haskir

La señora se tragó la réplica, pero el odio que brillaba en sus ojos era inconfundible.
«Podrías resultar un problema la temporada que viene, Taiana», pensó Haskir. « Creo que tu puesto va a tener un final doloroso y trágico.»

Tal vez porque leyó las intenciones en la mirada de Haskir, la señora del puerto palideció y apartó su mirada de la escrutadora mirada del joven.

—Adelante, Dhirun —ordenó Haskir al mismo tiempo que taconeaba al gigantesco lobo para que avanzara. Como un solo hombre, la vanguardia avanzó.

Si el capitán de la puerta había estado pensando en enriquecerse, la vista de una partida de caballería noble y el aire ceñudo del que iba en cabeza lo persuadieron rápidamente de lo contrario. A instancias del capitán, los guardias salieron por debajo de la arcada y quedaron expuestos a la lluvia para que los lobos Warmong tuvieran espacio de sobra cuando entraran en el resonante túnel que conectaba las puertas interiores y exteriores.

La Puerta de Nagorag conducía a un camino situado al otro lado del valle, que atravesaba sembrados de piedras a lo largo de unos cuatrocientos metros antes de desaparecer en un bosque oscuro. Por experiencia, Haskir sabía que el camino discurría a través del bosque durante unos cuantos kilómetros más antes de salir a terreno abierto, con campos de cultivo y tierras de pastura. En ese punto, una bifurcación que se dirigía al noroeste era el comienzo de la marcha de una semana hasta Nagorag. Una vez que salieron de debajo del ominoso peso de la puerta de la ciudad, Haskir apartó a su lobo de la columna y se quedó a un lado del camino para observar el paso del resto de la partida incursionaría. Acarició ociosamente con los dedos la empuñadura de una espada curveada que llevaba al cinturón, y abrigó la esperanza de ver al señor Vaner y la caravana de carga aparecer tras la retaguardia.

#21

La tropa de caballería de Adelia ya casi había salido por la puerta exterior cuando Haskir escucho un furioso bramido de uno de los gélidos de vanguardia, que entonces estaban a casi cien metros de distancia. De repente, Dhirun dio un salto cuando dos objetos agudos se le clavaron en una paletilla.

Haskir recibió en la hombrera de la armadura el impacto de algo pequeño y punzante que reboto hacia el suelo, y se agradeció haber llevado una armadura de Horgon.
«¡Balas de metralla!» Su mente trabajo con velocidad, mientras se volvía de un lado a otro sobre la silla de montar en un intento de mirar en todas direcciones al mismo tiempo.

Una tensión extraña reino a lo largo de toda la guardia incursora.

Los esclavos gritaban asustados y se lamentaban mientras por el aire zumbaban más disparos de metralla y ballestas. Los capataces y escuderos se pusieron a trabajar de manera inmediata, al tiempo que los látigos y porras obligaban a los esclavos a volver a la fila, y los oficiales de infantería situados a ambos lados de la carretera les gritaban órdenes a sus hombres para que protegieran la columna de esclavos. En la vanguardia sonaron más bramidos de furia; probablemente, los lobos Warmong habían olido sangre fresca. Habían dos flechas negras clavadas en el flanco izquierdo de Dhirun, y de las pequeñas heridas manaban finos regueros de una sustancia amarillenta. Era evidente que la gruesa piel del lobo había absorbido la mayor parte del impacto, pero aun así lo habían herido.

«¡Allí!» Haskir atisbo un pequeño grupo de figuras que se movían entre las rocas que había a la derecha del camino y, de manera desorganizada, disparaban contra los esclavos. Llevaban ropones de color rojo oscuro y gris que se camuflaban perfectamente en el rojizo terreno.

Con un hábil movimiento, Haskir guardó la ballesta en la parte posterior de la silla de montar y desenfundó la espada de Horgon, que salió dando un retumbo.

— ¡Adelia! ¡Ballestas y metrallas a la derecha! —Señaló a los atacantes con la punta de la espada.

La oficial malai vio a los atacantes y su rostro se transformó en una máscara de ira salvaje.
— ¡Preparaos! —Gritó hacia la retaguardia—. A la derecha. Posición de formación... ¡Cargad y disparad! ¡Escuderos a la primera! Ballesteros detrás de ellos y cubrid todo cuanto podáis, no sedáis ni un flanco.

El aire resonó con los aullantes gritos de guerra de los escuderos y los caballeros montados con sus Warmong, que aullaron y taconearon a sus monturas para lanzarlas a una carrera a través del campo rocoso. Con las espadas aun apuntando al cielo, se desplegaron en una formación abierta, mientras esquivaban rocas grandes y saltaban por encima de las más pequeñas. Haskir se quedó atrás y observó la larga columna. Los escuderos habían obligado a los esclavos a tumbarse boca abajo sobre el suelo rocoso, y las filas gemelas de metralleros habían apoyado los escudos en el suelo, mirando hacia fuera del camino.
«Bien por el capitán», pensó Haskir.

#22

Se oían gritos y rugidos procedentes de la guardia lancera y metrallera.

«Hay más ballesteros ahí, en alguna parte. Los caballeros de la guardia se encargarán de ellos.» Pensó, observando la escaramuza que se había creado.

Después, golpeó un flanco de Dhirun con el plano de la espada, y el enorme lobo avanzó a saltos tras los lobos de Adelia con un tremendo rugido.

Había una veintena de metralleros cubiertos que acechaban entre las rocas, y se mantenían firmes para disparar una andanada hacia la atronadora carga. La balacera se clavaban en los hocicos y paletillas de los Warmong, que se aproximaban, pero las descomunales bestias de guerra estaban embravecidas y nada podía detener la vertiginosa acometida. Los caballeros, todos jinetes diestros, aguardaron hasta el último momento para bajar las lanzas adornadas con pendones y clavar las puntas de acero.

Adelia, en cabeza, cayó sobre un grupo de ballesteros que intentaban cargar sus metrallas para disparar por última vez. Demasiado tarde se dieron cuenta del error que habían cometido. El jefe lanzó un salvaje alarido e intentó coger su machete cuando la lanza de Adelia se le clavó de lleno en el pecho. Cuarenta y cinco centímetros de acero endurecido le atravesaron la ropa y la cota de malla ligera como si fuesen de papel, y le partieron el pecho y las costillas con un crujido seco. La punta de la lanza y los primeros sesenta centímetros de pendones empapados en sangre salieron bruscamente por la boca del hombre e hirieron en un costado de la cabeza a otro emboscado que se encontraba en cuclillas. El cráneo del Ihkardiano estalló como una sandía y roció a los compañeros con una lluvia de sangre y encéfalo raquídeo.

El peso de los dos cuerpos arrastró la lanza hacia abajo, y Adelia dejó caer el arma para desenvainar sus dos espadas curvas propias de la nobleza, las armas eran herramientas poco llamativas pero eran efectivas para una escaramuza. En ese momento, Despellejador partió en dos a otro vociferante metrallero.

Haskir atisbo a un pequeño grupo de ballesteros que recorrían camino hacia las murallas de la ciudad, se ponían a cubierto tras una roca grande. Aferró la espada con fuerza y dirigió a su lobo directamente hacia aquella dirección. En el último momento se agachó cuanto pudo sobre la silla de montar y tiró de las riendas.

— ¡Arriba, Dhirun! —Gritó.

El lobo aulló y empezó a rugir y a correr a toda potencia. Durante un momento aterrador, se detuvo sobre la roca antes de bajar de un salto por el otro lado. Haskir vislumbró un grupo de caras pálidas y aterrorizadas que alzaban la mirada hacia él, y escogió una de aquellas figuras como objetivo, al tiempo que se ponía de pie en los estribos y sujetaba en alto su espada.

AThaini
Rango8 Nivel 36
hace casi 2 años

Me ha gustado Malash ;) tienes un aire de personas que solo se fijan en sus propios intereses.


#23

Dhirun aterrizó sobre dos de los hombres con un impacto que hizo estremecer el suelo, y en el mismo movimiento, Haskir descargó un golpe, que impactó de lleno sobre el rostro del Malai que se cruzó en su camino y partió al hombre en dos, desde la cabeza hasta la entrepierna. La sangre caliente y pegajosa salpicó la cara del joven y el aire se llenó del hedor de las entrañas derramadas y carne nauseabunda. Dhirun patinó sobre una resbaladiza pasta de fango. Una cabeza cortada que pasó rebotando como una pelota por el suelo helado dejó tras de sí manchurrones de color rojo brillante.

Una alabarda hendió el aire he impactó de lleno en el pecho de Haskir e hizo saltar chispas al rebotar sobre la armadura de Horgon. Dos de los emboscados supervivientes corrían a toda velocidad hacia las murallas, y Dhirun no necesitó orden ninguna para lanzarse tras ellos. El lobo Warmong los persiguió como un depredador a su presa, y cuando los atrapo cerró las fauces en torno a uno de los hombres y sacudió la cabeza como si de un pedazo enorme de carne se tratara. El Malai se hizo literalmente añicos; sus brazos y piernas se dispersaron girando en distintas direcciones. La parte inferior del torso salto por los aires, antes de deslizarse hasta la tierra.

El segundo mercenario giró bruscamente hacia la derecha, con los ojos muy abiertos y gritando lleno de terror. Sin pensarlo, Haskir saltó de la silla de montar y corrió tras el mercenario, al tiempo que un vigoroso bramido escapaba de sus labios. Aquella persecución se efectuó a lo largo de unos veinte metros a través del pedregoso campo antes de que el mercenario fuera acorralado.

Haskir vio que el hombre giraba repentinamente sobre sí mismo y, de improviso, barría el aire con su enorme espada para desviar a un lado la daga que le había arrojado antes de que su mente pudiera darse cuenta de lo que estaba sucediendo. Se lanzó al ataque, veloz como un relámpago, pero el hombre paró la espada del joven con la suya propia. El acero plateado raspó y tintineó cuando Haskir paró un tajo bajo dirigido a la pierna, y luego respondió con un balanceo que estuvo a punto de cortarle la garganta al mercenario. Haskir aprovechó la ventaja obtenida atacando la defensa de su oponente con pesados golpes dirigidos a los hombros, el cuello y la cabeza. De repente, el hombre se agachó y se lanzó hacia adelante con la espada apuntando a la garganta del joven. Haskir giró hacia un lado en el último segundo y sintió que el plano de la fría hoja se le deslizaba por la piel del cuello.

El mercenario bajó la mirada y gritó al ver como el frío acero oscuro de Horgon se clavaba en su pierna derecha haciendo que el hombre se tambaleara. Sangre arterial de color rojo chorreaba por la herida.

Haskir arrancó la espada del muslo, y el mercenario se desplomó sobre el barro. Mientras lanzaba una maldición, echó hacia atrás el arma para asestarle el golpe definitivo, pero un impacto tremendo lo lanzó dando vueltas por el aire. Su trayectoria fue detenida por una roca grande, y por un momento, el mundo se volvió oscuro como la noche, y Haskir pensó que había muerto.

#24

Cuando pudo ver y respirar de nuevo, vio que Dhirun masticaba al mercenario herido. Los ojos del lobo giraban como enloquecidos, la bestia de guerra sacudía su pesada cabeza como si sintiera un dolor espantoso. De repente, el depredador echó atrás la cabeza para lanzar un aullido salvaje, y dejó a la vista hileras de dientes largos como cuchillas llenas de sangre. El terrible lobo Warmong volteo sobre sí lanzando dentelladas al aire, luego se le dilataron las fosas nasales y echó a correr de manera enloquecida hacia el camino al mismo tiempo que rugía con una furia ciega.

Cuando Haskir volvió en sí, sintió un frío pavoroso. Se puso trabajosamente de pie. Algo iba mal, algo iba muy, pero muy mal. Se levantó tambaleante, y luego miro hacia el camino de los esclavistas.

Los lobos Warmong se habían vuelto locos, como perros rabiosos.

Las enormes bestias eran presas de un frenesí de sed de sangre; se encabritaban y le lanzaban dentelladas al olor que flotaba en el aire. La docena de gélidos habían derribado a los jinetes y atacaban a mordiscos a cualquier cosa viva que encontraban.

Los caballeros lobunos estaban a salvo porque se untaban la piel con la baba de Warmong; pero todos los demás hombres y mujeres que tenían a su alcance eran presas fáciles y entre esa gente estaban los esclavos.

Los escuderos y metralleros se vieron en más apuros, cuando intentaron resistir la acometida que se había producido; sin embargo, los escudos con que formaban una muralla defensiva se hicieron añicos como si fuesen de vidrio bajo el impacto de las enfurecidas bestias. Había docenas de mercenarios aplastados y hechos pedazos, ya que las armaduras resultaban inútiles contra los poderosos ataques de los Warmong. En los flancos de los jadeantes depredadores se veían astas partidas de lanzas que tenían clavadas, pero no parecía que las bestias percibieran el dolor ni las heridas.

#25

Cayeron sobre las filas de esclavos, y la orgía carnicera comenzó de verdad.

—¡No! —gritó el joven cuando el sendero se convirtió en un matadero en cuestión de segundos.

Los gritos de los esclavos se fundían en un solo alarido de terror ensordecedor mientras los lobos los hacían pedazos y atravesaban a dentelladas el hueso y la carne, como depredadores con sus presas.

El joven corrió hacia aquel matadero y vagamente reparó en que sus oficiales hacían lo mismo. Se fijó en las flechas negras de las flechas de ballesta que Dhirun tenía clavadas en el lomo.
«Veneno. Algo que descontrolaría a los lobos.» La emboscada no había tenido la finalidad de arrebatarle a los esclavos sino de eliminarlos, con que finalidad. Haskir no lo sabía, pero sabía que alguien dentro de su familia lo había traicionado. Como siempre se repetía. En Malash todos son tus enemigos, no existe la amistad, no existe la familia.

Haskir se agachó para evitar el ataque de los enloquecidos lobos que ragueaban el aire y corrió hacia el ensangrentado lomo de Dhirun. La bestia tenía el hocico hundido en el torso de un esclavo muerto. Con un movimiento veloz, el joven aferró ambos proyectiles por el asta y las arrancó con un tremendo jalón. Dhirun se estremeció y se volvió a mirar a Haskir, y durante un trepidante momento el joven temió que el enorme lobo lo atacara. Sin embargo, la enorme bestia saltó al campo situado a la izquierda del camino y comenzó a caminar en círculos y olfatear el aire. Pasado un momento, se sentó sobre los cuartos traseros, con la energía agotada y los flancos subiendo y bajando a causa de los jadeos. El noble alzó las flechas con una mano cubierta de sangre.

—Los proyectiles—susurro— ¡Han drogado a los lobos! —gritó, furioso—. ¡Quítenseles Los Proyectiles! ¡Ahora!

En torno a él, los otros caballeros lobunos se dispusieron a atender a las monturas y les arrancaron los proyectiles de bala y flechas que tenían clavadas. Con paso tambaleante, Haskir atravesó el campo hacia Dhirun y se detuvo al llegar junto al terrible lobo Warmong antes de volverse a mirar la masacre que se había efectuado.

A lo largo del sendero, el camino era una masa roja de carne hecha pedazos. Trozos de pálido hueso y destellante cadena brillaban bajo la llovizna. Las formas acorazadas de lanceros muertos sembraban el suelo; los cuerpos se veían contorsionados, en posturas antinaturales. Los gritos de los heridos resonaban en el aire.

#26

Dos años de traiciones y conspiraciones, tres meses de duras incursiones solo para que alguien lo arruinara de un solo golpe, y lo había hecho de un modo profesional.

El entrechocar de armaduras y armas atravesó el campo de batalla procedente de las puertas de la ciudad. Un contingente de guardias avanzó hacia él, con las lanzas enristradas. Taiana iba a pie junto a los soldados y la expresión de su rostro era relajada e inescrutable. Detuvo la montura a apenas diez metros de él y estudió la escena.

—Veo que este es un terrible giro en los acontecimientos, mi señor —dijo con tristeza La Señora del Puerto, al tiempo que sacudía la cabeza ante la carnicería. Miró a Haskir con una sonrisa satisfactoria—. Tal vez vuestra suerte cambiará la temporada que viene, su alteza, estoy más que segura que el Driagad de Nagorag estará deseoso de pasar su látigo por su espalda.

Haskir estudió a la señora del puerto, y se percató de la intención oculta en su mirada.

—Puede que si, como puede que no — Replico Haskir.

Después, cogió la metralla que llevaba colgada en el hombro y le disparó a Taiana en la cara.

— La muerte, es el camino de los traidores.

#27

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