SylvieDupuy
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SINÓPSIS

Una argentina antigua, y un americano moderno, forjan una amistad inquebrantable que va más allá de una simple apuesta bromista.

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Se referirá a una patagona antigua, porque las argentinas son también americanas, digo ió.
"Una americana antigua y un americano moderno... " Prosiga pues.

SylvieDupuy
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hace más de 1 año

@Flaneta La chica no es de ahí. Sé que sería una americana también, por vivir en América del Sur, pero no siempre se refieren a los argentinos como americanos, sino se refieren a ellos los que viven en Estados Unidos, o bien por norteamericanos. Si vive en Argentina, podría llamarse también, latina, por pertenecer a Latinoamérica. Creo que no esuché a nadie que diga que una argentina es americana, porque la palabra misma, a mi suponer, pienso que es del Norte. Con respecto a lo "antiguo", me refería a su manera de vestir.
Ya están disponibles el prólogo y cuatro capítulos más.

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Señorita Dipuá, a qué cree que se debe el hecho de que ni sus mejores amigas le donen un corazoncito? Me apena mucho esta situación. Voy a tener que leerlo ió.

SylvieDupuy
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hace más de 1 año

@Flaneta No sé porqué pero siento que el comentario es algo fuera de lugar. Parecería en cierto modo, burlón y la verdad es que no sé porqué me respondés así. Mis "mejores" amigas no leen y tampoco subo capítulos para que alguien me de corazones por lástima.
Y mi apellido se pronuncia como se lee.

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Así se habla!

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Señorita Dipuá, cómo va eso?


#2

PRÓLOGO

Una argentina antigua, y un americano moderno, forjan una amistad inquebrantable que va más allá de una simple apuesta bromista. Día tras día, y noche tras noche, comienzan a conocerse más, y más. Su amigo le ofrece un pacto, la alianza del matrimonio. Pero él no se da cuenta, ni cuándo ni muchísimo menos cómo, termina perdidamente, e irremediablemente enamorado de ella. Pues, es obvio, su amiga la antigua se transformó en un verdadero diamante. Está en sus manos el que la atrape antes de que otro se la robe.
Él, un rubio de ojos azules e imponente, un cantante despreocupado, aventurero, libre, sin complicaciones, obstinado, mujeriego y superficial, le gusta vivir la vida del modo en que no debería vivirse. Ama la diversión, el salir con amigos y parrandear, sigue la moda no tan al pie de la letra, pero sabe y tiene bien en claro lo último que se usa. Va de gira en gira y siempre conoce a gente nueva. Pero a sus veintiocho años de edad lo que todavía no consigue es una chica que lo llene por completo, que lo ame por lo que es, por el hombre que lleva dentro y no por lo que yace en su cuenta bancaria. Pero lo que no quiere reconocer en lo absoluto es que ésa chica la tiene mucho más cerca de lo que se imagina.
Ella, es su mejor amiga, pero con la pequeña diferencia, que ella al parecer es incompatible con él, digamos que todo lo contrario a lo que su amigo es. Ella, sumisa, recatada, silenciosa, pero casi toda su vida fue vergonzosa y le daba miedo el destaparse y mostrarse al mundo y a él tal cuál era la verdadera mujer que se escondía por debajo de aquellos atuendos horrorosos, así es ella es todo lo contrario a hermosa, llevaba brackets, lentes de vista que le hacían achicar sus grandes ojos verdes, dos trenzas a los costados y el pelo rubio algo grasiento, se vestía con ropa que parecía sacada de un cuento antiguo. Llevaba medias blancas y zapatos tipo escolares, usaba vestidos largos hasta por debajo de las rodillas que le daban un aspecto poco común y viejo a su temprana edad, con cuellos de puntilla blanca que parecían baberos, salía a la calle como si lo que usaba era la última moda de Dior.

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hace más de 1 año

Casi me da un patatús. Esto... Llegué hasta aquí solo por animarla. Me molan los retos de superación personal sin testigos, en el desierto. Allez, Mademoiselle Dipuá!

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace más de 1 año

@Flaneta A veces (la mayoría de ellas), no parece que lo hagas con intención de animar a las personas con tus comentarios. En serio, decís las cosas con sorna y no caen bien, empezando por cómo decís y escribís mi apellido (cosa que siento como una falta de respeto). No sé si es tu manera de ser o es la única cosa que sabes hacer por acá. Quizá es lo que te caracteriza en Sttorybox, pero de verdad que no está bueno en cómo las decís, no creo que te gustaría que otro con tu misma "lengua irónica" te diga lo que piensa de tus escritos.


#3

CAPÍTULO 01

Mientras que la gente la ve de pies a cabeza incrédula, ella sonríe mostrando sus brackets. Cada paso que daba la conducía hacia una cafetería en donde su amigo la estaba esperando. En ésta ocasión,se decidió por ponerse otra de sus ridiculeces, una falda recta larga hasta casi los pies, de color negra, y una camisa del año mil ochocientos, de color rosa con volados en el cuello, patéticamente mal vestida, y sus inconfundibles zapatos ortopédicos negros. Se citaron muy a escondidas de la gente, él así lo había pedido, para no avergonzarse de que él estaba con ella. Así es, le daba vergüenza su amiga, aunque eso dolía, era la pura verdad. Llegó con algunos pelos alborotados por la prisa que había ejercido hasta llegar al lugar, sus trenzas se habían despeinado y él la miró con preocupación, y ella le mostró sus brackets al sonreírle. Corrió la silla y se sentó frente a él sin dirigirle la palabra, siempre era lo mismo, parecía que debía ser una obligación y un bien necesario para ella que él empezara a hablarle.
—He llegado a la conclusión de que ninguna mujer me conviene, nadie abarca mis expectativas, nadie me satisface y nadie me toma en serio —me explicó apenas me miró a los ojos.
—Todavía eres algo joven para preocuparte por eso, en el ambiente en que te manejas nada es fácil.
—Ya lo sé, pero sé que ninguna me llegará a entender, he decidido en hacer un pacto contigo ―me contestó y abrí más los ojos que por los lentes parecían dos pequeñas canicas verdes.
—¿Un pacto conmigo? —le pregunté incrédula—, ¿y cuál es ese pacto que tienes tan decidido Nickolas? ―le volví a preguntar.
—Ehm... eh... puesto que yo todavía no consigo a nadie como la gente y que tú... bueno tampoco, sería por así decirlo, bueno que ambos nos casemos —me respondió serio y a la vez un tanto cortado por tan cierta respuesta.
—¿Qué has dicho? —le pregunté sin poder creerlo.
—Lo que has escuchado, no lo sé, a pesar de todo tú estás igual conmigo por más que hayan pasado algunos años.
—Nick... yo no tengo tu misma edad ni mucho menos cerca de la tuya, solo tengo veintidós años, ¿no crees que soy algo joven para casarme? —le pregunté acusándolo.
—Pues si... pero con el aspe... —me dijo y no terminó la frase.
—Ya lo sé, no me lo digas, es difícil creer que tengo veintidós años con ésta facha.
—La verdad, sí —me respondió preocupado mientras me miraba a los ojos—, solo es un pacto, no habrá nada sentimental entre ambos, ¿qué dices? ¿Lo aceptas?
—Está bien —le dije sonriéndole y él me dio una leve sonrisa, al parecer de asco y bebió de su vaso para luego desviar la mirada.
"¡Estúpida de mí siquiera!"
Como casi siempre, entre charlas que teníamos, me zambullía en el mar de sus ojos, esos ojos que me perturbaron desde que lo conocí hacia exactamente dos años atrás, yo era una niña tonta y él el chico encantador, y eso seguía siendo igual. A pesar de que al principio él se negaba a acercarse a mí, por mi apariencia y aspecto desastroso de la cara, uno de sus amigos, el cual nos presentó, lo insistió tanto hasta que él a regañadientes se acercó a mí y comenzó a hablarme. En aquel tiempo, yo era vergonzosa y más cuando sabía que un chico como él se me acercaba. Las primeras veces tartamudeaba de tan solo saber que se encontraba a mi lado alguien como él, tan encantador y devastador. Y luego de dos años, precisamente ahora, yo seguía igual de apariencia y cara, sin el tartamudeo ya que después de varias conversaciones me 'acostumbré' a él, y él se había convertido en un hombre atractivo, y que podía tener todas las chicas que quisiera a su lado. Nickolas me sacó de mis pensamientos.

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#4

CAPÍTULO 02

―Oye, ¿estás bien? ―me preguntó algo preocupado.
―Sí, ¿qué me decías? ―pregunté clavando mis ojos en los suyos.
―El pacto conlleva algo más.
―¿Cómo qué? ―le pregunté intrigada.
―Que no salgas de la casa.
―Ya lo sé, no tienes que ser tan obvio, ¿sí? Me doy cuenta de la manera en que todos me miran incluyéndote.
―Lo siento ―me dijo apenado, pero no tanto.
―Solo hazme saber qué día piensas hacer eso, ¿ok?
―Está bien ―me respondió y yo me levanté.
Al detenerme de la muñeca con su mano, sentí un estremecimiento por todo el cuerpo y debí cerrar los ojos.
―Siéntate ―y lo hice―, ¿te invito algo? ―me preguntó para despachar la fea respuesta que había dicho antes.
―Está bien.
―¿Qué quieres?
―Una malteada de chocolate.
―Ok, ahora se lo diré a la mesera.
Mientras esperábamos la malteada, siguió comentándome más cosas.
―Solo nos casaremos por civil, y luego te vendrás a vivir a mi casa, seremos como una pareja de recién casados, pero sin contacto físico.
―Quieres libertad aun estando casado, ¿no es así?
―¿Qué te parece? Necesito mis necesidades ―me respondió con aquella sonrisa destacada de él y yo solo le di un sorbo a la malteada con el sorbete.
―Sigo sin entender por qué te quieres casar conmigo.
―Pues porque sé que puedo hablar contigo abiertamente, y tú me entiendes como ninguna.
―A veces eres retorcido ―le dije entre dientes y él me fulminó con la mirada porque me había escuchado.
―Pero así me quieres.
―No te creas tanto, hay veces en que me eres insoportable.
―Hay veces en que te diría varias cosas, pero sé que te sentarán mal.
Una hora después, él siguió su camino y yo el mío, lo único que yo hacía era quedarme en mi departamento, el cuál era mi refugio, nunca salía si Nick no me lo pedía, es más, raras veces salía y solo era ir a comprar ingredientes para las comidas que me preparaba y nada más, no me gustaba y ni me interesaba la moda, no tenía amigas, era una ermitaña, solo me quedaba dentro del departamento y no hacia absolutamente nada, toda mi vida había sido así y no creo que iría a cambiar.
Por otro lado, Nick había llegado al estudio y Alex ya lo estaba bombardeando a preguntas sobre mí.
―¿Cómo te ha ido con la gargolita de tu amiga? ―le preguntó y ambos se rieron a carcajadas.
―¡Alex! ¡Ya basta! ―le gritó una vez que dejó de reírse y se dio cuenta de lo mal que se había sentido, pero que aun así era inevitable―,¡Michelle se llama! Puede que sea fea, pero es buena chica.
―Eso no tiene nada que ver, la fealdad está presente en ella.
―Alex deja de decir eso, aun así, aunque no lo creas le he dicho que nos casaríamos.
―¿¡Qué!? ¿¡Tú estás loco o qué rayos tienes en la cabeza Carter!? ―le gritó asombradísimo.
―Nada, estoy bien, ya sabes como nunca consigo alguna chica como la gente, hice un pacto con ella.
―¿Sabes lo que será eso? ―le preguntó asombrado.
―Ella ya sabe las cosas que quiero, es decir, sabe que aun estando casado con ella tendré mi libertad, mientras ella se quedará en mi casa, no habrá nada de sentimientos de por medio, nos queremos como amigos nada más.
―Lo sé, pero aun así me parece raro, ¿mira si al principio te dice que puedes salir y luego no?
―Michelle es diferente a las demás, la conozco lo bastante bien para que reaccione de esa manera, aparte será como si todos piensen que asenté cabeza, cosa que no será así.
―Solo espero que todo esto no se te vaya de las manos y termines muy metido con ella.
―Tendría que haberme golpeado la cabeza y perdido la memoria si me fijara en ella, siendo como es.
―¿Y cuándo piensas contraer ese 'pacto' con ella?
―No lo sé, quizás dentro de una semana.
―Vaya, qué apurado ―le dijo sarcástico―, ¿será que te han gustado sus trenzas? ―le preguntó sarcástico y burlón riéndose.
―¡Alex! ―le gritó fulminándolo con la mirada.
Mientras ellos se reían de mí, los días fueron pasando, los chicos se enteraron de lo que iría a hacer Nick y la noche después del civil, Nick me llevó a su casa. La había visto de todas maneras posibles aquella casa, casi siempre, la misma albergaba fiestas de fines de semana, reuniones y cumpleaños, pero a partir de esa noche, ésa casa iba a ser parte de mí a pesar de que no era su dueña.

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#5

CAPÍTULO 03

―Bueno, no tengo que mostrarte nada de la casa, ya la conoces de pies a cabeza, así que puedes disponer de lo que quieras, o puedes dormir en alguna de las habitaciones de arriba o bien, en mi habitación, pero en el sillón.
―Qué caballero eres Nickolas dándome el sillón, creí que me darías la cama y tú dormirías en el sillón.
―Debo trabajar mañana, y el sillón no es muy bueno para dormir.
―Entonces me iré a una de las habitaciones.
―Está bien. Pues bien, yo ahora debo irme.
―Es tarde, ¿no era que mañana trabajas?
―Para lo que tendré que hacer haré una excepción, nos vemos mañana, buenas noches ―me dijo y abrió la puerta y luego la cerró detrás de él.
―Buenas noches Nickolas ―dije en un susurro viendo cerrarse la puerta.
Subí las escaleras, y entré en una de las habitaciones, acomodé la ropa dentro del clóset y luego me di una ducha para ponerme el pijama, una vez puesto, desarmé la cama y me acosté. Ocho horas después, miré el reloj despertador que marcaba las nueve de la mañana, me levanté, me aseé y me vestí, armé la cama y bajé para preparar el desayuno. Mientras ponía a calentar el café y metía pan lácteo en la tostadora, escuché que un auto se estacionaba en la vereda, miré por la ventana y era Nick.
―Buen día ―me dijo entrando a la casa.
―Buen día ―le contesté seria.
―¿Me preparas el desayuno mientras me doy una ducha?
―Está bien, ¿has dormido?
―Sí ―me respondió y subió las escaleras hacia su habitación.
Minutos después, estaba todo dispuesto sobre la mesa para que desayunáramos los dos. Él bajó y se sentó, y comenzó a desayunar al igual que yo. Ninguno de los dos hablaba, hasta que Nick me dijo algo que me descolocó.
―¿Tú te duchas? ―me preguntó y yo disimuladamente me olí.
―Sí, ¿por qué me lo preguntas? ―le pregunté asombrada.
―Entonces, ¿por qué tu pelo está grasiento?
―Pues porque me pongo un aceite para que el pelo se nutra.
―Ah ok, pero mira que no se te ve nada lindo el pelo así y menos con esas trenzas, no tienes más cinco años.
―Lo sé, ya deja de molestarme con decirme cosas sobre el pelo, ¿ok? ―le contesté algo molesta.
―Está bien Mich ―me dijo bebiendo un sorbo de su café.
―¿Por qué has venido tan tarde?
―He tenido cosas que hacer.
―Entonces te has ido a dormir a la casa de alguno de los chicos ―le respondí haciéndome la tonta.
―No precisamente, me he ido a dormir a la casa de una amiga.
―¿Cómo se llama?
―¿Por qué tanto interrogatorio? ―me preguntó intrigado y arqueando una ceja mientras me miraba.
―Simple curiosidad.
―Su nombre es Trish.
―¿Trish qué?
―Hallen.
―Ah sí, la conozco ―le dije luego de beber un sorbo de mi café―, demasiado flaca, por su delgadez diría que es o anoréxica o bulímica, rubia oxigenada y usa lentes de contacto, tiene maxilar de hombre.
―¿Y tú cómo sabes todo eso?
―Soy buena observadora.
―Si eres tan buena observadora, ¿entonces por qué no te fijas en cómo cambiar tu aspecto? ―me preguntó algo molesto por haber dicho aquellas cosas de su amiga.
―No tiene nada que ver, ella es ella y yo soy yo, yo soy así y me gusta ser así ―le respondí haciéndomelo creer a mí misma también.
Apenas dejamos de hablar, alguien tocó el timbre y Nick fue a abrir.
―Nick te vengo a buscar para la reunión que tenemos con los chicos ―le dijo y me miró―, hola Michelle ―me dijo de lejos sin acercarse para darme un beso en la mejilla.
―Hola Alex ―le dije y seguí con lo mío y de vez en cuando paraba la oreja para escuchar lo que me interesaba.
―Hey Nick... ¿por qué no me habías dicho que iba a estar la gargolita?―le preguntó entre dientes y muy bajo para que solo Nick lo escuchara.
―¡Alex no seas así! ―murmuró―, está viviendo en mi casa.
―Ah, ¿bueno ya estás listo o quieres que te deje más tiempo con tu gargolita?
―No por favor, con verla todos los días me basta y me sobra ―le dijo en tono suplicante y luego se rieron―, Mich me voy, no me esperes para cenar ―me contestó tomando sus llaves y se fue con Alex.
―Está bien ―le dije y luego escuché la puerta cerrarse detrás de ellos.
Dentro del estudio...
―Tienen que ver lo fea que es la mujer de Nick ―les dijo a los demás riéndose.
―¿Por qué?
―¡Es Michelle! ―le gritó y Howie se ahogó con el café―, ¿o sea justamente ella tuvo que ser la mujer de él?
―Ya la conocemos, ¿y qué con que sea fea?
―¡Oh vamos Brian! Sé que no te casarías con alguien como ella.
―No lo sé, si Nick hizo eso por algo lo habrá hecho.
―¿Insinúas que le gusta? ¡Esa cosa llamada chica no le puede gustar!
―Te lo dije bien claro el por qué hacía el pacto de casarme con ella y sobre las relaciones sexuales es asunto arreglado porque ya se lo comenté a ella, y ambos estuvimos de acuerdo.
―Yo no estaría tan seguro de eso Nick.
―¡Oh vamos chicos! Lo tengo todo bajo control, ni estando borracho podría acostarme con ella.
Por cinco horas no se presentó en la casa, cuando lo hizo, me vio preparando la cena.
―¿Qué haces? ―me preguntó dejando colgadas las llaves.
―La cena, en unos minutos cenamos.
―Es lo único que sabes hacer bien ―dijo entre dientes, pero yo lo oí.
―Obvio, soy la única imbécil que sabe cocinar ―dije entre dientes también, pero con un leve alto tono de voz para que me escuchara―, toma tu comidita Ni-cko-las ―le respondí irritada y casi le estampé contra la mesa el plato de comida y luego me senté.
―El sábado daré una fiesta.
―Aja ―le dije sin mirarlo.
―Ya que sabes cocinar, lo harás para ese día.
―Aja.
―Los invitados llegarán alrededor de las nueve de la noche.
―Aja.
―A Trish le encanta el caviar rojo, y una cereza dentro de su copa de champagne y en el pie de la misma un moño color rosa.
―Qué patética ―murmuré―, ¿cómo prefiere la señorita Hallen el moño? ¿De raso, de gasa, de seda o de organza? ―le pregunté sarcástica haciéndome la indiferente por su comentario.
A éstas alturas Nick se estaba preguntando si no era una diseñadora de modas encubierta en un vestido antiguo y horroroso y con aspecto deplorable, por todas las clases de telas que le había nombrado y por fijarme en cosas estéticas falsas que tenía su nueva amiguita Trish.
―No lo sé, le deberé preguntar.
―Pregúntale qué no se te olvide eh ―le contesté bastante sarcástica y él me fulminó con la miraba―, porque creo que, si se te olvida, la señorita Hallen se molestará mucho contigo... muñeco Ken.
―¿Por qué me llamas muñeco Ken? No tengo a Barbie.
―¿Ah no? ―le pregunté intrigada―, yo pensé que la que tenías como amiguita era absolutamente de plástico ―le dije sarcástica y sonriéndole.
―Déjame de sonreír que me pones nervioso cuando muestras esos brackets ―me respondió frío y seco y bajé la mirada y seguí comiendo.
El sábado por la tarde, Nick compró el estúpido caviar rojo que tanto quería Trish.
―Aquí te dejo el caviar, prepárale una bandeja aparte.
―Es una invitada más Nickolas, no le prepararé una bandeja aparte, no tiene corona para mí.
―Pues para mí sí, es una princesa, es sofisticada y fina.
―La sofisticación y la finura contigo no van Nickolas, tú eres un rebelde sin causa no te mezclas con el 'caviar rojo' que es Trish, bueno corrigiendo mis palabras el caviar que pretende ser.
―Tú quisieras ser como ella.
―¿Cómo? ¿Una buena para nada y de plástico? No gracias ―le respondí sarcástica.
―Solo te advierto que no quiero que me dejes en ridículo delante de mis amigos, ya sabes, por tu aspecto, o te arreglas un poco o no apareces de nada en la fiesta.
―Si no me aparezco entonces no serviré nada, y tú te encargarás de todo, ¿eso quieres? Si es así, entonces yo no tengo ningún problema en dejarte todo lo que hay que hacer a ti.
―¡Ok, pero no abras la boca para nada! ―me gritó entre dientes furioso.
No le iría a dar el gusto a la estúpida que tenía como amiguita en ponerle un tonto moño rosa y una cereza, es más... Haría algo que la irritaría de no verse que no era la única en tener ese'privilegio'. Nick me había hecho la lista de las personas que estarían, eran más hombres que mujeres, por lo que serían treinta hombres con él y veinte mujeres, así que dispuse en una bandeja veinte copas y en la otra bandeja treinta copas, en las de veinte le coloqué un pequeño moño de organza rosa (ya que ésa era la tela que me había dicho Nick antes), y en las treinta copas restantes, rebusqué dentro de mis cosas dos cintas de raso de color celeste y las corte a una cierta medida para que se formara el moño y para que sobre todo me alcanzara para las treinta copas. Una vez que las tenía dispuestas sobre las bandejas, las dejé a un lado y seguí con lo siguiente, el caviar tampoco sería solo para la 'anfitriona'. No podía ser tan mala en no compartir esa exquisitez sola. Así que saqué dos bandejas, y coloqué dentro dos recipientes el caviar rojo y lo apoyé sobre las bandejas, y luego corté rebanadas de pan y las acomodé apiladas una encima de cada costado de la rebanada de pan en forma de círculo alrededor del recipiente. Apenas terminé con eso, pasé a varias cosas más, para que los invitados no tengan hambre durante las horas que se quedarían. Tres horas después, subí a mi habitación y me vestí como siempre poco común y con mis típicas trenzas a los costados. A la hora exacta llegaron los invitados.

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#6

CAPÍTULO 04

—Ya será hora que empezaras a ofrecerles comida y bebida —me dijo entrando a la cocina—, servirás y volverás a la cocina, ¿ok?
—Ok —le contesté seria sin mirarlo a los ojos y él volvió a la sala con los amigos.
Mientras les pasaba las dos bandejas en cada mano a los invitados, me tocó el turno de llegar a la amiguita de Nick que estaba al lado de él.
—¿Y mi caviar rojo? —me preguntó enfadada.
—Dentro del recipiente que ves —le contesté indiferente.
—¿Y qué se supone que debo hacer?
—¿Comértelo con la rebanada de pan que ves sobre la bandeja? —le pregunté sarcástica.
—¿Me tomas el pelo, chirusa? —me preguntó enojada.
—Claro que no, simplemente has hecho una pregunta demasiado estúpida, yo sabía que el pan y el caviar se comían, por eso deberás tomar la cucharita y ponerte el caviar sobre la rebanada de pan —le respondí sonriéndole sin separar los labios—, hay más personas que tienen hambre, decide pronto —le dije y a regañadientes se preparó un canapé.
—Deberías echar a tu sirvienta, es muy entrometida, estúpida y fea —le dijo a Nick entre dientes pero los chicos y sus mujeres y yo la escuchamos.
—Déjala, a veces mí sirvienta se cree que ésta es su casa —le dijo y a propósito cuando pasé de su lado le pisé el pie quedando como que había sido sin querer—, pero no es mala persona.
—Yo no podría tener a alguien como ella dentro de mi casa y menos que sirva a las personas, o sea ni un minuto se quedarían dentro mientras esté alguien como ella, parece Merlina de Los Locos Adams pero en versión fea —dijo y ninguno se rió solo ella y apenas Nick y Alex que no contuvo la risa, pero le codeó Ruth para que dejara de reírse.
Mientras servía a los demás sectores y rincones de la casa, logré escuchar a un grupo de chicas hablar obviamente mal de mí.
—Es obvio que la engaña, con lo fea que es.
—Ningún hombre podría acercarse a ella, los ahuyenta en vez de atraerlos —dijo una de ellas y las demás rieron a carcajadas.
—Solo sirve para felpudo de Bienvenida.
—Es horrible, por eso Nick la engaña con cualquiera, por eso está saliendo con Trish.
—Si la tendrían que disparar, la bala al salir y verla se vuelve para atrás y se esconde dentro del caño por donde salió —dijo otra de ellas y todas se partieron de la risa.
Algunas personas, las más allegadas a Nick sabían que yo era su mujer, pero otras personas no, incluida Trish. Ya que Nick sabía muy bien que si sabía que yo era su mujer, se enteraba medio planeta, o el planeta entero. Cuando llegó la hora del brindis que quería hacer Nick, repartí las copas y todos se dieron cuenta que en cada copa había un moño de un respectivo color para cada sexo. Y la amiguita de Nick al parecer se enfureció más, ya que todos tenían un moño, y la cereza no se la había puesta.
—Tu sirvienta es una inepta en atreverse a colocar moños para todos y encima en no ponerme la cereza.
—¡Ay Trish cálmate! No hagas tanto lío por una tonta cereza, te la puedes comer en tu casa, y con respecto a los moños, pues a mi parecer le quedaron sumamente bonitos en las copas, un lindo detalle hizo con las mismas —le dijo la mujer de Howie—, esto que hizo es tener clase —dijo y Nick la miró incrédulo—, no me mires así Nick, en varios eventos suelen hacer esos pequeños detalles.
Dos horas después, todos los invitados se fueron, y sólo habían quedado el grupo con sus mujeres y Trish. Cuando salí de la cocina con la bandeja y algunas copas vacías sobre la misma, vi a Nick y a su amiguita besarse alejados un poco de los demás, y yo me quedé boquiabierta con la escena espantosa que había visto, y se me cayó la bandeja con las copas. Ambos pararon de besarse y los demás se dieron vuelta para ver lo que había pasado.
—Me han costado una fortuna esas copas —me dijo serio sin moverse mirando la escena desde una distancia prudencial.
—Lo siento, de verdad que no lo sabía —le dije sin mirarlo a los ojos, y me arrodillé para juntar los vidrios sobre la bandeja.
—Déjame que te ayude —me contestó hincándose frente a mí para recoger los demás vidrios.
—No te molestes... Brian, ¿verdad? —le pregunté insegura.
—Sí, soy Brian –me contestó sonriéndome y me ruboricé al ver que era simpático.
—Discúlpame por haber hecho que te salieras de la conversación con los demás, a veces soy torpe.
—No, por favor no tienes porqué disculparte Michelle, creo saber el porqué de tu torpeza —me respondió y al mirarlo se me corrieron hacia delante los lentes hasta que se situaron casi en la punta de mi nariz.
Sin esperarlo, me corto con un pedazo de vidrio la palma de la mano izquierda.
—¡Ay! —exclamé ante el dolor del corte.
—Te has cortado, ven que te ayudo a curarte la herida —me dijo mientras me ayudaba a levantarme.
—De veras Brian, estoy bien, ve con los demás, yo puedo arreglarme sola.
—¿Segura? Mira que no es ningún problema en ayudarte.
—Sí, muchas gracias por haberme ayudado en recoger los vidrios —le dije con una sonrisa sin separar los labios y él notó algo correr por una de mis mejillas... una lágrima.
Primero acomodé todo, y luego me curé la herida, me senté y con paciencia me la desinfecté y luego me puse una curita. Minutos después, entró Brian.
—¿Cómo te encuentras? ¿Te duele?
—Estoy bien, algo cansada y si un poquito duele.
—Oye, ¿tendrías una botella de coca-cola y vasos?
—Claro, creo que Nick no se enfadará si tú mismo sacas las cosas.
—No, creo que no —me dijo y así lo hizo—, oye... sé que no es de mi incumbencia, pero, ¿podría preguntar por qué tus lentes?
—Sí, no te preocupes, no veo muy bien de cerca.
—Sabes... sé que te sonará muy feo, pero podrías cambiar el formato del marco de los lentes, o mismo deberías ir a un oftalmólogo y que te diga qué podrías hacer, es una lástima que estés así con tan bonitos ojos, tienes un bellísimo color verde.
—Gracias... —le respondí incrédula y me sonrojé.
Media hora después todos se fueron y Nick cerró la puerta de la cocina de un golpe que me hizo darme vuelta para verlo asustada.
—¿Qué se supone que estabas haciendo con Brian?
—Me ha ayudado a recoger los vidrios, nada más.
—Estabas muy entretenida con él.
—¡Ay Nick! Deja de joderme, ¿sí? —le grité enojada.
—¿Que te deje de joder? ¡Estabas coqueteando con Brian! —me gritó enfurecido.
—¿¡Qué!? ¿¡Coqueteándole a Brian!? ¿¡En qué planeta vives Nickolas!? En ningún momento coqueteé con él, el beso turbio de Trish te ha dejado mal.
—Aja, con que era eso, ¿no?
—¿Con que era qué?
—El beso que nos dimos, no te tendría porqué afectar, Trish no sabe que tú eres mi esposa.
—¡Pero los chicos si! Por lo menos hubieras tenido un poquito de respeto hacia mí y más hacia tus amigos, has quedado en ridículo, por lo menos si tantas ganas tenías en besarte con ella, ¡hubieras esperado el momento indicado o bien podrías haberla besado en el jardín trasero! —le grité enojada.
—Tú no me darás órdenes sobre eso —me contestó serio y furioso con el dedo índice acusándome.
—El dedo te lo metes por el trasero, a mí nadie y menos tú me señala, por lo menos si me quieres tener de sirvienta, haz un leve esfuerzo por comportarte como un hombre civilizado delante de las personas que ambos conocemos y que saben de lo nuestro.
—Pues como las personas que ambos conocemos no hablarán sobre el qué dirán de que engaño a mi mujer puedo hacer lo que se me da la gana, ya te lo había dicho de antes, no hay nada más que pacto y amistad de por medio entre los dos, por lo tanto... no tengo problemas en meterte los cuernos, limpia todo, yo me iré a dormir —me dijo dando media vuelta para salir de la cocina.

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CAPÍTULO 05

Me quedé como una imbécil limpiando, acomodando y lavando todo, terminé alrededor de las tres de la madrugada y ya no daba más, me senté en el sillón de la sala, y me recosté un rato, quité mis lentes, los dejé sobre una mesita y me acomodé. Horas después, de tanto moverme en el sueño, la parte de la falda del vestido se subió hasta por arriba de las rodillas, y obviamente no me había percatado en lo absoluto de eso. Minutos después, Nick baja a la sala y me ve dormida, sin los lentes y con un aspecto poco común en mí, se había dado cuenta de la falda.
Vaya vaya, qué piernas que tiene la nena —pensó Nickolas.
Siguió su escrutinio en mis piernas, y al moverme abrí los ojos, parpadeando unas tres veces, miré a lo lejos el reloj de pared que marcaba las ocho de la mañana, me quejé, y sentí a alguien casi a mi lado derecho.
—Buen día.
—Buen día —le respondí y bajé de un tirón la falda del vestido asombrándome por la medida que había tomado aquella falda larga—, me iré a dormir a mi habitación —le dije levantándome del sillón y poniéndome los lentes.
—¿No prepararás el desayuno?
—Ni lo sueñes, por hoy no lo haré, estoy demasiado cansada para hacer algo, creo que bien lo sabrás hacer tú habiendo estado solo en la casa o bien debes saber algún lugar donde preparan desayunos, como quizás Starbucks, así que nos vemos luego —le contesté subiendo las escaleras y dejándolo solo con la palabra en la boca.
Una hora después, dentro del estudio, Brian le comentó algo a Nick, sobre mí.
—Oye Nick... por simple curiosidad, ¿has visto el color de ojos de Michelle?
—¿Por qué ahora es tema de conversación en el estudio Michelle?
—Por nada, solo que teniendo el color de ojos que tiene es raro que ande con un par de lentes horribles.
—¿Y qué quieres que haga?
—Llévala al oftalmólogo
—¿Y para qué?
—Pues para que vean su vista, me ha dicho que no ve de cerca y por eso los usa, digo... no puede ocultar esos ojos.
—Ay Brian mírala bien cómo es y te darás cuenta que por más que le quieras arreglar la vista ya es digamos fea de por sí.
—No seas tan cruel con ella, bonita manera de tratar bien a tu mejor amiga, si te percataras detenidamente del color de sus ojos, hasta tú decidirías llevarla a una consulta.
—¿Tanto misterio por el color de ojos? ¿Qué color los tiene?
—Un verde jade bastante interesante, ¿no es tu color favorito el verde? —le preguntó picándolo.
—Sí, pero no tiene nada que ver con el color de sus ojos, y por favor no me insistas más con eso, a veces me agobia el tener que escucharla en la casa, y más me agobia el tener que escuchar de ella de boca de mis amigos, ya sea de buena manera como de mala manera.
—Eres bien imbécil Nick, en fin para qué discutir contigo sobre esto si no quieres aceptar nada, vamos a la reunión que nos esperan los demás.
—Buena idea —le dijo y ambos se fueron adentro.
Mientras tanto, yo en la casa estaba limpiando y una vez que había terminado, me dí una ducha. Me vestí y bajé para preparar la cena. Alrededor de las siete de la tarde, Nick se apareció en la casa.
—Hola, ¿cómo has estado? —me preguntó y al sentir tanta amabilidad de su parte sabía que algo me iría a pedir.
—Hola, pues bien, ¿y tú?
—Bien también, ¿ya estará la cena? Tengo hambre.
—Sí Nickolas, justamente recién la saco del horno la comida, así que lo único que puedes hacer es, sentar tu trasero en la silla y esperar el digno plato lleno que te llegue frente a ti.
—Bueno, pues me merezco una buena cena todas las noches por ser el que trae el dinero a la casa —me contestó burlón sonriéndome como un idiota.
—A propósito de dinero, necesito para comprarme una laptop.
—¿Sabes manejar una?
—Te sorprendería la rapidez con la que escribo en el teclado.
—Ok, si quieres puedes usar la mía.
—¿Tú? ¿Usando una laptop? No me lo creo, me pregunto, ¿cuánto tiempo te habrá llevado encontrar el botón de encendido? ¿Medio año? ¿O un año? ¿Quizás dos años? —le pregunté sarcástica burlándome de él.
—Muy graciosa —me respondió fulminándome con la mirada—, cambiando de tema, el miércoles vendrá Trish a la casa, necesito que hagas de cenar y prepares algo íntimo en la sala para dos —me contestó haciendo énfasis en la última palabra.
—Nunca tienes una amabilidad sincera conmigo sin pedirme nada a cambio, ¿no es así?
—Eres mi mejor amiga, no mi controladora.
—Más que mejor amiga ahora soy tu mujer, deberías respetarme mientras esté dentro de ésta casa.
—Quisiera refrescarte aquel pacto que hice contigo, no hay nada sentimental entre nosotros, solo quise casarme contigo para dar una cierta apariencia y porque sé que siempre voy a contar contigo... Mich... debes saber que nadie se fijará en ti y menos yo teniendo ese aspecto, sé que la verdad duele, pero primero deberías verte bien en algún espejo y razonar las cosas que me dices, a quién engañamos, eres fea —me dijo algo gracioso pero a mí me dio tanta rabia que se me hizo un nudo en la garganta y dejé de tener apetito—, volviendo a lo que te estaba diciendo, sacarás los mejores utensilios, vajillas y copas que tengo guardadas dentro de aquel armario —me decía mientras me lo señalaba—, pon un mantel blanco hasta el piso con candelabros en el medio, pétalos de rosas de color rosa, y música bien suave y baja, para crear un ambiente romántico, esos detalles le encantan.
—Creí que tenía corazón de piedra y era superficial tu amiguita —le contesté sarcástica.
—Para nada.
—Oh me olvidaba, que lo superficial es su cabeza y la tuya por no ver lo arpía que es —le dije sarcástica mirándolo a la cara mientras corría hacia la punta de la nariz los lentes—, eres increíble, sales de Guatemala y te metes en Guatepeor.
—Nunca te has enamorado.
—¡Vamos Nickolas! Que eso que tienes no es enamoramiento, es calentura, pues por lo menos estás con una meretriz vip y no con una pobre inocente atrapada en tus garras, me pregunto, ¿qué número serás en su lista de revolcadas?
—Seguramente el número uno y el mejor que haya tenido.
—Ay Nickolas me causa risa lo que dices, parecería que no tendrías ni siquiera dos dedos de frente.
—¿Por qué me dices eso? Eres cruel.
—Tú eres más cruel conmigo y no te has dado cuenta, si quieres que sea cruel, pues te diré que en dos semanas te patea y tú te darás cuenta la clase de mujer que en verdad es —le respondí pero él siguió en lo que le interesaba.
—Vendrá a las ocho de la noche el miércoles, ten todo listo.
Para ese miércoles les preparé algo sencillo para cenar, y para que Nick viera que yo no estaba molesta con la situación, vestí las dos sillas de blanco y les coloqué un moño de color beige por detrás y preparé lo que me había pedido.

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#8

CAPÍTULO 06

—¿Has revestido las sillas? —me preguntó sorprendido.
—Sí.
—Te han quedado muy buenas.
—Gracias.
—De nada, antes que me olvide, ¿has usado la laptop?
—Sí —le respondí limitadamente a seguir contándole que había conocido a alguien—, tu cita tocó el timbre, ve a abrirle.
—Ok —me dijo y se fue a la sala.
Apenas le abrió, se dieron un caluroso beso en los labios y luego le corrió la silla para que se sentara. La idiota de mí, salió a la sala y prendió las velas que estaban en los candelabros, y rato después volví con los platos.
—Nick, tu sirvienta es más fea con la luz de las velas —le dijo burlona.
—No hablemos de la sirvienta, cambiemos de tema.
—Está bien, pero es inevitable no acotar algo con respecto a ella, por donde la mires es fea, mejor dicho es horrible —le dijo riéndose y siguió con la burla mientras yo dejaba las bebidas sobre la mesa.
Volví dentro de la cocina, y me serví un plato con comida y luego me senté para cenar sola, una hora después, Nick entró para buscar una botella más de vino, y al abrir la puerta me ve sentada en un rincón y sin hacer ruido.
Pareciera como si no estuviera en la casa, no se siente ningún ruido en la cocina, me pregunto... me pregunto, ¿qué clase de cuerpo se esconderá debajo de ese horrible vestido? —pensó Nick.
—Si necesitas algo te lo llevo —le dije levantándome de la silla.
—No te preocupes, sigue comiendo, es solo una botella de vino.
—Está bien —le dije y volví a sentarme.
Una hora y media después, Trish se fue y Nick entró a la cocina.
—¿Habrá aspirinas? Me duele un poco la cabeza, no ha sido buena idea beber vino cuando al día siguiente debo trabajar —me dijo y yo ni siquiera abrí la boca.
—Creo que hay —le acoté fijándome dentro de un cajón—, toma —le dije dándole un vaso con agua y la aspirina.
—Gracias —contestó y luego se la tomó—, perdona a Trish a veces se va demasiado de boca.
—Ni intentes disculparte por ella, ella ha sido la desubicada, aunque tú le hayas seguido, siempre has seguido a alguno de tus amigos o conquistas cuando se trata de una burla dañina hacia cualquier persona o hacia mí.
—Tú no mueves un dedo para cambiar algo de tu aspecto.
—¿Crees que me gusta ser así? —le pregunté desconcertada y asombrada.
—Pues parece que sí, porque no has cambiado nada de tu apariencia durante estos dos años y pico, ni siquiera sé bien el porqué has venido a USA.
—Necesitaba un cambio de aire, diferentes personas, diferente ciudad, diferente vida, no sabes mucho el porqué porque nunca me lo has preguntado.
—Te lo he preguntado varias veces, tú eras siempre la que esquivaba las preguntas y todo lo que respecta a tu vida antes de que vinieras aquí.
—No quiero remover mí vida de antes, me conformo con vivir en tu casa.
—¿Acaso no me tienes confianza?
—Claro que sí, pero así como te tengo confianza sé que no me presionarás en contarte cosas de mí vida en Argentina.
—Eres dura.
—Y tú persistente.
Minutos después, se fue a dormir y yo me quedé acomodando todo en su respectivo lugar. Cada día que pasaba me iba confiando más de la persona que estaba chateando desde hacia más de dos semanas, Nick nunca se había enterado, de que había conocido a un chico, y menos sabía de mis salidas mientras él no se encontraba en la casa. Sería un peligro si algún día se llegara a enterar del secreto que tenía. El último día de la segunda semana, habíamos decidido conocernos. Al terminarse aquellas dos semanas, Trish rompe con Nick, mejor dicho él rompe con ella al darse cuenta de la mujer que había resultado ser. Y eso implicaba que Nick de seguro se iba a quedar en la casa, y me las tendría que arreglar para escapar de allí.
—¡Michelle! —gritó dentro de la casa.
—¿Qué pasa Nick? —le pregunté asustada.
—Tenías razón con respecto a Trish, es una estúpida y hueca, buena para nada.
—¿Y eso por qué? —le pregunté haciéndome la tarada.
—Me ha estado engañando todo este tiempo mientras yo salía con ella.
—Tú eras el desesperado por conseguir su número telefónico, hasta se lo habías pedido a su guardaespaldas.
—¿Y tú cómo sabes eso? —me preguntó sorprendido.
—Recuerda que las noticias vuelan, a parte lo miré en un canal de música —le respondí y mientras pensaba qué le iría a decir para salir de allí—, ehm... la cena ya la tienes dentro del horno, solo debes sacarla en un plato, yo no tengo hambre así que me iré a dormir, buenas noches —le dije comenzando a subir las escaleras.
—¿Tan temprano? —me preguntó sorprendido.
—Sí, estoy bastante cansada, hasta mañana
—Buenas noches y hasta mañana —me dijo y luego subí.
Entré a la habitación y acomodé algunas almohadas para que hagan de mí, mientras yo estaba ausente y las tapé de forma que no se vieran las mismas. Tomé algo de dinero y volví a salir de la habitación, me acerqué a su habitación y escuché la ducha, supuse que se estaba duchando, y aproveché en bajar las escaleras y abrí la puerta principal para salir de allí. Caminé unas cuadras y tomé un taxi dándole la dirección del lugar donde nos iríamos a encontrar con el chico que estaba chateando hacia bastantes semanas atrás. Al llegar, vi una pequeña cafetería sencilla por fuera como lo era por dentro. Le pagué al taxista y bajé. Al entrar allí, el corazón comenzó a latirme más de lo normal a causa de los nervios. Era la primera vez que iba a conocer a alguien por intermedio de un chat, y eso en parte me daba miedo. Antes de que se llevara una decepción le había avisado de ante mano cómo era en realidad, y a pesar de que me sorprendí, él aceptó conocerme igual. Me había dicho que iría a vestirse con un jeans azul deslavado y una remera de mangas largas de color rojo, me acerqué a él y se levantó para saludarme. Vaya, el chico no era feo, tenía pelo castaño, alto y de ojos aceitunados. Pedimos algo para beber y comenzamos a charlar de varias cosas. Una hora después, nos despedimos y yo volví a la casa, por suerte Nick ya se había ido a dormir y yo entré sigilosamente dentro de la casa, subí las escaleras y me metí en la habitación.

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#9

CAPÍTULO 07

A la mañana siguiente...
—Buen día.
—Buen día, creí que seguías durmiendo.
—No, me he levantado hace como una hora, por la tarde llegaré más temprano que lo habitual.
—Está bien, ¿quieres que te prepare la cena antes?
—No —me dijo y le serví el desayuno—, siéntate a desayunar también, ¿si?
—Está bien.
Media hora después, él llegó al estudio donde lo esperaban los chicos.
—¿Se lo has dicho?
—Todavía no, solo le he dicho de que llegaré más temprano que de costumbre.
—Bien, por lo menos es un adelanto.
—Lo que debo hacer para que me dejen de fastidiar —le dijo y los miró con mala cara.
—De paso... podrías llevarla a comer —le dijo dando un bocadillo en la conversación.
—Ni se les ocurra decirme eso.
—Vamos Nick, es tu mejor amiga, va siendo hora de que algunas veces la saques a pasear.
—Para que no se oxide ni se percuda, tienes que ventilarla un poco, tanto polvo no es bueno —le dijo riéndose a carcajadas.
—¿Por qué no la llevas tu Alex?
—Yo no gracias, es tu mujer —le dijo y fueron interrumpidos por su manager.
Cinco horas después, Nick volvió a la casa, y me ve en el jardín de atrás jugando con su perra.
—Eres más buena tú Layla que tu dueño conmigo —le respondí algo triste acariciando su cabeza y no tenía idea que Nick me estaba escuchando—, ¡Nick! —le grité sorprendida—, pensé que todavía te quedarías en el estudio —le contesté levantándome y dándole a la perrita su hueso y se fue luego de acariciarle su cabeza.
—Acabo de llegar, en fin... arréglate que saldremos.
—¿Perdón? —le pregunté atónita.
—Que te apures en arreglarte que saldremos.
—Bueno —le dije pasando por su lado y entré a la casa.
Minutos después bajé con una falda larga hasta los tobillos de color marrón oscuro, y una blusa algo holgada de color celeste.
—¿Piensas salir así? —me preguntó asustado.
—No tengo otra ropa, no voy a la moda
—Desde que te conozco que no vas a la moda y me encantaría saber el por qué.
—¿Te importa mucho?
—No, pero me gustaría saber.
—Pues con la duda te quedas porque a mí no se me antoja decirte.
Nick mismo se dio cuenta de que no iría a sacar a relucir nada del tema, así que salimos de la casa, y entramos a su auto. Luego de unos instantes, rompí el silencio preguntándole algo que a mí misma me desconcertó.
—¿Puedo hacerte una pregunta?
—Hazla.
—¿Qué pasaría si me arreglaría?
—¿Cómo qué pasaría?
—Claro, es decir si me llegaría a arreglar, ¿gustarías de mí? —le pregunté y al terminar de preguntarle me arrepentí de habérselo dicho.
—Bueno pues... depende de la manera en que te llegaras a arreglar.
—Sí, eso es verdad —le respondí agachando la cabeza—, ¿sabes qué? Ha sido un error habértelo preguntado, olvida que te he preguntado algo así.
Nunca, nadie me podría llegar a amar estando así, y mucho menos él. A veces... a veces quisiera suicidarme... —pensé con tristeza.
Llegamos al lugar, obviamente yo engañada, era una consulta al oftalmólogo.

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#10

CAPÍTULO 08

—¿¡Qué hacemos aquí!? —le pregunté algo enojada.
—Te he acompañado para que te hagas una revisión.
—No quiero nada, quiero irme de aquí —le dije tratando de irme.
—Pues lo siento mucho, pero ya he pedido un turno para ti —me dijo sujetándome del brazo y haciendo que vuelva.
—Pues no necesitaba que me viera nadie, gritaré si no me sueltas del brazo.
—Sabes que es mentira —me contestó muy cerca de mí y a los segundos se abrió la puerta del despacho para llamarme—, ve, te esperaré aquí —me contestó sentándose y leyendo una revista.
Mientras adentro, me examinaba la vista, y me probó varios lentes de contacto hasta coincidir con el que necesitaba.
—De ahora en más, éstos lentes no los necesitarás más, puedes tirarlos .
—Muchas gracias doctor —le respondí contenta y le estreché la mano—, ¿cuánto le debo?
—Nada, ha corrido por cuenta del señor Carter, así que en parte le debes dar las gracias a él.
—Es verdad, entonces... hasta pronto y gracias otra vez —le dije y salí de allí.
Se ve bastante diferente ahora que no tiene esos horrorosos lentes —pensó Nickolas.
—Parece que el médico te ha ayudado.
—Sí y gracias a ti —le dije—, ¿puedo darte un beso como muestra de agradecimiento? —le pregunté y al verme casi se le descoloca el maxilar—, tranquilo, no te pediría nunca un beso en la boca, solo en la mejilla, si aceptas.
—Está bien —me dijo y se inclinó para luego dárselo.
Vaya que me había llamado bastante la atención su color de ojos, era común ver ojos verdes, pero me era sorprendente verle el color de sus ojos a ella, durante los años que nos habíamos conocido que nunca se había dignado a quitarse esos espantosos lentes —reflexionó él.
—¿Y ahora qué harás con los lentes que usabas?
—Tirarlos —le dije y vio que apretaba con fuerzas los lentes contra una de las manos.
—¿Estás bien? —me preguntó.
—Sí.
—Casi los rompes.
—Jeje me he dejado llevar.
—¿Y puedo saber por qué? —me volvió a preguntar curioso.
—Algún día te lo contaré.
—Y mientras tanto, yo no sé casi nada de ti, no entiendo porqué siempre me esquivas esas preguntas, voy a pensar lo peor de ti, o sea, somos amigos, ¡sabes todo de mí y yo no sé ni pizca de ti! —me gritó enojado—, ¿tienes padres?
—Sí y no.
—¿Dónde están? —me preguntó y no le respondí—, ¡respóndeme no te quedes callada como una tarada!
—Si algo me dije a mí misma, ¡es que ningún otro hombre me iría a gritar! —le grité enojada.
—¡Aja! ¡Hasta que reaccionas y empiezas a contarme las cosas!
—¿Te crees que soy una hueca que no sé que tú te has acercado a mí por lástima?, por otra cosa no te ibas a acercar a mí sino por la lástima que te había dado —le respondí molesta y él se quedó callado.
—Creo que me malinterpretas —se quiso justificar.
—Yo creo que no, he visto perfectamente bien aquella noche burlándote de mí con tus amigos, y sin embargo acepté que te acercaras a mí solo para que te dieras cuenta de que lo bonito es lo que tengo por dentro, pero tú eres demasiado superficial para darte cuenta de eso, eres el señor superficial.
—Bueno sí, me había acercado a ti por lástima, pero luego supe que era verdad lo que decías, que tienes lindos sentimientos, pero debes saber que tengo una vida pública y que no es bueno que me vean contigo, por eso solo quiero que estés dentro de la casa.
—Para que así no digan que Nick Carter sale con una gargolita, ¿no? —le pregunté sarcástica sonriéndole.
—¿De qué hablas Michelle? —me preguntó haciéndose el tonto y riéndose nerviosamente.
—¡No te hagas el estúpido conmigo Nick! —le grité y vi que habíamos llegado a la casa—, ¡bien sabes de lo que te estoy hablando! Alex siempre me dice gargolita, y quién sabe quién más me dice cosas, como las estúpidas que habías invitado en esa reunión, no entiendo, ¿por qué se empeñan en decirme esas cosas? ¿Acaso no saben que duele?
—Espera, solo Alex te dice gargolita y nadie más se burla de ti.
—Te piensas que me chupo el dedo, ¡no tengo más dos años! Sé bien que las estúpidas amiguitas tuyas me habían dicho cosas... por eso la engaña con cualquiera si es fea... solo sirve para felpudo de bienvenida... si le dispararan la bala al verla se daría media vuelta y entraría dentro del caño de lo asustada que está.
—Cálmate, ¿si?
—No armaré un escándalo, no te preocupes, no soy tan imbécil como piensas que soy —le dije seria entrando a la casa—, hubiera sido mejor no haber venido nunca aquí, hubiera soportado cualquier humillación de mi padre antes que saber que alguien como Nick me humillaría así —dije entre dientes pero él lo llegó a escuchar.
—¿Quién te ha humillado?
—Nadie.
—Te escuché decir eso.
—No quiero remover el pasado.
—Va siendo hora de que me lo cuentes, te he esperado más de dos años para que me cuentes lo que te pasó de una buena vez.
—No te interesará.
—Somos amigos, así que lo que venga de ti me interesa.
—No eras interesado por mí días atrás, ¿acaso se está ablandando el señor superficial? —le pregunté sarcástica.
—¡Michelle! —me gritó.
—No me grites más por favor.
—Entonces, si no quieres que te grite más, ¡habla! Te había preguntado si tenías padres, me dijiste que si y no, ¿por qué?
—Mi madre se largo de la casa cuando tenía diez años y yo me quedé con mi padre hasta los veinte años.
—¿Qué pasó con él?
—No lo sé, ni tampoco me interesa.
—¿Por qué no?
—Desde que mi madre se fue de la casa, debí obedecer a mi padre a raja tabla, no había un no por respuesta, era estricto y todo debía hacerse como él ordenaba. Le llegaba a decir algo que iba en contra de su opinión, y me daba una paliza.
—¿Por qué era así contigo? —me preguntó queriendo saber más y se sentó sobre la mesita baja que estaba en el living.
—Porque era así él, era de esos hombres que solo mandaban a las mujeres, era dominador, era de esos hombres que pensaban a la antigua y eran cerrados de mente.
—¿Y la ropa?
—Ya sabes... cuando ya tienes, trece, catorce y quince años, quieres vestirte de diferente manera, crear tu propio estilo dependiendo de la clase de ropa y accesorios que se usan en el momento.
—Si... —me dijo queriendo saber más.
—Pues cuando tenía catorce años me vestí con una mini falda, una blusita ajustada al cuerpo y zapatos de taco alto, lo que se estaba usando en esa época.
—¿Y entonces?
—Y entonces me vio y casi me mata, me había dado tal golpiza que casi me fractura las costillas, ese día me molió a golpes, y desde aquel día me dijo que nunca más debía usar esa clase de ropa, porque ropa como esa las usaban las putas, entonces yo era una de ellas por usarla, me dijo que era una mala hija y mala chica por haber usado esa ropa, nunca más iba a usar ropas así, la única ropa que siempre usaría serían los horribles vestidos largos, él mismo me llevó a ponerme los brackets y los lentes y desde ese día nunca he cambiado de apariencia.
—¿Hace ocho años que estás así?
—Sí —le contesté avergonzada y con lágrimas en los ojos.
—No puedo creer que tu mismo padre te haya dicho que eras una puta por haberte vestido así.
—Por favor cambiemos de tema o déjame ir a prepararte la cena.
—Está bien, ¿ha quedado algo de la cena de anoche?
—Sí.
—Entonces cenemos lo de ayer.
—¿Seguro? No me molesta preparar algo.
—Seguro, comamos lo de anoche.
—Está bien.

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CAPÍTULO 09

Dos días después volví a encontrarme con aquel chico, la pasaba bien con él, me hacía reír y me hacia sentir cómoda, me despejaba un par de horas, solo las que pasaba con él. Porque las horas restantes Nick se dedicaba a fastidiarme todo el tiempo. Ya había bastante confianza entre ambos, ya lo estaba considerando mi amigo. Había llegado el viernes, y Spencer me invitó a salir nuevamente, acepté encantada. Ya que Nick iría a salir no le tendría porqué dar una excusa. Para el sábado habíamos acordado en encontrarnos por la tarde en una cafetería y charlar y el domingo, por la tarde me lo encontré conectado.
—¿Tienes planes para hoy a la noche?
—No, ¿por qué?
—¿Qué me dices si te invito a cenar?
—Bueno, dime, ¿dónde y a qué hora?
—A las ocho de la noche en el restaurante que está al lado de la cafetería The Roxy.
—Está bien, nos vemos allí y gracias por la invitación.
—De nada, nos vemos —me escribió y se desconectó.
Mientras tanto, me fui a duchar y dejé la laptop encendida y abierta en la conversación, sin saber absolutamente nada que Nick ya había entrado a mi habitación.
¿¡Qué!? ¿¡Está saliendo a mis espaldas con un tipo!? ¡Será su última salida con el tipo y con cualquier otro! —pensó Nick furioso.
Salió de la habitación furioso, y luego salí del baño, pero Nick me divisaba desde la puerta.
—Oye, ¿me prestas la laptop? La necesito, solo te he dicho que la usaras no que te hagas su dueña —me dijo serio.
—Lo siento —le respondí apenada y la cerré para dársela—, aquí tienes, gracias.
—Luego cuando llegue la factura de Internet pondremos mitad cada uno para pagarlo.
—Está bien, no te preocupes, solo recuérdame cuándo llega y te daré la mitad, señor superficial —le dije y se dio media vuelta para irse.
Rato después él salió y yo al instante salí también. Miré a ambos lados de la calle, y caminé para tomarme un taxi, y Nick me seguía de atrás. Al llegar, le pagué y bajé, entré al restaurante y Nick se estacionó frente al lugar. Luego de haber esperado tres horas dentro del auto mirando en dirección al restaurante, se percata de que salgo y camino en dirección a la parada de taxis, en ese momento él prende el motor del auto y se dirige a la casa, para llegar antes que yo. Y así lo hace, yo había llegado minutos después que él, abrí la puerta y no prendí la luz. Pero su voz me hizo temblar las piernas.
—Prende la luz.
—¿Debería?
—Sí, para que veas mi cara.
—¿Y por qué te la debería mirar?
—Para que sepas bien cuando estoy furioso.
—El señor superficial está furioso —le dije sarcástica—, ¿qué quieres Nick? —le pregunté prendiendo la luz.
—¿Acaso no sabes lo que quiero? ¡Quiero una explicación! ¡Quiero saber quién era el imbécil con el que saliste!
—El único imbécil aquí eres tú.
—No me busques, porque me puedes encontrar.
—Jajajajaja, ¡cómprate un bosque y piérdete! —le grité y me fui hacia las escaleras para subir.
—¡Todavía no he terminado! —me gritó sujetándome fuertemente de uno de los brazos.
—¡Pues yo sí! —le grité soltándome de él—, no te debería afectar con quién salga, tú mismo lo habías dicho, nada sentimental entre los dos.
—A ver si esto te queda claro... yo sí puedo ponerte los cuernos y tú no, ni con él ni con nadie, ¿me he explicado ahora? —me preguntó sarcástico.
—Si crees que verse con un amigo es ponerte los cuernos, entonces lo tuyo que me haces a mí es adulterio, una palabra más fina para no decir que me metes los cuernos.
—Bueno como lo quieras llamar, el caso es que yo te los puedo poner con cualquiera que se me cruce por el camino y tú a mí no, ni siquiera volverás a chatear con ese imbécil.
—¿Y tú me lo prohibirás? —le pregunté sarcástica.
—Claro que sí, haré desaparecer de tu vista la laptop.
—¡Qué inteligente! ¿Y no crees que me podré fugar de la casa para entrar a algún cyber y chatear con esa persona?
—Si es necesario haré trabar todas las ventanas de la casa y cambiaré la cerradura de la puerta para que no te veas con el tipo, ahora si... buenas noches —me dijo saliendo frente a mí y subiendo las escaleras.
Algún día... algún día te arrepentirás de todas las cosas que me dijiste —pensé.

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#12

CAPÍTULO 10

Dos semanas después, Nick me da la noticia de que a la noche de ese mismo día los chicos y sus esposas y novia, más Kevin y Krista vendrían a cenar.
—Oye, me olvidé de decirte que hoy los chicos y sus mujeres vendrán a cenar, así que... no sé, prepara algo.
—Está bien, ¿cuántos serán?
—Diez personas.
—¿Yo también puedo cenar con ustedes? —le pregunté asombrada.
—No, he invitado a alguien.
—Ah está bien, ¿qué quieres que prepare de cenar? —le volví a preguntar sin mirarlo a los ojos.
—Cualquier cosa, y no.
—¿No qué?
—No he invitado a nadie más, tú estarás también.
—Gracias, pero mejor no, no quiero incomodar a los demás.
—Por favor Michelle, cena con nosotros porque si no lo haces, son capaces de pensar que fui yo el que no te dejo cenar con nosotros
—Yo creo que te gustará el que no cene con ustedes, de veras Nick, no es la primera vez que ceno sola, mucho antes solía cenar sin nadie conmigo.
—¿Tu padre no cenaba contigo? —me preguntó incrédulo.
—No, me encerraba en mi cuarto y me dejaba la comida en un plato sobre la mesa.
—¿Por qué hacía eso? Eso es maltrato, ¿por qué no le dijiste a nadie de eso?
—Nadie me iría a escuchar, y si abría la boca mí padre era capaz de matarme, no tenía a nadie que me defendiera, mí madre ya se había ido hacia un año, así que no tenía a nadie, solo a un dominador que ni siquiera se merecía llamarlo padre, ¿puedes creer que él mismo me había dicho que era un monstruo por el aspecto que tenía? Y por eso me encerraba en mí habitación, y cenaba siempre allí, porque me decía que un monstruo como yo no debería comer con los demás, porque se incomodarían, ¡carajo! ¡Él mismo me hizo así! —grité de rabia y se me cayeron algunas lágrimas.
—No debes pensar más en eso, ahora nadie te controla ni te domina —me dijo calmándome y sin esperarlo me abraza apretándome contra él.
¿¡Que alguien me diga que estoy soñando, no puede ser, el señor superficial me abrazó!? —pensé.
¿Y ahora? ¿Qué me está pasando que ando de sensiblero con ella? ¡Encima la abracé! Mmm... su pelo huele bien, a rosas —pensó Nick.
—Ya puedes soltarme Nick —le dije perpleja por su reacción.
—Ah si, ok. ¿Ya estás mejor?
—Sí, gracias por escucharme.
—No tienes porqué, cuando quieras, tú me escuchas a mí, los amigos están para eso.
—Sí, lo sé, en fin, empezaré a preparar la cena.
—Está bien.
Dos horas después, llegaron los ocho a la casa, y Nick los recibió.
—Hey Nick, ¿sigue la gargolita? —le preguntó y Ruth le dio una palmada en la nuca.
—¡Por idiota! ¡Basta Alex!
—Estoy hablando con mi amigo Nick.
—Estás burlándote de una persona que no está aquí.
—¿Y qué con eso? No me escuchará.
—¿Y te crees que es tonta que no se da cuenta de tus burlas?
—Cambien de tema, sí Alex, sigue estando, y está terminando de preparar la cena para todos.
—Hoy haré dieta.
—¡No seas ridículo Alexander! —le gritó enojada.
—Sabes bien que ella cocina y te aseguro que no te arrepentirás.
—El olor ya me abrió el apetito.
—¡Oh vaya! ¡Qué linda mesa que armó!
—Al parecer le gustan esas cosas.
—Voy a saludarla —les dijo y las demás la siguieron—, hola Michelle —me dijo sonriéndome.
—Hola Krista —le contesté sonriéndole sin abrir la boca.
—¿Cómo estás?
—Bien, ¿y tú?
—Bien también.
—Que cambio —me dijo mirándome a los ojos.
—No tienes más los lentes —me dijo y los demás entraron también a la cocina.
—No, he ido al oftalmólogo.
—¿Entonces te pusieron lentes de contacto de color con graduación?
—No, tengo los lentes de contacto transparentes de vista.
—Creí que tenías lentes de color.
—Pues no, son los míos.
—Desde que te conocimos que de verdad no sabíamos el color de tus ojos jaja.
—Suele pasar.
—A propósito niña, ¿no te aprietan esas trenzas? Parece que tienes los ojos achinados de tan tirante que las tienes, déjame darle un respiro al pelo —me dijo y antes de que le dijera algo ya estaba desatándome los elásticos y deshaciéndome las trenzas—, ahí está mejor el cabello —me dijo mientras me lo acomodaba.
—Sí que tienes largo el pelo, ¿hace cuánto que no te lo cortas?
—La verdad no lo sé —le mentí y luego se acercaron los demás para saludarme.
Mientras que los demás volvieron a la sala, las chicas me ayudaron a llevar lo necesario a la mesa para comer, y yo llevé la comida en una bandeja, al salir vi a Nick que estaba mirando la televisión, por lo que me mira de refilón y luego se voltea a mirarme algo sorprendido por el pequeño cambio y segundos después vuelve la vista hacia la pantalla.

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#13

CAPÍTULO 11

—Nick, ya podemos comer, así que ven a sentarte.
—Ok —me dijo y se sentó.
La cena aconteció tranquila y normal, charlaron de todo y de vez en cuando para no sentirme de afuera las chicas me preguntaban cosas. Luego de comer levanté los platos y los utensilios, y los llevé a la cocina, las chicas también me ayudaron, y luego preparé café para todos y minutos después los serví.
—¿Alguna de ustedes trajo revistas para entretenernos?
—Yo me olvidé.
—Yo también.
—Y yo ésta vez no compré ninguna.
—¿Quieren revistas?
—Sí.
—Esperen que traigo algunas —les dije y subí las escaleras—, aquí tienen, creo que de seguro se entretendrán son de moda.
—¿Dónde las compraste? ¡No las pude conseguir por ningún lado!
—Las compré por internet, eran las últimas que quedaban, no sé si esas suelen leer.
—¿Te gustan Vogue y Elle?
—Sí, son mis favoritas, sobretodo la sección de vestidos de noche.
—Pues las nuestras también lo son.
—Mírenlas tranquilas.
—¿Tú no las mirarás?
—No, yo ya las miré antes.
—Estos son los zapatos que me quiero comprar —les dijo señalándoles el modelo—, ¿qué dices Michelle? ¿Se me verán bien en los pies?
—¿Yo? Pues... yo creo que sí, es más esos zapatos los combinaría con ésta ropa —le dije señalándole un conjunto de pantalones chupines de color rojo con una camisa de seda ajustada al cuerpo de color negra.
—Oye el sábado tengo una reunión e iré con Alex, ¿qué me recomiendas usar?
—Ruth de verdad, soy cero moda, no puede ser que me estés preguntando a mí.
—¿Por qué no? Eres una chica y debes tener tus gustos y estilo.
—Anticuados.
—Ninguna de nosotras sabe lo que te habrá pasado, pero va siendo hora que saques a relucir tus atributos.
—No tengo nada lindo para relucir, y estoy segura que sabrás vestirte para la ocasión.
—Pero yo quiero saber tú opinión y lo que me aconsejarías, es solo una opinión, yo luego veré si la tomaré o no.
—Ok, primero dime, ¿es reunión de qué?
—Solo nos encontraremos con unos amigos.
—Entonces vístete informal, un jeans ajustado y algo deslavado con brillos, y una blusita ajustada de algún color fuerte con stilettos haciendo juego, o si quieres una falda de esas que se usan ahora, con alguna linda y llamativa musculosa.
—Vaya, no sabía que tenías un gusto tan variado.
—Te he dicho, soy un cero a la izquierda para todo eso.
—¿Me estás bromeando? Le has dicho de ropa que es la última moda, ¿y dices que eres un cero a la izquierda? Yo me pregunto, ¿por qué tú no te vistes así?
—Nunca podría, no me queda bien esa ropa.
—Pues la que tienes puesta tampoco te queda bien y menos a tu edad, ¿cuántos años tienes?
—Veintitrés años.
—¿¡Eres un año más grande que una de las hermanas de Nick!? —me dijo sorprendida.
—Sí.
—Sé que te caerá mal, pero, ¿no te da vergüenza saber que tú tienes esa edad y te vistes así?
—¿Quieres la verdad?
—Sí.
—Pues sí, me da vergüenza, pero no puedo hacer nada, en un momento vuelvo —les dije y fui hacia el baño.
—Nick... ¿me puedes decir qué le pasa?
—No soy quién para decírtelo, pero su padre tiene la culpa de todo.
—¿Por qué?
—Él se empeñó en repetirle siempre que las chicas que usaban esa clase de ropa eran putas.
—Pero al parecer nunca uso ropa de moda.
—Pues sí, la usó, pero cuando la vio con una mini falda ajustada y una blusita al cuerpo y zapatos de taco alto, la golpeó y le hizo decir que se repitiera ella misma que era una puta por usar esa ropa, pero ustedes cierren la boca con que saben sobre eso, nunca me lo ha contado, recién hace días atrás que se lo saqué en una discusión que tuvimos.
—¿Sabes lo que pasa? Es que tú eres demasiado superficial y por eso cada dos por tres discuten, a ti no te gusta el cómo se ve y ni siquiera te acercas a ella.
—¿Ay Kris acercarme a ella? —le preguntó incrédulo.
—Sí, acercarte a ella, ya sabemos que no hay besos ni nada de eso entre los dos, pero creo a como vimos y vi recién con las revistas de moda, te estás perdiendo un diamante verdadero, y solo te conformas con replicas de diamantes, pero eres hombre y te acordarás tarde de que tienes al verdadero diamante a tu lado.
—Iré a ver si necesita algo —les dijo y se levantó—, ¿Michelle te sientes bien? —me preguntó desde la puerta del baño.
—Sí, no te preocupes, me ha venido la regla eso es todo —le dije apenas abrí la puerta y salí del baño.
—Ah ok, creímos que te habías incomodado con haberte dicho esas cosas.
—No, para nada, sé que lo hacen con buenas intenciones, a pesar de lo poco que las conozco.
—Y tendrás más tiempo en conocernos.
—Lo dudo, Nick no me deja salir.
—¿Cómo que no te deja salir?
—Bueno, es fácil deducir el porqué no me deja salir y también es por otra cosa, no quiere que conozca hombres.
—Jajajajaja, ¡ay Michelle! ¡Me haces reír! Si algún día salimos las cinco será como salida de chicas, no para conocer hombres.
—Bueno, pero yo lo decía por mí.
—Bueno con el tiempo ya te darás cuenta que no necesitas conocer ningún hombre.
—¿A qué te refieres con eso? —le pregunté sin saber.
—Tú solo espera que ya te darás cuenta.
—Pues tengo una leve idea de lo que me quieres decir.
Volvimos con los demás, y las chicas se quedaron mirando las revistas, los hombres mirando televisión, ya que se habían enganchado con una película y yo entré a la cocina para tomarme una pastilla. Un instante después, entra Nick para agarrar vasos y cervezas.
—¿Qué tienes? —me preguntó curioso.
—Nada, tengo dolores eso es todo.
—¿De qué?
—Cuántas explicaciones que te debo dar, en fin... por lo que pasamos todas las mujeres cada mes o de vez en cuando, ¿algo más?
—Ah, ¿eso? Ni que fuera tanto.
—Si sintieras los dolores que siento yo, no me dirías lo mismo, vete Nick con los demás.
—Ok —me dijo y salió de la cocina.
Alrededor de las tres de la madrugada los chicos y las chicas se fueron, y me dijeron que un día de estos volverían para salir.

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#14

CAPÍTULO 12

—¿Saldrás con las chicas?
—No, me han dicho, pero les diré que no podré ir, no quiero que se sientan en la obligación de llevarme ni menos quiero que tengan problemas por mí aspecto.
—Debería decirte que tienes razón, pero no la tienes. Deberías salir con ellas.
—Me has dicho que no salga de la casa, ¿¡quién te entiende Nick!? —le grité.
—Que salgas de la casa para conocer hombres no quiero, que salgas con ellas sí.
—Aparte me has dicho que no quieres que salga por cómo luzco.
—¿Sabes? Antes me preocupaba eso, pero vístete como quieras, tú eres así, no puedo obligarte a nada.
—¿Me estás diciendo que si salgo no te enojaras conmigo?
—No.
—Gracias.
—De nada.
Pero aún así no pretenderé salir a la calle, no con un aspecto al que aborrezco —reflexioné.
—Veré una película de terror, ¿quieres verla?
—Está bien, ¿cuál es?
—No sé, una de vampiros.
—Mis favoritas.
—Me estaba por ver El Fantasma de la Ópera 2004.
—Ah bueno, entonces miremos esa que dices, me gusta cualquiera de las dos.
—Ok.
Nos sentamos cada uno en un sillón luego de que ponga la película y comenzamos a verla. Era una de vampiros. Cada media hora más o menos Nick me preguntaba si me sentía bien, raro en él. Dos horas y media después nos fuimos a dormir. A la mañana siguiente, no me levanté temprano por lo que Nick me golpeó la puerta de la habitación en donde dormía.
—Michelle, ¿estás bien? —me preguntó pero yo no le contesté—, Michelle, me estás asustando —volvió a decirme pero como vio que no le contestaba abrió la puerta—, ¿Michelle? —me preguntó y me tocó el brazo.
—¿Qué? —le pregunté apenas abrí sorprendida los ojos.
—¿Estás bien?
—Sí, ¿qué hora es? —le pregunté algo desorientada.
—Las once de la mañana.
—Es tardísimo.
—No te preocupes, es sábado igual.
—Lo sé, pero tú todos los días quieres el desayuno preparado, no te importa si son o no fines de semana.
—Michelle, no te sientes bien, anoche me he dado cuenta cuando se estaban por ir los chicos y las chicas así que el desayuno me lo podré hacer yo o bien ir a tomarlo a otro lugar.
—¿No te enojas? De verdad no me siento bien.
—Quédate sin hacer nada hoy.
—¿De veras me lo dices? —le pregunté incrédula con los ojos brillosos por su preocupación hacia mí.
—Sí Mich, nos vemos luego.
—Gracias Nick, hasta luego, mañana estaré bien —le dije y me acomodé otra vez en la cama tapándome.
Semanas después...
—¿Tienes una aspirina? Me duele todo el cuerpo —me dijo llegando del trabajo.
—¿De repente te duele el cuerpo?
—Sí, no sé porqué.
—Estás caliente —le contesté tocándole la frente—, quizás tengas fiebre.
—Creo que me iré a la cama, no tengo hambre.
—En un momento iré a medirte la temperatura y te llevaré la aspirina.
—Está bien —me respondió subiendo despacio las escaleras.
Segundos después entré a su habitación...
—A ver... levanta el brazo —le dije y Nick me miró extrañado—, ¿qué pasa?
—¿Que levante el brazo? Creí que me pondrías el termómetro en la boca.
—Yo sabía que se medía la fiebre debajo del brazo, en la axila, de boca en boca es asco.
—Ok —me dijo y levantó el brazo, se lo coloqué bien y se lo bajé y esperé un rato.
—¡Tienes cuarenta de temperatura Nick!
—Tengo frío y me siento como si un camión me hubiera aplastado.
—Eso es porque estás en un estado gripal, llamaré al médico para que te venga a ver, mientras tanto tómate ésta aspirina —le dije y le alcancé el vaso con agua y la pastilla.
Mientras que lo dejé en la cama y tapado, llamé al médico que vino enseguida. Lo revisó y me dio un frasco de pastillas para que se las diera cada ocho horas y me indicó que le ponga paños fríos en la frente para que baje más la fiebre. La primera noche lo cuidé, y a la mañana siguiente, alguien llamaba a su celular.
—Contesta por favor.
—Es tu celular.
—Lo sé, contesta de seguro es alguno de los chicos.
—Bueno —le respondí y atendí—, ¿hola? —le dije y comencé a acariciar en círculos con mí dedo pulgar su brazo.
—Hola... ehm... ¿Michelle?
—Si, ¿qué necesitas Alex?
—¿Se encuentra Nick?
—Sí, pero no sé si podrá hablarte —le contesté y Nick me miró el dedo que acariciaba su brazo.
—¿Por qué? ¿Le has hecho algo?
—¡Ay Alex no seas estúpido quieres! Si quieres saber, está engripado y no podrá hablarte, si quieres verlo, no habrá problema, avísale a los demás del porqué no irá hoy a trabajar.
—Ah, ¿está engripado?
—Sí, ¿qué te pensabas que tenía? No le he hecho nada, aunque hay algunas veces en que me dan ganas de matarlo, pero no llego a tanto —le respondí y al ver a Nick clavar su vista en mí dedo me doy cuenta y quito mí mano de su brazo.
—Oye más tarde iremos a verlo, dile que he llamado.
—Se lo diré, hasta luego.
—Hasta luego —me dijo y colgó y yo colgué también.
—Parece que tiene miedo que esté en tus manos.
—Es un idiota.
—A veces lo es.
—La mayoría de ellas lo es.
—Así es él.
—Te vendrán a ver más tarde.
—Está bien.
—Mientras descansas, te prepararé una sopa —le dije arropándolo como a niño chiquito.
Le preparé de almuerzo una sopa de caldo con verduras y arroz, se la serví en un plato hondo, y se lo puse sobre una bandeja, le serví un vaso de jugo y una manzana roja, puse una servilleta y una cuchara y un cuchillo. Y luego subí nuevamente a su habitación.

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#15

CAPÍTULO 13

—Nick, despierta, ya te traje el almuerzo —le contesté suave y se sentó en la cama.
—Huele bien, pero no tengo hambre.
—Debes comer algo, las pastillas no hacen bien si no comes, a parte sigues teniendo algo de fiebre y te puedes deshidratar.
—Ok —me dijo mirándome serio y le coloqué la bandeja sobre sus muslos.
—Abre la boca —le respondí acercándole la cuchara con sopa.
—Sabe bien.
—Gracias.
—¿Por qué lo haces? —me preguntó curioso.
—¿Hacer qué?
—¿Todo esto? ¿Por qué me cuidas?
—Porque eres mi amigo Nick, y aunque la mayoría de las veces no te has portado bien conmigo, pues no tengo rencor, porque no soy estúpida en no darme cuenta de lo mal que me veo, así que en parte las burlas quizás han sido por mí culpa por no hacer nada al respecto.
—Sobre las burlas, te las dicen gente que no tiene nada mejor que hacer que burlarse de los demás, y sí, en parte entro en esa gente, pero a decir verdad, creo que he necesitado que me digas lo que te había pasado para que dejara de burlarme de ti.
—Creo que la gripe te está sincerando jaja —le dije riéndome graciosamente.
—Quizás sí.
—¡Ay por favor! ¿¡Tú!? ¿El señor superficial que le encantan las mujeres de plástico total? No lo creo —le dije y al acercarle la cuchara a la boca, se me derrama sin querer la sopa de la cuchara sobre su pecho—, lo siento —le contesté apenada limpiándole el pecho con la servilleta y mi mano temblaba mientras se lo limpiaba.
—Descuida —me dijo mirándome a la cara y quizás dándose cuenta de mi nerviosismo.
Eres demasiado buena para ser verdad —pensó Nick.
Hice que se comiera toda la sopa y la manzana, y segundos después alguien tocó el timbre y me fijé desde la ventana de su cuarto.
—Nick, es Trish.
—No le abras.
—Ni de broma le abriré.
—Bien, quiero que se vaya cuanto antes, no soportaría más sus gritos, era una cotorra, nada inteligente salía de su boca, solo para decir... —me dijo pero yo le terminé la frase.
—That's hot —le dije mirándolo y riéndome.
—Son las palabras que al parecer revolucionó al planeta.
—En mi opinión son palabras de una rubia oxigenada y hueca.
Mientras nosotros hablábamos, afuera se escuchaban los gritos de Trish, y los golpes contra la puerta y el timbre constantemente.
—Hazme un favor, invéntale cualquier cosa con tal de que se vaya.
—Ok —le dije y me acerqué a la ventana para abrirla—, ¿qué necesitas?
—¡Quiero ver a Nick! —me gritó enojada.
—No se encuentra.
—Lo estoy llamando a su celular y no me contesta.
—Porque de seguro que lo tiene apagado.
—¡Ábreme la puerta estúpida! ¿¡No sabes con quién estás hablando!? Soy la heredera de la cadena de hoteles más prestigiosos del mundo.
—Y también conocida como la come hombres, heredera o no eres un cero a la izquierda Trish —le dije seria pero gritando.
—¡No te atrevas a hablarme así! ¡Puedo hundirte con solo mover un dedo! —me volvió a gritar.
—¿¡Oh sí!? Yo creí que el dedo solo lo sabías usar para decir ¡oh me he roto una uña! ¡Oh qué desesperación, llamen al 911 rápido! —le grité sarcástica y burlándome de ella—. Te lo vuelvo a repetir, Nick no está, no tengo ni idea a dónde fue, así qué, ¡ciao! —le grité y cerré la ventana dejándola con la palabra en la boca.
—Eres otra mujer cuando se presenta Trish, pero me gusta la actitud que le muestras.
—Gracias, pues no lo puedo evitar, nunca me ha gustado.
Volvimos a charlar, y por la tarde se presentó Alex con los demás. Los recibí y subieron las escaleras hacia la habitación de Nick.
—¿Cómo sigues Nick?
—Tengo un poco de fiebre y ya no me siento como antes, las pastillas me están haciendo bien y a decir verdad, bastante bien cuidado, no me puedo quejar, Michelle me está cuidando y procura que no me falte nada.
—No podías decir que te cuidara otra persona, ¿y no ella? —le preguntó serio—, alguna de tus hermanas podría haberte cuidado.
—Alex basta, mis hermanas tienen sus cosas, a parte Michelle está todo el día dentro de la casa y la pobre niña me está cuidando sin que se lo haya pedido.
—No te lo ha pedido, pero quizás luego cuando te sientas mejor sí.
—Siempre mal pensado, ya te he dicho que las cosas están bien claras entre los dos.
—Tiene razón Nick, A.J. Michelle desde hace tiempo se ha dado cuenta de la situación, no es ninguna tonta, sabe bien que no hay química entre ella y Nick —le dijo y yo toqué a la puerta.
—¿Les puedo ofrecer algo para beber? —les pregunté.
—Un vaso de coca-cola para cada uno estaría bien.
—Ok, ahora vuelvo —le dije y salí, luego de unos minutos volví a la habitación—, les traje también algunas masitas y galletitas que he hecho —les contesté mientras le daba el vaso a cada uno.
—Michelle, creo que es la hora de la pastilla.
—Ok, ahora te traigo agua —le respondí y le serví de la jarra que tenía en su cuarto un vaso de agua y se lo alcancé y le di la pastilla.
Segundos después, salí de allí, y bajé a la cocina. Una hora después los chicos se fueron y yo subí otra vez para agarrar la bandeja con los vasos y el plato donde estaban las galletitas y las masitas.
—Oye... ahora me estoy dando cuenta, no te has hecho más las trenzas, desde que te las desataron no te las has vuelto a hacer.
—No, ¿y sabes? Me gustó cómo lo había acomodado Ruth y más o menos me lo he tratado de acomodar como pude jeje, más tarde vendré para darte la cena, descansa —le dije y salí.
Dos semanas después ya se había recuperado y me tenía una pequeña sorpresa. Subí las escaleras para ir a mi cuarto para ducharme y al entrar vi sobre la cama, una especie de cuadrado chato de color blanco, me acerqué y leí la nota que reposaba sobre eso.
Gracias... muchas gracias por haberme cuidado, en verdad eres una muy buena amiga. Aquí te dejo un pequeño regalo que de seguro te gustará. Nick.
Saqué el papel de encima del aparato, y lo abrí, me había quedado boquiabierta al saber que era una laptop nueva.
Me da algo material, cuando lo único que quiero que me dé es su amor —pensé.
—¿Te ha gustado el regalo? —me preguntó asomándose desde la puerta de la habitación.
—Sí, muchas gracias Nick, de verdad no tenías porqué regalarme nada.
—Y tú no tenías porqué cuidarme y sin embargo lo has hecho.
—Ya te he dicho que lo hacía porque eres mi amigo.
—Entonces como amigos que somos, te agradezco tus cuidados con algo que querías tener, disfrútala, hasta mañana y buenas noches —me dijo sonriéndome y yéndose de allí.
Un medio día de la semana siguiente, tocaron el timbre de la casa y fui a abrir.

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#16

CAPÍTULO 14

—¿A que no nos esperabas volver a ver? —me preguntó sonriéndome con su perfecta sonrisa.
—Pues la verdad es que no, ¿gustan pasar?
—No gracias, solo hemos venido las cuatro para otra cosa.
—Díganme.
—Necesitamos que nos acompañes a un lugar.
—Pero no le he avisado a Nick que me iba.
—Nick... Nick... Nick... no pienses siempre en él, piensa en ti también.
—Tiene razón Ruth, creo que primero será charlar las cuatro contigo y luego nos iremos al lugar que nos está esperando —me dijo y entraron las cuatro.
—¿Qué quieren saber?
—Pues iremos directo al grano, nos hemos dado cuenta que tú a Nick lo miras con otros ojos.
—¿Lo miro con otros ojos? —le pregunté sin saber.
—Gustas de él y es una pena que siendo tan joven, no te vistas a la moda y no conquistes a Nick.
—Nick no gusta de mí.
—Pero es imposible que guste de ti, por eso se va con otras, por eso conoce a otras, porque la que tiene en la casa no se viste decentemente ni actúa como debe actuar una verdadera mujer.
—Y sabemos que no eres así, pensarás que somos entrometidas pero lo único que queremos es darte una ayuda, sé que solo nos hemos visto algunas veces pero eres como nuestra hermana pequeña y no nos gusta verte así.
—Pero mi padre siempre me había dicho que no debía vestirme como quería.
—Aja, entonces tú querías, tu padre no te dejaba, tu padre no está más contigo, no te vigila, ni sabe nada de lo que haces ahora, sería bueno que empezaras a transformarte en una nueva Michelle, ¿tú lo quieres a Nick?
—Amo a Nick, siempre lo he amado en silencio.
—Entonces si lo amas, debes, no, más bien, tienes la obligación de cambiar y para eso hemos venido.
—Pero no tengo casi nada de dinero por más que quisiera cambiar.
—Por ésta vez corre todo por cuenta nuestra, nosotras te daremos el regalo, para eso vinimos, luego podrás tomar a escondidas la tarjetita de crédito Platinum que de seguro guarda Nick —me dijo guiñándome un ojo.
—Me mataría.
—Pero sería para una buena causa.
—Aún así me mataría, pero de acuerdo, lo haré más adelante, igual tengo algo de linda ropa guardada.
—Y recuerda, ninguna mujer es puta por querer verse sexy y bonita, sácatelo de la cabeza, esas son tonterías, ahora que ya hemos terminado nuestra conversación, nos iremos —me dijo sonriéndome.
Nuestra primera parada fue obviamente el odontólogo oficial de las chicas y los chicos.
—Los brackets hicieron su trabajo de acomodarte los dientes, aunque a decir verdad los únicos dientes que tenías casi torcidos eran los dientes de debajo de frente que el izquierdo estaba casi encima del de al lado y el siguiente a la paleta izquierda y ningún otro más, es raro que te hayan puesto los brackets sin tener torcidos los dientes, yo los hubiera dejado así, tienes unos bonitos dientes, ahora los podrás lucir muy bien —me dijo sonriéndome y yo sonreí sin miedo.
—Muchas gracias.
—Ha sido un placer —me dijo y salí del consultorio.
—Vaya, vaya se está aproximando la nueva Michelle —me dijo sonriéndome y yo le sonreí también—, qué lindos dientes que tienes.
—Gracias.
—Ahora faltan dos cosas muy importantes de una chica, las tiendas y la peluquería, eso sí que te gusta, ¿no Michelle?
—Claro que sí.
Recorrimos tiendas y tiendas, me hacían probar toda clase de ropa y modelos, conjuntos, de todas las texturas y colores. Eso era lo que estaba esperando desde hacía ocho años, ocho años de haber usado la misma ropa, día tras día sin quejas ni reproches, y yo por dentro me estaba matando. Ninguna de las cuatro y menos yo, podíamos creer que la que se veía frente al espejo era yo o mejor dicho la nueva Michelle.
—¿¡Todo éste tiempo has dejado de mostrar esas curvas!? ¡Te mataría por haber hecho eso! Tú no puedes dejar de lucir ese cuerpo, nena eres bonita por donde te miren.
—Nunca las he mostrado, después de ocho años, nunca más he tenido algo ajustado como esto en el cuerpo, y gracias por el halago Krista.
—De nada, cuando te vea Nick se impresionará —me dijo sonriéndome.
—Y luego debemos ir a Victoria's Secret, allí te perderás con la cantidad de diseños que tiene la tienda.
—Quién te dice que ésta noche puede ser la noche —me contestó arqueando sus cejas pícaramente.
—No lo creo, no le seré tan fácil a Nick después de las cosas que me ha dicho.
—Es razonable, quizás puedes insinuarle un poco.
—Y que se quede picando —le dije y esbocé una sutil sonrisa.
Me hicieron probar más ropa y me quedé con cinco conjuntos, que más adelante iría a comprarme más prendas para combinarlas y demás, y para cada conjunto había un par de zapatos, era la primera vez después de ocho años que caminaba con tacos y me tambaleaba un poco. Parecía que cuatro hadas madrinas me habían convertido en una princesa y les estaba realmente agradecida.

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#17

CONTINÚA EL CAPÍTULO 14

Luego de ahí, nos dirigimos a Victoria's Secret, donde solo me elegí dos conjuntos de ropa interior, y el más atrevido me lo iría a poner ésta noche.
—Nuestro próximo lugar será la peluquería —me respondió y entramos al auto.
Diez minutos después, llegamos al local.
—¿Tienen turno? —nos preguntó la recepcionista.
—No, pero Patrick sabe quiénes somos.
—Enseguida lo llamo —le dijo y fue hacia donde se encontraba el tipo—, Patrick te buscan.
—¿Quién?
—No lo sé, son cinco chicas —le dijo y él dejó de atender a la clienta para fijarse de quién se trataba.
—¡Chicas! ¿¡Cómo están!? —les preguntó dándole un beso en la mejilla a cada una—, ¿en qué puedo ser útil? —les preguntó.
—Necesitamos que le des un buen corte a su pelo y la maquilles, y le enseñes a maquillarse, tú sabes —le dijo mientras me ponía frente a él sostenida por los hombros.
—¿Amiga de ustedes es?
—Sí.
—Le daré un pequeño regalo por habérmela traído a mi peluquería, todo correrá por mi cuenta.
—Muchas gracias Patrick.
—De nada preciosas, ven conmigo nena —me dijo dándose la vuelta y yo miré a las chicas—, siéntate —me dijo corriéndome la silla y me senté—, primero que nada, te haría un buen corte bien moderno, quitando las puntas florecidas y dejarte el pelo un poco más arriba de la cintura con cortes escalonados, la raya al costado derecho te favorece mucho y el flequillo hacia el costado izquierdo también, luego te haré unos reflejos dos o tres tonos más claros que tu rubio natural y por último te haré un baño de crema para realzar el color y que tenga movimiento el pelo.
—Ok —le dije sonriéndole.
—Y dime, ¿cómo te llamas?
—Michelle.
—Qué bonito nombre.
—Gracias.
—¿Y eres de aquí? —me preguntó mientras comenzaba con su deber.
—Originalmente no, soy de Buenos Aires-Argentina, pero desde hace dos años que vivo aquí.
—Oh vaya, eres latina, viene mucha gente latina, y es muy simpática y cálida, ¿y qué te ha traído aquí? ¿A USA?
—Cosas del destino, comencé a trabajar aquí y luego conocí a un amigo, que a su vez me hizo conocer a las chicas.
—Qué bueno saberlo, los amigos siempre están para ayudarnos y son incondicionales.
—Así es.
—¿Y cuántos años tienes?
—Veintitrés años.
—Te daba dieciséis o diecisiete años, no más.
—Gracias.
—De nada, los aparentas muy bien.
Luego de dos horas en mi pelo, me había encantado lo que había hecho con él, y pronto pasaríamos al maquillaje.
—Te diré algo, todos los colores de sombras te favorecen tanto por el color de piel blanca que tienes y como por los ojos verdes, eso sí, los colores claros y pasteles ni se te ocurra usarlos sino es más que para darle algún toque de iluminación por debajo de las cejas, nada más, la gama de los marrones, dorados y verdes te quedan espectaculares, y los labios en tonos claros, te quedan bien, pero no tanto como te quedarían la gama de los dorados, camel, tostados y rojos, hasta con un lip gloss transparente o con un toque de color claro se te vería bien por tener labios rosados y carnosos, ahora sí, te maquillaré de acuerdo a tu ropa, y luego te indicaré cómo debes maquillarte.
—Está bien —le respondí y comenzó.
Una hora después, me terminó de maquillar y al mirarme al espejo me había sorprendido por cómo lucía, muy diferente a como era antes. Me habían cortado el pelo, hecho reflejos, peinado, vestido, y hasta me habían hecho manicura y pedicura.
—Muchas pero muchas gracias Patrick.
—Ha sido un verdadero placer haberte atendido y las puertas están abiertas, una amiga de mis clientas preferidas, es también mi clienta preferida, vuelve cuando quieras.
—Y lo haré, gracias por todo y por tus consejos, nos veremos pronto.
—Cuando quieras, las veo luego chicas.
—¡Hasta luego Patrick y gracias!
—¡No hay de qué!
Después de casi todo un día de salida de chicas, les di las gracias a las cuatro, y bajé del auto, para entrar a la casa. Apenas entré, sonó el teléfono.
—¿Hola?
—¿Dónde estabas?
—¿Te importa?
—Demasiado.
—No eres mi marido, así tú lo has querido, y por más que te diga que me debes respeto tú a mí no me haces caso.
—Pero hay algo que nos ata.
—Tú me engañas, así que si para ti no existe nuestro matrimonio entonces para mí tampoco.
Por más que me duela —pensé.
—¿Dónde estabas?
—Estaba durmiendo, ¿algo más quieres saber?
—¡He mandado a alguien a la casa y me ha dicho que no había nadie!
—¿¡Me controlas ahora o qué!? —le grité rompiéndole el tímpano.
—Simplemente me cercioro de que cumplas con lo que te había dicho.
—En parte sí.
—¿Cómo que en parte?
—Pues... digamos que he tenido una salida de chicas.
—¿Hoy?
—Sí.
—¿Y por qué no me lo dices y listo? Te he dicho que con ellas sí, pero con ningún hombre no.
—¿Y qué quieres que haga? Necesito a alguien Nick, así como tú consigues trepadoras yo quiero conseguir a un hombre que en verdad me valore y me ame, no quiero conseguir porquerías como con las que sueles salir.
—Michelle, nadie te querrá por cómo luces.
—No te creas, nadie ni menos tú sabe lo que puede llegar a pasar.
—¿A qué te refieres? —me preguntó intrigado.
—A nada, yo me entiendo —le respondí con una risita divertida.
—Te noto distinta, me hablas diferente, ¿por qué? —me preguntó demasiado curioso.
—Mmm... si vienes dentro de media hora lo descubrirás, ¿acaso no te intriga qué puede llegar a ser? —le pregunté riéndome y disfrutando de la conversación.
—Pues... la verdad es que sí, pero tengo una reunión que dentro de poco empezará.
—Pues qué pena, porque si llegas tarde no lo podrás saber, ni menos ver.
—Me estás poniendo nervioso.
—Y lo que verás te volará la cabeza —le contesté riéndome suavemente—, tic tac tic tac... en veinticinco minutos lo verás, te espero no me falles, ¿o acaso puede más una aburrida reunión que una intriga que puede cambiarte tu vida? —le dije y le corté.

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#18

CAPÍTULO 15

Me preparé toda, me había puesto el conjunto de encaje color blanco que había elegido con un liguero y medias, y una bata transparente blanca de gaza. Me acomodé el cabello y me perfumé. Entré a su habitación y me recosté en su cama como una Diosa. Conté los segundos que faltaban, y escuché la puerta principal abrirse, reí para mis adentros, escuché sus pasos en la escalera y la puerta abrirse de mi cuarto y la cerró de golpe, e instantes luego abrió la puerta de su habitación y comenzó a hablar.
—Por suerte la reunión se canceló jaja, así qué, ¿dónde estás? ¿Cuál es esa intriga de la que tanto me hablabas? —me preguntó y prendió la luz viéndome en ropa interior sobre su cama—, ¡ay Dios Mío! —dijo embobado cayéndosele las llaves.
—Levántalas y compórtate como hombre —le dije y sin pensárselo comienza a sacarse la camisa—, jajajajaja, ¿qué piensas que estás haciendo? —le pregunté levantándome de la cama.
—Comportándome como un hombre —me respondió acercándose a mí.
—¡Alto ahí! —le grité—, si he dicho eso, fue por otra cosa, no pretendo terminar enroscada en tu cama ni menos en tus brazos, así que acomódate la camisa.
—¿De dónde has sacado ese conjunto? —me preguntó sin quitar sus ojos de encima mío.
—Ya te he dicho, fui con las chicas y pues decidí cambiar de aspecto, ¿acaso no te gusta?
—Me encanta, ésa es la clase de cambio que quería verte no lo que tenías puesto antes.
—¿Y acaso pensabas que me fascinaba ser así?
—No, pero tampoco hacías algo para cambiarlo, nadie te vigilaba, tu padre no sabrá que te vistes así y si se entera pues ya eres mayor de edad para ponerte lo que quieras y a tu gusto.
—Vaya, hasta que piensas, sabes, eres demasiado poco para mí, ahora aspiro a algo mejor que tú —le dije riéndome mientras lo miraba y daba pasos hacia atrás para que no me atrapara.
—No me hagas esto... por favor Michelle —me decía en cada paso que avanzaba.
—Yo no te hago nada, lo bonito que tenía y tengo por dentro pues ahora se reluce en mi exterior.
—Se reluce en tu exterior hermosamente.
—Vamos Nick... cambia esa cara, antes no la tenías así por mí, me pregunto, ¿por qué será? —le pregunté sarcástica y riéndome mostrándole mis dientes sin brackets.
—Estoy babeando por mi mujer.
—¡Ah! Ahora soy tu mujer, antes no lo era.
—Sí, antes eras también, pero no tenías el mismo aspecto que el que estoy viendo ahora, me encantas cuando sonríes.
—Gracias y a mí me encanta la cara de idiota y baboso que pones por mí —le contesté riéndome.
—No me digas eso.
—Ahora gustas de mí, ¿no? Pues ahora después de dos años yo ya no gusto más de ti —le dije pasando por su lado y él me encerró con un fuerte abrazo bloqueando mis brazos bajo los suyos—, ¡suéltame! —le grité.
—¿Gustas de mí?
—Ahora no más.
—No me mientas, ¿gustas de mí?
—¡Sí! ¡Me gustas! ¿Alguna vez te has dado cuenta de eso? ¡Pues nunca! ¡Siempre veías y ves a las que te babeas por ellas y te hacen infeliz! ¡Siempre te babeas y te dejas llevar por lo superficial! ¿Acaso ahora no está pasando lo mismo? —le pregunté sarcástica.
—Sí, pero es diferente ahora, eres algo mío, eres mi responsabilidad, vives conmigo, eres parte de mí, eres mi mujer.
—Oh sí, vivo contigo pero no soy tu mujer —le contesté sin importarme—, desde que quisiste hacer esa clase de pacto que lo he entendido perfectamente bien, ahora vas a desear algo que lo perdiste hace tiempo —le respondí empujándolo para que me soltara.
—Michelle no me puedes hacer eso, por favor, tú misma sabías cómo eras, tú misma te has dado cuenta de que no eras linda.
—Pues claro, pero una cosa era que yo lo reconociera y otra diferente era que tú aunque era así, no querías acercarte tanto a mí ni menos querías saber mis sentimientos, ahora ya es demasiado tarde —le dije y al darme vuelta sonreí para mí arqueando una ceja por el objetivo realizado.
Caminaba sensualmente y Nick cada vez se mordía más el labio inferior, hasta caerse de rodillas y babearse por mí hasta verme entrar a la habitación contigua.

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#19

CAPÍTULO 16

Ya no saldré más con ninguna, ahora la única que saldrá y estará siempre conmigo será Michelle —reflexionó Nickolas.
Para la primera mañana que me iría a ver con ropa moderna, me elegí una falda bien apretada al cuerpo hasta las rodillas, en forma de tubo, de color rojo con una blusita de seda ajustada al cuerpo, metida por dentro de la falda, de color gris perla con mangas cortas y de seda brillosa, stilettos gris perla con los vivos alrededor del zapato en charol rojo y taco aguja de color rojo. Ese era uno de los conjuntos que me había elegido cuando las chicas me lo compraron. Maquillada naturalmente y el pelo suelto acomodándome las ondas que tenía y con accesorios haciendo juego, y perfumada.
Apenas Nick bajó a la sala, se percató de mi atuendo y se quedó boquiabierto, y al caminar hacia la cocina se tropieza.
—No te caigas, mira bien por donde caminas —le dije sin mirarlo y riéndome por dentro.
—¿De dónde has sacado esa ropa? —me preguntó asombrado.
—Las chicas me la han regalado.
—Te... te queda bien —me dijo nervioso.
—¿Qué te pasa Nick? ¿Acaso estás nervioso por verme así? —le pregunté sarcástica y riéndome.
—Claro que no.
—Pues creí que sí, siéntate que te daré el desayuno —le contesté y se sentó—, ¿ésta noche vendrás a cenar?
—A partir de ésta noche y todas las demás vendré a cenar.
—Has llegado tarde para hacer buena letra, por más que vengas a cenar no creas que me irresistiré a ti.
—Entonces lo único que me queda es conquistarte.
—Las tácticas y las estrategias conmigo no van, úsalas para las chicas que se te regalan en bandeja.
—No saldré más con ninguna, te seré fiel.
—No me sirve que me seas fiel sin que no sepas mis gustos o las cosas que no me gustan, aparte de qué me serviría que estemos bien si tú no me amas.
—¿Y por qué no me haces una lista de todo lo que te gusta y de todo lo que no te gusta?
—Solo pretendo que tú me preguntes o que tú solo te des cuenta de qué cosas me gustan.
—Si así lo quieres, así lo tendrás.
—¿Piensas esforzarte en saber cuáles son mis gustos y demás cosas?
—Así es, es más por qué no empezamos desde ésta noche, ¿qué te parece si te invito a cenar?
—¿Qué te parece si nos quedamos aquí? No tengo intenciones de salir contigo, no por ahora y creo que más adelante tampoco —le respondí riéndome.
—Oh vamos, no seas así, si en verdad quieres que haga eso entonces tú me debes aceptar todo lo que te ofrezco y todo lo que te digo.
—¿Y por qué debería aceptarte las invitaciones y las demás cosas? —le pregunté arqueando una ceja mientras lo miraba a los ojos.
—Pues porque ayer por la noche me habías dicho que gustabas de mí.
—¿Y qué con eso que te he dicho?
—Pues no tiene nada que ver, pero aún así tengo intenciones de salir contigo.
—Me eres insoportable cuando me insistes tanto.
—Pues insistiré todas las veces que sean necesarias con tal de que me aceptes todo.
Cerré la boca por unos instantes, pensando en su invitación, luego llegué a la conclusión de que no sería una mala idea salir a cenar con él, solo sería en parte de amigos.
—Está bien, acepto tu invitación.
—Perfecto, apenas vuelva del estudio saldremos a cenar.
—Ok —le respondí bebiendo un sorbo del café—, ¿hay algún problema si salgo a caminar o a dar un paseo?
—No hay ningún problema, siempre y cuando no estés con ningún hombre —me dijo y yo lo fulminé con la mirada—, no me mires así, sabes perfectamente bien que no permitiré que te veas con hombres.
—No haré nada malo como lo que haces tú con otras mujeres.
—Si te sirve de algo a partir de hoy no saldré con ninguna mujer, ¿y sabes por qué? Porque al fin apareció la verdadera Michelle.
—¡Ay qué poético! —le dije burlándome de él.
—Pues es la verdad, ahora sí me iré, nos vemos a la noche —me dijo queriéndome dar un beso pero yo se lo esquivé dándomelo en una de las mejillas.
Una hora después, mientras miraba la mesa de la sala para ver si debía limpiarla y limpiar las demás cosas, me llamó la atención de un papel que tenía escrito "Llevarlo hoy al estudio".
¡Si serás tonto Nick! —pensé.
Llamé a su celular y lo tenía apagado, por lo que leí la dirección de donde sería el estudio, y luego de tomar mí chaqueta que hacia juego con la ropa que tenía puesta, salí de la casa con el papel y caminé hasta la parada de taxis. Diez minutos después, me encontraba frente al gran edificio, entré al mismo y comencé a inspeccionar las diferentes puertas que había, ya que nunca había entrado y no sabía donde se encontraba el estudio. Al no poder encontrar la palabra estudio, subí al piso siguiente, una vez allí me volvió a pasar lo mismo que en el piso de abajo, pero la diferencia era que comencé a escuchar varias voces y entre ellas escuché la voz de Nick. Al ver el nombre que yacía en la puerta, me dije a mí misma que no podía entrar ya que iría a interrumpir, así que esperé. Rato después mientras circulaba por el pasillo de espaldas al estudio donde estaba él, abrieron la puerta y Nick más los demás caminaron en la dirección donde estaba yo.

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#20

CAPÍTULO 17

—¿Michelle qué haces aquí? —me preguntó asombrado y yo me di vuelta.
—Solo he venido a traerte un papel que te has olvidado sobre la mesa de la sala, creo que lo necesitabas para hoy —le dije entregándole el papel en sus manos.
—Sí, me lo había olvidado por completo, anoche lo dejé y no me di cuenta que lo había dejado sobre la mesa, lo estuve buscando por todos lados aquí, gracias.
—De nada.
—¿Michelle? ¿Michelle la que conocemos? —preguntó sorprendido.
—La misma, la gargolita, Alex, por si has creído que nunca te había escuchado —le dije sonriéndole algo sarcástica.
—Te pido disculpas.
—Las acepto, ya que yo misma me he dado cuenta de cómo era.
—Pero debo decir, wow estás cambiadísima.
—Lo sé, gracias a las chicas y un poco por mi parte que estoy así.
—Eres hermosa Michelle.
—Gracias —le contesté ruborizada y sonriéndole—, ahora sí, me voy no tengo nada más que hacer aquí, que tengan buen día.
—Hasta luego, ahora sí, ¿vamos a almorzar? —les preguntó a los demás.
¿Acaso a mí no me preguntará? ¿O pensará que si me pregunta le diré que no? —pensé.
—Michelle... —me llamó y me di vuelta.
—¿Qué?
—¿Quieres venir a almorzar con nosotros?
—¿De verdad me lo preguntas? —le pregunté asombrada.
—Sí, descuida, no molestarás en éste horario.
—Está bien.
Al caminar por el pasillo, los chicos, Nick y yo, se abrieron las puertas del elevador y apareció Trish.
—¡Hola Nick! —le gritó efusiva casi corriendo hacia él.
—¿¡Qué haces aquí Trish!? —le gritó—, hace más de un mes que terminamos tú y yo.
—Pues ya veo, ¿quién es ésta imbécil? —le preguntó mirándome de arriba abajo.
—¿Qué comes que adivinas?
—¿Eh? Habla claro idiota.
—Jajajajaja pues si no sabes a lo que me refiero es porque no tienes ni dos dedos de frente, es decir eres hueca.
—Pues tú también lo eres.
—Si lo dices por el color de pelo, pues solo a las oxigenadas se les dice huecas, pues ya que Nick no me presenta ni te dice quién soy, me presentaré yo misma, encantada en conocerte, soy Merlina —le respondí son una sonrisa falsa.
—¿Merlina? ¿Y ése nombre de dónde lo sacaste?
—¿Cómo? ¿No recuerdas? Tú misma me lo habías puesto, Merlina la de Los Locos Adams.
—Eres... eres... —me decía incrédula quedándose boquiabierta.
—Soy... soy... la supuesta sirvienta de Nick que te había atendido en aquella reunión y en la cenita que tuvieron a solas en la casa, encantada de conocerte, me llamo Michelle —le dije extendiéndole la mano—, por ser una heredera eres demasiado maleducada.
—Con gente como tú no me junto, debes ser corriente y sencilla.
—Oh sí, soy muy corriente y muy sencilla, vengo de abajo pero con orgullo de ser así.
—¿Y se puede saber de dónde has salido? —me preguntó mirándome de arriba abajo.
—Estoy segura que de donde has salido tú no lo creo para nada.
—Por tu ropa anterior debo pensar que eras, no, mejor dicho que sigues siendo pobre.
—No te lo niego, no me dieron los gustos que quise, pero por lo menos mi nombre y apellido no aparece en ningún escándalo y menos en ningún escándalo sexual.
—Vaya, ¿acaso no dirás nada Nick? ¿No me defenderás?
—Ni lo sueñes, a la única que defenderé es a Michelle.
—¿Y por qué? ¿Acaso es algo más que una amiga?
—Claro que sí —le contestó pasando un brazo por mi cuello—, Michelle es mi mujer.
—Es una broma, ¿no?
—Para nada, es la pura verdad.
—¿Y desde cuándo lo es?
—Desde el día en que te di una patada, días después decidí casarme con ella —le dijo mintiéndole.
No debía salir a la luz que desde hacia bastante tiempo habíamos hecho un pacto en casarnos, ni menos ella se debía enterar ya que traería problemas.
—Si nos disculpas, debemos ir a almorzar —le dijo despectivo y todos pasamos frente a ella.
Dentro del elevador...
—Nick ya puedes sacar tu brazo de mi cuello.
—Me gusta tenerlo así.
—Pues a mí no —le dije quitándole su brazo de encima.
—¿Por qué no das un poco el brazo a torcer?
—Todavía no tengo intenciones de darlo a torcer.
—Si quieres que en verdad sepa tus gustos y esas cosas, pues te recomiendo que lo empieces a torcer.
—Eres insoportable algunas veces.
—La mayoría de ellas lo es —dijo mientras carraspeaba y tosía.
—Howie te escuché —le contestó molesto.
—Howie te escuché —dije burlándome de él y él me fulminó con la mirada—, ¿y esa cara de mono que pones qué es? —le pregunté y los chicos se rieron.
—No es ninguna cara de mono como la llamas, no me gusta que te burles de mí.
—Y a mí nunca me gustó que te burlaras de mí desde que nos conocimos, sin embargo lo habías hecho —le respondí y todos se callaron incluyéndome.
Una vez que se abrieron las puertas, salimos del edificio y cada uno se subió a su auto y yo subí al de Nick de acompañante. En todo el trayecto ninguno de los dos habló. Pasados veinte minutos llegamos al restaurante donde todos los medio días los esperaban para almorzar.
—Oigan, ¿qué piensan comer? ¿Lo mismo de siempre?
—Quizás.
—Yo creo que veré la carta porque no sé que hay —les dije mientras me quitaba la chaqueta y Nick no sacaba los ojos de mis pechos al ponerme hacia delante y los brazos atrás para sacarme bien la chaqueta y ponerla sobre el respaldo de la silla—, deja de clavarme los ojos en los pechos –le dije entre dientes y le di un pisotón.
—Ay... —emitió quejándose por lo bajo.
—¿Te dolió? —le pregunté sarcástica y riéndome.
—¿Y tú qué crees? —me preguntó mirándome a los ojos.
—A mí más me dolió el que te burlaras de mí.
—Si solo has venido para taladrarme la cabeza con eso, era mejor que te quedabas en la casa —me dijo entre dientes.
—Eres un odioso —le contesté seria y le saqué la lengua.
—Me la sacas otra vez y te la muerdo.
—Ja ja no eres capaz —le decía haciéndome la graciosa mientras le pisaba su pie.
—Quieres ver... —me dijo acercándose a mí peligrosamente.
—Sal de encima de mí —le contesté empujándolo.
—¿Acaso tienes miedo que mis labios rocen los tuyos? —me preguntó con una sonrisa perversa.
—Sigue soñando Nick, mejor dime qué hay de bueno en la carta.
—Fíjate el plato del día, ese pediré yo.
—Hasta que me dices algo coherente, también pediré el mismo.
Luego de almorzar, Nick me dejó en la casa nuevamente.
—Sabes, vuelve a la hora que quieras hoy, no quiero ir a cenar.
—Vamos Michelle, no seas así conmigo, quiero invitarte a cenar no me digas que no.
—Nick, de verdad, no tengo ánimos.
—Pero puedes cambiar de parecer después, tienes todo el día para animarte.
—No quiero ir a cenar y punto —le dije y luego bajé del auto cerrando la puerta del acompañante y él me esperó hasta que entrara.
Siete horas después, Nick llegó a la casa.

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#21

CAPÍTULO 18

—Michelle... —me habló asomándose desde la puerta de la cocina.
—¿Qué? —le pregunté dándome vuelta para mirarlo.
—¿Puedes venir un segundo?
—La comida se quemará.
—Solo un segundo, ven por favor —me contestó y fui hacia donde estaba—, toma, son para ti —me dijo entregándome un pequeño ramo de rosas blancas.
—¿Por qué me has regalado un ramo? —le pregunté desconcertada y asombrada a la misma vez.
—En realidad tuve ganas de regalarte el ramo, no lo sé, pensé que las rosas te irían a gustar.
—Y me encantan, son mis flores favoritas —le respondí y aspiré su agradable aroma.
—Qué bueno, porque aún después de habértelas comprado pensé que quizás hubieras preferido otra cosa, algo más material.
—No, de verdad me encantan todas las flores pero más me gustan las rosas.
—¿De qué color te gustan?
—Pues las blancas son una de mis favoritas, y las otras son las rojas, gracias por haberme regalado algo —le respondí sonriéndole y él me sonrió.
—De nada, y me alegro que te gusten.
—Sí y mucho, las pondré en un florero con agua —le dije y volví a entrar a la cocina para buscar un florero y ponerle agua para luego sumergir los tallos de las rosas.
—¿Estás mejor? —me preguntó algo preocupado.
—Sí.
—¿Me quieres contar lo que tenías?
—No me pasaba nada, simplemente no tenía ánimos de salir a cenar ésta noche.
—¿Y mañana?
—Nick no pienses que te lo haré fácil.
—Ya sé que no, pero al menos acepta mis invitaciones.
—Te diré el porqué no acepté, no me gusta que cuando estás conmigo, y tus amigos están presentes, seas pervertido y atrevido, sabiendo que lo haces a propósito, no me gustó la manera en que miraste mis pechos descaradamente y menos que te hayas acercado tanto a mí, espero que te haya quedado claro sino recibirás un buen golpe entre medio de tus piernas —le dije sonriéndole sarcásticamente y él se rió de lo que le dije.
—Ok, me quedó claro, entonces tú ni siquiera pretendas usar escotes ni mini faldas y nada ajustado, ni siquiera intentes provocarme.
—¡No eres el imbécil de mi padre para decirme lo que me tengo que poner! —le grité.
—¡Pero soy tu marido! —me gritó.
—¡No me grites! Y tú no quieres ni ser mi marido ni menos que yo sea tu mujer —le contesté enojada y acercándole el plato a la mesa para que cene—, ¡no te soporto cuando me gritas! —le contesté seria sentándome en la silla para cenar.
—Lo siento —me respondió sentándose también.
—Ok —le dije llevándome un bocado a la boca.
No podía permitirme enamorarme más de él, sabiendo como me había tratado con anterioridad, y más sabiendo que quizás solo era un juego o una mentira solo para hacerme caer y tenerme solo una noche, sabía también que para él, nuestro matrimonio era una farsa, él no quería nada de mí, no quería saber mis verdaderos sentimientos hacia él, no quería involucrarse tanto en algo que él había pactado conmigo solo por el simple hecho de que ninguno de los dos iría a encontrar a alguien que valiera la pena. Él sabiendo que era una persona pública y que todas se le acercaban a él por algo, y yo por la simple razón de haber sido fea casi toda mi vida. De algún modo compartíamos y teníamos algo en común, la soledad. Dos días después, las cosas seguían igual entre nosotros, un medio día llegaron los chicos y las chicas para almorzar, ya que Nick iría a hacer una barbacoa.
—¿Me traerías algo para beber?
—¿Qué quieres?
—Limonada o algún jugo o coca-cola.
—Oh es verdad, es muy temprano para una cerveza, o vino o algún licor fuerte —le dije burlándome de él y me fulminó con la mirada—, tranquilo solo ha sido una broma, ahora te traigo algo.
Luego de unos instantes volví con un vaso de coca-cola.
—Gracias —me contestó tomando el vaso en una de sus manos.
—De nada, ¿te molesta si pongo música?
—Para nada.
—Bueno —le dije yéndome hacia la sala y prendí el mini-componente.
Al cabo de unos segundos, se comenzó a escuchar Panic.
—¿Tienes el disco? —me preguntó asombrado.
—Sí, lo he comprado.
—¿Por qué no me lo dijiste y te daba uno?
—Porque no quiero deberte nada.
—No me deberías nada, lo mío es tuyo.
—Lo tuyo es solamente tuyo, siempre fue, es y será así.
—¿No crees que es mejor aclarar las cosas de una vez por todas? —me preguntó serio.
—Ahórrate los comentarios, no quiero escucharlos.
—No seas terca, así no conseguirás nada.
—Lo que quiero no lo puedo tener.
—¿De qué hablas? —me preguntó sorprendido e intrigado.
—De nada, yo sola me entiendo.
—Está bien, como quieras, luego no te arrepientas si ves y sabes que salgo con otra y te lamentas por no habérmelo dicho —me respondió cínico.
—Pues sal con la que se te plazca, tú ni siquiera sientes una pizca de algo hacia mí.
—¿De verdad no te importaría que salga con otras? —me preguntó acercándose a mí sigilosamente.
—No —le dije seria sin mirarlo a los ojos y yéndome hacia dentro de la casa.
Era una imbécil por llorar, no se merecía mis lágrimas. El timbre me sacó de mis pensamientos. Me sequé las lágrimas derramadas y fui a abrir. Una hora después, el almuerzo comenzó, y a Nick se le ocurrió brindar.
—Quisiera hacer un brindis —dijo levantando su vaso y los demás incluyéndome hicimos lo mismo—, por la chica más hermosa que haya conocido, mi mujer —terminó de decir mientras me miraba a los ojos y bebió un sorbo al igual que todos.
Imbécil —pensé.
Dos horas después, se fueron todos, Nick se quedó en el jardín sentado en una silla con una botella pequeña de cerveza en una de sus manos y yo estaba adentro de la cocina, terminando de lavar los platos. Minutos más tarde, entra a la cocina y se queda en el umbral de la puerta, clavando sus ojos en mí y sintiendo su mirada en mí nuca. Aún así yo no le digo nada.

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#22

CAPÍTULO 19

—Hace unas horas atrás, podrías haberme agradecido que tuve la delicadeza de brindar por ti, ¿no crees?
—No tengo porqué agradecértelo, no te he pedido que lo hagas.
—Pues me ha salido de adentro.
—Tú no eres sentimental —le dije cerrando el grifo de la pileta de la cocina.
—Pude haber cambiado.
—No empieces otra vez —le contesté y lo miré a los ojos—, ¿por qué me miras así?
—Solo te estoy desnudando con la mirada —me lo dijo de una manera tan sensual que sentí escalofríos por todo mi cuerpo.
Me sentía nerviosa, pero para pensar en otra cosa, sequé los platos y los iba acomodando en donde debían estar.
—Ni se que te ocurra acercarte a mí en ese estado.
—Oh vamos, no quieras hacerte la difícil, sé que por dentro ansias que te bese y que te posea, eres mi mujer.
—Un paso más y te acordaras de éste día —le respondí seria.
No me hizo caso y caminó hacia mí, pero antes de que haga algo, le di una cachetada dándole vuelta la cara.
—¡Sí! ¡Soy difícil! —le grité yéndome hacia arriba.
—No te enojes Michelle.
—Me tratas como si fuera cualquier cosa.
—Nada que ver, solo quería saber si por ese lado aceptabas tener algo conmigo.
—Pues te has equivocado, has cometido un tremendo error en haber pensado eso.
—¿Me perdonas?
—Me he cansado de que me pidas perdón y yo como una idiota siempre te los acepto.
—Entonces... ¿no me perdonarás?
—Será la última vez que te acepte el perdón, así que piensa bien antes lo que me dirás, un paso más en falso y pido la anulación del matrimonio, aunque pensándolo bien eso a ti no te importaría, no buscas y ni siquiera quieres una relación estable y normal —le respondí mirándolo a los ojos seria y luego subí los escalones que me faltaban.
Tres días después, el fin de semana llegó, el sábado por la noche Nick bajaba las escaleras y al parecer salía.
—¿Vas a salir? —le pregunté curiosa.
—Sí, ¿por qué?
—Simple curiosidad, ¿llegarás tarde?
—No lo sé, depende.
—¿Depende de qué?
—De cuánto tiempo me lleve conseguir una amante —me dijo descaradamente.
Al escucharlo, apreté mis puños, tensé la mandíbula, y se me pusieron vidriosos los ojos. Pero lo que más me dolió fue mi corazón que se rompió en mil pedazos. Era una tremenda estúpida si pensaba que me iría a amar algún día.
—Te odio.
—Mientes, cena sola.
—Casi toda mi vida he cenado sola, una noche más no me afectará —le contesté y cerró la puerta.
Dos horas más tarde había terminado de cenar y dieron las nueve de la noche. Era tempranísimo, y preferí darme una vuelta por la playa. Me puse un saquito largo de color fucsia que las chicas me habían comprado, y salí cerrando la puerta con llave. Caminé hacia la playa más cercana, y a pocos metros de donde estaba yo, divisé una figura, por lo alto y ancho que era de atrás era un hombre. Al girar la cabeza hacia la derecha, vi el auto de Nick en la entrada de la playa. Me armé de valor, y caminé más adentro para ver lo que estaba haciendo, ya me lo estaba imaginando, pero me sorprendió verlo solo sentado en la arena y mirando hacia el mar.
—¿Nick? ¿Eres tú? —le pregunté asombrada.
—¿Michelle qué haces aquí? No debes salir a la noche sola, no es seguro —me respondió y tragué saliva.
—¿Estás con alguien?
—¿Ves a otra persona a parte de mí? —me preguntó sarcástico y me callé la boca—, ¿dime qué haces aquí?
—Casi siempre vengo aquí, cuando sales, vengo aquí, no es la primera vez que lo hago.
—¿Hace cuánto que vienes?
—Desde el primer día en que comenzaste a salir por las noches, no tenía nada que hacer en la casa, no pertenezco a la casa, solo soy una agregada a ella.
—Pues yo no lo considero así, ven aquí Michelle —me dijo y yo me puse nerviosa.
—¿Por qué quieres que vaya? —le pregunté intrigada.
—Quiero que charlemos.
—Estamos charlando.
—Quiero tenerte cerca mientras charlamos —me respondió y yo tragué saliva dificultosamente—, ven... —me contestó dándose vuelta para mirarme a los ojos y yo avancé.

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#23

CAPÍTULO 20

Me senté a su lado y nos quedamos en silencio.
—Seré muy directo y sincero contigo, eras fea antes, pero quizás no por tu rostro sino por las cosas que te ponías y los lentes y brackets que usabas, nunca intenté acercarme demasiado a ti, tenía miedo, temía que si me acercaba mucho a ti los demás irían a pensar cualquier cosa, en parte porque quizás sería algo extraño en mi carrera y otra era que no quería que te hagan daño, no quería que te lastimaran con palabras ofensivas, eres una chica con sentimientos al igual que los demás, no por el aspecto que antes tenías debías ser considerada un objeto o algo inanimado.
—Tú me considerabas así.
—Sí, lo sé, me incluyo dentro de la misma bolsa. Pero ahora, ahora es diferente, has cambiado y reacciono ante ti.
—Ahora me ves atractiva.
—Sí.
—Qué casualidad —le dije sarcástica.
—Desde que no tienes más esos horribles lentes y desde que te han soltado el pelo te veo diferente, desde esas dos ocasiones te veo con otros ojos, desde el día en que estuve en cama y todos los demás, me has cuidado y me he dado cuenta de la manera en cómo me tratas, nadie me ha tratado con tanto cariño como lo has hecho tú, el día que me habías dado la sopa, ¿sabes lo que pensé? Que eras demasiado buena para ser verdad —me dijo y yo me sonrojé—, todo lo que quería en una mujer, lo tienes tú y tienes muchas más cosas de lo que pedía, me estoy enamorando de ti.
—¿Tú? El señor superficial, ¿enamorado de mí? —le pregunté sarcástica.
—Sí, ¿por qué te es difícil de creerlo?
—Porque quizás no te haya creído nada de lo que me has dicho.
—Si no era verdad, no hubiera abierto la boca, ¿no te parece?
—Es una estupidez si tú estás enamorado de mí.
—¿Por qué dices eso? —me preguntó incrédulo.
—Tú no quieres nada formal y serio en cambio yo... sí, tú no eres hombre de una sola mujer.
—Si te he dicho que estoy enamorándome de ti es porque sí lo soy, desde que has cambiado no he salido con ninguna otra.
—Vaya, difícil de creerte.
—¿Tú no sientes nada por mí? —me preguntó y lo miré a los ojos sorprendida—, no me pongas esa cara, sabía que gustabas de mí porque tú me lo habías dicho, pero nunca supe si sentías algo más fuerte por mí.
—Siempre he sentido algo por ti, siempre estuve enamorada de ti, así como estaba y estoy enamorada de ti, sabía que nunca me irías a querer como era debido, sabía que nunca te irías a fijar en mí, sabía que no irías a posar tus ojos en mí, sabía que no me irías a elegir como mujer para ti, y sabía también que era muy poca mujer para ti, eres mujeriego y yo no quiero un hombre así, tampoco pretendo cambiarte, ambos sentimos lo mismo, pero queremos cosas totalmente diferentes, yo quiero un buen matrimonio y tú quieres libertad, yo quiero un hombre que me respete y me ame y tú quieres ese amor que sienten por ti y ese respeto que te tienen por una sola noche, ¿no crees que sería mejor anular el matrimonio? Tú volverías a ser libre, ya he cambiado no estás más atado a mí, puedo conseguirme a alguien que me quiera de verdad.
—Yo sí te quiero de verdad —me dijo tomándome de la mano entrelazando nuestros dedos—, Dios... qué hermosa eres —me dijo al ver que la brisa revoloteó mi cabello y despejó mi cara y yo me ruboricé—, te quiero solo para mí —me volvió a decir y yo lo miré sorprendida y con los ojos vidriosos.
¡El hombre que tengo frente a mí no se merece mis lágrimas, no debo llorar! —pensé.
Bajé la mirada y la posé sobre nuestras manos.
—Deja de decirme todas esas cosas, no quiero creerte, no voy a creerte, nunca nadie me ha tratado bien y con cariño, y ahora de buenas a primeras me dices todas esas cosas, me tratas con cariño, o sea eres el señor superficial, eres cero sentimental, eres cero romántico, eres cero dulce, ¡eres un cero para la palabra AMOR!
—Estoy seguro de lo que significa esa palabra, y lo que siento por ti es amor verdadero —me respondió sincero y yo volví a mirarlo sorprendida.
Besó mi mano que estaba entrelazada con la suya, y luego se acercó un poco más hacia mí para besar mi mejilla, e instantes después, se acercó más a mí hasta quedarse a escasos centímetros de nuestras bocas, me miró a los ojos tiernamente y posó sus labios contra los míos. Le daba picos, ya que no sabía besar, posó sus manos en mis caderas y yo en sus hombros.
—Tranquila —me dijo en uno de los besos que me daba—, ¿me perdonas por todo el daño que te he hecho? —me preguntó separándose de mí muy poco y viéndome a los ojos.
—Sí, dime que no me has mentido en nada de lo que me has dicho.
—No te he mentido en nada de lo que te dije, te quiero Michelle, te amo preciosa.
—¿Me lo dices de verdad? —le pregunté incrédula, contenta y con voz solloza.
—Sí —me respondió y emití un grito ahogado de emoción y me tapé la boca con una de las manos.
—No puedo creer que alguien me ama de verdad, no puedo creer que tú me ames de verdad —le dije emocionada abrazándolo por el cuello y sin querer comencé a llorar—, gracias por enamorarte de mí —le dije sonriéndole tiernamente y llevé una de sus manos hacia una de mis mejillas y la posé en la misma y luego le di un beso en la palma de su mano.
—¿Por qué lloras? —me preguntó curioso.
—Por lo inmensamente feliz que soy, eres mi sueño hecho realidad —le respondí mirándolo a los ojos y él pasó su dedo pulgar por mis labios.
—Qué suaves y carnosos, ideales para besar —me dijo y me sonrojé demasiado aunque él no lo notara.
Se aproximó más a mí, para quedarse a escasísimos centímetros de mi boca, la cuál estaba casi entre abierta, esperándolo para que posara sus labios sobre los míos. Me estrechó entre sus brazos haciendo escaso el espacio entre nosotros, y en aquel momento al posar sus labios en los míos comenzó a moverlos. Todavía no me acostumbraba al ritmo de su boca pero hice el esfuerzo por complacerlo, y enredé mis brazos alrededor de su cuello y luego descendía mis manos hacia sus hombros y ambas cosas la hacia una y otra vez. Pero cuando sentí la punta de su lengua en mi labio inferior queriendo entrar en el interior de mí boca, me tensé poniéndome sumamente nerviosa y Nick notó aquello.
—No tengas miedo, tranquila, déjame hacerlo, quiero explorar tu boca —me dijo entre los besos que me daba.
—Espera... me estás ahogando Nick —le dije separándome un poco de él—, ¿no crees que vas apurado?
—¿Crees que voy apurado? Michelle necesito besarte.
—Y lo estabas haciendo, pero tu lengua me puso nerviosa.
—¿Y qué quieres que haga con ella? —me preguntó tontamente.
—¿Que te la guardes? —le pregunté casi en risa.
—Voy a hablarte sincero, como lo hice antes, me gusta llevar la iniciativa en el beso, me gusta empezar primero, y me gustaría que me dejaras darte un buen beso como te lo mereces, quiero que recuerdes el primer buen beso —me dijo mirándome a los ojos y yo me ruboricé—, si de verdad me amas como me lo has dicho, entonces me dejarás seguir el beso —me contestó posando sus manos a los lados de mi cuello y frotando sus pulgares contra mis mejillas y mi boca.
Volvió a besarme intensamente, y su lengua lentamente separó mis dientes para adentrarse en mí boca. Estaba demasiado nerviosa, mí cuerpo temblaba entre sus brazos y me dejé llevar. Exploró cada rincón de mi boca y luego apoyó su lengua contra la mía. Intenté separarme de él, pero al instante de sentir mí forcejeo, colocó una de sus manos sobre mí nuca para apretarme más contra él, y hacer que el beso que me estaba proporcionando era intenso, caliente, apasionado, tierno y dulce. Al separarnos unos centímetros, nos miramos a los ojos, casi ni sabía qué decirle.
—Ehm... ehhh... el beso... el beso ha sido... intenso —le respondí sintiendo calor en mis orejas y mejillas.
—Te pones toda colorada, me es gracioso —me dijo sonriéndome mientras me acariciaba una de las mejillas.
—¿Cómo sabes que estoy colorada si no me has visto?
—Siento tus orejas y tus mejillas calientes.
—Me siento una tonta.
—¿Por qué? —me preguntó curioso.
—No lo sé, bueno en realidad sí lo sé, y creo que sabes a lo que me refiero.
—Así es, nunca has estado tan cerca de un hombre y menos has besado.
—Por supuesto que no, nada de lo que me has dicho hice, por eso me siento una tonta, debería saber besar, pero por cómo era antes, era factible que no atraería a los chicos, ni a los hombres, y siento que tengas que pasar por esto, digo... por haberme besado sin yo tener la más mínima idea de cómo llevar el beso.
—No te preocupes, me gusta enseñarte —me dijo esto último al oído en un susurro bastante provocador.
—Me asustas Nick cuando me hablas así y más cuando lo haces en mi oído —le contesté algo cortada por su comportamiento.
—No debes asustarte, ni menos temerme, debes acostumbrarte a que te haga eso, es lógico si me gustas mucho y si te amo tanto, ¿no crees?
—No lo sé.
—Yo creo que sí lo sabes —me respondió volviéndome a besar con ansias.
—¿Has cenado? —le pregunté apenas nos separamos.
—No.
—Si quieres te sirvo la comida que dejé dentro del horno.
—Bueno —me dijo y se levantó y luego me ayudó a levantarme de la arena.
Caminamos tomados de nuestras manos hacia su auto y luego me abrió la puerta del acompañante para que entrara.

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#24

CAPÍTULO 21

Al llegar a la casa, le serví la cena y luego nos fuimos a dormir, por separado. Una semana más tarde, después de que Nick durante los días que pasaron me invitaba a cenar y pasábamos tiempo juntos charlando y riendo, el viernes por la tardecita alrededor de las siete de la tarde Alex se presenta en la casa y Nick le abre la puerta haciéndolo pasar adentro.
—¿Qué pasa Alex?
—Nada, he venido a decirte que ésta noche iremos a una disco, no sé si quisieras ir con Michelle.
—Creo que le gustará ir, dime, ¿dónde es o qué van a hacer?
—Nos encontraremos en la casa de Brian, él viene con Letty, dejaran al niño con la niñera, alrededor de las doce de la noche los esperamos en la casa.
—Está bien, hasta luego entonces —le dijo abriéndole la puerta ya que se estaba acercando a ésta.
—Nos vemos más tarde —le contestó saliendo de la casa y Nick cerró la puerta detrás de él.
Subió las escaleras y entró a mí habitación, me vio dormida y se acercó sin hacer ruido hacia mí. Me miró cómo dormía y sonrió. Estaba de costado y posó una de sus manos en uno de mis brazos para acariciarlo, y sintió la piel tersa y suave, y siguió deslizándola por mi cintura y por la curva que formaban mis caderas y trasero muy lentamente. Se tensó de placer al acariciarme esa parte de mi cuerpo y yo comencé a moverme sin saber que Nick estaba muy cerca de mí. Abrí mis ojos y me sobresalté al verlo a escasos centímetros de mi cara.
—¿Qué haces? —le pregunté nerviosa.
—Te estaba mirando mientras dormías, y ahora intento besarte —me dijo y sin decirme más nada me besó apasionadamente mientras me sentaba en la cama—, te deseo, cariño —me susurró al oído.
No le respondí, pero aceptaba sus tremendos besos, sin esperarlo, Nick toma una de mis manos e intenta llevarla hacia su entrepierna, pero al sentir que estaba por hacer lo que había pensado, solté mi mano de la suya con casi forcejeos. Y me separé y me alejé de él.
—No lo vuelvas a intentar otra vez eso —le dije asustada y nerviosa.
—Es normal en una pareja.
—Pues yo no lo considero normal en una pareja.
—Si me niegas que te lleve tus manos a las partes de mi cuerpo, entonces también me negaras que tengamos relaciones, no quiero buscar a otra para saciar lo que llevo y siento por dentro.
—Sé perfectamente bien cómo te sientes, a mí también me están pasando cosas muy fuertes contigo, pero solo te pido algo de tiempo.
—Está bien, como quieras —me dijo no muy convencido.
—No te pongas así, si me esperas será mejor para los dos, déjame tenerte más confianza.
—¿Nunca me has tenido confianza?
—Sí, pero solo en nuestra amistad, todavía no tengo tanta confianza en lo íntimo.
—De acuerdo.
Cenamos y luego subimos cada uno a su habitación para cambiarse de ropa. Nick por su lado se puso un jeans negro con una camisa a rayas blancas y negras y zapatos de vestir negros, su pelo parado con gel y un saco negro. Y yo me puse un jeans gris claro y una blusita ajustada al cuerpo de color fucsia, stilettos negros de taco aguja y el saco fucsia, y mientras me acomodaba el pelo, Nick entró sin golpear la puerta.
—Nick por favor toca la puerta antes de entrar.
—Ok, lo siento, solo quise saber si ya estabas lista.
—Si, cuando quieras nos podemos ir, ¿crees que estoy bien así o debo ponerme otra cosa para ese lugar?
—La gente va vestida como quiere allí, así que tú estás bien.
—Bueno gracias —le dije sonriéndole y él me sonrió también.
—De nada, ¿vamos? —me preguntó extendiendo su mano para que se la aceptara.
—Estoy nerviosa, es la primera vez que salgo a un lugar nocturno, tengo miedo de perderme.
—Debes estar tranquila y relajarte, yo estaré a tu lado para que no te pierdas —me respondió pasando uno de sus brazos por mis hombros para atraerme más contra él y me dio un beso en la boca el cuál correspondí.
Bajamos las escaleras, y salimos de la casa para entrar a su auto, condujo hacia la casa de Brian en donde estacionó el auto y bajamos del mismo. Nick tocó el timbre y nos abrieron. Entramos y saludamos a los demás. Al ya estar todos reunidos, nos fuimos hacia el club nocturno. Dos horas después de haber bailado con Nick y de haberse bebido algunos tragos, me dijo que iba al baño. Al estar sola alguien se me acerca pronunciando mí nombre.
—Hola Michelle.
—¿Spencer? —le pregunté incrédula dándome vuelta para mirarlo.
—¿Cómo estás Michelle? Hace mucho que no te veía.
—Pues estoy muy bien, ¿y tú?
—Muy bien también.
—Que bueno, ¿y cómo has sabido que era yo?
—Te vi entrar con Nick y aproveché en verte sola para saludarte —me dijo y vio que Nick se acercaba.

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#25

CAPÍTULO 22

—¿Qué haces aquí? —le preguntó de mala gana.
—He venido a saludar a mi amiga.
—Mi mujer no habla con hombres.
—Nick no empieces, yo hablaré con Spencer te guste o no.
—Ya la has escuchado, creo que nunca la podrás dominar como a todas las que tuviste, a pesar de que ella ha cambiado de aspecto la sigues tratando como si pensaras que es poca cosa, es demasiada mujer para ti, no te mereces a alguien como ella, sabiendo que siempre la habías tratado con desprecio.
—Error, con mi ayuda cambió de aspecto.
—¿Estás seguro? Yo sabía otra versión de eso, de que las chicas, amigas de ella, la ayudaron a cambiar de aspecto, tú no moviste un dedo.
Al terminar de decirle eso Spencer a Nick, no lo soportó más y le golpeó en la cara y a partir de ahí se armó una riña entre ellos. Quince minutos después de golpes, dos guardaespaldas separaron a Nick y a Spencer y les pidieron que se retiraran del club y yo salí con ellos. El que resultó más golpeado fue Spencer, que sin mirarme se fue hacia su auto, y Nick solo recibió un golpe en el ojo y otro en su pómulo derecho que minutos después se le pusieron morados. Me tomó de la mano furioso y me la apretó para que caminara hacia el auto con él.
—Ni se te ocurra abrir la boca —me dijo enojado y seco subiendo al auto.
—Tú no me jodas con decir una palabra, y ve ingeniándotelas para ver como curas esos moretones, porque no seré tu enfermerita.
Sin más que decirle, todo el trayecto hacia la casa no hablamos, al llegar a la casa, metió el auto en el garage y nos bajamos, entramos a la casa y Nick fue directo hacia la cocina para tomar una bolsa con hielo y ponérsela contra el pómulo y el ojo.
—¿Te... te duelen? —le pregunté queriendo hablarle.
—Qué pregunta más estúpida —me contestó seco.
—No debiste golpearlo.
—¿Y pretendías que dejara que me humillara? Cuando me joden demasiado me sacan de mis cabales.
—Eres un bruto, todo lo quieres arreglar a golpes y sabes bien que los golpes no llevan a nada bueno.
—¿Estás de sermonera hoy? No necesito tus estúpidos consejitos, soy hombre y arreglo las cosas a golpes si no puedo arreglarlas con palabras.
—Por eso no eres decente, eres un macho bruto —le dije burlándome de él y más enojado se puso.
—No me sigas jodiendo porque soy capaz de tirarte sobre ésta mesa y abrirte las piernas —me dijo perverso mientras me miraba penetrantemente a los ojos.
—¿Quieres que te deje marcado los cincos dedos o los diez dedos de mis manos? ¡Eres un bruto! ¡No soy una puta como con las que estuviste antes! —le grité enojada por su comentario y le estrellé la bolsa de hielo contra su pómulo golpeado.
—¡Michelle! —me gritó enardecido por haberle tirado la bolsa en el lugar donde le dolía y se levantó de la silla poniéndose frente a mí.
—Me voy a dormir —le dije y me bloqueó el paso con su brazo—, déjame pasar —le contesté nerviosa.
—Me has sacado de quicio —me respondió mirándome a los ojos y poniendo sus brazos a los costados de la mesa para no dejarme pasar.
—Vaya... no sabía que te quedaba tan bien la sombra morada —le dije burlándome de él y riéndome—, pero el rubor yo sabía que era rosa o tostado no morado —le volví a decir riéndome.
—Te gusta reírte de mí, ¿no?
—Sí —le contesté sonriéndole con burla.
—A ver si te sigues riendo con lo que sucederá a continuación —me respondió posando sus dos manos en mis mejillas y me dio un beso posesivo.
Su beso era intenso y abrasador, sintiendo pasión en el mismo, su lengua entraba y salía al tiempo en que su boca se movía contra la mía. Me aprisionó más contra él pasando sus manos y brazos por mí cintura y espalda y yo pasé mis brazos y manos alrededor de su cuello. Acaricié su mejilla golpeada y nos separamos a escasos centímetros uno del otro, besé su ojo y su mejilla amoratados.
—¿Tienes alguna crema para los golpes?
—Sí, en el baño de mi habitación.
—Vamos entonces —le dije tomándolo de la mano y tiré de él para que caminara.
Subimos y él me hizo entrar a su habitación y luego él entró cerrando la puerta.

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#26

CAPÍTULO 23

—¿Me curaras los moretones? —me preguntó curioso.
—No debería, pero lo haré, así que ve a buscar esa crema —le dije y esperé en la habitación.
—Aquí la tienes —me dijo entregándomela.
—Siéntate —le contesté y así lo hizo.
Abrí el pomo, y me senté en sus muslos, apreté el envase y salió un poco de crema la puse en el dedo índice y luego se lo pasé en sus moretones. Le masaje las zonas de los golpes hasta que la pomada penetró en su piel.
—Creo que no te dolerán más, creo que la crema tiene sedante.
—Está bien, gracias —me dijo mirándome a los ojos.
—De nada —le contesté y traté de levantarme pero Nick me lo impidió.
—Dame un beso —me pidió y se lo di.
—¿Ya?
—Otro más —me volvió a pedir y le di otro.
—Basta, ya está.
—¿Duermes conmigo?
—¿Te has vuelto loco?
—El anillo que tenemos nos ata a algo.
—No todo es relaciones sexuales, así que no pienses que aceptaré.
—No pido que tengamos relaciones... por ahora... solo te estoy pidiendo que duermas conmigo, lo que te pido es dormir, no tener sexo, por favor, ya va siendo hora que te acostumbres a dormir conmigo, a compartir la cama conmigo.
—¿Por qué quieres dormir conmigo?
—Porque quiero sentir tu calor y tu aroma, porque quiero tenerte cerca, quiero verte cada mañana que despierto junto a mí y quiero verte cada noche cuando me voy a dormir en mi cama.
—¿Estás seguro que eso quieres? —le pregunté insegura.
—Sí.
—Está bien, entonces me iré a poner el pijama y vendré a dormir contigo —le respondí sonriéndole y él me sonrió.
Minutos más tarde de haber salido de mi habitación entré a la suya cerrando la puerta detrás de mí.
—Me gusta el pijama que tienes puesto.
—Gracias, las chicas me lo compraron y dijeron que el fucsia me queda bien.
—Estoy de acuerdo con ellas —me contestó quitándose su jean y yo me sonrojé mirando hacia otro lado- no puedo creer que te ruborizas al verme en bóxer.
—Nunca he visto un hombre en bóxer —le respondí y se asombró por mi respuesta.
—¿Quieres que me ponga el pantalón del pijama así te sientes más cómoda?
—No, debo acostumbrarme, ¿puedo acostarme ya? ¿O quieres que te espere a que te acuestes tú primero? —le pregunté sin saber qué hacer.
—Michelle ven aquí —me contestó y yo me acerqué a él—, haz lo que quieras dentro de la habitación, no tienes ni que pedirme permiso ni preguntarme nada, ¿me has entendido?
—Sí, ¿te ha pasado el dolor de los golpes?
—Sí, un poco, pero si me das un besito se me pasarán los dolores —me dijo sonriéndome travieso.
—No estás acostumbrado a pedir besos, simplemente los robas.
—Entonces quieres eso.
—Sí —le respondí con firmeza.
—Ok, luego no te quejes de que tenga ganas de besarte a cada rato —me respondió y se inclinó para quedar a escasos centímetros de mi rostro y comenzó a besarme pasando sus brazos y manos por mi cintura y acariciando mi espalda y yo enredé mis brazos y manos alrededor de su cuello—, no te haces una idea de las terribles ganas que tengo de tocarte de todas las maneras posibles —me dijo mientras me besaba y aferraba mis mejillas y cuello en sus manos.
—¿Y cómo te gustaría tocarme? —le pregunté provocándolo y emitiendo una pequeña risita.
—De todas las maneras habidas y por haber, no me provoques porque sabes que perderás, la cama está a solo un paso y mis manos son demasiado rápidas y fuertes para que puedas detenerlas.
—No te tengo miedo.
—¿Segura? —me preguntó mirándome a los ojos penetrantemente.
—Sí, segura.
—¿No te asustarás si te levanto en mis brazos y te llevo a la cama?
—No —le dije mirándolo a los ojos y me levantó en sus brazos.
—Te he dicho que te levantaría en mis brazos para llevarte a la cama, ahora pasará lo que yo quiera que pase —me dijo recostándome en su cama ya desarmada y él encima mío—, tendremos un poco de intimidad —me contestó y procesé lo que esa palabra significaba y se me pusieron vidriosos los ojos—, no... no llores, por favor... shhhhh... Tranquila —me decía mientras posaba sus dedos en mis labios para que no llorara y para que me quedara tranquila—, no pasará nada, no soy una bestia, note pediré nada de eso, solo habrá caricias y besos —me respondió dulce y vi sus ojos de color azul con un dejo de violeta por la luz que desprendía el velador de su mesita de luz.
—Perdóname Nick, sé que lo quieres desde hace tiempo atrás, te dejaré tocarme si no eres bruto.
—No quiero que me pidas perdón, cuando sé que algo es bueno espero el tiempo que sea necesario, por lo tanto quiero ser el único en tu vida.
—¿No estás enojado o no te molesta que sea así?
—¿Virgen? —me preguntó y yo me ruboricé asintiendo con la cabeza—, nunca me he encontrado y nunca he conocido a alguien como tú, por eso quiero esperar, quiero que sea especial para ti y para mí, quiero que sea especial para ambos.
—Me haces sentir mal con lo que me dices —le dije y quité una lágrima que estaba por derramarse por una de mis mejillas.
—¿Michelle por qué dices eso? A mí no me parece malo, al contrario, en parte si tu padre no te hubiera hecho así, nunca hubieras venido a USA, y nunca te hubiera conocido, y estoy seguro que será hermoso hacerlo contigo, ¿me entiendes a lo que me refiero?
—Sí —le respondí en un susurro mirándolo a los ojos y él se acercó a mí para besarme tierno y dulcemente.
—Te amo pequeña princesa.
—Yo también te amo.
Volvió a besarme muy tiernamente, una de sus manos acariciaba mi cabello y la otra acariciaba una de mis mejillas y el cuello, por mi parte mis manos las tenía una contra uno de sus brazos y la otra en una de sus mejillas acariciándolo. Descendió por mi cuello a besos lentos, pausados y ardientes incluyendo su lengua algunas veces. La mano que tenía en mi cuello, fue bajando hacia mi pecho pasando por el volumen de uno de estos, siguió bajando hasta acariciar la curva de mi cintura y la curva de mi trasero. Metió su mano por debajo de la blusa del pijama y posó su mano en el pecho apretándolo y masajeándolo. Me sobresalté pero me dejé llevar. Aparte de sus brazos que acariciaba, empecé a pasar mis manos por su espalda tímidamente, me cohibía estando en aquella situación, tan cerca el uno del otro. Pero me gustaba la manera en cómo me tocaba y en cómo su boca y lengua exploraban mi cuerpo.
—Espera —le dije sentándome en la cama y él me miró desconcertado—, quítame la blusa del pijama —le contenté dudando.
—¿De veras? —me preguntó sorprendido.
—Sí —le dije y posó sus manos en el ruedo de la blusa para quitármela por la cabeza.
—Nunca pensé que llegarías a ser así —me respondió entrecortadamente.
—¿Así como? —le pregunté confundida.
—Tan bella —me respondió y yo me ruboricé.
—No puedes decir eso cuando no has visto casi nada.
—Te aseguro que lo demás que escondes me encantará —me dijo y me abrazó por la cintura para acostarme en la cama—, relájate —me decía mientras me acariciaba—, qué piel tersa y suave —dijo mientras lo veía que pasaba sus dedos por la curva de mi cintura, mi vientre y luego por uno de mis pechos—, perdóname por ser tan apurado —me contestó y sin esperarlo posa su boca en uno de mis pechos sintiendo su aliento.
—¿Nick qué haces? —le pregunté nerviosa y tensa.
—Quiero que te quedes tranquila, lo disfrutarás —me respondió y lamió el pezón y luego el pecho.
—Espera Nick... —le dije pero no me hizo caso, me arqueé y gemí al sentir sensaciones que me estaba proporcionando que nunca antes había sentido—, Nick ya detente —le dije sintiendo mí otro pecho en su boca y yo posé una de mis manos en su cabello.
Besó y lamió casi todo mi cuerpo, desde el cuello hasta el vientre, deteniéndose casi siempre en mis pechos y mientras los chupaba los masajeaba.
—Sabes delicioso —me contestó entrecortadamente y queriendo seguir más.
—Nick quiero que pares por favor —le respondí y él al parecer salió de su trance y se incorporó.
—Perdóname —me dijo y se dio cuenta que su entrepierna estaba endurecida.
—No te preocupes, has sido muy lindo conmigo.
—Me alegro, pero por favor tápate —me dijo y bajé mi mirada hacia la mano que tapaba su entrepierna y me ruboricé y Nick se dio cuenta—, así es, me has provocado lo que tus ojos ven en mi entrepierna, será mejor que me de una ducha —me dijo dándose vuelta y levantándose de la cama.
Apenas me tapé, poniéndome otra vez la blusa del pijama, me acomodé mejor en la cama y me cubrí con las sábanas y el acolchado. Diez minutos después salió y se metió dentro de la cama.

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#27

CAPÍTULO 24

—¿Nick? ¿Puedo así? —le pregunté poniendo uno de mis brazos y mano sobre su hombro y apoyándolo sobre su pecho.
—Sí —me respondió cortante.
—Nick, dime de verdad si te molesta que esté tan cerca de ti, no me enojaré, lo entenderé.
—No te preocupes, no me molesta que estés tan cerca de mí, me gusta —me dijo poniéndose de costado para verme y pasando su brazo por mí cintura y atrayéndome más hacia él—, mejor vamos a dormir.
—Está bien —le dije dándole un beso en la boca efusivamente y luego me separé ruborizándome.
Él me sonrió y me dio un beso bastante más intenso, me acurrucó más contra él y nos quedamos dormidos. Dos días después, más precisamente el lunes, mientras Nick estaba en el estudio con los demás, alguien llamó a la casa. Era Lynne, la mujer de Howie.
—Hola Michelle, ¿cómo estás? Perdona si te he despertado.
—¡Hola Lynne! Yo bien, ¿y tú? No te preocupes ya estoy despierta desde hace bastante, como sabes debí prepararle el desayuno a Nick y aproveché en desayunar yo también.
—Me parece bien entonces, yo también estoy bien gracias, te llamo porque tengo una propuesta para hacerte.
—¿Una propuesta? ¿A mí?
—Sí, a ti, no te sorprendas porque te lo digo de verdad, no lo he tenido que pensar demasiado, me he dado cuenta que tienes algo innato dentro tuyo y quiero que lo explotes al máximo.
—Sinceramente no te entiendo de lo que me estás hablando.
—Prefiero que lo hablemos todas en persona, ¿te parece?
—De acuerdo, dónde quieres que nos encontremos.
—¿Recuerdas la cafetería donde fuimos el día de tu cambio de look?
—Sí.
—Pues ahí, ¿que te parece a las cuatro de la tarde?
—De acuerdo, allí estaré, nos vemos.
—Nos vemos —me dijo y cortó la llamada y yo colgué también.
Dos horas después, Nick llegó a la casa y yo no había preparado nada para el almuerzo porque nunca venía a comer.
—¿Qué haces aquí? —le pregunté desconcertada.
—Aquí es donde vivo —me respondió riéndose y acercándose a mí para darme un beso en los labios.
—Ya lo sé, pero, ¿por qué has venido a ésta hora?
—Porque nos tomamos un descanso de unas horas y vine a almorzar aquí, no te preocupes por la comida, yo la traje.
—Ah jajaja, mejor, porque no he preparado nada.
—Lo sé, nunca vengo a comer, así que he traído sushi.
—¿Sushi? —le pregunté intrigada- nunca lo he probado.
—Pues hoy lo probarás.
—¿Es rico?
—A mí me gusta y espero que a ti también.
—Espero —le dije limpiando la mesa y ya preparándola para almorzar.
—¿Y qué has hecho?
—Nada, hace un rato terminé de hablar por teléfono con Lynne, la mujer de Howie.
—¿Y de qué hablaron?
—Qué curioso, solo quería decirme que nos encontraremos en una cafetería para hablar.
—Está bien, ¿y a qué hora?
—A las cuatro de la tarde.
—Justo la hora que me toca a mí ir al estudio, pues te llevo.
—Puedo irme en taxi.
—Insisto en llevarte.
—¿Acaso desconfías de mí? ¿Crees que en verdad no me encontraré con las chicas?
—Te creo.
—¿Entonces por qué no me dejas tener mi espacio? Quiero empezar a no depender de ti siempre.
—Pues a mí no me molesta llevarte a donde quieras ir.
—Pues a mí me incomoda tener que pedirte que me lleves a todos lados, tú tienes tu espacio, pues entonces déjame tener el mío también.
—No te digo que no quiero que tengas tu espacio, solo quiero llevarte, me das tantas vueltas que en verdad estoy por creer que te irás a encontrar con Spencer.
—Pues si me encontraría con él, ¿¡qué!? Es un amigo más que tengo, es un amigo como también lo son Brian, Howie y Alex y también Kevin, ¿por qué no?
—No me interesa que seas amiga de ellos, no me gusta que seas amiga de Spencer.
—Los chicos son hombres, también podrías pensar mal al igual que piensas mal de Spencer.
—Los chicos tienen sus cosas, no se fijarían en ti como mujer para lo que pienso, en cambio Spencer revolotea a tu alrededor desde que te conoció.
—Pues, si tengo que decirte algo, fue el único que se acercó a mí en verdad aún teniendo el aspecto que solía tener y tú solo te reías y te burlabas de mí —le contesté sarcástica y seria a la misma vez.
—Pues me importa un carajo lo que haya pasado antes, solo te digo que si se acerca más de la cuenta a ti, le romperé la cara como se la rompí la noche en el club nocturno y a ti te digo que no me verás la cara de estúpido —me dijo sentándose en la silla.
—Tú y Trish me veían la cara de estúpida, ¡tú me engañabas delante de mis ojos! ¿Sabes lo que se siente saber que con el que supuestamente estás casada se besa con otra delante de ti? ¿Sabes lo que se siente Nickolas? ¡Deseas no haberlo conocido nunca, así que no me vengas con escenitas de celos y ni tampoco me vengas con que crees que estoy saliendo con Spencer en plan romance idiota! ¿Me has entendido? —le pregunté mirándolo a los ojos aturdido.
—Sí, te he entendido —me respondió.
No hablamos más del tema y almorzamos tranquilos, resultó agradable el sabor del sushi en mi boca y mientras comíamos tratábamos de conversar calmados. Luego de terminar de almorzar y yo de lavar, secar y acomodar todo, se hicieron diez minutos para las cuatro en punto de la tarde, me acerqué al teléfono de la sala, y me senté en uno de los sillones mientras tomaba el tubo y marcaba a una agencia de taxis. Antes de que me atendieran, se cortó la llamada. Miré de reojo y vi una de las manos de Nick sobre el teléfono y el dedo índice sobre uno de los dos colgados.
—¿¡Por qué no te metes el dedito en el... bolsillito!? —le grité histérica.
—Me gusta tener el dedito hurgando por todos lados —me dijo riéndose.
—Pues a mí me molesta tu dedito en mis cositas.
—Pues a mí no, hace dos noches atrás no me decías lo mismo con respecto al dedito, éste dedito y todos los demás, más mis manos estaban sobre tu cuerpo y no dijiste en ningún momento que las quitara de encima de ti.
—¡Cómo te gusta mezclar las cosas eh! Me sacas a veces! ¿Qué quieres ahora? —le pregunté seria mirándolo a los ojos.
—Decirte que te llevo.
—A veces me jodes la paciencia, ¿lo sabías? —le pregunté sarcástica dándole una sonrisa mientras le daba palmaditas suaves pero un tanto fuertes en una de sus mejillas.
—No, no sabía que a veces te jodía la paciencia, pero aún así joderé tantas veces hasta que vea que me saldré con la mía, así que busca lo que tengas que llevar que nos vamos —me dijo y yo lo fulminé con la mirada y luego subí las escaleras para entrar a la habitación donde tenía mis cosas y buscar una cartera y un saquito.
Mientras yo buscaba dentro del clóset la cartera y el saquito, Nick entró a la habitación y se puso detrás de mí y me abrazó por la cintura mientras corría mi pelo del cuello y lo besaba.
—¿Cuándo tendremos una noche de intimidad? Eres mala en haberme dejado perturbado hace dos noches atrás.
—No soy mala, soy justa.
—No eres justa, me tienes realmente mal Mich.
—Ay pobrecito de Nick, está sufriendo —le dije riéndome.
—No te rías, es la verdad, eres mi mujer.
—Pues que lo sea no quiere decir que yo tenga ganas de estar contigo —le contesté soltándome de él—, ya encontré las cosas que buscaba, nos podemos ir.
—Está bien —me respondió resignado y salimos de la habitación cerrando la puerta detrás de nosotros.
Bajamos las escaleras, salimos de la casa, Nick cerró con llave la puerta principal y subimos al auto, él me dejó en la cafetería a las cuatro de la tarde en punto y él luego se fue al estudio donde lo esperaban los demás.

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#28

CAPÍTULO 25

—Justo a tiempo, eres muy puntual.
—Es que me tenías muy intrigada jaja.
—Pues mejor así, creo que te gustará la idea que tenemos en mente.
—¿Y cuál es la idea? —les pregunté mirando sus rostros.
—¿Te gustaría trabajar?
—Pues, nunca trabajé.
—No tienes que ser experta.
—Mira... te contaremos lo que hemos ideado, las chicas y yo creemos que nos serías de gran ayuda estar en el local que queremos comprar.
—¿Qué? No estoy entendiendo nada de verdad.
—La cosa es así, queremos que formes parte del negocio que emprenderemos entre las cuatro y tú.
—¿Emprender un negocio?
—Sí, de ropa femenina, empezaríamos desde el comienzo, o sea buscar un espacio, ver su precio, comprar el que más nos conviene, y de ahí, ver el nombre de la tienda, la imagen, etc etc, es decir todo lo que implica un local, y luego la ropa y más adelante la inauguración del mismo.
—¿Quieren que esté con ustedes en este proyecto también? —les pregunté sorprendida.
—¡Es obvio! Por algo te lo estamos diciendo jaja.
—¡Gracias! De verdad, no sé qué decirles, es decir, nunca me ofrecieron ser parte de algo y les agradezco esto que están haciendo por mí.
—Lo hacemos por ti y en parte para nosotras, para tener nuestras cosas y espacios, creo que al llevarnos bien entre las cinco, es bueno tener algo entre todas.
—Volviendo a lo que nos habías dicho Mich, no tienes que agradecernos nada, solo nos gustaría que aceptaras estar con nosotras.
—Me encantaría ser parte de esto —les dije contenta con una sonrisa de oreja a oreja.
—Nos alegra oír eso —me respondió con una sonrisa.
Una vez que me comentaron aquella grandiosa idea de realizar un negocio juntas, la tarde la pasamos ideando cosas, pensando nombres, dónde podríamos tener la ubicación de la tienda, y sobre todo riéndonos, divirtiéndonos y pasándola bien. Luego de dos horas de mucha charla y risas, le mandé un mensaje de texto a Nick diciéndole que me tomaba un taxi para ir a la casa, pero su mensaje fue directo y conciso, ¡Yo te paso a buscar!. Apenas divisé su auto frente a la cafetería, salimos todas, y nos saludamos, cada una subió a su auto y yo subí al de Nick.
—¿Por qué no eres un poquito más delicado en responderme el mensaje de texto? Las exclamaciones no me gustan, parece que me estás gritando.
—Perdón, no fue mi intención hacerte pensar eso, ¿cómo te ha ido con las chicas? —me preguntó queriendo saber el asunto.
—Muy bien, ¿y a ti?
—Bien, lo mismo de siempre, ¿de qué querían hablarte las chicas?
—Sobre cosas de chicas.
—¿Se puede saber?
—¿Por qué lo quieres saber? —le pregunté mirándolo a los ojos.
—Porque me da curiosidad saber lo que te han dicho y porque me intriga demasiado.
—Pues con la duda te quedarás, porque no te diré nada —le respondí sonriéndole.
—No seas mala, dímelo.
—Ok, me ofrecieron estar con ellas en algo.
—¿En qué?
—En un proyecto.
—¿Qué clase de proyecto?
—Mmm... ropa.
—¿Ropa? —me preguntó arqueando la ceja derecha mientras me miraba confundido.
—Ropa femenina.
—¿Lencería? —me preguntó pícaro y con los ojos entrecerrados mientras me miraba perverso.
—¡Ay no Nick! ¡Lo tuyo es fijo! ¡Solo sexo! Eres como esos caballos que le ponen esas espantosas especie de aletas para que no miren para los costados, siempre al frente, y tú eres igual, parece que tienes esas cosas, miras al frente porque solo ves y piensas la palabra sexo.
—¡Baja los humos! Si te he dicho lencería, es porque a parte de imaginarme cosas, lo reconozco, tú tampoco me has especificado qué clase de ropa, solo me has dicho ropa femenina, ¡pero sé más explícita nena!
—¡Contigo no se puede hablar tranquilamente! ¡Desde hace días me gritas! ¡No eres mi padre! ¡No soy más la Michelle estúpida!
—¡Sé perfectamente bien que no soy el imbécil de tu padre! Y tú tampoco eres la Michelle de antes, ¡y de eso me he dado cuenta perfectamente bien! —me volvió a gritar mirándome de arriba abajo.
Alrededor de veinte minutos llegamos a la casa, Nickolas apagó el motor del auto y ambos bajamos del mismo. Abrió la puerta y me hizo pasar y luego entró él cerrando la puerta detrás de sí. Subí las escaleras para irme directo a la habitación donde solía dormir, ya que hacía dos noches dormía con Nick. Pero lo que no me esperé fue que detrás me seguía Nick pisándome los talones. Al abrir la puerta y al querer cerrarla, Nick entra cerrando la puerta fuertemente detrás de él, grité por la ferocidad en que vino hacia mí y de la manera en que cerró la puerta de un fuerte golpe, y sin esperármelo me arrincona contra una de las paredes.
—¿Qué haces aquí? Me has asustado —le dije viéndolo sorprendida y con la respiración entrecortada por lo asustada que estaba.
—La pobrecita de Michelle está asustada —me respondió casi en risa.
—¿Qué quieres Nick?
—Sabes bien lo que quiero de ti —me dijo mirándome penetrantemente a los ojos.
—No sé a lo que te refieres —le contesté haciéndome la tonta.
—¿Recuerdas lo que pasó hace dos noches atrás?
—Sí.
—Pues creo que sería bueno terminar lo que hace dos noches empezamos, mejor dicho, lo que hace dos noches te empecé a hacer.
—No insistas Nick, cuando yo lo crea conveniente terminaremos lo que empezamos como tú bien lo dijiste.
—Te estoy esperando mucho, no me gusta esperar mucho, la cosa es que si no me das lo que quiero, comenzaré a buscar para otro lado y no me importará.
—Pues si no te ha importado antes cuando me metías los cuernos, pues creo que ahora tampoco te deberá importar mucho, y mira que he cambiado y demasiado diría yo, ¿no lo crees así? —le pregunté sarcástica y haciéndole notar mi cambio de look.

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#29

CAPÍTULO 26

Me miró detenidamente y comió cada centímetro de mi cuerpo con sus ojos de depredador. Tomó una de mis manos y a pesar de que yo protestara por querer soltarme de él, la acerca a su entrepierna y deliberadamente la posa sobre su miembro.
—¿Lo sientes? ¿Sientes lo que es? —me preguntó con desesperación penetrándome con su mirada.
—Eres un cínico, depravado, y un desubicado en haberme puesto mi mano sobre tu pene —le contesté molesta.
—Pues entonces si soy eso, ¿por qué no la sacas? —me preguntó arqueando una de sus cejas.
—Porque todavía me la tienes sujeta, tonto.
—Pues, tan apretada no te la tengo, así que la podrías quitar de donde te la he puesto, sin embargo creo que te gusta palpar —me respondió riéndose mientras me miraba a los ojos.
—¡No seas imbécil quieres! —le contesté gritándole.
—Entonces quítala —me dijo mirándome a los ojos penetrantemente.
La quise sacar pero él me la apretó más contra su entrepierna.
—¡Tú eres el imbécil que me la está apretando más contra tu intimidad! —le grité enojada y algo acalorada.
—Me gusta —me dijo riéndose mientras se acercaba más a mí para besarme.
—¡No seas descarado quieres!
—Eres mi mujer, seré descarado cuanto quiera.
—Pues entonces te lo patearé y de la patada que te daré que el equipo completo te llegara a tu garganta —le respondí sarcástica.
—Estoy seguro que no eres capaz de hacer tal cosa —me dijo acercándose más a mi rostro.
—¿Quieres probar? —le pregunté arqueando una de mis cejas—, ¡tengo las agallas para hacerte lo que quiera! No me lo pienso dos veces como tú.
—Hazlo —me desafió y yo no lo pensé dos veces.
Apenas levanté la rodilla, él me la sujetó con una de sus manos contra su cintura y apretó su intimidad contra la mía.
—Asqueroso, degenerado.
—¿Asqueroso? ¿Degenerado? —me dijo formulando preguntas con esas palabras mientras se reía de éstas—, creo, que es una posición muy cómoda para tener relaciones —me contestó mientras me taladraba con su mirada en la mía y tenía apoyada su frente contra la mía también.
—¿No quieres que te cuente del proyecto? —le pregunté otra cosa esquivando su pregunta atrevida.
—Es tarde, mejor hagamos otras cosas —me respondió riéndose pícaramente mientras se inclinaba para besar mi cuello.
—Otro día las haremos, ahora, quiero contarte sobre el proyecto que tengo con las chicas, me han ofrecido ser parte de su equipo —le contesté tratando de soltar una de mis piernas de su cintura que todavía me la sujetaba fuertemente con una de sus manos—, quiero bajar mi pierna, ¿me la devuelves? —le pregunté sarcástica.
—Está bien —me dijo soltándola.
—Gracias.
—De nada, tú ganas, pero no por mucho tiempo —me respondió riéndose.
—Quieren lanzar una línea de ropa femenina y me llamaron porque quieren que esté con ellas, ¿qué dices? —le pregunté volviéndole a esquivar aquel comentario tan tonto que me había dicho.
—¿Qué digo de qué? —me preguntó mirándome a los ojos.
—Qué dices con respecto a eso que me dijeron las chicas, o sea el estar con ellas.
—No me tienes que preguntar nada, eso lo tienes que decidir tú, si a ti te gusta la idea que te han dicho las chicas entonces hazlo.
—¿De verdad? —le pregunté asombrada mirándolo a los ojos.
—Sí, ¿por qué me lo preguntas tanto? —me preguntó curioso e intrigado.
—Porque quería saber si estabas de acuerdo en que empezara a hacer algo, ya sea sola o con las chicas.
—Eres libre de hacer lo que quieras y lo que deseas.
—¡Gracias! —le respondí lanzándome en sus brazos contenta.
—De nada —me dijo desconcertado—, quieres de verdad hacer algo, ¿no?
—Sí, aunque no esté sola en el proyecto por lo menos tengo algo en sí propio y estoy muy entusiasmada con la idea y con los planes que ya me han contado.
—Entonces forma parte del grupo.
—Igual ya les he dicho que sí —le dije sonriéndole mientras lo miraba a los ojos.
—¿Mira si te decía que no? —me preguntó riéndose.
—Aún así lo hacia igual, ni tú ni nadie me detendría en hacer algo que quiero.
—Me gusta como piensas —me respondió inclinándose a mí y dejando a escasos centímetros su boca de la mía—, pero ahora, quisiera algo mucho más concreto que la vez anterior —me dijo y posó sus labios en los míos y comenzó a besarme.
—¿Algo más concreto como qué? —le pregunté mientras me besaba y yo lo besaba también.
—Quizás con mucha menos ropa de por medio.
—Con ropa interior.
—Sin la ropa interior, desnudos dentro de la cama y si no quieres no pasará nada, aunque tenga que poner luego el equipo completo, como bien lo has llamado, dentro de un cubo con hielos —me dijo mientras me seguía besando con ansias.
—Por eso quiero con ropa interior, así no te pones como ya te estás poniendo —le contesté riéndome mientras nos besábamos.
—No importa, quedémonos desnudos por favor, ¿tanto tiempo me negarás?
—No lo sé todavía cuánto tiempo te negaré, quizás falta muy poco para que no te niegue más —le dije riéndome.
—Te gusta tenerme así, ¿no?
—Sí, demasiado y de acuerdo, nos meteremos en la cama desnudos, si tanto insistes, así lo tendrás.
—Gracias —me dijo sonriéndome y mirándome a los ojos.
—De nada —le dije sonriéndole y mirándolo a los ojos también.
Nick comenzó a sacarse la chaqueta, la camisa y las dejó sobre una silla, se quitó las zapatillas, las medias y luego sus jeans que los dejó en la silla también y sin esperarlo se baja su bóxer de color negro. Al verlo con el trasero al aire, abrí desmesuradamente los ojos y me di vuelta poniéndome roja de la vergüenza.
—Qué delicado, la delicadeza hecha hombre —dije irónica sin querer darme vuelta para mirarlo.
—No me digas que tienes vergüenza de verme desnudo —me dijo sorprendiéndose.
—Pues sí, ¿qué quieres? Nunca he visto a un hombre desnudo, ¿o creías que sí? —le pregunté seria.
—Me supuse que nunca has visto a uno, pero tampoco es para que te pongas así, ahora faltas tú.
—Métete en la cama primero y luego yo iré.
—Está bien —me contestó y así lo hizo.
Desarmó la cama y se metió debajo de las sábanas y el acolchado. Tomé una bata del clóset y caminé hacia el baño.
—¿A dónde crees que vas con esa bata y tan apurada? —me preguntó arqueando una de sus cejas.
—Al baño a ponerme la bata.
—Nada de eso, deja esa bata donde estaba y quiero verte mientras te desnudas, es lo más justo, ¿no lo crees así? Tú me has visto desvestirme, ahora es mi turno de verte cómo te desvistes.
—Me es incómodo y me da vergüenza.
—Te sacaré esos pensamientos tontos, vamos, desvístete —me respondió mirándome a los ojos y sentándose cómodo en la cama.
Dejé la bata donde la había encontrado dentro del clóset y me di vuelta para mirarlo y empecé a desvestirme. Me saqué los accesorios que combiné con la ropa que tenía puesta y los dejé sobre el tocador que tenía, me quité los zapatos de color azul Francia de taco alto, me desabroché el pantalón ajustado azul también con rayas rojas y de cintura alta y lo bajé por completo, lo dejé sobre los pies de la cama, y luego me quité la blusa de seda roja con volados en la parte del cuello y el pecho.
—Me quitaré la ropa interior dentro de la cama.
—No, te la tendrás que quitar justo donde estás parada ahora mismo.
—No seas así Nick.
—No soy de ninguna manera, quiero verte como te sacas la ropa interior también.
—Está bien —le dije sin darle más vueltas.
Llevé mis brazos y manos hacia la espalda y desenganché el sostén, me bajé los breteles y me quité por completo el brassier de encaje y bordado.
—¿Sigues estando inconforme?
—Sí, te falta la tanga.
Posé mis manos en la tira de cada costado de las caderas, y de a poco y con mucha vergüenza teniendo mis mejillas por demás rosadas, comencé a bajar la tanga azul Francia de encaje y bordada que hacia juego con el sostén. Una vez que estaba en los pies, me moví un poco para terminar de sacarla por completo y al volverme a erguir llevé una de mis manos hacia mi entrepierna por pudor y con la otra mano dejé la tanga sobre los pies de la cama, como lo hice con el brassier.
—Si no quitas tu mano de allí, me levantaré de la cama y ya sabes bien qué verás que al parecer tú no quieres ver.
—¿Es una obligación verlo?
—No, pero creo yo que una pareja se debe conocer por completo, sin vergüenza, sin pudores, solamente estar conforme con lo que ve en el otro y que se sientan cómodos cuando están desnudos uno frente al otro o bien en la intimidad.
—Me gusta como hablas —le dije sonriéndole y él correspondió a mi sonrisa.
—Vamos, quita tu mano de ahí, quiero verte por completo, he esperado por mucho tiempo el verte totalmente desnuda —me dijo y me atreví a sacar mí mano de allí.
—¿Ahora estás conforme?
—Sí, ahora sí lo estoy, ven a la cama —me contestó, apagué la luz y él encendió el velador de su mesita de luz.
Sabía bien que mientras caminaba hacia la cama, Nick no me quitaba sus ojos de encima de mí y sabía bien que lo que tenía debajo de las sábanas y acolchado estaba reaccionando a lo que sentía. Apenas me metí dentro, me tapé hasta el cuello.

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#30

CAPÍTULO 27

—Antes de dormir, quiero que hagamos algo —me respondió acercándose a mí.
—¿Algo? ¿Como qué? —le pregunté curiosa.
—Que nos acariciemos.
—Eso implicará que te toque tus partes íntimas.
—Si tú quieres sí, si no, no, no te obligaré a hacerlo si no quieres, ya vi que me has costado bastante para que te desnudaras ante mí.
—No es eso Nick, es que me da vergüenza desnudarme delante de ti, nadie me ha visto desnuda salvo yo misma y sabiendo que un hombre me mira no me es muy cómodo que digamos.
—Lo sé, pero eso debe cambiar, debes comenzar a sentirte cómoda.
—Sí, lo sé, ¿ahora podemos dormir?
—¿Vamos a dormir? —me preguntó arqueando una de sus cejas.
—Sí, ¿o qué pensabas hacer?
—Lo que te he dicho antes.
—¿Y qué era lo que me habías dicho antes?
—Michelle no te hagas la tonta.
—Pues no haremos nada de nada.
—Por favor acariciémonos.
—Nick te he dicho que no, no me insistas, cuando crea conveniente nos acariciaremos y haremos el amor.
—Pero lo quiero ahora o dentro de poco.
—¡Basta Nick! —le grité molesta por su insistencia.
—Michelle te lo suplico, estamos casados.
—Sí, por civil, no por iglesia.
—¿Acaso no te conformas con que estés casada conmigo por civil?
—No, quiero por iglesia también y quiero una linda y gran fiesta, si me pides que me case contigo por iglesia, tendré relaciones sexuales contigo, de otra manera no tendré nada contigo.
—Pues te quedarás con la ilusión de casarte por iglesia —me contestó molesto y seco.
—Entonces tú perderás porque no me verás más desnuda, ni siquiera tendrás relaciones conmigo.
—Pues entonces lo siento por ti pero buscaré a otras que si quieran darme lo que necesito.
—Me has dicho que nunca más me irías a engañar
—Es verdad, te lo había dicho, pero no me quedaré atado por siempre a una sola mujer, antes que nada has sido mi amiga, a la que le contaba siempre todo y de un día para el otro podrías dejar de ser mi esposa y volver a ser mi amiga
—¿Acaso no te ha gustado lo que has visto de mí, que tienes que buscarte a otra? —le pregunté decepcionada.
—Michelle si tú no me das lo que quiero me buscaré a otra, no me importa si me ha gustado tu cuerpo desnudo, así qué, ya estás advertida —me respondió serio mirándome fijamente a mis ojos y salió de la cama, poniéndose su bóxer y salió de la habitación dando un portazo.
—¡Nick espera! —le grité para que me escuchara pero no me hizo caso.
Yo también salí de la cama, me volví a colocar la tanga, un camisón y salí de su habitación para ir a buscarlo. Me di vuelta en la dirección donde había una terraza que daba al jardín trasero y lo divisé allí, apoyando sus manos sobre la baranda del balcón. Caminé hacia allí, abrí la puerta y le hablé.
—Nick... —le emití pero antes de seguir con lo que le iba a decir, él me habló primero.
—No quiero que me digas nada, no quiero tus excusas ni tus pretextos, me he cansado de esperarte, desde que te han trasformado me estás volviendo loco y tú siempre pones una buena barrera entre los dos, siempre has preferido a Spencer.
—¡Eso es mentira! ¡Nunca lo he querido, me aferré a él cuando tú ni siquiera me veías como mujer!
—Pero después de que te habían transformado, lo seguiste viendo, seguiste hablando con él, ¡me he peleado con él por ti! —me gritó mirándome a los ojos enfurecido.
—Porque quería que me miraras de diferente manera, quería que te fijaras en mí como tu mujer, no como tu amiga.
—¿Y te crees que no lo he hecho desde que te han cambiado tu look? —me preguntó sarcástico.
—Solo querías acostarte conmigo a partir del cambio de look.
—¡Porque eres mi mujer! —me volvió a gritar molesto.
—Vayamos adentro si quieres gritar, pero aquí afuera no, los vecinos se molestarán.
—No pienso moverme de aquí —me dijo rotundamente.
—De acuerdo, entonces después no te quejes si llaman a la policía por causar disturbios a altas horas de la noche, retomando lo anterior que me habías dicho, si querías que fuera tu mujer, entonces debiera haber sido a partir del casamiento por civil.
—Eras horrible Michelle, no podías pretender que me acercara a ti en cómo te veías —me contestó directo y a mí se me pusieron vidriosos los ojos por lo directo que había sido en decirme aquello.
—Lo sé, pero no me puedes negar que me tenías encerrada aquí dentro, no querías que saliera a conocer gente, Spencer me conoció estando horrible, Spencer me quiso ver muchas veces más siendo horrible, a él no le importaba si lo veían en público conmigo pero tú me negaste cuando estaba horrible, tú me habías negado el salir contigo cuando te pedía permiso si podía acompañarte, sé que era una estúpida por preguntarte siempre eso, ¿pero sabes por qué? Porque estaba ciega de amor por ti y lo sigo estando como una estúpida, tú solamente me quieres en tu cama, solo me has sacado dos veces y nunca más, solo me sacaste como cuando sacas a una perrita a hacer sus necesidades y volverla a meter dentro de la casa y cuando me sacas pareces que estás mostrando un trofeo y no a tu mujer, no quieres que ningún hombre ni nadie se acerque a mí, solo debes estar tú a mi lado.
—No te negué que salieras cuando quisieras.
—Solo cuando me invitan las chicas, pero tú no me invitas a ningún lado y yo tengo ganas de salir contigo, no te pido que me regales algo, solo te estoy diciendo que quiero salir contigo, nada más.
—¿No te basta con vivir en ésta casa?
—¿Por qué no quieres que te acompañe a algún lado? ¿Por qué no quieres que salga contigo? ¿Por qué nunca me invitas a salir o a ir a algún lugar? Si nunca me has preguntado esas cosas es porque tienes a otra —le respondí y tomó aquellas palabras a su favor.
—Si tú no me das lo que quiero, se acabó todo entre nosotros.
—Primero nos casamos por iglesia y luego te daré lo que tanto quieres.
—No soy hombre para un para siempre con una sola mujer.
—Si no eres hombre para una sola mujer, ¿por qué te has casado por civil conmigo? —le pregunté decepcionada y confundida.
—Sinceramente, no lo sé —me respondió confundido—, le había contado a Alex que me casaba contigo, porque eras la única que me entendía y que no eras como las demás.
—¿Sabes por qué te entendía y por qué te sigo entendiendo? Porque te amaba y te sigo amando, pero tú dices estar enamorado de mí, dices amarme, pero solo quieres acostarte conmigo, tu objetivo es solo llevarme a la cama.
—¿Qué te piensas que hace una pareja de recién casados, apenas se casan? Tienen relaciones sexuales.
—Cuando se casan por iglesia, sí las tienen.
—¡Basta! ¡Basta con decirme eso! ¡Nunca me casaré contigo por iglesia! Grábatelo bien en tu cabeza, no voy a estar atado para siempre a una sola mujer, ahora me pregunto, tanto que al parecer quieres aplazar más el tiempo de tener relaciones sexuales, ¿acaso no serás frígida? —me preguntó hiriente mirándome a los ojos fríamente.
—¡Las frígidas fueron todas las rameras con las que has salido! —le grité pegándole una cachetada dándole vuelta la cara—, ¡en cambio yo, sigo siendo virgen! ¡Virgen! ¡Imbécil! ¿O será que tú no la sabes usar bien? —le pregunté sarcástica y dolida por las cosas que me había dicho.

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#31

CAPÍTULO 28

Entré a la casa, caminé unos pasos y él enfurecido y todo me toma por la cintura, me arrincona contra una de las paredes y sujeta mis brazos con sus manos fuertemente.
—¿Quieres probar? ¿Quieres comprobar que la sé usar excelentemente bien? —me preguntó acercándose peligrosamente a mi rostro.
—¿¡No seas imbécil quieres!? No tengo intenciones de saber si la sabes o no usar bien, dentro de un mes se vence el papel del registro civil, por lo que si vence el mismo, no tiene validez el matrimonio, si eso quieres, entonces de una buena vez déjame ir de aquí y tú volverás a salir por las noches.
—Tú serás mía y solamente mía y de ningún otro más —me respondió a escasos centímetros de mis labios, sintiendo su aliento caliente abrasándome.
—Pues entonces haz algo para tenerme, o te casas conmigo o me voy de aquí.
—¿Te crees que soy tan estúpido como para casarme y tener una sola mujer? Te has equivocado niñita.
—Entonces quiero el divorcio —le dije seria matándolo con la mirada y ejerciendo fuerza para soltarme de él—, no te esperaré por siempre Nickolas, no vales tanto la pena y si no me quieres contentar en casarnos por iglesia entonces quiere decir que tampoco valgo la pena para ti —le respondí seca y frustrada, yéndome a otra habitación.
Los días pasaron y ninguno de los dos habló sobre el tema y ni sobre ningún otro. Nuestra relación cada vez estaba más cerca del abismo que fuera del mismo. Lo bonito y perfecto que habíamos compartido días atrás, semanas ya, se había esfumado por su parte, pero por la mía todavía seguía ahí, en mi mente como una viva imagen que nunca se dignaba a desaparecer, a borrarse para dejarme de atormentar. Ese mismo día, por la tarde, me llegaron los papeles del divorcio. Había tomado mis palabras al pie de la letra y me lo hizo corroborar con los papeles que tenía frente a mí. Nadie lo sabía, ni los chicos ni las chicas, lo mantuvimos en secreto e hicimos todo lo que debíamos hacer en secreto también. Ninguno de los dos necesitaba a la prensa de por medio y así estaba más que bien. El jueves de esa semana firmamos los papeles y desde aquel momento, ambos volvíamos a ser libres el uno del otro. Cuando salimos de la sala de reuniones, le hablé.
—Espero que estés satisfecho, has perdido a tu mejor amiga y a tu esposa a la misma vez a partir de ahora y para siempre, así que, a partir de ahora, ve a lamentarte a otra parte y a pedirle consuelo a otra persona porque yo no estaré más disponible para ti a ninguna hora del día ni menos de la noche —le contesté y me fui de allí.
Mientras que él debía estar vagando por las calles de la ciudad con su auto, yo estaba en su casa poniendo mi ropa y todo lo mío dentro de un bolso y una mochila, bajé las escaleras hacia la sala y al abrir la puerta de la entrada principal me topé de frente con él. Me vio la mochila colgando sobre mis hombros y en una de mis manos el bolso.
—¿Te vas? —me preguntó confundido.
—¿Qué pretendes que haga Nick? No puedo quedarme aquí viviendo en la misma casa que tú, estamos separados, ¿recuerdas eso? Yo no dependo más de ti y ni tú de mí sobre y para ciertas cosas, así qué, me voy.
—¿Dónde pasarás la noche?
—¿Acaso te importa eso? —le pregunté y vi que Layla, su perra, salía a la puerta principal—, ¿qué pasa Layla? —le pregunté acariciando su cabeza con una de mis manos—, yo también te extrañaré, cuida bien de la casa como cuando nos quedábamos solas por las noches, ¿de acuerdo? Y cuida por sobretodo al dueño de ti y de la casa —le dije y esto último lo dije mirándolo a sus ojos.
—¿Por qué no me retienes? ¿Por qué no intentas siquiera quedarte en la casa o armarme alguna discusión o una buena pelea?
—Porque no te voy a rogar, no soy una mujer que le ruega a un hombre como si fuera el único.
Me fui dejándolo frente a la casa solo, el taxi me estaba esperando en la entrada, abrí la puerta trasera que daba hacia la vereda, metí dentro el bolso y me descolgué la mochila para llevarla en mis mulos, entré, me acomodé y cerré la puerta. Le dije que me consiguiera un hotel decente en donde pasar la noche y allí me llevó. Cuando hube estado ya dentro de la habitación de hotel, pedí la cena y alguien me llamó al celular. Vi la pantalla y era Nick. Por unos instantes había decidido no atender la llamada, pero la canción There's Us me estaba volviendo loca.
—¿Qué pasa? —le pregunté sin preámbulos.
—Brian me ha llamado recién, quiere que vayamos el domingo al medio día a su casa para almorzar, hará una barbacoa.
—No iré, dile que me disculpe e invéntale cualquier cosa.
—Lo siento por ti, pero ya le he confirmado que iríamos.
—¿Te piensas que todavía manejas mi vida o qué? Yo digo que no y punto, no iré y si ahora te has arrepentido pues lo lamento por ti.
—Tú me habías dicho que querías el divorcio.
—Creí que no lo tomarías en serio, pero por lo que he visto, me equivoqué, estabas urgido en deshacerte de mí.
—Sabes bien que eso que me acabas de decir es mentira.
—Es la verdad, te deshiciste de mí, era lo que querías, yo te imponía algo que no estarás dispuesto a hacer nunca, así que has tenido tu oportunidad de ser libre otra vez y no te culpo, ningún hombre estaría dispuesto a esperarme y obviamente menos tú, ¿quieres decirme algo más a parte de esto que me has dicho?
—Dame una buena excusa para el domingo.
—Así como eres experto en deshacerte de mujeres, seguramente serás experto en inventar mentiras —le respondí y corté la llamada.
Al día siguiente una de las chicas me llamó al celular para concretar una reunión sobre el negocio que íbamos a poner juntas. Le dije que no podía ir, que si quería le mandaba a alguna de ellas el diseño que iríamos a poner en común todas. Por lo que más tarde, me fui a un Starbucks para comprarme algún café y de paso enviarle el diseño a una de las chicas para el negocio, recibí un mail de retorno, diciéndome que estaban las demás junto con ella y que la imagen les había gustado a las cuatro y me sorprendí, porque era nula para todo lo que era de decoración, gusto y combinación, tanto de ropa como de cualquier otra cosa. Querían las cuatro el diseño que había hecho y ellas mismas se iban a encargar de registrarlo y todo. También me habían dicho que nos esperaban el domingo para almorzar en la casa de Brian y Letty, y no sabía qué responderles, no sabía mentir, así qué, les dije que nos veríamos el domingo. Cuando terminé de hablar con ellas, pagué lo de Internet en el local y salí de allí. Cuando llegué a donde estaba alquilando, llamé al celular de Nickolas.

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#32

CAPÍTULO 29

—¿Hola? —preguntó una vez femenina.
—Hola, ¿se encontraría Nick? —le pregunté amable.
—¿Para qué lo quieres y quién eres?
—¿Y a ti qué te importa para qué lo quiero y quién soy?
—¡Tiffany! ¡Te he dicho miles de veces que no contestes ni las llamadas ni los mensajes de texto de mi celular! —le gritó Nickolas por detrás y le quitó el aparato de una de sus manos—, ¿hola? —preguntó ésta vez él.
—Hola, perdón que te interrumpa —le dije algo cortada.
—No te preocupes, ¿qué quieres?
—¿Irás el domingo a almorzar a la casa de Brian y Letty?
—Si bien le había dicho que sí, ahora no lo sé todavía, ¿por qué?
—Porque dependiendo de lo que resuelvas iré o no contigo.
—En un par de horas te vuelvo a llamar y arreglamos, hasta luego —me dijo y me cortó la llamada dejándome como una tonta sin terminar de decirle algo más.
Lo esperé durando esas dos horas interminables y me llamó pasados cinco minutos de las dos horas que me había dicho.
—¿Y bien? ¿Qué haremos? —me preguntó apenas lo atendí.
—No lo sé, si bien nadie sabe sobre nuestro divorcio, no son estúpidos para no darse cuenta de la situación, así que si no quieres que se enteren, tendrías que volverte a poner el anillo y yo igual.
—De acuerdo, ¿entonces nos vemos el domingo en la casa de ellos o te paso a buscar? —me preguntó y yo le respondí rápido.
—Yo iré a tu casa, alrededor de las once y media de la mañana.
—Está bien.
—Bueno, nos vemos entonces, chau —le dije y corté la llamada.
La semana había pasado rápido y el domingo alrededor de las once y media de la mañana me presenté en la casa de Nickolas. Me había vestido sencilla, no tenía porqué impactarle a Nickolas, no se merecía nada de mí.
—Hola.
—Hola, ¿cómo estás? —me preguntó amable.
—Muy bien, ¿y tú?
—Muy bien también, ¿nos vamos? —me preguntó nuevamente.
—Sí —le respondí y segundos después subimos al auto.
El trayecto fue denso y silencioso, ninguno de los dos habló, absolutamente de nada. Llegamos en casi media hora, dando ya casi las doce del mediodía. Nickolas estacionó el auto en el cordón de la vereda y luego bajamos. Subimos los escalones de la entrada principal y toqué el timbre de la casa. Nos abrió Letty al instante y nos recibió con una enorme sonrisa en sus labios. La saludamos con un beso en una de sus mejillas, entramos y fuimos hacia el patio trasero. Saludamos a Brian y a Binny.
Éramos los primeros en llegar, Nickolas hablaba con Brian, Letty conmigo y Binny jugaba entretenido. Rato después llegaron los demás y luego de un buen rato más tarde, estábamos almorzando.
—Con Lynne les queremos decir algo —nos dijo Howie—, queremos anunciarles que nos vamos a casar –nos expresó contento y todos los presentes nos alegramos por ellos.
—Y el sábado que viene haremos la fiesta de nuestro compromiso alrededor de las nueve en punto de la noche.
—Felicidades —les dije contenta y levanté el vaso con gaseosa para brindar por ellos.
—Gracias Michelle —me dijeron Howie y Lynne.
—¿Y ustedes cómo están? ¿Cómo los trata la vida de pareja? —nos preguntó Howie.
—Creo que bien, pues bien —le respondí.
—Ay que bueno, nos alegra saber eso —me contestó contenta y sonriéndonos.
—Gracias —le dijimos los dos.
Tres horas después nos fuimos de la reunión, subimos al auto, pero cuando condujo casi tres cuadras, le pedí que me dejara ir caminando hacia donde estaba viviendo ahora. Sin siquiera decirme nada, así lo hizo y yo al bajarme del auto, cerré la puerta del acompañante y me di vuelta, dándole la espalda para tomar el camino contrario.
La mitad de la semana ya había pasado y el mismo miércoles de esa semana, los chicos se enteraron de nuestra separación, ya que vieron en la portada de una de las revistas del espectáculo a Nickolas saliendo de la mano con otra chica, que por supuesto no era yo, de un local de ropa.
—¿Qué es esto Nick? —le preguntó Brian presentándole la revista frente a sus ojos.
—Una amiga.
—¿A una amiga la llevas de la mano? —le preguntó curioso—, es raro, a Michelle siendo tu mejor amiga no la llevabas de la mano, ¿sabe de esto?
—Obviamente que sí —le respondió y Brian arqueó una de sus cejas por lo confundido que estaba.
—No entiendo nada, ¿cómo que ella está enterada de todo esto?
—Pues sí, lo que acabas de escuchar, hace más de una semana nuestro papel del registro civil se venció, por lo que no tiene más valides, no estamos más casados.
—Sigo sin entender nada.
—Me pedía algo que no haría nunca, casarme por Iglesia, así qué, antes de que se venciera el papel del registro civil, me divorcié de ella, ella me dijo que quería el divorcio porque no estaba dispuesta a darme algo que quería de ella, me expresó que si no nos casábamos por Iglesia ella no me daría lo que quería y si no hacia eso, lo de casarnos, quería el divorcio.
—Y tú ni corto ni perezoso se lo diste.
—Sí.
—¿Y ahora cómo estás?
—Me supongo que bien.
—¿Supones que bien? Yo creo que estás mucho más perdido que cuando estabas con Michelle, Michelle era la que te contenía y era tu sostén, ahora vas y estás a la deriva.
—Quisiera que dejemos éste tema de lado, ¿si? No quiero hablar más del tema ni de Michelle.
—Por más que niegues todo, la sigues queriendo, la sigues amando por más que te lo niegues a ti mismo, en vez de presentarle los papeles del divorcio, ¿por qué no se sentaron a hablar como gente civilizada? Se lo podías haber expresado de otra manera, pero como siempre, tu furia puede más que tu calma, tú te piensas que Michelle es como las demás con las que has salido y sigues saliendo, pero te equivocas y ni te atrevas a decirle a Howie que no invite a Michelle a la fiesta de su compromiso con Lynne porque ya sabes bien que ambas son amigas y es más, dudo que no la nombre una de sus damas de honor.
—No puede nombrarla.
—¿Por qué no? Son amigas, es lo más justo y estoy seguro que si Letty la hubiera conocido antes, la nombraba también dama de honor de nuestra boda, ¿cuándo entenderás que no todo gira a tu alrededor? ¿Cuándo entenderás que no todos o la mayoría de las personas a las que conoces no harán lo que tú les digas? Sería bueno que empieces a pensar en lo que harás con tu vida, has perdido a la persona que realmente se interesaba por ti y realmente le importabas como persona y hombre y no como el cantante famoso.

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#33

CAPÍTULO 30

Aparte de Brian, el resto de los chicos se enteraron también de la tapa de la revista y de cómo pasó todo aquello entre nosotros. El viernes con lo poco que me quedaba de dinero, fui a comprarme un vestido para la fiesta de compromiso de Howie y Lynne. Encontré uno sencillo y bonito. No tenía tanto dinero para despilfarrarlo. Así qué, algo de lo que me quedaba de dinero lo aparté para guardarlo y con lo otro me compré el vestido.
El sábado por la noche, alrededor de las ocho y media de la noche, terminé de arreglarme por completo, tomé el abrigo y la cartera haciendo juego con todo lo que tenía puesto y salí del motel donde estaba alquilando la habitación por día, caminé unas cuadras para ir a la estación de taxis y abordé uno que estaba libre. Me dejó frente a la casa al cabo de unos veinte minutos, le pagué y bajé del auto cerrando la puerta detrás de mí, toqué timbre y alguien me habló por el parlante que estaba al lado de la gran reja de alto, entré apenas apretaron el botón eléctrico para que abra la puerta de la reja y antes de cerrarla detrás de mí me la retuvo Nickolas, que venía detrás de mí.
—Perdón, pensé que ya estabas en la casa.
—No, habían dicho a las nueve en punto de la noche, así qué, ya son las nueve en punto de la noche.
—Sí, es verdad —le contesté y caminé delante de él.
—¿Vinieron juntos? —nos preguntó apenas abrió la puerta y nos vio uno al lado del otro.
—No, yo llegué primero y cuando cerré la puerta de reja me lo encontré a él detrás de mí. —Ah, de acuerdo, pasen —nos dijo y lo saludamos con un beso en una de sus mejillas y él correspondió al beso—, vayan a la sala, hay algunos familiares nada más, los demás seguro que deben estar por llegar.
Saludamos a las personas que estaban en la sala y un mozo se acercó a nosotros para ofrecernos vasos con jugos tropicales.
—¿Tienen alcohol?
—Estos no.
—Entonces tomaré uno, gracias.
—De nada —me dijo y Nickolas no tomó ningún vaso.
—¿Tú no beberás nada?
—Sí, alcohol.
—Sabes bien que no te hace bien el alcohol.
—¿Y tú quién eres para decirme si me hace bien o si me hace mal el alcohol? —me preguntó sarcásticamente mientras me miraba a los ojos detenidamente.
—Es verdad, ésta vez has tenido la razón, no soy nadie para decirte algo como lo que te he dicho recién, bebe cuánto quieras –le respondí y bebí un sorbo de mi jugo de frutas tropicales.
Empezaron a llegar más personas y entre ellas los que yo conocía, es decir, los chicos y las chicas. Nos saludamos y así empezó la fiesta de compromiso. La fiesta era un cocktail, me senté en uno de los sillones y las chicas se me acercaron.
—No es momento para hablar de esto porque debemos divertirnos, pero queremos contarte Michelle, que ya hemos mandados a hacer el diseño que has hecho para nuestra tienda y está registrado bajo tu nombre.
—¿Bajo mi nombre? El negocio es de las cinco, no puede ser que el diseño esté solamente bajo mi nombre.
—La sociedad está bajo el nombre de las cinco, pero lo más justo es que el diseño esté solamente bajo tu nombre, tú lo has hecho, así qué, es tuyo propio.
—Muchas gracias pero me parece que lo más justo sería que el diseño esté con el nombre de las cinco.
—Nada de eso, queremos que sea tuyo y punto.
—De verdad que muchas gracias —les respondí con una enorme sonrisa.
—No nos tienes que agradecer nada, antes de la boda de Lynne con Howie, tendremos inaugurado el local —me dijo sonriéndome y yo correspondí a su sonrisa.
—Quisiera decirte algo más —me contestó mirándome a los ojos.
—¿Qué me quieres decir? —le pregunté intrigada y curiosa por saber lo que tenía que decirme mientras la miraba a sus ojos atentamente.
—Quiero que seas una de mis damas de honor.
—Gracias por pensar en mí para ser una de tus damas de honor, pero no creo que sea conveniente.
—No puedes negarte, me encantaría que seas una de mis damas de honor de verdad, acepta por la amistad que tenemos por favor Michelle.
—Eso quiere decir que Nick será uno de los padrinos de Howie, ¿no?
—No lo sé todavía.
—Debes saberlo y no me lo quieres decir.
—De acuerdo, sé que uno de los padrinos de Howie es Nick, pero eso no importa, yo quiero que seas una de mis damas de honor como las demás chicas.
—Está bien, lo haré por ti y por la amistad que tengo contigo, acepto ser una de tus damas de honor.
—No sabes lo feliz que me pone saber que aceptas —me expresó contenta y sonriéndome mientras me abrazaba y yo correspondí a su sonrisa y a su abrazo.
La fiesta era bien parecida a una de salón, con baile, diversión y comida, los novios estaban contentos y felices y cuando llegó el momento de que el novio le colocara el anillo de compromiso a su prometida, todos los presentes se pusieron alrededor de la pareja. Todos fuimos a saludarlos y a darles las felicidades a la pareja.
Salí al jardín para aclararme la mente, comprendí que estaba completamente sola, solo tenía amigas, porque Nick ya no era más mi mejor amigo y yo tampoco era su mejor amiga, quería compartir con alguien algo bien lindo y duradero y sabía que con Nick no iba a tener esa posibilidad porque él no era un hombre que se arriesgara a algo así, en cambio Spencer me daba la impresión de que sí lo era.
Alguien me envió un mensaje de texto a mi celular que tenía en una de mis manos, era Spencer preguntándome qué estaba haciendo. Pero yo lo llamé.

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#34

CAPÍTULO 31

—Hola Spencer, ¿cómo estás?
—Muy bien, ¿y tú?
—Muy bien también.
—¿Qué estabas haciendo?
—Estoy en la casa de una pareja amiga festejando su compromiso.
—¡Qué bueno!
—La verdad que sí.
—Oye Mich, ¿qué harás mañana?
—No lo sé, ¿por qué?
—Porque quiero invitarte a salir.
—Bueno.
—¿Dónde te podría pasar a buscar?
—¿Tienes para anotar?
—Sí, dime.
—High Park 4580.
—Alrededor de las ocho de la noche te paso a buscar.
—Está bien, te estaré esperando, gracias y buenas noches.
—No tienes que agradecerme nada y buenas noches para ti también.
Corté la llamada y me di vuelta para volver a la sala, pero Nick estaba en el umbral de la puerta del jardín mirándome a mis ojos.
—¿Necesitas algo? —le pregunté curiosa por verme de aquella manera.
—¿Saldrás con Spencer?
—¿Y a ti qué te importa? Somos libres de hacer lo que queramos, no tengo porqué darte explicaciones, encima de borracho escuchas las conversaciones ajenas —le dije molesta y enojada y él me sujeto de uno de mis brazos y casi me arrastra con fuerza al jardín para que nadie nos vea.
—¿Por qué saldrás con él?
—¡Porque se me antoja! ¡Porque él sí vale la pena! ¡Porque no es un borracho como el que estoy viendo ahora!
—¿Y tú qué sabes si no es un borracho de primera? —me dijo en forma de pregunta riéndose sarcásticamente—, las apariencias engañan cariño.
—¿Cariño? El cariño te lo puedes seguir guardándotelo, porque ahora no necesito que me digas ni me des cariño, has tenido una oportunidad y la has perdido ahora no me vengas con reproches y reclamos que ya no te corresponden más.
—¡Tú quisiste divorciarte de mí!
—¡Y tú aprovechaste lo que te había dicho para hacerlo realidad! ¡Ahora déjate de lamentar Nickolas! Es tarde para que lo hagas y el estado en que estás es deplorable, ni siquiera te da vergüenza de verte así, deberías hacer algo.
—No tengo porqué hacerte caso.
—Y yo no tengo porqué darte explicaciones de con quién salgo y dejo de salir.
—Me sigues perteneciendo.
—¿Perdón? No te pertenezco y nunca te he pertenecido, solo tú perteneces a dos cosas, al alcohol y a las drogas —le respondí seria aunque dolida a la misma vez porque me daba lástima y rabia en lo que se estaba convirtiendo y entré a la sala.
Brian llegó a mi encuentro.
—¿Bailas?
—Bueno —le contesté sonriéndole y él correspondió a mi sonrisa, me tomó de una de mis manos y fuimos al medio de la sala para ir a bailar.
—¿Qué le pasa a Nick?
—¿Qué le puede pasar?
—¿Está ebrio?
—Sí y demasiado.
—No sé lo que haremos con él.
—Deberían encerrarlo en un centro de rehabilitación.
—Se lo hemos dicho muchísimas veces, pero a ninguno hace caso.
—Es una lástima.
—La gente con la que se junta es el problema.
—Puede ser, pero él mismo debe negarse a eso, no puede ser tan débil en sucumbir a esas dos adicciones, no puedes hacer lo mismo que otra persona, es lo mismo que si te dicen, tírate por el puente y tú lo haces porque te lo dijo tu amigo, ¿en qué cabeza cabe esa barbaridad?
—Lo sé Mich, tienes razón pero no entra en razones, no tiene a nadie que lo obligue a dejar de tomar esas porquerías.
—¿Sus hermanas y su hermano no le dicen nada? —le pregunté incrédula mirándolo a sus ojos.
—Sí, pero él es el problema, él no hace caso y la junta que tiene es peor aún.
—¿Y no tienes idea en dónde se reúnen?
—¿Por qué me lo preguntas? —me preguntó arqueando una de sus cejas y mirándome detenidamente y algo preocupado.
—Por simple curiosidad.
—¿No estarás pensando ir Michelle, no?
—No, claro que no, con Nick no salgo más, ya lo sabes, todos los más cercanos saben lo que ha pasado, así qué, no te preocupes —le contesté sonriéndole y él correspondió a mi sonrisa.
—A veces se reúnen en su casa, otras en otros lugares, pero casi siempre en su casa.
—Pensé que tenían un lugar neutral.
—Pues no es así, a veces sí otras veces no –me expresó y me dio una vuelta y volvió a sujetarme por la cintura y a tomarme de la mano que antes tenía con una de las suyas.
Más tarde bailé con Alex, luego con Howie, un rato después con Kevin y minutos posteriores Nick se presentó frente a mí para que bailara con él.

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#35

CAPÍTULO 32

—¿Aunque sea puedo bailar contigo?
—¿Y por qué quieres bailar conmigo?
—Porque somos mejores amigos.
—Veo que el alcohol y las drogas te dejan lagunas mentales, te había dicho que no éramos más mejores amigos a partir de aquel papel que me mandaste y que me hiciste firmar —le emití y salí de toda la multitud de personas y él me siguió—, ¿por qué me persigues Nickolas? ¿Acaso no te bastó con hacerme firmar el divorcio?
—Me sigues importando.
—Pues tú a mí no me importas más, olvídate de mí, Nick y haz tu vida.
—Te sigo queriendo Michelle.
—Yo no quiero un perdedor en mi vida, no quiero un drogadicto alcohólico, así qué, puedes olvidarte de mí para siempre.
—¿Por qué me lastimas de esa manera?
—Tú solo te estás lastimando con las cosas que tomas, yo solo estoy siendo cruel contigo porque esa es la única manera de que reacciones y dejes de ser un imbécil dominado por los demás.
—Dame otra oportunidad.
—No, te hubieras acordado antes, lo que me has dicho nunca lo olvidaré, nunca creí que me irías a decir una cosa así, no me esperaba nunca eso y mucho menos de ti, si de verdad alguna vez me has querido ya sea como tu mejor amiga o como tu pareja, ve a un centro de rehabilitación, por tu bien y por el de los demás ve a tratarte —le dije y fui adentro nuevamente para saludar a los chicos y a las chicas para decirles que me iba.
Dos semanas después, estábamos inaugurando la tienda de ropa con las chicas. Habíamos mandado varias invitaciones y a los que les mandamos las invitaciones, asistieron a la inauguración de nuestro local. Estábamos contentas de poder abrirlo y por sobretodo de tener algo entre las cinco. Para la ocasión me había vestido algo formal.
Todos nos felicitaron por el lindo negocio que habíamos puesto. Y hasta que llegó Spencer había estado todo bien y tranquilo. Le fui a abrir y me entregó un enorme ramo de flores.
—Son para ti —me contestó con una enorme sonrisa.
—Gracias, son hermosas —le dije y le correspondí la sonrisa y le di un beso en una de sus mejillas.
—De nada.
—Ven que te presento a los demás —le respondí y así lo hice.
—Veo que no te ha bastado con la paliza que te había dado aquella noche dentro del club nocturno.
—¿¡Nickolas puedes callarte la boca!? Nadie ha venido a pelear aquí.
—¿Por qué lo has invitado? —me preguntó asesinándome con su mirada.
—Porque es mi amigo e invito a quién quiero.
—¡Ja! Tu amigo, ¿no será algo más que un amigo?
—Y si lo fuera, ¿cuál sería tu problema? —le pregunté mirándolo a los ojos detenidamente.
—¿Aparte de él, con quién más saldrás?
—¿A qué ha venido eso? —le volví a preguntar confundida.
—Si piensas que vas a salir con él o con cualquier otro hombre, estás muy, demasiado equivocada —me respondió serio y seco.
—Te recuerdo que no controlas más mi vida y saldré con el que se me plazca.
—Entonces pasarás a ser una ramera más —me contestó.
—¡No te permito que le hables así imbécil! ¿¡Quién te crees que eres para faltarle el respeto así!?
—Spencer te agradezco que me defiendas pero ya está.
—Encima le agradeces que te haya defendido —me dijo riéndose burlonamente y ebrio.
—El alcohol y las sustancias raras que te metes encima te ciegan Nickolas, ¿por qué no me dejas de joder de una buena vez? —le respondí molesta y seria matándolo con mi mirada.
—No necesito del alcohol y las sustancias raritas que dices que tengo encima para darme cuenta la clase de tipo y la clase de chica que son ambos, te pedía a gritos que me dieras lo que tanto quería de ti y sin embargo no me lo diste, preferiste dárselo a otro, así qué, debo decir que eres como todas las demás que he tenido y como todas las demás que tengo por ahí dando vueltas —me contestó riéndose con esa risita de borracho inconfundible—, eres una p... —me intentó decirlo pero yo le pegué una fuerte cachetada en una de sus mejillas dándole vuelta la cara y le eché el champán de su copa sobre su cara.
—¡Ve a emborracharte, a drogarte y a decir barbaridades y obscenidades a otra parte, aquí no te quiero! —le grité delante de todos.
—¡No me iré de aquí! —me gritó más fuerte e intervinieron los chicos.
—Nick será mejor que te vayas, no estás bien como para seguirte quedando.
—Tiene razón Howie, estás arruinando la inauguración.
—Coincido con los demás Nick, es mejor que te vayas, has dicho demasiadas cosas fuera de contexto, de verdad das vergüenza.
—Ninguno de ustedes me soporta más.
—Eso es mentira, sí te soportamos, pero debes hacer algo por tu propio bien que no quieres hacer y eso es lo peor, no escuchas a la gente que realmente te quiere.
—Me hartaron, me largo de aquí —nos dijo furioso yéndose alterado y abriendo y cerrando la puerta fuertemente.
Luego de la escena patética de Nick, volvió todo a la normalidad, Spencer y los chicos compraron algunas prendas, para sus primas, tías, madres, Spencer para sus hermanas, para sus tías, sus primas y su madre. Mientras las chicas preparaban las bolsas y los paquetes, que ésta vez fueron de regalo, para promocionar la marca, yo me fui a uno de los probadores que estaban un poco más alejados del resto de la gente, para tranquilizarme un poco.
Me sentía alterada, la escena de Nick me había dejado estupefacta, la manera en cómo se había comportado era de un hombre a la deriva, sin rumbo fijo, estaba dominado por el alcohol y el exceso de porquerías que se metía dentro de su cuerpo.
Me senté en el piso del probador, en dónde había entrado y cerré la puerta, me puse de espaldas a la puerta y me largué a llorar silenciosamente.
Una de las chicas como veía que tardaba en volver, fue a ver qué estaba haciendo.

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#36

CAPÍTULO 33

—¿Michelle te sientes bien? —me preguntó y abrió la puerta del probador viéndome sentada en el piso de frente al espejo de cuerpo entero—, ¿Michelle por qué lloras? —me volvió a preguntar arrodillándose frente a mí.
—Tengo miedo de que sea demasiado tarde para salvarlo del alcohol y de las drogas.
—Pero tú te lastimas con llorar por él.
—Lo sigo amando Ruth, no quiero verlo así, su estado es lamentable, yo tengo la culpa de que esté así.
—Tú no tienes la culpa de nada Mich —me dijo acariciando una de mis mejillas y mi barbilla mientras me tenía abrazada contra su pecho.
—Sí Ruth, me siento demasiado culpable por cómo está, si le hubiera dado lo que tanto quería, si hubiera tenido relaciones con él, todo sería diferente.
—Eso no tiene nada que ver con lo que estás diciéndome, sus excesos no tienen nada que ver con que no le has dado lo que él quería, no debes confundir las cosas Michelle, él está así porque quiere y porque tiene mala junta —me expresó y vino a nuestro encuentro Alex.
—¿Qué tienes preciosa? —me preguntó preocupado viéndome llorar desconsoladamente.
—Está así por Nick, cree que ella es la culpable de lo que le pasa.
—Es la mala junta que lo rodea Michelle, yo he pasado por lo mismo que él, pero gracias a las personas que estaban a mí alrededor y que en verdad me querían y me quieren pude salir de esas porquerías, no tienes que culparte por cómo está y por cómo se ve, él solo con ayuda de gente que no le importa su bienestar se metió en eso.
—Tú lo has visto recién cómo se ha puesto, parece un desquiciado y un desorientado, tiene la mirada perdida Alex, tengo miedo de que haga una locura.
—Mientras tenga a gente a su alrededor que en verdad se preocupe por él, no cometerá ninguna locura.
—En la casa vive solo, ninguno sabe lo que podría llegar a hacer.
—En eso tienes razón, pero, ¿qué podríamos hacer? No podemos controlarlo como un chiquillo, es un hombre ya.
—Pero actúa como si fuera un adolescente.
—No debes hacerte problema, si no se los hace él que tiene el problema, tú no te lo debes hacer.
—Lo sé, pero es muy difícil, saber que la persona a la que amas se esté destruyendo de esa manera.
—Te entiendo y sé que lo que te diré no te gustará y será demasiado cruel, pero cuando toque fondo se dará cuenta de las cosas que tiene a su alrededor, solo cuando lo veamos así, deberemos estar ahí por y para él —me dijo.
—Lo sé —le respondí y seguí llorando.
Dos meses después, en el mes de Diciembre, más precisamente el ocho de ese mes, se casaban Lynne y Howie. Ya la novia había elegido el vestido y el color para sus damas de honor y era sencillo pero muy bonito.
Estaba todo listo para la boda, las damas de honor ya estábamos preparadas y la novia también, los padrinos también estaban listos. Nos sacamos algunas fotos con la novia y luego ella sola y más tarde las damas de honor.
Salimos todas rumbo a la iglesia, primero llegamos nosotras y el auto de la novia estaba a unas pocas cuadras de la iglesia. Bajamos y avisamos a uno de los padrinos que la novia estaba por llegar en cualquier momento.
Había dejado el sobre donde guardaba el maquillaje y que era combinado con el color del vestido y de los zapatos y de la misma tela de ambos al cuidado de uno de los familiares de Howie, luego de la ceremonia nupcial me lo agarraría, sustituí el sobre por un pequeño ramo de rosas rojas que cada dama de honor llevaba.
Lo vi a Nick en la puerta principal de la Iglesia, esperando a los demás padrinos me supuse. Con un traje negro, camisa blanca, chaleco negro y corbata roja al igual que los demás padrinos y para que todos ellos combinaran con el color del vestido de todas las damas de honor y tenía una rosa roja en la solapa izquierda como el ramo pequeño de rosas rojas que teníamos nosotras.
Las demás damas de honor entraron y yo las seguí detrás, pero Nick me habló.
—Estás preciosa —me expresó sin quitarme sus ojos de encima.
—Gracias —le respondí mirándolo de reojo.
—No me tienes que agradecer nada, ¿la novia ya está por llegar?
—Está solamente a cinco cuadras de La Iglesia, ¿tú estás esperando a los demás padrinos?
—No.
—Ah, había supuesto que sí los estabas esperando.
—Para nada, es aquel grupo de hombres que ves allí —me dijo señalándolos con uno de sus dedos índices.
—Nickolas no señales, es de mala educación.
—¿Empezamos desde temprano con tus acotaciones? No me podrás dominar ni menos manipular.
—Espero que no arruines la boda, se merecen un casamiento como la gente.
—Con lo que me encantan las bodas —me dijo sarcástico burlándose.
—Cómo no saberlo, si me lo has repetido millones de veces, me lo has dicho tantísimas veces como si irías a la horca y el cura es tu verdugo.
—El pobre de Howie irá directo a su ejecución, no más mujeres, no más diversión, no más nada.
—Es obvio que mujeres nunca más, pero la diversión y otras cosas si podrá hacer, que se case con una sola mujer no quiere decir que tenga que ser un hombre amargado y serio de por vida, se llevan perfectamente bien entre ellos, se casa con la mujer que verdaderamente ama, no puede pedir nada más, es el momento más importante de sus vidas, así qué, no lo arruines por favor.
—No te preocupes que no le arruinaré la felicidad que tienen en éste día tan especial.
—Me alegra oír eso —le contesté dándole una sonrisa falsa el cuál él correspondió también como falsa.
Nos acomodamos y las puertas de La Iglesia se abrieron, caminamos lento, primero nosotras y por detrás ellos. Nosotras nos acomodamos al costado izquierdo del altar en dónde la novia se iría a poner y los padrinos del novio, al costado derecho del altar.
Se volvieron a abrir las puertas y comenzó a sonar la marcha nupcial dando aparición a la novia del brazo de su padre en la entrada de la iglesia para entregarla al novio que la esperaba en el altar.
En el instante en que se intercambiaron los anillos, Nick me estaba mirando y yo bajé la mirada para ver el pequeño ramo que tenía en mis manos disimuladamente. La música me hizo derramar una lágrima y me la sequé con una de mis manos y Nick se dio cuenta de eso también.

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#37

CAPÍTULO 34

La ceremonia nupcial terminó con el beso que le daba el novio a la novia y el cura los declaraba marido y mujer. Se me cayó una lágrima de uno de mis ojos y me entristecí nuevamente por saber que nunca tendría algo así, los novios se dieron vuelta a los presentes y caminaron por la alfombra roja hacia la salida de La Iglesia dónde todos los iríamos a felicitar y a desearles lo mejor de lo mejor a la pareja recién casada.
Luego de aquel momento, llegamos a la fiesta, yo llegué junto con Brian, Letty y Binny en su auto. Antes de entrar al salón, Brian me preguntó algo.
—¿Estás bien?
—Sí, no te preocupes —le respondí con una sonrisa enorme la cuál él correspondió también.
—Mejor así, debes pasarlo bien Michelle, ésta noche Nick no debe amargarte.
—Lo sé —le contesté y entramos al salón.
Después de casi dos horas, los novios entraron con un lento elegido por ellos, todos los invitados los aplaudíamos y estábamos contentos de verlos tan felices, algunas lágrimas se derramaron por la mayoría de los presentes y cuando fue el primer baile como marido y mujer, fue aún peor, hubo muchas lágrimas de felicidad.
Cuando terminé de bailar el vals con Howie y Nick de terminar de bailar el vals con la novia, él se puso frente a mí, para que baile con él.
—¿Bailas conmigo, por favor? —me preguntó mirándome penetrantemente a mis ojos y no tuve más opción.
—De acuerdo —le respondí y él con una sonrisa en sus labios, me tomó por la cintura y su otra mano llegó hasta una de las mías para sujetarla y así poder bailar el vals.
—Estás bellísima Michelle.
—Gracias, ya me lo has dicho Nickolas, no tienes porqué repetírmelo a cada instante.
—De nada, lo sé, sé que ya te lo he dicho, pero no me puedes culpar por halagarte tantas veces que sean necesarias.
—¿Y para qué me quieres halagar tantas veces? —le pregunté arqueando una de mis cejas mientras lo miraba detenidamente a sus ojos.
—Para nada, te halago porque me eres hermosa y me gustas mucho.
—Pues a mí no me gustan los hombres como tú —le contesté seria y lo maté con mi mirada.
Bailamos hasta que la canción terminó y antes de que me soltara de él, volvió a sujetarme fuerte de mí cintura para retenerme contra él y bailar otro lento, ésta vez uno de ellos, el cuál se titulaba Happily Never After.
—No hagas que baile éste tema, te lo pido por favor Nickolas.
—Quiero bailarlo contigo, por favor Michelle, te dejaré de molestar si me dices que me perdonas por todas las cosas que te he dicho y te he hecho.
—Te perdono si haces algo por mí a cambio.
—¿Qué quieres que haga por ti? —me preguntó intrigado y queriendo saber.
—Quiero que vayas a un centro de rehabilitación y si no lo haces tú, lo haré yo, yo misma te registraré en el centro y te llevaré a rastras por más que me termines insultando.
—De acuerdo, iré, no sé cuándo, pero iré, no te preocupes por eso.
—Yo no me preocupo, tú mismo debes preocuparte por las cosas que ingieres en tu organismo y cuánto más temprano vayas más pronto te recuperarás.
—Sí, lo sé, pero, ¿me perdonas?
—Sí, te perdono, ¿ahora me dejarías ir? Creo que detrás de ti hay una fila de chicas que están ansiosas por bailar contigo.
—Está bien, te dejaré ir.
—Gracias —le expresé y me soltó.
La fiesta duró hasta la mañana, yo me despedí de los novios deseándoles lo mejor y les agradecía por haberme invitado y por haberme elegido la novia como una de sus damas de honor y de los demás que conocía, o sea, los demás chicos y sus parejas, a Nickolas ni intenté en saludarlo, pero él me habló.
—Te olvidas de saludar a alguien más.
—¿A quién? —le pregunté haciéndome la tonta.
—A mí.
—Creí que ya te había saludado.
—Pues si te estoy diciendo que no me has saludado, es porque no lo has hecho.
—Está bien, te saludaré si eso es lo que tanto quieres —le dije y me acerqué a él.
Cuando lo hice, sentí a pocos centímetros su aliento a alcohol y noté que se rascaba mucho la nariz. Al inclinarme para saludarlo en una de sus mejillas vi que tenía unos apenas imperceptibles rastros de un cierto polvo blanco, el muy imbécil se había drogado en plena fiesta quién sabe en qué momento y en qué lugar de la misma.
—Te has drogado.
—No.
—¿Entonces dime qué es esa mierda blanca que tienes en tus orificios nasales? —le pregunté acusándolo y mandándolo al frente de sus compañeros y parejas.
—No tengo nada.
—No me mientas.
—No te estoy mintiendo.
—Pues yo creo que sí me estás mintiendo, tienes un olor tremendo a alcohol en tu boca y encima de todo te drogas en medio de la fiesta de uno de tus amigos y compañero de trabajo a la misma vez.
—Te estoy diciendo que no me drogué.
—Pues entonces levántate de la silla.
—¿Para qué quieres que me levante de la silla? —me preguntó intrigado.
—Quiero que lo hagas y ahora mismo Nickolas.
—No lo haré.
—¡Lo harás ya! —le grité y él trago saliva dificultosamente porque me estaba poniendo histérica de ver que no me hacia caso.
—¿Conforme? —me preguntó levantándose de la silla.
—Sí y mucho —le contesté y comencé a hurgarle los bolsillos de su saco y los de su pantalón.
—¿¡Qué crees que me estás haciendo Michelle!? —me gritó tratando de quitar mis manos de sus bolsillos.
—Como lo estás viendo, estoy tratando de encontrar evidencia, ¿y qué crees?, ya la encontré —le respondí y saqué de uno de los bolsillos de su pantalón un sobrecito casi diminuto de color plateado—, es esto, ¿verdad? —le pregunté pero él no me contestó—, ¿¡verdad!? —le volví a repetir gritándole.
—¡Sí es esa! —me gritó violento matándome con su mirada pero yo no me asusté.
—No te hagas el machito delante de los demás cuando te diriges hacia mí, solo eres un pobre tipo.
—Pues pobre como decirse pobre no lo soy.
—Las pocas neuronas que te quedan, ésta porquería te las está comiendo y tú bailas al son de lo que ésta basura toca.
—¿De verdad? Nunca la escuché tocar —me contestó sarcástico y burlonamente.
—Si es tan poderosa como para dejarte así, deberías compartirla conmigo, ¿no te parece?
—No, no me parece —me dijo riéndose como un estúpido con esa risa descontrolada.
—Pues entonces, por ésta vez ni tú ni yo la probaremos —le contesté sarcástica y burlona.
Abrí el papelito metálico e hice caer el polvo blanco en el piso.

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#38

CAPÍTULO 35

—Ups se me ha caído el polvo, cuánto lo siento Nickolas —le respondí y uno de los chicos se rió por lo bajo.
—No te preocupes, tengo más en mi casa, aunque lo que has tirado, me costó miles de dólares.
—Si tantos miles de dólares como tú bien dices que te costó ese papel inmundo, ¿por qué no pones otros tantos de miles de dólares y te pagas la estadía de un centro de rehabilitación? Acuérdate que te perdoné y tú debes hacer tu parte.
—Sí sí —me respondió para que me callara y no diga más nada—, se te hará tarde, el taxi te está esperando, así qué, vete de aquí —me contestó serio fulminándome con su intensa mirada.
Los volví a saludar, menos a él y me fui del salón, subí al taxi y le dije la dirección del departamento dónde estaba alquilando.
Los meses fueron pasando no volví a ver más a Nickolas, ni siquiera a los demás chicos, solo veía a las chicas, porque tenía el negocio junto con ellas, a partir del día de la boda de Lynne y Howie, empecé a salir con Spencer, él me quería, me trataba como una princesa y me amaba, pero yo no sentía lo mismo por él. Todavía tenía muy metido dentro de mí al único hombre con el que me había casado de una manera no muy normal y mucho menos clásica. Seguía enamorada de Nickolas y no lo podía evitar, no podía evitar sentir lo mismo que sentí desde la primera vez que lo vi y que lo conocí, hacia ya unos años atrás.
Estaba cenando con él en un muy bonito restaurante, la cena era formal y para la ocasión me había puesto un vestido de cóctel.
La conversación era muy amena, pero fue interrumpida por mí celular que no dejaba de sonar, hasta que lo atendí y todo cambió.
—¿Hola? —pregunté.
—Michelle soy Alex, ¿cómo estás?
—Yo bien, ¿y tú?
—Bien también, el que no está bien es Nick.
—Mira Alex, estoy cenando con mí novio y has llamado en un mal momento si piensas que iré otra vez a regañarlo o a que nos haga caso para que deje lo que él bien sabe que tiene que dejar, la última vez que se lo aclaré bien aclarado fue el día de la boda de Howie y Lynne, no me hizo caso, pues lo lamento por él.
—Lo siento Michelle por arruinar la cena con tu novio, pero debes venir urgente.
—Alex basta, no iré, así qué, te pido encarecidamente que no me insistas más, ni siquiera me llames más para decirme lo mismo otra vez.
—Hemos llamado a la ambulancia —me contestó y yo me quedé callada por no esperar aquella respuesta y temí lo peor—, ¿estás ahí Mich?
—Sí, estoy aquí —le emití sin más qué decirle.
—No respondía a nuestras llamadas, así qué, fuimos a su casa y tuvimos que forzar la puerta principal, lo encontramos en el piso con botellas de licor desparramadas por su alrededor y papelitos plateados.
—¿Todavía están en su casa?
—Sí, estamos esperando a la ambulancia para que llegue y trasladarlo a un centro de rehabilitación.
—De acuerdo, iré ahora mismo —le dije y corté la llamada—, sé que te molestarás conmigo Spencer, pero debo irme.
—Está bien, creo que por tu cara, la situación es peor de la que imaginaba, ¿no?
—Así es.
—Yo te llevaré.
—No tienes porqué hacer eso Spencer.
—Prefiero hacerlo, no quiero que te pase nada por la calle a ésta hora de la noche y ni tampoco me puedo molestar contigo por saber que Nickolas necesita toda tu atención.
—¿A qué te refieres con eso? —le pregunté intrigada y confundida por demás.
—Creo que tú y yo sabemos muy bien lo que pasa entre nosotros, mejor dicho, yo siento algo muy diferente a lo que tú sientes por mí, ¿o no Michelle?
—No sé de lo que me estás hablando Spencer.
—Sabes muy bien como lo sé muy bien yo que tú no me amas, solo me quieres y yo sí te amo, pero no te puedo obligar a que me ames de verdad, cuando siempre ha estado en tu mente y en tu corazón Nickolas.
—Eres demasiado bueno conmigo Spencer, has tenido mucha paciencia y has esperado mucho conmigo y estoy siendo injusta contigo, eres un buen hombre y te mereces a alguien que te ame de verdad.
—Has salido conmigo para ver y tratar de olvidarte de Nickolas, pero eso ha sido imposible, por más que pasen tantos meses, por más que pasen tantos años, tú nunca te olvidarás de él.
—Creo que esto es una ruptura, ¿no?
—Por más que me duela un montón, sí, esto es una ruptura Michelle.
—Pues te diré que ha sido bonito todo lo que he vivido contigo en todos estos meses que han pasado.
—Me alegra saber eso Michelle y lo mismo te digo a ti, ahora bien, pago la cuenta y te llevo a la casa de Nickolas.
Rato después ya estaba frente a la casa de Nickolas y sin salir del auto de Spencer.
—Deberías bajar del auto y reunirte con los demás y más con Nickolas —me respondió mirando en todo momento al frente.
—Gracias por haberme traído.
—De nada.
—Hasta siempre y gracias por todo Spencer —le dije y al posar una de mis manos sobre una de sus mejillas le di un beso en sus labios.
—No tienes que agradecerme absolutamente nada Michelle, ahora vete antes de que me arrepiente —me dijo y así lo hice.
Él se fue y yo me quedé frente a la casa de Nickolas, en donde ya estaba subiendo los escalones de la entrada principal. Toqué el timbre y me abrió Howie, me hizo pasar al interior de la casa y cerró la puerta detrás de él y detrás de mí.

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#39

CAPÍTULO 36

Lo vi tendido sobre el sillón inmóvil y se me llenaron los ojos de lágrimas. La ambulancia llegó apenas yo entré a su casa, preguntaron qué había sucedido, pero cuando vieron las botellas de licor y varios papelitos plateados desparramados por el piso, no preguntaron más nada, solamente lo pusieron en una camilla y lo trasladaron hacia la ambulancia. Uno de ellos pidió que fuera con él y los chicos dijeron que era mejor que vaya yo con él dentro de la ambulancia.
—Llévenlo directamente al mejor centro de rehabilitación.
—De acuerdo.
—Y quiero que todo sea puesto en mi cuenta.
—Está bien —me contestó el médico que estaba de acompañante del que manejaba la ambulancia y luego volvió la vista hacia el frente.
Llegamos casi una hora después al centro, lo bajaron de la ambulancia y de inmediato lo entraron hacia una de las salas mientras nosotros esperamos en la recepción.
—¿Quién firmará la autorización para que se interne aquí? —preguntó la mujer que atendía en la recepción.
—Yo, yo me haré cargo de él —le respondí acercándome a ella.
—De acuerdo, debes firmar estos papeles.
—Está bien —le dije y tomé aquellos en mis manos.
Una vez que se los entregué nuevamente a la mujer, salió el médico y me acerqué a él.
—¿Es pariente del paciente que ha entrado recién? —me preguntó el médico mirándome a mis ojos.
—Soy amiga del paciente, su nombre es Nickolas.
—Pues le diré que en el estado en que ha llegado, le suministramos medicamentos para que contrarrestaran la cantidad de alcohol y droga que ha ingerido y no creo que se despierte por lo menos dentro de muchas horas o bien que se despierte dentro de uno o dos días.
—¿No tiene idea de cuánto tardará en recuperarse por completo, verdad?
—No, la verdad es que no sé, solo es cuestión de tiempo, de paciencia y de que él tenga muchas y enormes fuerzas para recuperarse de todo lo que ha estado consumiendo durante tantos meses o bien durante tantos años.
—Gracias por avisarme, ¿cuándo podríamos entrar a verlo?
—Cuando ustedes quieran, más tarde vendré a comunicarte como sigue.
—Gracias otra vez.
—Para eso estamos y estoy, hasta luego.
—Hasta luego.
Se lo comuniqué a los chicos y después de eso, solo esperamos y esperamos por horas y horas. Alguno de nosotros nos íbamos turnando para entrar a verlo y luego les dije a los demás que se fueran a descansar y que yo me quedaría y que cualquier cosa les avisaba a todos.
Volví a entrar a la habitación donde estaba y me había entristecido por demás el verlo allí sin inmutarse, recordaba cada una de sus sonrisas, cada una de sus bromas, cada una de sus discusiones conmigo y cada uno de los momentos que había vivido junto a él, tanto malos como buenos, muy buenos y ahora verlo allí tendido sobre aquella cama me había partido el alma. Me acerqué a él y me senté en la silla, comencé a llorar y le tomé una de sus manos entrelazándola con una de las mías.
Todos los días estábamos a la espera de que despertara de un momento a otro, pero ya habían pasado semanas desde lo que le había pasado y todo, absolutamente todo seguía igual como siempre, no había cambiado nada en lo absoluto.
Uno de los tantos días en los que estaba internado en aquel centro de rehabilitación, el médico nos informa que Nick había despertado y estaba desorientado porque no tenía ni idea en dónde estaba. El médico le explicó algo, pero prefería que yo le contara todo lo que había pasado y todo absolutamente todo lo que a él le había pasado. El doctor me pidió que entrara y le respondiera todas las preguntas que él tenía en su cabeza.

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#40

CONTINUACIÓN DEL CAPÍTULO 36

Entré a su habitación y cerré la puerta detrás de mí y luego me di vuelta para enfrentarlo.
—Qué bueno que has despertado —le dije pero él no me respondió.
—¿Qué hago aquí dentro? —me preguntó seco sin mirarme a mis ojos.
—Aquí es donde te hemos traído.
—¿Por qué y para qué?
—Los chicos te encontraron inconsciente y con botellas y droga alrededor tuyo.
—¿Y qué más pasó?
—Te hemos traído directamente a un centro de rehabilitación.
—¿Para qué lo han hecho si estoy bien?
—Nick, tú no estás bien, ¿cuándo entenderás que no puedes seguir así?
—¡Y tú cuándo entenderás que no quiero estar aquí y ni tampoco quiero verte más! —me gritó furioso.
—¡Para gritarme tienes agallas pero para afrontar lo que en verdad te está pasando eres un cobarde de primera! —le grité yo también enojadísima.
—¡Vete de aquí! ¡No quiero verte más!
—¡Pues me verás cuántas veces sean necesarias hasta que salgas de aquí! ¡Y espero que sea muy pronto el tiempo que te lleve aquí dentro para que te recuperes cuánto antes! ¿Me has escuchado bien Nickolas? —le pregunté seria y seca.
—Haré de cuenta que no me has dicho absolutamente nada.
—¿Por qué estás así? ¿Acaso no quieres recuperarte? ¿No quieres afrontar lo que te está pasando? Si piensas que te dejaremos solo en esto, estás muy demasiado equivocado Nick, tus amigos están contigo, tu familia también y si quieres aunque no quieras verme, estoy yo también, para que ninguno de nosotros te deje solo y menos te deje caer nuevamente.
—Déjame solo Michelle.
—¿Por qué ahora te vuelves tan cerrado?
—Quiero que te vayas, ¿o acaso no me has escuchado?
—Pues entonces vuelve a drogarte y a emborracharte, ni tus amigos, ni tu familia, ni mucho menos yo, te volveremos a ayudar, ésta es la primera vez que caes, la segunda vez no cuentes con ninguno de nosotros, ve a llamar a tus queridos y grandes amigos que te han metido en toda ésta porquería.
—Cómo te gusta echarme las cosas en mi cara, ¿verdad?
—Pues obviamente que sí, te debo decir todas las cosas que pienso de ti y de tu desgraciada vida, ¿desde cuándo empezaste a beber y a drogarte?
—¿Qué te importa? ¿Ahora eres mi psicóloga?
—Pues quiero saber, ¿o acaso me negarás las respuestas de las preguntas que te hago?
—¿Quién eres tú para preguntarme todas esas cosas? —me preguntó mirándome a mis ojos seriamente.
—¿Quieres saber en verdad quién soy yo para preguntarte todas esas preguntas?
—Pues sí, ¿o piensas quedarte callada como una imbécil?
—Hubiera preferido habérmelo callado para siempre, pero veo que tú no vas a parar hasta que alguien de los chicos te lo diga, así qué, te lo diré yo, me habías preguntado quién era yo, pues respondo a tu pregunta, yo soy la que te está pagando la internación y la rehabilitación imbécil, tú eres el único imbécil aquí, te dejaste influenciar por tus amigos como un estúpido, te dejaste arrastrar tanto por ellos que mírate a ti mismo dónde has llegado.
—¿Por qué me estás pagando tú todo esto?
—¿Desde cuándo has empezado a beber y a drogarte? —le pregunté esquivando su pregunta.
—Primero me contestas lo que recién te he preguntado y luego te responderé tu pregunta, que ya dos veces me has preguntado la misma.
—¿Por qué lo quieres saber?
—Me intriga, estamos divorciados, no tienes más obligaciones para conmigo, sin embargo me estás pagando la internación y la rehabilitación, ¿por qué?
—Porque a pesar de todo has sido muy importante para mí, ahora quiero tu respuesta a mi pregunta, dímela ahora mismo Nick.
—He comenzado a beber por demás y a drogarme por demás desde que me di cuenta que mi vida había perdido el sentido de todo y de todas las cosas, me había divorciado de ti, te había perdido para siempre y en aquel momento supe que desde siempre te había amado, al principio te quería, pero luego con el tiempo y con los años, supe perfectamente bien que te amaba, el hombre que había en mí deseaba la mujer en ti.
—Te has... te has acordado demasiado tarde Nick, yo... estoy saliendo con Spencer.
—Lo supuse desde la noche del compromiso de Lynne y Howie que estabas saliendo con Spencer, él siempre ha sido muy bueno contigo y nunca te ha mirado de una manera diferente cuando tenías el aspecto anterior, siempre ha visto lo maravillosa que eres y lo maravillosa que sigues siendo.
—Primero me dices que me vaya y luego me endulzas el oído, ¿no te entiendo Nick?, si crees que me conquistarás con esas lindas palabras, pues estás absolutamente equivocado al respecto.
—Lo sé perfectamente bien eso Michelle, no tienes porqué aclarármelo, sé que estás bien con Spencer y no pretendo interponerme entre ustedes dos, por más que me duela, lo debo aceptar como un muy buen perdedor que ha sido derrotado por su oponente.
—El día del compromiso de ellos y el día de la inauguración del local que tengo junto con las chicas no decías lo mismo, es más, me insultaste muy feo Nick, esas palabras que me habías dicho nunca las hubiera esperado de ti hacia mí.
—Lo sé muy bien eso Michelle, te aseguro que no era yo el que te decía esas horribles palabras, estaba muy demasiado influenciado por el alcohol y las drogas, me controlaron todo el tiempo que las estuve tomando y todo el tiempo que estuve bebiendo alcohol, nunca quise lastimarte.
—Pero lo has hecho, de una o de otra manera lo has hecho, sin querer o queriendo herirme lo has conseguido, ahora en este preciso momento, lo único y lo que más quiero es que te recuperes por completo y por entero, quiero que te desintoxiques tanto del alcohol como de las drogas que has ingerido, quiero que hagas un muy buen tratamiento y quiero que le cuentes todas absolutamente todas las cosas a la psicóloga que te ayudará en el proceso de ésta rehabilitación.
—Todos los demás y mi familia me ayudarán en éste proceso de rehabilitación, pero, ¿tú me ayudarás también? Por favor Michelle, te lo suplico, si todavía te queda algo de cariño hacia mí, no me abandones en esto.
—Te estoy pagando todo lo que necesitas aquí, cada mes, cada cosa que necesitas te estoy pagando, ¿qué más quieres que te haga o qué más quieres de mí Nick? Puse todo en mi cuenta porque todavía siento cariño por ti, pero de ahí en más, no siento nada por ti, a pesar de todo has sido un muy buen amigo conmigo, gracias a ti he conocido a personas maravillosas y estupendas, pero, ya no soy más la Michelle que una vez has conocido.
—Si no estás conmigo para ayudarme como amiga en éste proceso de rehabilitación, no pondré de mi parte para recuperarme, eso te lo aseguro Michelle —me contestó serio mirándome a mis ojos.
—No es una cuestión de alegrar a los demás que tienes a tu alrededor que en verdad te quieren y ni mucho menos a mí, es una cuestión de que tú mismo te pongas como meta recuperarte y ser mejor persona y estar bien física y emocionalmente, tú mismo debes pensar perfectamente bien qué es lo que quieres en tu vida y nunca debes depender de los demás que están a tu alrededor, te podrán y te podremos ayudar pero tú solo debes afrontar lo que te está pasando, recibirás contención de una profesional y de amigos, pero tú, solo tú debes ponerte en la mente que tienes que ganarle al alcohol y a las drogas que te estaban aniquilando Nick.
—Tienes toda la razón Michelle, debo hacerlo solo todo esto.
—Sí, ahora bien, me iré, nos veremos más tarde, hasta luego —le dije.
—Hasta luego —me respondió y yo salí de su habitación cerrando la puerta detrás de mí muy suavemente.

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CAPÍTULO 37

Los días pasaron como corrientes de ríos y un día cuando lo fui a visitar como todos los demás días también, no tenía buena cara.
—¿He llegado en un mal momento Nick? —le pregunté acercándome a él.
—No, pero he estado desde la mañana con vómitos.
—¿Los medicamentos que te están dando para la desintoxicación te producen los vómitos, no?
—Sí —me respondió y sintió otra náusea—, Michelle vete, necesito vomitar tranquilo, otra vez tengo ganas de vomitar.
—No importa, me quedaré contigo.
—No es agradable verme vomitar, Michelle.
—Lo sé que no, pero si tanto me estuviste insistiendo todas aquellas veces en que querías mi ayuda y apoyo también, entonces, deberás aguantarme Nickolas.
—Está bien entonces, ahora necesito algo para poder vomitar, ¿puede ser?
—Sí, claro —le contesté y fui al baño de su habitación para ir a buscar un recipiente en donde pudiera tirar lo que necesitaba—, toma —le dije y se lo entregué en sus manos.
—Gracias.
—De nada —y en el instante en que le dije de nada, comenzó a vomitar porque ya no podía soportar más lo que tenía dentro.
Tenía que hacer algo yo viéndolo así y no quedarme como una tonta frente a él, mientras el pobre tiraba todo. Me acerqué nuevamente a él y lo sostuve de los hombros y con una de mis manos, le sostuve su frente, para que pudiera vomitar mejor sin tener que hacer él el esfuerzo de agachar su cabeza cada vez que tenía una arcada y lanzaba.
Una vez que terminó de vomitar lo ayudé a incorporarse y a que se acueste otra vez en la cama, lo tapé hasta la cintura y llevé el recipiente al baño para luego tirarlo dentro del inodoro y enjuagar el recipiente en el cuál había vomitado. Tiré la cadena del inodoro y salí cerrando la puerta del baño detrás de mí muy suavemente.
Volví hacia él y le pregunté cómo se encontraba.
—¿Cómo estás?
—Mejor, gracias.
—De nada —le dije con una sutil sonrisa la cuál él correspondió también.
Sin decirle nada, mojé una toalla que estaba sobre la mesita de luz dentro del recipiente con agua fría que había dentro del mismo, la escurrí y se la puse sobre su frente.
—Esto te refrescará aunque sea un poco.
—Gracias otra vez Michelle.
—De nada Nickolas.
—Ésta situación me hace acordar cuando tú me habías cuidado cuando tenía gripe y resfriado, ¿te acuerdas?
—Sí, me acuerdo, pero ésta vez debes, mejor dicho, es una obligación el renovarte por completo y por entero, tanto por dentro como por fuera Nickolas, si no lo quieres hacer por los demás, hazlo por ti mismo y piensa perfectamente bien qué es lo que decidirás hacer con tu vida a partir de ahora, las náuseas, los vómitos y los temblores que tienes es por la desintoxicación y éste camino será bastante largo y duro si tú no pones nada de tu parte.
—¿Cómo sabes todo eso?
—Pregunto al médico, a tu familia y a los chicos, todos ellos me tienen muy bien informada sobre ti, así qué, si no haces caso a las cosas que te obligan a hacer aquí dentro, yo misma te daré un azote, yo misma seré tu peor pesadilla Nickolas Carter y eso te lo aseguro, no malgastaré mi dinero si sé o si veo que tú no haces el tratamiento, ¿me has escuchado perfectamente bien Nickolas?
—Sí, te he escuchado perfectamente bien Michelle.
—Me alegra saber y me alegra escuchar eso de tus labios.
Apenas terminamos casi de discutir cuando comenzaron a darle temblores en todo el cuerpo, parecía una gelatina que nunca se quedaba estática y me apené por él, al verlo así. Lo único que hice fue acostarme a su lado y abrazarlo para que tratara de dejar de temblar.
Me quedé de esa manera con él por más de media hora, sin hablarnos, solo con los ojos cerrados y yo abrazándolo por su espalda y cintura aunque con lo enorme que era me era casi imposible llegar a abarcar toda su espalda y toda su cintura. Él, momentos después se calmó y se quedó dormido.

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#42

CAPÍTULO 38

Casi yo también me había quedado dormida, hasta que una de las enfermeras entró para ver cómo seguía, me levanté de la cama, me acomodé mi ropa y salí de su habitación.
Todos los días era constante en visitar a Nick, tanto sus amigos, como familiares y yo, yo lo hacía por la mañana y luego de cerrar el local que tenía junto con las chicas. Salía demasiado caro el mantenerlo allí dentro, en uno de los centros de rehabilitación más importantes de la ciudad de Phoenix-Arizona, pero todo lo hacía por él, a pesar de que no estábamos más juntos, ni siquiera como buenos amigos, me importaba demasiado el muy imbécil.
Una mañana, antes de que me despertara a la hora que iría a sonar mi despertador, lo hizo el sonido del teléfono por él. Levanté el tubo adormilada, me lo llevé hacia una de mis orejas y contesté.
—¿Hola? —pregunté dormida.
—¿Señorita Michelle? —preguntó una voz amable desde el otro lado de la línea.
—Sí, ella habla, ¿quién es?
—Soy la psicóloga de Nickolas, hoy comenzará la primera sesión, he ido a verlo, pero no está dispuesto a hablar a menos que tú estés en la sesión.
—¿Qué?
—Eso me ha dicho, no piensa comenzar la primera sesión sin que tú estés presente en la misma, me dijo que las cosas que tiene para decir las debes escuchar tú también.
—¿A qué hora es la primera sesión?
—Diría que ahora mismo.
—De acuerdo, en cualquier momento estoy por ahí.
—Te espero entonces, nos vemos.
—Nos vemos —le dije y corté la llamada.
Éste hombre que casi me estaba dejando en banca rota, me iría a dejar raquítica de tantos ajetreos que me estaba dejando dar y encima tenía el tupé de decirle a su psicóloga que yo debía estar presente porque al señor se le antojaba también. Llegué una hora y media más tarde de lo acordado con su psicóloga y en cuánto me vio entrar al centro de rehabilitación, fuimos directo a la habitación donde estaba Nickolas.
—Has llegado, creí que no vendrías.
—No lo iba a hacer, estaba muy demasiado calentita dentro de mi cama como para salirme de la misma en una mañana tan fría como lo es en estos momentos.
—El aire fresco no te vendría nada mal.
—A ti te vendría bien una sacudida de cabeza así se te aclaran bien las ideas idiotas que tienes.
—¿De cuáles ideas idiotas me estás hablando?
—De lo que me he enterado hace un rato atrás, ¿qué es eso de que no piensas comenzar la primera sesión sin que yo esté presente? No es una sesión de terapia de pareja por si no te has dado cuenta todavía.
—Ya sé que no lo es, pero si tú no estabas presente no iba a hablar.
—Todo lo que le debes contar a tu psicóloga lo sabía ya, no sé para qué me quieres aquí en la sesión también, no seas un niño dependiente de mí, Nickolas, ya han pasado muchos años desde que eras un crío llorón.
—Las personas que no los conocen dirían que son una pareja en plena discusión matrimonial —acotó la psicóloga y ambos nos quedamos callados—, por mí, continúen, es interesante verlos discutir, es más, creo que daremos comienzo ahora mismo a la primera sesión, empezando por ésta pequeña discusión, siéntate Michelle —me dijo señalándome un asiento al lado de Nickolas.
—Pero no estoy aquí para hablar de nuestras discusiones, estoy aquí porque él lo pidió, él debe hablar, no yo.
—Es verdad eso, pero si bien es para que Nickolas hable, sería bueno también que ambos hablen, les hará bien a ambos el poder desahogarse de esas cosas que les están haciendo daño por dentro a los dos.
—Yo no tengo nada que contar, es él el que debe contar las cosas.
—Ya veo, te encierras en ti misma, ¿no es así Michelle?
—Para nada.
—De acuerdo, en fin, podríamos empezar desde el principio, ¿no te parece Nickolas?
—¿Desde el principio?
—Sí, claro, por ejemplo, ¿por qué no me cuentas como han sido tus últimos cinco años anteriores?
—Pues relativamente bien.
—¿Bien nada más? ¿Eso es todo? Nickolas, si quieres recuperarte deberías contar todo, es más, habías dicho que si Michelle estaba presente hablarías, pues ahora ella está aquí, ahora habla de una buena vez, ¿recuerdas algo de tus últimos cinco años Nickolas?
—Pues no lo sé, estaba de gira con los chicos, presentándonos de país en país, todo era fenomenal, la pasaba en grande, tenía de todo, desde fama, hasta mujeres y dinero.
—¿Cómo actuabas como persona en ese tiempo?
—Como un hijo de p***, actuaba como el famoso y no como el hombre, todos me importaban un bledo, las únicas cosas que quería y necesitaba eran el dinero, la fama al tope y las mujeres, era un egoísta y un asco de hombre, a todos les encontraba algún defecto, sobretodo a las mujeres, para que me gustara debía ser perfecta, sino, no era mi tipo, yo me creía superior e importante a los demás y si yo me creía así, debía buscar una mujer con esas características, a nadie que conocía les gustaban las chicas con las que solía salir, llegué a llevarme menores de edad a la cama y hasta tener a dos mujeres a la misma vez dentro de la cama y cuando mi cuerpo no daba más, tanto porque tenía cada noche un concierto y por el día debíamos hacer entrevistas, sesiones fotográficas, dar autógrafos y ruedas de prensa y porque casi todas las noches tenía sexo recurrí a las drogas y así me podía mantener en pie durante días —le confesó y yo me quedé perpleja por saber que me había mentido.
—Las drogas dan el aspecto de un hombre desalineado y cansado siempre, es así también que afectan al comportamiento de una persona, tiene cambios de humor y hasta puede llegar a la violencia, se comprobó que los drogadictos son violentos y pueden destruir cualquier cosa y más si esas sustancias las combinan con alcohol.
—Tenía una idea sobre eso, pero sinceramente nunca creía poder llegar a lo que llegué.
—Las drogas y el alcohol dominan a la persona, no la persona a ellas y a él, debes recordar eso siempre Nickolas, ¿qué tipo de drogas has probado y comenzaste a consumir?
—He probado varias y con la que me había quedado fue con la droga más cara.
—Lo caro siempre tiene un precio demasiado alto.
—Lo sé eso también, pues aquí me ves, internado en un centro de rehabilitación por mi ex mujer —le contestó y yo me sentí algo incómoda por su respuesta y yo le respondí algo molesta a él.
—Pues todos te lo decíamos, y como nunca tuviste las agallas para entrar por tu propia cuenta a un centro de rehabilitación, entonces yo me tuve que hacer cargo de ti.
—Y yo nunca te he pedido que lo hicieras.
—No reaccionabas y no íbamos a permitir que te arruinaras más de lo que ya estabas arruinado.
—Yo no te había pedido que te hicieras cargo de mí, ni tampoco te pedí que pongas todo con tu dinero aquí dentro en donde me encuentro.
—Pues no tenía otra alternativa, no iba a permitir que los chicos pagaran tu internación y todo lo demás y ni tampoco tu familia, así qué, como yo vivía contigo debía hacer algo por ti y pues te pagué todo.
—Bien podías haber revisado mi billetera y sacar los números de alguna de mis tarjetas de crédito y ponerlo a nombre mío todo lo que está llevando este proceso de desintoxicación.
—No me atrevería nunca a tocar tu billetera, no tengo el nombre de ninguna con las que has salido antes —le grité frente a su psicóloga.
—Pero sí te has atrevido a salir con Spencer a mis espaldas, ¿no es así Michelle?
—Me tenías encerrada en la casa, me habías prohibido la salida a cualquier lado que vaya.
—¿Y por qué crees que hacía eso contigo? —me preguntó serio matándome con su mirada gélida.
—Porque te avergonzabas de mi aspecto anterior.
—Tranquilos chicos, por favor quiero que se sienten y que me respondan las preguntas que les haré a continuación, ¿por qué Nickolas dice que tú te avergonzabas de su aspecto anterior?
—¿Alguna vez has visto Betty, la fea? Pues así era ella antes de que tenga éste aspecto que ves ahora en ella.
—Nickolas las personas son como son, no puedes ni debes cambiarlas.
—Eso lo comprendí muy demasiado tarde.
—Me lo supuse, si tú decías que no la dejabas salir de la casa, ¿cómo es que se han conocido ustedes dos?
—Es una historia demasiado larga.
—Yo tengo todo el tiempo del mundo —nos respondió la psicóloga a ambos.
—He llegado aquí hace cinco años desde Argentina.
—¿Por cuál motivo en especial?
—¿Es necesario todo esto? —le pregunté muy incómoda hablando de mi pasado.
—Sí, lo es, debo saber la vida de ambos para así llegar al punto principal que es la adicción de Nickolas.
—Sinceramente sigo sin entenderlo, pero de acuerdo, lo diré, tuve una infancia demasiado triste, no tuve la infancia que me hubiera gustado tener.
—Cuéntame de tus padres Michelle.
—Mi madre nos abandonó a mi padre y a mí cuando yo tenía unos ocho años, desde aquel momento mi padre se la desquitó conmigo, me encerró en mi habitación, me daba la comida en un plato y mis manos eran los utensilios, me consideró como un animal y no como una hija, era algo miope de chica y por eso mi padre me llevó al oftalmólogo para que usara unos lentes de vista horribles y también me llevó al dentista para que me colocara brackets, desde aquel momento comenzó a obligarme a poner vestidos antiguos, con puntillas bordadas en el cuello y puños, cuando desarrollé traté de cambiar de ropa, pero fue imposible.
—¿Por qué?
—Cuando me vio con el atuendo diferente, lo único que hizo fue sujetarme fuertemente de un brazo, me arrastró hacia mí habitación y me dio palizas, me hizo poner en mi mente que solo las rameras se vestían como yo me había vestido, no sé lo que le pasaba por su mente, pero creo que le recordaba a mi madre y por eso se la desquitaba conmigo.
—¿Los has vuelto a ver?
—No, y no me interesa verlos tampoco ahora.
—¿Cómo has llegado a USA?
—Al cumplir los dieciocho años de edad, mi padre digamos que me echo de la casa, pero antes de irme de ésta, tomé dinero de la caja que tenía en donde guardaba sus ahorros, o era eso o algo mucho peor y no estaba dispuesta a entregarme a alguien por dinero para llegar a éste país.
—¿Y tu infancia Nickolas cómo ha sido?

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#43

CONTINUACIÓN DEL CAPÍTULO 38

—No me puedo quejar, ha sido muy bonita, soy el hermano mayor de cuatro hermanos más, mis padres se llevaron bien hasta el día en que se separaron.
—¿La razón de su separación?
—No se soportaron nunca más, su relación como pareja y como matrimonio era pésima e insoportable y de un día para el otro decidieron divorciarse.
—¿Qué pasó después de eso?
—Cada uno hizo su vida, sin darle explicaciones al otro y ni siquiera a los demás.
—¿Tienes buena relación con ambos?
—Sí, no los veo muy seguido, pero sí tengo contacto por teléfono o por celular con ellos casi siempre.
—¿Y con tus hermanos?
—Sí también.
—De acuerdo, retomando a lo que habíamos dejado antes, ¿te has puesto a pensar Nickolas que lo que el padre de Michelle le hacía en su infancia y adolescencia se lo hacías tú también dentro de la casa?
—¿A qué te refieres? —le preguntó confundido mirándola extrañadamente.
—Claro, o sea, su padre fue un maltratador con ella, y tú en parte has sido igual a su padre, su padre la encerró en su habitación, tú la encerraste en tu casa, su padre le daba palizas, tú la insultabas en cierto modo por verla diferente a ti, su padre le metió cosas en la cabeza que realmente son estúpidas, tú te burlabas y la despreciabas por cómo era y por cómo se veía, ¿no crees que has sido igual a su padre de cierta manera?
—Quizás en cierto modo tengas razón con lo que me dices.
—Quizás no Nickolas, tengo razón, ponte a pensarlo detenidamente y te darás cuenta que le prohibías cosas al igual que le prohibía cosas su padre.
—Pues sí está bien, es verdad lo que me dices, ¿pero qué querías que hiciera? No podía dejar que saliera a la calle de esa manera, soy alguien público, hay fotógrafos alrededor mío casi siempre, no podían verme con ella en ese aspecto.
—Entonces me pregunto yo, ¿por qué te has casado con ella?
—Desde un principio sabía que era diferente a las demás, me respetaba en cómo era y respetaba lo que era en verdad, alguien público, un cantante famoso, nunca me reprochó nada.
—Hasta el día en que se casaron, ¿verdad Nickolas?
—Así es, creí que con el tiempo y con que se había casado por civil conmigo no cambiaría, pero me había equivocado al respecto.
—Debes saber que las mujeres cambian después del matrimonio, no todas, pero sí algunas, quizás Michelle no había cambiado, sino que tú no estabas dispuesto a hacer lo que ella te pedía.
—¿Qué cosa? ¿Dejar de salir con mujeres? ¿Dejar de tener sexo con alguna de ellas porque me lo pedía? Claro que no iría a hacer tal pedido por ella, lo que tuvimos entre los dos, solo había sido un pacto, diríamos un pacto de amistad, ella me entendía a mí y no me reprochaba absolutamente nada de lo que yo hacía y dejaba de hacer, ella se quedaba en mí casa a cambio de que yo saliera con quién se me daba la reverenda gana.
—¿Y de qué manera la querías tener en tu casa? ¿Cómo un objeto o como tu sirvienta y esclava?
—Nada de eso, solamente se quedaba en mi casa como una amiga con quién pudiera hablar por horas, ella me entendía y yo la entendía a ella.
—¿De verdad me entendías Nick? —le pregunté mirándolo a sus ojos—, ¿de verdad alguna vez me has entendido? ¿Alguna vez te has puesto en mí lugar siquiera? No lo creo así, estabas demasiado ocupado para salir con otras que entenderme, verme y estar conmigo Nick.
—¿El pacto se efectuó como tú lo acordaste Nickolas hasta el día en que aparentemente Michelle cambió, no es así?
—Sí —le respondió sin saber qué más contestarle por lo avergonzado que se sentía al respecto.
—¿Y a partir de ese cambio volviste a salir con otras mujeres?
—No, no salí más con ninguna otra mujer.
—¿Y qué te hacía pensar siquiera que Michelle te iría a aceptar?
—Pues el simple hecho de que estaba enamorada de mí.
—Pero tú no estabas enamorada de ella.
—Me gustaba y demasiado, la veía atractiva y sensual, le había dicho que la amaba.
—¿Pero lo sentiste de verdad cuando se lo dijiste?
—Sí, se lo había dicho de verdad porque lo sentía así.
—¿Y tú, Michelle, qué hiciste cuando te dijo todo aquello?
—Pues era obvio que no le había creído en lo absoluto, era el señor superficial.
—¿Te seguiste viendo con este chico llamado Spencer?
—Sí, formé una amistad con él, hasta lo conozco en persona.
—¿Cómo se han conocido?
—Por el chat.
—¿Y tú con Nickolas cómo se han conocido?
—En un bar por la tardecita, él estaba junto con sus amigos, los imbéciles que lo metieron en las drogas y el alcohol, obviamente todos ellos y él bebiendo y riéndose como idiotas mientras me veían, seguramente habrán jugado alguna apuesta para deducir si la estúpida de la chica caía en las redes de la apuesta, ¿y quién fue el chico que se acercó a mí? Pues nada más ni nada menos que Nick, pero sabía perfectamente bien que se había acercado a mí por lástima pero yo le quise dar un escarmiento, así qué, se acercó, como todo un caballero me invitó a una copa, yo no quise, pero él insistió, se sentó frente a mí y llamó al mesero, él pidió otro trago y yo pedí una malteada de chocolate, solo quise hacerle ver que lo que tenía horrible por fuera no era nada en comparación con lo que realmente tenía por dentro, pero a pesar de aquel escarmiento que le quise dar, se me había metido muy adentro de mí ser, desde aquel momento me había enamorado perdidamente de él, fui la estúpida que se había ilusionado y que se había enamorado del cantante.
—¿Y después de aquel día qué sucedió?
—Le pregunté si iría a estar a esa misma hora el día siguiente y me dijo que sí —le respondió.
—¿Realmente fue una apuesta Nickolas?
—Puede que sea un idiota, un imbécil y estúpido y un desvergonzado también, pero no fue por una apuesta que me acerqué a ella.
—¿Entonces por qué fue?
—Por lástima —le dije yo antes de que él respondiera.
—No fue por lástima Michelle, tú creíste que había sido por lástima y yo te lo confirmé, pero no fue por eso que me había acercado a ti, si bien mis amigos, a los cuáles tú has llamado imbéciles, palabra que se la tienen muy bien merecida, se estaban riendo de ti y yo en parte también, pero ellos me decían que no me acercara a ti pero yo no les hice caso.
—¿Entonces por qué te has acercado a mí aquella tarde?
—No creo que me creerías con lo que tengo para decirte.
—Pues por más que no me lo creas, siempre te he creído.
—Pues entonces, te lo diré sin más preámbulos, me había acercado a ti, porque me gustaba tu boca, me decía a mí mismo que no podía ser que tuvieras esa boca tan sensual y carnosa con lo que en verdad eras, parecía algo de no creérmelo, hasta que me acerqué, me senté frente a ti y lo confirmé.
—Estás bien idiota Nick, no me creeré ese cuento tonto.
—Me habías dicho que creías todo de mí, así qué, deberías creerme lo que recién te dije.
—A los hombres les puede gustar diferentes parte del cuerpo de una mujer —dijo la psicóloga.
—¿Ves ahora? —me preguntó sarcástico mientras arqueaba una de sus cejas.
—De acuerdo, ¿y solo porque te gustaba mi boca quisiste volverme a ver?
—Por eso y porque la primera vez que hablé contigo no me pareciste ninguna tonta Michelle.
—¿Y por qué quisiste casarte por civil conmigo? ¿Por qué me prohibías todo? Tú si podías salir con quién se te daba la reverenda gana y yo ni siquiera un amigo podía tener, ni menos salir contigo por cómo me veía con el aspecto horrible que tenía, no te pedía que salieras conmigo a algún restaurante o lugar lleno de gente, solo salir a dar una vuelta con el auto, o ir a un lugar alejado en donde nadie estuviera alrededor nuestro, tratabas mejor a tu perra que a mí, ni te imaginas cómo me sentía por dentro, tú yéndote todas las noches y volviendo a la mañana siguiente y yo encerrada en la casa, cambié gracias a las esposas de los chicos, me arreglé por ti y para ti y tú no hiciste absolutamente nada por mí, tu objetivo solamente había sido llevarme a la cama, ni siquiera supiste todo de mí cuando tuviste infinidades de oportunidades, solamente ahora y aquí sabes como soy en verdad y todo lo que una vez debiste tratar de preocuparte por saber y por preguntarme.
—Suelo tener imbéciles por amigos, ¿recuerdas?
—¿Cómo no recordarlo si por culpa de esos imbéciles casi te vas para el otro lado?
—¿Cómo? —me preguntó asombrado mirándome a mis ojos detenidamente.
—¿Acaso no lo sabías?
—¿Qué cosa debía saber?
—Llegaste aquí en coma, tuviste un coma alcohólico y casi una sobredosis, imbécil.

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#44

CAPÍTULO 39

Tal parecía que no reaccionaba al haberle dicho todo aquello, la psicóloga nos despejó a ambos en volvernos a preguntar sobre la relación que teníamos y sobre el tercero en discordia llamado Spencer. Le había contado a la psicóloga que mientras estuve casada con Nick siempre había sido un amigo más, como lo eran los chicos, o sea los esposos y el novio de mi amiga, pero cuando nos divorciamos después de un tiempo comencé a salir con él.
—¿Por cuál motivo se divorciaron?
—El papel del registro civil tenía validez por un solo mes, después de ese mes, el matrimonio entre ambos quedaba sin efecto alguno y me atreví a sugerirle o más bien a pedirle matrimonio a Nick por Iglesia, yo no estaba dispuesta a entregarme a él sin antes habernos casado por Iglesia, hasta que una noche le di un ultimátum, si dentro del mes no me pedía matrimonio como correspondía lo nuestro se acababa —le contesté y él siguió para terminar sobre ese tema.
—Y a la semana sin falta alguna le presenté los papeles del divorcio.
—¿Se dan cuenta que ambos tuvieron la culpa en esto?
—Sí —respondimos los dos al unísono.
Cuando terminé de responderle aquel sí por respuesta, miré mi reloj pulsera que marcaban las diez de la mañana en punto y ya se me estaba haciendo tardísimo para ir al local.
—Yo debo irme, se me está haciendo tarde para llegar al negocio, no creo que me necesites más para las sesiones con la psicóloga, nos vemos después Nick, hasta luego —les dije y salí de la habitación cerrando la puerta detrás de mí muy suavemente.
—Ahora bien Nickolas, te lo preguntaré directamente y quiero que me respondas con sinceridad, ¿de acuerdo?
—De acuerdo.
—¿Sigues queriéndola verdad?
—¿Por qué me lo preguntas?
—He sentido y pude percatarme que tanto tú como ella tienen una especie de conexión, se miran y ya saben lo que se quieren decir sin que ninguno de los dos se tome el trabajo de abrir la boca para decirle algo al otro, aún así, Michelle está resentida contigo Nickolas, cuando confesaste que hacia ya cinco años que te drogabas y que bebías alcohol puso una cara que no se lo esperaba en lo más mínimo.
—El otro día cuando me lo preguntó, le había dicho que había comenzado a drogarme y a beber desde el día en que supe que la había perdido para siempre, me había dado vergüenza el decirle que desde hacia ya cinco años hacía todo aquello.
—¿Tu supuesto matrimonio con ella fue bueno?
—Sí, digamos que fue demasiado bueno para haber sido verdad, ella fue realmente buena conmigo cuando yo me comportaba como un cerdo con ella.
—¿Cómo te sentiste cuando supiste que Michelle salía con otro?
—¿Cómo crees que te sentirías tú si tu ex pareja sale con otra? Obviamente que para nada bien.
—Es verdad, ¿y sobre las cosas que consumías? ¿Cómo te sentiste la primera vez que las probaste?
—Primero no quise, pero luego me arrastraron a ello, la primera vez que probé ambas cosas no me cayeron del todo bien, pero luego quise probar más y más, creí haber tocado el cielo con mis manos, me sentía como si yo era el superior a todos los que estaban a mí alrededor y más consumiendo las cosas que consumía, a partir de ahí comencé a perder a los verdaderos amigos y solo me quedaron los que me llevaron a la consumición de ambas cosas.
—¿Qué hay de los integrantes del grupo que formas?
—Me lo repitieron millones de veces pero me entraba de un oído y me salía por el otro, siempre estuvieron allí por y para mí.
—¿Y tu familia Nickolas?
—También lo hacían, pero yo no les hacía caso, no me importaba nada de todo lo que me decían, yo mismo pensaba y creía que eran unos idiotas por no comprenderme, en cambio el idiota todo este tiempo había sido yo por consumir alcohol y drogas, hasta llegué a beber mucho y a drogarme bastante en el casamiento de uno de los integrantes del grupo que formo parte del mismo.
—¿Alguien se dio cuenta de que lo hacías?
—Me siguió toda la noche Michelle, no me perdió rastro alguno por toda esa noche hasta la mañana siguiente, me acuerdo de esa noche y ahora me da pena y siento una vergüenza terrible.
—Sucede exactamente eso Nickolas cuando uno se da cuenta que casi ha perdido todo y se lamenta por todas las cosas que le han pasado a uno, dime algo, ¿tienes idea de lo que harás apenas salgas de aquí?
—Todavía ni siquiera sé cuánto tiempo estaré aquí dentro, pero me imagino que por meses permaneceré aquí dentro, ¿verdad?
—Eso es algo que yo no podría decirte, es más, ni el médico que te trata lo sabe, eso depende solamente de ti y de todas las ganas que le pongas a este camino y a este proceso de rehabilitación.
—Lo sé perfectamente bien eso, quiero recuperarme de las adicciones.
—Entonces hazlo por lo que más quieras, ¿qué es lo que quieres en verdad Nickolas? ¿Qué es lo que más anhelas tener?
—¿Lo que más quiero? ¿Lo que más anhelo? Tiene un solo nombre, Michelle.

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#45

CAPÍTULO 40

—Entonces recupérate por completo y vuélvela a conquistar, no querría verte de nuevo caer.
—Claro que no, ella misma me dijo en mí propia cara que con un drogadicto y alcohólico no iría a tener relación alguna.
—Y estoy de acuerdo con ella, yo tampoco aceptaría a un hombre de esa manera tan patética.
—De acuerdo, lo primero y principal es recuperarme.
—Me parece perfecto lo que acabas de decirme, pero primero, te recomendaré un buen nutricionista, él te dará una buena dieta equilibrada, verás cómo bajarás de peso si eso quieres también.
—Sí, eso necesito y quiero también, otra de las causas por las cuales me drogaba y bebía era por la obesidad que tengo.
—Entonces éste nutricionista te hará una dieta muy buena, ya verás que en unos meses bajarás de peso y serás el Nickolas que quieres ser y que has querido ser siempre, él seguramente te recomendará algún personal trainer por si quieres hacer actividad física o mismo tú se lo puedes comentar si es que él desde un principio no te dice nada sobre eso de las actividades físicas.
—Gracias —le dijo tomando la tarjeta personal del nutricionista en una de sus manos.
—De nada, para eso estamos Nickolas, mañana volveré a la misma hora y coincidiendo con Michelle, no creo que la necesites más en las sesiones que vendrán más adelante ni para la sesión de mañana tampoco, si te abres más a las personas que te quieren de verdad por cómo eres realmente y eres más amable, espontáneo y simpático verás que te ayudará más en el proceso de rehabilitación y sobre todo tú mismo te sentirás bien y mejor contigo mismo.
—Gracias por el consejo.
—De nada otra vez, hasta mañana —le respondió levantándose de la silla.
—Hasta mañana —le dijo y ella salió de su habitación cerrando la puerta muy suavemente detrás de ella.
Las sesiones que más importaban comenzaron al día siguiente, solos, la psicóloga y Nickolas, sin nadie alrededor de ellos, nadie debía escuchar ni presenciar las cosas que se hablaban dentro de esas cuatro paredes de su habitación. Allí Nick se desahogó con ella y consigo mismo, le contó cosas que quizás a mí nunca me las había contado o bien, nunca me las iría a confesar por más que en su momento ambos éramos los mejores amigos. Días más tarde, su nuevo nutricionista se hizo presente, dándole toda una dieta equilibrada y rica en proteínas, fibras, etc., le comentó sobre el personal trainer que él quería tener dentro y fuera del centro de rehabilitación y su nutricionista se lo proporcionó también. Los chicos, su familia y yo lo íbamos a visitar todos los días, yo hacía siempre dos visitas todos los días, a la mañana y por la tardecita. La rutina era cansadora tanto para él como para mí, él por un lado se debía quedar por meses ahí dentro y yo debía hacer por meses aquel recorrido doble todos los días. Algunos fines de semana, le llevaba películas alquiladas para que las viéramos en el DVD portátil que yo traía, comíamos chocolates, helado y palomitas. Ahora sí podía decir yo misma que lo veía de buen humor, contento y con ganas de seguir adelante, de esa manera pasaron seis largos meses, su alta estaba por llegar de un momento a otro y eso es lo que más feliz nos ponía a todos, en especial a él y a mí.
—Espero que aceptes el ramo Nick —le dije entregándoselo en sus manos riéndome y él rió conmigo.
—Me siento un divo —dijo bromeando y reímos todos los presentes.
—Te lo mereces por haber sido tan valiente durante todos estos nueve meses que han pasado.
—Gracias de verdad.
—De nada —le dije y lo abracé por su cintura y él corresponde a mi abrazo.
Aquella tarde decidimos ir a almorzar todos juntos para celebrar su total recuperación. Nick nunca supo que había dejado de salir con Spencer hacía ya nueve meses también, desde la noche en que a él lo internaron en el centro de rehabilitación para el tratamiento. Luego de aquel almuerzo con todos, dejé de verlo, una porque quería que él se acomodara bien y conociera a otra chica y otra porque yo quería tratar de olvidarme de él y arrancarlo por completo de mi corazón. Los siguientes tres meses me fueron imposibles no recordarlo en cada detalle o momento.
Una tarde gracias a una de las chicas, Nick se entera que yo no salía más con Spencer.

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#46

CAPÍTULO 41

—Hola Nick, ¿cómo estás? —le preguntó Letty la esposa de Brian.
—Hola Letty, muy bien, ¿y tú?
—Muy bien también, ya nos ves aquí con demasiado trabajo.
—Eso es muy bueno, ¿está Michelle?
—No, se ha ido a comprar flores para los floreros del local que están vacíos.
—¿No sabes dónde queda el puesto de flores?
—Cerca de aquí, está sobre la misma cuadra del negocio a tres cuadras de aquí, ¿por qué la buscas?
—Krista me ha dicho que hace tiempo Michelle no sale más con Spencer, ¿es verdad eso?
—¿Por qué lo quieres saber eso?
—Tú sabes bien porqué lo quiero saber Letty, así qué, no quiero que me mientas.
—Pues de acuerdo, te lo diré, aunque Michelle nunca quiso que lo supieras, ha preferido no decirte nada porque ella creía que era lo mejor para los dos, tú seguías creyendo que salía con Spencer así tú conocías a otra chica y te olvidabas de ella, así como ella cree que te olvidará a ti estando alejada de ti y sin verte, y si te soy sincera no creo que haya sido buena idea eso que ha hecho Michelle.
—¿Hace cuánto que terminó con él?
—Hace exactamente nueve meses.
—Es imposible, fue el tiempo que me ha llevado a mí recuperarme de las adicciones.
—Pues créelo porque es la pura verdad, me alegra verte muy bien Nick —le dijo sonriéndole y él correspondió a su sonrisa.
—Gracias Letty, en fin, muchas gracias por el dato, iré al puesto de flores.
—De nada, cuando se trata de ti, y de Michelle cuenta con nosotras siempre.
—Gracias de verdad.
—De nada —le contestó, y luego de saludarse con un beso en una de sus mejillas él salió del negocio.
Caminó las tres calles que Leticia le había dicho y me encontró comprando varios ramos de flores, yo estaba concentrada en los ramos cuando una voz masculina, y muy conocida por mí habló por detrás de mí.
—Hola, ¿podría darme aquel ramo enorme de rosas rojas con el florero incluido?
—Hola, sí enseguida —le respondió tomando en sus manos el florero enorme con el ramo incluido.
—Hola Michelle, ¿cómo estás?
—Hola Nick, muy bien, ¿y tú? —le pregunté dándome vuelta para verlo a sus ojos.
—Muy bien también, ¿comprando flores?
—Sí, las anteriores del local estaban ya casi marchitas y decidí cambiarlas por éstas que ves.
—Son muy bonitas.
—Es verdad, lo son —le dije y me acerqué a ellas para oler su aroma tan rico—, ¿y tú qué haces aquí? —le pregunté curiosa queriendo saber.
—Había ido al local de ustedes, pregunté por ti y Letty me dijo que estabas aquí.
—Ah está bien —le dije y tomé entre mis manos los ramos que me daba el señor y luego le pagué la suma total de lo que me había cobrado—, gracias, hasta luego —le respondí al señor y él respondió luego de un de nada, lo mismo que yo le había dicho.
—Aquí tiene señor, quédese con el cambio.
—Gracias y buenas tardes.
—De nada y buenas tardes para usted también —le contestó Nick y me siguió por detrás—, me ha dicho Letty que les está yendo muy bien, que tienen demasiado trabajo.
—Así es, tenemos muchísimo trabajo.
—Eso es muy demasiado bueno.
—Sí, así es.
—¿Sabes? Hace meses que no he sabido nada de ti, ¿por qué no me has llamado ninguna vez? —me preguntó y yo no sabía qué responderle a esa pregunta tan comprometedora.
—He tenido muchas cosas que hacer, tengo muchas cosas en mi mente, tengo el trabajo, a Spencer, aparte no quería molestarte.
—¿Molestarme? El único llamado que estaba esperando era el tuyo Michelle.
—Pues lo siento mucho Nick, pero no te iba a llamar.
—De acuerdo, pues entonces he venido yo a visitarte y para saber cómo estabas.
—De verdad Nick, siento mucho no haberte llamado ni siquiera una sola vez durante estos meses que han pasado.
—Está bien Michelle, no te estoy reprochando nada, ¿sabes? Me ha dado mucha alegría volverte a ver.
—Gracias, a mí también me ha dado mucha alegría volverte a ver Nick y saber que estás bien y totalmente recuperado —le respondí sonriéndole y él correspondió a mí sonrisa también.
—Esto es para ti, espero que lo aceptes —me expresó entregándome en mis manos y cómo podía el enorme florero junto con el ramo de rosas rojas increíble que me había regalado en el puesto de flores.
—¿Son para mí de verdad? —le pregunté incrédula y asombrada totalmente.
—Sí, son solamente para ti.
—¿Por qué?
—Porque sí, porque tuve ganas de regalarte este ramo de rosas rojas.
—Muchas gracias Nick, es precioso el ramo entero, de verdad no tenías porqué regalarme nada.
—De nada, me alegro de que te haya gustado mucho, no te preocupes, ha sido solo un detalle más, en fin, me iré, no te quitaré más tiempo, hasta pronto —me emitió y se inclinó hacia mi rostro en donde posó sus labios en una de mis mejillas rosadas para darme un suave beso, el cuál yo correspondí también con la misma suavidad.
Me dejó allí parada en la entrada del local, me había paralizado su actitud y la manera en cómo me había dado aquel bello beso de mejilla. Me sentía como una adolescente enamorada otra vez por el hombre que una vez no tuvo ojos para mí y el cuál antes de renovarme por completo no me consideraba mujer para él. Debía acallar nuevamente estos sentimientos que querían volver a salir a flote y si dejaba por un instante resurgirlos, estaba perdida otra vez y ésta vez para siempre.

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#47

CONTINUACIÓN DEL CAPÍTULO 41

Entré al negocio y cerré la puerta detrás de mí muy despacio, entré con la mirada fija y detenida de Letty sobre mí, sabía bien que había presenciado de forma impersonal la escena de Nick junto conmigo en la entrada del local, pero ni ella ni yo abrimos la boca, solo me dediqué a poner las flores en los floreros correspondientes y el ramo de rosas rojas lo dejé en un rincón de la tienda.
Letty no podía quedarse más un segundo callada y me habló de manera indirecta, pero en fin me habló.
—Qué bonito ramo de rosas rojas, ¿lo has comprado en el puesto de flores Michelle?
—Sí, me dije que quedarían bien allí puestas junto con ese florero de cristal, ¿no lo crees así?
—Pues no quedan para nada mal, pero se verían muchísimo mejor en tu departamento, ¿no lo crees así Michelle? ¿Por casualidad no te ha venido el ramo con una tarjeta personal? —me preguntó mirándome pícaramente y sonriéndome de la misma manera.
—Pues no, no me ha venido con ninguna tarjeta personal, solamente con un hombre ha venido —le respondí y luego me había dado cuenta que había metido la pata bastante y me mordí la lengua por haberme delatado a mí misma.
—¿Su nombre es Nick?
—¿Qué quieres saber Letty? ¿Si el ramo me lo regaló Nick? Pues sí, él me lo ha regalado.
—¡Ay me encanta que te haya regalado ese ramo Michelle! ¿No crees que es demasiado bonito?
—¿Te gusta? Pues te lo regalo.
—¿Por qué estás así Michelle? ¿Acaso no te ha gustado volverlo a ver? —me preguntó y yo me senté en uno de los puff.
—No lo sé Letty, cuando creí que se había olvidado de mí, volvió a aparecer.
—¿No será que tú quieres olvidarte de él y no puedes hacerlo? Creo yo que él nunca te ha sacado de su mente como tú quieres tratar de quitártelo de la tuya.
—¿Y si todo vuelve a ser como antes? ¿Y si no somos el uno para el otro? ¿Por qué crees que me he alejado de él cuando lo creí correcto?
—Porque fuiste una tonta Michelle, él nunca te ha dicho que te salieras de su vida, él nunca te ha dicho que te alejaras de él, tú sola, solamente tú decidiste alejarte de él porque creíste que él debía conocer a otra chica, pues estás muy equivocada al respecto, ¿por qué crees que te ha venido a visitar? ¿Por qué crees que te ha regalado ese enorme ramo y encima de rosas rojas? Yo creo que si ha hecho todo eso es porque en ningún momento te ha podido olvidar, como tú estás tratando de olvidarlo a él.
—¿Por casualidad no le has dicho que he roto con Spencer desde que lo encontraron los chicos en su casa inconsciente, no?
—Pues yo no me encargué de eso, solo fue Krista la que se encargó de decírselo.
—¡Leticia! ¡Les había pedido a todas que no le dijeran nada, absolutamente nada a Nick! ¿¡Por qué lo han hecho!?
—¡Pues porque ustedes deben estar juntos! ¡Y señorita debería ser más agradable y amable con Nick! —me gritó y yo me quedé callada por su reacción hacia mí.
—¡En mis planes de ahora, no estaba Nick! —le grité también enfrentándola.
—¿En tus planes de ahora? ¿Pensabas volver con Spencer o conseguirte a otro? ¿Por qué no eres realista Michelle y te das cuenta que si Nick ha vuelto ha sido por algo?
—Soy realista Letty, desde la última vez que lo he visto a Nick, he sido realmente realista, él no encajaría nunca conmigo ahora, cuando realmente quise estar a su lado no pudo ser por sus dos adicciones, ahora míralo cómo está, tan renovado y recuperado, ¿lo has visto bien? Está cambiadísimo en todos los aspectos, ¿y mírame a mí?
—Te estoy mirando y no sé lo que me quieres decir con esto que me has preguntado.
—¿Acaso no has visto mis kilitos de más que tengo? —le pregunté incrédula por no darse cuenta de eso mucho antes de habérselo preguntado ahora mismo.
—¿Cuánto mides? 1,55 cms, ¿no? ¿Cuánto pesas?
—Unos 56 kilos con algunos gramos de más, creo que si mal no recuerdo peso casi 57 kilos.
—Si crees que eso es estar gorda, estás bien estúpida nena, ¿o será que tienes miedo de darle una segunda oportunidad porque crees que lo de ustedes no funcionará nuevamente? —me preguntó entrecerrando sus ojos mientras me observaba y yo me ruboricé por completo de lo avergonzada que estaba, porque realmente pensaba y creía lo que ella me había preguntado—, es por eso de verás, ya veo, pues te diré algo y espero que lo recuerdes perfectamente bien lo que te diré a continuación, las oportunidades golpean una sola vez en tu vida, está en ti tomarlas o no, las demás, los chicos y yo esperamos que tú la tomes o las tomes y si la dejas o las dejas pasar ésta o estás no volverá y no volverán nunca más a tu vida nuevamente, porque se te haya presentado ahora ésta segunda oportunidad no quiere decir que más adelante volverá a presentarse otra vez como ahora, claro que no, es "o lo tomas o lo dejas" y yo misma creo que todas las oportunidades, tanto si son como primeras, segundas, terceras o las que fueran, deben tomarse y las debes tomar en el preciso momento en que golpean a tu puerta, porque cariño, el tren se va y no vuelve más, si tú en el instante en que el tren se detuvo, tú no te subiste, éste se va sin ti y no lo volverás a ver nunca más, si tú no te subes ahora y lo dejas ir, no te subirás nunca más a otro tren y lo perderás para siempre.
—¿Y si todo vuelve a ser como antes? ¿Quién me asegura que no volverá a pasar? ¿Quién me asegura que no volveré a pasar por lo mismo nuevamente? —le preguntaba todas esas preguntas bastante preocupada al respecto.
—Cariño, si no te arriesgas no ganas nada, con intentarlo otra vez y con darle una segunda oportunidad no te perderás nada.
—Si le doy una segunda oportunidad y no vuelve a funcionar, sí que ganaré algo, una desdicha tremenda y un corazón roto para siempre, no quiero volver a ser engañada nunca más, no quiero volver a ser la cornuda, no quiero que otra vez todo el mundo hable a mis espaldas y me digan que volví a ser traicionada por Nick, es horrible saber que tienes a tu lado un hombre que te engaña, las cosas que veía por la televisión y por las revistas y las cosas que escuchaba por la radio o algunos comentarios de terceros, no los quiero volver a ver ni escuchar nunca más en mi vida —le respondí sollozando.
—Eso ya ha pasado hace un poco más de un año Mich, no te es bueno volver a recordar siempre lo mismo, olvídate de eso y vuelve a formar algo bonito y duradero con Nick, hazme caso Michelle, vuelve a darle otra oportunidad y verás que no te arrepentirás en lo absoluto y en lo más mínimo.
—¿Eso crees tú y los demás lo creen así también?
—Los demás no lo sé, yo hablo por mí misma, pero estoy segura que tanto las demás chicas como los demás chicos estarán de acuerdo conmigo también.
—De acuerdo, haré lo que me dices.
—Me parece excelente, verás que nunca te arrepentirás en lo más mínimo de la decisión que te he hecho tomar y que en parte te han hecho tomar las demás chicas y los demás chicos también.
—Espero que tengan todos ustedes razón sobre esto.
—No tenemos absolutamente ninguna duda sobre esto que está pasando entre tú y Nickolas.
El día que restaba de tener abierto el negocio se fue muy demasiado rápido, cerramos el local entre Leticia y yo, a ella la pasó a buscar Brian con su hijo Binny, Brian insistió en llevarme, pero yo le dije varias veces que no, no los quería molestar en tener que llevarme por obligación hasta mí departamento. Sin más insistencias por parte de él y por parte de Letty también, me saludaron y se fueron.
Yo emprendí el camino a pie hacia mi departamento como todas las mañanas, hasta llegar a la parada de autobuses para ir hasta mi departamento.
Llegué media hora después al edificio donde estaba alquilando el departamento donde me estaba hospedando desde el día en que me fui de la casa de Nickolas, entré al mismo, le renové el agua al florero y lo puse en un rincón de mi habitación, me desvestí y me la cambié por ropa bien cómoda, rato después suena mí celular y atiendo la llamada.

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#48

CAPÍTULO 42

—¿Hola?
—¿Hola Michelle?
—¿Nick?
—Sí, ¿cómo estás?
—Bien, ¿y tú?
—Bien también —me respondió y los dos nos quedamos callados sin saber que decirnos—, ¿sabes? Debo colgar, se me está atrasando algo que debo hacer para mañana —le contesté mintiéndole.
—Oh está bien, de acuerdo, no te quito más tu tiempo, no te molestaré más, espero que sigas bien, hasta pronto Michelle —me emitió comprendiendo la indirecta que le había dado.
—Gracias, que sigas bien tú también, hasta pronto —le expresé y ambos cortamos la llamada.
—De nada —le contestó a su celular mirando la pantalla que decía Llamada Finalizada.
Si me hubiera visto Leticia, me hubiera tironeado de mis pelos por haber actuado como toda una chiquilina y me lo tenía muy bien merecido, por haber sido tan seca y cortante con Nickolas cuando me llamó a mi celular.
La semana había pasado y no tenía noticias de él, no era estúpido Nick cuando quería, se hacía el tonto pero no lo era en lo absoluto, había entendido mi indirecta hacia él y por esa razón en especial no había intentado llamarme a mi celular ni siquiera a presentarse en el local donde trabajaba junto con las demás chicas, o sea mis amigas.
Pero el lunes de la semana posterior, su llamada volvió a ponerme mucho más que nerviosa.
—Hola Michelle, ¿cómo estás? Espero que no me esquives como la semana pasada cuando te llamé a tu celular por primera vez después de mucho tiempo atrás.
—Hola Nick, yo estoy bien, ¿y tú?
—Yo estoy bien también.
—Me alegra escucharte decir eso, ¿necesitas algo?
—Me alegra saber eso de ti también, sí, necesito preguntarte algo.
—Dime.
—¿Este sábado tienes planeado hacer algo?
—¿Si tengo planeado algo? ¿Para qué? —le hice esas dos preguntas y leí el papel que me había escrito Leticia.
TE ANIQUILAMOS SI LLEGAS A RECHARZAR SU INVITACIÓN
—Sí, claro, ¿tienes que hacer algo el sábado por la noche?
—Pues no.
—Me alegro, porque te pasaré a buscar alrededor de las ocho en punto de la noche, así qué, ¿me darías tu dirección de donde vives?
—¿Por qué mejor no me das tú la dirección de donde quieres que nos encontremos y listo?
—Así no funciona esto Michelle, yo prefiero que me des tu dirección y de ahí nos vamos al lugar que quiero reservar para esa noche.
—Está bien, de acuerdo, ¿tienes para anotar?
—Sí, dime —me respondió y anotó la dirección, el piso y la letra del departamento en donde estaba viviendo—, ahora sí, gracias.
—De nada, ¿a dónde piensas llevarme Nick? —le pregunté sumamente curiosa e intrigadísima por demás.
—Eso lo sabrás cuando lleguemos allí, solo debes saber que te debes vestir formal y que quiero que estés completamente lista a las ocho en punto de la noche, ni un minuto más ni un minuto menos, ahora sí, yo debo colgar la llamada que tengo que terminar de hacer unas cosas que había dejado pendientes, nos veremos muy pronto, hasta luego Michelle.
—Nos vemos pronto, hasta luego Nick —le dije y ambos cortamos nuestras llamadas.
—¿Y qué te ha dicho?
—Me ha invitado a salir, pero no me ha dicho adónde, solamente me ha dicho que debo vestirme formal y que me pasaría a buscar a las ocho de la noche en punto, eso fue todo.
—¿Ya sabes lo que te pondrás? –me preguntó y yo la miré como queriéndole decir, ¿perdón que no te he escuchado bien?—, oh vamos Michelle no me pongas esa cara, ¿acaso no tienes ganas de salir con él otra vez?
—Pues antes no salía con él, simplemente me tenía como una sirvienta y como una esclava, pero nunca como una mujer para él.
—Pues sabes muy bien el porqué fue así contigo, simplemente no pensaba, solo actuaba a su manera porque creía que estaba bien lo que hacía, las drogas y el alcohol actuaban por él y lo estaban. matando.
—Pero eso no justifica lo que me ha hecho a mí.
—No seas rencorosa, eso todo ya ha pasado hace muchos meses atrás, sal con él, nadie te dice que te debes acostar con él, será solo una cena para recordar cosas entre ambos.
—Eso es lo que no quiero, recordar y como no quiero recordar absolutamente nada de lo que ha pasado entre nosotros dos, será mejor que lo llamé a su celular y le diga que la cena se cancela.
—Ni se te ocurra hacer eso Michelle, tú irás a esa cena, no seas cobarde.
—Pues no lo soy.
—Yo creí que sí lo eras, ¿a qué le tienes miedo Michelle?
—Ya sabes a qué le tengo miedo Letty.
—Si no lo intentas no sabrás si ha valido la pena o no.
—Es verdad eso.
—Entonces, sal con él y pruebas.
—De acuerdo.
—Ahora, ¿ya sabes que te pondrás?
—Letty, recién la cena será el sábado, no sé lo que me pondré, el viernes veré si me pondré vestido o alguna falda con alguna blusa.
—Está bien.
Las chicas y yo almorzamos dentro del negocio, una de las chicas puso el cartel de Cerrado, y todas nos dispusimos a comer. A medida que comíamos nos reíamos y comentábamos muchas cosas, un auto estacionó en el cordón de la vereda de nuestro local. Cuatro chicos se bajaron del mismo y se acercaron a la tienda. Krista les abrió la puerta y entraron todos, nos saludaron y cuando fue el turno de Nick en saludarme, él lo hizo por mí como aquel día en que me entregó en mis manos el enorme ramo de rosas rojas.

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#49

CAPÍTULO 43

—Te ves bien Michelle.
—Gracias, tú también te ves bien Nick.
—De nada.
—¿Ya han almorzado?
—Sí Alex —le contesté—, ¿y ustedes?
—Nosotros también —contestó Howie.
—¿Entonces qué hacen aquí? —les preguntó Lynne la esposa de Howie.
—Hemos creído que sería buena idea dar autógrafos aquí, ustedes venderían sus prendas mientras nosotros damos autógrafos —nos dijo Brian.
—¿Y con qué anuncio podría ser? —preguntó Ruth.
—Tengo la laptop, podría mandar un anuncio vía Twitter, Facebook y poner un anuncio en nuestra página web, no sé qué les parecerá, pero se me ocurrió que podríamos poner una rebaja a las prendas y de regalo se llevan un autógrafo y una foto con el grupo.
—Me encanta la idea Mich —me dijo Brian y los demás estuvieron de acuerdo.
—Gracias, pero antes de hacer eso, debemos ver los precios de cada prenda y decidir a qué rebaja ponerlas.
—Yo diría que rebajas varias, desde el diez por ciento hasta el setenta por ciento, ¿qué dicen ustedes chicas? —nos preguntó Ruth.
—Por mí no hay problema —dijo Krista—, lo hacemos una vez cada tanto, no siempre.
—Aunque deberíamos hacerlo más seguido —respondió Leticia, la esposa de Brian—, no nos cuesta nada, deberíamos ponernos como proyecto hacer esto una vez al mes.
—¿Lo qué? ¿Las rebajas de todas las prendas? —le preguntó Lynne, la esposa de Howie.
—Eso, más que los chicos quieran dar autógrafos y sacarse fotos con sus fans —dijo y miró a los cuatro.
—Ninguno de nosotros tiene problema en hacer ese favor —le emitió Nick.
—Me alegra escuchar eso y me supongo que no serás un ogro, ¿no Nick? —le pregunté mirándolo detenidamente a sus ojos.
—¿Por qué me lo preguntas?
—Tú sabes bien porqué te lo pregunto Nick, siempre has tenido esa cara de ogro, para no decirte que tenías siempre esa cara de c*** que te salía a la perfección, es o quizás era tu mejor cara, sobretodo cuando tus fans y yo nos quedábamos embelesadas contigo y tú más esa cara de pocos amigos ponías, ¿la practicabas todos los días o te salía así de espontánea esa carita? —le pregunté sarcástica.
—¿No crees que ese tema lo deberíamos hablar en otro momento y en otro lugar más privado?
—¿Por qué? Si todos los presentes saben como eras o como sigues siendo en verdad.
—Ya no soy más el Nick que has conocido una vez.
—Ni yo soy la Michelle que has conocido antes de que te internara en el centro de rehabilitación —le respondí y me senté frente al mostrador de la caja para prender mi laptop.
Luego de aquella discusión entre los dos, con las chicas nos fijamos todas las prendas y repusimos otras que faltaban, anotamos en las mismas etiquetas los descuentos en por cientos y una vez que habíamos terminado, yo hice lo que les había dicho antes a todos los demás, tanto a las chicas como a los chicos, pero antes de subir el anuncio, se los leí a ellos.
—A ver, ¿qué les parece esto que pensé para ponerlo como un anuncio para las tres páginas? —les pregunté y todos me escucharon atentos-, ¡Última noticia! FLOR LATINA se complace en anunciar que hoy lunes 22 de Marzo a partir de la 1 p.m., todas las chicas y mujeres que vengan a la tienda podrán comprar las prendas a un bajo costo, habrá rebajas de TODAS las prendas y como regalo se llevarán una enorme sorpresa. Y ustedes saben muy bien de lo que les estamos diciendo, ¿o no? ¡Las esperamos a todas!. Con amor, FLOR LATINA by L., R., L., K., M.
—Es un poco largo para un anuncio, ¡pero me encanta! —me expresó muy contenta Krista.
—¿Y a ustedes? —les pregunté a los demás.
—Nos gusta también a todas y a todos —me contestó Ruth por todas las demás y por todos los demás.
—Me alegra escucharles decir eso, entonces ya lo estoy subiendo a nuestra página web, a nuestro Twitter y a nuestro Facebook.
Mientras yo subía el anuncio a las tres páginas, Nickolas se quedó hablando con una de las chicas.
—¿Cuáles prendas le gustaron? —le preguntó por lo bajo a Lynne, la esposa de Howie.
—Nick, no creo que sea bueno que le compres ropa, no en estos momentos.
—Tú solo dime cuáles prendas fueron las que le gustaron y yo le diré que se las compro para mis hermanas o para cualquier otra chica.
—De acuerdo, sí tú le dices eso está bien entonces, no habrá problema alguno —le dijo y le sacó del perchero las prendas que me habían gustado, desde faldas hasta vestiditos y túnicas para la temporada de otoño-invierno—, aquí tienes éstas son todas las prendas que le habían gustado.
—Son muchas, ¿estás segura que no tiene ninguna de éstas prendas en su clóset?
—Te aseguro que Mich no toma ninguna prenda de nuestra tienda, por más que le hayan gustado, no las agarra para nada.
—Entonces me las llevo todas.
—Está bien entonces —le respondió y fue con los demás mientras Nick se acercaba a la caja.
—¿Me cobras todo esto? —me preguntó poniendo todas las prendas sobre el mostrador.
—¿Estás seguro? Me es incómodo tener que cobrarte.
—¿Por qué?
—Porque eres un cantante famoso, por eso mismo.
—Es una broma, ¿verdad?
—No, no lo es para nada, primero tengo que consultarlo con las chicas.
—No lo consultarás con ninguna de ellas, es el negocio de ustedes, con el dinero que obtienen de los clientes compran mercadería y mandan a confeccionar las prendas, así qué, deberás cobrarme sino no compro nada y devuelvo todas éstas prendas a los percheros de donde Leticia las sacó.
—Está bien, te cobraré entonces —le dije y fui sumando los precios con sus rebajas en la calculadora—, todo esto es 800 dólares, ¿pagas en efectivo o con tarjeta de crédito?
—En efectivo.
—¿Estás seguro? Puedes pagar con tarjeta de crédito si lo quieres, haciendo el pago en cuotas no te cobran interés.
—En efectivo te dije.
—De acuerdo —le dije y tomé el dinero que me daba para ponerlo dentro de la caja registradora y luego le di el ticket de la compra completa—, aquí tienes, muchas gracias por tu compra.
—Gracias y de nada, ¿acaso no me preguntarás para quién es toda ésta ropa? ¿O para quiénes son todas éstas prendas?
—De nada, y no, no te preguntaré para quién es o para quiénes son esas prendas, no es de mi incumbencia, ahora será mejor que todas esas bolsas me las des para guardártelas en un lugar seguro, sino alguna de las chicas será más viva y se llevará las prendas que has pagado —le contesté y tomé las veinte bolsas en mis manos para llevarlas a uno de los depósitos que teníamos.
—Gracias.
—De nada —le dije y me fui a dejar las bolsas.
Minutos después de volver, Krista abrió la puerta del local y así comenzaron a llegar chicas y mujeres de casi todas las edades, algunas venían con sus madres, las madres de las chicas compraban y ellas a pesar de que veían las prendas estaban mucho más pendientes de aquella sorpresa que se había anunciado hacia una hora y media atrás vía Twitter, Facebook y a través de nuestra página web.
—Bienvenidas a todas, más que comprar las prendas están más ansiosas y curiosas por saber cuál es esa sorpresa que fue anunciada hace un rato atrás, ¿no es así? Pues bien, sabemos que la mayoría de ustedes nos conocen y saben muy bien que detrás de nosotras hay ciertos hombres por los que se vuelven locas cada vez que los ven, las únicas cosas que les pedimos es que no nos destrocen nuestro local, que se comporten sensatamente y que por sobretodo se diviertan y que compartan un rato muy demasiado agradable con estos chicos, espero que hayan traído las cámaras digitales todas ustedes, este momento creo que ninguna de ustedes nunca se lo va a olvidar, Brian, Howie, Alex y Nick ya pueden salir de donde están —les dijo Leticia, la esposa de Brian a todas y a los chicos.
Todas, absolutamente todas se habían quedado pasmadas por aquella entrada de los chicos, ninguna daba crédito a lo que estaba pasando, hasta que los chicos se acercaron a ellas y las saludaron de saludo de mano y un beso en una de sus mejillas a todas las presentes, de inmediato comenzaron los autógrafos y las fotos individual y grupalmente con cada chica y cada vez que terminaban de pagar alguna prenda o algunas prendas que compraban, les daban un beso en una de sus mejillas a cada uno las chicas que se iban de la tienda.

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#50

CONTINUACIÓN DEL CAPÍTULO 43

Una de las chicas se acercó a mí para preguntarme algo.
—¿Es obligación que compre alguna prenda? —me preguntó mirándome a mis ojos.
—No, para nada, hicimos el anuncio para lanzar la temporada otoño-invierno con descuentos del diez por ciento hasta el setenta por ciento en cada prenda y como regalo dábamos la sorpresa de una foto con el grupo e individualmente y un autógrafo de ellos, pero no es obligación que compres algo.
—Ah bueno está bien, porque he venido desde muy lejos para poder verlos.
—¿Desde dónde has venido? —le pregunté curiosa.
—Desde el otro estado, desde Los Ángeles-California.
—¿¡Desde ahí!?
—Sí, desde ahí, creo que una fan hace cualquier cosa por ver a su grupo favorito.
—Ya lo creo que sí —le respondí graciosa por su comentario.
—Me pongo nerviosa sabiendo y viendo que los tengo a tan solo unos pocos pasos de mí.
—Ve a saludarlos, no te morderán en lo absoluto.
—¿Acaso tú no te pones nerviosa estando junto a ellos? —me preguntó curiosa por saber mi respuesta.
—Para nada, son hombres comunes y corrientes para mí.
—¿Quién es tu favorito?
—Yo no tengo ningún favorito, ¿y tú?
—Mi favorito es Nick, siempre me ha gustado.
—Pues entonces deberías ir hacia él y pedirle su autógrafo y que se saque una foto contigo y si luego quieres te sacas una foto con el grupo entero, ¿qué dices?
—No lo sé, soy demasiado tímida para acercarme a él y a los demás.
—Te aseguro que yo era así de tímida antes de ser como me ves ahora, ¿quieres que te acompañe?
—No lo sé, no estoy segura, tengo miedo de hacer el ridículo frente a él y frente a los demás también.
—Nadie se reirá de ti porque te sientas tímida, es obvio, es la primera vez que los conoces cara a cara, ¿o no?
—Sí, es verdad lo que me dices, entonces ayúdame por favor.
—No te preocupes, ven conmigo, ¿cómo te llamas? —le pregunté a la chica en cuestión.
—Me llamo Constance.
—De acuerdo Constance, iremos con los chicos —le contesté acompañándola—, chicos, les presentó a Constance, una fan suya que quiso que la acompañara hasta ustedes porque se siente un poco tímida por acercarse sola a ustedes chicos, Constance ahora sí te dejo con ellos para que puedas platicar, pedirles sus autógrafos y sacarte unas fotos con ellos si quieres también, ah me olvidaba, su favorito es Nick, así qué Nick, dale tu autógrafo y sácate una foto con ella y luego Constance si quieres pídele a los demás sus autógrafos y una foto grupal si te apetece, ahora sí, te dejo junto a ellos mientras yo iré a seguir atendiendo en la caja, hasta luego.
—Muchas gracias... —me dijo y quería saber mi nombre.
—Michelle, mi nombre es Michelle.
—Muchas gracias Michelle.
—De nada Constance, disfrútalo a lo grande.
—¿Cómo lo haces?
—¿El qué?
—¿El no cohibirte frente a ellos?
—Pues no lo sé, ya te había dicho que me parecían hombres comunes y corrientes, para mí me parecen normales como todos los hombres que hay por las calles, tienen sus defectos y sus virtudes, cometen errores como todos los hombres porque antes de ser cantantes son seres humanos como todos nosotros, habla e interactúa con ellos, verás que te digo la verdad y me darás la razón en lo que te estoy diciendo ahora mismo.
—De acuerdo, intentaré hablar e interactuar con ellos y luego te contaré.
—Me parece bien, ahora sí, hasta luego —le dije y me fui hacia la caja para atender a las clientas que estaban esperando.
Les pedí perdón, se rieron, les cobré, les di el ticket de cada compra, les puse todo en cada bolsa de regalo y se fueron, no sin antes darles las gracias por su compra y avisarles que pronto habría más sorpresas. Lo que las hijas de las mujeres y otras chicas se pusieron contentas y quisieron saber más de la cuenta, pero yo les dije que serían avisadas como lo habíamos hecho hoy, vía Internet, por lo que quedaron más satisfechas al decirles eso.
Una hora después, Constance, la chica que acompañé hacia el grupo se acercó a mí para hablarme.

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#51

CAPÍTULO 44

—Gracias por todo, me vengo a despedir, vuelvo a Los Ángeles-California, ha sido un día grandioso para mí gracias a ti.
—No me tienes que agradecer nada, me alegro mucho saber que lo has pasado muy bien junto al grupo y junto a Nick.
—Tenías razón sobre lo que me decías, son cuatro hombres excepcionales, ahora llevo conmigo dos regalos, las fotos junto a mí y sus autógrafos.
—Te llevarás tres regalos, esto es de parte de las chicas y de mí —le dije entregándole una bolsa de regalo en sus manos.
—Oh no, no podría aceptar nunca un regalo así.
—Insistimos en que lo aceptes por favor, nos has parecido una buena chica, acéptalo como un recuerdo de nuestra parte también —le dije y tomó la bolsa de regalo en sus manos.
—Michelle me eres demasiado conocida, ¿por qué será?
—No lo sé, solo te puedo decir que no me agrada la fama, así qué, no soy para nada conocida, eso te lo aseguro.
—De acuerdo, pero entre nosotras, pude ver a Nick que no te sacaba la vista de encima mientras yo estaba hablando con los demás chicos —me dijo riéndose.
—¿Cuántos tienes Constance?
—Solo 16 años, Michelle.
—¿¡16 años y ya piensas así!? ¿Cómo es que tu madre te ha dejado venir hasta aquí y sola?
—Pues... Pues... No lo sabe, he venido con mi novio que me está esperando en la esquina de ésta cuadra.
—No te creía tan rebelde y aventurera Constance.
—Pues lo soy, pero soy muy tímida con mi grupo favorito.
—Ya lo he visto antes, pero me alegró ver que te relajabas en cada minuto que pasaba —le respondí sonriéndole y ella me sonrió también.
—Y todo te lo debo a ti Michelle, ahora sí, me voy, otra vez muchísimas gracias —me dijo y me saludó con un beso en una de mis mejillas, el cuál yo correspondí también.
—No me tienes que agradecer absolutamente nada, si quieres volver otra vez, pronto habrá muchas más sorpresas, pero para la próxima vez ven con tu madre Constance.
—De acuerdo, lo haré, gracias por avisarme.
—De nada, estate atenta a cualquiera de nuestras tres páginas, ¿de acuerdo?
—Sí, de acuerdo —me contestó sonriéndome y yo correspondí a su sonrisa.
Ella salió de la tienda y yo terminé de cobrarles a otra chica y a otra mujer con su hija. Nickolas se escabulló un momento para irme a hablar.
—¿No te aburres?
—¿Me ves aburrida?
—No, para nada.
—Entonces, sigue dando autógrafos y sacándote fotos.
—Escuché que le decías a Constance algo de su madre, ¿por qué?
—¿Curioso?
—Me intrigó lo de su madre.
—Porque tiene solo 16 años.
—Creía que tenía más.
—¿Por qué creías eso? Me olvidé de preguntarte, ¿le has dado tu número de celular?
—¿Por qué debería habérselo dado?
—Por como preguntas tanto sobre ella, creo que te ha gustado.
—¿Y si me gustaría cuál sería tu problema? —me preguntó serio mirándome a mis ojos de forma frívola.
—Pues ninguno, solo qué, no sería la primera vez que te llevas a una menor a la cama, ¿o sí Nickolas? —le pregunté sarcástica y burlona y él me estaba matando con su mirada en mis ojos.
—Pues no me interesa esa niñita, ¡solo me interesas tú Michelle! —casi me gritó para que se enteraran todas y todos los presentes en el negocio.
—¿Por qué no sigues con lo que has dejado de hacer? Hay fans que te están esperando por si no te has dado cuenta de eso Nickolas y a mí no me molestes más —le emití y él se fue sin decirme más nada.
Seis horas después, todas las chicas y todas las mujeres con sus hijas se fueron del local, nosotras acomodamos todo mientras que los hombres cerraban las puertas del mismo. Yo fui poniendo la ropa dentro de las cajas de cartón y las fui llevando al depósito, Nickolas me estaba empezando a ayudar con éstas llevándolas al depósito también.
—No necesito que me ayudes, ya casi termino con las cajas —le expresé en una de las idas hacia el depósito.
—Lo hago porque quiero, no para contentarte —me contestó serio y seco sin mirarme a mis ojos.
—Pues creía que sí —le dije sarcástica.
Luego de dejar las otras dos cajas, volvimos hacia la tienda, tomamos una caja cada uno, que eran las únicas dos que nos faltaban llevar hacia el depósito, entramos al mismo, dejamos las cajas sobre el estante correspondiente y apenas las dejamos allí, la estantería comenzó a moverse y a inclinarse hacia nosotros. Yo me desesperé y comencé a irme hacia atrás sin darme vuelta, pero choqué contra algo muy macizo, llevé una de mis manos hacia abajo para palpar lo que era, pero me volvió a la realidad su voz.

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#52

CAPÍTULO 45

—Ese es mi muslo —me dijo divertido por ver mi escena graciosa para él.
—Se está cayendo la estantería Nickolas —le dije desesperada por imaginarnos a ambos aplastados.
—No se caerá.
—Sí, se caerá —le grité más fuerte dándome vuelta para mirarlo a sus ojos.
En el momento en que yo me doy vuelta, tomo con una de mis manos su camisa estrujándole la parte de su pecho y lo llevé más contra la puerta por reflejo sin darme cuenta que yo lo arrastraba hacia la puerta también a él y hundí mí rostro en su pecho por miedo a que la estantería nos golpeara en nuestras caras.
—¿Ves que no se ha caído la estantería? —me preguntó y yo abrí muy despacio mis ojos—, yo la estoy sosteniendo, si me sueltas puedo ponerla en dónde estaba antes.
—Ah, sí, de acuerdo —le dije y me solté de él—, lo siento, por un instante creía que la estantería nos iba a dar en la cara y golpearnos dejándonos inconscientes.
—Imaginas muchas cosas últimamente Michelle.
—Sí, bueno —le respondí para no tener que seguir hablando con él y me fui directo a abrir la puerta.
La puerta se había trancado sola cuando yo sin querer y sin darme cuenta llevaba a Nickolas contra la puerta cuando la estantería se nos estaba cayendo encima de nosotros dos. Desde hacia rato teníamos que mandar a arreglar la puerta por ese mismo motivo y por ese mismo motivo del encierro siempre la dejábamos abierta o con alguna traba para que tocara la puerta por si ésta se cerraría de golpe por el fuerte viento.
—Lo que me faltaba para completar mi día, quedarme encerrada con Nickolas dentro del depósito —me decía entre dientes y molesta, pero él lo escuchaba todo.
—Este es uno de los días en que me digo mejor no lo podría haber terminado —dijo casi en risa y pícaramente.
—¿Qué es lo que te causa tanta risa Nickolas? —le pregunté molesta—, estamos encerramos por tu culpa.
—¿¡Por mi culpa!? ¿¡Perdón!? Que yo sepa, no he sido el que te llevó desesperado contra la puerta porque la estantería se estaba cayendo, varias veces te había dicho que la estantería no se iba a caer y tú de desesperada me decías que sí por el miedo a que nos golpeara en nuestras caras o en nuestras cabezas o donde fuera.
—¡Ay está bien Nickolas! ¡El problema es que estoy encerrada dentro del depósito del local contigo! —le grité furiosa porque sabía bien que tenía toda la razón.
—¡Cálmate quieres! —me gritó exasperado de verme de esa manera.
—Me hubiera calmado si tú te quedabas encerrado aquí dentro solo.
—Pues tu deseo no fue concedido, estamos los dos aquí dentro encerrados y solos, completa y absolutamente nosotros dos solos.
—¿Y con eso qué me quieres insinuar Nickolas? —le pregunté sarcástica y burlona—, ¿te piensas que llegaremos a algún acuerdo o que haremos las paces entre nosotros dos?
—Me gustaría ambas cosas Michelle.
—Imposible Nickolas —le contesté seria y seca mirándolo detenidamente a sus ojos.
—¿Por qué estás así y por qué te comportas de esa forma Michelle? ¿Será porque rompiste con tu novio y por eso te la desquitas conmigo?
—Ojala fuera eso idiota, veo que ya te han ido con el cuento de la semana.
—Cuento sí, semana no, precisamente hace nueve meses que dejaste a Spencer y no una semana, ¿o me equivoco Michelle? —me preguntó sarcástico y burlón con una sonrisa de costado pero yo no lo veía a su rostro porque me había dado vuelta dándole la espalda.
—¿Por qué has tenido que aparecer ahora mismo en mi vida? ¿Por qué lo hiciste? Estaba muy bien como estaba antes, ¿por qué tuviste que volver a mi vida otra vez? —le preguntaba con voz solloza y casi con lágrimas en mis ojos.
—Quieras o no, de manera directa o de manera indirecta, tenías que verme la cara casi siempre, formo el mismo grupo que los chicos y tú hiciste el negocio con las parejas de ellos.
—Esto es el castigo que me está tocando por haberte querido siempre.
—¿Me has amado alguna vez?
—Debería hacerte yo esa pregunta, ¿me has amado alguna vez Nickolas? Yo me he pasado seis años de mí vida amándote, ¿y tú cuánto tiempo has pasado amándome? Nada, ni siquiera el tiempo que solíamos estar dentro de la cama, dándonos besos y acariciándonos el uno hacia el otro, es horrible saber que la persona que tienes a tu lado nunca te ha amado y por sobretodo es muy demasiado desagradable y feo saber que la persona que tienes a tu lado te engaña con todas las mujeres que se le ofrecen, ¿por qué te crees que no quiero salir nunca más contigo ni siquiera quiero tener algo contigo, absolutamente nada quiero tener que ver contigo? No quiero volver a pasar por lo mismo nuevamente, no quiero más engaños, no quiero más cuernos, no quiero más mujeres, no quiero más secretos y no quiero más mentiras, por eso es que no quería volver a verte nunca más Nickolas.
—Pero todo eso lo he remediado, lo de los secretos y lo de las mentiras, ya me he confesado con la psicóloga frente a ti porque de otra manera no iba a hablar con ella, los engaños, los cuernos y las mujeres, hace nueve meses atrás y desde que he salido del centro de rehabilitación que no he salido con ninguna otra chica o mujer, me quiero quedar contigo Michelle, porque eres muy buena, siempre me entiendes en todo y nunca me reprochas nada.
—Te equivocas en eso último Nickolas, hace rato que te vengo reprochando de todas las cosas habidas y por haber y no quiero que vuelvas a usar las mismas palabras que desde un principio me dijiste cuando decidiste hacer ese estúpido pacto conmigo, te entendía sí, pero tú a mí nunca me habías entendido, recibía de todo de ti, menos el afecto verdadero que quería y que necesitaba siempre de ti, ese afecto lo buscabas en otras —le respondí cayéndome una lágrima solitaria en mi ojo derecho—, ¿ahora de qué serviría la cena del sábado en la cuál me has invitado?
—¿Acaso no podemos tener una cena para celebrar mi total recuperación?
—Nickolas, ya han pasado casi más de tres meses de tu salida del centro de rehabilitación, la celebración la hemos tenido en conjunto con los demás, tanto los chicos, como las chicas, tu familia entera y yo.
—Pues insisto, quiero cenar contigo y se acabó.
—Pues yo no tengo muchas ganas de ir a cenar contigo.
—Por favor Michelle, cenemos juntos, solo será una cena de amigos, no te estoy pidiendo más nada, ¿o sí?
—No, claro que no.
—¿Entonces no me rechazarás la cena, verdad?
—No.
Mientras esperábamos los dos dentro del depósito, una de las chicas quiso abrir la puerta, pero por más que lo intentó miles de veces, no pudo y yo le hablé.

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#53

CAPÍTULO 46

—¿Quién de todas es? —pregunté a través de la puerta que nos separaba.
—Soy Ruth, no puedo abrir la puerta, ¿qué pasa?
—Nos quedamos encerrados aquí dentro.
—¿Quién está contigo?
—Nickolas.
—¿Cómo fue que se quedaron encerrados ahí?
—Fue mi culpa, el estante se estaba por caer hacia nosotros y sin querer arrastré a Nickolas hacia la puerta y pues, ya sabes, nos hemos quedado encerrados.
—Son casi las ocho de la noche en punto, a ésta hora no creo que ningún cerrajero estaría dispuesto a venir hasta aquí y ni mucho menos estaría trabajando ya en este horario.
—Entonces traten ustedes junto con los chicos de abrir ésta puerta, porque no me pienso quedar toda una noche entera en el depósito junto con Nickolas.
—¿Tienes miedo a que te coma entera Nick? Yo lo aprovecharía y mucho lo haría —me dijo riéndose por su comentario.
—No seas tan idiota Ruth —le respondí molesta por su comentario hacia mí, mientras lo escuchaba Nickolas.
—¡Ay bueno! Algún comentario gracioso debía decirte, aunque gracioso para mí no ha sido.
—Y para mí tampoco lo ha sido.
—De acuerdo, iré a ver qué podemos hacer.
—Apúrate cuanto antes Ruth, no quiero estar encerrada.
—Ok —me dijo y se fue hacia donde estaban los demás.

Por otro lado, en el local...

—Mich y Nick se quedaron encerrados en el depósito —les expresó Ruth—, Mich pide a gritos que le abran la puerta cuanto antes, ¿qué hacemos?
—Déjalos un poco más, esa puerta se abre fácil, solo que ella no lo sabe —le dijo riéndose Krista.
—¿No se molestará con nosotros? —le preguntó Lynne, la esposa de Howie.
—No me importa, que se quede encerrada junto con él en el depósito, así de una buena vez por todas aclaran sus cosas —les dijo Krista a los demás.
—Si tú lo dices, entonces los dejamos aunque sea una hora allí dentro —emitió Brian casi en risa.

Dentro del depósito, nosotros estábamos en silencio, él sentado en el piso y yo yendo y viniendo de un lado al otro.

—¿Podrías dejar de ir y venir? Me estás mareando.
—No me mires si te mareo.
—¿Podrías no ser tan arisca conmigo?
—¿Podrías callarte la boca? —le pregunté molesta matándolo con mi mirada.
—¡Me exasperas Michelle! —me gritó y yo me quedé muy callada.
—¡Tú no me gritarás nunca más Nickolas Carter! —le grité más fuerte caminando hacia él y poniéndome frente a él.
—Entonces quiero ver y saber si me gritas con esto —me dijo y me agarró por mi cintura estando desprevenida y tirándome hacia abajo donde él estaba sentado también para hacerme quedar frente a él—, ¿ahora qué me dices de esto, me gritarás también más fuerte que antes o te quedarás muy callada como ahora mismo estoy viendo? —me preguntó mirándome penetrantemente a mis ojos.
—¿Por qué me haces esto Nickolas? —le pregunté sosteniéndome de sus hombros para no sentarme.
—¿Por qué crees tú que te hago esto Michelle?
—No lo sé Nickolas.
—Eres inteligente y tú sabes perfectamente bien el porqué.
—Quieres ir a cenar conmigo, ¿verdad?
—Sí y otras cosas más.
—¿Cómo cuáles?
—Ir a cenar, salir, ir a pasear e ir a muchos, pero muchos lados y lugares más.
—¿Ahora quieres ir a todos los lados y a todos los lugares conmigo?
—Sí, siempre supe que eras la ideal para mí.
—Hum, ¿la ideal para ti? Me es extraño que me lo digas, nunca me viste como una ideal para ti, siempre te ibas con otras, buscabas a otras y nunca me viste a mí.
—Desde el momento en que cambiaste de apariencia me acerqué a ti y te quería para mí, pero tú no me aceptabas.
—¿Y por qué te debía aceptar si tú te ibas con las otras y yo me quedaba en la casa como una tonta?
—Porque era tu marido, ¿eso te decía algo Michelle?
—¿Mi marido? Eras un pobre infeliz, por más que yo había cambiado de aspecto tú te seguías yendo con cualquier chica que se te cruzara en el camino, el único que me vio y me aceptó tal cuál era fue Spencer, le di una oportunidad porque se la había merecido, me veía con él por eso mismo y apenas nos divorciamos, le di la oportunidad de que me invitara a salir en plan novios.
—¡Tú me pedías algo que yo no estaba dispuesto a darte nunca! —me gritó y los demás escucharon.
—¡Nunca te habías arriesgado por mí en ningún momento de nuestra relación! —le grité furiosa—, ¡eso que teníamos no era ni matrimonio ni siquiera era una relación! ¡Lo que teníamos los dos juntos era algo muy efímero! ¡Te había pedido hacía tiempo atrás que se nos estaba por vencer el papel del registro civil y tú no hiciste absolutamente nada!
—¡Y tú me pediste el divorcio!
—¡Porque tú no me ibas a pedir nunca matrimonio! ¡Tú nunca me ibas a desposar como correspondía! ¡Y ni siquiera esperaste para divorciarte de mí! Estabas ansioso por divorciarte de mí, ¿no? Lo que no entiendo o nunca pude entender fue, ¿por qué quisiste hacer todo eso que hiciste? ¿Por qué te quisiste casar conmigo? De un principio estuve de acuerdo, pero luego no, nunca te importaron mis sentimientos más profundos.
—Claro que me importaban.
—Seguro que sí te importaban, ¡yéndote con las demás, mientras yo me quedaba encerrada dentro de la casa! —le volví a gritar enojadísima.
—¡Pero porque tú no me dabas lo que yo quería de ti!
—Solo me querías para tener sexo conmigo, no porque me amabas.
—¡Te amé! ¡Te amaba! —me gritó sujetándome de mis brazos casi con fuerza mientras me miraba detenidamente a mis ojos.
—¿¡Por qué me mientes!? ¡Nunca te importé! ¡Ya no me hace falta que me digas que me amaste cuando sé que nunca fue verdad! ¡Yo siempre había sido la reverenda estúpida que me quedaba prendada de ti! ¡Yo sí te amé de verdad y profundamente te amé Nickolas! ¡Pero ya no más! ¡Ni tampoco quiero que me vuelvas a romper mi corazón! ¡Te soporté suficiente como para que me destroces otra vez mi propia vida! ¡Siempre estuve por ti y para ti, pero tú nunca estuviste por mí y para mí! Y eso es lo que más me duele saber —le respondí y se me cayó una solitaria lágrima mientras lo miraba detenidamente a sus ojos.
—¡Siempre te he amado! ¡A mí manera, pero te amé y te amaba!
—Tú no sabes amar Nickolas.
—¡Sí que sé amar y mucho sé! ¡Es horrible saber que no puedes tener a la chica que amas porque tú mismo eres un estúpido y constantemente estás arruinando el momento, los momentos y lo que tienes con ella! Desde el instante en que te conocí en aquel bar, supe que eras para mí.
—¡No quiero escucharte! -le grité.
—¡Me escucharás, tú me escucharás! —me lo dijo en un fuerte grito mientras me sujetaba de mis brazos—, supe que eras para mí desde aquel momento en el bar, algo en mí me atraía hacia ti, no fue lástima, eso sí que no se me cruzó nunca por mi mente, me dabas curiosidad por saber el porqué eras así, todos mis amigos, que tenía en aquel momento, se reían de mí porque yo quería acercarme a ti aún en contra de que ellos me decían que no sea un ridículo en ir y presentarme ante ti, pero lo hice igual, fue rarísimo, ¿no lo crees así? Sabiendo bien que yo era un cantante y acercándome a ti, tuve un momento de racionalidad y de sensatez, ¿no lo crees así? Pues bien, me acerqué a ti, me presenté, tú podías haberme dicho que no querías compañía alguna, sin embargo me aceptaste en tu mesa, pero en el momento en que me senté en esa silla que estaba frente a ti, el movimiento que hice cuando me senté, sentí un aroma a rosas y frutas rojas que me invadió los sentidos por completo y fue devastador cuando me hablaste por primera vez, nunca creí que tuvieras una voz tan dulce.
—No me aludas el oído Nickolas, ya pasó todo eso, ya no puedes volver el tiempo atrás.
—Desearía volver el tiempo atrás y reparar todos los daños y los sufrimientos que te he causado solo por mi culpa, te estoy diciendo la verdad, solamente estoy siendo demasiado sincero contigo, solo quería que supieras de una buena vez por todas eso que recién te he dicho.
—Pero yo no me puedo olvidar todo lo que me has hecho pasar Nickolas y eso fue solamente tu culpa.
—No fue mi culpa, la culpa fue de ambos, ninguno de los dos en su momento supo lo que el otro necesitaba y quería, pero quizás en parte, yo tuve la mayor culpa de todo y de todas las cosas.
—Obvio que sí, tú fuiste el mayor culpable de todo y de todas las cosas que nos pasaron a ambos y por sobretodo en nuestra relación como pareja.
—Lo sé y te pido perdón por aquello, ¿acaso no ves en mis ojos que te estoy hablando con el corazón y solamente con él mismo? Sé que no podré borrar todo el daño y las cosas que te he hecho durante el tiempo que estuvimos juntos los dos, pero quiero que sepas que siempre te estaré esperando, te amo como no amé nunca jamás a nadie en mi propia vida, eres demasiado importante para mí, siempre pero siempre te he amado con locura, quizás antes te amé de la manera en que tú no te lo esperabas, pero te amé en fin y te sigo amando con tremenda locura Michelle —me dijo tranquilo, mientras me tenía contra su pecho y besaba mi frente y yo comencé a llorar.

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#54

CAPÍTULO 47

Los chicos y las chicas estaban escuchando atentamente por detrás de la puerta cerrada, ninguno de ellos hacía ningún ruido, solo estaban atentos a nuestra conversación. Mientras tanto, dentro del depósito, Nickolas seguía abrazándome por la cintura y espalda y una de sus dos manos acariciaba mi cabello.
—¿Por qué me estás diciendo todas estas cosas ahora mismo Nickolas? —le pregunté levantando mi cabeza y mirándolo penetrantemente a sus ojos, mientras se me caían un par de lágrimas por mis ojos.
—Porque quiero arreglar todas las cosas contigo, porque quiero enmendar todos los errores y daños que te he hecho y que te he causado solo por mi culpa —me respondió mientras me acariciaba una de mis mejillas.
No le pude responder absolutamente nada a lo que me había dicho, él cada vez se acercaba más a mi rostro, quería besarme, pero apenas estaba a escasos centímetros de mis labios, alguien abrió la puerta del depósito rompiendo el momento a pedazos.
—Ya pueden salir del depósito —nos contestó Krista.
—Gracias —le respondimos ambos.
—Será mejor que me vaya —les emití y salí de allí lo más rápido posible—, nos vemos mañana chicas, hasta luego chicos —les dije sin responderle más nada, tomé mis cosas, me coloqué la chaqueta y la cartera en uno de mis hombros y salí del local rapidísimo.
Entré al auto rápido y lo encendí aún más rápido todavía y ni hablar de la manera en cómo aceleré el auto cuando puse primera en la caja de cambios. Llegué al departamento bastante tarde, la razón era que me había quedado dentro del auto y en el estacionamiento privado del edificio donde tenía el departamento, solo para pensar en todas las cosas que me había dicho. Me encontraba en un mar inmenso de muchas dudas, mi cabeza me estaba traicionando pero mi corazón me decía a gritos que le diera una segunda oportunidad porque no me iba a defraudar nunca más en mi vida. Dejé al margen mis pensamientos y le hice caso a mí corazón. Tomé de dentro de mi bolso, el celular y marqué su número celular, ni siquiera un cuarto de minuto pasó en que me respondiera.
—¿Qué pasa Michelle? —me preguntó preocupado e intrigado.
—Ven, por favor, te... te necesito.
—Quédate donde estás.
—No me moveré de aquí —le dije y cortamos nuestras llamadas.
Ni siquiera media hora le había tomado al llegar hasta donde yo estaba, estacionó su auto a la izquierda de donde estaba estacionado el mío en el estacionamiento del edificio. Se bajó de su auto, cerró la puerta detrás de él y se acercó al mío, antes de que yo abriera la puerta, él la estaba abriendo por mí, me ayudó a bajar del interior del auto y nos quedamos mirándonos a nuestros ojos penetrantemente.
—¿Tú estás bien?
—Sí.
—Me alegra saber eso, me tenías preocupado.
—No te tenías porqué preocupar, estoy bien.
—Entonces, ¿para qué me has llamado?
—Creo que ha sido una estupidez el haberte llamado, perdóname, ya ni sé lo que estoy pensando y ni sé lo que estoy haciendo.
—No, espera, por algo tú me has llamado, es más, me habías dicho que me necesitabas.
—¿Qué quieres que te diga?
—Lo que me tienes para decir, si me has hecho venir hasta aquí, fue por algo, ¿o no?
—Pues sí.
—¿Entonces, no me dirás absolutamente nada?
—Te daré una sola oportunidad, solo quiero y solo espero que no la desaproveches en lo más mínimo, porque no te daré ninguna otra más, ¿me has entendido?
—Sí, me has hablado muy demasiado claro.
—De acuerdo, ahora sí, nos vemos.
El sábado había llegado y para la ocasión tampoco quería matar vistiéndome atrevida y provocativa por el simple hecho de tener una cena con él. Eran pasadas las siete y cuarto de la tarde y yo todavía estaba dando vueltas en ver lo que me ponía. Pero sin volver a mirar el reloj, alguien tocó el timbre y me sacó de la habitación para atender el portero eléctrico.
—¿Diga?
—Michelle, soy Nick, ¿estás lista? Ya son las ocho en punto de la noche.
—Todavía no estoy lista.
—¿Entonces, puedo esperar dentro de tu departamento? Hace mucho frío aquí afuera.
Congélate hijo de p***.
—De acuerdo, entra —le respondí y apreté el botón para que pudiera entrar.
—Gracias.
—De nada —le dije sin muchos ánimos y casi imperceptiblemente.
Subió con el elevador hasta el piso donde vivía y luego apenas salió de ahí, caminó hacia mi departamento para segundos más tarde tocarme el timbre de la puerta y yo mientras bailaba la macarena. Lo dejé esperar por más de diez minutos fuera del departamento hasta que en el quinto timbrazo fui a abrirle la puerta.

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#55

CAPÍTULO 48

—Hola, pasa —le contesté y él entró.
—Hola, ¿cómo estás?
—Muy bien, ¿y tú?
—Muy bien también, esto es para ti.
—Gracias, no te hubieras molestado en comprarme nada —le emití y dejé la bolsa de regalo sobre uno de los sillones sin abrirla.
—¿No la piensas abrir para ver si te gusta? —me preguntó y yo a regañadientes la tuve que abrir para satisfacerlo.
—¿Cómo supiste que me gustaba ésta blusa?
—Tengo mis tácticas.
—Wow qué tácticas, ni que leyeras las mentes de los demás, ¿se lo preguntaste a alguna de las chicas de seguro? Sino, no creo que te acordaras de los gustos que tengo, nunca te los has acordado, ¿por qué te los deberías acordar justamente ahora mismo?
—Tampoco tú nunca me dejaste saber tus gustos.
—Precisamente no yo te debía decir las cosas que me gustaban y las cosas que no me gustaban, solo tú debías darte cuenta de esas cosas.
—Sí, claro, como si estaba todo el día dentro de la casa como para saber tus gustos.
—No hacía falta que estuvieras todo el día dentro de la casa como para saber mis gustos, con que pasaras aunque sea dos horas viéndome me era mucho más que suficiente para mí, pero al señor le importaban otras cosas, le importaban mucho más las salidas con cuanta regalada se le ofrecía en bandeja antes que yo.
—Parece que te gusta decírmelo una y otra vez siempre lo mismo, ¿no? Pareces masoquista Michelle, ¿te gusta la blusa?
—Ya te dije que sí.
—Entonces, ¿qué se dice si te gusta? —me preguntó y yo lo miré arqueando una de mis cejas de forma extrañada—, ¿acaso no te acuerdas lo que se dice después de que alguien le regala algo a otra persona y a ésta le gusta el regalo?
—Muchas gracias señor Carter.
—¿Por qué ahora me dices señor Carter?
—Por el simple hecho de que tú y yo no somos nada.
—Mejor te recomiendo que te vayas a cambiar de ropa.
—¿Por qué? ¿Acaso no puedo ir así?
—¿De yoggings y converse?
—¿Y por qué no?
—Porque el restaurante es un tanto formal.
—¿Formal? Ni que tuviéramos una cita.
—Aún así, deberías irte a cambiar de ropa ya, porque reservé una mesa para dos a las nueve en punto de la noche y no pretendo llegar tarde, me gustaría que te pongas la blusa que te regalé.
—Preferiría que no.
—¿Por qué no?
—Pues porque hace frío.
—Puedes ponerte un saco encima, allí dentro el ambiente es cálido y no pasaras frío.
—Está bien, tú ganas.
Media hora después, estaba con la blusa que Nick me había regalado, una falda recta azul Francia, unas sandalias doradas, una cartera de mano roja, accesorios haciendo juego con todo lo que tenía puesto, maquillada naturalmente y peinada con mi cabello suelto y con ondas. Me puse encima un saco de color negro.
—Ya estoy lista.
—Menos mal que no querías una cita, sin embargo te vestiste para matar a alguien.
—Seguramente no a ti —le contesté arqueando una de mis cejas y matándolo con mi mirada en sus ojos y entramos al elevador.
—¿Coquetearías con otro hombre teniendo encima el regalo de tu ex marido? —me preguntó sujetando mis brazos fuertemente teniéndome contra una de las paredes del elevador.
—¿Y por qué no? Coqueteo, no me acuesto con ese hombre, a parte ya no le tengo que dar explicaciones ni a mí novio, ni mucho menos a mi marido, sin embargo mi ex marido sí se iba con cualquier otra y peor aún, se acostaba con cualquiera que se le ofrecía —le respondí con mis ojos lleno de lágrimas por la rabia que sentía en aquel momento y él solamente me estampó un beso en mis labios dejándome anonadada—, ¡suéltame! ¡No me vuelvas a besar nunca más! —le grité histérica soltándome de su agarre y le pegué una fuerte cachetada dándole vuelta la cara.
—Y tú no me volverás a pegar ninguna otra cachetada nunca más —me dijo serio y volvió a besarme, pero ésta vez sosteniéndome de mi espalda y cintura con sus brazos y sus manos y me apretaba mucho más contra él, para que el beso sea muy demasiado profundo entre los dos.
—¿Por qué me besas ahora?
—Porque tengo muchas ganas de hacerlo, porque tuve ganas de besarte desde el día en que te volví a ver.
—Tú casi nunca has sido bueno conmigo, ¿por qué debería creerte ahora mismo? ¿Por qué debería aceptarte ahora mismo?
—Por el simple hecho de que me amas profundamente, así como yo te amo a ti.
—Eres un cretino por decirme esas cosas.
—Cretino o no, te gusto, tú me gustas, tú me amas y yo te amo y no lo podemos evitar más esto.
—¿Por qué tuviste que aparecer en este momento de mi vida? ¿Por qué Nickolas?
—Porque nunca pude olvidarme de ti, ¿cómo es esto? ¿Primero me llamas señor Carter y luego me dices Nickolas? ¿Cómo me llamarás luego Michelle? —me preguntó y yo me reí por sus preguntas hacia mí—, hace mucho tiempo que no te escuchaba reír y ni tampoco te veía reír, me gusta, me gusta mucho y demasiado me gusta.
—Gracias señor Carter.
—De nada señorita Michelle, ven, salgamos del elevador —me dijo y así lo hicimos.
Una vez que llegamos al restaurante, el maître nos llevó a la mesa reservada por Nickolas y él mismo me corrió la silla para que me sentara. Me sorprendió rotundamente su gesto y me senté sin mirarlo a sus ojos y sin decirle absolutamente nada al respecto. Pero lo que me había deslumbrado era el hecho de ver sobre la mesa pétalos de rosas rojas y en el centro de la misma, rosas rojas dentro de un florero de cristal pequeño y bajo y velas encendidas dentro del florero. De inmediato nos atendió un mozo, dándonos la carta a cada uno. Ordenamos bastante rápido nuestros platos y llegaron casi media hora después del pedido, apenas el mozo nos posó cada plato frente a nosotros, nos dio el buen provecho y nos dejó tranquilos para que cenáramos ambos sin problemas.

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#56

CAPÍTULO 49

—Les está yendo muy bien con el local, ¿verdad?
—Sí, la verdad que no nos podemos quejar.
—Qué bueno saber eso, ¿alguna de las chicas te contó que tenemos una entrega de premios dentro de dos semanas?
—No, para nada, obvio que no, no soy más tu pareja, no tienen porqué contarme eso.
—¿Y los besos que te he dado recién que han sido para ti? ¿Qué significaron en verdad para ti?
—Unos besos que bien me los podría haber dado con cualquier otro hombre.
—No me mientas Michelle, no quiero que me mientas nunca más, ¿me has oído perfectamente bien?
—¿Y por qué yo no te debo mentir y tú a mí sí?
—Hagamos un trato.
—¿Cuál? —le pregunté intrigada y arqueando una de mis cejas mientras lo miraba a sus ojos y él hacia lo mismo.
—El primero que diga una mentira, el otro le hace una prenda.
—¿En qué consiste la prenda? —le pregunté más curiosa e intrigada que antes.
—Si tú mientes pasas una noche entera conmigo y tú sabes bien a lo que me refiero con pasar la noche entera conmigo.
—Y si tú mientes, tú me dejas de molestar.
—De acuerdo, trato hecho, haré todo lo que esté en mis manos para que en algún momento puedas mentir.
—Lo mismo digo, no te será tan fácil el que yo mienta por eso que quieres de mí.
—No estés tan segura de eso, un pequeño despiste y te aseguro que mientes.
—Lo mismo que me has dicho, va para ti también.
—¿Qué es mejor para ti? ¿El no verme nunca más o pasar una noche y varias más junto a mí?
—¿Debo responderte a eso?
—Diría que sí, lo prefiero.
—Me ahorraré la respuesta.
—Te apuesto lo que quieras a que has elegido una noche y varias más conmigo.
—Habló el hombre irresistible, no eres irresistible Nickolas, grábatelo bien en esa cabeza que tienes.
—Yo sigo creyendo que soy irresistible para ti, así como tú eres irresistible para mí.
—Ay Nickolas, no digas tantas pavadas recién a ésta hora de la noche.
—Pues no digo pavadas, te estoy diciendo la verdad, sí, reconozco que me he equivocado en todas las cosas habidas y por haber, reconozco también que no he sido un bueno marido, reconozco también que nunca te traté como en verdad te merecías y como en verdad te mereces, reconozco también que te engañé con cuanta regalada se me cruzó por mi camino, pero reconozco también y esto sí que lo reconozco en verdad y frente a ti, que te amo y te amo de verdad y nunca pero nunca dejé de amarte.
—Si me amabas, ¿por qué te ibas con otras mujeres?
—Sabías bien porqué, yo quería de ti lo que había conseguido por otras, pero tú nunca me lo diste, así qué, me fui a buscar otras mujeres que sí sabía bien me lo iban a dar sin reprocharme nada.
—Soy un tanto masoquista, parece que quiero volver a escuchar lo mismo que me has dicho ya tantas veces anteriormente, ¿y ahora volverías a hacer lo mismo que hiciste mucho antes?
—Ahora no, te he dicho bien claro que no soy el mismo Nick que conociste una vez, hace meses que no salgo más de noche a un club nocturno, tampoco bebo y lo que parece bebida alcohólica es sin alcohol.
—Me parece muy bien eso que estás haciendo, es bueno para ti.
—Ya lo creo que sí es bueno para mí, es muy bueno, excelente diría yo para mí y para ser un hombre completo, tú vendrías excelentemente bien a mi lado —me dijo y yo me ahogué con la gaseosa que justo estaba tragando al escuchar aquellas palabras salir de sus labios.
—Nunca te vi arrastrarte por una mujer hasta ahora.
—Siempre hay una primera vez.
—Lo sé, sé que hay una primera vez para todo, pero de verdad, ya das lástima, así qué, te recomiendo que no hagas más el papel de hombre arrastrado porque me está jodiendo la paciencia y te lo digo de veras, ¿ok?
—Ok.
—No quedas bien ya, solo deja que esto fluya y tome el curso que tenga que tomar, eso es todo lo que te diré.
—De acuerdo, si así lo quieres, así lo tendrás, a propósito, hoy hay una premiere y saqué entradas para ver la película hoy mismo.
—¿Cuál película?
—Creo que se llama Simplemente No Te Quiere.
—Ah, mira tú, qué casualidad, ¿no te parece así? —le pregunté arqueando una de mis cejas mientras lo miraba penetrantemente a sus ojos.
—No me es gracioso lo que me dices, de verdad que para nada gracioso es.
—¿Por qué estamos tan apartados del resto de los clientes?
—Es la zona VIP y pedí que nadie estuviera a nuestro alrededor.
—Wow la zona VIP, qué privilegio que tengo estando en ésta zona —le dije de forma burlona.
—¿Por qué te burlas de mí, Michelle?
—Porque no me ganarás de ésta manera Nickolas.
—¿Y cómo quieres que te gane otra vez Michelle?
—Tú sabrás.
—No, no lo sé y me gustaría que me lo dijeras.
—No te lo diré, porque te había dicho desde hace rato atrás que quería que las cosas fluyeran como tendrían que seguir su curso y punto —le respondí y apareció desde el umbral de la puerta repartida que nos separaba del resto de la gente, un violinista—, no acotaré absolutamente nada a esto que acabo de ver —le dije seria sin mirarlo a sus ojos mientras bebía un sorbo de mi gaseosa.
—No es para que acotes algo es para que escuches la melodía.
—Prefiero cenar ahora mismo.
—¿Acaso no te gusta?
—No me entiendes Nickolas, ¿verdad? El violinista es un encanto, pero yo no te pedí que hagas todo esto por mí, no así, acepté ir a cenar contigo, aquí estoy, pero no lo considero una cita con el hombre de mis sueños, el hombre soñado no te queda para nada Nickolas —le dije y él se molestó conmigo—, enójate conmigo, no me importa porque sabes bien que tengo la razón en todo, absolutamente en todo lo que te estoy diciendo en este preciso momento.
—Antes no me decías todas estas palabras.
—Vamos Nickolas, ha pasado mucha agua bajo el puente, ¿no te parece así? Y me cansé de callarme la boca, te diré las cosas te gusten o no te gusten, a mí ya no me importa más nada y eso te lo aclaro desde ya —le contesté y vino el mozo con nuestros platos que le habíamos ordenado, cortándolo a Nickolas para que me reprochara algo sobre aquel tema en particular.
—De acuerdo, entonces cenemos los dos tranquilos.
—Me parece perfecto.
El violinista siguió tocando y nosotros seguimos cenando sin hablar mutuamente. Luego de la cena, fuimos a la premiere de la película, dejó su auto aparcado en el estacionamiento privado del cine y salimos del mismo, pero él me ayudó a bajarme de su auto y cerró la puerta del acompañante detrás de mí. Entramos al cine y allí estaban los demás esperándonos.

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#57

CAPÍTULO 50

—Vaya, vaya, así qué todas ustedes estaban haciendo un complot en mi contra, ¿verdad chicas? —les pregunté apenas las vi a las cuatro junto con los chicos—, ¿por qué no me avisaron que vendrían también ustedes?
—Porque sino, no sería un complot —me respondió Leticia riéndose.
—Gracias por ser tan buenas conmigo chicas, se los agradezco muchísimo —les respondí sarcásticamente.
—De nada —me dijeron contentas y riéndose las cuatro juntas.
—Ven, vayamos adentro mientras los chicos firman algunos autógrafos —me dijo Krista.
—De acuerdo —le emití y todas entramos a la sala de cine.
Nosotras nos sentamos en una de las filas traseras para que nadie nos vea, las chicas les dejaron un asiento de por medio a sus parejas y yo me senté en el asiento que daba contra la pared de la parte alta. Minutos antes de que la película comenzara, ellos entraron a la sala y una de las chicas movió su mano para que pudieran saber dónde estábamos, se ubicaron en sus respectivos asientos y la película comenzó.
Luego de dos horas de duración, la película finalizó y todos nosotros salimos de la sala de cine, pero sin querer yo me tropecé con alguien y le pedí disculpas.
—Michelle, qué sorpresa verte aquí —me dijo sorprendido Spencer.
—Lo mismo digo yo Spencer, ¿has venido a ver la película tú también?
—Sí, así es, recibí entradas por medio de la empresa donde trabajo y decidí venir, ¿y tú?
—Yo he venido con unas amigas.
—Y con los demás chicos también, por lo que veo, ¿no es así?
—Sí, así es, Nickolas me tomó por sorpresa al decirme horas antes que tenía entradas para la premiere de la película.
—No tienes porqué ponerte así Michelle, sé que siempre pero siempre lo has amado, incluso cuando éramos pareja tú y yo.
—Sí, lo sé Spencer, lo siento —le respondí y de inmediato Nickolas se apareció detrás de mí.
—¿Qué haces hablando con este tipo Michelle? —me preguntó de mala manera y serio.
—Por si se te ha olvidado Nickolas, Spencer fue y sigue siendo un excelente amigo mío y fue mi ex novio, así qué, no te pongas en posición de novio celoso porque no te queda en lo absoluto, es más, no somos pareja para nada —le dije y se calló la boca mientras me miraba apenado por la patética escena que me había hecho pasar.
—Michelle te presento a mi prometida, Ruth te presento a Michelle, Michelle te presento a Ruth.
—Hola, encantada en conocerte —me dijo muy amable y sonriente.
—Hola, lo mismo digo yo —le respondí de la misma manera que ella y ambas nos dimos un beso en una de nuestras mejillas.
—Spencer me ha hablado excelentemente bien de ti.
—Bueno, muchas gracias.
—No tienes que agradecerme nada, te tiene mucho aprecio y cariño.
—Lo mismo siento yo por él, es un excelente e incondicional amigo.
—Me ha contado lo que había pasado entre ustedes y te aseguro que no te odiaré por eso, creo que las cosas pasan por algo.
—Lo mismo digo yo, las cosas pasan por alguna razón también, por algo nuestro noviazgo no tuvo sus frutos y por algo tú apareciste en el camino de Spencer y solamente fue porque tú eres la indicada y la única chica para él.
—Me pone feliz el saber que te alegras por mí, Michelle —me contestó Spencer.
—Has sido siempre lindo conmigo, es lo menos que podría decirte y de la manera en cómo me siento por ti.
—¿Nos vamos ya Michelle? —me preguntó Nickolas algo irritado.
—Todavía no he terminado de hablar Nickolas por si no te has dado cuenta de eso todavía —le contesté molesta matándolo con mi mirada en sus ojos.
—Los demás ya se quieren ir a otro lugar.
—De acuerdo, solo porque los demás quieren irse a otro lugar lo haré y no porque tú me lo has pedido Nickolas.
—Está bien, por lo que haya sido, despídete de tu amigo y vayámonos.
—Nos vemos otro día Spencer con más tiempo.
—Seguro que sí Michelle —me respondió dándome un beso en una de mis mejillas y su prometida hizo lo mismo.
Me despedí de ellos por esa noche y me integré nuevamente con los demás.
—Acá estoy que tanto pedían mi presencia, ¿ya nos vamos a donde quieren ir? —pregunté en forma general y Brian me respondió.
—Sí, queremos irnos a tomar algo, me supongo que vienes con nosotros, ¿no?
—Claro que sí.
Salimos del cine y cada uno de nosotros entró al auto que le correspondía y con el cuál había llegado.
—¿Por qué eres tan maleducado con Spencer?
—Porque es un tipo que no me cae para nada bien.
—Solamente porque ha salido conmigo no te cae nada bien, ¿no es así Nickolas?
—Sí, es así, no me cae para nada bien porque ha sido tu novio.
—Y que haya sido mi novio, ¿acaso tengo que dejar de hablarle? Pues si sería por ti sí, pero yo no le dejaré de hablar por haber terminado con él, mi ex pareja no ha terminado mal conmigo como terminaron mal contigo tus ex parejas, el novio que tuve era muy lindo conmigo, en cambio las que tú tuviste eran todas unas buenas para nada excluyéndome del montón por supuesto.
—Como si tú fueras la gran cosa.
—¡Entonces porqué me buscas! ¡Yo no te he pedido que vinieras a buscarme ni muchísimo menos que volvieras a verme! —le grité alterada y enojada con él.
—Sabes perfectamente bien porqué quise volver a verte —me expresó apretando sus manos contra el volante haciendo que sus nudillos se pusieran blancos de la presión que estaba ejerciendo en el mismo.
—Pues entonces deja de molestarme con Spencer, será mi amigo siempre te guste o no te guste —le terminé diciéndole y volví a mirar hacia el frente.
Él por su parte no me dijo más nada, llegamos al lugar y bajamos del auto apenas lo estacionó Nickolas. Nos encontramos con los chicos y con las chicas y entramos al establecimiento.
—¿Justo aquí tuvimos que venir a parar? —pregunté algo incómoda.
—No empieces otra vez Michelle —me emitió Nickolas—, el mal humor te lo tendrías que haber dejado en la sala del cine o mejor dicho en tu departamento, porque tienes el mal humor encima desde que te fui a buscar.
—¿Será que por haberte visto a ti me apareció el mal humor? —le pregunté sarcásticamente y riéndome.
—Muy graciosa, muy graciosa —me dijo matándome con su mirada en mi mirada.
—¿Les parece bien sentarnos aquí? —nos preguntó Howie y todos le dijimos que sí.
Todos pidieron un trago excepto Alex y yo, ambos pedimos un trago solamente de jugo natural sin alcohol. Al cabo de unos veinte minutos nos los trajeron. La música era pegadiza y para descontrolarse, pero el imbécil del D.J., puso una canción lenta y al idiota de Nickolas se le ocurrió invitarme a bailar ese tema lento en particular.
—¿Bailas? —me preguntó mirándome a mis ojos y extendiéndome su brazo y su mano para que aceptara bailar con él y yo me lo quedé viendo a él y a su mano extendida hacia mí.

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#58

CAPÍTULO 51

―Si no queda más remedio, lo haré, bailaré contigo ―le contesté levantándome de la silla en donde estaba sentada.
Caminamos hacia la pista de baile y Nickolas pasó un brazo por mi cintura y con su otra mano tomó mi mano. Debía hacerme la dura e insensible frente a él y más con la música de fondo, porque si sospechaba algo de mis sentimientos hacia él me iría a encontrar con la guardia baja. La canción terminó y volví a reaccionar.
―Ya puedes soltarme Nickolas.
―De acuerdo Michelle, no tienes que ser tan seca y prepotente.
―Me importa poco lo que pienses de mí, al fin y al cabo yo seré la que gane y el resultado será el que me dejarás de molestar.
―Pues eso lo veremos muy pronto Michelle ―me respondió con una sonrisa de costado de forma triunfadora, sonrisa que le hubiera borrado de un buen golpe.
Volvimos junto con los chicos y con las chicas y por el resto de la noche ni intenté dirigirle la palabra. La noche se pasó tranquila y relajada, sin acontecimientos fortuitos.
Una semana después, los chicos se estaban preparando para una entrega de premios y yo no tenía intenciones de ir con Nickolas para que lo acompañara. Llamó al número de mi celular un día de trabajo en la tienda que tenía junto con las chicas.
―¿Hola? ―pregunté.
―Michelle qué bueno que te encuentro.
―¿Tú otra vez, qué quieres ahora Nickolas?
―Invitarte a un evento.
―No tengo intenciones de ir a ninguna parte contigo.
―Yo creo que sí tienes muchas ganas de ir conmigo, de lo contrario no iré a ninguna parte, diré que digan mis amigos que me sentía mal.
―¿¡Por qué no me dejas de fastidiar Nickolas!? ¡Me tienes harta! ―le grité irritada desde el celular.
―El primero que le miente al otro pierde, y yo no tengo intenciones de perder nunca, tú estás corriendo el riesgo de decirme una mentira y a ti se te acaba el juego niña, o vienes conmigo o yo tomo tu excusa de no ir conmigo como una mentira tuya hacia mí, tú eliges.
―No me amenaces de esa manera Nickolas.
―No te estoy amenazando para nada Michelle, solo te lo estoy volviendo a recordar por si en algún momento se te ha olvidado, el sábado es el evento, me supongo que sabes del mismo, te pasaremos a buscar a las siete en punto de la tarde, no hace falta que te diga que debes estar puntual, así qué, nos vemos muy pronto, que tengas un muy buen día Michelle.
―Muchas gracias Nickolas, igualmente para ti también ―le respondí apretando mis dientes.
―De nada y muchas gracias Michelle ―me dijo y cortó la llamada y yo hice lo mismo que hizo él.
―¿Y qué pasó al final? ―me preguntó Letty, la esposa de Brian.
―Ni se te ocurra preguntarme de ese tema Letty, me tiene cansada.
―Pero no puedes negar que te derrites con volver a estar con él.
―¿A qué te refieres con eso? ―le pregunté arqueando mi ceja izquierda.
―A que te derrites con volver a pasar una noche con él.
―Pues no, porque... Porque nunca he pasado una noche con él.
―¿Cómo? ―me preguntó intrigada mientras me miraba a mis ojos detenidamente porque no terminaba de comprender mi respuesta.
―Como lo has escuchado, nunca he pasado una noche con Nickolas, hubo muchas cosas entre medio de nosotros que nunca nos dejaron, bueno, pues, pasar una noche juntos, hubo, bueno ustedes ya más o menos saben lo que ha pasado entre nosotros, no éramos la pareja feliz para nada y de veras te digo que no quiero hablar del tema para nada.
―Está bien por mí Michelle, no te preocupes más por eso, solo te lo decía porque sé cómo eres y los lindos sentimientos que tienes por dentro para demostrárselo a Nickolas nuevamente y sé que ese chico ha cambiado muchísimo desde la última vez, luego de pasar por todo lo que ha pasado no es el mismo Nickolas que una vez conocimos, no es más el niño caprichoso e ingrato, ahora es un lindo hombre con ganas de tener una pareja estable y tener algo muy serio contigo.
―Sé a lo que te refieres Letty, pero no puedo olvidar tan fácilmente.
―Si quieres volver a estar con él tendrás que olvidar, de lo contrario siempre te perseguirán esos feos recuerdos que ambos han tenido que atravesar.
―Tienes mucha razón, pero no me es fácil, me cuesta mucho.
―Lo sé perfectamente bien eso Michelle, pero hazlo por el amor que una vez le tuviste a Nickolas y sé que ese amor que le has tenido nunca dejó de existir dentro de ti por él y ni mucho menos él lo dejó de sentir por ti.
Luego de aquel intercambio de palabras con respecto a nuestra situación de ex pareja por así decirlo, seguimos trabajando. La semana había pasado de lo más normal y por demás tranquila, el fin de semana, más precisamente el sábado por la tarde me pasaron a buscar como bien mucho antes Nickolas me lo había comunicado. Me había vestido con un vestido de color amarillo patito, con unos zapatos clásicos en punta redonda casi del mismo color del vestido, accesorios haciendo juego, un saco color crema, dejé mi pelo suelto y bien peinado y acomodado y me maquillé naturalmente.
Tocó el timbre de mi departamento, y le dije que yo iba a bajar para que ninguno de los demás chicos y ninguna de las demás chicas esperaran solos abajo mientras éste subía a buscarme.
Una vez que bajé, me dejé desabrochado el abrigo para que Nickolas viera lo que tenía debajo del trench, salí del edificio y salude con un beso en una de sus mejillas a Nickolas.

Hace más de 1 año

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#59

CAPÍTULO 52

―Te ves muy bien.
―Muchas gracias Nickolas, tú te ves muy bien también.
―¿Ya nos podemos ir?
―Sí, cuando quieras ―le dije y ambos bajamos las escaleras principales del edificio en dónde tenía el departamento, en el cual estaba viviendo.
―Hola a todos chicos.
―Hola Michelle.
―Luego los saludaré cuando lleguemos.
―De acuerdo ―me contestó Brian.
―Creí que nos ibas a dar un tierno besito como el que le has dado recién a Nick ―me dijo de forma indirecta Alex.
―¿Quieres que te dé el tierno besito luego cuando lleguemos o quieres que te dé un tierno carterazo Alex? ―le pregunté fulminándolo con mi mirada y él solamente se rió entre dientes.
―Lo siento Michelle, pero es que, los he visto recién, mejor dicho, todos nosotros los hemos visto recién y no parecen ser los mismos que hace semanas atrás se trataban como perro y gata.
―Es verdad lo que está diciendo Alex, no se tratan igual como antes ―me dijo Lynne, la esposa de Howie.
―No lo sé, no nos hemos visto después de aquella última salida de ambos y ni tampoco me amisté con el señor Carter.
―No me gustan las formalidades entre conocidos y lo sabes perfectamente bien Michelle ―me contestó serio y seco.
―Ya lo sé, pero no me interesa saber eso otra vez.
―Solo espero que no hagas ninguna escena fuera de lugar.
―No me hubieras invitado si tenías intenciones de decirme eso que me has acabado de decir ―le respondí y se quedó callado.
Rato posterior, habíamos llegado al lugar donde se hacía el gran evento, bajamos de la camioneta y caminamos hacia el establecimiento, no sin antes decirme algo Nickolas.
―¿Prefieres que nos tomemos de la mano o que yo te ofrezca uno de mis brazos? ―me preguntó y yo lo miré arqueando mi ceja izquierda de manera desconcertada.
―¿Por qué debería aceptar una de esas dos cosas?
―Porque hay paparazzi y prensa y preguntarán.
―Nadie me conoce.
―Lo sé, pero a partir de ahora puede que te empiecen a conocer y no creo que te guste si les digo que es una prima por parte de uno de mis padres ―me respondió con una sonrisa de costado y de manera sarcástica.
―Muy gracioso Nickolas, eso quiere decir que deberé aguantarme todo, ¿no es así?
―Así es, has acertado correctamente Michelle, ¿nos vamos? ―me preguntó ofreciéndome uno de sus brazos y yo se lo tuve que aceptar a regañadientes y mostrando una gran sonrisa falsa delante de todos los demás.
Obviamente todos preguntaron quién era, por lo que Nickolas les dijo que era una gran amiga desde hacía años, cosa que no era mentira a pesar de todo lo que habíamos pasado juntos.
Entramos al lugar, nos sentamos casi delante de todo, veinte minutos después dio comienzo el evento.
Tres horas más tarde, dio por finalizado éste, la verdad era que lo había pasado bien, entre las ocurrencias de Alex y Brian me había reído un montón y lo había pasado genial junto a todos ellos. Debía reconocer que el imbécil de Nickolas se veía increíblemente bien, de traje negro y camisa blanca sin corbata, zapatos negros de vestir bien lustrados, su cabello con gel y parado de forma desprolija y como cereza del postre se había perfumado con el perfume que me encantaba olerle, Gravity de Coty.
Tiempo más tarde, cuando me dejaron en mi departamento los chicos y las chicas, solamente les di un beso a cada uno en una de sus mejillas y les dije un hasta luego a los chicos y un hasta el lunes a las chicas.
Dos semanas posteriores, andaba caminando y viendo las vidrieras de un Shopping, no sabía qué hacer dentro del departamento, así qué, decidí ir a ver vidrieras y ver si encontraba algo bonito que comprarme y que me quedara bien por supuesto.
En una de las tantas tiendas, suena mi BlackBerry, atiendo y hablo.
―¿Hola?
―Hola Michelle.
―Hola Nickolas, ¿cómo estás?
―Bien, ¿y tú?
―Pues bien también.
―Quería invitarte a cenar, ¿qué me dices?
―No va a poder ser, porque estoy bastante lejos de mi departamento.
―¿En dónde estás?
―A dos horas de la ciudad.
―¿En qué lugar?
―Ay no sé, he ido a comprar unas cosas y estoy muy retrasada con el horario.
―Pues no importa yo te voy a buscar ―me dijo y yo sentí que se alejaba de su celular como para cortar la llamada.
―Nickolas... ¿Me escuchas? ¡Nickolas! ¡No estoy cerca de la ciudad! ¡Nickolas! ―le grité como una loca desesperada para que me escuchara pero el muy maleducado me había dejado con la palabra en la boca cortando la comunicación entre ambos―, si Nickolas se entera que no estoy en mi departamento, me reprochara la mentira y me dirá que he perdido ese estúpido trato.
―Exactamente te iba a decir eso mismo ―me expresó detrás de mí―, ¿no era que estabas a dos horas de la ciudad? Linda mentira me has dicho Michelle, eso quiere decir que he ganado yo, ¿no es así?
―Pues... Pues eso parece ser, que has ganado tú.
―¿Y no me gritarás? ¿No me armarás un escándalo público ni nada que se le parezca? ¿Me dejarás ganar así tan fácilmente?
―¿Pues qué quieres que haga Nickolas? El trato fue de mutuo acuerdo y creo yo que en ningún momento de habérnoslo dicho entre ambos, fue una broma, creo yo que fue de verdad lo que hemos dicho sobre el trato.
―Sí, es muy cierto lo que me has dicho, tienes toda la razón, por lo que de ahora en más, harás todo absolutamente todo lo que yo te diga, ¿está claro?
―Sí, está claro.
―Muy pronto, cuando menos te lo esperes, estarás debajo de sábanas de seda junto conmigo para consumar la pasión que sentimos mutuamente los dos, el uno por el otro y no habrá nada ni nadie que me impida tenerte entre mis brazos ―me dijo en uno de mis oídos de manera sensual y provocadora―, así qué, ya lo vas sabiendo, muy pronto tendrás más noticias de mí ―me dijo cerca de mi boca y sin preverlo, me da un beso fugaz en ésta yéndose de mi lado.

Hace más de 1 año

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#60

CAPÍTULO 53

¡Cretino y embustero, te odio por seguirte amando tanto! —pensé.
Después de un mes, no supe más nada de Nickolas, era raro, siempre me llamaba a mi celular o bien me mandaba algún que otro mensaje de texto para hacerme saber que siempre andaba rondando a mí alrededor y para que supiera que no me sería tan fácil el librarme de él. Pero al parecer, él se había olvidado de mí o eso era lo que yo había creído o eso era lo que yo me había imaginado.
Había vuelto de comprar unas flores frescas para poner en el florero de cristal que teníamos en nuestro local y divisé una caja tamaño mediano sobre el mostrador.
—Esa caja acaba de llegar, es para ti —me contestó Krista.
—¿Para mí? —le pregunté incrédula.
—Sí, así me ha dicho el chico que la vino a traer.
—Ah, de acuerdo —le respondí y una vez que acomodé las flores en el florero de cristal, fui a abrir la caja de tamaño mediano.
Nunca me hubiera imaginado lo que vi dentro de aquella bonita caja roja con un enorme moño dorado encima, era lo más bello que habían visto mis ojos, no podía creer semejante regalo.
—¿Michelle qué pasa? —me preguntó Krista.
—Mira por ti misma lo que hay dentro de ésta caja —le contesté y se acercó poniéndose a mi lado para ver el contenido de adentro.
—Es bellísimo, ¿tiene alguna tarjeta?
—Sí, aquí ésta —le expresé y tomé el sobre para sacar la tarjeta del mismo y leí la nota que estaba escrita.
"Prepárate para tener una noche soñada y no me estoy refiriendo a lo que tú y yo sabemos perfectamente bien Michelle, éste sábado te pasaré a buscar a las seis en punto de la tarde y para ese horario quiero que estés mucho más que lista para mí Michelle".
—Ese es Nick, ¿verdad? —me preguntó Krista queriendo saber.
—Sí Kris, éste es Nick.
—¿A qué se refirió cuando dijo que te prepararas para tener una noche soñada?
—No lo sé, sinceramente no lo sé Krista.
—Tú no sabes nada de lo que te estará por preparar Nick, pero lo que yo sí sé, es que no ves la hora de poder estar con él, admítelo Mich, tú sigues perdidamente enamorada de Nick por más que nos digas lo contrario a los chicos y a nosotras y Nick se está desviviendo porque le des una segunda oportunidad.
—Ya lo sé eso Kris.
—Entonces, será mejor que pienses perfectamente bien lo que harás porque el tren se puede ir sin ti y si no te subiste será demasiado tarde, las oportunidades rara vez se presentan dos veces, así qué, sería muy bueno que aceptes a Nick nuevamente.
—Eso es lo que haré, lo aceptaré nuevamente, porque a pesar de todo nunca dejé de quererlo ni muchísimo menos nunca dejé de amarlo.
—Es la mejor decisión que podrías haber tomado Michelle, verás que de ahora en adelante todo se solucionará entre ustedes y todo, absolutamente todo estará mejor entre ustedes dos porque sencillamente ambos se merecen ser felices y por sobre todas las cosas se merecen estar juntos, los dos son el uno para el otro, pues bien, volviendo al tema de la caja y su enorme sorpresa que había dentro de la misma, sácalo de la caja que quiero verlo por favor.
—Sí, yo también quiero verlo por entero —le expresé y lo saqué de la caja.
—Es magnífico por donde lo mires.
—La verdad es que sí lo es, le habrá costado una fortuna éste vestido, me encanta.
—Michelle, fíjate dentro de la caja que creo que hay más cosas —me dijo y yo la miré arqueando mi ceja izquierda como diciéndole es imposible.
—¿De veras me lo estás diciendo?
—Sí, fíjate tú —me respondió y yo volví a mirar dentro de la caja y metí mi mano derecho mientras que con mi mano izquierda sostenía el vestido.
—¿Aros Swarovski? ¿Collar, pulsera y anillo de la misma marca? Esto es muchísimo para mí, no podría ponérmelos jamás.
—¿Por qué no podrías ponértelos jamás Michelle?
—Porque salen una fortuna cada una de esas cosas.
—Pues cariño si quieres tener esa noche soñada deberás ponerte el vestido más las joyas que Nick te ha comprado.
—Pero yo no se lo he pedido jamás el que me comprara todas éstas cosas.
—Él sabe perfectamente bien que nunca le has pedido nada que te regale, pero él te quiso compensar por todos esos meses que han pasado juntos y que él sabe muy bien que no lo has pasado nada bien junto a él.
—Si tú lo dices y para completar el combo enorme, viene con dos cerezas para finalizar éste mismo, un par de zapatos y una cartera, recuerdo que una vez en una de las grandes vidrieras de moda de aquí, vi ésta misma cartera y nunca me la pude comprar, debería llamarlo y agradecerle por todo lo que me ha comprado, ¿verdad?
—Es lo mínimo que puedes hacer Michelle, llámalo ahora mismo, no pierdas más el tiempo y por sobre todas las cosas disfruta al máximo lo que te está ofreciendo Nick.
—De acuerdo, tienes toda la razón Kris, ¡muchas gracias!
—¡De nada! —me contestó y yo marqué el número de celular de Nickolas.
—¿Hola?
—¿Nick? Habla Michelle, ¿cómo estás?
—Hola Michelle, yo muy bien, ¿y tú?
—Muy bien también, gracias por preguntar.
—De nada —me respondió y yo me quedé callada—, ¿has recibido... —me preguntó y yo hablé sobre su voz.
—Quería decirte que... —le dije y ambos hablamos a la misma vez—, lo siento, ¿qué me decías? —le pregunté.
—Habla tú primero Michelle.
—De acuerdo, quería decirte que... me han encantado las cosas que me has regalado.
—Eso quiere decir que has recibido la caja, ¿verdad?
—Sí, la he recibido y he visto absolutamente todo y me ha parecido muy bonito de tu parte haberme comprado todas éstas cosas, de veras que te lo agradezco mucho Nickolas.
—No tienes que agradecerme absolutamente nada Michelle, solo quiero que entiendas y que por sobre todas las cosas sepas que quiero volver a ganarme tu confianza, quiero que vuelvas a confiar en mí, quiero que no te quede ninguna duda a la hora de volver a confiar en mí, quiero que entiendas y quiero que sepas perfectamente bien que he cambiado mucho y que no soy el mismo hombre que soliste conocer, el Nick de antes ya no volverá jamás, el que te habla y el que salió de aquel centro de rehabilitación es un Nick totalmente, completamente y enteramente diferente, si tú estás dispuesta a entregarte a mí nuevamente, yo me entregaré por entero y por completo a ti.
—¿A qué te refieres con eso último Nickolas? —le pregunté sin comprenderlo.
—Muy pronto lo sabrás Michelle, no estés ansiosa porque no te diré absolutamente nada de eso.
—¿Ni siquiera una pistita me darás?
—No, nada, ninguna pistita te daré, es mucho mejor así, te tendré expectante hasta el sábado.
—De acuerdo, deberé esperar.
—Solo espero que te guste muchísimo lo que te tengo preparado.
—Está bien —le respondí y volvimos a quedarnos callados.
—Te debo dejar, tengo que volver a trabajar, nos vemos el sábado a las seis en punto de la tarde.
—Sí, yo también debo volver a trabajar, hasta el sábado a las seis de la tarde en punto.
Ambos cortamos nuestra conversación vía BlackBerry, ambos volvimos a nuestros respectivos trabajos y ninguno de los dos habló sobre la conversación que tuvimos entre los dos con los demás, por su parte él con los chicos y yo por mí parte con las chicas.
Y el sábado llegó y con éste unos nervios tremendos, me era imposible calmarme a mí misma, cada vez que miraba el reloj se acercaba más la hora en que Nickolas me vendría a buscar. Me fui preparando y hasta me había estrenado un conjunto de ropa interior de color rosa claro para que haga combinación con el vestido, me calcé las sandalias, me puse el vestido, y debía reconocer que me quedaba bastante bien al cuerpo, me puse las joyas, me maquillé naturalmente, me peiné haciéndome un recogido bastante algo y me puse una banda con piedras al tono que simulaba ser una vincha, me perfumé y apenas lo terminé de hacer, Nickolas tocó el timbre de mí departamento y lo atendí.

Hace más de 1 año

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#61

CAPÍTULO 54

—Soy Nick, quiero subir.
—De acuerdo, sube —le respondí y apreté el botón para que activara la puerta principal del edificio y lo dejara entrar al hall del edificio y así subir hacia mi departamento—, ya te abro Nickolas —le dije detrás de la puerta y al instante le abrí la puerta.
—No me he equivocado en lo absoluto cuando elegí y compré ese vestido que llevas puesto, te ves increíble.
—Muchas gracias Nickolas, tú te ves muy bien también, nunca creí que te iría a ver vestido con un frac, pareces todo un señorito inglés —le dije y ambos nos reímos por mí comentario que le había hecho a él.
—¿Nos podemos ir ya?
—Sí, claro, cuando quieras Nickolas.
Salimos de mi departamento y del edificio mismo, me abrió la puerta del acompañante de su auto y yo luego de darle las gracias me subí al mismo, cerró la puerta y él entró del lado del conductor, encendió el motor de su auto y emprendimos un rumbo que desconocía.
—¿Hacia dónde vamos Nickolas?
—Ya lo verás, lo único que te diré es que deberé vendarte los ojos dos veces.
—¿¡Por qué!?
—Porque si no se romperá el encanto y la sorpresa que te he estado preparando para éste día tan especial.
—Está bien, me rindo.
—Me parece estupendamente bien esa respuesta que me has dado —me dijo riéndose de una forma provocativa que hizo que mis sentidos se pusieran alerta, no por algo desagradable si no más bien porque estaba sintiendo un calor en mí interior que nunca lo había sentido antes con Nickolas—, llegamos, creo que éste abrigo es adecuado para el vestido.
—¿Quieres que me lo ponga Nickolas?
—Sí, quiero vértelo puesto.
—De acuerdo, ¿sabes? Me siento como Julia Roberts en la película Pretty Woman.
—¿Por qué me lo dices? —me preguntó y él al mirarme penetrantemente a mis ojos comprendió el porqué se lo había dicho—, oh no, ni siquiera lo pienses, ni siquiera se te ocurra decirme eso, porque te recuerdo que el personaje de Julia Roberts era de una prostituta y tú no lo eres.
—Pero con las cosas que me has comprado, todo lo que tengo puesto, excepto la banda del cabello y la ropa interior, me lo has comprado tú y en parte me siento así.
—No debes pensar eso Michelle, yo no te he comprado todo lo que llevas puesto para que creyeras que te estaba comparando con el personaje de la película Pretty Woman.
—Ya lo sé eso Nickolas, pero es que yo lo pienso así.
—Mira, o dejas de pensar eso o directamente te llevo al hotel.
—¿Al hotel?
—Sí, al hotel, donde reservé una habitación, ¿conforme? Así qué, tú eres la única que decide, o seguimos como lo he planeado y como lo he preparado y te sacas esa idea de tu mente o nos vamos de inmediato al hotel —me contestó y yo me ruboricé por entera.
—De acuerdo, sigue con lo que has preparado Nickolas.
—Está bien.
Bajamos de su auto no sin antes él ayudarme a bajar del mismo, me coloqué el bolero de piel ecológica de color rosa pálido y Nickolas me vendó mis ojos. Me levantó en sus brazos y yo pegué un grito de lo sorprendida que me había quedado al reconocer su actitud tan decidida.
—No quiero que te tropieces y te caigas.
—Está bien, ¿qué es ese ruido?
—¿A qué te suena?
—A algo aéreo, ¿hacia dónde me llevas Nickolas?
—Muy pronto lo sabrás, confía en mí por favor, te lo suplico Michelle.
—Yo... confío plenamente en ti Nickolas.
—Entonces si confías plenamente en mí, harás todo lo que yo te diga, ¿de acuerdo?
—De acuerdo —le respondí y volví a quedarme callada.
Entrelacé mis brazos alrededor de su cuello y posé mis manos en su nuca sosteniendo en una de éstas la cartera de noche, llegamos al lugar donde yo sentía el ruido y habló con alguien mientras mi mente trabajaba a mil por hora en descifrar el rumbo que iríamos a tomar a continuación.
Nickolas me bajó al piso y me ayudo a entrar a una especie de habitáculo, él entró luego y cerró la puerta.
—¿Dentro de qué estamos?
—Esto tomará vuelo dentro de muy pocos instantes.
—¿Estamos dentro de un helicóptero?
—Así es Michelle, dentro de unos segundos estaremos sobrevolando Los Ángeles.
—¿No me digas que iremos a Las Vegas? –le pregunté con una sonrisa en mis labios.
—Frío, frío, no iremos a Las Vegas, algún día si tú quieres conocer esa ciudad, iremos, pero por el momento no estamos yendo hacia allí.
—El helicóptero se siente mucho más que el avión.
—Obviamente que sí porque solo tres o cuatro personas viajan en el mismo, aunque algunos son mucho más grandes, pero sí, es verdad lo que acabas de decir, se siente más el vuelo que un avión.
—¿No me dirás hacia dónde me llevas Nickolas?
—No, pero te daré una simple pista, que creo que con la pista que te daré te será mucho más que suficiente para que empieces a atar cabos que de seguro están bastante sueltos en tu mente, una vez me persuadiste para que te llevara a un lugar donde yo no quise ni llevarte ni mucho menos presentarte, listo, ya no te diré más nada hasta que lo veas con tus propios ojos en dónde te lleve.
—Pues, sinceramente no sé de lo que me estás hablando, no recuerda nada, absolutamente nada de lo que te he dicho sobre eso que quise que me llevaras a cierto lugar y tú no quisiste llevarme ni mucho menos presentarme —le contesté desconcertada y ahora sí que mi mente estaba trabajando más de la cuenta, más de lo que debía estar trabajando.
Ahora sí que me sentía nerviosa y exaltada por saber qué era eso que me había acabado de decir Nickolas, habían pasado de seguro mucho tiempo desde que habíamos despegado de suelo californiano, y ya estaba que me comía las uñas por llegar y ver todo eso que me había preparado Nickolas.
—Señor ya hemos llegado —le avisó el piloto apenas aterrizó en una plataforma especial para helicópteros.
—Muchas gracias.
—Para servirle señor.
—Dime que has cambiado de rubro y no eres más un cantante famoso y te lo creo, todas éstas atenciones me dan que pensar que solamente has sido siempre un cantante para ocultar tu verdadera identidad.
—¿Qué piensas que soy en verdad, cuál piensas que es mí verdadera identidad Michelle?
—Pues no lo sé, quizás un hombre multimillonario con muchas empresas o algo por el estilo.
—Nada de eso, solamente soy un cantante famoso que tiene muy buenos amigos en los cuáles siempre puede contar para cualquier tipo de cosas.
—Ok, me has convencido Nickolas, ¿y ahora, adónde iremos?
—Subiremos a un auto y de allí directo hacia lo que te tengo preparado.
—¿Y no me dejarás ver el auto? Tengo curiosidad, por favor.
—De acuerdo, pero solo unos segundos y luego volveré a taparte tus ojos.
—Está bien Nickolas.

Hace más de 1 año

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#62

CONTINUACIÓN DEL CAPÍTULO 54

Me quitó el pañuelo de mis ojos y me sorprendí al ver aquel auto.
—¿Un Rolls Royce Phantom? ¿Tú no lo tienes o sí lo tienes?
—No, no lo tengo, ahora bien, volveré a taparte tus ojos.
—No Nickolas, por favor quiero tener los ojos descubiertos, aunque sea hasta que lleguemos a dónde quieres llevarme.
—Pues está bien, tú ganas, pero unas calles antes te taparé nuevamente tus ojos.
—De acuerdo, lo que tú digas y lo que tú quieras Nickolas.
Abrió la puerta trasera del auto y me hizo pasar a mí primero, la cerró y luego él entró de la otra puerta, el chófer subió al asiento del conductor y encendió el motor del Rolls Royce Phantom.
La espera no se hizo esperar tanto y las ansias volvieron a fluir en mí interior.
—Tendré que taparte tus ojos.
—Está bien por mí —le dije y me hice hacer de él.
Unas calles más adelante y el chófer detuvo el auto.
—Ya hemos llegado señor, que lo disfruten.
—Muchas gracias por todo.
—Para servirlo en cualquier momento señor.
—Muchas gracias otra vez.
—De nada.
Nickolas bajó de su lado y luego me ayudó a bajar del auto a mí. Cerró la puerta del asiento trasero en dónde instantes antes había estado sentada, detrás de mí, y volvió a hablarme.
—Camina con cuidado, yo te guiaré y por nada del mundo te sueltes de mí.
—Está bien Nickolas.
—Confía plenamente en mí, Michelle, ahora sí, tu noche soñada ha comenzado.
—Estoy muy, demasiado nerviosa Nickolas, no puedo parar de temblar, siento mis manos congeladas por demás.
—Tranquila, verás que te encantará lo que he tenido preparado para ti ésta noche.
Entramos al recinto y escuchaba muchas voces, muchos murmullos y muchos susurros, estaba o bien me sentía fuera de aquel lugar, me sentía fuera de aquel contexto, no entendía absolutamente nada de lo que estaba pasando a mí alrededor. Solamente sentía el brazo derecho de Nickolas que estaba alrededor de mí cintura y rodeaba mi abdomen y con su otra mano sostenía mi mano izquierda. Me sujetaba por mí cintura como queriendo retenerme y sin siquiera pensar en escapar de él y de su fuerte y cálido abrazo.
Me ayudó en subir unas escaleras y percibí un olor particular que solamente en ciertos establecimientos antiguos se olían.
—¿Sientes ese notorio olor? —le pregunté.
—No, ¿a cuál te refieres?
—No lo sé, siento un olor que solamente en lugares antiguos se huele, percibo un olor entre viejo y encierro.
—Pues en unos instantes más sabrás en dónde estamos Michelle, yo te lo aseguro.
—Pues eso es lo que estoy esperando desde el día en que me mandaste la tarjeta con aquella nota escrita por ti, me has tenido desde ese día muy y por demás ansiosa.
—Ya estamos a segundos de sentarnos y en ese momento te quitaré el pañuelo de tus ojos cariño.
Un acomodador nos indicó el lugar dónde teníamos los dos asientos, corrió la gruesa cortina de terciopelo rojo y pasamos al lugar, yo todavía con la ayuda de Nickolas por supuesto. El acomodador nos deseó que lo disfrutáramos y le dimos los dos al mismo tiempo las gracias. Me ayudó a sentarme en un bonito sillón de terciopelo rojo con ornamentos antiguos alrededor del respaldo, las cuatro patas del sillón y los apoya-brazos.
—Ahora sí, ha llegado el momento de sacarte el pañuelo de tus ojos, ¿estás preparada?
—Sí y mucho lo estoy, ya quiero saberlo todo.
—De acuerdo Michelle, a partir de ahora, qué comience la magia se ha dicho —me susurró en mi oído izquierdo y terminó por quitarme el pañuelo de mis ojos.
—¿Por qué me has traído aquí Nickolas? —le pregunté mirándolo a sus ojos penetrantemente y sintiendo los míos vidriosos.
—Porque sé lo mucho que querías ir a ver una ópera.
—¿Pero por qué?
—Porque te lo has merecido desde siempre, sé lo mucho que te gusta la ópera y decidí sacar boletos para que viéramos Cyrano de Bergerac.
—¿Veremos la vida del poeta Edmond Rostand?
—¿Así se llama en verdad?
—Pues sí, pero la obra en realidad se llama Cyrano de Bergerac.
—Ah mira tú, eso yo no lo sabía, solo saqué dos entradas para ver la ópera.
—Y me ha encantado que me hayas regalado éste tremendo detalle Nickolas, ¿sabes con qué podrías completar todo esto que me has regalado?
—No, ¿con qué? —me preguntó mirándome a mis ojos detenidamente.
—Con darme un beso.
—¿Estás muy segura de lo que me pides Michelle?
—Sí Nickolas, estoy completamente segura de lo que te estoy pidiendo, quiero que me des un beso ahora mismo Nickolas.
Se acercó hasta posar su boca sobre la mía y volví a sentir cosas anteriores y muchas cosas nuevas que antes no había sentido cuando Nickolas me besaba, era preciosa aquella sensación, había experimentado una particular sensación que nunca antes la había experimentado junto a él y ello era el sentimiento de querer verdaderamente a una persona. Había sido el beso más dulce y tierno que me podía haber dado Nickolas. Nunca antes me había besado de aquella manera tan bonita y delicada.
—Ha sido el beso más bonito y dulce que me hayas podido dar Nickolas, te lo agradezco muchísimo —le dije mirándolo a sus ojos sin quitar mi vista de encima de estos.
—Nunca me habías dicho esto que me has acabado de decir Michelle, ¿por qué me lo has dicho?
—Porque he sentido el beso muy diferente a como solías besarme.
—Veo que te vas dando cuenta del cambio que he hecho.
—Así es Nickolas —le respondí y puso un mechón de mi pelo detrás de una de mis orejas muy delicadamente, acto que me hizo erizar mi piel completa y enteramente—, me haces todas éstas lindas atenciones solo para hacerme recordar que he sido quizás una insensible y egoísta contigo, ¿verdad? Y porque también después de esto me tendrás debajo de unas sábanas y así cerrar ese pacto, ¿verdad?
—Yo no quería, pero me habías obligado a esto en parte, pero debo aclararte y decirte que no solamente por eso estoy teniendo todas éstas atenciones contigo Michelle.
—¿Y entonces por qué las estás teniendo?
—Muy pronto lo sabrás.
Antes de que le pudiera responder, la obra daba comienzo a una bella historia de drama y romance, luego de dos horas de ver la puesta en escena por demás atenta y entretenida culminó con la despedida de los actores al público presente y estos, nos pusimos de pie para aplaudirlos y ovacionarlos.
Cada persona fue saliendo del recinto y nosotros también.

Hace más de 1 año

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#63

CAPÍTULO 55

—¿Te ha gustado la obra? —me preguntó Nickolas.
—Sí y mucho me ha gustado, muchísimas gracias otra vez Nickolas.
—No tienes que agradecerme absolutamente nada Michelle, lo he hecho porque quise hacerlo y porque de hecho creí que ha sido un muy buen motivo para lo que he planeado desde hace un mes atrás y más.
—Con razón no te había visto ni me habías llamado todo ese mes que había pasado.
—He estado con mucho trabajo y aparte preparando todo.
—Me lo debía suponer pero yo no sé las cosas que haces y las cosas que dejas de hacer Nickolas, yo ya no estoy más en tu vida privada como para saber qué cosas debes hacer y qué cosas tienes que hacer.
—Pero te gustaría volver a estar en mi vida privada, ¿verdad? ¿Volverías a estar conmigo, verdad? —me hizo aquellas dos preguntas tan contundentes que lo único que hice fue sonreír sutilmente y girar mi rostro hacia el otro costado para que no me viera a mis ojos y que éstos me delataran—, ¿tu silencio cómo lo debería interpretar Michelle? ¿Cómo algo agradable y como la respuesta que yo quiero escuchar de ti o todo lo contrario?
—No me lo hagas más difícil de lo que es Nickolas.
—Tú sola te lo haces mucho más difícil de lo que es, en realidad no es tan difícil de entenderlo ni siquiera de respondérmelo, ¿no te parece así Michelle? Si has aceptado esto es porque todavía sigues queriéndome.
—Tú me has obligado a aceptar esto en cierta parte.
—Lo sé y te lo reconoceré, pero no me puedes negar para nada, que te lo estás pasando en grande, ¿o me equivoco?
—No, no te equivocas.
—¿Has visto? Te conozco y te conozco perfectamente bien Michelle, sé tus mañas y sé el carácter que tienes, sé cómo eres en realidad, conozco tus virtudes y tus defectos, te conozco muy bien y conozco a la perfección a la verdadera Michelle.
—Pues lo mismo tendría que decir de ti, ¿o no Nickolas?
—Eso sí que no te lo discutiré en lo absoluto Michelle, ambos nos conocemos a la perfección y somos los únicos que nos soportamos el uno al otro y sé que tú has sido la que más me tuvo que soportar durante muchos meses atrás.
—Lo sé bien eso Nickolas, pero no tienes porqué hablar sobre ese tema en particular porque no te estoy diciendo las cosas para reprocharte algo sobre aquella situación ya superada por ti, te diré que estoy muy orgullosa de saber que has podido salir vencedor y muy triunfante de aquellas ambas adicciones.
—Pero para que me sienta un hombre completo necesito solamente una cosa en especial.
—¿Qué necesitas? —le pregunté de lo más tonta e inocente ante su pregunta de doble sentido y sin saber que era una indirecta por su parte.
—A ti Michelle, te necesito a ti, solamente a ti para poder sentirme un hombre completo y un hombre entero y para que eso suceda, deberás mirar al cielo —me expresó y yo lo miré desconcertada.
Sin siquiera saber cómo, ambos estábamos en Central Park, la caminata más la charla que estábamos teniendo, nos llevó hacia Central Park que estaba a unas pocas calles de aquel teatro en donde habíamos ido a ver la obra de teatro antigua de drama y de romance. Nickolas sí sabía el rumbo en dónde estábamos caminando, en cambio yo era la desorientada y la que no se había percatado de nada en lo absoluto.
Estábamos los dos sobre un pequeño puente que detrás estaban los grandes y enormes edificios de la gran manzana y frente nuestro teníamos un cielo abierto y despejado con un montón de estrellas. Y cuando Nickolas me dijo que debía mirar hacia el firmamento, comencé a ver fuegos artificiales explotar en grandes cascadas de brillos y colores hermosos y uno de esos en forma bien nítida y clara acentuaba una típica frase, ¿Te casarías conmigo?
—Wow, ¿quién habrá sido el encanto de hombre y la mujer afortunada? —le pregunté sin tener idea de nada de lo que estaba pasando a mi alrededor y Nickolas me presenta ante mis ojos un precioso anillo de compromiso que colgaba de una cinta que él mismo estaba sujetando.
—Creo yo que ya te has dado cuenta quién es la mujer afortunada y el encanto de hombre, ¿verdad Michelle?
—¿Por qué? ¿Por qué me pides que me case contigo, si nunca tuviste la intención de hacerlo? ¿Por qué ahora Nickolas? —le pregunté dándome vuelta para enfrentarlo mientras lo miraba a sus ojos detenidamente y sin quitarle mí vista de sus ojos, al igual que él mantenía su vista en mis ojos.
—Porque no puedo vivir sin ti Michelle, no seré un hombre completo ni mucho menos seré un hombre entero si tú no te casas conmigo Michelle, te he necesitado siempre y ahora más que nunca, no podré ser feliz sin ti a mi lado, yo no soy feliz sin ti a mi lado y si tú no me aceptas nunca lo seré, quiero a una sola mujer en mí vida privada y esa mujer eres solamente tú Michelle.
—Me dices todo eso, pero solamente una vez te oí decirme las palabras que con rabia salieron de tus labios aquella noche cuando nos habíamos quedado encerrados en el depósito del local, me dices tantas cosas y tantísimas palabras pero no veo acciones por tu parte.
—No me lo hagas mucho más difícil de lo que es Michelle, sabes bien que me cuesta horrores decir lindas palabras y bonitas frases, soy un bruto y un desconsiderado y sabes perfectamente bien que no soy para nada romántico, pero trataré de que todos los días y que todas las noches tengas algo romántico como sé que a ti te gusta mucho —me dijo y se hincó de rodillas—, una vez conocí a un hombre despreocupado y aventurero, a un hombre que solamente le importaban cosas materiales y el pasarla bien entre el alcohol, las drogas y las mujeres, tenía a su mejor amiga que lo aconsejaba en todo, pero él no le daba importancia a sus palabras tan sensatas y precisas, su mejor amiga siempre había estado enamorada de él en silencio —me decía todo aquello mientras me miraba penetrantemente a mis ojos.
—No sigas más por favor Nickolas.
—Déjame terminar lo que he empezado a decirte Michelle —me respondió y yo volví a callar mis labios—, ella estaba perdidamente y profundamente enamorada de él en silencio, él siempre creyó que por ser fea su mejor amiga, nunca podría enamorarse de alguien y ni mucho menos que alguien se enamoraría de ella, el día en que él se entera que ella siempre lo había amado en silencio se burló en su propia cara, el hombre una vez más había sido un hipócrita con ella, la pobre de su mejor amiga tuvo que soportar desde insultos de su parte hasta insultos ajenos, todo el mundo se burló de ella, llamándola por el nombre de Gargolita, pero con el tiempo, un solo hombre pudo ver y reconocer la belleza que se escondía detrás de esa fachada, y su nombre era Spencer, el hombre imbécil nunca reconoció la manera en cómo se había sentido cuando ella lo conoció por primera vez al que sería luego su primer novio, nunca dio el brazo a torcer, pero en el fondo de él sentía celos, el tiempo transcurrió hasta que gracias a sus amigas la convirtieron en una bellísima flor, y cuando eso sucedió todo había cambiado, porque supo que la había perdido y fue ahí cuando en vez de luchar fuertemente por ella la dejó irse con otro hombre y no tuvo más motivos para seguir sin ella, es por eso que se volcó en el alcohol y en las drogas, había sido un tremendo estúpido e imbécil aquel hombre que en vez de luchar por la mujer que quería y por la mujer que verdaderamente amaba se dejó arrastrar por aquellas dos terribles adicciones, la niña mujer salió con aquel hombre por un tiempo, hasta que se enteró por un amigo en común de ambos que el hombre imbécil estaba bastante mal a raíz de sus adicciones. Solamente ella podía haber hecho lo que le hizo a aquel hombre tan estúpido, solamente ella se quedó siempre con él para cualquier cosa que necesitara y hasta participó de una primera charla con su psicóloga. Los meses pasaron hasta su pronta y su total recuperación gracias a sus familiares, gracias a sus amigos y gracias a ella, él se enteró por boca de una de sus amigas y esposa de uno de los amigos de éste hombre tan tonto, que ella se había separado de ese hombre que había conocido anteriormente, de nombre Spencer, volvió a reencontrarse con ella y la vio más radiante que nunca y mucho más hermosa que la última vez que la vio y sabía perfectamente bien que debía reconquistarla y volver a tener su amor a cualquier precio, ese hombre imbécil está ahora mismo hincado de rodillas ante ti pidiéndote y reclamándote una segunda oportunidad con una declaración de amor, sé bien que tú me sigues amando y yo sé perfectamente bien que te amo, sí, te amo como nunca jamás amé a nadie en mí propia vida, eres la única mujer que me ha importado verdaderamente, has sido siempre la única que se ha preocupado verdaderamente por mí sin quitarme nada a cambio, eres la única que me mantiene firme sobre el suelo sin dejarme idiotizar por otras cosas, Michelle, ¿te casarías conmigo única, simple y sencillamente por amor?
—Si me llevas a cenar, en la cena te responderé.
—De acuerdo Michelle, como tú más quieras.
—Muchas gracias Nickolas —le respondí y pasé mis brazos y mis manos alrededor de su cuello, me puse en puntas de pie y le di un pico en sus labios.
—De nada Michelle, iremos a cenar al restaurante del hotel.
—¿De cuál hotel? —le pregunté intrigada.
—Del hotel en donde reservé una habitación —me respondió y yo me ruboricé por completo.
Caminamos hacia el hotel donde había reservado la mejor habitación, el hotel estaba en el corazón de la ciudad neoyorquina, llamado New York Palace. Llegamos a la entrada del sofisticado hotel y el portero nos abrió la puerta muy amable deseándonos buenas noches.

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#64

CAPÍTULO 56

—Buenas noches señor y señora Carter.
—Buenas noches, quisiéramos cenar antes de irnos a nuestra habitación si puede ser posible.
—Claro que sí, el restaurante queda en el segundo piso, si gustan pueden ir ahora mismo, de seguro hay una mesa para dos cerca del gran ventanal.
—Muchas gracias, buenas noches.
—De nada, buenas noches y estamos a su disposición.
Nosotros luego de que Nickolas tomara la tarjeta electrónica de la habitación que había reservado, nos dirigimos hacia el elevador en donde iríamos a cenar al restaurante del hotel. Una vez dentro de este le hablé.
—¿Me quisieras explicar qué es eso de señor y señora Carter que no te entendí? —le pregunté cruzándome de brazos y apoyándolos por debajo de mi busto haciendo que éstos se levantaran un poco más a pesar de que ya estaban levantados por el corsé del vestido.
—No tenía otra manera de poder decir otra cosa, no es un hotel para llevar a cualquier persona, no puedo traer a una mujer que presta sus servicios, si es que me entiendes a lo que me estoy refiriendo Michelle.
—Sí, te he entendido perfectamente bien Nickolas, pero no me gusta eso de señora Carter cuando ni siquiera te he dado una respuesta.
—La reservación la hice de esa manera, lo lamento por usted señorita pero no la cambiaré porque a ti no te gusta.
—De acuerdo Nickolas.
Llegamos al segundo piso y el ascensor abrió sus puertas de acero, salimos del mismo y caminamos unos pocos pasos hasta tener frente a nosotros la doble puerta amplia y enorme, el maître nos abrió la doble puerta, nos hizo pasar al interior del restaurante y Nickolas le pidió una mesa para dos personas por lo que el maître nos dijo que lo siguiéramos.
—Que pasen una velada agradable y excelente —nos contestó haciendo una reverencia.
—Muchas gracias —le respondimos ambos al unísono y se retiró dejándonos solos en medio de la mesa con sus dos sillas.
—Esto es demasiado lujo —le dije desconcertada.
—Siéntete como una reina Michelle —me contestó y me corrió la silla para que me sentara.
—Gracias Nickolas —le expresé y me senté en la silla que él se había ofrecido en correrla para mí y una vez que yo me acomodé bien en la silla, él se sentó frente a mí.
—De nada Michelle, elige el plato que más te guste sin ver el precio del mismo.
—De acuerdo —le contesté y segundos luego nos dieron la carta del menú.
Momentos posteriores nos trajo a ambos el plato seleccionado el mozo y nos deseó una buena cena por lo que nosotros le dimos las gracias y se retiró para dejarnos solos y conversando tranquilos.
—¿Me responderás ahora la pregunta de antes?
—No, todavía no te responderé nada porque no sé qué decirte sobre esa pregunta tan importante.
—Sabes perfectamente bien lo que me tienes que responder, lo que pasa Michelle es que me la quieres dejar en suspenso la respuesta como siempre me dejas en suspenso todo lo demás.
Yo no sabía qué contestarle, estaba indecisa y tenía dudas en mi mente por el miedo al rechazo y al fracaso nuevamente junto a él, era un hombre que sabía bien no se quedaba con una misma mujer para toda la vida. Y mientras yo me quedaba pensando y Nickolas cenando y esperando mí tan expectante respuesta hacia él sobre el pedido de matrimonio, algunas personas a unas mesas más alejadas de nosotros nos estaban viendo y estaban conversando entre ellos.
—Odio a ésta mujer cuando es indecisa en algo —dijo exasperada la mujer rubia.
—No hables tan fuerte que puede escucharte.
—No me importa, que me escuche, lo que me importa es que le responda que sí.
—Ya sabes cómo somos, tardamos mucho en decidirnos por algo y peor aún cuando alguien nos pregunta algo inesperado.
—Pero yo no estuve indecisa cuando me pidieron matrimonio.
—Tú ya sabías cómo era el que te pidió matrimonio, en cambio Nickolas después de todas las cosas que le hizo es difícil que ella vuelva a confiar en él, aún así, estoy segura que le dirá que sí.
—Más le vale porque soy capaz de abofetearla en medio de toda ésta gente y dejarla en ridícula.
Luego de cenar y de comer el postre, Nickolas me invitó a bailar al centro de la pista de baile en donde había música en vivo.
—¿Bailas conmigo? —me preguntó ofreciéndome su mano extendida hacia mí.
—Bueno —le respondí y me levanté de la silla en donde estaba sentada.
—¿Te he dicho lo bonita que te ves ésta noche? —me preguntó Nickolas mientras me miraba a mis ojos y una de sus manos la tenía entrelazada con una de las mías mientras caminábamos hacia el centro de la pista de baile.
—Sí Nickolas, me lo has dicho cuando subiste a mi departamento a buscarme —le contesté y me tomó por mí cintura y una de sus manos tomó la mía que quedaba desocupada y comenzamos a bailar al compás de la música.
—Ok, pero te lo quiero volver a decir, es más, te diré que te ves radiante y espectacular, eres lo mejor que me ha pasado en mí propia vida Michelle, si me aceptas, te aseguro aquí mismo que nunca jamás te arrepentirás de haberte casado conmigo, si quieres que la magia de ésta noche especial perdure para siempre entre los dos, deberás aceptarme y verás que te he dicho la verdad en todo lo que te estuve diciendo desde hace semanas atrás —me contestó sin siquiera quitar su vista de la mía.
A todo esto, las cuatro parejas que estaban sentadas a varias mesas de nosotros, habían ido al centro de la pista de baile también para ver la escena de ambos. El tema que estábamos bailando era un lento de los ochenta llamado Don't Answer Me del grupo The Alan Parsons Project. Y en el medio de la pista de baile y con las demás parejas alrededor nuestro, Nickolas paró de bailar conmigo y se hincó con una de sus rodillas contra el piso frente a mí.

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#65

CAPÍTULO 57

—Nickolas levántate por favor, todo el mundo nos está mirando, Nickolas te lo suplico, levántate.
—no me levantaré hasta que me des la respuesta que yo quiero escuchar de tus labios Michelle.
—¿Por qué te pones de ésta manera frente a los demás por mí?
—Porque simplemente te amo Michelle, por eso estoy de ésta manera arrodillado ante ti frente a todos los demás presentes viendo la escena de pedido de matrimonio, Michelle... te entrego mí corazón, te amaré todos los días, todas las noches y para siempre, ¿aceptas casarte conmigo por amor? —me preguntó siguiendo hincado de rodillas y apoyando su cuerpo en una de ellas y volviéndome a mostrar el solitario que estaba sobre una de sus palmas de la mano y yo me llevé una de mis manos hacia mí boca sorprendida y comenzaron a asomarse lágrimas.
Me miró detenidamente y penetrantemente a mis ojos y yo hice lo mismo que él me estaba haciendo a mí, ninguno de los dos apartó la mirada del otro, acerqué mí mano izquierda hacia él y le respondí lo que quería escuchar desde hacia más de dos horas atrás, cuando me había pedido que me casara con él en Central Park en medio de un estallido de enormes, coloridos y brillosos fuegos artificiales.
—Sí —le respondí con voz temblorosa—, acepto casarme contigo solamente por amor —le respondí y él se irguió frente a mí, me colocó el anillo en el dedo anular izquierdo, besó mi mano y luego volvió a mirarme a mis ojos sin perderme ningún detalle de éstos, se acercó más a mí, pasó ambos brazos alrededor de mi cintura y sin más que decirme y sin más preámbulos me besó dulce y tiernamente en mi boca, mientras yo posé mis manos en sus brazos.
Todos los presentes, más las cuatro parejas, aplaudían, silbaban y gritaban por aquella escena tan romántica y salida de un cuento de hadas.
Las cuatro parejas se acercaron a nosotros y nos sacaron de nuestro pequeño embelesamiento.
—No veía la hora de que le dijeras que sí Michelle —me respondió Leticia, la esposa de Brian.
—Y yo no creí que todos ustedes estarían aquí husmeando escenas ajenas —les contesté a los ocho que estaban frente a nosotros dos.
—Ha sido por una buena razón lo que hemos hecho —me dijo Brian sonriéndome encantadoramente.
—Si no serías tan encantador conmigo Brian, te hubiera ladrado y ya que estamos todos aquí, quisiera preguntarte algo y espero que ninguno de los demás se moleste conmigo por lo que te pediré.
—¿Qué me quieres pedir Michelle? —me preguntó Brian mirándome curiosamente a mis ojos.
—Quisiera que me lleves hasta el altar el día que me case con Nickolas.
—Para mí será todo un honor y todo un placer llevarte hasta el altar Michelle.
—Te lo agradezco infinitamente Brian —le respondí sonriéndole y él correspondió a mi sonrisa también.
—Y yo quiero decirles mis amigos que espero que sean mis padrinos así como será Anton.
—Eso ni tienes que decírnoslo Nick —le expresó Kevin.
—Se los agradezco mucho chicos.
—No tienes que agradecernos absolutamente nada Nick —le dijo Alex—, ¿sabes Mich? El imbécil de Nick hasta una semana antes nos tuvo a todos nosotros a la expectativa de qué era lo importante del asunto en cuestión, hasta que nos lo dijo y participamos del mismo y hace un mes atrás y más había comprado el anillo de compromiso.
—Vaya, no creí que estaba tan interesado en querer casarse conmigo.
—Sería un estúpido si no me casara contigo Michelle —me dijo Nickolas mirándome a mis ojos penetrantemente al igual que yo lo miraba a sus ojos penetrantemente también.
—Sé de la manera en que eras conmigo y con las demás mujeres que se te regalaban en bandeja de todo tipo de materiales, reconozco que me costó horrores el creerte y volver a confiar plenamente en ti, pero ya me ves, aquí estoy confiando en ti nuevamente y lo único que espero es que ésta vez valga verdaderamente la pena, porque si no lo vale a la primera que me haces, me voy y no me ves nunca más en tu propia vida Nickolas y te aseguro que te lo hago.
—Te he entendido perfectamente bien Michelle, no te debes preocupar por nada de eso ni por nada, absolutamente por nada ni por nadie debes preocuparte, a partir de ésta noche estás comenzando a vivir una vida muy diferente a la que solías vivir conmigo mucho antes de ésta de ahora.
—De acuerdo, me parece excelentemente bien lo que me estás diciendo Nickolas.
Rato después de quedarnos con los chicos y con las chicas, Nickolas les habló y aunque yo me hacía la reticente y la que quería aplazar el momento, por dentro tenía unos deseos locos de estar con él en la intimidad.
—En fin chicos y chicas, si nos disculpan creo que Michelle y yo adelantaremos nuestra noche de bodas.
—Nickolas no es manera de ventilar eso que les has dicho recién a los chicos y a las chicas, no seas tan vulgar, aunque eres hombre y no podrías decirlo de otra manera, no tienes la sutileza de una mujer.
—¿Y tú cómo lo dirías Michelle? —me preguntó delante de las chicas y de los chicos y yo me ruboricé por completo y por entera.
—Pues... diría que estoy cansada y que me voy a dormir y eso es todo, luego dentro de la habitación nadie se enterará qué están haciendo, sé más sutil y delicado la próxima vez Nickolas.
—De acuerdo Michelle, aunque nuestros amigos ya saben bien lo que haremos dentro de la habitación —me dijo delante de éstos y yo le pellizqué uno de sus brazos—, ¡ay dolió! —me casi gritó mirándome a mis ojos de forma molesta y frotándose su brazo en donde obtuvo el pellizcó mío.
—No seas un niñito llorón Nickolas, no te queda bien —le contesté, lo tomé de una de sus manos y les hablé a los demás—, buenas noches chicas, buenas noches chicos, nos veremos el lunes en la tienda chicas.
—Creo que nos veremos dentro de una semana Michelle —me respondió Krista—, disfruta mucho todo esto, porque pronto serás la señora Carter y ese hombre que tienes a tu lado no te dará respiro alguno —me dijo riéndose.
Subimos hacia la habitación que había reservado y antes de entrar a la misma, Nickolas me levantó en sus brazos como una pareja de recién casados.
Qué extraño sonaba todo aquello, ser la señora de... era realmente raro de escuchar. Aún así, no veía el día en que eso sucediera realmente.
Abrió la puerta de la habitación Deluxe y entró conmigo en sus brazos, la cerró y me llevó directamente hacia la cama.

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#66

CAPÍTULO 58

—¿Iremos directo al grano Nick?
—No, claro que no, ¿por qué me lo preguntas?
—Porque por un momento creí que sí iríamos directamente al grano, será mejor que vaya al baño a desvestirme.
—No, será mejor que yo te desnude, ven aquí —me expresó y extendió su mano para que se la aceptara y ambos nos levantamos de la cama para pararnos.
Nickolas se quitó su saco y moño, la faja del frac, sus zapatos, medias y quedó en camisa y pantalón.
—¿No te quitarás la camisa y el pantalón?
—Esas cosas te las dejo solo a ti, ahora me toca a mí quitarte el vestido —me contestó y así lo hizo.
Se puso detrás de mí y muy lentamente bajó el cierre de mi vestido entallado al cuerpo. De inmediato éste cayó al piso y quedé en ropa interior frente a él, tenía un conjunto de ropa interior de color rosa pastel, el conjunto era de encaje, la parte del sostén sin breteles y la parte de abajo era una tanga casi diminuta y tenía puestas todavía las sandalias.
—Ahora tú me quitarás la camisa y el pantalón.
—¿Y mis sandalias no me las quitarás a mí?
—Sí, pero primero haz lo que te he pedido por favor Michelle.
—Está bien Nickolas.
Nickolas ya estaba en bóxer de color negro y luego se puso de cuclillas para sacar mis sandalias una por una a la vez.
Se acercó a mí y sin preámbulos me besó arduamente. Sujetándome de mi nuca y mi cintura fuertemente. Y yo le respondí de la misma manera que él.
—No puedo creer que me he estado perdiendo todo esto —me dijo en un susurro mientras me besa mi cuello con desespero.
—Lo bueno es que ahora por fin estás conmigo Nick.
—Lo sé Mich.
Creo que no hacían falta las palabras entre ambos por darnos cuenta los dos que nos amábamos inmensamente. Entrelacé mis brazos y mis manos alrededor de su cuello y lo besé, me levantó e hizo que enredara mis piernas alrededor de su cintura.
Fuimos hacia la cama y con nuestras manos desarmamos la misma, metiéndonos debajo de las sábanas y el cobertor. Seguíamos besándonos y Nickolas ya comenzaba a desabrocharme el sostén por detrás, lo tiró al suelo y fue bajando con su boca y lengua desde mí pecho hacia mis senos. La primera vez que me había hecho aquello había sido hermoso y me había sentido de maravillas, pero ahora, ahora lo sentía muy diferente a aquella vez, ahora sentía todo diferente de él, sus besos, sus caricias, sus mimos, sus dulces palabras hacia mí, y su entrega total hacia mí como yo estaba entregada por completo y por entera a él.
Mientras tocaba muy delicado mis pechos los besaba y los lamía, y mis suspiros eran cada vez más constantes, bajó más por mí cuerpo, sin quitar su boca y su lengua de éste, sus manos las posó a los costados de mis caderas y con sutileza fue bajando mi casi diminuta tanga, era la primera vez que estaba totalmente y completamente desnuda frente a un hombre, frente a él y Nickolas no lo sabía.
Nickolas mismo se quitó su bóxer y lo tiró al piso también y allí fue cuando me di cuenta de lo que iría a pasar entre los dos y estaba muchísimo más que asustada, pero traté de no ponerme nerviosa y actuar como si era algo muy natural para mí, porque sí Nickolas se enteraba, quizás luego se arrepentiría.
—De una manera u otra, soñé éste momento Michelle, no sabes cuánto lo he soñado, las de noches que me he despertado sudando y saber que no te tenía en mi cama durmiendo a mí lado fueron incontables y no hubo un solo día y no hubo una sola noche en que no me he lamentado en saber que no estabas conmigo, que me había quedado solo nuevamente.
—Pero ya estoy aquí contigo y siempre estaremos juntos —le expresé luego de haberle puesto uno de mis dedos índices en sus hermosos labios.
—Sí, lo sé perfectamente bien eso, sé que ahora estaremos siempre juntos por fin —me emitió y con sus manos tomó con suavidad mis muslos y mis piernas y se acomodó entre medio de éstas.
Una vez que se había acomodado bien y mejor, pasó uno de sus brazos con una de sus manos alrededor de mí espalda y mí cintura y con su otra mano tomó su pene para llevarlo hacia la entrada de mí vagina. Al ubicarlo allí, su mano y su brazo los pasó debajo de la almohada en donde tenía apoyada mí cabeza. Sentía su corazón acelerado al igual que el mío. Me volvió a besar, pero ésta vez hizo entrar su lengua en el interior de mi boca y cuando supo que estaba preparada, comenzó a empujar hacia dentro.
La presión que había sentido en el momento en que Nickolas empujó hacia dentro de mí, hizo que se me pusieran vidriosos mis ojos y Nickolas sintió que estaba demasiado apretada y que no podía avanzar como le hubiera gustado y como hubiera querido.
—Te siento tan pequeña que me es imposible avanzar como quiero —me dijo mirándome a mis ojos y supo el porqué era así—, eres virgen —fue una afirmación y no una pregunta y se me aguaron más mis ojos—, ¿por qué? ¿Por qué no estuviste con Spencer?
—Porque nunca he querido estar con Spencer.
—Pero te ibas a casar con él, ¿verdad?
—Tú sabías perfectamente bien el porqué me iba a casar con él, no quiero hablar más de él, no en éste preciso momento Nick, no te lo he dicho antes porque no creí que fuera tan importante el saber que seguía siendo virgen.
—¿Creías que no era importante el que seguías siendo virgen y no me lo habías dicho? No sé cómo seguir, nunca he estado con una chica virgen.
—Pues sigue como si no lo fuera más, pero ve despacio, lo estabas haciendo bien, la primera vez que dormimos desnudos no te había importado el saber que era virgen y ahora que lo sigo siendo tampoco te tendría que importar demasiado, quiero estar contigo y es lo único que me importa.
—¿No crees que es mejor esperar?
—Ni se te ocurra volver a decirme eso Nick, tú estabas desesperado siempre por tenerme debajo de ti, ahora lo estoy porque quiero y tú no te echarás atrás en esto, ¿eres un hombre o un gallo? Compórtate como todo un hombre que sé eres.
—Soy Nickolas, el hombre que te hará el amor por primera vez mi dulce Princesa —me respondió y me besó dulce y apasionadamente.
Con suavidad y con delicadeza, empujó más hacia mi interior y notó la barrera que me dividía entre la niña inocente y la mujer que iría a ser completa y enteramente suya.
—Todo va a estar bien —me susurró en uno de mis oídos para tranquilizarme—, yo estaré contigo y te cuidaré por el resto de la noche.
—No lo dudo ni un segundo en que así será Nick —le dije y volvimos a besarnos.
Dicho aquello, se hundió por entero en mí interior, rompiendo la barrera y haciéndome mujer, su mujer por completo. Gemí, sentía que me partía en dos, quizás por ser mí primera vez o quizás por el hecho de saber que él era enorme y yo era pequeña, pero aún así por inercia apreté mis piernas entre sí y sentí que se hundía muchísimo más en mí interior.
—Esto es mi perdición —me dijo Nickolas.
—Y la mía también —le respondí estando muchísimo más que de acuerdo con él.
—No me importaba si no seguías siendo virgen, porque lo importante es que eres mía, completa y enteramente mía, eres mí mujer, tus mejillas están coloradas, sientes el calor, ¿verdad?
—Sí, lo siento, lo siento en todo mi cuerpo.
—Y yo estoy de igual manera que tú Michelle.
En aquel momento comenzó a moverse muy despacio, no quería causarme ningún dolor y no quería que me sintiera incómoda en ningún momento, pero el roce de nuestros cuerpos, las caricias, los besos, los mimos, las palabras que me recitaba con dulzura y con amor, hicieron que tanto él como yo fuéramos a un nivel más arriba del que ya estábamos. Cada vez que intentaba salirse de mi interior sentía un vacío y cuando volvía a empujar hacia dentro sentía que me llenaba por completo y por entero.
Tanto su cuerpo como el mío sudaban, sudaban de placer y de amor por sentirnos el uno junto al otro como uno solo cuerpo.
—Nick me siento rarísima —le expresé en uno de sus oídos mientras lo tenía abrazado alrededor de su cuello y él seguía haciéndome el amor.
—Y yo también, ¿y sabes por qué es?
—No, no lo sé, pero tengo una leve idea.
—Es porque estamos a punto de culminar.
La fricción de ambos hizo que él fuera un poco más aprisa, y en el instante de nuestra culminación me miró a mis ojos penetrantemente y posó su frente contra la mía sin dejar de quitarme su mirada de encima de la mía.
Besó mi frente, mis párpados, mi nariz, mis dos mejillas y por último mis labios.

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#67

CAPÍTULO 59

—¿Cómo te sientes?
—Cansada, muy cansada pero por demás feliz —le dije mirándolo a sus ojos—, ha sido maravilloso, todo, absolutamente todo ha sido maravilloso, desde el comienzo del día lo ha sido, y tú... tú has sido muy dulce y amoroso conmigo, te adoro y te amo, siempre te amaré Nick.
—Yo también te adoro y te amo Michelle y sabes perfectamente bien que siempre te amaré yo a ti también —me respondió besándome, beso que yo correspondí con la misma intensidad que la suya—, ¿quieres fijar una fecha para nuestro compromiso?
—Hay una fecha muy especial para mí.
—¿Cuál es?
—El veinte de marzo.
—El día en que tú y yo nos hemos conocido en aquel bar —me contestó mirándome a mis ojos penetrantemente.
—Sí, así es.
—¿Y no te parece bien que esa fecha la dejemos para nuestra boda? —me preguntó.
—Me encantaría.
—¿Qué dices si nos comprometemos dentro de un mes?
—¿Pero qué día?
—¿Quieres el veinte también?
—Bueno, el veinte es nuestro día —le dije sonriéndole y él me regaló una sonrisa también.
El cansancio y el sueño me habían vencido, me había quedado dormida en sus brazos y tiempo después él también. Habíamos cumplido el sueño de haber dormido juntos por primera vez en mucho tiempo y yo solo esperaba que el día de nuestra boda, Nick no se arrepintiera.
La noche pasó trayendo una mañana soleada. Me desperté sintiendo los brazos de Nick alrededor de mi cintura y estando él detrás de mí. Él también se despertó, besó parte de mi cuello y mi hombro derecho, posé mis manos sobre las suyas y sonreí felizmente.
—Buenos días —me dijo al oído.
—Buenos días.
—¿Cómo has amanecido?
—Muy bien, ¿y tú?
—De la misma manera que tú, ¿qué te parece si desayunamos juntos dentro de la habitación?
—De acuerdo, me parece perfecto.
Mientras Nickolas pedía el desayuno para dos personas y desayunar dentro de la suite yo me di una ducha. Salí luego envuelta en una toalla y lo mismo hice con mi cabello, haciéndome un turbante en la cabeza con otra toalla blanca que estaba en el baño.
—¿Por casualidad alguna de las chicas trajo algo de mí ropa para ponerme?
—Sí, trajeron una maleta, yo mismo les pedí que la armen para ti, porque nos quedaremos aquí dentro del hotel por una semana, será nuestra mini luna de miel, porque no sé si luego podremos tener una con todo lo que implique una luna de miel de recién casados Michelle.
—Eso no me es tan importante Nickolas.
—Puede que para ti no lo sea, pero para mí es muy importante que tengas una luna de miel como te la mereces.
—Sabes perfectamente bien que esas cosas no me interesan.
—Lo sé perfectamente bien eso Mich, y por eso y por muchísimas otras cosas más te adoro y te amo —me dijo posando sus manos en mis mejillas y tiempo más tarde besándome arduamente como yo lo besaba a él con la misma intensidad que me estaba besando a mí.
Me vestí con unas leggings gris oscuro, un par de botas gris claro de taco chino y plataforma, una musculosa de hilo gris claro también, accesorios, una campera al tono de jeans, una faja gris oscura, una cartera y una bincha gris, y maquillada naturalmente.
—Luego de desayunar si quieres podemos ir a pasear por las calles de Nueva York, ¿te parece bien Mich?
—Sí, vayamos —le respondí a su pregunta mientras me sentaba frente a él para disponerme a desayunar tranquilamente.
Luego de desayunar y charlar, salimos del hotel rumbo hacia las calles de Nueva York, caminábamos tomados de la mano, y Nickolas caminaba despreocupadamente, se tomaba fotos con fans que lo reconocían y que caminaban por aquellas mismas calles en las que transitábamos nosotros dos tomados de la mano. Le pedían su autógrafo y él amablemente se los daba, hasta a mí me pedían que me sacara fotos con ellas y les diera mí autógrafo y hasta algunas de ellas halagaban la ropa que teníamos en la tienda junto con las chicas y el trato amable y cordial y cariñoso que recibían allí por nuestra parte. Es que, sin aquellas chicas que eran fans de ellos y que a la misma vez la mayoría de ellas iba a comprar ropa nuestra, no éramos nadie, y gracias a ellas, las fans, estamos donde estamos hoy por hoy.

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#68

CONTINUACIÓN DEL CAPÍTULO 59

Una de las chicas que se nos acercó a saludar más que nada a Nickolas y a tomarse una foto con él y pedirle su autógrafo, miró curiosamente mis manos y su mirada fue a caer en el anillo de compromiso que tenía en mi dedo anular de la mano izquierda.
—¿Tienes un anillo de compromiso? —me preguntó mirándome a mis ojos y yo no supe qué responderle.
—Pues, pues sí.
—Cuando se lo cuente a las chicas no lo van a poder creer.
—¿Qué se supone que les contarás a tus amigas? —le pregunté.
—Que tú y Nick se van a casar.
—¿Cómo sabes que él y yo estamos juntos?
—Primero, es muchísimo más que obvio, los vi tomados de sus manos cuando me acerqué a ustedes y segundo, las miradas que se dan el uno al otro dan que hablar.
—Tenemos una fan tuya y de los Backstreet Boys demasiado observadora Nick, ¿qué haremos con ella para que se calle la boca Nick? —le pregunté haciéndole ojitos tiernos.
—Primero, esto —me respondió y le dio un beso en una de sus mejillas que su fan ni siquiera se lo esperaba—, y segundo, si quieres recibir un par de entradas gratis en primera fila para nuestro concierto en Nueva York, y dos VIP gratis también, que se hará dentro de tres meses, pues entonces deberás mantener tu boca cerrada sobre nuestra boda por lo menos por una semana, si quieres eso, pues entonces, dime, ¿estás registrada en el FC?
—Claro que sí Nick.
—Pues entonces, dime tu usuario que lo anotaré, y luego cuando me comunique con uno de los chicos que llevan la página, le diré que te haga llegar el par de entradas en primera fila, más las dos Platinum VIP, recuerda que te estaré vigilando.
—Por ese beso que me has dado y por el par de entradas al concierto, y por las dos Platinum VIP, que recibiré mantendré mi boca muchísimo más que cerrada sobre lo que supe hoy mismo, casi recién, no lo puedo creer, gracias, muchísimas gracias Nick y a ti también Michelle.
—De nada —le respondimos los dos al unísono contentos.
Se fue contenta y feliz dándonos un beso en una de nuestras mejillas a cada uno de nosotros y nosotros volvimos a emprender el paseo por las calles de Nueva York.
Dos semanas más tarde, Nick le hizo llegar a su fan las dos entradas en primera fila, y las dos Platinum VIP que le había prometido a la chica. Y un día de esa misma segunda semana, mientras que todos almorzábamos dentro de la tienda de nuestro negocio que tenía junto con las chicas, se me había ocurrido una idea de lo más elocuente y hasta quizás peligrosa.
—Se me ha ocurrido una idea, creo qué, un tanto descabellada —les comenté y los ocho se me quedaron mirando fijamente y atentamente a mis ojos—, ¿es muy loco si se hace un concurso a través de la página oficial de ustedes sobre nuestro casamiento?
—Explícate mejor Mich, porque me estás asustando ya —me dijo Nickolas.
—Pues, yo decía de pagarles el cubierto de la fiesta a unas cincuenta chicas, fans suyas, para que tengan acceso a nuestra boda, obviamente se haría eso a través de un estricto concurso, es una idea que se me ha ocurrido nada importante, eso creo yo.
—¿Por qué quieres hacer un concurso así? ¿Y por qué quieres invitar a cincuenta fans a nuestro casamiento? ¿Sabes lo que implica eso Michelle? Tendríamos que tener el doble o el triple de seguridad, tanto para tus amigas como para ti, y para nosotros mismos incluidos el hijo de Brian y de Leticia y el hijo de Krista y de Kevin y más aún cuando en el círculo de tus amigas hay una embarazada.
—Es verdad, no lo había pensado de esa manera, tienes toda la razón Nick, lo siento, fue una pésima idea lo que he acabado de decirles, perdónenme por favor.
—No te tenemos que perdonar absolutamente nada Michelle, solo ha sido una idea un tanto loca, pero simplemente y sencillamente una idea al fin y al cabo, ¿pero por qué quieres eso Michelle? —me volvió a preguntar Nickolas mirándome a mis ojos sin quitarlos de encima de mí.
—Tú invitarás a tus parientes y yo no tengo ninguno —le dije un tanto riéndome aunque era la pura verdad—, y creí que no quedaría bien que yo no tenga parientes en mí propia boda, por eso había pensado lo del concurso.
—No son estúpidos mis parientes y tarde o temprano se irían a dar cuenta que tú no tenías parientes.
—Ya sé muy bien que no son estúpidos tus parientes Nickolas, solo fue una idea nada más, ¿de acuerdo? No me enojaré contigo por saber que no has tomado en cuenta mi idea, no te preocupes por eso ya.
Tratamos de cambiar de tema y lo hicimos, terminamos de comer y los chicos volvieron a irse al estudio para seguir con los planes de la nueva gira Norteamericana. Tres días después, estando en la tienda y navegando por nuestra página, recibo un mensaje de Nick desde mi BlackBerry.
—Entra a mi página, verás un anuncio, luego dale un solo click a la imagen del anuncio, léelo y después dime lo que te parece, ¿sí?
—Sí, está bien, ahora mismo entro —le escribí y él no se esperó nada que de inmediato me llamó al BlackBerry—, dime —le respondí apenas me lo acerqué a una de mis orejas.
—¿Lo has visto ya?
—Sí.
—¿Alguna opinión?
—Sí, solamente tengo una pregunta para hacerte, ¿por qué?
—Porque tuve ganas, pero principalmente porque recapacité y tenías razón, cincuenta fans estarán felices de participar en nuestra boda y quedarán encantadas cuando sepan que la idea ha salido solamente de ti.
—Espera Nick, no te entiendo, ¿qué pasa con la doble o la triple seguridad que deberás poner?
—Por eso no te preocupes para nada Michelle.
—¿Y qué hay de los otros chicos, de las chicas y de los hijos de mis amigas?
—Todo eso ya lo he solucionado, así qué, cuando quieras podemos empezar a redactar el Blog para que las fans se enteren de nuestra boda y de nuestro pequeño regalo hacia ellas.
—Por mí cuando quieras Nickolas.
—Entonces, ahora mismo voy para el local.
—De acuerdo, te estaré esperando muy ansiosa Nick.
—Ya lo creo que sí Mich, ya lo creo que sí.
Aquel día nos lo pasamos planeando parte del Blog o mejor dicho todo el Blog y comenzamos a diseñar lo que queríamos para nuestra fiesta de compromiso, la cuál, fiesta que no teníamos idea en donde celebrarla.

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#69

CAPÍTULO 60

Dos horas más tarde, ya habíamos mandado la redacción del Blog a uno de los chicos que se encargaba del soporte de la página oficial de Nickolas.
—Ya está todo mandado, ahora solamente falta esperar las respuestas de mis fans.
—Respuestas que desde ya mismo me están dando miedo sin siquiera haberlas leído a las mismas.
—No pienses en esas cosas Michelle, ya verás que mis fans te querrán, no eres como las anteriores novias que he tenido, las fans se dan muy cuenta de eso y de cada una de mis ex anteriores y en cómo eran ellas conmigo y yo con ellas, pueden hacerse las tontas las fans pero no lo son en lo absoluto, así qué, debes estar muy tranquila y muy relajada, ¿de acuerdo Michelle?
—De acuerdo Nickolas.
Por la tarde, Nickolas me pasó a buscar para ir a ver los arreglos que le iríamos a hacer a su casa para el día de nuestro compromiso. Al final, habíamos decidido hacer la fiesta en su casa.
Los arreglos florales, las luces, la música y todo lo demás, tanto Nick como yo lo habíamos elegido, no quería que todo me lo dejara a mí solamente, porque él también se comprometía y no solamente yo sola. La Wedding Planner iría a hacer todo el trabajo por nosotros.
Y nosotros solamente elegíamos lo que queríamos para la fiesta de nuestro compromiso, nuestro civil y nuestra boda.
El veinte de Enero habíamos decidido comprometernos, porque lo habíamos calculado bien y mejor y sí queríamos un civil a parte, teníamos que adelantar sí o sí nuestra fiesta de compromiso, así qué, las fechas estipuladas para nuestro civil y nuestra boda quedaban tal cuáles las habíamos decidido.
—¿Quedaría mal poner colores de primavera en ésta época del año para nuestra fiesta de compromiso Nick?
—¿Qué colores quieres poner?
—Verde manzana y amarillo.
—La combinación no se vería mal, ¿pero te parecen esos colores tan vivos y enérgicos para pleno invierno?
—Creo que no, bueno, vemos otros entonces.
—Tendrían que ser colores más neutros y acordes a la época del año, ¿no te parece Mich?
—Sí, de acuerdo, ¿rojo?
—Podría ser, ¿con cuál otro color?
—¿Con naranja? —le dije en forma de pregunta para ver lo que él me respondía.
—Chicos, les mostraré algunas fotos de varias decoraciones y ustedes eligen la que más les guste o bien pueden combinar lo que deseen, texturas, colores, y un sinfín de decoraciones más.
—Ésta combinación me gusta —le dije a Nick.
—Sí, es linda —me respondió no muy convencido.
—Pues avísale a tu cara que te ha gustado también Nick.
—Lo siento, en verdad no me gusta la combinación Mich.
—De acuerdo, sigamos viendo el catálogo.
—Vuelve la hoja hacia atrás Mich, quiero ver algo —me contestó y yo le hice caso—, ¿qué te parece?
—Está muy bonita la combinación.
—La combinación es fabulosa —nos dijo La Wedding Planner—, ¿dónde piensan hacer la fiesta de compromiso?
—En la sala de mi casa —le respondió Nickolas.
—Perfecto, quedará muy bien todo, ¿y su boda por civil y la fiesta después de la boda por La Iglesia, ya lo han decidido?
—Eso es algo que no lo hemos decidido aún —le volvió a responder Nickolas—, nuestro compromiso se hará en mi casa, pero quiero que las otras dos fiestas se hagan en otros lugares.
—Hay residencias, salones y en algún salón de hotel se pueden realizar también —nos decía la organizadora de bodas.
—El civil será el veinte de febrero y la boda el veinte de marzo —le contestó Nickolas.
—Nick, creo que hemos metido la pata hasta el fondo —le dije mirándolo a sus ojos.
—¿Qué? ¿Por qué Michelle?
—Porque el veinte de febrero es el cumpleaños de Brian.
—Es verdad, ¿cómo puede ser que se nos haya pasado su cumpleaños?
—Creo que suele pasar, entonces, ¿cuándo quieres casarte por civil?
—¿El día de los enamorados?
—Me encanta esa fecha.
—Entonces no se habla más del asunto, el catorce de febrero nos casamos por civil, así qué, señora agende esa fecha para la realización de nuestra fiesta de civil.
—De acuerdo señor Carter, es la primera vez que me encuentro con una pareja que se lleve tan bien con todo y por todo, se coordinan entre ustedes dos, opinan, comentan y tratan de que a ambos les guste lo del otro.
—De eso se basa una pareja de enamorados, señora, de que todo lo que hagan juntos lo hagan porque los dos quieren y están de acuerdo en las cosas que el otro decida y viceversa —le decía Nickolas mientras me sondeaba con sus ojos en los míos.
—Señor Carter, debo decirle que usted mira a su prometida de una manera que hasta el más perverso, y atrevido podría llegar a ruborizarse.
—Creo que si le digo algo usted señora me entenderá a la perfección, hemos pasado por tantas cosas juntos y por separado que tanto ella como yo, solamente lo sabemos, con solo mirarnos sabemos perfectamente bien lo que quiere decir el otro, lo que pensamos y lo que sentimos el uno del otro.
—Eso sí que es amor señor Carter.
—Así es señora y estoy perdidamente y profundamente enamorado de ésta señorita que tengo frente a mis ojos.
—Ya lo creo que sí señor Carter, ya lo creo que sí, yo les aseguro que sus tres fiestas serán un sueño hecho realidad, todas y todos quedarán encantados y especialmente ustedes dos, que son mis clientes, ¿gustan ver algunos lugares para su civil y su fiesta de casamiento?
—Sí, claro que sí —le dijimos ambos y ella nos mostró varios catálogos con lugares de ensueño.

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#70

CONTINUACIÓN DEL CAPÍTULO 60

—Es una belleza éste lugar —le dije.
—Es una de las residencias favoritas de la mayoría de las parejas cuando ven mis catálogos.
—¿Cuánto cuesta el alquiler de la residencia? —le preguntó Nickolas.
—Quinientos mil dólares señor Carter.
—¿Qué? —le pregunté yo creyendo que no la había escuchado del todo bien—, ¿por qué sale tan caro el alquiler?
—Tiene por dentro una escalera de mármol con una baranda de hierro forjado dorado, en el primer piso hay varias habitaciones para los invitados, una de ellas es la suite donde la novia se prepara para su noche de bodas, el exterior de la residencia es inmenso, tiene un jardín frondoso con árboles, flores y es temático, está ambientado para que los novios se sientan como en un cuento de hadas, tiene una glorieta, una fuente, un jardín de invierno y un sector del jardín mismo está lleno de rosales.
—Suena hermoso todo, pero es demasiado para una boda.
—Puedo pagarlo el alquiler.
—¿Qué? Tú deliras, ¿verdad Nickolas? —le pregunté sin darme ninguna gracia su comentario tan directo y frontal.
—No, no estoy delirando pero para nada Michelle.
—Los dejaré solos unos momentos, así hablan tranquilos, sigan viendo más lugares mientras tanto porque por un poco menos de dinero tienen otras residencias bonitas también —nos dijo y se levantó de su silla para dejarnos solos por unos minutos.
—De acuerdo y muchísimas gracias señora —le respondió Nickolas por su educación y respeto hacia nosotros dos—, ¿por qué no quieres que la alquile?
—Porque vale una fortuna, y yo no estoy en condiciones de pagar algo semejante, no tengo tanto dinero ahorrado Nickolas.
—¿Y quién te dijo que tenías que pagar algo Michelle?
—Tú me estás jodiendo, ¿verdad? No puedo permitirte que pagues algo semejante Nickolas, no está bien, no se vería nada bien tampoco.
—¿Por qué no se vería bien Michelle?
—Porque yo soy común y corriente y tú eres un cantante muy famoso y reconocido internacionalmente, ¿me entiendes ahora a lo que quiero ir? Todas y todos van a pensar que yo me encapriché en alquilar esa residencia para hacer la fiesta de nuestro casamiento, y claro como tú tienes bastante dinero, pues es muy obvio que tú dispones para solventar el precio del alquiler de la residencia en cuestión.
—Tómalo como un regalo de bodas de mi parte hacia ti Michelle.
—Flor de regalito me estás queriendo dar Nickolas, no pretendo y no espero que me regales absolutamente nada Nickolas.
—Hazme caso Michelle, nadie dirá y pensará y creerá absolutamente nada Mich, me gusta la residencia a mí también, y quiero que hagamos la fiesta de nuestro casamiento en ella.
—Nick, no quiero que te embargues por tres fiestas que quieres hacer.
—Si tu temor es que yo quede en quiebra pues te aclaro que no me quebraré en lo absoluto, yo de antemano he calculado lo que me gastaré en toda ésta boda Michelle.
—¿Y cuánto has calculado que gastarás Nickolas?
—Digamos que como unos dos millones de dólares o un poco más.
—¿Piensas gastarte todo ese dineral en tres fiestas Nick?
—Sí, pienso gastarme eso y lo que haga falta para las tres fiestas nuestras, no tengo porqué darle explicaciones a nadie sobre la cantidad de dinero que gasto o dejo de gastar, tener un poco menos de dinero o un poco más de dinero no me hace ni más rico ni más pobre Michelle, quiero tirar la casa por la ventana porque sé que no me volveré a casar con otra mujer más que contigo Mich.
—Me lo dices con una convicción que hasta yo misma te la creo.
—Y es la verdad Mich, no quiero a otra mujer en mí propia vida, te quiero solamente a ti junto a mí, así qué, esa residencia será nuestra fiesta de la boda, y será mejor que nos fijemos en otra para la fiesta del civil.
—Nick, el civil es muchísimo más íntimo, ¿no crees que sería mejor hacerlo otra vez en tu casa?
—¿Y dónde piensas que entrarán las cuatrocientas personas Mich?
—¿Cuatrocientas personas estás pensando invitar? No me lo habías dicho antes eso Nick.
—Pues ahora lo sabes Mich —me dijo en risa—, ¿te gusta éste lugar? —me preguntó mostrándome otra residencia de estilo moderno.
—Es hermosa.
—¿La alquilo para el civil?
—Primero deberás preguntar cuánto costará el alquiler Nick, no seas tan lanzado.
—Escúchame perfectamente bien Michelle, gastaré lo que me tenga que gastar en los dos lugares y en toda la organización de las tres fiestas, ¿de acuerdo?
—Está bien Nickolas, cuando te pones así es obvio que ni yo te puedo quitar algo de tu cabeza, aunque antes, siempre desistías de todo y desistías por todo.
—Ya tendrías que saber que he cambiado mucho y para mejor, así qué, ya que el ambiente del civil será moderno y por lo tanto nos casaremos por civil allí mismo, la decoración será en blanco y negro como habíamos dicho, ¿qué te parece si las invitadas se visten de blanco, los invitados de negro y tú de rojo?
—¿Qué? ¿Por qué quieres eso Nick?
—Porque me pareció bastante buena la idea, será algo fuera de lo común y de lo que todos acostumbran a ver en cada civil que están invitados, sería al estilo de Hollywood y un poco de los años cincuenta.
—Nunca te creí capaz de algo semejante Nick, pero te apoyo la moción, ¿y para nuestra boda? ¿Cómo quisieras que fuera nuestra fiesta de casamiento?
—Quiero que sea como tu cuento de hadas favorito hecho realidad, quiero que lleves puesto el mejor vestido de novia digno de una reina como tú Michelle.
—No soy de ostentar nada, absolutamente nada, ni muchísimo menos en cuestión de ropas, de joyas y de zapatos, sabes perfectamente bien que eso no me gusta, no quiero que se creen una imagen falsa de mí cuando en verdad soy muy distinta a como me verían en verdad si llevo puesto un hermoso vestido de novia digno de una reina como tú bien me lo has acabado de decir Nick.
—Si yo me pongo un frac para la boda entonces tú lo mínimo que tendrías que ponerte como parte del vestido de novia es un velo largo con corona.
—Nick, tú eres famoso y popular, eres Nick Carter, y yo simplemente soy Michelle.
—No me vengas con cuestionamientos tontos ahora Michelle, te quiero despampanante no insulsa.
—¿No crees que estás exagerando mucho Nick? Es solamente una simple y sencilla boda.
—No es cualquier boda Mich, es la boda del año.
—De acuerdo, quién contra ti Nick, si quieres todo eso, pues entonces lo tendrás, ¿conforme?
—Muchísimo Mich, muy, demasiado conforme.

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#71

CAPÍTULO 61

La organizadora de bodas volvió a sentarse frente a nosotros, para ya decirle los detalles de las decoraciones que queríamos para cada fiesta, compromiso, civil y boda.
Ella quedó maravillada por cómo nos complementábamos como pareja, siempre tratando de a los dos nos gustara la decoración del ambiente.
—Quiero saber la cantidad de invitados para las tres fiestas.
—Ciento cincuenta personas serán en el compromiso, cuatrocientas personas en el civil y la misma cantidad en la boda.
—De acuerdo, las invitaciones ya están listas, pero como me habían dicho anteriormente que no sabían sobre la fiesta de compromiso, no las he mandado a hacer, si todavía quieren el mismo diseño ya se las puedo mandar a hacer con la fecha que ya me han dicho.
—Sí, me parece perfecto —le respondí.
—Ahora bien, ya tenemos dos decoraciones y combinaciones de colores confirmadas, me falta la de la boda, ¿algún color en especial?
—Creo que el blanco como tiene su toque invernal iría perfecto para la decoración.
—El blanco con toques entre los amarillos y crema quedan perfectos para un ambiente invernal.
—¿Te parece bien o te gusta la combinación Nick? —le pregunté.
—Si queda todo el ambiente desde la entrada de la residencia hasta el jardín como si todo estaría sacado de un cuento de hadas sí, me gusta la combinación de esos colores.
—Confía plenamente y completamente en mí Nick, sé lo que hago.
—Al fin me tutea señora —le dijo riéndose.
—Entonces tú me debes tutear a mí también, ¿de acuerdo Nick?
—De acuerdo Glory.
—Muy bien Nick, vamos avanzando.
—Quería preguntarte otra cosa, ¿cuánto cuesta ésta residencia para hacer nuestro civil?
—Esa sale un poco menos, pero aún así es bastante elevado su precio.
—Solo quiero saberlo, no me importa cuánto cueste la misma.
—Veo que estás muy decidido Nick, ¿no importa gastarte una fortuna?
—Para nada, tengo el dinero suficiente como para gastarme eso y muchísimo más.
—Está loco, le he dicho que no exagerara con querer alquilar las residencias y las decoraciones tan ostentosas y caras pero no me quiere escuchar.
—Y yo le he dicho muy bien que me tiene sin cuidado lo que la gente opine al respecto, es nuestra boda y como tal me gastaré lo que sea necesario gastarme.
—Pues si así te lo está planteando Michelle, yo lo aprovecharía, no siempre encuentro a un futuro marido que quiera gastarse una fortuna en su boda para complacer a su prometida, el alquiler de la residencia para el civil es de trescientos mil dólares.
—Él sabe perfectamente bien el porqué no quiero nada ostentoso y que salga un dineral, no me voy a aguantar a fans ardidas y déspotas que están en mí contra.
—¿Tú crees que algunas fans están en tu contra Michelle?
—Es obvio que sí, no a todas sus fans les agrado y todos sabemos el porqué.
—Yo creo que es más lo que tú quieres creer y lo que tú quieres pensar que otra cosa, es obvio que no estás acostumbrada a éste tipo de medios, pero te aseguro que ninguna de ellas te odian ni te tienen aprensión.
—¿Y tú cómo sabes y crees y piensas eso Glory?
—Tu manera de ser con las personas que te rodean y que se acercan a ti y que se acercan a Nick no se compara con las anteriores novias que éste hombre tuvo antes de ti, estás muy por arriba de todas las demás mujeres que pasaron por Nick, y salta a la vista lo sencilla y buena que eres, no todas las chicas que estaban en el anonimato después de salir con alguien famoso llegaron como has llegado tú Michelle.
—Siento que me conoces de toda mi propia vida.
—Si te soy sincera, soy pariente cercana a Alex.
—¿Pariente cercana de AJ?
—Así es Michelle.
—Vaya, no sabía para nada que AJ tenía una pariente que sea organizadora de bodas.
—Pues ahora lo sabes Michelle, Alex me contó algo sobre ti y dijo que eras grandiosa y no me cabe la menor duda de eso, cuando mi sobrino dice algo es totalmente verdadero.
—¿Alex es tu sobrino?
—Así es.
—Entonces es seguro que te ha contado casi todo de mí, ¿verdad?
—Esas cosas se las reserva, no le gusta contar sobre la vida y el cómo son las personas ajenas a su entorno.
—Me parece muy bien eso.
—Claro que sí, estamos en los primeros días de enero, ¿les parece bien si tenemos una segunda cita el diez de este mes chicos?
—Sí, no hay problema.
—De acuerdo, a las cuatro de la tarde, ¿sería posible ese horario para ustedes dos?
—Sí, no habrá ningún inconveniente —le dijo Nick y yo estuve de acuerdo sobre ese día y sobre ese horario.
Salimos de su oficina, para volver a nuestros trabajos. Ya las cosas estaban marchando a la perfección, dentro de poco mandaríamos las invitaciones para nuestro compromiso, y luego las invitaciones para nuestro civil y tiempo más tarde para nuestra boda.
Media semana más tarde, mandamos las invitaciones de nuestro compromiso a las ciento cincuenta personas que estaban invitadas para festejar con nosotros el gran acontecimiento.
Glory había hecho un trabajo fenomenal en armar todo en la casa de Nickolas, el catorce de febrero llegó bastante rápido, y tenía una enorme felicidad que me embargaba por dentro, llegué temprano a la casa de Nickolas para ayudar a Glory si necesitaba algo de mí o que le ayudara a hacerle algo. Y Nickolas se veía muy bien, ese día estaba muy contento y se veía feliz.
La organizadora de bodas iba y venía de un lado para el otro y así lo estaban sus ayudantes también.
Cinco horas después Nickolas y yo aprovechamos en irnos a vestir.
A Nick le había pedido que se ponga una camisa de color rojo, así estaba al tono con la fiesta, conmigo y con el día de los enamorados. Aunque yo me iría a poner un vestido corto dorado y zapatos de taco rojo con moño en el empeine de color dorado, con accesorios al tono, maquillada casi naturalmente y esmalte de color rojo.
Los invitados ya casi estaban por llegar y nosotros dos estábamos terminando de peinarnos. Él con el cabello desprolijo con gel y yo suelto y con una bincha roja con cintas y plumas.
Nos perfumamos y cada uno salió de su habitación correspondiente.
—¿Creí que te ibas a vestir de rojo tú también Mich?
—No, claro que no Nick, quise ponerte de rojo porque te queda muy bien ese color Nick —le respondí riéndome felizmente.
—Y a ti te queda muy bien ese vestido dorado Mich.
—Muchísimas gracias Nick.
—De nada Mich.
Bajamos tomados de la mano y Glory nos sonrió.
—Se ven perfectos chicos.
—Muchísimas gracias Glory —le respondimos los dos al mismo tiempo.
—De nada chicos, Mich, creo que éste ramo te va bien en combinación con lo que tienes puesto.
—Glory muchas gracias, es muy bonito pero se suponía que no iba a llevar ningún ramo de flores.
—Es un pequeño regalo de mi parte para ti Michelle.
—Ay Glory te lo agradezco muchísimo, son preciosas de verdad —le contesté sonriéndole y le di un beso en una de sus mejillas.
—No fue nada, se lo pedí a una amiga mía que te lo haga.
—¿Sabes? Es seguro que llevaré ramos también para el civil y para la boda, dile de mi parte a tu amiga que quiero que me haga los ramos, pero con una condición, el que me los cobre, esa es mi condición si no, no se los pediré a tu amiga, es su trabajo y no me gusta tener que pedirle nada a nadie por ser la futura esposa de Nick, sé la importancia que tiene su nombre completo y su apellido en el medio musical, y prácticamente bien yo podría pedirle a cualquier persona algo, pero no me gusta ser así y no soy así tampoco, de pedir algo y no pagarlo.
—Te recomiendo que le hagas caso a lo que te dice —le dijo Nickolas a Glory.
—De acuerdo, se lo diré a mi amiga de tu parte Michelle, me di cuenta apenas te conocí de que no eres como las demás.
—Me parece perfecto Glory, díselo de mi parte y te lo agradezco un montón, de veras que sí —le respondí sonriéndole y ella correspondió a mi sonrisa.
El ambiente era maravilloso, en tonos naranja, rojo, beige, un sutil amarillo y dorado. El pastel del compromiso nos había gustado a los dos y esperábamos que a los invitados les gustara el mismo y todo el arreglo que le habían hecho a la casa de Nickolas. Por un lado estaba feliz y contenta, pero por el otro lado, era la primera vez que iba a conocer a los padres de Nickolas, a sus hermanas y a su hermano. Menuda noticia habían recibido estos por teléfono cuando Nickolas les decía que se iba a casar y cuando vieron sus invitaciones no se lo podían creer todavía. Pero no era eso solamente lo que me tenía por demás inquieta, demasiada perfección y demasiada tranquilidad y que todo estuviera bien, era irreal y sentía que algo se avecinaba. No sabía qué pero yo sentía y presentía algo que pronto daría que hablar.
Los invitados comenzaron a llegar, entre ellos los chicos con sus parejas y Alex con nueva conquista.

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#72

CAPÍTULO 62

—Con razón Ruth hacia bastante que no se presentaba a trabajar —le comenté a Krista.
—Creía que estaba engripada.
—Y algo me decía que había peleado con Alex y no me he equivocado en lo absoluto.
—Así es, ¿qué te parece? —me preguntó refiriéndose a la chica.
—Es muy bonita, y no parece mala chica.
—Pues entonces si tú lo dices está todo muchísimo más que bien para todos nosotros —me respondió y ambas nos reímos y vimos que Alex y su chica se acercaban a mí más que nada.
—Rose, te presento a Michelle, Michelle te presento a Rose mi pareja.
—Encantada en conocerte —me dijo sonriéndome.
—Lo mismo digo —le dije sonriéndole a ella también.
Charlamos entre todos y las chicas y los chicos me elogiaron lo que tenía puesto y cómo me veía completamente, se los agradecí muchísimo y alguien tocó el timbre.
—Voy a abrir yo —nos dijo Nickolas.
—Se suponía que primero teníamos que conocer a tu novia, ¿no Nickolas? —le preguntó su madre y yo comencé a ponerme un poco nerviosa.
—Se suponía, pero no —le respondió riéndose y ambos se abrazaron fuertemente y se dieron un beso en cada una de sus mejillas.
Hizo pasar al interior de la sala a su madre, a sus hermanas y a su hermano y a los novios de ellas. Y en aquel momento comenzó la presentación.
—No tienes nada de parecido a sus anteriores novias —me dijo y yo tragué saliva dificultosamente—, eres muy sencilla, me pregunto, ¿qué le habrás hecho para que te quiera como su esposa? Nick nunca, jamás creyó en el matrimonio, gracias, muchísimas gracias.
—¿Por qué me da las gracias, señora? —le pregunté intrigada y curiosa sin saber el porqué.
—Por cambiar para bien y para mejor a mi hijo Nickolas, siempre te estaré muy, demasiado agradecida por eso, bienvenida a la familia Carter, Michelle —me respondió con una enorme sonrisa y yo le correspondí con una enorme sonrisa a ella, yo también.
—Se lo agradezco muchísimo señora, pero no me tiene que agradecer absolutamente nada, lo que ha hecho su hijo Nick fue por mérito propio, se lo aseguro yo.
—Pero un poco de eso tú has tenido que ver.
—Sí mamá, Michelle ha tenido que ver con mi completa recuperación también, sin ella a mi lado nunca lo hubiera logrado —le contestó abrazándome por mí cintura.
La fiesta de nuestro compromiso empezó muy tranquila, relajada y por demás alegre. Pero yo seguía con aquella sensación de incertidumbre porque presentía que algo iba a pasar en nuestra fiesta de compromiso.
Y yo estaba en lo cierto. Tocaron el timbre y yo fui a abrir la puerta. La persona que estaba frente a mis ojos me había dejado shockeada literalmente hablando.
—¿Qué? ¿Qué haces aquí? ¿Cómo es que me has encontrado? —le preguntaba de manera corrida por el miedo que me había entrado.
—La guía telefónica me lo ha dicho, te he buscado por todas partes, aparte has puesto tu apellido en la guía telefónica de Estados Unidos Michelle, te creía más inteligente, pero acabo de darme cuenta que solamente sigues siendo una estúpida jovencita y ahora te has vuelto una ramera por usar ese vestido tan corto.
—No me verás más la cara de estúpida, ¿me has escuchado perfectamente bien? Hace años que no he sabido nada de ti y la verdad es que ni siquiera te he extrañado.
—¿No le darás un fuerte abrazo a tu querido papi?
—Tú lo único que te mereces es mi desprecio y nada más que eso, padre.
—¿Qué está pasando aquí Michelle? —me preguntó Nickolas.
—Nada, el señor ya se estaba yendo, ¿verdad?
—¿Acaso no me invitarás a la fiesta? —me preguntó cínico con un pie hacia delante para querer entrar a la casa.
—No, no eres bienvenido a ésta casa.
—De acuerdo, solo he venido a traerte esto, es lo único que te queda bien a ti Michelle y no esa clase de ropa que estás usando en éste preciso momento —me expresó maquiavélicamente y tiró a mis pies un vestido antiguo, de los que solía usar.
—¡Váyase de aquí señor! —le gritó enfurecido Nickolas interponiéndose entre él y yo—, ¿me ha oído bien? Váyase de aquí si no quiere que yo mismo lo saque a patadas de mi casa, cómo ya se lo ha dicho Michelle, usted no es bienvenido a ésta casa, así qué, no tiene ningún derecho en venir a joderle la existencia otra vez como sé perfectamente bien que se la ha jodido ya.
Nickolas le cerró la puerta en su propia cara y yo tomé aquel viejo vestido. Lo llevé dentro del tacho de basura de acero inoxidable y le prendí fuego.
No quería saber más nada ni de ese vestido ni siquiera de mi propio padre. No iba a volver a pisotearme cómo tantas veces lo había hecho ya cuando era una niña y luego casi adolescente. Ya no iban a haber más insultos por su parte ni degradaciones, ni golpizas, nada de eso, no lo quería en mi nueva vida y ni muchísimo menos lo quería como padre tampoco.
Nickolas entró a la cocina y miró la escena. Se acercó a mí por detrás y me abrazó por mi cintura recargando su barbilla en mi hombro izquierdo.

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#73

CAPÍTULO 63

—¿Estás bien Mich?
—Sí Nick, estoy bien, quiero seguir la fiesta, nuestra fiesta tranquila y sin ponerme triste y mal.
—No debes ponerte así, no vale la pena, has sufrido demasiado como para seguirte lamentando por lo que ya ha pasado, lo pasado pisado así dicen y deberás olvidar todo lo malo que te ha hecho tu padre Michelle.
—Sí, tienes toda la razón Nick —le contesté y le di un beso enorme en sus labios el cuál él lo correspondió de la misma manera.
La fiesta de nuestro compromiso había durado hasta altas horas de la madrugada, nos habíamos divertido a lo grande y reído hasta más no poder, hubo baile, sorpresas y buena comida en abundancia. Nickolas había sido todo un amor conmigo y apenas nos quedamos completamente solos en su casa, me levantó en sus brazos, subió las escaleras conmigo en sus brazos y me condujo directamente a su habitación, la alcoba que una vez hacía muchos meses atrás había sido la mía también.
—Nick, ¿te enojas si te digo que prefiero dormir?
—No bonita, no me enojaré.
—De acuerdo Nick, entonces vamos a dormir, ¿sí?
—Sí linda.
Casi una semana posterior, salimos a comer afuera todos juntos, incluida la familia de Nickolas con motivo de su cumpleaños número treinta.
Me había vestido bastante informal, salvo algunas veces que me vestía de forma formal cuando Nickolas quería que fuera con él a algún evento social, pero eso era muy esporádicamente.
Aquella noche nos divertimos muchísimo y nos reímos de lo lindo. Y así, los días fueron pasando, hasta llegar al catorce de Febrero, el día de los enamorados y el día de nuestra boda por el civil.
Alguien en la casa de Nickolas había tocado el timbre de la entrada principal, y yo fui a abrir.
—Qué bueno que te encuentro Michelle, necesito decirte algo —me dijo Alexander.
—Dime Alex, ¿qué pasa?
—No sé cómo decírtelo, pero tú sabes que antes de que pusieran fecha de su casamiento yo estaba saliendo con Ruth.
—Sí, ¿y qué pasa con eso Alex?
—Bueno, pues, nosotros hemos roto, y desde hace meses atrás estoy saliendo con Rose, la cuestión aquí es qué, ¿es muchísima molestia el que me acompañara a tu boda por civil y por La Iglesia, mí nueva pareja Rose?
—Eres un tonto Alex —le respondí riéndome a carcajadas por su planteo tan absurdo—, ni siquiera tendrías que haber pensado siquiera el preguntarme eso nene, solamente llévala y listo.
—Te lo pregunto porque sé que no nos hemos llevado del todo bien, o quizás nada bien, pero lo cierto es que debía preguntártelo porque no quedaba bien que te la presentara en tu casamiento con Nickolas y yo como sí nada.
—Ay Alex, no es para hacerse tanto problema nene, tráela a ambas fiestas, y déjate de preguntarme tonterías Alecito, tu nueva novia es muy bienvenida a nuestras dos bodas, y ahora que me hablas sobre ella, supe que es maquilladora profesional.
—Así es.
—¿Tienes idea de cuánto cobra?
—Para nada, ¿por qué?
—¿Me darías su número de celular?
—Claro que sí.
—La llamaré y le preguntaré cuánto me saldría que ella me maquille para mí boda de hoy y del veinte de Marzo.
—¿Harías eso por ella? —me preguntó asombrado.
—Sí, ¿por qué no?
—Pues ella está recién empezando a conocerse en el mundo y en el ambiente artístico por así decirlo, no creí que quisieras que te maquillara ella, pensé que te irías a la peluquería o a algún salón de belleza.
—Sí iré, solamente para arreglarme el cabello, nada más y tú sabes perfectamente bien que no soy de irme a salones de belleza como suelen hacer otras mujeres Alex, es raro, pero prefiero arreglarme yo misma.
—Sí, sé muy bien que no eres como las demás mujeres y te aseguro que tampoco como las que solía conocerles a Nick, eres grandiosa Michelle y gracias a ti Nick es el mismo niño loco de antes.
—Gracias a ustedes sus amigos y gracias a mí es el mismo que una vez habíamos conocido Alecito, pero ya, te estoy echando de aquí porque quiero llamar a tu novia y preguntarle si puede maquillarme, y quiero ya comenzar a arreglarme.
—Sí ya me voy apuradita y desesperadita de ti —me respondió y ambos nos reímos a carcajadas.
Una vez que Alex se fue de la casa de Nickolas, yo llamé a su nueva pareja. Y tres horas más tarde estaba terminando de vestirme para nuestra boda por civil.
—Muchísimas gracias por haberme invitado a tu boda junto con Nickolas, Michelle —me expresó sinceramente Rose.
—No tienes que agradecerme absolutamente nada Rose, muchísimas gracias a ti por haber estado dispuesta a maquillarme hoy y en el día de mi boda por La Iglesia junto con Nickolas también.
—Descuida, no es nada.
—Para mí es todo, no me gusta dejar de pagar trabajos, éste es tu trabajo Rose, es lo que te da de comer, no puedes no cobrarme.
—Cómo crees que te cobraré Michelle, has hecho demasiado por mí con simplemente haberme aceptado que esté en tus dos casamientos.
—Pero eso es lo más lógico, ¿no te parece así?
—Sí, lo sé, pero de veras, no podía cobrarte algo así, tómalo como un pequeño regalo de bodas de mí parte solamente hacia ti Michelle.
—De acuerdo Rose, muchísimas gracias.
—De nada, nos veremos en el salón.
—Está bien, nos vemos allí mismo.
—Te ves muy hermosa.
—Muchísimas gracias Rose —le respondí sonriéndole abiertamente y ella me correspondió a mi sonrisa amplia también—, y bienvenida al Club Backstreet Girls.
La chica se fue de la casa de Nickolas, y yo terminé por ponerme los zapatos de vestir negros, y de perfumarme, había desistido en ir al salón de belleza, por lo que me puse yo misma el fascinador de flores de color negro en el costado derecho de mí cabello.
Estaba ya lista para salir de la habitación, me vi una vez más frente al espejo y di un giro completo para verme el vuelo del largo vestido rojo con una faja en mi cintura negra con tres pequeñas flores al costado izquierdo de color rojo y sonreí para mí misma.
Nickolas me encontró justo al pie de la escalera de la amplia sala, y sin que yo comenzara a bajar escalón por escalón, él fue directamente a subir las escaleras para bajarlas junto a él otra vez.
—¿Ya estás lista? Pues yo creo que sí —me dijo confirmándome y haciéndomelo saber con su atenta y penetrante mirada.
—Sí, ya estoy lista Nick —le respondí con una sutil y suave sonrisa hacia él, la cuál Nickolas me la había correspondido de la misma manera que yo se la había regalado.
—Estás para comerte a besos y muchísimo más Michelle —me expresó sinceramente besando el costado izquierdo de mi cuello perfumado solamente para él—, ¿qué perfume es?
—Hypnotic Poison.
—Ya lo creo que sí lo es.
—¿Por qué me lo dices?
—Porque realmente es hipnótico, ¿dónde más te has perfumado?
—¿Qué? Oh, bueno, pues... en ningún otro lugar más Nickolas.
—¿Estás segura de eso Michelle?
—Sí, claro que estoy segura de eso, segurísima lo estoy.
—Luego te diré, en cuáles partes deberás ponerte ese aroma también —me respondió seductoramente y me habló al oído sobre las diferentes partes de mi cuerpo en dónde debería perfumarme con ese preciso perfume.
Salí de su casa con calor y con mis mejillas rojas de la vergüenza de tener que haber escuchado de sus labios, las ciertas partes en dónde tendría que colocarme ese aroma para la próxima vez. Mis mejillas y mí vestido iban de la mano en aquel preciso instante, y en aquel preciso momento.
Subimos a su auto, y fuimos rumbo al salón donde se haría la ceremonia por civil y la misma fiesta.

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CAPÍTULO 64

Al llegar al salón, había periodistas, paparazzi, y una multitud de personas que querían ver nuestra llegada.
Nickolas estacionó el auto, apagó el motor, y bajamos del mismo. Saludos muy contentos a todo el mundo que estaba allí presente, y entre sonrisas, fotos que yo misma me sacaba con las fans de Nick, y yo misma se las sacaba a ellas junto con su ídolo, uno de los periodistas nos hizo una mini entrevista.
—¿Quién iba a pensar que el trastornado del grupo se iría a casar algún día?
—Lo de trastornado ha quedado en el tiempo —le respondió divertido y riéndose a carcajadas.
—Estás más distendido, y no estás a la defensiva con miedo a atacar a la prensa, ¿por qué?
—El entorno en donde estoy viviendo en estos momentos es lo que me ha llegado a cambiar, y para bien, estoy mejor que nunca, y eso se lo debo a mi familia, a mis verdaderos amigos, y a el amor de mi vida Michelle.
—Hombre nuevo, vida nueva.
—Es correcto —le expresó sinceramente sonriéndome abiertamente, y yo le correspondí a su amplia sonrisa también.
—La vida de la jovencita que tienes a tu lado y que dentro de unos minutos será la flamante señora Carter, no se sabe casi absolutamente nada, ¿serías tan amable de contarnos por lo menos de dónde eres, o cómo lo has conocido a Nickolas? —me preguntó y yo miré a Nickolas, y éste automáticamente me hizo un asentamiento con su cabeza.
—En realidad soy extranjera, creo ya que las fans que los siguen a ellos como grupo, e individualmente hablando, conocen y saben quiénes son cada una de nosotras, he vivido aquí desde hace más de cinco años ya, me radiqué aquí con la sola idea de conseguirme un trabajo y establecerme aquí mismo.
—¿Y vienes de...?
—Vengo de Buenos Aires, Argentina.
—Una latina entre americanos.
—Así es —le respondí riéndome sutilmente y éste periodista rió también de la misma manera que la mía.
—¿Y cómo lo has conocido a Nickolas?
—Nos conocimos en un bar.
—¿Trabajabas ahí mismo?
—No, trabajaba en una panadería, salí una noche, entré a ese bar, me senté en una mesa en un rincón y él se acercó a mí.
—Siempre de ganador, y conquistador Nickolas.
—No te creas tanto eso, la señorita en cuestión no se estaba creyendo que yo estuviera hablando con ella.
—No es muy común que un artista, cantante en éste caso se acerque a alguien con un aspecto muy diferente.
—Algo sobre eso se rumoreaba en su momento, se rumoreaban muchísimas cosas, y solo habían quedado en eso, rumores simple y llanamente en rumores.
—Pues no fueron rumores —le terminé de decirle.
—Me imagino que no, ¿y entonces, cómo fluyó la conversación entre ustedes dos?
—Debo confesarte que apenas me senté frente a ella, el viento que surgió de una de las meseras que pasó frente a nosotros y fue hacia otra mesa, el perfume que desprendió de ella fue devastador, nunca, jamás había olido nada igual, fue increíble.
—Puedo saber a lo que te refieres Nickolas.
—Fue maravilloso, me quedé petrificado cuando clavé mi vista sobre la suya y seguía oliendo ese perfume, y es el día de hoy que todavía se lo sigo sintiendo, su aroma me había bloqueado mis sentidos.
—Es grandioso lo que te ha pasado, pero luego de un tiempo, mejor dicho, cuando ella cambió, se rumoreaba que tú te habías acercado a ella simplemente por una apuesta que te habían hecho los amigos con los que salías en su momento.
—Y no te lo negaré en lo absoluto, pero esa apuesta se volvió insignificante, con el tiempo nos conocimos realmente bien, y formamos una amistad inquebrantable.
—Su relación ha sido basada en una excelente amistad de hombre y mujer.
—Así es, hasta la tarde en que me propuso hacer un pacto —le expresé sinceramente.
—Escucha, ¿te molesta si éste tema lo dejamos para más adelante? Debemos entrar, porque los invitados están a punto de llegar.
—No hay ningún problema con eso Nickolas, disfruten de la fiesta, y muchisísimas felicidades nuevamente.
—Te lo agradezco enormemente, hasta pronto —le respondió sinceramente, y luego de tomarme de mi mano izquierda él, caminamos hacia la entrada del salón, ante la mirada eufórica de todas sus fans, las cuáles gritaban, ovacionaban, aplaudían, y le gritaban palabras de felicidades, y mientras tanto que avanzábamos Nickolas les autografiaba papeles, manos, ropa, y se sacaba fotos también, algunas sus propias fans se las sacaban con él, otras junto conmigo, otras fotos ambos con su fan, o nosotros dos con sus fans, y otras tantas yo se las sacaba a ellas junto con su ídolo especial, y con su ídolo favorito.
Tiempo más tarde, entramos al recinto, y esperamos a los demás invitados, aunque algunos de ellos estaban ya instalados desde hacia rato dentro de la recepción.

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CONTINUACIÓN DEL CAPÍTULO 64

Los saludamos, y comenzó la ceremonia por el registro civil. Era muy íntima, nada de prensa, ni nada de paparazzi, Nickolas lo quiso así, y yo debía de respetar su decisión. Por segunda vez consecutiva, habíamos firmado nuevamente el acta del registro civil que nos volvía a declarar marido, y mujer. Y ésta vez era la definitiva para nosotros dos.
Los invitados nos felicitaron, y tiempo más tarde, la pequeña fiesta comenzó.
Y a medida que la fiesta, y nuestro festejo avanzaba, vi por la ventana enorme del recinto, que muchas fans de los chicos, y sobretodo de Nickolas, seguían allí afuera, a la espera de aunque sea un saludo de ellos hacia sus admiradoras. Entonces, fue cuando me acerqué a Nickolas, y le comenté sobre algo que se me había ocurrido hacer a continuación.
—¿Te diste cuenta que todavía hay fans allí afuera, Nickolas?
—No, ¿por qué me lo preguntas a eso, Mich? —me preguntó de manera intrigado, y curioso a la mismísima vez, mientras me miraba penetrantemente a mis ojos—, te conozco esa mirada tuya, Michelle, y no me convencerás con respecto a eso.
—¿Qué? ¿Qué sabes tú que te iré a pedir, Nickolas?
—Te conozco excelentemente bien como para decirte que mi respuesta es no rotundamente.
—¿Ay por qué me dirás que no, Nick? Por favor, haz eso por mí, ¿sí?
—Que no Michelle, es demasiado arriesgado.
—Se van a congelar allí afuera, por favor, dime que sí, ¿sí?
—¿Por qué lo quieres hacer a eso, nena?
—Pues, porque sé lo que ustedes significan para ellas, y no me gusta excluir a las fans de esto, que tus anteriores conquistas hayan sido malas con tus admiradoras, no significa que yo sea igual que tus anteriores novias, Nickolas.
—Cuando me lo pides así, de esa manera tan afectiva, no puedo decirte que no Michelle.
—Ay sí, Nickolas, por favor, hazlo por mí, ¿sí?
—De acuerdo, lo haré Michelle, qué no haría yo por ti belleza mía —me dijo sinceramente, y acto seguido me besó apasionadamente, beso pasional que yo le correspondí también en toda su totalidad.
Caminamos hacia las puertas dobles principales, y acto seguido las abrimos de par en par por nosotros dos.
—Vamos chicas, entren —les dije a todas las presentes frente a la casa que estábamos ocupando por nuestro casamiento por el registro civil.
—¿Nos pides que entremos, así como así?
—Sí, les estoy pidiendo yo a ustedes que entren así como así, no sean tímidas, vamos, entren a compartir con nosotros la fiesta —les expresé sinceramente regalándoles una enorme sonrisa, y otra fan se dirigió a mí para preguntarme algo que me descolocó en lo absoluto.
—¿Por qué quieres hacerte la simpática con nosotras? —me preguntó molesta aquella fan.
—Pues, porque en verdad soy simpática, soy así con todo el mundo.
—No me hagas reír, tú solamente te quieres hacer la simpática, porque te conviene serlo, porque te conviene que nosotras te aceptemos.
—No hables por nosotras, querida —le contestó otra fan del otro lado de dónde ella misma se encontraba—, apoyamos a Michelle, porque fue la única pareja de Nickolas que lo sacó adelante, Nick gracias a ella es como era antes de meterse en toda esa mierda del alcohol, y de las drogas, y nosotras sí creemos, y nosotras sí pensamos que Michelle es simpática, la hemos visto en todas las veces que acompañó a Nickolas, y te puedo asegurar que ella misma es la que lo incentiva a Nick en acercarse a sus fans, ella siempre está dispuesta a hablar con nosotras, y siempre está dispuesta a sacarse una foto con nosotras, y lo hace porque le nace desde su interior, sin esperar que le digan algo al respecto.
—Todavía no te sigo creyendo en lo absoluto, no me va eso de que te esté refregando en tu propia cara que se ha casado con tu ídolo favorito, con el que soñaste millones de noches, y millones de veces en que algún día él iría a ser tuyo.
—Puedes creerme como no puedes creerme —le volvió a responder sinceramente—. Y esa que les restregaba en sus rostros lo que hacia con Nick, era Wanda Fold, no yo.
—¿La has conocido?
—No he tenido el sumo agrado de poder conocerla, solo lo supe, y si te sirve de algo, después de que esa tipa salió con Nickolas, le conocí a todas las novias que ha tenido, y te digo más, puedo decirme a mí misma que no soy ni siquiera parecida a ninguna de las parejas que ha tenido Nickolas con anterioridad, así qué, ¿o vienes adentro, o te quedas aquí afuera congelándote, chiquilla?
—Me quedaré aquí mismo afuera, no iré allí adentro para complacerte.
—Te aseguro que a mí no me complacerás en lo absoluto, más bien, sería al revés, tú te hubieras complacido con ver a tu cantante favorito, y encima de todo eso, gratis, y hasta el amanecer —le contesté, y apenas entraron todas las demás chicas que habíamos invitado al interior de la fiesta, yo cerré las dobles puertas de la entrada principal.
Una hora y media después, salí con un plato de comida. Y la chica levantó su cabeza para ver quién era que se estaba acercando hacia ella misma.
—Toma, come algo.
—¿Por qué me traes comida?
—Porque quiero traerte comida, ¿algún problema tienes con eso en particular, y con eso en especial?
—No me caes simpática.
—Lo sé, y no te he traído el plato de comida para caerte simpática en lo absoluto.
—¿Y entonces por qué lo haces tú?
—Porque tuve ganas de traerte comida, eso es todo... —le respondí sinceramente, y esperaba que me dijera su nombre por lo menos.
—Peggy.
—Estamos avanzando, genial, ¿lo quieres, o me lo llevo de vuelta a la sala?
—De acuerdo —me dijo sin más rodeos y tomó en sus ambas manos el plato de comida suculenta—, está haciendo bastante frío, ¿no lo crees así?
—¿Acaso me estás preguntando a mí? Creí que te caía mal.
—Aún así, hace frío aquí afuera.
—¿Vienes adentro? Está muy caliente el ambiente.
—No, prefiero que no, gracias de todas maneras.
—¿Estás muy segura de eso Peggy? —le pregunté y Nickolas abrió la puerta de la entrada de la recepción.
—Mich, ven adentro hace frío afuera.
—Ni que lo digas —comentó entre dientes Peggy, aunque yo sí la había escuchado, y a partir de aquel comentario de Nickolas y de Peggy, se me ocurrió una idea brillante, que la iría a llevar a cabo al instante.
—Ven Nick, quiero que conozcas a Peggy.
—¿Qué haces, estás loca mujer? —me preguntó asombradísima Peggy, abriendo sus bellos ojos desmesuradamente.
—Nada de eso, ya que tú no vienes adentro por mis insinuaciones, entonces el cantante favorito tuyo deberá endulzarte tus oídos, Peggy —le respondí con una enorme sonrisa hacia ella misma.
—¿Qué pasa Mich? —me preguntó mirándome a mis ojos, y luego clavó sus ojos frente a la chica—, hola.
—H-o-l-a —le contestó sin poder articular bien cada letra y la sencilla y simple palabra, como lo era un hola.

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#76

CAPÍTULO 65

—¿Cómo te llamas? —le preguntó Nickolas amablemente, y muy, por demás simpatiquísimo.
—Dile como te llamas.
—Me llamo Peggy.
—Como la cerdita Peggy de Los Muppets —le dijo riéndose a carcajadas y ella se ruborizó por entera.
—No Nick, la cerdita de Los Muppets se llama Piggy, con I, no con E.
—¿Ah sí?
—Sí Nick, una es Piggy, y ella es Peggy, cambiando de comentario, pídele que entre con todos nosotros para que se caliente adentro, y pase la fiesta junto a todos nosotros, ¿sí?
—De acuerdo, está bien, ¿vienes adentro con nosotros, Peggy? —le preguntó y a ella casi más se le cae el plato casi lleno de comida de sus ambas manos.
—Tus ojos son extraordinarios.
—¿Eso crees? Pues muchísimas gracias Peggy —le respondió regalándole una enorme sonrisa, que solo él, Nick Carter, el cantante pop se la podía haber regalado, y dado.
—De nada, casi ni puedo retenerte la mirada.
—Lo mismo me pasó a mí cuando lo conocí por primera vez —le comenté.
—Me siento intimidada con tu color de ojos —le comentó la chica a Nick, casi sonriéndole sutilmente.
—Somos dos, linda.
—¿Verdad que tiene muy bonito color de ojos? Siempre me han llamado la atención.
—Verdad que sí —le respondí y me di cuenta que era el momento de que Nick la invitara a la recepción junto con todos los invitados, y junto a los boys, y junto a nosotros dos también, por lo que le di un codazo a Nickolas para que espabilara.
—¿Vamos adentro damas? —nos preguntó a nosotras dos y acto seguido, nos ofreció sus ambos brazos para sostenernos de él, y caminar hacia adentro.
—Sí, claro que sí —le respondió Peggy, sonriéndole encantadoramente, y él lo correspondió a su enorme, y a su bonita sonrisa.
La chica al igual que todas las demás que habíamos dejado entrar a la fiesta de nuestro casamiento por el civil, se divirtieron a lo grande. Comieron, bebieron y bailaron con sus Boys favoritos también. Incluso se sacaron fotos, a pesar de que quizás alguna de ellas iría a postear las fotos de nuestro casamiento por civil en algún foro, página Web, o Blog en sí mismo. O mismo, se las venderían a alguna revista de la farándula.
La fiesta, luego de unas siete horas de corridas, terminó, y cada uno de los invitados se fue yendo hacia sus casas, hacia sus departamentos, y hasta algunos también hacia el hotel donde se encontraban hospedados ya que venían de otros países también.
Llegamos a su casa, bastante cansados, pero por demás, muy, y demasiado felices los dos por igual manera. Entró el auto, y entramos directamente por la entrada trasera de su casa.
Subimos directamente hacia la habitación nuestra, y Nick cerró la puerta apenas entramos a la misma.
Me desvestí, y luego me desmaquillé, estaba en ropa interior cuando fui al baño a tirar el algodón usado que había utilizado para quitarme el maquillaje con el líquido desmaquillante.
Le avisé a Nickolas que me iría a dar una ducha y este me dijo que estaba bien.
Pero el perverso de Nickolas, mi marido, ya definitivamente, aunque todavía estábamos casados por el registro civil. No tuvo mejor idea que reunirse conmigo dentro de la ducha también.
—¿Qué haces aquí Nick? —le pregunté desconcertada.
—Vine a ducharme contigo Michelle —me dijo sonriéndome.
—¿No podías esperar, verdad? —le pregunté arqueando mi ceja izquierda.
—No, definitivamente no, no me podía esperar por más tiempo —me dijo volviéndome a sonreír, y acto seguido me besó sosteniéndome de mis mejillas con sus ambas masculinas y callosas manos—, te amo preciosa.
—Y yo a ti también Nick —le dije correspondiendo a sus extremadamente sensuales y apasionados besos.
Me besaba eufóricamente y de inmediato me arrinconó contra el esquinero izquierdo de la ducha, sintiendo la lluvia del grifo caliente a tibia, caer sobre nuestros cuerpos desnudos.
Lo abracé por su cuello, entrelazando mis manos en su nuca, y él me tomó por mis muslos y por mis nalgas para que me posicionara alrededor de su cintura.
—¿Quieres intentarlo? Será interesante, nuevo, excitante y creo yo que bastante divertido.
—No, no estoy muy segura de eso, pero confío plenamente en ti Nickolas —le respondí sonriéndole enormemente, sonrisa que él me correspondió con la misma intensidad que la mía también hacia él mismo Nickolas.
—Vamos entonces, chiquilla, vamos a intentarlo siquiera a eso mismo que te he acabado de sugerirte Michelle.
—De acuerdo Nickolas.
Se ubicó muchísimo más entre mis piernas, y acto seguido, ubicó su miembro en la entrada de mi pubis, y comenzó a adentrarse en mi interior lentamente y delicadamente, lo más posible que le estaba en sus manos, y en sus cabales.
Con el movimiento de nuestras caderas, la fricción se acrecentó más y más, y ya estábamos bastante calientes de por sí, tanto por lo que estábamos haciendo como por el agua caliente que corría por nuestros ambos cuerpos.
Rato después, me llevó a la cama, tapándome dulcemente con la sábana y el cobertor blanco de plumas de pato. Así mismo los dos nos quedamos bien dormidos.
Casi un mes después, más precisamente una semana antes de nuestro casamiento por La Iglesia, estábamos Nick y yo sentados en sillas de jardín, terminando la ubicación de las mesas del salón, cuando alguien tocó el timbre de la casa.
Fui a abrir, pero no me encontré con nadie, solamente con una caja de regalo a los pies de la puerta principal. Sin remitente ni nada que se le parezca.
Entré con la caja en mis manos, cerré la puerta con llave, y volví al jardín en dónde un Nickolas bastante intrigado miraba atentamente la caja que llevaba en mis manos.
—¿Qué es eso Mich?
—Lo han dejado a los pies de la puerta principal.
—¿No la pensarás abrir o sí?
—Sí, supongo que sí.
—No te recomiendo que la abras, no sabes de quién es.
—Parece de alguna tienda bastante fina y cara.
—Insisto, no la abras por favor te lo pido yo a ti Michelle, no la abras, puede ser una bomba.
—¿Qué? ¿Una bomba Nick? No me hagas reír por favor Nickolas —le dije riéndome a carcajadas.
—Ay de acuerdo, la quieres abrir, ¿verdad? Pues entonces deja que lo haga yo.
—Solamente te falta la capa y la espada y ya sales como mi príncipe azul.
—Pues, eso mismo es lo que yo soy para ti, ¿qué no Michelle?
—Sabes perfectamente bien que sí Nick, eres mi príncipe azul hecho realidad —le dije sonriéndole, y él correspondió a mí sonrisa enormemente también.
Tomó del pasto una rama de árbol, y con ella misma destapó la caja de la tapa, mientras que nosotros dos estábamos bastante alejados de la misma en cuestión.
No escuchamos ningún tic-tac, ni nada que se le parezca. Y de a poco nos fuimos acercando a la caja descubierta.
Fue triste lo que vi dentro de aquella caja. Nuevamente un vestido antiguo de los que solía usar.
Nickolas de inmediato salió disparado hacia la entrada de su casa y se lanzó de lleno dentro de su auto, para ir a buscar al imbécil de mí padre.
Cuando reaccioné, ya era demasiado tarde, Nickolas había salido de su casa rechinando las llantas de su auto.
Unos minutos posteriores en que Nickolas se fue de la casa, alguien abrió la puerta de entrada de un fuertísimo golpe en seco. Y sabía perfectamente bien quién era aquella persona, mejor dicho, aquel hombre despiadado y cruel.

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#77

CAPÍTULO 66

—¿Qué haces aquí padre? ¿Cuándo dejarás de molestarme? —le pregunté nerviosa.
—¿Y tú cuándo será el día y el momento en que te dignes a volverte a poner lo que siempre te ha quedado bien, y esos son los vestidos antiguos que te hacia soler poner de pequeña y de adolescente querida Michelle?
—Tú no me quieres, nunca, jamás me has querido siquiera padre.
—Tu madre nunca, jamás me ha querido y desprecio la hija que tengo frente a mis ojos —me dijo serio, con desprecio y seco y tomó en su mano izquierda aquel vestido antiguo que yacía dentro de la caja de regalo—, ¡póntelo! —me gritó.
—¡No! ¡No me lo pondré! ¡Nunca más me pondré algo así padre! —le grité alteradísima.
—¡Te lo pondrás igual!
—No entiendo, ¿qué es lo que ganas con que me lo vuelva a poner?
—Gano que recuerdes perfectamente bien en cómo te debes de vestir, y no como la ramera que estoy viendo en estos momentos querida hija mía.
—Puedes decirme todo lo que quieras padre, pero no volveré a ponerme una cosa semejante a ése estúpido vestido que tienes en tu mano izquierda padre.
—O te lo pones o yo mismo te doy una bofetada y te obligo a que te lo pongas al vestido mismo.
—No me pondré nada que tú quieras padre, y será mejor que te vayas, como es posible que hayas entrado sin haberte invitado a la casa de mí marido.
—Es muy fácil abrir una puerta teniendo los elementos necesarios, hija.
—En serio vete de aquí si no quieres que llame a la policía por haber entrado sin ser invitado padre, estás infringiendo la ley al entrar en una casa que no eres bienvenido y que encima de todo forzaste la puerta de entrada.
—¿Y crees que con esas cosas me estás asustando tú a mí? No seas estúpida Michelle, siempre volverás a ser lo que una vez fuiste, eso jamás cambiará.
—Papá vete de aquí —le dije e intenté caminar hacia atrás yendo al interior de la sala.
Mi padre sacó de la caja el vestido, y lo desabrochó por su espalda al mismo. Y así mismo, comenzó a avanzar hacia mí. Y yo cada vez me alejaba más de él. La perra de Nick se le había puesto a sus espaldas, ya que en cuanto mí padre me atacara, la perra saltaría encima suyo.
Trastabillé con el canto del ventanal enorme que dividía el jardín trasero de la sala principal de la casa, y antes de caer de trasero contra el piso, mi padre me sujeta de mi brazo derecho fuertemente.
—Ahora es cuando tendrías que obedecerme hija, o te lo pones o te muelo a golpes, y no creo que querrás tener la cara moreteada estando a una semana de tu gran boda con el imbécil de ese cantantucho.
—Deberías de tenerle más respeto a mi marido, y ya suéltame —le grité en su propia cara e intentando zafarme de él y de su agarre violento.
Me hizo estrellar la cabeza contra el vidrio del ventanal, y Layla, la perra, comenzó a ladrar fuertemente, y le gruñía ferozmente también.
Aquel golpe de cabeza, me aturdió los sentidos, y cuando quise soltarme de él, me tomó fuertemente por mi blusa, de la parte del pecho, y me llevó a rastras hacia la sala.
Pero antes de que pusiera el pie izquierdo dentro de la sala, Layla ya le había clavado sus colmillos y dientes en su pantorrilla.
Y a partir de ahí, la perra no le soltó la pierna.
—¡Ay perra hija de puta! ¡Suéltame! —le gritó a la perra, él intentó tirar su pierna hacia delante, pero la perra misma apretó más su dentadura contra la carne humana.
—Si tú no me sueltas la perra tampoco te soltará a ti.
—Pues vamos a ver si la perra no me suelta —me dijo y sacó de dentro de su bolsillo de la chaqueta un pequeño revolver.
Automáticamente me tensé al verlo con un arma letal, y apuntó hacia la perra, pero yo misma intenté detenerlo por lo que estaba a punto de realizar contra la perra de Nickolas.
Forcejeamos, su fuerza era el doble que la mía, y terminó golpeándome el maxilar del lado izquierdo, me hizo caer de un fuerte golpe también en el pómulo derecho, y con la perra misma sujetada a su pierna, y arrastrando a la misma, me cazó de los pelos y me arrastró hacia la puerta del lavadero.
Layla, como supuso que no iba a soltarme, aflojó la mordedura, y clavó toda su dentadura en su otra pierna. Gritó nuevamente del dolor, pero aún así, siguió con su acometido. Escuchó las sirenas de la policía acercarse a la mansión, y la perra lo sujetó de las dos piernas para que no escapara.
Me dio un culatazo en la cabeza, y me desplomé en el piso del lavadero.
Layla gruñía mientras no dejaba de sujetarlo y morderlo fuertemente e intensamente. Intentó pegarle un tiro a la perra, pero el animal fue más veloz que él y lo atacó directamente, corrió hacia fuera del lavadero y me encerró dentro del mismo.
Layla lo tomó del saco por detrás, y comenzó a tironearlo violentamente, lo zamarreaba para que no se escapara, y así mismo fue, la perra misma lo estrelló contra la mesa baja del living y cayó de bruces sobre la misma, rompiendo la mesa de vidrio en mil pedazos, y cuando la perra se le acercó más de la cuenta hacia su rostro, gruñéndolo ferozmente de manera y forma asesina, la policía rompió la puerta de la entrada principal, y con ella misma, entró Nickolas al interior de la casa.
La perra corrió hacia la puerta del lavadero, y rasqueteó la puerta de madera blanca.
—¿Qué pasa Layla? —le preguntó Nick, su dueño, y ésta ladró—, ¿dónde está Michelle? —le volvió a preguntar y la perra llorisqueó y volvió a rasquetear con sus garras la puerta.
Abrió del todo la puerta, y me encontró tiraba sobre el piso, con dos golpes en mi rostro. Y el vestido tendido desprolijamente a mi lado izquierdo.
—Michelle —me dijo llamándome—, vamos Michelle, despierta, linda —me volvió a decir sujetándome en sus brazos y acariciando mis mejillas.
—¿Nick? —le pregunté abriendo despacio mis ojos, y parpadeando constantemente para enfocar la vista.
—Sí nena, soy yo.
—Me duele mucho la cabeza, creo que me ha dado un buen golpe en la misma.
—Sí Mich, tienes un buen golpe en tu cabeza, del lado derecho, ¿Layla dónde está, Nick?
—En la sala con los policías, y sujetando a tu padre.
—A tu perra hay que hacerle un monumento enorme Nickolas.
—Ya lo creo que sí bella, ya lo creo que sí, ven, vamos que te ayudo a levantarte nena.
—De acuerdo —le dije y me sujetó fuertemente por debajo de mis brazos, y me ayudó a levantarme del piso.
—¿Quieres que vayamos al hospital para esos golpes nena?
—No, no quiero armar ningún escándalo ni nada que se le parezca Nick, por favor te lo pido, no quiero nada de prensa.
—De acuerdo Mich, no habrá prensa.
—Gracias, muchas, muchísimas gracias Nickolas.
—De nada Michelle, lo importante aquí es que tu padre no te ha hecho nada, lo único que tienes son un par de golpes y nada más.
—¿Podemos aplazar la boda? No quiero verme así.
—¿En serio quieres aplazar la boda?
—Sí, hasta que se me vayan los moretones de la cara, no quiero que se anden preguntando el porqué de mis golpes en el rostro.
—De acuerdo, aplazaremos la boda si así lo quieres.
—Gracias otra vez, lindo.
Los policías se llevaron a mi padre, y me dijeron que tenía que ir a declarar si tenía intenciones de presentar cargos contra mi progenitor. Les dije que no, pero que en lo posible lo mantuvieran encerrado en una celda durante varios días. Estuvieron de acuerdo y se lo terminaron llevando a las rastras. La casa quedó en completo silencio, y la perra se acercó a mí para olerme las manos y restregarse contra mis piernas y muslos. Le acaricié su cabeza, y se la rasqué también y ella me ladró en respuesta, y terminé sonriéndole porque gracias a ella mí padre no me había hecho nada, absolutamente nada al respecto.
—Has sido muy valiente Layla, gracias campeona —le dije acariciándole sus orejas caídas, y ella volvió a ladrarme como su respuesta más sincera hacia mí persona.
—¿No quisieras ir a mi abogado para ver si podemos obtener una orden de restricción en contra de tu padre? Así no podrá acercarse a ti hasta una distancia prefija en la orden de restricción.
—¿No crees que es demasiado Nickolas?
—No lo creo nena, si luego de varios días sale de la cárcel, nadie lo detendrá en querer hacerte daño nuevamente y seré yo mismo el que lo ponga en su lugar si sigue jodiendo Michelle.
—Está bien, lo que tú creas conveniente, estará perfecto para mí también, lindo.

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#78

CAPÍTULO 67

La orden de restricción fue hecha, y papá se quedó en prisión por largo tiempo, así mismo seguimos preparando las cosas para nuestra boda, que se realizaría en veinte días. Una semana y algo después de todo lo que había sucedido, los chicos tuvieron una entrega de premios. Y Nick quiso que fuera con él. Para el momento, me elegí un vestido corto en color violeta, y plateado. Sandalias al tono, y accesorios y cartera del mismo color también. Maquillada con tonos del vestido y perfumada, y con el pelo suelto también.
La mayoría de las personas se preguntaban el porqué habíamos aplazado la boda, y los periodistas se lo preguntaron a Nickolas.
—Hay rumores de separación, ¿es verdad eso?
—No, claro que no, al contrario, estamos muy bien ella y yo.
—Entonces, ¿su boda por qué fue cancelada?
—No está cancelada, simplemente quisimos atrasarla un poco más.
—¿Por algún motivo en especial?
—Cosas íntimas.
—Se dice de un padre maltratador —dijo y ambos quedamos callados.
—Es verdad —fui yo la que respondió.
—¿Cómo lo llevas a eso mismo?
—No muy bien, pero no puedo darle la espalda tampoco.
—¿Crees poder perdonarlo alguna vez?
—Quizá con el tiempo lo haga, después de todo, es mi padre.
—No todas las personas piensan como tú.
—No, y lo sé, cada persona diferente piensa de manera distinta también, y hay que respetar eso mismo.
—Excelente respuesta señora Carter.
—Gracias.
—De nada, cambiando de tema, ¿cómo se siente ser la señora de?
—Creo que sigo estando normal, es simplemente un cambio de apellido.
—Pero con sus beneficios también.
—Puede que sí, pero sinceramente, no estoy acostumbrada a la fama.
—Lo sabemos bien eso mismo, y eres de las pocas mujeres que es muy amable con nosotros y con cada persona que te hemos visto charlar.
—Muchas gracias otra vez.
—No hay de qué, gracias por la nota, disfruten la gala —nos dijo.
—Muchas gracias —le respondimos al unísono.
Caminamos por la alfombra roja, y luego de unas cuántas fotografías más, entramos al recinto. Nos ubicaron, y yo quedé entre medio de Nick y Alex. Los chicos después de todo recibieron una mención especial por tantos años de música. Subieron a recibirlo y agradecieron a todo el mundo.
Hubo un after party, en el cuál nos quedamos unas horas, charlando y riéndonos a más no poder con colegas que tenían los chicos, y entre sus amigos y conocidos también.
Por la madrugada, bien tarde, volvimos a su casa, subimos las escaleras y entramos a su habitación, nos desvestimos, yo me quité el maquillaje y me puse un camisón, él apenas se quedó en bóxer se metió en la cama. Yo a los minutos hice lo mismo que él.
Casi dos semanas posteriores, unos días antes de la boda, Nick visitó a mi padre en la cárcel sin que yo lo supiera.
Lo llevaron a una sala aparte y esperó por mi padre. Lo hicieron entrar esposado, con el típico overol naranja, y lo sentaron frente a mi marido.
—Era al menos que tenía en mente en estos momentos que me venga a visitar, supongo que vienes en representación de mi hija, ¿no?
—No, te equivocas, Michelle no sabe que he venido a verte.
—¿Cómo? ¿Acaso no se cuentan todo y son apegados entre sí? —le preguntó sarcásticamente.
—Sí, pero en este caso no se lo he dicho, simplemente porque sé cómo se pondría mi esposa.
—¿Ya se han casado?
—No del todo, si he venido aquí no es por mí, sino por Michelle, porque no quiero que entre a la Iglesia sola.
—¿Qué estás queriéndome pedir Nickolas?
—Quiero que lleves a tu hija hasta el altar, no por mí sino por ella, si en verdad la quieres hazlo por ella, me importa un pomo de ti, pero me importa de veras Michelle, y no quiero que su gran día sea opacado por no presentarse su padre, sé que tienes una orden de restricción en tu contra, por haberla maltratado, pero sé también los lazos que los unen, por más daño que le hayas hecho, sigue siendo tu hija aunque tú lo niegues, no me interesa para nada los problemas que has tenido con la madre de Michelle, esos fueron tus problema con ella, pero no te la vuelvas a agarrar con tu hija, jamás tuvo la culpa de que a ti te abandonara la madre de Michelle, sé por todo lo que pasó mi mujer, sé el daño que le hiciste verbal y físicamente en su infancia y pre-adolescencia, y es horrible haberlo sabido, Michelle jamás se merecía el maltrato que le has hecho, huyó asustada de ti, para ganarse la vida en USA, conocí su aspecto, y pasamos por cosas horribles, y tuvieron que pasar cosas horrorosas para volver a estar con ella, que en este momento no vienen al caso, pero si le tienes un poco de cariño, quiero que la lleves del brazo hasta el altar.
—Su madre me abandonó con ella para criarla, le tomé odio y me volví egoísta, rencoroso y orgulloso, y siempre terminaba golpeando y tratando mal a Michelle, la encerraba, y la azotaba.
—No quiero detalles, ahórratelos.
—De acuerdo Nickolas, el odio me ganó por dentro y vine hasta aquí por una nota que vi en la televisión, quise desquitarme con ella por lo que me hizo, me dejó solo por completo en Argentina, sin siquiera saber más nada de ella.
—¿Y no crees que lo hizo solamente para escapar de ti porque tú no la comprendías? ¿Porque ella necesitaba cambiar y ser alguien?
—No vi nada de eso, solamente vi lo que a mí me convino ver en su momento, y me arrepiento el no estar con ella cuando me necesitaba, entre las cuatro paredes de la prisión me di cuenta que la quiero, que siempre la he querido, y que no la culpo en lo absoluto por lo que hizo, se sintió acorralada por mí y terminó huyendo a otro país, pero sé que no estuvo nunca sola, siempre te ha tenido a ti.
—Entre nuestras discusiones, peleas y arrebatos de locura, sí, siempre me tuvo y ella siempre estuvo para mí cuando más la necesité, ella siempre ha sido increíble conmigo, aunque yo me haya portado con ella feamente.
—Supongo que así son las parejas de hoy en día.
—Puede que sí, y bien, ¿harás eso por ella?
—Sí, lo haré.
—Entonces levantaré la orden de restricción yo por ella y te pagaré la fianza.
—No creo que sea apropiado, prefiero que pidas una orden para que luego vuelva a prisión.
—Nada de eso, confiaré en ti, suelo confiar poco y nada en las personas, y si voy a confiar en ti ahora mismo es porque quiero que hagas las cosas bien, de lo contrario haré que jamás vuelvas a ver a tu hija y terminaré deportándote a tu país aún cuando tengas los papeles al día, ¿me oíste bien?
—Sí, te he oído bien Nickolas y gracias, solo espero que Michelle me termine perdonando.
—No te digo que te perdonará enseguida, pero creo que con el tiempo lo terminará haciendo, conozco a Michelle como la palma de mí mano y no es una chica rencorosa para nada.
—Le hice cosas terribles Nickolas, solo ella y yo lo sabemos.
—Te aseguro que yo también las sé y por eso mismo te lo estoy diciendo, pongo mi confianza en ti solo por ella, porque amo a mI esposa y porque quiero que esté bien con su padre, ¿de acuerdo?
—Sí, de acuerdo.

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#79

CAPÍTULO 68

Nickolas pagó la fianza un par de días antes de la boda, y lo llevó a la casa para cenar. Sin que yo lo supiera. Me quedé más que sorprendida cuando lo vi entrar con Nick. Tiré el plato de cerámica de mis manos cuando lo miré perpleja, jamás habría imaginado algo así. La perra se puso en guardia para volverlo a atacar, pero Nick la calmó, y terminó llevándola al jardín trasero, en donde la pobre perra raspaba con sus patas delanteras el vidrio de la ventana corrediza.
Nick se acercó a mí, ya que estaba en la cocina, y me habló tranquilamente.
—No me tires la bronca, por favor, solo quiero que te lleves bien con tu padre, Michelle.
—¿Por qué lo hiciste? Sabes las cosas que me ha hecho.
—Porque te quiero lo he hecho, y porque no quiero verte triste el día de tu boda, creo que ambos tienen que hablar, largo y tendido si quieren olvidar todo.
—No es fácil, ¿quién me asegura que no volverá a golpearme y a maltratarme peor que una basura?
—Está amenazado, y si quiere hacer las cosas bien, va a tener que tratarte bien, me contó cosas que se las entendí también, por eso es que quiero que charlen los dos, a solas, yo estaré arriba.
—No me dejes sola con él, por favor.
—No te preocupes Michelle, no te hará nada —me dijo besando la comisura de mis labios.
Nick subió las escaleras, y yo miré a mi padre que andaba quieto en la entrada de la casa.
—Ven, acércate —le dije seria y seca.
—Me siento un poco incómodo.
—Es de esperarse, ¿no?
—Supongo que sí.
—No entiendo cómo te levantaron la orden de restricción.
—Tu marido lo hizo, pagó la fianza y levantó los cargos contra mí, incluyendo la orden de restricción.
—Ya veo, tú y yo vamos a hablar bien, sin vueltas y sin mentiras, sin secretos tampoco, no me gusta que estés aquí porque te siento como una amenaza terrible para mí.
—Lo sé, y estás en todo tu derecho en pensar eso de mí.
—Siéntate —le contesté y terminé sentándome frente a él—, te das una leve idea de todas las cosas que me has hecho de chica, ¿no? ¿Te das cuenta que te tenía pavor y por eso mismo cuando tuve la oportunidad te robé dinero para escaparme de ti?
—Sí, me hago a la idea por las cosas que has tenido que pasar y hacer para librarte de mí, he sido un tremendo egoísta y muy mal padre contigo, y te maltraté cuando en realidad tenía que protegerte y cuidarte cuando más me necesitabas.
—Era un monstruo para ti, las cosas que me hiciste ni siquiera a un perro se le hacen, me trataste como basura solo porque mamá nos abandonó y yo te hacía recordar a ella, siempre he pensado en que algún día me encontrarías y me terminarías matando, no lo has hecho porque hubo personas que te detuvieron, pero tengo mis dudas al respecto si habrías estado a solas conmigo lo hubieras hecho, intentaste hacerlo cuando te presentaste aquí la última vez, fue terrible, y no sé si algún día podré perdonarte.
—Cuando tu madre nos abandonó, creí que se acabaría mi mundo.
—¿Y el mío qué? Tenía solo ocho años cuando nos abandonó, y tú en vez de cuidarme como un padre, me tratabas como un animal enjaulado, te enfureciste y terminaste poniéndome ropa antigua, unos brackets que odié siempre, y lentes de vista, terminé siempre un monstruito que se escondía de los demás cuando llegué aquí, porque tú siempre te encargaste de decirme que las putas se ponían esa clase de ropa cuando intenté usar ropa de moda, siempre recordé esas palabras y jamás intenté hacer algo con mí aspecto por miedo a que algún día me encontraras, gracias a personas cariñosas conmigo me hicieron cambiar de aspecto y no soy nada a una prostituta.
—Sé que no lo eres, yo soy el único culpable de todo esto, por no apoyarte cuando me necesitaste, por enojarme contigo sin que tú tuvieras algo que ver, por ser un pésimo padre, por maltratarte frente a los invitados en tu compromiso, y por golpearte el día que vine aquí por última vez, no tengo perdón, pero estoy muy arrepentido de todas las cosas que te he hecho, jamás quise hacerte daño, pero la angustia y la rabia en sentirme abandonado por tu madre fue terrible para mí, fue como un balde de agua helada, y jamás pude entrar en razones en darme cuenta que tú jamás fuiste la culpable de nada, recién hace dos días atrás cuando fue tu marido a la cárcel para visitarme, comprendí todo.
—Nickolas no hace las cosas sin que sea conveniente, y sin que no valga la pena alguna, si fue a hablar contigo es porque te tuvo la confianza que a mí me costará tenerte, Nick no confía en las personas.
—Me lo dijo cuando me visitó.
—Me parece bien que te lo dijo, así pensarás mejor las cosas antes de hacerlas, no quiero que lo decepciones, aquí encontré el cariño que me negaste, bien o mal, aquí encontré gente que no se alejó de mí por cómo lucía sino que se acercó a mí por lo que tenía dentro.
—Lo sé, sé que estás excelente aquí, tanto sentimental como económicamente hablando.
—¿Me quieres ayudar?
—¿Qué estás haciendo?
—La cena.
—Está bien, te ayudaré —me dijo, y ambos nos levantamos de las sillas.
Me ayudó a prepararla, y a medida que cortábamos verduras y cocinábamos la carne asada, él me iba hablando. Lo veía más cómodo que antes, y comencé a relajarme ya que no lo veía como una amenaza para mí.
—Solía gustarte la verdura salteada con la carne cortada en tiras —me dijo, y yo soltando la cuchara de madera de mí mano derecha, me tiré en sus brazos.
—No me dejes otra vez —le dije abrazándolo por su cintura, y él se me quedó asombrado sin abrazarme solamente por miedo.
—Michelle, yo...
—Por favor, abrázame, por favor lo necesito de veras —le volví a decir, y él me abrazó por mis hombros.
Lloré en sus brazos, como una pequeña niña de ocho años, como aquella niña de ocho años que solía ser cuando estaba encerrada.
—Hija... hija mía —me dijo posando su cabeza sobre mi coronilla y sintiendo cómo le caían sus lágrimas contra mi frente, y sintiendo sus manos acariciar mi cabello.
—Te perdono, por todo, sé que es apresurado, pero te perdono de veras, no quiero estar distante contigo, siempre te he querido, pero eras muy malo conmigo, en algún momento lo comprendí el porqué eras así conmigo, pero llegó un momento en que no quise que seas más así conmigo y por eso mismo me escapé de tu lado.
—Si alguien tiene que pedir perdón por todo, ese soy yo Michelle, te has convertido en una increíble mujer, a pesar de todo lo que te he hecho te has convertido en lo que eres ahora, una hermosa jovencita —me contestó mirándome a los ojos, y me besó la frente.
—Para bien o para mal, a pesar de todo tú estuviste contigo y no mamá.
Las asperezas se habían limado, los malos entendidos se habían aclarado y todo se acomodó en nuestra relación.
Un Nick muy hambriento, bajó las escaleras y nos miró a través del umbral de la puerta de la cocina, y habló haciéndonos reír a carcajadas.
—¿Hoy no habrá cena? Tengo hambre —dijo, aunque más a mí, ya que era yo la que la estaba haciendo principalmente, y nos separamos de nuestro abrazo riéndonos abiertamente.
—Ya se termina de hacer Nickolas —le dije tirándole un trapo de cocina divertida—, cuándo no tienes hambre.
Cenamos los tres luego de un rato, charlamos, nos reímos también y papá comprendió lo feliz que era con Nick, y lo feliz que estaba yo también de que todo estuviera bien entre él y yo. Al fin era la familia que siempre había querido tener.

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#80

CAPÍTULO 69

Tuve una reunión con las chicas y Nick con los chicos y mi padre. Era el día antes de la boda. Y entre charlas, a Rose se le escapó la sorpresa que tenía Nick para mí.
—¡Rose! —le gritaron las demás.
—Lo siento, se me escapó.
—Ahora me cuentas la sorpresa que tiene Nick para mí.
—Bueno, Alex me dijo que se irán de viaje de luna de miel.
—¿Sí?
—Sí, a las playas del caribe.
—El caribe es grande, ¿a dónde te dijo Alex?
—Por Bahamas.
—¿Bahamas? Uy, me gusta Bahamas, ¿algo más?
—A Cabo San Lucas.
—Mi sueño, sí Cabo San Lucas me encanta.
—Bueno, esa era la sorpresa.
—Haré de cuenta que no he sabido absolutamente nada, gracias por decírmelo Rose.
—Supongo que de nada —me dijo toda apenada por aguar la sorpresa que tenía Nick para mí.
—No te preocupes, no es tu culpa.
Por otro lado, en la casa de Nick, a mi papá lo estaban poniendo más borracho que nunca, con tequila, sal y limón.
—Me van a dejar borracho hasta la boda ustedes cinco —dijo un hombre de mediana edad bastante ebrio por demás y casi arrastrando las palabras—, parece que se la están desquitando conmigo ésta noche —dijo viendo sus cartas de póquer y perdiendo la ronda por quinta vez consecutiva.
—Eres el nuevo de la familia —dijo Brian—, acostúmbrate —le dijo riéndose a carcajadas ya que era el único lúcido en ese grupo total de seis hombres.
—Ya veo, ya estoy viendo doble, creo que voy a dejar ya, en serio, afronté la derrota por quinta vez consecutiva, no puedo beber más —contestó, intentó levantarse de la silla y se tambaleó.
—Te ayudo a ir al sillón, así te recuestas —le dijo su yerno.
—Gracias.
—De nada —le dijo y le pasó uno de sus brazos por su cuello para llevarlo con más facilidad hacia el sillón largo más cercano, y terminó acostándolo.
Una hora y pico después, llegué y al ver el panorama de la sala y la cocina, empecé a reírme a carcajadas, papá estaba dormido en el sillón largo, Alex quedó tirado en el piso al caerse de la silla, Kevin dormía sobre la mesa, Nick cabeceaba de brazos cruzados en la silla, y Brian sentado mirando la televisión y tomándose un café.
—¿Qué pasó acá?
—Me dejaron solo.
—Ya lo veo, hay más habitaciones disponibles, ¿por qué no se terminan durmiendo aquí y listo? Llamo a las chicas.
—No, no te preocupes, llevaré al jardín de infantes a sus respectivas casitas y yo me iré a la mía —me dijo, y ambos nos reímos a carcajadas.
—Ok, prepararé un café negro para el resto del grupo.
—Ok —me respondió y siguió mirando el programa de televisión mientras bebía el café caliente.
Terminé de hacer el café ennegrecido y sin azúcar se los serví en tazas, y a cada uno empezando por Nick se las di. Me lo agradecieron enormemente y en parte un poco molesta estaba con Nick.
—Espero que no se te haga costumbre esto de volver a beber.
—Fue parte de una reunión previa a mi boda, no empieces ahora.
—No empiezo ni mucho menos, solo te lo vuelvo a repetir por si se te ha olvidado, nada más.
—Pues, no se me ha olvidado, solo cuatro tequilas tomé.
—Te pegó fuerte entonces —le dije en risa.
—No tanto, estoy cansado de hoy igual, el trabajo fue terrible.
—¿Oh sí? ¿Levantaste bolsas pesadas acaso? —le pregunté burlándome de él.
—Ni tanto —me respondió, se levantó de la silla en la que estaba dormitando, y se acercó a mí insinuantemente.
—No te atrevas Nick —le dije zafándome de él ya que tenía intenciones de pellizcarme una nalga, solía hacerme eso cuando tenía ganas de subir de niveles—, ubícate por favor, hay gente.
Terminó por quedarse quieto, y apenas terminaron de beber sus cafés los chicos, se fueron saludándome y volviéndome a agradecer los café. Papá se levantó del sillón, dejó la taza en el fregadero de la cocina, y salió de la misma deseándonos buenas noches. Yo me quedé a solas con Nick.
—¿Cómo la pasaste con las chicas?
—Muy bien, nos reímos mucho.
—Me alegro mucho entonces —me contestó y terminó pellizcándome una de mis nalgas.
—¡Nick! —le grité riéndome y dándole un golpe con el trapo de cocina en uno de sus brazos—, modérate pervertido —le dije riéndome por lo bajo y él simplemente me tomó de la cintura y me besó con ansias.
Me ayudó a acomodar todo, y luego nos fuimos a dormir. El cretino quería algo más, pero no iba a hacer nada con él estando mí padre en la misma casa.
—Ni se te ocurra meterme más mano de la debida, porque no pienso hacer nada estando mi padre aquí, prefiero esperar a la luna de miel.
—¿Luna de miel? ¿De qué luna de miel me hablas?
—No te hagas el tontuelo, sé que ideaste una luna de miel.
—¿Ah sí? ¿Y a dónde si se puede saber?
—Al caribe y a Cabo San Lucas —le respondí y él se puso serio por completo.
—¿Quién te lo dijo?
—No te lo diré, solo lo sé, me gusta mucho la idea de ir de luna de miel contigo —le expresé con sinceridad y ternura mientras acariciaba su mejilla derecha ya que estaba boca abajo.
—Te amo Michelle.
—Y yo te amo a ti también Nickolas —le contesté, nos dimos un beso en nuestros labios, y nos quedamos dormidos uno cerca del otro.

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#81

CAPÍTULO 70

La boda había sido perfecta, y como salida de un bonito cuento de hadas. El vestido mío era precioso y cómo quería Nick, digno de una reina.
Papá me entregó al novio apenas llegamos al altar, le di un beso en una de sus mejillas y tomé la mano izquierdo de Nick.
Posterior a la ceremonia nupcial, fuimos a sacarnos algunas fotos, como solían hacer todas las parejas recién casadas, y luego de aquello, recibimos a las chicas que habían ganado el concurso, en la entrada de la casa antigua. Saludamos a todas ellas, nos reímos un poco junto con Nick y las chicas y cuando las últimas de la lista llegaron, nosotros entramos a la casa seguido de un bonito lento.
Los invitados, Spencer y su prometida, ya que encontró al amor de su vida también y pronto se irían a casar, ya que nos habían dado la invitación a la boda, y las cincuenta fans del concurso y amigos y amigas, y nosotros dos, nos divertimos en su totalidad en la fiesta increíble que Nick se había gastado.
Antes de concluir la fiesta, nos acomodamos los más cercanos para que el fotógrafo nos tomara una foto.
—Después de todo lo he hecho bien, ¿verdad? —me dijo al oído Nick.
—Es verdad, después de todo lo has hecho no bien, lo has hecho excelente.
—¿Te he dicho que estás bellísima?
—Así es, varias veces a lo largo de la noche.
—No me canso.
—Me doy cuenta —le dije riéndome.
—Te amo inmensamente.
—Te amo inmensamente yo también Nick —le dije a escasos centímetros de su boca, y cuando nosotros nos dimos un beso, el fotógrafo terminó sacando la foto familiar.

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