Miguel_Ruiz
Rango10 Nivel 46 (4652 ptos) | Fichaje editorial
#1

Martín era un hombre exitoso. Fundó una empresa que, con su esfuerzo y visión, había llegado a posicionarse como la número uno en su ramo. Funcionaba como una extensión de su propio cuerpo. Su oficina estaba en el último piso de la torre y cada departamento cumplía una función orgánica en el ente.
Nada quedaba librado al azar. Eso era para débiles, solía pensar. Supervisaba todo. El personal pasaba por él como última revisión antes de ser aceptado. Se preocupaba de dejar bien en claro los derechos y deberes. Mantener éstos factores en equilibrio era parte de su marca personal. Sabía hacer sentir cómodos a sus empleados y exigía de ellos el mismo trato. Si le fallaban era implacable.
A pesar de su aparente rigidez, era una persona afable, sincera, sin dobles intenciones, directo y honesto.
Muchos lo admiraban por eso y otros tantos lo odiaban por lo mismo. Todos reconocían su liderazgo indiscutible. Tenía las ideas más brillantes para salir de los problemas imposibles.
Siempre dejaba en claro porqué era el que daba las órdenes.
Sin embargo nada lo preparó para lo que iba a ocurrir.

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Purpura
Rango14 Nivel 66
hace casi 2 años

¡Excelente!
Se percibe un gran relato

Miguel_Ruiz
Rango10 Nivel 46
hace casi 2 años

Gracias, @Chica_Purpura por leer. Ya está en el horno la presentación de un segundo personaje importante.


#2

Juanjo era la mano derecha de Martín. Se conocieron en la escuela y desde entonces no se han separado. Si los veías juntos podías decir que eran hermanos. Compartían banco pero Martín siempre terminaba antes su trabajo y era el mejor, las maestras lo preferían, las niñas también. No había maldad en la actitud de su amigo-hermano, simplemente parecía tocado por los dioses. No había forma que algo le saliera mal.
Juanjo quería parecerse a su amigo, lo anhelaba de verdad, pero cuanto más intentaba... El resultado era la burla.
En la empresa la diferencia se notaba. Sobretodo en las reuniones de directorio. Cuando planteaba una idea para salir de una situación, como segundo al mando, siempre lo hacía con voz firme, seguro de sí mismo; mas los argumentos de Martín eran irrefutables. Daba tantos detalles y porqués para oponerse a las sugerencias de su compañero que no cabía duda de que su criterio era el mejor. Por eso era el líder y creador de la empresa. Su visión era clara y alcanzaba el horizonte, sus objetivos: inamovibles.
Si bien sentía un aprecio enorme por Martín, en el fondo se había sentido inferior, desplazado.
Creció como una sombra, siempre detrás. Nunca reconocido. Aún así, admiraba a su amigo.

En la última reunión de directorio, llevaba una idea que beneficiaría en grande a la empresa: fusionarse con la número dos para abarcar el mercado completo. Los gerentes de la empresa habían hablado con él y casi consolidado el negocio, sólo faltaba la palabra definitiva de Martín.
Juanjo tenía esperanzas, había puesto mucho empeño y horas de estudio en este negocio y no veía error por ninguna parte.
Se le escapó el más grande de todos los detalles: Martín nunca quiso fusionar su empresa con ninguna otra. Llevaba como criterio ser la número uno por lo que era, no por quién estaba a su lado. No pretendía absorber la competencia, sino que, cuando lo consultaban, les decía que se esforzaran más por crecer, que él así lo hacía y los resultados estaban a la vista. Juanjo nunca lo consultó, era ambicioso y se regía por eso: si los números crecían, era bueno. Tenía un cierto grado de independencia en sus movimientos, aunque la última palabra siempre era del número uno y fundador.
La negativa, delante de todos los gerentes y superiores de ambas empresas, fue rotunda. Aún así no lo humilló. Salieron un minuto, hablaron en la sala de espera y exigió a su amigo que le planteara a sus invitados la decisión final e inamovible: no habría fusión, ni ahora, ni nunca.

Algo dentro de Juanjo se quebró. Ya no aguantaba más. Tenía un plan, uno que nunca quiso poner en marcha, hasta ahora.

Sarym
Rango16 Nivel 75
hace casi 2 años

Qué intriga ese plan cariño, ya me tienes atrapada, espero por la siguiente caja, saludos apreciado @Miguel_Ruiz

Miguel_Ruiz
Rango10 Nivel 46
hace casi 2 años

Muchas gracias, @Sarym. La tensión acumulada tiene que explotar por algún lado. Me alegra te guste.

Julio_Iscariote
Rango8 Nivel 36
hace casi 2 años

Una história empresarial??? Es nuevo para mi... y quiero leer mas


#3

Luego de visitar la oficina de su amigo y recibir una segunda negativa a la fusión, Junajo pactó reunirse con el gerente de la empresa interesada para sellar el trato por detrás de Martín. Con la excusa de que no podía asistir al cierre del trato por estar con un problema de salud, la unión de ambas empresas se realizó con todas las de la ley.
Martín se enteró a través de la prensa del día siguiente, incluso de su problema de salud por el portero del edificio que le preguntó si ya estaba mejor.
Al llegar a la oficina encontró las nuevas condiciones de trabajo.
Llamó rápidamente a Juanjo a su despacho, con el pulso alterado, la respiración entrecortada.
—¿Cómo pudiste hacerme esto? —preguntó entre la furia y la profunda tristeza—, sos como mi hermano. Me traicionaste. Voy a llamar al abogado, esto puede deshacerse. ¡Yo nunca firmé nada!
—¿Estás seguro de eso?
—¿Cómo? ¿Acaso tú? Pero ¿cuándo?
Lo asaltó el recuerdo de la mañana anterior: Juan José vino con una pila de documentos para firmar urgente.
—Si, Martín, entre esos papeles estaba tu aceptación de los términos de la fusión con Sanders S.A.. Entre ellos tu 33% de participación y no el 51% que tenías antes. Ahora las cosas van a hacerse más equitativas, seremos tres para tomar decisiones importantes y ¿adivina a quién va a respaldar el señor Sanders? Lo siento “hermano”, no me has dejado opción. El mundo cambia y nosotros debemos cambiar con él. Está hecho.
Con estas palabras se dió vuelta y salió de la habitación.
Luego de aquella jugarreta sucia, Martín tuvo una crisis que lo dejó en el hospital. Su corazón dio un salto inesperado y provocó el susto más grande que hubiera tenido. Por suerte no fue nada más que eso, un buen susto, pero lo derivaron a una psicóloga para manejar el estrés.

La doctora Rosas era una especialista en la materia, se había dedicado especialmente para ayudar a grandes empresarios y gente con mucha presión en su día a día, desarrollando una serie de prácticas que comprendían ejercicios físicos, de respiración para ayudar a comprender lo que ocurría desde una perspectiva nueva que permitiera manejar la situación sin que las consecuencias hicieran estragos en el organismo. Era muy buena en lo que hacía.
Cuando Martín llegó aún sentía el peso de lo que había ocurrido en su pecho, el simple hecho de recordar la situación lo hacía acelerar y alterar las funciones normales de su cuerpo. Por más que quería no lograba aceptar que detrás de aquella artimaña estaba su mejor amigo, su socio, esa persona que consideraba su hermano, que se habían criado juntos. No le molestaba tanto el dinero, sabía que había altibajos y estaba acostumbrado a ello, pero la traición, eso sí no lo podía tolerar. Las charlas con la Dra. Rosas se centraban allí y en cómo manejar las emociones que sentía y de poder ver la situación desde otro ángulo. Esto le estaba resultando verdaderamente difícil. Su mente analítica no estaba acostumbrada a mantener un problema por tanto tiempo, simplemente lo arreglaba o lo descartaba, nada más, pero esto era diferente.
Ante la lucha interna que lidiaba Martín, la doctora le recomendó que se retirara por un tiempo a una casa de campo que ella conocía bien, argumentando que esa era la mejor manera de encontrar el equilibrio nuevamente.
—El contacto con la naturaleza te va a hacer bien —le decía—, el campo y el bosque son grandes cargadores de pilas. Además, la gente allí es fantástica, te vas a sentir como en casa. Hacerme caso, es una recomendación profesional.

Hace más de 1 año

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Flaneta
Rango12 Nivel 56
hace más de 1 año

@Sarym pues si estaba atrapada aquí tiene dos tazas más, cariño

Flaneta
Rango12 Nivel 56
hace más de 1 año

Usted me disculpará, pero hay que cazar a lazo al apreciado lector. Mucho rollo y luego se hace el remolón.

Miguel_Ruiz
Rango10 Nivel 46
hace más de 1 año

No hace falta @Flaneta, al que le guste e interese vendrá por sí mismo. Y si es un aburrimiento, un rollo o una historia mala, estoy seguro que lo dirán.
Gracias por la publicidad ;)


#4

La verdad nunca había estado en el campo, había nacido y crecido en la ciudad, nunca se había hecho el tiempo para pasear o hacerse una escapada a cualquier lado. De hecho asistía de vez en cuando a alguna fiesta que lo invitaban pero no era del tipo “fiestero”, más bien era tranquilo, de reunirse en su apartamento con poca gente, —nunca más de cuatro personas—, para disfrutar de alguna comida especial, con un buen vino, en un ambiente caluroso, en donde no se perdía de vista a las personas, donde la intimidad era lo más importante de la reunión, la verdadera comunicación. Por eso mismo su círculo de amistades era bastante reducido y cada reunión era muy productiva para todos.
Cuando les conto a sus amigos recibió aliento y buenos deseos. Si se lo habían recomendado era por su bien, además decían, nunca tuviste tiempo para vos solo, así que disfrútalo al máximo, tal vez aprendas algo nuevo.
Muy temprano en la mañana aprontó una valija con pocas cosas, ya que pensaba que no iba a quedarse demasiado, la empresa necesitaba de él, no podía delegar las obligaciones fundamentales por mucho tiempo, sin capitán el barco podía cambiar de rumbo o en el peor de los casos sucumbir con algún iceberg gigante que alguien menospreciara… Se acordó de que no debía hacerse historias sobre cosas que aún no habían pasado: —eso genera estrés —decía la doctora Rosas—, trata de lidiar con lo que tienes entre manos ahora y luego sigues con la siguiente tarea.
Con eso en mente bajo al garaje, tomo el auto y emprendió el camino de 320 Km. Hasta el rancho “La armonía”, su casa por los próximos días.

Hace más de 1 año

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#5

Reinaba la paz en el lugar. Me instalé y fui a sentarme en un banco a disfrutar del paisaje.
Los colores del cielo cambiaban a medida que los recuerdos transitaban por mi mente.
En aquel pueblo, alejado de la civilización que me nutría, la desesperanza era tan grande que el silencio me aplastaba. Mi cabeza no paraba de pensar en lo que había dejado atrás.
¿Cómo estaría la oficina, que estaría haciendo mi secretaria, como estaría resolviendo los problemas el incompetente Juan, ¿podría sacar provecho de las transacciones con aquellos tigres de la multinacional? No está preparado, lo van a hacer picadillo, vamos a perder mucho más de lo que podíamos ganar, si estuviera allí los tendría comiendo de la palma de mi mano, esos gringos no tienen idea de con quien se están metiendo…
En esa ola de pensamientos cargados de estrés y ansiedad, hubo un freno que me recordó porqué estaba allí en primer lugar. Mi pecho se frunció al punto que caí de rodillas, llevando ambas manos al corazón. La respiración se había acelerado de tal manera que parecía que el organismo corría para proteger mi vida, sin notar que yacía quieto rodeado del entorno natural.
En medio de ese ataque de pánico recordé las palabras de la doctora Rosas: “Respira, solo respira, pausada y profundamente, permite que tu cuerpo baje las revoluciones y que se calme con la respiración; siente el aire entrar y salir”. Parecían tan claras que estaba seguro que las oía de fuera. Lo importante fue que lograron su cometido, el ritmo cardíaco bajó y la ansiedad se dispersó. En ese instante levanté la cabeza para ver alrededor y fue entonces, por primera vez, que la vida penetró en mi ser. ¿Qué es esto? Nunca había sentido algo así; me debo haber hiperventilado, tiene que ser un efecto secundario de los medicamentos, pero ¿donde deje las pastillas? Seguía sin poder dar crédito a aquello que sentía. Comencé a sentir el fluir del agua golpeando las rocas a la orilla del riachuelo que atravesaba el campo; pero, ¿cómo podía ser? Eso estaba considerablemente lejos. Nunca había reparado en los colores, los aromas, en cómo el viento hacia danzar aquella obra maestra. Me abrumó un sentimiento de respeto y admiración por la vida que observaba, tanto era así que parecía que todo estaba rodeado de una luz especial, que no era un reflejo, sino que parecía salir de las plantas mismas.
Oí el canto de los pájaros. Ya no era un simple sonido de fondo, sino una hermosa sinfonía, orquestada a las maravillas, en donde cada trino era una respuesta armónica al que le precedía, como en una obra maestra de Vivaldi o Beethoven.
Mi mente racional no podía con aquello, lo trascendía, y al mismo tiempo la dejaba sin efecto. Sentía que la vida misma, por primera vez, se manifestaba en todo su esplendor, de forma natural y esencial.
Abrumado por la admiración, llevé las manos hacia la cara para “limpiar” los ojos, para corroborar que aquello no era una alucinación. Pero lo que ví me espantó de verdad: ¡de mis manos y brazos emanaba la misma luz que veía salir de todo lo vivo que me rodeaba!
No pude con esto. De un salto me puse de pie, el corazón se aceleró, aquello sacudió los cimientos mismos de lo que consideraba “realidad”. Quedé con la mente en blanco, no podía pensar, pero la profunda atención era como una presencia viva, algo por “detrás” de la atención habitual y que, sin embargo, parecía mucho más familiar que ninguna experiencia o reflexión que hubiera tenido jamás; simplemente ERA y no algo distinto de que me rodeaba. Sentí que pertenecía a eso y que ESO era la vida misma. Fue tan fuerte y sereno ese sentimiento que mi mente sólo podía reaccionar con reverencia ante el descubrimiento de una maravillosa verdad.
Mi otra mente, la de todos los días, apareció como una luz roja de advertencia, con un pensamiento típico de la gente “normal”: ¡Estás quedando loco! ¡Lárgate de aquí ya mismo!
Corrí hacia el rancho, alejándome lo más rápido que podía de aquel lugar, buscando el refugio de lo construido por el hombre, la solidez del concreto, el suelo con baldosas…
Tenía que calmarme y entender, u olvidar, lo que había pasado.

Hace más de 1 año

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Sacra
Rango8 Nivel 35
hace más de 1 año

Mola. En esta caja has empezado.con un cambio en la voz narrativa, te has ido a la primera persona y luego has retomado la tercera, mira eso 😉

Miguel_Ruiz
Rango10 Nivel 46
hace más de 1 año

Listo. Gracias. Fue ese bichito que me comió la oreja: "quítate este escrito de arriba, ya, hazlo de una vez, así ya no tendrás escritos viejos y estarás obligado a escribir nuevos" Jajaja..
Luego corrijo la otra.
Besos.


#6

Cuando por fin llegué al rancho, cerré la puerta, como queriendo dejar afuera aquello que me perseguía.
El sonido de la puerta llamó la atención de doña Eustaquia y vino a ver lo que ocurría.
Eustaquia era una matrona del campo, había nacido y se había criado en ese rancho, era la quinta generación de los Perez. Su familia y los dueños de la estancia habían formado una relación tan antigua y profunda que eran casi como una sola, aunque los Perez siempre supieron ocupar su lugar con sencillez y honestidad, coas rara para cualquier época, y por eso los dueños nunca rompieron las relaciones. Eustaquia no sólo conocía a la perfección aquella finca, sino que era versada en muchas artes campesinas y algunas otras yerbas heredadas de los indios que habitaron los alrededores en los viejos tiempos. Conocía las propiedades de cuanto yuyo encontrara en el bosque y tenía su propio huertito de plantas sagradas, como le gustaba decir.
Cuando Eustaquia me vio en el sillón del estar, sentado en el borde, como para salir corriendo en cualquier momento y viendo que había cerrado la puerta, me dijo:
—Es muy temprano para cerrar el racho m´hijo —abriendo la puerta con una mirada que era una mezcla de firmeza y ternura. Se acercó y al ver la confusión en mi cara, me preguntó:
—¿Le ha pasado algo patroncito? Esa era la forma habitual que tenía de dirigirse a los huéspedes jóvenes ya que todos le hacían acordar a los hijos de los patrones que había ayudado a criar.
—Usted sabe que sí, doña Eustaquia, pero dudo que me crea si se lo cuento. Me pasó algo en el bosque.
—Ese bosque es mágico m’hijo, mucha gente ha tenido experiencias que llaman extrañas, pero usted sabe que son lo más normal, ¿no?
—¿Cómo puede decir que esas cosas son normales? ¿Usted está loca o yo estoy quedando loco?
—¡Ay! m’hijo, m’hijo… Ustedes los de la ciudad siempre con esas cosas de la locura. ¿No se dá cuenta de que todo está vivo? ¿Acaso no puede reconocer la vida en el bosque? ¿Las plantas cuando se secan, como le llama usted?
—Le digo que se murió la planta, se secó, está muerta, punto.
—¿Y por qué le cuesta tanto aceptar que cuando están verdes están vivas?
Eso sonaba muy obvio pero jamás había reparado en ello. ¿Sería que la vorágine de vida no me había permitido tener o hacerme el tiempo para pensar en eso? El bosque era como una masa verde de arboles y nada más, si se esforzaba reconocía que era morada de varios animalitos silvestres, pero hasta allí.
—¿Qué fué lo que le pasó patroncito?
—¡Vi una luz saliendo de cada planta, de cada árbol y luego de mis brazos! Salí corriendo para acá porque me asusté demasiado, nunca me había pasado algo así antes, ¿me entiende?
La cara de doña Eustaquia se ablandó y una sonrisa tierna de abuela se dibujo en su rostro de par en par.
—¡Ay m´hijo!, lo que a usted le ocurrió acá es lo más normal. Capaz que no para todos, pero para los que estamos en paz y no estamos apurados, es cosa de todos los días. Vemos el bosque como un ser completo, la tierra es un ser completo, ¿entiende patroncito? Estos tiempos modernos, como le dice usted, han hecho que la gente se olvide que todo está vivo, parece que no se dieran cuenta, por estar tan rodeados de gris y cemento, que la tierra vive, respira, se comunica con nosotros todo el tiempo. Ven frutas y verduras en el almacén gigante ese que dicen que tienen y no se dan cuenta que salieron de arboles, de la tierra, que son sus frutos, ¿o acaso piensan que hay fábricas de naranjas? ¿Cree usted que las manzanas son hechas por el hombre?
Una vez más se encontraba ante lo obvio como si lo descubriera por primera vez, no sólo estaba abrumado por lo que le había pasado, sino que la explicación tan natural de aquella mujer entrada en años, de campo, a la que en otros tiempos hubiera tildado de ignorante, le estaba dando la lección de su vida. Por supuesto que sabía que las frutas crecían en árboles, y las legumbres venían de la tierra, pero eso era un recuerdo de un libro que le mostraron en la escuela. Nunca lo había visto con sus propios ojos, era un “bicho de ciudad” como le decía la peonada, cariñosamente, al verlo sorprenderse con banalidades de campo. Pero mas allá de esa sensación yacía una gran verdad que como una especie de click había entrado en su mente y su intelecto no podía refutar. En su cabeza había silencio, pero un silencio lleno de vida y admiración.
—¿Usted piensa que los arboles en la ciudad son de adorno nada mas? —interrumpió su cavilación la suave voz de la matrona—, ¿que los parques son de plástico? La vida está en todas partes patroncito, somos nosotros los que elegimos mirar para otro lado. Eso que usted vio no es nada raro ni sobrenatural, al contrario eso es lo natural y las ciudades tienen cosas artificiales, ¿me entiende? Pero mejor haga una cosa, vaya de nuevo adonde estaba y déjese rodear por la vida ¿vio? Que la vida está siempre deseosa de compartir con nosotros. El bosque es y siempre ha sido, nuestro gran amigo, la tierra nuestra madre, nos brinda todo lo que necesitamos, ¿se puso a pensar? Nosotros simplemente intervenimos amistosamente para que la armonía de los tiempos naturales actúen en nuestro favor, sembramos ahora para cosechar en los meses venideros y mientras tanto levantamos el fruto de lo que hicimos hace unos meses y así siempre tenemos lo que necesitamos en cada momento y no depredamos todo ahora para no quedarnos con nada y tener que esperar demasiado. Pero yo no entiendo mucho de economía, solo soy la que cuida de la casa y el huerto, pero de cosas de la ciudad no entiendo nada m’hijo.
—No se preocupe, doña, la verdad estoy empezando a pensar que no se ha perdido de nada. ¿Me prepara un matecito que me voy de nuevo al bosque?
Con una enorme sonrisa ella fue a buscar el termo y el mate, pero antes me miró con ojos profundos y amorosos. Me quedé pensando hasta donde no entendía nada o solo estaba siendo condescendiente conmigo. De todas maneras la experiencia valió la pena. Tenía mucho que meditar y aclarar en mi cabeza antes de volver a la ciudad, a lo que yo consideraba mi mundo, mi vida. Mucho estaba cambiando dentro mío, tenía que procesar lo nuevo, pero esta vez lo haría en el bosque y tomando mate, si señor.

Hace más de 1 año

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Sacra
Rango8 Nivel 35
hace más de 1 año

Y aquí al contrario, has empezado en tercera y acabas en primera.
Si hay dos hilos narrativos paralelos, uno en primera y otro en tercera igual deberías simultanear los desde el inicio y marcar de alguna manera formal (cursiva, entrecomillado...) el cambio del punto de vista. Eso o que las voces sean muy, muy, diferentes.

Miguel_Ruiz
Rango10 Nivel 46
hace más de 1 año

Listo, todo a primera, de cerquita. Gracias por la lectura y el ojo, @Sacra. Besos.