SandraMnoz
Rango7 Nivel 32 (1830 ptos) | Autor novel
#1
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Mi nombre es Julio, como ese mes insensato que deja pasar de largo a la primavera.
Si hubiese algo que decir de mí, sería que soy un artista callejero. Artista porque tengo el don de crear, y callejero porque las calles son mi lienzo, mi estudio, mi galería y sus gentes son mi arte.
Lo mío es pintar, es coger algún pincel y darle color a las ideas. ¿No te has fijado nunca en que esa tranquilidad, esa belleza del color naranja de los atardeceres, lo desprenden las personas enamoradas? Pero me refiero a las enamoradas de verdad, a las que están ya perdidas en cualquier alguien.
Al ser callejero he podido, a lo largo y ancho de mi vida, conocer a la sabiduría callejera; ella me enseñó eso de la relación entre artista y musa. Y, para ser franco, y ya que la franqueza es de lo poco que me queda en los bolsillos, nunca he creído eso de que cada don necesite una musa, un motor que le haga volar, que le haga llegar al cielo sin necesidad de moverse siquiera.
Es una chorrada grandísima.
Hasta que lo viví en primera persona del singular, hasta que me caló hasta los malditos huesos, cuando la vi.

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Jinova
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 4 años

Muy bueno e interesante. Tienes mi voto :)
Te invito a pasar por mi historia "Diario de un busca ayuda" y dejarme tu opinión en los comentarios. Muchos saludos y éxitos ;)


#2

Estaba sentada en una mesa en la terraza de una cafetería. Vale, puede que el lugar suene a la típica escena que aparece en las películas románticas, pero para mí, no hubo nada de típico en aquello, ni en ella. A mi parecer, no hubo mejor lugar en el que pudiese estar en aquel instante, que cerca de donde estaba yo. Joder, no pude parar de sonreír en un buen rato. Sobre todo al pensar en que aquello no era una película, era real.
Me di cuenta en aquel instante, que si tenía corazón y que si alguna vez fue mío, lo acababa de perder.
Sí, sí, soy consciente de que suena ridículo lo que pienso. Yo siempre he sido de esas personas que jamás apostarían por la idea del amor a primera vista. Siempre lo vi absurdo. De hecho apenas me reconocía, allí embobado cuando miraba hacia el bar, cuando miraba esa soltura con la que simplemente estaba.
Y es que no necesitaba más que estar para ser perfecta.
Entonces, decidí empezar a arriesgar, y sentarme en la mesa próxima a la suya, que estaba vacía. Me senté en la silla que me permitía mirarla de frente, por lo natural de mi postura, sin parecer constantemente que necesitaba verla.
Recuerdo que pedí un café solo cuando se acercó el camarero. Jamás he tomado café, ya soy un nervio como para sumarme más, pero estaba desorbitado aquella mañana. Había ratos en que me preguntaba si realmente aun no me había despertado, y estaba soñando. Tal vez por eso mi mente reaccionó pidiendo el café, a ver si con esas, espabilaba.
Puede que el amor que nunca di antes, bien porque creía estar enamorado de la pintura, o porque las chicas que encontré fueron simplemente chicas y no musas, en aquel momento desbordara inundándome de ese color naranja del que hablaba antes.
De qué manera movía la mano. Parecía que lo había ensayado. Pasaba hojas de un libro que leía, absorta en él, como si el resto del mundo no estuviese. Yo tampoco estaba para ella. Así que no me pude resistir, saqué mi cuaderno de dibujo y la empecé a dibujar.
Las líneas salían solas. Me di cuenta que aquella boca que estaba dibujando, sin expresión, relajada, era la misma que siempre dibujaba en mis bocetos. Era como si la hubiese adivinado antes de encontrarla.
Como si la hubiese hecho a medida, tal como me gustaba a mí.
No pude darle color, sentí que debía quedar en blanco y negro, hasta que algún día ella decidiera por sí misma, qué color tenía la belleza. Hasta que algún día ella, fuese mi propio pincel.

Hace alrededor de 4 años

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