Esu_Emmanuel
Rango13 Nivel 64 (18954 ptos) | Premio de la crítica
#1

Bien sé que ya estoy muerto, que es mi fantasma el que aún grita, que mi alma vaga en el abismo de lo que nunca habré de tocar y que mi espíritu se ha desecho en pedazos que algunos otros dedicados a la palabra habrán de tragar, porque el arte es eso; polvo translúcido que vaga por el aire, que bailotea a través de la luz buscando una nueva morada para inspirar al que le respire, de ahí que nos volvamos locos artífices de lo imposible.

Hace casi 2 años Compartir:

0

6
#2

La vida se me fue, ya los resquicios han sido tragados por la traicionera oscuridad. El aire que quedaba del último aliento —que dejaron salir mis labios secos—, se lo llevó la jubilosa muerte. Una hoja amarillenta, roída por el tiempo, yace siendo tomada por el viento que, de repente, sopla por aquí… ¡Tonta esperanza! ¡Estúpida fe! También se mofan de esas letras que dejé; grafías temblorosas, lloronas y frágiles, formando versos vacíos, grises y álgidos en el cementerio de la inexistencia. Y el fantasma que soy se pasea, cansado y añil, por entre las tumbas de sus sueños con la puta oración que, en vida, recé… «Padre Nuestro que estás en los cielos…».

#3

Tenía una razón para escribir. Hoy, simplemente, desconozco qué sea lo que me haga mover las manos sobre el teclado. Igual, al mundo tampoco le importa. Una realidad es que nunca le ha importado. Pero, entonces, ¿se escribe por y para el mundo o por y para uno mismo? Al final, ¿qué caso tiene? Cualquiera que sea la razón, sale sobrando la intención, pues, palabra que no es leída es como si no hubiera sido escrita. ¿Para qué tirar tanta tinta en palabras que pasarán desapercibidas? ¿Qué caso tiene expresar lo que se trae dentro si no harán ningún eco en el mundo?

Y de ahí que sea un fantasma… Un ser traslúcido y etéreo… Un atisbo de luz transparente al que le es imposible reflejarse en los ojos de quienes le rodean. Esa es la única realidad.

#4

"Hay cosas que no deben cambiar."

Me decía, una y otra vez, frente al espejo. Había cambiado, no físicamente, sino mentalmente. Ya no era. El espejo mentía, pues me mostraba idéntico a lo que he sido, pero olvidaba algo importante: lo que había en mi cabeza y corazón. No pude evitar sentirme confundido, ya que no me sentía yo del todo. Era una persona completamente distinta, y eso me dolía. Me perdí en mis ojos, me miré tan profundamente que un río de agua salada comenzó a fluir de ellos.

"Te extraño."

Murmuré. Pero, ¿qué podía hacer? ¿Volver atrás? ¿Buscar a ese ente que se perdió en no sé qué lugar? ¡No puedo! ¡Me duele! Y, sin embargo, miro hacia el pasado; a esa agua clara y dulce que fluía a través de las hojas de las flores... Y tiemblo. En realidad, no me importa lo que pase fuera de mí, jamás me ha importado. Lo que me duele es lo que llevo dentro; lo que era y lo que fui. Mi pasado está escrito en mis manos; en éstas que crean y tocan el corazón de ese piano que siempre me ha acompañado. Pero, ¿acaso sólo él sabe de mí y de lo que he sido y de lo que soy? ¿Acaso sólo él conoce lo que llevo dentro del corazón? Estoy seguro que si. Él lo sabe. ¿Qué puede ser más sincero que un instrumento envuelto en el silencio de la música que brota de los dedos?

A veces, quisiera irme... Así, como llegué. Entre la algarabía de un instante feliz. Tal vez , así me vaya. Tal vez, así desaparezca.

En mi desesperación, me desnudé frente al espejo. Pero, sólo vi mi humanidad latiendo. Seguía intacto. Era perfecto, pero... No me sentía así. En mi cabeza se peleaban dos voces, o más... No las conté... Ninguna era yo, estoy seguro de ello. Ninguna sabía como ese ayer que sonreía.

¿Qué hago aquí? ¿Se puede olvidar uno de sí? Inocente... Si, lo era, lo fui... Y lo perdí. Era capaz de tocar el perfume de las flores con sólo respirar su aroma a través de la paz del viento. Era capaz de sentir la voz de la lluvia al mirarla caer del cielo. Era capaz de escuchar la algarabía del viento en una noche de invierno y sonreír por saberlo feliz. Era capaz de palpar el alma de las piedras, de los objetos inanimados, de los arboles y de los pájaros... De toda materia ante mí. Se olvida uno de sí al entregarse a la vanidad, a la ilusión de la egolatría. Se olvida uno de sí al encerrarse en la vacuidad. Mas, algo late..., brilla... Algo que grita, que llora, que se lamenta... Algo que no tiene nombre ni siquiera una fecha... Nada. Ese algo me habla, me abraza, me alienta, me acaricia. Ese algo que nunca he entendido, pero que sé está ahí. He de ser más sincero conmigo. He de abrirme el corazón en el camino y esperar a que mi sangre riegue la hierva de lo que fui.

Tal vez escriba, pero no son las letras lo que me tiene aquí. Las letras sólo son la vía, mas no el motivo ni el fin. Las letras son una ilusión de la libertad que se entrega uno mismo al escribir. Se escribe para dejar salir lo que se tiene dentro de sí.

A veces, me pregunto si algún ser entiende lo que realmente estoy diciendo entre líneas. Hay tantas interpretaciones como cristales y estrellas en el mar.