Destroyedwings
Rango6 Nivel 28 (1153 ptos) | Novelista en prácticas

Rachel vive en el planeta Beta, un mundo caótico donde la única norma es vivir sin cuestionar la verdad de nadie. El lema que le repetían desde que era pequeña era "tu verdad, mi verdad".

Rachel se siente sola en su planeta, sobre todo porque ella percibe dentro de sí una voz que le exige a conocer el por qué de su vida, su inicio y su fin y percibe una sensación de claustrofobia en ese mundo tan pequeño. Es por ello por lo que Rachel no es precisamente aceptada en su planeta, y es considerada una loca
Un día conoce a uno de los Otros, del planeta Phi, cuyo nombre es tan poco aceptado en Beta como sus ideas: Dems, un chico de su edad que le demuestra que su emoción hacia lo desconocido va más allá de los límites de su pequeño mundo.

¿y qué ocurriría si Rachel se embarcase en una de las naves destino a Phi?

Historia de sweek
Beta https://web.sweek.com/story/AgNsBAADCwENAAgLB28CBA==

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AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 1 año

exige a conocer
Eso me chirría un poco.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 1 año

A ver qué tal ese viaje planetario.

AdriNear
Rango3 Nivel 11
hace más de 1 año

Hola, he leído todo y te aconsejo que revises tu obra. He notado algún que otro fallo ortográfico.


#2

Mis pies pisaban con fuerza accionados por mis enclenques piernas que se balanceaban a una velocidad rítmica llevándose por delante ramas y hojas del bosque. 

Mi cabello del color de la noche volaba tras de mí como una túnica al viento y mi piel relucía bajo la luz de los tres satélites nocturnos de Beta como un lucero en la oscuridad.

Corría y corría.

No podía llegar tarde a la Lección, o no podría entrar y tendría que sufrir nuevamente los latigazos por parte de los Maestros, cuya estricta disciplina era la única ley decentemente cumplible en Beta.

El universo se dejaba ver de vez en cuando entre las ramas de los árboles, con sus luces esparcidas en el cielo en miles de manchas de acuarelas que intentaban hacer hermosa una noche como cualquier otra. 

Entonces por fin llegué.

Entre las ramas enmarañadas que marcaban el límite de mi aldea, podía vislumbrar algunas luces que iluminaban mi rostro con el característico color anaranjado del fuego.

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AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 1 año

Es interesante lo que cuentas.


#3

Mis manos abrieron un hueco entre la espesa maraña de ramas y púas de los arbustos y árboles dejando espacio suficiente como para que una chica de mi pequeño tamaño pudiese atravesarlo sin dificultades.

Entonces escuché con atención. No, no se oían las campanas del inicio. Por hora me podía considerar afortunada.

Me quité los últimos restos de mi aventura en las afueras de la aldea (hojas secas y ramitas rebeldes que se enredaban en mi pelo) y corrí lo más rápidamente posible, ocultándose entre las sombras temblorosas de las chozas. Intentaba no hacer ningún tipo de ruido que alarmase a los vecinos. Pasar desapercibida, tenía  que pasar desapercibida. Los aldeanos se encontraban a la espera en la puerta del Templo, donde impartían las Lecciones, todos impacientes y amodorrado por el sueño.

Cuando llegué a la multitud expectante (y en parte dormida), nadie parecía haber notado mi ausencia. Por fin pude respirar aliviada. No habría aguantado otro castigo, sobre todo porque los latigazos de la última vez no habían cicatrizado del todo.

Desde que cumplí los diez ciclos (la edad mínima para asistir a las Lecciones) me las he gastado llegando por los pelos y, cuando llegaba tarde, ya iba automáticamente al Poste del Castigo, donde he perdido más sangre que cualquiera de mis vecinos.

Por fin, el resonar armónico de las rústicas campanas del Templo extendió un murmullo entre la multitud mientras las pesadas puertas talladas toscamente por nuestros ancestros se abrieron permitiéndonos entrar en el cálido interior.

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#4

De repente, mientras los vecinos pasaban bajo el umbral empujándose y señalando los mejores sitios para atender a la charla, percibí un toque en mi hombro que me hizo pegar un respingo sobresaltada. 

- Rachel. – me llamó alguien en un susurro cauteloso.

Cuando me di la vuelta, vi a un chico de cabello y piel morenos, y quizás de un tono ligeramente olivado, que me miraba con una expresión de reproche. 

- Daniel. – bufé frunciendo el ceño con hastío.- no deberías ir por ahí pegando sustos a la gente.

Daniel me miró severamente, como un padre miraría al más travieso de sus hijos y suspiró pesadamente. 

- Sabes que te arriesgas demasiado.- comentó en voz baja, asegurándose con una ojeada en barrido de que nadie nos escuchaba.- no sólo sales a las afueras, sino que también llegas tarde a la Lección. 

- No te preocupes.- sonreí con cierta picardía. – lo tengo todo bajo control. Además, ¿Qué iban a hacerme que ya no supiese? – le pregunté retóricamente, a lo que él contestó poniendo los ojos en blanco.

Daniel era mi mejor amigo, y siempre se preocupaba por mí, a tal punto de que más que un amigo, parecía mi Cuidador. Eso me crispaba los nervios. Sin embargo, él siempre me sacaba de los problemas y, como los Maestros lo tenían en alta estima, su posición le permitía tapar mis errores con prácticamente la misma frecuencia con la que yo los cometía.

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#5

Entramos en el Templo los dos juntos y nos sentamos en el suelo junto al resto de vecinos.

En el Templo habían sillas de sobra para el doble de habitantes de la aldea, sin embargo estas estaban reservadas solamente para la élite, para los Maestros y los artesanos. Que yo supiera, en mi aldea sólo habían dos artesanos, y tres Maestros, por eso me parecía una auténtica tontería que hubieran cortado árboles centenarios y malgastado horas de trabajo para tallar tantas sillas inutilizadas que podrían usar los más ancianos en vez de ese puñado de hipócritas que se hacen llamar sabios.

De repente, las luces de las lámparas de aceite atenuaron su brillo y las sombras de las columnas se alargaron sobre el suelo y las paredes como tenebrosos espíritus oscuros.

La Lección había comenzado.

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#6

Nuestra mirada fue atraída inmediatamente hacia una esquina, de la que surgió de ente las sombras una esbelta figura vestida en túnica de seda blanca y con la cintura sujeta por un caro cinturón de pelo de crines de caballo blanco bordado en oro. Todo ello costaba más que el propietario que lo llevaba, y suponía prácticamente un delito para el resto de vecinos gastar tanto dinero en semejante atuendo.

El singular hombre avanzó como un fantasma arrastrando su valiosa túnica por el suelo resaltando de esta manera su posición en la jerarquía. Cuando se posicionó en frente de nosotros, abrió sus brazos como si quisiera abrazarnos a todos y con un tono empalagoso y lento nos saludó: 

- Aprendices, saludemos al Universo.

Esto marcaba el inicio de los cánticos en honor al Universo, un ritual que repetían nuestros ancestros en nuestra de agradecimiento a los astros y a todo lo que existía por habernos creado.

Estrellas que iluminan
Poder que nos cobija
Nacidos de tu sonrisa
Las criaturas son tus hijas

No abandones a tu pueblo
No abandones a tus hijos
Nuestra alma en un quiebro
Sufriría porque te quiso

La flor de la mañana
La rosa del atardecer
No olvidan su casa
No olvidan tu perecer

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#7

Nuestras voces acostumbradas a la cotidiana melodía afinaron a la perfección en el último verso donde las notas más altas marcaban el culmen y el final de esa canción milenaria transmitida de generación a generación sin modificar ni una sola palabra. 

- Queridos hermanos. – comenzó diciendo el Maestro con su particular voz melosa que personalmente me inspiraba desconfianza. – saludos desde el pozo de la sabiduría. 

“El pozo del nido de víboras” pensé con desdén sintiendo cómo el tiempo cada vez se espesaba más fluyendo con una tortuosa lentitud que me adormecía. 

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#8

Hoy recordaré la perfección de nuestra sociedad, la exactitud de nuestras leyes que llenan de paz y orden nuestras vidas. – hizo un teatral silencio mientras todos miraban expectantes para empaparse de la antigua sabiduría del Maestro y, ante su ansiedad de información, el hombre sonrió y prosiguió con su tortura de discurso. 

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#9

– años de grandes ideas y acuerdos han creado una ley inmejorable que ha llegado al culmen en nuestros días, y, gracias a ella, hoy podemos disfrutar de la armonía de nuestra sociedad. 
“Sin embargo, dejadme, queridos vecinos, que realice un paréntesis para volver a explicaros el proceso de nuestra liberación, como hacemos todos los días en memoria de nuestra maravillosa victoria."
“Cuando nuestro planeta no tenía nombre, cuando las estrellas no iluminaban su superficie irregular y estéril, unos habitantes del espacio llegaron accidentalmente y cayeron en este mundo gris. Los primeros pobladores llevaban seres vivos nunca antes sentidos por la tierra polvorienta del planeta y, en cuanto sus raíces rozaron el suelo duro y rebelde, ese se moldeó, su consistencia se volvió semejante a la arcilla y se enriqueció de vida.”

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#10

“En cuanto el planeta se cubrió de verde y el agua estancada en los océanos comenzó a regar los campos, nuestros ancestros llamaron al planeta Beta, que simbolizaba el Mediador entre la naturaleza y la vida. Sin embargo, tras siglos de población, los habitantes del planeta Phi llegaron a Beta decididos a recuperar a los viajeros que habían perdido hace siglos, sin embargo, sólo encontraron a sus descendientes viviendo y cosechando un mundo que ya les pertenecía. Cuando nuestros queridos habitantes vieron a los del planeta Phi, no reconocieron su especie y los echaron del planeta. Sin embargo, los del planeta Phi, enfurecidos por su resistencia, atacaron con su tecnología superior a nuestros recursos y destrozaron Beta sin compasión. Pero nuestros enemigos no tuvieron en cuenta nuestro ingenio y, gracias a los refugios naturales creados en las cuevas, pudimos sobrevivir a una posible apocalipsis y, tras su ataque, repoblamos Beta.
Más tarde, los habitantes del planeta Phi, denominados posteriormente como los Otros, volvieron a Beta y realizamos una alianza de paz con ellos. A cambio de que nosotros viviéramos tranquilos y sin ataques inesperados, ellos recibirían un rehén de cada aldea cada diez años. Y con esto vuelvo a recalcar que nuestro planeta es el puro símbolo de la fortaleza, del trabajo y de la esperanza.” – los presentes en el Templo aplaudieron como marionetas de cuerda sin voluntad, y el ruido de las palmas rebotó insoportable en las paredes resonando con su espantoso estruendo por todos los rincones

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#11

los presentes en el Templo aplaudieron como marionetas de cuerda sin voluntad, y el ruido de las palmas rebotó insoportable en las paredes resonando con su espantoso estruendo por todos los rincones. – y ahora, permítanme que les anuncie una noticia que ha golpeado a nuestro planeta con un inmenso dolor por sus hijos.
Hace una semana, los Maestros percibimos un cambio de ciclo en las estrellas, y su posición nos desvela la proximidad de la fecha en la que los Otros llegarán a nuestro planeta. Dentro de aproximadamente una semana, sus naves aterrizarán en nuestros campos y sus Jefes escogerán a un rehén de cada aldea. Cómo bien sabéis, no podéis huir a las afueras de la aldea o sus Rastreadores os matarán al instante. – en cuanto esas palabras surgieron de su boca, el murmullo que se extendía entre los vecinos se convirtió en un movimiento colectivo que suplicaba al Universo piedad por sus hijos mientras otros simplemente gritaban con terror.

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#12

– hijos, tranquilizaos, por favor, - al ver que nadie le hacía caso, enfurecido, exclamó – ¡quien no deje de gritar como un condenado ahora mismo será azotado en la plaza! – tan pronto como dijo eso, los vecinos se calmaron inmediatamente como si les hubieran cosido la boca y dormido las extremidades. Con un gesto nervioso, el Maestro se frotó las sienes pacientemente esperando a que el silencio fuera tan absoluto que ni el eco residual que aún sonaba lejano se pudiese escuchar. Entonces, cuando lo consideró oportuno, habló fingiendo serenidad. – como todos sabéis, la llegada de los Otros será anunciada el mismo día por la madrugada, y la selección dará lugar una semana después del aterrizaje de sus naves en nuestro planeta. Les recordamos que no se muestren hostiles ante los Otros por vuestra seguridad personal y colectiva y, en caso de agresión a los Otros, el castigo es la muerte. – el Maestro realizó una reverencia a modo de despedida y murmuró. – pueden marchar.

Antes de que el Maestro desapareciese entre las sombras, los vecinos se pusieron en pie y practicaron una reverencia que duró hasta que la brillante túnica de seda se ocultó tras una oscura esquina.

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DanaMaat
Rango12 Nivel 55
hace más de 1 año

Increíble historia estoy enganchada a ella y espero que la continúes para conocer el destino de Rachel. @Destroyedwings

Destroyedwings
Rango6 Nivel 28
hace más de 1 año

@DanaMaat muchas gracias!! ¡Tengo un capítulo a punto de caramelo listo para ser publicado! ¡Me encanta que te guste!


#13

Cuando salimos del Templo, no había otro tema que no fuese la llegada de los Otros, el temor y la incertidumbre de su decisión. 

La gente enloquecía ante la simple idea de que nos arrebataran a uno de los nuestros, y nos estremecía el hecho de pensar lo que podrían hacer los Otros con los Rehenes que escogiesen. 

Yo aún recordaba el terror con el que vivimos la última vez que vinieron los Otros a Beta. Yo tenía seis años en aquel entonces y, a pesar de que haya pasado mucho tiempo desde la última Selección, aún navegan en mi mente las escalofriantes imágenes de las naves aterrizando y destruyendo nuestros campos, de esas personas de aspecto neutro y con su piel de un tono blanco estéril que salían de esos vehículos del infierno. 

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#14

Todavía intento olvidar los gritos, los insultos de los vecinos a los Otros, los condenados a muerte a causa de la violencia hacia los "visitantes" y, lo peor de todo, recuerdo el rostro de esa persona que sé que nunca más volveré a ver. 

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#15

A quien escogieron la última vez fue una chica de trece años que se llamaba Ross. La recuerdo porque, cuando yo era pequeña, alguna vez se quedó en mi casa cuidándome por las noches cuando mis Cuidadores asistían a las Lecciones. Ella, al ser la niñera de la aldea, era una de las pocas personas de más de diez años que podía ausentarse durante las Lecciones. 

Fue un duro golpe la pérdida, ya que todos los niños la queríamos y aún es difícil de olvidar cómo los críos corrían detrás de Ross lloriqueando y suplicándole que se quedase mientras ella desfilaba escoltada por los Otros hacia una nave que la llevaría muy lejos de Beta.

Ahora, al no tener niñera, los niños tenían que ir al Templo a altas horas de la noche acompañando a sus Cuidadores, y, personalmente, estaba un poco cansada de los mocosos que se quejaban durante todas las Lecciones a causa del cansancio.

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#16

Por las estrechas y oscuras callejuelas sinuosas de la aldea iluminadas en escasos tramos por antorchas y por las ventanas iluminadas de algunas viviendas, iba caminando en busca de mi choza, donde suponía que ya estarían mis Cuidadores encendiendo la chimenea y preparando la casa para dormir. 

Mi choza estaba en las periferias, un lugar muy pobre y austero en comparación con las majestuosas viviendas de los Maestros y de los artesanos situadas en el centro de la aldea, con tantas habitaciones como las que nos faltaban al resto de la población. 

Sin embargo, el único inconveniente de las casas de la periferia no era el tamaño, sino el peligro de encontrarse en el límite de la aldea, cerca del bosque, donde las bestias solían deambular durante las noches por las callejuelas, y alguna vez se había dado el caso de animales salvajes entrando en las chozas con los dueños de la casa durmiendo, quienes al día siguiente se encontraban la vivienda con las cosas revueltas. 

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#17

Cuando giré una pronunciada esquina, encontré mi casa en frente y, tal y como había predicho, olía a madera de pino quemada y una leve luz anaranjada se filtraba por los bordes de la puerta y de las ventanas cerradas. 

Mis Cuidadores se habían adelantado. 

Me acerqué a la puerta y, apartando a un lado la cortina de cuentas de madera, la abrí accionando la cerradura con la gastada duplicación de la llave de la casa que mis Cuidadores encargaron hace tiempo al herrero de la aldea, el segundo artesano más rico después del sastre. 

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#18

- ¡ya estoy en casa! - vociferé en cuanto pasé el umbral.

 - ¡te estábamos esperando, Rachel! - exclamó la voz de Miriam, una de mis Cuidadores, desde la cocina-comedor-salón-cuarto de invitados. - has tardado mucho ¿te has vuelto a entretener con Daniel?

 -no, esta vez no. - contesté mientras dejaba la llave en el gancho de la entrada. 

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#19

Yo tenía sólo dos Cuidadores, pero eran los mejores: Anthony el hombre más bondadoso de la aldea, a quien llamaba Anthy, y Miriam, una mujer trabajadora con un corazón cálido y dulce. 

Otros chicos de la aldea tenían tres Cuidadores, e incluso cuatro, pero a mí me bastaba con tener sólo dos. Entre los Cuidadores no existía ningún tipo de vínculo matrimonial, ni siquiera los niños que adoptaban eran suyos

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#20

Crucé el umbral del hoyo escavado en la pared de adobe que daba paso al comedor-salón-cuarto de invitados y ahí encontré a mis Cuidadores alrededor de la mesa sentados sobre la gastada alfombra. 

En cuanto entré, ellos desviaron sus miradas de la mesa y me sonrieron amablemente invitándome a sentarme junto a ellos, sin embargo, veía tras su mirada una sombra de miedo y pena. En el momento supuse que sería por las noticias sobre los Otros. 

Entonces me fijé. La mesa estaba puesta

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#21

Ante su negativa a responderme, escaneé la habitación con más precisión, y es cuando lo vi: entre las sombras bajo el cobijo de una columna había alguien. No pude verlo hasta entonces, pues sus vestimentas del color del adobe se camuflaban a la perfección con la pared, y la capucha que ocultaba su rostro no ayudaba mucho a descubrir su identidad. 

- Rachel, deja que te lo expliquemos… - intentó convencerme Miriam quien se mostraba entre nerviosa y con miedo por mi posible reacción. 

- Que se identifique antes ese hombre. – contesté cortante dispuesta a saber quién había entrado en mi casa. 

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#22

El hombre, quien anteriormente no parecía tener ningún interés en identificarse, por fin tomó la iniciativa y salió de entre las sombras. Con la misma parsimonia, acercó sus manos a la capucha y lentamente fue descubriendo su rostro hasta que finalmente lo reconocí: 

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#23

Era Rodric el Maestro más joven de la aldea. 

Rodric, a pesar de tener solamente veinte ciclos, era un Maestro e ingresó en la esfera de la élite hace dos ciclos, pero no por ello ese muchacho era menos ladino que el resto. 

Don de gentes, autoritario y de mente retorcida: se podría decir que él era el perfecto prototipo de Maestro. 

Me repugnaba la simple presencia de ese tipo. 

- ¿Qué hace este hombre aquí? – pregunté lentamente mientras sentía que la repugnancia y el odio crecía dentro de mí como un veneno letal. 

- Rachel. – se apresuró a decir Miriam quien estaba comenzando a sentirse asustada. – por favor, deja que te lo expliquemos. 

- ¡QUE HABLE ANTES ESA RATA! – exclamé con la furia haciéndome temblar y tensar la mandíbula. 

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#24

Miriam miró a Rodric con una expresión apurada y me miró a mí intentando hacerme ver que “la estaba avergonzado”.

 Entonces, Anthony quien había permanecido callado durante todo este tiempo, tomó la palabra sin perder la calma en ningún momento, me miró a los ojos inexpresivo y soltó una bomba silenciosa que creó en apenas unos segundos un ambiente tenso en la habitación y me dejó con el aire clavado en mis pulmones.

 - Rachel, él es tu prometido

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#25

La expresión de perplejidad en mi cara lo decía todo: no me lo esperaba en absoluto.
- ¿Qué? - barboté intentando ordenar las ideas de mi cabeza que revoloteaban como moscas despavoridas.
Mis Cuidadores parecían apurados, con miedo y un poco de pena. Yo estaba estupefacta, con la boca abierta de
par en par como las puertas del Templo. Y Rodric, él simplemente sonreía complacido ante la tensa escena
familiar que se había creado por su culpa.
- Rachel, deja que te lo expliquemos... - intentó decir Anthony, quien se acercaba a mí extendiendo un brazo en
un intento consolador.
- pero, ¿Por qué con ÉL? - grité esquivando su brazo y con la mirada en llamas confusas.

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#26

Miriam miró hacia el joven Maestro, luego me miró a mí con un gesto que decía muy claro "deja de hacer
tonterías"
- ¿Podemos hablar de esto a solas? - siseó Miriam, quien estaba comenzando a sentirse un poco cansada de ser
políticamente correcta delante de Rodric.
- No. - dijo Rodric

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#27

Todos giramos nuestras miradas hacia el "invitado", quien no había mostrado interés en hablar hasta ese
momento. Por unos segundos, el silencio se condensó retumbando en los oídos.
- Tú aquí no mandas. - escupí mis palabras llenas de odio y de rencor hacia ese ser del diablo, quien sonreía
intentando parecer benévolo, cuando en realidad mostraba superioridad.

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#28

- Querida, - comenzó diciendo Rodric con sus palabras cínicas llenas de veneno de víbora. - soy tu prometido, y
un Maestro de la aldea, y por mi posición superior a la tuya y a la de tus Cuidadores, me veo en la necesidad de indicarte que las únicas normas cumplibles en esta casa son las mías.
Su contestación hizo que mis mejillas se coloreasen de rojo y que algunas lágrimas de rabia se escapasen de mis ojos. Apreté con fuerza los labios intentando no perder el control y me giré dando la espalda a mi "prometido".
- Rachel, por favor... - susurró Miriam quien, por su voz quebrada, se notaba que estaba a punto de llorar.

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#29

- ¡NO! - grité girándome en su dirección durante unos leves segundos. Miriam tenía los ojos ligeramente rojos e hinchados como lo estaba también su nariz. No me podía creer que me hubieran hecho esto. - Necesito estar sola. Adiós.
Y con el corazón palpitando rabioso y las manos en puños, me dirigí hacia el dormitorio de la casa.
Necesitaba estar sola.
Para hacer un plan.

✴️✴️✴️

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#30

La luz del Universo se dejaba ver de vez en cuando entre la paja que hacía de techo en la habitación- dormitorio.

Mi cabeza no dejaba de pensar, no podía siquiera dormir, a pesar de que me encontraba exhausta.
Era horrible recordar lo que habían sido capaces de hacer mis Cuidadores sin consultarme. ¿por qué lo habían hecho? La razón de ese pacto sólo lo saben ellos, Rodric y el universo.

Lo peor de todo es que sé que lo hicieron por mi bien, o al menos lo que ellos consideraban mi bien. La rabia crecía en mi interior como una planta venenosa, como la hiedra que se come el alimento de las flores matándolas de hambre.

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#31

No entendía y seguía sin entender, ¿por qué Rodric? ¿por qué escogieron a un Maestro para que tomase mi mano? Era muy joven, tenía toda la vida por delante. No podía permitir que me cortasen las alas.

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#32

Estaba tumbada boca arriba, con mis ojos brillando por el reflejo multicolor del Universo. No observaba, solamente miraba. Observaba cómo las preguntas se acumulaban en mi mente, me provocaban jaqueca, pero al menos me hacían saber que aún podía pensar.

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#33

Sólo el universo sabía cómo me iría en un futuro con Rodric como esposo. Tenía miedo. Sí, tenía miedo de que mi libertad me fuera arrancada de mis derechos. En este contexto odiaba Rodric, le odio todavía. Él era un Maestro, un manipulador de mente retorcida y llena de pensamientos oscuros disfrazados de luz. Lo que se dice un lobo vestido de oveja.

De repente escuché unos pasos descalzos que se acercaban a la habitación. Me acurruqué aún más entre las mantas haciendo que dormía, sin embargo respiración entrecortada me delataba.

Hace más de 1 año

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#34

La luz del Universo se dejaba ver de vez en cuando entre la paja que hacía de techo en la habitación- dormitorio.
Mi cabeza no dejaba de pensar, no podía siquiera dormir, a pesar de que me encontraba exhausta.
Era horrible recordar lo que habían sido capaces de hacer mis Cuidadores sin consultarme. ¿por qué lo habían hecho? La razón de ese pacto sólo lo saben ellos, Rodric y el universo.

Hace más de 1 año

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#35

Lo peor de todo es que sé que lo hicieron por mi bien, o al menos lo que ellos consideraban mi bien. La rabia crecía en mi interior como una planta venenosa, como la hiedra que se come el alimento de las flores matándolas de hambre.

No entendía y seguía sin entender, ¿por qué Rodric? ¿por qué escogieron a un Maestro para que tomase mi mano? Era muy joven, tenía toda la vida por delante. No podía permitir que me cortasen las alas.

Estaba tumbada boca arriba, con mis ojos brillando por el reflejo multicolor del Universo. No observaba, solamente miraba. Observaba cómo las preguntas se acumulaban en mi mente, me provocaban jaqueca, pero al menos me hacían saber que aún podía pensar.

Hace alrededor de 1 año

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#36

Aviso:

Continuaré la historia en una segunda parte. Si no os habéis leído la primera, no podréis leer la segunda.