Sombra77
Rango10 Nivel 46 (4732 ptos) | Fichaje editorial
#1

El inicio de una serie de historias que cuentan cómo el personaje pasa de estar encerrado en la oscuridad eterna a estar sobre la tierra en busca de venganza esclavizando almas y robando cuerpos en que habitar.

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#2

Las voces invocaban lamentos pero él las dilataba, las ahogaba en pensamientos de fortuna, en pensamientos vengativos y de destrucción, las callaba en cada paso andado, pues se alejaba de esa oscuridad en la que estuvo atrapado durante eones, ahora era la cárcel de aquellos que había engañado, de aquellos que había condenado, las voces malditas, las voces de las víctimas.

Se dirigía a ese lugar que los mortales llamaban infierno, iba solo y portaba el cuerpo de una mujer humana, de cabello purpura, piel clara y ropas oscuras, su mirada era la mirada de la ira y melancolía y en su corazón no habitaba luz, pensaba regalarle a ese lugar el mismo destino que había dado a el santuario que había visitado antes, el mismo destino que mucho tiempo atrás le dieron a él, su memoria era cada vez más clara así como su poder cada vez mas fuerte, por lo que a su mente volvía uno a uno los recuerdos perdidos en la oscuridad, en esa oscuridad que corrompe, comprime y degenera a los malditos enviados a ella, para contenerlos y deteriorar su existencia, descomponerla, pero él fue fuerte y paciente y termino por hacerse dueño de ella, hacerse portador de su esencia y escapar de allí, después, como un ser sin cuerpo vago por las sombras hasta hallar la forma de volverse fuerte de nuevo y poner en marcha su plan de venganza.

Consumió seres, uno cada vez mas grande, robando sus cuerpos hasta llegar a un humano, él conocía bien sus corazones y se aprovecho de eso. Las voces invocaban lamentos, historias de sus infortunios y temor, él conocía cada una de ellas por que era lo que temían, estas son algunas de esas historias.

Hace alrededor de 1 año

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#3

#1
Maldad

Al acorralarla el zorro dijo a la gallina que parecía no estar aterrorizada por aquella situación,

"no te preocupes, no sentirás nada",

y en el instante en que se lanzó encima de ella,

ella, sin ni siquiera intentar huir

hizo un gesto de confiada malicia;

después del impacto y de reírse a carcajadas diabólicamente corrompidas,

dijo al zorro:

"Eres bueno en tu papel, pero yo, no lo soy en el mío",

y mientras decía esto,

su sombra cambiaba de forma,

Frente al petrificado zorro.

Hace alrededor de 1 año

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#4

#2 Kumo y la luz de la luna

Existen malas decisiones que tras la intervención del miedo nos llevan a actos irreversibles y sucesos ante los que angustiosamente no podemos hacer nada, además cuando no se nos es posible escapar y las opciones se limitan a unas cuantas, sucumbimos a la desesperación, a veces está nos lleva a la locura, imaginamos y sentimos cosas más allá de lo real, a tal punto que nos creemos libres aun observando las cadenas que inconscientemente dejamos atar, creemos vivir una verdadera realidad; Pero hay ocasiones en que pierdes por completo el sentido y ya no distingues que es real y que es falso, tal cosa fue mi pecado y como pago fui a parar en aquel lugar, ese lugar seco y deshabitado. Solo quería cambiar mi vida, ésa a la que no le encontraba sentido, escape de ella dejando atrás todo, mi familia, mis amigos, mi país. Cruce ilegalmente la frontera, ahora estaba allí abandonado por esos malditos de la caravana, engañado y perdido en medio del desierto, lo único que tenía que hacer era caminar hasta quimitari la ciudad más cercana en Misur y fue lo único que hice, caminé y caminé sin notar ningún avance, solo montañas de arena y un sol insoportable no sé en qué estaba pensando pero tendría que valer la pena. Las horas pasaron hasta caer la noche, creí que estaría mejor así, que se me haría más fácil avanzar pero estaba helada; el cambio brusco de temperatura me afectó y potencializó mi agotamiento, tenía mucho miedo estaba solo y temía no salir, temía morir y que mi cuerpo no fuera encontrado, no era un chico atlético, estaba muy cansado; no quería parar, tenía la perseverancia de salir de allí antes del amanecer pero el cuerpo no me respondía más y caí boca abajo sobre la arena fría, el instinto de supervivencia hizo que diera media vuelta y entonces abrí los ojos y la vi iluminando esplendorosa la luna rojiza, tan cerca que tuve la sensación de poder tocarla con solo extender mi mano, estaba allí rodeada de tantas estrellas como nunca había visto, fue una vista magnífica que solo duro unos segundos por que la oscuridad sin anunciar penetro en mí y cubrió mis ojos. Al despertar no supe en donde me hallaba ni como había llegado hasta allí, extrañado me puse de pie y observé con asombro un lugar que fácilmente se confundiría con el paraíso, con múltiples prados bañados de hermosos colores y aromas, un bosque que rodeaba todo con árboles de distintas clases y un pequeño río que alimentaba un no muy extenso lago que desde lejos me encandelilló con los rayos de sol reflejados. Al acercarme sentí el deseo de sumergirme y refrescarme así que lo hice y mientras estaba en aquellas aguas me pregunté cómo fue que resulté allí después de haberme desmayado, sé que no fue al caminar dormido, lo más fácil sería haber sido encontrado por alguien o traído por las personas de la caravana que tras apiadarse de mí me rescataron seguramente de una muerte odiosa o quizás cualquier otra persona ya que desde el inicio descarte la posibilidad de estar viviendo una fantasía pues todo era muy real.

Hace alrededor de 1 año

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#5

Permanecí quieto, perdido en mis pensamientos durante un largo rato hasta que un fugaz movimiento en el bosque me advirtió bruscamente que no estaba solo, confirmado tras la visión de una pequeña silueta a la sombra de un enorme arboral, no tuve otro deseo más que el de conocer qué era, así que rápidamente salí del agua y corrí hasta allí, con la sorpresa de hallarme ante un anciano con ropas harapientas y desgastadas, con ojos hundidos y nublados que miraban con alguna clase de tristeza. Lo saludé y pregunté si estaba bien, mientras me le acercaba para detallarlo mejor; el solo no dijo nada y permaneció inmóvil, así que volví a hablarle para preguntarle sobre aquel lugar y esta vez rompió su silencio pero en vez de hablarme sobre lo que pregunté pidió comida sin dejar de verme siempre tan fijo; yo no traía nada entonces sugirió alcanzarle algunas frutas de unos árboles no muy lejos, dijo que ya estaba muy viejo para tomarlas sin ayuda, eran tres árboles juntos pero diferentes uno del otro, cada uno daba un fruto distinto, acepté y nos dirigimos allí, mientras caminábamos el viejo no hizo ningún ruido más que el de sus pies descalzos en la tierra y las hojas secas, no mencionó ni una sola palabra pero mientras le alcanzaba los frutos le pregunté de nuevo sobre ese lugar en que me encontraba sin idea de cómo haber llegado, sin embargo la respuesta del anciano me extrañó pues dijo que ese era un lugar sin tiempo, no entendí y se lo hice saber, entonces respondió que no necesitaba saberlo, no necesitaba saber más y justo después de decirlo se marchó; antes de irse, mientras se alejaba me advirtió que si no quería terminar mal debía cuidarme de las telarañas y abrir los ojos.

Caminé preguntándome de qué hablaba el viejo, se me ocurrió que estaba loco así que proseguí en mi viaje aunque sin saber hacia dónde, solo que esta vez tenía más esperanzas al menos ahora contaba con más posibilidades. Al pasar varias horas me fijé qué por más que caminara parecía como si no avanzara, me sentía atrapado caminando en círculos, era extraño pero aun sabiendo esto seguí avanzando y fue así hasta que por fin llegué a una colina donde se podía ver gran parte del lugar, se podía ver muy lejos. El sol casi oculto y la luna ya posada y valles manchados con los más vivos colores "este es un bonito lugar" escuché decir con una voz suave y dulce. "no eres de por aquí" de nuevo escuche de la misma voz, la escuche detrás de mí, giré y la vi, a una mujer hermosa, más bella que cualquier cosa que haya visto, inmediatamente sentí como todo mi cuerpo se paralizaba por aquélla belleza, por esos ojos negros con una chispa amarillosa y cuatro peculiares puntos sobre ellos en su frente y su cabello blanco, largo y liso "hola soy tu destino" dijo sonriendo con un gesto que desestabilizó mis sentidos, una sonrisa como nunca había sentido, una sonrisa que compartimos, no me di cuenta cómo me presente ni lo que sucedió después, solo supe que caminamos juntos y me tomó de la mano, suspiré todo el tiempo, me sentía en una burbuja de felicidad. Platicamos sobre aquél lugar y sobre muchas otras cosas de mi vida, corrimos jugueteando hasta llegar casi la media noche. Nos tiramos en el suelo observando tomados de la mano las estrellas y esa luna, esa luna que esta vez estaba amarillosa, maravillosa, aunque hermosa daba una sensación terrorífica, todo fue perfecto, nunca estuve tan feliz. Hubo unos minutos de silencio hasta que lo dijo "quédate conmigo, quédate conmigo para siempre" se levantó y puso de rodillas, yo hice lo mismo sin dejar de verle a los ojos y volvió a mencionarlo "quédate con migo para siempre" yo asenté con la cabeza. Soy un hombre lleno de sueños y creía tener uno en frente, cómo negarme a él. Nos acercamos para crear un beso que encajaría perfectamente con mi rara felicidad, pero antes que se sellara, antes de cerrar los ojos creí ver al viejo parado detrás de ella y mientras tenía los ojos cerrados vinieron a mí las palabras de ese anciano y sentí miedo, así que rápidamente abrí los ojos y en un segundo vi como la silueta del viejo se desmoronaba en cientos de arañas que luego sentí subir por mis piernas; lo que más me espantó fue ese ser grotesco y horrible con seis odiosos ojos, horrendas patas flacas y largas y un cabello abundante y blanco que parecía no tener gravedad, ese ser que se erguía ante mí, ante mi miedo, quebrando mi sueño y mis esperanzas; no pude ni gritar, solo estaba allí sin poder moverme pero horrorizado y con el alma que se me escapaba y no fue más pasados dos segundos después de abrir los ojos que escuché su primer y eterno grito, frenético, con esos terribles, manchados y mellados colmillos que amenazaban con destruirme y no fue más que suficiente su chillido para lanzarme por los aires unos cuantos metros precisos para sentir poder escapar. Sin mirar atrás eché a correr con el corazón más agitado que nunca y mientras corría sentía cómo sus patas sometían violentamente la tierra, escuché esos chillidos que de alguna forma me animaban a correr más deprisa, sintiendo cada vez más lejos sus pisadas, sin saber hacia dónde corría me adentre en el bosque, tomando así más ventaja, escuchaba como ese horrible y demoníaco monstruo derribaba decenas de árboles. Creí que podría salir de esa situación, mantenía una chispa de esperanza, al menos la luz de la luna fue buena conmigo y me tranquilizó una pizca suficiente para examinar y percatarme que en este bosque se sentía una soledad infinita, como si se robara la alegría, como si no existiera la felicidad; un bosque fantasmal con una niebla y un frío macabro y esos árboles marchitos y retorcidos, pútridos. Me detuve por completo, esta vez no escuche nada, ni siquiera sus pisadas ni sus chillidos, tal vez dejó de perseguirme pensé pero no debí confiarme porque cuando lo hice terminé de sellar mi maldición, ya no podía hacer nada, ya todo estaba listo. Un corrientazo recorrió todo mi cuerpo después de sentir un picazo seguramente de una araña algo que me hizo más torpe, más lento, casi no podía moverme así que no pude continuar en mi huida, no pude seguir avanzando, entonces escuché un gran estruendo como si hubiera caído un objeto a la tierra desde una altura increíble, era ella. Mi terror, que no pudo ser más intenso, no podía escapar, era inútil, estaba paralizado y sin fuerzas y ella, ella tranquila enfrente observándome. Sentí cómo el corazón quería salirse del cuerpo cuando empezó a acercarse lentamente con esa sonrisa. Quién sabe qué fatalidad me espere, quizás el destino tenga para mi algo más horrible que la muerte misma. Derrotado caí al suelo y al percatarme que podía moverme no se me ocurrió más que contemplar por última vez la luna, extendí mis manos con intención de suplicarle ayuda de alguna forma, ésta me las iluminó con sus embrujados destellos confundiéndome con un nuevo terror pues mis manos estaban esqueléticas. Lancé una confusa mirada a mi compañera pero asombrosamente ella ya no estaba ni tampoco el bosque fantasmal ni la terrible luna amarilloza, de nuevo me encontraba en el desierto nocturno debajo de la imponente luna rojiza, donde reinaba el silencio. Sin comprender todavía lo sucedido caminé un poco con alivio; no por mucho pues creí ver una sombra tirada en la arena, se trataba de una persona. Creyendo haber encontrado la salvación corrí curioso hasta estar tan cerca para reconocerlo, al hacerlo sentí un escalofrío que me heló hasta el alma, aquel cuerpo no era otro más que el mío. Era una locura, jamás había sentido tanta confusión mucho menos tanto horror; sin embargo aún venía lo peor, una concentración de sensaciones indescriptibles, paralizantes y fulminantes producto de enterarme lo que sucedía cuando el cuerpo abrió los ojos frente a mí con una sonrisa malvada, con esos ojos increíblemente negros con una chispa amarillosa y cuatro peculiares puntos sobre ellos, en su frente. Fue desde entonces cuando para mí la luna dejo de brillar y las tinieblas lo cubrieron todo, el silencio continuó reinando, desde entonces nunca más fui libre, nunca más estuve sólo.

Hace alrededor de 1 año

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#6

#3
Sombra La melodía de su desolación

Sombras... sombras
La perversidad me atrapa, no lo niego, no he sido ajeno a ella; debo decir que nadie lo es, en cada uno de ustedes se aloja, aunque sea una partícula que se manifiesta constante, así sea en actos o meros pensamiento, a veces estaba más allá del entendimiento y no crees hasta que la ves sonriéndote. Te engaña, te deslumbra, te seduce y hasta llegas a quererla o amarla pero por más que sea tu cariño no perderá su esencia o su objetivo, sólo terminas cediendo mientras acaba contigo y se burla. Tinieblas y tinieblas. Eres su diversión y te hundes, te hundes en su oscuridad, desvaneces y allí, en ese momento dejas de existir por que le perteneces.

Oscuridad...Oscuridad.
Teníamos planeado acampar unos días en un bosque que no conocía al norte de la ciudad, estaba esperándola en mi apartamento escuchando el álbum de una banda que me recomendó "eterna desolación", aunque no recuerdo el nombre del grupo sé que el género era algo así como un metal, sólo salvaba la melodía de violín que me gustaba silbar, lo demás no era de mi gusto, pero si el de ella. La amé desde la primera vez que la vi, desde que llegó a vivir cerca a mi trabajo, aún recuerdo ese día, aún la puedo ver con claridad mientras me sonreía, esa sonrisa... fue su sonrisa justamente lo que me enamoró, pero a pesar de llevar casi dos meses de noviazgo no sabía mucho de su vida, era algo misteriosa y eso me gustaba, por eso cuando sugirió acampar en ese bosque lleno de leyendas acepté, solo quería estar cerca a ella y es extraño porque ahora por más que lo intente no logro recordar su nombre, ni siquiera recuerdo el pretexto por la que no me acompañó, sólo recuerdo que se las arregló para convencerme de que viajara sólo, dijo que sería la oportunidad perfecta para sacar experiencias y darme una idea de la vida de un ermitaño ya que yo llevaba tiempo con la idea que mi siguiente libro tratará de las experiencias de uno, además dijo que era bueno que fuera sólo y que me familiarizara con la oscuridad del bosque pues ella me alcanzaría en unos días.

Cuando llegué y me vi ante aquel bosque, sentí una clase de llamado, como si algo me atrajera adentro. Cientos y miles de árboles imponentes que mecían sus ramas en las alturas, inmensos y bellos eran aquellos gigantes. Recuerdo que caminé sin saber hacia dónde, solo admiraba cada árbol, cada animal y cada insecto, cada detalle, estaba como en medio de un trance o sueño, hasta que llegó el atardecer y tuve que armar el campamento, y en esa tarea me sorprendió la noche que sentí mucho más fría en ese bosque a pesar de la fogata, me senté frente a ella y me hallé ante una soledad infinita, de esas en las que nos refugiamos los poetas y escritores para inspirarnos y escapar de nuestras angustias, o sumirnos a ellas, de esas soledades con las que seguramente conviven los eremitas o los que son ajenos o excluidos de una sociedad que los hace sentir como me siento ahora, como si fuera el último de los hombres y estando allí, en esa soledad escribí, lo hice como nunca, era como si la noche y el bosque mismo contarán la historia y me usaran como pluma. Pasé largas horas escribiendo, estaba extasiado, sumido en mi empresa, pero sucedió algo que me hizo parar, fue un vibrar, un miedo sin razón, por un instante percibí una presencia observándome en medio de los árboles, no supe qué hacer porque luego no sentí nada, solo estaba yo en medio de esa oscuridad que combatía las leves llamas de la fogata, no pude seguir con mi tarea, así que dormí y decidí que aquella sensación estuvo solo en mi cabeza.

A la mañana siguiente decidí mover el campamento, pero no lo suficiente para extraviarme lo menos posible y continuar por mi exploración por aquel santuario que era para mí ese bosque en el que no pronunciaba ni una palabra, y así pasé el día entero y en la noche escribí y de nuevo lo hice con la misma efervescencia de la noche anterior, no sé si era la hora o el lugar o la historia que me apasionaba tanto; nunca antes lo hice de tal forma, asumí que deberían ser ambas, la noche, esa soledad y la historia, que trataba de un anciano solitario alejado desde su juventud de la civilización y que al final de sus días encontró un libro maldito que contenía hechizos y pócimas de distintos tipos, conjuros, rituales y frases de invocación todos inventados por mí. Construí completamente el libro del cual el viejo ermitaño se valió para volver a ser joven y adquirir un poder que al final lo traicionaría. De nuevo pase extensas horas escribiendo aquel libro y una vez más sentí que algo me observaba y otra vez el mismo miedo me invadió, pero me tranquilicé pensando en ella y continúe hasta quedarme dormido. Desperté sudando pues había tenido pesadillas. Pasé ese día pensando en lo sucedido en las dos noches, me rehusaba a creer que era algo más allá que ideas en mi cabeza, pero también pasé el día lleno de maravillas en ese bosque que me enriquecían de buenas experiencias y bonitas sensaciones junto a mis constantes silbidos. La noche no fue diferente a las dos anteriores salvo que la sensación de ser observado se produjo en dos ocasiones y así como pasaron esos tres días y sus tres noches, pasaron tres días más de largas caminatas diurnas he interrumpidas horas de escritura nocturnas por lo que fuera que estuviera merodeando y de vívidas e intensas pesadillas en las que yo era un joven perdido tras el deseo de escapar de su monótona vida y engañado por una clase de demonio insecto que lo deslumbró en su apariencia de mujer y que al final lo despojó de su cuerpo.

Hace alrededor de 1 año

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#7

A la mañana del séptimo día algo nuevo pasó, desperté con la melodía de violín en mi cabeza y aunque al comienzo me fue grata porque al cerrar los ojos sentía y recordaba estar junto a ella y la silbaba, después de varias horas se me hizo insoportable pues no podía desprenderme y resonaba sin cesar en mi cabeza hasta que una sensación la detuvo y la sustituyó por un pavor terrible que me estremeció, de nuevo sentía ser observado, era la primera vez que se producía de día y fue diferente y más intensa pues sentí que una terrible cosa me acechaba, temí hasta querer salir corriendo, pero no había hacia dónde porque la sensación venia de todos partes, me estremecí al soplar un viento frío y desesperé, me arrojé al suelo y grité espantado y el mismo grito me asustó más porque, aunque sabía que provenía de mi lo escuche aterrador, como un desgarre. Luego del grito cesó la impresión y me tranquilicé, pero cuando me disponía a levantarme se produjo un horror casi de muerte al ver lo que creí en ese momento era la presencia que me atormentaba cada noche, era una bruja o al menos lo parecía, una anciana con apariencia grotesca, cabellos enredados y canosos, piel arrugada y gastada y esas ropas sucias y harapientas que me observaba con ese odioso ojo blanquecino y mirada perturbadora, pero al hablarme y romper ese silencio que me pareció eterno desapareció el miedo, preguntó si estaba bien y aunque no lo dijo pensé que había acudido a mi grito, me levanté y me hizo una nueva pregunta algo extraña, preguntó si había visto un bebé que según ella había perdido su hija en las cercanías, pero al recibir mi negativa se marchó sin volver a pronunciar palabra. Por ese acto imaginé que no me encontraba tan adentrado en el bosque, pero mi temor era real, ya estaba convencido de eso, por alguna razón algo me observaba, quizás no pertenecía a nada que yo conociera por esto decidí olvidarme de todo lo demás y terminar lo que estaba escribiendo que era lo único que me ataba a ese lugar, olvidando también que ella prometió venir y lo hice, escribí y escribí construyendo esa historia y el muy bien elaborado manual maldito de la misma. Conforme pasaban las horas la sensación crecía, era como si te hallaras frente a algo desconocido pero que sabes retorcido y diabólico, malvado, como si olieras la muerte, pero fui fuerte y resistí solo en ese oscuro bosque pues la recompensa valía la pena.

Al octavo día noté que las hojas de los árboles envejecían muy rápido, el ambiente se hizo de un silencio infinito y seco, pero supe continuar en pie, aún más en la noche de casi luna llena cuando los espíritus toman más fuerza. Al final del noveno día me vi ante mi obra terminada, descansé y todo pareció tranquilo, todo a lo que temía cesó; y al caer el sol me vino de nuevo la melodía de violín, la luna llena se puso mostrando el mayor pavor vivido hasta ahora, cuando vi en ese bosque de árboles retorcidos que desprendían de sus ramas marchitas sus miles y miles de hojas muertas, el panorama de mis noches de ensueño en ese bosque de mis pesadillas iluminado por sus rayos plateados. El resonar de violín continúo en mi cabeza y de nuevo se produjo el insondable temor de ser observado por algo maligno, desesperé y quise salir de ahí, no me importaba si era de noche o si me perdiese más en el bosque solo quería que todo eso pasara, así que tomé mi libro, la linterna y una herramienta para defenderme abandonando mis demás pertenencias. Mientras corría se hacía más clara la melodía impidiendo que escuchara los sonidos del ambiente y sin ninguna razón me vi susurrando el nombre del álbum "eterna desolación". En mi tortuoso avance impulsado por la desesperación tropezaba con rocas y raíces de los árboles cubiertas por las hojas recién desprendidas y una niebla de película de terror haciendo más lento y más horrendo mi escape y en esa tarea escuché el llanto de un niño recién nacido tras irse la melodía de violín, como era de esperarse supe que era él bebe que la anciana buscaba y quise ir a rescatarlo después de dudarlo solo un segundo, al acercarme más noté que algo andaba mal, de pronto sentí una perversidad que provenía del mismo lugar de donde escuchaba al bebé llorar y me rehúse a ir, al dar vuelta cesó el sonido y un helado viento me golpeó la espalda aumentando mi miedo, eché a correr guiado por la luz de la linterna y la luna embrujada y tropecé de nuevo pero esta vez fue diferente porque al hacerlo supe que algo sujetaba mi pierna para derribarme, iluminé y vi a ese niño de apariencia tierna tirado en el suelo, de inmediato sentí que algo estaba mal, lo supe y la linterna me falló, la golpeé en un intento desesperado para que encendiera y el miedo creció al nivel de sentir que se comprimía el aire y me asfixiaba, al encender la linterna delató una escena macabra que amenazaba con destruir mi racionalidad, el recién nacido estaba de pie, mirándome fijamente con sus ojos negros que no emitían ningún brillo, tomé la herramienta y me coloqué en posición de defensa esperando su ataque, mientras se burlaba con su risa de bebe, pero solté el arma y salí corriendo cuando vi cómo en unos segundos el negro de sus iris invadía sus ojos y después todo su cuerpo como agua contaminada quedando todo ennegrecido y luego se evaporaba y expandía y se convertía en una gran sombra sin forma. No entendía nada de lo que estaba pasando, pero sí que debía salir de ahí y que nunca debí ir, solo corría y corría agitado con el más intenso de los miedos; sin embargo, sonreía y no lo sabía, seguramente la perversidad ya me había infectado y ya mi camino había sido trazado, me encontré de nuevo susurrando una y otra vez "eterna desolación" hasta que tropecé con algo de frente, al inicio pensé que había sido un árbol, pero al ver su silueta lo dudé, porque era como una sombra que cambiaba de forma y sentía susurrarme con decenas de voces. Al iluminarla con la linterna temí a que fuera aquella abominable tiniebla de la que huía, creí equivocarme y liberé un soplo de alivio al ver a la anciana iluminada, pero de nuevo regresé a esas grutas de terror y de pavor fulminantes que me sujetaban al notar que su rostro no reflejaba ningún gesto humano y ver los mismos ojos del bebé ennegrecido emanando una terrible y siniestra maldad de ellos, pero lo que más fuerte me golpeó fue ver cómo rejuvenecía y tomaba la forma de ella, la joven que amaba y me sonreía como lo hizo la primera vez, desde que mi destino estuvo marcado, pero aquella sonrisa no fue lo último que vi sino en la que se convertía al transformarse en algo perverso, de otro mundo, siniestro, mientras se me abalanzaba sumiéndome en esta oscuridad en la que estoy ahora y donde soy el último de los hombres, donde solo escucho esas voces burlonas que se roban mis recuerdos, desapareciendo mi humanidad, sometiéndome en su eterna desolación.

Hace alrededor de 1 año

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#8

#4 La última página

En la humanidad ha permanecido siempre además del miedo la curiosidad por lo desconocido
y prohibido ya sea con la abstinencia o el descubrimiento, ese tímido deseo que los derrota y
que a veces lleva a la perdición, al triunfo o a la nada, no hay una verdad más absoluta que
esta, esa búsqueda de todos y cada uno y que al desconocer qué, asocian algunos con
felicidad y riqueza u otras cosas "más posibles" y que al alcanzarlas dan cuenta de su falsa
interpretación. Esa búsqueda que, solo unos pocos logran la meta y objetivo, pero qué nunca
serán recordados por que ninguno sobrevive o recuerda que es lo que alcanzó, otros muy
pocos sin embargo lo recuerdan y son maldecidos al conservar su eternidad ganada, un trato
injusto y perverso que solo crea desprecio y maldad, odio que crece y crece a través de los
eones hacía los guardianes y dueños de aquélla única e inexorable verdad que es esa
búsqueda que ha sido borrada de la mente de todos, la morbosa, ambiciosa y odiosa causa
de los más primeros y poderosos seres, esa condena que según ellos es impenetrable e
indestructible pero que sé, no es así.
Esta historia inicia en la primavera en que la familia Vansat salió a pasar una temporada en
una cabaña en el bosque cerca de su ciudad, ellos, los Vansat eran una familia como
cualquiera, con alegrías y preocupaciones, conformada por los padres y sus tres hijos, sin
embargo nunca supe sus nombres excepto el de la pequeña María Luisa que solo tenía tres
años de edad, tampoco supe por qué eligieron ese lugar, solo importaba que estaban allí.
Mientras se instalaban el señor Vansat encontró bajo una caja vacía en la esquina polvorienta
de uno de los pequeños cuartos un libro, que tras un leve examen descubrió era una novela
oscura escrita a mano por un desconocido puesto que en ninguna de sus páginas aparecía su
nombre. Después de cerciorarse que toda la familia durmiera, ya que no quería que supieran
de su hallazgo, el señor Vansat se sentó en la sala y bajo la luz de una lámpara abrió por
segunda vez el libro que le producía una curiosidad incalculable e inició su lectura con un
extraño interés. Era la historia de un hombre viejo que practicaba magia prohibida y peligrosa.
Después de leer lo que parecía un hechizo en palabras desconocidas el nocturno lector sintió
un frío que recorrió toda su espina, así que cerró el manuscrito y se dirigió hacía su cama pero
en el camino descubrió que una de las puertas que daba al exterior estaba abierta y cuando
intentó cerrarla escuchó un silbido con una extraña melodía, echó un vistazo afuera y al
hacerlo un helado viento del este le golpeó tras verse ante aquel paisaje tenebroso, su querida
y más pequeña hija gateaba hacía la niebla que cubría los fantasmales árboles de aquel
frondoso bosque que acariciaban levemente los plateados rayos de luna; espantado ante
aquel espectáculo corrió raudamente hacía el rescate de la pequeña Luisa, al alcanzarla y
levantarla percibió un amago de movimiento en el bosque y pudo ver la silueta de un hombre
que tras sentirse visto silbó la melodía antes concebida siendo consumido por las tinieblas, en
tanto el señor Vansat enmudecido por la anonadante y angustiosa noción que le precedía
pero que al librarse de ella y obtener un miedo nuevo corrió hacía la protección que le
producía la cabaña, revisó a su hija y aseguró puertas y ventanas, guardó el libro que solo él
había visto y tocado y fue a su cama.
Esa madrugada reflexionó sobre aquel suceso y sobre las posibilidades de su causa, pero no
halló razón que lo explicará, ninguna razonable puesto que toda la que se le ocurría para
hacerlo le alejaba de la cordura, entonces y después de pensarlo tanto y con la ayuda del
sueño dudó de la veracidad del suceso y se dijo a si mismo que todo había sido una
ensoñación y al despertar horas más tarde ya lo había olvidado, su mente había bloqueado
ese delirante recuerdo.
Ese día toda la familia disfrutó de los regalos del bosque, los cánticos armoniosos de las aves
que trinaban sus canciones encantadas, las fragantes y hermosas flores que abundaban y los
murmurantes y frescos arroyos que reflejaban los resplandecientes y dorados rallos de sol,
cada uno de ellos disfrutaba de la fascinación del lugar, cada instante era infinito porque en
cada uno gozaban alegres del éxtasis más puro obsequio de ese bosque magistral. En la
noche encendieron una fogata y rieron ante ella y después, al todos dormir el señor Vansat
tomó una vez más el manuscrito oscuro con una sed insaciable de leerlo y leyó unas páginas
en la sala oyendo al terminar el singular silbido de la noche anterior, desconcertado saltó de
su silla y revisó rápidamente la habitación con la mirada sin hallar la melodía que permanecía
latente, después corrió a revisar los demás cuartos y luego afuera sin ningún resultado,
después, al detenerse el extraño silbido y estando afuera sintió de nuevo la angustia al
golpearlo el mismo viento helado, pero de nuevo se negó a creer y se preguntó a sí mismo
que hacía y sin más fue a dormir. Después de esto no volvió a escuchar los silbidos, solo
disfrutaba junto con su familia del esplendor de la cabaña y el bosque y en las noches con ese
raro e inexplicable interés continuaba leyendo el anónimo libro, adentrándose en esa historia
que allí se narraba, conjugando cada hechizo y cada conjuro que en éste había sin notar que
cada noche cambiaba algo en el bosque y en el ambiente, una nueva pesadilla y un nuevo
horror que tomaba forma y ganaba fuerza con cada letra leída, la insondable y depauperada
abominación que tal vez los antiguos y más primeros dioses debieron condenar a permanecer
en el más pútrido y lúgubre olvido y que a través de los años, las décadas y los eones ha
jurado y esperado vengarse, atrapado en impenetrables abismos, una mezcolanza entre lo
marchito, ruinoso y aborrecible que el tiempo ha transformado en algo impuro y demoniaco y
que había hallado la forma de liberarse.

Hace alrededor de 1 año

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#9

En el séptimo día habían cesado considerablemente los paseos por el bosque y los niños y la
joven, hijos de la pareja Vansat extrañaban la ciudad, sin embargo, el señor Vansat se había
obsesionado con el libro, ahora no solo leía de noche, sino que también leía pequeños
fragmentos en el día y tampoco se desprendía de él, su esposa preocupada quiso hacer algo
y lo convenció de aventurarse todos más allá de donde lo habían hecho, idea a la que se
interesó extrañamente pero que repuso para el día que venía ya que, según él, esa noche
terminaría de leer el libro, pero aun así no lo hizo, no logro terminarlo esa noche por más que
lo intentó, fue como si el libro se negara a ser leído.
En la madrugada del octavo día prepararon todo para adentrarse por nuevas sendas, incluso
con la pequeña Luisa, aunque fuera arriesgado, cruzaron por maravillas hasta llegar a una
gruta que cruzaba un arroyo que decidieron no penetrar pero que disfrutaron desde afuera
junto con el lírico caudal, al pasar unas pocas horas los esposos Vansat estaban recostados a
unos metros de la orilla del arroyo descansando a la sombra de un árbol, cuando la señora
Vansat se percató que la pequeña luisa no estaba con ellos y lanzando una mirada de
ansiedad se dio cuenta que tampoco estaba con sus hermanos que jugaban en el riachuelo,
inquietos el señor y la señora Vansat corrieron buscándola sin tardar pues lograron ver que
gateaba intentando entrar a la caverna e inmediatamente el señor Vansat la rescató
percatándose al hacerlo que algo allí adentro lo observaba, al instante decidieron regresar a la cabaña, pero en el camino los sorprendió la noche que inconsolable llegó con delirios de
persecución que horriblemente vivieron los cuatro más mayores miembros de la familia ya que la pequeña permanecía tranquila y despierta mientras sus familias a pasos largos avanzaban
hacía la cabaña mientras algo los asechaba, algo maligno sin forma y que desprendía un olor
maldito y entre más avanzaban parecía como si el bosque cambiara a uno fantasmal, delirante
y retorcido, sin embargo, lograron llegar, aunque con un miedo y una angustia infinitos, por
tanto esa noche decidieron por el espanto acontecido marcharse la mañana siguiente y de
nuevo el señor Vansat antes de dormir se sentó a leer ya que le faltaba muy poco y estaba
seguro que terminaría esa noche, pero antes de hacerlo, al faltarle la última y más terrible
página se quedó dormido. El destino es un poco curioso, es algo así como una fuerza que
arrastra hacía senderos impredecibles e ignotos, un torrente que persevera aún con los
intentos por salirse de ella pero que, aunque es impenetrable hay quienes pueden domarla
construyendo a base de estrategias cargadas de anhelos, ambiciones, malicia o venganza y
que junto con ellos arrastran a otros a un fin planeado cambiando y destruyendo sus destinos
originales.
Al despertar el señor Vansat esa madrugada aturdido lo primero que hizo viéndose con el libro
en sus piernas fue terminar de leerlo, por fin lo habría de terminar, por fin estaría satisfecho,
sin embargo, al leer la última frase desesperó a causa de comprender lo que el destino y el
bosque le habían preparado en esas letras que yo muy bien conocía, corrió a su cuarto junto a
su esposa dormida y donde en una cuna junto a la cama se encontraba la ausencia de su
pequeña y más querida hija, ausencia que le espantó al grado de gritar despertando y
alertando a todos y que no estaba dispuesto a soportar. Buscaron por toda la cabaña y al no
encontrarla decidieron salir a buscarla en dos grupos, el hijo mediano con su padre y la joven
y mayor de los hijos con su madre, buscaron sin éxito todo el día y en la tarde con la
preocupación al máximo optaron por separarse y buscar cada uno por su cuenta.
El hijo mediano vio correr algo pequeño por entre los árboles distorsionados, creyendo que se
trataba de su hermana perdida, caminó hasta donde tenía noción de haberla visto y se detuvo
allí atento con sus sentidos a cualquier movimiento ajeno, luego escuchó y vio algo y se
acercó a él o ella y sonrió por un instante antes de ser sorprendido.
Unos minutos después no muy lejos de la cabaña la hija mayor buscando ansiosa sintió al
igual que su hermano que algo pequeño corría a unos metros de ella por entre los árboles y
se asustó, así que quiso ir a buscar a su madre y hecho a correr hacía donde creía estaría ella
pero a mitad del recorrido se resbaló y cayó, había un charco de algo que hizo que resbalara y
al notar de que se trataba desesperó casi hasta la locura pues había resbalado en un charco
de sangre.
La señora Vansat escuchó el grito de su hija mayor y exasperada se dirigió hacia dónde
provenía encontrándose en el camino con ella que estaba inconsolable y muy alterada, trató
de calmarla para que le explicara qué había ocurrido, pero antes que sucediera pasó algo, un
sonido que delataba la presencia de alguien más en esa arboleda nocturnal, allí estaba la
pequeña Luisa gateando en la oscuridad hacía su hermana y su madre quién corrió a su
encuentro sin importarle más, mientras la hija mayor se quedaba confundida y callada,
consternada observando el tierno y emotivo reencuentro, la morbosa perversión disfrazada.
El señor Vansat caminando algo acelerado por entre los árboles, ramas y hojas secas, al
avanzar unos pocos minutos sintió miedo al percibir ser asechado por la cosa del día anterior
y aumentó su velocidad hasta el grado de echar a correr espantado por la sensación
concebida, hacía frío y aunque el único sonido en ese lado del bosque esa noche era el
producido por sus pasos y el crujir de hojas y uno que otro cocuyo él tenía la sensación que
algo le susurraba en el cuello en un idioma extraño y sentía que cientos de sombras burlonas
le observaban en la oscuridad, pero frenó en seco y olvidó todo lo que le perturbaba pues
había encontrado a su hija, ella, estaba allí frente a él mirándolo en la oscuridad incurable, allí
mirándole cubierta en sangre sobre una pila de carne alucinante con partes de piernas y
brazos que se entreveían, observándolo mientras estaba mudo y paralizado con el corazón
muerto, destrozado producto de un embrujo diabólico y maldito pero que empeoraría al rodar
hacía él lo que a primera vista parecía una pelota y que al detenerse justo ante la luz de la
linterna mostraría la delirante y detestable escena que robaría su cordura al ver la cabeza
arrancada y sucia de su esposa, que no solo había sido despojada horriblemente de su vida
sino también de sus ojos que él no volvería a ver nunca más; un segundo después un súbito
pavor le atacó al escuchar el silbido de las primeras noches que lo sacó del trance que lo tenía
atrapado y quiso de nuevo ver a su hija, alzó la mirada hacía donde se encontraba, pero no
pudo verla. Las lágrimas rodaron y el horror creció, el silencio reinaba y yo, insatisfecho aún
estaba allí, pude ver como su vida escapaba después de verme en el lugar de su hija más
querida, pude ver como se ahogaba en su propia sangre que desprendía su cuello
desgarrado, vi como sus ojos se ponían vitridos después de enloquecer por dentro, ni siquiera
supo que lo mató ni gritar ni moverse, solo me miraba arrepentido y espantado y aunque a
veces recuerde esa mirada de culpa dueña de esos ojos que aún guardo no puedo permitirme
sentirla. Sé lo que soy, pero me justifico ya que han sido ellos (los dioses) quiénes me han
transformado en esto, ahora casi libre disfruto del dulce bálsamo que es para mí la
enajenación, mi venganza apenas comienza.

Hace alrededor de 1 año

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#10

#5
Libérate Sombra

Los recuerdos se mezclan con los miedos ¿o son a mis recuerdos a los que temo? era el final de la primavera, no lo adiviné, esa fue la noche de mi muerte. Aquella noche estaba con Martí en ese bosque donde solía llevarlos ¿recuerdas lo que dijiste cuando lo conocí? Lo que decías siempre, que sus ojos eran los indicados, fue extraño porque en él sentí algo diferente, en él y sus grandes ojos negros sin pestañas y con pocas cejas; al igual que con los demás fue fácil seducirlo, aunque por primera vez me vi pérdida en su presencia, pérdida en su encanto, un hombre alto de tez morena que por poco hace que olvide mi objetivo, esa intención de la que me ocultabas tanto, nunca dude de ti porque siempre estuviste conmigo aun cuando siempre estuve sola. En aquella mañana de hace catorce años cuando fui encontrada en la orilla de ese mismo bosque con las ropas manchadas con el ocre de la sangre seca dijeron que fue un milagro pero sé no crees en milagros. Juraste no saber nada, que no sabías nada de mi familia desaparecida pero lo sabías todo y sin embargo hiciste que te ayudara, me usaste. Recuerdo la primera vez que escuché tu voz, estaba tan asustada, pero me fui acostumbrando a ti porque cada vez me eras más familiar, cada vez te atrevías a hablarme más seguido y con más claridad, preparaste mi cabeza. Supongo que me lo busqué porque me gustaba hacer lo que me pedías, ¿recuerdas la primera vez? Fue solo hace tres años, al comienzo me asusté pero luego me produjo placer la idea, descubrí la morbosidad y dejé que me absorbiera, me entregue a ella y me gusto su causa, dejé que abrieras la puerta que conduce a otras sombras interiores, probé el éxtasis de la caza y la depravación, la caza de los hombres. Cuando llevaba tres semanas de estar con Martí dudé de él, sabía que me mentía, lo vi en sus ojos y sin embargo seguí su juego, sabía qué hacer. Cuando lo traje a este bosque con la ilusión de cumplir mi más grande fantasía estaba emocionado, le gustaba como lo complacía, aún complaciéndome. Llevarlo al sitio dentro del arboral fue tedioso, pero lo hice y al darle ese último beso con el que le perforé el estómago después del acto, me miró con tanta extrañes como los demás. A veces tenía la impresión de ver tu reflejo entre la periferia de los ojos de mis víctimas en ese instante de irónica turbación. Complazco mis deseos enfermos como me enseñaste, catorce es el número. Martí no se defendió como los demás, pero aún si lo hiciera no podría ya que la daga contenía veneno paralizante de araña, me gustaba que sufrieran, ver el dolor en sus ojos... bueno, en su ojo pues como me pedías les arrancaba el ojo derecho y hacía que se lo tragaran entero, pero no entraré en pormenores de cómo jugaba con sus cuerpos y mi daga, sólo que arrojaba sus cuerpos en el sitio que me pedías después de arrancarles su ojo izquierdo que guardaba en un frasco que dejaba junto a la fosa. Siempre fue fácil colocarlos en la pila, excepto con Jack que tuve que matar en la ciudad y traerlo hasta aquí. Cuando hube arrojado el último trozo de Martí me hablaste como no lo habías hecho, sentí el cuerpo lento y un mareo que no se disipaba, usaste mi voz para pronunciar unas palabras en un lenguaje extraño para mí, no supe que estaba pasando, pero tuve que vivirlo, perdía poco a poco la voluntad de mi cuerpo que subía de temperatura a cada segundo, no supe porque tomé el frasco y puse uno a uno los ojos en mi boca, lo más extraño fue ver ese líquido que salió del fango y sacó a todos loscuerpos, los conté muy bien, había cuatro más que parecían haber estado mucho tiempo allí. En la poca noción de mi consciencia vi como ese líquido desvanecía los cadáveres hasta desaparecerlos, hiciste que me sumergiera en ese fango y sonreíste, sonreíste con mi rostro, fue como si yo hubiera roto tus cadenas. Cuando salimos de ese amasijo no sentía nada, ni siquiera amargura, aún no comprendía pero lo hice cuando conocí tu nombre, Sombra, cuando vi tu triunfo y sentí lo único que me permites sentir ahora, ese deseo de venganza que te ha carcomido durante tanto. Callas, pero sé que me escuchas, me escuchas como yo te escuchaba cuando eras tú y no yo...La voz en mi cabeza.

Hace alrededor de 1 año

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#11

#6
La muerte de Bramos

En un sueño, Bramos vio su cabello violeta cerca al escarpado pico que sometía al mar, allí donde las aguas se juntan con el cielo, donde las extensas regiones traen recuerdos de leyendas y cuentos y donde las valientes montañas se enfrentan. La vio con su falda negra y esas medias que detallaban la perfección de sus piernas, el extraño amuleto en forma de ojo que traía puesto y esa calidez ajena de sus labios, la vio caminar hacia él y despertó. Cuando volvió a su guardia, el joven centinela alzó la mirada sobre el horizonte dorado detallando los rumorosos acantilados que reflejaban un sol perpetuo, las llanuras y bosques que se la extendían alrededor de la muralla junto a la lejana montaña cubierta de nieve donde está el único pasaje al otro mundo, allí tuvo la impresión de verla, soñándola despierto dispuesta a quererlo, rodeada de aquellas hierbas y la multiplicidad de flores que estaban por todos lados. Su amigo y compañero que estaba a su costado siempre que se cruzaban sus vigías notó el trance del joven inmortal, se acercó y con su voz grave preguntó en qué pensaba cuando el muy bien lo sabía, pues conocía esa cara, a la edad de Bramos también fue crédulo y soñador, sabía que esa ilusión en que estaba sólo le traería la pérdida de la razón, era demasiado viejo para no saberlo, los siglos y la experiencia lo habían hecho fuerte y sabio, sin embargo, no se atrevió a decirle nada. A ninguno de ellos se les permitía abandonar su lugar y menos ir más allá de la empedrada estructura, pues su único trabajo era alertar e impedir la entrada de cualquier cosa que llegara desde el mundo de los mortales. Dentro de la muralla había una ciudad antigua que ningún humano habría podido imaginar, una ciudad hecha de bronce, piedra y mármol con cientos de estatuas doradas que parecían moverse sin hacerlo, con verdes y plácidas laderas y abundantes fuentes de agua purificadora y tras el esplendor de la ciudad, el inenarrable castillo donde se escondían los secretos de la vida, debajo de la gran y única estrella que penetraba y daba el brillo único de aquel lugar donde nunca era de noche. La ciudad era enorme, pero Bramos siempre estaba sólo, siempre se sentía solo, tampoco estaba de acuerdo con la inmortalidad de su pueblo ni las guerras pasadas de éste, sentía poco cariño por su pasado y esperaba un presente que no llegaba, por eso cuando soñó con ella supo que estaría dispuesto a abandonarlo todo, a perderlo todo, incluso a él mismo sin ningún remordimiento. Pasó largas horas imaginándola junto a él, no se había dado cuenta, estaba enamorado de un sueño, de una idea y su gente solo se enamoraba una vez y era para siempre. Tiempo después Bramos que estaba sólo en su guardia vio que estaba ella caminando hacia él, no supo si soñaba o estaba despierto, estaba tan anonadado con su mera aparición que no se dio cuenta hasta qué punto había dejado de ser él, se olvidó de su única labor, alertar cualquier visita del mundo de abajo, tampoco se dio cuenta de lo que pasaba a su alrededor y alrededor de ella, no percibió en ese instante la oscuridad que se imponía en cada paso que daba, entre más se acercaba crecía una sombra que emanaba de ella y que traía la noche primigenia de ese reino, era como si dentro de ella se escondiera una maldad que auguraba la desolación, una poderosa tiniebla que ansiaba la destrucción del reino pero que Bramos se negaba a ver, pues él la amó aquel día que la soñó posible en esas regiones donde el cielo se junta con el mar.Bramos estaba atrapado, lo estuvo desde el momento en que malinterpreto las visiones, desde que la soñó, pero vio lo que quería ver, estaba atrapado por su propio corazón, sin embargo, si hubiese querido moverse tampoco podría, porque la oscuridad ya había llegado a él y lo consumía desde adentro, sus venas y luego su carne y por último su piel se tiñeron de un negro que lo hicieron invisible en esa tiniebla; el continuaba viéndola acercarse sin notar que su corazón ya no latía, sin notar que ya había muerto. La única intención de su conciencia era tenerla cerca, el único deseo era el que lo mantenía atrapado, amar y sentir como solo pueden amar los mortales y que a él se le había negado. Cuando dejó de verla y ella entró a la ciudad, confundido pudo ver como todo lo que conocía se corrompía, el sol perpetuo se convirtió en una luna carcomida y gibosa, el resplandor de la ciudad perecía y Bramos no pudo hacer nada. El mármol, la piedra y el bronce desaparecieron y las estatuas que parecían moverse sin hacerlo adquirieron de pronto la movilidad junto a unos gritos de libertad que lanzaron una a una desde la negrura, la oscuridad continuó creciendo como un virus, amenazando con llegar al castillo y a la claridad de la única estrella,llevando a la ciudad hacia un abismo infinito. Bramos ahora era una conciencia atrapada en esa vastedad que era ella, allí junto a otros malditos que parecían burlarse de él, el inconmensurable e injusto provenir de su condena. Ella que era lo único que Bramos podía ver en la oscuridad por primera vez se atrevió a verlo y le sonrió trayéndole recuerdos de sus antepasados mortales durante las guerras, imágenes de masacres y ciudades en ruinas donde vivían seres poderosos en las artes de la guerra, pero él ya estaba perdido, pues detrás de esa sonrisa se escondía un demonio perverso y vengativo. Bramos se hundió en la negrura y la pena, junto a las víctimas de la traición y la falsedad de una ensoñación inexorable, en esa presión a la que lo llevó el pasado de su raza, la venganza de Sombra.

Hace alrededor de 1 año

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#12

Acto final

Al llegar a la gran puerta roja, una de las entradas al inframundo, todas las voces callaron y sus manos, delicadas cayeron sobre ella y la abrieron, entonces una poderosa brisa tibia golpeó su rostro e invitó a danzar a su pelo, sus ojos prometían victorias y el viejo infierno lo recibió. Una densa nube de oscuridad se formó a sus pies y fue creciendo con sus pasos, se expandía y devoraba el demoníaco lugar, entonces a lo lejos se divisó otra nube, era un ejército de seres alados que con gran prisa recorrían la enorme gruta a su encuentro, pero él ni se inmuto y continuó caminando, la oscuridad creció y creció sin ninguna forma y como su esplendoroso cuerpo humano, la escena hubiera sido un deleite para los dioses, dioses de la guerra y la perversión y el rey de la oscuridad pues al estar tan cerca como para escuchar los miles de gritos que lo maldecían, se detuvo, y extendió sus manos hacia ellas formando un triángulo con sus dedos, la nube oscura también se detuvo pero las criaturas no, retorcidos bichos gigantes, hedientos y grotescos que habrían hecho que el más valiente enloqueciera, a la proximidad, las primeras criaturas se lanzaron a él pero no consiguieron tocarlo pues la nube que le procedía se expandió con velocidad hacia adelante y consumió todo lo que encontró, no era una simple nube oscura pues uno a uno los gritos demoníacos se hundieron y perdieron para siempre en ella, la oscuridad era el abismo y él, era la oscuridad. Caminaba lento y seguro, con pasividad a lo más profundo del infierno, convirtiendo los gritos de guerra de los demonios en silencio, consumiendo cada centímetro, cada soplo, cada idea y cada esperanza, y mientras frente a el todo era caos y a su espalda silencio y oscuridad, en su mente se repetía una y otra vez una canción "Sunday girl-where is my mind (cover)" era lo único que escuchaba, lo único que existía para él mientras completaba su venganza, su corazón muerto y devorado alguna vez fue bondadoso y feliz, desde hacía mucho no lo sentía y hasta había olvidado que era tener uno, pero cuando en medio de las miles de criaturas le pareció ver un rostro, una silueta de un mujer que él bien conocía, lo sintió, por un segundo su pecho se encendió y su interior explotó, se detuvo, al tiempo que cayó la canción y la oscuridad lo cubrió, era como si hubiera abierto los ojos o como si hubiera apagado todo su alrededor y solo quedara él en su forma original y la silueta, que caminaba lento hacia su cercanía, se detuvo a unos centímetros y nada más importó, los segundos fueron eternidades que explotaban en su interior, la inmensidad templó al enfocar todos sus sentidos a ella, al momento antes de acariciar su rostro, pues su corazón moría y vivía en cada latido y cuando pasó, cuando pudo tocarla fue inundado y desapareció, se vio cayendo en la nada, en esa misma oscuridad que ya era él, despertó y poco a poco fue entendiendo , acoplándose a su realidad. Encarnaba a Sombra y servía al rey del infierno, pero algo quedó, la sensación de haberla visto, de haberla encontrado retumbó todo su ser, inflaba y contraía su vivo corazón, sabía que allí afuera, en algún lugar lo estaba esperando.

Hace alrededor de 1 año

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