DanaMaat
Rango12 Nivel 55 (9706 ptos) | Ensayista de éxito
#1

La echo de menos, ¡maldita sea! Menudo idiota fui... Se tardaba unas seis horas aproximadamente en llegar hasta PentHill, tres horas ida y otras tres horas de vuelta. Había hecho la cuenta al menos un millón de veces mientras estaba tumbado sobre la cama observando el techo. Había una fina línea que separaba el amor dela obsesión y temí estar bastante cerca de cruzarla, pues estuvimos juntos ésta mañana ¿por última vez?, me negaba a ello rotundamente. Cada cosa que miraba me recordaba a Farah. La cocina, dónde preparaba todas las mañanas ese delicioso café que tanto me gusta, el jardín, dónde nos sentábamos a tomar el sol, nadar o simplemente donde me dedicaba a contemplar una a una todas sus curvas. Pero lo que más me recordaba a ella era la cama... ni si quiera desde que se fue he podido volver a dormir ahí, pues fue donde pasamos los mejores momentos que he tenido en mis treinta y cinco años de existencia. Y ahora todo ello se había ido al traste por una tontería mía, como de costumbre. Pero estaba claro que iba a arreglarlo costáseme lo que me costase.

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#2

¿Lo peor de toda esta estúpida situación? La expresión de su rostro cuándo me dijo que me amaba y yo simplemente le dije: “de acuerdo Farah, espera un segundo, ¿estás segura de lo que acabas de decirme?”
¿Cómo coño se me ocurrió decirle aquella gilipollez? Por culpa de aquello vi como lloraba a lágrima tendida, sin embargo, más allá de esperar una riña, subió al dormitorio, recogió todas sus cosas y se marchó diciendo que no quería volver a verme en su vida. Cuándo comprendí que realmente se había ido, se me cayó el mundo al suelo, llorando como un niño cuando pierde su equipo de fútbol favorito, me di cuenta de que realmente amaba a aquella pequeña pero gran mujer y la quería como nunca antes había querido a otra. Quizá es cierto eso de que se puede sobrevivir sin alguien a tu lado, que la felicidad depende de uno mismo, pero demonios estaba más que seguro de que no quería hacerlo. A la mierda todo, necesitaba verla, pedirle perdón y decirle que volviese conmigo.

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#3

Conduje varias horas hasta que el GPS me indicó que había llegado a mi destino, cuanta razón tenia aquel aparato. Estuve parado frente a la puerta más de cinco minutos pensando si debería llamar y que iba a decirle para que volviese. Me decidí con todo pensado y planificado en mi cabeza cuando fue ella quien abrió la puerta, se quedó un poco asombrada al principio pero su expresión facial cambió rápidamente dando paso a esa dulce sonrisa de la que me enamoré perdidamente. Sin darme tiempo a explicarme, o simplemente para saludarla, Farah se puso de puntillas y tocó sus labios con los míos al principio asustada pero poco a poco fue cogiendo confianza cuando la agarré por la cintura rodeándola y atrayéndola hacia mí. Este beso era totalmente opuesto a todos los que nos hayamos podido dar, lejos de la pasión y lujuria, este era dulce, tierno y delicado. Abrí los ojos y la vi mirándome fijamente con una expresión en el rostro que no le había visto nunca antes y con aquella sonrisa que hechizaría hasta el mismísimo rey Arturo, quién dejaría a Ginebra sin dudarlo apenas.
Lo de que los ojos son el espejo del alma es algo tan verdadero como que estamos en el mundo para vivir.

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#4

- ¿En qué piensas Farah? -le pregunté devolviéndole la sonrisa.

Ella sonrió, me volvió a mirar y movió la cabeza.

- En "cosas Heineken" Kamal, en cosas muy pero que muy verdes... Vamos, pasa anda que te enseñe la casa ya que te has tomado tantas molestias en venir. -dijo cogiéndome de la mano haciéndome entrar.

- Y bien, ¿qué te parece? ¿Te gusta? - me preguntó sin dudar.

- Sí, pero Farah es demasiado tradicional, ¿no crees? Además, ¿esta casa es tuya? -decía mientras me tapaba la cara con las manos para bloquear el reflejo del sol con el gran ventanal que estaba a la izquierda del salón, daba a un espacioso jardín con una piscina realmente increíble.

- Por amor de dios...Kamal, ¡es jodidamente impresionante! No solo por la chimenea, el jardín con piscina o los grandes espacios, sino por la calidez del entorno, las amables personas de la zona, los colores de las paredes, todo Kamal, todo aquí te hace pensar en lo acogedor que es un hogar, un verdadero hogar…. Sí, la compré hace apenas dos años y desde entonces he estado reformándola poco a poco con ayuda de mis hermanos. ¿Ha quedado perfecta, no te parece?

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#5

La casa donde estaba, no se parecía en nada a la que vivía yo. Era de un estilo más bien rústico y muy tradicional, no moderna, estilosa, nueva y funcional como la mía: La entrada tenía forma de arco de herradura, los suelos eran de parqué oscuro, bastante bonitos por cierto, las ventanas eran de cristales casi abovedados, pero realmente entraba mucha luz natural, los espacios abiertos eran perfectos para aquella casa y combinaban a la perfección con los colores de las paredes, eran bastante llamativos y con muchos motivos florales preciosos. Vaya, pues me estaba gustando aquella casa… Tuve que parar de dialogar con mi yo interno cuando noté sus manos acariciándome el torso.

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#6

Farah se movió hacia mi pecho y rodeó con la lengua cada uno de mis duros pezones mientras retocaba con las manos los músculos del otro lado. Entonces movió las manos lentamente por mis hombros, y dejó que la camisa se me deslizara por los brazos hasta terminar cayendo al suelo. Escalofríos me recorrieron la espina dorsal cuando noté sus uñas clavadas en mis abdominales hasta llegar a la cintura de mis vaqueros. Tiró de ellos, obligándome a acercarme más a ella, y luego sentí su mano acariciarme a través de la tela con la justa presión.

-Farah…

Fue todo lo que pude decir mientras intentaba desesperadamente no perder el control antes de haberle hecho el amor.

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#7

Ella se quitó los zapatos a patadas y yo llevé las manos hasta el dobladillo de su vestido. Mi dedo pulgar acarició la piel desnuda de sus muslos color canela, pero ni de lejos aquello fue suficiente. Así que le levanté el vestido por encima de la cabeza para que se uniera a mi camisa en el suelo. Estaba impresionante con ese sujetador verde, porque los montículos de sus pechos se le salían por encima de las copas. Los toqué, apretándolos y amasándolos, justo como a ella le gustaba. Pasé los pulgares por encima de sus endurecidos pezones y ella me mordió la piel del pecho como acción-reacción. El botón de mis vaqueros se abrió y su mano se deslizó dentro para tener un contacto directo piel con piel. Siseé cuando su pequeña mano pasó por encima del glande de mi verga quemándome a fuego lento.

- Dios santo, Farah.

- Estás tan duro ya Kamal… -dijo ella con una voz ronca y lujuriosa.

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#8

Movió la mano contra mí tanto como los estrechos vaqueros la dejaron. Bajé la mirada para poder ver su mano metida en la parte delantera de mis pantalones porque sabía que sería una imagen erótica de cojones. La cabeza de mi pene presionaba contra la parte superior del pantalón, y al parecer ella lo vio también, porque retiró rápidamente la mano y se arrodilló frente a mí. Su boca tremendamente sexy se apoderó de la punta y la devoró con entusiasmo. Los testículos se me tensaron al instante y tuve que agarrarla de los brazos para ponerla de pie antes de que me corriera en aquel lugar.

- Farah o bajas el ritmo o no voy a durar mucho más. Te echo mucho de menos y siento no haber dicho que te amo más que a mi propia vida.—le advertí y dije mirándola fijamente a los ojos, manteniéndola un poco alejada de mi cuerpo.

Un brillo sensual iluminó sus ojos oscuros como el café y luchó contra mi agarre para tirar de mis pantalones.

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#9

- No quiero bajar el ritmo, Kamal. Te deseo. Quiero sentirte tan grande y duro dentro de mí… Quiero saborearte mientras tu miembro se desliza por mi garganta. Quiero sentir tus labios y tú lengua sobre cada hueco de mi piel. Lo quiero todo, me prometiste que me darías todo lo que quisiera y necesitara. Quiero eso Kamal, te quiero a ti tontorrón, quiero que vivamos juntos en ésta casa y un anillo en el dedo por supuesto.

- Joder, vale Farah, todo lo que tú quieras amor, el anillo más grande que hayas podido ver y viviremos aquí sí eso te hace feliz, pero vamos a dejar esta conversación para dentro de unos minutos. -gemí ante esas palabras y acabé corriéndome en el interior de su boca.

Ella era mi más jodida y fuerte debilidad. Lo sabía.

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