JD_Ailin
Rango6 Nivel 25 (712 ptos) | Novelista en prácticas
#1
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  • #2

La luz mortecina del alba alcanzaba apenas a alumbrar el recinto. Allí, en medio de una habitación sumida en el silencio, Galen trazaba pinceladas aquí y allá, materializando una imagen que lo abordó en las primeras horas de la mañana.
Tomó un poco de verde con su pincel, trazó un prado y lo decoró con florecillas blancas, amarillas y azules. Luego lavó el pincel y tomó un poco de pintura celeste, con la que coloreó un cielo despejado, sin una nube, tal y como se lo había imaginado.

Quería viajar a ese lugar y por eso lo estaba pintando. Lo hacía porque aquel lienzo no era uno convencional; era un lienzo mágico, uno que transformaba sus obras en realidad.
Una vez, cuando tenía setenta años, pintó un perro de pelaje blanco como la nieve y ojos turquesa como dos zafiros. Cuando dio el último retoque, el perro ladeó su cabeza, sacó la lengua jadeando y sacudió su melena inmaculada antes de saltar desde el lienzo hasta el piso de la habitación. Lo llamó Piltri, recordando la nieve que se acumulaba en la cima del cerro que le daba el nombre.

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monjedelapaz
Rango12 Nivel 55
hace más de 1 año

Bienvenida a esta ciudad de escrilectores, @JD_Ailin.
Me encanta la originalidad de tu relato. Su brevedad aún lo hace más encantador. Más que opinar sobre él, me gusta sumergirme en la escena. En suma, leerlo desde dentro, como un personaje invisible que se "cuela" en la escena.
Eso es precisamente lo que haces tú al escribirlo. Te has sumergido en el mundo ignoto de la mente humana. Nos ofreces una visión del Alzheimer desde dentro del mismo. Y destilas un cariño especial por los ancianos.
Por lo demás, te pido perdón por las dos anotaciones que me atrevo a hacerte con cariño. En la segunda "caja" pareces cambiar el nombre a nuestro anciano pintor: Gael. Y Piltri ha pedido la "l".
En la 8ª línea empezando por el final (también en la segunda "caja") a la palabra "ligereza" se le ha escapado una "e" resbalosa.
Como acabas de llegar, quizá no sabes que puedes editar y corregir siempre.
¡Un beso y una sonrisa!
:-)

JD_Ailin
Rango6 Nivel 25
hace más de 1 año

¡Hola!
Antes que nada, gracias por la cálida bienvenida y por tus palabras tan bellas. En verdad me gusta escribir relatos que lleguen a lo más profundo de las personas y me agrada saber que lo he logrado :)

Por otro lado... ¡qué despistada soy! Nunca me di cuenta de esos errores y de no ser por vos, seguirían ahí. Ya mismo lo corrijo...y por favor, siéntete libre de hacer todas las anotaciones que creas necesarias, todo sirve a la hora de mejorar nuestros escritos.

Nuevamente gracias, tanto por tomarte el tiempo de leer como de comentar. ¡Besos!

SheisHotaru
Rango5 Nivel 22
hace más de 1 año

El arte de imaginar y querer vivir allí, sería encantador.

JD_Ailin
Rango6 Nivel 25
hace más de 1 año

¿No seríamos más felices si pudiéramos hacerlo? Vivir en esa imagen que tanto nos gusta; ser parte de una historia que nos ha fascinado desde el peincipio... Soñar es lo último que nos queda.

Saludos :)


#2

Piltri era muy efusivo, cariñoso y fiel. Galen recordaba cuánto le gustaba acostarse patas para arriba y que su dueño le rascase el estómago. Gruñía mucho cuando él lo hacía, más no eran gruñidos de enfado sino de deleite.
Un día de otoño, Piltri desapareció; se esfumó envuelto en la misma magia que lo había traído a la vida y regresó al lienzo antes de que la imagen desapareciera por completo.
Galen se dio cuenta que todo lo que pintaba podía materializarse, pero sólo durante un tiempo y que, pasado ese tiempo, se disolvía como si nunca hubiera existido. Así pues, cada vez que sus pinturas desaparecían, tomaba la paleta de colores, el pincel y pintaba, desde el alba hasta que se ponía el sol.

Así pasó los últimos cinco años de su vida: pintaba una guitarra, la extraía del lienzo y tocaba bellas melodías hasta que se desvanecía entre sus dedos; pintaba un jarrón con deliciosa fruta y se hacía un festín con ellas; pintaba un juego de ajedrez y movía las piezas, calculando meticulosamente la jugada. Llegó su cumpleaños número setenta y cinco y decidió pintar un pastel de manzana, como esos que hacía su difunta mujer. Alrededor de éste, llenó los espacios con rostros y sonrisas, las de sus familiares...esos que no veía hace mucho tiempo; y así los festejó, rodeado de sus seres queridos.

Al día siguiente, el lienzo volvió a estar vacío, tanto como su alma. Entonces pensó: “Si todo lo que pinto puedo tocarlo y traerlo a la realidad ¿Por qué no puedo ir hacia la imagen y ser parte del lienzo?”
Debía intentarlo...y eso hizo.

Los últimos retoques confirieron a la pintura un aire fresco y primaveral, como los que a él tanto le gustaban. Un camino de tierra serpenteaba hacia la cima de una colina y allí, donde la tierra se une al cielo, lo esperaba Clarita, su amor de toda la vida. Galen sonrió, se aplastó el cabello canoso con sus temblorosos dedos y luego apoyó la mano en el lienzo. Empujó sin esfuerzo alguno; sus dedos acariciaron el viento fresco del prado. Siguió empujando hasta que su brazo entero pasó al otro lado, luego el hombro, luego la cabeza y lo siguió el resto de su cuerpo.
El sol irradiaba con fuerza más no hacía calor; de hecho, estaba tan fresco que el hombre se arrepintió de no haber llevado un abrigo. Pero nada le importaba, porque ya estaba allí.

Clarita lo saludó desde lejos, bamboleando su mano con gracia, de la misma forma que se agitaban las ramas de los árboles en la pradera. Galen enfiló hacia la cima de la colina, siguiendo el camino de tierra que él mismo había trazado. Cuando alcanzó a su mujer, la abrazó con tanta fuerza que casi se queda sin aliento.

—Te extrañé mucho —susurró, con lágrimas en los ojos. Ella besó su arrugada mejilla y sonrió.
—Vamos —dijo, tomándole de la mano.
Galen y Clarita se alejaron por el prado, más sus imágenes prevalecieron en la pintura, la última pintura que el hombre trazó sobre el lienzo mágico, antes de que su corazón diera el último soplo.

Algunas horas después, los pasillos del asilo se poblaron por el característico taconeo de la enfermera de turno. Se trataba de una mujer muy alta, esbelta y, sobre todo, coqueta.
Detuvo el carrito frente a la puerta de Galen y golpeó con ligereza para dar aviso que era hora de su almuerzo. A un lado de la bandeja con humeante estofado, un vasito de plástico contenía los medicamentos para tratar el Alzheimer del anciano, esos que él odiaba tomar y solía esconder debajo de un tablón suelto en el piso.
Al no obtener respuesta, la enfermera entró y se paralizó ante la imagen...

Galen se encontraba tendido en la cama, con el pincel sucio sobre el pecho y una sonrisa decorando sus pálidos labios. Sus ojos, tan abiertos como los de una lechuza, permanecían fijos en algún punto invisible del techo; fríos y vacíos como el resto de su cuerpo.

Hace más de 1 año

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Rango10 Nivel 48
hace más de 1 año

Interesante primer escrito..te recomiendo que antes de publicar esperes a algun "like" así te aseguras que hay a guíen leyendo y no se pierda lo que publicas. Bienvenida a sttory!

JD_Ailin
Rango6 Nivel 25
hace más de 1 año

Hola! Mil gracias :) todavía estoy viendo cómo funciona la página jaja.

Saludos

monjedelapaz
Rango12 Nivel 55
hace más de 1 año

¡Me encanta, @JD_Ailin! Te lo he dicho todo más arriba, en la primera "caja".
¡Un beso!
:-)

GusJara
Rango9 Nivel 44
hace más de 1 año

@JD_Ailin Muy buen relato! Espero seguir leyéndote... Qué lindos recuerdos me trajo el nombre "Piltri"!!! Muchas gracias por compartir tu texto.

JD_Ailin
Rango6 Nivel 25
hace más de 1 año

Gracias a todos por la buena onda, la cálida bienvenida y sus comentarios <3 lo aprecio mucho.
@GusJara debo admitir que este verano estuve en El Bolsón y me enamoré de todos y cada uno de los lugares visitados ¡jaja! Debía hacerle homenaje a alguno.

Próximamente estaré visitándolos en sus páginas y leyendo sus escritos.
¡Besos! ^^