Miguel_Ruiz
Rango10 Nivel 46 (4652 ptos) | Fichaje editorial
#1
    Partes:
  • #2

Tenían diez minutos de descanso.
El chico nuevo era una escultura griega: su piel cobriza, empapada por el sudor, le daba un atractivo ineludible.
Él observaba con disimulo a Marie, aspirante a prima ballerina: una hermosa joven trigueña, una afrodita de la danza.
Carlos recorría la figura de su compañera desde la punta de la zapatilla, observando como sus manos subían por la pierna torneada por los dioses hacia sus caderas que, en esa posición, asemejaban la curva de un ánfora, afinándose hacia el cuello, ensanchado por su pecho y culminado en la gracia de sus brazos y la delicadeza de sus manos. Le gustaba detenerse en el rostro de la bailarina: adoraba el ángulo de su mentón, la pureza de su piel, sus labios, carnoso el de abajo, fino y elegante el de arriba, la forma en la que su boca dejaba escapar el aliento.
La mirada fija era eléctrica.
Marie lo sentía. La joven disimulaba el espasmo que recorría su columna. Hay atenciones que invaden por dentro, energía que recorre los músculos, que acaricia la piel al punto que una brisa pueda excitarla y erizar.
La juventud tiene eso.

Hace más de 1 año Compartir:

0

5
#2

La experimentada y ya entrada en años profesora apretó con pasión los hombros de su amado y compañero de antaño, hoy pianista de la escuela de ballet que lleva sus apellidos, recordando su propia época juvenil, recordando la intensión de él puesta debajo del tutú mientras su mirada escapaba en espasmo por detrás de la nuca. Ella lo sabía, lo había sentido antes cuando estaba en la posición en la que sus bailarines están ahora. Verlos en clase era rejuvenecer…
Recordó el estante del ropero donde descansa aquella prenda de trabajo. Acercó su boca al oído de su amado pianista y dejó suspendido un beso en el cuello arrugado. Su aroma aún la cautivaba, en su calor ellos bailaban el pas de deux del amor más allá del deseo.
¡Ah! ¡Qué tiempos aquellos!

Hace más de 1 año

0

3