VAHdez
Rango5 Nivel 21 (463 ptos) | Escritor en ciernes
#1
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  • #2

Así con esa sensación desagradable recorrí el pasillo hasta el final e incluso no había espejo, no había nada.
Entonces, oí discutir a Mario en la entrada de la casa, no entendí lo que decía hasta que me acerque por detrás quedando escondida detrás del muro que separaba la sala del comedor.
-La amo mamá –repitió sin cansarse- Esto es solo una prueba, lo sé- puso su mano sobre su cabeza- No me importa – gritó – yo decidí. Es mi esposa y me necesita- dijo en un tono elevado. Colgó de golpe. Suspiro, estaba molesto; se le notaba en sus musculosos brazos, pues estos se le brotaban tornándose de color rojo.
Regrese a mi habitación lo más rápido que pude, traté de que no se diera cuenta. Comencé a llorar, sería difícil el regresar a como estábamos antes. Cada lágrima que derramaba se sentía pesada, y dolía más que las cicatrices que las violentas llamas me causaron en ese accidente de tránsito.
Se abrió la puerta despacio. Mario se asomó, supongo que pensaba que me encontraba dormida.
Pero cuando me vio llorar, corrió hacia mí, arrodillándose...

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yoch
Rango4 Nivel 15
hace más de 1 año

Muy triste pero lindo


#2

- Pero ¿Qué pasó? – preguntó.
Traté de hablar pero un chillido salió como voz, era lamentable. Se me humedecieron los ojos, ya no era fina y suave, sino chillona y agria.
- No… de…bes… pe…rder… tu… tiem…po…yo…no…soy…- hice una pausa larga. – mons…mons…tr…truo – pude decir “monstruo” con el esfuerzo al fin. Pero a él, no le gustó.
- No, nunca pero nunca, Tiffany, vuelvas a decir eso- me reprendió con ese regaño peculiar haciendo recordar a papá. Regaño que no es más que un consuelo cubierto de amor.
-Tú eres hermosa –dijo sonriéndome pero serio- la mujer más hermosa que yo he conocido- me abrazó delicadamente, sin reposar sus miembros encima de mí.
-Sabes que no me enamoré por el físico. Eres inteligente, dedicada y decidida. A veces tan alegre como los pájaros en la mañana o triste y amargada como los días más lluviosos- siguió diciéndome mientras tomó mis manos, llevándolas a su pecho- algunas veces, la vida nos hace perdernos pero también nos hace hallarnos en un mejor camino. Y cuando me casé contigo decidí amarte en la salud y en la enfermedad. Tu misma me dijiste una vez…que yo no era normal, que era diferente y lo soy, no te voy a abandonar, no ahora.
Todas esas palabras hicieron eco en mi cabeza y fundamentos en mi corazón. No teníamos hijos y él tendría un futuro hacia adelante, yo no quería atarlo a mí pero él nunca, nunca me dejó. Los tratamientos no me faltaron, ni las rehabilitaciones, ni las cizañas de algunos al darnos cuenta quienes eran nuestros amigos y quiénes no. Por eso, mis queridos hijos y bellos nietos, han pasado cincuenta y dos años de esto. Y al haber enterrado a su padre y abuelo ayer; una parte de mi alma quedo allí, en esa tumba. Créanme duraré unos pocos días porque sin esa parte de mí, ya no habrá nada. La muerte no logrará lo que la enfermedad no pudo hacer, separarnos. Aunque pasó solo un instante, sé que voy a su encuentro. Mis niños no tengo miedo ahora, aquella vez estaba aterrada; pero hoy, ansío que el ángel de la muerte venga para llevarme donde está él.
El rostro de la multitud presente lleno de lágrimas y sollozos, no dejaban de observar a la anciana de frente en la tribuna, y todos comprendieron que eran sus últimas palabras.
FIN

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