BlueElves_1
Rango3 Nivel 10 (98 ptos) | Cuentacuentos freelance
#1

(Dones de la madre, contra la madre)

Herida y encolerizada contra los seres humanos al ver la destrucción en su contra. La madre naturaleza dota de dones a cuatro jóvenes, cada uno con la caracteristica de un elemento. Con el único fin de castigar a la humanidad y llevarlos al exterminio. Lo que la madre desconocía, Esque los cuatro elementos usarían esos dones en su contra, para darle a los humanos una nueva oportunidad y salvarlos de la extinción.

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#2

Capítulo 1 El nacimiento (Azariel)

Desperté en un lugar muy oscuro y frío. No recordaba nada. Me invadió un miedo desmedido. Con la mente en blanco y manos temblorosas trate de tranquilizar mis nervios de acero.
Inhale fuerte mientras abria la boca para tragar aire. Sentí algo muy helado que bajo por mi garganta. Fue ahí donde caí en cuenta que estaba sumergido en las profundidades de unas aguas tranquilas.

El miedo regresó e invadió cada recoveco de mi cuerpo. Era imposible. No entendía como estaba respirando bajo el agua.

Trataba de encontrar una respuesta, un indicio, cualquier cosa que me ayudara a entender quien era y que hacía en ese lugar.
Mientras mi mente buscaba congruencia, sentí una delicada mano blanda sobre mi hombro.
Giré mi cuerpo en su dirección tan rápido como pude.

Y ahí estaba ella.

Era una mujer con una belleza sobre natural. Me sentí intimidado por la desnudez de su cuerpo.
Quería preguntarle tanto. Cuando de pronto escuché una voz dulce en mi cabeza.
- ¡Oh amado hijo mío! - exclamó en tono de éxtasis.

Me sentí aún más confundido por sus palabras. La forma en que me hablaba, como si en verdad fuera mi... ¿Mi madre? Sin duda un disparate, era demasiado joven para serlo.
No tenía conocimiento de mí mismo, no recordaba mi nombre, no recordaba mi origen, no recordaba mi historia. Era como si alguien hubiese borrado toda mi vida con un chasquear de dedos.

- Soy tu madre, desde ahora- la escuché canturrear en mi mente. -Tu vida comienza aquí . Hoy es tu nacimiento mi amado Azariel, "el que domina las aguas"-enfatizó la última frase mientras una ancha sonrisa se dibujaba en su rostro.

Tomó mi mano con firmeza y me haló hacía arriba.

Lo primero que percibí cuando mi cabeza salió a la superficie fue la oscuridad de la noche. A mi al rededor, aguas transparentes con un toque azul claro que se daba a relucir con la luz de la luna.

-¡Vamos mi pequeño! Tus hermanos nos esperan. - dijo la mujer, ésta vez mis oídos pudieron escuchar esa voz que sólo había estado en mi mente minutos antes.

No sabía que decir, no sabía que pensar. Me limité a caminar despacio y en silencio detrás de aquella mística mujer.

Caminamos en silencio durante varios minutos. Hasta llegar a un bosque espeso. Todo era verde. Olía a vida. Se respiraba tranquilidad.

Sentados en el suelo, bajo los abetos se encontraban tres chicos jovenes. Sus rostros mostraban confusión y miedo. Igual que el mío.

-Toma tu lugar, junto a tus hermanos- Me ordenó la mujer. Esperó un segundo a que me acomodara junto a aquellos chicos. De pie frente a nosotros continuó - ¡Por fin, mis amados hijos juntos! Esperé mucho por ustedes mis niños.
Ahora quiero que presten atención a lo que voy a hablarles. Por mucho tiempo di lo mejor de mi a la humanidad. La transparencia de mis aguas, la pureza de un aire limpio. Los mejores paisajes. ¿ Y que me dieron ellos a cambio? ¡DOLOR! - una chispa de odio pasó por su mirada. La desvío rápidamente, cambió su duro semblante por una sonrisa. Y prosiguió su discurso.
- Pero ustedes mis niños, han nacido para cambiar la historia. Ustedes harán justicia. Y cobrarán la traición y el daño que me han causado. En cada uno de ustedes hay grandes poderes, inimaginables. Pero juntos, son letales.

Si antes había confusión en mi mente, ahora estaba completamente perdido.
¿De que hablaba esta mujer? ¿Quien era? ¿Porque se proclamaba nuestra madre?

-Soy la Madre Naturaleza- Dijo en dirección a mi. -Azariel, querido acercate - ordenó.

Sentí enloquecer. Mi mente no era capaz de asimilar lo que sucedía. Aún asi obedeci en silencio. No quería provocar su ira. Tenía miedo.

-Querido mío- Dijo la mujer mientras tomaba mi rostro entre sus manos. - Tu nombre es Azariel, "el que domina las aguas". Has sido dotado para manipular este elemento a tu antojo. Tu misión: Provocar las peores catástrofes, tormentas, huracanes, desbordar los ríos- besó mi frente e hizo un gesto con su mano, indicando que volviera a mi lugar.

Después señaló al chico que estaba a mi lado. Un chico de piel muy blanca. Tenía un cabello castaño muy brillante que caía en sus hombros. Sus grandes ojos de color miel reflejaban incertidumbre y pánico.

-No temas cariño- la escuché decirle con voz dulce. - Tu nombre es Aidan, "Mi pequeño fuego ardiente". Al igual que tu hermano, tienes todo el poder para manipular este elemento. Tu misión: crear los más grandes incendios, despertaras la ira volcánica con violentas erupciones.

El chico tomó su lugar junto a mi. Enseguida el chico alto de piel morena bronceada, ojos verdes y cabello corto avanzó hacia la mujer antes de que ella lo señalar. La mujer sonrió satisfecha.

-Tu nombre es Froilán, "señor de la tierra" Tu misión: abrir las tierras, causar derrumbes, terremotos, causar terror.

El último chico parecía un poco más joven. tenía facciones distintas. Sus ojos un tanto rasgados y de un gris claro, parecía oriental. Su cabello era muy liso y de un negro intenso.

-El más pequeño de mis niños- Dijo la Madre con ternura, se detuvo un segundo para besar su frente y prosiguió. Tú mi pequeño, eres Wayra. Te han sido dado todos los poderes de los vientos. Usalos a tu antojo para crear tornados. Usa tus vientos con violencia contra aquellos ultrajadores.

Luego se volvió hacía todos nosotrso.
-ustedes, Juntos, tienen el poder de mi magnitud. Pueden manipular la naturaleza a su antojo. No me defrauden hijos míos, los veo pronto.

Diciendo estas palabras desapareció entre la maleza. Dejándonos ahí. Con un sin fin de dudas.

Cuatro chicos desconocidos, sin un pasado. Unidos con un fin común.

#3

Capítulo 2 A primera vista (Aitana)

Desperté tarde nuevamente. No quería salir de la cama. Odiaba la universidad tanto como mi estúpida vida. Cursaba el cuarto semestre en ingeniería industrial, y el sexto en contaduría pública , obligadamente.

Mi padre tenía una Arrendadora automotriz con varios establecimiento en distintos estados de el país . De ahí que mi madre eligiera la profesión en la que debía desempeñarme.

Con veintidós años y sin ningún propósito de vida. Salí de mi cama mal humorada, como todas las mañanas.

Bajé las escaleras en dirección a la cocina. Mi madre había dejado el desayuno hecho. Tomé una rebanada de pan tostado y la metí en mi boca.

"El huracán Perla impacta ésta madrugada en Los cabos. Hasta el momento deja a su paso un total de 6 muertos y decenas de hogares en ruinas.
En otras noticias un sismo de 4.3 grados sacude a la ciudad de México..."

Me percaté que el televisor estaba encendido en el noticiero.
Me levanté de la silla y abrí un poco la ventana. Una suave lluvia bañaba las calles. "Excelente, no tendré que ir a la escuela" pensé.

Terminé mi desayuno y volví a la cama.

Me despertó el sonido de mi teléfono móvil.
-¡Lo que necesitaba!- refunfuñé -¿Que quieres mamá? -dije con voz adormilada al teléfono.

-¿Como es posible?- exclamó molesta
-Te doy todo, y a cambio ¿Que te pido? "Buenas notas". Es tu único deber. Y ni siquiera eso puedes hacer bien. Me llamó tu maestra de finanzas. Tenías un examen muy importante hoy. Si sabías ¿no?...

- A ver, a ver - la interrumpí molesta.
- Según tu concepto, ¿Que es dar todo madre? - No esperé su respuesta y proseguí- ¿Qué me has dado aparte de dinero?. Te la pasas de viaje en viaje con ese estúpido estafador, gastando el dinero que mi padre hizo con dedicación y esfuerzo. Has dejado la Empresa en manos de ese idiota. ¡Madre por Dios, es diez años menor que tú! ¿No te das cuenta que sólo quiere nuestro dinero?- dije casi gritando.

- ¡Callate Aitana! - me respondió exaltada. - Eres una grosera e irrespetuosa. ¡Estas castigada, cancelare tus tarjetas y olvídate de tu auto a mi resgreso!

- ¡Te odio. Ojala se estrelle el avión y se maten en el camino! - le grité antes de colgar el móvil.

Mis ojos se llenaron de lágrimas. Odiaba a mi madre. La hacía responsable de mi rebeldía y cada una de mis desgracias.
Mi vida cambió por completo a los diecisiete años con la muerte de mi padre en un fatal accidente automovilístico. Mi infancia y parte de mi adolescencia fue la que toda persona desea. Una niña amada y consentida. Mi padre me daba todo, pero sobre todo me daba amor. No sólo era mi padre, era mi mejor amigo. Dos años después de su muerte mamá conoció a Richie. Desde entonces mi vida se volvió más miserable de lo que ya era.

Miré el reloj que estaba en la pared frente a mi cama. Daban las 12:15 p.m. Me levanté de la cama de un salto, corrí las cortinas de las ventanas y noté que aún llovía.
Llene la tina de baño con agua tibia y me sumergi en ella. No podía dejar de llorar. Pensaba en cómo sería mi vida si mi padre aún estuviera vivo. Me encontraba perdida y sin motivos que me hicieran desear seguir viviendo.

Mi teléfono estaba sonando de nuevo. Me envolvi en una toalla y salí con la intención de gritarle a mi madre que me dejara en paz.

Para mi sorpresa no era ella.
-¿Que quieres Raúl? - respondí de mala gana.

-Hola guapa- lo escuché decir- Parece que alguien no está del mejor humor hoy- Dijo en todo de burla.

-¿Que quieres? - Le repetí.

- Tenemos fiesta hoy - dijo gustoso.
- Será en la playa a media noche, no puedes faltar . Estará cañona...

-Lo pensaré- lo interrumpí mientras colgaba el teléfono.

No tenía ánimos de fiestas. Pero la idea me gustaba más que quedarme tirada en casa llorando.

Mi día pasó sin muchos acontecimientos. Aburrido, sólo y húmedo.

Pasaba de las 12 a.m. cuándo llegué a la fiesta de playa. Mi outfit era de lo más causal. Unos jeans deslavados, rotos, una sudadera gris y unos tenis deportivos blancos. Deje mi larga cabellera negra y risada sin atar. Un aire helado recorría todo el lugar. El cielo seguía nublado, provocando un intenso frío en pleno mes de julio.

-¡La reina ha llegado! - Exclamó Raúl haciendo reverencia a mi.

Lo observe con los ojos entre cerrados. Raúl no se cansaba de gritar a los cuatro vientos su "amor por mí". Siempre me pareció un chico arrogante y bruto. Al igual que el resto del grupo de amigos con los que me codeaba. A decir verdad ningún me agradaba por completo. Lo único que nos unía, aparte de la clase social, era mi arrogancia. Aunque me negara a aceptarlo, yo era igual que ellos. Una arrogante y caprichosa niña rica.

Puso sus manos sobre mi hombro, y la sacudí de un manotazo.

- ¡Hola nena! - dijeron Clarissa y Miranda al unísono , mientras se levantaban de sus lugares para saludarme.

"Rubias tontas" pensé.

- Lo que gustes tomar. - dijo Rocko.
Señalando una hielera con diferentes bebidas, vinos y licores.
Me senté en el suelo, lo más cerca que puede de la fogata.

Empecé a beber desenfrenadamente. Queria anesteciar el dolor. Estaba fuera de mi misma.
-Aitana, linda, ven conmigo- dijo Raúl
mientras me tomaba de un brazo. Estaba un poco menos ebrio que yo, pero ni cerca de estar sobrio.
-¡vamos, vamos¡- me animaba mientras me metia al agua en un intento de bajar mis niveles de alcohol.

No supe con exactitud que sucedió después. De pronto el aire faltaba. Hacía demasiado frío. La fuerte marejada me hundida cada vez que trataba de salir a la superficie. Estaba perdiendo el conocimiento cuando algo me jaló hacia arriba. Estaba desorientada. Unos ojos enormes de un azul intenso se dejaron ver a la luz de la luna. Aún me sostenía en sus brazos. Me dejé perder en esa bella mirada durante unos segundos.

-¿Que crees que estás haciendo Azariel? - se escuchó a lo lejos una voz molesta. -¡Destruyela!

Un frío recorrió mi cuerpo. Mis manos temblaron de miedo.

#4

Capitulo 4 Agua vs Fuego (Azariel)

Habían pasado meses ya desde nuestro nacimiento como elementos. Ya no éramos aquellos cuatro desconocidos y temerosos niños. Aidan, Wayra y Froilán eran todo lo que tenía, mis hermanos, mi familia.
Juntos causamos grandes catástrofes en diferentes partes del mundo. Nuestro poder y dominio era cada vez más grande.

Nos moviamos a la voluntad de la madre, ella nos decía cuando, donde, a que tal grande serían los daños.
La orden esa mañana fue muy clara. "Que mi ira recaiga sobre todo México" hablo la Madre a nuestras mentes.

Fuimos de estado en estado del país. Dejando estragos a nuestro paso, Terremotos, huracanes, tornados.

Al sur de Sinaloa existe una ciudad llamada Mazatlán, con al rededor de medio millon de habitantes. Y ahi seria nuestro golpe final. Un tsunami que acabaria con la mayor parte la poblacion y dejaría el municipio en ruinas.

Estaba a punto de desatar toda mi ira, sin ningun acto de misericordia cuando captó mi atención un bulto que el mar agitaba bruscamente. Me acerqué hasta el lugar. Era una chica que luchaba por salir a la superficie. Sabía perfectamente lo que tenía que hacer. "Dejar que muriera ahogada". Estuve unos segundos contemplando como la chica salía a flote, mientras el fuerte oleaje la regresaba de vuelta al fondo. De pronto no la vi volver más. Sin pensarlo dos veces, calme las aguas y me sumergi rápidamente. La jale de un brazo hasta la superficie y la saqué en mis brazos hasta la orilla.

La chica de largos risos entre abrió sus profundos ojos negros y fijó su mirada sobre mi con confusión en el rostro.

-¿Que crees que estas haciendo Azariel? - escuché decir a Aidan a mi espaldas.
-¡Destruyela! - me ordenó.

Me giré en su dirección con la chica aún en brazos.

-Me eligieron Alfa, ¿Y ahora tratas de darme ordenes? - le respondí enfadado.

-Hermano- Dijo, con un tono de voz más tranquilo. -Sabes que no podemos, la madre estará furiosa por esto. La chica debe morir. No hay opción.

-¡La chica vivirá ! - exclamé dando por concluida la conversación.

Me puse de rodillas con la chica en brazos mientras la colocaba sobre el suelo humedo de la costa. Me incline hacia ella para cerciorarme que estuviera respirando.
Sentí un calor intenso que me hizo levantar la vista. Pude distinguir un círculo de fuego ardiente que nos rodeaba.
Rápidamente hice brotar agua de mis manos con la que extinguí el fuego.

-¡Oh Aidan! -exclamé en dirección a mi hermano- No quieres hacer esto.

-Lo siento hermano. Su disculpa parecía sincera. - No puedo permitirlo.

Levanté a la chica tan rápido como fui capaz, colocandola en mi hombro. El suelo comenzaba a arder.

Eleve mi mano al cielo y una fuerte lluvia comenzó a caer. Disipando el calor.

Aidan seguía lanzando ataques contra la chica. Mientras yo los desviaba.

De pronto un tornado enorme envolvió a Aidan.

- No podré deterlo por mucho tiempo- escuché decir a Wayra. -¡Date prisa hermano, pon a la chica a salvo!

No lo pensé dos veces y salí disparado con la chica en brazos.

Estuve corriendo a toda velocidad por unos 30 minutos. El traslador hubiese resultado mucho más útil . Pero no tenía conocimiento sobre la chica, ni a donde debía llevarla. Por el momento lo único que me importaba era mantenerla lejos de las ardientes manos de Aidan.

No deseaba desatar una guerra con mi propio hermano.