AlejandroWriter
Rango6 Nivel 28 (1167 ptos) | Novelista en prácticas
#1

Apenas habían transcurrido tres días desde que el salvaje nos perdonó la vida. Miré con cierto disimulo hacia donde se encontraba Frank y alcance a distinguir esa mirada dubitativa que sólo mostraba cuando todo iba mal pero no es que todo fuese mal, nos acababa de perdonar la vida un salvaje, ¿cuántas personas en el mundo pueden contar tal hazaña?

Sólo quedaba agua en una de las dos cantimploras y el sol ardía como en el tiempo de antes, Cristian y Ana continuaban Armando la tienda junto a la montaña de escombros. Yo montaría guardia hasta el amanecer.

Me concentré en mi tarea a tal punto que me olvidé del resto. Cuando mire hacia ellos, la tienda ya estaba armada, Ana se encontraba afuera de ella apilando las maletas y no había rastro de Frank y Cristian. Desde mi ubicación le hice una seña a Ana con el dedo índice y corazón y ella captó en el acto el mensaje, me respondió con otra seña alargando el brazo y haciendo un semicirculo. Entendí que estaban rodeando la montaña de escombros, levanté el pulgar y volví a darle la espalda.

A las 03:00 horas vislumbre algo en el horizonte.

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#2

Pequeñas lucecitas se podían ver al horizonte, no tarde mucho tiempo en distinguir que se trataba de una convoy, les seguí con la mira del rifle y pude contar al menos 6 camionetas 4x4, el polvo que levantaban me impedían contabilizar con certeza la cantidad exacta. Todo parecía indicar que se trataba de una división de El Puño.

Se dirigian toda velocidad a través del camino. Considere prudente alertar al resto del equipo, si bien estábamos lejos de su alcance, lo más prudente era estar alerta y de ser posible mantener una distancia considerable.

Al primero que desperté fue a Frank, luego a Ana y a Cristian, sucesivamente. Les puse al tanto de la situación y les lleve hasta el borde de la colina, para que pudiesen ver con sus propios ojos. Al llegar vimos que el convoy se había detenido, dejando las camionetas aparcadas en fila india a un lado del camino. Frank me pidió el rifle y con la mira pudo calcular al menos 30 hombres, vestidos con atuendo militar y fuertemente armados.

—Se trata de El Puño —Dijo mientras dejaba el rifle a un lado.

—Hay que levantar la tienda, Frank — Intervino Ana con exaltación.

En el momento en que Frank se disponía a responder, un ruido se oyó cerca de la tienda.

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#3

Una silueta corpulenta se movía alrededor de la tienda, era tal nuestro estupor que nos costó reaccionar. Cristian se puso en pie y empezó a caminar con cautela hacia su dirección, Frank le siguió y yo me quedé junto a Ana pidiéndole que sujetase el rifle y que sólo disparase si las cosas se ponían feas. Ana se limitó a asentir con la cabeza.

Cristian consiguió llegar a una distancia tal que pudo asegurar que se trataba de un solo individuo, la escasa luz de la noche impedía ver bien los atuendos. En los tiempos de ahora ese simple detalle podría dar pistas de las intenciones de un individuo, aunque no siempre hay que fiarse.

Cristian quiso acercarse más para sorprender al individuo por la espalda pero este le sorprendió apuntando con un arma, Cristian alzó los brazos dándole a entender al individuo que se encontraba desarmado, el individuo se acercó a Cristian con cierto temor.

—Al suelo —Dijo el individuo mientras se pasaba el arma a la mano izquierda.

Los ojos de Cristian suplicaban compasión. Frank y yo pudimos ver con exactitud al hombre y entendimos la razón de aquella mirada, se trataba de un salvaje.

El hombre se inclinó para recoger una de nuestras mochilas y se incorporó sin quitar la vista de Cristian, la situación era tensa y Frank creyó conveniente aparecer en la escena, pensó que quizá eso persuadiria al salvaje de tomar una actitud violenta al verse en inferioridad numérica.

—¡hey, hombre! —grito desde la distancia —. Llevatelo todo pero date prisa pues a un kilómetro de aquí hay un convoy de El Puño.

El individuo cambio de objetivo sin perder la compostura, ahora apuntaba a la integridad de Frank.

—¿quiénes son ustedes? —. Preguntó

—Cristian, Ronan, yo soy Frank y Ana es quien te apunta. —Dijo mientras señalaba en dirección a Ana.

El hombre guardo silencio y lanzó una mirada desafiante hacia Frank, Luego empezó a avanzar hacia su dirección y Ana entendió que ese era el momento. Disparó pero el tiro fue a dar a la montaña de escombros. El salvaje se arrojó al suelo y Frank, Cristian y yo decidimos abalanzarnos sobre él. El intento fue parado en seco por un grito desde la distancia.

Aaawwwww se escuchó mientras rugian los motores.

—¡Vienen! —. Gritó Ana.

El salvaje nos lanzó una mirada de desconcierto, agarróla mochila y echo a correr. Nosotros hicimos lo propio, dejando equipaje, tienda y hasta la cantimplora atrás.

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#4

Nos ocultamos bajo unos árboles, mientras los hombres de El Puño nos pisaban los talones, escuchamos como sobrevolaban los drones sobre nuestras cabezas mientras las carcajadas de los hombres se iban aproximando. Una conversación a través del radio, en un idioma que ninguno pudo identificar y las carcajadas cesaron. Los drones volvieron a sobrevolar, esta vez a baja altura. Pegados a la base de un árbol, Frank dio la indicación de desplazarnos colina abajo, la luz de las linternas se iban aproximando y las intervenciones de quien se comunicaba a través del radio, se hacían cada vez más frecuentes. Empezamos a reptar con cierta sutileza por entre las ramas secas, Ana se fue quedando atrás pero esto no parecía importarle a Frank ni a Cristian que seguían avanzando a un ritmo considerablemente rápido, yo empecé a bajar el ritmo con para no dejar sola a Ana, ella lo entendió y trato de acelerar el paso pero producto de ello empezó a hacer ruido. Se oyeron Voces, carcajadas y pasos rápidos. De Frank y Cristian ya no había rastro, uno de los hombre lanzó un grito seguido por el vuelo a ras de uno de los drones que empezó a disparar en nuestra dirección, Ana se puso en pie y empezó a correr en mi dirección, las balas le rozaron inicialmente pero luego la impactaron, primero a la altura del tórax y luego en las piernas con lo que perdió la estabilidad y cayó al suelo. Fue la última vez que la vi, el mentón desencajado y su cara blanca como la luna de antes.

Finalmente yo no corrí colina abajo, perdí la referencia y empecé a correr de manera desenfrenada y a la vez torpe, después de un tiempo ni los drones ni los soldados me seguían pero yo continúe con la descontrolada carrera por la supervivencia. Los hombres de El Puño eran despiadados, y quienes lo sabían preferían un sólo tiro en la cabeza antes que caer en sus manos.

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#5

Corrí hasta que mi cuerpo lo permitió, era tal la fatiga que caí exhausto de rodilla, me fije en mis brazos y se encontraban todos rasguñados producto del roce con las ramas de los árboles y arbustos durante la frenética huida.

Distingui a la distancia lo que parecía ser una ciudad, tal vez Duniin o Braëm, no lo supe con exactitud pero preferí no ir hasta allá.

En cambio seguí por la carretera en espera de lo peor. No fue así y en cambio aviste al salvaje a medio kilómetro adelante, no grite ni fui más deprisa para alcanzarlo, todo lo contrario, lo seguí con cierta cautela con el fin de saber cuál era su destino.

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#6

El hombre caminaba sobre la mitad de la desértica carretera y yo le seguía por el borde de la misma guardando cierta distancia, él iba armado y yo apenas llevaba las sucias ropas que me cuidaban del frío.

Era medio día supongo yo, aunque el cielo estaba nublado, alcanzaba a ver los rayos del sol por encima de mi cabeza. El cansancio hacia mella y aquel hombre todavía no daba señales de querér parar definitivamente. Por un momento crei no poder continuar y quise desistir pero ya era tarde, la ciudad que había visto atrás ya había quedado demasiado lejos.

El hombre revolvió entre los bolsillos de su cazadora y sacó un mapa holográfico y lo accionó, claro está que desde mi posición no pude distinguir los detalles del mismo pero sabía ahora con certeza de que no deambulaba sin rumbo fijo y que su andar tenía un propósito.

El mapa estaba averiado y mostraba la información de manera intermitente.

El hombre apresuró el paso y yo tuve que sacar fuerzas de donde no las tenía para no perderle de vista...

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#7

Al frente nuestro, otra ciudad, no sabía a ciencia cierta de cual se trataba pero no sé vayan a resguardada por hombres de El Puño ni mucho menos contaba con una cerca que impidiera su acceso. Las luces de neón empezaban a cubrirlo todo y eso indicaba que uno a uno, los negocios de placer, apuestas, otros donde se bebe sin sed, ya estaban empezando a abrir sus puertas al público. Esto si estuviésemos hablando de una ciudad normal, donde El Puño hace presencia con su mirada vigilante en casa una de las esquinas.

El hombre ingreso sin inconveniente alguno y yo le seguí, nos mezclamos entre las gentes que ya inundaban las calles de asfalto y me resultó más fácil la aproximación. Las calles no daban indicios de en qué lugar me encontraba pero estaba seguro de que no era un lugar inusual en el cual mereciera la pena echar raíces, la gente se comportaba igual que en Baraëm, por ejemplo, calles al fondo pude ver como tres tipos le daban su buena paliza a otro que siquiera se podía sostener. En tres de lo cuatro los portones que se hallaban a mi derecha hombres vestidos de proxenetas ofertaban noches de placer irrepetible con Caroline, Xgrid y Marilyn, entre otros robots RG11017.

El hombre dobló a la izquierda luego de atravesar las primeras dos cuadras, hice lo mismo. Me encontré de frente con el hombre quien sin darme tiempo, puso el cañón de su arma en mis riñones, sentí un golpe en la cabeza que no provino del mismo hombre y en seguida un hilo caliente que bajaba por mi nunca.

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