SheilaMares
Rango9 Nivel 40 (3172 ptos) | Escritor autopublicado
#1

Tere es una mujer luchadora, que aprendió que la vida todo hay que ganarlo luchando. Pero ¿realmente saldrá recompensada por ello?

Prólogo

Recordando nuestros silencios, miradas y sonrisas la nostalgia me inunda. El dolor ha desaparecido. El tiempo ha borrado la pena que me embargaba. La lumbre no se ha convertido en cenizas, no se puede apagar nuestro gran amor. La muerte nos separó violentamente, pero no por eso ha ganado. Recurro a mi memoria y revivo viejos recuerdos. El paso de los años mengua en mi salud y pronto podré volver a verte. Como te prometí, luché sin descanso.

Hace casi 2 años Compartir:

2

10

#2

Tere vive en una época de hombres, ¿por qué debería aceptarlo? ¿por qué no luchar por sus derechos? Sigue la historia. Viviendo de recuerdos.

Parte 1

Vuelvo a mis veinte años, y pienso otro día más entre documentos y café. Nunca ascenderían a una mujer y eso era lo que me frustraba. Mucha más que los desprecios de mi jefe. Ese día había una importante reunión de un nuevo cliente, una empresa de coches requería de nuestros servicios de marketing. Comencé a revisar los documentos que debía entregarles. Después me dirigí al despacho de mi jefe, llame a la puerta y al entrar le explique.

—Todo está listo. ¿Quiere que repasemos los documentos?

—No, no es necesario. Avísame en cuanto lleguen. ¿Has pedido la mesa en el restaurante?

—Como usted me dijo.

—Bien. Vuelva a su puesto. No quiero que esperen ni un segundo.

Asentí y salí del despacho. Hice repaso mental de cada detalle. En la sala de reuniones había llevado las pastas y los entremeses. El café estaba listo. Oí como sonaba la puerta del ascensor y cinco hombres trajeados salieron de él. Se acercaron al mostrador, les saludé y me dijo uno de los más altos:

—Hola, soy Arturo Lopez. Hemos quedado con el señor Ricardo Sabadell.

—Soy Teresa, la secretaria del señor Ricardo. Los estábamos esperando —avisé a mi jefe.

Cuando salió a recibirlos hubo un rato largo de presentaciones. Y ya los acompañé a la sala de reuniones. Antes de empezar les ofrecí algo de beber.

—Teresa, por favor, los documentos —me dijo mi jefe algo molesto.

Sin haber terminado de serviles, comencé a repartir los documentos. Le llevé el último café y me puse a un lado, de pie. Mi jefe comenzó a hablar, como siempre mucha labia y poca chicha. A la hora de presentar productos no sabía venderlo bien. Tomo la voz Arturo:

—¿Esa es la propuesta que hizo en un principio?

—Sí, señor Arturo.

—Déjeme decirle si no fuera porque tengo los documentos aquí juraría que me está vendiendo cualquier otra cosa.

Mi jefe sonrió intentando tapar la vergüenza y abriendo los documentos les dijo:

—Primero, repasemos las especificaciones del producto.

Volvió a intentar exponer el producto, pero ya no había manera de encauzar aquello. Ese hombre había logrado ver a mi jefe que no estaba familiarizado con los documentos. El señor Arturo se levantó de la silla para irse y con él los demás hombres. Mi jefe se levantó de la silla y suplicó:

—Por favor, la presentación, sola la presentación. Mi secretaria lo hará.

Le mire absorta, lo decía en serio. Todos me miraban esperando a que empezara. Me acerqué a la mesa y cogí la carpeta donde tenía los documentos. Abrí directamente en la página donde explicaba como íbamos a explotar el producto en cada medio. Y todos me escuchaban atentamente. Cuando termine de explicar todo, comenzaron a preguntar dudas. Saque el contrato de la carpeta con tres copias y la entregue a Arturo y Ricardo. Y mi jefe me interrumpió:

—Esto lo hago yo, recoge las tazas Teresa.

—Señor Ricardo si firmo será gracias a ella.

Creo que hasta sentí la rabia y el odio que contuvo hacia mí. Y Arturo me dijo:

—¿Dónde firmo?

—En todas las hojas menos la última.

Mi jefe firmo también y guarde los documentos. Despidiéndome de ellos el señor Arturo me dijo:

—Será un placer trabajar con usted. Señor Ricardo —dijo mirando a mi jefe— tiene una buena secretaria.

Al oír eso sonreí orgullosa. Y mi jefe me miró con resentimiento, luego le dijo a Arturo:

—Tengo que recoger algo de la oficina, bajen al vestíbulo. Ahora me reúno con ustedes.

En cuanto se fueron mi jefe me regaño.

—Me hiciste quedar en ridículo. Por eso utilizaste lenguaje sofisticado para confundirme y ser el centro de atención.

—Señor Ricardo, yo solo hice mi trabajo.

—Como vuelva a suceder la despediré. Así no se dará esos aires de grandeza. Quiero para cuando vuelva que tengas ya preparados los castings para los anuncios. Muévete.

Contuve las ganas de contestarle y continúe con mi trabajo. Al terminar mi turno ya había llamado a la empresa de actores para que comenzará cuanto antes los castings. Al paso de las semanas se comenzó a grabar el anuncio, pero mi jefe me encargo otro proyecto. Pasé días frente al ordenador, cuando terminé se presentó en la oficina Arturo. Se le notaba alterado y al verme se acercó a mí.

—El señor Ricardo.

—Ha salido, pero en un rato llegara. Quizá le puedo ayudar.

—Bien, entonces dígame ¿por qué el anuncio no está grabado?

Hace más de 1 año

0

1
#3

¿Podrá Teresa solventar este nuevo problema con Arturo? No te pierdas su historia. Viviendo de recuerdos.

Parte 2

—No se le ha entregado hoy. Espere un momento, contactaré con la empresa.

Acercándome a la mesa cogí el teléfono y buscando en la agenda marqué el número. Al segundo toque contestó una voz dulce y melodiosa.

—Empresa Harmer. Habla Concha. Dígame.

—Hola Concha. Soy Tere que necesito hablar con Ignacio.

—O sí, ¿me imagino que se ha enterado de lo del actor?

—¿Qué ha pasado?

—Se ha cambiado el actor a última hora. Ya le dijimos al señor Ricardo que debía venir para dar el visto bueno al nuevo actor.

Suspiré y le dije:

—Ahora mismo voy a verlo con el cliente.

—A perfecto. Se lo comunico al señor Ignacio. Un saludo, Teresa. Nos vemos ahora.

Colgué el teléfono y le expliqué la situación a Arturo omitiendo por supuesto el descuido de mi jefe. Y le pedí:

—Mejor me acompaña usted y así puede opinar acerca del nuevo actor. Así adelantamos trabajo.

—Dirá acabáis el trabajo

—Sí, señor me disculpo en nombre de la compañía…

—Bueno, si lo vais a solucionar no hay problema.

Cogemos el ascensor, bajamos al garaje y le vi acercándose a un Mercedes Benz para abrirlo. Y le dije con respeto:

—Si le parece nos vemos allí.

—¿Vamos a llevar dos coches? Después la puedo volver a traer.

—No, discúlpeme. Es que debo salir con el coche de empresa, son las normas.

—Ya veo entonces voy con usted.

—Bien, como desee.

Ambos nos montamos en el coche y no pude evitar sentirme incomoda al tenerlo tan cerca. Arrancando el coche me dirigí hacia el estudio de grabación. Y él me preguntó:

—¿Lleva mucho tiempo trabajando para el señor Ricardo?

—Bueno, desde que termine de estudiar. Empecé haciendo prácticas, ordenaba archivos. Y poco a poco me dio más responsabilidades.

—Me imagino que no será fácil para una mujer de su potencial tener que estar recibiendo órdenes de una persona tan poco cualificada.

Hace más de 1 año

0

1
#4

El señor Arturo comienza a darse cuenta de quien maneja mejor la empresa, y así se lo dice a Teresa. Pero ¿ella como responderá? Sigue la historia. Viviendo de recuerdos.

Parte 3

—No entiendo que quiere decir.

—Sí, lo entiende. Solo que nunca lo diría en voz alta. Necesita el trabajo supongo que tiene sus gastos.

—Señor si no le importa puede cambiar de tema, no me parece apropiado hablar así de mi superior.

—Lo siento, si he sonado impertinente. No era mi intención.

—No, quizá he sido algo brusca.

—No lo dude.

Volví a ponerme tensa, su insolencia solo me ponía de los nervios. Llegamos y aparque en el parking subterráneo. Al subir nos recibió Concha que nos dirigió hacia el despacho de su jefe. Nos enseño el nuevo anuncio con el actor que habían elegido.

—Sí, este también está bien. ¿Qué sucedió con el otro actor? —pregunto el señor Arturo.

—Tuvo un accidente con el coche, está en el hospital.

—Vale, necesitaré sus datos.

Al oír eso me sorprendí. ¿Qué querrá hacer con eso? El de la agencia de modelos nos vuelve a enseñar el video. Y esta vez ambos estamos más atentos a los detalles, sin duda este actor coincidía en el papel mejor que el otro. Confirmamos los últimos detalles de la emisión del anuncio y nos dirigimos de nuevo a la oficina. Al llegar él me sugiere:

—Como ya es hora de comer, le importaría si vamos al restaurante enfrente de su oficina.

—Lo siento, pero tengo trabajo.

—Tendrá que comer.

—Si, pero me he traído algo de casa. No debería retrasarme más.

Él asintió, y parando en el parking del trabajo se montó en su coche y antes de irse bajo la ventanilla y me dijo:

—Gracias por todo Tere. Espero con ansias los buenos resultados de sus esfuerzos.

—Gracias a usted, ha sido un placer trabajar con usted.

—Espero continuar en su compañía, así que no vuelvan a cometer el mismo error.

—Descuida señor. No volverá a pasar.

—No debería poner la mano en el fuego por su jefe. Bueno, no quiero importunarla más así que me voy. Que pase buena tarde.

—Igualmente.

Le ve marcharse con su coche y ella sube a la oficina donde se encuentra a su jefe, que al verla le chilla:

—¡¿Dónde estabas?! ¡¿Llevo horas buscándote?!

Hace más de 1 año

0

1
#5

Teresa solo quería mantener su trabajo, pero pronto algo cambiará. ¿Luchará por hacerse un hueco en un mundo de hombres? #mujeres #igualdad

Parte 4

—El señor Arturo se pasó por la oficina por un retraso en la emisión del anuncio. Tuve que ir a la agencia de publicidad con él.

—Así que fuiste con él. No hace falta que te recuerde las normas de la empresa.

—No, señor. No es necesario.

Sin mirarle a la cara me senté en frente de mi ordenador, y él me señaló a una montaña de papeles que se encontraban encima de mi mesa:

—Pasa todos estos documentos a la base de datos y luego lo archivas. Lo quiero para hoy, no quiero ningún problema, mañana he quedado con un cliente importante.

Se marcha a su oficina sin esperar mi respuesta y cerrando con un portazo comienzo a mirar los papeles. Se me escapa un suspiro profundo y comienzo a teclear. La comida tendría que esperar. Me pase horas enfrente a la pantalla, los ojos comenzaban a arderme y la tripa me rugía hambrienta. Cogiendo mi almuerzo comencé a comérmelo, ni me molesté en ir a la sala de descanso. Al anochecer mi jefe salió de su despacho y me pregunta:

—¿Hiciste el proyecto que te mande?

—Sí, ya lo he terminado. Aquí tiene.

—Corregiré los fallos y lo expondrás. ¿Reservó mesa?

—Sí. —Saco una bolsita con lazos y se la entregó—: Y aquí está el regalo, es el collar que ella le pidió.

—Perfecto, gracias Teresa.

—La mesa está a su nombre, que pase buena noche y feliz aniversario.

Le veo sonreír, algo que nunca hace en el trabajo. Se ajusta la corbata y me pregunta:

—¿Todo bien?

—Sí, señor Arturo.

Sale de la oficina muy elegante y con paso firme, sin perder más tiempo ordeno mi mesa. Y vuelvo a casa, con los pies y la cabeza dolorida. Mi madre se encuentra en el sofá dormida con la televisión puesta, se la apago y se despierta al momento.

—¿Qué hora es?

—Tarde mamá. Mañana tengo que ir pronto a la oficina, viene un cliente importante, así que si no te importa…

—Me encargo, pero, cariño, tendrás que bajar un poco el ritmo.

—Lo sé, últimamente Ricardo me ha dado más responsabilidades.

—Sí, pero no te sube el sueldo. Ya hablaré con su mujer.

—Creo que soy afortunada de que me diera trabajo cuando nadie lo hacía.

—Y con esa actitud quien te iba a dar.

—Mamá, vamos a volver a discutir esto. Me voy a la cama.

Sin esperar respuesta me marcho a la habitación, mañana me ira mejor. Y no iba muy alejada de la realidad. A los clientes les encanto mi presentación, vender batidos energéticos es más fácil de lo que parece. Pero mi jefe volvía a estar bastante perdido, desde que me encargaba de los proyectos, ya no se esforzaba. Se dedicaba a regalarles los oídos a los clientes e invitarles a comer a sitios elegantes y caros. Mientras me quedaba en la oficina trabajando. Empecé a hacer los preparativos del proyecto de los batidos energéticos, y a última hora apareció mi jefe en la oficina.

—Teresa, tengo malas noticias. Mi mujer quiere que nos vayamos unos días a ver a su familia, su madre está gravemente enferma. Me gustaría dejarla al mando durante ese tiempo, aunque me deberá llamar para cualquier decisión. Las presentaciones las hará usted, junto a las salidas de comida que hago con los clientes. Quiero que les explique claramente que soy yo el que ha cedido poderes, que es momentáneo.

—Sí, señor Arturo, sin embargo, no me siento preparada para tal responsabilidad. Además, eso me quitaría más tiempo de…

—Tienes a tu madre para que te ayude, así que no vengas con esas. Soy el primero que no quiera darle esa responsabilidad, pero no me queda otra opción. La nombro mi sustituta hasta mi vuelta.

¿No puede ser cierto? ¿Qué se cree? No es mi dueño.

Hace alrededor de 1 año

1

1
Ed_Venaplus
Rango7 Nivel 30
hace alrededor de 1 año

Hola Sheila, somos editorial Venaplus. Una nueva editorial que publica a escritores noveles que escriben en sttorybox,y/o redes sociales. Querríamos llevar sus escritos a librerías físicas. Totalmente financiado por nosotros al 100%. Sabemos que al ser un autor no conocido, tienes muchas trabas y zancadillas a la hora de publicar. No tienes la oportunidad de que te financien en librerías, ya sea por el desinterés de las editoriales, que sólo publican a autores conocidos o consagrados en ventas, o bien, porque sólo encuentras indeseables que quieren sacarte tu dinero con la auto o coedición. Donde además de gastar su dinero, tendrás muy mala imagen de cara a los libreros y lectores. Con ediciones Venaplus, no tienes que pagar por publicar tu libro. Nosotros te financiamos. Somos una editorial convencional. Ya es hora de dar el salto en papel.
Envíame un email a @gmail.com">editorialvenaplus@gmail.com y hablamos de ver tus escritos plasmados en un libro y expuesto en las librerías, totalmente financiado por nosotros y dando una buena imagen como autor.
Ofrecemos asesoramiento gratuito, asumimos los costes de las facturas de imprenta, mensajería, gestión e inscripción de ISBN, firmas de libros, pondremos un equipo de profesionales a su servicio, diseñadores, maquetadores, contactos con librerías, asesoramiento, etc.
¿Tendrías más escritos?
Sólo publicamos a escritores residentes en España.
Muchas gracias y cualquier consulta me tiene a su disposición.
Atte. Lara Gómez.
Visita nuestro twitter;
https://twitter.com/EVenaplus


#6

De pronto, Teresa alcanza un nivel de responsabilidad que nunca ha tenido. ¿Llegará al nivel exigido? ¿Lo superará? #mujeremprendedora #mujerfuerte #relatosbreves #historiamujer

Parte 5

Ricardo cumplió su palabra y en el instante que desapareció de la oficina, me cedió todos los poderes hasta que volviese. No quería acomodarme a esta nueva situación, pero estaba disfrutando, es más, empezaba a darme cuenta de lo necesaria que era para la empresa. La frustración a veces venía a mi mente al recordar que esto era un cambio momentáneo. Además, Ricardo pocas veces se acordaba de llamarme para verificar mi trabajo, dándome más confianza en mí misma. Entonces Arturo llamó de nuevo a la oficina:

—Ricardo me comento que no iba a estar, pero que usted me enviaría las encuestas.

—Sí, señor Arturo. Acabo de enviárselas. Sin duda, ha tenido un buen recibimiento.

—Sí, eso he oído —confirmaba sin ningún atisbo de emoción, supongo que es lo que tiene ser rico. El triunfo se da por hecho—. Pero necesito verlos en cifras.

—Entiendo. Debe comparar todo y verificar si se puede mejorar.

—Todo se puede mejorar, señorita Teresa. Bueno, tengo un proyecto en mente y me gustaría contar con los servicios de su empresa. Esta vez es en otra empresa, la de mi familia.

—Estaré encantada de ayudarle.

—Me gustaría quedar, si puede ser hoy mismo, ya que voy un poco justo de tiempo. ¿Cuándo podría concertar una cita?

—Un momento —miré la agenda y viendo un hueco le pregunté—: ¿Qué le parece sobre las 7?

—Bien, le enviaré la información con un mensajero, por si quiere echarle un vistazo antes.

Despidiéndome, me quede pensando acerca de la información que tenía sobre la empresa de la familia del señor Arturo, que por cierto era poca. La sensación que me dio es que mi jefe quería ser reservado o estaba tan desinformado como yo, salvo que es una familia reconocida no sabía mucho más. El otro proyecto que nos pidió era para ayudar a un socio antiguo y recuperarlo. La empresa de la familia se encargaba de importar y exportar piezas únicas sobre todo de vehículos; aunque siempre estaban ampliando el negocio. Lo poco que sé de su empresa es que acaba de empezar a importar piezas de arte como cuadros y reliquias antiguas. No sé cómo ha podido ampliar tanto sus negocios, y más sin estar relacionados. Supongo que sus amigos millonarios le estarán ayudando en esto, al final son los únicos que tienen dinero para comprar esas piezas tan exclusivas. Sin demorarme más continúe con mi agenda, ya que tenía una reunión importante con unos clientes y luego debía llevarlos a comer. Acabé la comida a las tres y media, me dolía la tripa del atracón y me decidí volver a la oficina, pero antes me pasé por una cafetería para tomarme una infusión para la digestión. El portero del edificio se encontraba en la entrada barriendo y acercándome le pregunte:

—¿Algo para mí, Fernando?

—Sí, vino el mensajero. Aquí tiene este sobre.

—Gracias. Que pases buena tarde. Voy a seguir trabajando.

—Estoy seguro de que no le pagan lo suficiente para tanta dedicación.

—Es lo que debo hacer. Hasta luego, y de nuevo gracias.

Llegué al despacho de Arturo para abrir el sobre y examinar cada documento con detenimiento, no me lo podía creer. ¿Un museo de antigüedades? ¿en serio? No podía creer que quisiera anunciarlo, no había oído ningún rumor de que habría un nuevo museo en la ciudad. En la última página vi las fotos del museo y eran las originales. ¿Cómo es eso posible? Y ¿por qué tanto secretismo? Volví a repasar todo. Organización del museo, tipo de exposiciones, edades recomendables y precios de entrada. Ni me molesté en revisar el lugar donde lo situó, porque con solo lo que leí ya estaba convencida del proyecto. Preparado para que los niños puedan aprender sin aburrirse. Incluso acondicionado para personas sordas, ciegas y discapacitadas físicamente. Una apuesta arriesgada, pero sin duda vencedora. Sería el primero en contar con un recinto preparado para todo y todos. Sin duda, un logro de integración a todas las personas.

Después de un vistazo rápido continúe con otras tareas pendientes y prepare varias ideas para los anuncios del museo. Me sobraba una media hora así que prepare café y ordene un poco el despacho de Ricardo antes de que llegase Arturo. Oí la puerta y me acerqué a abrir, aunque estaba abierta. Arturo se encontraba al otro lado con su traje impecable y esa pose de ricachón y autoconfianza. Me miraba sonriente y me dijo:

—Espero que no le importe he llegado un poco antes. No sé si habrá tenido un momento para mirar los papeles que le enviado.

—Adelante pase, no hay problema. Si les he echado un vistazo. Antes de que empecemos le apetece algo de beber o comer.

—No gracias, vengo de una reunión de negocios y parecía más un banquete.

Se tocó la barriga como si fuera a reventar y ambos nos reímos.

—Créeme le entiendo.

—Ya me imagino, después de todo se ha estado encargando durante varias semanas del trabajo de su jefe y las comidas que prepara su empresa son increíbles. Yo las he sufrido créame y es difícil superarlas.

—Bueno, no sé si darle las gracias o disculparme.

—Sin duda, las gracias. Se come mucho, porque la comida es buena. Sigan sin recortar en comidas, es un buen as en la manga.

—Me alegro. Bueno, señor Arturo, he echado un vistazo al proyecto y aunque es arriesgado creo que es una buena inversión. Estaremos encantados de encargarnos de todo el marketing de su nuevo negocio.

—¿Tiene alguna duda? o ¿propuesta?

—Sí y sí. Mi duda es sobre si piensa hacer alguna tarifa económica en algunas fechas específicas.

—Sí tenía pensado, pero aún no tengo claro el día. ¿Qué propone?

—Por ejemplo, podemos hacer tarifas de familia y de grupo.

—¿De estudiantes? Sería una manera de ayudar a los emprendedores.

—Es buena idea, pero de la otra manera te aseguras de que vengan acompañados y son más ingresos.

—Sí, eso también. Y ¿qué propone sobre los anuncios?

—Primero, debemos crear un impacto muy fuerte en el estreno. Me imagino que invitara a sus contactos.

—Sí irán, pero también quiero llegar a la gente de a calle. Ya que el día de estreno será gratuito y se realizaran muchas actividades.

—¿Cuándo piensa sacar a la luz los anuncios?

—Teniendo en cuenta que estrenamos en abril cuanto antes.

—Con tres meses de antelación me imaginó que será suficiente. ¿Sus contactos ya le han confirmado asistencia?

—Casi todos. Sí.

—Perfecto. Haremos los anuncios de carteles, periódicos; pero esta vez habrá también en televisión. Abarcaremos universidades, colegios y, sobre todo, bibliotecas. Cuando vaya a algún evento incluso podría hablar a la prensa e invitar a todos. Después de todo su apellido tiene renombre.

—Tenía y me gustaría que el lugar triunfará por mis propios méritos.

Si te gusta regálame un corazón❤ y comparte en tus redes sociales.

No olvides seguirme.

Saludos, Sheila Mares.

#7

¿Se terminará aquí los negocios con Arturo? o ¿Teresa podrá solucionar el problema? No te pierdas esta historia. #mujeremprendedora #sheilamares #mujernegocios

Parte 6

—Perdone, no era mi intención…

—¿Cuál? ¿Juzgarme por mi posición social? O ¿Qué me diese cuenta de ello? Lo he visto en su cara desde que nos presentaron, pero pensé que su profesionalidad superaría sus prejuicios.

—Señor, siento que se haya sentido así, no era mi intención. Supongo que me sentí cohibida por su posición.

—Creo que en ningún momento he usado mi posición para imponerme. Solo me he tenido que imponer ante su jefe. Tampoco le he faltado al respeto. Al contrario, le he elogiado en varias ocasiones. Incluso ahora pese a lo que piensa de mí, sigo defendiéndola. ¿Eso no cambia su opinión sobre mí?

—Si le incomoda mi presencia ¿por qué sigue haciendo negocios con nuestra empresa? —no pude evitar sonar algo agresiva— ¿Tiene algún interés personal?

—Sí, ganar dinero con sus habilidades —mostró indignación en su rostro y note algo de desconcierto—. ¿Interés de otra índole?… no soy ese tipo de hombres. No sé si es consciente de la facilidad con la que me está ofendiendo.

Esta vez me quede sin palabras, y él arrastrando la silla se levantó, molesto. Se iba hacia la puerta y levantándome le pedí:

—No se vaya por favor, siento mi comportamiento. Está en todo su derecho de no volver a tratar conmigo, pero me encantaría participar en su innovador proyecto. Realmente creo que es un buen empresario. Prometo dejar de lado mis prejuicios.

—Dejarlos de lado —se rio para adentro— ¿en serio? Lo que debería hacer… mejor me callo, ¿verdad? Porque me imagino que me rebatirá cualquier cosa que le diga.

Le mire con una sonrisa vergonzosa, afirmando lo que él ya se imaginaba. Para ser sincera no entiendo porque tenía la necesidad de replicarle todo, supongo que me recuerda tanto a él. Volvió a sentarse y suspirando me pidió:

—Sigamos trabajando. Ambos tenemos mucho trabajo.

Pasamos largas horas examinando todo el proyecto, ya había anochecido y aun teníamos más ideas en el tintero.

—Deberíamos concertar otra cita para mañana, se ha hecho muy tarde.

—Estoy de acuerdo. Mejor la llevo a su casa, no es bueno que vaya sola por la calle a estas horas.

—Se lo agradezco, pero no es necesario. Mi casa se encuentra cerca de la oficina.

—Entonces nos despedimos aquí. Que pase buena noche y de nuevo, gracias por sus ideas.

Despidiéndonos ambos nos marchamos a nuestras casas. Y durante dos semanas hice todos los preparativos para los anuncios. Ricardo alargaba su viaje cada vez más y en parte me atemorizaba no rendirle cuentas mientras eso sucedía. La estrategia para el proyecto de Arturo estaba totalmente calculada así que le llame para tener su confirmación. Llego a la oficina junto a un par de hombres más y con una amplia sonrisa me dijo:

—Hola, señorita Teresa, le presento a unos empleados muy importantes del museo. El señor Francisco, encargado del marketing después de la apertura y el señor Rene, encargado de la administración. Les traje porque quiero que vean como se realizarán todos los proyectos y lo que pueden esperar del museo.

—Encantada, por favor pasen y tomen asiento.

Sin duda he nacido para esto, con tranquilidad les explique todos los pasos a seguir durante los meses anteriores de la apertura y como mantener el afluyente de gente una vez abierto el museo. Debí sorprenderles porque no preguntaron nada durante la presentación. Cuando termine el señor Arturo sonrió y me dijo:

—No tengo nada que decir, un trabajo impecable. ¿Qué opináis?

Ambos se miraron, y después me echaron un vistazo de arriba abajo. En ese instante me sentí fatal, despreciada y estúpida. El señor Francisco fue el primero en tomar la palabra:

—Bueno, los anuncios están bien, pero se pueden mejorar. —El señor Arturo le miró algo dubitativo y añadió: — no me mire sorprendido. Al fin y al cabo, ella es una simple secretaria, no se le podía pedir más sin que este el señor Ricardo.

—De momento, no le oído decir más que quejas, si tan mala idea ha tenido ¿por qué no propone algo mejor? Le recuerdo que es el encargado de marketing.

—Venga señor Arturo, es una mujer. ¿Quiere dejar este negocio tan importante en sus manos?

—Parece ser que está mejor que en las suyas, —poniéndose de pie el señor Arturo, le señalo a la puerta y con firmeza le dijo—:  largase de mi vista. Está despedido. Su trabajo no es para que juzgue a quien contrato sino el marketing que realizó.

—Señor, entiéndame.

—Le entiendo, no desea trabajar. Entonces yo le cumplo el deseo y largase de mi vista.

Furioso el señor Francisco se levantó de la silla y tiro los documentos al suelo. Iba a cogerlos, pero Arturo me lo impidió.

—Siga con su presentación. Siento el comportamiento de mi subordinado, no volverá a pasar.

Continúe explicando todo, esta vez la cara de Rene era diferente, el miedo a ser despedido como su amigo había conseguido que cámbiese su actitud hacia mí. Al terminar el señor Arturo quería ultimar unos detalles conmigo y mando a Rene que se marchase. Recogí todos los papeles mientras el señor Arturo se volvía a disculpar:

—Siento lo que ha pasado, prometo que no volverá a pasar. Ha sido vergonzoso por parte de mi equipo.

—Usted no tiene la culpa, y no será el primero ni el último.

—Conmigo si será el último si quieren mantener su trabajo. Usted se comportó como una profesional, esperaba lo mismo de ellos.

Una leve sonrisa se me escapó y sonrió levemente.

—Bueno que era lo que quería ultimar.

—Un detalle muy importante, tenemos a última hora una pieza del museo que conseguí con mucho esfuerzo y si sale a la luz antes de tiempo perdería todo el sentido.

—A ¿qué se refiere?

—Me refiero que hay que añadir en el cartel que habrá una pieza valorada en millones de pesetas que cautivará a todos los que la vean.

—Una pieza muy cara y extraña por lo que me cuenta.

—La última emperatriz china Cixi, son las joyas con las que la encontraron muerta. Estoy intentando negociar para que me envíen más cofres de sus joyas.

—Esa emperatriz tenía cientos de cofres...

—Miles para ser exactos hasta 3000 cofres, ¿entiende lo que implicaría traer tanto al museo?

—Habría que esperar meses para reservar el museo.

—Por eso, no quiero que se divulgue hasta después de la apertura. Si  no correremos el riesgo de que las entradas gratuitas del primer día sean pagadas por los ricos a la gente pobre.

—Entiendo, no me lo puedo creer.

—Usted vendrá, puede traer un acompañante. Me imagino que su jefe vendrá con su mujer.

—¿Acompañante?

—Sí, un novio —señale que no con la cabeza y añadió— bueno, también un familiar o un amigo.  Y si viene sin acompañante, estaría encantado que fuera la mía. Así me evitaría el compromiso de invitar a alguna señorita que mal interpretaría mis intenciones.

—Es muy fácil mal interpretarlo siendo un soltero atractivo, adinerado y altamente codiciado.

Me mordí la lengua en ese instante, ¿qué le estaba diciendo?, él se rio a carcajada limpia y me afirmo:

—Sin duda, no puede evitar dar su opinión sincera. Creo que ambos somos lo suficiente maduros para poder estar en ese evento como amigos.

—No es por esa razón que estoy preocupada, es por los medios. Pero si cree usted que no habrá rumores, estoy dispuesta a acudir con usted.

—Bien, trato hecho. ¿Me imagino que sabe bailar?

—Sí, pero sería mejor que no bailásemos juntos. No quiero ser el tema de conversación en el evento.

—Lo respeto. Muchas gracias por su amabilidad. Me temo que tengo que dejarla, aún tengo muchas cosas que discutir con mis empleados y el tiempo se va acortando.

Pasando las semanas mi jefe volvió. Ya había terminado todos los arreglos para los anuncios del señor Arturo y de otro cliente. Mi jefe Ricardo revisó todo y quería realizar cambios de última hora, me negué en rotundo:

—Yo misma confirme los proyectos con estos clientes, no podemos cambiar nada a última hora, no hay tiempo para prepararlo. Además, habría que consultarlo con ellos. Es nuestra norma. Usted me dio permiso, no puede cambiar todo.

—Que no puedo. ¿Se te olvida como entraste aquí? Por mi benevolencia, nadie quería contratarte. Me costó una discusión con mi mujer. Igual tenía razón y solo eres una trepa más cazafortunas.

—No se atreva.

—No, no te atrevas tú a faltarme al respeto. Vuelve a tu lugar, secretaria.

Si te gusta regálame un corazón ❤ y comparte en tus redes sociales.

No olvides seguirme.

Saludos, Sheila Mares.

#8

La vuelta de Ricardo revuelve todo en el trabajo. ¿Cuánto aguantará Teresa?#igualdad #mujeremprendedora #injusticias

Parte 7

No podía soportar que me tratase con desprecio, que usase mi pasado contra mí. Una punzada en el corazón me aprisionaba, pero me mantuve callada. Necesitaba ese trabajo. Apreté los puños llena de frustración. Durante días, él estuvo comunicándose con los clientes, menospreciando los pocos mandados que me ordenaba. Unos días después Arturo apareció por la oficina, amigablemente me sonrió y me dijo:

—Hola, señorita Teresa, me habéis llamado. Supongo que será por los anuncios de televisión.

—Le habrá llamado el señor Ricardo. Ahora mismo le aviso.

Me comunicó con mi jefe, que salió del despacho con los brazos abiertos a saludarlo. Durante un buen rato mi jefe se explayó en halagos. Antes de entrar al despacho Arturo me lanzó una mirada que no conseguí entender. Me senté en mi escritorio entreteniéndome actualizando la base de datos, a los pocos minutos oí chillos. De pronto, se abrió la puerta. Vi salir a Arturo furioso, fue directo hacía a mí para reclamarme:

—¿No tienes nada que decir? ¿Vas a permitírselo?

—Perdón ¿a qué se refiere?

—Así que no se lo ha dicho. Quiere desvelar todo en el anuncio. Las joyas, la emperatriz… todo. Eso ya lo había hablado con usted.

Al instante Ricardo contestó muy alterado:

—Señor Arturo, perdone. Ya le he dicho que se hará lo que usted desee.

De pronto una risita baja salió de la comisura de los labios del señor Arturo, y con sarcasmo dijo:

—Bien, ha solucionado esto. Y la señorita Teresa ¿podrá venir a la apertura del museo? ¿Le da usted su permiso?

—Aunque quisiera ir, no puede tiene responsabilidades en su casa. —contesto Ricardo— No debería dejar solo…

Al momento le corte:

—No, no voy a ir. Una secretaría no va a esos eventos.

—Bien, bien. Entonces olvídense de renovar el año que viene, buscaré otra empresa para mis anuncios.

Ricardo furioso me miro y le dijo a Arturo:

—Pero señor, ella tiene razón solo es una secretaria.

—Ella es la que ha hecho los proyectos o ¿no Teresa?

—Sí, pero…

Ricardo volvió a mirarme esta vez con odio. Pero en mi interior sabía que me merecía ese reconocimiento. No es justo que me quedase en las sombras. Con rabia nos dijo:

—Está bien, irá.

—Bien —soltó satisfecho Arturo y añadió—: Es más será mi acompañante. Así que este viernes noche pasaré a recogerla por su casa.

—No es necesario.

Esta vez la mirada de Arturo era más decidida que antes y me quede en silencio aceptando su invitación. Después de que se marchase hubo muchas palabras despreciables y humillantes de parte de Ricardo y sin poder evitarlo termine llorando en el cuarto de baño. Sabía que esto tendría peores consecuencias, pero me decidí a no pensarlo. Ya era tarde para solucionarlo.

Llego el día del evento decidí quedar con Arturo en la puerta del edifico de la oficina. Le vi llegar en su coche y cuando se bajó a abrirme la puerta sentí que el corazón se me paraba. Sin duda ir de etiqueta le sentaba muy bien, pero esa no era la causa de que no pudiese respirar. Cuando volvió a su asiento me dijo con una leve sonrisa:

—Va muy guapa, el negro le favorece.

—Gracias, bueno usted señor Arturo no se queda atrás.

—Tenía que estar a su altura. Bueno, ¿preparada? Hoy es el gran día.

—Si digo que no, ¿me llevaría de nuevo a casa?

—No, pero buen intento.

Ambos sonreímos, durante el trayecto me hablo de su discurso de inauguración incluso lo ensayo para que le diese mi opinión. Como no, no era necesario ningún retoque. Estaba perfecto. Al llegar periodistas nos rodeaban y nos desbordaban a preguntas. Arturo contesto solo un par y ambos nos acercamos a la cinta roja del museo. El alcalde posicionado hacia el público comenzó a hablar e inaugurando el nuevo museo corto la cuerda roja. Todos entramos por orden, pero Arturo no se separaba de mí. A lo lejos vi a mi jefe con su esposa ambos fulminándome con la mirada. Sinceramente Arturo me incomodaba, por un momento recibía demasiadas atenciones. O quizá era yo la que las demandaba al responder a sus sonrisas y miradas.

—Necesito que me acompañes a la sala continua, quiero que seas la primera que lo vea.

Abriendo una puerta dos hombres con traje de pingüino la cerraron detrás de nosotros y entonces lo vi a lo lejos la vitrina que resplandecía. Las joyas destelleaban con miles y miles rayos de colores reflejadas por la luz de los focos. Al acercarme no pude esbozar palabra. Hermosas. Noté que me tocaban la espalda con delicadeza y miré a Arturo.

Si te gusta regálame un corazón ❤ y comparte en tus redes sociales.

No olvides seguirme.

Saludos, Sheila Mares.

#9

Pese al enfado de su jefe Teresa acudió al evento acompañada de Arturo. ¿Se cumplirán sus miedos? #emprendedora #valiente

Sigue leyendo y no te pierdas nada.

Parte 8

—¿Me escucha? —me dijo notando que estaba ensimismada.

—Perdone, sí dígame.

—¿Qué le parece?

—Son preciosas —Su mano continuaba aun en mi espalda y di la vuelta detrás de la vitrina para mantener las distancias—. Va a ser la mejor exposición del museo.

—Volvamos con los demás, daré el discurso antes de abrir esta sala.

—Buena idea.

Al volver a su lado, me agarro del brazo con delicadeza y dulzura, para decirme:

—Si se queda hasta última hora le enseño el cofre que he recibido. Es pequeño, pero creo que le gustará.

—¿Un cofre de la emperatriz Cixi lleno de joyas? —pregunté mirando tan fijamente a sus ojos que debió de resultarle incómodo.

Él se rio y ajustándose la corbata volvió a insistirme:

—Vamos, tengo que dar el discurso. De todas formas, nunca me imaginé que le gustaría las joyas.

—Estamos hablando de joyas antiguas, la elaboración del producto. Es mágico. Las de ahora son joyas comerciales, no tienen ningún significado. Esto es historia, es cultura. No sé cómo explicarlo.

—Lamento decir, que la entiendo. Tienen como más profundidad, un pasado como dice usted con historia.

—Sin duda, bueno volvamos.

Él puso su mano en mi espalda para que pasase delante de él y le miré dándome cuenta de una cosa. Podría llegar a emocionarme por este hombre y podría llegar a destruir mi vida si no controlo mis sentimientos. Esta noche sería la última que tendría este acercamiento, el lunes el trato será estrictamente profesional. Debía evitar entramparme, lo que sería peor enamorarme. Durante el evento comimos y bebimos mientras paseábamos por el museo mientras Arturo se explayaba con la explicación de cada cuadro y obra de arte. Al mirar a mi alrededor vi personas de diferentes clases sociales y la satisfacción recorrió mi cuerpo, incluso la paz. La guinda final de la noche la tuvo la exposición de las joyas de la emperatriz Cixi, la sala se quedó en silencio. Incluso los niños miraban hipnotizados el brillo de cada adorno formado por piedras preciosas. Algo que no me esperaba era que Arturo diera otro discurso. El primero había sido maravilloso, pero este último contaba la historia de la emperatriz. Aunque durante todos esos años la guerra había logrado hacer tanto daño a China, esta emperatriz consiguió estabilizar el país. También cometió algunos fallos, pero eso solo los comentó vagamente. Y las últimas palabras de Arturo fueron:

—Un ejemplo de la capacidad, el ingenio y la fortaleza de la mujer.

En breve cerraría el museo y todos estaban impacientes por acercarse a ver las joyas de la emperatriz. Con orden todos pudieron ver cada detalle de esas lujosas joyas. Muchas mujeres saludaron a Arturo dándoles las gracias por su último discurso. Sabía que esa palabrería hacia crecer las mujeres a su alrededor, pero no comprendía porque una pequeña parte de mí le molestaba. Al quedar vació el museo, nos quedamos solos junto al guardia de seguridad. Y Arturo estuvo un rato hablando con él, hasta que me miró y me dijo:

—¿Me acompaña señorita Teresa?

—Sí.

Él me agarro del brazo pasándolo por el suyo y juntos nos dirigimos al almacén. Al entrar abrió una caja fuerte con muchas medidas de seguridad. Y sacando una caja con delicadeza la puso en una mesa de al lado. Se puso unos guantes especiales y abrió la caja.

—Creo que tendrá que conformarse con verlo así. Hasta que no la revisen los expertos no me atrevo a tocar el cofre, ya que podría estropearse. El vendedor me dijo que no había problema, pero prefiero prevenir.

—Le entiendo. ¿Es de oro?

—Así es.

—Debe pesar…

—Pesar y valer. Es de las piezas más caras que tengo en el museo. Usted es una privilegiada, viéndola antes de la exposición.

—Muchas gracias, señor Arturo. Realmente ha salido todo perfecto, espero que usted también haya quedado satisfecho.

—Sin duda, ha sido un trabajo impecable. ¿Quiere que la lleve ya a casa?

—No hace falta, puedo coger un taxi.

—No me cuesta nada.

—Yo prefiero así, de verdad.

—Está bien. Entonces le acompaño hasta que llegue su taxi.

Ambos salimos a la calle y le trajeron el coche a Arturo. Mientras esperábamos a que llegase el taxi le pregunté:

—Así que lo del baile lo suspendió.

—Nunca pensé en hacerlo, en estos eventos no es apropiado bailar. Se lo dije de broma, porque es muy típico pensar que los ricachones organizan bailes en todas las fiestas.

—Señor, yo…

—No, tranquila. Debí decirle que era broma.

Sonrió y le devolví la sonrisa. Al llegar el taxi, él le dio dinero al taxista y se marchó en su coche. El fin de semana mira todas las informaciones relaciones del evento y solo había buenas opiniones. De momento, estaba teniendo un buen impacto, pero hasta el lunes no nos llegarían las estadísticas.

Llegado el lunes casi iba corriendo a la oficina, quería saber todas las reacciones del evento. Aunque a veces tardan algún día más en sacarlas, estaba entusiasma. En cuanto subo en el ascensor me encuentro a Ricardo junto con su mujer en la oficina y ambos me mandan entrar al despacho. Ella le daba codazos y le decía:

—Dile, Ricardo. Desvergonzada.

—Cariño, tranquila ahora voy a hablar.

—¿Está descontento conmigo señor? —pregunté asustada.

—Descontento, preguntas aún. Eres una usurpadora, trepa. Todos te vieron coqueteando con el señor, Arturo. Si él supiera la verdad. Ni le dirigiría la palabra.

—Cariño, por favor sal. Quiero hablar con ella.

Furiosa salió del despacho y cerro dando un portazo. Ricardo soltando un profundo suspiro me miró fijamente:

—Lo siento, señorita Teresa, pero no puedo permitir una actitud así. Ambos pasamos vergüenza el viernes en la inauguración. No quiero volver a verla en mi empresa. Coja sus cosas. Esta despedida. Le daré 6 meses de pagos, en su casa no tienen la culpa de su falta de profesionalidad.

—Gracias, señor por estos años y siento si se ha ofendido. No era mi intención, en ningún momento coquetee con el señor Arturo. No puede echarme, usted sabe mejor que nadie que no voy a encontrar trabajo.

—Haberlo pensado antes de faltarnos el respeto, después de todo lo que hemos hecho por ti.

Contuve las ganas de llorar y salí de su despacho. Comencé a recoger todas mis cosas mientras su mujer me soltaba groserías. Al bajar en el ascensor me encontré con Arturo. Su rostro me mostró una expresión que no supe leer y me dijo:

—Así que ese degenerado le ha despedido. ¿Quiere que la lleve a su casa?

Si te gusta regálame un corazón ❤️ y comparte en tus redes sociales.

No olvides seguirme.

Saludos, Sheila Mares.

#10

Teresa ha perdido este asalto, pero no se rendirá. ¿Encontrará un buen trabajo?  Sigue la continuación de la historia. #mujeremprendedora #sinlímites #mujertrabajadora

Parte 9

No sé por qué accedí a que me llevase. Pensé que podría encontrarme mejor estando con él, pero me sentía estúpida. Es más, ¿por qué vino? Es obvio que querría saber cómo han salido las estadísticas. Pero ¿por qué quería llevarme a casa? Estaba tan absorta en mis pensamientos, que no me di cuenta de adonde nos dirigíamos. Aunque le había dicho dónde estaba mi casa, estábamos en el centro de la ciudad. Aparco en una calle poco concurrida y me abrió la puerta. Le miré un segundo a los ojos cuando vi su mano extendida hacia mí y no pude evitar ruborizarme. No sé qué tienen esos ojos verdosos e intensos, pero me impiden actuar con naturalidad. Como no reaccioné, él me dijo:

—Quisiera hablar con usted mientras tomamos algo. No le robaré mucho tiempo.

Asentí con la cabeza y agarré su mano para salir del coche. Me llevo a una cafetería tranquila, elegante y creo que cara. Me paré en seco, negándome a entrar y él se explicó:

—Siento no haberle preguntado, pero me temía que me iba a decir que no. Es importante que hablemos.

Sin poder evitarlo suspiré, esperando algún interés inapropiado. No sería el primer cliente de mi jefe, galante y conquistador que lo intenta, pero si será el último. Le miré fijamente y le dije:

—Esto no va a acabar como usted piensa, señor. Le escucharé y luego cogeré un taxi para ir a mi casa. Y como me haga sentir incomoda en algún momento, me marcharé. ¿Ha quedado claro?

Él se rio:

—Le ha pasado demasiadas veces que no puede haber otra razón para que requieran de su compañía. —Sentí vergüenza por mi engreimiento, algo que él intentó remediar—: Perdone si mi comentario sonó grosero, pero ciertamente me sorprendió su conclusión y su sinceridad. Entremos.

Nos sentamos en la mesa y comenzamos a mirar la carta, como pensé cafetería de lujo. Pidió un par de cafés y algunas pastas. Sin distraerme con tanta tontería, decidí preguntar:

—Entonces ¿de qué quería hablar?

—Quería hablar de negocios.

—¿Negocios? —pregunte extrañada.

—No sé por qué se sorprende ¿Quién hizo el proyecto que me presento?

—Mi jefe, claro.

—Venga por favor, era obvio que su jefe no sabía nada. No me tome por tonto. Fue usted, quien elaboró todo el proyecto, él solo dio el visto bueno.

—Sí, pero…

—Acepte los elogios. No puede mentirme. Bueno, iré al grano. Quiero ofrecerle un trabajo, habrá competencia y sus logros le pertenecerán.

—¿Qué dice? Me está diciendo que mis ideas permanecerán como mías. ¿Sabe en qué tiempos vivimos?

—Y usted ¿sabe quién soy yo?

—Que sea uno de los hombres más poderosos e influyentes, no puede hacer cambiar años y años de malas costumbres. Créame, se dará de bruces.

—Algún momento habrá que empezar.

—¿Por qué yo?

—Veo que no ha estado prestando atención. Quiero un profesional en mi equipo y usted cumple con los requisitos.

No pude evitar soltar una carcajada y al instante me disculpé:

—Perdón, pero es que no entiendo nada.

—Entiendo que ha sido precipitado lo de mi oferta. Aun así, no debería sorprenderle. Creo que usted es consciente de su gran potencial.

—¿Potencial? Me halaga. Ahora mismo no sé qué decirle.

—Si quiere le doy unos días para que lo piense. De todas formas, ahora me gustaría comentarle todo lo que ofrece este puesto de trabajo.

—Señor, y si yo no cumplo sus expectativas.

—Ya las ha cumplido. Y si se equivoca la despediré. No tiene nada que perder ya ha perdido su trabajo.

—Así que quiere ser mi nuevo jefe.

—Si, claro. Pero sin adueñarme de sus logros.

—Entonces hablemos de las condiciones.

—Está bien. Este es el tipo de contrato, solo habría que añadir su nombre—me pasó la carpeta, al abrirla comienza a explicarme—: El puesto es para creativo, estarás con tus compañeros en el equipo. Todos están recién contratados y después del primer proyecto se elegirá al director creativo. La idea es tener nuestros propios empleados encargados de la publicidad y no tener que contratar el servicio de empresas externas. Lo tenía pensado hace tiempo, siento haberle engañando, creyendo que renovaría con ustedes.

—Lo raro es que nos encargaría más proyectos. Y ¿sobre el dinero?

Le escuchaba con atención cada cláusula me sorprendía más que la anterior. Más dinero, incluye dietas y vacaciones pagadas.

—Sobre el horario, no puedo prometerle que no tendrá que hacer horas extras. Pero le aseguro que serán pagadas. Lo bueno, que tengo una costumbre en la oficina, si el trabajo está hecho y no hay eventos cercanos se librara el viernes tarde. Si necesita algún día libre solo tiene que avisar con 15 días de antelación, se dispone de 1 día cada 3 meses.

Le mire estupefacta, sinceramente me parecía todo demasiado bueno.

—¿Cuánto tiempo tengo para pensármelo?

—Una semana, así podrá descansar antes de volver a trabajar.

—Está bien, tiempo suficiente.

Aunque ya había tomado mi decisión preferí tomarlo con calma. Al fin y al cabo, es un cambio muy drástico. Al llegar a casa, le comenté a mi madre todo lo sucedido y con pesar me dijo:

—Con todos los favores que le hizo tu padre y así nos lo paga. Ricardo es un desagradecido.

—Mamá es cosa de su mujer, es una manipuladora. Nunca le he caído bien.

—Ni que ella fuera una mujer maravillosa, es una víbora. Cariño, ese puesto de trabajo está bien, pero no te deja libertad. No estarás tiempo en casa.

—Como ahora mamá, lo único que ahora me pagaran las horas. Si asciendo a directora podré tener más libertad de horario.

—Eso no te lo ha dicho él.

—No, pero lo sé. Lo único que ahora creo que tendré más cenas de negocios, tendré que estar más tiempo agasajando a los clientes.

Mi madre me miraba dubitativa y me pregunta:

—Cariño, ¿ese hombre es guapo?

Si te gusta regálame una estrella ⭐ y comparte en tus redes sociales.

No olvides seguirme.

Saludos, Sheila Mares.

#11

¿Se estará metiendo en la boca del lobo? o ¿será la oportunidad de su vida? Continua la historia. #mujeremprendedora #trabajaduro #sinlimites

Parte 10

—¿Quién? ¿Mi jefe? —Asiente con la cabeza, contesté algo remolona—: Guapo… pues lo normal. Ya sabes que los hombres de negocios se arreglan mucho.

—Hija, por favor. Que no nací ayer.

—Sí, lo es. Pero no va a pasar nada. Soy su empleada nada más.

—Teresa, hija, ten cuidado. Solo te digo eso.

—Lo tendré mamá.

Me quedé pensativa, puede que él no tenga más que un interés profesional en mí, pero a veces, cuando me mira… Decidí esperar un día antes de contestar a Arturo que aceptaba el puesto de trabajo. Me puse al día con toda la información que pude conseguir de la empresa durante esa semana de vacaciones.

Cuando me encontré en el trabajo, me presenté a los demás miembros del equipo de marketing; Carmen, José Andrés, Mari Ángeles, Jacinto y Eduardo. Eran todos de mí misma edad quizá incluso más jóvenes. Esperamos en la recepción a que nos atendieran. Al rato llego una mujer alta y rubia, con cara de mustia nos dijo:

—Vamos, seguirme. Me presento rápido, soy Rebeca, encargada de vosotros solo este mes y no por gusto. Seguirme os indicaré vuestras mesas y la agenda de hoy. —Sin pararse continúo hablando—: Durante la primera hora, organizaréis vuestro escritorio y rellenaréis el formulario de vuestras mesas. Si termináis antes de ese tiempo, repasarlo, es importante. A las 10 os reuniréis en la sala de reuniones 3 con el director, os aconsejo que llevéis libreta y bolígrafo. Todas las dudas que tengáis las contestara el formulario. —Después de haber recorrido varias oficinas se paró en una de las hileras de mesas y dijo—: A partir de esta mesa vais por orden alfabético. La sala de reuniones 3 se encuentra saliendo por la puerta derecha en el lado izquierdo. No lleguéis tarde, sería un grave error el primer día.

Termino su monologo y se marchó a toda prisa. Mari Ángeles fue la primera en sentarse a su mesa y soltar un comentario de Rebeca:

—Pura simpatía.

Algunos se rieron de su comentario, pero yo sabía por qué la rudeza. Rebeca parece ocupar un puesto importante en la empresa y la habían degradado a ser la niñera del equipo de marketing. Espero que Arturo no mintiese sobre el respeto a la mujer y el supuesto ascenso. Tomando asiento empecé a sacar todas las cosas de mi bolso que necesitaba para trabajar y comencé a leer el formulario. Normas de trabajo como respeto a tus compañeros, ordenar tu zona de trabajo. También preguntas sobre anteriores trabajos. Entonces Mari Ángeles vuelve a hablar:

—Estas preguntas ya las hicieron en la entrevista.

A vosotros sí, me quede pensado, pero a mí no. Además, querrán analizar cada palabra que escribimos para saber quién es el líder. Quien ve soluciones y no problemas. Necesitan a alguien resolutivo para este puesto, lo voy a conseguir. Estoy mentalizada y sobre todo decidida a ganar. Al terminar de contestar, y leer cada norma me puse a repasarlo. Y entonces Eduardo nos dijo:

—Bueno, voy ya a la reunión. Os espero allí.

Quedaba aún quince minutos y no quería impacientarme, pero también marché cogiendo una libreta y un bolígrafo. Tomando asiento esperamos a que llegase el jefe. Un chaval joven entró y preparo las mesas con bebidas y bollos. También puso los documentos enfrente de cada silla. Y nos preguntó:

—Van a querer café.

—No, gracias.

Respondimos al unísono. Parecía un aprendiz ya que era muy joven para estar licenciado. Seguido entraron los demás, que tomando asiento ojearon los documentos. De pronto, abriéndose la puerta entro con firmeza el señor Arturo y apartando la silla se sentó para decirnos:

—Bueno, bienvenidos a todos. Imagino que ya se habrán presentado. Iré al grano, después del éxito de la apertura del museo, necesitamos que seguir atrayendo a más gente. Como habéis visto en los documentos página 6 aún estamos recibiendo más antigüedades. Os haré un resumen del proyecto, cualquier duda apuntarla para al final de la explicación al igual que vuestras ideas. María Ángeles levantó la mano y Arturo la señalo:

—¿Después de este proyecto decidirá el ascenso?

—Sí, y todo contará. Así que dad lo mejor.

Poco a poco Arturo expuso la información y ninguno le quitaba ojo. Apunte ciertas ideas en mi libreta como preguntas y algunos de mis compañeros parecían hacer lo mismo. Termino de explicar todo y mirándonos nos preguntó:

—Bueno, ¿alguna duda?

Al instante todos alzamos la mano y él sonrió:

—Bien, empecemos de este lado, Eduardo.

—Sí. Mi duda es sobre las horas de apertura del museo, ¿podemos variarla según lo que mostremos?

—¿A qué te refieres con variarla?

—Ciertas obras de arte muy costosas sin duda serán más apreciadas por las personas más cultas y adineradas. Se podrían hacer galas de subastas y en ellas sacaría más dinero.

—No quiero grupos exclusivos separando a los pobres de los ricos. Pero gracias por tu aportación, que más se os ocurre.

Se produce un silencio algo incómodo. Ninguna levanta ya la mano, creo que la vergüenza nos puede de repente. De pronto, oigo mi nombre y miro fijamente a Arturo.

—Di Teresa. Has levantado la mano.

Me quedo pensando, ni me he dado cuenta de que lo había hecho. Miro mis notas e intento ordenarlas en mi cabeza. No me puedo quedar en blanco, es mi momento.

Si te gusta regálame una estrella ⭐ y comparte en tus redes sociales.

No olvides seguirme.