Elayha
Rango15 Nivel 72 (30356 ptos) | Estrella de la editorial
#1

Capitulo I

Exceso.
Confianza.
Ciclo siniestro.

El Capitán de los pretorianos, Sevhatar. Se estrella contra el mamparo y se desliza hacia abajo con un chirrido húmedo dejando un reguero de sangre. Por un momento piensa que es su sangre, pero pronto se da cuenta que no; sin embargo se da cuenta que esta herido.

La herida es grave. De alguna forma está envenenado. Lo cierto es que está superando a su factor de coagulación y empieza a darle mareos. Siente que su cuerpo lucha contra el veneno.

Nota como su mente lucha contra el miedo.

No es el miedo a la muerte o al dolor. Ni siquiera se trata del miedo al fracaso.

Es la perjudicial inquietud respecto a lo desconocido. A enfrentar aquello que nunca había conocido.

Es lo que el Imperio Galáctico tuvo que superar para poder salir de su cueva, para poder emprender el camino y forjar el Imperio. Es lo que el Núcleo Imperial tubo que conquistar para enfrentarse a los alienígenas y a los Rebeldes, y a los horrores que albergaba el espacio.

La clase de miedo con cuya carencia crearon a los que son como él.

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Luigi_sentencia
Rango6 Nivel 29
hace más de 1 año

Soy fan de star wars y está historia tiene muy buena pinta

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 1 año

pronto se da cuenta que no; sin embargo se da cuenta que esta herido.
Esos dos se da cuenta, seguidos, empobrece el estilo.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 1 año

enfrentar a aquello
enfrentar aquello es lo correcto


#2

Se siente sorprendido.

Pensaba que ya lo había visto todo. Su carrera ha sido extensa y exitosa. Su estatus como Pretoriano del Imperio Galáctico daba fe de ello. Lleva luchando con el Imperio desde el principio.

Los Pretorianos, la guardia carmesi habían sido preparados para registrar la disminución de los niveles de respuesta al miedo. Están psicológicamente entrenados para evitar la debilidad, para resistir los golpes críticos y desalentadores que el miedo puede ocasionar. Una parte de esa programación consistia en estudiar cualquier amenaza y peligro, cada nueva forma de alienígena y rebelde que el Imperio pudiera encontrarse durante su expansión hacia el exterior. Nada de eso debe ser una sorpresa. Cualquier posible terror debe ser explorado, evitado y aniquilado. Deben exponerse a cada nueva posibilidad. Deben desarrollar una inmunidad al miedo y al terror. Una cierta despreocupación. Hay quien dice que esto hace que los pretorianos parezcan seres monstruosos, pero es sólo la misma clase de monstruosidad que un trabajador puede construir con sus propias manos.

Deben ser inquebrantables. Deben ser impermeables al miedo.

Y Sevhatar pensaba que lo era. Realmente lo pensaba. El miedo era un sentimiento extraño para él. Hasta ese momento cuando una criatura había atravesado el velo de la realidad y había atacado a la inquisidora.

El sudor comienza a resbalar por su frente. Trata de levantarse, pero no puede. Piensa que debe sacar una enseñanza de todo esto, la aplicación práctica de un paradigma teórico.

"El orgullo es nuestra debilidad." Penso." El exceso de confianza. Estábamos tan seguros de nosotros mismos y de nuestra orgullosa valentía, de la convicción de que la galaxia ya no contenía nada que pudiera atemorizarnos, que nos volvimos vulnerables."

Sevhatar levanta las manos, mira la sangre que lo rodea y está seguro de que la inquisidora Shyvarianta ya ha pensado en esto. Está seguro de que Ella ya ha dejado escrito el concepto en algún lugar de sus notas de codificación. El pecado del exceso de confianza. Sí, Shyvarianta definitivamente ha predicado en contra de esto en sus escritos. Ha advertido a las escuadras de la vigesima compañía que no den por sentado el dominio de nada, incluyendo el miedo, porque esto inmediatamente crea vulnerabilidad.

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AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 1 año

Por favor, eso de habían es una barbaridad léxica. Lo correcto es había.


#3

Sevhatar intenta levantarse, aun sigue aturdido el tremendo golpe que habia recibido por parte de aquella criatura, le habia roto una costilla, y habia causado que su armadura se resquebrajara como un vidrio quebrado. Se pone a pensar en todo lo que esta sucediendo a su alrededor y lo primero que visualiza es una cubierta rota, como si una criatura enorme hubiera desgarrado las paredes, escucha gritos, son stormtroopers le están disparando a algo, o al alguien; entonces lo ve. Ve a una criatura enorme con una boca llameante, mitad pulpo, mitad patracio que salta y gira como si fuera un sith enloquecido, solo que en ves de llevar un sable oscuro, tiene una especie de espada curveada con runas inscritas en el cuerpo, aparece y desaparece, aparece y desaparece. Nota como la sangre salta por los aires como un reguero, y luego observa como los troopers de la primera escuadra ingresan y disparan, pero Sevhatar sabe como acabara todo eso, lo presiente lo ve venir

La criatura interdimensional gira y salta de izquierda a derecha con una danza de muerte y sangre. Sevhatar intenta levantarse, pero no puede, su cuerpo esta destrozado, y por un momento piensa que su columna se a roto, pero no es así.

La sangre lo empieza a rodear. Y luego el vacío. Aquello. Ahora ya nunca podrá haber una oportunidad. La inquisidora. ¿Donde esta la inquisidora? podría ser… Fue aventada hacia el espacio cuando el puente de mando estallo.

Ella podría estar…

Puede que la Inquisidora esté muerta.

Aquello.

Aquella maldita criatura. Aquel ser interdimensional, Sevhatar lo sigue viendo. Observa como aniquila y despedaza a los stormtroopers, observa la sangre, roja como su armadura y por un momento un escalofrió se apodera de su cuerpo y entonces el miedo se apodera de su alma. Entonces usa su determinación, la disciplina que había adquirido en su riguroso entrenamiento. La sangre le recorre la garganta. Las lágrimas acuden a sus ojos. El dolor agónico en la espalda y en las costillas, la zona donde aquel ser lo habia golpeado, aun recordaba como lo habia echo. Le habia asestado una patada de una fuerza que creía imposible.

Recordo que allí mismo se habia desmayado.

Perdió el conocimiento.

Se deslizó hacia el interior de una niebla de inconsciencia a medida de que el veneno se apoderaban de él.

Sevhatar respira con dificultad. Cada movimiento de sus pulmones es un golpe en el cerebro. Mira hacia el pasillo.

El aire está lleno de humo. Se mueve como un río a lo largo del techo, empujado por una constante brisa. Las bombas de aire del crucero insignia luchan por restablecer la presión atmosférica. Hay ráfagas de luz y señales de peligro. Puede ver un trooper muerto a unos cinco metros de distancia. La cabeza del soldado está torcida de una forma antinatural como un retrato hórrido y pesadillesco, y por un momento Sevhatar tiene ganas de vomitar. Un poco más alejado de él, tres oficiales de puente están sentados con las espaldas apoyadas contra el muro del mamparo, apoyados el uno contra el otro, como compañeros que regresan de una noche de borrachera. Están completamente cubiertos de sangre, cada fragmento de su cuerpo, aparte de sus ojos, estos ya hacen desorbitados, con mirada fija y vidriosa.

Más allá de ellos, hay una caja torácica ensangrentada con un brazo pegado a ella. Y más allá de ésta, un segundo pretoriano ha sido abierto en canal como una semilla fibrosa.

Luego ve a esa criatura. La ve saltando y brincando. ¿Se estaba riendo? Si, era cierto, se estaba riendo, una carcajada demencial, una carcajada que podría romper la barrera de la cordura, la criatura se mueve mas rápido que un sith, mas rápido que un jedi. Se mueve a una velocidad irreal y Sevhatar piensa que no podrá hacer frente a semejante habilidad, una parte de el duda, y otra siente determinación. Sevhatar recuerda como había empezado todo aquello, lo recuerda.

--¿Que demonios hago aquí?.-- Se pregunta con un susurro, mientras una oleada de nervios recorre todo su cuerpo.

Hace más de 1 año

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#4

Va a coger su alabarda que ya hace a su lado, la alabarda lleva un preaxium láser que puede volarle la cabeza a cualquier criatura; sin embargo, se da cuenta de que el arma desapareció. Entonces se da cuenta de que también ha perdido varios de los dedos con los que empuña el arma.

Su gladio de energía está sobre la cubierta, cerca de su extendida pierna izquierda. Se inclina y la coge. Se estira. Se esfuerza. ¡Por todos los viejos dioses de la Galaxia, apenas tiene fuerzas para moverse!

Sevhatar lanza un involuntario grito de frustración, no puede alcanzar su gladio.

La criatura lo oye. Vuelve su hórrido rostro hacia él. Voltea su cuerpo e inclina ligeramente la cabeza; entonces la criatura mitad pulpo, mitad patracio muta, su cuerpo antes pequeño incrementa, se expande como una masa y adquiere una forma simiesca y felina.

Sevhatar grita de rabia y horror. Arremete con su mano derecha para tratar de atraparlo por el cuello y mantenerlo alejado toda la distancia de su brazo antes de que caiga con todo su peso sobre él. Si esto sucede estará acabado, y morirá de la manera mas horrenda posible.

Su mano no alcanza el cuello. Logra meterla en la boca de ese ser hasta el antebrazo.

La criatura lo muerde.

Se oye el chasquido de la armadura al partirse, el crujido de unos huesos rotos en el antebrazo. Le arranca la mano de un mordisco por encima de la muñeca. La sangre brota en abundancia como un reguero. El dolor le recorre el brazo como un alambre al rojo vivo. Sevhatar grita de miedo y dolor, y el terror se apodera de el. Su ritmo cardíaco se eleva, siente como el corazón late tan rápido que pareciera que se le saliera del cuerpo.

El atroz dolor aumenta en tal medida su reacción es la de un dolor nunca antes vivido. Lanza un golpe con su puño izquierdo y aplasta un lado del cráneo del ser, arrancando dos molares en mitad de un chorro de saliva rosácea.

El golpe hace que el ser salga despedido hacia atrás. Su boca aún está llena de restos de su mano. Sevhatar se vuelve para coger su gladio, pero la criatura está sobre sus rodillas y no le permite girar lo suficiente.

Abre la boca imposiblemente grande y se dirige hacia su rostro. Puede ver su mano amputada cayendo por su garganta.

Un impacto de color azul la empuja hacia un lado. De repente, las superficies cercanas se cubren de un negro icor, incluida la cara de Sevhatar. La criatura cae al suelo con un tremendo tajo; por un momento Sevhatar piensa que es la inquisidora, pero no. Un pretoriano está de pie al lado de Sevhatar. Su armadura está mellada. Lleva el casco pintado de color naranja, lo que indica que ha sido marcado para una reprobación. Tiene una espada larga de color morada en una mano y una cuchilla en la otra.

--¡Muere! —le grita a la criatura.

La criatura grita y aúlla, y su oscura figura se retuerce y se vuelve a formar, como si la realidad se estuviera distorsionando, como si la criatura estuviera curandose a sí misma.

El pretoriano le clava el hacha de energia. El arma fue forjada como un arma fina como el papel capaces de cortar la carne a nivel molecular. El nanofilo del hacha es enorme, más grande que un arma de combate mandaloriana. Atraviesa por completo a la criatura, que estalla en una explosión de sangre putrefacta que llega a todas partes.

Por si acaso, el pretoriano naraja le clava la espada larga para asegurarse de que la criatura este muerta. Una vez muerto, no es más que una mancha cafe y rosasea.
El pretoriano se da la vuelta.

—¡Vamos! —grita.

Aparece un grupo de pretorianos y stormtroopers moviéndose rápidamente por el pasillo. Hay varios pretorianos entre ellos, pero además está compuesto por oficiales y personal naval del crucero. Están armados con las armas más desiguales y exóticas que Sevhatar haya visto jamás aparte de las del arsenal privado de Shyvarianta…

¡Todas pertenecen al arsenal privado de la inquisidora!

—¡Vamos! ¡Asegurad la sección! —grita el sargento—. Hermano Kursai, cubre el siguiente pasillo, lleva a los troopers y sellen las secciones de fuga. ¡Los lanzallamas al frente! ¡Medico Apholion, atiende al señor de los Pretorianos! ¡Ahora!

Se agacha junto a Sevhatar y deja sus armas en la cubierta, donde las tendría al alcance de la mano si las necesitara. Cuando se le acerca, Sevhatar distingue las marcas de arañazos que cubren la armadura del pretoriano.

—¿Tenéis un medico? —le pregunta Sevhatar, con un tono de voz que es un poco más bajo que el suyo habitual.

—Ya viene, señor.

—¿Tu nombre?

—Ehonai, señor. Ehonai Thiel. De la 135.ª Compañía de pretorianos iniciados, un novicio señor.

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#5

—¿Marcado para la reprobación?

—Lo que ha sucedido hoy no tiene nada que ver con eso, señor.

—Así es, Ehonai. Bien dicho. ¿Quién te puso al mando?

—Yo mismo lo hice. Estaba esperando una entrevista en la cubierta cuarenta con la oportunidad de que me volvieran a aceptar en la prueba de muerte, cuando todo se fue a ala mierda. No había cadena de mando, decidí que necesitaba crear una, y reuní a los pretorianos supervivientes junto a dos regimientos de stormtroopers para mantener el control de la situación.

—Buen trabajo.

—¿Qué fue lo que sucedió, señor? —pregunta Ehonai. Se aparta ligeramente para dejar que el medico comience a curar las heridas de Sevhatar y comience a implantarle un brazo biomecanico.

—Algo enorme nos atacó. Voló completamente el puente principal. Algunos de nosotros salimos despedidos. No puedo decirte nada más.

—¿A quiénes perdimos? —pregunta Ehonai.

«Es un poco impertinente», piensa Eonai. «Es…»

No, no lo es. Es sensato. Es práctico. No tiene miedo. Está haciendo preguntas porque necesita saber las respuestas para poder llevarlos a todos a la victoria y dar una solución a
todo esto.

—El capitán de la nave, sin duda —Responde Sevhatar—. La mayoría de los oficiales superiores del puente. El Verkud, el pretoriano Banzor, y tu tutor Yhondu.

—Unas pérdidas terribles. ¿Y qué ha pasado con la inquisidora?

—No llegué a verla muerta, pero me temo lo peor —le contesta Sevhatar, al tiempo que empieza a gritar cuando le instalan el brazo biomecanico.

Thiel se queda en silencio durante un momento y le aprieta la mano.

—¿Cuáles son sus órdenes, señor? —le pregunta.

—¿Cuál es tu plan de operacion, novicio? Fuiste tu el que organizo todo esto.

—Estoy intentando consolidar y coordinar una fuerza de combate a bordo, señor, y comenzar a retomar el control del crucero. Esos demonios están por todas partes, se han abierto brechas dimensionales en el espacio por donde están cruzando.

—¿Demonios, Ehonai? No creo que continuemos creyendo en semejante tonteria.

—Entonces no sé cómo quiere que los llamemos, señor, porque no son alienigenas, un alienigena no tiene miles de bocas extendidas por todo el cuerpo. Son unos bastardos. Monstruos. Necesitamos todo lo que tenemos para matarlos.

—¿Por eso robasteis la colección de la inquisidora? —pregunta Sevhatar.

—No. Hemos tomado la colección la causa de los troopers Carmesi, señor.

—Explícame eso —dice Sevhatar. Luego lo interrumpe—. Espera, espera. Medico, ayúdame a levantarme.

—Mi señor, no estáis en condiciones de… —empieza a protestar el medico.

—¡Maldita sea, ayúdame a ponerme en pie! —ruge Sevhatar.

Lo ayudan. Se tambalea. El medico mayor continúa vendando su ultima herida.

—Ahora puedes proseguir —le dice Sevhatar.

—Teóricamente fuimos atacados por los Señores Carmesi —le responde Ehonai.

—De acuerdo.

—Esos demonios deben de estar aliados con ellos, alguna forma de criatura que han esclavizado para su servicio. O puede que ellos estén controlando la 15 compañia. Sin duda, eso explicaría por qué nuestros camaradas se han vuelto contra nosotros con tanta saña y fanatismo, tambien escuche que estaban cantando y rezando. Decían: "Alabado sea el olvido, alabado sea la triarca, alabado sean los arcontes"; y lo repetian constantemente.

—Está bien. Continúa.

—Esos demonios representan una amenaza considerable, pero parece que están… retrocediendo.

—¿Retrocediendo? Explícate.

—Es como una marea que se repliega, señor. Son menos y más débiles que hace una hora. Como si estuvieran regresando al infierno de donde vinieron. Sin embargo, los Señores Carmesi tienen tres cruceros de combate y están a punto de abordarnos. En poco más de una hora habrán llegado hasta las compuertas y el casco, y nos veremos obligados a luchar contra nuestra propia gente. Esta forma de combate no tiene precedentes. Su ventaja es un golpe y una sorpresa. Nuestra ventaja debe ser una falta absoluta de convencionalidad de que ya no son del Imperio.

—Desarrolle eso, señor.

—Saben lo que somos, ya que son parte de nosotros. Conocen las propiedades de nuestra armadura y de nuestras armas. También conocen nuestras tácticas y formas de luchar, ya que nuestra amada inquisidora ha hecho que todos sus códigos estén disponibles para todo el Nucleo Imperial. Nunca pensamos que necesitaríamos ocultar nuestros métodos de lucha. Hoy nos hemos desengañado de esa idea. Así que debemos luchar contra ellos de una forma que no esperan de nosotros. Debemos hacer uso de lo poco convencional, de lo improvisado y lo circunstancial. Con el fin de honrar debidamente las enseñanzas de combate de nuestra inquisidora, debemos dejar a un lado sus reglas durante el día de hoy.

Sevhatar hace un gesto de asentimiento con la cabeza.

—Lo sé. «Lo que gana el combate es lo que gana el combate. En definitiva, nada debería ser excluido si esa exclusión conduce a la derrota».

—Exactamente, mi señor.

—«Por todos los medios» —cita también Sevhatar—. La norma definitiva que dice que ninguna norma es inquebrantable. ¿Sabes?, esa idea siempre me preocupó. Élla me contó que a menudo pensaba en suprimir esa ley. Pensaba que era demasiado peligrosa. Temía que pudiera permanecer, para la posteridad, como justificación para cualquier acción.

Hace más de 1 año

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#6

—Creo que los Señores Carmesi ya han dejado de lado cualquiera de esos razonamientos, mi señor —le contesta Ehonai—. Además, le pediría que no se refiriera a la inquisidora en pasado delante de los hombres.

Sevhatar recupera la compostura.

—Muy cierto, novicio.

—¿Entonces?¿Aprueba mi plan, mi señor? —pregunta Ehonai.

—Sí. Coordinémonos. ¿Con qué otros pretorianos podemos contactar?

—Existe la posibilidad de que el Señor Edilion esté operativo en la cubierta treinta y cinco con una fuerza de resistencia, y el capitán Hertus en la cubierta veinte.

—Un comienzo interesante —dice Sevhatar. Recoge su gladio de energía que se le había caído y la introduce en su vaina, mira su lanza preaxium y la coloca en su espalda, asiente y se da la vuelta—. Pongámonos en marcha antes de que este día acabe por completo. ¿Y esa hacha de fricción?

—¿Mi señor?

—¿Se puede manejar con una sola mano?

Ehonai se la entrega.

—Es lo bastante ligera, mi señor.

—Guíanos Ehonai. En línea recta hacia la torre del puente de mando.

Thiel hace un saludo. Se vuelve, empuña su espada larga y comienza al gritar las órdenes al equipo de evacuación.

Sevhatar mira al medico.

—¿Hemos acabado?

—Preferiría llevarlos a…

—¿Hemos acabado?— Repite.

—Sí, mi señor. Por ahora.

Sevhatar levanta el hacha con su mano buena.

—El novicio Ehonai… ¿sabes por qué estaba marcado para una reprobación?

—Sí, mi señor —le responde el medico—. Su entrenador descubrió que estaba formulando teorías sobre cómo luchar y defenderse de los Jedi, habia creado armas que podian anular la fuerza y habia creado campos de plasma energeticos, señor. Ehonai alegó, en su defensa, que había creado estas armas por que no le agradaba que la guardia carmesi sea humillada por los jedi, y que era un punto débil en la táctica de un combate no saber cómo luchan sus enemigos. Dijo, por lo que yo sé, que los pretorianos del Imperio debian ser los mejores guerreros de la galaxia, y por eso tenía la obligación de comprender cómo luchan los Jedi y contrarrestar sus poderes. Declaró que los pretorianos eran los únicos oponentes que daban valor a cualquier estudio teórico. Sus teorías fueron consideradas como pensamientos traidores y herejes contra el imperio y el emperador, y fue trasladado al buque insignia para la reprobación.

—¿Ésa fue su infracción? —pregunta Sevhatar negando con la cabeza.

—Se ve todo lamentablemente estúpido tal y como estamos ahora, ¿verdad? —comenta el medico.

— Todavia no me queda claro, pero segun lo veo.... Tiene razon, cuando nos cruzamos con un jedi siempre terminamos humillados, al final terminamos muertos, puede que eesas armas que a creado sean la clave para derrotar a los rebeldes y traer una era de gloria al Imperio.

Sevhatar observa hacia el exterior, hacia el vació, hacia las tres naves que se acercaban al crucero insignia de la Inquisidora Shyvarianta, y entonces los recuerdos se de los sucesos acaecidos antes de aquella atrocidad se apoderan de su mente y recuerda como había empezado todo aquello. lo recuerda tan bien, que el solo asomo de lo que sucedió lo llena de un tremendo estremecimiento.

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#7

Libro I.

Eclipsis.
124 Horas.

Hace más de 1 año

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#8

CAPITULO I

124 horas antes del Eclipsis.

Las primeras naves de la flota han acomodado sus cascos cubiertos de marcas y cicatrices en las plataformas de inmovilización y han quedado atracadas en los muelles de anclaje de órbita elevada sobre Ciudad Exilon. Son cazas de combate que han recorrido grandes extensiones de la galaxia y han acabado con mucha escoria rebelde, y muestran con orgullo la insignia y los emblemas del Imperio Galáctico.

C-o-p 14 abre la escotilla de la esclusa de aire. A su escuadra le han asignado la tarea de proteger el anclaje de órbita alta de Exilon. Él mismo stormtrooper en persona ha solicitado esa misión.

Tan formidable como todos los trooper altamente entrenados como un individuo que hubiera luchado en centenares de combates, tan resuelto como tres atletas musculosos, su armadura parecía más voluminosa que nunca, llevaba con orgullo la insignia del Imperio su armadura blanca da cabida de eso, su historia demuestra su determinación en centenares de batallas, C-o-p 14 cruza la esclusa de aire.

La luz del interior lo ilumina con un brillo azul que luego cambia a rojo y luego a un color blanquecino. Lleva el casco puesto, pegado al cráneo. Detrás de los visores, los ojos de C-p-o 14 reaccionan con la misma rapidez que los sistemas ópticos de las ranuras de visión. El instinto de combate se apodera de él de forma involuntaria. Ante él se extiende un nuevo espacio abierto, por lo que debe evaluar y considerar cualquier posible amenaza. Se trata del compartimento de la esclusa de aire, sesenta metros cúbicos, con la cubierta provista de gravedad artificial, paredes blindadas autosellantes y una atmósfera respirable y neutral, aunque el capitán C-p-O 14 nota la falta de presión debido al final de ciclo de las bombas heller. Hay una escotilla idéntica a la que se ha cruzado en el otro extremo del compartimento estanca.

Un individuo espera delante de la escotilla. Es otro stormtrooper con su traje de combate

C-p-o 14 pertenece a la vigesima compañía, es un trooper perteneciente a las filas de la inquisidora Shyvarianta. Es blanco y puro, limpio y claro. La armadura está pulida hasta mostrar un brillo propio. El diseño de su armadura es una variante nueva que sólo se fabrica en las forjas del planeta Yavin, planeta que había sido sometido y conquistado por la inquisidora Shyvarianta tras la caída del anterior imperio conocido como "La primera Orden"; a la cual Shyvarianta y el resto de inquisidores desplomaron y destruyeron, con ayuda del Señor de los Sith; Darth Yharek, que veía a la Primera Orden como un insulto y una burla a un verdadero Imperio regido por el orden.

El otro Trooper que se encuentra frente a c-p-o 14 pertenece a la septuagesima Compañia, es uno de los temibles señores carmesí. La armadura que lleva puesta es la variante muy exotica, la Maximal Numinus, construida para lograr la supremacía del Imperio. La armadura frontal y el casco anguloso del trooper le son familiares.

El color de la armadura no lo es. Ahora es de un color carmesí oscuro con rebordes metalizados. Los símbolos de las compañías y los numerales de las escuadras, que forman oscuras siluetas lacadas, son casi indescifrables, ya que han sido borrados y todavía no están pintados. ¿Qué ha sido del antiguo color blanco con grabados e insignias?

El Trooper Carmesi casi resulta irreconocible. Durante un segundo, el individuo es, a los ojos de C-p-o 14, un desconocido, una amenaza.

La respuesta automática actúa sin que medie su voluntad: las descargas de adrenalina para acelerar una capacidad de respuesta ya por sí formidable. Los músculos recuerdan. C-p-o 14 lleva su arma láser, un arma negra y bien cuidada, en la funda de su musiera. Es capaz de empuñarla, de apuntar y de disparar en menos de un segundo. Los separa una distancia de seis metros, y el objetivo está a plena vista. No hay posibilidad alguna de fallar. La armadura Maximal Numinus, reforzada en la parte frontal, es capaz de detener un proyectil, por lo que el trooper disparará dos veces apuntando a las rendijas oculares. Las paredes de la cubierta de la esclusa son autosellantes y serían capaces de soportar el impacto de los disparos láser, pero un proyectil de plasma la desgarraría por completo, por lo que c-p-o 14 también se prepara para la descompresión explosiva provocada por un disparo fallado o rebotado. Con una simple orden subconsciente, los electromagnetos de la suela de las botas se activan para aferrarlas a las placas de la cubierta.

C-p-o 14 piensa de un modo teórico, pero, por supuesto, no existe teoría alguna al respecto. No se conoce ningún precedente táctico de un enfrentamiento entre Imperial contra Imperial. Esa idea es una blasfemia contra el "Núcleo Imperial". Él piensa de un modo práctico, y por eso fija la mirada en las rendijas de los visores. Es capaz de efectuar un disparo a la cabeza, limpio y mortífero, en menos de un segundo y medio, con dos proyectiles para asegurar la muerte del oponente y también probablemente la integridad atmosférica del compartimento de la esclusa de aire y los campos Heller.

Todo eso lo decide de un modo instintivo dentro de sus pensamientos, sin realmente pensar en ello, todo eso en menos de un segundo.

El trooper carmesí alza la mano derecha. ¿Hacia dónde la dirige? ¿Hacia su arma principal, una pistola de plasma que lleva en una funda que se abrirá al tirar del arma?

La mano se abre como una flor con la palma hacia delante. La luz centellea en los diminutos anillos de la cota de malla.

— Malforian. Hermano —lo saluda el trooper Carmesi.

—Velator —le contesta Malforian, con la voz metalizada por el altavoz del casco—. Amigo mio —añade al cabo de un instante.

—Me alegro de verte —dice el Trooper de la septuagesima compañía al tiempo que da un paso hacia delante.

—Ha pasado mucho tiempo —comenta Malforian mientras avanza hacia él. Se abrazan, y los avambrazos resuenan al golpear en las placas posteriores de la armadura—. Cuéntame, hermano, ¿qué más cosas has aprendido a matar desde la última vez que nos vimos?

Hace más de 1 año

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Alita_Contreras
Rango6 Nivel 29
hace más de 1 año

Buena! Puedes pasarte también por mi historia si quieres :)


#9

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