Esu_Emmanuel
Rango13 Nivel 64 (18893 ptos) | Premio de la crítica
#1

Desperté con la tibia sensación de tenerte, aún tenía el perfume de tu tacto en las yemas de mis dedos y ese color tan sonrosado que siempre me dejas al venir a visitarme…

No salía el sol todavía, y ya podía extrañarte. Me fue inevitable turbar a mi memoria con el dejo casto de tu boca al prendarse de mi piel con esa suavidad tan tuya que me incita a respirar en profunda calma. Sí, me das paz… me embriagas de una satisfacción sensorial que colma a mi alma de candidez; tan inocente e ingenua, tan niña y tan mujer.

Y dejé al sol acariciarme mientras te traía a mi boca en un beso que escribí en el aire que desprendía mi aliento; el mismo que bebiste al tatuarme tus besos con la locura de un instante deshaciéndose a la par de las estrellas.

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#2

¿Y cómo podía negarme a tu prístina esencia de blanca gardenia? Si llegas así, como toda una sílfide ataviada de cristales y perlas que, al toque de la luna, el plata de su sonrisa reflejan. Entras por entre las cortinas que bailotean con el viento al tanto que tus profundos ojos oscuros se van traducciendo a la más preciosa quimera, luego te invitas a mi cama, te escabulles entre las sabanas y jugueteas con lo que sabes es tuyo. Si, mi vida, tuyo… tan tuyo que no pongo resistencia a tus encantos primorosos; y, así, sumido en el idilio de tus labios virginales voy desatandote los hilos traslúcidos de tu vestido para liberar el calor de tu pecho y unirlo al mío. De pronto, esa unión de palpitaciones, de dos corazones que galopan al mismo son, de dos benditas almas blancas que supuran los matices de la creación: azul, dorado, rosa… Inspiración, mancuerna que se trenza pintando el ambiente de violeta, esmeralda y oro rubí… y el tiempo se detiene, el ruido del mundo enmudece… Estás en Mí y yo en Ti, danzando la melodía de un amor que no se siente en las entrañas, sino en nuestras frentes y más arriba; ahí en la coronilla, en la punta de nuestros seres. Y nos abrimos a la energía divina que desciende por el manto lunar, nos ataviamos de su aroma y de su latido peculiar, nos llenamos de agua que nos ayuda a bailar; a fundirnos como dos células que no se quieren separar —no por deseos propios, sino por decreto celestial—.

Viene entonces el amanecer y, con él, la apertura de nuestros sacros… me bañas y te baño, me colmas y te colmo, me vacías y te vacío hasta alcanzar el orbe sagrado de un canto inmaculado. Luego, el sol se aparece en mi ventana… y yo, mi fiel amada, descanso en la serena certeza de que, esta noche, vendrás —una vez más— a mi encuentro.

#3

I.

Escribirle a su boca es un acto vandálico

que desnuda la piel al sentirla cerca;

me dibuja el cuerpo

dejándome manchas obscenas de su saliva fresca.

Escribirle a sus dedos como recurso desesperado

en un momento exacerbado,

inventándole yemas,

delineando mis fronteras,

creciendo en usted.

Escribirle a su piel,

a la tersura de su materia.

Describir como sus vellos se yerguen

al roce de las letras.

Ser testigo complaciente

del delirio que usted siente

al escribir sobre su vientre

con mi pluma caliente.

Olvidar que la estoy escribiendo

para sólo dedicarme a describir

lo que estoy sintiendo

al maquillarla con mis versos.

Matar los suspiros antes de nacer

en su boca mojada,

en sus labios que expulsan placer.

Buscar ahogo en el delirio

que me colma de un ardiente escalofrío

cada que me siento mío

al ser suyo mi dulce martirio.

Desflorar con prudente cariño

la flor sagrada que guardan

sus caderas anheladas.

Musitarle caricias con mi boca cautiva

en el silente lenguaje que prefiere mi lengua

Y en un arrebato de pasión por la alquimia,

unir nuestros aromas en gotas de salobridad.

II.

Dame de beber

la miel anhelada

por la colmena dorada

que escurre ardiente de tus pétalos,

mi flor sonrojada.

Voy a alimentarme de su aroma

cada que se acerque a mí.

En mi nariz, su perfume

es lo que me hace latir.

He comenzado a sentirla

a través de mis ojos,

en mis dedos se forman ríos de sal,

por mis labios gritan los deseos

que, su aroma, me dan.

Y la escucho murmurar

a través de mis poros.

Su voz me sabe acariciar.