Esu_Emmanuel
Rango13 Nivel 64 (18915 ptos) | Premio de la crítica
#1
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  • #2

Ya olvidé la última vez que me atreví a cerrar los ojos para sentir el fluir de mi respiración y el palpitar de mi pecho. He dejado atrás, también, la sinrazón de sentir a mis manos libres para evocar en letras lo que la voz que me habita reclama pronunciar. Me he impuesto un castigo que mi propia consciencia me cuestiona... y sólo logró responderle con frialdad.

Y me duele —me duelo—, es un escozor que me inflama en lo más profundo, es un odio desmorecido que no logro comprender, es un estruendo que me carcome los ojos y que se va escurriendo por mis poros hasta alcanzar los capilares para tornar la sangre que me palpita en manchas violaceas que me dominan.

Me vuelvo un ser purpurino, un esbozo amoratado en un paisaje vacío; revuelto y carcomido, borroso y traslúcido, pero presente, aun con la tara del virus de la ausencia. Luego, camino o vuelo, me arrastro y me sumerjo en las aguas pantanosas de un oasis escondido en las planicies de un desierto guardado en un reloj de cristal.

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GoldBirds_19
Rango12 Nivel 57
hace alrededor de 1 año

Pese al regusto final de tristeza, el trago hondo que brindas es de generosa belleza.


#2

Pero, el tiempo no pasa... las horas se quedan varadas en cada grano de arena que cae sobre sí. El río del devenir se atasca en las arterias del viento que no para de sufrir, luego, el mar... ahí, en la distancia, en ese cúmulo de polvorientas añoranzas, en ese horizonte que sólo pueden ver los ojos ciejos en sus cuencas rancias. Un océano de lamentos con la llaga mortecina de una historia que no ha hecho otra cosa que terminar, una y mil veces, en la agobiante eternidad.

Ahí estoy, en el centro de esas líneas... en los puntos que no se alcanzan a apreciar... en el cielo que se esfuma... en el agua que se evapora... en los granos de arena que no se han logrado llorar... en el cuenco sin sonido... en la palabra muerta... en el altar de un dios que se flagela con sus propias oraciones. ¡Ahí estoy! ¡Ahí! En el abismo de todas las tensiones, en la herida de las más horrendas emociones... ¡Ahí! ¡Ahí estoy! En la pus que no supura, en la sangre que no coagula, en la blanca espuma de la rabia ancestral que se escupe como esquirlas en las flores marchitas de un camposanto en abandono lleno de ángeles sin hogar.

Hace alrededor de 1 año

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