PapaPajaro
Rango4 Nivel 19 (375 ptos) | Promesa literaria
#1

CAPITULO I: ÉRASE UNA VEZ LAS FIESTAS

Jacinto miró las fichas en sus fornidas manos como si le hubiera tocado el gordo de la lotería y lanzándole una mirada cómplice al Belisario, que estaba sentado justo enfrente, golpeó la mesa y gritó:
- ¡¡Aplástate ahí!!

Belisario sacó su ficha, la puso en la mesa con firmeza y ahí terminó la partida ante el jolgorio popular reunido en la Peña: habían vuelto a ganar.

- Joder Jacinto, eres un monstruito - le espetó su contrincante en la mesa

-Gracias Pichín, pero la partida es lo que menos me preocupa a estas horas – contestó mientras daba un trago largo a la bota de vino-. ¡Belisario! ¡Coge la bota y dile al Tuerto que la llene hasta arriba, hombre! ¡Que es más agarrao que una pelea de pulpos catalanes!
El torneo anual de mesas y fichas en la Peña Los Porrones era el acontecimiento más esperado en el pueblo de Vistalegre, después de la cacería del gorrino untado en manteca y allí siempre se reunían todos los habitantes de la región; unas cuarenta rechonchas y curtidas personas.

Hace más de 1 año Compartir:

5

15
Tete
Rango13 Nivel 62
hace más de 1 año

Me gusta muuuchoooo!,!. Más...

Millaray
Rango8 Nivel 35
hace más de 1 año

Interesante, sigo leyendo... 😊


#2

Jacinto llevaba preparando las fiestas un año entero, desde que el actual alcalde lo retara a que no era capaz de hacerlo.
Él, era un tipo concienzudo, un garrulo y un paleto, sí, pero cuando se le metía algo entre ceja y ceja lo acababa.
Su esposa hacia año y medio que no respiraba y eso le dejaba más tiempo libre para dedicarse a las fiestas. Por eso había sido capaz de crear un programa de fiestas como ningún otro pueblo a 400 km alrededor tenía;
Primero: sobre las 9:30am junto con sus dos inseparables amigos, el Belisario, que tenía un pozo y Genaro Ortega alias “Pichín”, habían preparado “La Primera Paellada Popular del Pueblo Para el Pueblo sin Guisantes”.…

- ¿Por qué sin guisantes?
- ¿Por qué no?

Pichín, como experto en marketing y publicidad en tan ardua campaña había sugerido llamarla LPPPDPPPSG porque creía que atraería más forasteros, pero solo le valió un garrotazo de Jacinto y tres puntos en la frente.

Más tarde, sobre las 14:30 tendría lugar el postre; “Post Primera Paellada Popular del Pueblo Para el Pueblo sin Guisantes” que no era más que natillas caseras con galletas y su toque sutil de canela que había despachado la Hortensia.

A las 18:00H Post Meridian tendría lugar en la plaza del pueblo la capa del toro.
Esto no era más que una atracción turística y un reclamo publicitario de Jacinto y sus ayudantes, pues según rezaba el cartel: - Se le otorgará un coche marca Citroën con radio casete y asientos abatibles a todo aquel que sea capaz de capar “Al Pegaso”, toro del Pichín.

Realmente lo tenían todo estudiado, ya que sabían que nadie se atrevería a intentarlo y así no tenían que entregar ningún coche que ni siquiera existía, pero según Jacinto y su equipo; “es una forma de enseñar nuestro poder como organizadores. Lo cojan o no, lo hemos ofrecido”

Hace más de 1 año

4

7
Tete
Rango13 Nivel 62
hace más de 1 año

Muy bueno!!

Tete
Rango13 Nivel 62
hace más de 1 año

Imagino que sigue. No tardes!!

PapaPajaro
Rango4 Nivel 19
hace más de 1 año

Muchas gracias!!! Siii hay Jacinto para rato!!


#3

Aunque no todo salió como esperaban, hubo momentos de pánico entre los organizadores ya que sobre las 6 menos cuarto empezó a rumorearse que el pequeño Joselito, hijo del médico del pueblo que se había ido a estudiar medicina a la capital, podría ofrecerse voluntario para capar “Al Pegaso”, ya que entre sus optativas de carrera universitaria se encontraba la de “Veterinaria y disecación de ancas de rana y otros mamíferos sin pulso”
Finalmente, se acallaron los rumores cuando nadie acudió a la hora señalada y Jacinto pudo respirar tranquilo.
Tras la entrega de la medalla al mérito a Don Bosnio el cura, que pudo atrapar al gorrino untado en manteca, surgieron todo tipo de bromas en el pueblo ya que sobre las 21:00h casi todos estaban borrachos y aparte de lanzarle miradas provocadoras al pobre párroco también comenzaron a gritarle; “No se le escapa ni un infiel “- se le escuchó a Margarita la kiosquera.
- ¡Has tenido la suerte de Dios!- sonó la voz desde la boca de Paco “el Panceta”.
-¡¡Atrapas al gorrino pero no eres capaz de capar al toro del Pichín!! ¡¡Metralleta!!¡¡Que eres un metralleta!!

Y por fin, todo estaba dispuesto para la gran partida, el plato fuerte de la noche.
El momento que todos, Jacinto, Belisario y Pichín, habían estado esperando 364 días atrás, sin día bisiesto de por medio.

7 Mesas, 4 Jugadores y dos parejas para jugar, en total 28 brabucones machos jugando y en la mesa restante una cena de gala-catering-degustación para el público; callos de la Marisol, Butifarra de Juan Luis el Boticario y zanahorias al vapor, cortesía del huerto de Eutimio.

Una velada, un éxito.
Jacinto levantaba su bota recordando toda su planificación ahora que Matías el tabernero por fin se la había llenado.

Pronto se hizo el silencio, Jacinto se subió a la barra y le habló a su pueblo:

-Jeñora y Jeñore….damas y caballos, hoy me gustaría hacer un birdis por todos nohotros y por mi primero. Hace un año que puse a parir al innombrable alcalde de nuestro querido pueblo, despué de que se descubriera que con er dinero destinado para la organización de nuestra fiesta tradijional, le estaba regalando jollas a la hija de kiosquera… no te escondas Margarita, que tú no tienes la culpa que tu hija haya salido….ligerita….
Este hombre, por llamarlo de algún modo, se me burló en la cara y me dijo que si yo era valiente organizara yo mismo las fiestas y aquí estamos hoy.
Yo, humilde todo yo, felicito al Belisario y al Pichín que me han ayudao a montar to esto y les estoy muy agradecio, azín que espero Jeñora y Jeñore que hayan disfrutado más que un enano en un corral.

Después de aquel brindis tan ortográfico y emotivo, el Belisario tomó la palabra y tras un largo trago, no se sabe aún, si por lo grados de aquel alcohol casero o porque había bebido mucho de ese alcohol casero, empezó a gritar….Jacinto presidente…Jacinto presidente….

Acto seguido, el pueblo empezó a mirarse los unos a los otros y los otros a los unos y comenzaron a entonar aquel cántico, primero bajito, luego en voz alta.…¡JACINTO PRESIDENTE!
La gente y el pueblo fue unánime. Necesitaban un patrón de barco que los navegara con firme timón y Jacinto rio por dentro, regocijándose del éxito de sus fiestas mientras daba un hondo trago al vino de su bota imaginando un futuro glorioso.

A la mañana siguiente los cerdos seguían en su charca, los tractores de nuevo dejaban sus huellas en el campo, la brisa de los arboles continuaba alborotando los moños alocados de las buenas mozas y los pajarracos te envolvían en aquella apacible vida rural, pero nada era igual o como decía Jacinto; “todo es diferente”.

-Todo es diferente – le dijo a Pichín-. Yo voy a comprar la leche y el lechero me dice: es gratis señor presidente; yo voy a comprarme el Diario del Campo y la kiosquera me dice: para usted es gratis señor presidente

Jacinto se dio cuenta mientras caminaba a tomar el aire de que tras sus pasos la gente se asomaba a sus balcones y le vitoreaban, los gorrinos se daban la vuelta para observarlo y el ganado se rendía ante él. No había vuelta atrás. Ante aquella situación, aquel tosco octogenario pensó que aún podía llegar más lejos.

-Sí que caló hondo mi discurso- sentenció Belisario.
-Yo no soy ningún presidente, yo soy el Jacinto de siempre.
-Eso es que la gente ya te respeta y ve en ti el auténtico alcalde de la ciudad- resumió Pichín-. El innombrable no va a aparecer por aquí, seguirá avergonzado por habernos robao y porque tu organizaste las fiestas, eso suponiendo que vuelve…..y más con la hija de la kiosquera, que está de muy buen ver.
-Pero la gente no me llama alcalde, me llama presidente.
- Es lo mismo, díselo tú, Belisario.
-Eso es lo mismo Jacinto, ademá yo dije lo de presidente porque es más publicitario atrae má a la gente, es má internacional, como nuestra estrategia del Citroën.
-Oí que en Guachinton hubo un hombre negro al que llaman presidente y eso está al otro lado del mundo, allí tienen discoteques y las mujeres llevan falda, purpurina en la cara y enseñan hasta el tobillo.

Jacinto se enfadó ligeramente.

-¿Me estas llamando negro?
-Claro que no- dijo Pichín tranquilizándolo-, te está poniendo de ejemplo que si tú fueras presidente aquí las mujeres llevarían minifalda, purpurina en la cara y enseñarían hasta el tobillo
-Nooo, lo que le estoy diciendo, Pichín, es que si allí en el otro lado del mundo un hombre negro llegó a presidente, tu aquí puedes ser la ostia, presidente omnipotente y furguriento mismo. La gente busca un líder y, ¿qué tal si tú eres su líder? ¿Qué te parece Jacinto, líder?

Jacinto quedó pensativo, ensimismado, perplejo, cautivo por una idea utópica dispar en ese mundo rural, mirando a la nada, dándole vueltas a lo del líder y….

-¿Me quedaré con el ayuntamiento del pueblo y la silla del innombrable?
-Y con su tractor. - le susurró al oído Belisario, poniéndole un poquito más en bandeja la miel en los labios.
-Seré el nuevo alcalde de Vistalegre.
-No solo serás su alcalde, si no su primer presidente.
-Serás su primer presidente blanco- apostilló Pichín.
-Jacinto, líder. Suena excelente -afirmó Belisario.
-¡NO!- golpeó la mesa Jacinto levantándose-¡JACINTO, PRESIDENTE!
Tras la emoción y aún temblando porque sabían que iban a liarla, se sentaron en la mesa, la suya, la de siempre. Tenían un plan y nada que hacer por la tarde, así que le pidieron al Tuerto más vino- “sí, presidente” -respondió.
Se miraron con nervios los unos a los otros y los otros a los unos, hasta que hubo un silencio recapacitativo.
-Yo no puedo ser presidente, no sé nada de eso.
- Eres bueno mandando. Cuando le dijiste a Juan el sordo que le echara sal al café para hacer de vientre, se llevó una semana tomando café con sal.
-No le dije eso, lo vi en su parcela cabizbajo, me senté con él y al verle al pobre cara de haber matado a la suegra le dije; Juan, sal a tomarte un café.
-Pero te hizo caso que es lo importante.
-No puedo hacerlo solo - dijo Jacinto resignado.
-Nosotros te ayudaremos - contestó ilusionado Pichín.
-Es muy sencillo, tú serías el líder y nosotros tus ayudantes - dijo Belisario- sería igual que hacer las fiestas del pueblo, solo que todos los días. Será más fácil y no tenemos mejores cosas que hacer, yo me encargaré de los actos sociales…de preparar los discursos…
-.... y yo de la imagen y del Marketing - gritó Pichín.
-Belisario, Genaro, ¿qué sabéis vosotros de todo eso?
-Yo fui durante 50 años el peluquero del pueblo- recalcó un nostálgico Pichín- aún la gente recuerda los cortes de Genaro Ortega. No son fáciles de olvidar, además, de pequeño le escogía las corbatas a mi padre para los entierros.
-Pichín, no es por nada, pero tú te dedicabas a vestir al muñeco de tu padre que era ventrílocuo y no podía decir nada.
-Más a mi favor…¡nunca se quejó de estilo!
-Y yo he leído mucho libro y mucho del exterior, cada vez que viene el pequeño Marcial, que trabaja de periodista en la Gran Ciudad me pone al día. Además este tiarrón nunca perdió el toque con las mujeres, eso es importante a la hora de los votos….y además tengo un pozo.

Eso era cierto, él era un tipo canoso y paleto, pero con estilo. Llevaba el bastón como nadie y hay quien dice que fue un Don Juan en el pueblo. Según él, cortejó a las damas más solicitadas y durmió con más de la mitad, aunque nadie diera fe de eso, pero si era verdad que tenía un pozo, y bien bonito.

-Está bien - remató Jacinto- yo seré presidente, pero tenéis que ayudarme.
-Eso está hecho -dijeron casi a la vez sus amigos.
-Lo primero que haré será dar una charla en la plaza central del pueblo reconociéndome a mí mismo como único excelentísimo presidente, así que toma nota Belisario - dijo dándole el lápiz donde el tabernero anotaba las comandas de las mesas- tu primer deber como consejero, será reunir a todos para darles una charla, y tu Pichín, me pegaras un corte, me pondrás la raya al lao, me afeitaras a contra pelo con una navaja de hoja nueva y me pondrás de punta en blanco para esta noche donde me proclamaré.

Los tres no cabían de emoción, Jacinto marchó con Genaro para acicalarse y Belisario comenzó a adornar el pueblo con pancartas y luces de verbena, mientras que con un cono de obra que comenzó a usar como megáfono, empezó a gritar: “¡Hoy nuestro señor presidente omniprepotente y furgoroso toma el mando y pa que lo sepáis, tiene el detalle de daros unas palabritas en la plaza del pueblo! ¡A las 9 de la noche será, no faltéis, habrá aperitivos muy ricos y salados y vinos de la destilería del Francisco el monje!”

La gente se amontonó emocionada para escuchar las palabras del Belisario porque tenía un pozo y se notaba en el ambiente del pueblo el nuevo aire político y una esperanza de cambio generacional en la alcaldía de Vistalegre, era el segundo advenimiento del mesías, pero en plan agrario.

Hace más de 1 año

1

7
Tete
Rango13 Nivel 62
hace más de 1 año

Lo del café con sal buenísimo!!. Me he reído lo más grande. El poder corrompe y se empieza a intuir como afectará al pobre Jacinto y a la compañía. Muy interesante y divertido!!!


#4

CAPITULO II: EL DISCURSO

Eran las veinte: cuarenta y cinco cuando todo el pueblo estaba reunido, se notaba el nerviosismo, la callada quietud, el silencio sepulcral, el ansia, la agonía, el sudor deslizaba tímidamente por las mejillas toscas de aquel rural populacho.

Era la calma que precede a la tempestad y como aquel día finalmente cayó la tempestad, tuvieron que dejarlo para el día siguiente.

Eran las veinte: cuarenta y cinco del día siguiente cuando tuvieron que volver reunirse.

Esta vez llevaban paraguas y no estaban tan nerviosos, se cogían las manos los unos a los otros y los otros a los unos de la emoción y miraban de un lado para el otro buscando al protagonista. Le habían puesto un atril hecho con cajas de melones en la flamante Plaza Mediana con vistas a su pueblo; Belisario (que ya sabemos lo que tenía) aguardaba de pie a un lado con traje de chaqueta azul y boina a juego, cruzando las manos esperando ansioso la llegada de su presidente.

Genaro Ortega, alias Pichín, llegó unos minutos más tarde y con su mirada al Belisario sugirió que la estrella enseguida aparecería y se situó con un traje marrón con motivos primaverales al otro lado del atril.

Pichín era un tanto delgado y siempre solía vestir de marrón, de hecho, la gente del pueblo cuando lo veían venir decían…uff que marrón el que se aproxima, no obstante, él creía que le favorecía mucho el color y le hacía parecer más jovial. En esta gran ocasión portaba una rosa en el bolsillo de la chaqueta, lo que pretendía con esto era conseguir por fin una mujer….o un hombre… ya que tantos años dedicándose a la peluquería le habían impedido encontrar a su alma gemela.

Tuvo un romance fugaz según las malas lenguas con la hija mayor de la kiosquera, pero nunca fue a buen puerto, puesto que no es fácil que un hombre te diga como conjuntar los zapatos, no sin antes cuestionarle su hombría y menos en un pueblo tan pequeño como el de Vistalegre.

El protagonista no se hizo esperar más, pues era un caballero puntual, Jacinto nunca defraudaba.

Las ocho y 59 con cero segundos marcaba el reloj de la Plaza Mediana, aquella noche hasta los grillos escucharon los pasos provenientes del número 15 de la calle “El Barquero” y allí, al atril subió Jacinto, el presidente. Vestía un traje negro con pajarita, esmoquin de pingüino murmuraron algunos, pelo canoso, engominado y cejas muy pobladas, un auténtico dandi. No estaba nervioso, tampoco impaciente, no tenía otra cosa que hacer y había nacido para ello. Marcaban las 21:00 cuando empezó su discurso, el primero de tantos otros.

-Jeñora, jeñore - empezó golpeando fuertemente el micro- probando….probando….¿jemeecuchaaaa? - tras el pitido inicial esta vez se acercó- ¿Jemeecucha ahora? Hoy estamos reunidos para aclamarme como vuestro primer presidente.
-¡Tiene gancho, va al grano, me gusta! - exclamó Sancho el panadero.
-¡Sé que alguna persona de vosotras os habréis sentido invadidas, ultrajadas, desolladas….algunas incluso violadas! ¡Es como cuando tenéis una gallina estreñía -dijo lanzándole una mirada cómplice a Adonis Mostachez, el granjero - por ese que creíais que era vuestro alcalde! ¡Esa persona, os mintió, os engañó y nos tomó por tontos….nos robó y no solo el dinero de las fiestas, sino también a vuestras familias! -gritó exclamando contra Margarita la kiosquera.
-Mi hija de 50 años…tan soltera….tan indefensa….tan solo era una niña- comentó entre sollozos por alusiones Margarita.
-Una niña… ji, pero muy ligera- murmuró Pichín en voz baja.
-Pues eso se ha acabao, basta de mentiras, basta de engaños, ¡hombre ya! Como primera medida le impondré un castigo severo a ese malandrín que se hacía llamar alcalde, a él y a todo aquel que robe en mi pueblo. El que meta la mano tendrá su pena y sus palos. Mi segunda medía como presidente será arreglar el pozo municipal, no queremos más cubos subidos por una cuerda, er propio Belisario, que tiene uno, se encargará de poner una bomba de agua.
-¡¡ Siiiiiiiii !! - Exclamaron eufóricos todos los allí presentes.
-Tercera medía, y no por ello menos importante; ¡Todos los zagales irán a la escuela del cura Don Bosnio de manera de GRATIS! ¡Para que los chavea puedan culturibizarse y no sean tan incurtivos, que un pueblo incurtivo es un pueblo incurturivirizao! ¡Por supuesto totalmente de GRATIS! ¡Repito! ¡De gratis! - dijo mientras iba pasando las tarjetitas- ¡Nada de garbanzos y arroz, no quiero absolutamente nada a cambio!
-Este presidente es el mismísimo Dios - gritó descontrolado Don Bosnio.
-El mesías ha vuelto - gritó su feligresa más acérrima.
Belisario mandó al orden y todos aguantaron sus ganas de gritar estoicamente hasta el final del discurso.
-Una cosa más y acabo. Jeñora, jeñore, que no se crea nadie que puede hacer lo que se le antoje en este pueblo, mucho cuidado porque aquí el que no corre vuela y como dijo mi difunta Emilia, ya está la rata a la lata. Aquí me tenéis, me proclamo vuestro primer presidente No negro, el PRIMER PRESIDENTE del pueblo de Vistalegre, a su servicio.

Acto seguido, el pueblo entero comenzó a aclamarlo y hubo una gran avalancha del público, con lo que Belisario y Pichín tuvieron que escoltarlo hasta el número 15 de la calle El Barquero antes de que se produjera alguna desgracia. Por el camino, por supuesto, hubo desmayos, gente volviéndose loca, llorando y gritando Jacinto presidente.

Nunca en la historia de aquel lugar hubo tanto revuelo por algo, ni siquiera en la boda de Toñín, el torero del pueblo, y eso que la novia invitó a dos amigas de la capital que, según palabras del Belisario, enseñaron más cacha que un gorrino.

La gente se lanzaba a tocar a Jacinto, querían su energía y según algunos cánticos, también algún hijo suyo.

Después de leer mentalmente el discurso que había escrito y que tan bien había interpretado Jacinto, Belisario pensó; “Tuvo tirón, pero el próximo discurso tengo que pulirlo”

Hace más de 1 año

2

4
Tete
Rango13 Nivel 62
hace más de 1 año

Sigue genial!!Me encanta el coro de personajes que has creado!!!


#5

Volaron entre el público algunos sujetadores y muchos claveles, como si hubiera conseguido la oreja y el rabo.
Dejando aparte aquella marabunta, alguien permanecía apartado del todo, era el pequeño Marcial, periodista de la capital.

El pequeño Marcial aprovechando las vacaciones del trabajo había regresado al pueblo y pese a no poder acabarse las natillas caseras de la Hortensia con aquel toque sutil de canela, estaba disfrutando de lo lindo los días allí. Había grabado todo a la perfección con la cámara digital, que su propio padre consideraba un objeto del infierno, ya que podía ofrecer instantáneas de una manera tan inimaginable y de una calidad tan asombrosa que parecía imposible que fuera cierto. Todo estaba guardado con cuidado en aquella cámara, así como algunas imágenes del curioso mitin de Jacinto, donde el presidente no tenía nada que envidiarles a los mejores políticos de la capital.

Llevaban ya cinco días con Jacinto como presidente y con su equipo de gobierno funcionando a pleno rendimiento; habían inaugurado granjas, prósperos comercios de pescado fresco al peso; el sistema de agua funcionaba plenamente, así como un pequeño sistema de aspersores para que el césped luciera verde cual hoja de eucalipto.

El pueblo no podía ir mejor, incluso se había devaluado la cabra y la oveja como medio de pago, con Jacinto habían vuelto a la peheta. Como todos los productos los fabricaban interiormente no había necesidad de euros, el pago era en pehetas, eficiente. Algunos ni siquiera llegaron a comprender del todo el euro y preferían pagar en ovejas.
Cabe destacar su seguro cuerpo de policía recién instaurado en el pueblo; los Mozos de Cuadra, conocidos por su sangre fría y su legendaria mala leche.

Todo era prolífico; tenían por llamarlo así, su propia moneda y su producto interior, las huertas funcionaban al 100 por 100 gracias a Jacinto, la escuela tenía el mayor rendimiento nunca visto.

Se decía que los niños incluso contaban hasta el cinco y sabían que uno por uno era uno y que cuatro por cuatro era un coche todoterreno. No necesitaban mucho más en ese ”reino independiente”.
Todo era paz y prosperidad.

El presidente paseaba a pecho hinchado, todo eso era gracias a él y lo sabía, estaba orgulloso. Su trabajo le había costado, no se crean.
Incluso se agasajaba aún con los piropos que le dedicaban sus seguidores.
Muchas tardes cuando Doña Eureca sacudía el mantel y se cruzaba el señor presidente que la saludaba con la mano, solía decir; “Señor presidente, es usted único, mássimo y furguriento”

Era obvio que aquella robusta dama no sabía el significado del último adjetivo calificativo masculino singular, pero lo habría escuchado por la radio o habría leído algún libro de cocina donde cocinaban furgurientos al vapor, pero Jacinto daba por hecho el cumplido y sonreía metiendo la mano en su pitillera del águila y encendiéndose un purito, por el trabajo bien hecho.

De pronto, algo perturbó su paseo matutino. Jerónimo, el niño cojo, un zagal que con tan solo 12 años tenía el dudoso record con D al final, de haber estrangulado más gallinas en el menor tiempo posible durante dos fiestas consecutivas, lo agarró por el brazo.

-¡Señor presidente! ¡Señor presidente!
- Dígame, joven, ¿qué quiere? - respondió Jacinto resintiéndose por la fuerza del joven.
En ese apretón, comprendió por qué aquel zagal era el campeón consecutivo de gallinofilia.
- ¡A vuerto! ¡A vuerto!
-¿Quien ha muerto?
-No, no. Ha vuelto ha vuelto…
-Ahhhh...dilo bien criatura…ah vuertoh –si no me suelta el brazo, me lo rompe en cruz – pensó.
-¡El innombrable ah vuertoh, señor presidente!
-¡Bien! Jerónimo, eres el nuevo bufón de la corte.
-Bien señor, será un honor.
-Dile a Belisario y Genaro Ortega, alias Pichín, que cierren la frontera y que avisen a los Mozos de Cuadra, ¡que a nadie se le ocurra dar un paso sin mí!
-Sí, señor presidente.

Belisario y Pichín fueron a darle el encuentro a la plaza del pueblo. Pintaba mal la cosa....

Hace más de 1 año

5

2
PapaPajaro
Rango4 Nivel 19
hace más de 1 año

Muchas gracias!! De verdad!

Tete
Rango13 Nivel 62
hace más de 1 año

Disfrutando tope!!


#6

El reloj marcaba las 12: cero cero cuando Jacinto tenía sed…de venganza.

-Dicen que viene solo- comenzó Pichín.
-La Paca lo ha dejado solo y sin un duro - sentenció Belisario.
-No me extraña nada, viéndole la cara, ahora se cree que puede venir aquí a robar de nuevo, ¿sabemos su situación exacta?
-Lo han visto subiendo por la calle de Paco el “Panceta” y entrando al ayuntamiento.
-Imposible, hemos cambiado la cerradura- rehusó Jacinto.
-Ha roto el cristal.
-Hijo de mil demonios, ¿sabes cuánto costó arreglar el último?
-300 pehetas, lo pagué yo - contestó Belisario
-¡Con más razón! ¿Están cerradas las fronteras?
-Sí - gritó Pichín.
-¡Bien! Dile a los Mozos de Cuadra que lo rodeen
De repente se escuchó un grito en la lejanía que no tuvo tiempo de tener eco.
-¡TÚ!
-¡TÚ!- volvió a repetir.
Esa voz era escalofriante, sonaba a rata y a conejo.
-Tu voz me suena a rata y a conejo - dijo Jacinto leyéndonos el pensamiento.
-¡Tú me has traicionado! ¡Maldito hijo de mil padres!- gritó el innombrable
-¡CALLA CANALLA! – Su voz resonó en todo el pueblo, que a estas alturas permanecía expectante viendo la magnitud de aquel enfrentamiento-. No consiento que me hables así en mi pueblo.
-¿Tu pueblo? ¡Este es mi pueblo!
-¡Era! Ya no lo es más, ahora yo soy el ÚNICO, MÁXIMO, furguriento, y presidente.
-¿Presidente? ¿Sabes siquiera lo que es esa palabra?
-¡Sí! ¡Aquí significa respeto! ¡Mozos de Cuadra! ¡Llévenselo a los calabozos! Por cierto, -dijo en voz baja al jefe de ellos metiéndole un billetito de 5.000 pehetas-denle una buena tunda que parezca que lo ha parió un jabato macho – apuntilló guiñándole un ojo.
-¡Así se hará señor presidente! ¡Llévenselo muchachos! Ya habéis oído al presidente- exclamó Fresismundo, jefe de los Mozos de Cuadra y hombre de total confianza de Jacinto.
Fresismundo, como su propio nombre indica, era un hombre de mundo, había dado la vuelta al pueblo más de cuatro veces y sin bicicleta.
Se decía de él que era capaz de mirar fijamente a un gorrino sin pestañear. Un hombre de acción, de pocas palabras, desafiaba al peligro día a día.
Se cuenta que cuando lo parieron, él mismo con su navaja multiusos, cortó el cordón umbilical y antes de que el médico le diera una palmada, él ya le había dado una ostia en la cara.

El jefe de los Mozos de Cuadra tenía una cicatriz de la batalla más sangrienta nunca antes vista en el pueblo, él mismo ordeñó a 3 vacas y un becerro. Dicen las malas lenguas que aquel becerro se le resistió y tardo 5 arduas horas en sacarle leche. Finalmente lo consiguió, aun siendo macho. De aquella guerra él guarda un grato recuerdo ya que aquel becerro se convirtió en uno de sus mejores amigos.

Los Mozos de Cuadra actuaron rápidamente, echándosele encima y a rastras se lo quitaron del medio.
Pobre antiguo alcalde, no sabía lo que se le venía encima.

Los aplausos fueron unánimes para el mesías que saludaba y agradecía tanto despliegue desinteresado de amor por parte de su pueblo y tanta reverencia; algunos de los allí presentes cruzaban el brazo derecho sobre el pecho con el puño cerrado y miraban con orgullo a su faraón, las mozas por su parte colocaban el pie derecho detrás del pie izquierdo, a la vez que flexionaban ligeramente las rodillas y mantenían los brazos por encima de sus amplias caderas. La gran reverencia, que la hacían únicamente las mujeres centenarias del lugar, iba acompañada de un movimiento de los brazos, dibujando una especie de hortaliza en el aire, algunas flexionaban las rodillas de manera casi atlética, hasta el punto de ponerse de cuclillas, con el pie derecho detrás del izquierdo. Era digno de admirar la salud y la flexibilidad de las señoras mayores de aquel paraje. La energía del campo.

Jacinto desfilaba orgulloso por las calles de SU pueblo, como capitán con su barco, los aplausos eran su timón, ¡Jacinto Presidente! ¡Jacinto Presidente!

CAPITULO III: YA ESTÁ LA RATA EN LA LATA

La celda era fría, las cadenas apretaban de vez en cuando y una rata asomaba tímidamente la cabeza como queriendo saludar, pero es que ni ella misma era capaz de inmiscuirse ante las ordenes de su presidente.
Un fugaz rayo de sol despuntaba entre los barrotes de aquel mugriento calabozo que olía entre choto y berenjenas.
Los lamentos de aquel antiguo alcalde eran música divina para los oídos de Jacinto que lo miraba sentado frente a él fumándose un purito, Fresismundo permanecía callado a su lado, cuando el presidente estaba presente sobraban las palabras.

-¿Y tú a qué has venío?-preguntó soltándole el humo en la cara.

El innombrable permanecía encadenado y se notaba en sus agrietados labios que necesitaba agua.

-Yooo…….yooo… toy mu arrepentío – balbuceaba –. Dame un poquito de agua, déjate caer….suelta la manita del grifo.
-Ni aguas te mereces, mira – dijo Jacinto dándole su cuenco de agua a la rata-. Yo te diré una cosa, tú aquí para todo el mundo eres el innombrable, tú aquí has hecho mucho daño y yo a mi pueblo le tengo que dar algo.
-Jacinto, puedo darte todo el dinero que quieras – replicó con la voz cada vez más débil.
-No te preocupes, nos lo vas a dar, porque ese dinero es del pueblo.
-Jacinto, yo en verdad no tengo dinero, iba de farol –dijo agachando la cabeza- me lo he gastado todo con la Paca, me ha exprimido…y me ha sacado hasta el último euro.
-El euro aquí y esas modas de la Gran Ciudad ya no valen compañero, no sé si sabes que aquí ha vuerto la peheta.
-¿La peheta? Tú eres un loco.
-¿Un loco? Sí, pero con pehetas ¿Recuerdas cuanto robaste? -preguntó ojeando un papel en el que parecía que tenía apuntadas las cuentas del ayuntamiento.
-Pué no jé, ¿20.000 lereles?

Jacinto que no sabía mucho de euros le pidió a Fresismundo que calculara cuanto era en pehetas.

-3.320.000 pehetas –contestó Fresismundo ayudándose de su calculadora solar de propaganda.

Jacinto quedó estupefacto, atónito, ensimismado, anonadado, mirando a la nada, y quizás recordando el rostro de su bella mujer fallecida, resopló.

-¡Madre de Dió! –dijo tirando al suelo el papel-.Si yo solo tenía aquí apuntada la lista de la compra…. en que lío te has metío….eso son 7 u 8 huertas, veras tú el pueblo cuando se entere. Pobre diablo….vamos a hacer un cosa, tú me devuelves a mí el dinero- dijo en voz baja para que nadie se enterara –, y aquí no ha pasao ná.
-Jacinto, no tengo ese dinero, deja que me vaya y nunca más volveré a aparecer por aquí, te lo prometo. Tú serás su alcalde furguriento.
-Vamos a hacer otra cosa, yo me voy….a mi casa y a jugá con los compañeros a los dominós y tú me vas a traer el dinero. Mientras, yo voy a degustar con encanto el vino del Tuerto y voy disfrutar de tu trastor descapotable con tres velocidades de marcha automática. Cuando vuelva, me vas a tener preparaditas las pehetas, ¿que no me las traes? Yo te voy a poner un andamio y te voy a llevar a la plaza del pueblo y ellos decidirán que hacer contigo.

Yo no voy a meterme en ná, bueno -prosiguió-, a lo mejor pego un par de gritos así a lo suelto, pero vamos, que yo que tu traería el dinero. ¿Qué me lo traes? Tú te vas por dónde has venido, que no me lo traes….pues pa la plaza del pueblo.

Está haciendo buena tarde, así que voy a ir yéndome no vaya ser que me pierda la novela, tú sabrás lo que haces -dijo Jacinto marchándose mientras la puerta se cerraba tras de Fresismundo.....

Hace más de 1 año

0

3
#7

El innombrable, antaño conocido como alcalde, se quedó allí encadenado pensando a ver cómo era capaz de conseguir el botín que faltaba.

Entonces comenzó a reflexionar, era imposible conseguir tal cantidad de dinero en tan poco tiempo. Quizás tenía un plan.

Primero se acordó de la máquina tragaperras de la Peña, acto seguido se dio cuenta de que allí no había ninguna máquina tragaperras. Después por su cabeza pasó la idea de comprarle un boleto millonario a la kiosquera, aunque recordó que la kiosquera no vendía boletos.

Su única salida era escaparse por la angosta ventana que asomaba por aquel zulo.

Tras dejar al innombrabile en aquella mugrienta mazmorra, Jacinto y Fresismundo fueron a encontrarse con Pichín y Belisario para contarles lo ocurrido

-La única duda que se me antoja con respecto al innombrable es el castigo que va a recibir. El dinero no lo va a devolver, que lo sepáis, irse olvidando, lo perdite- dijo muy seguro Pichín.

-¿Le cortamos una manita? ¿Pa que aprenda? Así en plan….castigo? -preguntó Jacinto.
-O las dos -replicó Belisario, que sabía de lo hablaba.
-Ya entrados en gastos mejor le cortamos las piernas y los brazos. Siempre podrá ser recordado como el primer hombre tortuga de la comarca- apuntilló Fresismundo.
-¡Buena idea! Así podremos exhibirlo en la feria metido en una pecera, sería un atractivo turístico para el pueblo. Incluso podríamos ponerle dos espejitos como al Citroën.
-A vé jeñore, a vé, que no saquemos tampoco la cosa fuera de contorno, además, ahora que lo pienso, le prometí al innombrable que devolvía el dinero o lo poníamos en la mitad de la plaza y soy un hombre de palabra, aunque se la haya dado a una rata de alcantarilla. Lo más justo es que el pueblo pueda decidir, ya que es el dinero del pueblo. Es un delincuente pero está en su derecho, su derecho como delincuente – finalizó el presidente.
-Pues ya está - dijo Pichín –, mañana lo sometemos a una votación popular para ver qué hacemos con él.
-¿Le pongo la cara morada? -Pregunto Fresismundo.
-Morada no…hínchasela un poquito.
-Tienes razón Jacinto -asentaron todos con la cabeza.

La noche se ceñía sobre la oscura celda, el antiguo alcalde tenía la cara como un saco lleno de melones y solamente maldecía la desdicha del desamor mientras miraba melancólicamente por la ventana que presentaba la celda.

Se podría haber realizado un estudio científico sobre el color que tenían lo moretones de su cara.

Alguien hubiese opinado que era magenta con pistacho y otros seguro que acertaban a decir que era verde autopista, aunque todos sabemos que con seguridad era rolanja; entre rojo y naranja.

Del cuenco con sopa de pollo, solo quedaba la cuchara. Era la peor noche de su vida.

Lo único que le había dejado de recuerdo la Paca, además de un catálogo de nuevas posturas era un pañuelo con su olor y una flor bordada, la cual no había acabado de terminar, solo había un pétalo.

-Tengo que escapar de aquí como sea- pensó.
De pronto, una idea le llegó del cielo, si era capaz de sacar el pañuelo de su bolsillo, quizás pudiera coger el alfiler con el que la Paca estaba bordándole la flor y podría abrir las cadenas que rodeaban sus hinchadas y peludas muñecas.
-Vamos Manué, siempre se nos dio bien el juego de manos – dijo en voz alta mientras deslizaba lentamente el pañuelo del bolsillo- vamos Manué, que ya lo tienes…eres un monstruito.

Tímidamente dejó el pañuelo en el suelo y poco a poco fue abriéndolo para ver si dentro encontraba su billete a la libertad.

Pero nada más lejos, allí dentro solo había lágrimas por el abandono de su amada y algún que otro moquillo, amén de una esperanza rota y más de una desilusión.

El pobre diablo se echó las manos a la cabeza, desesperado por aquel terrible contratiempo y de pronto cayeron las cadenas al suelo, ruido que sonó a libertad.

-¿Las cadenas nunca estuvieron cerradas? – se preguntó.

Se agachó para comprobarlas y efectivamente, estaban sueltas.

Ya solamente le quedaba trazar un plan de escape para poder salir de allí, cuando, de pronto, miró fijamente la pared, una idea iluminó su agotado cerebro, tenía la salvación ante sus ojos, acababa de encontrar la vía hacia la LIBERTAD.

Hace más de 1 año

0

2
#8

CAPITULO IV: ÉRASE UNAS VOTACIONES

El sol brillaba sobre la plaza central del pueblo, el populacho rabiaba en desenfreno.

Las buenas mozas sacudían el aire con sus abanicos, los niños rodeaban la pelota de trapo con su brazo, los mayores lucían boina y todos, absolutamente todos, esperaban impacientes de nuevo la llegada del mesías presidencial.

Sin embargo algo llamó la atención de Jacinto, era Fresismundo.

-Señor Presidente, por favor, acompáñenos a la celda, es importante.
-¿Ca pasao? ¿Habéis descubierto que fue antes del huevo y la gallina?
-Señor, tiene que verlo- sentenció.

Jacinto le sugirió a Belisario y a Pichín que se quedaran en mitad de la plaza tranquilizando al impaciente populacho que allí se cernía y acudió con Fresismundo a ver qué pasaba.
Los nervios invadían su cuerpo cuando el jefe de los Mozos de Cuadra le señaló la puerta de la celda donde debía estar el innombrable.

Un escalofrío sacudió la espina dorsal de Jacinto. Una sensación tan indescriptible como ver a un toro intentando aparearse con una estrella de mar.

-Fresismundo, no me asustes, ¿qué es lo que ocurre?
-Señor, prefiero que entre y lo vea usted mismo.

Jacinto abrió lentamente la puerta y vio algo que hubiera deseado no ver.

Las cadenas estaban en el suelo y en la pared un boquete de unos tres milímetros de profundidad.

-Pero, ¡¿qué es esto?!- gritó.
-Lo sé señor –contestó Fresismundo- al llegar esta mañana me lo he encontrado así.

El innombrable antes de hacer caso a la gente que estaba dentro de su celda, seguía con su tarea, con la cuchara de la sopa estaba intentando cavar un túnel en la pared. ¿Los resultados? No podían ser peores, después de toda la noche en ese boquete no cabía ni un puño.

A Jacinto aquella escena le conmovió el alma, ver a alguien pelear así por su vida es digno de admiración, pero recordaba todo lo que había robado y se le pasaba al momento.

-Pero, hijo mío, ¿qué estás haciendo? – preguntó el presidente.
-No me molestes, estoy cavando hacia mi libertad, lo vi el otro día en una película y el protagonista acaba trabajando en la playa con un mojito y rodeado de chavalitas ligeritas en ropa y curtiditas en carnes.

Jacinto miró confundido a Fresismundo por si él había entendido algo de lo que aquel pobre diablo había dicho y este se encogió de hombros.

-¿Se le soltaron las cadenas al preso? – preguntó.
-Parece que sí, señor.
-¿Cómo ocurrió esto? ¿No te dije que se las pusieras?
-Sí señor. Me dijo que se las pusiera, no que se las cerrara.
-Todo claro Fresismundo. Coge al innombrable, quítele esa cuchara y llévelo a la plaza, lo están esperando- dijo firmemente mientras se cerraba la puerta de la celda a sus espaldas.

Tras este penoso altercado, a las 12: 15 subieron al reo, con una capucha, pues no querían que se le viera la cara. Maniatado subía torpemente los peldaños del triste andamio que, con improvisación, fue montado en aquella plaza central. No sería el último ni mucho menos.

Una silla vacía aguardaba, silenciosa, para ser utilizada para un justo castigo, allí dispusieron al innombrable.

De pronto comenzaron a volar calabacines, cortesía de la huerta de Eutimio, pepinos y demás hortalizas autóctonas de aquella peculiar región también se vieron pasar como estrellas fugaces, muy de vez en cuando, algunas chistorras y morcillas.

Cuentan en las crónicas de aquel pueblo que con todo el material recogido a posteriori pudieron hacer una merienda-cena de lo más entretenida.

El menú de aquel día consistió en: entrante de ensalada de pepino aderezado con un toquecito de perejil acompañado de una salsa de soja y unas gotitas de limón ácido.

De segundo, un plato de huevos rotos con morcilla y trocitos de chistorra que pudieron recuperar de la bota de algún vecino y de postre por supuesto, las natillas caseras con galleta con ese toque sutil y característico que solo la Hortensia podía darle.

Y subió el Presidente.

Subió como solo él podría subir; cabeza recta, mirando al horizonte, cuello perfectamente recortado por Pichín, traje impecable, ¿la gomina? No, no era una opción.

Desfiló los peldaños como siempre lo hacía, acompañado de sus dos inseparables consejeros, a cada cual más arreglado, estaban tan monos que incluso alguna vecina desfalleció al verlos, los llamaban los Beatles del campo.

Fresismundo llego escoltándolos. Pichín le susurró al pasar por su lado:
-Debes mejorar esa raya, la del pantalón. Esos colores no te merecen y esa corbata era la que le recomendaba a mi padre para las verbenas, por favor - dijo entregándole una tarjeta suya - , pásate por mi casa algún día, me gustaría darte un par de consejitos estilísticos.

Todos se situaron alrededor del preso que temblaba como un carnero recién parido.

-¿Dónde está Jerónimo? El campeón de gallinofilia que suba al estrado, queremos que reparta un par de cosas- gritó Jacinto.

Esta vez no había micros ni parafernalia, querían que todo fuera más íntimo, más del pueblo, más suyo.

De pronto, el pequeño Jerónimo con esa cojera tan característica subió lo más rápido que pudo no sin antes tropezar dos o tres mil veces con algún que otro escalón que según él, acababan de barnizar.

Realmente la gente del pueblo sabía que no habían barnizado nada ya que el carpintero había tenido que acudir al parto temprano de una yegua joven lo que ocurre es que no les gustaba reírse en la cara de aquel pobre zagal, así que cuando dijo lo del barnizado la gente utilizó una cómplice risita mientras aprovechaban para darse codazos los unos a los otro.
Belisario, que tenía un pozo, entregó un cesto de mimbre lleno de papeletas en blanco y un bolígrafo que apenas tenía tinta para que se los repartiera a todos los presentes, el niño no tardó en hacerlo.

- Jeñora, jeñore con esas papeletas en blanco y ese bolígrafo que inteligentemente os iréis pasando ajusticiaremos a ese señor. Yo voy hacerle ahora mismo una pregunta muy sencilla y conforme a esa respuesta quiero que toméis una decisión. Que yo si fuera vosotros y no devolviera el dinero del pueblo, le cortaba las manitas, por ocioso. Que con esto yo no quiero influir en nosotros, solo digo que yo le cortaba las manitas, repito, por ocioso.
-Yo voy hacerle caso a Jacinto y espero que vosotros también porque aquí si la gente no toma sus propias decisiones, aquí puede haber jaleo, pero oye, cada uno que haga lo que quiera - exclamó Belisario, que ya sabemos lo que tenía.

Dicho esto, Fresismundo le quitó la capucha al preso que no había articulado palabra en todo ese tiempo. Acto seguido también le quito la mordaza.

-¡¡Por favor!! – Exclamó sudando el innombrable –¡¡No hacerle caso a este loco, esto se les ha ido de las manos!!

-A mí lo único que se me ha ido de las manos – dijo Jacinto poniéndole de nuevo la mordaza – es esta mordaza. Te lo voy a poner muy fácil, si tienes el dinero te soltare de aquí y si no, la gente te juzgara por su propia voluntad…ejemm….por ocioso. Quiero que contestes con la cabeza, asintiendo o negando ¿Vas a devolverle el dinero a mi pueblo?

Se hizo el silencio. Todo el pueblo permanecía en una tensa calma, todo enmudeció, acalló, acortaron sus respiraciones, los graznidos de los pájaros fueron menos graznidos si es que graznaron alguna vez. Tal vez graznen los patos o los cuervos, el caso es que nadie musitó sonido alguno, si es que alguna vez supieron lo que es musitar.

De pronto, el innombrable movió la cabeza, negativamente.

Hace más de 1 año

0

1
#9

Se escucharon entre el pueblo gritos de desaprobación, nunca las palabrotas fueron tan palabrotas ni los insultos tan insultos. Cuentan las crónicas del pueblo que ante tanta magnitud de palabras mal sonantes a los 10 minutos se coló un señor con un libro bajo el brazo para incluirlos en el Guinness Record de los Libros.

La gente comenzó a escribir como loca y al cuarto de hora tuvieron clara su decisión que fue recogida papeleta a papeleta por Jerónimo. Hasta aquel señor del Guinness Record de los
Libros que jamás había pisado ese pueblo se animó a votar contagiado por el espíritu justiciero de aquellos vecinos.

Pichín y Belisario, así como Jacinto, comenzaron a leerlas una a una y al acabar la última miraron al innombrable.

El reo, solamente viendo el gesto de sus caras supo que la suerte ya estaba echada, así que cerró los ojos con lamento e imploró clemencia al cielo.

En todas ellas ponía lo mismo; Sin manitas por ocioso.

Jacinto leyó en voz alta el resultado de la votación y se escuchó a Sancho el panadero exclamar; “Tiene gancho, va al grano, me gusta”.

El público jaleaba y Jacinto se frotaba las manos ante el éxito popular: su pueblo había hablado.

Nadie más volvió a ver al innombrable dando un aplauso, ni volvieron a verlo jamás por aquel pueblo. Lo que pasa en el campo, se queda en el campo.

Hace más de 1 año

0

1