ammassostellare
Rango3 Nivel 10 (80 ptos) | Cuentacuentos freelance
#1
    Partes:
  • #2

La vida de Caleb da un vuelco cuando su rutinaria y hastiante jornada laboral se ve alterada por una serie de extrañas llamadas que solicitan sus servicios para una misteriosa causa. Acostumbrado a sus bromistas y paranoicos oyentes, ignora a su interlocutor pero este no parece nada satisfecho.

De tener una existencia anodina a verse envuelto en una sociedad donde cuestiones como la lealtad o la mera moralidad son una utopía, Caleb traicionará sus principios en pos de su propia supervivencia.

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#2

El cartel luminoso que señalaba cuándo estábamos en el aire estaba a unos minutos de volver "a la vida" así pues, le di un último sorbo al vaso de papel que a duras penas aguantaba mi café y volví a colocarme los cascos.

— Estamos de vuelta cuando dan las 4:35 aquí, una noche más; en La danza nocturna. Queridos oyentes, hoy hablaremos de conspiraciones del ocultamiento extraterrestre con la ayuda del teniente Halber Lynch. Ex agente de la aviación americana. Cuéntenos, Lynch ¿Es cierto que no sabemos ni un 1% de lo que el gobierno tiene en la recamara sobre el tema OVNI?

Y justo tras aquella pregunta, desconecté. Dejé que aquel perro viejo ansioso de atención, perteneciente al gobierno americano; se deleitase a sí mismo con su verborrea sin sentido, asintiendo de vez en cuando para que pareciese que mostraba interés. Este programa es una pantomima, todo lo que se cuenta en él es mentira o algún que otro hoax sensacionalista. Solo estoy aquí porque adoro la música y tengo mi momento personal en los intermedios. Bueno, también me atan a él más cosas pero no es el momento de hablar de ellas.
Cuando por fin acabó de parlotear aquel viejo decrépito daban las 5:45. Había devorado prácticamente el programa él solo. Le eché un vistazo al perfil en Twitter de La danza nocturna y pareció haber gustado. Desde luego hoy en día la gente tiene demasiado tiempo libre. Y mal gusto. Pésimo cóctel.

— Despedimos al señor Lynch, no sin antes darle las gracias por compartir sus conocimientos con nosotros y ahora sí; hasta la próxima madrugada y como siempre, gracias por vuestro tiempo y fidelidad con La danza nocturna.

Dejé los cascos sobre la mesa, me despedí con un seco apretón de manos del señor Lynch, cogí mi chaqueta y con un rápido gesto, le dije adiós al técnico de sonido también.
Me fumé un cigarro en el escalón de la entrada del edificio ya que, la caza de brujas contra los fumadores había llegado incluso a la radio. Está claro que quién impuso esa ley nunca ha trabajado aquí. Es el caos traído a la vida. Di una última calada, tiré la colilla y tras pisarla me dirigí al coche. Odiaba ver amanecer al salir del trabajo; justo cuando todo el mundo empezaba a hacer su vida, yo tenía que acostarme; lo cuál había reducido significativamente mis relaciones sociales. Miré el móvil pero no me paré en ninguna notificación en concreto, así que lo dejé en el asiento del copiloto y me dispuse a volver a casa sin más dilación.

Al llegar abrí la puerta casi a tientas, el cansancio se había hecho eco en mí y podía notarlo a cada paso. Sonó el móvil y lo miré de manera mecánica. Otra secuencia de números, lo cuál quería decir que el trabajo no había acabado. Froté mis ojos con fuerza y con cierta resignación me senté en mi escritorio, abrí el portátil pero al instante recordé que entraba luz. Bajé las persianas hasta el tope, cerré la puerta y tapé la webcam con cinta; estaba desconectada pero tenía que asegurarme como siempre. Hice lo propio con el micrófono, doble click sobre el buscador y allí estaba una vez más.