ChatGrupal
Rango9 Nivel 44 (4097 ptos) | Escritor autopublicado
#1

Bueno, chicos, el sub-reto es el que sigue:

Creen una historia de máximo 1000 palabras, que se ambiente en un vivero (ahí está para que la Srta. Lazo se entusiasme) y que contenga las tres siguientes frases: monasterio de piedra, freír espárragos y barrio comercial. Pueden ir en cualquier orden en cualquier parte del relato, así que no importa. Y por último, pero no por ello menos importante, de hecho es lo más importante, deben contar la historia de adelante hacia atrás

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LosBigotesDelPUMA
Rango10 Nivel 45
hace 2 meses

Hola, soy nueva. Luego de hacer el relato lo ponemos en los comentarios o que hacemos?

ChatGrupal
Rango9 Nivel 44
hace 2 meses

@LosBigotesDelPuma hola y bienvenida. Podes dejar tu relato en los comentarios y luego será una parte de la caja. También puedes unirte al chat y pasarlo por ahí y de paso conocer los demás retos, aprender, pedir ayuda, sugerir etc.


#2

Sucesión extraña

—¿Que qué hago aquí con mis pies colgando hacia el abismo, sujeta desde la copa de estos árboles? Pues... no lo sé realmente, es una sumatoria de extraños sucesos. Bien, intentaré explicarlo. Es que yo… Solo caminé, dubitativa, pero lo hice. No entendía el tipo de alucinación que mi mente cansada estaba siendo capaz de recrear. La chica se había internado entre el dosel vegetal y cuando alcancé la puerta ya había desaparecido. Giré el picaporte y di un paso. Pero al hacerlo el mundo giró, todo quedó patas arriba y caí al abismo, mi instinto me impeló a salvarme, y en un atisbo de desesperación, atiné a sujetarme de las ramas de las copas más altas. Y así como contemplas, me columpio en el vacío, y bajo mis pies, una hoz blanca pende de un abismal cielo.

—¿En qué estaba pensando? Pues, en ese momento realmente pensé que aquello parecía un sueño. Mi singular instrumento óptico me había permitido contemplar aquella escena casi fantástica: en medio del cuadro cultivado con columnares álamos amarillos, la chica había permanecido de pie trazando con pinceladas una puerta hiperrealista. Al culminar su labor, giró su cuerpo, me contempló a conciencia y me indicó con un ademán que me aproximara.

—Bien, bien, sé que no es normal que quisiera acercarme a ella. Pero, supongo que fué el cansancio… ¿Que si pensé en algún momento que podía tratarse de una escapada del monasterio de piedra?¿Cómo se supone que iba a hacerlo? Nunca me cuentas de tus otros proyectos… ¡Estoy concentrada! ¿Qué pasó antes de eso? Bien, pues...nada realmente especial. Una hoja planeó en el aire, elevé la vista y la brisa la depositó sobre mi frente. Permanecí unos instantes contemplando con ojos bizcos cómo ella se mantenía plácida e inmóvil sobre mi nariz y mi entrecejo. Y me di cuenta que la luz se colaba a través de los pequeños huecos que salpicaban su superficie. Le tomé por el raquis y como niña contemplé a través de aquel lente natural. Y resultó que anonadada observé el curioso acto que te contaba antes.

—¿Me estás preguntando cómo llegué a ese sitio? Espera… ¿insinúas que yo… ¡Vete a freír espárragos! Ahh bien, bien, porque es improbable que yo haya generado algo así.
Te cuento, estaba exhausta debido a la larga jornada laboral. El Vivero donde escogiste que trabajara, se ubica próximo a un río. ¡Que no, hombre, no me ubicaste en el barrio comercial, lo hiciste aquí! Bueno, la cosa es, que esta tarde otoñal era particularmente especial, se vestía con los últimos rayos de un ocaso que iluminaba todo de forma mágica. La luz era tamizada por las doradas hojas y los troncos, haciendo resplandecer la hierba verde, que aún no había sido completamente cubierta por el manto de hojas. ¡Debiste verlo! Aquel particular halo que lo envolvía todo me embelesó, y mis pasos fueron conducidos por propia voluntad, al cuadro de producción de árboles.

Así inició todo. Y debes decidir pronto cómo resolver esta escena… escribe algo, tu eres el escritor, porque no creo que mis dedos resistan demasiado tiempo más.

enamoradadelaluna

#3

Sabotaje lúcido

Me acuesto en el diván y respiro hondo. Caigo dormido, y en cuanto abro de nuevo los ojos estoy en un vivero con un jardín de rocalla. «Qué buen gusto tiene este tipo», pienso. Hay una variedad enorme de minerales y plantas alpinas distribuidas en forma equitativa, bajo sendas cascadas que bordean una escalera empedrada hacia la entrada de la infraestructura. El sol resplandece en el cielo, y agradezco eso.

—Hola —Escucho una voz femenina detrás de mí. Es Ella.

—Eh… hola. ¿Qué haces aquí?

—Es una proyección. —Escucho otra voz, una voz reverberante, que reconozco como la del arquitecto. Supongo que Ella no la oye porque se me queda mirando con una sonrisa—. Las proyecciones están programadas para aparecer según tu círculo de amistades, y las otras son generadas aleatoriamente —concluye.

—Tú me citaste aquí. ¿Recuerdas? —me dice Ella.

—Ah, sí, claro —respondo. Nos miramos a los ojos un instante, sonriendo, observando el suelo, y luego le pregunto algo—. ¿Quieres entrar?

—Sí, claro. Me encantaría.

Subimos la escalera, mi brazo cruzado con el suyo, y entramos al edificio. Dentro hay un color húmedo y un olor a arcoíris, como si hubiese terminado de llover. Veo elaborados ramos de flores en un mostrador: flores de seda, nochebuena, tulipanes, purpuratas, eglantynes, rosas de montaña… Siempre me han gustado las rosas de montaña. Parecen varios pistilos de color naranja, saliendo del centro de la flor. Jamás pensé que lo diría, pero nunca creí que un ramo con esas flores quedaría bien. Le daría mis felicitaciones al arquitecto. Pobre, no saldrá de esta.

Tomo el ramo de las rosas y se lo doy a Ella.

—Toma, se parecen a ti.

—Guao, gracias —dice aún con la sonrisa entre sus labios—. Sabes que siempre me han gustado las flores exóticas.

—Claro.

Nos quedamos un momento en silencio, y luego habla: —Lo siento, fui una tonta. No sé qué hice yo para alejarte de mi corazón. Eres tan bueno conmigo.

—Bueno, Ella, tú sabes que siempre puedes volver.

—Es un chiste, ¿verdad? ¿Me estás sonsacando? Mira que ya tengo pareja actualmente y sería un error… —No la dejo terminar y la tomo por la cintura.

—Ella, no he podido dormir bien desde aquel día en que todo se acabó —digo con voz temblorosa. Ya no puedo esperar más.

—¿Qué quieres decir?

—Ella, tengo pesadillas, ¿sí? Sueño que alguien viene a mi habitación, no logro distinguir quién, y me mete las manos en el vientre y caigo en una parálisis de sueño.

—¿Y qué demonios tiene que ver eso con nuestra ruptura? —exige.

—Muchas cosas. Sabes, cuando te apuñalan, cuando te clavan una estaca y sientes un dolor tan maligno que lo único que deseas es despertar. Me dejo llevar por el dolor, por la sensación incómoda, hasta que finalmente acaba. Podrán parecer unos minutos, pero la verdad es que me tomó meses asimilarlo. Pero ahora, Ella, estamos aquí. Esto es lo que cuenta, esto es lo que somos. —No sé ni cómo dije ese discurso. Me río internamente, pensando en la cara que debe estar poniendo.

—¿Estás seguro de querer hacer esto?

—Oye, no todas las noches alguien se cuela en tus sueños lúcidos para darle fin a una dictadura y mandarlos a freír espárragos.

—Te veo en el Monasterio de Piedra. Adiós, querido —dice Ella, llorando.

—Adiós —Le beso las manos.

En cuanto le suelto las manos, las hunde en mi vientre. Empieza de nuevo, pero esta vez entro en el segundo nivel de sueño. Me infiltro en el sistema.

Me hallo en el barrio comercial de la ciudad, confirmando mi asistencia al Club del Sueño. Esta vez la reunión coincide un fin de semana, por lo que casi no hay gente afuera.

—Muchachos, tengo una inquietud —dice el arquitecto del Club—. Debemos hacer sueños cada vez mejores, pero la carga emocional de los ciudadanos está en un punto alto. ¿Qué podemos hacer?

—He estado estudiando ese problema —dice el responsable de los químicos. La verdad no me molesto en aprenderme los nombres de los del Club. Igual no podría, está prohibido—. Podríamos meter pequeñas cantidades de etanol en la red metropolitana de sueños, para activar sus hormonas cerebrales y liberar serotonina.

—Me parece bien. Si esa cantidad es minúscula y se toma en consideración la densidad poblacional por cada kilómetro de extensión, no hay problema.

—Sí, está bien —responde el resto.

—¿Y qué hay del lugar? —pregunto.

—Ahí está la cuestión —dice el arquitecto—. Tú eres el probador. Deberás encargarte de que el sueño cumple con las expectativas acordadas. ¿Ves esa silla de allá? —Señala lo que parece más bien un diván.

—Sí.

—Bueno, probaremos las ideas recién planteadas contigo, para lo cual te conectaremos a un hardware especializado.

—¿A mí? —pregunto con la voz entrecortada— Oigan, es la primera vez que hago esto.

—Siempre hay una primera vez para todo. Ahora toma asiento.

—Pero yo…

—Mira, si no tomas asiento, podemos dar aviso de que no quieres una ciudad feliz. No sabemos por qué la gente está perdiendo la capacidad de soñar, pero aquí tenemos una solución. Basta con decir que no para que te mandemos a volar.

—Lo siento, no quise ofenderlos. Vale, me sentaré.

—Perfecto.

Entro al local. Ella ya está sentada esperándome. Tomo asiento y le cuento. Le digo que todas las noches cuando estoy soñando una persona mete sus manos en mi vientre mientras estoy recostado sobre mi cama, tapado con la sábana.

—Menos mal que aclaraste que es un sueño. Ya te iba a decir «Ay, vale» —Simula un agujero con sus dedos índice y pulgar.

—Qué graciosa, Ella —digo sin ánimos—. Entiende que esto para mí es serio. Ya no puedo dormir, no quiero volver a dormir. Quizá lo mejor sea…

—Oye, no te quitarás la capacidad de soñar, como todos en la ciudad, para sucumbir a esos sueños colectivos creados para lavarte el cerebro —me interrumpe Ella.

—No, lo que quiero decir es que vengo a pedirte ayuda.

ItsMiguelRojas

#4

Trabajos especiales de paisajismo (2° versión)

El Heraldo

Lunes 31 de enero

Misteriosa desaparición del alcalde de la ciudad y todos los miembros del consejo.

La policía aún no tiene pistas sobre el caso, sí una fuerte sospecha. Esto sucede a pocos días del decreto por el cuál se le quitan los privilegios diplomáticos a los prelados. Las suspicacias no se hicieron esperar. Los feligreses se manifestaron por las calles furiosos por las sospechas: —“Estas no son cosas santas. Dios es nuestro testigo” —, son los gritos de las proclamas.

—Vé, Stéffano, junta las palas y los rastrillos, que nos vamos a casa. Paso a cobrar y te encuentro en la camioneta ¿te parece? Me dirigí a la oficina a reunirme con el abad.

—Estoy muy satisfecho con tu trabajo ¿sabes? Por eso te elegí. Giácommo no mentía cuando dijo que eras todo un profesional. Te has ganado el dinero en buena ley. ¡Que Dios te bendiga, hijo!

—Corte las ironías, por favor. Nadie tiene que saber de mis servicios especiales ¿de acuerdo?

—Ve con Dios, hijo. Tu secreto, para mí, es de confesionario. —Dijo esto y sonrió con malicia. Ese gesto en su redonda y enorme cara me desagradaba sobre manera. Pero el dinero era bueno y el trabajo estaba terminado.

El Heraldo

Lunes 24 de enero

La policía incauta 1000 kgs. de cocaína en una avioneta registrada a nombre del monasterio de piedra “Nuestro señor de la Divina Providencia”.

Ante las preguntas de los detectives, los altos prelados se mostraron estupefactos. Dicen no tener idea de cómo esa avioneta despegó sin su consentimiento. —“Seguramente ha sido robada” —declaró el arzobispo. La investigación prosigue y no se descarta ningún sospechoso.

Llegamos al monasterio temprano por la mañana. La niebla aún cubría la mayor parte del valle. Nos recibió un monje en voto de silencio, lo notamos tras no recibir respuesta alguna a todas las preguntas que le hicimos. Mi hijo, Stéffano, lo siguió hasta un cobertizo donde estaban las piedras que deberíamos usar para los canteros centrales. Por mi parte me dirigí al centro del patio a comenzar el gran agujero que usaríamos para plantar nuestra obra. Tuve que mantener al chico ocupado en otras tareas mientras traía “el relleno” desde el lugar indicado. Todo venía bien. La prolijidad siempre ha sido la marca de la familia.

El Heraldo

Lunes 17 de enero

Nuevo golpe al crimen organizado.

En la tarde de hoy, luego de una intensa jornada de vigilancia, se allanó un carguero en el puerto, encontrándose varios coches de alta gama, blindados, con armas especiales y droga en su interior. Todos ellos llevaban el sello del Monasterio de La Divina Providencia. Consultado el Abad dice no tener conocimiento de lo acaecido y señala a la empresa fabricante de los vehículos, situada en Alemania.

Nos citaron en el único restaurante de lujo que había en el barrio comercial. Pensamos que era algo raro ya que el monasterio tiene oficina para recibir a los proveedores y trabajadores de mantenimiento. Como el abad era nuevo, creímos que tendría sus excentricidades. Tal vez extrañara la santa sede y sus lujos. Nos llevaron hasta la zona V.I.P. del local: una mesa sola en un rincón con vista a la bahía, lejos del resto de los comensales. La enorme figura del clérigo ocupaba casi el total del lado de la mesa cuadrada, degustaba un filete de cerdo con salsa de higos y bebía un vino blanco reserva. En ambos rincones de la habitación, erguidos y armados, sendos guardaespaldas nos observaban detrás de sus lentes oscuros.

—Siéntense, hijos, los estaba esperando. Requerimos los servicios de especialistas y sabemos que son nuestros hombres. Nadie hace el trabajo cómo ustedes, especialmente tú, Vito. Giácommo te recomendó y envía sus saludos.

¡Ese maldito traidor! Pensé mientras tragaba saliva. Era el único que conocía mi pasado. Veinte años alejado del trabajo, una buena esposa que se embarazó del fuerte y sano Stéffano fue todo lo que necesité para alejarme y ahora ¿ésto? Estaba a punto de mandar al gordo a freír espárragos cuando me dijo cuánto iba a pagarnos por el trabajo.

—No se hable más. ¿Cuándo empezamos?

—Mañana mismo, con los primeros rayos de luz. La tarea es urgente. Gracias por tu comprensión, hijo. ¡Que Dios te bendiga a ti a tu hermosa familia!

El Heraldo

Lunes 10 de enero.

El consejo de la ciudad firma un convenio con la inteligencia para frenar el crimen organizado en el pueblo.

Toda la mesa ejecutiva en reunión con los más altos mandos de la inteligencia italiana, se reunieron hoy para celebrar la firma de un convenio por el cual se intensificará la vigilancia, desplegarán inteligencia de alto grado, para dar un fuerte golpe al crecimiento de algunas organizaciones que, se cree, operan en el pueblo pero tienen su sede en la capital y otros centros de poder del país. —“Los ciudadanos podrán vivir más tranquilos e ir seguros a misa sin temer por sus vidas” —expresó el comisionado general en conferencia de prensa.

En otro orden de cosas, Se espera el arribo del nuevo abad para “Nuestro señor de la Divina Providencia” el día de mañana, directamente desde la Santa Sede. Hay gran algarabía por su llegada. El párroco Fellini ultima los detalles para su recepción. Los mantendremos informados.

Hoy llegó al vivero el párroco del monasterio, preguntando si podríamos hacer una fuente central y cuatro canteros rodeándola. Me pareció extraño ya que sabe perfectamente que no hacemos ese tipo de trabajo. Lo vi nervioso, sudaba a pesar del frío que hizo esta mañana. ¿Quién sabe qué se trae entre manos? Se rumorea que la cosa se puso fea con las finanzas en el templo y que mandaron un abad directamente desde Roma para dirigir todo el lugar. ¿Será cola de paja por parte del padre? Lo cierto es que no se fue contento.

Miguel_Ruiz


#5

Malos tiempos

Frente al monasterio de piedra del barrio comercial me detuve y miré mis manos ensangrentadas. El tiempo implotó en mis indagaciones, se fue en reversa. Paso a paso, corriendo de espaldas, me alejaba del barrio, y las manchas de sangre se despegaban del suelo y regresaban a las heridas. Crucé la calle en rojo, y me acosté en medio. Un auto pasó en retroceso sobre mis manos, y la sangre se volvió a meter a la piel y los huesos volvieron a su lugar, dejando visible una quemadura de segundo grado en la derecha. Mientras me alzaba por el aire, vi a un perro a mi lado que se levantó y caminó hacia atrás hasta toparse con mi pie. Mis pasos me llevaron a la otra acera y seguí todo el camino sin mirar que volvía a casa. Abrí la puerta, y en mi trayecto inverso pasé por la sala. El celular salió volando del mueble y vino a mi mano. En la pantalla tenía un mensaje: "tenemos secuestrada a su esposa. Venga a verme al viejo monasterio del barrio comercial, solo". Llegué a la cocina, el mensaje se esfumó. Puse el celular en la meseta, y el teléfono comenzó a sonar, y caminé hacia la estufa y la sartén, el aceite hirviendo y los espárragos se elevaron del suelo. El aceite pasó por mi mano borrando la quemadura y la sartén se sujetó a mis dedos por el mango. Remeneaba los vegetales en el fuego. El aceite regresó a su envase, y los espárragos me acompañaron todo el camino hasta el vivero del patio, donde los había recolectado para prepararle una deliciosa comida a mi esposa para cuando volviera.

gmirdon